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El adiós al automovilismo

The Oil Crash - 1 October, 2014 - 10:20


Queridos lectores,

En medio de una vorágine de compromisos (sabrán que el lunes pasado comparecí ante la Comisión de Energía del Parlamento Vasco y que la semana que viene iré a Barbastro vía Roma), Demián Morassi me ha ofrecido este texto breve con sus reflexiones sobre el fin de la era del automóvil, tema que ya se ha discutido varias veces en este blog, aunque él se centra en un aspecto muy concreto: el automovilismo. Sus reflexiones me parecen bastante acertadas, aunque no serán del gusto de todos. Les dejo con Demián.

Salu2,
AMT

El adiós al automovilismoPor Demián MorassiLas carreras de auto nacieron para promover la ingeniería automovilística, apoyado por los Estados que podrían demostrar en las competencias internacionales sus avances o los de las empresas nacionales. El público se sumó fervoroso a esta disciplina "deportiva", aunque las comillas están demás para los pilotos, que debían soportar en su cuerpo el estrés y la coordinación visomotora de ir durante una hora a velocidades superiores a lo que el común de la gente podía aspirar. En algunos países el fanatismo por la escudería, en otro por los pilotos, hizo de esta actividad un entretenimiento de masas que no tardaron en ser parte del interés de todas las empresas para participar como anunciantes y los autos se volvieron un collage de logotipos empresariales. Y se multiplicaron las variantes, de la Fórmula 1, a las carreras de turismos, al rally, a las aventuras postcoloniales del tipo Paris-Dakar, Camel Trophy o las carreras ilegales urbanas.Las carreras de autos también dieron enormidad de frutos en el entretenimiento infantil: hemos jugado a "Las mil millas", a los cochecitos de colección, a los videojuegos más adrenalínicos, hemos visto películas (a esta altura "Rápido y furioso" debe ir por la saga número 18), dibujitos animados como "La carrera de los autos locos". En cada país los grandes corredores están en el top ten de deportistas de la historia, desde Fangio en Argentina hasta Alonso en España, de Ayrton Senna en Brasil a Schumacher en Alemania.Pero debemos decirle adiós.Hoy en día debemos tratar que nuestros hijos no sueñen con la velocidad, se olviden del auto como fuente de entretenimiento y busquen otros símbolos, otros objetos de culto.Va quedando menos petróleo y hay que cuidarlo para lo que consideremos necesario para la transición, hay que promover actividades deportivas limpias, que no generen gases de efecto invernadero, hay que evitar que seamos meros observadores que pagan a una serie de grupos empresariales que no buscan promover la ingeniería de las naciones sino vender espacios publicitarios y ganar dinero con las televisaciones.La lucha por dejar el automovilismo va a ser dura como lo puede ser el fin de las corridas de toros. Algunas ciudades lo lograrán más rápido y otras no podrán contra el lobby o las mafias del sector.Los partidos políticos o las organizaciones ecologistas pueden tomarlo como elemento de campaña. El automovilismo sigue siendo ante todo un entretenimiento masculino, y ya no de una multitud fanática como en otras épocas, por lo tanto la mayoría aceptaría si se le dan las dos razones básicas: cuidar el recurso y bajar las emisiones. ¿Qué hacer con los que viven de este mundillo? No tengo la más p... idea. Perdón, vislumbro que las empresas anunciantes se dedicarán al ciclismo, las carreras de veleros, etc., los mecánicos van a tener mucho trabajo cuando cierren las automotrices y haya que ir volviendo a poner en condición una flota de usados cada vez mayor, los ingenieros se las ingeniarán y las pistas de carrera serán parques para pasear en bicicleta y hacer grandes huertas urbanas colectivas (deben tener buena tierra ya que el césped se ve impecable).Adiós a todas las revistas de automovilismo, a los programas de televisión, a las apuestas, a las mujeres objeto que le dan el trofeo a nuestro campeón, adiós al derroche de champagne, a las banderas de Ferrari (y a Ferrari también),  a los que se meten en la ruta del rally arriesgando su vida para que lo despeine su ídolo y a las muertes espectaculares en el Dakar. Adiós.
 
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Desobediencia civil (e insumisión fiscal, claro)

Ácratas - 30 September, 2014 - 14:38


Oriol Junqueras ha llamado a la desobediencia civil en Cataluña. ¡Al fin un líder carismático marca el camino revolucionario, aunque él ni se entere de lo que está haciendo! Creo que lo ha enunciado sólo para ir a votar el 9N. Pero, una vez abierta la caja de los truenos, su llamado puede ampliarse y debe ampliarse. Empezando por la insumisión fiscal al pago de impuestos y tasas en el propio municipio de Sant Vicenç dels Horts, del que Oriol Junqueras es alcalde. Siguiendo por la desobediencia autonómica, de la Generalitat de la que él es diputat. Continuando por la estatal de la que él abomina (y nosotros también, hipócrita presidente Rajoy y vendedor de crecepelo Pedro Sánchez)... Y terminando por la europea (Europa representa a los usureros que nos han hundido en la miseria), en cuyo Parlamento él es también diputado. Pocos maman de la política desde tantos presupuestos diferentes y tienen el valor y la honestidad intelectual (nada de achacarlo torticeramente a que sus padres sean primos) de pedirnos que desobedezcamos, a pesar de lo mucho que esa idea le perjudique.

Ciudadanos: Si no queréis llamaros anarquistas, porque os da miedo, llamaos "jonqueristas". Pero desobedeced civilmente, rebelaos fiscalmente, no paguéis vuestras hipotecas abusivas, liberaos de los parásitos. Ocupad pisos vacíos de los bancos, porque ellos se los han apropiado delictivamente antes, aunque sea con una ley ilegítima en la mano. Sí, ya sé que os quitan el IRPF del sueldo. Pero haced alguna otra cosa adicional en negro, preparaos para la quiebra del Estado. Porque este estado va a quebrar, a estallar, es un barril de dinamita al que sólo le falta la chispa de un chisquero, y ha llegado del chispeante chisquero que es Oriol Junqueras.

Nada puede sucederos por ser desobedientes e insumisos, pues Junqueras ha marcado el camino, igual que el catalán Colom marca con su dedo índice el de las Américas, desde el Port de Barcelona. Tan sólo puede pasar que os cunda algo más el dinero. Quizás lleguéis a fin de mes, incluso.

Organicémonos en pequeños colectivos. Compremos nuestras deudas impagadas al 10% de su valor nominal, pues a ese precio la están revendiendo los bancos a las empresas de cobro profesionales. Creemos una Cooperativa de vivienda social que se encargue de comprar colectivamente las deudas. Y si los cobradores del frac nos siguen, tomemos una cerveza con ellos e invitémosles a pagar la ronda.

¡A fin de cuentas, no pagar las deudas ilegítimas por odiosas es legítimo!

Ciudadanos, auto-convoquémonos para conformar auto-gobiernos como han hecho otros pueblos:

1. En primer lugar, no requerimos de ninguna elección institucionalizada – que no es otra cosa que la delegación de las voluntades, no sólo de la voluntad general, la transferencia de la propia libertad a representantes que usufructúan el poder, resultado de la expropiación política de las voluntades y libertades - para ejercer nuestra libertad de decidir de manera consensuada, de conformar formas de organización, de administración, de composición, de asociación, llamadas de autogobierno. Es un derecho innato, el ejercicio de este derecho es la consecuencia de su existencia. Nos respaldamos en lo que es la vida misma, memoria sensible, capacidad creativa e inteligente.

2. En segundo lugar, ante la larga historia, que parece interminable, de “malos gobiernos”, es obligación nuestra, en el ejercicio pleno de nuestros atributos existenciales, vitales, sociales, culturales y políticos, conformar auto-gobiernos, que podemos llamar “juntas de buen gobierno”, o, si se quiere, el nombre que decidan los consensos sociales y políticos autónomos.

3. En tercer lugar, una vez que se tome esta decisión colectiva, comunitaria, consensuada, la consecuencia inmediata es la anulación de los mandatos de gobiernos, nacionales, autonómicos, municipales, pues no pueden convivir en los mismos territorios “juntas de buen gobierno” y las formas heredadas institucionalizadas de los “malos gobiernos”. Inmediatamente se les entregará una carta de agradecimiento por sus malos servicios prestados, invitándoles a trabajar con la azada en los campos, mientras aprenden cómo se ejercen los auto-gobiernos asociados. Liberándolos de la espantosa tarea de gobernar desde esa institucionalidad dominante, oprobiosa, burocrática, corrupta e inservible, subordinada al Capital.

4. En cuarto lugar, se anulan, inmediatamente todas las leyes aprobadas por los gobiernos europeo, central y autonómico, se anula la supuesta legitimidad de todos los actos de la institucionalidad heredada, dependiente, rentista y burocrática. La historia de esas instituciones, representadas en el imaginario del Estado, quedarán para los archivos de historia, las fuentes y registros, para aprendizaje de las nuevas generaciones de lo que no se debe hacer, para enseñanza de a lo que lleva la inclinación destructiva por las dominaciones. La vida, la defensa de la vida, pasa por anular todas las instituciones que ejercen la violencia abierta y encubierta de las dominaciones.

5. En quinto lugar, las asociaciones de auto-gobiernos, al recuperar lo común, los bienes comunes, el acceso libre a lo común, al emancipar lo común de la propiedad privada y pública, que usurparon lo común, disponen de estos accesos libres a los bienes comunes y sus ciclos vitales para orientar sus usos, sus consumos, su interacciones, hacia la armonización de las sociedades humanas con todas las sociedades no-humanas del planeta y del cosmos. En consecuencia, quedan anuladas todas las concesiones territoriales, de servicios y geológicas, además de otras concesiones por el estilo, a las empresas privadas, públicas y mal llamadas “cooperativas”; remarcándose la anulación de concesiones a empresas trasnacionales. Estas decisiones autónomas de las asociaciones de auto-gobiernos están por encima de las leyes estatales e internacionales del orden mundial, pues emergen de la vida y los ciclos vitales.

6. En sexto lugar, una de las tareas prioritarias de las asociaciones de auto-gobiernos es acabar con las desigualdades, las injusticias, las discriminaciones, las explotaciones, los patriarcalismos, las depredaciones, los desahucios, los despojamientos y las contaminaciones contra la madre tierra y los seres múltiples y diversos de la misma.

7. En séptimo lugar, las asociaciones de auto-gobiernos convocan a una constituyente autónoma y libertaria, que consensué las orientaciones iniciales de los auto-gobiernos y territorialidades integradas, basándose en el libre ejercicio de sus autonomías múltiples, en distintas escalas y niveles.

8. En octavo lugar, las asociaciones de auto-gobiernos convocan a todos los pueblos del mundo a hacer lo mismo, a su manera, de la manera diferente que consensúen sus propias asociaciones de auto-gobiernos. La perspectiva es avanzar efectivamente al auto-gobierno mundial de los pueblos.

¡Viva la acracia!


ÁCRATAS


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Cataluña

Ácratas - 28 September, 2014 - 12:28



No hay palabras... Todos, siempre...



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Reflexiones mientras vuelo Desarticular el orden económico vigente

Ácratas - 27 September, 2014 - 11:37






Sólo quien disponga de grandes caudales de hipocresía, o lo que es lo mismo, de fórmulas criminales para burlarse de toda una sociedad, puede hoy aceptar las instituciones democrático-parlamentarias existentes. Hoy vemos cómo se ensalzan por las oligarquías desaforadas las ideas liberales y luego cómo se introducen con gesto solapado los recuerdos de la tiranía.

Para este tipo de regímenes, el robo no es más que una falta contra el gusto, con tal de que no haya escándalo: es algo que corta la estima sin desatar los intereses. En ningún partido se ponen dificultades en admitir a un ladrón, con tal de que tenga estómago y tragaderas.

La democracia parlamentaria da la preponderancia a los que saben hablar en lugar de dársela a los que saben actuar. La democracia política consiste en la elección de individuos pretendidamente capaces por individuos incapaces, lo que es totalmente absurdo. Pero, ¿en qué signos reconocerían estos menos capaces a los más dignos, ya que su espíritu de poco capaces no les permite representarse una capacidad más grande que la suya?.

La democracia parlamentaria es mala porque sólo puede llevar al poder falsas élites y demagogos. La falsa democracia es la corrupción. Toda democracia hoy conocida no es más que una oligarquía de empresarios poderosos unidos para satisfacer sus intereses individuales a expensas de los intereses de la nación, y su asamblea de intereses degenera rápidamente en asamblea de apetitos.

Es criminal presentar, como así fue, como una conquista revolucionaria el derecho a echar papeles en unas cajas, eligiendo a unos cuantos bribones previamente nombrados por las camarillas de los partidos. No hay, en efecto, nada más insólito y deprimente que ver hoy a las masas concediendo el mínimo crédito a esos reductos políticos de la democracia parlamentaria, cuya vigencia, además de corromper y desmoralizar , asegurará siempre la victoria a la burguesía, dueña del dinero y, por tanto, monopolizadora de la gran propaganda, de la prensa y de todos los resortes del triunfo electoral.

Quien se califique a gusto entre las derechas o las izquierdas no indica sino su carácter burgués, liberal y parlamentario. El electoralismo democrático, el liberalismo que sostiene que todas las opiniones valen lo mismo, han dado nacimiento a esas cosas que se llaman derecha e izquierda.

La fuente de las fechorías del capitalismo es, desde luego, el liberalismo y sus consecuencias. Remontémonos a la “revolución” de 1789. Al suprimir por una parte toda jerarquía de derecho, proclamando la igualdad de todos en el plano político, la revolución creó, por vez primera en la historia de Occidente, una sociedad que legalmente no tiene élite. Pero, al afirmar, por otra parte, el derecho absoluto a la propiedad sin preocupación alguna por su función social, instituía de hecho una élite que no tenía deberes legalmente. En el lugar de las jerarquías decapitadas, se instaló la única élite que subsistía, la de la fortuna. La revolución política se ha asociado así a la revolución económica para instalar la omnipotencia del dinero. La revolución ha liberado el poder económico, ha liberado de toda regla la potencia del capital y del capitalismo. Lo individual ha triunfado sobre lo colectivo. El capital, de instrumento que era se ha convertido en el dueño a causa de su proliferación desordenada y antisocial.

Beneficiarios de este desarrollo han sido los grandes monopolios, que mediante maniobras imperialistas dominan a los pueblos del mundo sometiéndolos a sus intereses.

España posee un capitalismo rudimentario —traidoramente rapaz— que rehúye todo riesgo y vive en absoluto al margen de toda idea de servicio a la economía nacional española. Nuestra economía no es libre, es decir, está impedida de aportar las formas y de seguir las rutas que más conviene a su propio avance y al bienestar general de todo el pueblo. Durante el período en que tuvo lugar la expansión económica imperialista, España no ha sido libre de orientar su economía y se vio obligada a servir las conveniencias de otros pueblos. El trabajador español, el campesino, el industrial, todo el pueblo, en fin, han laborado y lo siguen haciendo, en condiciones pésimas y han sufrido las consecuencias de la falta de libertad de España.

Una minoría de españoles, agazapada en la gran propiedad territorial, en los bancos y en los negocios industriales que se realizan con el amparo directo del Estado, ha obtenido grandes provechos, explotando la debilidad nacional y enriqueciéndose a costa de las anomalías y deficiencias sobre que está asentada nuestra organización económica entera. Gentes, pues, para las que el atraso mismo del país es un medio magnífico de lucro. Y sino que se lo pregunten a la Santísima Iglesia de Roma que nos tiene cogidos por las pelotas porque jamás nadie ha osado ponerlos “en la puta calle”.

No hay apenas grande ni pequeña industria. Nuestros campesinos, nuestra gran masa de labradores, sobre todo desde que se inició en las zonas rurales una fuerte demanda de mercancía de origen industrial, han sido explotados vilmente, usurpándoles el producto de sus cosechas a cambio de productos super valorizados, que ha hecho imposible en los campos todo proceso fecundo de capitalización.

Tenemos, pues, delante dos urgencias que sólo pueden ser logradas y obtenidas por medio de la liberación nacional: liberar la economía española del yugo extranjero, ordenándola con vistas exclusivas a su propio interés, y otra, desarticular el actual sistema económico y financiero, que funciona de hecho en beneficio de quienes se han adaptado, y hasta acogido con fruición, a nuestra debilidad.

No se puede eludir esta cuestión sin abordar de frente el problema social-económico que hace hoy de nosotros un pueblo casi colonial y esclavizado. Actitud distinta sería demasiado grotesca, a más de imposible y radicalmente estéril. Si se aspira a la honradez, y si se quiere de verdad hacer de España un país cuya base sea la libertad y el respeto, una de las primeras cosas por las que hay que luchar es la de desarticular el orden económico vigente, que sólo favorece, repetimos, a unas audaces minorías, con absoluta despreocupación por los intereses verdaderos de la nación entera.

Sólo una España vigorosa, enérgica y libre, sobre todo. puede disponerse en serio a la realización de tales propósitos. Los poderes económicos extranjeros que dirigen hoy toda nuestra producción y todo nuestro comercio exterior, impondrán siempre en otro caso su ley y su voracidad a una España dividida, fraccionada y débil.

JCP
Baal



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La ilógica financiera

The Oil Crash - 26 September, 2014 - 06:25


Queridos lectores,

A medida que se multiplican los signos de que el mundo avanza hacia una nueva recesión global, se van produciendo día sí y día también noticias que pasan con cierta sordina en los medios de comunicación, pero que cuando se observan con un poco de atención demuestran que nos estamos precipitando lentamente en un abismo del cual ya no podremos salir. Fijémonos en una de ellas, sacada de Reuters: "La petrolera Total prevé vender más activos y reducir la meta de producción de petróleo". Total es una de las cinco grandes compañías petroleras multinacionales que quedan en el mundo (el resto o son compañías nacionales o son pequeñas compañías privadas), y como le está pasando a las otras cuatro su producción de petróleo lleva ya unos años en caída:



La anterior gráfica está extraída de un artículo publicado el pasado mes de Marzo en el blog de Mattieu Auzanneau, y que tiene un título bastante significativo: "Nueva caída en 2013 de la producción de crudo de las majors, a partir de ahora obligadas a desinvertir". Poco antes Gail Tverberg publicaba un impactante post (cuya traducción puede encontrarse en este mismo blog) sobre una presentación de Steve Kopits que mostraba los planes de desinversión de las grandes compañías.



Por las mismas fechas, yo sacaba una conclusión semejante a la de Matthieu Auzanneau: que estábamos delante de un momento histórico, en el que se anticipa que las grandes compañías petrolíferas comenzarán a abandonar las explotaciones menos rentables (como la explotación de gas y de petróleo extraídos mediante fracking, los petróleos de aguas profundas, las arenas bituminosas del Canadá, los biocombustibles), dada la presión que tienen estas compañías para volver a las antiguas rentabilidades. Debido a lo precipitado de su salida, se podría producir, en un plazo bastante breve de tiempo (posiblemente, no más de un par de años) una caída muy fuerte (quizá un 10%, quizá más) de la producción de petróleo, contando aquí todos los líquidos que así llamamos, lo cual generaría graves problemas y tensiones a escala global, acelerando de manera no lineal nuestro declive. La única cosa que podría frenar esta tendencia es que los Estados interviniesen e invirtiesen dineros públicos para mantener la producción, desviándolos de otros fines más transversales y agravando la inestabilidad social. Pero dado que el principal perjudicado serían los EE.UU. (puesto que es el país donde se está explotando el fracking de manera masiva y ese tipo de explotaciones es el más ruinoso) no está claro cómo se acabaría articulando ese rescate.

En este preocupante contexto, el Departamento de Energía de los EE.UU., a través de su Agencia de Información de la Energía (EIA por sus siglas en inglés) sacó el julio pasado una breve nota sobra la evolución financiera de las 127 compañías productores de petróleo y gas más grandes del mundo (gracias a The Tyee por sacar la noticia). Y las gráficas añaden aún más preocupación a las noticias reseñadas arriba:


Gráfico de "Today in Energy" de la EIA, http://www.eia.gov/todayinenergy/detail.cfm?id=17311
La línea azul representa los gastos de estas 127 compañías durante los 12 meses previos al momento que se considera, en tanto que la línea verde representa los ingresos por sus operaciones ordinarias (vender petróleo y gas, básicamente); la diferencia de las dos curvas es, simplificando, los resultados de explotación (no exactamente, como ahora veremos). Como se ve, en el primer trimestre del año 2014 los resultados de explotación durante el año que va de Abril de 2013 a Marzo de 2014 dejaron un saldo negativo de 110.000 millones de dólares. Lo grave es que entre 2012 y 2013 pasó algo muy similar. ¿Cómo han podido sobrevivir estas compañías con semejantes números rojos? Eso nos lo aclara la EIA con otro gráfico:



Esta gráfica nos desglosa, en porcentaje, el origen de los ingresos de las compañías. Podemos ver así cuánto se ha ingresado por operaciones (barra verde), cuánto se ha incrementado la deuda de manera neta (barra gris oscuro) y cuánto se ha ganado en la venta de activos (venta de yacimientos, refinerías, etc). 

Tomando la primera de las gráficas se puede calcular aproximadamente cuáles han sido las necesidades de financiación adicional (más allá de las operaciones) de cada año (para extraer los datos a partir de las gráficas uso la misma metodología que en el post "El ocaso del petróleo"); los resultados se muestran en la siguiente gráfica (el eje vertical representa miles de millones de dólares).

Diferencia entre ingresos de operaciones y gastos en términos anualizados, en millardos de dólares
Como se ve, la necesidad de financiación adicional sube rápidamente desde inicios de 2011 y llega a máximos a principios de 2012; y se ha mantenido bastante elevada desde entonces, a pesar de que en términos constantes el precio medio del petróleo ha estado en máximos históricos.

Lo grave no es sólo que haya este desfase en operaciones tan grande, sino lo grande que se está haciendo la deuda acumulada: la gráfica siguiente muestra cuál ha sido la evolución de la necesidad de financiación acumulada durante los últimos años.

Necesidad de financiación adicional acumulada desde 2010, en millardos de dólares.
Como pueden ver, el desfase acumulado llega hasta los 413.000 millones de dólares, en términos anualizados, a principios de 2014, y con una tendencia fuertemente creciente de más de 100.000 millones de dólares al año. No todo esa curva roja es deuda, puesto que como hemos mostrado una parte de este desfase contable se ha compensado vendiendo activos, pero haciendo tal cosa las compañías disminuyen su capacidad productiva y por tanto complican poder continuar el servicio de las deudas con sus intereses. De esta gráfica se deduce que, en todo caso, la deuda de las grandes compañías del sector del petróleo y el gas puede ser fácilmente de más de 300.000 millones de dólares, y creciendo cerca de 100.000 millones cada año.

Queda claro, por tanto, que las compañías no sólo están fuertemente endeudadas, sino que además están incrementando de manera brutal su endeudamiento al tiempo que deterioran su capacidad productiva de cara al futuro. Es en este contexto que la noticia sobre Total con la que abro el post de hoy cobra todo su sentido: la compañía está vendiendo activos mientras rebaja sus objetivos de producción, lo cual es síntoma de que está fuertemente endeudada como el resto de las compañías del sector. Tal actitud es completamente absurda desde un punto de vista empresarial, de no ser que la compañía esté entrando en un serio problema de viabilidad futuro. Y no es la única: recientemente Ben van Buerden, el consejero delegado de Shell, reconoció a The Wall Street Journal que los ingresos eran demasiado bajos, y también son conocidos los planes de desinversión de Shell. Y un síntoma todavía más preocupante del hundimiento del sector es que la familia Rockefeller ha decidido deshacerse de todas sus participaciones en empresas petroleras.

¿Cómo han podido las compañías del sector del petróleo y el gas meterse en un agujero financiero de semejantes dimensiones? ¿No podían simplemente haberse limitado a producir aquel petróleo o gas que era rentable a los precios que el mercado quería pagar, y no perder dinero produciendo hidrocarburos por debajo de coste? La respuesta es no, no podían. Y no podían porque estas compañías tenían que demostrar que eran rentables, porque hay muchos fondos de inversión y fondos de pensiones en este mundo, y que mueven miles de millones de dólares, que han construido su cartera basándose en las empresas del sector de los hidrocarburos. Por el tamaño de sus inversiones y su capacidad de hundir o alzar el precio de las acciones de cualquier compañía, esos fondos son capaces de influir en la toma de decisiones de las empresas de las que tienen participaciones. No sólo eso: estos fondos exigen que las compañías den unos dividendos anuales de al menos cierto valor, porque la rentabilidad de sus carteras depende de sus dividendos. Por eso apuestan por valores tradicionalmente considerados seguros, como son las petroleras. Si se fijan Vds. en las explicaciones de los gráficos de más arriba, verán que parte de los costes que las compañías tienen que financiar con la venta de activos y con endeudamiento es el pago de esos dividendos. Lo han leído bien: estas empresas están recurriendo a créditos para poder pagar dividendos. Una lógica financiera que contradice a cualquier lógica empresarial. Es esta lógica suicida de demostrar que las compañías eran muy rentables y que siempre serían capaces de producir más y más petróleo lo que ha llevado a explotar recursos sin rendimiento económico, como las arenas bituminosas, como el fracking, como los biocombustibles... Una huida hacia adelante que tiene ya  los días contados.

En el fondo, las empresas del sector de los hidrocarburos se han estado descapitalizando para garantizar un magnífico retorno a sus inversores. La burbuja ya tienen varios cientos de miles de millones de dólares y seguramente puede inflarse algunos cientos de miles de millones más antes de reventar. Pueden si quieren apostar cuándo llegará este estallido: yo creo que será aproximadamente al mismo tiempo que la próxima oleada recesiva, porque en su actual debilidad financiera estas empresas no podrían resistir una nueva fase de precios bajos para el petróleo como suele suceder en las recesiones. Y como no faltan demasiados meses para la próxima oleada recesiva, no sería de descartar que en los próximos meses leamos alguna noticia impactante del sector, como la quiebra de alguna empresa medianamente grande o algunas grandes fusiones o absorciones. Incluso, un plan de algún Estado para participar significativamente en una de estas empresas. En todo caso, el síntoma más claro de que esta burbuja ha llegado a su fin será el hundimiento del fracking en los EE.UU. y la brusca bajada de la producción mundial de petróleo en al menos un 5%. La escasez de petróleo se dejará sentir por todo el planeta, con consecuencias imprevisibles y altamente no lineales.

¿Qué nos ha llevado hasta aquí? La lógica financiera, diseñada para un mundo en continua expansión. Un mundo que ya no existe y que por tanto la convierte, más bien, en la ilógica financiera. Una actitud irracional que nos lleva a destruir aquello que necesitamos para hacer una transición que no puede esperar más.


Salu2,
AMT
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Última llamada - el blog

The Oil Crash - 25 September, 2014 - 10:37


Reseña por María Eugenia Rodríguez Palop
En julio de 2014, se hizo público el Manifiesto “Última Llamada” al que, en sólo dos meses, se adhirieron siete mil académicos, intelectuales, científicos, políticos y activistas de base. En el Manifiesto se denuncia la grave crisis ecológico-social que estamos viviendo y se plantean propuestas de cambio con las que compatibilizar el bienestar y los límites ecológicos del crecimiento. "Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible", se afirma, y lo cierto es que, de hecho, nuestras posibilidades de articular trayectorias de sustentabilidad son cada vez menores. 
Con el blog (@Ultima_Llamada_) que ahora ve la luz en eldiario.es, se abre un espacio al pensamiento ecológico crítico y se pretende articular un programa ecosocial para la Gran Transformación que nos hace falta. Queremos convencer a la gente y, en particular, a los partidos de izquierda y a los nuevos proyectos alternativos que han surgido en nuestro país, de que las inercias del productivismo y el consumismo que nos arrastran, están conduciendo al 99% del planeta a un colapso social, económico y ambiental, y de que "la crisis de régimen y la crisis económica que padecemos, sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica". 
El blog se expresa en un tono ágil y divulgativo, y está abierto a las contribuciones de tod@as aquell@s que tienen sensibilidad ecológica y, sobre todo, ganas de pilotar el cambio de dirección que esta crisis de civilización nos exige.
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¡Es la política, estúpido!

The Oil Crash - 23 September, 2014 - 19:54


Queridos lectores,

Hace unos días un lector, Alexis Sancho Reinoso, me hizo llegar su réplica al reciente post de Javier Pérez, "Lo que los peakoileros no quieren entender". El texto me parece valioso y merecedor de ser compartido, y por eso hoy se lo traigo.

Salu2,
AMT


«¡Es la política, estúpido!» Úna réplica al texto “Lo que los peakoileros no quieren entender”, de J. Pérez.Tanto me desconcertó el contenido, pero especialmente el tono del texto “Lo que los peakoileros no consiguen entender”, de J. Pérez, que decidí ensayar una réplica. La empecé el mismo día en que el texto fue publicado, pero no la he terminado hasta 9 días después. Mientrastanto, ya ha sido publicada otra réplica al texto, “Programa para una «Gran Transformación»”, con la que creo que este texto puede resultar compatible y complementario. Compatible porque comparte objetivos y enfoques y soluciones propuestas; complementario porque, al contrario que aquella, esta no pretende profundizar en los puntos que expone, sino que es un breve alegato de que el problema que expone Javier Pérez debe ser muy tenido en cuenta, pero no las “soluciones” –por llamarlo de alguna manera- que propone.Volviendo a la idea inicial, la entrada de J. Pérez me desconcierta porque, pese a no conocer al autor ni haber leído nada escrito por él hasta este texto, por las alusiones, referencias y el tono utilizados deduzco que se trata de alguien que sabe muy bien de lo que habla y que, por lo tanto, no escribe por escribir. Precisamente por eso me pregunto hasta qué punto es sincero el autor cuando se pregunta a sí mismo cosas como las siguientes:“¿Observo mala fe en los peakoileros? Pues en unos sí y en otros no, pero en casi todos observo la misma carencia: que su pasión por la lógica y los datos, su precisión en las mediciones y en la construcción de modelos, su meticulosidad en la argumentación y concatenación de sucesos, desaparecen repentinamente en ocasiones hasta silenciar completamente datos, hechos y argumentos que resultan incómodos para sus convicciones (o necesidades) políticas.”“intentaré explicar por qué creo que la mayor parte de la gente consciente del problema no abarca mentalmente su verdadero alcance, o prefiere dejar este asunto para más adelante, cuando ya se le haya sacado el debido rendimiento en otros ámbitos menos amables o menos confesables.”Si yo me diera por aludido en estos pasajes estaría pidiendo explicaciones al autor sobre estas acusaciones encubiertas. ¿Qué está insinuando? ¿Que los expertos en la materia están vendidos a una determinada ideología a la que, en el fondo, no le importa el futuro del planeta ni de la humanidad, sino que solamente busca contentar a un determinado segmento de la población con argumentos autocomplacientes?Yo, como mero interesado en la materia y para nada entendido, no he detectado en ninguna opinión que he leído o escuchado a los “peakoileros” atisbo alguno de las actitudes que denuncia el autor. Es evidente que la magnitud del problema socioambiental actual es inabarcable, que nos tiene superados, que tristemente hay que reconocer que algunas de las afirmaciones del autor no parecen distar demasiado de la realidad (¿cómo, después de escuchar sus contundentes argumentos, puede uno obviar la contundencia de la Ley de Jevons? ¿Cómo puede uno llevarle la contraria al impepinable argumento de que nadie puede parar de la noche a la mañana, ni siquiera a largo plazo, la dinámica global, basada en el consumo, en la que estamos inmersos?).Sin embargo, y como dicen en mi pueblo, “no confundamos la velocidad con el tocino”: ¿De verdad piensa el autor que lo mejor que se puede hacer es no hacer nada? Si es así, creo que es una excepción dentro de los que él denomina “peakoileros”. Yo pienso que la mayoría de ellos piensa diferente y aborda el tema (que, efectivamente, es peliagudo y no se deja reducir a unos términos de “buenos y malos”, de “los que tienen razón y los que no” etc.) de otra manera. Por ejemplo:

  • Tratan de poner en evidencia que el modo de vida occidental no es un producto de la evolución natural humana, sino el resultado de la lucha de diferentes intereses contrapuestos que han ido estableciendo determinadas pautas culturales, las cuales, a su vez, con el paso de las generaciones, se encuentran tan arraigadas que nadie pregunta por su origen, significado y utilidad. El otro día un amigo me contó el experimento de los monos y los plátanos y me pareció una metáfora muy acertada para explicar muchos de los mecanismos de funcionamiento de nuestra vida en sociedad. Compruébelo el lector mismo leyendo este interesante artículo desmitificador de la llamada “transición española”.
  • En otras palabras: tratan de llamar la atención sobre la necesidad de recurrir al nivel ontológico (del griego ?????, hace relación a “lo que hay”); es decir, de no dar por sentado nada de lo que constituye nuestra existencia, aunque parezca la cosa más lógica y “natural” del mundo. Todo el mundo sabe que la sociedad occidental está profundamente marcada por un conjunto limitado de teorías que han pasado a ser ideologías establecidas; es decir, que han pasado de ser principios aceptados por la comunidad científica a ser dogmas asumidos por todos aquellos agentes que intervienen directamente en las decisiones que nos afectan a todos. En este artículo de F. Geels aborda este asunto, sin duda central aunque normalmente ignorado. En él se desmitifican teorías como la elección racional (el famoso “homo oeconomicus”), la teoría evolutiva, el imperativismo o el estructuralismo.
  • Tratan de trasladar la discusión a términos éticos, algo que Javier Pérez parece menospreciar: “seguimos escribiendo manifiestos y soflamas a favor del ahorro, en contra del capitalismo y en contra del consumo, porque es lo que nos ordena nuestra ética”. Para mucha gente (entre los que me incluyo), valores como la bondad, la sensatez, la solidaridad y el cooperativismo simplemente no pueden ser equiparados a otros (anti)valores como la codicia, el egoísmo o la maldad. Una determinada convicción individual es, pues, fundamental y ello no debería ser infravalorado.
  • Tratan de superar la tan denunciada por el autor autocomplacencia sacando “el tema” en las conversaciones con familia y amigos (¡se acabaron los tabúes en los asuntos que realmente importan!) y sensibilizando al personal en círculos más amplios. Es decir, a partir de sus propias convicciones personales, intentan cotejar qué principios de actuación diferentes existen para contrastarlos y poner de manifiesto las carencias de unos y de otros.
  • Esto último es, para mí, lo más trascendente del asunto (y de aquí el título de mi texto): algunos de ellos se encargan de poner sobre la mesa la problemática y fomentar la discusión en el ámbito de lo público. Algo muy diferente a difundir un discurso formateado y cerrado y tratar de ganar adeptos en base a él. Estamos hablando, pues, de implicación política (entendida esta como el arte de servir a lo público: es decir, abordar problemas colectivos desde una perspectiva que supere el mero individualismo).  
Estoy convencido de que el autor sabe perfectamente que existen discursos sensatos que no quieren ser catastrofistas ni demonizar con argumentos simplistas determinadas cosas, sino que desean llamar la atención de los problemas que encaramos (queramos o no) y que tienen una naturaleza temporal más dilatada que los que suelen ocupar la agenda político-mediática (desempleo, evolución de determinadas variables macroeconómicas, acontecimientos bélicos, por poner ejemplos). Es esa preocupación por el largo plazo los que les diferencia. A menudo pienso que la obsesión por el corto plazo (algo comprensible en la vida privada, pero inadmisible en la política) junto con la ignorancia premeditada del medio y el largo plazo es la base de los populismos. Por supuesto que existen intereses políticos partidistas en todas partes, y los seguirá habiendo porque las relaciones humanas tienden a ello. Según mi parecer, no se trata de evitarlo, se trata de ponerle coto y de empoderar a quien debemos de empoderar. Mientras las organizaciones encargadas de representar al soberano (en este caso, los partidos políticos) sigan teniendo todo el poder de decisión (aunque sea como brazo ejecutor de quienes diseñan las políticas que se deben aplicar, y que normalmente no vemos en los escenarios), poco habrá que hacer. De ahí que sea crucial debatir serenamente sobre la democracia que queremos (como se está haciendo desde muchísimos foros; he aquí un ejemplo) como medio en el que hay que insertar el debate socioecológico. Solo de este modo se podrá dejar atrás la dimensión estrictamente autocomplaciente del asunto, que tan concienzudamente denuncia Javier Pérez. O dicho en otras palabras y adoptando (y adaptando) la popular expresión “It’s the economy, stupid!” (utilizada, por cierto, como eslógan político): “¡es la política, estúpido!”.

Alexis Sancho Reinoso
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¡Viva mi pueblo! Los municipios como base política

Ácratas - 20 September, 2014 - 08:39

Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de MarinaledaAntonio González Terol, alcalde de Boadilla del Monte
Los seres humanos somos todos distintos.

Cada uno tiene inteligencia, belleza, edad y raza diferentes. Unos son machos alfa; otros quasimodos. Unos listos como el hambre; otros, más tontos que algunos animales. Algunas cualidades y defectos dependen de nuestra carga genética. Otras, de la educación recibida. Muchos tenemos características que nos asemejan: sexo, lengua, creencias religiosas, aspecto, etc.

Pero los seres humanos pensamos de manera diferente unos de otros y, por si fuera poco, cambiamos de forma de pensar con el tiempo. Eso forma parte de nuestra libertad de conciencia y es inevitable. En este contexto, las diferencias entre humanos hacen que todo acuerdo entre los mismos sea circunstancial y perecedero, incluyendo el del matrimonio.

Los partidos políticos, en este cambiante contexto, son una entelequia. No son colectivos de personas, sino ideas y proyectos a los que adherirse renunciando a una parte de la forma de pensar personal. Por eso las personas cambian el signo de su voto a lo largo de su vida. O incluso de militancia en un partido político. Por eso los partidos cambian de proyectos y de objetivos. Los partidos son productos en el mercado político. Cada persona concreta los adquiere cuando le apetecen y los desecha cuando no le funcionan. Por eso nacen nuevos partidos cuando otros fracasan. Por eso son financiados por las clases pudientes.

Una vez desacralizado el concepto de partido político, observemos los sistemas de convivencia.

La ordenación por tamaño de unidad de convivencia va de la familia a la tribu. El municipio es la primera unidad autónoma de convivencia desde mucho antes de las polis griegas. En efecto: un municipio tiene todos los elementos que permiten que el ser humano nazca, viva, crezca, trabaje, se reproduzca, muera y sea enterrado. Los problemas del municipio son los problemas de la convivencia humana. También las soluciones del municipio son generalizables.

El concepto de política nace en los municipios: los representantes del pueblo y su alcalde. No es algo impuesto por la fuerza, sino por la necesidad de eficacia. La elección se produce dentro de un entorno en el que las ideologías partidarias son artificiales, porque se reconoce a las personas. Por más que un individuo se disfrace o se dé un baño de ideas, se sabe lo que se puede esperar de él. Es cierto que algunos pueden engañar a sus convecinos, pero durante poco tiempo. Y tienen que ser de fuera, recién llegados. Y se arriesgan a un baño de brea y a que los emplumen.

El mecanismo de elección de alcaldes y concejales es extremadamente sencillo. En el caso de poblaciones pequeñas, los paisanos con derecho a voto (derecho que se establece entre todos y que también ha cambiado con el tiempo) se reúnen y deciden a mano alzada entre candidatos. No todos están de acuerdo con el resultado, pero todos lo asumen y delegan cierta parte de poder en el alcalde y el concejo. Y cada vez que quieren, hablan con ellos y les demandan soluciones a sus problemas.

El sistema electoral sólo obliga a mínimos. Una elección cada cierto tiempo. Pero los municipios pueden repetirla cuantas veces quieran.

El acuerdo político entre ciudadanos no implica el fin de los problemas de todo orden entre ellos. Ni lo espera nadie. Así, los conflictos entre lindes de propiedades, entre familias o las infidelidades conyugales no son problemas que puedan exigirse que resuelva un alcalde. Sí lo son los asuntos de carácter vecinal y comunitario: la enseñanza, la sanidad, la urbanización, el disfrute de lo comunitario y cierto orden social. Aún así, el poder de un alcalde es a todas luces demasiado importante como para no estar sometido a control por parte de los ciudadanos. Y existen mecanismos para la deposición del alcalde sin haber de recurrir a la violencia.

Todo municipio ha de tener unas leyes que debe redactar alguien a nivel colectivo, que es el concejo; alguien que las ejecute, que es el alcalde; y alguien que sancione a los que las incumplan, que es el juez. El juez ha de ser un cargo también electo, por lo tanto.

Todo lo anterior da lugar a municipios con políticas tan diferentes como los de Boadilla del Monte, en Madrid y Marinaleda en Sevilla. El primero es el más rico de España; el segundo, prácticamente comunista y cooperativo, el más rompedor. Y ambos son posibles porque la autonomía municipal es imposible de limitar.

Los partidos políticos son innecesarios en el ámbito municipal. Al menos mientras el municipio se mantenga en tamaños y, sobre todo, poblaciones que puedan llegar a conocerse entre sí. De hecho, los partidos políticos nacen en las grandes urbes deshumanizadas, donde crean un mercado de las ideologías y suplantan a las personas. "¿Estás desorganizado? ¿Te sientes perdido? Dame tu poder y el partido te sacará las castañas del fuego". A partir de ahí, el juego político partidario se enajena y se aleja de los ciudadanos. Es también inevitable.

De modo que la evidente alternativa a la existencia de partidos políticos es la subdivisión de los municipios en barrios de tamaño humanizado. Donde todos se conozcan. Y la elección de cargos autónomos en esos barrios con todo el poder municipal.

La población media de los municipios españoles es de 5.500 habitantes. Aunque sea muy opinable, el tamaño máximo de un municipio o barrio que permite los dos objetivos de autonomía social y reconocimiento entre sus ciudadanos es de unos 50.000 personas.

Recurriendo pues a la unión de pequeños municipios por algún procedimiento de asociación y a la subdivisión de las ciudades por barrios. Y recurriendo, sobre todo, al peso real del voto de cada representante municipal que iguale el número de habitantes de su colectividad en las decisiones comunes nacionales, se tiene un sistema de representantes nacional basándose únicamente en la municipalidad. Y siguen sin ser necesarios los partidos.

No tiene sentido, en efecto, que los descontentos de Boadilla y los descontentos de Marinaleda se unan para crear un partido que resuelva problemáticas tan distintas. Los que dicen no estar representados en su municipio deben ser conscientes de lo que significa su afirmación. En general, hablan de su situación personal, individual: de su renta, su forma de vida, beneficios sociales de su relación con los demás, etc. Se trata de problemas individuales, no colectivos. Lo que debe exigir el descontento son cauces de participación en su propio municipio, no buscar ayuda en otros que nada tienen que ver con sus problemas para forzar el equilibrio social municipal.

La base política municipal es el reconocimiento de los personajes políticos, el saber de primera mano su verdadera historia, su amalgama de cualidades y defectos personales. Lo único que hace falta es disponer además de un sistema electoral irreprochable. Al concejo o pleno municipal, redactor de leyes, presupuestos y reglamentos, deben presentarse cuantos candidatos quieran. Y ser elegidos los ediles en lista abierta. A la alcaldía deben presentarse cuantos candidatos quieran. Y ser elegido el alcalde a doble vuelta. A juez deben presentarse cuantos candidatos lo deseen. Y ser elegido el cargo a doble vuelta. No sé si es el mejor sistema, pero sí uno práctico. Para evitar el enquistamiento de personas en los cargos, deben estos limitarse en el tiempo: haber unas elecciones cada cuatro años. Limitar el mandato de las personas a dos legislaturas, etcétera. Ningún sinvergüenza sería alcalde ni concejal ni juez. Probablemente, ningún incompetente. Como todos esos cargos son pagados por la ciudadanía mediante sus impuestos, son cargos obligados a la ciudadanía, no a extraños.

El representante del municipio en la Asamblea de Municipios —como habría de renombrarse el actual Congreso de los Diputados de Madrid (el Senado podría convertirse en un parque temático)—, para las decisiones supramunicipales como moneda, leyes generales o infraestructuras, debe ser el propio alcalde o la persona en quien éste delegue. Todas las leyes generales a votar en Madrid debieran ser explicadas antes a los ciudadanos y debieran ser votadas previamente en el municipio, mediante referéndum vinculante, pues van a afectar a todos. Si es necesario elegir un presidente ejecutivo a nivel nacional, esa elección debe realizarse en circunscripción única nacional también a doble vuelta.

Hasta este punto, las ideologías han quedado al margen. Las personas se conocen y no necesitan disfraces. Pero de la misma manera que Boadilla del Monte y Marinaleda son muy distintos, es posible que algún municipio decida disponer de un banco publico que desplace a los privados. O que decida la mancomunación de tierras de labor. O que implemente políticas que favorezcan el asentamiento de familias foráneas. Las diferentes experiencias serían conocidas por otros municipios. Y la imitación nace del éxito de las políticas. Y de la experimentación, la diversidad. Muchos municipios andaluces imitan ya a Marinaleda.

La ventaja que tiene el sistema descrito es que ya existe y su base funciona. Incluso se habla ahora de cambiar el sistema electoral municipal. Pero es que, aunque no se hiciera, la autonomía municipal permite, como en el caso de Marinaleda, que la actividad política de los individuos tenga un cauce posible. Un sistema como este es sencillo, humano y económico. Y siguen sin ser necesarios en él los partidos.

ÁCRATAS



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El efecto boomerang

The Oil Crash - 19 September, 2014 - 09:13


Queridos lectores,

Durante las últimas semanas he participado en varias discusiones con defensores de la transición renovable, que en algunos casos me reprochaban mi postura al analizar los límites de explotación de los sistemas de generación renovable o al exponer simplemente hechos que contrastan con un cierto discurso triunfalista. Lo que me ha parecido más curioso de estas conversaciones es la reacción de mis contertulios cuando uno los confronta con datos y hechos que contradicen su visión de las cosas. Pondré varios ejemplos: 

  • Hace un par de días discutía en la Agencia Espacial Europea con un ingeniero (una persona brillante) sobre el potencial de la fotovoltaica; él me ponía el ejemplo de Alemania y yo le decía que justamente en Alemania lo que se está observando es un cada vez mayor recurso al carbón (y encima más lignito nacional, que produce más emisiones de CO2), como explicábamos hace unas semanas. Delante de esto, me preguntó directamente: "¿Es que dudas de que exista un Cambio Global Antropogénico?". Me quedé perplejo y decidí zanjar la conversación ahí, dejándole claro antes que justamente por trabajar donde trabajo no es ese tipo de cosas las que uno cuestiona.
  • Hace unos días Florent Marcellesi hizo mención a mi nombre para que me involucrase en una conversación en Facebook en la que estaba participando una persona que confío en que domine mejor el alemán que el castellano (lo cual no es obstáculo para que tenga un blog en cierto diario de tirada nacional en España). El individuo se había previamente despachado a gusto sobre los ponentes del próximo congreso en Barbastro. Según él, el hecho que el congreso se titulara "Más allá del pico del petróleo: el futuro de la energía" significaba que los ponentes eran partidarios del fracking y otros hidrocarburos basura, y lo fundamentaba en que estos ponentes - yo incluido - se caracterizaban por sus "repetidos ataques" a la energía renovable. Yo tuve con él una corta conversación para besugos, que acabé abandonando cuando comprendí que tenía serias dificultades para comprender la estructura semántica del castellano.
  • Durante las últimas semanas he participado en dos discusiones, también en Facebook, con dos personas vinculadas a Podemos (la formación política emergente en España y la única esperanza para mucha gente de acabar con el inmovilismo bipartidista actual). Según me han referido algunos de mis contactos, estas dos personas son brillantes y están haciendo valiosísimas aportaciones en el intenso debate actual dentro de Podemos. Ambas presentaban un programa de regeneración del sistema energético español, haciendo una fuerte apuesta por la producción fotovoltaica, el autoconsumo doméstico, la supresión del lobby eléctrico, la implantación de fábricas de placas fotovoltaicas en nuestro país y la I+D en el sector, todo lo cual, según ellas, debería reducir nuestra dependencia energética exterior (y por tanto nuestro déficit comercial) y crear, literalmente, millones de puestos de trabajo. Al empezar a discutir sobre las limitaciones de las renovables y la imposibilidad financiera de sufragar tal transformación, en un país donde la oferta eléctrica es excesiva y la demanda eléctrica va a la baja arrastrada por el declive energético del petróleo, su reacción fue enrocarse en sus ideas y denunciar que con "ideas decrecentistas como las vuestras" no se conquista el electorado. Una de ellas llegó al extremo de exigirnos alternativas a los demás. A esta persona yo le dibujé un breve relato de terror sobre lo que podría llegar a suceder si Podemos alcanzase el poder y tirase con esas ideas adelante. Supongo que a estas alturas debe pensar que soy un desequilibrado o que estoy al servicio de oscuros intereses.
En el curso de todas esas discusiones hubo un cierto toma y daca de datos aportados por unos y otros, aunque no todos fueron correctos o pertinentes. Por ejemplo, uno de los contertulios apuntaba a las grandes exportaciones de electricidad de Alemania a Austria como una demostración del éxito de la Energiewende en la implantación de la energía renovable en el país teutón, cuando en realidad ya vimos que el 46% de la electricidad alemana se genera quemando carbón y cada vez se usa más carbón:



En otra ocasión había uno que alegaba que la electricidad suponía en España en torno al 50% de toda la energía final consumida, cuando en realidad se mueve en torno al 20%. Más adelante, se producía la típica ceremonia de confusión entre electricidad renovable y energía renovable (la biomasa no siempre se contabiliza en los cálculos de energía final, porque no es fácil estimar su impacto real) y entre electricidad renovable y eólica/fotovoltaica (la hidroeléctrica es aproximadamente, dependiendo del año, la mitad de la energía renovable que se produce en España). La conclusión era clara: el futuro pasa inexorablemente por continuar el actual despliegue de aerogeneradores y placas fotovoltaicas, también algo de concentración solar, como garantía de prosperidad; y si nos negábamos a verlo era porque somos unos necios o porque nuestra "ideología decrecentista" es muy "happy flowers" (sic) pero la realidad es otra.

En el fondo todas estas discusiones son una reedición de lo que ya comenté en el post "La buena dirección"; de hecho, abrumado por la cantidad de datos negativos que los presentes en una de esas conversaciones llegaron a aportar, uno llegó a decir que más valía una mala solución que no tener una solución en absoluto (ahí fue cuando yo inserté mi relato breve de terror).

Pero hay un grave transfondo a todo este discutir y devenir frenético. La rápida caída de la energía neta que llega a nuestra sociedad (y que se acelerará en los próximos meses) está provocando grandes cambios sociales, aupando grupos ideológicos alternativos que en una época de mayor bonanza hubieran quedado arrinconados. Lo grave no es que nuestro sistema económico y social no sólo no esté diseñado para soportar el declive energético en sí; es que no está preparado para la irrupción en el poder de grupos a los que se ha ninguneado durante décadas. Los medios de comunicación han funcionado y funcionan como vehículos de propaganda que airean una falsa perspectiva del debate y de las alternativas. Durante décadas se ha hecho creer a la población que la discusión energética era entre energías fósiles y renovables, con el uranio de árbitro, del mismo modo que hay una oposición entre bienestar económico y respeto medioambiental. Todos estos son falsos debates: la realidad es más compleja. Así, ni las energías fósiles ni el uranio ni las energías renovables podrán ir más allá, a la vuelta de pocas décadas, de proporcionar una fracción de toda la energía que consumimos ahora. Tampoco es cierto que bienestar y medioambiente estén en oposición: los efectos ambientales comienzan a ser cada vez más notorios y más gravosos para el bienestar humano (vean por ejemplo qué ha pasado en Francia este año con la cosecha de trigo, consecuencias que anticipábamos en el post "Un año sin verano", y si tienen ganas de ir más allá simplemente lean los titulares de esta breve crónica). Se han creado falsas dicotomías para distraer a la gente de que la verdadera discusión no era entre un tipo de energía u otro, un tipo de preocupación u otra, sino que el debate era multidimensional y que en realidad lo que se tiene que discutir es si seguimos con este sistema económico o nos dotamos de otro (en la línea de lo que se discutió en el último post). La propaganda ha sido tan fuerte, tan intenso el empeño en disimular el debate, que domina la percepción de los grupos hasta ahora extraparlamentarios y que pronto tendrán responsabilidades de poder. El poder económico empieza a sentir verdadero terror por lo que está por venir, no sólo porque se aúpen grupos que escapan a su control, sino porque éstos, de buena fe, intentarán implementar medidas que están condenadas al fracaso porque parten de premisas falsas.

Es un efecto boomerang: décadas de desinformación llevan, en un momento de crisis, donde las medidas deberían ser más certeras que nunca, donde se ha agotado ya el margen para error, a tomar las medidas más mortalmente equivocadas. Y ya sabemos qué hará el boomerang cuando vuelva.

Salu2,
AMT
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¿Son responsables de los recortes los españoles? Sí, lo son

Ácratas - 17 September, 2014 - 18:09


El Régimen Partitocrático español es una creación de los Poderes Fácticos españoles (The Powers that Be) para impedir que el pueblo español decida su destino, pero para que, a pesar del mecanismo que lo incapacita, se sienta responsable de todo lo que le sucede; y, como responsable, pague todas las facturas del Estado, legales e ilegales.

(Unos segundos para pensar)

Por ejemplo, el pueblo español se siente indebidamente responsable de que Zapatero, con el apoyo de la derecha catalana, alcanzara el poder durante 7 años. EN VEZ DE COMPRENDER que si hubiera elegido él mismo (el propio pueblo) al Presidente en una segunda vuelta, el electo Zapatero habría actuado de manera muy diferente, al no deber su cargo a los partidos bisagra, sino al pueblo. El pueblo español no es responsable, ni siquiera los votantes socialistas, de los desmanes de Zapatero. Los responsables son los parlamentos constituidos en 2004 y 2008, que invistieron a Zapatero por dos veces a cambio de sinecuras y ventajas como aquella de: "Apoyaré el Estatut que apruebe el Parlament Català".

(Unos segundos para pensar)

En cambio, el pueblo español sí es responsable de todos los desmanes cometidos y por cometer por el Partido Popular. ¿Cuál es la diferencia entre un caso y otro? La mayoría absoluta obtenida por el PP en 2011. Esa mayoría absoluta hace innecesaria la segunda vuelta electoral para investir al Presidente(*). Rajoy ha sido, pues, legítimamente investido por el pueblo español como presidente del Gobierno. De modo que los recortes que sufre el pueblo español son culpa del pueblo español.

¿Y cómo reaccionan los partidos distintos del PP ante esta evidencia? Contándole cuentos al pueblo español que lo exoneren de su culpa. Susurrándole al oído que es una dictadura el único tándem Parlamento-Gobierno que puede considerarse democrático en los últimos 10 años (democrático, digo, desde el único punto de vista que puede serlo: formalmente democrático). Y NO ES ASÍ.

Corolario: Los responsables de las actuaciones de un presidente son los que invisten a ese presidente.

(Unos minutos para pensar)

Entonces, ¿a quiénes atribuyo yo, como autor del artículo, la responsabilidad de los desmanes del PP en el Gobierno y en el Parlamento?

Al pueblo español.

El resultado de las Generales del 2011 fue posible porque los votantes del PP no fallaron, son "gente de orden", de derechas. Y son los menos afectados por los recortes. Muchísimos funcionarios y jubilados, aparte de autónomos y empresarios de medio y luengo pelaje. Gente que ve en los recortes a la "irresponsable chusma trabajadora" un medio para pagar la creciente deuda española, que paga a su vez sus sueldos y jubilaciones; sus subvenciones bancarias y sus precios políticos de la energía.

(Unos segundos para expresar indignación por lo que he escrito)

La coincidencia de signo partidario entre el Gobierno y su mayoría absoluta en el Parlamento es una situación excepcional en democracia formal. Algo que no suele producirse y que no es deseable (¡y ved cómo todos los partidos sacralizan lo contrario, el pacto de legislatura y el consenso, que es una mala imitación de la mayoría absoluta!).

Una situación como la actual solo se produce cuando, en unas elecciones, fallan otros viciados mecanismos partitocráticos, COMO EL DEL VOTO ÚTIL. En efecto, el las Generales de 2011, el voto útil no funcionó. Las clases desfavorecidas de España, hastiadas de que las engañara la izquierda, votaron a quien les dio la gana, en vez de "al PSOE para parar a la derecha"; o se quedaron en su casa sin votar.

La democracia consiste en la separación de poderes desde las urnas para que los poderes así constituidos se vigilen unos a otros por puro egoísmo. Por lo tanto, las mayorías absolutas son nefastas en democracia, pues uno no suele vigilarse a sí mismo, sino que tiende a protegerse, a encubrir primero sus errores y luego sus delitos. Solo en el límite, puede suceder en una democracia lo que sucede en España ahora. La partitocracia es el límite catastrófico de la democracia. O sea, en ese límite, democracia y partitocracia se parecen. La diferencia es que en democracia es inusual lo que en partitocracia sucede siempre (da igual que el Presidente sea investido por una mayoría absoluta que por un pacto de legislatura entre dos fuerzas parlamentarias: sigue siendo un rodillo Gobierno-Parlamento).

(Un minuto para mentar a mis ancestros en sus tumbas)

La Izquierda, en estos momentos, está tratando de volver a engañar al pueblo, tratando de descargarlo de su culpa por lo que ha hecho, esta vez sí, con plena responsabilidad. Los tímidos intentos regeneracionistas, puramente cosméticos del PSOE no sirven para nada. Tampoco los de Izquierda Unida (aka Partido Comunista de España). El más palmario de los engaños es el de Podemos. Podemos es una expectativa, no un partido. Solo hay que entrar en Plaza Podemos y leer el conjunto de disparates contradictorios que se muelen allí cada día para alimentar con esa harina las mentes más variadas de gentes. Gentes que lo único que tienen en común, eso sí, es sentirse indignadas con el único gobierno democrático de los últimos años, por terrible que éste sea. Pero, reconozcámoslo, se trata casi de un autoengaño. La gente de la calle, cuando se moviliza, suele magnificar el resultado de su esfuerzo. Así, cuando se reúnen 200 asamblearios en un parque, fueron 2.000 y dicen representar a todos los indignados. O cuando 600.000 catalanes representaron el signo romano-franquista del Víctor en las calles de Barcelona el 11S, creen que fueron dos millones, y que representan a todos los catalanes. Lo creen de verdad. Es humano creerlo. Podemos piensa que es un partido diferente, un partido "horizontal", dicen ellos, sin comprender que eso es una contradictio in terminis. Los partidos, por su propia esencia, son piramidales (como mucho), si no descaradamente verticales.

(Un minuto para que los catalanes me llamen españolista y los progresistas, pepero)

Una vez diagnosticada la enfermedad, que resumo así: Los españoles deben responsabilizarse de las consecuencias de sus actos políticos, no solo parecerlo. Y debe dotárseles para ello de los mecanismos adecuados. Pero los españoles, como los niños, no quieren ser responsables. Y la prueba es que, cuando de verdad lo son, como sucede en la actualidad, escurren el bulto y llaman a la creación de partidos-excusa que los exoneren. Una vez diagnosticada la enfermedad, repito, hay que tratarla eficazmente.

El tratamiento de la enfermedad es a) la democracia formal con diputados cautivos de sus votantes, que aquí, en acratas.net, ha sido explicada mil veces; o b), la democracia directa, asamblearia, municipal, responsable, sin partidos-excusa.

(Un minuto para pensar, quizás releer)

Las únicas instituciones democráticas que pueden verse actuar en España son las comisiones de vecinos. Se reúnen los que quieren. Y tienen en el orden del día, por ejemplo, el pintado de la escalera. Unos la quieren azul y otros roja. Tras discutirlo, votan. Y salga el color que salga, lo asumen todos los vecinos durante los próximos años. ¡Así que antes de que empiece el merecido debate, añado: soy demócrata formalista, de izquierdas y quiero la escalera roja. Por eso, por demócrata,  digo que, sin excusas, me siento completamente responsable de todos los desmanes del PP en el Gobierno y el Parlamento; y quiero ponerles fin también democráticamente.

JUAN BERMEJO


(*) Propuesta de mínimos democráticos de la Plataforma Cambio 99, cuyo enlace está aquí mismo, debajo.


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Programa para una "Gran Transformación"

The Oil Crash - 15 September, 2014 - 19:18
Queridos lectores,

Un grupo de ocho personas ha recogido el guante y ha redactado el siguiente texto. Es enorme, no por su (considerable) longitud, sino por su extraordinario contenido. Espero que Vds. lo disfruten tanto como lo he hecho yo.

Salu2,
AMT 







Última llamada: una respuesta. Programa para una "Gran Transformación" Una llamada se realiza buscando una respuesta, y en el caso del manifiesto llamado Última llamada, promovido por un grupo de científicos, académicos, intelectuales y algún aspirante a servidor público las respuestas no se han hecho esperar. Personalidades de primera fila del mundo de la política nacional, dentro de la corriente socialdemócrata, hasta ahora caracterizada por sostener sin fisuras que uno de los objetivos de la sociedad y del gobierno debe ser el desarrollo de las fuerzas productivas, el llamado crecimiento económico, se encuentran entre los primeros firmantes del manifiesto.
Hay que valorar muy positivamente este hecho, puesto que el primer paso para solventar un problema es reconocer que este existe. De pensar que el crecimiento económico es la solución a nuestros problemas a pensar que el crecimiento económico es nuestro problema hay un gran trecho, el que existe entre dos paradigmas opuestos, con distintas visiones preanalíticas.
No obstante, a la sincera alegría por este hecho, hay que contraponer una buena dosis de sana prudencia. La prudencia de aquel que conoce la fuerza del sedimento de las decisiones pasadas, de la costumbre y los hábitos adquiridos, y la inercia del pensamiento humano. Es también necesaria la prudencia por lo sencillo que resulta la adhesión a un manifiesto que no plantea políticas concretas, dado que no es este su objetivo. Por el contrario, este se encuentra en fomentar el debate sobre esas políticas, y con ese criterio se tendrá que juzgar a los firmantes, por su implicación y sus propuestas que detallen las medidas concretas a implementar. Es así como debe entenderse esta, nuestra respuesta a la última llamada, un intento humilde, realizado con una buena dosis de sano escepticismo, pero a la vez firme, de abrir ese debate sobre políticas concretas.
Entendiendo el paradigma vigente
El manifiesto incide, de forma escueta, en el gran reto que tenemos por delante, cambios radicales, una “Gran Transformación”, que se verá obstaculizada por la inercia y los intereses de los que son los ganadores bajo la organización social actual.
Entender estas dificultades es vital, y para ello nos puede ser de gran ayuda el autor que aparece implícitamente citado en el manifiesto. Según Karl Polanyi, en su libro La Gran Transformación
"Todos los tipos de sociedades están sometidos a factores económicos. Pero únicamente la civilización del siglo XIX fue económica en un sentido diferente y específico, ya que optó por fundarse sobre un móvil, el de la ganancia, cuya validez es muy raramente conocida en la historia de las sociedades humanas: de hecho nunca con anterioridad este rasgo había sido elevado al rango de justificación de la acción y del comportamiento en la vida cotidiana. El sistema de mercado autorregulador deriva exclusivamente de este principio. [...]Como las máquinas complejas son caras, solamente resultan rentables si producen grandes cantidades de mercancías. No se las puede hacer funcionar sin pérdidas, más que si se asegura la venta de los bienes producidos, para lo cual se requiere que la producción no se interrumpa por falta de materias primas, necesarias para la alimentación de las máquinas. Para el comerciante, esto significa que todos los factores implicados en la producción tienen que estar en venta, es decir, disponibles en cantidades suficientes para quien esté dispuesto a pagarlos. Si esta condición no se cumple, la producción realizada con máquinas especializadas se convierte en un riesgo demasiado grande, tanto para el comerciante, que arriesga su dinero, como para la comunidad en su conjunto, que depende ahora de una producción ininterrumpida para sus rentas, sus empleos y su aprovisionamiento. […] En relación a la economía anterior, la transformación que condujo a este sistema es tan total que se parece más a la metamorfosis del gusano de seda en mariposa que a una modificación que podría expresarse en términos de crecimiento y de evolución continua. Comparemos, por ejemplo, las actividades de venta del comerciante-productor con sus actividades de compra. Sus ventas se refieren únicamente a productos manufacturados: el tejido social no se verá pues afectado directamente, tanto si encuentra como si no encuentra compradores. Pero lo que “compra” son materias primas y trabajo, es decir, parte de la naturaleza y del hombre. De hecho, la producción mecánica en una sociedad comercial supone nada menos que la transformación de la sustancia natural y humana de la sociedad en mercancías. La conclusión, aunque resulte singular, es inevitable, pues el fin buscado solamente se puede alcanzar a través de esta vía. Es evidente que la dislocación provocada por un dispositivo semejante amenaza con desgarrar las relaciones humanas y con aniquilar el hábitat natural del hombre."
Esta dislocación social se habría aceptado por la promesa de una abundancia material sin precedentes, promesa que se cumplió en una parte del mundo. La sociedad se desgarró y se volvió a recomponer innumerables veces: hubo guerras, catástrofes, revoluciones y medidas paliativas como salarios mínimos, prohibición del trabajo infantil y educación gratuita, entre otras, pero la aniquilación del hábitat natural del hombre fue progresando, de forma lenta pero constante.
La orientación de la acción humana hacia la ganancia, y la subordinación del hombre y la naturaleza a la ley de la máquina, nos habría conducido a la organización social en la que estamos atrapados, en la que una parte, importante pero subordinada, “la economía”, se habría convertido en el todo relevante y la biosfera y la sociedad en meros apéndices. Esa visión habría encontrado eco en paradigmas “científicos” como el de la economía neoclásica.
 
Aunque por supuesto, es tan sólo una representación falsa de la realidad. La cuestión es si seremos capaces de retirar el velo a tiempo para ser conscientes del orden correcto.


El nuevo paradigma, la nueva forma de organización e integración social, que nosotros hemos llamado el bienvivir, aunque posee muchas aristas que debemos ir definiendo, podría ser representado por esta segunda imagen, donde la economía, el individuo, la sociedad y la biosfera se relacionan de forma armónica, asumiendo los límites reales de cada uno de los subsistemas, en lugar de comportarnos “como sí” dichos límites no existieran.
El certero y premonitorio análisis de Polanyi nos permite extraer algunas generalidades que deberíamos tener en cuenta:
- La mercantilización del medio natural se funda en el móvil de la ganancia, pero no es tan fácil fundar la conservación sobre este móvil. En el pasado, según Polanyi, fueron las relaciones y derechos sociales (prestigio, obligación, civismo, entre otros) las que creaban la motivación para la acción. Aunque parezca utópico, habrá que evolucionar hacia algo parecido. Si miramos bien veremos muchos comportamientos a nuestro alrededor cuya motivación no puede reducirse a la simple crematística. Un ejemplo: este blog.
- La mercantilización del ser humano se funda en la ruptura de la distinción entre el principio de uso y el de beneficio. Polanyi insistiría en un libro posterior, El sustento del hombre, en la antigua prohibición del regateo sobre el precio de los productos básicos. En La Gran Transformación cita a Aristóteles para señalar como este distinguía entre la producción para uso propio, para distribuir entre el grupo cerrado – el oikos o casa griega- y los excedentes destinados al mercado. El ser humano sólo puede quedar a merced de las leyes del mercado en cuanto se ha eliminado su capacidad de producción para uso propio (En este punto nos gustaría insistir que no sostenemos que el hombre, en la actualidad, se encuentre completamente a merced del mercado –aunque habría que preguntarle a las 700.000 familias españolas sin ingresos-. Este es el ideal de la filosofía liberal, pero ha sido matizado por innumerables leyes, que precisamente por su carácter político están continuamente sometidas a revisión y son fuente de conflicto y lucha de intereses).
- En un texto posterior Aristóteles descubre la economía, Polanyi critica el concepto de necesidades ilimitadas. Para Aristóteles, una vez cubiertas ciertas necesidades, la escasez procede del lado de la demanda. Esto nos sugiere que la satisfacción de las necesidades tiene mucho que ver con el contexto institucional, y con valores como el ideal de vida buena de una sociedad. Esto abre una fecunda vía de exploración, que ha sido en parte recorrida por autores como Manfred Max-Neef, que han establecido una categoría universal de necesidades humanas, si bien los satisfactores dependerían de factores culturales e institucionales. Este conocimiento nos permite desmaterializar la satisfacción de gran parte de las necesidades humanas, a través de un Desarrollo a escala humana.
¿Cómo articular estos principios generales en un programa de cambio hacia ese nuevo paradigma, ese bienvivir? Para nosotros el concepto clave es la autonomía, término que tomamos de Cornelius Castoriadis ¿Partiendo del reconocimiento de la mutua interdependencia del ser humano con sus semejantes y con el resto de seres vivos, tiene sentido reclamar en las presentes circunstancias este concepto? Dependemos unos de otros, así que la autonomía sólo puede ser ese espacio instituido socialmente, entre todos, en el que se le da a cada individuo libertad de acción. Debe incluir, necesariamente, la participación en la elaboración de la ley por la que deberá regirse, y el derecho a participar en los costes y beneficios de la producción, por encima de cualquier racionalismo económico que pretenda limitar su participación a causa de las exigencias de un mercado de trabajo.
La autonomía proporciona el marco para la innovación social, donde vayan germinando las nuevas prácticas sociales, que privilegien el acceso y el uso frente al acaparamiento, la satisfacción de las necesidades por medios inmateriales (cuando ello sea posible) y el cuidado y mejora de los bienes comunes, además de proporcionar incentivos para fundar la acción en móviles distintos al beneficio. Dado que esto tendería también a favorecer la producción para el consumo propio y de carácter local, se vería también reforzada la resiliencia.
Si bien Polanyi no sugiere medidas concretas, un proyecto político que tomase en consideración las implicaciones de su obra debería concluir que necesitamos una ruptura radical en los mercados de tierra (recursos naturales), trabajo y dinero, las tres mercancías que Polanyi definió como “ficticias”, dado que no habían sido creadas para su venta. La sociedad no es más que un subsistema de la biosfera, adaptarnos a esta última requiere por tanto mejorar nuestro conocimiento de ella y gestionar los recursos según lo aprendido, y una buena dosis de prudencia para lidiar con la incertidumbre. Los mercados de trabajo y dinero son, por el contrario, creaciones humanas, deben por tanto ser democratizados. El proceso en su conjunto debe entenderse como una ampliación de derechos de los individuos, y sería favorecido con las siguientes medidas:
SOLUCIONES:
Comprender y redefinir las necesidades de individuo y sociedad
Durante los últimos 200 años se ha producido un crecimiento acelerado de la población que ha sido acompañado de un crecimiento aún mayor de la producción que algunos denominan crecimiento económico, aunque no sea necesariamente así. Podemos considerar legítimamente que este es el estado “normal” de las cosas y que, por lo tanto, debe y puede continuar de manera indefinida. Lo cual, no sería más que una simplificación de nuestra historia o, peor aún, una falsificación de la misma.
No obstante, la idea de progreso está firmemente fijada en nuestras mentes y asociada a la economía, aunque sea un concepto de origen religioso. Es una de esas palabras que parecen ir siempre adherida a otra, como un hermano siamés, en nuestro caso a la tecnología, progreso tecnológico, que es la piedra sobre la que se levanta la iglesia del crecimiento ilimitado.
La economía parece permearlo todo, de forma que todo parece tener que pasar por el cedazo del imperialismo económico. Es normal considerar casi cualquier cosa desde este punto de vista, utilizando los instrumentos de la economía para su análisis. Así en el famoso libro Freakonomics, Steven Levitt y Stephen Dubner la proclaman como “la exploración del lado oculto de todas las cosas”. Mires por donde mires hay un aspecto económico relevante. Tal situación no es en absoluto sorprendente, a diferencia de otras ciencias que se definen por su campo de estudio, el paradigma neoclásico define la economía por su método de estudio, por ejemplo la clásica definición de Robbins: “La economía es la ciencia que analiza el comportamiento humano como la relación entre unos fines dados y medios escasos que tienen usos alternativos”. Pero cuando uno tiene un martillo acaba viendo clavos por todas partes.
Así las cosas, el crecimiento de la producción se ve como algo necesario e imprescindible y, en consecuencia, ni se cuestiona. Tal vez, sea el único punto en común de las más variadas y distantes posiciones ideológicas, enfrentadas en todo menos en su fe en el crecimiento sobre la base del progreso tecnológico.
Sin embargo, el crecimiento de la producción indefinido no es posible en un entorno ecológico que no crece y que se encuentra en un estado cuasi estacionario. A diferencia del imperialismo económico que proclama que todo ha de ser visto desde el punto de vista económico, la realidad nos dicta que nuestro planeta es un sistema termodinámico cerrado, sin apenas intercambio de materia con su entorno y con un flujo de energía de baja entropía que proviene del Sol que es estable, a escala de tiempo humana, y disperso. Lo que no es más que afirmar que la economía está lejos de ser el todo relevante y que no es más que un subsistema ecológico y no puede crecer más allá de sus límites. En realidad no puede alcanzar esos límites pues los servicios prestados por el capital natural son imprescindibles para el mantenimiento de la vida humana.
Nuestra realidad es que el crecimiento de la producción se realiza en grave detrimento del capital natural, lo que se ha venido en definir como crecimiento antieconómico. Cuando el crecimiento de la producción provoca más costes que beneficios, a nivel microeconómico existe una regla de parar, el beneficio marginal desaparece por añadir una unidad más a la producción y cada unidad adicional nos sitúa en peor posición. Por desgracia, a nivel macroeconómico no existe nada comparable, contabilizamos nuestro crecimiento en una única partida de actividad económica suponiendo que por regla general sus beneficios son abrumadoramente superiores a los costes en que incurrimos, por lo que ni siquiera merece hacer cuentas separadas. En otras palabras a nivel macroeconómico no existe un concepto tan “económico” como la escala óptima, no hay regla de cuando parar.
Se preguntará el lector cómo es posible tal paradoja, Herman Daly (1999) nos lo explica con meridiana claridad:
"¿Por qué está sencilla extensión de la lógica básica de la microeconomía es tratada como inconcebible en el dominio de la macroeconomía? Principalmente, porque la microeconomía trata de la parte y, la expansión de la parte está limitada por el coste de oportunidad que infringe al resto del todo el crecimiento de esa parte bajo estudio. La macroeconomía trata del todo y, el crecimiento del todo no infringe costes de oportunidad, porque no existe “el resto del todo” que sufra el coste. Los economistas ecológicos han señalado que la macroeconomía no es la parte relevante del todo, es en sí misma un subsistema, una parte del ecosistema, la naturaleza es más grande que la economía." 
Son en realidad los problemas económicos los que tienen que ser vistos también con los ojos y los instrumentos de la física, química, antropología, historia, biología, etc para darles un contexto adecuado y la real dimensión que tienen, en lugar del efecto túnel que nos provoca el paradigma neoclásico.
Este efecto túnel es patente en la medición del bienestar a través de una variable de flujo como es el PIB o el PNB. Debemos tener muy presente que el bienestar es proporcional a la riqueza, que es una variable de stock. Si queremos aumentar la riqueza debemos aumentar el flujo de producción, pero ese aumento lleva asociado unos costes que soporta el capital natural pero que el PIB simplemente no contabiliza o los contabiliza como una actividad económica “positiva”. Por ese motivo Kenneth Boulding denominaba al PNB como Coste Nacional Bruto. Como explica Daly más allá de cierto punto los beneficios de aumentar el stock, es decir, transformar capital natural en capital hecho por el hombre, no compensan los costes que provoca el flujo.
El paradigma neoclásico nunca se enfrenta a ese problema, simplemente considera que el capital producido por el hombre es sustitutivo del capital natural. Como llegó a afirmar Robert Solow (1974):
"si es muy fácil sustituir los recursos naturales por otros factores, entonces en principio no hay problema"
Tal vez, en principio, cuando los recursos son abundantes, estamos en un mundo vacío, podemos ignorar los costes y continuar transformando, que no produciendo, recursos naturales en productos y servicios para nosotros además de generar residuos. Pero los recursos no son inagotables y algunos de ellos no son meros stocks a la espera de ser transformados, sino que son sistemas complejos e interconectados que proporcionan servicios necesarios para el mantenimiento de la vida. Además vivimos en el mismo lugar donde se vierten los residuos, algo que algunos parecen olvidar.
Podemos afirmar que Solow defiende una economía del Cowboy similar a un ecosistema joven, que definimos con palabras de Daly (1999):
"Los ecosistemas jóvenes (y las economías cowboy) tienden a maximizar la eficiencia productiva, esto es, el ratio entre el flujo anual de biomasa producida y el preexistente stock de biomasa que la produjo"
Por el contrario, las economías astronautas, que habitan un mundo lleno, son como un ecosistema maduro y estable:
"Los ecosistemas maduros (y las economías astronauta) tienden a maximizar el ratio inverso entre el stock de biomasa existente y el flujo anual de biomasa que mantiene el stock. Este último ratio aumenta cuando la eficiencia del mantenimiento se incrementa"
Como no disponemos de recursos materiales y energéticos ilimitados y tampoco de sumideros de residuos que no nos afecten negativamente, nuestra única política posible es mantener el stock de capital natural y el transformado por el hombre, el realmente útil para nosotros, y minimizar el flujo de producción. Esto es diametralmente opuesto a todo lo que hacemos o se nos propone que debemos hacer para alcanzar mayores cotas de bienestar ..."antieconómico" para la inmensa mayoría.
El capital natural es visto por el actual paradigma económico como una fuente de materias para transformar, aunque lo llamen producción. Sin embargo, proporciona servicios que son vitales pero que desgraciadamente no tienen mercado y por ello no son valorados, desaparecen de la ecuación, lo que no se cuantifica en dinero no existe. Por ejemplo, un bosque no es sólo fuente de madera para la industria, también tiene importantes funciones como bien público, sin querer ser extensivo citemos algunas: a nivel local evita la erosión de suelo y las inundaciones; a nivel regional sirve de cobijo y cría a especies animales y; a nivel global es un sumidero de C02. Aunque todas esas funciones son valiosas el mercado no las valora. El principal problema es que esos servicios no permiten el ejercicio claro de derechos de propiedad y el flujo de madera sí. Todos los incentivos económicos se dirigen a la explotación del recurso (stock) en su aspecto de flujo y se olvida completamente su componente de fondo como prestador de servicios. Aunque sean vitales y crecientemente escasos, nada en nuestro sistema económico está preparado para lidiar con el problema. Añadir un problema adicional que también debe soportar el bosque citado en nuestro ejemplo. Los niveles de decisión que afectan al bosque, su explotación maderera y los diferentes servicios que presta son completamente diferentes y tienen intereses contrapuestos difíciles de conciliar, especialmente si añadimos la existencia de un nivel de decisión intergeneracional.
El problema es, como decía Bar Materson, que todos recibimos la misma cantidad de hielo (bienestar); pero los ricos en verano (económico) y los pobres en invierno (antieconómico). Incluso algunos de los que reciben hielo en invierno se ponen del lado de los que lo reciben en verano con la esperanza de que ellos algún día lo reciban también en esa estación. Como John Ruskin anticipó, “Lo que parece ser riqueza podría ser, en verdad, sólo el dorado indicio de la ruina absoluta...”
El primer paso para revertir esta situación es que el gobierno abandone como objetivo de su política económica el crecimiento de la producción, y adopte el objetivo de mantener y mejorar tanto el capital natural como el creado por el hombre. Podemos ver un ejemplo concreto con el caso de la vivienda. Los españoles tenemos la necesidad de un techo, y en España había en 2013 más de 26 millones de viviendas. Si pensamos en términos de satisfacer esta necesidad, y no en el de dar trabajo a la gente, una política adecuada sería intentar aumentar el ratio de ocupación, dado que en España hay 3,4 millones de viviendas vacías. Esto nos ahorraría un coste considerable, en preciosos recursos, energía y materiales, y en trabajo (que se reflejaría convenientemente en un descenso del PIB), dado que podríamos ahorrarnos construir las 35.000 viviendas que iniciamos ese mismo año. Por otro lado, el objetivo de mejora del capital existente se reflejaría en mejorar El stock de viviendas construidas para reducir su consumo energético y sus costes de mantenimiento. El mismo principio podría aplicarse al capital natural, como por ejemplo nuestras costas y las pesquerías.
Aplicando esa política seriamos más ricos, y no menos, como estúpidamente se afirma, dado que no tendríamos más viviendas vacías, pero sí mejores viviendas y recursos de más calidad para el futuro, y también para el presente, ya que no destruimos, por seguir con el ejemplo anterior, los servicios que presta un bosque con la construcción de más viviendas. Quizás nuestro crecimiento es ya antieconómico, no así el de los países menos desarrollados, que necesitarían más capital transformado por el hombre, para mejorar las condiciones de vida de una parte de su población. Necesidades que les será más complicado cubrir, dado el creciente deterioro del capital natural.
Gestionar prudentemente los recursos
La gestión de los recursos naturales es un aspecto fundamental si consideramos que lo que conocemos por proceso de producción se trata en realidad de un proceso de transformación de los recursos naturales (baja entropía) en bienes y servicios destinados a los seres humanos, en función de su dotación de riqueza y renta, generando a su vez residuos (alta entropía).
En el apartado anterior abogamos por una política de minimización de flujo y maximización del capital como la vía para mantener un equilibrio entre nuestras necesidades y la capacidad de nuestro entorno de mantener no sólo la vida, sino una sociedad con un bienestar razonable para las generaciones actuales y para las generaciones futuras. En este apartado profundizaremos cómo enfrentarnos a esa gestión y cuáles son las diferencias con el enfoque dominante, que desde nuestro punto de vista es fundamentalmente erróneo.
Lo primero que hay que señalar es que la gestión de recursos involucra no pocos aspectos de carácter normativo, decisiones políticas si lo prefieren, sobre la base de elecciones éticas. Es importante, en nuestra opinión, resaltar este aspecto ya que la economía neoclásica se atribuye una cualidad de ciencia dura libre de valoraciones ideológicas que es no sólo falsa, sino engañosa, ya que reviste sus consejos de un aura de objetividad de la que carece.
No obstante, debemos señalar que los límites físicos no son debatibles salvo que falsemos las teorías científicas que los sustentan. Las teorías ciertamente están a la espera de ser falsadas (Popper), lo que no implica que dejen de ser necesariamente teorías efectivas, por eso seguimos utilizando la mecánica newtoniana. Requiere no sólo falseamiento, sino que resulten invalidadas para aquello para lo que las aplicamos. Por ejemplo, la mecánica newtoniana es inválida para calcular nuestra posición mediante un sistema de satélites como el GPS.
Los recursos naturales se pueden clasificar en renovables y no renovables, sin embargo, no agota las posibles clasificaciones. Por ejemplo, la clasificación en recursos abióticos (no biológicos) y bióticos (biológicos) es de gran utilidad para su estudio. Los recursos abióticos pueden ser no renovables y no reciclables, esencialmente los combustibles fósiles, o se trata de recursos prácticamente indestructibles. Los recursos bióticos se caracterizan por tener una doble vertiente, proporcionan por un lado un flujo de recursos para su transformación (p.e. madera) y servicios esenciales para la vida (absorción de C02, evitan la erosión de los suelos, permiten el desarrollo y mantenimiento de la diversidad biológica, etc.).
Los minerales y los combustible fósiles son esencialmente diferentes porque los primeros son reciclables y diferentes generaciones pueden hacer uso de ellos, son rivales para la misma generación pero no rivales entre generaciones, y los combustibles fósiles una vez utilizados como fuente de energía no se pueden reciclar, son rivales siempre, si yo los uso no los puedes usar tú, ni tampoco nadie en el futuro, a diferencia de los minerales. Precisar que la rivalidad es una característica exclusivamente física. Evidentemente el reciclaje requiere energía, si no disponemos de ella, el reciclaje se desvanece.
El agua, tal vez el recurso natural más importante, es el más difícil de clasificar. Los acuíferos son similares a los minerales, mientras que las aguas superficiales casi se pueden considerar recursos bióticos, pues tienen la doble vertiente de flujo y de fondo que les caracteriza. Sin embargo, no puede ser destruida, como sí ocurre con los recursos bióticos. Sí que puede ser contaminada lo que le resta valor especialmente como fondo que proporciona servicios.
Los combustibles fósiles como fuentes de energía primaria tienen para la sociedad industrial una importancia extraordinaria, aproximadamente el 85% de la energía que consumimos proviene de esta fuente. La cuestión esencial en torno a ellos es la capacidad que tenemos para recuperarlos en sus yacimientos geológicos, de forma que nos sean útiles para transformar otros recursos naturales en bienes y servicios. En el límite un recurso energético no es recuperable cuando cuesta más obtenerlo, en términos energéticos, de lo que aporta. La tecnología puede proporcionar métodos para reducir el coste energético, sin embargo, esos métodos, como cualquier otra cosa, están sometidos a límites irreductibles; por ejemplo, al menos cuesta 9,8 julios de energía elevar 1 kg un metro de altura sin importar cuál es la tecnología que usemos.
La tecnología puede compensar hasta cierto punto los costes, pero como, por regla general, agotamos primero los mejores recursos, de más baja entropía, el resultado a largo plazo es un descenso de la energía neta que nos proporcionan los combustibles fósiles. Ese declive está comprobado y es irreversible.
Además, la utilización de combustibles fósiles genera residuos, y ese impacto reduce el total de energía que disponemos, de una forma u otra, cuando se supera la capacidad de absorción de los recursos bióticos. Compensar el impacto requeriría energía, aunque no es común hacerlo. Si no lo compensamos, afecta a los ecosistemas que captan y transforman energía solar en bienes y servicios imprescindibles para la vida, reduciendo esa capacidad de transformación, lo que nos obliga a utilizar más energía para compensar la pérdida, sin ganar nada. Desde el punto de vista económico esta situación genera mayor actividad, aunque sea un mero paliativo de los males que hemos desencadenado y, por lo tanto, aumenta el crecimiento del PIB. Confundimos costes con beneficios sumándolos todos en la misma partida o considerando los beneficios, sin contabilizar previamente los costes.
Los recursos bióticos son más difíciles de analizar porque partimos de una ignorancia muy elevada sobre los mismos, ya que forman parte de sistemas ecológicos increíblemente complejos y dinámicos. Los niveles de incertidumbre, no confundir con probabilidades esterilizadas de un casino, o de pura ignorancia, hacen que cualquier gestión de los mismos deba estar presidida por un prudencia extrema, casi paranoica, ya que los servicios que proporcionan sustentan la vida en nuestro planeta. Cuando te enfrentas a problemas con un elevado grado de incertidumbre, con propiedades no lineales, y las intervenciones naíf pueden provocar pérdidas catastróficas, que permanecen ocultas durante un tiempo más o menos prolongado, y sólo proporcionan unos beneficios limitados aunque visibles a corto plazo, la prudencia debería ser la regla de oro. La forma de tratar la incertidumbre es en último término una elección puramente normativa, una elección que realizamos en atención a nuestro desconocimiento esencial que no accidental del sistema ecológico.
La estructura ecológica está formada por los individuos y comunidades de seres biológicos, así como los recursos abióticos. Estos elementos forma un sistema complejo y complejizante donde el todo es más que la suma de las partes y, donde es habitual un comportamiento no lineal, por lo que no podemos predecir en absoluto los efectos globales sobre la base de nuestro conocimiento parcial de ciertas partes o subconjuntos. De esas interacciones surgen, como fenómenos emergentes, funciones ecológicas como el ciclo del agua.
Podemos clasificar los recursos bióticos en: recursos renovables; servicios ecológicos; y capacidad de absorción de residuos. Lo esencial es que aunque se puedan estudiar por separado forman un sistema complejo, por lo que lo que puede parecer una afección insignificante de la estructura (los recursos tratados como flujo para su transformación) puede tener efectos mucho más importantes en los servicios o en la capacidad de absorción de los residuos. Los recursos renovables tienen lo que se denomina capacidad de carga, más allá de ella empiezan a degradarse afectando al sistema en su conjunto. Sin embargo, debemos abandonar la idea de poder cuantificar de forma estática esa capacidad de carga, que está influida e influye en los otros aspectos de sistema. La idea naíf de que vamos a dar un precio a las posibles “externalidades” para igualar el coste social y privado es totalmente absurda por dos motivos: primero, requiere un planificador omnisciente; y segundo, la idea de la existencia de un planificador cohabitando junto al mercado, entendido como mano invisible que opera de forma automática para alcanzar el equilibrio óptimo, en el sentido de Pareto, son totalmente incompatibles. No es más que la reedición de los epiciclos del sistema Ptolemaico. Primero, ignoras los recursos y su transformación, que siempre genera residuos y, a continuación, los calificas como externos a tu modelo. Si tu modelo pretende representar un animal sin boca ni ano tienes un serio problema de comprensión de la realidad.
El paradigma neoclásico afronta la gestión de los recursos desde el punto de vista del mercado como asignador eficiente. Sin embargo, es bien conocida la existencia de los fallos de mercado, por ejemplo, un monopolio natural debido a las altas barreras de entrada es un caso arquetípico de supresión de la competencia. Pero existen más fallos de mercado que afectan de forma crucial a la gestión de los recursos naturales. Se considera que existe un fallo de mercado cuando no existen instituciones que establezcan, definan e impongan derechos de propiedad o por sus características no haya la competencia que requiere el mercado. El mercado necesita derechos de propiedad bien definidos y que los bienes sean rivales, que el consumo o uso por parte de alguien excluya su consumo o uso por parte del resto, es lo que se define como rivalidad. Ninguno de los recursos naturales cumple con ambas condiciones, y además existe el factor temporal, que empeora la situación al considerar a las generaciones futuras. El ejemplo típico de la falta de definición de los derechos de propiedad es la “tragedia de los comunes” aunque los “commons” eran una propiedad colectiva perfectamente regulada, totalmente alejada de cualquier “tragedia”. En realidad, se refiere a los recursos con libre acceso, por ejemplo la pesca, donde no existen instituciones que puedan imponer unos derechos de propiedad definidos. La tragedia significa que las decisiones individuales basadas en el propio provecho no producen el bien común, sino todo lo contrario.
Es importante destacar lo que ocurre cuando existe un conflicto entre los mercados y los bienes públicos, aquellos en los que no puede haber exclusión y no son rivales. Siguiendo un ejemplo de Daly y Farley (2004) consideremos la situación en la que aparceros brasileños son expulsados de las tierras donde trabajan en productos para el mercado local por el terrateniente, que piensa dedicar sus tierras a la explotación de un producto como la soja destinado al mercado internacional y que es altamente mecanizable. La mejor opción disponible es convertirse en colonos en la Amazonía, donde talarán un trozo de tierra, vendiendo la madera y, posteriormente, se dedicarán a su explotación agrícola. Ambas actividades son de mercado y pueden ser cuantificadas por su valor monetario y descontadas a su valor actual. Sin embargo, los servicios producidos por la selva amazónica a nivel, local, regional y global, son bienes públicos sin mercado, no tiene valoración. Existen intentos de cuantificación, sin embargo, son vanos pues el valor asignado depende de nuestros conocimientos limitados y, lo que es peor, son una función no-lineal que depende de cuantos sean los desplazados para calcular su impacto. Desconocemos el punto a partir del cual las consecuencias pasan a ser catastróficas, sólo podemos saberlo en retrospectiva. Desde el punto de vista del colono su comportamiento vendiendo la madera y cultivando la tierra es completamente consistente con un comportamiento económico estándar. Desde el punto de vista global, las pérdidas, aunque no cuantificadas, superan con mucho el beneficio individual, pero no hay mecanismos que permitan la compensación. El choque de los bienes públicos con el mercado nos conduce a una situación de empobrecimiento por destrucción del capital natural. Desde el punto de vista económico se reflejará en un aumento del PIB.
El problema es muy grave, pues no se asignan y proveen eficientemente los bienes a los que no son aplicables las condiciones de mercado como es el caso de los servicios que proporciona el capital natural. La despreocupación hacia estos bienes y servicios proviene de la hipótesis de sustituibilidad entre el capital hecho por el hombre y el capital natural. Cuando un recurso escasea, aumenta su precio, estimulando la innovación y su sustitución. Las pruebas de ese mecanismo son numerosas en los últimos 200 años, de lo cual se deduce que funciona. Hay dos problemas básicos que nos debemos plantear. Primero, lo que Nicholas Nassim Taleb denomina confundir la ausencia de evidencia con la evidencia de ausencia: basta un cisne negro para desmentir la proposición “todos los cisnes son blancos”, innumerables confirmaciones anteriores no sirven cuando descubrimos un cisne negro. Segundo, si los bienes que escasean o comienzan a escasear no cumplen con las condiciones de mercado no tienen precio, por lo tanto, no hay ningún signo de aviso. Como dichos bienes y servicios han sido tan abundantes durante gran parte de los últimos 200 años se deduce que lo van a seguir siendo para siempre, la hipótesis del mundo vacío. La economía neoclásica trata con escaseces particulares, pero subyace la hipótesis de la abundancia general gracias al progreso tecnológico.
El paradigma neoclásico reduce los fallos de mercado a un problema de externalidades, en el que los costes o beneficios privados no coinciden con los sociales. En realidad la denominación de externalidad es totalmente inadecuada ya que son inevitables e internas al proceso de producción (transformación). La solución universal es asignar derechos de propiedad para igualar esos costes, siendo innecesaria la intervención del Estado más allá de garantizar e imponer el respeto a los derechos de propiedad. Ya hemos comentado que no siempre es posible asignar esos derechos o imponerlos, pero a efectos dialécticos vamos a conceder que es factible. De acuerdo con el teorema de Coase desde el punto de vista social es similar conceder un derecho, por ejemplo, al aire limpio que un derecho a contaminar ese mismo aire, ambas soluciones conducirán a una solución idéntica, siempre que no haya costes de transacción y sepamos valorar cuales son los daños infringidos a la propiedad (externalidades negativas).El teorema supone que ambas partes tienen la capacidad de pagar, lo que frecuentemente no suele ocurrir, además suele ser imposible determinar los daños y los costes de transacción porqué involucran a una gran cantidad de agentes. Podemos afirmar que las hipótesis del teorema son completamente irreales y, además, subyace que considera plausible conceder el derecho a contaminar Puede parecer que políticamente la regla de quien contamina paga representa una elección normativa, pero es sólo una apariencia. Por ejemplo, los países ricos se arrogan el derecho de contaminar los países pobres que utilizan como vertederos de sus residuos.
Sin embargo, el problema más grave para la gestión de los recursos es que para que cualquier mercado funcione todos los interesados deben poder participar. En el caso de los recursos las generaciones futuras tienen indudable interés, pero no tienen capacidad de participar. Si postulamos que las generaciones futuras tienen derecho al mantenimiento de los ecosistemas que proporcionan los servicios imprescindibles para el mantenimiento de la vida, significa que debemos invertir en recursos renovables a medida que agotamos los recursos no renovables y, evitar o compensar el deterioro que estos producen en el suministro de los servicios naturales que su explotación supone. Lo anterior evoca a la renta de Hicks, que es sostenible por definición, en palabras de Daly (2008):
"...la máxima cantidad que una comunidad puede consumir en un año, y ser todavía capaz de producir y consumir la misma cantidad el año siguiente. En otras palabras, la renta es la máxima cantidad que se puede producir manteniendo la capacidad productiva (capital) intacta. Cualquier consumo de capital, hecho por el hombre o natural, debe ser sustraído en el cálculo de la renta. Asimismo, debe abandonarse la asimetría de añadir al PIB la producción de los anti-males sin, en primer lugar, haber sustraído la generación de los males que han hecho los anti-males necesarios. Señalar que el concepto de Hicks de renta es sostenible por definición. La contabilidad nacional, en una economía sostenible, debería intentar aproximarse a la renta hicksiana y abandonar el PIB."
Una vez más, retomamos el concepto de la economía astronauta, que maximiza el stock de capital minimizando el flujo, justo lo contrario de lo que hacemos. En el caso de los recursos el citado comportamiento es equivalente a administrar una empresa con criterios de liquidación. El principio rector absoluto en un entorno de incertidumbre es la prudencia, pues acciones que pueden ser beneficiosas de forma limitada, pero inmediata, pueden esconder perdidas catastróficas que permanecen ocultas a corto plazo y sólo se manifiestan a largo plazo.
Las asunciones básicas del paradigma neoclásico son: maximización del interés propio; y el criterio de Pareto como un sistema “objetivo” de asignación. Con esas premisas los intereses de generaciones futuras se tratan con el instrumento del descuento de flujos para obtener el valor neto actual y realizar las comparaciones pertinentes con las alternativas. La citada operación tiene un sesgo contrario a cualquier criterio de sostenibilidad, cuanto más alto el tipo de descuento peor, en el sentido de la renta de Hicks antes citada. El descuento valora sistemáticamente los beneficios y costes futuros menos que los presentes. 1.000 € ahora tienen un valor mayor que 1.000 € en el futuro, cuando más lejano sea el futuro menor será su valor presente. La razón es que hay un coste de oportunidad, puedo invertir 1.000 € ahora con una cierta rentabilidad. Este criterio del descuento es el que subyace en la regla de Hotelling, no confundir con la ley de mismo autor, que concluye que en competencia perfecta el precio de los recursos no renovables debe aumentar acompasadamente con el tipo de interés de mercado en cada momento.
Sin embargo, los precios de los combustibles fósiles no muestran el citado comportamiento. En el caso del petróleo, la serie histórica muestra, en el largo plazo, una gran estabilidad a precios constantes. En primer lugar, los mercados de los combustibles fósiles están lejos de ser un mercado en competencia perfecta. En segundo lugar, los precios no reflejan la escasez de los recursos en su estado natural, sino la escasez o abundancia de lo que hemos extraído que depende de nuestra capacidad de extracción. Como se suele afirmar respecto al crudo, lo relevante no es el tamaño del barril sino del grifo. Si tenemos un precio relativamente bajo del recurso se incrementará su ritmo de extracción, pues la lógica económica nos indica que la mejor opción es venderlo e invertir el beneficio obtenido en las alternativas con mayor rendimiento. Además el precio bajo rompe el estímulo de la sustitución, mediante el uso de tecnologías alternativas y, por el contrario fomenta las actividades complementarias, lo que abunda en el agotamiento del recurso.
Las soluciones al problema de la gestión de los recursos son un reto complicado. La economía ecológica propone un criterio de sostenibilidad que se traduce en el mantenimiento del stock de capital natural lo más intacto posible entre las diferentes generaciones, como lo era antes de la primera revolución industrial. Es cierto que la explotación de los recursos no renovables implica necesariamente el agotamiento, pero aquí la tecnología nos permite tener sustitutos renovables en los que invertir para legar la misma capacidad que la que heredamos en el contexto de un desarrollo económico sin crecimiento del flujo. Sin embargo, el mercado no nos proporciona, como hemos visto, las señales para esa sustitución.
Para ello se propone cambiar el objetivo de la fiscalidad de aquello que más queremos, añadir valor, a lo que más detestamos, el agotamiento de los recursos. Herman Daly (2008) propone para una Economía en Estado Estacionario que se corresponde con un planeta termodinámicamente cerrado lo siguiente:
"1. Sistema de fijación de límites máximos e intercambio de derechos mediante subasta para la explotación de los recursos básicos. Límites biofísicos máximos a escala de acuerdo con la fuente o el sumidero que los limite, el que sea el más restrictivo. La subasta captura las rentas de la escasez para una redistribución equitativa. El comercio permite la asignación eficiente para los mejores usos.2. Reforma fiscal ecológica—cambiar la base imponible desde el valor añadido (capital y trabajo) sobre “aquello a lo que se añade valor”, es decir, el flujo entrópico de recursos extraídos de la naturaleza (agotamiento), a través de la economía y, de vuelta a la naturaleza (contaminación). Internalizar los costes de las externalidades así como aumentar los ingresos más equitativamente. Apreciar lo escaso en la contribución de la naturaleza que previamente no tenía precio."
Desde la visión del crecimiento indefinido tales propuestas son absurdas ya que limitan el flujo de recursos sin el cual la economía no puede crecer en términos de PIB, único objetivo efectivo de la política económica actual. Para nuestra perspectiva son un paso adelante encaminado a minimizar el flujo de transformación (producción) y conservar el capital natural y el hecho por el hombre, permitiendo el desarrollo económico en contraposición al crecimiento. La principal función de los instrumentos propuestos es permitir que la provisión de bienes públicos sea la adecuada. En resumen, se trata de que el subsistema económico encuentre su dimensión óptima en relación al sistema ecológico, en función de los recursos disponibles, los límites físicos ineludibles y la tecnología de cada momento.
Democratizar el dinero
Las sucesivas crisis financieras del periodo de la globalización han reavivado, durante los últimos quince años, las críticas a nuestro sistema monetario. A través de una prolífica serie de libros y documentales algunos ciudadanos hemos ido conociendo sus características, la más llamativa de las cuales es la creación, por la banca comercial, del dinero como crédito, por el procedimiento de realizar una anotación en la cuenta del cliente, creando un depósito, en el mismo momento en que se concede el crédito.
Este dinero-deuda o dinero-crédito no explica, sin embargo, todo el proceso de creación monetaria. Como enfatizan los teóricos de una reciente teoría post-keynesiana, llamada Teoría Monetaria Moderna, los estados modernos tendrían el monopolio de creación de activos financieros netos, es decir, monedas, billetes y reservas de la banca comercial en el banco central. A partir de este punto los teóricos monetarios comienzan a divergir:Las teorías recogidas en los libros de texto señalan que la banca comercial "multiplica" una serie de veces los activos financieros netos creados por el banco central. A través de este proceso de "multiplicación", el banco central controlaría la creación monetaria, y restringiendo o aumentando la cantidad de reservas, o fijando su precio, el tipo de intervención, que a su vez influiría en otros tipos de interés, conseguiría controlar el todo a través de la parte, incluso aun cuando la parte, los activos financieros netos creados por el banco central, es tan minúscula como para oscilar entre el 3 y el 9%.
Por el contrario, precursores de la economía ecológica como Frederick Soddy y los economistas post-keynesianos consideran que el dinero es endógeno, es decir, viene determinado por la demanda de préstamos de ciudadanos y empresas, y por la habilidad del sistema financiero para conceder nuevos préstamos, que depende de los préstamos fallidos anteriores.
Recientemente esta postura ha cobrado mayor relevancia de cara a la opinión pública merced a un documento del Banco de Inglaterra, en el que entre otras cosas se afirmaba: "En situaciones normales (tradúzcase por: cuando no hay una crisis), el banco central no fija la cantidad de dinero en circulación, ni el dinero del banco central es multiplicado en más préstamos y depósitos". El multiplicador monetario es un mito, la mejor analogía para los bancos centrales no es la del controlador aéreo, sino la del equipo de bomberos que intenta mitigar los daños y rescatar a los supervivientes de la catástrofe.
En realidad, el banco central no fija, ni por aproximación, la cantidad de dinero en circulación, intenta influir en esa cantidad de dinero a través de la base monetaria, esencialmente las reservas que los bancos comerciales poseen en el banco central con las cuales saldan las operaciones entre ellos. Sin embargo, de acuerdo con la teoría del dinero endógeno la causalidad es la contraria a la que relata la fábula del multiplicador, la base monetaria se mueve de acuerdo con los requerimientos del dinero que crean los bancos comerciales cuando realizan prestamos, primero prestan y luego buscan las reservas (base monetaria). Eso implica que el banco central no controla, crea las reservas necesarias mediante préstamos, si el banco comercial no puede obtenerlas por otros medios (normalmente el mercado interbancario donde las entidades se prestan entre ellas). El motivo por el que el banco central acude, casi siempre, en auxilio de los bancos, no es sólo para evitar problemas de liquidez en el conjunto del sistema cuando alguna entidad tiene problemas, sino porque su objetivo fundamental es el mantenimiento de un determinado tipo de interés. Si el banco en cuestión no encuentra el dinero en el interbancario a un tipo determinado y necesita el dinero, se produciría una escalada de tipos que se transmitiría al resto del sistema. Por eso el banco central le prestará las reservas al tipo de intervención fijado. En resumen, la base monetaria se crea a demanda de la cantidad de dinero en circulación que crean los bancos comerciales, justo lo contrario de lo que explican los libros de texto de economía.
En períodos de crisis, los bancos centrales intentan que el sistema funcione tal como cuentan los libros, crean base monetaria para expandir la cantidad de dinero en circulación. Los métodos son variados, el más importante es el "Quantitative Easing", que consiste en la compra en el mercado de activos financieros para aumentar los depósitos de los vendedores, por ejemplo, la adquisición de bonos a un fondo de pensiones. La venta de los bonos aumenta su depósito en un banco comercial. Eso implica que aumenta la reserva de ese banco en el banco central. Visto desde el punto de vista del banco central la compra de los activos financieros supone un aumento de sus activos (cuando el banco central extiende un cheque no necesita tener el dinero, lo crea ex novo, fiat) y la contrapartida en su pasivo es el incremento de la reserva del banco comercial donde el banco central ha depositado el dinero que ha pagado al fondo de pensiones. Esto quiere decir que tienen las reservas y no necesitan buscarlas, pueden pasar a prestar. El problema es que la expansión del crédito no sólo depende de la disponibilidad de reservas, en realidad la disponibilidad de reservas es irrelevante, el problema es que no tiene a quien prestar para compensar la destrucción de dinero que supone el desapalancamiento del sector no financiero, empresas y familias, o los impagos que se producen. Finalmente lo que sucede es que lo dejan en depósito en el banco central, por eso se articulan medidas para desincentivar ese comportamiento, como los intereses negativos que constituyen una sanción, o lo que es mucho peor, ante la falta de proyectos rentables se crean nuevas burbujas financieras, que dan una cierta imagen de recuperación.
Pero las principales escuelas defensoras de la teoría del dinero endógeno no llegan a las mismas conclusiones, para los post-keynesianos los problemas monetarios son políticos, se deben a una mala operación del sistema, y la solución sería realizar jubileos o quitas de deuda e inyectar generosas cantidades de reservas o activos financieros netos en el sistema, a través de la monetización de cuantiosos déficits públicos.
Para la economía ecológica el problema es estructural, es el sistema en sí mismo el que es defectuoso, dado que el dinero es creado de forma artificialmente escasa, al no crearse el interés de los préstamos, que debe producirse en el futuro, con nuevos préstamos, o con la inyección de activos financieros netos a través de déficits del estado monetizados por el banco central. Ambas soluciones apuntan o bien al desarrollo de las fuerzas productivas o crecimiento, o bien a la inflación de activos o la inflación genérica, dado que se han confundido dos variables que siguen reglas esencialmente distintas: la riqueza real proporciona los servicios necesarios para el mantenimiento de la vida y el disfrute de la misma y sigue las leyes reales que rigen nuestro universo, y su vara medir, el dinero, una abstracción, no ha sido definido según esas leyes. En palabras de Frederick Soddy:
"Las deudas están sujetas a las leyes de las matemáticas, más que a las de la física. A diferencia de la riqueza, que está sujeta a las leyes de la termodinámica, las deudas no se pudren con la vejez y no se consumen en el proceso de vivir. Por el contrario, crecen en un tanto por ciento por año, por las conocidas leyes matemáticas de interés simple y compuesto [...] Esta confusión que subyace entre la riqueza y la deuda es la que ha hecho una tragedia de la era científica."
No se trata de un mero problema de regulación del sistema financiero, ni se puede resolver haciendo propósito de enmienda, tal y como es habitual escuchar: “hemos visto lo que ha pasado y hemos aprendido de los errores, ahora lo vamos hacer bien”. El problema es de carácter estructural. La creación de dinero mediante deuda no supone que nadie renuncie a consumo presente por el consumo futuro, el banco al prestar aumenta la capacidad de compra total de la economía, no es un mero intermediario. Además como su ganancia depende de los intereses que cobra por ese dinero (derecho de señoreaje) provoca que sus incentivos se dirijan a aumentar el crédito, en épocas de expansión, mucho más allá de lo necesario para las actividades que añaden valor. La consecuencia es la generación continua y creciente de burbujas financieras que hemos experimentado los últimos 30 años.
Se puede mejorar el desempeño de un coche averiado mediante la búsqueda de la excelencia en la conducción, pero quizás es hora de pensar en un cambio de coche, tal y como planteó el propio Soddy en 1924
La emisión y retirada de dinero deben ser potestad de la nación, realizarse en función del interés general, y debe cesar por completo de proporcionar beneficios a las corporaciones privadas. El dinero no debe devengar intereses a causa de su existencia, tan solo cuando es realmente prestado por su legítimo dueño, que lo da al prestatario.Una parte muy importante de la deuda nacional debe ser cancelada y la misma suma de dinero Nacional emitido para reemplazar el crédito creado por los Bancos.Los bancos deben ser obligados a mantener reservas de 'Moneda Nacional' dólar por dólar por cada dólar depositado en ellos, a excepción de los depósitos que están genuinamente 'invertidos', y no están disponibles para ser utilizados como dinero.
No se elimina el interés, sino sólo la creación monetaria con interés, mediante una separación estricta entre dinero y crédito. El dinero privado generalmente es creado con fines de lucro, por ello se emite con interés, pero en el seno de una comunidad política se puede crear dinero sin interés, para el interés general, que se inyectaría a la sociedad a través del gasto público. Los bancos deberían mantener una reserva de caja del 100%, y actuar realmente de intermediarios, prestando sólo el dinero realmente ahorrado, que dejaría de estar disponible para el ahorrador, hasta la cancelación del préstamo.
El sistema de Soddy fue posteriormente refinado por los economistas Henry Simons e Irving Fisher, y más tarde defendido por académicos de prestigio como Maurice Allais. En el presente Richard Werner, Kaoru Yamaguchi, Michael Kumhof o Jaromir Benes continúan su defensa académica, y se ha creado una asociación con 30.000 seguidores en Reino Unido con el objetivo de difundir entre el público la reforma, y el parlamento de Islandia se plantea su implementación. Es una reforma ampliamente conocida y estudiada, realizable con tan sólo publicar una norma en el B.O.E. Dado que la creación monetaria es una fuente de lucro considerable, la reforma tendría un efecto redistributivo muy importante, que Kumhof y Benes denominaron "dramática reducción de la deuda pública neta", y "dramática reducción de la deuda privada".
Entre los aspectos que han oscurecido la reforma se encuentra la mayor difusión de un sucedáneo posterior de la misma, desarrollada por economistas liberales, copiando aspectos esenciales de las reformas de Soddy y Fisher, pero cambiando completamente el sentido. En la versión liberal se mantiene el coeficiente de caja del 100%, pero la creación monetaria se encomienda a un factor exógeno, que puede ser el suministro de oro, u otro mecanismo que cumpla la misma función. Como de esta forma el suministro de dinero depende de algo completamente aleatorio, sin relación con la economía real, se abre una vía para ciclos de inflación, deflación y crisis de deudas de carácter todavía más devastador que los actuales. En otras versiones, y ante el temor a los brutales efectos de la anterior propuesta, se continúa manteniendo el dinero-crédito bancario, y por tanto el fallo estructural, introduciendo un factor exógeno que limite la cantidad de créditos que pueden crear los bancos (por ejemplo, mantener una relación fija con una reserva oro) o bien se le asigna la misma función de freno y control a un factor endógeno (la competencia en un mercado en el que se elimina la intervención de un banco central). Esta visión parte de una concepción filosófica del mundo incoherente, que olvida que el dinero es como una commodity, algo que necesitamos todos (como el agua o el aire), el puente por el que debe pasar cualquier transacción. Al igual que cualquier commodity, la mayor fuente de lucro no se encuentra en su uso prudente y eficiente, por el bien de todos, sino en la renta que se podría obtener de su control y acaparamiento. Hay, por tanto, que revertir la privatización de la creación monetaria y proceder a su democratización.
Monedas para las necesidades de la comunidad
Volviendo a citar a Polanyi, en su libro El sustento del hombre definía el dinero como un sistema semántico, equivalente a los pesos y medidas o al lenguaje. Si es así ¿Qué información nos da? El dinero nos permite cuantificar de forma precisa la importancia de un objeto o un servicio en una situación determinada, en la que emplearemos el dinero por alguno de sus usos, que según la teoría económica convencional son el de patrón de valor, medio de cambio y depósito de riqueza. Polanyi añade un uso más, el de pago, pero lo más interesante es que basándose en la evidencia etnográfica e histórica, sostiene que los diferentes usos del dinero habrían evolucionado de forma separada. En lugar de emplear un dinero “para todo uso”, se habría empleado dineros distintos para cada uno de los usos. Por ejemplo:
"En la antigua Babilonia el dinero era corriente, pero tenía un uso especial: el grano era el fungible más utilizado como medio de pago, para los salarios, las rentas y los impuestos; la plata era empleada universalmente como patrón de valor tanto en el trueque como en las finanzas de productos básicos muchos de los cuales, como equivalentes fijos, se usaban para el intercambio sin dar preferencia a la plata."
Estos hechos arrojan una nueva luz sobre las teorías del localismo monetario. Incluso en un sistema monetario en el que hayamos eliminado la emisión de dinero con interés, y corregido los principales fallos estructurales del sistema actual, puede ser de gran utilidad separar las funciones del dinero, de forma que su función de depósito de riqueza no obstaculice su función como medio de cambio.
Incluso en una economía más local, será deseable mantener un cierto volumen de comercio exterior, para adquirir bienes necesarios que sea difícil producir localmente, incluidas las materias primas. Para ello será preciso una moneda acumulable, con un valor estable, definida según los criterios que hemos detallado en el apartado anterior. Sin embargo, a nivel local sería posible instituir todo un variopinto ecosistema monetario, de forma que el medio de cambio local no dependa de las vicisitudes de la moneda nacional, incluso aunque esta esté definida ahora sobre bases sólidas. Con este fin Silvio Gesell, en su obra El orden económico natural, introdujo el concepto de “oxidación” de la moneda, o depreciación programada en el tiempo, que incentiva el uso de la moneda y resta sentido al acaparamiento, de forma que la función de depósito de riqueza no interfiera con la de medio de cambio.
Este tipo de nuevos "ecosistemas monetarios" se podrían incentivar con unas sencillas políticas públicas que pueden ir desde una ayuda en su promoción y gestión hasta la propia participación de la administración pública incorporando las nuevas monedas en su presupuesto, ya sea a través de su emisión para financiar una renta básica, el pago a funcionarios o subvenciones, de modo que provean de financiación pública gratis, como también mediante la aceptación de éstas en pago de impuestos o adquisición de servicios y productos públicos como pueden ser proyectos culturales, instalaciones deportivas, actividades de ocio, etc… Cabe la posibilidad de dar crédito barato o gratis a proyectos que de otra manera no lo obtendrían, promoviendo y recompensando otros valores y modos de vida que no tienen cabida en el economicismo actual.
La incorporación de las monedas regionales en los presupuestos de la administración pública daría una mayor seguridad a las monedas en su inicio y solucionaría la totalidad de conflictos por problemas de asignación de recursos desde el gobierno central a las distintas regiones del país, pues las monedas locales permiten emancipar gran parte del presupuesto del gobierno central, otorgando una mayor autonomía en la política a nivel regional y favoreciendo así una administración pública mucho más cercana.
Una economía inclusiva y un marco para la innovación social
Uno de los temores ante el fin de la economía del crecimiento es que se produzca una Gran Exclusión. Uno de los costes de la producción es el trabajo, por fuerza debe reducirse si la producción disminuye, o incluso si permanece estacionaria, pero el empleo es para una gran mayoría de población la única forma de percibir un ingreso que permita una mínima autonomía personal.
Por otro lado, la dependencia económica del mercado (o de un estado que compense nuestra alienación mercantil) hace imprescindible algún instrumento que nos proporcione autonomía económica personal, (sin la cual a menudo se ven anuladas las demás libertades cívicas), y que nos permita además reducir y transformar los procesos productivos por otros realmente sostenibles sin que esa “reconversión” tenga como resultado una Gran Exclusión. ¿Cómo podríamos recuperar autonomía económica frente a esta necesidad de crecimiento alienante y devastador o ante su inexorable declive?
En ausencia de los ancestrales bienes comunes para la autogestión, serán necesarias nuevas formas de empoderar económicamente a las personas. Todo el mundo debería disponer de alguna alternativa frente al abandono y la indiferencia propias de un mercado excesivo en su producción, pero insuficiente para emplear a todos e insatisfactorio en la forma de hacerlo. Con este fin se manejan dos alternativas, una Renta Básica de Ciudadanía y una Garantía Pública de Empleo, para aquellos que son desechados por el mercado. En la práctica, ambas opciones podrían convivir junto con otros acuerdos complementarios.
Todo sistema económico debe repartir los costes y los beneficios de la producción. Es evidente que una redistribución a través de una Renta Básica es poco eficiente por el lado del reparto de costes, mientras que resulta muy favorable en otros aspectos esenciales, en particular al desligar el problema de la subsistencia del móvil de la ganancia y del mercado de trabajo. La ineficiencia en la distribución del empleo no deberían pagarla los ciudadanos perjudicados por ella.
Para mejorar el desempeño de la Renta Básica por el lado de los costes, y siempre que nos encontremos en un marco previo de sostenibilidad, y no se use simplemente para redistribuir, se podrían aplicar diversas modificaciones sobre su diseño original, con resultados notables:
Frugalidad: La Renta Básica ha de ser tan reducida como sea posible, aunque suficiente para cubrir las necesidades básicas. Una forma de hacerla todavía más frugal, es abonar una parte en forma de cuotas de energía/alimentos intercambiables. De esta forma, se da un incentivo para reducir el consumo propio, pudiendo traspasar los excedentes por un módico precio, que se obtendría en forma monetaria para su uso discrecional. Hay que señalar que una vez aplicada la reforma fiscal, habría un gran incentivo para usar ese gasto discrecional de una forma compatible con la salud del planeta.
Libertad para intercambios autónomos y liberación de tiempo para progreso personal y social: La Renta Básica, al ser universal, al contrario que una renta para pobres, no fomentaría la economía sumergida, dado que la percibe tanto quien trabaja como quien no. Además, cuando se propone desde un marco de sostenibilidad, debemos tener en cuenta que al menos 2/3 de los impuestos deberían recaudarse con impuestos al consumo del capital natural y a la propiedad, en particular de la tierra. Esto permite suponer que los impuestos al trabajo pueden desaparecer, (si no se consiguiese este objetivo, se podría buscar el mismo resultado con el uso de monedas complementarias, como hemos explicado anteriormente), salvo quizás para salarios elevados, por lo que la distinción entre economía formal e informal desaparece, al menos desde el punto de vista del trabajador. Esto podría suponer un gran incentivo para complementar la Renta Básica con trabajos a jornada parcial, o con intercambios autónomos entre los ciudadanos. Supondría también un fuerte impulso a actividades de poca o nula rentabilidad monetaria, como la mejora de bienes comunes y la economía solidaria.
También permitiría liberar tiempo, dedicando una parte al mercado, pero sin la angustia existencial de perderlo todo por reducir tu participación. Incluso las personas que decidiesen trabajar a jornada completa podrían plantearse tomar un año sabático de vez en cuando, y las empresas se adaptarían al nuevo marco ofreciendo contratos de mayor flexibilidad horaria.
La liberación de tiempo permite evolucionar hacia una sociedad en la que nuestros verdaderos valores sean protagonistas, en lugar de dejar que el mercado decida todo por nosotros, poniendo en valor el tiempo de nuestra vida que no está relacionado con la mera producción y consumo. Tiempo para la autonomía personal y social, porque esa autonomía requiere reflexión, aprendizaje y deliberación. Se abre por lo tanto la posibilidad de una mejora interior del ser humano, frente al progreso tan sólo material de los últimos siglos.
Permite cambiar la mentalidad que nos lleva a que cualquier incremento de productividad se convierta necesariamente en una mayor demanda de nuevos bienes y servicios, permaneciendo siempre completamente ocupados en su producción con independencia de su verdadera necesidad.
Es conocido el ejemplo del indígena que al recibir como regalo un machete de fabricación industrial no utiliza esa nueva herramienta para obtener una mayor recolección, acaparando alimentos y materiales, sino para disfrutar de más tiempo para sí mismo y para su vida en comunidad. En nuestro caso una equivocada idea de progreso centrada en el crecimiento material no sólo impide nuestra maduración como personas y como sociedad sino que exige una acumulación devastadora. Aun apostando por una ampliación de posibilidades de la humanidad, distinta de la conformidad con su vida y su mundo propia del indígena, esta pasaría por una mejora de nosotros mismos y de nuestro conocimiento, no por una permanente infantilización de la vida adulta (abandonada en una actividad laboral heterónoma y en una forma de disfrutar basada en el consumo de sensaciones).
En nuestro modelo económico la única manera de compensar los puestos de trabajo perdidos por la mejora tecnológica y por los ciclos económicos es el crecimiento. Todo se hace depender de la emergencia de nuevo crecimiento económico. La dependencia del crecimiento infinito lleva a que una y otra vez las mejoras en la eficiencia energética no alivien la presión sobre el medio ambiente sino que incluso la incrementen. Sin embargo, como muestra el ejemplo de esas otras culturas, la "paradoja de Jevons" no es un determinismo humano sino que tiene un origen cultural. El modelo económico es un subsistema de la cultura. En la medida en que la nuestra sea realmente una "sociedad abierta", dotarnos de una nueva cultura será la premisa necesaria para poder librarnos de la sumisión economicista de la vida.
Keynes auguraba que en nuestros días podríamos vivir trabajando unas quince horas a la semana. Ese es el único keynesianismo que debemos recuperar, el que el propio Keynes proyectó para nuestro tiempo. Y lo que falló no fue su predicción sobre los incrementos de productividad que se darían, sino su predicción política. No elegimos bien. Probablemente la necesidad de mano de obra aumentará en algunos sectores económicos básicos como consecuencia de la crisis energética a pesar del declive económico medio, pero en cualquier coyuntura podremos elegir el enfoque que daremos a las mejoras de productividad, y podremos elegir si nos hacemos depender de un crecimiento infinito o si elegimos otro modelo. No hay un determinismo sino una responsabilidad. En consecuencia debemos tomar una decisión sobre este punto crucial para optar por una economía que no dependa del crecimiento.
Valorar el tiempo de nuestra vida al margen de las relaciones económicas es un primer paso imprescindible para poder reivindicar el valor de la vida misma sobre lo que determine la rentabilidad en el mercado, pero además conduce a una mejor satisfacción de todas nuestras necesidades, y es lo que realmente puede ampliar nuestras posibilidades, como individuos y como sociedad.
Cuidado y mejora de bienes comunes: Son necesarios cambios radicales a nivel local, en el diseño de las ciudades, en la movilidad, y en la producción local de alimentos. Se podría emplear a aquellos que lleven un determinado periodo de tiempo percibiendo sólo esta Renta Básica en estas labores de apoyo a la comunidad, en huertos urbanos u otras labores necesarias como los cuidados, mejora del entorno natural o pequeñas infraestructuras. Este trabajo comunitario podría autogestionarse desde asambleas de barrio, introduciendo de forma paulatina los principios de la democracia deliberativa que más tarde describiremos.
Esto permite definir una política sobre los bienes comunes que consistiría en la preservación a largo plazo del invaluable patrimonio natural del que en última instancia depende todo lo demás. Por otra, con ella se trataría de preservar también la sostenibilidad y la resiliencia social, recuperando el vínculo entre nuestro desempeño económico y la naturaleza de la que formamos parte, así como las relaciones económicas cercanas, entendidas como una forma de convivencia y no sólo como un intercambio.
El desarrollo de este tipo de economías permitiría además vincular de nuevo el coste de producir (en tiempo de trabajo) con la obtención de recursos económicos. En este terreno debe citarse la obra de Elinor Ostrom y su vasto estudio empírico sobre el gobierno de los bienes comunes. Álvaro Ramís Olivos nos reseña su pensamiento en este artículo de la revista Ecología Política:
"La tesis fundamental de su obra se puede sintetizar en que no existe nadie mejor para gestionar sosteniblemente un «recurso de uso común» que los propios implicados (1995: 40). Pero para ello existen condiciones de posibilidad: disponer de los medios e incentivos para hacerlo, la existencia de mecanismos de comunicación necesarios para su implicación, y un criterio de justicia basado en el reparto equitativo de los costos y beneficios.

La novedad radica en evidenciar que existe una forma colectiva de uso y explotación sustentable de los campos de pastoreo (y los bienes comunales en general) que no está sujeto a la lógica de la tragedia de los comunes. (En referencia a Garrett Hardin).

Ostrom muestra que las formas de explotación ejidal o comunal pueden proporcionar mecanismos de autogobierno que garantizan equidad en el acceso, un control radicalmente democrático, a la vez que proporcionan protección, y vitalidad al recurso compartido. Por lo tanto, ante la posibilidad de la sobreexplotación la opción de Ostrom es «incrementar las capacidades de los participantes para cambiar las reglas coercitivas del juego a fin de alcanzar resultados distintos a las despiadadas tragedias» (Ostrom, 2011: 44).

La ausencia de propiedad individual no implica libre acceso ni falta de regulación ya que los bienes comunes pueden ser administrados de forma efectiva cuando no son considerados terra nullius y se cuenta con un campo de interesados que interactúan para mantener la rentabilidad sostenible a largo plazo de esos bienes.


La clave está en los principios de diseño que se pueden entender como “variables contextuales que tienden mejorar los niveles de cooperación, mientras su ausencia la desalienta.”


En definitiva las aportaciones de Ostrom y su escuela superan los análisis convencionales que se mueven bajo categorías binarias que transitan entre lo propio y lo ajeno, lo estatal y lo privado, lo de todos y lo de nadie."
Como concluye David Bollier, “la tragedia de los comunes realmente debería llamarse la tragedia del mercado. El Mercado/Estado es en gran medida incapaz de establecer límites a sí mismo o declarar que ciertos elementos de la naturaleza, la cultura o la comunidad deben permanecer inalienables para poder garantizar la supervivencia de la especie.”
Por último, y para aquellas infraestructuras o bienes comunes que exceden los ámbitos comunitarios, se podría crear una Garantía Pública de Empleo, donde preferentemente se podría emplear a las personas que llevan mucho tiempo cobrando la Renta Básica y que procedan de comunidades más pobres, con menos recursos para complementar su renta de forma autónoma. Como ventaja añadida, este sector también podría canalizar la aspiración laboral de sus integrantes hacia actividades que reduzcan el impacto ambiental de la producción, como el reciclaje, las reparaciones y la oferta de bienes que minimicen su obsolescencia, (y por tanto el flujo de materiales y energía), una oferta que podría tener cierta demanda pero que el mercado tiende a anular porque actuaría contra la renovación de la rentabilidad en los negocios.
En resumen, en un mundo completamente acaparado, una Renta Básica vendría a suplir el ancestral acceso a los bienes comunes necesarios para subsistir, pero, y a pesar de su carácter asistencial, implementada de forma realista serviría para ir creando formas de vida autónoma que no dependan de los excedentes del mercado, mediante la liberación del trabajo libremente intercambiado y la construcción y mejora de bienes comunes autogestionados. Por tanto, esta renta no debería ser concebida como una prestación más hecha posible por los excedentes del mercado sino como una forma de compartir universalmente una parte de la producción (suficiente para la subsistencia digna de todos), porque entendemos que esta nueva forma de organización social es positiva para el conjunto de ciudadanos. Garantizar la inclusión económica nos permitiría desvincularnos de la necesidad de crecer porque las personas ya no seríamos meros factores de la producción, dependientes de que esta se mantenga o aumente, sino sujetos de derechos económicos. Estamos por tanto proponiendo una ampliación de derechos laborales o productivos, que deberían recogerse en las respectivas cartas constitucionales de cada unidad política.
Otras formas de producir: Iniciativas en desarrollo
En la medida en que utilicemos el mercado, este debe verse condicionado por los verdaderos valores humanos que el frío criterio de la rentabilidad no puede tener en cuenta. La esclavitud y el crimen pueden ser rentables, y aun suponiendo que puedan prohibirse y eliminarse completamente, (cosa que aún no ha ocurrido), estos ejemplos muestran como el criterio de la rentabilidad es ajeno al de virtud o simplemente a la idea de un futuro mejor. Así se explica que nuestro modelo productivo pueda destruir incluso las bases naturales que lo sostienen. Por ello es necesario que el mercado se vea condicionado por criterios éticos elegidos entre todos mediante la deliberación política. El antiguo mercado legal de esclavos no terminó gracias al propio mercado libre, como es obvio, sino mediante una decisión política, y nadie duda que fuera un buen paso para la humanidad a pesar del deterioro que pudo suponer para algunos beneficios.
Una de las propuestas que intentan introducir verdaderos valores en el funcionamiento del mercado es la llamada Economía del Bien Común. Entre otras cosas, este modelo establece una gradación de incentivos legales para las empresas de modo que los precios acaben alineándose con los valores establecidos democráticamente en su Matriz del Bien Común.
Volviendo sobre el trabajo de Elinor Ostrom, su estudio sobre El gobierno de los bienes comunes no sólo atañe a la gestión de lo que se considera patrimonio común sino a una forma de gestionar recursos compartidos por parte de un número limitado de usuarios, (propietarios o usufructuarios de los mismos), diferente a la gestión empresarial (cuyo único sentido es la rentabilidad en el mercado). En este caso los usuarios pueden producir para sí mismos en primer lugar y decidir hasta qué punto producir excedentes para el mercado, para libres intercambios o para una comunidad más amplia.
El problema, claro está, reside en la obtención de los medios necesarios para esa autogestión. Y en este terreno quizá es donde más posibilidades podría ofrecer la definición de una política para la autogestión en base a bienes comunes. Desde la aprobación de una ley de balance neto que nos permita ser prosumidores de energía aprovechando ese bien común que es el sol (tanto en hogares como en colectivos más amplios) hasta la concesión de tierras y medios de producción para la autoorganización a partir de proyectos colectivos que cumplan ciertos requisitos de seriedad y compromiso.
Otra forma de llevar esto a la práctica consiste en elegir aquellas empresas que desde su constitución y en sus estatutos incluyen criterios éticos o políticos por encima de la rentabilidad. El ejemplo emergente (y pujante) es el de algunas cooperativas de consumo energético sin ánimo de lucro que incluso logran basar gran parte de su trabajo en el voluntariado. También las cooperativas de producción y consumo agroecológico son un buen exponente de esto y quizá el que con más urgencia necesitamos.
Estas formas de producción, englobadas en lo que se ha dado en llamar “mercado social”, amplían el número de variables sobre las que podemos influir como consumidores, (a menudo limitados a una oferta manipulada y a mercados amañados precisamente por parte de los adalides de la privatización). Se trata de opciones ya disponibles (que van más allá de una mera RSC publicitaria) y que por ello permiten hacer algo útil en favor de un cambio social desde el momento presente. Dada la urgencia del cambio que necesitamos, creemos que es necesario aprovechar de un modo inclusivo las diferentes alternativas que se nos presentan y además explorar otras posibles soluciones que quizá aún no nos hemos planteado, pero que seguramente surgirán si se establecen los incentivos adecuados, mediante la serie de reformas que hemos introducido en los anteriores apartados.
Una democracia a escala humana
Polanyi termina su obra maestra con un alegato en favor de la libertad: La libertad en una sociedad compleja, último capítulo de La Gran Transformación. Para la ideología dominante de nuestra era, así como la del siglo XIX, que no reconoce la existencia de la sociedad, y tampoco del poder y la coacción, la libertad se convierte en un sinónimo de la libre empresa, que debe funcionar sin trabas, sin ningún tipo de dirigismo estatal. Por el contrario, para quien reconoce la existencia de la sociedad y del poder de las instituciones, como ese mercado autorregulador que convirtió al hombre y la naturaleza en mercancías, la libertad debe ser instituida, entre todos, para todos, mediante la ampliación efectiva de los derechos del hombre. Es evidente como entronca esto con el concepto de autonomía, que debería incluir, junto a las libertades negativas (de expresión, asociación, jurídicas) el derecho efectivo a participar en los costes y beneficios de la producción, por encima de cualquier racionalismo económico.
Posteriormente, Cornelius Castoriadis continuaría sacando las conclusiones de estos hechos. Si la institución ejerce tanto poder, la libertad debe incluir, al menos como ideal, el concepto de la autoinstitución, el darse la propia ley, lo que sólo puede suceder en una democracia deliberativa."El objetivo de la política no es la felicidad, sino la libertad. La libertad efectiva (no me refiero aquí a la libertad “filosófica”) es lo que llamo autonomía. La autonomía de la colectividad, que no puede realizarse más que a través de la autoinstitución y el autogobierno explícitos, es inconcebible sin la autonomía efectiva de los individuos que la componen. La sociedad concreta, que vive y funciona, no es otra cosa que los individuos concretos “reales.”"


La deliberación no es una panacea, pero es la mejor forma que conocemos de instituir una democracia que no sea simplemente una agregación de intereses individuales mediante el voto, sino una búsqueda conjunta y reflexiva del interés general, y puede ser también un límite y un elemento de control del principio de la representación, que no será fácil eliminar completamente en una sociedad compleja.
La deliberación podría concebirse como una forma de ir mejorando, de forma pragmática, las prácticas democráticas actuales, a través de nuevas instituciones, como el presupuesto participativo de Portoalegre o los sondeos deliberativos de algunos estados europeos. En una sociedad más local y con menos tiempo dedicado al mercado, el principio de la deliberación puede florecer, de forma que vayan surgiendo nuevas instituciones, completando y mejorando estos primeros experimentos, que están comenzando a canalizar la por largo tiempo reprimida pasión del hombre por el autogobierno y la autoinstitución.
Cabe añadir que en el contexto social de nuestros días, masificado, complejo e interdependiente a una escala nunca anteriormente vista, Internet puede resultar imprescindible para el cambio cultural que necesitamos. Como enseña el sociólogo Manuel Castells, la autonomía personal y social se ven favorecidas por la “autonomía comunicativa” y por el procomún inmaterial constituido por el conocimiento compartido. La red se revela como una herramienta clave para facilitar ambas cosas así como para hacer posible una participación política flexible, adaptada a las diferentes situaciones personales, y adaptada a los diferentes ámbitos de decisión, desde lo local a lo global.
Si la deliberación es el principio que permite superar la mera agregación de preferencias individuales hacia un objetivo compartido de bien común, la participación permite superar la mediación entre el sujeto y sus preferencias políticas, realizada por el representante. El sujeto se convierte por tanto en protagonista, participando en la preparación de la agenda de opciones, en lugar de limitarse a elegir dentro de una agenda cerrada, lo que en un contexto de crisis como el actual, donde es necesario la transición hacia un nuevo paradigma, puede estimular el florecimiento de soluciones creativas que emanen desde abajo hacia arriba y resulten, por lo tanto, más congruentes con las aspiraciones reales de las personas.
Artículo consensuado por la asociación Autonomía Y Bienvivir, y redactado por los siguientes miembros, ordenados alfabéticamente
Manuel Campos Ruiz, estudiante de 3er curso de Ciencias Económicas.Alfredo Carreras Rodríguez, Licenciado en Sociología.María Ángeles García Sánchez, Doctora en Ciencias de la Información.Manuel Gutiérrez Rodríguez, Arquitecto Técnico.Javier Ibarra González, estudios de Ciencias Empresariales.Jordi Llanos Mayor, Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales.Jesús Nácher Fernández, Ingeniero Superior de Minas.Oliver Toro Orozco, Licenciado en Derecho.
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La derecha muestra su poder en Cataluña

Ácratas - 11 September, 2014 - 18:08






Once de septiembre de 2014, conmemoración del Tricentenari. Si los justos quisieran crear un mundo, podrían hacerlo. Pero esto no va de justicia ni de crear nada. Le llaman "manifestación", pero es una "demostración", un evento espectacular, porque se trata de eso, de un espectáculo de diseño.

Aunque algunos gritan eslóganes como "¡Desobediencia!", jamás se ha visto una multitud más obediente. Medio millón de catalanes vestidos cada uno con la camiseta correcta, roja o amarilla, ordenadamente situados en su lugar.

Nada improvisado. Nunca el dragón estuvo con mejor salud y más entonado.

Una demostración de poder. Todos juntos, derecha pura (CiU) e izquierda de la derecha (ERC et alter) unidos en apoyo del régimen. Mucho folklore, castellers y sardanas. Huuuum... Los que somos viejos hemos visto esto antes, con el mismo olor a cirio. Lo hemos visto en las demostraciones nacional sindicalistas del Bernabeu y en el apoyo "popular" al Dictador en la Plaza de Oriente de Madrid. El apoyo multitudinario de otro régimen, el franquista. Y reconocemos los tics totalitarios: El haber de "apuntarse" para ir a la demostración, con nombre y apellidos, con el documento nacional de identidad por delante para ser parte de la gran lista de patriotas "de toda la vida"; las flotas de autobuses, los trenes y metros abarrotados; la policía, sin nada que reprimir, colaborando en la organización del gran evento.

¿Una demostración del poder de quién? De la partitocracia catalana y del Govern Catalá, que es quien financia y organiza la "demostración". Se trata del gobierno más corrupto de la Historia de Cataluña, lleva décadas robando a manos llenas a los catalanes. Un gobierno de derechas puro y duro. Un gobierno que recorta derechos sociales y servicios públicos. Pero eso no les importa a los catalanes que abarrotan la "be baixa".

¿Cómo es posible que una parte importante de la ciudadanía catalana se deje manipular por la derecha nacionalista para enfrentarse a la derecha centralista, olvidando que unos y otros son socios de los mismos bancos y multinacionales? Porque le conviene. Porque la renta media de los manifestantes supera la renta media catalana y más que dobla la renta media de los que no se manifestarán nunca, que son los innombrables, los desarraigados en todas partes, la charnegada.

Los oradores, en perfecto catalán, de ése con acento de muchas generaciones, han hablado de los políticos como de "sus representantes legítimos" y los han convocado a la unidad y al consenso. Cosas nada democráticas ambas, por cierto. Pero no hay quejas de nadie. Nadie quiere que lo señalen. Ya digo, todo muy retro-franquista.

El comportamiento de la televisión catalana está siendo de vergüenza ajena, también con maneras propias del franquismo. Se han volcado en el show de la "Vía Catalana" lo mismo que TVE lo hacía con las manifestaciones del Glorioso Alzamiento Nacional. Nada de información ecuánime. Apoyo absoluto al régimen. A ganarse el sueldo de funcionarios.

Una niña, que cumplirá 16 años el 9N, fecha de la hipotética y quimérica consulta, rubita, bien alimentada, ha "votado ficticiamente" en una urna de cartón. Lo ha hecho varias veces para los fotógrafos, en una alegoría a lo que puede ser una pucherada el 9N, en la consulta ilegal que se hará en urnas callejeras y fuera de control. O mejor, bajo el control de la Assemblea Catalana, órgano del régimen.

Esta Cataluña, la de esta ciudadanía, no será jamás independiente. Se nota. Todo es soft, todo es a la catalana, ya sabéis, una mica independentista, una mica seriós, una mica revolucionari. No reclaman la independencia en serio. Siguen internamente el patrón de su Govern: "Si nos dan más dinero no habrá referéndum".

Mientras, los desahuciados y arruinados por La Caixa se suicidan en un goteo constante en esa misma Cataluña.

Aneu-vos-en a cagar tots, botiflers de merda!


ÁCRATAS

NOTA: Y el pueblo, en eterna prolongación del franquismo, sigue, gracias al artefacto partitocrático, sin protagonizar su propia Historia.”


"¡Qué gusto da vivir en la Feliz Gobernación!,
ser ortodoxo y estar aquí sentado,
con las Autoridades compartiendo el Banquete,
bien protegido de buenos soldados.
Rabie y sufra el Preceptivo Adversario,
pierda el envidioso toda ilusión,
nadie tenga esperanzas;
jamás habrá cambio, jamás, jamás."

(Escuela de Mandarines)

 
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11 de Setembre ¡El viaje ya está pagado!

Ácratas - 11 September, 2014 - 13:53





—Este buque no tiene cuadernas —fue la sentencia de los ingenieros tras inspeccionar el gigantesca galera que, sobre calzos y puntales, estaba a punto para ser botada en un muelle de las atarazanas.

Cuando la noticia se difundió, los futuros pasajeros se escandalizaron. ¡No era posible! Ellos habían pagado por unas hermosas y robustas cuadernas que, unidas a la quilla, sostendrían la tablazón del casco del buque y le permitirían enfrentarse a todas las tempestades. Y también flotar, por supuesto.

Los armadores, sabedores de que las cuadernas no eran lo único que le faltaba a la galera, pues todos habían estado sisando de aquí y de allá, desde el puente a las bodegas, prometieron una investigación. La hora de zarpar se acercaba.

Todo se aclaró pronto.

Los armadores reunieron a los pasajeros en asamblea semicircular. Bastante más atrás estaban los remeros.

Había muchos más remeros que pasajeros, como es lógico. Ocupaban el fondo de la sala y no parecía importarles lo que allí se decía. En su propio idioma, la lengua brutal de los remeros, bromeaban o peleaban unos con otros por cosas nimias. Algunos, que se decían concienciados, aprovecharon para a tímidas voces pedir bancadas menos duras y remos más cortos. Fueron silenciados al grito de oportunistas.

El presidente de la comisión investigadora tomó la palabra.

—El anterior honorable Capitán se llevó el dinero que le dimos para las cuadernas de roble y las sustituyó por unos decorados de cartón-piedra —explicó.

Un rumor de indignación recorrió la asamblea. Pero no una indignación excesiva, pues los futuros pasajeros eran gente discreta, con mucho sentido común; en el fondo, comprendían al viejo Capitán, aunque no aprobaran su conducta. Los capitanes de todas las galeras robaban lo que podían, según la costumbre aceptada como inevitable. Y, sobre todo, ninguno de los pasajeros conocía la utilidad de las cuadernas en un buque.

—¡Parece mentira! ¡Le regalamos un reloj de oro cuando se jubiló! —exclamó un perplejo representante del futuro pasaje, centrándose en aquello de lo que entendía.

—Pues ya veis —lamentó el Capitán actual. Y se caló la gorra de plato hasta las cejas.

El debate sobre qué hacer se prolongó durante horas. Cuando mayor era la confusión y parecía todo irresoluble como un nudo gordiano, alguien tuvo una idea brillante:

—¡Que el Capitán nos devuelva el reloj de oro!

Y todos, armadores y pasajeros, se felicitaron de ser tan señudos. También se pasmaron del poder sinérgico del cerebro humano cuando se halla enaltecido por una gran idea.

—¿Y no será peligroso viajar en un buque sin cuadernas? —preguntó uno muy feo, con fama de agorero.

—¡Lo que importa no son las cuadernas, sino el viaje! —arengó el nuevo Capitán— Y además: ¡ya hemos pagado todos el billete!

La asamblea de futuros pasajeros estalló en aplausos ante tan aplastante evidencia. Y, en sesión plenaria, decidieron todos embarcarse al día siguiente.

(Continuará)

ÁCRATAS


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Se para el corazón de la bestia Muere Botín

Ácratas - 10 September, 2014 - 19:30


El diálogo ocurre en el patio de la fábrica. Juan tiene una fiambrera de aluminio sobre las rodillas. El gordo maneja un bocadillo monstruoso.

—Si quisiera, podría contarte atrocidades del viejo judío —dice Juan.

—¿También era judío Botín?

—Descendiente de chuetas mallorquines, sí. No busques ancestros en Cantabria —tercia el gordo atropelladamente—. No los hay.

(Me resulta algo incómodo que hable así de un recién fallecido. No sé por qué. La mala educación recibida de una madre católica, supongo. El corazón del banquero, nieto de banqueros, consorte de una O'Shea, hija y nieta de banqueros judíos internacionales, aún está temblando tras detenerse y ya nadie le teme.)

—Ojo con la hija, Patricia, que puede tomar su lugar —digo yo.

—De eso nada. Ha cometido errores graves. Sin el apoyo del padre desde atrás, la hija no llegará a la presidencia. Pero el viejo egoísta, que se creía inmortal, jamás pensó en jubilarse. Además no se fiaba de nadie. Pensaba que lo único que podía salvarle de los tribunales de Justicia era su cargo. ¿Te acuerdas de su estafa a la hacienda pública cuando el asunto de las cesiones de crédito? ¡Casi medio billón de pesetas de aquellos tiempos!

Como me acuerdo perfectamente, sigo con el asunto de la sucesión.

—¿Y el hijo, Javierito?

—Un bala perdida que le costó al padre disgustos y algunos quebrantos económicos. No sirve para nada. Está en todos los pufos: Madoff, Lehman, Gowex...

Asiento recordando el asunto de Madoff, que costó al Santander dos mil millones de euros a causa de la publicidad engañosa utilizada por Javier Botín.

—Es el fin de una época —digo—. La gente, por más poder que tenga, se muere al final, aunque sea de vieja.

Juan se queda pensativo y sorbe su café de media mañana mientras el gordo termina una ensaimada. Luego Juan dice:

—Pasará lo de siempre. Acuérdate de Polanco. Al morir dejó un imperio mediático que el hijo ha sido incapaz de manejar. El heredero de los restos del naufragio ha acabado siendo al final un secretario, Cebrián.

—¿Y qué?

—Pues que lo mismo pasará con el banco de Santander. Lo patroneará un segundón que no sabrá hacer frente a los mordiscos que le va a atizar la banca alemana con los dientes del BCE. Hace tiempo que van tras las irregularidades del banco. El segundo de Botín, Sáenz, ya fue condenado a cuatro años de prisión. Pero lo indultó Zapatero antes de pasar a la historia como el presidente español más gilipollas de todos los tiempos.

—Es posible. Nada más saberse la noticia, las acciones del banco han caído un dos por ciento, a pesar de que la consigna del Santander ha sido comprar todo lo que se vendiera para detener la caída.

—Hay hombres que, a pesar del daño que causan a su pais, son intocables. Ni jueces ni políticos; ni siquiera los terroristas han levantado jamás un dedo contra Botín. El pueblo se ha tragado sus miles de desahucios sin rechistar. Pero a lo que no estamos obligados es a alabarlo después de muerto. Me da la gana decirlo, oye, me alegro considerablemente de que haya palmado semejante individuo. Creo que el mundo gira hoy algo más ligero y optimista.

—Bueno, el pensamiento y la conciencia son libres. Y en España hay libertad de expresión —digo.

—Eso no te lo crees ni tú.

ÁCRATAS


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Lo que los peakoileros no consiguen entender

The Oil Crash - 10 September, 2014 - 11:15
Queridos lectores,

El siempre provocador Javier Pérez nos sorprende hoy con un ensayo sobre la prédica de los peakoilers y las motivaciones políticas de algunos que se dedican a los esfuerzos de divulgación. No estoy de acuerdo con muchas de las afirmaciones que se hacen en este artículo, pero sé que lo que se comenta en él ha estado en la mente de muchos lectores ocasionales y es la base de muchas críticas. Es por ello, porque es importante la autocrítica, que veo interesante publicarlo.

Salu2,
AMT




Lo que los peakoileros no consiguen entender

Llevo un tiempo leyendo documentación sobre el agotamiento de los recursos naturales y de vez en cuando escribo algún artículo sobre el tema, aunque más con intenciones divulgativas (un campo en el que me defiendo) que con pretensiones científicas.En este periodo he tenido la ocasión de conocer a mucha gente que unas veces me ha transmitido datos, en otras ocasiones puntos de vista y siempre nuevas inquietudes. Pero salvo algunas excepciones, que no mencionaré por miedo a la omisión que me descalabre, no he sido capaz de encontrar a casi nadie que entienda el alcance humano y social del problema que plantea el agotamiento de los recursos. Y no es que me las dé yo de entendido (que para nada lo soy), sino que observo un enroque casi permanente en una u otra faceta del problema, sin verdaderos deseos de ampliar el punto de vista a lo global.Hace poco apareció el manifiesto Última Llamada, y desde que lo leí no he dejado de reflexionar sobre su contenido (muy interesante), su tono (deplorable) y el fin último que lo inspiró (más político que medioambiental). Documentos de este tipo me hacen pensar que la reducción de recursos energéticos y los problemas económicos y medioambientales subsiguientes son un arma más en el arsenal partidista, y que el trasfondo real no interesa a nadie como no sea para mejorar su uso como arma arrojadiza. Mi impresión, es que incluso los mejores, los que plantean el problema con verdadera seriedad, acaban estrellándose con la frase, casi mantra, de que hay que cambiar de sistema económico porque el capitalismo muerde, tiene rabo, cuernos, pezuñas y se aparece entre vaharadas de azufre cuando alguien besa la parte de atrás de una moneda.Al final, y para ser consecuente con la actitud y la línea que mis muchos o pocos lectores han podido contrastar en mis escritos, he decidido sincerarme y poner por escrito mi convencimiento de que la mayor parte de la gente concienciada con el peak oil no consigue o no quiere ver más que una parte del asunto. Mis disculpas a todos por decir esto, pero creo que era necesario. La enunciación del problema y el modo en que se plantea denotan una serie de sesgos que me parecen muy desagradables, como si lo que se pretendiera fuese cualquier cosa menos solucionarlo. ¿Observo mala fe en los peakoileros? Pues en unos sí y en otros no, pero en casi todos observo la misma carencia: que su pasión por la lógica y los datos, su precisión en las mediciones y en la construcción de modelos, su meticulosidad en la argumentación y concatenación de sucesos, desaparecen repentinamente en ocasiones hasta  silenciar completamente datos, hechos y argumentos que resultan incómodos para sus convicciones (o necesidades) políticas.No voy a entrar al tema de los datos, porque en ese sentido casi todos saben más que yo. Y además, en eso estamos todos de acuerdo, aunque con algunos matices. Por si acaso, enuncio brevemente: vivimos en un planeta finito, por lo que todos los modelos económicos basados en el crecimiento infinito son necesariamente erróneos. La energía es la base de la sociedad, la economía, el desarrollo, el bienestar y en general de absolutamente todo. La economía debería estudiarse, de algún modo, como una rama de la termodinámica, y no como una rama de la hechicería, que es lo que algunos parecen estar haciendo actualmente, sobre todo en el caso de la economía financiera. El crecimiento de los últimos siglos se debe al empleo masivo de combustibles fósiles. Por la ley de rendimientos marginales decrecientes, cada vez son más caros y difíciles de extraer, y su sustitución detrae cada vez una parte mayor de capital y otros recursos, lo que llevará a una contracción económica, declive, o colapso, según la gravedad de la caída. El plazo y la profundidad de esa caída lo desconocemos, pero lo más probable es que sea antes financiera que de recursos, pues nuestra economía financiera anticipa la escasez material, anticipándose a ella.En esto es en lo que estamos de acuerdo. Pero ahora, por partes, intentaré explicar por qué creo que la mayor parte de la gente consciente del problema no abarca mentalmente su verdadero alcance, o prefiere dejar este asunto para más adelante, cuando ya se le haya sacado el debido rendimiento en otros ámbitos menos amables o menos confesables.-Ley de JevonsDespués de enunciar todos los problemas que enumeré anteriormente, resulta que a muchos les da la ventolera de añadir que hay que buscar una nueva sociedad, donde se acabe con el derroche, se renuncie al consumismo y se cuiden los recursos. Me parece todo muy bonito y muy edificante, pero con franqueza, parecen obispos predicando contra el sexo.Ya lo dije en otro artículo, y creo que hay que repetirlo:     “La realidad es que el ahorro de cualquier bien o recurso supone su abaratamiento para aquel que decida consumirlo. La realidad es que la gasolina que nosotros ahorramos es la que pueden quemar los norteamericanos en sus coches de dos toneladas, y lo cierto es que si nosotros no la ahorrásemos ellos tendrían que pagarla a mucho más de los 50 céntimos de euro a los que la pagan ahora.  La realidad es que la gasolina que nosotros no quemamos no va a una hucha, ni se entierra en el subsuelo para que nadie la queme y no produzca CO2. Va al mercado, aumentando la disponibilidad para el que la quiere quemar y opera sobre ese mercado disminuyendo su precio.    El carbón que nosotros no quemamos no desaparece en el espacio sideral para no contaminar: es el que queman los chinos, más barato precisamente porque nosotros no lo demandamos, y el que les ayuda a barrer del mapa nuestras tiendas y nuestras industrias, incapaces de competir con sus precios. La leña que no quemamos los que vivimos en los pueblos es la que abarata los pellets para las calderas urbanas y las calefacciones de biomasa.    El agua que no uses para regar tu huerta, la usarán para regar otra. O un campo de golf. Las truchas que no pescamos río arriba, son las que pescan río abajo. La chica a la que no besaste no se metió a monja: se casó con otro”    Todos sabemos que es así, y más aún en un mundo global. Todos sabemos que el ahorro de un recurso no disminuye su consumo mientras haya alguien que lo demande. Todos sabemos que reducir o eliminar la demanda a nivel puntual es indiferente a nivel global. Todos sabemos que consumir menos aquí, donde existe legislación medioambiental sobre residuos, por ejemplo, hará que se consuma más donde esa legislación no existe y que, en suma, el daño será mucho mayor. Todos sabemos que poner molinos de viento en Alemania abarata el carbón, con lo que consumen más en China, sin filtros ni cosa que se les parezca.  Lo sabemos de sobra, porque no ignoramos los datos ni los modelos económicos, pero este hecho concreto, al redactar nuestro discurso, resulta que lo pasamos por alto. Lo sabemos pero nos es igual: Nos la sopla, ¿verdad? Seguimos escribiendo manifiestos y soflamas a favor del ahorro, en contra del capitalismo y en contra del consumo, porque es lo que nos ordena nuestra ética. Sabemos que es inútil, pero tiramos para adelante, impasible el ademán. Sabemos que no funciona, pero nos hace sentir mejor. Sabemos que favorecerá a quienes quieran seguir haciendo girar la rueda sin preocuparse de nada, pero es lo que nos pide el cuerpo.Porque somos así, porque tenemos alma de predicadores y vocación de mártires. Porque la realidad que tanto nos gusta perseguir con los datos nos importa luego tres pimientos cuando hay que aplicarla a algo que nuestra nariz rechaza.  Y nuestra nariz manda mucho, sobre todo cuando podemos olfatear según qué cosas.Ensuciar es malo. Derrochar es malo. Desperdiciar los recursos de las generaciones venideras es malo. Vale, sí, ¿y qué? ¿Y qué hacemos con los vecinos, las regiones, los continentes enteros que se pasan por el arco de triunfo esas consideraciones?, ¿les declaramos la guerra?, ¿o les seguimos repitiendo las mismas obviedades hasta que nos hagan caso por aburrimiento? ¿A quién le vamos con ese catecismo? ¿A otro tan incauto como nosotros?Al final es lo que hacemos: quedarnos a gusto con nuestra conciencia y autocomplacernos en nuestra solidaridad imaginaria. Porque lo real es que el ahorro no sirve, no funciona, no tiene ningún efecto distinto de abaratar el precio a los que pasan olímpicamente del ahorro. ¿Por qué creéis que la información sobre el peak-oil, siendo terriblemente antisistema, no ha sido perseguida más que con medidas menores? Porque abarata el consumo de los que quieren seguir consumiendo. “¡Venga, que ahorren esos idiotas, que así dejarán más para el resto!”Por eso, con muchos peakoileros, me queda la misma duda que con muchos obispos: si se estarán creyendo realmente lo que dicen o habrán construido toda esa historia para un fin distinto del que nos cuentan. ¿No nos hablarán de petróleo cuando en realidad nos quieren llevar a determinado redil político? Pues habrá de todo, pero cada día me fío menos. Y cada día nos perjudican más.-El decrecimiento o la reducción voluntaria.Después de repetir, una vez más, que el ahorro de un recurso no disminuye su consumo total, tengo que preguntarme de dónde ha sacado esta gente que las sociedades pueden menguar voluntariamente. Tuve la fortuna de leer un magnífico artículo sobre las sociedades que vivían de otro modo y con menos, pero ni en ese estudio se menciona a ninguna que caminase hacia atrás en su consumo, y menos voluntariamente, por consenso. He leído mucho sobre el colapso de otras sociedades en el pasado, pero no veo precedentes de reducción voluntaria del consumo de ningún recurso. Lo que veo, como mucho, es que un tipo de cada pueblo se iba a una cartuja o se subía a una columna y allí vivía con menos, pero todo lo demás que yo conozco ha pasado siempre por imposición, necesidad imperiosa y distintas variaciones y permutaciones del “trágala”.Cuando una sociedad colapsa, lo hace porque carece de un recurso, y lo hace precisamente porque ni lo ahorró, ni lo pudo ahorrar, ni consiguió evitar su agotamiento.  Y esto es así, insisto, porque lo que unos ahorraban quedaba disponible para otros. Es algo tan conocido como la Tragedia de los Comunes.Quien todavía piense que es posible sensibilizar a la población de la necesidad de vivir peor y con menos, mientras otros disponen de todo, que vaya a una comunidad de vecinos y que trate de convencerlos de que hay que bajar la calefacción un par de grados, pero pagando lo mismo. No me estoy refiriendo a comer menos, o a pasar penalidades: sólo dos grados en la calefacción, por el bien del planeta. ¿Algún valiente se apunta? No, claro, en la comunidad de vecinos no, pero sí en los foros, y en los blogs. En los foros y en los blogs pedimos la restricción del capitalismo, el fin del derroche y la universalización de los ponys, pensando que reeducaremos al mundo, pero en la comunidad de vecinos ni se nos ocurre, porque todos sabemos que Cervantes 67 será justa y exactamente el último punto del planeta en ser educado. Y lo sabemos porque conocemos a sus habitantes. ¿A que hay algo de eso?Seamos sinceros: pensamos en cambiar el mundo, pero ya no le sacamos el tema ni a nuestros amigos. Y a la familia, menos aún. Decimos que son cerriles, cornucopianos, que viven en la ilusión de no sé qué, pero nosotros seguimos convencidos de que el ahorro de algo reduce su consumo y de que la gente se puede convencer, por las buenas, de vivir con menos mientras sus vecinos lo pasan a lo grande. ¿No somos tan cerriles como ellos? ¿No padecemos también nuestra propia cornucopia, de conciencias en lugar de recursos? Ellos creen que el petróleo es infinito y nosotros creemos que la buena voluntad es inagotable. Ellos piensan que la técnica todo lo puede y que ya se inventará algo, y nosotros creemos que la reeducación de la gente todo lo puede, y que ya surgirá una nueva conciencia. ¿De dónde sacamos ese convencimiento?  ¿De dónde demonios sacamos que se va a agotar antes la avaricia que el petróleo? ¿De qué tablas y modelos deducimos que la solidaridad es más universal que el consumismo? ¿Qué clase de majaderos somos? -La ley de LemDice la ley de Lem que nadie lee nada. Los pocos que leen, no entienden nada. De los pocos que entienden algo, la mayoría lo olvida todo a la media hora.Y en eso estamos, creo.Decreceremos, sin duda, pero cuando no haya más remedio. Consumiremos menos, pero cuando haya menos y sea más difícil de conseguir. Cultivaremos la tierra con el burro o con la azada, pero no antes de que se haya averiado el último tractor o se haya agotado la última gota de combustible. Y si esa última gota es sangre de virgen sildava, ¡que se preparen en Sildavia!Sabemos que no sirve de nada ahorrar. Sabemos que nuestra pretensión de concienciar a la sociedad es como la suya de que esperar a que la ciencia encuentre la panacea. Lo sabemos, pero no lo entendemos o lo olvidamos de inmediato para seguir escribiendo manifiestos, digresiones apocalípticas, homeopatías energéticas, ética vestida de ciencia, sermones revestidos de informes, y sacramentos solidarios ungidos de avisos técnicos. En nuestros escritos aparece todo, menos lo que importa: que es indiferente consumir más o menos a nivel local, porque eso no afecta al consumo global.Pretendemos llegar a la gente para obligarla a creer algo que no quiere creer. ¿Por qué nos extrañamos de que no lo entiendan, no lo acepten o luego no lo recuerden? No podemos concienciarlos a todos, y si no los concienciamos a todos lo único que hacemos es subvencionar el Hummer del tío de Oklahoma, ese tipo al que todas nuestras preocupaciones le traen al fresco porque ni tiene hijos ni cree en el mañana.A los que no creen en el mañana no tenemos nada que decirles, pero seguimos infravalorando el poder del himno: “I want it all, I want it now”. ¿Qué vamos a contarles a los que hacen una cola de once horas para comprar el último modelo de un teléfono móvil? ¿De qué vamos, coño?    Toda esa gente no va a consumir menos, porque no le da la gana. ¿Está claro así? Toda esa gente no va a renunciar a sus comodidades porque no le sale de las narices. Toda esa gente, y son miles de millones, exprimirá hasta la última piedra en busca del bienestar que ha visto en otros lados y lo hará justa y exactamente hasta dos segundos antes del desastre. Hasta dos segundos después, para ser más exactos.    Nuestros documentos y nuestras explicaciones se dirigen a los que quieren entender, pero como los concienciados no pueden hacer nada realmente, salvo abaratar el precio de los productos a los que renuncian, los no concienciados nos aplauden, siguen consumiendo (a menor precio) y se ríen de nosotros a mandíbula batiente. ¿Hasta cuándo? Hasta el día en que  todo se vaya al demonio, por supuesto, pero ese día será para todos, los concienciados y los derrochadores.
Conclusión:    La conclusión es clara: cada vez que Europa, por ejemplo, aprueba una ley medioambiental restrictiva, China y la India declaran un día de fiesta nacional. Lo primero, porque los recursos que ellos consumen les saldrán más baratos, y lo segundo porque producir allí será más competitivo que hacerlo aquí, y los que se irán al paro serán nuestros hijos y no los suyos.Cada vez que una, cien o mil personas se conciencian del problema ambiental o de la finitud de  los recursos naturales, mejora el karma de la Tierra, nacen dos unicornios, y los druidas entonan cánticos de alabanza, pero no disminuye el consumo de energía, ni el de tierras raras, ni la emisión de CO2. No mejora nada a nivel global, ni se ahorra nada, ni se ensucia menos.La destrucción del capitalismo en Occidente no nos convertiría en monjes tibetanos. Y aun si lo lograra, dejaría espacio y oportunidad a los tibetanos para dejar de ser monjes. Los que proponen un nuevo sistema nunca dicen si ese sistema será para su pueblo, para su país, o lo impondrán a la fuerza a todos los demás mediante una cruzada verde, solidaria y de tartas de arándanos. Y si el nuevo sistema no es global, y simultáneo, no será un nuevo sistema: será una chorrada, una ocurrencia bienintencionada que los capitalistas alentarán con subvenciones, media hora en un programa de la tele y tres palmadas en la espalda.El desastre llegará en forma de colapso, o de lo que sea, y lo hará cuando tenga que llegar, pero nada nos librará de él. El nuevo sistema económico que se implora por ahí es la versión 2.0 de la Comunión der los Santos, un refrito laico de “todos somos hermanos y nos encontraremos en el reino de los cielos”, que al fin y al cabo es una idea de demostrada eficacia a la hora de atraer a las masas.  La utilidad de lo que escribimos está, a mi entender, en mostrar el camino para después del colapso, cuando ya existan suficientes incentivos que lleven a plantearse qué se puede hacer para que la cosa mejore, o no empeore más aún. Pero pasaremos por la estación del desastre antes de vislumbrar siquiera ese día. Será en diez años, en cien o en quinientos, pero pasaremos sin remedio.La razón por la que yo, personalmente, pienso seguir interesándome por el clima, los recursos finitos y el ritmo de extracción del petróleo es la misma por la que me intereso por el big bang, los agujeros negros y la nebulosa de Andrómeda: pura curiosidad o inquietud intelectual. Ni le veo utilidad práctica ni me creo capaz de cambiar nada.A nivel particular, anticipar la evolución de los acontecimientos puede ser de alguna utilidad, aunque en un caso como el presente signifique solamente la opción de cambiar de camarote en el Titanic.  A nivel global es tan útil como saber que en 2020 va a explotar el sol.Por eso, seguiré leyendo y escribiendo sobre el peak oil, sobre la riqueza de las vetas de metales, sobre la ley de rendimientos marginales decrecientes y sobre la incapacidad de los economistas para aceptar los límites del crecimiento y la finitud del mundo.    Por eso, seguiré pensando de los que me ofrezcan soluciones políticas, manifiestos anticapitalistas, soflamas contra el consumo y alternativas de un mundo con caramelos de fresa que son unos oportunistas arrimando el ascua a su sardina, con unos fines totalmente distintos de los que confiesan.     Nos iremos al carajo, sí, pero por mi parte no será con ellos. No en sus manos.
Javier Pérez
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Algunos apuntes sobre los Vehículos híbridos.

The Oil Crash - 4 September, 2014 - 20:59
Algunos apuntes sobre los Vehículos híbridos.Por Beamspot  Como se ha visto, casi todo lo aplicable a vehículos eléctricos es, al menos en parte, aplicable a los vehículos denominados híbridos. En el fondo, esto es debido a que un vehículo híbrido es en realidad un vehículo que mezcla dos tipos de propulsión. Más concretamente, en el ámbito que nos atañe y como ‘concepto popular’ (lejos del concepto real del diccionario), es la mezcla de propulsión eléctrica y motores térmicos.Dado que la metodología de control de ambos es muy dispar, y encima, se trata de conseguir objetivos muy diferentes, tenemos varias maneras de realizar la mezcla. Para empezar, están los sistemas Start&Stop, que en sí mismos, no tienen casi nada de híbridos, pero además de incluir esta tecnología en los híbridos, también es la base o punto de partida de los híbridos más sencillos, los llamados ‘mild hybrid’. Siguen a éstos, con un gran parecido, los híbridos paralelos, los mixtos (paralelo y serie), y los híbridos serie, también llamados ‘rango extendido’ o ‘range extended’. Este orden además va clasificado de menor a mayor potencia del motor eléctrico en la mezcla.Los primeros, llamados Stop&Start o Start&Stop [1], son coches con propulsión meramente térmica. La diferencia entre estos y los térmicos ‘normales’ es que el motor se para cuando llegan a un semáforo, volviendo a arrancar enseguida. Así pues, no se les puede considerar híbridos, pues no hay propulsión eléctrica.Sin embargo, no son iguales a los de siempre. La diferencia es que el alternador ahora está sustituido por un motoalternador, es decir, que tanto genera electricidad como que arranca al motor térmico cuando hace falta, si éste está ya caliente y en condiciones (en frío arranca con el motor de arranque clásico), hace ambas funciones.  Es por tanto, tan parecido como pueda parecer al motor de un eléctrico, hasta el punto que también suele ser trifásico, en bastantes casos de hasta 10KW (más que cualquier alternador), suele llevar un inverter, y es un buen banco de pruebas para otras cosas.El gran punto débil de este sistema suele ser que no sólo no ahorra combustible de manera acusada, si no que la batería de plomo suele tener la vida más corta, además de estar sobredimensionada. Más inconvenientes reales existen, aunque pasan desapercibidos. Uno de ellos es que la tensión de KL30, la de la batería, cae tanto cada vez que arranca que resetearía muchos de los elementos internos del vehículo. Eso obliga a encarecer y complicar toda la electrónica de a bordo para que puedan trabajar en condiciones de baja tensión, y/o da pie a nuevos elementos extra, buenos bancos de pruebas para experimentos varios, que además de pasar desapercibidos, sirven para coger experiencia y datos que de otra manera sería demasiado difícil, caro, complejo, peligroso en cuanto a percepción por parte del cliente, malo para las ventas, etc.Un ejemplo, es el i-Eloop de Mazda [2] (con el permiso de Apple de momento). Se trata de un sistema en el que se aprovecha la energía cinética en la frenada para recargar la batería principal a partir de un supercondensador que se encarga de absorber dicha energía de manera rápida, para luego entregarla de manera dosificada a todo el sistema eléctrico. De esta manera, se minimiza la cantidad de combustible usado para alimentar todo el sistema eléctrico.Otros sistemas similares se utilizan no tanto para recargar la batería del vehículo como para arrancar el motor térmico en las salidas de los semáforos sin abusar de la batería del vehículo y estabilizar la tensión de KL30 sin los típicos bajones que pueden llegar a resetear toda la (cada vez mayor) circuitería del coche y/o encarecerla para que pueda operar en condiciones más difíciles.Dado que todos estos extras no son o no forman parte de la transmisión ni de ningún elemento de seguridad, ni siquiera es necesario que funcionen siempre (hay muchos propietarios de coches con este sistema que lo deshabilitan por razones varias, especialmente, porque ‘da mala imagen, de mal conductor que lo cala’). Lo cual reduce su costo a la vez que desempeña un factor importante en la curva de aprendizaje de los fabricantes y ayuda a recoger datos sobre fiabilidad y funcionalidad de los supercondensadores en esta su primera aplicación comercial de gran volumen en el sector del automóvil.Los siguientes tipos de híbrido son aquellos que se llaman ‘mild hybrid’[3] o algo así como híbrido ‘flojainas’. En realidad son los primeros híbridos como tal que salieron al mercado, anteriores al mítico Prius. Son híbridos paralelos, donde el motor eléctrico no sólo arranca el motor térmico si no que empuja también al coche en los primeros metros, hasta velocidades muy bajas. Este tipo de motores suele ir asociado a coches pequeños, con esquemas de transmisión poco convencionales, como variadores o cambios automáticos. El ejemplo habitual es el Honda Insight [4], económico (alrededor de 20000€ todo, sin ayudas), con un motor eléctrico de sólo 10KW (13HP), y una batería de 100V. En este caso, el motor térmico está siempre funcionando cuando hay movimiento aunque se esté arrancando.El siguiente paso en la evolución, es poner un motor eléctrico un poco más poderoso, y permitir que el motor térmico esté parado para velocidades muy bajas, movimientos en sitios como párquines, atascos, semáforos y conducción en zonas urbanas residenciales/peatonales. De esta manera el vehículo usa más la energía eléctrica y gasta menos gasolina, pero impone un mayor motor eléctrico, mayor batería, cambio automático, y da más a cambio. Siendo esto una ‘simple’ evolución lógica del primer tipo de híbridos, el paso estaba cantado. El resultado es lo que se llama un híbrido paralelo [5] (los dos motores pueden funcionar a la vez, empujando al coche, o sólo uno), y el máximo exponente es el Toyota Prius [6], quizás el modelo de coche más usado como taxi en las grandes urbes de España. Aunque en realidad, el Prius no es exactamente un híbrido paralelo, técnicamente hablando, pero de facto, se puede considerar así.Los motores del InsightEl siguiente paso evolutivo, pasa por simplificar aún más la transmisión, compleja para el Prius, y de paso, simplificar la fabricación del vehículo. Ahí nace el concepto de hibrido paralelo ‘through the road’ (a través de la carretera), que se puede ejemplificar con el Peugeot 3008 Hybrid4 o el Volvo V60[7].El concepto es sencillo: cojamos un coche de serie con cambio automático, y, ya diseñado desde el principio con esto en mente, le cambiamos el puente trasero (con el motor térmico habitualmente en el puente delantero) al coche de serie no híbrido por uno que incluya el motor eléctrico. Cambiamos la rueda de repuesto en el maletero por un pack de baterías con la electrónica, y añadimos en el salpicadero algunos ‘gadgets’ para hacer bonito y de paso permitir algo más de control por parte del usuario: tracción a las cuatro ruedas, control automático, eléctrico puro, térmico puro, etc.La transmisión es la más sencilla: no existe a nivel mecánico, pues lo único en común que tienen ambos puentes es la carretera (de ahí de ‘a través de la carretera’). Y la construcción también: permite tener una línea de producción que puede fabricar coches híbridos y no híbridos a la vez, con poco gasto. Este concepto permite varios modelos diferentes con motorizaciones diferentes compartir la hibridación (o no). La flexibilidad en la fabricación y funcionamiento es evidente, con lo que cada vez hay más fabricantes que están optando por este tipo de sistema. Incluso los hay que en lugar de poner el motor eléctrico dentro del puente, lo ponen en las dos ruedas traseras, con el inverter doble en la antigua ubicación del motor eléctrico, y más espacio para baterías.Puente trasero del 3004 Hybrid4
El siguiente tipo de híbrido sin embargo, ya representa una ruptura con la evolución vista hacia ahora. De hecho, es el paso inverso: la evolución de los eléctricos hacia los térmicos. Mucha gente cree que los eléctricos tienen problemas de autonomía, así que los fabricantes lo que proponen, es poner un sistema de generación de electricidad a partir de gasolina, para aumentar el rango o autonomía. A este concepto, el de poner una alternadora dentro del coche que ya vislumbró en 1900 Ferdinand Porsche, ahora le dan el feo nombre de ‘range extender’[8].La transmisión del Ampera
El ejemplo por antonomasia es el Opel Ampera [9]. Una vez más, aunque en teoría se trataría de un híbrido serie (motor térmico que genera electricidad que a la vez es usada para la locomoción), los ingenieros de Opel lo han complicado de tal manera que en determinadas circunstancias (puntuales, muy ocasionales si es que se dan, en puertos de montaña muy abruptos y baterías muy vacías) pueda funcionar como térmico puro o híbrido paralelo.Ojo porque es en realidad el mismo esquema que se aplica a buques y grandes camiones de minería como el ya comentado en la primera entrada de esta serie.El Honda FCX a base de celda de combustible de hidrógeno en realidad es un auténtico híbrido serie. Otros fabricantes están trabajando en este tipo de soluciones, pero dado que no es un paso sencillo de dar al no ser una evolución directa y sencilla, este tipo de vehículos va para más largo, y probablemente serán adelantados por vehículos eléctricos puros en el mercado. El complejo porqué será objeto del análisis del próximo episodio. De momento, sin embargo, se va a analizar las ventajas y opciones de este tipo de vehículos respecto de los otros híbridos e incluso eléctricos puros, aunque básicamente desde un punto de vista más teórico que práctico, al haber pocos de éstos en el mercado, pero muchos en fase de concepto.La celda de combustible del FCX
La idea base es tener un vehículo eléctrico ‘puro’, con la tracción meramente eléctrica, una batería de una cierta capacidad, y un sistema capaz de generar electricidad de la forma más eficiente posible, a partir de algún elemento químico. Vale tanto el hidrógeno y las celdas de combustible como una alternadora, la clásica ‘burra’. Obviamente, el método de la alternadora, por ser más conocido, es el más habitual. Ahora sí, hay que maximizar la eficiencia, es decir, obtener el máximo de electricidad del combustible almacenado en el depósito.Los motores térmicos adolecen en realidad de problemas de elasticidad de funcionamiento. El rendimiento de los mismos varía mucho según el régimen o revoluciones en que trabaja. Éste rendimiento variable, especialmente malo a bajas revoluciones, es la razón por la cual hace falta un cambio de marchas, y merece ser estudiado con mayor detalle en una entrada propia donde el esfuerzo se haga en la dirección de rendimientos, en general, y donde se comparen todos para todos los casos. Para el punto en cuestión, es suficiente mencionar que el concepto de híbrido serie se basa en hacer funcionar el generador de electricidad en su punto óptimo, de mayor rendimiento y eficacia.Por tanto, el alternador se dimensiona o diseña para que esté trabajando siempre a las mismas revoluciones, sin cambio de marcha, en el punto de mayor rendimiento, para maximizar la cantidad de energía eléctrica obtenida,  o lo que es lo mismo, reducir el consumo de combustible al máximo, y con esto reducir emisiones y costos. Esto se consigue fácilmente si la tracción es puramente eléctrica, y la electricidad generada se dedica tanto a la tracción como a recargar las baterías con el excedente de energía eléctrica producida, que debe ser mayor que la consumida, obviamente.Quasiturbina
Pero los motores térmicos habituales son pesados, grandes, voluminosos, con ciertas complicaciones. No en vano el Opel Ampera, el más conocido de esta variante, pesa mucho.No es de extrañar pues, que algunas de las propuestas conceptuales se aparten del clásico motor de Otto o Diesel. El rango de motores con que se está trabajando es mucho más variado, desde la turbina a gasoil de Pinifarina[10] a generadores de Quasiturbinas[11] o Shockwave[12], pasando por las ineludibles celdas de combustible. Estas soluciones ocupan menos espacio, tienen menor peso, tienen menos requerimientos de refrigeración, con lo que los radiadores son más pequeños, y por ende hay mejoras aerodinámicas, y tienen rendimientos igualmente buenos, si no superiores, a un régimen de giro diferente, fijo, aunque tengan menos elasticidad, es decir, un rango de funcionamiento muy estrecho.Queda un ‘tipo de híbrido’ que en realidad no es tal, se trata más bien de una zona gris entre híbrido paralelo e híbrido serie, en el cual el sistema de transmisión es muy complicado, y se puede trabajar en ambos modos según sea la situación. Éste es en realidad el caso tanto del Prius como del Ampera. La realidad es que se trata más de modelos con algo se sobreingeinería para cubrir las espaldas de los fabricantes y los casos puntuales que se pueden dar aunque sean raros.Motores y transmisión del Prius
Hay aún otro ‘tipo’ de híbrido, que en este caso no es para nada un sistema nuevo o diferente. Pero se diferencia mucho a la hora de hablar de  él en el mercado, así como en ciertos ambientes. Se trata del híbrido enchufable [13]. El concepto es sencillo: la batería eléctrica se puede cargar en casa desde cualquier enchufe, y con ello, se pueden hacer varios Km a partir de electricidad del enchufe doméstico, lo cual supone que baja el precio por Km al consumidor. Lógico, de cajón.Entonces… ¿De dónde narices sacan la electricidad los híbridos no enchufables? La respuesta es relativamente sencilla, y está explicada hace ya algo de tiempo. Dado que las baterías de un Prius no aceptan más de 3KW de recarga, la energía eléctrica sale precisamente en parte de la frenada, aunque la mayoría de la energía cinética es disipada por los frenos. De hecho, la electricidad se genera nada más levantar el pie del acelerador, no de la frenada. También se aprovechan momentos en que el motor tiene que funcionar sí o sí, como es al arrancar, con el motor frío, que hay que calentarlo, y precisamente el hacerlo aprovechando para cargar la batería mejora el resultado así como el rendimiento.Es decir, los no enchufables obtienen la energía a base de reciclar la parte sobrante de la que se genera a partir de la gasolina o el diesel.  Los enchufables también pueden obtenerla de esta misma manera, como de hecho hacen, incluso con mayor eficiencia, puesto que al tener una batería más grande, permiten reciclar más (de hecho, sólo algo) energía de la frenada. Así pues, sólo hay dos diferencias entre los enchufables y los no enchufables: el tamaño de la batería, y el cargador a partir del enchufe. Lo cual implica un mayor precio. Unos 6000€ de diferencia entre los Prius enchufables y no enchufables.Sin embargo, hay que tener en cuenta algo muy significativo, precisamente translucido y medido a partir de un estudio de Toyota para estimar el ‘punto óptimo’ o la capacidad óptima de las baterías (en cuanto a Km de autonomía en sólo eléctrico). Se trata de la media de Km por viaje, según el número de viajes. El estudio determina que más de la mitad de viajes son de menos de 25Km. Y alrededor del 80% menor de 160Km (100 millas), aunque depende bastante del país, especialmente en las fracciones pequeñas, por ejemplo, los viajes por encima de 300Km no representan la misma pequeña fracción en Malta que en Estados Unidos.Este dato resulta crucial.Para entender la importancia de estos datos, pero, es necesario un cambio de mentalidad. Comúnmente, la gente tiende a ver el vaso medio lleno los optimistas, y medio vacío los pesimistas. Luego estamos los ingenieros, que vemos el vaso sobredimensionado.Aplicado a las baterías, vemos que unos las ven como escasas, cortas de autonomía (la mayoría: efectos de la publicidad), otros las ven como caras (pocos, básicamente los directivos de empresas de automoción, y los propietarios que tienen que reemplazarlas), y luego los ingenieros tenemos que optimizar, dimensionar las mismas.Por eso es importante saber hasta qué punto es más rentable una cosa o la otra. Es decir, si para hacer una vez en la vida 1000 Km del tirón, compramos un coche que cuesta 10 veces más, puede ser más rentable comprarse un coche con 300 Km de autonomía con sólo una décima parte del precio, y gastar otro poco en realizar ese viaje en avión, tren, barco, coche de alquiler… Este punto de vista es poco común, pero es el lugar de trabajo de los ingenieros. Y por ahí es por donde van los tiros.Si la mitad de los viajes en coche son de menos de 25Km en total, esto quiere decir varias cosas. La primera no pienso discutirla hoy, no sea cosa que se me acuse de (des)calificar a la audiencia. La segunda es que es un límite interesante para determinar el tamaño de la batería por lo bajo.Una batería que pueda mover el coche 25Km será más barata, sí o sí, que una que lo haga 50Km. Además, será más ligera, con lo que el coche pesará menos, y por tanto, más eficiente. También será más pequeña, con lo que habrá más espacio en el maletero. Lo cual puede implicar que con un coche que pueda funcionar como eléctrico puro con esta autonomía, y luego como híbrido a partir de esta distancia, igual tengo más ahorro total, contando el precio del coche, que si dimensiono el mismo coche para que tenga la autonomía de 50Km. Esta es precisamente la filosofía del Prius enchufable, la última versión que ha salido del mismo, más cara que el Prius no enchufable. 32000€ frente a 25000€, precios del 2011, donde unos 1000€ se ‘deben’ al cargador. La batería del no enchufable, de NiMH es bastante barata, unos 2000€, puesto que es mucho más sencilla, y pequeña (1.8KWh) frente a la batería de litio del enchufable, de 4.4KWh, mucho más sofisticada, se estima que estaría en unos caros 6000€. El resto es prácticamente igual (motores, inverter, transmisión).Hay que mencionar dos cosas importantes más: la mayoría de estos desplazamientos son urbanos, muchos en tráfico congestionado (ir y volver al trabajo, llevar los niños al cole, en hora punta, en ciudades relativamente grandes), donde precisamente luce el coche híbrido y eléctrico. La segunda cosa es que se hace necesario fomentar unos hábitos de conducción propicios para aprovechar al máximo las ventajas de los eléctricos e híbridos. Frenadas y acelerones suaves, velocidades bajas. Justo más o menos lo que pasa en los atascos o aglomeraciones de hora punta, o como dicen los anglosajones, ‘conducir como la abuela’[15].Otra manera de dimensionar las baterías, es comprobar hasta qué punto es más barato una alternadora que una batería más grande. Es decir, que tamaño de batería es óptimo para que el precio de meter un motor que genere la electricidad sea lo suficientemente interesante como para compensar a una batería más grande. Este punto es más controvertido, pues ya empieza a ser importante otro factor de peso. Literalmente, de peso. De ahí que se desarrollen alternativas para generar electricidad más ligeras, a ser posible, más pequeñas. Si encima son baratas, mejor que mejor, aunque no todo es el precio del producto acabado, hace falta valorar la inversión en líneas de producción, punto muy candente e importante, subvalorado, motivo de la siguiente entrada, pero que podemos citar así: hacer una generador con una turbina a gasoil seguramente será más barato, pequeño y eficiente que una alternadora con motor diesel clásico, pero la inversión y los posibles problemas desconocidos de una tecnología nueva es algo que generalmente asusta (y mucho) a los fabricantes de la automoción.Por supuesto, todo esto aplica a los híbridos serie, no a los paralelo. Estamos hablando de otra gama de vehículos, otro tipo, otra aproximación. El siguiente paso, el que queda, antes de los vehículos eléctricos puros. Evidentemente, todos estos vehículos son enchufables. Este terreno ya no es exclusivo del primero y más comentado de los Range Extenders, el Opel Ampera. BMW, por ejemplo, con el i3 también está en este segmento, y se esperan más (el i8, sin ir más lejos), a medida que la cosa vaya avanzando, pero es algo que va a tardar y será más lento en su implantación. Ya que se ha comentado el BMW i3, éste se ofrece como eléctrico puro o como híbrido serie con el ‘extra’ del alternador por unos 3000€ más (sobre unos 36000€ del eléctrico puro) [16].El porqué es precisamente un asunto de fabricación, como ya se ha comentado, con su propio intríngulis interno del sector de la automoción. Es el momento de pasar a la siguiente entrada.[1] – http://en.wikipedia.org/wiki/Start-stop_system [2] – http://www.mazda.com/technology/env/i-eloop/ [3] – http://en.wikipedia.org/wiki/Mild_hybrid [4] – http://en.wikipedia.org/wiki/Honda_Insight [5] – http://en.wikipedia.org/wiki/Parallel_hybrid#Parallel_hybrid [6] – http://en.wikipedia.org/wiki/Toyota_Prius [7] – http://www.volvocars.com/es/all-cars/volvo-v60/pages/hybrid.aspx [8] – http://en.wikipedia.org/wiki/Range_extender [9] –http://en.wikipedia.org/wiki/Chevrolet_Volt [10] – http://www.motorpasionfuturo.com/concept-car-y-prototipos/la-ultima-creacion-de-pininfarina-es-un-cupe-diesel-enchufable [11] – http://quasiturbine.promci.qc.ca/ [12] – http://en.wikipedia.org/wiki/Wave_disk_engine [13] – http://en.wikipedia.org/wiki/Plug-in_hybrid[14] – http://www.eleconomista.es/ecomotor/motor-ecologico/noticias/3472443/10/11/Estudiada-alternativa-a-los-coches-electricos.htmlhttp://www.hibridosyelectricos.com/articulo/mercado/toyota-presenta-los-resultados-del-proyecto-del-prius-hbrido-elctrico-enchufable/20111018094522002677.html [15] – http://blogs.elpais.com/coche-electrico/2013/04/prueba-del-toyota-prius-enchufable.html [16] – http://www.diariomotor.com/2013/07/22/bmw-i3-en-espana-desde-35-500-euros/
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Banca Pública ¿Podemos? ¡Pues claro que podemos, pero así!

Ácratas - 3 September, 2014 - 03:51


El negocio de la creación del dinero de la nada no puede ser privado. Los bancos son las únicas sociedades anónimas que tienen el privilegio de inventarse dinero y prestarlo. Pues sabed que un banco no presta los depósitos ni su capital --ambas cosas están convenientemente prohibidas por la Ley--, sino que crea dinero ex-novo, lo anota en la cuenta del prestatario y, como contrapartida, en una promesa de pago. Que no tenga el dinero de verdad no es óbice para que pida interés por él. El mecanismo de la banca privada es así exactamente. Por eso, la banca ha de ser pública, cooperativa y local. Pues si el dinero va a ser creado de la nada para prestarlo, ese dinero nuevo ha de ser de todos, cosa pública. Por si fuera poco, todos los españoles respondemos de él al final. Banca Pública pues. Y para la banca privada, que sería exclusivamente banca de negocios, no comercial, coeficiente de encaje bancario del 100%. Es decir, que no pueda prestar lo que no tiene, que no pueda inventarse el dinero.

Lo primero a decir es que ¿cuándo hemos visto un banco comercial de depósitos español quebrar? Nunca. Siempre es rescatado "por el bien de los clientes impositores".

Lo segundo es que, contablemente, los depósitos no pueden tocarse, no se prestan. Por lo tanto (primera sorpresa): Los depósitos siempre están seguros. Cuando se dice otra cosa, se está engañando a la población desinformada.

Lo tercero es que, si los bancos prestan dinero que se inventan, el que no se lo devuelvan no es más que un problema contable: se pone a cero debe y haber y punto. Si no fuera así, ¿cómo podrían condonarse los créditos a los partidos? Como sé que esto último es difícil de entender para el que no conoce la mecánica bancaria, lo explicaré algo más:

Fulano va al Banco Mafia a pedir 100.000 euros.

Banco Mafia exige, para concederle el crédito, tres garantías:

--Que lo pida para algo rentable

--Que pueda pagar las cuotas

--Que, si no puede, tenga bienes embargables por un importe igual o superior a lo prestado.

En el caso de las compras de pisos era así: el negocio era rentable, pues los pisos no paraban de subir de precio, el prestatario tenía empleo y podía pagar las cuotas y la garantía era la propia vivienda, que se suponía que nunca bajaría de precio. Lo mismo sucedía con las empresas, que no dejaban de absorber a otras a precios escandalosos.

Entonces, el Banco Mafia crea un apunte doble de 100.000 euros, según le autoriza la Ley: Los asienta en la cuenta del cliente contra un apunte que es una promesa de pago. Luego establece unas cuotas a pagar según el sistema francés, todas iguales, a 25 años. Esas cuotas son la suma de muchos intereses y poca devolución del principal, al principio; y lo contrario al final. Conforme el cliente va devolviendo el principal, la promesa de pago se va cancelando hasta que la cuenta se pone a cero de nuevo. El dinero creado de la nada por el Banco Mafia se esfuma. Pero los 100.000 euros que le prestó al cliente han ido a parar a la cuenta del que le vendió la vivienda. Son dinero real que ha sido inyectado en el sistema de verdad. Y los intereses pagados, del orden de un 40.000 a 50.000 euros, también son reales, y forman parte de los beneficios del Banco Mafia.

Otra cuestión diferente son las limitaciones legales a la creación de dinero, que deben seguir unas "reglas de seguridad" que son manifiestamente insuficientes. Así, el Coeficiente de Caja en España es de solo el 2%. De ahí que se diga que el mismo euro se presta 50 veces. Eso no es más que una simplificación más fácilmente visualizable de la realidad contable.

En política, para saber quién manda, hay que preguntarse siempre "¿Quién gana"?

En España ha mandado hasta ahora la Banca mediante la financiación de los partidos a fondo perdido y la corrupción directa de los altos cargos que acaban jubilándose en los consejos de administración de los bancos y de sus empresas participadas.

¿De dónde saca tanto poder la Banca? Evidente:

DE LA CREACIÓN DE DINERO DE LA NADA Y LA EXIGENCIA DE INTERESES POR ESE DINERO.

Con un negocio así, todos seríamos millonarios. ¿Verdad?

Pues esa es nuestra propuesta: EL NEGOCIO DE LA CREACIÓN DEL DINERO DEBE SER PÚBLICO, porque lo público es DE TODOS LOS ESPAÑOLES.

Ahora, por el contrario, es un NEGOCIO PRIVADO que arrambla con los beneficios y, eso sí, socializa las pérdidas. LOS BANCOS NO QUIEBRAN porque los gobernantes, corrompidos por la Gran Banca, roban a los españoles para reflotar cualquier banco, endeudándonos lo que haga falta. Luego, esos mismos gobernants acaban en los consejos de administración de las grandes compañías participadas por los bancos.

Esa clase de gobernantes no merecen estar en la Moncloa, sino en Alcalá-Meco.

IGNACIO BERNUY


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Democracia y modelo de Estado ¿Podemos? ¡Pues claro que podemos, pero así!

Ácratas - 1 September, 2014 - 18:46


España debe organizarse como República Asamblearia, que es como sigue:

UNO: El Estado tendrá solamente DOS PODERES, Ejecutivo y Judicial.

DOS: El jefe del Ejecutivo (Presidente de la República Asamblearia Española) será elegido por el Pueblo Español a múltiple vuelta(1). El poder Judicial será elegido por el Pueblo mediante una lista abierta de candidatos jueces.

TRES: El PODER LEGISLATIVO no será un poder del Estado, sino del Pueblo Español.

CUATRO: Este se organizará asambleariamente en los municipios. Y si se trata de ciudades grandes, en los barrios.

CINCO: Las leyes se promocionarán para su aprobación o derogación desde esas asambleas y se votarán en esas asambleas.

Luego, cada asamblea enviará al Parlamento de Asambleas de Madrid (actual Congreso de los Diputados) a un representante con el mandato imperativo de votar sí o no a la ley en cuestión y con un peso en su voto igual al de habitantes del municipio o barrio al que representa. El sueldo del representante lo pagará la asamblea a la que representa.

SEIS: El Estado estará obligado a cumplir las leyes que el Parlamento de Asambleas sancione.

SIETE: El Segundo Poder del Pueblo Español será el Banco de España, que emitirá la moneda nacional española, LA PESETA. El BdE será el único banco de toda España, pues la banca será pública. Y los consejeros del BdE serán votados por las asambleas y depuestos por las mismas asambleas que los votaron de manera fulminante en caso de corrupción, situando en su lugar a otros y procesando a los corruptos.

OCHO: El Tercer Poder del Pueblo será la Fuerza Armada, Proporcionada y Eficaz, pues todo municipio, siempre al servicio del Pueblo, dispondrá de depósitos de armas suficientes para que el Pueblo pueda defender la República Asamblearia de las agresiones de los estados burgueses y totalitarios vecinos.

Y ESTO QUE ACABO DE DESCRIBIROS ES UNA DEMOCRACIA PERFECTA. Y es incuestionable. Aunque a los partidos políticos ni los he mencionado, porque son innecesarios en una democracia, pues la democracia es históricamente anterior a los partidos. No es que haya que prohibirlos a los partidos, sino que no hacen falta para nada. Los partidos pueden existir, como existen las religiones, pero son una entelequia de orden moral para mentes inseguras.

A muchos no les gustará lo que acabo de describir, pero es porque tienen el cerebro sodomizado por 35 años de partitocracia y está a punto de derretírseles.

¡¡Democracia o muerte!!

AITOR GARMENDIA

(Para Pablo Iglesias y esos pocos centenares de personas que han lanzado esta poderosa arma libertaria que pudiera y debiera ser Podemos)



NOTA A LOS OTROS LECTORES:

(1) En una elección a múltiple vuelta se elimina el candidato menos votado entre una vuelta y la siguiente, volviendo a votar todo el cuerpo electoral, incluso los que votaron al candidato eliminado. La última vuelta es cuando solo quedan dos candidatos, de manera que el electo lo es siempre por mayoría absoluta. Eso no le da otra cosa que mayor representatividad, pero no tiene poder para cambiar NADA, no puede hacer leyes, solo cumplirlas. Con este método electoral nunca se rechaza la capacidad del voto del ciudadano, su Soberanía, sino que son los candidatos los eliminados por falta de apoyo popular. ¡Como se eliminan los concursantes del puto Gran Hermano, para que me entendáis, chorlitos!

NOTA DEL EDITOR: Este artículo de Aitor Garmendia no ha merecido apenas atención en Plaza Podemos, a pesar de que casi todas estas ideas se han ido desgranando en diversas entrevists de Iglesias y otros dirigentes de Podemos. La verdad es que no parece culpa suya, sino de Izquierda Unida, que tiene tomado el foro.



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Apuntes del coche eléctrico. Otros componentes.

The Oil Crash - 1 September, 2014 - 15:33
Apuntes del coche eléctrico. Otros componentes.
Por Beamspot

Quizás los tópicos más habituales de los vehículos eléctricos son el motor eléctrico propiamente dicho, así como las baterías, auténtico punto caliente cuando se habla de vehículos eléctricos, aunque hay muchos medios de transporte eléctricos que no utilizan baterías.Sin embargo, hay muchos elementos más a tener en cuenta cuando uno habla de vehículos eléctricos. Algunos ya se han mencionado, otros son intuitivamente evidentes, otros sin embargo apenas se conocen o sólo se deja entrever su utilidad en esta serie de escritos.Precisamente los elementos auxiliares y la electrónica interna del automóvil forman parte de la vida diaria del autor de estos soporíferos escritos, y no son escasos. Echarles una ojeada al menos da una idea de la complejidad del tema, así como algunos apuntes previos para la entrada posterior, que es precisamente uno de los puntos importantes y largamente olvidados en el asunto de estos textos, el de los fabricantes de automóviles.El primer (o primeros, a veces son dos) componente que hay que mencionar, reiteradamente pues ya se ha explicado su uso, es el sistema de supervisión de la batería. Se suele componer de dos partes: la de control de carga y  balanceo de tensiones [1], medidas de temperatura y control individual de las células, y la parte de control y supervisión general con medida de corriente (que entra y sale), todo bajo un mismo sistema de gestión de la batería, con capacidad para cortar ambos polos de la misma del mundo exterior.Se trata de un elemento electrónico no excesivamente complejo, con más o menos intríngulis (especialmente la medida de corriente), pero los algoritmos y las matemáticas que hay detrás, son las que determinan gran parte de las limitaciones del coche. Además, como ya se ha dicho, tiene un consumo que puede acabar por agotar las baterías al cabo de muchos meses, y parte de su funcionalidad, el balanceo de las celdas, provoca parte de las pérdidas de rendimiento del sistema de almacenamiento.En la lista de puntos importantes de cara a la seguridad, lo primero que se pone bajo la lupa. El Know-How del mismo es considerado uno de los secretos más importantes en la industria del sector, una de las claves estratégicas. No sólo se  trata de carga y control de energía que entra y sale, también se controlan las temperaturas y otros parámetros de seguridad.El segundo elemento en cuanto a importancia y evidencia, es el control de motor, el inverter [2]. Su función es la de generar tensiones alternas trifásicas a partir de la continua de la batería en la mayoría del tiempo, sin embargo, a la hora de frenar, su función es la inversa. Se trata de un elemento que requiere muchas matemáticas para su funcionamiento, con electrónica redundante, sistemas de seguridad, supervisión constante, y refrigeración líquida debido a la potencia que maneja con rendimientos, aunque elevados, por debajo del 98%. La termodinámica alcanza todas las áreas de la física, y éste es uno de los elementos que introduce pérdidas. No se trata de una parte barata, precisamente.También en este caso, las matemáticas son un factor importante. No hay tanta guerra de copyrights, pues muchas se basan en la transformada de Park y su inversa, así como en la transformada de Clarke  [3]. Matemáticas puras y duras, ejecutadas varios miles de veces por segundo, lo cual implica millones de cálculos con sus decimales (en coma flotante) por segundo, y por partida doble: dado que es un elemento de seguridad, se calculan los valores en dos procesadores, y luego un sistema de supervisión comprueba que los dos den lo mismo para dar los datos (y por ende, el sistema) por bueno. Es lo que se llama redundancia. Para eso hace falta cierto tipo de microcontroladores específicos de seguridad [4]. El tercer elemento, es el cargador. De hecho, los cargadores, en plural. Aunque la mayor parte de esta circuitería es interna, es decir, va dentro del coche, también hay casos en los que una parte va fuera. Tampoco es un elemento sencillo, también es una parte refrigerada por líquido, y si son diferentes circuitos es debido a que no hay un estándar de carga, si no varios.Dado que es otro elemento caro y sujeto a reglamentación por seguridad eléctrica, hay varios modos diferentes de carga.Por una parte, está el enchufe ‘de casa’, lo cual es posiblemente la parte más pequeña del cargador, totalmente integrada dentro del coche, puesto que la limitación en este caso, es la del contrato del propietario, la responsable de una parte de cuota fija de las facturas de la electricidad. Lo habitual en un contrato en España está entre 3 y 5KW para el uso doméstico, y por tanto no tiene sentido poner un cargador de más capacidad para tales funciones. Esto genera una carga lenta o muy lenta, de varias horas, y por tanto, con pocas pérdidas. El nivel de seguridad es el habitual doméstico. Se le llama ‘Nivel 1’.Sin embargo, si se pretende cargar el vehículo en unas instalaciones comerciales o industriales con potencias disponibles más elevadas, hace falta algo capaz de gestionar este tipo de cargas, sobre todo, si luego se va a facturar por ellas. Es entonces que salen unidades externas de carga. En realidad, tampoco son cargadores. Son gestores de potencia, para limitar la potencia entregada al vehículo en función de la potencia disponible. Por supuesto, están los que no tienen tarificación, para uso particular, y los que sí tienen, para uso comercial. Y nunca se incluye su precio en el vehículo.Hay dos variantes aplicables a este tipo, la de Nivel 2, de hasta 16 A, y la de Nivel 3, hasta 32 A [5]. Muchas veces se agrupan bajo la denominación Nivel 2. Todas de alterna, y todas con el control en la unidad externa. La funcionalidad es simplemente la de monitorizar en todo momento la potencia disponible para adecuar el suministro a las capacidades de la instalación, y así evitar posibles sobrecargas. También pueden utilizarse para parkings públicos o compartidos para evitar que personas no autorizadas utilicen la toma para otros vehículos.Estas unidades externas pueden ser de potencias relativamente modestas, del orden de los 5 a 19 KW, para cargas moderadas (del orden de dos a seis horas), que suelen trabajar con alterna, trifásica la mayoría de las veces, y la función real de la carga la hace un circuito interno del vehículo, y que para este orden de potencia, ya necesita refrigeración líquida, incurriendo en ciertas pérdidas mayores que en la carga lenta. A veces, este tipo de carga, también conlleva la activación del circuito de refrigeración de la batería, con lo que las pérdidas suben debido al uso del refrigerador.Pero también hay unidades externas de potencias elevadas para recargas rápidas [6]. En estos casos, estos circuitos suministran potencias de más de 20KW, alcanzando los 62.5KW, en tensiones continuas de hasta 500V o más, con niveles de seguridad elevados, comunicación entre la unidad externa y la interna del vehículo, y otras capacidades, como el uso inverso: alimentar la red eléctrica a partir de la batería.Este tipo de cargadores de Nivel 4 (aunque en la literatura se catalogan a veces como Nivel 3) son los encargados de las recargas rápida, y en realidad, el cargador está en la parte de fuera, con su propio sistema de refrigeración. En estos casos, además, también se activa el sistema de refrigeración de las baterías, pues para cargas rápidas es absolutamente necesario, aunque el vehículo se recargue a temperaturas bajo cero. Los rendimientos caen en picado en estas circunstancias, motivo por el cual hace falta refrigeración. Además, el estrés eléctrico de las baterías es elevado, acortando la vida útil de las mismas en caso de abuso de la recarga rápida, debido al calor generado, entre otros motivos de envejecimiento.Para cada uno de los casos, hay diferentes estándares de conector. El último se ha tomado de la más avanzada infraestructura japonesa, y se llama CHAdeMO [7], aunque hay otras variantes, y no todos los fabricantes, como Tesla, se adhieren a este estándar de facto. De hecho, Tesla utiliza su propio estándar de hasta 120KW, ya que sus vehículos tienen autonomías más elevadas que el resto. Lo que está claro, es que hace falta un control de la carga por parte del vehículo en estas circunstancias, pues es la unidad de control y supervisión de la batería la que determina en todo momento la carga que ésta es capaz de aceptar. Y eso implica un estándar de comunicación para que este cargador externo se adapte a las necesidades del coche y su batería en cada momento. Esta comunicación pasa invariablemente por añadir pines a un conector con grandes terminales de corriente, y algunos pequeños destinados a la comunicación. Así pues, con los estándares y protocolos de comunicación hemos topado.Otro de los puntos poco vistos y habitualmente obviados muy intencionadamente de las discusiones sobre vehículos eléctricos, es toda la cacharrería auxiliar. Los coches modernos están rellenos de equipamiento como pavos el día de acción de gracias. Electrónica muy sofisticada para hacerlos más llamativos y añadir argumentos de venta, empezando por el obligatorio salpicadero, pasando por el infotainment, navegadores, Head Up Displays, ABS, elevalunas eléctrico, lunetas térmicas, climatización multizona, asientos eyectables, lanzadores de misiles y el supernecesario rayo láser. Y luces, muchas luces.Todo este equipamiento va alimentado eléctricamente, por supuesto. Incluso dos elementos que en los coches térmicos no lo están, como son la dirección asistida (que las hay eléctricas en coches térmicos, nada nuevo), y el servofreno.Casi todos estos añadidos van alimentados a los habituales 12 V de la batería. Algunos se controlan directamente, otros con el contacto, otros no. La climatización, en un vehículo eléctrico, no funciona a partir de los 12V de la batería, si no directamente de la batería principal. Al fin y al cabo, mantener ésta en óptimas condiciones térmicas es un asunto de importancia máxima, de seguridad, y pasa por encima del conductor y su voluntad.Así pues, hay un elemento necesario en estos vehículos, para pasar energía eléctrica de la batería principal de alta tensión (High Voltage o HV) al circuito de baja tensión, comúnmente conocido en el sector como KL30 (Klemme en alemán, Clamp en inglés). El número es el identificativo de cierta borna, estandarizado a nivel internacional. KL30 es la borna positiva de la batería de los coches normales, los 12V (que en realidad están entre 13 y 15). KL31 es la borna negativa, habitualmente el chasis o la carrocería metálica. KL15 es el contacto.Dado que por ley, las líneas de HV no pueden estar en contacto eléctrico con ninguna de las KL mencionadas, hace falta un aislamiento galvánico entre estas. Eso implica volumen, peso, y ‘bajo’ rendimiento (80 – 95%) en un aparato conocido como conversor DC/DC. Su función es pasar la tensión continua de la batería principal a la tensión continua de la red secundaria [8].Y aquí se vuelve a liar la cosa. Volvemos otra vez a las pérdidas por resistencia eléctrica, como se comentó en las primeras entradas de esta serie.En la red secundaria hay algunos elementos de potencia que consumen mucha corriente: luces (55W cada bombilla de los faros delanteros), lunetas térmicas (150W la trasera, menos los retrovisores, entre 100 y 300 el parabrisas que lo llevan), asientos calefactables, motores varios (ventiladores del sistema de climatización, retrovisores ajustables, puertas que se abren y cierran), limpiaparabrisas, elevalunas eléctricos, mechero, ventiladores del radiador, aunque en eléctricos puros son pequeños, bombas de circulación del líquido refrigerante, servofreno, dirección asistida, asientos ajustables eléctricamente, etc.Los requerimientos de potencia en la línea de KL30 suelen estar en el orden de 1,5 a 3,5 KW de potencia (hasta 300 A a 14V), más o menos del mismo orden que los sistemas de aire acondicionado, que pueden llegar a 4,5 KW en vehículos grandes.Estas condiciones implican pérdidas grandes, pues volvemos a  trabajar con corrientes similares a las requeridas para el motor principal, del orden de los 300 A. Pero en estos casos, las pérdidas son mucho más representativas, pues puede ser un % muy elevado debido a la baja tensión.Así pues, hace ya varias décadas, los grandes fabricantes empezaron a trabajar en alternativas, y se encaminó bastante una solución a tensiones más elevadas, del orden de 42 a 48V [9]. Ese camino se cerró debido a los inconvenientes de la migración y a que la irrupción en Japón de los híbridos cambió el panorama. Máxime con la aparición de la chapuza esta que llaman Start&Stop.Dado los apaños y problemas de este último invento, muchos, múltiples, variados, y sobre todo, costosos, se ha retomado el asunto de las tensiones elevadas para KL30.Como de costumbre, los que llevan la batuta son una vez más, los teutones. Y éstos están trabajando con tensiones de 48V para reducir las pérdidas y los problemas en diferentes apartados de elevado consumo, especialmente para los sistemas Start&Stop, que también se utilizan en los híbridos.A esta línea se apuntaría todo aquello que requiere un consumo elevado: motores y suplementos térmicos. La electrónica de a bordo quedaría generalmente excluida, aunque no se descarta. Esto nos deja el panorama nuevamente dibujado con más conversores DC/DC, para dar soporte a dos líneas de alimentación (48V y la clásica KL30).Pero no se vayan todavía, que aún hay más. Si, si, no nos basta con una batería de 48V para arrancar el diesel del híbrido o para encender las luces o para la luneta térmica, no. Hay que añadir la seguridad de a bordo. Es obvio que si un vehículo eléctrico se queda sin batería por múltiples razones, pongamos por ejemplo, porque ésta ya no tiene carga debido a que no la hemos recargado, o a que ha envejecido, el vehículo no nos debe dejar tirados en medio de la carretera, sin frenos, sin dirección.Así puestos, la dirección asistida, así como los servofrenos, deben tener su propio circuito de seguridad. Y eso pasa por trabajar a tensiones bajas, puesto que los contactores de la batería HV pueden fallar, es más, se deben asegurar que en caso de avería, se corta el suministro de HV. Pero no se puede cortar la alimentación al servofreno, ni a la dirección asistida, que deben contar con un sistema alternativo de alimentación de seguridad, que bien puede ser la batería de 48V.Pero es que el servofreno [10], además, es complicado si queremos aprovechar una frenada para regenerar la carga en las baterías. Debe ser capaz de aplicar frenada regenerativa en la cantidad que la batería HV acepte, y si es necesario frenar más fuerte, entonces debe añadir la cantidad necesaria de freno ‘normal’ (de tambor o de disco, vamos). Incluso en una misma frenada, con la batería vacía derivará la máxima energía a recargar la batería probablemente sin necesidad de activar el freno normal, pero con la batería llena, la debe hacer toda con el freno normal, aunque el conductor no note la diferencia.Y frenar con los discos o frenos de tambor, requiere bastante energía. Para hacer una prueba, basta con frenar un coche térmico con el motor parado. Especialmente si es un diesel grande. Y entonces, hay que arrancar el motor. Se nota exageradamente cómo el pedal del freno se hunde, como el vehículo se frena más (se nota especialmente en una cuesta abajo) con menos presión. Eso se debe a que el servofreno sólo actúa con el motor encendido. Pero si no hay motor encendido (un eléctrico o un híbrido, ojo), entonces este servo lo debe aplicar el sistema de frenado, con su consumo correspondiente.¿Sencillo? Pues compliquémoslo. Pongamos dos o tres o cuatro motores, cada uno con su inverter. Esto tiene ciertas ventajas: se pueden poner los motores dentro de las mismas ruedas, con lo que el espacio ocupado es mínimo. Al ser estos motores de menor potencia, el rendimiento generalmente tiende a subir ligeramente. Y lo mejor de todo: tenemos control absoluto sobre cada rueda. Es decir, tenemos la capacidad de controlar totalmente lo que tracciona y/o frena cada rueda. Esta es exactamente la base de los controles de estabilidad [11], aunque los actuales están limitados sólo a controlar las potencias de frenado, e indirectamente, la capacidad de tracción en las ruedas motrices frenándolas, si bien generalmente el control de estabilidad actúa sobre todo en frenadas.Ahora, el control puede ser mucho más amplio y aplicarse también con mejores efectos en pavimentos muy deslizantes para la tracción, por ejemplo, sobre nieve, hielo, grava. En los países nórdicos, justo donde las baterías duran más, esto puede llegar a ser de la máxima importancia.Sin embargo, ahora ya no sólo tenemos un inverter que responde a los pedales de acelerador y freno, si no que hace falta alguien que reparta las órdenes de aceleración/frenado a cada rueda independientemente, a partir no sólo de los pedales, sino también de los sensores de rotación de las ruedas (los que usa el ABS, y que en un vehículo eléctrico viene con el motor pues es básico para que el inverter funcione con el máximo de rendimiento) y de los amortiguadores para el ESP. Es decir, hace falta otra unidad de control especializada en ABS/ESP que haga las veces de diferencial (o diferenciales) electrónicos.Este aparato en concreto además de ir por duplicado como pasa con los inverters (y los ABS), tiene que trabajar con algo más complejo que las transformadas geométricas de Park: trabaja con los filtros de Kalman [12], Wiener-Kolmogorov [13], sistemas de control H2 o H-infinito [14]. Más  mates, más complejidad, todo en tiempo real.Volviendo a la realidad más habitual, dejando de lado las complicaciones matemáticas, hay algunos puntos todavía por atar en los vehículos eléctricos puros: el subsistema de seguridad o de respaldo, basado en una batería extra, de baja tensión, con todo lo necesario para mantener el funcionamiento de seguridad del vehículo en caso de emergencia, tal y cómo se ha comentado antes, son la electrónica de supervisión necesaria (control de la batería, conversor DC-DC, dirección y freno asistido, algún sistema de indicación), y sobre todo, el método o sistema de detección de problemas.Éste es un añadido a todos los sistemas que integran el vehículo y que forman parte de la cadena de HV del mismo, y consta de partes físicas o Hardware, y partes lógicas o Software (HW, SW respectivamente). Hemos visto algunas de las partes SW: el sistema redundante con procesadores dobles y supervisión de los resultados, por ejemplo, el sistema de monitorización de las baterías, los contactores internos del pack de baterías, el ABS/ESP.Pero hay una parte HW muy importante, también repartida por todas partes hasta extremos curiosos, pero no por ello innecesarios. Uno de los clásicos es el llamado Interlock [15]. Un cablecito que está integrado en todos los cables grandes de HV del vehículo, que pasa por el pack de baterías, el inverter, el motor, el aire acondicionado y que sirve para detectar si alguno de estos cables se corta o alguno de los elementos se desconecta, como por ejemplo, cuando se cambia de batería.Una ruptura de la continuidad eléctrica en el cable implica que se debe cortar el suministro de HV en toda la circuitería, no sea cosa que alguno de los cables de HV proporcionase energía fuera de los parámetros establecidos, es decir, que hubiese un cruce, cortocircuito, y alguien o algo resultase dañado,  por ejemplo por electrocución, o que se iniciase un incendio. Este es uno de los sistemas de detección de accidente y supervisa uno de los parámetros bajo los cuales se debe cortar este suministro eléctrico. Hay más, como por ejemplo el sistema del Airbag.Hemos hablado de coches eléctricos, pero no de otra variante muy relacionada: los híbridos. En el fondo, es mezclar los dos tipos de motores, el ‘convencional’ de combustión interna, más uno (o varios) eléctrico, con un sistema de acumulación de energía eléctrica, y algo para gestionar dichos motores.Por la extensión de todo lo relacionado con los híbridos, vamos a dejar estos para más tarde. Sin embargo, el punto final en esta entrada debe incluir a éstos en las implicaciones que conlleva todo lo relacionado con cualquier vehículo eléctrico o híbrido: aún más electrónica para controlar qué motor y cómo funciona el vehículo en cada momento, también algunos extras como el control manual de tracción para seleccionar el modo de funcionamiento, por ejemplo, de un 3008 Hybrid4. Es decir, más complejidad aún.Hasta aquí una aburrida colección de extras y ‘gadgets’ asociados con el vehículo eléctrico y el híbrido. Una completa y pesada imagen de lo que implica semejante cambio de paradigma que refleja los recovecos y las complejidades a las que se enfrenta este nuevo tipo de motorización. Pero aparte de aburrir, hay que ver ciertas vertientes poco conocidas, muy relacionadas, y que significan un cambio de tercio en este texto bastante importante.Veamos. Supongamos que el motor eléctrico tenga una capacidad para ser fabricado correctamente y bien a la primera (en el mundillo, First Pass Yeld, FPY para los amigos, que significa ‘pasa a la primera’) del 99%. La posibilidad de que no pase, a nivel matemático, se expresa en tanto por uno, o 0.99 [16].Si suponemos que el inverter asociado tiene una FPY del 98%, el resultado combinado de unir ambos en un vehículo, es del 0.99 * 0.98 = 0.9701 o 97.02% de FPY.En breve: cuanto más chismes metamos, es decir, a más complejidad, más piezas malas y problemas vamos a tener.En la industria electrónica, lo habitual de un aparato electrónico está alrededor del 99%, aceptando un mínimo del 98%, y siendo malo cualquier cosa por debajo del 97%. Crítico o pésimo si no llega al 95%, que muchas veces genera gabinetes de crisis. Con esto en mente, los fabricantes prueban todo lo que fabrican, miran de reparar lo que pueden, y si consiguen sacar un 99% o más de piezas que fabrican sin problemas, entonces fenomenal. Así calculan para la producción y para tener beneficios, márgenes de 97% mínimo, cargando el 3% más al coste de producto bueno vendido el importe de lo que no da bueno a la primera, de las reparaciones o retrabajos, y del rechazo o scrap.Dado que las baterías, así como otros elementos, especialmente en sus primeras etapas en que suelen ser más complicados, tienen posibilidades de fallo peores del 98%, el precio sube correspondientemente. Por tanto, que sólo salga, pongamos, el 80% de lo que se produce, el resultado es la quiebra, la bancarrota. Todo lo que baje del 97% final es un problema para el fabricante de primera magnitud.En resumen de todo este largo texto: los vehículos eléctricos tienen que ser más caros porque son más complejos, tienen más piezas que pueden fallar, más mínimos de Liebig, más problemas de fabricación, más inversión, más complejidad, que redundan en una menor vida útil, menor rendimiento, menor fiabilidad, menor autonomía (fruto de minimizar baterías y reducir rendimiento), y en general, más problemas, y éstos más fatales. Aunque tengan menos mantenimiento, éste suele pasar por cambiar piezas caras (como las baterías), sin posibilidad real de reparación.Ahora supongamos que hacemos un pack de baterías con cien celdas (360V, algo habitual) con un FPY del 99% unitario. Las baterías no son el elemento más fiable, y obtener un 99% de celdas en el mercado que sean buenas al final del primer mes de funcionamiento, es algo bueno. Si calculamos el resultado para el pack completo es de 0.99100 = 0.366 o 36.6%. ¿Lo subimos a 200 celdas?[1] - http://en.wikipedia.org/wiki/Battery_balancing [2] - http://en.wikipedia.org/wiki/Variable-frequency_drive [3] - http://en.wikipedia.org/wiki/Vector_control_%28motor%29 [4] - http://www.infineon.com/cms/en/product/microcontroller/32-bit-tricore-tm-microcontroller/aurix-tm-family/channel.html?channel=db3a30433727a44301372b2eefbb48d9  [5] - http://cleantechnica.com/2013/05/09/bosch-introduces-sub-450-level-2-car-charger/ [6] - http://en.wikipedia.org/wiki/Charging_station [7] - http://en.wikipedia.org/wiki/CHAdeMO  [8] - http://en.wikipedia.org/wiki/Forward_converter  [9] - http://en.wikipedia.org/wiki/42V  [10] - http://es.wikipedia.org/wiki/Servofreno [11] - http://en.wikipedia.org/wiki/Electronic_stability_control  [12] - http://en.wikipedia.org/wiki/Kalman_filter  [13] - http://en.wikipedia.org/wiki/Wiener_filter[14] - http://en.wikipedia.org/wiki/H_infinity[15] - http://en.wikipedia.org/wiki/Interlock[16] - http://en.wikipedia.org/wiki/FPY
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Renovables y capitalismo

The Oil Crash - 28 August, 2014 - 12:28


Queridos lectores,

Dada la complejidad y extensión del post de hoy, he creído oportuno estructurarlo en cuatro partes para facilitar su lectura, a saber: Introducción, energía y capitalismo, el papel de las renovables, y conclusión.

Comencemos por el principio.

Introducción
La crisis energética ha comenzado ya; no es una cosa que vaya a pasar en un futuro incierto, sino que es algo que se está desarrollando ya. El petróleo crudo convencional ya está escaseando, como reconoce hasta la Agencia Internacional de la Energía. Los malos sucedáneos de petróleo (lo que incluye la burbuja del fracking, los petróleos extrapesados, los biocombustibles, etc) con los que estamos disimulando la caída del crudo están a punto de empezar a retroceder también, debido a que las grandes compañías petroleras están ya desinvirtiendo en tan ruinosos proyectos. Muchos países que dependían de sus exportaciones de petróleo para mantener presupuestos desequilibrados están colapsando, creando una generalizada inestabilidad geopolítica que conduce a revueltas y a guerras, síntomas de un estado global cada vez más caótico. Se multiplican los síntomas que apuntan a una recesión global, mientras un año más el mundo está consumiendo más líquidos del petróleo de los que produce, tirando de los almacenes en un desesperado intento de hacer creer que todo sigue igual cuando en realidad el mundo cambió hace ya casi un década.


La separación entre consumo (línea negra) y producción (curva sombreada en gris) pasado de los excedentes de los años 70 y principios de los 80 a un déficit que cada año es mayor, siendo especialmente significativo en la última década.

No es sólo el petróleo: el cenit del uranio no está tan lejano y algunos estudios apuntan a que el uranio podría ser el segundo combustible no renovable en llegar a su máximo productivo y empezar a declinar, tan pronto como 2015, es decir, el año que viene. Las perspectivas para el gas natural no son mucho mejores: su cenit se sigue esperando hacia 2020, incluso contando con el shale gas. Y en cuando el carbón, aunque su declive sea más lento, también se espera que su producción llegue a su máximo entre 2020 y 2030. Como explico en las charlas, de acuerdo con el Energy Watch Group se espera que el pico conjunto de estas cuatro materias primas energética no renovables, que representan el 92% de toda la energía primaria consumida en el mundo, se produzca hacia 2018. 

Dada la gravedad de lo que estamos discutiendo, que al final no sea el 2018 sino el 2020 o aún el 2025 es completamente irrelevante, aunque me temo que hasta que no se constate el pico productivo seguiremos perdiendo tiempo en intentar acertar la fecha exacta del comienzo del declive. En realidad no hay un gran motivo para el optimismo, puesto que la explotación del resto de materias primas requiere de grandes cantidades de petróleo, con lo que nuestro futuro estará fuertemente condicionado por la disponibilidad del hidrocarburo que impulsa la mayoría de nuestra maquinaria. Encima, el grado (concentración de mineral) de la mayoría de las vetas de los metales que explotamos está decayendo rapidísimamente. Tomemos, por ejemplo, el oro. SRSrocco report nos ofrece esta gráfica sobre el grado promedio de las minas de oro que explotan las cinco mayores compañías del sector:



Lo grave no es que hoy en día se esté extrayendo sólo 1,20 gramos de oro por cada tonelada procesada, o que la concentración haya caído un 29% en ocho años; lo verdaderamente grave, como nos muestran en esta otra gráfica, es que lógicamente el consumo de combustible para extraer este oro se ha disparado:




No sólo está pasando con el oro; pasa con el cobre y con tantos otros minerales estratégicos. No sólo es la cuestión financiera: es que las vetas son cada vez de menor riqueza, de menor grado. Y por tanto su explotación también requiere cada vez más energía.

Es por tanto lógico el creciente interés por el problema energético, porque es un problema actual, que se está agravando bastante deprisa y que está llevando a peligrosas derivas. Encima, es la causa no reconocida por la que esta crisis no acabará nunca. Necesitamos conseguir más energía y la necesitamos ya, si nuestro sistema económico y financiero tiene que sobrevivir.


Energía y capitalismo
Como ya hemos explicado muchas veces, el capitalismo es un sistema económico que, entre otras características, tiene la de necesitar el crecimiento indefinido, so pena de entrar en una espiral de destrucción económica. La mayoría de las crisis hasta ahora han sido crisis de demanda: la demanda de los consumidores no podía subir tan rápido como la oferta del sistema productivo, la cual había aumentado excesivamente (sobrecapacidad) porque se había invertido demasiado, pensando en unas expectativas de crecimiento del consumo no realistas. Sería el caso, por ejemplo, de la burbuja inmobiliaria cuyos efectos en España aún estamos padeciendo. Sin embargo, estamos ya adentrándonos en un nuevo tipo de crisis, que por lo poco frecuente que es no somos capaces de reconocer, entre otras cosas porque nos obligaría a revisar todas las políticas económicas: es la crisis de oferta. El problema no se origina porque el consumo no puede seguir a la oferta, sino porque la oferta no puede incrementarse por problemas concretos. Yendo a nuestro caso particular, la crisis de oferta se produce por tener una cantidad insuficiente - para crecer - de determinados tipos de energía difícilmente sustituibles por algún otro tipo disponible y más abundante; más concretamente, esta fuente difícil de sustituir y que no crece como nuestro sistema económico es el petróleo. Las crisis de oferta normalmente cursan bajo la forma de sucesivas oleadas recesivas seguidas de periodos de estanflación - y éste es probablemente el curso que estamos siguiendo ahora mismo, como se confirmaría si finalmente se cumplen los peores presagios de que hacia finales de este año o principios del año que viene se va a producir una nueva oleada recesiva a escala global.

Contrariamente a lo que piensa la mayoría de los economistas mainstream, la energía no es una mercancía más, sino la precursora de la actividad económica, y siempre lo ha sido. Es fácil de entender por qué: energía es la capacidad de hacer trabajo útil (propiamente, tendríamos que hablar de exergía aquí). Con ese trabajo útil que nos proporciona el consumo de energía de fuentes diversas podemos producir bienes y servicios, que son el sustento de la actividad económica. En las sociedades neolíticas, la energía la proporcionaban los alimentos y las máquinas encargadas de transformarla en trabajo útil eran los músculos, primero humanos y luego animales. A medida que la civilización fue progresando, se fueron incorporando nuevas fuentes de energía, cada vez más exosomáticas (=de fuera del cuerpo) y cada vez más potentes, hasta el punto de que en la actualidad el peso económico de la energía endosomática (=de dentro del cuerpo) es prácticamente despreciable en el conjunto de la producción mundial de bienes y servicios, tan grandioso como es ahora.

La llegada del capitalismo introduce un incentivo sin precedentes a la producción. No es que el capitalismo sea per se productivista, pero la necesidad de retribuir al capital por el simple hecho de ser (el interés asociado a cualquier préstamo) lleva a su crecimiento exponencial. Por supuesto no todos los préstamos llegan a buen puerto y en algunos casos se pierden intereses y a veces hasta parte o todo el principal (capital prestado), pero a pesar de ello el conjunto del capital se va expandiendo y a un ritmo que aunque menor que el del interés sigue siendo exponencial.

El gran desafío del capital desde las postrimerías del siglo XX y los albores del siglo XXI es encontrar suficientes oportunidades de inversión para continuar expandiéndose, como necesita dentro de nuestro sistema económico. En un mundo donde los recursos naturales están comprometidos (como hemos explicado en la introducción), donde las externalidades (costos de la actividad industrial que no se contabilizan, que se endosan a otro) ambientales son cada vez más graves, y donde la población ya no puede crecer mucho más, se busca y se rebusca incluso en la basura negocios cada vez más dudosos donde invertir. Es en parte por eso que se ha hinchado la burbuja del fracking, cuyo estallido probablemente coincidirá con (y quién sabe si la causará) la próxima oleada recesiva en ciernes; y es por esta desesperante falta de crear nuevas oportunidades de inversión que se reedita la enésima burbuja inmobiliaria global, con los previsibles y reiterados funestos resultados. 

El mundo está ya lleno y no puede expandirse más, no tiene base material para crecer en un nuevo ciclo expansivo. Si tuviéramos un suministro muy barato y prácticamente ilimitado de materiales aún podríamos crecer, poniendo a punto sistemas de captación de energía renovable que ahora mismo no son rentables por su baja TRE. Y si tuviéramos un suministro muy barato y prácticamente ilimitado de energía podríamos extraer materiales en menas de baja concentración o incluso sintetizar fibra de carbono y otros compuestos a partir del aire. Así que en un mundo donde las oportunidades de inversión escasean, disponer de abundantes materiales o abundante energía permitirían recomenzar la expansión que el capital necesita.

El papel de las renovables
Cuando se discute el papel de las fuentes de energía renovables en el futuro que nos espera, teniendo en cuenta la necesidad de ir abandonando las energías fósiles y el uranio que ya están en fase de retroceso o a punto de comenzarla, se suele uno encontrar un determinado tipo de argumentos, que justifican la pobre expansión de las renovables debido a un cierto acoso del lobby del petróleo o de las eléctricas tradicionales, las cuales según ellos tienen miedo a la expansión de la energía renovable porque pondrían en peligro su negocio tradicional.

El argumento de la persecución por parte de un poderoso y peligroso lobby criminal es atractiva porque bebe sus raíces de la narrativa mitológica heroica. Sin embargo, resulta bastante inverosímil, teniendo en cuenta el modus operandi habitual de las grandes compañías. Históricamente, nunca se ha descartado una fuente de energía por la irrupción de otra nueva fuente (ni tan siquiera se ha descartado la fuerza humana, usada aún como fuerza más o menos esclavizada en tantas sweat factories en el Lejano Oriente). Al carbón con el que comienza la Primera Revolución Industrial se le han ido añadiendo el petróleo, la hidroelectricidad, el gas natural y el uranio, y salvo en el caso de éste último (probablemente por culpa del accidente de Fukushima en 2011) las curvas de consumo han tenido siempre una tendencia creciente con pequeñas oscilaciones en torno a ella.
Datos elaborados con los BP Statistical Review, compilados en Flujos de Energía

La velocidad del ascenso en consumo de materias primas energéticas no siempre ha sido la misma, sino que tienen casuísticas particulares; por ejemplo el carbón se estancó claramente en la década de los 90 del siglo XX, para después re-arrancar con fuerza con el ascenso de la China primero y con la escasez de petróleo después. En todo caso, lo que se observa es una apilación de fuentes, no una sustitución. La energía es el motor de la economía y por eso mismo desde el comienzo del capitalismo siempre se ha consumido más y más.

Y justamente en este momento en que el petróleo comienza a escasear, justo en este momento que el consumo de energía per capita disminuye incluso en los EE.UU. (como ilustra la siguiente gráfica de Gail Tverberg),



justo en este momento ¿tendría algún sentido boicotear la implantación de nuevas fuentes de energía?

En realidad las grandes compañías del sector lo que siempre han hecho es irse diversificando; de hecho, la mayoría de las grandes compañías del petróleo tienen intereses en el sector nuclear y en el renovable. Un inversor inteligente nunca pone todos los huevos en las misma cesta, y dado que la energía tiene tanto valor económico es mucho más sensato integrar las nuevas fuentes que aparezcan (igual que se hizo con las anteriores) en vez de intentar arrinconarlas. Con más energía se pueden crear más productos y seguir la fiesta del crecimiento eterno. ¿Por qué, pues, arrinconar las fuentes renovables? Algunos dicen que porque el acceso a las mismas es más democrático y las grandes compañías pierden su hegemonía, pero eso no tiene demasiado sentido. Montar una gran instalación renovable requiere de demasiado capital inicial y eso supone una barrera de entrada para iniciativas demasiado populares; además, siempre se puede conseguir que el legislador regule de modo tal que las grandes compañías se apropien del pastel. Y si bien eso es algo parecido a lo que pasa en España, en el resto del mundo a la energía eólica y fotovoltaica no les va demasiado bien. Fíjense como la energía hidráulica, también renovable, fue integrada sin problemas desde el principio; y si creen que las otras renovables son más "democráticas", deberían pensar que la eólica requiere unas instalaciones también grandiosas y no al alcance de cualquiera. Queda la cuestión de la fotovoltaica, cuyos problemas no son privativos de España, como muestra el siguiente gráfico.

Fuente: EPIA. GLOBAL MARKET OUTLOOK FOR PHOTOVOLTAICS 2014-2018, página 21. Gráfica cortesía de Pedro Prieto.

Aparte de los ataques a la generación renovable en España, se está produciendo un fenómeno de desinversión a nivel de toda Europa, especialmente notable en Italia y Alemania. La fotovoltaica es especialmente difícil de rentabilizar, debido a su baja TRE, incluso en instalaciones domésticas, y después del entusiasmo de hace unos años se está abandonando, incluso en países donde no está perseguida legalmente. El caso de Alemania es particularmente curioso, porque se insiste mucho en ciertos foros en el gran éxito que está suponiendo la Energiewende en ese país, cuando la prometida transición no parece estar teniendo efectivamente lugar. Dejando de lado las críticas (a veces interesadas) al encarecimiento de la electricidad en Alemania, lo cierto es que Alemania se está apoyando cada vez más en el carbón, no en las renovables, para generar electricidad, como ilustra el siguiente gráfico: el 46% de toda la electricidad generada en Alemania proviene de quemar carbón. De hecho, en cifras absolutas la fuente de energía cuyo consumo está creciendo más en Alemania es el carbón (una trampa habitual es presentar las cifras relativas del crecimiento renovable, que son altísimas porque parten de cifras absolutas muy bajas; el carbón, con crecimientos percentuales más modestos, es sin embargo la energía cuyo consumo crece más en el país teutón).

Gráfico tomado del blog "The Automatic Earth", http://www.theautomaticearth.com/debt-rattle-aug-21-2014-oil-solar-dollars-and-fairy-tales/Y no se está quemando carbón de la mejor calidad: el que más se quema es lignito local, que es barato pero mucho más contaminante y productor de CO2 que otras variedades, simplemente porque los carbones nacionales de mayor calidad ya no están disponibles (el pico del carbón, nuevamente). Alemania no está sustituyendo la nuclear por renovables, sino por carbón del más sucio. ¿Por qué? Porque económicamente es más rentable, porque las energías renovables que se intentan implantar masivamente hoy en día (es decir, la fotovoltaica y la eólica) tienen muchísimas limitaciones que hemos discutido hasta la náusea en este blog (he creado un nuevo post con los enlaces a los artículos pertinentes) y esas limitaciones se manifiestan económicamente en forma de baja rentabilidad.


Y aquí está la clave de los problemas de la implantación renovable. No es un problema de persecución de las renovables por las petroleras o eléctricas malvadas. Pensar eso es una actitud infantil, una excusa del tipo que pone el mal alumno: "la profe me tiene manía". El capitalismo no tiene por qué descartar una fuente que le serviría a sus planes expansivos; lo que sucede es que estas fuentes son de bajo rendimiento y no le interesan, porque su rentabilidad anualizada sería muy baja o incluso negativa. 

Desgraciadamente, la mitología de la persecución renovable (alentada por los movimientos legislativos efectivamente represivos en España, de los que luego hablaré) sirve para crear peligrosas ficciones. Por ejemplo, hace poco he visto una "noticia" en medios españoles (como ya expliqué, no voy a poner ningún enlace explícito a diarios españoles) según la cual en Alemania se acababa de batir el récord de generación fotovoltaica, que equivalía a 20 centrales nucleares. Si uno va a la fuente real de la información, de la cual lo publicado en España es una mala traducción, se entera uno de que en el mediodía del 26 de Mayo de 2012 se produjo tal potencia, durante un período muy corto y poco recurrente (pues en Alemania la insolación es sensiblemente inferior a la que hay aquí, por latitud y nubosidad). Como comentaba Pedro Prieto, la noticia lo único que refleja es que la potencia fotovoltaica instalada en Alemania es muy elevada, pero de ahí a decir que equivale a 20 centrales nucleares media un abismo: las centrales nucleares tienen un factor de carga del 85% (es decir, la energía que generan al cabo del año equivale al 85% de su máxima capacidad) mientras que las fotovoltaicas se encuentran, en el mejor de los casos, en el 20%. Que en un momento concreto, el mediodía de un soleado sábado de finales de primavera, la mayoría de las placas solares del país funcionen a pleno rendimiento no quiere decir que lo hagan tan bien al mediodía del día siguiente, y mucho menos obviamente de noche. En realidad, se tendría que multiplicar por cuatro el número de tales placas solares y contar con buenas baterías (el gasto de las cuales disminuye la TRE, por cierto) para que realmente las placas alemanas pudieran equivaler a esas 20 centrales nucleares. En realidad, y como hemos visto, Alemania se está refugiando en el carbón mientras pretende estar haciendo una transición renovable. Lo triste del caso es que la noticia de Reuters es esencialmente una edición de un comunicado de prensa de la propia industria fotoltaica. Y lo esperpéntico de la noticia es que se publicita en medios españoles como logro reciente lo que en realidad salió publicado por primera vez hace dos años.
 
Se equivocan también quienes piden más investigación en renovables, pensando que de esa manera en tiempo razonable se va a mejorar su eficiencia y se conseguirá por fin vivir el sueño de mantener una sociedad capitalista, industrial y creciente impulsada con "fuentes limpias". Se equivocan porque no es que se haya investigado poco: llevamos unos 50 años de investigación sobre los sistemas actuales, y los principios básicos sobre los que se basan se conocen desde bastante antes. Y se sigue invirtiendo grandes cantidades en su desarrollo; si no se está progresando más es porque las renovables tienen límites como hemos explicado arriba, pero no queremos aceptarlo porque nos negamos a aceptar que en realidad lo que tenemos que cambiar es nuestro sistema económico, no las Leyes de la Termodinámica (cuando el primero en realidad sí se puede modificar y las segundas no). Y como nos negamos a aceptar cosa tan obvia, nos ensoñamos con el último anuncio del prototipo más reciente de dispositivo solar que promete rendimientos altísimos a costes muy bajos, perdiendo de perspectiva que la industria hace regularmente tales anuncios desde hace décadas y que los prototipos finalmente nunca dan el paso a la fase comercial por ciertos costes implícitos que en las noticias originales no se mencionaban, lo cual sirve para alimentar aún más teorías de la conspiración y otras paranoias para huir de la realidad.

Está, al final, el mayor problema de todos: nos falta energía para mantener nuestro sistema económico en buena salud, pero no todas las fuentes de energía son iguales, no son intercambiables. Y se habla mucho de electricidad, cuando en el caso de los países industrializados representa solamente un 20% del consumo de energía final (21% en el caso de España) y un 10% en el contexto del mundo. Necesitamos energía, sí, pero no electricidad.

El caso concreto de España, como muchas veces he comentado, ilustra muy bien los problemas de la presente concepción de los sistemas de generación de energía renovable. Con 108 Gw de potencia eléctrica instalada para un consumo equivalente a una potencia media de 32 Gw, en España no estamos necesitando mejorar la eficiencia en la producción de la electricidad, sino encontrar nuevas formas de aprovechar la electricidad. Pero no las estamos encontrando. El consumo eléctrico en España baja lenta pero inexorablemente (salpimentado con algún repunte puntual, como el ocasionado por la presente y efímera recuperación), porque la actividad industrial baja y la electricidad no está pudiendo sustituir al petróleo (recordemos que la caída de consumo de petróleo en España está cerca del 25%). No hay ni habrá coche eléctrico, ni mucho menos maquinaria pesada eléctrica. No hay substitución: la electricidad sirve para unas cosas y el petróleo para otras.

En este contexto, ¿qué está pasando? Pues que el Gobierno español se está plegando a las demandas de las grandes empresas del sector eléctrico, preocupadas por la caída de consumo y por tanto de ingresos, y está regulando de tal manera que está acabando con las pequeñas empresas e iniciativas particulares de generación de electricidad. No es sorprendente: esencialmente las grandes empresas están protegiendo su negocio porque no es un área en expansión, porque no se puede expandir, ya que no es la electricidad la forma de energía que manda sino el petróleo (21% vs 54% de la energía final en España). Este fenómeno, que parece idiosincráticamente español, se irá produciendo en el resto de países occidentales, porque en el fondo es un proceso de contracción del sector eléctrico. Sin embargo, todos los debates que insisten una y otra vez en la generación de electricidad como si se hablase de energía (incluso, que hablan de independencia energética poniendo el acento en la generación renovable) sirven para alimentar en la ciudadanía un resentimiento mal orientado, puesto que a pesar de lo reprobable de la actuación del lobby eléctrico el problema es más grave y más profundo.

Conclusiones
El problema de la generación renovable no tiene que ver con el miedo a la democratización del acceso a la energía, el temor de las grandes compañías a perder ingresos, o los intereses del lobby petrolero para que no haya fuentes alternativas. Aunque todos esos factores tengan o hayan tenido un cierto peso, el problema fundamental de los actuales sistemas de generación renovable, entendidos aquí como fotovoltaico y eólico, reside en sus limitaciones y su bajo rendimiento económico, que hacen imposible que el sistema capitalista los pueda integrar (como hizo en el pasado con la hidráulica) para seguir creciendo. Aquí reside la dificultad esencial, sin la cual ya se hubieran hecho las artimañas adecuadas para garantizar un mantenimiento del status quo que las integrara.

Es legítimo pensar que tenemos que invertir en estos sistemas de generación, a pesar de su escasa rentabilidad, como una apuesta para un futuro nada lejano en el cual el petróleo y el resto de fuentes de energía no renovable estarán en retroceso. Sin embargo, dentro de nuestro marco jurídico no podemos obligar a nadie a invertir en un negocio sin rendimiento, y debido a la contracción económica que genera la caída en disponibilidad de energía los estados tampoco tienen capacidad de asumir esta inversión. Los particulares podrían intentar formar cooperativas para impulsar estos proyectos, pero chocarían con dos dificultades esenciales: por un lado, su propia pérdida de renta disponible fruto del avance de la crisis; y por el otro la presión de las empresas del sector eléctrico que no querrían ver disminuir su negocio aún más deprisa y cuyos balances de resultados trimestrales no entienden de apuestas estratégicas con proyección a décadas vista. Por tanto, veo muy difícil llevar a término este tipo de proyectos sin una modificación esencial y fundamental de las reglas que rigen nuestro sistema económico y social, que tendría que ser fruto de una concienciación sin precedentes sobre la gravedad del problema planteado.

Pensando en el largo plazo, es incluso discutible que los sistemas de generación que estamos discutiendo aquí sean los más adecuados, puesto que están pensados para la producción de electricidad a gran escala para ser distribuida en una gran red eléctrica, cuyos altos costes la harán difícil de mantener en el futuro post-petróleo. Posiblemente la apuesta por sistemas más modestos, no centrados en la producción de electricidad, sería más adaptado a nuestras necesidades y posibilidades futuras, y al tiempo daría una vía para esquivar las dificultades señaladas en el párrafo precedente.

Salu2,
AMT
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