The Oil Crash

Contingut sindicat
La llegada al cenit de producción mundial de petróleo ha puesto a la economía contra las cuerdas. En este blog se analizan las noticias relacionadas con este tema y qué medidas se pueden tomar para remediar la carestía que viene.
Actualitzat: fa 15 hores 21 minuts

El Oil Crash a escala humana (I)

24 Abril, 2015 - 07:48


Queridos lectores,

Parroquiano nos ofrece este largo ensayo por entregas, sobre el significado de la civilización y el dinero en términos energéticos, y cómo nos acaba afectando a todos el declive energético. Espero que sea de su agrado.

Salu2,
AMT

El crash oíl a escala humana. I
Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!Groucho Marx
¿Han notado la fascinación que produce la hollywoodense frase un millón de dólares?...un millón de dólares… Si hacemos memoria, la locución ha sido repetida hasta la saciedad en cuanta película gringa se haya proyectado en nuestras pantallas y en esa banal repetición del enunciado (…un millón de dólares…) se patentiza no lo material y concreto del concepto, tanto como su componente mágico, fantástico y, si se quiere, sobrenatural. La cifra (un millón) seduce por lo  que insinúa, no por lo que compra…, la oración funciona igual para un millón de pesos, un millón de pesetas, de bolívares, soles, euros, libras, marcos…lo encantador de la frase trasciende los idiomas, las medidas y el valor objetivo de cada moneda, todos repitiendo embelesados el mantra mágico de la felicidad…un millón de dólares…un millón. Pero, ¿porque?Digamos, primeramente, que no es la primera vez en la historia que una cifra objetiva, sirve o se usa para designar otra cosa u otro concepto distinto a la propia unidad numérica que nominalmente representa; el diluvio duró 40 días y 40 noches, los israelitas vagaron por el desierto 40 años, Jesús ayunó 40 días, Ali Babá y los 40 ladrones… ¿lo van adivinando? sí, el número 40, en la antigüedad, era la forma para expresar el concepto de mucho o  incontable si se quiere; cuesta creer (y que nos haga reflexionar) que una cifra hoy tan básica, hace algo más de 2000 años tenía el valor casi de infinito. Hoy mismo, el número 7 es el número de la suerte por excelencia. Luego, para preguntarnos -y bien respondernos- qué se esconde detrás de esa cifra mágica (un millón) y como nos afecta en la actualidad de cara al fenómeno del peak oíl, primero debemos preguntarnos ¿qué es realmente el dinero?...puntualizo, energéticamente hablando, ¿qué es el dinero? Y para llegar a esa respuesta que, a su vez, será la base del análisis de los capítulos subsecuentes de este post, estimo que lo primero es un pequeño, pero necesario, recorrido por la historia primera del ser humano y el desarrollo primigenio de su relación con él dinero. A saber.El hombre aparece en la tierra en la primera fase de “hominizacion”, que se sitúa, temporalmente, alrededor de los diez millones de años atrás; preantropida e irracional, sus vestigios dicen relación con el Oreophitecus (Italia), Ramaphitecus (India) y el Keniaphitecus (África del Sur); no existen mayor información de esta etapa, y lo cierto es que muchos estudiosos del tema ni siquiera la consideran como efectivamente existente. Una segunda etapa se sitúa alrededor de los cinco millones de años atrás; a los homínidos que vivieron en esta fecha se les denominó, de forma general, Australopitecus, y constituyen, precisamente, el género anterior al género “homo”. Entre sus más famosos representantes tenemos al Australopitecus africanus y prometeus descubiertos ambos por Raymond Dart, en Taugs y Makapansgat, en el año 1925 y 1948 respectivamente; también el Plesianthropus Transvaalensis descubierto por R. Broom, en Sterkfontein, en 1936. Una tercera fase de hominización comienza con el descubrimiento del Homus Habilis (con lo que efectivamente se da inicio al género Homo) descubierto por Louis S. Leakey en Oldubai, Tanzania, al que se lo data con una fecha aproximada a los 1.8 millones de años antes de Cristo. Una cuarta fase la constituye la del homus erectus que nos acerca al año 500.000 a. c; dentro de este período encontramos el Pithecantropus Erectus, (Hombre de Java, descubierto en Trinil, Java, por Dubois en 1891) y el Sinantropus Pekinensis (Pitecantropus Sinensis, Hombre de Pekín, Black, 1929). Alrededor del año 200.000 a c se distingue la penúltima etapa de Hominizacion llamada Paleantropida, cuyos principales representantes fósiles son el homus sapiens Neardentalis (Hombre de Neanderthal), y  el homus sapiens neardantaloide, ya en pleno periodo Paleolitico. Por ultimo, nos queda la etapa Neantropida, donde el paradigma lo constituye el Hombre de Cro-Magnon, homus sapiens sapiens, el que se sitúa alrededor del año 35.000 a. c., y cuya capacidad craneana, es sensiblemente parecida a la del hombre moderno, y que por lo mismo se constituye, precisamente, en su referente inmediato. Bien, durante el Neolítico (10.000-3000 a. c. aprox.) los hielos glaciares se desplazaron lentamente hacia los Polos, las tundras y las estepas se convirtieron en bosques frondosos…estas mejoras en las condiciones climáticas dan lugar a la primera y posiblemente una de la más significativa revolución social que ha conocido de la humanidad, comparable solo con la anterior conquista y manipulación del fuego. Ella establece los cimientos de toda la expresión económica subsiguiente, hablamos el nacimiento de la domesticación de la planta y el animal, origen de la agricultura y la ganadería respectivamente; lo que junto a la conquista de la metalurgia, hace finalizar la etapa de “economía de apropiación, basada en la caza y la recolección como actividades principales, para dar paso a la “economía de producción”. Lo anterior, a su vez, tendrá consecuencias directas en la vida desarrollada a partir de dicha etapa y que nos alcanza hasta hoy; pasamos de una vida nómada a una vida sedentaria, nacen  los asentamientos urbanos estables…es el inicio estructural de las primeras ciudades. Pareciera ser que el primero de los dos fenómenos en desarrollarse fue el de la ganadería; por un lado estaba referido a seres vivos con una vitalidad más cercana a la humana, como es el caso de los animales, y por tanto más fácil de conocer y asimilar, que la vitalidad inherente a los vegetales, más lejana a nuestra propia forma esencial. Por otro lado, el pastoreo o ganadería, se acomodaba mejor a la primitiva forma de vida nómade del hombre prehistórico; mismo que estaba obligado a recorrer, con sus animales, distintas comarcas en busca de los pastos que les servían como alimento. Sin embargo, esta vida nómada, implicó que mucho de esos pueblos quedaran rezagados en su desarrollo en favor de quienes ya comenzaban a asentarse a su lado…los pueblos agrícolas.                       Es con la agricultura con que el hombre, derechamente, comienza a afianzar su espíritu civilizador. Entre otras razones tenemos que el fenómeno de la agricultura implica por primera vez el sedentarismo absoluto; lo anterior, toda vez que, por un lado,  el agricultor debe esperar indefectiblemente la recolección de su cosecha; por otro lado, porque ya no dejará las tierras que considere buenas o aptas para el cultivo. Esto último supuso la construcción de viviendas permanentes; actividad necesaria puesto que las cuevas, en las que antes se cobijaba, no siempre coincidirán con el lugar donde se encuentran las tierras de cultivo. Lo anterior, obviamente, evolucionó progresivamente en la misma medida en que el hombre se asentaba más fijamente en una localidad, y esa localidad, por su ubicación geográfica, o la especial característica de fertilidad de sus tierras, permitía el sustento de una mayor cantidad de personas, mismas que también contribuían a su defensa. Luego, esos asentamientos, derivaron naturalmente en el poblado y en la aldea como primeros núcleos urbanos. El nacimiento de la ciudad (y si se quiere del reino y el imperio posteriormente) como una nueva etapa histórica, estaba a la vuelta de la esquina. Decir que el concepto de propiedad territorial, que decantó del fenómeno de la agricultura, se perfeccionó y amplió en la medida en que las grandes ciudades se volvieron más importantes y permanentes. Por último, una tercera conquista vino a complementar las dos anteriores, y aunque su efecto civilizador, en principio, no fue tan evidente como el de la domesticación y la agricultura, fue la que terminó por perfilar la base técnica con la cual el hombre se planteaba ante esta nueva etapa de desarrollo humano: la metalurgia.Pero, se preguntaran ustedes amigos lectores ¿de qué manera conectamos este resumido relato prehistórico con el peak oíl?...paciencia, para allá vamos. Digamos que lo trascendente de cambio anterior (fuego, ganadería, agricultura, metalurgia…y observemos ya el detalle que las tres primeras de las cuatro patas del banco civilizador son manifestaciones físicas de energía concentrada) es que, al pasar el hombre de una economía natural de “apropiación”, básicamente dada por la recolección y la caza, a una economía artificial de “producción”, dada por la ganadería y la agricultura; aparece un nuevo elemento en el desarrollo de la humanidad, y que será factor clave en todo su progreso futuro y hasta nuestros días, hablamos del “excedente”… padre de la riqueza, hermano del dinero y aunque cueste creerlo, bisnieto de la batería de ion de litio…y es ahí donde quiero llegar…el excedente, definido como “lo que resta una vez suplidas las necesidades del individuo”, es lo que permite al hombre, por primera vez, invertir energía ya no en “mantener” sino en “desarrollar”. Energéticamente, el excedente, no es otra cosa que energía sobrante, excesiva y/o vacante.Así, en la medida en que se “producía” las relaciones humanas dentro de la comunidad se fueron complejizando, toda vez que el “excedente”, al que ya hicimos referencia, permite ocupar parte de la población en tareas específicas; o sea permite, sin poner en riesgo la supervivencia de la comunidad, una especialización mayor. La importante consecuencia subyacente de lo anterior es la conquista del tiempo. Al escapar de la sobrevivencia, como actividad diaria y necesaria, lo mejor y mayor de las capacidades humanas se invierten en “producir”; pero luego, cuando ya la producción misma no necesita de la dedicación, ni física ni intelectual, que requirió en sus comienzos, lo que el hombre comenzó a “producir” fue “tiempo”, el que se tradujo a su vez en la “acumulación”, con el que nace definitivamente el concepto de riqueza. La acumulación y la riqueza a la que hacemos referencia tuvieron dos expresiones concretas, una, por cierto, más evidente que la otra. Por un lado la acumulación de riquezas en el puro orden material, granos, tierras, joyas, metales preciosos, rebaños, telas y esclavos. Pero por otro lado se dio también, aunque de forma mucho más sutil la acumulación de conocimiento, eclipses, ciclos climáticos, medicina etc., siendo ambos en definitiva los que ayudarían al fenómeno de la acumulación de poder. Ahora, volviendo sobre el tema, ¿De qué manera se manifestó ese excedente energético en los albores de la civilización?, pues bien, primigeniamente en la cosecha y el rebaño. Particularmente, el segundo, sin mucho esfuerzo, podemos considerarlo la primera “batería energetica” con que contó la humanidad, energía envasada, movible, transferible, constante y utilizable según las necesidades de su propietario. Desde una perspectiva concreta de la vida y de la energía, y particularmente de la vida en aquel periodo, podemos decir que fue el trueque fue la primera forma de intercambio energético, traslado o transferencia energética, que no refiriera al trabajo mismo del hombre (o al propio hombre). Esta primera forma de intercambio del excedente energético, el trueque, la permuta de bienes materiales tangibles, estuvo condicionada por su tiempo histórico; frente a seres de experiencia concreta, con elementos particularmente reconocibles, una primera ventaja de este intercambio energético  era la certeza de la transacción ej. Energía de alimentos por energía de las pieles, las primeras llamadas a cubrir nuestro déficit interno de energía (hambre) y las otras llamadas a paliar la pérdida exógena de energía (frio), que en aquellos tiempo y (aunque nadie quiera admitirlo) hoy mismo, un nivel crítico en cualquiera de ellas lleva a una muerte segura. Con la ventaja de la certeza, el trueque, también incubaba la desventaja de la limitación, la que no tardó en hacerse presente, en la misma medida en que se complejizaba la sociedad que utilizaba dichos mecanismos de trasvasije energético. Luego, las dificultades inherentes al trueque, llevaron a la utilización de diversos bienes –particularmente, aunque no primeramente, metales- para facilitar los intercambios. Estos bienes convertidos en instrumentos generales de cambio se convirtieron en las primeras formas de dinero. Decir que a lo largo de la historia, se han utilizado muchos tipos de bienes como medios generales de pago; se ha buscado bienes con un valor estable, de alto valor en relación con su volumen y disponible en cantidades suficientes a las exigencias. También se ha exigido que sean bienes fácilmente almacenables, que puedan ser transportados sin dificultad, divisibles, inalterables y no perecederos. En los primeros casos de comercio con dinero, la mayor utilidad y fiabilidad de los bienes para ser reutilizados y vuelto a intercambiar (su comercialización), determinaron su elección como objeto de intercambio. Así en las sociedades agrícolas, los bienes necesarios para la producción de cereales de una forma eficiente y cómoda eran los que más fácilmente adquirían significación monetaria en los intercambios directos. Pero, como dijimos, en la medida que las necesidades básicas de la existencia humana fueron satisfechas, se incrementó la división del trabajo que a su vez permitió crear nuevas actividades para el uso del tiempo y resolver problemas más avanzados. Conforme las necesidades de los pueblos se volvieron más refinadas, se hizo más necesario el intercambio de modo indirecto, de la misma forma la separación física de trabajadores especializados (oferentes) de sus posibles clientes (demanda) requería el uso de un medio común a toda la comunidad, para facilitar un mercado más amplio.   El historiador griego Heródoto atribuye la invención moderna del dinero a los habitantes de Lydia, un pueblo del Asia Menor ubicado en las costas del Mar Egeo, entre las costas de las actuales Grecia y Turquía. Allí, en el Siglo VIII antes de Cristo, se hizo circular monedas hechas de una aleación de oro y plata que llevaban la imagen de un león que era el símbolo del pueblo. Por su parte la palabra "moneda" deriva del latín "moneta", que era el apodo de la diosa Juno, porque en su templo de Roma se acuñaban las monedas. De hecho, durante el Imperio Romano se empezó a acuñar una única moneda, igualando los tamaños, pesos y valores de todas las monedas existentes, y prohibiendo la acuñación de monedas por parte de individuos particulares, debido a que esa actividad era un monopolio del Estado. En tanto, la palabra "dinero" deriva del latín denarium, que era una moneda utilizada por los romanos para realizar actividades comerciales.  La historia indica además que el personaje que más ayudó a diseminar el uso de las monedas de metal fue el Rey de Macedonia, Alejandro Magno, quien desde el año 335 Antes de Cristo, impuso el sistema de acuñar monedas en Persia, Mesopotamia, Siria, Egipto y en varios territorios que hoy forman parte de Turquía, Afganistán, Pakistán y la India. Después de su muerte, en esos territorios se continuó con la práctica de acuñar monedas y, muchas de ellas, con el busto del propio Alejandro Magno.  Ttambién en China hay evidencia del uso y la acuñación de monedas durante la dinastía Chou, que gobernó por cerca de un milenio hasta el siglo tercero antes de Cristo. En las ruinas excavadas se han encontrado monedas de cobre de forma circular, con un agujero cuadrado en el centro. Igualmente, fue en China donde se usó por primera vez el papel moneda, lo que ocurrió en el Siglo IX. Su valor era garantizado por el oro y la plata del gobierno, y su gran ventaja era que no era tan pesado como las monedas. En Europa, el papel moneda apareció en el siglo XVI y su valor dependía de los depósitos en oro que poseía cada país que lo emitía.…ahora bien, para continuar, ya definido el excedente desde un punto de vista energético como energía vacante…pregunto, desde ese mismo punto de vista, ¿qué es realmente el dinero?






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El momento político

16 Abril, 2015 - 23:36
Imagen de http://www.truthdig.com/report/item/mccutcheon_vicious_cycle_of_concentrated_wealth_political_power_20140405
Queridos lectores,

Este decisivo año 2015 va transcurriendo según lo previsto. Durante varios meses los medios de comunicación han vivido en una confusión favorecida por el Departamento de Energía de los EE.UU., que mostraba una sorprendente subida de la producción de hidrocarburos líquidos en ese país mientras que el número de pozos activos allí disminuía sin cesar. Sólo recientemente se ha podido comprobar que aquellas subidas eran sólo proyecciones hechas con un modelo de la EIA, y que cuando se han tomado datos reales (presentados con tres meses de retraso) en realidad la producción estadounidense estaba en ligero descenso, como era lógico porque el fracking, que nunca fue rentable, está llegando a su fin. Este desfase entre proyección y medición que tanto ha confundido a muchos avezados analistas, no es intencional, sino que responde a la política de recortes emprendida en ese departamento hace 4 años; pero en estos momentos de volatilidad del mercado esos datos mal actualizados dejan en evidencia el escaso fundamento de algunos analistas un tanto despistados (a los que, como siempre, remito a la guía que les hemos preparado para orientarse un poquillo; de nada, majetes). Y si la producción global de petróleo acaba cayendo, cabe esperar que el precio vuelva a subir y con fuerza.

Pero al mismo tiempo que los analistas comienzan a darse cuenta de que la burbuja del fracking está llegando a su fin, la Agencia Internacional de la Energía, a través de su Oil Market Report mensual, reconocía recientemente que la demanda de petróleo ha caído desde un promedio 93,7 millones de barriles diarios (Mb/d) en el último trimestre de 2014 a 92,99 Mb/d del primer trimestre de 2015, y proyectan aún una ligera  caída durante el segundo trimestres (92,66 Mb/d), para luego prever una (poco verosímil) gran subida a finales de año y quedarse por encima de los 94 Mb/d. Por tanto, si la demanda baja el precio debería de bajar, al menos a corto plazo.

Éste es el tipo de señales mixtas que esperábamos, en que algunos indicadores indican que el precio debe mantenerse bajo (demanda débil) y otros que el precio debe subir (oferta en retroceso); de hecho, lo que esperamos es que en los próximos meses el precio se vuelva a disparar, para un tiempo después volver a bajar rápidamente. En realidad, lo que sucede es que estamos entrando en la peligrosa espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda que ya comentamos, y cuyas consecuencias últimas, si no se hace un esfuerzo por detenerla, serían ni más ni menos que el colapso de nuestro sistema económico. Pero obviamente los principales actores implicados en este drama tomarán y de hecho ya están tomando medidas para frenar los efectos más negativos.

A nivel de compañías, están comenzando ya los procesos de fusión. La compañía de bandera española Repsol adquirió Tasliman Energy, en un movimiento que desde España se saluda como un triunfo, mientras que fuera de España se valora como un fracaso de Talisman, acrecentado por la caída de precios del petróleo. Pero ese acuerdo de 8.300 millones de dólares se queda pequeño en comparación con la reciente adquisición de BG por parte de Shell por 70.000 millones de dólares. Y parece que éste último acuerdo sólo es el primero de una lista que promete ser larga, y que llevará a una progresiva concentración de los activos petroleros. Lo cual es lógico; recordemos que las mayores compañías petroleras privadas del mundo han incrementado enormemente sus gastos en exploración y desarrollo para producir cada vez menos, como explicaba Steve Kopits en una presentación a principios de 2014:




Por eso en este momento resulta más barato comprar otras compañías y aumentar de esa manera más contable que de otro tipo su producción. Es un proceso de autofagocitación que tampoco puede tener un recorrido demasiado largo. Espérense que en los próximos meses haya más movimientos de fusión y absorción (y yo en el caso de Repsol no me confiaría mucho).

Así como las compañías pueden tener interés en captar recursos de otras compañías para disimular su inevitable declive, algo parecido puede pasar con los países. La reciente declaración por parte del presidente Obama de que Venezuela es una amenaza a su seguridad nacional y el enturbiamiento de las relaciones entre Venezuela y España no hacen presagiar nada bueno para el país caribeño, muy afectado por la caída de sus ingresos de divisas que ha supuesto la súbita bajada del precio del petróleo. ¿Podría una eventual invasión americana servir para asegurar el suministro de petróleo a los estadounidenses en los próximos años, cuando se consume el estallido de la burbuja del fracking? Es mera especulación, pero así como los EE.UU. pueden dudar en acometer una medida tan turbia por la mala imagen internacional que le acarrearía, otros países en otras regiones del mundo podrían tener menos miramientos y compensar su propia bancarrota petrólifera apropiándose de la producción de otros países.

La inestabilidad en el mercado del petróleo se acaba transformando en inestabilidad económica, y ésta en inestabilidad internacional pero también en inestabilidad doméstica. Los ciudadanos de los países occidentales cuestionan cada vez a unos líderes que consideran inoperantes, al ser incapaces de sacar a la clase media de su inevitable e histórico hundimiento, y eso favorece la proliferación de nuevos movimientos de corte populista y escasa carga ideológica. La ideología, en todo caso, no ha supuesto en la mayoría de los países un problema para que partidos de todo el arco político, de izquierda a derecha, hayan al final implementado las mismas e idénticas medidas en materia de política económica, así que no resulta sorprendente que tantos ciudadanos den la espalda a una configuración ideológica tradicional y estén dispuestos a acercarse a opciones mucho menos teóricas y con un discurso más cercano al sentir de la calle, a los problemas que la gente de verdad tiene en su día a día: conservar el trabajo y la casa, vivir una vida digna, mantener un nivel de servicios públicos... Otra cosa diferente es si estas opciones tienen capacidad de cumplir las promesas que ahora realizan, pero lo que está claro es que las nuevas opciones están cogiendo momento, están tomando tracción. En un proceso de polarización creciente, el momento de la sociedad es esencialmente político: nunca en las décadas inmediatamente precedentes la política atrajo tanto la atención de los ciudadanos.

En España en particular este año es crucial. Las pasadas elecciones autonómicas en la Comunidad Autónoma de Andalucía se verán sucedidas el mes que viene por elecciones municipales y en muchas otras Autonomías, en Septiembre por elecciones en la Comunidad Autónoma de Cataluña y en Noviembre-Diciembre por elecciones generales. Después de la sorpresa que supuso la irrupción de Podemos en las elecciones europeas del año pasado los resultados en Andalucía han reflejado de manera clara cómo los medios de comunicación pueden fácilmente aupar o descabalgar opciones, pero en el proceso y con una gran descontento popular la tendencia es a una división. Ahora mismo, la tendencia que parece irse consolidando es un reparto del poder entre cuatro opciones que cada vez son más similares en cuanto a su peso relativo: los tradicionales PP (conservador) y PSOE (socialdemócrata), y las formaciones emergentes Podemos (populista de izquierdas) y Ciudadanos (populista de derechas). Este proceso de fragmentación del mapa político (fragmentación aún mayor en algunas autonomías como la catalana, donde la dimensión nacionalista del problema introduce otros cuantos partidos en la liza) lleva, en sistemas de democracia liberal basados en amplias mayorías, al desgobierno, como crónicamente ha pasado en Italia y como progresivamente se va instalando en España y se irá instalando en otros países europeos. Como en lo que al final es lo esencial, que es la política económica, nadie va a apostar por una ruptura con el modelo imperante, los problemas de raíz no se van a resolver y en realidad van a ir a peor. No olvidemos que esta crisis económica no acabará nunca, no al menos dentro de este modelo.

Es difícil de saber qué vendrá después. Quizá la población, desencantada, dé la espalda a todo el sistema político y se den movimientos cada vez más radicales, que vayan pasando cada vez  a una acción directa cada vez más violenta. Indicios de que se podría acabar llegando a una deriva violenta los tenemos en los escraches que empezaron a menudear en España hace unos años y que aunque ahora son mucho menores podrían volver a coger fuerza en cuanto la situación económica se vuelve a deteriorar con fuerza. No sólo en España: ayer mismo una activista le lanzó confetti a la cara al mismísimo presidente del banco central europeo en medio de una rueda de prensa. La inoperancia de nuestros líderes puede motivar a movimientos cada vez más amplios, más violentos y en última instancia revoluciones que llevarán a cambios de gobierno muy radicales pero que no serán necesariamente mejores; es más, lo más probable es que se acaben en autoritarismos. Si por el contrario se sigue confiando en el sistema político con rápida alternancia entre nuevas opciones que vayan surgiendo, por desgracia acabar en un movimiento autoritario también es bastante probable; así llego Hitler al poder.

Sin duda éste es el momento de la política. De la política en sentido propio: política viene de polis, la ciudad en griego. Es el momento de interesarte por los asuntos que afectan a la vida de los ciudadanos. Pero la solución, o parte de ella, a los problemas que nos aquejan no es más de los mismo, sino abordar los problemas de una manera diferente. Si no lo hacemos, si no reaccionamos, lo más probable es que sobrevenga la miseria y en última instancia la barbarie. La ventana de oportunidad de la que hablábamos hace años se está cerrando, y será difícil que se vuelva a abrir en mucho tiempo. Aún no estamos perdidos, pero es necesario centrar los debates sobre lo verdaderamente importante, y no sobre las distracciones vacuas del momento.


Salu2,
AMT

P. Data: Quiero dedicar el post de esta semana a Alberto Campos. Recibe mis ánimos desde estas líneas, y un fuerte abrazo.
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Distopía VI: Cuando se acabó lo que se daba

8 Abril, 2015 - 23:21


Juan sacó la camisa del armario.

La última vez que se la había puesto fue diez años antes, cuando enterró a su padre. Juan sólo tenía una camisa, que se ponía en las ocasiones especiales: cuando se casó, cuando se murieron sus padres, cuando bautizó a sus hijos... Se sonrió pensando en el bautizo de Miguel; con la pinta de angelito que tenía entonces, y el pillastre que estaba hecho ahora. Siempre que faltaba una lija o un punzón en el taller podías estar seguro de que lo que fuera lo había cogido Miguel para hacer alguna pequeña talla, "un experimento", como solía decir él. Estaba claro que Miguel continuaría con el negocio familiar de la carpintería; no tenía demasiada inclinación por los estudios pero le fascinaban las artesanías que hacía su padre, y se pasaba en el taller de la carpintería las horas muertas después de la escuela, y a veces durante las de escuela si su madre no le pillaba: Juan nunca le decía nada; aunque nunca lo reconoció, le podía un sentimiento de orgullo que su hijo tuviera tanto interés por su trabajo. Los hermanos mayores de Miguel eran una cosa completamente diferente: aplicados, estudiosos, formales... Juan tenía la ilusión de que su hijo mayor, de nombre Juan como él, y la mediana, Mariana, pudiesen continuar estudiando al acabar la secundaria; quizá Juan podría ser abogado y Mariana maestra.

Pero para eso tenía que ponerse aquella camisa.

Se la puso, por fin. Aún le iba bien. Recordaba que su padre se había ensanchado considerablemente al llegar a la edad que Juan tenía ya, pero Juan seguía teniendo el mismo porte firme y la misma cintura que hacía 20 años, cuando se casó, cuando había comprado aquella camisa que se había puesto en siete ocasiones. Había llegado el momento de llevarla una octava vez.

Se lustró los zapatos de los domingos y se los puso. Le dio un beso a su mujer, quien le miró a los ojos y le apretó con fuerza la mano con la que Juan le sujetaba su hombro, transmitiéndole ánimos. Mariana era una buena mujer, trabajadora y con las palabras justas en la boca, nunca diciendo nada de más ni de menos. Juan sonrió y sus ojos parecían decirle a su mujer: "Confía en mi, mujer. Lo conseguiremos", y salió de casa por la puerta de atrás, para evitar que el serrín del taller le deslustrase los zapatos.

La sonrisa le duró lo que tardó en atravesar el umbral de la puerta. No estaba muy seguro de si conseguiría ese préstamo, pero el futuro de sus hijos dependía de él. Aprestó el paso para llegar a tiempo, ni un minuto antes ni un minuto después, a su cita en el banco.

El edificio del Banco de Poniente continuaba siendo bastante imponente por fuera, pero su interior transmitía una imagen de polvorienta inmovilidad. Cuando Juan entró, uno de los pocos empleados que aún trabajaban en la entidad alzó la vista unos segundos, pero en seguida volvió a sus hojas y sus números al ver que Alfonso, el director de la entidad, que estaba ya esperando a Juan, avanzaba rápidamente hacia él. Tras el preceptivo apretón de manos, el director de la sucursal hizo pasar rápidamente a Juan a su despacho y le invitó a tomar asiento, mientras rodeaba la gran mesa para llegar a su propia silla.

Hacía unos años, Alfonso le habría pedido a la secretaria que le trajera algo de beber a Juan, pero era obvio que ya no tenía secretaria y, por lo que parecía, tampoco mucho tiempo que perder, pues fue directo y a bocajarro al asunto.

- Juan, me he estado estudiando tu solicitud de préstamo. Todo está en orden, todo es correcto pero, sintiéndolo mucho, no te podemos prestar el dinero.

A Juan la noticia no le pilló de sorpresa: la cara de Alfonso cuando le estrechó la mano ya hacía presagiar esas palabras. Hacía mucho tiempo que conocía a Alfonso. Y no porque fuera asiduo cliente del banco; aunque tenía algunos ahorros, la carpintería sólo generaba excedentes como para justificar un puñado de visitas al año al Banco de Poniente, y Juan no venía jamás a retirar dinero. Pero Juan y Alfonso habían estudiado juntos en el colegio y de pequeños habían sido muy amigos. Cuando Alfonso fue a la universidad (a Juan le parecía que Alfonso era la última persona en toda aquella pequeña ciudad que había ido a la universidad) se distanciaron un poco. Fueron aquellos unos años un poco oscuros, en los que toda la economía se tambaleó como un elefante herido, pisoteando tantos negocios pequeños y tantas personas pequeñas. Juan, quien se había iniciado en el negocio con su padre, el abuelo Juan, consiguió capear con no pocas penalidades aquellos años broncos, en los que los bancos parecían desesperados por sobrevivir aunque fuera a costa de sacarle los hígados y hasta el alma a la gente. Pero de repente todo eso acabó un día; el Banco Transatlántico de Inversiones y Ahorros, que era el último banco de la ciudad, perdió su nombre y se convirtió en el Banco de Poniente, un banco mucho más pequeño que sólo guardaba los ahorros de la gente de aquella pobre pero honrada ciudad de provincias, y Alfonso volvió de la capital para ser su director.

Juan miro a su antiguo amigo con la mirada hosca y un poco desafiante del que sabe que todo lo que tiene se lo ha ganado honradamente con sus manos y que era la primera vez en su vida que pedía alguna cosa. Tras unos segundos de silencio, en que tragaba saliva y orgullo a partes iguales, dijo al fin:

- Alfonso, sabes que soy un buen trabajador y que me quedan años en los que seguiré rindiendo como el que más. La carpintería se nos ha quedado pequeña: tengo dos oficiales trabajando conmigo y quiero que entre un tercero, el hijo del pobre Venancio, ya sabes. El chico necesita trabajar, en su casa no entra demasiado dinero, y sé que trabaja bien, ya le he tenido algunos veranos conmigo. Con él podríamos pasar de generar los ingresos justos para vivir a poder tener un poco más, tan solo un poco más. En un par de años te podría devolver el préstamo, y en tres años más podría ahorrar lo suficiente como para que mis hijos pudieran ir a la Universidad, al menos para empezar y luego, ya veríamos. Pero para todo eso tengo que ampliar la carpintería. El local de al lado está vacío, el dueño me lo deja por un alquiler muy módico y las obras de ampliación las haré yo con mis oficiales y Arturo, el hijo de Venancio. Realmente, te estoy pidiendo muy poco dinero, Alfonso, pero ese poco dinero cambiará las vidas de muchas personas a mejor: la de Arturo, la de mi Juan, la de mi Mariana... incluso en unos años podría darle trabajo a algún oficial más. La gente compra cada vez más muebles de madera de verdad; ya nadie tiene sillas de metal o muebles de aglomerado, y ya sabes que somos la única carpintería de la ciudad. También vosotros ganaréis dinero: te estoy ofreciendo un 10% a dos años. Vamos, Alfonso, por favor; no te estoy pidiendo la Luna - sus ojos miraban con orgullo y contenida rabia a su antiguo camarada de la infancia - no me puedes dejar en la estacada, con todo lo que pasamos juntos, con todas las cosas que vivimos juntos, con todas...

Alfonso, que le había dejado hablar hasta ese momento sin mudar el gesto, le cortó en ese punto. Sabía que su amigo necesitaba desahogarse, pero él necesitaba también explicarse.

- No me malinterpretes, Juan. Si pudiera te daría ese préstamo; como dices, no es mucho dinero, y estoy seguro de que el negocio es sólido. Cuando te digo que no puedo darte el préstamo quiero decir exactamente eso: que no puedo. No puedo dejarte el dinero porque simplemente no lo tengo.

Juan le miró atónito e incrédulo; era obvio que pensaba que Alfonso se estaba burlando de él.

- ¿No me crees? ¿Piensas que porque dirijo un banco tengo todo el dinero que quiero a mi disposición? Estás muy equivocado, Juan. Tú piensas con la mentalidad de otra época, la que vivimos cuando éramos jóvenes, Juan. En aquel entonces los bancos literalmente creaban dinero de la nada y se lo dejaban a la gente, y todo iba de fábula, ¿te acuerdas? Todo iba de fábula hasta que la fábula se convirtió en un cuento de terror, y los bancos se convirtieron en monstruos devoradores de hombres y familias, que echaban a la gente de sus casas y ni así aplacaban su hambre pues embargaban sus sueldos de por vida, o eran capaces de dejar a los niños sin comer y los enfermos sin médicos ni medicinas, acaparando todas las ayudas y subvenciones públicas... Fueron años terribles, sin duda te acuerdas, ¿verdad, Juan? - Juan asintió con un lento y breve movimiento de cabeza - En aquel entonces el Banco de Poniente no existía, como tampoco existían las reglas que rigen ahora establecimientos como éste. No somos ya los dueños del mundo, Juan, ni nos reímos de la suerte y la desgracia de los demás. Este negocio está supervisado y cada mes rendimos cuentas muy severas, Juan; mis empleados emplean su jornada prácticamente entera a cuadrar los balances y a asegurar la viabilidad de los depósitos y los créditos. No podemos prestar más dinero que aquél que es nuestro; ni siquiera podemos prestar dinero de aquellos de nuestros clientes que quieren prestarlo, sólo podemos darles asesoramiento sobre cómo hacerlo. Así las cosas, los fondos del banco son muy limitados - yo también tengo que pagar a mis empleados, Juan - y cada año puedo dar pocos préstamos y de corta duración. Ahora mismo tengo tres créditos concedidos, Juan, y hasta que no me los devuelvan no te podré prestar a ti. Estás el primero en la lista de espera: es todo lo que puedo hacer por ti, Juan, lo siento mucho.

Juan se quedó sentado, callado, las manos nudosas sosteniendo su gorra entre las rodillas separadas y la mirada clavada en el suelo, inexpresivo, quieto como una estatua. Después se levantó pausadamente, se puso la gorra, musitó un "Buenos días" y se marchó tan suavemente por la puerta que se hubiera dicho que sus pies flotaban un dedo o dos sobre la tarima del suelo. Su viejo amigo le acompañó cinco pasos por detrás, sin decir nada, y le vio alejarse a través del ventanal.

Saliendo del banco Juan sintió un escalofrío que le recorría la espalda. Hombre previsor y ordenado como era, ya había previsto el desenlace de sus gestiones con el banco (aunque le habían sorprendido las excusas concretas que utilizó Alfonso) y sabía cuál era el siguiente paso que debía dar. Así que subió la calle principal y anduvo a buen paso durante unos quince minutos, hasta allá donde la ciudad empezaba a desdibujarse, y llegó por fin a su segundo objetivo de aquella mañana, su plan alternativo. Se encontraba delante de un edificio bajo pero muy extenso, de aspecto sucio y algo avejentado. Era el matadero municipal, que daba servicio a toda la comarca.

Juan no tenía cita previa, pero sabía que para hablar con el dueño del matadero no le hacía falta tanta pompa ni tanto protocolo. Se fue directamente a las oficinas y pidió hablar con Tadeo, el dueño. Sí, era Juan, el carpintero.

Tadeo era un hombre afable y orondo, aunque a un observador atento le alertaría el brillo astuto de sus ojos. A Juan no le hacía falta prestar atención a Tadeo, pues también hacía muchos años que le conocía y sabía de sobras el tipo de persona que era: el tipo al que recurres sólo después de que el banco te dé la espalda. Y eso porque en aquella ciudad no había usureros al estilo de la Edad Media...

Tadeo hizo pasar a Juan a su despacho y allí le ofreció un té no solicitado, que su secretaria le sirvió diligentemente. Después, le preguntó por el motivo de su inesperada visita.

- Verás, Tadeo - dijo Juan - Quiero ampliar el negocio. Las cosas van bien en la carpintería, pero sin ampliar el local no puedo asumir más encargos ni contratar más oficiales, y justo ahora tengo un oficial muy joven pero muy diestro que quiero contratar...

- El hijo de Venancio - dijo Tadeo, con una sonrisa un poco torva - No te sorprendas, Juan; yo he ayudado a su familia desde que el pobre Venancio... en fin, era un buen trabajador; era lo menos que podía hacer.

"Seguro", pensó Juan. El carpintero prosiguió:

- El caso es que necesito dinero. No es una gran cantidad; en un par de años podría devolverla, incluso pagando un buen interés

- No tengo la menor duda - la sonrisa de Tadeo era aún más mendaz que la anterior.

Juan tuvo que reprimir el impulso de levantarse e irse. Una vez se serenó, continuó hablando:

- Alfonso... quiero decir, el banco no me quiere dejar el dinero, con la excusa de que no tiene bastante. Así que he pensado en... pedírtelo a ti.

Tadeo se quedó pensativo, en silencio, sonriendo sopesando la ironía de la situación. Aquello era demasiado bueno, pero él, desgraciadamente, no podría aprovecharse de ello esta vez.

- Pues sintiéndolo mucho yo tampoco te lo puedo dejar, Juan - dijo Tadeo por fin.

Juan se quedó tan sorprendido que por un momento perdió la respiración y casi el sentido. Aquello sí que no se lo esperaba.

- Pero... pero... - logró articular al fin.

- Mira, Juan - le cortó Tadeo - creo que ya sabes que soy un hombre que no desaprovecha una oportunidad de hacer un buen negocio, y sé que ésta es una oportunidad excelente. Sin embargo, es cierto: no te puedo dejar ni un céntimo. Y créeme que soy el primero en sentirlo.

Juan no sabía estarse sentado por más tiempo, así que se puso de pie y comenzó a ir a un lado y otro de la habitación.

- El caso es, Juan, - le dijo Tadeo - que le debo dinero al banco. ¿Te acuerdas del incendio en el que murió Venancio y los otros? Hoy en día el matadero no deja tanto dinero, la gente no tiene dinero, y al final tuve que pedirle dinero al banco para poder pagar las obras: no podíamos seguir trabajando con la mitad de las instalaciones destrozadas. Me hicieron muy buenas condiciones, supongo que porque todo el mundo necesita comer: 5 años, 7% anual... No me mires con esa cara, Juan. Mira, te voy a ser sincero: voy con un poco de retraso en los pagos, pero creo que lo conseguiremos: el negocio no va mal; no va para arriba como un cohete, pero va.

Juan se detuvo en seco y se quedó mirando a Tadeo, casi como si no le pudiera ver, como si viera una aparición, un ente de otro mundo.

- Esto ya no es lo que era, Juan. El mundo ha cambiado. Se acabó el tiempo de los grandes negocios; ahora sólo hay negocios, simplemente: negocios para vivir y poco más. Hay poco dinero y el poco que hay está cogido para las cosas más vitales. Lo siento, Juan, pero esto es lo que hay.

Juan musitó un "Buenos días", se puso la gorra y salió suavemente del despacho de Tadeo. Éste no se movió de su sillón, pero mientras salía le dijo, casi gritó a Juan:

- Todo el mundo está igual, Juan. No encontrarás quien te preste ese dinero. Mejor vuelve a casa y confórmate con lo que tienes.

No hacía falta que Tadeo se lo dijese, pues Juan ya lo sabía. Si el otrora mayor potentado de la ciudad, el amo del matadero, tenía deudas, ¿dónde podría esperar sacar el dinero que necesitaba? Sólo había tres familias con dinero en aquella ciudad, todo el mundo lo sabía, y la de Tadeo era, siempre había sido, la más acaudalada. ¿Dónde podría ir a buscar el dinero, ahora? ¿A casa del farmacéutico? Cuando el Ayuntamiento fijó las tarifas de los medicamentos su beneficio cayó en picado, y aún estaba de obras en la botica; seguro que debía dinero al banco, seguro que era otro de los créditos que le mencionó Alfonso. ¿A casa del tendero? Había comprado un camión hacía poco, ya que en aquellos días costaba mucho mantener abiertas las rutas comerciales; seguro que era el tercer crédito que le había comentado el banquero. No había nada más. No había nadie más a quién acudir. Nadie le daría el dinero que necesitaba, porque nadie lo tenía.

Caminaba alterado y cabizbajo cuando casi chocó de bruces con Alfonso. Éste le pasó la mano por el hombro y le dijo:

- Ven, Juan. Quiero enseñarte algo.

Juan le siguió dócil. Mientras caminaban, Alfonso le preguntó sobre qué le había dicho Tadeo. Al banquero le había resultado obvio saber a dónde se había ido Juan tras verse en el banco, y así, cuando salió a dar su paseo matutino, le había resultado muy sencillo dirigir sus pasos en la dirección adecuada para encontrarse con Juan en seguida.

Ahora Juan y Alfonso se encontraban en frente de la iglesia. Una cola de no menos de cuarenta personas aguardaba su turno para que les sirvieran un tazón de caldo caliente y un trozo no muy grande de empanada fría de tomate y carne.

- Mira ahí, Juan. Mira a esa pobre gente. No son capaces de procurarse alimento por sí mismas. No hay trabajo para todo el mundo, y el mundo mismo se ha vuelto más pequeño, menos productivo. Apenas da para que todos podamos comer, pero poco más.

Juan miraba pensativo la cola.

- Ya no hay grandes negocios - prosiguió Alfonso - y los beneficios anuales apenas sirven para cubrir la amortización y las contingencias del capital. Como banquero de esta ciudad, tengo la obligación de velar en primer lugar por la continuidad de los sectores fundamentales de esta villa.

- El matadero - dijo Juan.

- Efectivamente, el matadero. El matadero da de comer a toda la comarca, pues ahí se prepara toda la carne que comemos con unas mínimas garantías. Lo mismo reza por los ultramarinos, y en cierto modo por la farmacia. Todos ellos son sostenidos por créditos del Banco de Poniente, y lo serán por mucho tiempo, pues cuando acaben de pagar los créditos actuales tendrán que pedir otros para otras actuaciones fundamentales.

- No hay dinero para mi, entonces - dijo Juan.

- Tú no necesitas mucho dinero, Juan, y quizá no lo necesites en absoluto. Llega a un acuerdo con el propietario del local que quieres arrendar, que sea él quien te financie en especie y con cierta carencia, a cambio de parte de los beneficios futuros.

- Los beneficios no son amplios. Si hago eso que dices tardaré, qué sé yo, unos diez años en empezar a generar beneficios de verdad. 

- Es posible. Es más, es lo más probable.

- Mis hijos no podrán ir a la Universidad - dijo Juan, con la voz entrecortada.

- O quizá sí, Juan; - le dijo Alfonso - yo conozco algunas personas en la capital y quizá podamos buscar algún arreglo, si tus hijos son aplicados y están dispuestos a trabajar duro.

- Siempre le deberemos algo a alguien; - dijo Juan - jamás seremos libres.

- Al contrario, amigo mío, - respondió Alfonso - pues nunca deberéis dinero ni, más importante, se os aplicarán intereses que harían crecer indefinidamente la deuda hasta arruinaros. Por contraste las condiciones de los tratos a los que podáis llegar son cerradas y con límites bien definidos; quizá esos límites os obliguen por muchos años, de por vida incluso, pero os dejarán vivir dignamente. En un mundo donde la productividad no crece, donde los recursos en los que podemos basarnos permanecen estables, no es posible vivir en la ficción de que todo el mundo gane por su cuenta y riesgo. Todos formamos parte de una maquinaria, en cuyo engranaje encajamos con una función concreta, y cuando uno de nosotros, por ley de vida, al final sale de ella otro ocupa su lugar. Venancio murió, y es una desgracia, pero gracias a eso un joven obrero pudo entrar a ocupar su lugar, y ahora su hijo entrará en tu carpintería. Todos formamos parte de una misma cosa, todos somos nudos de una misma malla.

Juan se quedó un rato largo pensando, en silencio, mientras iban caminado de regreso al banco Alfonso y a la carpintería Juan. Al final Juan dijo:

- Tienes razón. Lo único a lo que debemos aspirar es ganarnos dignamente la vida.

Su amigo sonrió, sin decir nada.

- Aprovechaste bien tus estudios en la universidad - dijo Juan, y por primera vez sonrió a Alfonso - Estudiaste Finanzas, ¿o era Filosofía? No me acuerdo; era algo con "Fi".

- Estudié Físicas - dijo Alfonso - y sí, lo aproveché bien.


Antonio Turiel
Figueres, Abril de 2015
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Marzo de 2015: Más guerras del petróleo

4 Abril, 2015 - 11:10


Queridos lectores,

El evento que más ha marcado el mes pasado, en lo que concierne a los temas que se tratan en este blog, ha sido la internacionalización del conflicto en Yemen. Desde finales de 2014 la situación de guerra civil en ese país era ya clara, pero no ha sido hasta que el presidente de lo que quedaba de la estructura estatal abandonó la capital y el país, asediado por una facción chiíta, que los países circundantes, y especialmente Arabia Saudita, no se han decidido a actuar. En un tiempo récord, una coalición de 15 países árabes, liderada por Arabia Saudita, ha comenzado una oleada de ataques aéreos, sin decidirse aún a invadir el país a pesar de algunas escaramuzas en la frontera.


El objetivo declarado de estos ataques es acabar con los Huthis, la facción chiíta que ha conseguido tomar la capital, principalmente - según se dice - por el temor de que Yemen se convierta en un nuevo Irán (no olvidemos que Arabia Saudita es mayoritariamente sunita e Irán mayoritariamente chiíta, y estas dos ramas del Islam son enemigos irreconciliables). También se dice que los ataques buscan evitar la expansión del Estado Islámico y Al Qaeda, cosa que no acaba de cuadrar con el hecho de que los chiítas no son precisamente afines a las tesis integristas de los radicales islámicos y que de hecho Irán ha bombardeado en varias ocasiones posiciones de EI en Irak y Siria. Por último, se dice que esta intervención internacional de lo que sería una nueva OTAN árabe busca estabilizar la región, lo cual parece bastante más probable desde la óptica que se sigue desde este blog.

Hace un año y medio en este mismo blog Javier Pérez analizaba en detalle la situación de Yemen, y la conclusión era que el país era una bomba de relojería: población en rápido ascenso, dependencia casi exclusiva de los ingresos originados por la exportación de petróleo, caída en picado de la producción de petróleo por razones geológicas y económicas... el desastre estaba servido. Gail Tverberg nos mostraba el enorme paralelismo, en lo que a la producción de petróleo se refiere, que habían seguido Egipto y Siria, y estaba siguiendo Yemen:





Los gráficos de Gail Tverberg que he copiado más arriba acaban en 2012, y ya se pueden imaginar que tres años después la cosa no pinta mucho mejor. Ahora Yemen ha llegado a su punto de ruptura social, en el cual el país será difícil de volver a estabilizar. ¿Cuál será el siguiente país en llegar a su bancarrota petrolífera? También en 2013 analizábamos aquí esa cuestión y la nómina de países proclives a entrar en bancarrota económica y social era bastante larga. En este momento, hay dos países cuyos problemas internos destacan bastante y hacen pensar que podrían ser los siguientes en caer en la peligrosa espiral de degeneración social que ya se ha vivido y está viviendo en otros.

El primero de ellos es Nigeria. Aunque el consumo interno es menos de un sexto de la producción, este país africano está superpoblado (170 millones de habitantes), con la mayoría de su población por debajo del umbral de la pobreza, graves problemas ambientales en la principal zona de explotación de petróleo (el Delta del Níger), una fuerte guerrilla local que lucha contra las petroleras que trabajan en la zona y el corrupto gobierno local, y un nuevo movimiento radical emergente, Boko Haram, que se originó en las universidades nigerianas y es ahora una rama local de Al Qaeda muy activa. La producción de petróleo del país está en un progresivo descenso que se podría acelerar en cualquier momento, a pesar de las repetidas loas a la inmensidad de sus reservas, cantinela que ya hemos escuchado muchas veces en referencia a otros países que ya han superado sus picos productivos. Los desequilibrios internos del país y su elevado nivel de corrupción no hacen vaticinar nada bueno.


Datos del último anuario estadístico de BP (la serie de datos llega hasta 2013). Imagen generada por la web Flujos de Energía.
El otro país donde los apuros petroleros se están acentuando rápidamente es Venezuela.



Datos del último anuario estadístico de BP (la serie de datos llega hasta 2013). Imagen generada por la web Flujos de Energía.
La irrupción hace unos días de un grupo armado en una refinería venezolana con la intención de cometer un sabotaje en un sector estratégico del país es sólo un botón de muestra de la tensión que se vive en Venezuela, cuyos ingresos en divisas se han visto doblemente afectados por la caída de su producción de petróleo (de la cual, no olvidemos, la tercera parte son petróleos pesados de escaso rendimiento energético y económico, y que tienen que combinarse con petróleos ligeros importados) y por la caída de precios del petróleo. La disminución de los ingresos en divisas lleva a múltiples problemas, entre ellos el desabastecimiento de productos principalmente importados, algunos de ellos de primera necesidad. La situación en Venezuela es muy explosiva ya por su situación interna, y la sorpresiva reciente declaración de los EE.UU. de que Venezuela es una amenaza a su seguridad nacional tiene reminiscencias de un escenario de pesadilla-ficción que esbozamos aquí hace años.

Por desgracia, la cosa no acaba con Nigeria y Venezuela. Otros países (Argelia, Irán, Sudán del Sur, Argentina, México, incluso Rusia) se encuentran cada vez más cerca de una situación de inviabilidad económica a gran escala, situación que sólo puede empeorar con el tiempo si no se reconoce de una vez que la cuestión realmente importante con el petróleo no es las enormes reservas que se reporten sobre el papel, sino la producción que realmente se pueda conseguir de manera estable, so pena de entrar en la peligrosa espiral de destrucción de oferta-destrucción de demanda.

Entre tanto, la producción de petróleo de los EE.UU. ya ha comenzado a caer, 136.000 barriles diarios confirmados ya en Enero y alrededor de 36.000 barriles diarios sólo la última semana (éstos de momento sólo estimados). Se confirman así las tendencias que ya apuntábamos hace un par de meses, mientras muchos "expertos" siguen sin saber qué está pasando y qué va a pasar (para ellos tenemos esta pequeña guía, a ver si se orientan).

Salu2,
AMT
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Las lágrimas del Ártico

27 Març, 2015 - 21:21
Viento a  la superficie isobárica de 250 hectoPascales (aproximadamente 10 Km, la altura del Jet Stream), el día 27 de Marzo de 2015 a las 15:00


Leía con desgana el borrador del programa de trabajo para el bienio 2016-2017 del área del programa marco Horizonte 2020 que incluye las actividades marinas. El documento, aún confidencial (pues aún pueden producirse algunos cambios menores en su contenido) contiene las líneas de investigación que la Comisión Europea quiere fomentar en los próximos años y que por tanto va a financiar. La financiación de la investigación europea funciona así: un amplio grupo de expertos y algunos lobbies muy potentes deciden cuáles son los temas que se tienen que investigar, se elaboran estos programas de trabajo y finalmente salen las convocatorias para propuestas de proyectos de investigación, que deberán ceñirse a alguna de las líneas propuestas. El plan de trabajo es muy detallado y salen literalmente centenares de líneas diferentes, pero con un poco de experiencia uno sabe ir directamente a buscar aquéllas que le interesan. Idealmente, si uno está bien relacionado y sabe moverse en estos ambientes, puede llegar a conseguir que sus propias ideas queden recogidas directamente en una de esas líneas y así es más fácil (aunque no está garantizado) conseguir uno de esos proyectos. Yo, que tengo pretensiones y capacidades más modestas, simplemente voy leyendo todas las líneas del borrador, buscando aquéllas que corresponden con el trabajo que sé y que quiero hacer, filtrando de éstas las líneas que ya sé que están fuertemente apadrinadas y que por tanto no merece que me presente a ellas pues nada sacaré.

Sigo buscando dinero para mantener el grupo de investigación. Hemos hecho un buen trabajo en los últimos años y nuestra progresión es ahora muy buena, pero justo en nuestro mejor momento se nos van a acabar los fondos, y por más que intento conseguirlos aquí y allá de momento no cosecho más que fracasos. Todavía podré aguantar un año, quizá dos, pero el reloj sigue su curso y, como dice un amigo, "no hay que esperar a tener sed para construir un pozo". Así que estoy al tanto de las convocatorias y voy pensando en nuevos proyectos.

En eso estaba cuando de repente llegué a una sección que me interesaba. "Fortaleciendo la capacidad europea para la observación, recogida de datos y monitoreo del océano". Bien, esta es la mía, me dije, y comienzo a leer.

La mitad de las líneas propuestas por la Unión Europea para la investigación en 2016 y 2017 en ese área se refieren al Ártico (la otra mitad al Mediterráneo y las pequeñas empresas). Y ahí se decía claramente: el Cambio Climático está siendo especialmente intenso en el Ártico, las graves alteraciones en el Ártico están llevando a cambios de los patrones meteorológicos en el Hemisferio Norte, hay que mejorar la predición meteorológica y climática teniendo en cuenta esos cambios, hay que incorporar estos cambios para gestionar mejor los riesgos asociados (cita explícitamente inundaciones, sequías, eventos extremos...).

Mientras un pequeño grupito de trolls a sueldo siguen dando vueltas alrededor de este blog, como lo hacen alrededor de otros, a la espera de lanzarse en picado sobre cualquier post que huela a cambio climático, tratando de desacreditar los argumentos que se dan con argumentos sesgados, tergiversaciones groserísimas y un buen número de ad hominem, la Comisión Europea ya tiene claro a estas alturas que se están produciendo grandes cambios en el Ártico, y que estos cambios están desestabilizando el clima del Hemisferio Norte con graves consecuencias. No sólo eso, sino que le está dando una atención preferente entre las líneas que quiere que se investiguen.

No tenemos que engañarnos sobre el papel de la Unión Europea y de la Comisión Europea en este asunto. Los intereses cruzados y el cabildeo (lobby) son intensos en esos foros, así como la hipocresía y la doble moral. Sin embargo, el problema Ártico (como ya se le comienza a conocer) empieza a ser tan evidente que resulta cada vez más difícil no ya disimularlo, sino incluso no comenzar a tomar cartas en el asunto puesto que los perjuicios ya causados y los previsibles pueden convertirse en una factura difícil de gestionar. Y a pesar de ello, la presión política sobre estos temas es extrema. Así, las resoluciones que está tomando la Comisión Europea relacionadas con el Cambio Climático (y que cada vez son más) son filtradas con tanta intensidad que tras la sordina mediática apenas se oye un rumor, si es que se llega a oír algo.

El problema Ártico. ¿Qué es el problema Ártico? Esencialmente, que los efectos del cambio climático están teniendo una amplitud mucho mayor en el Ártico que en otras zonas del planeta, por razones que son bien conocidas desde hace tiempo. Año tras año se acumulan los datos que nos muestran el problema Ártico con toda crudeza, mientras la mayoría de los medios miran hacia otro lado y los pocos que hablan de ello no contextualizan el problema y no le dan la relevancia que tiene, y al tiempo sacan editoriales infectas escritos por tipos cuyo único mérito relevante es el colorismo con el que lucen los hábitos de su religión.

Este año hemos tenido varios signos preocupantes del problema Ártico. Por ejemplo, a principios de Marzo se registraron valores anómalos de temperatura en el Ártico, que superaron en 20ºC la temperatura media de las últimas décadas, una desviación de una amplitud enorme. Este tipo de desviaciones monstruo eran inauditas hace unas décadas pero, desgraciadamente, se están haciendo cada vez más frecuentes.

Imagen de https://robertscribbler.wordpress.com/


Teniendo en cuenta la evolución del volumen de hielo en el Ártico en los últimos años y estas fuertes anomalías de temperatura, no es sorprendente que este año el momento anual de máxima cobertura del hielo (justo el día que comienza la primavera septentrional, el 21 de Marzo, y que sale el Sol en el Polo) el área cubierta de hielo era inferior a la de cualquier año precedente. Hay cada vez menos hielo, cada vez más fino, cada vez más frágil, y se repone menos durante la estación fría.

Algunos trabajos científicos muestran que hay una conexión entre el deshielo ártico y el debilitamiento de la corriente de chorro polar (Jet Stream). Este debilitamiento del Jet Stream (del cual ya hemos hablado aquí) sería el responsable del comportamiento meteorológico cada vez más extraño a ambos lados del Atlántico. Así, en la costa Este de los EE.UU. tienen temperaturas 10ºC por debajo de las medias históricas mientras en la costa Oeste las temperaturas son casi 10ºC superiores:

Extraído del NOAA National Climatic Data Center, http://www.ncdc.noaa.gov/

(el típico argumento negacionista para soslayar este hecho sería hacer el promedio de temperaturas sobre todo el país y comenzar a argumentar que la temperatura media de los EE.UU. no presenta ninguna anomalía). La sequía en California se recrudece y el ansiado El Niño -que traería fuertes lluvias en ese lugar- finalmente no ha venido, con lo que peligra la tercera parte de la producción de verduras y hortalizas de los EE.UU. En el Atlántico Sur, una combinación de escasa precipitación y mala gestión ha dejado a la megalópolis de Sao Paolo en una situación de crisis hídrica sin precedentes. En Europa, los patrones de lluvias y temporales entran todavía dentro de la relativa normalidad en cuanto a su frecuencia marginal, pero cada vez menos si se tienen en cuenta una escala más sinóptica, y el peligro latente de un año sin verano continua ahí. ¿Será 2015 un año sin verano en Europa? Seguramente no si tomamos Europa en su conjunto, pero en determinadas zonas de Europa bien podría ser el caso.

Y a pesar de la evidencia que se acumula, seguimos discutiendo si son galgos o si podencos son.

Después de este post, volverán al foro de este blog los mismos de siempre a sacar los mismos argumentos de siempre en discusiones que serán calcadas a otras anteriores; jalearán la inoportunidad o exageración de mis afirmaciones y si suficientes foreros les plantan cara dirán que se van para no volver y en seguida volverán a estar ahí, defendiendo su posición, que es lo mismo que decir defendiendo a su amo. Pero cuando salgan a la calle, sobre su cara, al igual que sobre la mía, caerán las lágrimas del Ártico.


Antonio Turiel
Marzo de 2015.
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El contexto de nuestro colapso

24 Març, 2015 - 08:59


Queridos lectores,

Hace unos días la revista L'Espill (www.uv.es/lespill) publicó un artículo (en el número 48) que escribí para ellos hace unos meses. Con su permiso, publico aquí la traducción al castellano del mismo.

Saludos cordiales,
Antonio


El contexto de nuestro colapsoAntonio Turiel
Tras casi cinco años de hacer divulgación sobre los graves problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad, y particularmente del caso de la crisis energética, a través del blog The Oil Crash, de les múltiples conferencias que doy y alguna entrevista que me han solicitado los medios de comunicación, he observado que hay una pregunta que la gente me hace repetidamente. Muchas veces comento que si no se toman medidas decididas que rompan con el paradigma irracional y suicida de nuestra sociedad de consumo  -única vía para salir de esta crisis económica sin fin-, este impasse histórico de nuestro sistema económico causará una disfuncionalidad creciente de nuestra sociedad y eventualmente nos llevará al colapso. La idea del colapso, y más aún, del colapso social, era un concepto nada habitual en las conversaciones de hace unos años, aunque ahora se está volviendo un tema recurrente, especialmente desde que la NASA (1) o grandes firmas de intermediación financiera (2) publican estudios sobre el tema. Cuando surge esta palabra, colapso, se suelen producir dos tipos de reacción, una minoritaria y otra mayoritaria. La minoría me pregunta qué es un “colapso social”, a pesar de que más o menos todo el mundo tiene una imagen mental de este tipo de evento (no necesariamente todo el mundo tiene, sin embargo, la misma idea de lo que es un colapso).  La mayoría me pregunta una cosa bien diferente: cuándo sobrevendrá este colapso que yo anuncio.
Cuándo. No todo el que pregunta cuándo se producirá el colapso tiene las mismas motivaciones, pero desgraciadamente casi todos llegan a la misma conclusión: la inacción.
Unos pocos preguntan por el momento del colapso por puro cinismo. No se acaben de creer la veracidad implacable de los datos que yo presento (la producción de petróleo crudo convencional en caída desde 2005 (3), la ruina que es el fracking (4),  la próxima llegada del cenit de las otras materias primas energéticas no renovables y las importantes limitaciones de las fuentes renovables (5), etc) pero son demasiado perezosos como para revisar los datos y comprobar la dura realidad; confían en que algún milagro inesperado nos tiene que salvar, y prefiere reconfortarse con los sueños de abundancia sin límites que se prodigan, cada vez más infundadamente, en los suplementos de color salmón de los diarios dominicales. Quieren un pronóstico de mi parte, sin entender que yo sólo soy un científico y no un quiromante o un tarotista. No hay nada en mi ciencia que me permita pronosticar el futuro minuto a minuto. La ciencia, sin embargo, sí que me permite saber qué no es posible y qué no pasará. De la misma manera que se que cuando lanzamos una pelota al aire volverá a caer a la tierra, sé por ejemplo que no volverá a haber crecimiento económico sostenido sino una caída escalonada, que cada pequeño repunte aparente del PIB durará poco y vendrá seguido de bajadas más fuertes. Sé, también, que la disponibilidad de recursos será, con altibajos, cada vez menor. Todo eso les es igual a los más cínicos: ellos, en el fondo, quieren que “me equivoque” dando fechas concretas, porque así si al final las cosas no pasan en el momento exacto “predicho”, incluso aunque el desfase temporal sea de unos meses, desacreditar todo lo que digo por aquel erróneo vaticinio. O bien, si mis pronósticos de colapso son “muy” lejanos en el tiempo (“muy” en este contexto puede querer decir unas pocas décadas) no preocuparse porque, total, “yo ya no lo veré”.
Dejando a los más cínicos aparte, se tiene que decir que la mayoría de las personas que preguntan cuándo se producirá el colapso no dudan de mis datos. Incluso aceptan la relativa proximidad temporal de este momento crítico de nuestra sociedad. Quieren saber, sin embargo, cuándo el colapso será un hecho innegable, inescapable. No sólo lo quieren saber: lo necesitan saber. Necesitan saberlo porque, en el fondo, no contemplan un cambio drástico en sus vidas hasta el momento en que la realidad del colapso sea tan palmaria y evidente para todo el mundo que el coste social de emprender este cambio no sea grande.  Es decir, no tener que luchar con la familia, con la pareja, los amigos y el entorno social, y no tener que pasar por una persona excéntrica que se sobreprotege de un peligro sobre la inminencia del cual no hay un consenso social. Yo entiendo perfectamente esta postura porque, en el fondo, yo hago lo mismo, porque la mayoría estamos haciendo lo mismo. ¿Quién tendría que renunciar a un trabajo, a una carrera profesional, a un suelo, a una aceptación dentro de nuestro pequeño entorno social, a unas expectativas de vida... para adaptarse a una nueva y más dura realidad que al fin y al cabo nadie sabe cómo será? La posición más razonable es, efectivamente, tener en cuenta las advertencias y estar al tanto de lo que pueda pasar, pero no hacer cambios o no importantes hasta que el que se esté gestando no se exhiba con toda claridad.
Sin embargo, hay dos problemas graves con esta actitud de “esperar y ver” el colapso.
El primero es que la Historia nos enseña que un colapso no es un momento sino un proceso, que no siempre es fácil de reconocer hasta que ya es demasiado tarde como para que las medidas para pararlo puedan tener eficacia. Los colapsos de los grandes imperios de la Historia han sido procesos que en algunos casos han durado siglos, y hasta en medio de los colapsos más repentinos ha sido necesarias algunas décadas para que se hiciese evidente el descenso. A pesar de que en nuestro caso todo indica que el descenso será relativamente rápido, no por ello dejará de durar unas décadas en las que progresivamente sentiremos que cada vez estamos peor. La generación de nuestros hijos vivirá peor que nosotros, y la de nuestros nietos vivirá en un mundo completamente diferente del actual; que ese mundo sea un infierno o un lugar digno depende completamente de las decisiones que nosotros tenemos que tomar en este momento.
El segundo problema que implica esperar al colapso es que en realidad ya estamos comenzando a colapsar; está colapsando nuestra economía, nuestro hábitat (y con él nuestra ecología), nuestros recursos y  nuestra sociedad. El proceso no es lento en realidad, pero es lo suficientemente progresivo para que nuestra psique de primate poco evolucionado no sea capaz de identificar el hilo conductor con un nexo explicativo común y nos conformamos con una multitud de explicaciones parciales. Influye mucho en esta disonancia una de las sustancias más tóxicas que el Hombre ha producido nunca: la propaganda.
Vemos las guerras civiles y entre países, para las cuales encontramos una plétora de explicaciones cada vez más complicadas y ad hoc, y no vemos, no queremos creer, que en el trasfondo de los conflictos en Egipto, Siria, Libia, Irak, Sudán del Sur, Nigeria, Ucrania, incluso en Palestina, y próximamente en Yemen, Argelia o Irán, el conflicto oculta siempre detrás una lucha por el control de los últimos recursos de petróleo y de gas (6). Incluso la conflictividad creciente en Venezuela, Brasil y México tiene en sus orígenes la caída ya innegable de la producción de petróleo en esos países y las dificultades para mantener una balanza comercial estable que se apoyaba en la exportación del oro negro; preferimos por el contrario toda suerte de explicaciones basadas en factores culturales, sociales, étnicos, políticos... los cuales evidentemente son factores contribuyentes y en algunos casos desencadenantes de los problemas descritos, pero el factor de más peso y que es el verdadero hilo conductor de la decadencia de nuestra sociedad global es el fin del petróleo barato (eufemismo para referirse a la caída de la producción de petróleo, porque si el petróleo es demasiado caro simplemente no nos lo podremos permitir (7)) y que bien pronto pasará lo mismo con el gas, el carbón y el uranio; estas cuatro materias primas representa el 92% de la energía primaria que se consume hoy en día en el mundo, según el Informe Estadístico Anual de BP (8).
Sabemos que hay graves problemas ecológicos y hablamos a menudo de “Salvar el planeta”, sin tener en cuenta que no es el planeta el que está en peligro, ni tan si quiera lo está la continuidad de la vida sobre su superficie; en realidad hablamos de salvar nuestro propio hábitat, el que hace posible nuestra mera existencia. Preferimos pensar que como somos tan buenos y concienciados hacemos un acto altruista por la Madre Naturaleza cuando en realidad, consciente o inconscientemente, estamos intentando salvar nuestras vidas y nuestra continuidad como especie.
Los problemas ecológicos no son sólo el Cambio Climático, que ahora parece acaparar toda la atención político. Con ser grave, el Cambio Climático es un efecto más de la “externalización ambiental” de la actividad industrial, un eufemismos para referirse a la polución y degradación de los hábitats que por razones económicas se le inflige a nuestro entorno. Pero los problemas son graves y múltiples: el aire que respiramos está terriblemente contaminado (la Organización Mundial de la Salud reconocía recientemente que una de cada ocho muertes en el mundo es atribuible a la contaminación del aire (9), y eso sólo sobre los humanos), el agua potable comienza a escasear en el mundo (10), y los mares sufren una presión brutal,  con el previsible colapso de todas las pesquerías en un plazo máximo de unas pocas décadas (11), una fuerte contaminación por metales pesados y plásticos, la formación de verdaderos continentes de basura en medio del océano, etc. La lista de agresiones ambientales a la tierra, el agua, el aire y el resto de seres vivos sería interminable. Una de las grandes esquizofrenias de la industrialización es que nos ha hecho creer que somos una cosa diferente de los animales y que no tenemos las mismas necesidades naturales que ellos; con esta alineación inculcada desde bien pequeños, no vemos que destrozar el medio ambienta implica al largo plazo auto-exterminarnos. Los recursos están colapsando, el medio ambiente está colapsando y algunos países están colapsando. Desde la perspectiva de un país opulento del Primer Mundo como es España, sin embargo, los síntomas de este colapso ya en marcha no son tan evidentes.
¿De verdad piensa eso, estimado lector?
Fijémonos bien en el caso de España. Estamos hablando de un país que tiene una tasa de paro que desde hace un par de años se encuentra alrededor del 25% de la población activa, tasa que llega al 50% si hablamos de los más jóvenes; un país donde la cuarta parte de la población está por debajo del umbral de la pobreza o en riesgo de exclusión social (12). Cuando escribo estas líneas (verano del 2014), desde el Gobierno del Estado y desde los medios de comunicación se están creando grandes expectativas con una presunta recuperación económica ya en marcha que estaría comenzando a crear empleo, a pesar de que desde Europa no vienen tan buenas noticias. De hecho, múltiples indicadores económicos avanzados indican un gran riesgo de que se desencadena una nueva oleada recesiva a escala global en algún momento  de los próximos meses, en tanto que la recuperación española parece estar propulsada por el incremento del endeudamiento público y por el último esfuerzo de las familias, que han querido creer que por fin llegaba la recuepración y se han gastado sus últimos ahorros para intentar ayudar a una familiar pertinazmente parado y montar un pequeño negocio (una panadería, una cafetería, una ferretería) que le pueda auto-ocupar. Débiles cimientos de esta recuperación española que muy pronto se hundirá, dejando una parte todavía mayor de la antigua clase media depauperada y desprotegida.
Porque, en suma, así es como cursa el colapso de la mayoría de las civilizaciones; de manera parecida a como colapsó el Imperio Romano, así es como probablemente colapsará nuestra sociedad occidental si no reaccionamos pronto. La gente tiende a pensar que el colapso está marcado por grandes catástrofes naturales o inducidas por la mano del hombre; en general, por lo contrario, el curso del colapso es relativamente pausado. Durante el colapso hay, es muy cierto, esporádicos tropezones, eventos colectivamente traumáticos: una guerra, una invasión, una epidemia... Hitos que se quedan grabados a fuego en la memoria colectiva de los pueblo, pero que en sí mismos no explican el lento y amargo declive. La mayoría del tiempo durante el colapso lo que pasa es que las cosas funcionan cada vez peoro. No es nada en concreto y lo es todo; todo va cambiando poco a poco sin que sepamos el porqué, hasta que un día miramos la cara del mundo y no lo reconocemos. ¿Y qué son esas cosas que van cambiando? Cosas primeramente pequeñas que con el tiempo son graves: nada se repara, nada funciona, no hay piezas de recambio,... los sueldos de los funcionarios llegan con retraso o dejan de llegar, los hospitales cierran, las escuelas también, sanidad y enseñanza dejan de ser universales y gratuitas... la electricidad se convierte en un lujo del que se disfruta esporádicamente, faltan alimentos, hay hambrunas, la gente se pelea en la calle por un trozo de pan, la policía se vuelve completamente inexistente, inepta, corrupta o inverosímilmente todo eso a la vez, el Estado se van convirtiendo en un recuerdo lejano... la gente sobrevive practicando nuevos oficios o trampeando y robando, los asaltos a las ahora vacías fábricas son continuos, a la busca de cualquier objeto de valor; la vida humana ya no vale nada, se mata por nada o casi... No nos podemos dar cuenta en el momento que pasa, pero habrá un día en el cual tomaremos el últimos café, un día para el último analgésico, un día para el último antibiótico... productos que continuarán estando al alcance de los acomodados pero no del común de la población, y que determina el empeoramiento y el acortamiento de su vida. Así funciona el colapso. De la misma manera que el explosivo crecimiento de la población fue un proceso silencioso y casi invisible, el rápido declinar de la población y de su bienestar durante el colapso será también prácticamente imperceptible hasta que un día volvamos la vista atrás y pensemos: “Con lo que habíamos llegado a ser...”
La fealdad del mundo durante el colapso se nos haría insoportable si se nos presentase de golpe, pero su lenta llegada va haciendo que nos adaptemos, que poco a poco acabemos aceptando cosas a las que simplemente 5 o 10 años atrás nos habríamos resistido con fuerza. En el mundo actual son frecuentes, sobre todo en el cine, ensoñaciones de colapsos rápidos y muy violentos, tipo “Mad Max”, la película de referencia en lo que respecta a colapsos energéticos de los años 80 del siglo pasado. Y dada la gran fuerza de los medios de comunicación a la hora de modelar hasta nuestra imaginación, nuestros sueños, mucha gente cree firmemente que es este tipo de drástico descenso el prototipo de lo que tiene que ser un colapso. Partiendo de esta errónea percepción, todos se imaginan como el protagonista de uno de estos filmes, un héroe que duro pero justo lucha sin descanso contra un mundo que enloquece durante su caída. Nada más lejos de la realidad. No hay enemigo contra el que luchar mientras colapsamos, solo resignación, sólo utilizar frases hechas para cosas hechas: es el “Esto es lo que hay”, delante de una nueva pérdida de derechos o servicios; “¿Qué quieres? No hay nada que hacer”, al enterrar a otro amigo, comido del hambre y los gérmenes. El declive es triste y deprimente, es grisura y hambre, es agonía y desesperación. No hay posibilidad de nada heroico en el colapso; no ha lugar para que una persona pagada del individualismo egoísta occidental, el proto-consumidor que ha sido izado a lo alto de un pedestal por la actual sociedad de consumo, pueda salir triunfante, simplemente por los retos que tiene por delante no son nada que pueda sortear, destruir o dominar. El capitalismo se engaña y nos engaña incluso al imaginar su fin.
El colapso es terrible, cierto, pero no es obligatorio. No es inexorable, no es nuestro destino forzoso final. Es, sin dudas, donde iremos a parar si continuamos sin estirar las riendas de nuestra sociedad, sin continuamos a delegar ciegamente nuestro intransferible deber de velar por nuestro propio futuro y el de nuestros hijos. A veces me encuentro que, al explicar los graves problemas a los que nos vemos sometidos por nuestra indolencia, algunas personas me tildan de catastrofista, de llamar al mal tiempo. Es exactamente lo contrario. Aquellos que se nieguen a pensar en hacer cambios no ya necesarios sino imprescindibles, aquellos que piensan que no hay alternativa a la manera destructiva y alocada con la que actúa el capitalismo global, aquellos que niegan los signos evidentes de la degradación y el declive llenándose la boca de excusas ad hoc para justificar cada síntoma del enfermo global, son precisamente los que animan a los conductores de nuestra sociedad a seguir adelante a toda costa y no girar a pesar de que delante tenemos un acantilado. Denunciar las consecuencias previsibles de esta carrera de locos, evidenciar con datos y hechos la falsedad que se esconde tras tanta noticia que es sólo un publirreportaje pagado por intereses económicos inconfesables, educar a la ciudadanía sobre la realidad económica y ambiental de nuestro mundo... en suma, alertar a la sociedad del curso hacia el colapso que absurdamente seguimos se ha vuelto para un puñado de académicos y técnicos, entre los cuales me cuento, en un deber ciudadano ineludible (por lo cual no pocas veces somos criticados cruelmente por los mismos que nos hacen avanzar con alegría hacia el acantilado). Pero nosotros queremos evitar la llegada del colapso y estamos convencidos que la podemos evitar, si se informa con veracidad y objetividad a la sociedad para que ésta sea consciente y pueda tomar las decisiones lógicas para determinar su futuro.
Con este espíritu, el verano del 2014 un pequeño grupo, poco más de una decena, de técnicos y académicos de toda España preparamos y promovimos un manifiesto que ha sido traducido a muchas lenguas y en particular al catalán. Este manifiesto se llama “Última llamada”, en vista de que, según nuestro entendimiento, no hay ya mucho margen de tiempo para evitar las consecuencias más indeseables del colapso que viene. No hay nada radicalmente nuevo en el manifiesto; se podría decir que es una “puesta al día” en el contexto español del manifiesto que hace más de diez años promovió la Unión de Científicos Preocupados de los EE.UU. (13). Tampoco es un texto técnico, cosa que algunos adeptos incondicionales de esa religión que llamamos “neoliberalismo” critican, ya que querrían ver substanciados y detallados los síntomas del colapso en ese texto, para así enredarse discutiendo detalles absurdos y poder así desviar la atención, como si los promotores del manifiesto no hubiéramos escrito ya miles de páginas explicando todos los puntos y comas de los numerosos problemas de sostenibilidad que pesan sobre nuestro mundo. Y para terminar, es un texto con ciertas limitaciones, fruto de un trabajado consenso entre sensibilidades muy diferentes de sus diferentes promotores. Pero a pesar de eso “Última llamada” es un texto con mucha fuerza y unas pocas verdades sencillas; tanto es así que recibió en seguida el apoyo de numerosas personalidades políticas y profesionales, de manera que el dia que los medios de comunicación comenzaron a hacerse eco de él contaba ya con centenares de adhesiones, que ahora se cuentan por miles.
Nuestro futuro no está escrito, pero sí nuestro pasado, y nuestro pasado nos muestra que algunas civilizaciones, soberbias en su magnificiencia, menospreciaron la posibilidad de un colapso y colapsaron. La Historia también nos muestra el ejemplo de otras civilizaciones que fueron capaces de revertir el declive cuando los primeros signos del colapso inminente aparecieron, al parar y dar marcha atrás en sus prácticas autodestructivas. No es el colapso, por tanto, un golpe imposible de parar; pero hay que hacerle frente y se necesita poner sentido común. Ya nos ha llegado nuestro aviso; ¿nos ponemos manos a la obra?

Bibliografía1) Safa Motesharrei, Jorger Rivas & Eugenia Kalnay, 2014: «Human and nature dynamics (HANDY): Modeling inequality and use of resources in the collapse or sustainability of societies», Ecological Economics 101, 92-102: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S09218009140006152) Tim Morgan, 2013: «Perfect storm - energy, finance and the end of growth». Tullet Prebon Strategy Insights, número 9: http://www.tullettprebon.com/Documents/strategyinsights/TPSI_009_Perfect_Storm_009.pdf3) Antonio Turiel, 2012: «Espuela del WEO 2012: la AIE reconoce el declive de la producción de petróleo crudo». Blog The Oil Crash: http://crashoil.blogspot.com.es/2012/11/espuela-del-weo-2012-la-aie-reconoce-el.html4) Dave Huges, 2013: «Perfora, chico, perfora», Post Carbon Institute Editions:  http://assets-production-webvanta-com.s3-us-west-2.amazonaws.com/000000/03/97/original/reports/Perfora%20Chico%20Perfora_FINAL.pdf5) Antonio Turiel, 2013: «La verdad a la cara». Blog The Oil Crash: http://crashoil.blogspot.com.es/2013/04/la-verdad-la-cara.html6) Antonio Turiel, 2014: «Guerras de prestado». Blog The Oil Crash: http://crashoil.blogspot.com/2014/02/guerras-de-prestado.html7) Antonio Turiel, 2010, «Digamos alto y claro: esta crisis económica no acabará nunca». Blog The Oil Crash: http://crashoil.blogspot.com.es/2010/06/digamos-alto-y-claro-esta-crisis.html8) BP Annual Statistical Review, 2014: http://www.bp.com/content/dam/bp/pdf/Energy-economics/statistical-review-2014/BP-statistical-review-of-world-energy-2014-full-report.pdf9) OMS, 2014: «7 millones de muertes cada año debidas a la contaminación atmosférica», Comunicado de prensa: http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2014/air-pollution/es/10) Peakwater.org11) FAO, 2012: «The state of World fisheries and aquaculture»: http://www.fao.org/docrep/016/i2727e/i2727e.pdf12) Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, http://eapn.es/13) Union of Concerned Scientists, 1992: «Warning to Humanity»: http://www.ucsusa.org/about/1992-world-scientists.html
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Guía apresurada para expertos despistados

18 Març, 2015 - 23:13


Queridos lectores,

Querría dedicar el post de la semana a los denominados "expertos en energía". No estoy aquí hablando de una persona más o menos entendida en esta materia, ni tampoco de los periodistas o académicos que dedican una buena parte de su tiempo profesional a informar dignamente de los hechos, a pesar de la sordina mediática. No. El típico "experto en energía" al que me referiré hoy es un personaje que viste siempre el hábito de su religión (él: traje con chaleco opcional, camisa perfectamente planchada, corbata perfectamente anudada; ella: vestido de color discreto o llamativo según lo que quiera demostrar, zapatos de tacón, americana a juego; en ambos casos el precio de su indumentaria equivale a varios meses de mi sueldo). Esta gente frecuenta los altos templos de su credo (Parlamento Europeo, ministerios, secretarías de Estado, consejerías autonómicas, think tanks, ...) y es asidua de las ceremonias rituales que les son propias (recepciones oficiales, vinos españoles, banquetes de gala, ruedas de prensa...). Por su forma de hablar, de comportarse y hasta de moverse uno se da cuenta de que se trata de una especie diferente del homo sapiens común; son gente acostumbrada a que todo el mundo les escuche, a zanjar discusiones con una frase, a recrearse escuchando su propia voz. Son gente que se ha codeado con un primer ministro, ha compartido mantel con un jeque árabe, que ha estado orinando al lado del Economista Jefe de la Agencia Internacional de la Energía o que se ha ido al tocador con Hillary Clinton tras el preceptivo "Si nos disculpan..." Son gente que sabe de energía porque han oído hablar mucho a otros que saben de energía en reuniones donde todos ellos se juntan periódicamente y toman decisiones que nos afectan a todos, sin tener básicamente una idea contrastada con hechos de lo que están hablando. A estos expertos es a los que quiero dedicar el post del día de hoy. Y no (sólo) con el ánimo de escarnecerlos aún más que con esta entradilla, sino para ofrecerles sinceramente algunas pautas sobre la materia de la que tratan y maltratan. Se trata de ofrecerles datos contrastados y fuentes fiables, para que si no los usan en su próxima discusión litúrgica, al menos vean que quizá hay un enfoque alternativo.

He organizado esta guía en torno algunos tópicos que de manera no siempre acertada suelen usar estos expertos. He aquí la lista.


- Dejen de hablar de reservas: En 1956 Marion King Hubert mostró que el problema con el petróleo no era lo que aún quedaba por explotar (reservas), sino a qué ritmo se podía extraer (producción). En aquella época había una confianza ciega en que no habría problemas en tanto en cuanto las reservas se mantuvieran constantes o incluso aumentaran. Marion King Hubbert mostró que ése no es el problema, sino que por razones geológicas y físicas el petróleo no se puede producir al ritmo que nos dé la gana: hemos explotado lo más fácil primero, cada vez cuesta más esfuerzo extraerlo (o sintetizarlo de otras fuentes) y al final el ritmo de producción se ralentiza y cae. No es una cuestión de invertir más dinero: el dinero es una representación de la riqueza, no la riqueza ella misma - la clave es la ganancia de energía, no de dinero, y es ésta la que está ahora mismo en peligro. Dejen de decir memeces como "Hace 30 años quedaba petróleo para 30 años y ahora también". El petróleo no sale a un ritmo constante, sino que una vez llegado a su máximo flujo comienza a disminuir y va saliendo cada vez más despacio. De eso modo no se agotará en 30 años: queda petróleo para siglos; el problema es que cada vez tendremos menos cantidad cada mes. La situación es análoga a la de un joven heredero cuyo único medio de subsistencia es la herencia que su rica abuela le dejó: cien millones de euros en una cuenta corriente.  Pero, ay, la vieja arpía dejó especificado en el testamento que sólo se le permitiría sacar inicialmente 2000 euros cada mes, y a medida que va pasando el tiempo cada vez se le va dejando sacar menos: pasa un año y ya sólo puede sacar 1800 euros al mes, pero al siguiente ya son sólo 1500 euros mensuales, al cabo de un par de años más sólo 1000 al mes, en otros cinco años 500 euros al mes... estirando así sus ahorros durante un período larguísimo, eterno casi. Este tipo puede pensar que es rico (porque tiene mucho dinero en el banco), pero en realidad es pobre (pues tiene poco dinero en el bolsillo). Pues ésta es la ilusión en la que viven muchos de nuestros expertos de cabecera. Y resulta bastante ridículo, por no decir grotesco, que casi 60 años después de que Hubbert lo dejara bien claro aún haya quien se apoye en el fútil argumento de unas reservas supuestamente muy grandes.

- No todo es petróleo, y mucho menos crudo: La Agencia Internacional de la Energía utiliza la nomenclatura "All liquids", cuya traducción más acertada a mi entender sería "todos los hidrocarburos líquidos". Eso quiere decir que cuando ahora nos cuentan que la producción de petróleo ha llegado a los 93 millones de barriles diarios (Mb/d) de petróleo nos están contado no ya una mentirijilla, sino una mentira de las gordas. Petróleo crudo convencional y condensados representan actualmente unos 68 Mb/d (la cantidad oscila un poco mes a mes) y su producción ya está por debajo del máximo histórico de 70 Mb/d de 2005. El resto, hasta 93 o 94 Mb/d (según el mes) son otras cosas que no son petróleo crudo, en realidad: son los llamados hidrocarburos líquidos no convencionales, o ya por abuso de notación petróleos no convencionales. Lo más parecido al petróleo crudo es el Petróleo Ligero de Roca Compacta (Ligth Tight Oil) que se extrae directamente de la roca madre, no porosa, con la técnica del fracking (de momento sólo en EE.UU. y en Argentina). Aparte de lo costoso del método de extracción (que ha originado una burbuja financiera que a estas alturas está reventando), el líquido extraído tiene una proporción de hidrocarburos de cadena corta bastante más elevada que la del crudo promedio (de ahí el nombre de Petróleo Ligero); como comentó Kjell Aleklett en Barbastro, el hecho de que el LTO sea el tipo de hidrocarburo cuya producción crece más hace que el pico del diésel sea más acusado. El resto de "petróleos no convencionales" son básicamente de tres tipos: crudo sintético obtenido de petróleos extra-pesados, biocombustibles y líquidos del gas natural. El primer tipo se obtiene combinando bitumen extraído de las arenas bituminosas del Canadá con gran destrozo ambiental y el de la Franja del Orinoco, en Venezuela. Se requieren grandes cantidades de agua y de gas natural para su síntesis, es muy costoso, ambientalmente muy dañino, tiene baja TRE y requiere muchas adaptaciones en las refinerías; encima, está prácticamente ya en su máximo de producción, a pesar de que sus reservas son enormes. En cuanto a los biocombustibles, son un sumidero energético y fuente de muchos otros problemas y nunca tuvo sentido económico ni mucho menos energético producirlos. Por terminar, los líquidos del gas natural son en su mayoría (90%) hidrocarburos de cadena corta, que son útiles en la síntesis de plásticos, y su inclusión en esta categoría sólo introduce confusión (y encima es la categoría mayoritaria dentro de los no convencionales). Todos estos hidrocarburos líquidos no son completamente equivalentes (no son fungibles, usando el término técnico); por ejemplo, el LTO y los líquidos del gas natural no se pueden usar para producir diésel; el biodiésel no puede usarse solo sino mezclado con petrodiésel; y el bitumen de Canadá y Venezuela necesita o bien grandes cantidades de gas natural o bien ser combinado petróleo ligero para que su refino sea posible, y no se puede refinar más que en ciertas refinerías. Además, muchos de estos petróleos tienen un contenido energético en volumen sensiblemente menor al del petróleo medio y todos ellos son más caros energéticamente de producir (tiene menor rendimiento, es decir, menor TRE). El ciclo de vida de las explotaciones de hidrocarburos no convencionales también es diferente al del petróleo convencional: así, los biocombustibles están expuestos a las venialidades climatológicas; las arenas bituminosas dependen de una gran infraestructura de extracción y de disponer de mucha agua; y el LTO, además de las dificultades técnicas de la fractura hidráulica (necesidad de disponer de agua para la fractura y de deshacerse de las aguas de desecho, que todo el transporte se hace por carretera dado que la breve vida de estas explotaciones no permite hacer oleoductos, el rápido deterioro de esas carreteras comarcales con el tránsito de tanto vehículo pesado, etc), en los EE.UU. tiene muchas particularidades legales (concesiones en régimen de "Lease or leave", "Explota o vete"). Esas diferencias pueden llevar, en algunos momentos, a explotar estos recursos sin beneficio e incluso a pérdidas. El haber agregado cosas tan diferentes, no siempre equivalentes, con precios diferentes y con mercados más fragmentados que el del petróleo convencional, lleva a nuestros apreciados expertos una incomprensión de cómo está funcionando ahora mismo el mercado del petróleo, y en particular a paradojas como las que se vieron entre 2011 y 2013, cuando a pesar de que la demanda crecía menos que la oferta sin embargo el precio se mantenía elevado. La clave es que la demanda de cada parte de ese agregado que llamamos "todos los hidrocarburos líquidos" no es la misma y al juntarlo todo no vemos qué es lo que se demanda en realidad. Yo uso una imagen simple para explicar esto: imagínense que viene un experto de cabecera y les dice: "El año pasado España produjo 60 millones de yugos y guillotinas, un récord histórico. La demanda de yugos y guillotinas bajó un 1%; a pesar de ello, y contrariamente a la intuición, el precio de las guillotinas continuó subiendo con fuerza", y aquí nuestro querido amigo se lanza a aventurar un montón de explicaciones, a cual menos verosímil cuando se analizan un poco; explicaciones por otra parte radicalmente diferentes de las que nos ofrecería otro experto de similares credenciales y capacidad de análisis. Nuestro experto en artículos para el cuello está confundido porque observa que la oferta (de yugos y guillotinas) sube, su demanda baja y a pesar de ello el precio sube y sube. La clave está en que está juntando dos mercados, el languideciente mercado  de los yugos con el pujante mercado de las guillotinas, y así obviamente no hay quien entienda nada. Claro que si separas los dos mercados quizá se vería que en realidad la producción de guillotinas decae por falta de algunas materias primas requeridas, a pesar de ser un producto del máximo interés. Del mismo modo, tratar los líquidos del gas natural o los biocombustibles como si fuesen lo mismo que el crudo cuando su demanda y mercado no son exactamente los mismos lleva, básicamente, a que el comportamiento del mercado de "todos los líquidos" sea ininteligible.


- El peak oil ya está aquí: Quizá Vds. no se han enterado, pero hasta la Agencia Internacional de la Energía reconoció en 2010 que el máximo de producción de petróleo crudo convencional fue en 2005. De hecho, si cogemos la producción conjunta de los principales productores que ya han superado su peak oil la situación es, como mínimo, bastante preocupante.

 
Queda claro de la figura que el futuro de la producción de petróleo depende de que cada vez menos países no lleguen a sus respectivos peak oils, momento que por otro sabemos que es inexorable. Dejen por tanto de decir que el peak oil es una teoría, porque ahí mismo tienen varias decenas de países para los que esa "teoría" es una amarga realidad. Y yo en su lugar dejaría de confiar tanto en que la producción de esa entelequia contable de "todos los líquidos" siga creciendo en volumen (ya sabemos que en energía está en realidad en descenso desde 2010), porque si la debacle del fracking continua al ritmo actual éste año podría ser el del pico volumétrico de todos los líquidos, y entonces tendrán que buscar un buen carro de excusas para justificarlo (me imagino que la más manida será la del falaz pico de la demanda; a ver si la gente se cree que si consumimos menos petróleo es porque ahora somos más eficientes y no porque tengamos una crisis económica de caballo).


- Los EE.UU. no son energéticamente independientes...: Ya explicamos cuando analizamos el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía de 2012 que en la rueda de prensa de su presentación el economista en jefe de la AIE soltó un argumento bastante osado: que hacia 2020 los EE.UU. sería el primer productor mundial de hidrocarburos líquidos y que hacia 2035 serían autosuficientes energéticamente "de manera neta". A partir de ahí, la prensa ha ido inflando el bulo hasta el punto de decir, primero, que en 2020 los EE.UU serían el primer productor mundial de petróleo y ahora que los EE.UU. están a punto de ser autosuficientes energéticamente, o incluso que ya lo son.

Demostrar que los EE.UU. no son autosuficientes energéticamente en la actualidad lleva sólo unos minutos. Por ejemplo, simplemente consultando los datos de producción y consumo de hidrocarburos líquidos en los EE.UU. hasta 2013 (2014 es muy similar) derivados del último anuario estadístico de BP:


Consumo (línea negra) y producción (curva sombreada gris) de hidrocarburos líquidos en los EE.UU. Gráfica extraída de la web Flujos de Energía, http://mazamascience.com/OilExport/index_es.html
Con los datos en la mano uno se encuentra con que los EE.UU. producían a finales de 2013 algo más de 10 Mb/d de hidrocarburos líquidos, de los cuales grosso modo sólo 5 Mb/d son crudo convencional, 3 Mb/d son LTO y 2 Mb/d son biocombustibles (cuya TRE es virtualmente de 1, con lo que en realidad sólo contribuyen a contabilizar dos veces la misma energía). Lamentablemente, en ese mismo momento los EE.UU. también consumían 18,6 Mb/d. El balance es, por tanto, que su producción interna en volumen sólo cubre el 56% de su consumo, y que por tanto tienen que importar nada menos el 44% de los hidrocarburos líquidos que los días que nos da por ahí llamamos petróleo (todo esto, a finales de 2014; en un momento veremos qué está pasando ahora mismo). Por lo tanto, está claro que los EE.UU. no son autosuficientes en lo que a hidrocarburos líquidos se refiere.

Pero, claro, el argumento de la AIE incluía el gas natural, que estaba experimentando una gran subida gracias a las explotaciones de fracking. De eso modo, la idea que tenía la AIE en su informe de 2012 era que los excedentes del gas natural compensaban la falta de hidrocarburos líquidos (como si fueran cosas equivalentes, más allá del papel) hacia 2035 y así EE.UU. era autosuficientes "de manera neta" (el diablo está en los detalles). ¿Producen los EE.UU. más gas natural del que consumen en este momento? La respuesta es no: a pesar de los grandes aumentos de producción debidos al fracking, aún tienen que importar, de manera neta, aproximadamente un 8% de lo que consumen.
Consumo (línea negra) y producción (curva sombreada gris) de gas natural en los EE.UU. Gráfica extraída de la web Flujos de Energía, http://mazamascience.com/OilExport/index_es.html

La única materia prima energética que exporta de manera neta los EE.UU. es el carbón, y siempre en cantidades relativamente pequeñas. Por tanto, de autosuficiencia energética ahora mismo nada de nada.

El otro día oí a uno de estos expertos que se hacía la siguiente pregunta en voz alta: "¿Por qué baja el precio del petróleo si los EE.UU. son autosuficientes?". La verdad es que no entendí qué le parecía extraño de ese silogismo; hizo un para mi incomprensible razonamiento sobre lo que implicaba para el mercado que los EE.UU. fueran independientes, y llegaba a la paradójica conclusión de que la autosuficiencia energética de los EE.UU. implicaban precios altos (supongo que porque los costes productivos del fracking son elevados). En todo caso, había de entrada un fallo fundamental en su silogismo: la premisa es falsa, los EE.UU. no son autosuficientes energéticamente...

- ... ni lo serán nunca: En este momento conviene ir a la raiz del famoso bulo sobre la independencia energética de los EE.UU. Toda la historia se basa en las proyecciones que la AIE hizo en su informe de 2012, el WEO 2012, y la burda exageración se sintetiza en una única gráfica:






Hemos comentado esta gráfica ya varias veces en este blog, pero está claro que el asunto le ha pasado desapercibido a nuestros expertos. Veamos. Lo que muestra este gráfico es la proyección (que, recordemos, hizo la AIE hace algo más de dos años) sobre cómo evolucionarán las importaciones de petróleo de los EE.UU. de 2012 a 2035. Primer detalle que no debería pasarle por alto a un experto: en la gráfica se ve que en 2035 los EE.UU. todavía importarían un poco más de 3 Mb/d de petróleo. ¿Dónde queda, entonces, la tan cacareada independencia energética? En que la AIE asume que los EE.UU. producirán tal excedente de gas natural, sobre todo gracias al impulso del fracking, que en 2035 este excedente energético en gas natural será equivalente al déficit en petróleo. Una extraña contabilidad, en la que por una vez la AIE usa excepcionalmente el valor energético de cada combustible para compararlos, a pesar de que el petróleo sea tres veces más caro que el gas. Fíjense además que la AIE fija como horizonte para que se consiga este hito el año 2035, no por casualidad el último año que cubrían sus previsiones de 2012: en esencia estaba diciendo que el milagro pasaría hacia el fin del período de la previsión, que es como decir en el plazo de tiempo más largo que se puede concebir. Y es que, a fin de cuentas, ¿quién se acordará en 2035, con todo lo que lloverá de aquí a entonces, de las previsiones que hizo la AIE en 2012? Pues para su desgracia, una parte de la prensa que busca con desesperación buenas noticias en temas de energía y los expertos a los que se dirige este artículo siguen pensando en ese horizonte de bonanza norteamericana, sin revisar las hipótesis ni comprobar si aún son válidas; en particular, parece que no se han enterado de que en los dos informes posteriores, el de 2013 y el de 2014 la AIE ha ido corrigiendo a la baja sus previsiones sobre la producción de gas a través de fracking, con lo que "se cae" la famosa independencia energética "neta".

En realidad, y en cuanto uno comienza a mirar los detalles, emergen nuevos e inquietantes nubarrones. Sin ir más lejos, en la gráfica que soporta toda la falacia de la presunta futura independencia energética neta de los EE.UU., nos encontramos que hay otros 3 Mb/d de disminución del importaciones de hidrocarburos líquidos de difícil encaje: "eficiencia del lado de la demanda". Vamos, que la introducción de mejoras en la eficiencia llevarán a una disminución del consumo en nada menos que 3 Mb/d (sobre los casi 19 Mb/d que los EE.UU. consumen ahora mismo eso representa el 16% de su consumo actual). Que mejoras en la eficiencia lleven a un descenso del consumo es una cosa extraordinaria, tan extraordinaria que de hecho no ha pasado nunca con nuestros sistema económico si no es en medio de una grave crisis económica, por razones que Lord Jevons podría explicarle a nuestros expertos si le quisieran oír. Por supuesto que si los EE.UU. entran en una gravísima crisis económica pueden llegar a ser autosuficientes, y más en particular si su economía está de rodillas y consume mucho menos que ahora mismo: ¡si hasta podrían llegar a exportar! Sucede, sin embargo, que ese escenario no es el idílico paraíso en el que parecen creer nuestros expertos.
 

Hay más cuestiones inquietantes en el horizonte: como comentamos al analizar el WEO 2014, la AIE ya está hablando claramente de un estancamiento del consumo total de energía en Europa, Japón, Rusia y los EE.UU. para las próximas décadas. No estamos hablando de petróleo solamente, sino de toda la energía. Cómo se puede conseguir crecimiento económico sin aumentar el consumo de energía es una cosa que todavía está por demostrar, mas allá de algunas triquiñuelas en la contabilidad nacional con escaso recorrido. Tomando esa previsión con la seriedad que merece, lo que la AIE nos está diciendo es que la recesión será permanente, lo cual es lógico si uno considera que, justamente por la escasez de petróleo, esta crisis no acabará nunca, como llevamos diciendo 5 años en este blog. Que un tema tan crucial le pase desapercibido a nuestros expertos muestra que, obviamente, no se leen los informes de la AIE; y también dice muy poco de las fuentes de las que se nutren, muchas de las cuales son la misma noticia elaborada y reelaborada por otros expertos de su mismo jaez, en un curioso ecosistema informativo en el que el detrito de uno acaba siendo el sustento de otro.

Pero lo que acaba de proyectar una sombra ominosísima sobre el futuro energético de los EE.UU., y por ende de todo el planeta, es el fracaso del fracking. Nuestros expertos están ahora obsesionados con la reciente bajada de precios del barril de petróleo (de la que hablaremos un poco más abajo), ofreciendo argumentos de lo más variopinto, sin ser capaces de ver que el drama llevaba varios años gestándose, básicamente los mismos desde que el fracking comenzó a alzar el vuelo. Ya en Noviembre de 2013 la AIE lanzaba un agorero aviso a navegantes con la siguiente gráfica, que ya comentamos en su momento:



En ella la AIE nos prevenía sobre cómo evolucionaría la producción de hidrocarburos líquidos (excluidos los líquidos del gas natural, quizá para no emborronar más la discusión espuriamente) si no se producía más inversión (en realidad, la inversión suficiente). Como pueden apreciar, la caída en la producción sería escalofriante, llegando a ser una cuarta parte de la actual (y aún eso, en volumen; en energía sería mucho menos, en línea con el horizonte 1515). Con esta gráfica, inserta en medio de su informe anual, la AIE enviaba un mensaje de cierta alarma a quien debía recibirlo (obviamente, no a la fanfarria mediática, emborrachada de sueños húmedos de fracking). La reacción de la industria delante de tal aviso fue hacer exactamente lo opuesto de lo que se le pedía: una oleada de anuncios de desinversión , que ya en Marzo de 2014 nos hacía anticipar que en los años a seguir tendría fatales consecuencias. Por si fuera poco, en Julio de 2014 supimos que la industria de los hidrocarburos pierde dinero a manos llenas: más de 100.000 millones de dólares al año, con una deuda acumulada de más de medio billón de dólares. Y recuerden que todo eso pasaba con el precio del barril aún en los 100 dólares. Después, y sólo después, comenzó el actual descenso de precios, al que aún le queda cierta recorrido, con lo que todos los problemas descritos se están exacerbando. En este contexto, el número de empresas dedicadas a la explotación de hidrocarburos extraídos con fracking y otros hidrocarburos no convencionales que están quebrando nos indica que la burbuja financiera creada en torno al fracking está explotando. Dependiendo de si el colapso de esta industria es más rápido o más lento los plazos se acortarán o alargarán, aunque las consecuencias finales serán igualmente funestas.

- "El fracking ha venido para quedarse": Ésta es una de las frases más necias que he tenido que oír últimamente en una  homilía expertil. La frase corresponde al género de pensamiento mágico, variante sólo ligeramente más adulta de esa estrategia de negación que tienen los niños de repetir en voz alta: "No es verdad, no te escucho" mientras se tapan los oídos cuando no quieren que les den una mala noticia. Si el fracking, como dicen estos señores, ha venido para quedarse, deberían de poder aportar datos claros al respecto, porque todas las previsiones que yo he visto (incluida la muy optimista  de Goldman Sachs que se encuentra bajo estas líneas) hablaban de una llegada al máximo productivo muy próxima - unos pocos años desde ahora - y a partir de ahí una declinación más o menos rápida.




Lo malo de esas previsiones de peak LTO temprano y rápido declive ulterior es que se hicieron en un entorno muy diferente al actual, con precios del petróleo mucho más altos. Si incluso con los precios anteriores las empresas ya perdían dinero, con los precios actuales se están hundiendo en la más absoluta de las miserias. Seguir hablando de "la bonanza del fracking", o que "el fracking puede resistir el actual entorno de precios", cuando el número de pozos activos en los EE.UU. ha caído más de un 40% desde su máximo del año pasado resulta o absolutamente ignorante o deliberadamente manipulador.

 Imagen de http://wolfstreet.com/2015/03/06/the-collapse-of-fracking-as-we-know-it/

Algunos expertos, viendo que cada vez es más difícil negar la debacle en las prospecciones americanas y que el asunto ya salta a las primeras planas de color sepia al otro lado del Atlántico, se agarran a su último clavo ardiendo, destacando el hecho de que a pesar de que el número de pozos activos cae rápidamente la producción se mantiene en las estadísticas oficiales del Departamento de Energía de los EE.UU. Atribuyen el hecho a las mejoras en eficiencia en la producción, fruto de una adecuada reestructuración del sector, que saldrá saneado de la crisis y tralará. Su grado de experto, se ve, no les ha llegado como para saber que, por culpa de los recortes que se hicieron en ese departamento hace unos años, los datos de producción tienen un desfase real de entre 3 y 6 meses, durante los cuales lo que se hace es extrapolar la tendencia previa. De hecho, ahora que comienzan a llegar datos del comienzo de la caída de precios se empiezan a ver las primeras desviaciones significativas entre lo que se estaba previendo y la cruda realidad.

Por si todo lo anterior fuera poco, se juega mucho en estas latitudes a hablar del fracking, que es la técnica de extracción, pero sin explicar qué hidrocarburo se quiere extraer, si petróleo o gas natural. Porque, como ya explicamos el LTO es marginalmente rentable, o lo fue para algunas explotaciones, pero el gas natural ni lo es ni lo fue nunca (un meme común entre los expertos es que el precio del gas en los EE.UU. es la tercera parte que en Europa "gracias al fracking", sin explicar que eso se pudo hacer vía endeudamiento y con un consumo local bastante  estancado). La diferencia es importante, teniendo en cuenta que, por ejemplo, en Europa (y en España en particular) sólo se han identificado recursos de gas natural explotable por fracking, nunca de petróleo. Por qué hay tanta insistencia en numerosos foros europeos en que Europa tendría que apostar por un combustible mucho menos versátil que el petróleo y con un mercado mucho más limitado, con una TRE todavía más baja y por tanto económicamente ruinoso, con unas perspectivas de producción muy limitadas a pesar de las grandes reservas, y con un gran impacto ambiental es para mi un misterio, que a decir de algunos se esclarece a la luz de ciertas presuntas y sustanciosas comisiones.

Al final, es posible que la frase de que "El fracking ha venido para quedarse" sea cierta, aunque no de la manera que dicen nuestros expertos; y es que el impacto ambiental del fracking puede dejar una huella duradera.

- Los saudíes no están intentando hundir a Iran, Rusia, el fracking en EE.UU. ni/o las torrijas de mi abuela:  Este tema se he tratado con tanta profundidad en este blog que no me da la gana de repetirme aquí una vez más. Para entender el actual proceso de hundimiento de precios (y hacia dónde nos lleva) puede leerse "La espiral", y para comprender que no hay ninguna conspiración pero se suspira por ella, "La ilusión del control".

- El coste de extraer un barril de petróleo en Arabia Saudita no es de 2 dólares: Muchos expertos se empeñan en decir que extraer petróleo en Arabia Saudita es un regalo, que cada barril cuesta de extraer sólo un par de dólares. Se ve que estos señores y señoras viven anclados en su adolescencia o en su juventud, pues se creen que los cuarenta o cincuenta años que han pasado desde que esto era así no son nada. Poco importa que hasta el campo supergigante de Ghawar sea ya muy maduro y requiera inyectar grandes cantidades de agua para mantener su producción, poco importa que se haya tenido que poner en producción campos de tan poca calidad como el de Manifa, mezclando su producción con la del resto del crudo saudí, para evitar que la producción decaiga. Tampoco le importa a nuestro experto, en suma, que a los saudíes ya no les quede nada más, ningún otro campo en reserva, para evitar la caída de la producción en pocos años. 

Producción de petróleo de Arabia Saudita. Adaptado de http://peakoilbarrel.com/opec-crude-plus-more-on-eia-estimates/


Es igual: si en los años 60 del siglo pasado producir petróleo en Arabia Saudita costaba 2 dólares, hoy en día cuesta lo mismo. En realidad, el coste de producción se sitúa más bien en torno a los 20 dólares para Arabia Saudita y por encima de los 25 dólares por barril para el promedio de la OPEP (peor aún: si se tiene en cuenta la inflación, el coste de producción no fue jamás de 2 dólares de 2015, que es lo que va implícito en la absurda extrapolación de nuestros expertos). Pero, como ya explicamos hace cosa de dos años, los países productores tienen sus propias necesidades, que van más allá de meramente cubrir los costes logísticos para producir petróleo para que nosotros lo quememos alegremente en un todoterreno para ir a comprar el pan. Resulta que estos países necesitan un precio por barril lo suficientemente alto como para que los ingresos fiscales permitan mantener algo más que los privilegios de la élite: un mínimo sistema de redistribución de la renta, basado un sistema de ayudas sociales, que tienen como objeto impedir que comiencen las revueltas en esos países y todo se vaya al garete. Esos costes fiscales son por tanto tan estructurales o más que los de poner en marcha la perforadora o transportar el crudo. Y esos costes no son nada bajos: en promedio, se sitúan por encima de los 80 dólares por barril.

Imagen de  http://ourfiniteworld.com/2014/11/05/oil-price-slide-no-good-way-out/
Pensar, por tanto, que hay margen para la bajada de precios del petróleo o para mantenerlos bajos para mayor gloria del consumidor occidental es de una absoluta ceguera, completamente impropia de un autoproclamado experto.


- El ahorro y la eficiencia no cambian nada por sí mismos: Este tema también se ha tratado en repetidas ocasiones aquí (incluso en clave for dummies). Resulta que un noble inglés que vivió a finales del siglo XIX, Lord William Jevons, observó que a medida que se iba mejorando la eficiencia de las máquinas de vapor el consumo de carbón de Inglaterra aumentaba en vez de disminuir: es la famosa Paradoja de Jevons. ¿A qué se debe esto? A que en un sistema económico orientado al crecimiento indefinido y a la producción, la energía que queda libre porque alguien no la usa (mediante ahorro directo, o indirectamente al aumentar la eficiencia) otro la usará para producir bienes y servicios y así ganar más dinero. Como decía Javier Pérez en su post para profanos: "La chica a la que no besaste no se metió a monja: se casó con otro". Este simple principio, bien conocido desde hace más de siglo y medio, tampoco ha permeado en las entendederas de tanto experto que corre por esos mundos de Dios, y así tenemos una machacona insistencia en que hay que fomentar el ahorro y la eficiencia energética, como si eso fuera a solucionar algo. Lo que está pasando es que la energía que ahorran los consumidores la acaba consumiendo la industria, los precios de la energía no bajan y, encima, para añadir insulto a la afrenta, al consumidor se le suben otros costes indirectos para que siga pagando lo mismo que antes o más. Por ejemplo en España, en la factura de la electricidad ha descendido el precio de la parte que refiere al consumo realmente realizado, pero se ha aumentado el precio del término fijo (que va referido a la potencia contratada), con lo que el consumidor al final acaba pagando más aunque consuma menos.

Contrariamente a lo que piensan algunos peakoilers más radicales, no es que no haya solución a la paradoja de Jevons: sí que la hay. Más aún: ahorro y eficiencia serán muy útiles en el futuro. Pero el primer paso es cambiar el origen de la paradoja y de muchas otras contradicciones: un sistema económico basado en el crecimiento continuo. Y aquí vemos la verdadera cara de muchos expertos: nuestro sistema económico, el capitalismo, es simplemente intocable, y se puede hablar de todo menos de cambiar este sistema. Estoy convencido de que muchas de las afirmaciones absurdas e infundadas que realizan muchos expertos tienen su origen en que no tienen redaños para cuestionar lo incuestionable; no se atreven a dejar de pasar de puntillas por la cuestión de fondo y mentar por fin la bicha y decirlo todo. En vez de eso, buscan una solución probando a tocar todas las variables menos la obvia; algo parecido a la historia del hombre que buscaba sus llaves perdidas bajo la farola y no unos metros más allá, donde se le cayeron en realidad, porque bajo la farola había más luz.


- No es ningún misterio por qué no se ponen más paneles solares en España: España recibe mucha más insolación que países del norte de Europa que han instalado proporcionalmente más paneles fotovoltaicos, sobre todo en los últimos años. Un tópico recurrente de un cierto tipo de expertos en energía, del suptipo "con conciencia ecológica", es preguntarse por qué en España, que durante unos años lideramos la implementación de sistemas de generación de energía renovable, estamos ahora tan mal. Se señala con el dedo al Gobierno (a los Gobiernos, en realidad) que han desmantelado el sector, y hay una parte innegable de razón en ello. Sin embargo, el problema de las renovables es mucho más profundo y no se circunscribe sólo a España, como explicamos al tratar de la relación entre renovables y capitalismo: los sistemas de energía renovable tiene una rentabilidad económica insuficiente para mantener el sistema capitalista tal y como está estructurado ahora mismo. Es por eso que no se fomentan. Y el problema, como digo, no se circunscribe a España; el parón de inversión en Europa es evidente:



Incluso en Alemania se están recortando los subsidios a la energía renovable (recientemente ha salido un informe demoledor para el sector renovable en el Reino Unido). La clave es que la baja TRE de estos sistemas los hace inadecuados para mantener el capitalismo tal cual lo entendemos. La solución aquí parece pasar antes por abandonar el capitalismo que por abandonar las renovables, pero como la primera proposición es inaceptable la mayoría de los expertos, de manera más abierta o solapada, se van a la segunda; y aquellos que no pueden tampoco aceptar esta segunda por su perfil "ecológicamente concienciados" se dedican a dar vueltas dialécticas en círculos y a hacerse la pregunta retórica: "¿Cómo es que teniendo tanto Sol en España no se invierte más en fotovoltaica?", mientras absolutamente nada cambia.


- No es electricidad lo que necesitamos: Parece mentira tener que volver a insistir una y otra vez en el mismo hecho simple: en 2011 la electricidad en España supuso solamente el 21% de nuestro consumo de energía final. Si ese porcentaje ha aumentado hasta el 23% en 2014 no es a causa de que se hayan encontrado más y mejores usos para la electricidad aquí, sino porque el consumo de petróleo ha caído un 25% desde sus máximos de 2008. De hecho, el consumo de energía primaria en España es ahora mismo comparable al de principios de este siglo.

Imagen de http://www.endesaeduca.com/Endesa_educa/recursos-interactivos/el-sector-electrico/consumo-energia-mundo
Electrificar los usos actualmente no eléctricos de la energía no es tarea fácil. Ya hemos expuesto aquí con muchísimo detalle por qué el coche eléctrico es sólo una quimera, pero es que necesitamos mucha otra maquinaria que no son coches (camiones, tractores, excavadoras, barcos, aviones) cuya electrificación como vehículos autónomos simplemente ni se discute debido al desmesurado tamaño que tendrían que tener las baterías. No es que no se puede electrificar la sociedad, pero es preciso hacer una planificación muy cuidadosa, teniendo en cuenta además las limitaciones de los materiales requeridos. Hace unos años hicimos ese análisis y la solución existe, aunque los cambios que acaba implicando sobre nuestro sistema económico son radicales; de hecho, es necesaria la superación del capitalismo para poder hacer esta transición.


- Dejen de meterle prisa a la innovación: Los avances tecnológicos no van a suceder porque coincida que nos vendría muy bien que se encuentre una nueva  fuente energética o un sistema de aprovechar mejor lo ya existente (sin que Jevons estropee la fiesta). Y no es una cuestión de más inversión, como parecen pensar los economistas tradicionales. Precisamente la innovación en energía es mucho más lenta o quizá limitada que en otras áreas, posiblemente porque los límites de la Termodinámica son bastante estrictos. No ha habido grandes cambios en el mecanismo central para producir electricidad en más de un siglo: sigue consistiendo en hacerle dar vueltas a unas espiras en el seno de un campo magnético, y la mayoría de las centrales eléctricas consisten en hacer hacer hervir agua para que el vapor mueva un rotor que haga girar esa bobina. Se han mejorado diseños y materiales, bien es cierto, y en algunas calderas se reaprovecha parte de ese vapor, pero al final hay una gran parte de la energía, casi siempre más del 50%, que simplemente se desaprovecha. Hace décadas que no estamos introduciendo nuevas fuentes de energía: el carbón de explota desde tiempos inmemoriales, el petróleo y gas (a escala industrial) desde hace un siglo y medio, el uranio desde hace 70 años, la energía hidroeléctrica tiene un siglo, las primeras placas fotovoltaicas tienen casi 60 años y los primeros aerogeneradores poco menos. Hay, por supuesto, algunas ideas nuevas (la más prometedora, las centrales termosolares, se basan en principios conocidos por los antiguos griegos y ya implementados de manera rudimentaria para producir electricidad a finales del siglo XIX) pero no hay cambios revolucionarios ni rupturas de paradigma. Los problemas con las fuentes de energía son conocidos desde hace unos 50 años, cuando hubo el primer susto con el petróleo, y en todo este tiempo no se ha podido llegar a algo realmente competitivo que permitiera mantener nuestro actual sistema. Algunos interpretan esta ausencia como una fatua demostración de la existencia de una gran conspiración, sin comprender que nuestro sistema económico y productivo integra todo aquello que tiene un rendimiento adecuado. Mirando las cosas de manera desapasionada, más bien parece que los avances en materia de fuentes de energía o no son posibles o tienen un recorrido bastante escaso. Pero incluso si uno tiene cierta fe en que al final se producirá un avance tecnológico revolucionario (y quizá después de todo no tan deseable), es obvio que no reaccionar a los graves problemas que ya tenemos, esperando a que se produzca el oportuno milagro, es una manera negligente de gestionar la actual situación, completamente temeraria e impropia de quien tenga esa responsabilidad. Es por eso sorprendente que nuestros expertos, algunos de los cuales dan consejo a nuestros Gobiernos, esbocen esa irracional fe en el milagro salvador, en una manifestación de imprudente tecnooptimismo.



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Un viernes cualquiera, alguno de estos santones y yo podemos coincidir en la misma sala, a pocos metros de distancia, casi mirándonos cara a cara, él o ella hablando, yo escuchando. La posición es parecida, casi simétrica en realidad. Y quizá por compartir intereses (aunque no actitudes) y por haber coincidido en el mismo espacio, de algún modo esa simetría persiste, imperfecta, durante algún tiempo: el sábado siguiente esta persona atenderá a sus oficios:


y yo a mis orificios.




Salu2,
AMT
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Declive energético y cambio del modelo cultural

8 Març, 2015 - 22:50


Queridos lectores,

Una de las cuestiones que se han tratado de manera fragmentaria a lo largo de estos cinco años de posts es la de la necesidad de un cambio cultural profundo para que nuestra sociedad pueda hacer frente al descenso energético. La mayoría de las discusiones que he desarrollado en el blog han tenido que ver con diversos aspectos del cambio de modelo económico y financiero. Hace unos días discutimos en estas mismas páginas algunos aspectos clave de los necesarios cambios en nuestro modelo de asignación de recursos, que en el fondo es una discusión sobre la estructura básica que tiene que tener un modelo económico que pueda funcionar cuando la energía sea menos abundante. Los aspectos que analicé en aquel post, y más aún las recetas que proponía para conseguir estructuras que puedan resistir un proceso tan agudo como es el descenso energético, no eran meramente económicos: al fin y al cabo, un sistema feudal en el que la mayoría vive en el umbral de subsistencia podría conseguir fácilmente cumplir los objetivos de sostenibilidad y resiliencia para garantizar su continuidad en el tiempo. Sin embargo, en la mente de todos está el interés de preservar algunos aspectos que habitualmente se consideran deseables del modelo social actual (la igualdad de oportunidades, la igualdad ante la ley, la democracia, la educación y la sanidad universales,...), más allá de lo lejos del ideal -a veces hasta lo grotesco- que hoy en día se encuentran estas conquistas sociales. Mucha gente que conoce la problemática de la crisis energética da por hecho que estas estructuras de carácter igualitario son fruto exclusivo de la abundancia energética y que sin ésta aquéllas no se podrán mantener. Sin embargo, la gran diversidad de sistemas de organización social que pueden encontrarse en la Historia de la Humanidad, sobre todo si uno se aleja de la visión sesgada que es norma en el mundo occidental, indica que no es del todo evidente que nuestros únicos puntos de destino para nuestra sociedad sean el autoritarismo o la extinción.

Debatir estos aspectos en profundidad y con propiedad requeriría una aproximación desde la Antropología, la Historia y la Sociología que al tiempo tuviera en cuenta las crudas realidades de la Física, la Geología y la Ecología. Poca gente tiene esa capacidad de síntesis; en general son los filósofos, como Jorge Riechmann, los que hacen este esfuerzo de comprender - en el sentido de abarcar - toda este poliédrico problema; pero yo echo en falta que gente proviniente de las tres últimas disciplinas que enumeraba más arriba hagan el esfuerzo de acercarse a las tres primeras (quizá de los pocos que podría hacerlo es mi compañero Antonio García-Olivares). Desde luego yo no tengo los conocimientos ni el bagaje cultural ni la capacidad que se necesitan para abordar con alguna garantía esta discusión. Pero no por ello el debate debe ser soslayado, y entiendo que en el contexto de este blog, que pretende ser solamente una herramienta divulgativa, seguramente esta discusión no puede postergarse más.

Así pues, enunciaré algunos aspectos de esos valores culturales, hoy comúnmente aceptados en esta parte del mundo que solemos decir occidental, que a mi pobre entender tendrán que ser revisados en un contexto de descenso energético. No podré, por no saber, proponer grandes recetas para ese cambio, sólo algunas ideas que me parecen más o menos sensatas. El objetivo de este post, por tanto, no es dar una visión acabada de la cuestión, sino en primer lugar mostrar un punto de vista bastante diferente al del supervivencialismo y del nihilismo en el que algunas personas, conscientes de los graves cambios que se avecinan, pueden caer por puro desánimo y resignación; y en un segundo término abrir la discusión.

- Individualismo: Uno de los valores más fundamentales para el correcto funcionamiento de nuestra sociedad actual es el individualismo. El individualismo consiste en que cada indivuo intente conseguir sus objetivos por si mismo sin contar con los demás, sí, pero es mucho más que eso: es la obligación de conseguir lo que uno se propone por uno mismo, sin ayuda de nadie. El individualismo es fundamental para el sistema económico porque el individuo es más propenso a comprar bienes para conseguir sus fines, ya que si cooperase con otros individuos podría pedir prestado lo que necesite o hacerlo en conjunto, evitando el gasto y por tanto el beneficio de la fábrica que produce lo que requería. En la cultura popular, sobre todo a través de la televisión y el cine, se exalta las cualidades del líder que individualmente es capaz de lograr todo aquello que se propone, por su empeño y tesón (con consecuencias no siempre positivas, como ya comentamos). El reverso tenebroso del individualismo es la competición con los demás. Tan importante como que la gente sólo cuente con sus fuerzas (o las que pueda comprar) para cubrir sus necesidades es que no recurra a las de los demás, y la mejor manera de cortar la vía de la cooperación es la competición. Exaltar la competición en la cultura popular es bastante más difícil, pues competir con nuestros congéneres, por ejemplo, por una barra de pan tiene lógicamente muy mala prensa (y es que el hombre es, contrariamente a lo que a veces se dice, un animal eminentemente social). El vehículo adecuado para la exaltación de la competitividad es el deporte: se habla de "sano espíritu competitivo" y se le da una importancia desmesurada al deporte (en mi país, al fútbol) como vehículo cultural central. Una vez que se enseña que hay un contexto en el que competir es algo correcto, resulta más fácil extender ese argumento de competitividad a otros contextos en los que no resultaría tan obvio. Por ejemplo, en las empresas: todo el mundo hoy en día da por hecho que las empresas "han de ser competitivas", lo cual en el fondo quiere decir que compiten por un hueco en el mercado a costa de otras empresas a las que les irá peor y que eventualmente cerrarán. Eso es normal, nos dicen los economistas, ya que la competitividad permite mejorar la oferta a los consumidores, y de esa manera éstos disfrutan de mejores productos. Productos que, en realidad, sirven para exacerbar su individualismo, comprando aquello que en realidad no necesitaría si pidiera ayuda. Y aquí entra otra de las características culturalmente indeseables del individualismo, pero que también es necesaria, y mucho,  para que nuestro sistema económico funcione como la seda: el aislamiento. Un individuo aislado se siente vacío, incompleto; nota que le falta algo. No hay nada peor y más doloroso que la soledad para un animal social como es el hombre. Por eso el individuo aislado, desconectado de todo lo que en realidad tiene sentido para él aunque él no lo sepa, intenta suplir esas carencias comprando cosas con las que rellenarlas. La exasperación vital que genera la soledad lleva a tener individuos que consumen compulsivamente; incluso en muchas relaciones de pareja es fácil observar que actúan muchas más veces como dos individuos que como una pareja (por ejemplo, si sus actividades favoritas excluyen al otro, como ir al fútbol o ir a comprar zapatos, mientras aumentan su consumo). Para acrecentar la soledad y el consumo compulsivo, es importante incentivar la desconfianza en los demás, incluso el miedo al otro, que te lleve a encerrarte con tu morada cada vez más llena de cosas y más vacía de vida. La receta adecuada para combatir el individualismo es cooperar con los demás, e incluso antes de eso confiar en los demás. Viniendo de donde venimos esto no es fácil, pues todos desconfiamos de los demás, incluso les tenemos miedo. Pensamos que si abrimos las puertas de nuestra casa a un extraño nos robará. No se trata de ser ingenuo y confiado, peor sí creer que nos irá mejor si trabajamos todos en común, y si comprendemos que todo el mundo hace falta para conseguir una transición viable. Buscar culpables y víctimas, incluso aunque los haya, no mejora nuestra situación. Para construir una relación de confianza, el primer paso es aportar más que lo que nos ha dado el otro para demostrar nuestra buena voluntad. Quizá comenzar por sonreír sea un paso en la buena dirección, y también rebajar nuestro nivel de reactividad y aguantar un poco hasta ver si el otro quiere también colaborar o no.

- Ruptura del contrato intergeneracional: Los valores tradicionales que han sustentado todas las sociedades humanas de las que tenemos conocimiento se han basado en un principio muy sencillo: los padres siempre buscaban aquello que era mejor para sus hijos. En cierto modo, la vida de los padres está supeditada al bienestar futuro de sus hijos, y los padres aceptaban de manera natural cualquier sacrifico y privación si con eso sus hijos podrían estar en una mejor posición. Lógicamente, esos padres educaban a sus hijos en los mismos principios, con lo que se esperaba que en el momento de llegar a su edad núbil, los hijos, ahora padres, se comportasen de la misma manera. Este valor cultural, prácticamente constante en todas las sociedades humanas, tiene un valor ecológico muy importante, y es que en el fondo imprime a cada generación dominante una norma de autocontención. Siempre se vio mal que un padre inconsciente, por ejemplo, dilapidara el patrimonio familiar, o que se explotase los terrenos que habían estado en la familia durante generaciones de modo tal que quedasen esquilmados y baldíos. A cada generación se le asignaban los recursos como si ésta fuera simplemente un testaferro de la siguiente, y de ese modo se evitaba un ritmo de consumo excesivo que llevase a la insostenibilidad: recordemos que la definición más común y sencilla de sostenibilidad es "gestionar los recursos y generar residuos hoy de manera que nuestros hijos puedan hacer lo mismo mañana". Esta manera de entender la gestión de los recursos, ese fideicomiso que pasa de padres a hijos, es un contrato intergeneracional implícito con tanta fuerza o más que un contrato legal mercantil. Sin embargo, con la irrupción del capitalismo financierizado ese contrato saltó por los aires; puesto que una de las características del capitalismo es la necesidad del crecimiento exponencial, es importante quitar toda traba al consumo que evite que se crezca al deseado ritmo exponencial mientras éste es posible, y el contrato intergeneracional es un freno muy fuerte. Por tanto, es fundamental que cada generación piense a corto plazo y sólo en satisfacer sus propios deseos, y es importante que no se sienta culpable con eso; como una sublimación del individualismo explicado en el punto anterior, los padres compiten con sus propios hijos, y esperan que su descendencia sea capaz de resolver sus problemas por sí mismos, aunque éstos tengan dimensiones ciclópeas justamente por la falta de freno que tuvieron sus padres. Expresiones como "esto yo ya no lo veré" e incluso "bah, serán mis hijos o mis nietos los que tendrán que ocuparse de eso", habituales cuando uno empieza a discutir cuestiones ambientales o relacionadas con la escasez de recursos, muestran una actitud que desde la mentalidad de hace sólo un siglo sería socialmente reprobada. La receta adecuada para combatir la ruptura del contrato intergeneracional es recuperar la idea de que el bien de los hijos es lo más importante, de que nosotros sólo estamos de paso gestionando lo que tendrán que disfrutar los que nos seguirán, y recuperar el sentimiento de autocontención que ha de surgir naturalmente cuando lo que nos vemos impulsados a hacer contradice los intereses de nuestros descendientes. Es una lucha ardua, pues contradice de manera directa muchos de los mensajes publicitarios, orientados al consumo aquí y ahora.

- Pérdida del sentido de un bien común y transcendente. Muchas sociedades anteriores a la nuestra sentían que tenían un fin específico, colectivo y particular, aunque muy diferente de unas culturas a otras. Podía ser la custodia de una reliquia que era venerada por muchas sociedades vecinas (La Meca), o la responsabilidad de tener que cuidar el curso alto de un río (Alto Nilo), o la de hacer de muro de contención contra un enemigo externo ya humano (Polonia) ya natural (Países Bajos). A veces ese objetivo trascendente era un tanto absurdo, pero sin embargo siempre conseguía que los miembros de aquella sociedad tuvieran el objetivo común bien presente, y que se aprestaran a colaborar en momentos de crisis, en los que el objeto de su aspiración colectiva estaba particularmente en peligro. A veces ese bien común era simplemente una excusa para mantener a la comunidad unida en un objetivo común, a veces su finalidad era mucho más profunda; en todo caso, al fijar un objetivo común los individuos aprendían a colaborar, y a ceder una parte de su tiempo de trabajo en pro de la comunidad (por ejemplo, en la explotación de tierras comunales o en la construcción y mantenimiento de las murallas). La existencia de un bien común servía también para racionalizar el altruismo, y por eso no es raro encontrarse con muchos ejemplos en los que se establece el cómo, el cuándo y el qué dar a los demás. Muchas sociedades han funcionado de esta manera durante siglos, con una evolución a veces curiosa de los objetivos considerados comunes, a veces con cambios radicales. La ventaja de tener un bien común identificable es que esas sociedades planifican su futuro, imponiendo normas estrictas en la gestión de sus productos, a veces de manera muy eficiente; y la existencia de ese bien común y trascendente hace que todos sus miembros acepten las asignaciones que se realizan. Pero con el triunfo del individualismo, todo sentido de bien común se pierde: la sociedad ya no es una malla de cooperaciones mutuas sino un conjunto de individuos que buscan maximizar la satisfacción de sus propias necesidades, aunque sea a costa de otros. Cualquier concepto de organización común desaparece, y es importante que desaparezca para que el homo individualis consuma y consuma para que la producción pueda seguir aumentando exponencialmente. El Estado debe intervenir lo mínimo y sólo en auxilio de la mejor expansión empresarial (al fin y al cabo, como ya he argumentado, el Estado es más una sublimación del ideal de control capitalista que una herramienta de administración igualitaria). La receta adecuada para combatir la pérdida del sentido del bien común es fijar unos objetivos que desde un punto de vista racional y moderno tengan sentido, más allá de motivaciones abstractas o de carácter religioso. Esos objetivos pueden ser de sostenibilidad, en el sentido propio y no prostituido de la palabra, o el de construir una sociedad resiliente capaz de adaptarse a los retos del siglo XXI o cualquier otro objetivo que para la comunidad donde se adopte tenga sentido. Un aspecto clave es que este objetivo común no sea agresivo o irrespetuoso con los derechos de otras comunidades; por desgracia, los ideales de bien común y trascendente que más prosperan hoy en día tienen más que ver con la guerra, santa o no, que con el respeto y ayuda a los demás.
 
- Alienación de la propia responsabilidad en la gestión pública. El riesgo forma parte de la vida; siempre existe un cierto margen de incertidumbre sobre los resultados de nuestras acciones, y en ocasiones se producen desenlaces fatales. Hay en general la percepción de que en nuestra sociedad actual se tiene una mayor conciencia de los riesgos, sobre todo vitales, que el que existía hace por ejemplo un siglo: las medidas de seguridad laborales son incomparablemente mayores y muchos más detalladas, se anticipan necesidades en el caso de eventos especiales y multitudinarios, se planifican medidas para evitar situaciones adversas, etc. Sin embargo, a medida que se ha ido aumentando el despliegue tecnológico se ha ido reduciendo la percepción personal del riesgo, hasta prácticamente borrar la responsabilidad personal en la gestión del riesgo propio o próximo. Además de la tecnología, con la centralización de la toma de decisiones en los Estados, alejando el centro de decisión del lugar donde se aplican esas decisiones, los ciudadanos pierden la conciencia de que tengan algo que decir sobre la gestión de las cosas que les tocan cercanamente, hasta el extremo de asumir que no se puede hacer nada para cambiar las cosas. Nunca montaríamos en un autobús en el que el conductor estuviera completamente borracho o mostrase otros signos de no estar en condiciones de conducir con seguridad; sin embargo, continuamos delegando la toma de decisiones fundamentales en nuestro día a día en personas que no conocemos, que viven a cientos de kilómetros de distancia de nosotros y que repetidamente toman decisiones dañinas con nuestros intereses y en favor de grandes intereses económicos. Durante décadas se ha aceptado pasivamente este estado de cosas (era común hace unos años en España una frase idiota, en el sentido griego de la palabra: "Yo no entiendo de política"), lo cual simplemente ha agrandado los problemas con los que nos enfrentamos ahora. Incluso en este momento que surge una marea crítica, en España y otros países, con la manera de proceder que se percibe corrupta de nuestros responsables políticos, las alternativas que se configuran aspiran a la misma estructura de poder central, el centro de decisión alejado de lo gestionado, con los previsiblemente mismos problemas y resultados de lo que hay actualmente. Las consecuencias desastrosas de este sistema de gestión tan impersonal, tan alienado, no se limitan a la desatención de las cuestiones sociales, sino que acaban poniendo en peligro nuestra misma supervivencia: no puede ser que consideremos que las actuales externalidades ambientales asociadas a la "normal actividad económica" son adecuadas, si eso lleva a poner en grave riesgo nuestra misma continuidad en el planeta (si quieren ver unos cuantos ejemplos de lo que digo, lean el post correspondiente). La receta adecuada para combatir la alienación de la propia responsabilidad en la gestión pública es la relocalización, cosa no sólo necesaria a nivel de la producción y la asignación de recursos, sino también en la toma de decisiones: los centros de decisión han de estar próximos al ciudadanos y éste tiene que implicarse personalmente en las cuestiones que les atañen.

- Fijación errónea del objetivo en la vida. ¿Cuál es el objeto de nuestra existencia? Dado que estaremos en este planeta durante un breve lapso de tiempo, es crítico saber lo antes posible qué es lo que podemos esperar y cuál es el mejor uso que le podemos dar a ese tiempo tasado que tenemos. Ésta es una de las grandes preguntas de la Humanidad desde la noche de los tiempos, y cada civilización y sociedad ha intentado dar una respuesta diferente a la misma, sin que se pueda decir en puridad en la mayoría de los casos que los objetivos que se marcaron unos sociedades sean claramente superiores a los de otras. La clave es que las personas se sientan felices, realizadas en su proyecto vital, por absurdo o ridículo que éste nos parezca. ¿Es feliz al gente en la sociedad actual? Es bastante discutible; el individualismo alienante lleva a tener una insatisfacción vital que el individuo afectado no sabe exactamente de dónde le proviene. Pensemos, además, que de cara a obtener la máxima producitividad de los individuos se ha introducido, también a través de elementos culturales, una extraña medida de la realización personal: tener éxito en el trabajo. Tener éxito en el trabajo significa trabajar más, ascender en la empresa, recibir palmadas en la espalda de los jefes, ganar más dinero, tener más gastos, y tener cada vez menos horas libres. En suma, convertirse cada vez más en un autómata (propiamente, un bautómata) cuya única función en la vida es producir y consumir. Esto es lo que se considera hoy en día tener éxito de manera socialmente aceptable. ¿Es eso realmente lo que queremos para nosotros? ¿Es eso realmente lo que queremos para nuestros hijos? La receta adecuada para fijar correctamente el objetivo de nuestras vidas no existe, o al menos no es única: cada persona debería buscar la suya. La clave es mirar en nuestro interior e intentar descubrir que es aquello que nos hace íntimamente felices, aquello que nos gusta hacer y en los que nos gusta ocupar nuestro tiempo. Girar completamente el objetivo de nuestras vidas y en vez de aceptar un objetivo único y uniforme para cada uno de nosotros, que es el de vivir para trabajar (aquellos que tienen la suerte de tener trabajo, un bien cada vez más escaso), debemos por el contrario trabajar para vivir, y el tiempo que no trabajemos simplemente vivir, haciendo aquello que a cada uno nos gusta hacer y que es para cada uno de nosotros diferente.

- Objetivo de nuestras empresas. Dentro del mismo ideal de productividad creciente hasta el infinito y más allá, nuestras empresas se comportan, a una escala mayor, como nos comportamos nosotros: son entes dirigidos a producir y producir, y ganar más y más dinero. Pero como son entes incorpóreos y sin mente, se comportan de una manera más automática y más cruel; se podría decir que, si fueran seres humanos, las grandes empresas tendrían rasgos psicopáticos: de caras a conseguir sus fines son capaces de engañar, sobornar, extorsionar y hasta torturar y matar. Este comportamiento moralmente reprobable es completamente lógico, al fin y al cabo, puesto que una empresa no tiene los condicionantes morales de un ser humano: una empresa no es un ser moral, no tiene concepto del bien y del mal, sólo del beneficio, que es su fin último. ¿Es eso lo que realmente queremos? ¿Debe una empresa abstraerse de la sociedad en la que está inscrita, ser insensible a los efectos negativos que puede causar y causa sobre la propia sociedad? La receta adecuada para fijar correctamente el objetivo de nuestras vidas consiste en delimitar claramente la responsabilidad social de las empresas, cosa que se consigue no sólo con las leyes adecuadas (probablemente las leyes actuales ya son suficientes en la mayoría de los países occidentales), sino con dos cambios más profundos. Uno, educando a los directivos: se tiene que hacer pedagogía con los cuadros directivos de las empresas de modo que rechacen tomar medidas que a la larga van a dañar la sociedad de la que forman parte y poner en peligro su mismo mercado. Y dos, educando a los accionistas: no puede ser que el fin último de las empresas sea generar beneficio sin cesar, siempre creciente, cosa que tarde o temprano se tiene que revelar imposible en un planeta finito, y mucho antes se tiene que revelar dañina para la sociedad que no sólo le da sustento, sino sentido a su existencia. Invertir financieramente en una empresa no debe ser un vehículo para el propio enriquecimiento e incluso en un determinado momento podría no producir beneficio económico alguno, aunque aún así podría ser interesante si produce un beneficio social. Estas ideas son tan revolucionarias (aunque para nada modernas) que se me antojan completamente imposibles de llevar a la práctica, en buena medida porque chocan directamente contra las bases del capitalismo, al igual que vimos cuando analizábamos los cambios en el modelo de asignación de recursos durante el declive energético.
 
- Nuestra relación con la Naturaleza: No hace tanto los hombres tenían claro que dependían de la Naturaleza para vivir. Incluso aquellos que no trabajaban la tierra con sus manos sabían perfectamente no sólo de la procedencia de los alimentos, sino que entendían muchos aspectos del delicado equilibrio que permite que las tierras, el ganado y la pesca sean productivos. Y sin duda lo entendían mucho mejor que muchas personas hoy en día, a pesar de los años de escolarización obligatoria, porque a nadie llegaba a los extremos de alienación de la Naturaleza que se puede conseguir en algunas ciudades modernas. El hombre moderno de la urbe moderna no tiene frío ni calor ni hambre; no le duele la espalda por tenerse que agachar a recoger patatas ni los brazos por hacer ir y venir la azada; no teme por la próxima cosecha y si quiere come uvas en primavera y naranjas en verano, aunque prefiere degustar otros manjares traídos de lugares distantes miles de kilómetros. No teme coger fiebres ni morir de diarrea, cuando se encuentra mal toma la pastilla adecuada y va al médico para que le repare el problema que eventualmente se le presenta como el que va al taller mecánico a reparar el coche. Y si los problemas ambientales se empiezan a acumular, hasta el extremo de amenazar su modo de vivir, el hombre moderno de la urbe moderna confía en que la tecnología le salvará, que invirtiendo lo suficiente surgirán, porque así ha de ser, invenciones adecuadas que sin efectos secundarios le proporcionarán lo que desea y se llevarán lo que le molesta. Todas esas actitudes son las que dos siglos de energía abundante han forjado en nuestro inconsciente colectivo: a hombros de una grandiosa cantidad de energía nos creímos gigantes, embriagados y ensoberbecidos por la tremenda alzada de la montaña de combustibles fósiles donde nos apoyábamos. Pero a medida que el gigante de pies de barro que nos aupó se deshace, vencida su fuerza por la Geología y la Termodinámica, de repente chocamos con nuestras propias limitaciones, y no las queremos aceptar, malcriados como estamos. Una de esas limitaciones es que, al final, aunque no lo entendiéramos y no lo aceptemos, los humanos somos animales como cualesquiera otros. Y como todo animal dependemos de un hábitat para nuestra subsistencia, sólo que en nuestro caso se trata un hábitat muy deteriorado que mantiene una alta funcionalidad gracias a la enorme y continua inyección de energía fósil que ahora comienza a declinar. ¿Cómo produciremos alimentos masivamente sin tractores, cosechadoras, pesticidas y fertilizantes? No sólo eso: la contaminación del agua, del aire, del suelo, del mar... nos acosa y deteriora nuestra salud. Y por último el cambio climático, una peligrosa espada de Damocles que está cada vez más cerca de caer. Las personas más conscientes del problema  han salido a la calle a reivindicar que tenemos que tomar medidas positivas para "salvar el planeta", pero hasta en esas personas se ve nuestra ceguera sobre lo que es la Naturaleza: si nos extinguimos los seres humanos, el planeta seguirá existiendo, e incluso seguirá habiendo vida, que se adaptará a las nuevas condiciones. Todas esas campañas bienintencionadas se equivocan en una cuestión fundamental: no tenemos que salvar el planeta, el cual no está en peligro; lo que sí que está en riesgo es nuestro hábitat, nuestro sustento vital - es el ser humano el que no podrá sobrevivir si la temperatura media del planeta sube 6 grados, el mar sube 50 metros y los fenómenos extremos se agudizan y multiplican. Un viejo amigo, aludiendo a estas cuestiones, decía que un día le gustaría sintetizar todas estas ideas en un libro que titularía "Ecologistas por cojones"; el exabrupto del título serviría básicamente para dejar claro que la única opción que nos permite mantener la vida humana es adoptar una postura ecologista radical. La receta adecuada para recuperar una relación sana con la Naturaleza pasa, en gran medida, por acercarse a ella, con tranquilidad y con humildad, sin miedo ni arrogancia. No es una cuestión mística, sino mucho más prosaica: cultivar un huerto, buscar setas o espárragos silvestres en un bosque, recoger hierbas medicinales, reconocer los signos del cambio del tiempo. Cosas que en un determinado momento pueden sernos, además, de gran utilidad. Y por supuesto no maltratarla; no alterarla más allá de lo estrictamente necesario.

- El mito del progreso. Desde la Ilustración, el programa del progreso se fue implantando y fue decididamente impulsado con la Revolución Industrial. Hoy en día, la idea de que lo único deseable es el progreso y que de hecho el progreso de la Humanidad es inevitable, entendido éste como una acumulación sin fin de conocimientos y capacidades técnicas que siempre mejoran la calidad de vida de los seres humanos. Sin embargo, la observación detallada de la realidad proyecta algunos claroscuros sobre esta visión tan optimista. ¿Realmente la Humanidad camina hacia un paraíso terrenal? ¿Realmente hay cada vez más humanos viviendo mejor, o en los últimos años se ha constatado un retroceso creciente en el opulento Occidente que hasta hace poco soñaba con esa nueva Icaria? ¿Son siempre los cambios considerados "progresistas" convenientes o cada vez más nos alejan de vivir en un mundo mejor? No todo cambio implica una mejora per se, y la idea de progreso se ha prostituido en favor del progreso de la acumulación del capital, en una dinámica simplemente autodestructiva, pero el meme del progreso es culturalmente tan fuerte que oponerse a él es simplemente un suicidio cultural: ni los partidos de izquierda osan decir que no están a favor del progreso. Esto condiciona muchísimo el tipo de soluciones que uno puede imaginar para los graves problemas energéticos que se nos vienen encima; así, gente más o menos inteligente y bien colocada en las esferas decisorias cree a pies juntillas que estamos en ciernes de una revolución renovable que seguirá unos caminos bastante convencionales: sólo es cuestión de poner más paneles solares, más aerogeneradores, más smart grids, etc, cuando en realidad, si tal revolución es posible, no es una simple acumulación aleatoria de sistemas sino algo mucho más planificado que implicará un gran esfuerzo y cooperación para después caer en una economía estacionaria que implicará de un modo u otro la superación del capitalismo. El mito del progreso es tan fuerte que nadie osa contradecirlo, y la fe ciega en él puede ser enormemente destructiva. La receta adecuada para superar el mito del progreso es adoptar una visión mucho más humilde de las cosas, aceptando que cualquier solución propuesta implica también una serie de problemas que le son propios, y que a veces para avanzar hay que retroceder, especialmente en aquellas cosas en las que hemos ido demasiado lejos; y también que las cosas no van necesariamente a ir a mejor por sí mismas, sino que sin la debida atención podrían ir a peor, y de hecho a mucho peor.


- Hipermercantilización. Uno de los valores fuertemente asentados en la sociedad a lo largo de estos dos siglos es que el dinero lo puede comprar todo, y que de hecho cualquier bien tiene un precio. Más aún: que si alguien quiere comprar algo es correcto que alguien se lo pueda vender. El dinero es la medida de todo, no sólo de las relaciones humanas sino que puede cuantificarlo todo; al final, todo es de algún modo "capital" y así se habla de "capital humano" para referirse a los trabajadores y de "capital natural" para describir los recursos y lo que los economistas clásicos llamaban "factor tierra". Mercantilizarlo todo tiene la ventaja de que no hay problema que no se puede resolver llevándolo al mercado, donde habrá un comprador y un vendedor. Todas estas ideas son profundamente falsas, como ya discutimos al hablar de la religión neoliberal, pero están tan profundamente asentadas, sobre todo entre la mayoría de los economistas, que es imposible entrar a cuestionarlas. La receta adecuada para acabar con la hipermercantilización es negarse a que determinados bienes de interés general, amén de las relacionados con la intimidad de las personas, sean mercantilizados, lo que quiere decir que no se les puede poner precio y que por tanto se tendrán que regular de otro modo. Esto a muchos economistas les sonará aberrante y obsceno, pero de hecho es como se ha conducido la Humanidad durante 10.000 años de Historia y tampoco le ha ido tan mal (es por eso moneda común en ciertos think tanks neoliberales reescribir la Historia para que cuadre con su propia narrativa, a pesar de la evidencia en contrario).


- Necesidad de valores. Una carencia básica de la sociedad moderna es tener un esquema de valores morales estructurado que todo el mundo pueda aceptar; todo el mundo percibe que necesitamos nuevos valores y más universales. ¿De dónde deben emergen? ¿Es este anhelo, como dicen alguno, el germen de una espiritualidad no cartesiana que ha de superar el exceso de cientismo que ha caracterizado al siglo XX? Yo no voy tan lejos, pero sí que creo que es necesario profundizar en la búsqueda de esos valores comunes compartidos, que posiblemente no serán exactamente los mismos según la comunidad a la que se refieran, aunque probablemente todos compartan puntos claves, como el respeto por la vida humana, por los derechos de los otros y por la Naturaleza.

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No por casualidad, todas las cuestiones que he abordado son propiamente más bien cuestiones éticas y no simplemente culturales. Sin embargo, es a través de la cultura que en numerosas ocasiones se implementan prácticas de contenido ético. Si la costumbre dice que cuando muere un hombre los vecinos deberán entregar una parte de lo que cosechen a la viuda hasta que el hijo mayor llegue a la mayoría de edad, hay en esa costumbre un principio de solidaridad que emana de un ideal ético, el de la solidaridad universal. Sin embargo, ese ideal ético responde muchas veces a un principio más prosaico que tiene sus raíces en principios físicos o ecológicos: una comunidad en la que sus miembros cuidan unos de los otros es más resiliente y por tanto más capaz de no extinguirse en épocas de gran necesidad. La costumbre y los valores culturales actúan así como un vehículo sencillo para implementar las medidas necesarias para garantizar la continuidad de la comunidad, y todo el mundo los aprende desde bien pequeños y la mayoría los acepta acríticamente porque "son la costumbre", "siempre se ha hecho así". Convertir en valores culturales y en costumbre hábitos que mejoran la resiliencia de una comunidad es una manera más práctica y más eficaz para conseguir que realmente se implementen que comenzar una ardua discusión intelectual, valorando pros y contras y discutiendo todas las alternativas y vericuetos posibles. Llevado al extremo, esas costumbres se podrían sacralizar hasta el punto de convertirse en una verdadera religión (como por ejemplo mostraba Carlos de Castro en su "Oráculo de Gaia"). Y por eso mismo no es tampoco una casualidad que el pensamiento económico actualmente dominante tenga rasgos de religión totalitaria.

El riesgo de convertir los valores de resiliencia en memes culturales o incluso en dogmas religiosos es que el entorno variante al que tendremos que hacer frente durante las próximas décadas, caracterizadas por un rápido (en términos históricos) descenso energético y un profundo cambio climático, las recetas que son hoy funcionales podrían ser dramáticamente erróneas con sólo unas pocas década de diferencia. En ese sentido, parece preferible intentar hacer una evaluación continua de la situación, en un consejo abierto de todos los ciudadanos y con un asesoramiento amplio por expertos, para en cada momento dar con la mejor estrategia que vaya, por una vez, en pro del bien común. Encontrar el punto de equilibrio entre fijar recetas útiles y eficaces y mantener un espíritu crítico y adaptable a cambios que son muy rápidos en escalas históricas pero relativamente lentos para la psique de los individuos no es una tarea fácil, y desde luego yo no sé cómo exactamente se puede lograr ese equilibrio; a fin de cuentas, yo no dije que tuviera la solución. Lo que está claro es que debemos profundizar en estas cuestiones, habida cuenta de lo que está en juego.


Salu2,
AMT
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Febrero 2015: las quiebras se aceleran en el sector petrolero

27 Febrer, 2015 - 00:53


Queridos lectores,

Podría parecer que no está pasando nada especialmente relevante en la escena internacional, teniendo en cuenta el relativo estancamiento de la evolución del precio del petróleo Brent durante las últimas semanas: después de haber caído desde los 110 dólares por barril de Junio de 2014 a menos de 50 dólares por barril en Enero de 2015, parecía que la situación se invertía con un relativamente repentino repunte de 10 dólares por barril a finales de Enero. Sin embargo, casi un mes más tarde el precio del barril sigue estancado en esa marca. 



En realidad es todo lo contrario: está produciéndose toda una revolución que pasa desapercibida a la mayoría de los analistas económicos, es decir, aquéllos que sólo miran la evolución de los precios sin intentar entender qué hay detrás. Y esta revolución no es una revolución energética al estilo de la tanto se cacareó que estaban haciendo los EE.UU., sino justamente el derrumbe de ese gigante con los pies de barro. Un rápido vistazo a las estadísticas de la empresa de servicios de la industria petrolera Baker Hughes nos muestra el brutal hundimiento del número de perforaciones horizontales (características, aunque no privativas, de las explotaciones de fracking) en los EE.UU., de más del 30% desde sus máximos de Octubre de 2014:



Y consecuentemente se suceden las noticias sobre explotaciones de petróleo y gas, muchas de ellas vinculadas con el fracking, que están cerrando por culpa de sus deudas o despidiendo masivamente (sólo enlazo noticias de los últimos dos meses; en los últimos meses de 2014 hay una colección de ellas de similar tamaño):


Pero esto es sólo la punta del iceberg, ya que no sólo las explotaciones de fracking están sufriendo. Al otro lado de la frontera, la situación no es mucho mejor para las explotaciones de las arenas bituminosas en Canadá:

El desastre que se está produciendo en el sector de las arenas asfálticas de Canadá da, por cierto, otra dimensión, económica e interesada, al reciente veto del presidente Obama a la construcción del oleoducto Keystone XL.

Y una derivada realmente preocupante: no sólo cierran explotaciones de fracking en los EE.UU., sino también, y a un ritmo más rápido, perforaciones verticales en aquel país (las cuales son típicas de la extracción de petróleo convencional). Como verán en el gráfico adjunto, la caída en este caso es de aproximadamente el 50%, partiendo además de un número que era mucho más estable en el tiempo:



Entre tanto, el Departamento de Energía de los EE.UU., a través de su Administración para la Información de la Energía (EIA, en sus siglas en inglés), reconoce en su informe de coyuntura que la oferta ha superado a la demanda durante más de un año ya (en vez de tener el típico cruce de curvas estacional), y no espera que ambas variables empiecen a equilibrarse hasta pasado el verano:



Hasta ahora, esos excedentes de petróleo producido, aparte de llevar al precio a la baja, ha servido para que las grandes potencias se aprovisionen de oro negro. Así, los stocks de petróleo de EE.UU. y China están a rebosar, lo que algunos analistas malintencionados usan para enganar al público lego, diciendo -literalmente- que "las reservas de los EE.UU. están en máximos históricos", confundiendo así el petróleo almacenado en depósitos (y que sólo sirve para cubrir unos pocos meses de consumo) con las reservas geológicas de petróleo. La gráfica del Departamento de Energía de los EE.UU. nos muestra que esperan que la demanda de petróleo empiece a recuperarse hacia el verano. Si tal previsión no se cumple (porque se desencadena una recesión a escala global) y la demanda no sube, estando además los depósitos de petróleo muy llenos, la producción global de petróleo estaría en grave riesgo, ya que los precios se deprimirían aún más y se cerrarían aún más pozos y yacimientos, algunos de los cuales no sería tan fácil volver a poner en marcha en una eventual recuperación económica posterior.

Todos estos indicios hacen anticipar que se acerca un momento de ruptura. O bien el precio del petróleo empieza a subir pronto, porque se consiga reactivar por fin la demanda (poco probable) o porque la caída de la producción se encuentre por fin con el actual nivel de demanda, o bien está servida una crisis financiera con el fracking en su epicentro. Esperemos acontecimientos.

Salu2,
AMT
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Declive energético y asignación de recursos

23 Febrer, 2015 - 08:48

Queridos lectores,

Durante las últimas semanas he percibido una cierta oleada de comentarios, en diversos foros de internet (en el foro Crashoil por supuesto, pero también en comentarios de noticias en diarios y otros medios digitales) en los que se pretende hacer de menos el problema del declive energético. En general, estos comentarios - muchas veces, de tono despectivo y vejatorio, a veces incluso personalizando sus ataques contra las personas que, como yo, nos dedicamos a hablar de estos temas - suelen basar su "contra-argumentación"  a los graves problemas aquí expuestos en una u otra maravilla tecnológica o recursos fabulosos que están a punto de llegar a nuestros hogares. Así, un día se recurre a la vieja falacia de la "siempre pendiente" revolución de los hidratos de metano o clatratos, mientras que otro se le da un eco desmedido al último anuncio comercial de la compañía Tesla Motors o se le da vueltas a la quintaesencia del grafeno. Hace unos meses los temas de moda eran los reactores de fusión de bolsillo  o el reaprovechamiento de los plásticos para hacer combustible casero  (tema, por cierto, ya abordado tiempo ha en este blog). Siguiendo el orden habitual en las rondas de mesías energéticos, en los próximos meses oiremos hablar del gran potencial del aprovechamiento de los residuos y probablemente alguna cosa relacionada con el hidrógeno, la fotosíntesis artificial o las mejoras en el rendimiento de los paneles solares. Y así en una rueda perpetua en el que las tecnofantasías se suceden sin fin, de entre un conjunto de ellas que después de todo, según se comprueba por lo mucho que se repiten, es bastante limitado.

Es relativamente habitual, cuando se empieza a discutir con cierta profundidad de los problemas energéticos de nuestra sociedad, que algún comentarista se descuelgue con alguna idea leída aquí o allá acerca de la solución-milagro de su personal preferencia. Pero en el caso presente llama la atención la gran cantidad de comentarios que menudean en estos días, así como lo extremo de algunas exageraciones (por ejemplo, dando por descontado que la siguiente revolución energética está prácticamente a semanas vista), y también el encono, en ocasiones bastante brutal, contra los que no sustentamos esa visión de vino y rosas (el epíteto más suave que he leído dedicado a mi estos días es "asustaviejas"). Más allá de los insultos me he encontrado algunas cosas curiosas, como  algunas groseras tergiversaciones de mi posición real sobre la crisis energética y el problema de los recursos (gente que de repente se entera -y se felicita por "mi cambio de opinión"- de que yo pienso que el problema es más social que técnico, a pesar de los años que llevo diciéndolo) o el que me repite una y otra vez cómo de errado estaba el informe "Continously less and less", en el que - según esta persona- "Turiel se basa para sacar sus conclusiones sobre el peak everything", aludiendo a posts que yo escribí hace cinco años, como si en este tiempo Alicia Valero no hubiera defendido su tesis, no se hubiera publicado "Thanatia" o Jeremy Grantham, entre otros muchos, no hubiera analizado el problema. ¡Si hasta la Agencia Internacional de la Energía comienza a reconocer tímidamente que varias materias primas están cerca de su máximo productivo!

No creo que esta ofensiva sea casual, en absoluto. Hay una gran necesidad de nuevos ídolos y de nuevas revoluciones en un año, este 2015, que si no se produce un cambio radical de tendencia pasará a la historia como el año en que la producción de hidrocarburos líquidos llegó a su máximo volumétrico (ya sabemos que el máximo en energía fue hace unos años). Aquellas personas que apostaban todo a que la denominada "comunidad picolera" estaba radicalmente equivocada, y entre ellos algunos que viven de desinformar sobre estos temas, están buscando ansiosamente un asidero, un punto de apoyo para evitar que la gente comience a cuestionarse aspectos básicos de nuestro modelo energético, lo cual irremediablemente lleva a cuestionarse aspectos básicos de nuestro sistema económico (y eso es intolerable según para quién). Por tanto, existe cierta desesperación y necesidad de cubrir el enorme agujero que está dejando el derrumbamiento de la última "revolución energética": el fracking. Los signos de que el boom del fracking en los EE.UU. está llegando a su fin se multiplican día a día, y ya empieza a ser de dominio público que el número de pozos de petróleo activos en los EE.UU. ha caído más de un 30% desde su máximo de finales de año pasado, como muestra el siguiente gráfico.

Imagen de http://wolfstreet.com/2015/02/21/fracking-bust-deepens-sets-records/
Al mismo tiempo, hasta los analistas más rezagados se han dado cuenta de que el actual "exceso de oferta de petróleo" se debe más a la caída de la demanda de petróleo a escala global que a un gran incremento de la oferta por razón de una ofensiva saudí o alguna otra teoría conspiratoria, fruto de una ilusión de control. Como anticipábamos, muchos analistas están complementamente perdidos con respecto a la evolución del precio del petróleo, y sobrereaccionan a los movimientos de los últimos días, pensando unos que ya se va a disparar a valores en dólares por barril de tres cifras mientras que otros creen que puede caer por debajo de la mitad de su valor actual. Y prácticamente nadie quiere contemplar la posibilidad de que estemos iniciando una peligrosa espiral de destrucción de demanda - destrucción de oferta que amenaza con subvertir una gran parte de nuestro mundo.

Si es 2015 el año en que comenzará nuestro inevitable descenso energético a escala global o no es algo que sólo sabremos dentro de unos años. Aunque cada vez peores, aún existen algunas opciones para estirar la situación actual unos poco años más (Ugo Bardi se refería hace poco a la posibilidad de usar carbón para convertirlo en hidrocarburos líquidos, un proceso poco rentable que es conocido desde hace décadas). Cada una de estas opciones implica implícitamente destinar o desviar recursos de unas actividades a otras, y dado que las fuentes de energía residuales son de menor TRE (con lo que ello implica a nivel económico) apostar por estos parches significa que llegará menos energía a la sociedad y que ésta en su conjunto será más pobre. Por poner un ejemplo concreto y particular, si decidimos apostar por convertir el carbón en un mal sucedáneo del petróleo nos encontraremos con que tendremos que destinar mucho más dinero a esta actividad del que destinamos actualmente a comprar petróleo, y eso implicará más recortes sociales, más bajadas de sueldo y más paro. Pero por otro lado, si no encontramos algún hidrocarburo líquido que se pueda producir a buen precio habrá muchas actividades económicas que no podrán continuar, se cerrarán fábricas y habrá más paro, se recaudarán menos impuestos y se producirán más recortes sociales. En suma, que según parece podemos escoger entre el fuego y las brasas.

Eso no es del todo cierto. Si uno comprende y asume que el escenario más realista que tenemos por delante es el del descenso energético, se puede a partir de ahí adoptar medidas conducentes a gestionar los recursos restantes de una manera más eficiente o socialmente más equitativa. En suma, que sí que hay una cierta libertad para escoger cómo queremos realizar nuestro descenso energético. Pero para ello es muy importante comprender que estamos embarcados ya en el proceso de descenso energético, porque de otro modo la asignación de recursos no sólo será altamente ineficiente, sino socialmente muy destructiva. Nuestro actual sistema económico se basa en una premisa básica: que la cantidad de energía disponible aumentará cada año y tendrá precios asequibles. Por eso, su modelo de asignación de recursos es expansivo: se tiene que generar cada vez más actividad económica para aprovechar esa plétora de energía y materiales que tenemos a nuestra disposición. Y por eso mismo, dejando de lado la cuestión ambiental - que también es grave- este modelo es potencialmente catastrófico cuando la tendencia en la disponibilidad de energía se invierte, que es justamente lo que está pasando ahora.

Definir las pautas de la asignación de recursos en el descenso energético no es tarea simple. Como siempre cuando abordo temas de esta índole, propondré una serie de cuestiones generales que justificaré argumentalmente, y las dificultades que implican su implementación. Pero por supuesto nada de lo que ahora diré es la última palabra sobre el tema y todo es revisable; se trata de comenzar un debate largamente aplazado pero imprescindible.

He aquí la lista de cuestiones que deberían tomarse en cuenta a la hora de asignar recursos en una situación de descenso energético.

  • Planificación: Si los recursos no son tan abundantes como queramos, y si cada año tendremos en realidad menos a nuestra disposición, es necesario racionar su posesión y racionalizar su uso. No podremos soportar cualquier actividad económica que consuma recursos, ya que no hay para cubrir todas las opciones que podemos imaginar. Así pues, se tiene que decidir qué actividades son prioritarias y cuáles son accesorias o prescindibles. No sólo eso: se tiene que hacer una previsión informada y realista de cómo irá evolucionando en los años siguientes la disponibilidad de recursos puesto que actividades que hoy en día nos podemos permitir quizá nos será imposible mantenerlas el año que viene. Peor aún: quizá para mantener una cierta capacidad de satisfacer las necesidades de la población en los años venideros tendríamos que comenzar ahora a destinar parte de los recursos que tenemos en este momento y que si no hacemos esta inversión no tendremos en el futuro (en la línea de las conclusiones del trabajo que hicimos hace unos años). Nuestro futuro puede depender críticamente de las acciones que emprendamos en el presente; sin una adecuada planificación, nuestra evolución más probable no será ni mucho menos óptima. Por ejemplo, puede ser que interese invertir ahora en sistemas de producción de energía renovable, o en mejoras en el aislamiento de las viviendas, o en reagrupar población, o cambiar los usos del suelo, o en otras múltiples formas de conseguir una sociedad menos dependiente de la energía. Todos esos cambios serían mucho más fáciles de hacer con toda la energía que tenemos ahora; incluso, puede que algunos de ellos sean imposibles si no hemos hecho las transformaciones adecuadas a tiempo. Por eso, se tiene que analizar el problema con detenimiento sobre la base de las necesidades locales (ver más abajo) y hacer un plan de transición, consensuado con todos los actores. El problema más grave que plantea la planificación en la asignación de los recursos es que choca frontalmente con ideas muy asentadas durante los años de abundancia de materias primas, fundamentalmente con dos: el ideal del libre mercado y el temor a un excesivo intervencionismo por parte del Estado. El ideal del libre mercado es una hipótesis compartida por la mayoría de los economistas y responsables políticos según la cual un mercado libre es el mejor sistema de asignación de recursos. Justamente por eso, cualquier intento de controlar el mercado lleva a ineficiencias y a un desperdicio de recursos; y de todas las formas de intervención la que habitualmente se considera la más dañina es la intervención del Estado, en parte porque su gran tamaño le permite desequilibrar más el mercado que otros actores, y en parte porque, según esta parcial visión de las cosas, los entes públicos son los más ineficaces en la gestión económica. Quienes sustentan este tipo de argumentos suelen basar su visión en largas retahílas de datos que muestran la bondad de sus hipótesis, pero en general la premisa está contenida en sus conclusiones (lo cual las hace no falsables). En realidad las cosas son mucho más complicadas: aún cuando el libre mercado, como ente ideal, podría ser eficiente en la asignación de recursos, lo que se tiene en la práctica es un mercado natural, que se parece más a la ley del más fuerte.  Se defiende que el mercado es libre, cuando si uno lo observa con detalle ve que está fuertemente intervenido por los actores económicos más poderosos. En cuanto al papel del Estado, muchas veces éste actúa en cooperación con los grandes poderes económicos (yo voy aún más lejos: según mi modo de ver, Estado y capitalismo se necesitan mutuamente). El Estado es intervencionista, sí, pero con demasiada frecuencia en favor de intereses privados, y eso se refleja no sólo en el mercado sino en muchas otras relaciones humanas ahora "mercantilizadas"; con todo, ese intervencionismo del Estado todavía está un paso por detrás de lo que pasaría en el contexto de un mercado completamente natural, en el que los fuertes impondrían sus reglas. Por otro lado, la planificación ya es una parte esencial del capitalismo: las grandes empresas planifican con meses de anticipación los patrones de consumo de la siguiente temporada y maniobran para compensar cualquier desviación; la supuesta satisfacción plena de los deseos de los consumidores no es más que una ficción. En realidad, lo único que hace falta cambiar son los objetivos de esa planificación, que en vez de ser la maximización del beneficio del capital deberían ser la satisfacción de las necesidades básicas de la población con criterios de verdadera sostenibilidad.
  • Reforma financiera: Simplificando un tanto arteramente, podríamos decir que en un sistema económico feudal el señor feudal tenía derecho a recibir una remuneración anual que era un porcentaje de la producción de sus vasallos, típicamente un 10%. Nuestro sistema económico se caracteriza por que el capital, por el simple hecho de existir, tiene derecho a una remuneración anual que es un porcentaje del propio capital, típicamente el 5% nominal (de manera efectiva, ese porcentaje se reduce a un 3% teniendo en cuenta diversos efectos de reducción del capital: inversiones fallidas, inflación, desgaste del patrimonio, etc). Con todas las injusticias que tenía el sistema feudal (y el continuo estira y afloja entre señor y vasallos y el ir y venir de alguaciles que se aseguraban del correcto pago a su señor) era un sistema sostenible: si la producción era menor, la remuneración era menor, y si la remuneración era mayor era como consecuencia de una mayor producción. En cambio, el sistema capitalista es intrínsecamente insostenible: cada remuneración que recibe el capital le hace crecer, y eso obliga a que el año siguiente la remuneración exigida sea aún mayor, pues ésta es proporcional al tamaño del capital. A un ritmo efectivo del 3% el capital se multiplica casi por 20 en un siglo, lo cual obliga a que la producción crezca en la misma proporción solamente para poder pagar sus intereses. Eso obliga a crecer y a crecer, a aumentar la producción sin parar para satisfacer las ansias de un nuevo señor feudal cuya glotonería no conoce límites y crece a ritmo exponencial. El grave problema que se plantea en la actual situación de declive energético es que es imposible hacer crecer la producción; al escasear la energía y finalmente las materias primas la producción no puede seguir aumentando. Sin embargo, el señor capital exige el pago de las obligaciones, que vienen impuestas a través de títulos de deuda (préstamos e hipotecas), y tiene al Estado de alguacil para asegurarse que cobrará. Esta imposibilidad física de continuar pagando las deudas hará que el capital, incapaz de alimentarse de una producción que ya no crecerá sino que además disminuirá al disminuir la renta disponible de los que deberían pagar por ella, canibalizará - como ya lo está haciendo - al resto de actores, principalmente a la clase media (la Gran Exclusión) y al propio Estado (a través de forzados rescates de empresas consideradas estratégicas cuyas deudas tienen su origen último en la fagocitación del gran capital). Lo primero que hay que entender, por tanto, es que no tiene sentido mantener el actual sistema de deuda, porque lo único a lo que puede llevar en una situación de descenso energético es a la liquidación precipitada de activos que serán valiosos en la transición, únicamente para engordar el capital y hacer aún mayor el problema de la devolución de deudas futuras (ya que ese capital ahora incrementado, por virtud de nuestro sistema financiero, será prestado para poner en marcha otros proyectos y emprendimientos que también fracasarán por culpa del descenso energético). En tanto en cuanto se mantenga la estructura actual de nuestro sistema financiero, el bombeo de recursos con el único objetivo de la acumulación improductiva de capital continuaría hasta que virtualmente no quede nada más que bombear; en el camino, se destruirían todas las estructuras que sirven para crear la cohesión social (en particular, que todos nos creamos parte de un proyecto común al que llamamos sociedad). Es obvio que tal manera de asignar los recursos provocaría hambrunas, epidemias, revueltas y eventualmente guerras, tanto civiles como con otros países. Por otra parte, cuando la succión de recursos por parte del capital llegase al límite del sustento mínimo vital de la mayor parte de la población, ya excluida, el capitalismo como tal dejaría de existir y se convertiría, probablemente, en un sistema feudal tradicional, en el que la democracia resultaría definitivamente abolida. Es por ello que resulta imprescindible romper una dinámica tan nociva. La manera más lógica de hacerlo es "hackear" completamente el sistema financiero. El primer paso sería, obviamente, reestructurar todas las deudas: si la perspectiva es que no habrá crecimiento, devolver los préstamos será cada vez más complicado hasta volverse imposible (como no se cansa de repetir Gail Tverberg). Pero el mero jubileo de la deuda no es suficiente. Dado que la economía en su conjunto se contraerá por la pérdida de capacidad productiva que implica la pérdida de energía disponible, no se puede aspirar a sacar adelante proyectos que se basen en una financiación en la que el capital tenga un interés porcentual por exactamente el mismo motivo: aunque uno ponga la deuda a cero, la falta de viabilidad financiera de los nuevos proyectos se manifestaría desde el primer minuto, porque en un mundo en contracción energética la mayoría de los proyectos no tienen rentabilidad suficiente para garantizar el pago de intereses (Gail Tverberg ha escrito recientemente un extenso ensayo sobre por qué eliminar las deudas pendientes no sirve en un mundo con energía limitada). Este problema de escasa rentabilidad es una manifestación de la disminución generalizada de la TRE de las fuentes energéticas de las que nos abastecemos, y está en el origen del escaso entusiasmo inversor actual en proyectos de producción de energía renovable en muchos países del mundo; y sin embargo quizá son esos proyectos los que podrían garantizar un acceso razonable a la energía en las próximas décadas. Dado que la iniciativa privada, siguiendo con la lógica financiera aprendida durante los dos últimos siglos de prosperidad energética, nunca invertirá en la mayoría de proyectos, se hace necesario no sólo cancelar las deudas previas e impagables, sino también establecer un sistema público de financiación, sin interés asociado, cuyo deber sería fomentar el rápido establecimiento de aquellos sistemas y actividades que se consideren más convenientes para garantizar un descenso energético razonable. Más aún, se tendría que prohibir todo préstamo con interés e incluso aquél no destinado a los fines prioritarios dada la urgencia de la situación, lo que en la práctica significaría la prohibición o tutela muy estrecha del crédito privado y la persecución de la usura (entendida como solicitar cualquier interés por un préstamo). El problema de esta reforma tan profunda del sistema financiero es todavía mayor que con la planificación que planteábamos más arriba; si la anterior ponía trabas a la expansión del comercio no tutelado, esta reforma atenta contra el corazón mismo del capitalismo. Quien intente promover estos cambios será denostado de comunista trasnochado o algo peor, ya que tal grado de intervención suena a apropiación y estatalismo. Crítica esa un tanto a la ligera, pues el comunismo de corte estatalista que ha conocido el mundo es tanto o más nocivo que el capitalismo (como ya discutimos en su momento); pero ciertamente hay un sustrato de razón en ella, ya que los marxistas clásicos atacaban a los derechos remunerativos del capital y en ese sentido la coincidencia con lo arriba expuesto es plena. Dado que la enorme carga ideológica del debate capitalismo-comunismo durante las décadas de la Guerra Fría aún no se han disipado del todo y podrían reavivarse en medio del general cuestionamiento de las bases teóricas y prácticas de nuestro sistema económico, me parece prácticamente inalcanzable tener un debate ciudadano razonable sobre la imposibilidad lógica de mantener el crédito con interés y la imperiosa necesidad de las reformas arriba expresadas: cualquier intento de avanzar en esa discusión se empantanará en diatribas inacabables con los viejos tópicos de hace 30 años. Como vía más práctica, mi sugerencia sería, simplemente, prescindir de todo tipo de financiación convencional, recurriendo al apoyo de comunidades locales para sacar adelante pequeños proyectos concretos, mientras el sistema financiero colapsa por sí mismo. Esta estrategia tiene el riesgo de que el Estado puede lanzar algunas iniciativas legislativas para perseguir esos caminos alternativos (los recientes movimientos del Gobierno español para regular el crowfunding son un indicio de esa posibilidad); por tanto, las comunidades tendrán que tantear muy bien el terreno que pisan y asegurarse de que sus iniciativas sean siempre escrupulosamente legales y así pasen por debajo del radar.
  • Cambio del sistema productivo: En un mundo con la energía disponible en franco descenso y recursos cada vez más escasos es imposible mantener un sistema orientado a la producción. Estrategias como la obsolescencia programada tendrán que ser progresivamente abandonadas, y los esfuerzos se tendrán que ir dirigiendo a conseguir nuevos diseños que aseguren una mayor reparabilidad, reciclabilidad y reutilización.  Eso crea un problema para las empresas, que deberán reorientar sus modelos de negocio, de modo que su cuenta de resultados no dependa de vender más sino de vender mejor. En el caso de empresas que produzcan bienes de consumo masivo, ya materiales o inmateriales, cuya clientela objetivo sea la menguante clase media, tendrán el problema adicional de adaptarse a la disminución de la capacidad de compra de sus clientes y la disminución objetiva de su mercado potencial. En añadidura, las empresas tendrán que recurrir cada vez más a sus recursos financieros propios ya que su perspectiva no será la de crecer, sino inicialmente menguar y eventualmente, con suerte, estabilizarse; eso hará todo mucho más difícil y la evolución general de los proyectos mucho más lenta, a no ser que cuenten con financiación participativa a interés cero (y que sorteen los problemas indicados más arriba). Añádase a todo lo mencionado que asignar recursos para rescatar empresas cuya viabilidad en el largo plazo es dudosa es una estrategia condenada al fracaso. Por ejemplo, pensando en el medio y largo plazo no tiene sentido ayudar al sector del automóvil, como seguramente tampoco tiene sentido apuntalar a las compañías aéreas o al sector del transporte por carretera, a pesar del peso económico tan importante que tienen estos sectores ahora mismo. El gran problema con el cambio del sistema productivo es que las reformas propuestas son también muy radicales y contradicen diametralmente todo lo que se enseña hoy en día en las escuelas de negocios de todo el mundo; los especialistas en ellas formados argüirán que todos estos cambios llevan a una enorme pérdida de productividad y de eficiencia económica. Y tienen toda la razón; lo que pasa es que el problema es de imposibilidad, no de conveniencia: con recursos limitados y en descenso su modelo simplemente no funciona. Dudosamente aceptarán tales argumentos, así que sólo cabe esperar que la fuerza de los hechos les acabe convenciendo. También es verdad que, mientras dure la transición, una empresa que apostase fuertemente por el cambio de modelo sería menos competitiva mientras aún haya cierta abundancia energética, y por tanto tendría muchos problemas para sobrevivir hasta el momento en que el modelo fósil actual deje de funcionar. Por ese motivo muchos autores dan por hecho que la sociedad industrial acabará necesariamente con el fin de los combustibles fósiles. Que la industria se tendrá que redefinir es evidente; que desaparezca por completo dependerá de las decisiones que se tomen, y en cada lugar la historia será diferente. 
  • Gestión de las infraestructuras: En el momento en que fueron creadas, las infraestructuras aportaron un gran valor tanto económico como social: los ferrocarriles comunicaban ciudades antes lejanas, los puertos permitían transportar grandes volúmenes de mercancías sobre grandes distancias, la red eléctrica traía la luz en medio de la noche... Pero a medida que las infraestructuras fueron creciendo en tamaño y extensión, y al tiempo envejecían se han ido convirtiendo, progresivamente, en una mayor carga, lo que implica un mayor consumo de recursos. Salvo honrosas excepciones, en la mayoría de las infraestructuras ha faltado una planificación a largo plazo, y la ganancia marginal que suponía cada nueva capa de infraestructuras ha ido disminuyendo (y posiblemente en algunos casos se ha vuelto negativa). Reasfaltar periódicamente las carreteras es muy oneroso, la red eléctrica necesita ser revisada y mantenida, los ferrocarriles requieren un mantenimiento continuo - especialmente en las vías de altas prestaciones... hasta mantener encendidas por la noche las farolas implica un gasto constante. Pero si los recursos disponibles menguan la parte necesaria para mantener todas las infraestructuras simplemente no estará ahí. Delante de este problema hay dos posibilidades. La primera es pretender hacer ver a la opinión pública que no hay ningún problema pero por la vía de hecho descuidar algunas infraestructuras, de manera poco ordenada, con lo que los problemas se van agravando - y son por tanto más costosos de arreglar - con el tiempo (lo que nos llevaría a un abrupto precipicio de Séneca, como ya explicamos en estas páginas). La segunda opción consiste en tomar decisiones atrevidas -  no siempre bien recibidas por la opinión pública - y avanzar en un desmantelamiento ordenado de algunas infraestructuras con la intención de sustituirlas por otras menos costosas y más resistentes. Por ejemplo, la decisión que han tomado algunos condados de los EE.UU. de no reasfaltar las carreteras bajo su responsabilidad y, al contrario, volver a convertirlas en caminos de tierra y grava. De entre todas las infraestructuras en peligro de abandono voluntario o involuntario, las relacionadas con el transporte están especialmente en riesgo: en un mundo con menos energía la hipermovilidad que ha caracterizado las últimas décadas está condenada a desaparecer, con lo que se pierde el sentido de tanta y tanta carretera, puerto, aeropuerto y hasta vía férrea, que además son muy costosos. Lo ideal, de nuevo, sería diseñar un plan de descenso energético y, conforme a él, decidir qué hay que abandonar, qué hay que substituir y qué hay que mantener; y también tomar decisiones sobre qué es lo que no existe ahora pero que es necesario construir de cara al futuro (por ejemplo, puertos fluviales). El problema mayor para que se cambie el modelo de gestión de infraestructuras radica, sobre todo, en la gran capacidad de presión e influencia que tiene el sector del transporte, que interpretará cualquier decisión en línea con el declive energético que le afecte como una agresión, negándose probablemente a aceptar que no sólo los días de gloria del transporte no volverán, sino que cada vez las cosas irán a peor. También es problemática la tendencia al elitismo, que irá convergiendo hacia la creación de medios de transporte para ricos y medios de transporte para pobres.
  • Relocalización: Justamente, si falta energía ni la materia ni las personas podrán viajar grandes distancias. Por otro lado, al disminuir el tamaño de la economía también disminuirán las ligaduras de largo alcance, y será la actividad local la que generará una parte cada vez mayor de la renta de las personas. En suma, el dinero no viajará grandes distancias, y la industria local será la que cree el empleo local y satisfaga el consumo local, formando un ecosistema económico cerrado en si mismo y cada vez de menor tamaño. Para evitar el desabastecimiento de bienes y servicios críticos, como lo son los alimentos o el vestido pero también la sanidad y la educación y cosas más prosaicas pero fundamentales como motores básicos y máquinas elementales, así como vehículos automóviles sencillos, se debería planificar cuidadosamente qué se va a producir y en dónde, de manera que se asegure un mínimo nivel de funcionalidad sin tener que salir de la escala local.  El gran problema con la relocalización es que la palabra ya está, a estas alturas, bastante manoseada, y muchas veces se queda en discurso vacío, sin contenido; es mucho más fácil hablar de ello que hacer algo positivo en su dirección.
  • Rehumanización: Se requiere la introducción de valores más sólidos para las relaciones humanas y el respeto a los demás, para no tener que discutir cosas obvias como que un sistema no está funcionando bien si hay niños cuya única ingesta de alimentos se produce en el comedor de la escuela, o que es más importante tener menos desahucios que más productividad, o que si el problema del desempleo crónico afecta a varios millones de personas no es porque estas personas sean unas inútiles o unos vagos, sino porque algo está profundamente mal en el reparto y la estructura del trabajo, en particular su completa sumisión a un sistema económico inflacionario y suicida; o que satisfacer los banales caprichos de los consumidores de hoy es menos relevante que proteger la calidad de vida de las generaciones aún por venir. Más aún, hace falta mejorar la calidad de la prensa: es completamente imposible que los ciudadanos puedan ejercer como tales si no se pone el acento en la necesidad y la obligación de difundir información completa y veraz, y mucha menos propaganda meramente al servicio de unos intereses económicos no siempre confesables. El problema más grave con la rehumanización es que choca con valores promovidos por el capitalismo para crear una sociedad acrítica y consumista: en el fondo, promover nuevos valores para una nueva sociedad es, de todas, la propuesta más subversiva. Se puede trabajar en este ámbito con menos peligro que, por ejemplo, en el ámbito financiero pues estamos hablando del ámbito de las convicciones personales y es intangible; pero al tiempo es más difícil salvar el inmenso escollo de la propaganda en contra, el descrédito, la ridiculización y el ninguneo.


Como ven, la mayor dificultad para implementar los modelos de asignación necesarios chocan con la ideología imperante. Es por eso que para poder hacer el cambio de modelo económico tendrá que producirse un cambio del modelo cultural. Pero eso será asunto a abordar en otro post.

Salu2,
AMT
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Argentina: de su pico del petróleo al declive energético irreversible

16 Febrer, 2015 - 22:27
Queridos lectores,

Gabriel Anz y Demián Morassi, en colaboración, nos ofrecen esta semana este atinado análisis de la situación del país andino. Interesante e imprescindible.

Salu2,
AMT




Argentina: de su pico del petróleo al declive energético irreversible



Presidente de la Nación Cristina Fernández (3/2/2015): “Yo sé que es políticamente correcto y muy cool hablar de las energías alternativas renovables y todos estamos con las energías alternativas renovables. De hecho estamos haciendo inversiones (...), pero también como empresarios y como dirigentes del Estado sabemos que en los próximos 30, 40 años, la energía fósil va a seguir siendo el gran motor que alimente la industria, que alimente los automóviles…”

Este artículo tiene la intención de motivar el debate en Argentina, sobre nada menos que el Pico de producción de Energía del país, ocurrido en el año 2007 y que a partir de ahora se entrelaza con otro pico... el de las exportaciones globales de petróleo y gas.

Las palabras de la presidenta en China convocando a seguir la apuesta por las energías fósiles son lógicas dentro del panorama actual; sin embargo, ese “gran motor” que son los hidrocarburos irán ofreciendo cada vez menos sustento y eso puede que sea difícil decirlo abiertamente al público, aunque no debería ser justificativo para ocultar la verdad o decirla a medias.

El problema en Argentina nace en 1998 con el Pico del Petróleo convencional, que devino en la crisis del 2001. Dicho pico se anticipó al pico mundial en siete años (ocurrido en el año 2005 y que se manifestó como crash en el 2008) y que motiva la crisis energética que todos conocemos y vivimos desde entonces (no sólo en Argentina).

La debacle de sus principales fuentes de energía, el petróleo y el gas (representan el 87% de la matriz energética), se presenta como irreversible y por ello el país deberá adaptarse a vivir con mucho menos energía de ahora en más y progresivamente.

El primer aspecto a señalar es que Argentina ha sido pionera en el subcontinente en muchos campos del desarrollo de la industria petrolífera y gasífera, y por estar fuertemente subvencionada -más allá de los aspectos positivos de esta política- ha instaurado una cultura derrochadora ... de un recurso que no se regenera a escala humana.

Como ejemplo concreto, ésta política de subsidios ha desmotivado el uso del ferrocarril en beneficio del camión (el sindicato de camioneros es, desde principios de los 90s, definitivamente el más fuerte de todos los sindicatos del país), por lo que el ferrocarril quedó en lamentable estado de abandono y deterioro, aunque en el presente se está intentando recuperar.

Un segundo aspecto a tener muy en cuenta por la situación de fragilidad que se plantea, es que Argentina, al ser un país que tiene a la agroindustria como pilar fundamental de su economía, es altamente vulnerable a esta crisis por su dependencia en el petróleo y, en menor medida, del gas.

En un país de grandes superficies despobladas, largas distancias y de matriz económica fuertemente exportadora-importadora, las necesidades de hidrocarburos que exigen estas circunstancias, no pueden ser reemplazadas en su totalidad con energía eléctrica. Por otro lado, más de la mitad de la producción de electricidad depende de centrales térmicas que funcionan a gas.

El pico nacional del petróleo

Como ya se dijo, Argentina tuvo su Pico del Petróleo en 1998. Y como muestra la gráfica de abajo, desde ese año la producción viene cayendo sin tregua, aunque hubo un leve repunte luego de la compra de Repsol por parte de YPF. Sin embargo podemos apreciar que ese pico de producción no coartó la posibilidad de un repunte industrial, luego de sus años de neoliberalismo ortodoxo, aumentando su consumo de petróleo hasta que en 2012 llegó a superar la producción, debiendo empezar a importar más petróleo del que aún se exporta (en cantidades decrecientes).




El hecho de que el país haya pasado de ser exportador a importador no ha promovido una baja en el consumo, sino todo lo contrario (la línea negra del gráfico anterior); pero el problema que se enfrenta es que las exportaciones de petróleo tocaron su techo a nivel global y cada vez es menos lo que queda para repartirse entre los importadores. Otro problema es que por seguridad los exportadores priorizan a los grandes consumidores, a la vez que deben respetar contratos precedentes, y entonces lo que se puede ver es la siguiente situación: China aumenta sus importaciones (gran consumidor) mientras que disminuyen las del resto de los países importadores.




El pico nacional del gas

En el caso del gas, Argentina ha llegado a su pico de producción en 2006 y ha pasado rápidamente de exportador a importador en 2008 (vean la línea del cero).




La diferencia con el gas, es que las importaciones se hacen sobre todo a nivel regional. En el caso de Argentina es altamente dependiente de Bolivia que no sólo ha aumentado su consumo doméstico, sino que además es demandado por el aumento en el consumo de gas de otro país vecino: Brasil. Desde 2004 a 2013 Brasil duplicó su consumo, a tal punto que hoy necesita una cantidad semejante al total que exporta Bolivia (en 2012 el 68% de las necesidades de Brasil las cubría Bolivia). Y podría pensarse que Brasil tiene la suerte de contar como vecino a Venezuela,  pero resulta que este último usa el 40% de su gas para la industria del petróleo, por lo que no exporta nada. De hecho importa gas de Colombia y EEUU. ¿Pero qué pasa con Colombia entonces? Este país es un exportador neto, que podría cubrir el 20% de las necesidades de Brasil, pero hasta hoy exporta su gas principalmente a Venezuela. ¿Y Perú?... En Perú también viene en aumento su consumo y lo poco que exporta es a México. Resta decir, que hay un problema regional que por ahora se resume en “aumento de consumo”. Y así las cosas, Argentina debe complementar sus importaciones por barco, desde Trinidad y Tobago, Nigeria y Egipto.

En Argentina el gas está altamente subvencionado... tanto para uso doméstico como para generar electricidad. Pero si esta situación se modificara, podría ir disminuyendo el consumo y así poder cubrir con GNL (Gas Natural Licuado), el déficit de petróleo para el transporte. Pero lo que notamos es que en lugar de cambiar la tradición del despilfarro eléctrico o de gas por políticas de ahorro, el discurso está orientado a generar alternativas eléctricas al gas: hidroeléctrica, nuclear y eólica. Sin embargo, estas últimas aún representan una ínfima parte de la producción total, a la vez que las nuevas represas hidroeléctricas, como las existentes centrales nucleares, ya están generando amplio rechazo popular. Si, de todos modos, se convirtiera una parte mayor del transporte a gas, tampoco sería la gran solución ya que el Pico del Gas a nivel global se estima en menos de una década (las exportaciones ya están llegando a una meseta). Y de todos modos el GNL no sirve para motores Diesel, como los de camiones y barcos.





La opción del fracking

La inclusión de este método experimental de extracción ha generado grandes expectativas. En EEUU gracias al shale oil y shale gas repuntó su producción hasta niveles insospechados y si bien no lograron su independencia energética, lograron bajar sus importaciones. Argentina, un país con un consumo muchísimo menor en proporción podría hacer muchísimo más. Sin embargo EEUU tiene una gran diferencia a favor y está dada por su gran capacidad productiva, reglas económicas y políticas más claras, a la vez que muchas de sus extracciones las hacen a profundidades de entre 300 y 400 metros, mientras que en Vaca Muerta se realizan a 2.500 y 4.000 metros. Así y todo, a pesar  de estas ventajas comparativas, los beneficios no les alcanzan para cubrir los costos resultantes. Sin embargo, apalancados por el sector financiero, han logrado de forma indiscutible y categórica "patear la pelota hacia adelante", otorgándole por algunos años más un relativo éxito económico y cierta holgura ante el mundo para negociar y hacer valer su poderío como la primer potencia mundial.

No es por subestimar al poder financiero argentino, pero es muy posible que la actividad del shale oil en nuestro país quede acotada a las zonas más seguras en términos económicos, aunque en otras áreas se haya comprobado la presencia de estos recursos. Por ejemplo, es más rentable realizar fracking en Neuquén o Chubut, porque en esas zonas está afincada desde hace un siglo la industria petrolera, lo cual es diferente a tener que comenzar en zonas nuevas e instalar desde cero todo el andamiaje productivo.

Por otro lado, los pozos de shale oil y shale gas tienen un ciclo corto comparado con los yacimientos convencionales, calculándose que normalmente no superan los 6-7 años de vida útil, lo cual no deja de ser un panorama muy cortoplacista como para repetir en nuestro país, si consideramos además el importante impacto ambiental de la actividad.

Para mayores dudas acerca del rendimiento del fracking, huelga decir que la fuerte caída de los precios del petróleo después de su pico a 147 dólares el barril en el mes de Julio de 2008, hizo que el sector financiero de los EEUU implementara mediante los QE (Flexibilización Cuantiativa)(1), medidas de estímulo económico, para incentivar también la inversión en petróleo shale. Mientras que en este momento esa situación se ha invertido y ya (especialmente desde enero de 2015) las noticias dan cuenta de una avalancha de desinversión, que amenaza con hacer estallar la llamada “Burbuja del Fracking”.

Cuál será el límite de precios que hagan viable el uso del fracking en Argentina está por verse. Pero llegado el caso que sea mínimamente rentable, considerando las dificultades ya mencionadas, sabido es que la actividad es altamente dependiente del petróleo convencional, desde el momento que moviliza cientos de camiones y equipamientos "también convencionales", lo cual hace caer más la de por sí baja Tasa de Retorno Energético (TRE) de estas formaciones geológicas.

Lo que a día de hoy ya se puede observar es que, incluyendo lo extraído por medio del fracking, la producción de 2014 en Argentina es inferior a la de 2013.

¿Cómo leer esta realidad y no ver un futuro negro?

El petróleo es negro, por lo tanto, a menos petróleo un futuro más claro... claro que sustancialmente diferente al pasado de nuestros padres o abuelos.

Sin dudas que cuando se analiza en profundidad la situación a la que nos enfrentamos, resulta difícil aceptar que nuestro actual modelo de vida podría modificarse sustancialmente en poco tiempo, lo que en general provoca un rechazo visceral.

Pero al enfrentarnos a los gráficos y los estudios de eminencias de talla mundial en este tema, resulta inevitable sentir el frío correr por nuestra columna. Es que si nos detenemos a pensar en la tremenda dependencia que hemos creado en torno a la energía de los hidrocarburos, a sabiendas de que alguna vez se terminarían o al menos se haría difícil y costosa su extracción como para mantener la viabilidad de la empresa, veremos que nos hemos metido en un callejón con escasas salidas. Y hoy debemos pensar que la realidad es muy distinta a la de nuestros padres y abuelos, pues la población se duplicó desde entonces, la economía se concentró, el campo ha expulsado miles de personas a la ciudad y sobre todo, estamos insertos en un mundo extremadamente globalizado e interrelacionado. Y si bien, como ha dicho la Presidente Cristina Fernandez es “Cool” hablar de energías renovables, sabido es que harán un aporte muy modesto a la matriz energética, por sus características y limitaciones inherentes. Pero este es un tema que debe ser tratado aparte por su amplitud y complejidad.

La crisis del 2001 nos dio una muestra anticipada a nosotros y al mundo de cómo se pueden modificar las condiciones de vida de un momento a otro cuando hay problemas estructurales y la estructura instalada no armoniza con la capacidad productiva real, a la vez que se pretenden violar leyes físicas y naturales que están por sobre nuestras posibilidades, aunque la modernidad y las tecnologías nos proyecten un futuro maravilloso y de pleno control sobre estas.

Argentina debería hoy y sin dilaciones, readecuar su política para acompañar el declive al que ya nos estamos viendo forzados. El creer que esto es pasajero inhibe la capacidad de crear otro modelo de País, y así, frases del estilo "con el shale tenemos petróleo y gas para más de 100 años"(2) desorientan a los ciudadanos y no permiten que se vaya preparando para una vida que evidentemente será distinta a la actual.

Es hora de mirar el panorama completo:




La creatividad y el ingenio que en algún momento se orientó a modelar una Argentina petrolera, hoy se tiene que volcar hacia otros modelos de desarrollo que quizás están en las raíces de muchos habitantes... desde los pueblos originarios y pasando por la tradición gauchesca, hasta los descendientes de inmigrantes europeos y su cultura del trabajo y apego a la tierra. Un modelo que ayude a desconcentrar la economía, a minimizar la burocracia y a reconectarnos especialmente con la naturaleza, que en definitiva es la que nos brinda el sustento desde tiempos inmemoriales.

Para sumar aportes, preguntar o dejar un comentario, sugerimos hacerlo (al menos por ahora) en el Foro Crashoil.


Referencias:

1.- La Flexibilización Cuantitativa -en inglés quantitative easing o QE- es una política de algunos Bancos Centrales para aumentar la oferta de dinero reduciendo la tasa de interés a largo plazo.2.- Cristina Fernández (26/2/2014): “La Agencia de Información Energética de los Estados Unidos estableció que la Argentina es la cuarta reserva mundial de recursos de petróleo shale (...) con 27 mil millones de barriles, y la segunda reserva mundial de gases no convencionales detrás de China, con 145 mil millones de barriles equivalentes. Estos recursos representan –escuchen bien las cifras– 123 años de consumo en petróleo y 410 años en gas. Y el 41 por ciento se concentra en el yacimiento de Vaca Muerta. (Aplausos.)”.
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Automóvil y energía

11 Febrer, 2015 - 00:45


Queridos lectores,

JotaEle nos ofrece esta semana un interesantísimo análisis que conecta el consumo de energía con el uso del automóvil. Imprescindible.

Salu2,

AMT

Automóvil y energía

Influencia del precio del petróleo en el automóvil.
Los altos precios del petróleo están repercutiendo seriamente en el mundo del automóvil, por esta causa las ventas en los países desarrollados se han estancado o están decreciendo como es el caso de Europa, siendo las exportaciones a los países emergentes las que en gran medida están sosteniendo la industria del automóvil. En la gráfica 1 se puede ver el estancamiento producido en las matriculaciones en los países desarrollados en contraste con el aumento espectacular en China. 


Gráfica 1-Matriculaciones de vehículos –Datos de Anfac


Debido al aumento del gasto en combustible, los usuarios pierden poder adquisitivo; esto hace que mantengan durante más tiempo sus automóviles. En cierto modo entienden que un nuevo coche no les va a suponer un ahorro en combustible tan grande como para compensar el coste de la compra del nuevo vehículo.


Como resultado de este comportamiento del mercado la industria automovilística norteamericana  a partir del 2007 tuvo una caída de matriculaciones muy fuerte, pues adaptada a los muy bajos precios de los combustibles de épocas anteriores, sus vehículos no eran eficientes. Después de dos años de fuertes caídas, en el 2009 la industria automovilística entro en quiebra y tuvo que ser rescatada. La posterior recuperación en las matriculaciones a partir del 2009 fue debido al aumento en eficiencia de los nuevos vehículos. En cierto modo la tecnología actual es capaz de hacer automóviles más eficientes, pero debido a los bajos precios de la energía no merecía la pena ya que los vehículos se vendían igual. El caso de la industria europea y japonesa es diferente ya que sus vehículos antes de la crisis eran ya bastante eficientes. Es un contrasentido que estas industrias a pesar de haber apostado por una mayor eficiencia en sus automóviles, estén ahora en una situación peor que la norteamericana. Está visto que en una economía de consumo cuando la energía está barata no interesa la eficiencia.

El otro efecto que se detecta debido a los altos precios del petróleo es la disminución del consumo de productos petrolíferos en el sector del transporte de los países desarrollados (gráfica 2). Gran parte de este efecto es debido al automóvil. Según la consultora experta en siniestros Audatex, por el mayor envejecimiento del parque de automóviles, el riesgo de averías es cada vez mayor por lo que a los usuarios cada vez les compensa menos mover sus vehículos con mayor kilometraje acumulado. Según esta consultora, en el 2017 el rodaje medio de los coches en España será un 27,3% menor que en el 2008.  

Gráfica 2- Consumo de productos petrolíferos en sector transporte- Datos de AIE en ktep

Un efecto parecido se está dando también en los EEUU,  que  aunque están creciendo en matriculaciones, también se está disminuyendo en el uso del automóvil (1).


En cambio el aumento del consumo de productos petrolíferos en transporte en los países no OCDE tiene mucho que ver con el creciente uso del automóvil que se está produciendo en los países emergentes. Este crecimiento está provocado por una  creciente clase media que está surgiendo en estos países. En 2008, el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs publicó un estudio que establecía que, para conocer la importancia de la clase media de un país, bastaba con analizar la evolución de la venta de determinados bienes de consumo duraderos, en particular, vehículos de turismo.  Un trabajo posterior auspiciado por la Fundación Carnegie concluyó asimismo que en los países emergentes existe una relación directamente proporcional entre el número de matriculaciones de coches y el tamaño de la clase media (2). 


La gráfica 3 muestra las ponderaciones del IPCA de los países del grupo UE 17. En esta gráfica vemos como disminuye el gasto en compra de automóviles (coincidiendo con la gráfica 1) y a su vez aumenta el gasto en combustible y mantenimiento.
Gráfica 3-Evolución del gasto en transporte según las ponderaciones del IPCA- UE 17-Datos de Eurostat

Esta gráfica confirma la resistencia en los países desarrollados a prescindir del automóvil, solo se compensa el mayor gasto del combustible haciendo durar más los automóviles y a su vez disminuyendo algo su uso.Se observa en la gráfica un leve incremento en el gasto de servicios de transporte, lo cual indica el paso hacia el  transporte público de un todavía pequeño volumen de usuarios, quizás compensando el menor uso de los automóviles.


Por qué sube el precio del petróleoUna pista de lo que ocurre lo vemos en  la siguiente gráfica. La gráfica refleja la producción mundial de petróleo junto al precio del petróleo superpuesto.

Gráfica 4  - Evolución de la producción y el precio del petróleo. Datos de BP en miles de barriles diarios
 La gráfica está señalizada desde el 2004 hasta el 2008 mostrando cómo la producción de petróleo empezó a decrecer en el 2004 entrando casi en una meseta. Parece como si la producción estuviera llegando a un punto máximo. Coincidiendo con este aplanamiento de la producción el precio del petróleo sufre una subida muy fuerte. Es lógico que si la oferta disminuye y la demanda permanece el precio tenga que incrementarse.

El posterior aumento de la producción es debido al crecimiento de la extracción en EEUU del tight oil un petróleo extraído con  la tecnología del fracking. Un petróleo bastante más caro, menos eficiente y más contaminante en su extracción.  Probablemente el mundo se encuentra ya cerca del cénit de la producción de petróleo, el tight oil es quizás el último cartucho que queda por quemar antes de que llegue el inevitable declive.Hay una segunda pista que junto a la anterior parecen confirmar también que es el exceso de demanda el que hace que el precio del petróleo se encuentre tan alto.Grafica 5 -   Evolución del consumo de petróleo y gas natural en la OCDE y países No-OCDE       Datos de BP en mtep



La gráfica representa el consumo de petróleo y el consumo de gas natural de los países de la OCDE y del resto del mundo. Se puede observar como la producción de gas es estable y responde a la demanda de ambos grupos de países, OCDE y No-OCDE; en cambio en el caso del petróleo el consumo de la OCDE cae en favor del consumo de los países No-OCDE; esto es un claro indicio de que la demanda está por encima de la oferta y no hay petróleo para todos. Como los países de la OCDE tienen un consumo de petróleo per cápita mucho mayor que los otros países, salen perjudicados ante los altos precios de los derivados del petróleo, reduciendo finalmente su consumo.En cierto modo las leyes de mercado están forzando a la igualdad de consumo de energía entre sociedades desarrolladas y sociedades emergentes como se puede ver en la gráfica 6.  Gráfica 6  - Evolución de las toneladas equivalentes de petróleo (TOE) per cápita de los países OCDE y No-OCDE   Datos de AIE
Generalmente en la corriente de opinión popular se echa la culpa del alto precio del petróleo a causas como la voracidad de las compañías petrolíferas, o los impuestos indirectos que sufren los derivados del petróleo; sin duda hay algo de cierto en eso, pero la causa principal es que el petróleo está llegando a su límite, con el agravante además del fuerte aumento de su demanda sobre todo en el sector del transporte. Y la prueba de esto está en que el gas todavía no está sufriendo esos efectos, por lo tanto su precio no es tan alto. A nivel mundial en el año 2011 el transporte supuso el 28% de la energía final, de los cuales el 93% de esa energía fue aportada por los productos petrolíferos. El transporte es totalmente dependiente del petróleo, se puede comprender así la gran influencia del precio del petróleo en el mundo del automóvil.

El automóvil, un gran consumidor de energíaPara mover un automóvil se necesita mucha fuerza, hay tres fuerzas que se oponen al movimiento de este: los rozamientos internos, la fuerza de rodadura y la resistencia aerodinámica. La siguiente gráfica está formada con los datos de una ecuación que tiene en cuenta estas tres fuerzas (3).En la gráfica están representadas dos fuerzas: la potencia en CV que necesitaría un coche a 100 km/h para vencer la fuerza de rodadura según la masa de carga (de 1300 kg a 2200 kg en la línea roja), y también está representada la potencia en CV que necesitaría un coche para superar la fuerza aerodinámica según a la velocidad que se desplace (de 10 km/h a 190 km/h en la línea azul). Las características del coche que ha formado la gráfica son las de un Toyota Prius de segunda generación, cuando hice la gráfica era la berlina más aerodinámica que se vendía en España (Cx 0,26), actualmente solo le supera el Prius de tercera generación (Cx 0,25), cualquier otro coche empeorará las condiciones de la gráfica puesto que hará una curva menos abierta.

Gráfica 7- Potencia necesaria para vencer las fuerzas de rodadura y aerodinámicas según diferentes pesos y velocidades.
 Como se puede ver en la gráfica 7, la fuerza más influyente es la de la resistencia aerodinámica  cuya fórmula es   Fa=0,5 d S Cx v2, (d=densidad del aire, S=superficie frontal, Cx=coeficiente aerodinámico, v=velocidad). Esto es algo lógico puesto que la velocidad al cuadrado hace que la resistencia aerodinámica no tenga una respuesta lineal a la velocidad; por lo tanto la velocidad influye bastante en el consumo de carburantes. Subir de 110 a 120 km/h le supone al Prius un aumento de potencia un 17,6% mayor que subir de 100 a 110 km/h.  Coches más grandes o con peor aerodinámica les supondrá todavía más potencia.Hay otra fuerza que también influye mucho cuando se trata de conducción urbana, esta fuerza es la segunda ley del movimiento de Newton, F=ma,  esta nos dice que para mantener una aceleración dada (capaz de poner en movimiento un coche con soltura) necesitamos más fuerza cuanto más grande es la masa. Esta es la razón de por qué cuando el coche es más grande se necesita un motor más grande y más potente. Esta ecuación influye poco en carretera ya que se tiende a mantener velocidades  constantes, pero tiene mucha influencia en entornos urbanos donde las paradas, puestas en marcha y cambios de velocidad son frecuentes. Esta es la razón del porqué el coche pequeño es más razonable en entornos urbanos; gasta menos energía en ponerse en movimiento, su fuerza de rodadura es menor, es más maniobrable y se aparca mejor, algo nada despreciable en entornos urbanos repletos de coches.Estas ecuaciones que acabamos de ver chocan frontalmente con las dos cualidades del automóvil más deseadas por el usuario en general: la velocidad y el tamaño del coche. Cuanta más velocidad vaya el coche, más consumirá debido al aumento de la resistencia que produce el producto de la velocidad al cuadrado, y a su vez, cuanto más grande sea el coche también consumirá más, puesto que su mayor superficie frontal y menor coeficiente aerodinámico producirán más resistencia aerodinámica añadiendo además la mayor energía necesaria para mover el vehículo.En marzo del 2011 se bajó el límite de velocidad a 110 km/h durante cuatro meses, en este tiempo el gobierno reconoció que se habían ahorrado 450 millones de euros en importaciones de crudo, sin embargo aun sabiendo el beneficio que suponía, se decidió volver a subir el límite de velocidad. Esto da idea de lo impopular para los políticos que puede resultar el frustrar la ilusión de miles de conductores que en realidad lo que desean es la total ausencia de limitación de velocidad como ocurre en las autopistas alemanas. Se podrá mejorar en el futuro la eficiencia de los coches aplicando otras tecnologías como puedan ser la híbrida o la eléctrica,  pero nunca se podrá mejorar estas limitaciones que son impuestas por la física. Ante el alto precio de la energía, el futuro sin duda irá por vehículos de menos potencia, más pequeños y de menos peso. Hoy esto ya está sucediendo; según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac), en el 2005 el segmento de coches más vendido en España con diferencia era el medio-bajo. En el 2012 el segmento pequeño superaba ya ligeramente al segmento medio-bajo como puede verse en la gráfica 8.

 Gráfica 8- Porcentaje de matriculación por segmentos- Datos de Anfac


 La gráfica representa la variación por años del porcentaje de matriculación según el segmento al que pertenece el vehículo. En realidad el número de matriculaciones ha caído en casi todos los segmentos, la gráfica simplemente refleja que en unos segmentos ha caído mucho más que en otros.  Para descongestionar la gráfica se han quitado los segmentos ejecutivo, deportivo, lujo, monovolumen grande, todo terreno grande y todo terreno lujo; el porcentaje de todos ellos es pequeño y abarrotaban la parte baja de la gráfica. Sí al menos indicar que todos ellos se encontraban en línea descendente de porcentaje de matriculaciones.

De la gráfica destacar otras dos cosas: en el segmento micro/mini el porcentaje apenas ha variado con el aumento del precio del combustible, esto seguramente indica el convencimiento de sus usuarios del beneficio que supone el uso de coches pequeños en entornos urbanos independientemente del precio del combustible. La otra cosa a destacar es la resistencia a la caída de los segmentos todo terreno pequeño y todo terreno medio, lo cual indica el apego de un cierto colectivo de usuarios a este tipo de coches grandes; sin duda los combustibles todavía no son lo suficientemente caros para evitar la preferencia por este tipo de coches.

Uso y abuso del automóvilEl automóvil en sí no es una máquina mucho más ineficiente que otras, lo que verdaderamente hace ineficiente al automóvil es el cómo se usa. A pesar de no ser un transporte adecuado para entornos urbanos, se usa de forma masiva en estos. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) (4), más del 75% de los desplazamientos urbanos se realizan en vehículos turismo con un solo ocupante, siendo el índice medio de ocupación de 1,2 personas por vehículo. En la ciudad, el 50% de los viajes en coche son para recorrer menos de 3 km. En estos viajes cortos, el incremento de consumo es de un 60%. En la mayoría de los casos estos desplazamientos se podrían perfectamente realizar a pie o en bicicleta. En la ciudad, el número de desplazamientos en vehículo turismo y en transporte público es similar. Sin embargo, el consumo del transporte público sólo representa el 2% del consumo total del transporte urbano.Debido a los bajos precios de los combustibles, no hace mucho tiempo era factible que una familia viviera en las afueras dependiendo de uno o más coches para ir a trabajos, colegios y compras, actualmente esto supone un sobrecoste más difícil de afrontar para muchas familias según se desprende de las sucesivas encuestas(5) de presupuestos familiares en la que el gasto en transporte tiende a disminuir. De 2006 a 2012 el gasto en transporte ha bajado un 20%.Está visto que solo los altos precios de la energía están haciendo que nos comportemos más eficientemente con el automóvil.

Posibles alternativas energéticas para el automóvilSi el petróleo debido a su alto precio actualmente está siendo un problema para el mundo del automóvil, vamos a ver si hay otras energías que puedan servir en el futuro para sustituir al petróleo sin que entren en competencia con los otros sectores de consumo a los  que están especializadas las distintas energías.Para ello vamos a tomar una estimación de la energía que consume el automóvil a nivel mundial, el valor de la estimación está sacado de la gráfica 9 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) (6).

Gráfica 9- Transporte mundial, energía y tipo de transporte- Gráfica de AIE

La estimación de energía a tomar es la correspondiente a los vehículos ligeros (Light duty vehicles) que corresponde al gasto de energía de coches, furgonetas ligeras, SUV, monovolúmenes y camionetas de uso personal (todos vehículos de menos de 4.500kg). Si bien esta energía es mayor que la energía que le correspondería a los coches, es la energía que más fielmente refleja el crecimiento de la clase media. Los usuarios de esta clase media no solo usan el automóvil para su transporte personal, también transportan multitud de bienes de consumo para uso y consumo; de ahí la utilización de este tipo de vehículos.
Normalmente las estadísticas de matriculaciones incluyen en una clase a los coches y en otra clase al resto de vehículos del segmento de los vehículos ligeros. Cuando suben las matriculaciones suben las dos clases y cuando bajan las matriculaciones, también bajan las dos clases. La gráfica 1 de matriculaciones está formada por la unión de ambas clases de vehículos.El IDAE da una estimación del consumo más precisa de estas dos clases de vehículos en España; el consumo de los vehículos ligeros es separado en: coches, con un consumo energético de un 38% de la energía del transporte, y en vehículos comerciales con un 16% de la energía del transporte. Sumando ambos es un 54%, valor un poco mayor al 48% que suponen los vehículos ligeros reseñados por la AIE en la gráfica.La gráfica 10 representa toda la energía consumida en el mundo (primaria y final) del año 2011. En la gráfica vienen las distintas fuentes de energía y el uso que se les da a esas energías. 

Gráfica10 -   Energía primaria y final del mundo por sectores. Datos de AIE del año 2011 en ktepSe ha incluido en la gráfica la estimación de la energía que sacamos anteriormente correspondiente a los vehículos ligeros, esta estimación debería de estar incluida en la parte del sector transporte en la barra correspondiente al Petróleo/Productos petrolíferos, pero se ha situado en una barra separada para facilitar la comparación. La barra con la estimación del automóvil eléctrico sería la energía equivalente en el caso de que todo el parque de automóviles  fuera eléctrico, es más pequeña porque se ha tenido en cuenta la mayor eficiencia del pozo a la rueda que tiene el vehículo eléctrico frente al vehículo convencional (7). Como puede observarse la magnitud de energía que consumen los automóviles es muy grande, supone un 11,8% de la energía final, un 43% de la energía del transporte y un 29,1% de la energía de los productos petrolíferos. Sin duda es el mayor responsable del agotamiento del petróleo.

No parece fácil añadir el consumo de los automóviles al resto de las energías las cuales como puede verse en la gráfica 10, ya están fuertemente especializadas en los otros sectores de consumo. Para los que no estén familiarizados con los sectores de consumo de la energía decir que prácticamente todas las actividades que realizan los seres humanos en las naciones desarrolladas suponen un gran consumo de energía. Actividades o sistemas como la industria, los servicios públicos, la calefacción, el agua caliente sanitaria o el equipamiento residencial requieren de un flujo de energía elevado y constante, de ahí la importancia de que la nueva demanda proveniente del automóvil no perjudique el funcionamiento de estos sectores. El artículo Sociedad de consumo y energía trae una mayor descripción de estos sectores con su correspondiente cuota energética en España.A continuación vamos a ver las posibles energías alternativas para el automóvil con un poco más de detalle:Biocombustibles: Los biocombustibles y residuos suponen el 10% de la energía primaria mundial (ver gráfica 10), de los cuales solo el 4,5% de los biocombustibles van para el transporte. El 63% de la energía de los biocombustibles corresponde al sector residencial, y en gran medida corresponde al consumo de subsistencia, y en muchos casos no sostenible,  de materiales vegetales utilizados directamente como combustible de los países menos desarrollados. Sin ir más lejos, el consumo de biocombustibles de la OCDE corresponde un 5% del total de la energía primaria, y el de África un 48% del total de la energía primaria (AIE).El bioetanol y el biodiesel constituyen los principales mercados de biocombustibles a escala global.
La producción de biodiesel en el mundo del año 2010 fue 16,5 millones de toneladas (8), una producción que fue inferior al consumo de “gasóleo A” en España en ese mismo año, 23,3 millones de toneladas . Supongamos que esos 23,3 millones de toneladas hubiesen sido de biodiesel y que se hubieran producido con soja en este país. Se habría necesitado una producción de 116,5 millones de toneladas de soja. Como comparación toda la producción agraria de España en el 2010 fue de 88,3 millones de toneladas de productos agrarios (10), muy por debajo de la materia prima de soja necesitada; por lo tanto en el hipotético caso de que se pudiera convertir toda nuestra comida en combustible, ni siquiera con eso tendríamos suficiente para abastecer a nuestros camiones y automóviles diésel. La producción de etanol es todavía más insostenible. En Brasil en el 2009 se procesaron 569,1  millones de toneladas de caña de azúcar,  para producir 31 millones de toneladas de azúcar, que producen 27,5 millones de m3 de etanol, unos 21,6 millones de toneladas de etanol. [VIII]Por último indicar que Brasil es el líder mundial en biocombustibles, sin embargo en el 2012 los biocombustibles solo supusieron el 15% de la energía del transporte de dicho país, liderando también los productos petrolíferos con un 82% el resto del transporte del Brasil (AIE).Viendo estos datos parece difícil que se pueda crecer en consumo de biocombustibles de automoción sin afectar a zonas naturales y sin entrar en competencia con la alimentación humana.

Energía eléctrica: Para generar los 1.582.119 ktep de electricidad que consume el mundo se han tenido que gastar 4.447.231 ktep de diversos combustibles y diversas energías (ver gráfica 10), de esta energía utilizada para la generación de electricidad, el carbón ha aportado el 49% de toda la energía (mal augurio para el coche eléctrico), el gas natural ha aportado un 20%, la nuclear un 15%,  la hidráulica un 7%, el petróleo un 5%, los biocombustibles un 2% y la eólica y solar un 2%.(AIE)Como se puede ver en la gráfica 10, la estimación de energía gastada por un supuesto parque de coches eléctricos es menor que la energía gastada con su equivalente parque de coches convencionales, esto es por la mayor eficiencia que tiene el vehículo eléctrico en todo el proceso desde que se extrae la energía hasta que se gasta en las ruedas. Aún así la energía que se necesitaría para generar la nueva demanda debida a los coches eléctricos es inmensa, la siguiente tabla refleja el aumento de generación aproximada que se necesitaría de acuerdo con el mix mundial del mismo año.Carbón: Unos 963.978 ktep másGas natural: Unos 390.462 ktep másProductos petrolíferos: Unos 96.528 ktep másNuclear: Unos 298.320 ktep más. Equivalente a unos 182 reactores nuevos. Hay 435 reactores en el mundo, y 68 en construcción.Hidráulica: Unos 133.188 ktep más. Cerca de la mitad de la producción hidráulica de ese año.Eólica, solar: Unos 44.629 ktep más. Equivalente a unos 11.210 parques eólicos. España, el cuarto país con más potencia eólica instalada, tiene 1.055 parques eólicos.Biocombustibles: Unos 46.166 ktep más. Probablemente algunas fuentes de generación tendrían dificultades para crecer por estar cerca de su límite de crecimiento como podrían ser la hidráulica y los biocombustibles; y otras fuentes también tendrían problemas en crecer por su menor rentabilidad como el caso de la nuclear las eólicas, las solares y los productos petrolíferos. Esto hace que la mayor parte de la nueva generación sea asumida por el carbón y el gas natural como de hecho está pasando actualmente. En la gráfica 11 se puede observar como es el carbón y el gas en menor medida los que aportan la mayor parte de la nueva generación eléctrica.

Gráfica 11- Evolución de la energía aportada por las distintas fuentes para generación eléctrica en el mundo-Datos de AIE en ktep


En la generación de electricidad de los países de la OCDE (los países más desarrollados), también es el carbón con un 38% el que más aporta, seguido por el gas natural con un 26%, sin embargo en este caso el carbón está disminuyendo el consumo en favor del gas natural que está aumentando fuertemente.

Los datos de la gráfica 11 y de la generación de la OCDE nos dejan bien claro que el futuro coche eléctrico tampoco será ecológico.
Actualmente la electricidad está siendo ampliamente usada en los sectores industrial, residencial y servicios públicos (ver gráfica 10), su consumo está creciendo mucho en estos mismos sectores debido al crecimiento de los países emergentes. Parece difícil asumir la inmensa demanda producida por un transporte eléctrico en crecimiento. Aplicando normativas como las recargas lentas en horas valle (nocturnas) para evitar picos de consumo diurnos facilitarían la integración del transporte en la generación eléctrica. Pero el caso es que la mayoría de usuarios que apoyan el coche eléctrico demandan y dan por hecho que el futuro del coche eléctrico pasa por las recargas rápidas de las baterías para hacer un uso parecido al del coche convencional. Tampoco los fabricantes están ayudando mucho en este sentido diseñando las baterías de sus vehículos para que puedan admitir estas recargas. Recargas rápidas como por ejemplo de 50 kW supondría para un millón de coches (España tiene un parque de 22 millones de vehículos) un consumo de 50.000MW, prácticamente el equivalente a todo el régimen ordinario Español (nuclear, carbón, fuel y ciclo combinado) sin la hidráulica. Pero es que incluso 50.000 coches (algo muy normal en grandes ciudades a diario) recargando rápido fuera de hora valle supondría 2.500 MW, un buen escalón en la curva de demanda que las compañías no podrían admitir cerca de los picos de consumo.Por último decir que hoy en día no existe ningún contubernio de petroleras ni fabricantes conspirando contra el coche eléctrico (documental Who Killed the Electric Car?). El coche eléctrico es ya una realidad, pero es caro para las prestaciones que ofrece sobre todo en autonomía. Sin embargo existen a la venta varios modelos de cuadriciclos eléctricos a precios muy razonables. Si a pesar de la limitada autonomía, tamaño y prestaciones estos cuadriciclos cumplen con las expectativas de desplazamiento diario para ir al trabajo, perfectamente puede ser una opción mucho más rentable y eficiente que el coche convencional o el eléctrico. El problema es que estos vehículos no cumplen las expectativas de estatus social que demandan los usuarios de clases medias. La mayoría de estos usuarios están esperando a un hipotético coche eléctrico barato, de 150 CV, cinco o más plazas, autonomía de 500 kms y con recarga rápida de la batería. Y claro, eso a lo mejor no llega nunca.

Gas natural: Sin duda parece la energía más prometedora a medio plazo para el mundo del automóvil; el hidrógeno se sacará principalmente del gas natural, también el gas natural es el segundo combustible por detrás del carbón más usado en generación eléctrica (el coche eléctrico dependerá por tanto de este combustible), y por último los coches convencionales mediante una pequeña adaptación pueden funcionar con gas natural comprimido (GNC). Actualmente la mayor parte de vehículos propulsados por GNC están equipados con sistemas bicombustible (también  denominados bifuel),  pudiendo  funcionar  tanto  con  gas natural como con gasolina o diésel (el diésel por ahora solo está disponible en vehículos industriales). Esto apunta a que la transición del petróleo al gas en la automoción puede ser suave y progresiva según aumente el precio del petróleo, ya que no requiere apenas cambios en la industria automovilística actual. Al poderse usar los dos combustibles tampoco se depende de una infraestructura completa de estaciones de recarga. El mercado de vehículos propulsados por gas natural está aumentando un 20-25% anual a nivel mundial. Distintas  previsiones  apuntan  a  un  parque  de 50-65  millones  de vehículos de gas natural para 2020 y en torno a 100-200 millones en 2030 (11). El parque mundial de automóviles actual se estima en unos 1.100 millones de vehículos.

Como se puede ver en la gráfica, la producción de gas natural no para de crecer desde el 1970. Su consumo está repartido principalmente en generación eléctrica, sector residencial y sector industrial (gráfica 10). 
 Gráfica 12- Producción mundial de gas natural-   Datos de BP en mtep
Que la industria de extracción de gas pueda aumentar hasta el punto de que además de admitir su creciente demanda, también pueda absorber la nueva demanda del sector del transporte es algo que queda por ver. Lo que sí está claro es que el uso del gas en la automoción aumentará la competencia por el gas y lo que es peor, adelantará el cénit del gas irremediablemente.

Otras energíasA continuación vamos a ver la disponibilidad de otras fuentes energéticas a menudo citadas en el mundo del automóvil como solución para independizar el automóvil de los derivados del petróleo.

Hidrógeno: A finales del año pasado Toyota ponía a la venta el Mirai, el primer automóvil de pila de combustible que se comercializa en serie. Varias marcas importantes más también dicen que sacarán algún modelo en la segunda mitad de esta década. Al principio serán muy caros pero se espera que para 2020 hayan reducido significativamente su precio. Parece que la apuesta por el coche de hidrógeno va en serio, sin embargo si miramos en la gráfica correspondiente a todas las energías (gráfica 10) no vemos que ningún combustible sea el hidrógeno. Esto es porque el hidrógeno es un vector de energía como la electricidad, no existe en la naturaleza disociado y hay que aplicar energía para disociarlo y poder usarlo posteriormente en nuestros coches. El problema es que para obtener un kilo de hidrógeno se consume bastante más energía que la que luego encierra ese kilo de hidrógeno. El hidrógeno se puede extraer de diferentes compuestos, por ejemplo del agua mediante electrólisis, de biomasa, o también de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas natural. A día de hoy alrededor del 96% del hidrógeno que se consume en el mundo se ha obtenido a partir de combustibles fósiles, siendo lo más habitual que sea a partir de reformado con vapor de gas natural (48%). Solamente el 4% proviene de la electrólisis puesto que es la forma que más energía gasta para producirlo (13).
Parece claro que el hidrógeno de los coches provendrá y será dependiente del gas natural, heredará los mismos problemas de mercado que tenga el gas natural, teniendo que incluir después el  incremento de coste por la transformación de gas a hidrógeno.

Renovables de área eléctrica:  Las renovables de área eléctrica por lo general tienen pocas pérdidas en generación, sin embargo su factor de carga es muy bajo. El factor de carga de una central eléctrica es el cociente entre la energía real generada por la central eléctrica durante un período y la energía generada si hubiera trabajado a plena carga durante ese mismo período.

La gráfica 13 es una representación de los términos del factor de carga de las renovables y la nuclear (por comparación) del año 2013 en España. Las barras en rojo oscuro representan la energía generada al año por cada tecnología energética. Las rayas azules representa la energía que hubiesen generado de funcionar todo el año continuamente.
Se puede observar el alto factor de carga de la energía nuclear comparada con las renovables, que dependen de la cantidad de energía variable que aportan el sol, el viento, o el agua a lo largo de todo el año. Para contrarrestar el bajo factor de carga de las renovables tiene que haber un parque instalado de centrales muy grande, de ahí que, por ejemplo, la potencia instalada eólica es casi tres veces mayor que la nuclear.

Gráfica 13- Factor de carga de renovables y nuclear- Datos de REE en GWh
Estas energías junto a la ya muy madura y desarrollada hidroeléctrica no llegan ni a un cuarto de la energía eléctrica consumida mundial, por lo tanto quedando tanta energía eléctrica por descarbonizar y desnuclearizar, parece un despropósito el pensar que estas energías alimentarán el automóvil eléctrico del futuro.

Nuclear:  A menudo los partidarios de esta energía dicen que es la opción más rentable, sin embargo las estadísticas no indican tal cosa; con datos de la AIE, la energía nuclear nunca llegó a superar el 10% de la energía primaria entre los países de la OCDE, países que tienen el 80% de la producción nuclear mundial.La energía nuclear pese a tener un factor de carga muy alto, pierde más de la mitad de la energía primaria en la generación de energía eléctrica (lo contrario que las renovables de área eléctrica).
A día de hoy el hacer una infraestructura de centrales nucleares sigue siendo muy caro (15). Su sostenimiento no está garantizado puesto que el 86% de las centrales gastan uranio enriquecido (16), un combustible que llegará al cenit en pocos años. Tampoco la continuidad de esta energía está garantizada, ya que después de haber pasado 60 años de investigación y de diversos intentos, las tecnologías de reactores reproductores rápidos y la fusión nuclear no son viables. Es razonable el pensar que quizás; o puede que no sean viables nunca, o si alguna de las dos lo es en el futuro, puede que no sea rentable como para sustituir a la totalidad de energía de los combustibles fósiles. Por lo pronto según la asociación Foro Nuclear para que la cuarta generación de centrales nucleares y la fusión nuclear empiecen a ser comerciales falta todavía de 25 a 30 años (17) (en realidad la industria nuclear lleva dando fechas de entrada en funcionamiento parecidas desde hace 60 años). Para esas fechas el petróleo habrá entrado en declive y el gas natural es muy probable que también. Pero lo peor de la energía nuclear es que ni la gestión de residuos nucleares está resuelta, ni su seguridad está garantizada, algo que no hace mucho hemos comprobado con Fukushima. Y además sin garantía de que las futuras energías nucleares sean limpias y seguras.

Vehículos de transporte individual como alternativa al automóvil 


Según la ONU, la mitad de la humanidad vive en la actualidad en ciudades y, dentro de dos décadas, casi el 60% de la población mundial habitará en núcleos urbanos. Y el coche como ya hemos visto no es el transporte idóneo para  núcleos urbanos (18).
La eficiencia se da de forma natural en vehículos pequeños y de menos potencia, de hecho, ya hemos visto como la matriculación de coches más pequeños está aumentando. En especial vamos a tratar aquí un tipo de vehículo todavía más pequeño e individual, logrado gracias al reducido tamaño que se puede conseguir en el campo de la motorización eléctrica y de las baterías. Estos vehículos serían las bicicletas eléctricas, segway, patines eléctricos,  e incluso algunos extraños y sorprendentes vehículos como el Solowheel, un vehículo de una rueda con un tamaño un poco mayor que un maletín (he visto alguno circulando por Madrid). Algunos de estos vehículos individuales podrían incluso ser usados como extensores de autonomía del propio transporte público.Hemos visto anteriormente como en la ciudad, el 50% de los viajes en coche son para recorrer menos de 3 km, y la mayoría de las veces con un solo ocupante. Para desplazamientos tan cortos e incluso algo más largos, el uso de estos vehículos estaría totalmente justificado. Estos vehículos minimizarían también el problema de la congestión vehicular que produce el automóvil. El automóvil tiende a producir congestiones de tráfico, ya que por mucha infraestructura que se monte, siempre acaba saturándola. El tráfico se comporta como un gas que tiende a ocupar todo el espacio disponible del recipiente que lo contiene, por lo tanto con el automóvil es inevitable que se produzcan congestiones. La siguiente foto refleja perfectamente el considerable espacio requerido por los coches si se compara con el autobús o con las bicicletas para transportar un mismo número de personas.


Estos vehículos pequeños son una realidad hoy en día con fines recreativos, y perfectamente se podrían también usar como transporte urbano si no fuera por el peligro que supone el circular entre cientos de coches. No necesitan infraestructura especial de recarga ya que se pueden recargar en cualquier enchufe, tampoco necesitan de nueva infraestructura vial ya que podrían circular por la calzada a más velocidad y por la acera a velocidad de peatón. Sin duda regular su utilización y restringir parte de la calzada para estos vehículos podría animar a su uso.


ConclusionesLos combustibles fósiles son los que dominan el panorama mundial de la energía (gráfica 10), estos combustibles también copan la mayoría de la nueva demanda de energía, por lo tanto confiar que el coche del futuro pueda ser ecológico o sostenible requiere de mucha dosis de optimismo. Cuando el gas entre en declive será imposible sostener el parque mundial de vehículos, si es que no se ha derrumbado antes con el declive del petróleo.La actual cultura del automóvil, se ha desarrollado gracias a la disponibilidad de grandes cantidades de petróleo a precios muy baratos, actualmente el petróleo está bastante más caro, por lo que la industria del automóvil está preparando coches que aprovechan otras energías. Estas otras energías (electricidad y gas principalmente) son usadas masivamente en otros sectores como son la generación de electricidad (gas), el sector industrial, los servicios públicos y el sector residencial. La electricidad y el gas también están subiendo de precio debido a la nueva demanda de los países emergentes, así que es de esperar que esta demanda añadida del transporte se vea reflejada en todavía más subida de precio de estas energías, quedando afectados los sectores de consumo correspondientes por los altos precios. ¿Seremos tan necios de seguir empeñados en el automóvil hasta el punto de que en el futuro tengamos que elegir entre coche, calefacción o luz?El uso del automóvil tiene que ver más con un estilo de vida consumista que con una necesidad de uso real. En entornos urbanos, la gran mayoría de las veces puede ser reemplazado por el transporte público, por vehículos más pequeños y por vehículos de transporte individual, pero como estos otros medios no cumplen las expectativas de estatus social que demandan muchos usuarios se mantiene el uso del automóvil aunque no salga rentable.  Actualmente en los países emergentes las clases medias no paran de crecer (solo en China se espera que la clase media aumente un 750% de 2010 al 2020 (19)), y el automóvil es el bien de consumo favorito de esta clase media, así que la competencia por el combustible y sus consiguientes altos precios están asegurados. Habrá periodos de recesión como el actual en el cual bajen los precios de los combustibles, pero la tónica general irá por los cada vez más altos precios en los combustibles.El automóvil en las sociedades desarrolladas supone el segundo mayor gasto por detrás de la alimentación, este gasto irá en aumento a medida que suba el combustible. Quien quiera y pueda, reducir o prescindir el uso del automóvil, sin duda que podrá disfrutar de una mayor solvencia económica.


Referencias:

(1)Agencia Internacional de la Energía (AIE) http://www.iea.org/statistics/statisticssearch/http://www.umtri.umich.edu/what-were-doing/news/ladies-and-gentlemen-stop-your-engines-americans-driving-less?id=3272

(2) http://www.icex.es/icex/es/navegacion-superior/revista-el-exportador/noticias/NEW2014340956.html

(3)  http://www.roadstersportclub.com/foro/index.php?topic=105.0;wap2 


(4) http://www.idae.es/index.php/id.145/mod.noticias/mem.detalle
(5) http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=/t25/p458&file=inebase

(6) http://www.iea.org/publications/fueleconomy_2012_final_web.pdf

(7) http://www.coiim.es/rrii/descargas/jornadasyconferencias/ve2011/arejas.pdf


(8) http://www.idae.es/uploads/documentos/documentos_11227_PER_2011-2020_def_93c624ab.pdfhttp://energiasrenovadas.com/un-26-de-la-soja-en-argentina-se-destina-a-producir-biodiesel/
(9) http://www.cores.es/es/estadisticas


(10) http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=%2Ft01%2Fa091%2F&file=inebase&L=0
(11) http://www.anfac.com/openPublicPdf.action?idDoc=827


(12) http://www.bp.com/en/global/corporate/about-bp/energy-economics/statistical-review-of-world-energy.html

(13) www.foronuclear.org/pdf/el_hidrogeno_y_la_energia.pdf

(14) http://www.ree.es/es/publicaciones/sistema-electrico-espanol/informe-anual/informe-del-sistema-electrico-espanol-2013

(15) http://www.solarsostenible.org/2014/olkiluoto-3-o-el-fracaso-del-referente-nuclear-finlandes/
(16) http://www.foronuclear.org/images/stories/recursos/publicaciones/2014/ENERGIA_2014.pdf

(17) http://www.foronuclear.org/es/el-experto-te-cuenta/icuales-son-los-nuevos-reactores-del-futuro
     http://www.foronuclear.org/pdf/Curso_Santander_Manuel_Perlado.pdf
(18) http://www.un.org/spanish/waterforlifedecade/water_cities.shtml

(19) http://www.asia.udp.cl/Informes_CEAP/doc/abstract_clasemedia_china.pdf


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Función de producción y energía

5 Febrer, 2015 - 22:51
Imagen de http://poesiasdelalma.bligoo.es/

Queridos lectores,

Tasio Urra me ha enviado este artículo, ya aparecido en la web de ATTAC, pero que por su interés lo reproduzco aquí. En él Tasio nos muestra que la teoría económica clásica adolece del defecto de no prestar la debida atención a la energía, cuando es el factor que individualmente tiene la mayor productividad. La consecuencia lógica es que el pensamiento económico dominante tiene más de ideología que de ciencia. Para reflexionar.

Salu2,

AMT
 
¡Es la energía, estúpido!José Anastasio Urra Profesor Titular de Organización de Empresas, miembro de ATTAC y delegado de la CGT.
Vaya por delante que la adaptación de la  famosa frase utilizada durante la primera campaña presidencial de Bill Clinton -"¡es la economía, estúpido!"- con la que he titulado este artículo, no va dirigida a ningún economista concreto. No sería justo. Lo justo sería decírselo a todos los economistas ortodoxos y neoclásicos, incluida la corriente más fundamentalista de ellos, los neoliberales, a los que por algún motivo toda una vida de estudio no les ha sido suficiente para entender el funcionamiento de la economía.La Economía Neoclásica, la que arranca con el remoce de la teoría del mercado de Adam Smith y de la Ventaja Comparativa de David Ricardo, establece la función de producción como expresión de la oferta para encontrarse con la demanda en el mercado. Según este pensamiento económico, la función de producción de un productor relaciona la cantidad empleada de factores de producción con la producción obtenida gracias a ellos, o por medio de ellos; en su formulación más extendida: Y=F(K, L, Ri)Donde Y es la producción, K el capital, L el trabajo, y Ri los diversos recursos productivos; y se asume que la tecnología está incorporada en el capital, mejora las habilidades del factor trabajo y/o produce las sustituciones de recursos. Según este esquema de pensamiento, la función de producción explica la producción de una unidad productora a partir de los factores que emplea y combina; el capital es el factor de mayor peso y relevancia en cualquier función de producción, puesto que es el que goza de mayor productividad y menor coste marginal relativo; los recursos constituyen meras mercancías apropiables y sustituibles; y todo legitima la creciente automatización de la producción industrial en un afán por alcanzar el límite tecnológico de los costes, y una distribución del beneficio, de la riqueza o de la ganancia, en mayor medida, por tanto, para el capital.El productor puede ser un empresario, un sector entero, un país entero, o el mundo; de manera que cuando pasamos de la función de producción de un empresario a la de un sector, un país o el mundo, agregamos las múltiples funciones de producción que conforman ese sistema de manera que resulta consistente extender las implicaciones de los factores de  producción, sus productividades marginales y la lógica de la distribución de la riqueza derivada de ellas a cualquier función de producción agregada.Además, en estos términos, no resulta necesario considerar ningún límite al crecimiento, pues a diferencia del nivel microeconómico, donde el mercado impone un claro límite económico al crecimiento de la producción empresarial cuando el coste marginal (el coste de producir una unidad adicional de producto con una tecnología dada) supera el ingreso marginal (el precio que la demanda, el mercado, está dispuesto a pagar por esa unidad adicional de producción), en un país, o en el mundo, tal límite económico al crecimiento se difumina hasta desaparecer en “la lógica del mercado”. Así, será éste, mediante la Ley de la oferta y la demanda, y el mecanismo del precio, el que promoverá el desarrollo tecnológico y el virtuoso proceso de sustitución creativa de aquellos recursos que se vayan agotando, de forma que al agotarse un determinado recurso, subirá de precio, lo que desincentivará su consumo e incentivará el desarrollo tecnológico tendente a poder aprovechar otros que hasta ese momento eran inasumibles económicamente. Consecuentemente, los crecientes problemas en la producción de crudo convencional en realidad suponen una oportunidad para el desarrollo humano, porque se reflejarán en el aumento del precio que incentivará que consumamos menos y pongamos en marcha la creatividad para desarrollar tecnologías, como las del fracking, que nos permitirá extraer otras cosas distintas y mejorar la eficiencia en todas las cadenas industriales y de servicios.Desde esta perspectiva se soslaya la apropiación crematística de los bienes públicos, medioambiente y servicios de los ecosistemas fundamentalmente, tras el eufemismo de las externalidades; y la energía se considera como una materia prima más, una mercancía, cuando en realidad sabemos que se trata del “sine qua non”. Y, consecuentemente, también se pasa por alto que la demanda energética tiende a ser inelástica, o sea, que es de tan primera necesidad que utilizaremos toda la que podamos siempre, independientemente del precio, porque si no, nos morimos de frío, de calor, o de hambre…Sin embargo, está perspectiva económica que obvia el papel de la energía en el proceso económico, y según la cual los límites del crecimiento merecen escasa consideración porque los precios ponen en marcha una inventiva humana que aparece prácticamente ilimitada y todo lo puede, está lejos de ser demostrada, muy probablemente porque vulnera las leyes de la física.Pero la Economía Ecológica, gracias al desarrollo de las matemáticas, la estadística, el software y el hardware, se ha tomado la molestia de analizar los datos del PIB de USA, Japón y Europa, desde los años 60 del siglo pasado, y de compararlos con la inversión en capital y la fuerza de trabajo de esos países. ¿Con qué resultados? El primero, que el capital y el trabajo como factores de producción no explican al 100% la producción, vamos, no explican ni el 50%...; el segundo, que si introducimos la energía como un 3º factor de producción, entonces sí que la función de producción explica prácticamente el 90% de la producción; el tercero, que el peso relativo de la energía en la función de producción, su productividad marginal, es el mayor, en torno al 50%, pero actualmente no se computa como factor de producción porque su precio no refleja su verdadero coste debido a las externalidades.O sea, que la teoría económica que sufraga las decisiones de Política Económica que tanto sacrificio, dolor y devastación ecológica están generando desde hace al menos 4 décadas está erigida sobre un andamiaje de supuestos y modelos absolutamente falaces y desconectados de la realidad física que auténticamente gobierna nuestro mundo y nuestro sistema socioeconómico, porque el factor de producción de mayor productividad marginal y peso es la energía, si consideramos las “externalidades” como internalidades que son y hacemos bien las cuentas para que el precio refleje la realidad; y nos lleva a la perdición, porque eso de que la distribución de la mayor parte del  beneficio para el empresario que pone el capital es solo pura ideología revestida de ciencia, puro dogma que está llevando la desigualdad a extremos de ruptura del contrato social y la biosfera a un punto de bifurcación sistémica.Pero es la batalla de David contra Goliat: tienen el poder, el dinero y los medios para hacer pasar falacias ideológicas carentes de cualquier fundamento por verdades científicas? incuestionables; mientras que, pobres de nosotr@s, nos preocupamos por descubrir la verdad a partir de la evidencia contrastada y falsada, cada vez con menores recursos y mayor discontinuidad de agenda,  que disminuyen proporcionalmente al desgaste de la situación, sin euros y sin poder ninguno. Es lo que se aprecia cada vez más entre quienes, conscientes, se saben con la responsabilidad de informar a los demás.En fin…Mientras tanto, la mayoría desconecta ante la complejidad sin siquiera intentar comprender la gravedad de las implicaciones de lo que ya tenemos a las puertas; la Agencia Internacional de la Energía sigue con el maquillaje y las falacias y ocultaciones teleológicas; y, por si fuera poco,  los resultados del último estudio, largo, extenso y con fundamento, del Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid muestran lo que ya intuíamos algun@s, que en esta misma década vamos a empezar con los problemas serios con los combustibles líquidos, sobre todo para el transporte, y que la sustitución tecnológica no va a llegar a tiempo en ninguno de los escenarios más o menos tecnoptimistas que los adalides del libre mercado manejan…¿Ciertamente se puede ser más estúpido…?
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Recapitulando: Situación del petróleo en Enero de 2015

1 Febrer, 2015 - 11:07


Queridos lectores,

Los movimientos de los mercados de materias primas durante las últimas semanas están dando muchos sobresaltos a los analistas especializados en estas cuestiones. Cuando el precio del petróleo empezó a colapsar, hacia Julio del año pasado, surgieron varias tandas de análisis precipitados (que fueron luego rápidamente desmentidos por los acontecimientos). Primero se quitó importancia a las correcciones en el precio, atribuyéndoles un carácter temporal; después, se insistió en que la OPEP detendría la sangría de precios en cuestión de semanas; al no suceder tal cosa, se acusó a la OPEP de estar inundando el mercado para hundir a (y aquí viene una cierta diversidad de objetivos, según el analista en cuestión y a veces con el mismo analista según la semana que fuera) Rusia, Irán o incluso las explotaciones de fracking de los EE.UU. Sólo recientemente se ha reconocido que hay realmente un problema de demanda débil (cosa que desde este blog repetimos múltiples veces, por ejemplo al describir la perniciosa espiral de destrucción de demanda - destrucción de oferta en la que nos hallamos) y se empieza a dejar de lado las conspiratorias teorías sobre la OPEP, aunque cuesta abandonar la ilusión del control. Curiosamente, pocos analistas han unido los puntos, fijándose en que el precio de muchas materias primas se ha desplomado (caídas del 50% y más) incluso antes que el del petróleo, lo cual hace anticipar una recesión global profunda. Lugar al cual, obviamente, no resulta grato mirar, y menos en España, donde este año es intensamente electoral.

En la actualidad, los más reputados analistas se hacen ecos de las declaraciones del príncipe Al-waleed de Arabia Saudita según las cuales el precio del petróleo no volverá nunca a los 100 dólares por barril y eso hace cundir la preocupación por las explotaciones de fracking de los EE.UU., que a pesar de tanta grandilocuente afirmación que se ha hecho al respecto de su rentabilidad durante estos meses no son rentables ni siquiera a esa marca que el saudita dice que no volveremos a alcanzar. Comienzan por tanto a menudear análisis que nos dicen que el reinado del oro negro está tocando a su fin, que por responsabilidad corporativa muchas grandes instituciones están deshaciendo sus posiciones financieras sobre la industria de los combustibles fósiles y que, en suma, el mundo se encuentra en los albores de una gran transición energética, la cual según parece va a ocurrir porque nos resultaría muy conveniente en este momento.

La realidad que tenemos por delante es, sin embargo, bastante más compleja que estas simples extrapolaciones lineales, basadas en el principio de que la economía es un ente aparte de la realidad física del mundo. En el mundo real, el petróleo es la principal fuente de energía del mundo y no es fácil sustituirlo por otras fuentes de energía, renovables o no, que no están ahí a una escala que se asemeje siquiera vagamente a lo que se necesitaría. Se puede insistir (y se ha hecho y se hace muchísimo, y más estos días que se anticipan grandes cambios institucionales en mi país y en otras naciones) en que las energías renovables podrían, con un adecuado plan de implantación, tomar el relevo. Dejando al margen la persistente ignorancia o desdén de la discusión sobre los límites de la energías renovables (que los tienen y que deben ser discutidos), los artículos que alientan ese futuro renovable suelen insistir en presentar una y otra vez los costes económicos actuales y alcanzables por este tipo de sistemas, amén de enumerar las promesas tecnológicas que tendrán que cumplirse en un futuro cercano, de nuevo porque simplemente resulta que necesitamos desesperadamente algo con lo que cubrir el ansia energética de nuestro sistema económico, forzado a crecer infinitamente en un planeta finito. Al proceder así, aceptan acríticamente el erróneo postulado que enumeraba arriba: creer que la economía es un sujeto aislado e independiente de la realidad del mundo físico. Pues estas personas, por lo demás inteligentes, críticas y de buena fe comprometidas en impulsar el cambio que todos deseamos y necesitamos (aunque sea discutible si van por la buena dirección), ignoran en su entusiasmo que la potente y ciclópea máquina industrial actual está propulsada por combustibles fósiles, desde la extracción de metales en las minas hasta su refinado y fundición, desde la elaboración de cemento hasta los hornos donde se funde el silicio de las placas fotovoltaicas. Esa necesidad de mantener un mundo anclado en lo fósil (que ha hecho que algunos autores se cuestionen si la energía renovable e incluso la nuclear no son más que extensiones de los combustibles fósiles) es simplemente obviada, como si de la noche a la mañana todos esos complejos procesos productivos, depurados a fuerza de décadas, pudieran ser llevados a cabo prescindiendo por completo o mayoritariamente de los combustibles fósiles. Pero en realidad, incluso aún cuando tal transición pudiera llevarse a cabo requeriría de varias décadas y unas medidas de excepción económicas que no son fácilmente asumibles por los partidos actualmente en el poder ni por sus previsibles recambios.

En realidad, el curso previsible de los acontecimientos no se parece en nada a esta narrativa de un petróleo permanentemente barato y una transición energética, salpimentada de ahorro y eficiencia allí donde se requiera. En realidad lo que está pasando es que se está produciendo un reajuste económico de la locura financiera que ha envuelto a la producción de hidrocarburos líquidos durante los últimos tres años. Se estaba produciendo petróleo y líquidos asimilables por debajo de su coste de producción solamente para mantener la ficción de que aquí no pasaba nada, como mostraba la siguiente gráfica del Departamento de Energía de los EE.UU. (léase el post correspondiente para su explicación):





Y si las grandes compañías han aguantado esta sangría en sus cuentas de resultados ha sido con la esperanza (más bien, fe ciega) en que el progreso tecnológico acabaría convirtiendo esas pérdidas en ganancias. Nada de eso ha pasado, sino que los precios a los que se vendía el petróleo, ya entonces insuficientes para cubrir los gastos de la nueva producción no convencional, eran a pesar de todo demasiado caros para los consumidores y han acabado por destruir una demanda artificialmente inflada con medidas de alivio cuantitativo y más huida hacia adelante. Todo este disparate era necesario porque la producción de petróleo crudo convencional ya está disminuyendo, y sólo se ha podido contener la sangría con fracking, biocombustibles y petróleos extrapesados. Tres tipos de hidrocarburo líquidos demasiado caros para poder ser rentables, tres tipos de recursos que, si la economía fuese realmente independiente de su necesidad física de consumir energía, nunca se hubieran explotado. Para poderlas explotar, empero, se ha tenido que pagar esa diferencia, ese sobrecoste, y se ha tenido que pagar de lo que ya teníamos; para producir esos hidrocarburos sub prime las grandes empresas han tenido que consumir parte de su patrimonio, los Estados han tenido que recortar las prestaciones sociales y en general las instituciones públicas y privadas han descuidado el mantenimiento de sus infraestructuras. Esa insensata huida hacia adelante nos coloca ahora en una situación de debilidad económica de muchas grandes empresas, de inestabilidad social nacida del malestar por los recortes, y de un previsible colapso de infraestructuras críticas, ejemplo perfecto del Efecto Séneca que acuñó Ugo Bardi. En suma, nos hemos puesto en una situación peor y más proclive a desencadenar un proceso caótico de descenso.

Los eventos se suceden con rapidez y van a volver a dejar descolocados a los reputados analistas que mencionábamos al comienzo de este post. En EE.UU. la burbuja del fracking se está desinflando con rapidez, y eso ocasionará una rápida bajada de la producción petróleo en ese país. A un ritmo algo más lento, en muchos otros países se están congelando o abandonando muchos proyectos de explotación de hidrocarburos líquidos de tipos diversos, desde plataformas petrolíferas en alta mar hasta la minería de crudo extrapesado. El rápido descenso de los ingresos por la venta del petróleo está creando no poca inestabilidad  económica, política y social en una nómina de productores cada vez más larga: Irak, Irán, Libia, Nigeria, Argelia, Venezuela, México, Argentina, Brasil, Rusia... En los próximos meses vamos a ver un repunte de precios del petróleo debido fundamentalmente a la rápida caída del fracking estadounidense, y se verá casi inmediatamente seguida de una nueva caída de precios originada por la recesión económica subsecuente a la crisis financiera que originará la quiebra de muchos bancos que prestaron dinero a lo loco a los proyectos de fracking y que, como en 2008, crearon imaginativos productos derivados que magnificarán las pérdidas a escala global. La posible sincronización de ambos procesos (repunte de precios debido a la caída de la producción, bajada de precios debida a la recesión global), que provocaría una casi neutralización del movimiento del precio del petróleo, no es completamente descartable aunque parece improbable viendo la velocidad a la que se detiene el fracking en EE.UU. (mientras que las reclamaciones financieras, que no dejan de ser procesos administrativos, llevan su tiempo).

La consecuencia más obvia de todo esto es que entramos en la fase de alta volatilidad de precios característica de cualquier materia que escasee, y que será la tónica de los próximos años: meses de precios bajos seguidos por meses de precios elevados, alternándose a un ritmo cada vez más rápido a medida que el declive de la producción del petróleo sea más acusado y profundicemos en la tétrica espiral de destrucción de producción - destrucción de demanda. Exactamente como explicábamos hace 5 años, cuando comenzó este blog. Por eso, durante los próximos meses y años será un ejercicio entretenido ir escuchando las razones y excusas que den los grandes expertos para explicar la coyuntura de cada momento, contradiciendo lo que dijeran en algún momento anterior.

He creído conveniente recapitular en este post estos hechos y cuestiones ya varias veces discutidas en este blog, antes de abordar un tema cuya dimensión me parece crítica en este preciso momento, en este año que con toda probabilidad será conocido como el año en que se llegó al pico de todos los hidrocarburos líquidos (en volumen; ya sabemos que en energía neta hace años que pasó): cómo abordar la delicada cuestión de la asignación de recursos durante el declive energético. Ése será el tema de un próximo post.

Salu2,
AMT
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Entrevista a Roberto Ochandio.

30 Gener, 2015 - 10:50
Fracking 2015: El experimento continúa. Entrevista a Roberto Ochandio.Por Demián Morassi

A continuación usted leerá una entrevista a Roberto Ochandio coautor del libro 20 Mitos y realidades del fracking (Ed. El colectivo, 2014). Roberto tiene el extraño perfil de haberse licenciado en Geografía en una Universidad de Texas (Estado petrolero si los hay), trabajado en YPF y otras compañías del sector (como Hughes Services, hoy llamada Baker-Hughes) y hoy es miembro de la Unión de Asambleas Patagónicas.Veamos que tiene para decir sobre... A partir de este dibujo de Txer y Txino, me gustaría que me diga por qué utiliza el término experimental a la técnica del fracking teniendo en cuenta que ya se hicieron decenas de miles de pozos... Creo que la explicación se puede describir en la siguiente lista:
  • La fracturación de pozos es un método creado en 1947 para pozos convencionales
  • Volúmenes relativamente bajos dado el menor espesor de las formaciones convencionales
  • Las formaciones no-convencionales se extienden por cientos o miles de metros por lo tanto los volúmenes son miles de veces mayores.
  • Uso de gran volumen de productos químicos, algunos desconocidos
  • No se conocen los efectos sinérgicos de estos productos químicos
  • Grandes pérdidas de metano con efecto invernadero
  • exposición de la población a agua y aire contaminado
  • enfermedades desconocidas o inexplicables
  • constituye un experimento a escala industrial al aire libre
  • la explotación de hidrocarburos no-convencionales solo lleva unos 15 años desde su primera implementación. Puede llevar muchos años más para que tengan efecto los cambios globales en el medio ambiente y en el clima en general.
  • solo el paso del tiempo podrá decirnos el impacto total de estos métodos extractivos
  • el efecto invernadero que creamos hoy seguirá creciendo por varios años aun si paramos hoy mismo de contaminar. Esto es debido al proceso llamado inercia térmica.
Al Frankenstein de la novela le faltaba energía propia y le aplicaron electricidad de un rayo... El fracking ¿puede autosustentarse energéticamente o depende de energías de otras fuentes? El movimiento de maquinarias y materiales requerido por el fracking sólo puede hacerse usando gasoil. Sería inconcebible tender líneas de electricidad hacia cada nuevo pozo antes de saber si ese pozo puede ser productivo. En otras palabras, las operaciones de fracking consumen parte del petróleo o el gas que se extraiga de cada pozo.Sin embargo otros procesos tales como la preparación de productos químicos, o la construcción de equipos petroleros, consumen enormes cantidades de energía y agua. Esta energía generalmente tiene forma de electricidad, la cual generalmente proviene de usinas térmicas a gas o carbón.Un poco de investigación (1)da cuenta de los problemas en North Dakota, el Estado de los EEUU donde está el famoso yacimiento de shale oil 'Bakken Field'. Además de petróleo este Estado también es conocido por su producción agrícola. Últimamente tuvieron escasez de gasoil para la agricultura porque lo que había disponible lo consumió la industria del petróleo, incluyendo al fracking. Este informe nos dice dos cosas:Por un lado las destilerías locales son capaces de fraccionar el gasoil a partir del shale oil (petróleo de esquistos). Si no fueran capaces de procesarlo entonces transportarán el petróleo a otras destilerías e importarán gasoil para sus operaciones.Además pone de manifiesto el otro gran problema que tiene la explotación de hidrocarburos no-convencionales: la cantidad irracional de pozos que hacen falta para mantener la cuota de producción. Por ejemplo, en Bakken Field hacen falta 1500 pozos nuevos todos los años para mantener su producción.Es decir que la explotación de estos recursos, en todas sus fases, implica el consumo de grandes cantidades de energía, entre otras la misma energía que contribuye a extraer.En el caso de Bakken Field, operar los 200 equipos de perforación de la zona implica el consumo de 95 millones de litros de gasoil por mes, esto sin tener en cuenta el consumo durante la operación de fractura hidráulica en sí misma. ¿Habría alguna posibilidad que el Frackingstein crezca y se desarrolle sin dañar la sociedad? ¿O matará a su creador? Imposible. El fracking es inherentemente contaminante y devastador de recursos.En todas sus etapas: planeamiento (preparación de equipos, materiales y productos químicos), ejecución (transporte, inyección de inmensos volúmenes de fluidos), post-fractura (purga de fracturas, eliminación de fluidos de desecho, transporte de residuos y equipamientos), procesamiento en superficie del gas y petróleo extraído. Todas estas etapas son nocivas para el medio ambiente y la salud.Recordemos que el fracking solo fue posible cuando se eliminaron en los EEUU todos los controles sobre la calidad del aire y el agua y el transporte de productos químicos (Enmienda Halliburton).Explotar yacimientos no-convencionales solo es posible mediante la financiación ilimitada por parte de fondos especulativos, que dependen de un precio del petróleo y gas lo suficientemente alto como para justificar la inversión. La realidad muestra que el esperado retorno de inversión no se puede concretar dado los precios bajos y el exceso de producción de los yacimientos no-convencionales, por lo tanto las compañías petroleras están ahora endeudadas por sumas superiores a los 200.000 millones de dólares.Consecuencia: ya comenzaron a quebrar las compañías petroleras chicas, y las grandes están reconsiderando si les conviene seguir invirtiendo.Chesapeake, la segunda compañía de gas más grande de los EEUU ya está liquidando sus activos fijos (2). De tus observaciones sobre el fracking en EEUU y México ¿qué similitudes y diferencias encontrás con Argentina? ¿Pueden nuestros países tener un momento de esplendor como en EEUU? Creo que la implementación en los EEUU es un caso único. El norteamericano medio esta adoctrinado desde la escuela primaria para asumir que la naturaleza esta a su disposición, y que es lícito hacer plata de cualquier manera. Más aún, al ser ellos no solamente superficiarios sino también dueños de los minerales en el subsuelo, también tienen la oportunidad de beneficiarse con esta extracción.La realidad en nuestros países es diferente. Grandes zonas de Argentina muestran la misma escasez de agua que México. Los superficiarios tienen todo para perder y nada para ganar, salvo algunos trabajos marginales. La conciencia ambiental de los pueblos originarios incluye un respeto hacia la tierra que no tienen en los EEUU.Similitudes: igual contaminación y destrucción de recursos, la misma corrupción de funcionarios y políticos, las mismas consecuencias ambientales y en la salud.No creo que se llegue al mismo esplendor en nuestros países. La caída de los precios del petróleo está desinflando la burbuja del fracking y les costará cada vez más justificar las inversiones escandalosas que se hicieron en los EEUU.Sin embargo, nuestros gobiernos están dispuestos a financiar a las compañías petroleras, tal como lo demostró la suba de 3 dólares por barril que les dio recientemente el gobierno argentino.En un ambiente donde prive la lógica del mercado (si esto fuera posible), las compañías dejarían de extraer en cuanto caiga su margen de ganancia. Sin embargo, con un gobierno corrupto como el nuestro se da el caso que las compañías seguirán explotando total el pueblo les garantiza sus ganancias. Vayamos a la Argentina: Vaca Muerta me hace acordar a esas historietas ambientadas en el desierto donde sólo aparece un cráneo de una vaca... Loma la lata da la sensación de un sitio donde hay restos oxidados y ya no queda ni el loro... el pueblo de Añelo suena a "añejo", cinco viejitos esperando su hora... ¿vive alguien donde se está fracturando en Argentina? Por supuesto que vive gente. El gobierno les hace creer a los porteños que Vaca Muerta está en medio de un desierto, pero les oculta que absolutamente toda la Argentina está habitada por pueblos originarios.Reconocer que vive gente implica reconocer sus derechos, y esto a su vez implica justificar lo que se hace y conseguir licencia social, lo cual es un estorbo para cualquier plan de extracción. ¿Es cierto que el fracking ha logrado enfrentar a dos pueblos originarios de América: el mapuche y el apache? ¿O es que leí el libro muy rápido y no lo capté bien?
Efectivamente, la compañía Apache violentó los derechos de la población Mapuche de Neuquén. No sólo los priva del agua en una región con características de estepa, sino que también los está matando con las enfermedades relacionadas al fracking.Un caso emblemático es la muerte de Cristina Lincopan, quien vivía justo al lado del primer pozo no-convencional de Latinoamérica, Anticlinal Campamento Oeste No. 1, en Gelay Co (“Sin agua” en lengua mapuche).La Patagonia se caracteriza por el elevado número de personas con problemas respiratorios. Cristina ya tenía problemas y respirar la contaminación proveniente del pozo con seguridad no la ayudó a sobrellevar sus problemas de salud.  Problemas equivalentes se están reportando en la zona de Allen, Río Negro, donde la misma compañía Apache explotaba pozos en arenas compactas, que requieren fracking, en medio de plantaciones de frutales. Sus desechos tóxicos se riegan alrededor de los frutales o se tiran al Río Negro.El año pasado Apache fue comprada por YPF y ahora se llama YSUR (Yacimientos del Sur).Los problemas que tenía Apache los heredó YPF y sigue con las mismas prácticas inseguras: en el último año ya tuvo pérdidas de gas y dos explosiones en pozos de Allen. El libro “20 mitos…” fue publicado en junio de 2014, antes de la caída del precio del petróleo ¿Cambió algo desde entonces? ¿El fracking se resquebraja en 2015? Con la caída del precio del petróleo le será cada vez más difícil al gobierno nacional justificar los subsidios que les da a las compañías petroleras.La rentabilidad de Vaca Muerta todavía no está demostrada por YPF. Ante el ocultamiento manifiesto de datos de producción, es posible pensar que Vaca Muerta es solo otra burbuja especulativa de poca duración. Si el fracking no es una opción ¿Podemos pensar en un futuro sin las energías tradicionales? Más que 'podemos' yo diría que 'debemos' pensar en un futuro cercano en el cual nuestras sociedades deberán adaptarse a vivir sin las formas clásicas de energía. Lo que hace años era opcional ahora ya es mandatorio. Como ciudadanos debemos demandar al gobierno planes de acción concretos que nos permitan mirar a un futuro más limpio y seguro para nuestras familias. Poner todos los huevos en la canasta del fracking lo único que hace es prolongar la agonía y agotar los últimos recursos energéticos disponibles.Hay ciudades que ya están planeando una transición ordenada hacia un futuro sin petróleo, sin gas y sin uranio. Ejemplos: Portland (EEUU), Totnes (Gran Bretaña), Kinsale (Irlanda), más una larga lista de pueblos en transición que podríamos tomar como ejemplos. Teniendo al Frackingstein de un lado y del otro asumir el declive energético ¿cómo está reaccionando la sociedad civil en Argentina, México y EEUU? Creo que tanto en los EEUU como en México y Argentina, la sociedad todavía está adormecida pensando en los modelos de desarrollo que se nos formula a través de la propaganda oficial, la televisión y medios en general. No hay mucha conciencia, salvo en grupos limitados, de la realidad energética en que se encuentra el mundo. Aparentemente todavía existe la creencia de que esta crisis es pasajera y 'ya vendrán tiempos mejores'. La pelota está de nuestro lado y debemos trabajar para explicar a la gente que esta crisis, que dura desde antes del 2008, parece ser la crisis final del modelo de desarrollo permanente. Es una lucha cuesta arriba y la gente reacciona bastante mal cuando uno trata de convencerlos que debemos cambiar nuestro estilo de vida, pero no podemos esquivar el bulto. Asumo que la responsabilidad está de nuestro lado. Muchas gracias Roberto por tu tiempo y la “energía” con la que te implicás en estos asuntos. Te invito junto a los lectores a seguir analizando y haciendo aportes sobre este tema en el Foro Crashoil.
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Crisis energética, resistencia del sistema y cohesión social

27 Gener, 2015 - 22:57


Queridos lectores,

Hace ya varias semanas Javier Pérez me envió este breve ensayo sobre cómo evolucionan los países en condiciones similares a las de una crisis energética, desmitificando la idea de colapso que tiene mucha gente. Una reflexión interesante.

Salu2, 
AMT



Echadle, si queréis, la culpa al calendario, que invita en estas fechas al optimismo, pero hoy creo necesario mostrar que el temido colapso no va a ser cosa de dos días ni llegará probablemente tan deprisa como a veces parecen deducir algunos de los gráficos y artículos que se muestran en este blog y otros similares.Las sociedades pueden colapsar, nadie lo duda, pero desde mi punto de vista se infravalora claramente su resistencia, como se infravalora la resistencia del sistema capitalista. A lo largo de los años se ha sucedido una serie de eventos que han puesto a prueba su capacidad para absorber grandes impactos y ha superado todas y cada una de estas pruebas.Pero veamos lo sucedido y si es o no extrapolable al futuro.    Un descenso en la energía neta como el que posiblemente padezcamos en los próximos años tendrá sin duda repercusiones en el bienestar, en la cantidad y calidad de los bienes accesibles, en los salarios medios, en el número de horas trabajadas y en general en el nivel de vida de la población.    Pero nada de eso es nuevo. Existen y han existido situaciones de menor aporte de energía que se han prolongado en el tiempo y que no han conducido a colapso alguno, entendido como recreación del Mad Max que algunos esperan. El ejemplo más típico, y al que más frecuentemente se recurre, es el periodo especial cubano. En el artículo que enlazo se habla de todo lo que funcionó mal, del egoísmo, del hundimiento social y del fracaso social que este periodo trajo consigo, pero también es cierto que tanto la isla como el régimen político sobrevivieron a este periodo de penurias.    Recomiendo también la lectura, en este mismo blog, de otro artículo, con diferente orientación, al respecto de aquel periodo.    ¿Cuál era la energía disponible per cápita para un cubano en aquellos momentos? No tengo el dato concreto, pero algunos cálculos apuntan a que se hallaba entre un 15% y un 20% de la energía disponible per cápita en España en el mismo lapso temporal. Tenemos, por tanto, que con un 80% menos de energía se puede mantener en pie un país y se puede mantener en pie un régimen. Las condiciones son muy malas, sí, pero a eso se le llama penuria, no colapso. La circunstancia necesaria para ello fue un férreo control policial que mantuvo a la fuerza la tranquilidad en las calles.    Veamos ahora otro país: Yugoslavia. El gráfico que se inserta a continuación muestra el PIB de Yugoslavia y otros países de su área. 
En él se puede observar claramente que el estado de guerra que sufrió el país a principios de los años noventa supuso una importante caída del PIB, pero aún así, en ningún momento se situó por debajo de los niveles de finales de los sesenta. Un retroceso de veinticinco años es mucho, por supuesto, pero no es ningún colapso, y si el país lo sufrió no fue por problemas energéticos ni escasez de petróleo, sino por nacionalismos enquistados, falta de cohesión social, intereses internacionales y otros problemas que no es momento de discutir aquí.    ¿Abundaba el petróleo en Yugoslavia en plena guerra? Por supuesto que no. Y menos aún después, con los ataques aéreos de la OTAN, pero la escasez de energía no llevó a una horda de salvajes a tomar las calles, sino que más bien sucedió al revés: primero los salvajes tomaron las calles y luego, sólo después, llegó la escasez. La caída del PIB durante la guerra alcanza el 50%, ya que se trata de una guerra civil. En las guerras entre distintos Estados no suele llegar a tanto como veremos a continuación.    Veamos ahora otro gráfico: Alemania.
Este gráfico es aún más llamativo. La Primera Guerra Mundial (1914-1918), con todos sus desastres, desgaste humano y destrucción material, supuso una discreta reducción del PIB del país. Tras el fin de la Guerra y la asunción de los costes del Tratado de Versalles, y sobre todo de las revueltas internas con su séquito de huelgas, enfrentamientos y pequeñas revoluciones, el PIB volvió a descender hasta el desastre de 1923. Luego la situación se normaliza hasta principios de los años 30, cuando la crisis norteamericana del 29 se hace sentir también en Alemania provocando una nueva recaída. En enero de 1933, los nazis llegan al poder y el PIB alemán se dispara (no es momento de discutir por qué, ni entrar en valoraciones políticas, pero es lo que hay) hasta que vuelve a caer a finales de 1943 y principios de 1944, cuando los bombardeos aliados destrozan medio país y la guerra está claramente perdida para los alemanes.    En 1945, el desastre es ya absoluto. Alemania ha perdido a nueve millones de personas, y al menos hay otros tantos heridos con secuelas de algún tipo; más de un tercio de sus edificios están completamente destruidos, otro tercio seriamente dañados, sus infraestructuras son inexistentes, sus fábricas han desaparecido y la red energética es sólo una sombra de lo que fue. ¿Y qué pasa con el PIB? Que disminuye, como puede verse en la gráfica, pero que aún así se mantiene más alto que en los años veinte, puesto que su caída, incluso a pesar del cataclismo, no sobrepasa el 20%. El aporte de energía a la economía alemana fue ridículamente bajo en aquellos años, el régimen implosionó, pero el sistema no colapsó. El capitalismo sobrevivió a la guerra y ocho años después, en 1953, el PIB alemán superaba de nuevo su máximo de 1941.Alemania sufrió una derrota absoluta, pero jamás, en ningún momento, perdió su cohesión social. El cartel colocado a la entrada de Berlín es bastante explícito sobre las intenciones del pueblo: “quien quiera ver nuestras ruinas, que se dé prisa”. Los alemanes lo tenían claro: pasara lo que pasase, con razón o sin ella, iban a mantenerse todo lo unidos que los vencedores les permitiesen. Fueron años de dificultades, de trabajo comunal, de escasez y de penurias, pero el mantenimiento de la cohesión social les permitió sobrepasar en pocas décadas a los mismos países que les habían vencido.El caso de Rusia es similar:
    Las mayores caídas del PIB ruso corresponden a pérdidas de cohesión social, como la revolución de 1917 y posterior guerra civil y el hundimiento de la Unión soviética. La invasión nazi, que supuso un desastre humano y material sin precedentes (veinticinco millones de muertos y la destrucción absoluta de medio país), supone sólo una pequeña bajada en el PIB comparado con los eventos antes mencionados.Ni que decir tiene que la Guerra Mundial retiró tremendas cantidades de energía de la producción civil, pero aún así la sociedad soviético no sólo no colapsó, sino que salió fortalecida de la guerra. El sistema comunista (que en este caso interpreto como capitalismo de Estado en régimen de monopolio) también resistió el embate. Fue la paz lo que acabó con ellos cuarenta años más tarde, como se puede apreciar en la parte derecha de la gráfica.Para mí, por tanto, está claro que la reducción de energía no provoca grandes colapsos, y aunque es posible que este se produzca, se necesitaría una reducción de energía en el sistema mucho mayor a la provocada por eventos como las guerras que hemos conocido en el siglo XX. No digo que esto no sea posible, pero desde luego no parece probable que se produzca de un día para otro, máxime cuando podemos observar en las gráficas aportadas el efecto que tuvo sobre distintos países la crisis petrolera de 1973. O más bien debería decir que casi no podemos observarlo, de puro insignificante.Lo que sí parece tener grandes efectos sobre el desarrollo económico son los disturbios y las guerras, muy especialmente las civiles. Por tanto, la falta de cohesión social parece más grave que la falta de petróleo.    Los apocalípticos, a mi juicio tendrán que esperar, salvo que la disminución de energía conduzca a grandes disturbios, revueltas o revoluciones que enfrenten a una parte de la sociedad con otra.     A mi entender, llegamos por tanto a una conclusión que, por desagradable, no es menos cierta: si bien el peligro está en el descenso de la energía, porque puede generar escasez, también se encuentra en la resistencia de grandes grupos de población a soportar esa escasez. En absoluto dudo de la legitimidad de esa resistencia, pero considero probado que los disturbios son más graves para la economía que la escasez en sí.  De este modo, si de lo que se trata es de evitar el colapso, hay varios medios validos de intentarlo:-Combatir el derroche de energía, racionalizando su uso.-Acaparar la energía disponible, restándola de la que otros pueden emplear.-Combatir cualquier intento de desestabilización del sistema que pueda conducir a un enfrentamiento social.Los gobiernos del futuro se verán, por tanto, ante la tesitura de racionar los recursos, controlar mayores territorios en los que abunden diversos tipos de riqueza, o recrudecer la represión. Cada cual, como yo, tendrá una opinión sobre cuál de los dos sistemas preferirán los gobiernos. Reconozco, no obstante, que creer en la primera opción me cuesta mucho.

www.javier-perez.es
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The Oil Crash llega a los cinco millones de páginas vistas

23 Gener, 2015 - 12:58


Queridos lectores,

Hoy 23 de Enero de 2015 este blog, The Oil Crash, ha llegado a los cinco millones de páginas vistas, como casi muestra (¡se quedó a 1!) la captura de pantalla que abre este post (gracias a Jesús Lopez de Uribe por realizarlo, y a todos lo que lo han intentado). Llegar al primer millón de páginas vistas llevó dos años y tres meses de la vida de este blog; el segundo millón sucedió sólo nueve meses más tarde; el tercero, en algo menos de ocho meses; y el cuarto millón ocho meses y medio. Para llegar al quinto han tenido que pasar casi exactamente ocho meses más. Aún es pronto para decir si este período, ocho meses, será a partir de ahora el tiempo para conseguir cada nuevo millón de páginas vistas, lo cual querría decir que el blog ha llegado a su máxima penetración, a la saturación; la razón es que en 2013 hubo un cambio drástico en la manera en la que el blog se visionaba debido al cierre de la sección de comentarios, y eso causó una caída brusca del número de visitas que sólo recientemente se ha recuperado. Lo que sí que se está observando es una diferencia en el patrón de impacto de las nuevas entradas: durante los primeros años del blog lo habitual que unas pocas entradas del blog causaran grandes picos de afluencia; actualmente (todo 2014) hay muchos picos de afluencia asociados a muchas entradas, como muestra el gráfico más abajo, extraído de Google Analytics. Tal comportamiento es en principio indicativo de que aún no se ha llegado a un régimen estable (por cierto que según Google Analytics el número de páginas vistas excede largamente los cinco millones).




Este año 2015 va a ser decisivo en muchos aspectos. Dado los graves problemas que están en marcha, va a ser cada vez más complicado eludir de la discusión política y económica que tenemos una grave crisis energética entre manos, y por eso más que nunca debemos redoblar los esfuerzos de difusión desde este blog, para conseguir abrir este debate público tanto tiempo ninguneado cuando no tergiversado (no olvidemos que en España, por ejemplo, cuando se habla de energía la discusión se centra casi exclusivamente en electricidad, que es sólo el 21% de la energía final consumida). Por eso mismo es clave reforzar el compromiso de todos, lectores y autores de The Oil Crash (las contribuciones siguen siendo bienvenidas), máxime en un año crítico también en lo político en varios países, incluido España. 
 
Salu2,
AMT
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¿Qué hay detrás del mensaje “no hay alternativa”? La salvación neoliberal del mundo

21 Gener, 2015 - 23:16
Queridos lectores,

Antonio García-Olivares ha escrito esta pieza sobre el pensamiento neoliberal y sus implicaciones, con una explicación muy extensa y detallada de sus falacias, que gracias a su tono irónico se hace amena. ¿Qué más se puede pedir? Espero que lo disfruten con una sonrisa.

Salu2,
AMT

¿Qué hay detrás del mensaje “no hay alternativa”? La salvación neoliberal del mundoAntonio García-Olivares
Fue Margaret Thatcher la que inmortalizó el mensaje “no hay alternativa” (TINA en el acrónimo inglés creado por sus compatriotas) mientras fue primera ministra del Reino Unido a finales de los años 70 y comienzo de los 80. Este mensaje ha sido repetido desde entonces por innumerables propagandistas neoliberales en todo el mundo. ¿Qué hay detrás de ese mensaje? Este ensayo tratará de responder a esa cuestión esbozando irónicamente y de forma (sólo ligeramente) simplificada la forma de ver el mundo de los creadores del neoliberalismo, Hayek y Friedman, y de sus seguidores. Lo hago exponiendo trece de sus afirmaciones fundamentales que he tratado de no caricaturizar en exceso. Aunque esto es difícil, porque hay teorías que cuando se resumen un poco tienen un parecido sorprendente con las caricaturas de un cómic.
1. La economía es una ciencia positiva como la física, nada que ver con las disquisiciones normativas que tratan los sociólogos y los historiadoresLa economía es una ciencia positiva y, como tal, existe una aproximación estrictamente técnica a cualquier problema de índole económica. Por tanto, de entre todas las soluciones posibles, sólo una es óptima en un contexto y momento determinados. Galbraith y muchos otros intentaron negar este planteamiento, alegando que la economía no existe separada de la política (y que convertirla en una materia no política lo que conseguía era alejarla del mundo real), pero sin demasiado éxito (i). Los que sí han tenido éxito, y esto dice mucho en su favor, son las aportaciones de adelantados como Hayek y Friedman, que han elevado a la ciencia económica hasta el nivel de poder desarrollar leyes análogas a las de la física, capaces de predecir el futuro y capaces de evitar cualquier crisis seria del sistema capitalista. Si ha habido pese a todo alguna crisis recientemente, ello no puede deberse al mercado, pues tales leyes dicen que este no puede equivocarse, sino al intervencionismo del estado y de los reguladores. Algún sofista alegará que tal demostración se parece a la del médico Hermes descrito en el Zadig de Voltaire, que tras fracasar en curar una llaga (que curó al final por sí sola) demostró en un libro que eso no debería haberse producido. Sin embargo, tal comparación sería maliciosa e infundada, puesto que la economía neoliberal actual es una Ciencia Positiva y no una mera especulación “normativa” como la sociología, la filosofía o la historia. Aunque eso sí, la contrastación empírica es difícil a veces en la realidad social, por lo que es conveniente usar el “método axiomático” de Hayek para clarificar lo complejo: no aceptamos ingenuamente a la primera lo que parece surgir de la experiencia, sino lo que concuerda con los axiomas. Y esta elección queda doblemente sancionada cuando es aceptada luego por los agentes sociales relevantes, que son los triunfadores en la competencia del mercado. Entre las leyes universales más notables descubiertas por esta ciencia positiva están las que afirman que los mercados, el capitalismo, la mundialización, la competencia, la libre empresa y la concepción neoliberal del mundo, son fenómenos necesarios y beneficiosos, y cualquier otra orientación está destinada al fracaso. Algún otro malicioso alegará que esta última ley es recurrente, dado que las leyes que hablan de la concepción neoliberal han sido creadas por los propios neoliberales. Sin embargo, esto no es contradictorio, pues un neoliberal puede hablar en ocasiones como científico y otras veces como agitador político y su comportamiento ser racional tanto en un papel como en el otro, como se verá.
2. El mercado es la estructura más perfecta que ha generado el ser humanoEl mercado es lo más justo que ha creado el ser humano, porque da a cada uno en proporción exacta de lo que éste da. Es el instrumento más sabio porque sus precios libres reúnen más información que toda la que podría conocer un hombre. Es también lo más generoso, porque da bienestar a todos. Es también la fuente de vida, puesto que permite que vivan más personas que cualquier otro sistema económico y social. Es lo más poderoso en la tierra, porque puede hacer mucho más que los Estados, o lo que podría lograr cualquier grupo de hombres. El mercado posee mecanismos propios de autorregulación, como los seres vivos. También, es insuperable y definitivo, pues cualquier intento de abandonar la sociedad de mercado conduciría a la barbarie. Asimismo, el mercado es la fuente única de la libertad: libera a los hombres. Incluso, como ha captado agudamente el teólogo cristiano Novack, las empresas transnacionales son escarnecidas y perseguidas por el vulgo, tal como lo fue Cristo en la tierra, una similitud que debería hacer pensar a los escépticos alter-mundistas.Es imposible pues exagerar la importancia del mercado para la existencia del hombre sobre la tierra. Ni siquiera la fotosíntesis sería más importante que él, puesto que como es sabido, el mercado es siempre capaz de sustituir al capital natural por capital tecnológico si la rentabilidad y el libre comercio así lo requieren.Esta importancia que tiene el mercado no la tiene ninguna otra institución humana, ni siquiera el estado de derecho, cuyas normas no deberían ser jamás obstáculos para el crecimiento y desarrollo del mercado. Es de la máxima importancia la protección de: la propiedad, la libertad de contrato, el comercio internacional, la competencia, los derechos de las empresas, y un orden social favorable al funcionamiento eficiente del mercado. Poner en duda esto es oponerse a “el pacto de los siglos” que identificó Burke como clave de la civilización europea, y ni siquiera la democracia puede oponerse a ese pacto. Las sociedades o grupos que crearon ese “pacto de los siglos” triunfaron en la competencia con otros grupos, y esa es la prueba de su superioridad sobre otras alternativas superadas, tal como afirma sabiamente Hayek. Algunos antropólogos han encontrado instituciones incluso más extendidas que el mercado tales como el don, el intercambio y la reciprocidad. Pero tales instituciones no han sobrevivido a la competencia con las sociedades de  mercado. Otras tradiciones como la propia democracia, carecen también de esa legitimación que da el triunfar por sí mismas sobre los competidores, legitimación que sí tiene el liberalismo de mercado. Consecuentemente, cuando Hayek fue consultado en Chile sobre la dictadura de Pinochet –que había destruido el estado de derecho democrático precedente-, la apoyó con el sabio argumento de que “cuando no hay reglas, alguien tiene que hacerlas”(ii). El liberalismo promovido estatalmente está por encima de la democracia, y la mayor prueba de ello es que es capaz de hacer triunfar a cualquier sociedad, ya sea ésta una democracia o una dictadura. A los sistemas sociales hay que juzgarlos por la eficiencia de sus mercados, no por clasificaciones secundarias como el tipo de poder estatal. Así, debería ser obvio a todo el mundo, como lo es para Hayek, por qué el nacionalsocialismo fue un sistema abominable: porque impulsó una economía intervencionista.(iii)Fotos. Los adelantados Friedrich Hayek y Milton Friedman. Es natural que se rían.
Como afirma Hayek, el político o economista que pretende determinar los precios antes que éstos sean fijados por la ley de oferta y la demanda, pretende tener la omnisciencia de Dios, que es el único que puede conocer los precios antes de que los fije el mercado.Por otra parte, el capitalismo neoliberal es siempre el que permite vivir a más personas. De modo que aquellos a quienes los Estados neoliberales definen como enemigos, lo son radicalmente. Como lo expresa Hayek: «Una sociedad libre requiere de ciertas morales que en última instancia se reducen a la mantención de vidas: no a la mantención de todas las vidas, porque podría ser necesario sacrificar vidas individuales para preservar un número mayor de otras vidas. Por lo tanto, las únicas reglas morales son las que llevan al “cálculo de vidas”: la propiedad y el contrato» (iv).
3. Hay que dejar actuar libremente al mercado y a “los mercados”Hay que dejar funcionar al "libre mercado", lo que ocurre es que en la práctica, debido a la perturbación que el estado introduce en la libre iniciativa económica, resulta necesario influir en los estados por medio del "lobby" y de los think tanks para comprar políticos con el objetivo de que creen una estructura más favorable a las empresas eficientes. Una vez que estas empresas eficientes y poderosas han sido subsidiadas con dinero y legislación estatal ad hoc, es el momento adecuado para exigir al gobierno que no interfiera salvo para proteger los derechos de las empresas existentes (v).Esta dinámica viciosa, provocada por la injerencia del estado, provoca efectos indeseados como los oligopolios. Los “mercados” es un término que se usa la mayoría de las veces como sinónimo de “los poderes económicos” constituidos por los grandes oligopolios y los grandes propietarios que los controlan como principales accionistas. A los pequeños productores no se les puede considerar protagonistas de las grandes decisiones económicas. Es decir que la mayoría de las veces las demandas de “los mercados” son las de aquellos oligopolios suficientemente poderosos como para poder evitar la competencia de mercado y marcar directrices a los gobiernos e instituciones económicas transnacionales. No cabe duda de que esto no es exactamente igual a mercado libre, pero es un mal menor derivado de la perturbación que los estados han introducido en la libre concurrencia.  

4. El mercado asigna salarios según la aportación de cada unoSegún la economía neoliberal, que es la más influyente entre “los mercados”, el mercado es un instrumento mucho más sagaz que la política a la hora de asignar precios. Y ello incluye al trabajo, que es una mercancía más, aunque tenga detrás a un cuerpo humano y a un mundo social. Por lo tanto, el salario que cada uno de nosotros recibimos en el mercado obedece a una asignación óptima que no es posible mejorar. De hecho, nuestro salario particular es igual a nuestra productividad marginal, o valor añadido relativo con el que contribuimos a la sociedad. Así, la mayoría de los trabajadores jóvenes en la España de 2015 ganan unos 10 000 euros anuales (unos 700 euros al mes), mientras que un consejero delegado de un banco gana entre 5 y 20 millones de dólares al año (vi). Esto significa que el trabajo de un consejero del Royal Bank of Scotland es unas 1000 veces más útil para la sociedad que el de un joven español. El que tales consejeros arruinaran a dicho banco, que tuvo que ser luego rescatado con dinero público, no contradice la enorme contribución que a pesar de todo hacen esos especialistas al bien general.Dado que la asignación de salarios no debe hacerla la política sino el mercado y que esta asignación es óptima, cada uno de nosotros ganamos lo que nos merecemos. Como decía Herman Cain en 2011 en el debate de los candidatos republicanos a la presidencia: “No eches la culpa a los bancos. No eches la culpa a Wall Street. Si no tienes trabajo y no eres rico, échate la culpa a ti mismo”, frase que suscitó aplausos entusiasmados de los miles de asistentes al meeting (vii). Si el estado puede hacer algo por la gente perdedora es estimularlos a espabilar. Como explica muy bien Clara Valverde (2013), estas evidencias han sido recogidas también por el gobierno español, a juzgar por el comentario del presidente Rajoy el 11 de julio del 2012 en el Congreso, según el cual los parados necesitan que les recorten las prestaciones de desempleo para “estimularlos” a buscar trabajo, se entiende que para sacarlos de su conformismo y su molicie. Ese comentario fue recibido según Valverde con aplausos unánimes en las filas del Partido Popular, y la ciencia económica debe felicitarse por ello.La creciente desigualdad que produce el sistema capitalista es una legítima consecuencia de la asignación óptima de salarios que produce el mercado. La riqueza de unos cuantos deriva de una aportación al bien común muy superior a la que hacemos el resto y, por tanto, esa riqueza creciente de unos pocos nos beneficia a todos. Los menores impuestos que pagan los ricos y sus mayores salarios fomentan el espíritu emprendedor y hacen que el pastel sea más grande.¿Ha beneficiado a la mayoría esta dinámica de los últimos 30 años? Bauman (viii) alega que desde 1980 los índices de crecimiento y productividad han sido un tercio más bajos en Gran Bretaña de lo que lo fueron en los años posteriores a la II guerra Mundial, la inseguridad laboral es ahora mayor, la destrucción ecológica ha sido muy grande, las tres recesiones posteriores a 1980 han sido más profundas y largas que las de las décadas previas, y alega también que las políticas neoliberales han culminado en la reciente crisis. Sin embargo, si el mercado dicta esta trayectoria, es que no hay otra mejor pues, por definición, está asignando de forma óptima los recursos y los salarios. ¿Quién sabe si sin esa desigualdad las cosas no habrían sido aún peores? A fin de cuentas, en media, la economía creció, como muestra el crecimiento del PIB, aunque lo hiciera de forma mucho menos perceptible para la mayoría. Innumerables nuevos inmuebles y aeropuertos están ahora disponibles para la posteridad, y grandes áreas de bosques que antes eran improductivos en Brasil, Malasia e Indonesia son ahora útiles produciendo biocombustibles, ganado, grano y minerales.
5. El poder económico de las corporaciones es la legítima consecuencia de la libertadEsta dinámica provoca también una concentración del capital y una creciente monopolización de los mercados por grandes empresas. Hay quien dice que, a largo plazo, esto puede acabar con la democracia, pues algunas empresas tienen beneficios anuales comparables con los ingresos de algunos estados y son ya capaces de comprar sus decisiones. Por ejemplo, los beneficios de Exxon Mobile fueron en 2012 iguales a los presupuestos de Eslovaquia, el 48º estado mundial en orden de tamaño de ingresos (ix). Hay que decir con Hayek que un mercado auténticamente libre nunca hubiera generado estos monopolios y que la culpa de los mismos la tiene el estado. Sin embargo, como han observado sagazmente neoliberales posteriores, esta monopolización es la legítima recompensa del éxito en la competencia de mercado, y quién mejor que el mercado para decidir si, en presencia de un estado intervencionista, un mercado oligopólico es mejor para el progreso que un mercado completamente libre, o para dilucidar si la democracia es lo más adecuado  para el crecimiento y el progreso o debe dejar paso a fórmulas tecnocráticas más eficaces? La competencia a fin de cuentas tiene algo de selección darwinista, y no hay consenso entre los economistas más influyentes (los neoliberales) sobre qué es más importante, si el libre mercado o las legítimas recompensas para los triunfadores del mercado.La libertad individual conduce necesariamente a la libertad económica, y la libertad económica conduce, a través de la óptima asignación que hace el mercado, a mayores recompensas para los que más aportan. Estas mayores recompensas se traducen en un aumento del tamaño y el poder de las grandes corporaciones, que son los vencedores del juego de la libre competencia.
6. El estado no tiene derecho a intervenir en la libertad natural de los hombresLa tesis de que la desigualdad económica es injusta es una tesis falsa y peligrosa pues se opone a la libertad. La mente preclara de von Hayek supo ver que esta perturbación de la libertad natural es sólo un “camino de servidumbre” que lleva al totalitarismo y que la idea de «justicia social» esconde solamente los intereses corporativos de la clase media y baja. La racionalidad económica exige desreglamentar, privatizar, disminuir los programas contra el desempleo, eliminar las subvenciones a la vivienda y el control de los alquileres, reducir los gastos de la seguridad social y limitar el poder sindical (x). Cuando algo va mal en la economía, el culpable es casi siempre el estado; mientras que si todo va bien, el responsable es casi siempre el mercado libre. Sin esta regla sencilla, el mundo parece más complejo de lo que en realidad es y tiende a confundir a los no expertos. Por ejemplo, cuando se produce una crisis económica, el responsable es la Autoridad Monetaria o los bancos centrales. Como es sabido el banco central es una especie de padre que presta dinero a su hijo (el banco privado o el inversionista) para que vaya a la universidad a estudiar (para que invierta en actividades productivas) (xi). A veces el hijo coge el dinero y se lo gasta en drogas, y meses después la policía le entrega el hijo a su padre drogado, sin blanca y acusado de haber robado para seguir drogándose. La justicia acude a un juez llamado  Friedrich Hayek para que formule la acusación y el veredict o de éste es inmediato: la culpa es del padre (el banco central) por haberle prestado dinero fácil al hijo (el inversor privado). Si no lo hubiera hecho, el hijo no se habría drogado. Algunos podrán decir que el responsable directo es en realidad el hijo, y que el padre sólo tiene una responsabilidad indirecta por no haber vigilado bien a su hijo. Pero si usted ha llegado a esta conclusión está cometiendo un “error de racionalidad” que debería corregir leyendo con mayor atención el “método axiomático” de Friedrich Hayek. Otras intervenciones públicas son igual de contraproducentes. Tratar de disminuir la miseria y satisfacer las necesidades básicas de los perdedores del juego del mercado  es tan antinatural y pernicioso como dar ventajas a las especies inferiores para que puedan competir con las superiores. O tan suicida como permitir que todo el que quiera pueda subirse a nuestro bote salvavidas hasta hundirnos a todos. Spencer fue uno de los primeros en intuir la importancia de la libre competencia para crear una selección racional: “(Las) Familias y razas entre las cuales esa, incrementalmente difícil, tarea de ganarse la vida no estimula a incrementar la producción están en el camino a la extinción. Esta verdad la hemos visto recientemente ejemplarizada en Irlanda (...) aquellos que permanecen para continuar la raza deben ser aquellos en los cuales el sentido de auto preservación es más grande (y ellos) deben ser los “selectos” de su generación” (Principles of Biology). Cuando los campesinos irlandeses perdieron la cosecha de patatas dos veces en cuatro años entre 1845 y 1849, dos millones de ellos murieron de hambre debido a su falta de previsión, muchos de ellos en los puertos, tratando de coger un barco para EEUU que no consiguieron pagar. Algunos criticaron a los propietarios liberales ingleses porque no suministraron trigo a los irlandeses, cuando sus trigales gozaban de buena salud, o al estado inglés por no intervenir.  Pero intervenir hubiese sido una injerencia en la libertad de los miembros más prósperos, previsores y exitosos de la sociedad, y un premio inmerecido para los sujetos más ineficientes, menos previsores y de menor valía. La intervención podría parecer altruista, pero sería un altruismo mal entendido, pues redundaría en un mal general: el estancamiento y la falta de progreso típicos de las sociedades comunitaristas. Por los mismos motivos, Hayek se opuso a toda ayuda alimentaria a los países de África en épocas de hambruna y grandes sequías: “Me opongo absolutamente. No debemos asumir tareas que no nos corresponden. Debe operar la regulación natural” (xii). Foto. Monumento a las víctimas de la hambruna irlandesaHay que evitar en todo momento introducir irracionalidades económicas en las relaciones de mercado. Ayudar a satisfacer las supuestas “necesidades” humanas es una de estas irracionalidades puesto que, como ha demostrado Friedman (xiii), los individuos no tienen necesidades sino portafolios de preferencias, y un individuo con pocas opciones es uno que ha tomado la decisión de acotar dicho número, o no ha tenido la iniciativa suficiente como para diversificar su cartera de opciones vitales. Por tanto nadie es culpable sino él mismo de morir de hambre, al no poder adquirir suficientes propiedades como para alimentar al cuerpo del que es propietario. Parece mentira que la gente se siga liando tanto con falsos problemas como el de las necesidades biológicas, el desarrollo vital, o el lacrimoso derecho a la vida, después de las aclaraciones de Hayek y Friedman.
7. La democracia tiene siempre tentaciones totalitariasLas masas son insoportablemente intervencionistas y hay que disciplinarlas y cambiarlas antes de que impongan numéricamente su irracionalidad sobre la racionalidad de las minorías. Como vio preclaramente Hayek, «hay una gran parte de verdad en la fórmula según la cual el fascismo y el nacional-socialismo serían una especie de socialismo de la clase media» (xiv). La clase media es una amenaza potencial, como lo es la clase trabajadora con sus inclinaciones socialistas. Y también son de temer los pobres, cuyas reacciones son imprevisibles, por lo que una ley de pobres con un ingreso mínimo para ellos podría ser necesaria en algunos casos «aunque sólo sea en interés de los que pretenden permanecer protegidos de las reacciones de desesperación de los necesitados.» Las clases medias y bajas disponen sin embargo, en algunos países, de un arma temible que es la democracia, con la que amenazan imponer su populismo contrario a la libertad bien entendida. Los expertos que conocen la importancia del mercado (como Hayek y Friedman), en alianza con los empresarios triunfadores interesados en el desarrollo de los mercados (como la Fundación Rockefeller, que promovió los trabajos de Hayek por el bien de la libertad) deben instruir a los estados y a las élites políticas para que resistan los intentos demagógicos de las masas de imponer preferencias irracionales, que podrían destruir el mayor logro de la humanidad. La economía es demasiado compleja para dejarla a merced de los valores mayoritarios, y debe ser dejada en manos de los expertos. Los “Chicago Boys” que asesoraron a Pinochet son un ejemplo de tales expertos, pero también lo son los profesionales de Goldman Sachs que asesoran o forman parte hoy de los principales gobiernos occidentales.El mercado y “los mercados” (los oligopolios) son agentes más eficaces que el estado o la política a la hora de decidir qué actividades sociales son necesarias y cuales innecesarias. El estado sólo introduce distorsiones en la eficiencia de la elección; y los ciudadanos son gente demasiado estúpida para entender que sólo lo que dictan los mercados es lo que una sociedad está dispuesta a realizar y capacitada para realizar. De ahí que lo óptimo es que dejen a los expertos hacer su trabajo de gestión de la política económica y de la política social. Los expertos son las élites económicas (dirigentes de grandes empresas) junto con sus profesionales a sueldo, y las élites de políticos profesionales junto con los asesores económicos a su servicio. Estos especialistas se pasan la vida moviéndose entre la actividad política profesional, la administración pública, los negocios privados, los contactos con los creadores de riqueza y las redes personales de intercambio de iniciativas. Ello requiere a veces pluriempleo, indemnizaciones, y pensiones especiales, pues su trabajo es más complejo y trascendente que el de otras profesiones. No es gratuito que repitan con frecuencia la palabra “complicado”: “la situación económica es complicada”, “es complicado alcanzar el límite del déficit”, “la decisión es complicada pero necesaria” (Valverde 2014). Ello obedece a una realidad objetiva. El ciudadano corriente debería dejar tales decisiones complejas a los que realmente saben. Y lo fundamental es que tales decisiones económicas importantes se lleven a cabo, más que los métodos utilizados para hacerlo, que son un tanto secundarios.
8. Los triunfadores deben ser honrados por las multitudes de fracasadosLa desregulación de los movimientos globales de capital ha sido necesaria para que los propietarios más exitosos y prósperos puedan moverse libremente y crear nueva riqueza, mientras que los no propietarios carecen de esa movilidad, lo cual les coloca en una capacidad de negociación casi nula frente a los primeros. Sin embargo, esta falta de movilidad del no propietario deriva de un fracaso previo: el de no haber sido capaz de volverse propietario. Es natural que en tal situación se empobrezcan relativamente frente a los propietarios, pero el mercado no puede ni debe entrar en ello. Hacerlo sería entrar en un sentimentalismo contrario al bien común. La desregulación de los capitales ha posibilitado también que los ricos puedan dejar de pagar impuestos, al contrario que los trabajadores, pero ello les facilita la acumulación de excedentes que son necesarios para la creación de riqueza.Es humillante saber que uno es un fracasado, puesto que no es un propietario acaudalado, pero este sentimiento es merecido y bueno para el bien común. Uno debería sentir vergüenza de ser un vulgar fontanero, obrero del campo, mecánico, o incluso un simple ingeniero o científico, en lugar de un empresario acaudalado. Es cierto que aquellos sostienen el funcionamiento de la sociedad, pero lo hacen de un modo mecánico y porque no tienen elección, como las hormigas de un hormiguero, mientras que los empresarios triunfadores lo hacen activa y creativamente, arriesgándose y ejerciendo su libertad; y su mayor talento, diligencia y persistencia redunda en mayores beneficios para todos y en una justa recompensa para ellos. Los puestos de trabajo, la eficiencia y el progreso social se los debemos a ellos, y por ello, debemos agradecerles que se enriquezcan.Entre sus legítimas recompensas está la de poderse aislar de los perdedores. Las familias acomodadas han empezado a invertir una parte creciente de sus ingresos en los gastos que les supone vivir apartados geográficamente y también socialmente de la gente corriente y de los pobres (Bauman 2013, p. 20). Crecientemente, los ricos viven en comunidades amuralladas, envían a sus hijos a escuelas caras, pagan a una asistencia médica privada de primera, y su residencia es circunstancial dado que su patria es su patrimonio; mientras que el resto vive en un mundo inseguro, muy marcado por el lugar de residencia y tiene, en el mejor de los casos, acceso a una educación mediocre y a una asistencia sanitaria dosificada. Sería ingenuo negar este contraste, pero es el precio que debemos pagar en aras del progreso. Si la endogamia dentro de las clases altas condujera en el largo plazo a una especie diferente, habría que alegrarse, pues ello sería consecuencia de la selección natural de los mejores.
9. La cooperación, la generosidad y lo comunitario son zarandajasLa cooperación, la reciprocidad, la confianza mutua, el reconocimiento y la generosidad son mecanismos necesarios para que las mujeres cuiden gratis de sus hijos y familiares dependientes, pero es antieconómico que salgan de la propia familia, pues sólo conducen a sociedades ineficientes, como Cuba o las antiguas sociedades recolectoras. La competencia y el enriquecimiento fomentados por la codicia son mecanismos más eficaces para hacer crecer el pastel de la producción y el consumo, aunque éste sea desigual.Decía el académico Noam Chomsky en una entrevista (xv): “La búsqueda del beneficio es una enfermedad de nuestras sociedades, respaldada por estructuras específicas. En una sociedad decente, ética, la preocupación por los beneficios sería marginal. Tomemos mi departamento universitario [en el Instituto de Tecnología de Massachusetts]: algunos científicos trabajan duro para ganar mucho dinero, pero se les considera un poco como marginales, gente perturbada, casos casi patológicos. El espíritu de la comunidad académica es más bien el de tratar de hacer descubrimientos, tanto por interés intelectual como por el bien de todos”. Para el neoliberalismo esta actitud es ridícula y está fuera del mundo, pues como decía Milton Friedman: “hacer beneficios es la esencia misma de la democracia”. El que dentro de grupos sociales otrora prestigiosos como el de los científicos y académicos haya individuos que pretendan guiarse por el altruismo y el bien común puede ser interpretado como un patético consuelo de perdedores que, pese a poseer cierta inteligencia abstracta, no han podido llegar a millonarios.Para Chomsky (2007), como para otros izquierdistas, las grandes empresas son “instituciones tiránicas, casi instituciones totalitarias. No tienen que rendir cuentas al público, ni a la sociedad; actúan como depredadores en las que las otras compañías son las presas”. Y para defenderse, las personas tendrían supuestamente que recurrir al Estado. Aunque esto no sería un escudo muy eficaz, ya que generalmente los estados están íntimamente relacionados con las grandes empresas. Los izquierdistas ven una diferencia significativa entre estados y empresas: mientras que, por ejemplo, General Electric no tiene ninguna cuenta que rendir a la sociedad, el Estado tiene ocasionalmente que explicarse con la población. Por ello, ven en el estado un mal menor inevitable hasta que la democracia se amplíe hasta el punto de que la gente controle los medios de producción y de cambio, y participe en la operación y administración del marco en el que viven. A partir de ese momento, dicen, el estado podrá ser reemplazado por asociaciones voluntarias situadas en el lugar de trabajo y en los barrios.Es casi superfluo decir que para la ciencia económica relevante, la neoliberal, todo este planteamiento es un sinsentido. Para empezar, las grandes empresas son la cristalización final de lo que la sociedad ha valorado y buscado con mayor ahínco: la producción a gran escala, el sometimiento de la naturaleza salvaje a la voluntad humana mediante la técnica, y la realización del consumo de masas. Esos objetivos han sido realizados con la máxima eficiencia a través de la iniciativa privada, y la monopolización de los mercados por estos triunfadores que son las grandes empresas y sus propietarios son la justa recompensa de esa iniciativa exitosa. El estado es necesario para proteger esa iniciativa privada, percibe con agrado la concentración de las empresas en unos pocos oligopolios, e incluso fomenta los beneficios de estos oligopolios porque ello facilita la recolección de rentas abundantes, seguras y predecibles. Pero su papel debe ser únicamente garantizar el marco legal favorable al capitalismo y al orden social. El estado mínimo es el estado ideal, pues permite una máxima autonomía a las empresas. No importa que las empresas sean oligopólicas y puedan absorber a otras más pequeñas, influir sobre los precios, o presionar a la baja los salarios, ya dijimos que ello es una recompensa legítima que la sociedad ha querido darles; y si los salarios bajan es porque lo que los trabajadores dan a la sociedad no está a la altura de lo que cobran. Las grandes inversiones económicas del estado suponen una perturbación nociva de los equilibrios de mercado y son contraproducentes, aunque hayan conducido en la práctica a tecnologías nuevas como el ferrocarril, el tráfico rodado, Internet, o las redes de satélite. El descubrimiento de tales innovaciones tecnológicas debería haberse dejado a las empresas. Así que el deseo de algunos izquierdistas de que desaparezca el estado es correcto pero la gestión de los asuntos sociales deberá quedar entonces en manos de los mejores, esto es de los triunfadores y sus empresas, no como ellos pretenden, en manos de una peligrosa muchedumbre de perdedores resentidos de su propia inferioridad.En cuanto al anarquismo comunista y anarco-sindicalista es una tontería sin fundamento pues en toda supuesta acción solidaria subyace siempre una desconfianza básica hacia las otras personas, que deberíamos entrenarnos en detectar, aunque no la percibamos de forma inmediata. El único anarquismo racional es por tanto el anarco-capitalismo, el único acorde con la naturaleza humana, que es esencialmente egoísta y competitiva.Y no hablemos ya de la delirante opinión de Proudhon, según la cual “la propiedad es un robo”. Todo lo contrario, la democracia es el sistema más extendido actualmente porque existe una mayoría poco productiva que tiene la capacidad y el deseo de robar e imponer sus regulaciones a la minoría más productiva. Cierto que el hijo de Rockefeller hereda una propiedad de 1 billón de dólares, mientras que el hijo de un paria no hereda nada; pero ello deriva del ejercicio de la libertad por parte de sus padre, uno de los cuales fue mucho más productivo que el otro (xvi). El neoliberalismo aboga por dar la mínima libertad al estado y la máxima libertad a los agentes que intervienen en la actividad económica. Podría alegarse que el hijo de Rockefeller tiene mucha libertad mientras que el hijo de un paria no tiene casi ninguna, y que ello requiere la imposición estatal de una “igualdad de oportunidades”. Sin embargo, la igualdad de oportunidades violaría los derechos de los individuos. Como sagazmente advierte Nozick: “Hay dos caminos para intentar proporcionar esta igualdad: empeorar directamente la situación de los más favorecidos por la oportunidad o mejorar la situación de los menos favorecidos. La última necesita del uso de recursos y así presupone también empeorar la situación de algunos: aquellos a quienes se quitan pertenencias para mejorar la situación de otros. Pero las pertenencias sobre las cuales estas personas tienen derechos no se pueden tomar, aun cuando sea para proporcionar igualdad de oportunidades para otros. A falta de varitas mágicas, el medio que queda hacia la igualdad de oportunidades es convencer a las personas para que cada una decida destinar algunas de sus pertenencias para lograrlo” (xvii). Vemos pues que la racionalidad nos impide poder resolver este problema, y sólo nos queda como posibilidad la iniciativa de aquellos individuos que decidan invertir parte de sus propiedades en caridad, cualesquiera que fueren sus motivos. Esta desigualdad de partida puede provocar que los presidentes de los fondos de capital riesgo procedan principalmente de familias de millonarios y, quizás en menor medida, de habitantes de favelas y barrios parias. Sin embargo, incluso si así fuera, tal desigualdad enriquece las posibilidades de negociación que tiene el mercado y redunda finalmente en un beneficio para todos, mayor que el que tendríamos si el estado hubiera intervenido para alterar la libertad de los individuos y la fructífera diversidad del mercado. Los parias y “favelados” deberían agradecer la prosperidad general que surge de la desigualdad, pues crea oportunidades hasta para ellos. Por ejemplo, les permite recoger comida con la que alimentarse de los abundantes contenedores de basura de los barrios ricos. El excelente rendimiento de la Universidad de Harvard ilustra muy bien los beneficios que se derivan de una concepción un poco más amplia de la “igualdad de oportunidades”. Debido al elevado precio de la matriculación, el ingreso promedio de los padres de los estudiantes de Harvard es aproximadamente de 450.000 dólares, que corresponde a la renta media del 2 por ciento superior de la jerarquía de la renta de Estados Unidos (xviii). Esto no es totalmente compatible con una idea igualitarista-colectivista de la selección, pero la sociedad liberal ofrece créditos a los estudiantes pobres para que todos puedan acceder si lo quieren con la suficiente intensidad. Estos altos precios de matrícula decididos por los propietarios de la universidad producen un bien que no tendríamos bajo un sistema igualitarista ajeno a la libertad de empresa: alimentan  una independencia, una prosperidad y una energía que hacen de esas universidades privadas americanas la envidia del mundo. La producción científica de esas universidades es de alta calidad y, además, procede casi en exclusiva de individuos que han aprendido de sus familias (los anteriores triunfadores) la importancia de la propiedad, de la libertad y de la no homogeneidad. Ello garantiza una producción del máximo nivel científico y a la vez un tipo de ciencia que no pone en duda los principios del liberalismo, garantizando así el progreso y el bien general. Los trabajos en ciencia económica surgidos de Harvard así lo atestiguan. Harvard es un ejemplo exitoso del modo como todas las instituciones sociales deberían funcionar si se siguieran las indicaciones de la ciencia neoliberal.  
10. El propio carácter debe ser moldeado de acuerdo con los valores empresarialesOtra de las grandes funciones que el neoliberalismo reserva para el estado es la de fomentar, mediante técnicas de gobernación, de educación y de información, sujetos racionales. Esto es, hombres aptos para dejarse gobernar por su propio interés (Laval, 2012) no sólo en el terreno económico sino en cualquier actividad social. Todo hombre nace con al menos una propiedad, que es él mismo, y por tanto todos debemos considerarnos propietarios y empresarios de nosotros mismos. Si sólo fuéramos sujetos con preferencias, seríamos algo así como hipopótamos que nos relacionaríamos como meros mamíferos. Pero afortunadamente, dentro de cada individuo hay, además de un sujeto de preferencias, un sujeto calculador, que establece los costes y beneficios de los caprichos, los deseos y las necesidades de relación del sujeto de las preferencias. Ese sujeto calculador es la esencia de la forma humana de ser. Las relaciones no salen gratis, esto lo sabe muy bien el sujeto calculador, y cuando alguien conoce a otra persona, si es un ser humano sano y racional, percibe de inmediato qué beneficio le puede sacar al otro, aunque a veces lo haga de forma no consciente.  El cálculo económico racional permea a los individuos verdaderamente humanos y, en consecuencia, permea también a sus agregados que son las instituciones sociales. Las sociedades que no han desarrollado el individualismo, el cálculo económico y el interés se han ido extinguiendo tras entrar en contacto con las sociedades que se guían por tales valores, que son las verdaderamente humanas. Una vez las sociedades (los agregados de individuos) han incorporado tales rasgos valiosos, pueden y deben alcanzar formas óptimas de funcionamiento tal como la alcanzan los mercados. El impulso benefactor hacia los demás no puede impedirse, pues surge espontáneamente del hombre real, pero deberíamos acostumbrarnos a darle cauce sólo si tiene además algún sentido económico, ofreciendo por ejemplo nuevas oportunidades de negocio. En este sentido, personas como Dale Carnegie (xix) (el famoso millonario americano) fueron adelantados a su tiempo cuando propusieron técnicas concretas para ganar amigos e influir sobre las personas, que a la vez aumentan las posibilidades personales de éxito empresarial y de generación de ingresos. La libertad general incluye la libertad y el derecho de las empresas de contratar sólo a aquellos trabajadores cuyos valores sean compatibles con los de la propia empresa. Esta selección la hacían tradicionalmente las empresas mediante entrevistas organizadas por su departamento de selección de personal, pero actualmente se hace un seguimiento mucho más preciso del candidato rastreando sus opiniones en redes sociales como Facebook y Twitter. Lo racional, por tanto, es que los individuos vayan moldeando su propio carácter para hacerlos coincidir con los valores de las empresas. Estos valores son los mismos que tratan de fomentar los programas de coaching tanto en ejecutivos como en trabajadores en general: un buen trabajador, esté en paro o en activo, no debe sentir nunca depresión o ansiedad, pues ello es sinónimo de fracaso; por el contrario, debe anteponer pensamientos positivos en cualquier situación. Si uno tiende a ver situaciones cotidianas como el paro o la situación económica como deprimentes, debe interrumpir inmediatamente esos pensamientos inútiles diciéndose “stop” o pellizcándose, y luego argumentar contra los pensamientos inútiles: “¿me sirve de algo lo que pienso?”, “¿es realista?”. Finalmente, el pensamiento de que es una desgracia el que le hayan echado a uno de la empresa por un ERE debe ser sustituido por otros como: “cuando se cierra una puerta se abre una ventana”, “mi futuro está en mis manos” y “toda crisis es una oportunidad” (xx). La mentalidad valorada por las empresas es la del trabajador que está abierto a cualquier cambio que el mercado pueda ofrecerle, que agradece incluso las crisis personales, y que ante cualquier pensamiento negativo, como un resentimiento hacia su jefe o un odio hacia esos bancos que le han destrozado los sueños, responde: “¿Qué no puedo querer a mi jefe ni a los bancos? ¡qué narices! ¡Claro que sí!”. Para estar adaptado al mercado de trabajo y poder triunfar en la libre competencia con otros trabajadores hay que moldear el carácter en tales direcciones. Un individuo que no cultive estos valores empresariales carece de futuro.
11. La inutilidad de lo público frente a la eficiencia empresarialEn línea con los valores empresariales, pretendidos bienes sociales heredados del pasado pero que no ofrecen ningún beneficio cuantificable para el individuo deberían verse con sospecha y evitarse en lo posible. Por ejemplo, ciertas disciplinas educativas humanistas como el latín o la filosofía suponen un coste económico que hay que pagar con los impuestos de todos los individuos sin ningún beneficio económico tangible para nadie; los intercambios solidarios suponen una especie de economía sumergida que compite deslealmente con la actividad económica empresarial; los departamentos de cultura de los estados derrochan dinero que el ciudadano podría utilizar en su propio beneficio; la generosidad para con un indigente es una ayuda contraproducente pues desanima a éste a acudir al mercado de trabajo para resolver sus problemas, produciendo indirectamente un perjuicio general. Y hay infinidad de ejemplos más. Fig. Una inversión de rentabilidad más que dudosa según el neoliberalismo
Los métodos empresariales deberían implantarse en todas las instituciones sociales para evitar tales excesos. En esta línea, vemos con agrado que la ciencia pública y el CSIC están dejando de utilizar estímulos socialistas como la inversión pública en I+D y empiezan a usar estímulos empresariales como la competición en pos de “la excelencia”. Este hermoso concepto crea una saludable tensión interna entre los profesionales, análoga a la que tenían los exitosos calvinistas fundadores del capitalismo: “¿estaré entre los excelentes (o elegidos) o seré un chiquilicuatre (un puto condenado)?” Y esa duda permanente permite ahorrar millones en inversión pública, racionalizando la producción.La utilidad permite por otra parte reinsertar productivamente actividades que son ilegales, como el tráfico de drogas y la trata de blancas. Si los beneficios de estas actividades se reinvierten en otras iniciativas productivas, tienen al menos el atenuante de ser útiles económicamente y como tales, es natural y racional recogerlas en el índice de generación de riqueza, o PIB, del país. La sociedad es un conjunto de instituciones heredadas que guardan la sabiduría del pasado pero que no están completamente racionalizadas. Algunas instituciones heredadas son el producto beneficioso de millones de contribuciones individuales, un ejemplo es la herencia familiar del patrimonio, que es mejor no tocarla. Sin embargo, hay otras instituciones culturales también heredadas como la solidaridad social y la búsqueda del igualitarismo que deben considerarse “atavismos”, pues se basan “en los instintos”, que como todo el mundo sabe son propios de nuestra naturaleza inferior. Todos salvo uno, el egoísmo, que es propio de la naturaleza humana más elevada. Puede parecer un poco complicado, pero cuando uno se acostumbra a razonar guiado por Hayek y Friedman todo esto se vuelve evidente por sí mismo.
12. No hay alternativa a la globalización neoliberalEl mundo, al igual que sus sociedades, debe ser gobernado como una enorme empresa. Para ello, se puede controlar hasta cierto punto el libre paso de las personas por las fronteras porque las personas pueden ser peligrosas; pero hay que dejar libertad completa a las mercancías y a los capitales, que no tienen ningún peligro como todo el mundo sabe. Los aparatos estatales no deberían interferir en estos flujos, y es improbable que lo hagan pues el endeudamiento generalizado a que han sido llevados casi todos ellos les hace enormemente dependientes de los préstamos y las inversiones de los grandes capitalistas y bancos y de los organismos internacionales que regulan esos flujos (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central Europeo, Organización Mundial del Comercio). El papel de los estados debe ser únicamente el de atraer a los inversores internacionales ofreciéndoles mejores condiciones para su actividad y mayores posibilidades de beneficio. De este modo, todo el mundo que lo merezca acabará beneficiándose.No hay alternativa a esta integración económica, que es apoyada por los líderes económicos mundiales del Foro Económico Mundial (o foro de Davos), y por los grandes inversores, los bancos y los fondos de pensiones. Es cierto que el 57% de la población mundial vive con menos de 6 dólares al día, y de que más de mil millones viven con menos de un dólar. Pero sin la expansión libre del capital y el comercio probablemente esa gente no habría tenido la posibilidad de estar siquiera viva, aunque sea reciclando basura, hurgando en las montañas de chatarra electrónica que exporta occidente, y trabajando en minas de minerales para la exportación. Gracias a que el capital busca el máximo retorno, permite que el máximo posible de personas, necesarias para su gran actividad empresarial, puedan vivir.Es cierto también que hay un foro alternativo llamado Foro social mundial, o foro de Porto Alegre, que busca una integración diferente entre pueblos, pero se basa en expectativas idealistas de grupos sin poder social, y no en mecanismos eficaces de mercado. Tales iniciativas no merecen la denominación de globalización, pues están destinadas a desaparecer junto con las demás irracionalidades del pasado. Más aún, tales movimientos alternativos, como cualquier obstáculo que se oponga a la movilidad global de los capitales y de las grandes empresas, deben ser barridos en aras de la racionalidad económica. Los altermundistas no lo entienden porque sufren “un error de racionalidad”, como diría Friedrich Hayek (xxi). Falta de racionalidad que les lleva a proponer medidas tan ridículamente anti-sistema como las siguientes (http://tarcoteca.blogspot.co.uk/2015/01/soberania-economica-dejar-de-usar.html?m=1 ):- “No usar bancos,  usar servicios alternativos, dinero en efectivo, cuentas a 0, servicios de pago electrónico, divisas sociales- No usar divisas estatales, usar moneda social, criptodivisas, dinero natural como el oro- No usar financiación bancaria, usar micromecenazgo/ crowfounding/ suscripciones/ donativos- No usar servicios corporativos, usar servicios públicos, socializados o alternativos- No consumir bienes corporativos, consumir servicios y productos sociales- No organizarse en sus asociaciones capitalistas, organizarse en asociaciones independientes- No trabajar en sus empresas, participar en cooperativas- No participar en sus partidos políticos, usar las organizaciones locales y de base como sindicatos, juntas vecinales y concejos horizontales”.¿Quién podría creer que los individuos, que son esencialmente egoístas y maximizadores de sus intereses, podrían optar colectivamente alguna vez por esta clase de iniciativas contrarias a la racionalidad individual? ¿hay acaso acontecimientos históricos que nos digan que esto pueda llegar a pasar?
El altermundismo podría ocasionar grandes perjuicios al progreso  del mundo libre y su economía, que es la culminación de la Historia, si no fuera porque todos los pueblos de la tierra se están convenciendo, gracias a Hayek, Friedman y a la política exterior de EEUU, de que la racionalidad económica y el neoliberalismo es lo que les conviene a todos y el único futuro posible. Una ciencia positiva es por definición un conjunto de conocimientos que puede ser aceptado por cualquier ser humano razonable independientemente de su nacionalidad o de su clase social. ¿Acaso la economía neoliberal no podría ser aceptada con el mismo entusiasmo por el hijo de Rockefeller como por el habitante de una favela? Sin duda las naciones continuarán financiando a EEUU para que siga liderando la implementación de un sistema completamente racional a escala global. Y las masas seguirán apoyando a sus élites, los políticos profesionales y los poderes económicos, por ser quienes mejor han entendido la importancia de la libertad y quienes mejor la aplican prácticamente en la vida real.
13. El supuesto problema del cambio climático y del medio ambienteLos mismos Think Tanks que promovieron la difusión de las ideas de Hayek y Friedman están ahora imponiendo un poco de racionalidad en la cuestión climática. No podemos ahogar una economía que funciona y da beneficios en aras de suposiciones inciertas. El día que el cambio climático haga bajar los beneficios de ciertas explotaciones agrícolas los agentes económicos invertirán en otra cosa. Es el mismo criterio que se debe aplicar a las pesquerías o a la explotación de los bosques. En su momento, el mercado sabrá decirnos por qué otros activos habrá que sustituir los cereales poco adaptados, las pesquerías poco resistentes y los antiguos bosques. El intervencionismo fundado en especulaciones biológicas o geofísicas será siempre más ineficiente que las señales enviadas por los precios en favor de la sustitución de algunos recursos difícilmente explotables por otros. Por tanto, los recursos nunca han sido un problema y nunca lo serán.La economía es una ciencia que se aplica a cualquier relación entre individuos, por tanto el mercado funcionaría igual de bien en una situación donde el capital natural haya sido sustituido por capital artificial (maquinaria y equipos), una nave espacial por ejemplo. Sorprende que la NASA no se haya enterado aún de la conversión de la economía en una ciencia positiva, gracias al neoliberalismo, y los astronautas de la Estación Espacial Internacional sigan siendo físicos, ingenieros y biólogos. Para que esa empresa satélite funcione óptimamente debería estar constituida por inversores, economistas, consejeros de Goldman Sachs y asalariados con plena flexibilidad laboral. El libre mercado debería ser suficiente para el suministro de oxígeno, agua y comida dentro de la estación, sin planificaciones colectivistas, para lo cual es fundamental estimular el egoísmo individual de cada astronauta.La desaparición de los ecosistemas en la Tierra nunca será un problema pues el mercado es la herramienta óptima para la satisfacción de las demandas humanas. Es cierto que van desapareciendo los ecosistemas, pero el mercado y la demanda los van sustituyendo por hábitats artificiales. Puede que los materiales y los combustibles vayan menguando en el futuro pero el mercado los sustituirá por la desmaterialización, primero de los bienes consumidos y después de los propios humanos. Y como el deseo de todo humano es ser inmortal, el mercado atenderá progresivamente esta demanda a medida que su precio suba lo suficiente. A largo plazo, es racional esperar que los humanos, si no todos al menos los propietarios, se extenderán por todo el universo explotando sus posibilidades comerciales. Probablemente, en forma de seres inmortales no materiales, que competirán entre ellos por crear nuevos universos donde poder expandir sus posibilidades de beneficio.Cuando, agobiado por la prosaica realidad, uno se sumerge durante días en la lectura de la obra de Hayek y percibe la pureza de su lógica, si lo hace con la suficiente concentración alcanza uno un estado como de exaltación mental, diría incluso que de embriaguez, que le permite entender muchas cosas. En mi juventud yo era un ingenuo izquierdista y en mi madurez fui un pardillo físico que creía en la importancia de las ciencias experimentales, con sus validaciones y sus leyes de conservación. Ahora la luz de Hayek y Friedman me ha abierto los ojos. Y espero que a todos ustedes también.
Notasi) Carles Foguet en Agenda Pública, 12/04/2013, http://www.eldiario.es/agendapublica/blog/peor-legado-Margaret-thatcher_6_121147897.html)ii)  José Vergara Estevez (2005), La Concepción de Hayek del estado de derecho y la crítica de Hinkelammert, Polis 10, p. 2-12.iii) Hayek, Friedrich, Camino de servidumbre, Ed. Alianza, Madrid, 1976.iv) Citado en: José Vergara Estevez (2005), p. 8.v) http://www.rankia.com/blog/comstar/565388-neoliberalismo-intervencionismo-mercados-favor-oligopoliosvi) Daniel Schaffer, en: Financial Times 09/06/2014,  Los salarios de la banca en EEUU superan a Europa, http://www.expansion.com/2014/06/09/empresas/banca/1402340035.html .vii) Clara Valverde, No nos lo creemos, Icaria 2013.viii) Bauman Z., 2014, La riqueza d’uns quants beneficia a tothom? Arcàdia, Barcelona.ix) Véase http://www.elblogsalmon.com/empresas/las-25-empresas-del-mundo-con-mas-beneficios-infografia y http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_Presupuesto_p%C3%BAblico y x) Hayek F. (1960), Los fundamentos de la Libertad, Unión Editorial, Madrid.xi) Véase el blog “El diario de Chemazdamundi” del 7 de septiembre de 2010 (https://chemazdamundi.wordpress.com/2010/09/07/falacias-economicas-iii-la-importancia-del-lenguaje-matematico-en-la-formulacion-cientifica-economica-la-paradoja-de-auiles-y-la-tortuga-y-la-escuela-de-austria-contrastada-pseudociencia-en-econ/ )xii) Citado en: José Vergara Estevez (2005), p. 5.
xiii) Friedman M., Teoría de los precios. Alianza editorial, Madrid, 1976.xiv) Hayek, citado por Denis Boneau en http://www.voltairenet.org/article123311.htmlxv) Noam Chomsky, Le lavage de cerveaux en liberté, Le Monde Diplomatique, agosto 2007, http://chomsky.fr/entretiens/20070805.htmlxvi) García-Olivares, A.2014. Liberalismo y Herencia de la Propiedad: La Reproducción de la Desigualdad y Su Solución Democrática, Intersticios-Revista Sociológica de Pensamiento Crítico, Vol. 8 (1), p. 19-26. http://www.intersticios.es/article/view/12150/8598xvii) Nozick, R. (1988), Anarquía, Estado y Utopía, FCE, Mexico, pag. 231.xviii) Piketty, El Capital en el Siglo XXI.xix) Carnegie D. Como ganar amigos e influir sobre las personas (62ª edición). Elipse, 2008.xx) Clara Valverde, No nos lo creemos. Icaria, Barcelona, 2013. Pag. 36-37.xxi) C. Laval, Pensar el Neoliberalismo, en Pensar desde la Izquierda, Errata Naturae 2012
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"Ciutat morta", declive energético y Gran Exclusión

19 Gener, 2015 - 01:43

Queridos lectores,

El pasado sábado día 17 de Enero de 2015 la cadena catalana de televisión C33 emitió el documental "Ciutat morta", después de muchas años de ninguneo y censura (inclusive una orden judicial de última hora que obligó a dejar fuera de la emisión televisiva 5 minutos del metraje original). Esta película (que puede ser descargada libremente en la red por expreso deseo de sus creadores y promotores) recoge un relato de un suceso muy escabroso que ilumina zonas de nuestra realidad donde nunca es grato mirar. 

El documental da una visión parcial de todo lo que rodea al caso, puesto que nunca oímos la versión más que de una de las partes, y eso sin duda le resta fuerza. Sin embargo, la parte ausente es justamente la que más fácil acceso tiene a los medios de comunicación y la que sin ningún problema podría querellarse contra los promotores de "Ciutat morta" si lo que están diciendo fuera calumnioso; y como tal cosa no sucede y callan, uno colige que debe haber cierta parte de verdad en lo que se denuncia en esa película.

Para los que no conozcan de que va esta historia, haré un resumen rápido de lo que uno puede entender viendo el documental. El 4 de Febrero del 2006 numerosos efectivos de la Guardia Urbana de Barcelona acuden a un edificio ocupado de la calle Sant Pere més Baix de Barcelona donde se está celebrando una multitudinaria fiesta no autorizada con la intención de desbaratarla y disolver a la muchedumbre allí reunida. Algunos asistentes a la fiesta reaccionan con gran agresividad y en el transcurso de los enfrentamientos con la policía, un policía resultada alcanzado en la cabeza, probablemente por una maceta de gran peso lanzada desde los pisos superiores, lo que le produce una fractura de base del cráneo y le deja en estado vegetativo (por lo que sé, el pobre hombre aún está así).

Los agentes de la Guardia Urbana de Barcelona detienen inmediatamente a tres jóvenes a pie de la calle, que como se mostrará ulteriormente en el juicio no podían físicamente ser los autores materiales de la agresión al agente herido. En las dependencias de la Guardia Urbana les propinan tremendas palizas que obligan a trasladarlos al Hospital del Mar para curarlos. En la sala de urgencias del Hospital se encuentran una chica y un chico que habían sufrido un accidente de bicicleta y nunca se habían encontrado en el lugar de los hechos. Una estética personal demasiado antisistema fue suficiente para que los arrestaran e inculpasen de los mismos delitos que a los demás. Después de eso, años de procesamiento judicial, arbitrariedades múltiples, declaraciones amañadas de un par de agentes que con el tiempo acabarían siendo condenados por falsear pruebas y testimonios, y varios años de cárcel para los jóvenes detenidos en el lugar de los hechos y, de manera completamente incomprensible, también para la chica, la cual termina suicidándose durante un permiso carcelario.

"Ciutat morta" es una película incómoda, desagradable emocional y estéticamente; es un relato de terror del más terrorífico: el que es real. Ver la película causa inquietud y desasosiego, plantea demasiadas preguntas incómodas, cuestiona demasiadas verdades incuestionadas. Y es una muestra perfecta de la evolución de nuestra sociedad en su descenso a los infiernos de la Gran Exclusión.

"Ciutat morta" plantea diversas y graves acusaciones. La más obvia es que el Ayuntamiento de Barcelona consintió, si no fomentó, que en la Guardia Urbana hubiese algunos agentes corruptos cuyo modus operandi, basado en el maltrato, la tortura y el falso testimonio, era carente de escrúpulos y directamente delictivo. Seguramente tales agentes eran una minoría del cuerpo, pero una tal minoría hace mucho daño a la imagen de toda la Guardia. Incluso me atrevería a apostar a que el pobre agente que quedó muerto en vida pertenecía a esa mayoría de justos, de honrados, de los que menos merecían lo que le pasó (si es que alguien pudiera merecerse un destino semejante). Ese agente fue carne de cañón de un conflicto artificialmente creado que le destrozó la vida a él, a su familia y las vidas de los jóvenes torturados y encarcelados espuriamente en su nombre. Puesto que otra acusación que formula "Ciutat morta" es que la situación de aquel teatro de Sant Pere més Baix donde se origina este drama fue consentida, cuando no deliberadamente fomentada, por el Ayuntamiento de Barcelona. El edificio ocupado resultaba ser de titularidad del Ayuntamiento, y según nos explican algunos testimonios las fiestas en él fueron durante meses muy frecuentes y muy ruidosas, en suma muy molestas para los vecinos. ¿Por qué durante tanto tiempo el Ayuntamiento no intervino, máxime cuando el edificio era suyo? Pues, según nos dicen, porque esa situación le resultaba muy conveniente, ya que el Ayuntamiento estaba adquiriendo y expropiando viviendas en el barrio, dentro de un plan para revitalizarlo, y los molestos vecinos del teatro okupa hacía que los propietarios de otros inmuebles fuesen más proclives a marcharse. De acuerdo con la planificación urbanística de entonces (no olvidemos que 2006 es el apogeo de la burbuja urbanística en España), el barrio pasaría a ser ocupado por una emergente clase de profesionales cualificados, lo que técnicamente se conoce como "gentrificación" del barrio (vamos, que pasaría a ser un barrio de pijos). 

Lo grave de las acusaciones formuladas es que resultan perfectamente creíbles, dada la enorme corrupción urbanística que ha sufrido España. No resulta difícil imaginar que el diseño del nuevo barrio sería decidida en una comida de gente respetable en un restaurante de ésos en los que el menú cuesta la mitad del salario mensual de alguno de los jovenzuelos que luego sirvieron de chivo expiatorio. Seguramente los comensales se relamieron pensando en el beneficio personal que podrían conseguir adquiriendo pisos a bajo precio en la diáspora subsecuente a la favorecida degradación de un barrio ya previamente castigado, para luego ser vendidos a un precio mayor, remodelados, a un hipster con los bolsillos y las ambiciones plenas. Sin embargo, el brillante plan salió mal: una de esas fiestas de marginales se les fue de las manos, la calculada represión no contaba con que un agente saldría gravemente lesionado... De repente la responsabilidad del Ayuntamiento quedaría expuesta, por haber omitido negligentemente el mantener su propio edificio dentro del orden; la responsabilidad civil subsidiaria, si no se podía identificar al autor de la bárbara agresión al policía, recaería sobre el Ayuntamiento y podría desencadenar, en la catarsis periodística del momento, muchas preguntas incómodas, quizá se filtraría que había orden de no molestar a los okupas... Se hacía por tanto necesario buscar a quien cargarle el muerto, personas que no tuvieran la más mínima relevancia, personas tan marginales para las cuales pasar unos años en prisión no tuviera la más mínima importancia puesto que eran carne de presidio. Se tomó a tres de los marginales que allí estaban, al azar; tres que quizá estaban enfrentándose con la policía en el portal o solamente que pasaban por ahí, tanto daba, y se les criminalizó, se buscó un pararrayos que detuviera el golpe, se inventaron testimonios gracias a la inestimable colaboración de aquellos agentes que ya habían prestado servicios semejantes con anterioridad, se gozó de la aquiescencia de jueces a los cuales sus prejuicios ideológicos les impedían ver a las personas que se escondían detrás de los espantajos construidos a la medida de la necesidad del momento, se consiguió un silencio bastante general de los medios de comunicación sobre los aspectos más turbios del caso y en general se contó con la complicidad de una mayoría de ciudadanos silentes que no quisieron conocer más detalles sobre una historia tan sórdida. Todo resulta tan escalofriantemente real, creíble, cercano...

El plan para transformar el barrio deprimido pero céntrico, consistente en hundirlo aún más para después convertirlo en un barrio de pijos, con pingües beneficios mediante para los hábiles promotores de toda la trama, estaba en realidad condenado al fracaso desde el principio. Los pudientes profesionales que debían acudir en masa de toda Europa a poblar las nuevas casas que se tenían que construir allí sólo existían en la imaginación de los que tomaron aquellas drásticas decisiones. Un año más tarde estallaría la burbuja inmobiliaria española, y hoy en día todo sigue como estaba en la zona de Sant Pere més Baix, nueve años después; yo incluso fui una vez, hacia el año 2012, a dar una charla al aire libre en el Forat de la Vergonya, al lado de un huerto urbano autogestionado por los vecinos. En realidad no había energía ni recursos para mantener aquella incoherente e insostenible trayectoria de crecimiento ilimitado, de locura urbanística, que sin embargo la gente de dinero dio por descontada; y por eso su plan fracasó, porque nunca podía haber triunfado. Quizá aún continúan creyendo que cuando las cosas se calmen podrán recuperar el dinero que invirtieron, y justamente por eso no es probable que les guste que, gracias a este documental, se revitalice la polémica sobre el caso 4F. Quizá por eso es más necesario que nunca hablar de ello.

Uno de esos puntos de desasosiego difícil de emplazar de "Ciutat morta" viene de las características de los personajes protagonistas, las víctimas de tanta arbitrariedad. Los actores principales que sufren en sus carnes tamaños atropellos no son individuos con los que fácilmente se pueda identificar la clase media urbana de Barcelona, de España, de Europa, de Occidente. Son jóvenes desclasados, marginalizados, que malviven en empleos precarios, que se mueven por los bordes difusos y turbios de este sistema cuya podredumbre sólo hemos empezado a cuestionar cuando el transcurso de esta crisis que no acabará nunca nos ha obligado a repensar nuestras certezas y revisar si lo que creíamos seguro realmente lo es. No son niños bonitos con sonrisas de anuncio de dentífrico y un máster debajo del brazo, sino individuos hoscos, broncos, de estética provocadora, de vida marginalizada. Vida marginalizada, que no marginal: estos jóvenes no han escogido estar donde están, están donde pueden. Estos jóvenes son los desplazados por el estallido de la última burbuja financiera, en espera de que el estallido de la siguiente les convierta en los anfitriones de los nuevos excluidos.

Esos chicos vivían en 2006 y continúan viviendo en 2015 en medio de la Gran Exclusión, de ese proceso que comentamos hace tiempo en este blog que es el destino natural de una clase media crecientemente depauperada en Occidente (exclusión donde siempre se ha encontrado el grueso de la población de esa mayoría de países que no han podido gozar del privilegio de tener una clase media). Conviene recordar que nuestro proceso de descenso energético como sociedad ya había comenzado cuando nominalmente la burbuja inmobiliaria aún no había estallado. De hecho, las restricciones relativas en el acceso a los combustibles fósiles baratos ya había comenzado en el año 2000, pero sólo en el 2005, con la llegada del pico del petróleo crudo, empezaron a sentirse con toda su intensidad. En el año 2006 la cantidad de energía total proveniente del petróleo estaba prácticamente en su máximo histórico previo al declive en el que ya estamos inmersos, pero si en vez de mirar el total de la energía del petróleo miramos la energía per cápita el descenso ya había comenzado pues éramos más pero teníamos lo mismo para repartir. Dado que las personas integradas en el sistema aún no habían comenzado su personal descenso energético, eso simplemente quiere decir que fueron los recién llegados a la edad productiva, los jóvenes, los que no pudieron reclamar su parte del pastel. Mientras unos se ensoñaban en lujosos restaurantes en cómo llenar aún más sus enormes bolsillos, estos jóvenes buscaban un hueco que nadie les había reservado en esta sociedad; quizá unos pocos lo conseguirían, pero sería a costa de tantos otros que se quedarían fuera. Y conviene recordar que eso ya era así en 2005; que nuestro descenso energético empezó antes de lo que creemos. Para estos jóvenes, caer fuera de los márgenes calculados de la sociedad suponía, sin que ellos lo supieran, que perdieran su consideración de seres humanos. Ya no eran, a ojos de la sociedad a la que creían aún pertenecer, seres con derechos, sino pecios de clase media a la deriva. De ahí la enorme extrañeza, los ojos de sorpresa, con los que estos jóvenes y sus allegados comentan sus experiencias, su incredulidad ante la arbitrariedad que sufren. Ellos creían pertenecer a un Estado de derecho y de repente se dan cuenta de que no, de que esa manta cada vez más pequeña en la que habían creído ya no les cubre a ellos. Ésta es la situación normal en tantos países en los que el derecho jamás llegó a toda la población, pero resulta ser un destete violento, una bofetada de realidad en la cara de tantos españoles que creían que aún éramos lo suficientemente ricos como para ser aproximadamente igualitarios, al menos en lo que a derechos fundamentales se refiere. Estos jóvenes habían perdido su clase de procedencia y no lo sabían: por eso su choque con la realidad resulta tan brutal.

Lo más terrorífico de ese desclasamiento no es que entre el espectador típico de ese documental y sus personajes medie una gran distancia, sino la certeza inconsciente que todos tenemos de que las futuras e inevitables olas de la crisis eterna nos aproximarán, hasta que nosotros seamos como ellos y ellos como nosotros. En suma, lo que más miedo nos da es que algún día, cuando nosotros ingresemos en ese lumpen, todo ese horror y arbitrariedad que ellos han sufrido será también para nosotros. Puesto que varios personajes del documental lo dejan claro: si destrozaron la vida de esos pobres desgraciados era por su marginalidad, porque no se les consideraba ciudadanos de derecho; en el caso de la chica, Patricia Heras, se la consideraba sacrificable directamente por su estética. Pero si no tomamos las riendas de esta situación, si dejamos que las cosas evolucionen a su libre albedrío y de manera natural, todos estaremos en esa situación de sacrificables de aquí en unos años. Esos policías que no quisieron saber qué pasaba en aquella sala de interrogatorios, esos jueces que no quisieron escuchar las acusaciones de tortura, esos médicos que se limitaron a curar las heridas y mirar a otro lado, esos políticos que no tuvieron el coraje de afrontar las consecuencias lógicas de sus malas acciones previas, esos vecinos que simplemente no querían que les metieran en líos, esos ciudadanos que se jactan de lo bonita que es Barcelona mientras giran la cara para no ver la otra mitad... Todos ellos, todos nosotros, seremos no-ciudadanos, expuestos a la misma intemperie de injusticia que estos chicos, de aquí en unos años: sólo hace falta esperar a que nuestro descenso nos lleve a esas orillas. Quizá si entendemos esto, quizá si escuchamos estos testimonios, quizá si por fin tomamos las riendas podremos evitar lo peor de lo que está por venir, y el sacrificio de Patricia Heras no habrá sido en vano.

Salu2,
AMT
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El papel de los colapsos sociales en los ciclos históricos (II)

15 Gener, 2015 - 18:18

Queridos lectores,

Les presento en el post de hoy la segunda parte del extracto del apartado 9.1 del libro "En la espiral de la energía", de Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes. En el post de hoy se analiza la inevitabilidad del colapso de la sociedad industrial y las fases del mismo.


Salu2,
AMT


Inevitabilidad del colapso de la civilización industrialLa vulnerabilidad del capitalismo fosilista globalEl sistema socioeconómico actual tiene elementos de resiliencia importantes. Uno es que la alta conectividad aumenta la capacidad de responder rápido ante los desafíos. Por ejemplo, si falla la cosecha en una región, el suministro alimentario se puede desplazar a otro lugar del planeta (si es que interesa) y lo mismo se podría decir de una parte sustancial del sistema industrial. Otra muestra de la resiliencia es el desplazamiento del riesgo a otros lugares fuera de los espacios centrales y del momento actual mediante la ingeniería financiera.Sin embargo, la conectividad también incrementa la vulnerabilidad del sistema, ya que, a partir de un umbral, no se pueden afrontar los desafíos y el colapso de los distintos subsistemas afecta al resto. El sistema funciona como un todo interdependiente y no como partes que se pueden analizar aisladas (EEUU, UE, China) y mucho menos que puedan sobrevivir por sí solas. Es más, se ha alcanzado la máxima conectividad: ya no existe un “afuera” del sistema-mundo, el mundo está “lleno”. Ya no hay posibilidad de migrar ni de recibir ayuda de otros sitios. La figura 9.3 visualiza las implicaciones de esta conectividad. Se puede partir de un nodo cualquiera, como la falta de accesibilidad a gas y petróleo (arriba a la izquierda), y seguir cómo esta carencia se transmite a todo el sistema.

Figura 9.3: Complejidad e interdependencia del sistema actual.
Además, una mayor conectividad implica que hay más nodos en los que se puede desencadenar el colapso. Por ejemplo, el sistema económico altamente tecnologizado depende cada vez de más materiales, de forma que la posibilidad de que falle uno de ellos aumenta y, con ello, el riesgo sistémico. Esto es una aplicación de la ley del mínimo de Liebig, según la cual el recurso que está disponible en menor cantidad es el que determina todo lo demás. En este sentido, demasiadas interconexiones entre sistemas inestables pueden producir por sí mismas una cascada de fallos sistémicos.Pero el capitalismo global no solo está interconectado, sino que es una red que tiene unos pocos nodos que son centrales. El colapso de alguno de ellos sería (casi) imposible de subsanar y se transmitiría al resto del sistema. Algunos ejemplos son: i) Todo el entramado económico depende de la creación de dinero (crédito) por los bancos. Es más, depende de la creación de dinero por muy pocos bancos, aquellos que son “demasiado grandes para caer”. Además, el sistema bancario se ha hecho más opaco y, por lo tanto, más vulnerable con la primacía del mercado en la sombra. ii) La producción en cadenas globales dominadas por unas pocas multinacionales hace que la economía dependa del mercado mundial. Estas cadenas funcionan just in time (con poco almacenaje), son fuertemente dependientes del crédito, de la energía barata y de muchos materiales distintos. iii) Las ciudades son espacios de alta vulnerabilidad por su dependencia de todo tipo de recursos externos que solo pueden adquirir gracias a una fuente energética barata y a un sistema económico que permita la succión de riqueza. Pero, a su vez, son un agente clave de todo el entramado tecnológico, social y económico.En esta maraña interconectada, el colapso no tendrá una única causa, sino que se producirá por la incapacidad del sistema de solventar una multiplicación de desafíos en distintos planos en una situación de falta de resiliencia: colapsos de Estados, crisis monetarias y financieras, bloqueo de infraestructuras (caída de la red eléctrica, huelga en el transporte), alzas en los precios de la energía o de determinados materiales, etc. El colapso se da en situaciones de altos niveles de estrés en distintos planos del sistema. Esto fue lo que le sucedió al Imperio romano y a la civilización maya.Por lo tanto, la conectividad jerarquizada es un elemento intrínseco del capitalismo fosilista globalizado que lo hace más vulnerable, aunque no es la única causa de vulnerabilidad. Una segunda es la velocidad. En una sociedad capitalista, que es más que una economía capitalista, el beneficio a corto plazo es lo primero. Y estos beneficios se evalúan en tiempos cada vez menores: año, trimestre, semana, día, hora. Esto implica que la capacidad de previsión y de proyección futura sea poca. Además, el capitalismo necesita crecer de forma acelerada.Un tercer elemento de debilidad es que la sociedad capitalista globalizada se ha convertido en una eficiente extractora de recursos del planeta y, por lo tanto, no tiene un colchón con el que afrontar los desafíos que tiene por delante. Bajo esta mirada, las sociedades del pasado eran mucho menos vulnerables que la actual a un cambio climático y, sin embargo, este fue el detonante de fuertes cambios. A esto se suma la ley de rendimientos decrecientes.Además, esta es una situación de muy difícil vuelta atrás. Al igual que indicamos al hablar de la aparición de la agricultura, la industrialización y el uso masivo de la energía, el capitalismo fosilista marcó un punto de casi no retorno. Una vez asentado un modo de vida urbano, una economía mundializada, un consumo material en aumento y un tamaño poblacional alto, desengancharse de ese consumo energético requiere un gran cambio civilizatorio, para empezar porque la energía abundante es el elemento nodal del incremento de la productividad, que está detrás del sostenimiento de los beneficios capitalistas.La probabilidad del colapso también depende de las tecnologías que se utilicen. Por ejemplo, una tormenta solar no produciría efectos en una sociedad agraria y, en cambio, sería devastadora en una sociedad hipertecnificada, al afectar a los sistemas de comunicación vía satélite y a los aparatos electrónicos. Así, la caída del sistema eléctrico será desastrosa.Los sistemas sociales, al ser complejos, evolucionan de forma no lineal, pero esto también ocurre con elementos centrales para su sostén. Por ejemplo, ya hemos analizado cómo en la disminución de la TRE aparece un “precipicio energético” a partir de 10:1. Este elemento puede ser aún más grave en la medida en que se enmascare con los agrocarburantes y los petróleos no convencionales.Una gran estratificación social genera un incremento de las tensiones y ha estado detrás de fuertes cambios sociales. En muchas ocasiones, los conflictos de clase son también conflictos ambientales, pues la explotación del entorno y del ser humano han corrido en paralelo. A esto hay que añadir que, en las sociedades desiguales, la preservación del statu quo absorbe casi todos los esfuerzos de las élites.Por último, en la historia de la vida la aparición de formas más complejas no ha conllevado la desaparición de las formas más simples, sino que se ha producido una reacomodación simbiótica (desde la perspectiva de una mirada macro). Esto ha permitido a los sistemas tener más resiliencia. Sin embargo, en las sociedades dominadoras, el incremento de complejidad ha destruido las formas menos complejas, perdiéndose diversidad cultural y biológica. No es solo que no exista ya un “afuera” como decíamos, sino que el capitalismo no puede coexistir con otros formatos organizativos a los que va fagocitando en su crecimiento imparable.Ante todo esto, se plantea (más con el corazón que con el cerebro) que el intelecto humano será capaz de esquivar el colapso. Para ello, una de las herramientas principales serán los avances tecnológicos. Pero ya hemos mostrado la inviabilidad de esta opción.Además, el cerebro humano tiene limitaciones para comprender lo sistémico, lo remoto y lo lento (Homer-Dixon, 2008; Boyd, 2013b; Cembranos, 2014b), lo cual no quiere decir que no pueda intuirlo y comprenderlo rudimentariamente. Este problema es aún más acusado en la sociedad de la imagen y el entretenimiento, en la que los problemas se niegan o distorsionan y se modela un pensamiento simple. La falta de comprensión completa de la complejidad es uno de los principales impedimentos para anticipar el colapso, pues supone que los límites son difíciles de percibir. Se puede estar transitando hacia una situación de no retorno sin notarlo y, cuando se pasa el punto de bifurcación, los cambios son ya rápidos e imparables.La dificultad humana con los procesos lentos parte de que el sistema nervioso, ante un peligro repentino, incita a la defensa (si ve posibilidad de hacer frente al peligro) o a escapar (si no la ve), pero no tiene buena preparación ante una amenaza que se desarrolla despacio. El colapso de una civilización lleva muchas décadas, incluso varios siglos, y la reducción es bastante paulatina para la percepción humana, aunque en términos históricos sea rápida. Al principio, las señales del colapso son difíciles de percibir para la mayoría de la sociedad; después se tiende a pensar que cualquier periodo de estabilidad significa que el colapso se ha detenido; finalmente, cuando se acumula la degradación social, este es el estado que se percibe como “natural”. Una prueba histórica de la incapacidad de las sociedades humanas, incluso de las menos complejas que tenían que analizar menos datos, para prever y esquivar el colapso es que muy pocas, o quizá ninguna, han sido conscientes de que entraban en una crisis civilizatoria. Los grandes cambios en los sistemas socioeconómicos son considerados como tales retrospectivamente. En el caso del Imperio romano, la población no pareció ser consciente de todo el proceso de decadencia. Sí de las derrotas militares, pero no de la situación de fondo.Pero, aún en los casos en los que sí se ha producido una respuesta, esta ha adolecido de una mirada a largo plazo, especialmente en las sociedades fuera del estado estacionario. Estas han adoptado “soluciones” para los problemas del presente desplazando estos al futuro. Así sucedió con la Revolución Industrial. El final de este comportamiento es que los problemas son de tal magnitud que la única solución es el colapso del sistema.Más allá de sus limitadas capacidades intelectuales, el ser humano no se mueve solo por la razón, ni siquiera primordialmente. Antes están las emociones. Por ejemplo, se tiende a no actuar si esto conlleva un perjuicio al núcleo afectivo a corto plazo. Se infravaloran los problemas futuros y se sobrevaloran los presentes. Como las emociones priman, las respuestas rápidas, en muchos casos una recompensa inmediata o un peligro inminente, movilizan más que otras desplazadas en el tiempo. Además, el ser humano tiene un rechazo innato a lo que le causa desazón, lo que le lleva incluso al bloqueo de la percepción de lo que está sucediendo; y la transición hacia una sociedad menos compleja que use menos energía, mucha menos energía, no es una situación a priori deseable. A esto se añadiría la pereza y la abulia cuando no se encuentra el sentido en la acción. Sumados a la razón y la emoción (que no son desligables) son claves los sistemas de valores. El predominante adolece de una mirada más allá del yo. Más adelante volveremos sobre estos aspectos.Finalmente, el colapso puede llegar a ser deseado por amplias capas sociales, pues supondría dejar la pesada y creciente carga material, energética y económica de sostener la complejidad. En contraposición, las élites sí tendrán una pérdida neta y, para evitarlo, proyectarán la imagen del desastre para todo el mundo con el colapso.
El colapso caótico y profundo como la opción más probableAnte la Crisis Global, aparecen cuatro opciones teóricas que ya apuntamos para los sistemas complejos: i) que se quede todo en una crisis; ii) realizar un salto adelante; iii) colapso ordenado o iv) caótico. Ahora las vamos a analizar para el capitalismo global y la civilización industrial.La primera es que no devenga un cambio sistémico y la Crisis Global no vaya más allá de una crisis. Podría ocurrir algo como lo que vimos en la China imperial, en la que los recursos disponibles tenían una tasa de recuperación rápida, principalmente por la sostenibilidad de la agricultura, porque la base del trabajo era humana y animal, y porque las infraestructuras podían servir como cantera de nuevos recursos. Esto permitía que, tras los periodos de crisis, viniesen nuevos momentos de expansión. En realidad, las crisis chinas no procedían de un agotamiento de los recursos, sino de un sobreuso moderado que podía volver con cierta facilidad a tasas sostenibles. Ninguna de las condiciones que permitieron a China sortear el colapso se cumplen hoy en día, especialmente porque el nivel de extralimitación en el uso de recursos es muy acusado y la degradación ambiental muy profunda.La segunda opción sería realizar un salto adelante. Por ejemplo, al principio de la Revolución Industrial, Inglaterra estaba frente a un problema de límite de recursos (madera). Sin embargo, no sufrió un colapso, sino que realizó una impresionante progresión: sustituyó la madera por el carbón, lo que le permitió además expandir la succión de recursos a muchos más territorios. Hacer esto hoy implicaría cambios de organización a nivel social y, sobre todo, un consumo mayor y más intensivo. Pero esto es imposible, especialmente desde el plano material y energético, pero también desde la perspectiva económica.Por lo tanto, la única forma de evitar el colapso caótico del capitalismo global es reducir la complejidad de forma ordenada. Sería algo parecido a un decrecimiento justo (Herrero y González Reyes, 2011; González Reyes, 2012b). Pero creemos que esto no se va a dar por múltiples motivos en los que entramos a continuación.No hay ejemplos históricos de algo similar en sociedades dominadoras y los que más se podrían acercar, como el fuerte descenso en EEUU y Reino Unido del consumo energético de sus poblaciones durante la II Guerra Mundial de forma planificada y en gran medida voluntaria, no les hizo más resilientes, pues supuso un incremento de las extralimitaciones: los ahorros domésticos se destinaron, con creces, a la guerra. Las sociedades dominadoras de forma recurrente han sido incapaces de abordar las causas últimas de las crisis sistémicas.La opción de las élites está siendo el business as usual, con un tono verde, violeta o de inclusividad, en el mejor de los casos. Este intento de mantener las políticas propias de la fase de crecimiento (potenciación de la gran escala, urbanización, velocidad, especialización, competición), en lugar de otras más adecuadas a esta coyuntura (reducción, ruralización, eficiencia, cooperación), producirá un deterioro aún mayor de las condiciones sociales, institucionales y ambientales, y hará más inevitable el colapso brusco.[...]Por otra parte, ya mostramos la debilidad de los movimientos sociales respecto al poder de las élites. Una debilidad que es todavía mayor si enfocamos a su limitada capacidad y deseo de afrontar un descenso en el consumo material y energético. Esta carencia no es previsible que se solvente a corto plazo, entre otras razones porque probablemente las interrelaciones de todo el sistema no se mostrarán al gran público y se seguirá presentando cada problema de forma aislada y con una solución parcial. A esto se suma la penalización de la cooperación en las sociedades capitalistas, frente a la gratificación de la competitividad. Y que las clases medias y una parte sustancial de la población más explotada se han sumado (o “las han sumado”) al mito del progreso. Esta debilidad de la movilización social tiene como reverso la sensación de invulnerabilidad en las élites y, en paralelo, la percepción acrecentada de falta de poder por las clases populares, volviendo más difícil la articulación antagonista.Probablemente, la razón más estructural es que el decrecimiento justo implicaría un desmontaje y abandono de gran parte de la infraestructura construida (del capital físico), de los medios de reproducción del capital (financieros y productivos, sobre todo los globalizados), y de la cultura del progreso y el crecimiento. En el fondo, de la pulsión de la sociedad capitalista por no concebir y asumir los límites ambientales y humanos.Así solo resta el colapso caótico, el decrecimiento injusto. Como ha ocurrido en otros momentos históricos de quiebra de distintas organizaciones sociales, habrá fuertes crisis económicas y cortes en los mercados; rebeliones y caídas de regímenes; reducción de la estratificación social y simplificación de las formas de vida; desurbanización; aumento de las migraciones; y disminución de la población. Aunque, dentro de este gran marco caben muchos grises, que serán resultado de las articulaciones sociales que se pongan en marcha. Además, este proceso podrá evolucionar hacia ecomunitarismos, como iremos sugiriendo.Si el decrecimiento injusto parece lo más probable, la siguiente cuestión sería dilucidar cuán profundo será. De las tres condiciones que señalamos (tiempo de reparación, sinergia de ciclos y grado de extralimitación), las dos últimas se dan con claridad. Desde una visión panárquica, la vulnerabilidad se produce en distintos ciclos. Para empezar porque actualmente la capacidad de influencia humana en ellos es vital, pues estamos en el Antropoceno. El ser humano está condicionando, desde macro-sistemas como el clima, hasta pequeños como la polinización de las abejas. Pero la relación inversa también ocurre, pues las catástrofes ambientales tienen una repercusión económica que, a su vez, es global y se expande por todo el cuerpo social, las instituciones y los valores. Ya hemos argumentado sobre el grado de forzamiento ecosistémico, mineral y fósil del planeta. Así, lo más probable es que esta quiebra, que ya se está produciendo, sea profunda y abarque un amplio abanico de sistemas.Es más, creemos que será un colapso de una dimensión nunca antes vista en las sociedades humanas, pues conlleva elementos absolutamente novedosos: i) Las sociedades industriales son las primeras en la historia humana que no dependen de fuentes energéticas y materiales renovables, lo que dificulta enormemente la transición y la recuperación, pues implicará un cambio añadido de la matriz energética y material. ii) El grado de complejidad social (especialización, interrelación) es mucho mayor y, en consecuencia, el recorrido de simplificación también lo será. iii) La centralización de los nodos del sistema (concentración de poder) y el grado de extralimitación son cualitativamente inéditos. iv) La recuperación de los ecosistemas será muy lenta y compleja. Es más, probablemente los nuevos equilibrios que se alcancen serán distintos a los del pasado. v) No solo no hay un “afuera” del sistema-mundo, sino que no hay un “afuera” en la Tierra. No habrá zonas de refugio. Así, aunque durante todo el capítulo recogeremos ejemplos de colapsos pasados, estos solo podrán ilustrar algunos aspectos de lo que está ya empezando a suceder.
Etapas del colapsoLos distintos sistemas que hemos venido analizando a lo largo del libro (ciudades, Estados, subjetividades, tecnología, economía) no colapsarán a la vez, sino que serán los elementos más vulnerables los que lo hagan primero y, a partir de ellos, se irá extendiendo el proceso mediante múltiples bucles de realimentación positiva que irán produciendo irreversibilidades que imposibilitarán la vuela atrás en el cambio civilizatorio. La velocidad de caída de cada uno de los sistemas será diferente, pues las velocidades de sus ciclos también lo son. De este modo, mientras la quiebra del sistema financiero será rápida, el cambio de las subjetividades sociales será más lento y la eclosión de nuevos equilibrios ecosistémicos y climáticos mucho más. Aunque no habrá una secuencia clara, sino una maraña de procesos interconectados en paralelo, vamos a esbozar una cierta concatenación de acontecimientos. El resto del capítulo sigue, con cierta flexibilidad, esta secuencia, que además es la unidad de análisis que hemos mantenido a lo largo del libro:
  1. Fin de la energía abundante, concentrada y barata como exponente de la degradación de la biosfera, que se irá profundizando durante el siglo XXI.
  2. Derrumbe monetario-financiero. Crisis de la banca, los mercados especulativos y del crédito. También de las monedas globales.
  3. Desglobalización y decrecimiento. La energía cara y el estrangulamiento del crédito ahogarán el comercio, especialmente el internacional. La economía se relocalizará y se empezará a producir un cambio del metabolismo social.
  4. Reducción demográfica por las crisis alimentaria y sanitaria, y por guerras. Esta será una de las etapas lentas que empezará con el agravamiento de la crisis económica, de las condiciones ambientales y de los cuidados, pero que se irá profundizando conforme transcurran nuevas fases.
  5. Nuevo orden geopolítico. Guerras por los recursos y regionalización.
  6. Quiebra del Estado fosilista. El sistema político no será capaz de seguir funcionando y perderá su legitimidad. El Estado se reconfigurará y, en algunos territorios, desaparecerá.
  7. Desmoronamiento de lo urbano. Sin orden económico globalizado, Estados fuertes, ni energía abundante, las grandes urbes serán abandonadas progresivamente y se convertirán en minas.
  8. Incapacidad de sostener la alta tecnología. Pérdida masiva de información y de conocimientos. Esta etapa será lenta y se irá produciendo tras el derrumbe de la economía global.
  9. Cambio de los valores dominantes. Final del mito del progreso y eclosión de nuevos referentes en los que la sostenibilidad y una vuelta a una concepción más colectiva de la existencia serán elementos centrales, lo que no implicará necesariamente mayor liberación humana.
  10. De todo ello surgirán nuevas luchas y articulaciones sociales que se moverán entre neofascismos y cuidados de la vida ecomunitarios. Los primeros serán los mayoritarios hasta la quiebra del Estado fosilista. Los segundos podrán abrirse paso a partir de esta etapa. En cualquier caso, los nuevos órdenes sociales no cuajarán hasta que el conjunto social no haya cambiado de “dioses”.
Aunque muchos de los procesos ya han comenzado (fin de la energía abundante y barata, quiebra financiera, crisis del comercio global, nuevo orden geopolítico, deslegitimación de los Estados) creemos que, alrededor de 2030, se producirá un punto de inflexión en el colapso de la civilización industrial como consecuencia de la imposibilidad de evitar una caída brusca del flujo energético. Ya vimos que, alrededor de esta fecha, si no antes, se producirá el pico de los tres combustibles fósiles y del uranio. Además, si se considera la TRE, en 2030 la energía proveniente del petróleo podría ser un 15% de la del cénit. A partir de entonces, será materialmente imposible que funcione un sistema económico global. Y ya hemos analizado que no hay sustituto energético posible al petróleo y menos al conjunto de los combustibles fósiles, lo que incluye a los hidrocarburos en roca poco porosa. Por si esto fuera poco, para 2030 se podrían haber superado los umbrales que disparen el cambio climático hacia otro estado de equilibrio del sistema Tierra notablemente más cálido (Combes y Haeringer, 2014), aunque, si la crisis económica es muy profunda y rápida, esto último pudiera no llegar a ocurrir.Hasta ese momento se intentarán mantener las mismas políticas de crecimiento, eso sí, actualizadas y condicionadas por las circunstancias. Seguirán los escenarios business as usual y “capitalismo verde”. En realidad será solo uno: un business as usual con algún tinte de transición posfosilista, pero no poscapitalista. Los descensos reales de la disponibilidad de combustibles fósiles serán más acusados que los esperables por causas geológicas. Además, su disponibilidad en los mercados internacionales será menor que la extracción, porque progresivamente habrá más países que dejen de exportar. Por ello, irá avanzando la desglobalización. Los Estados que puedan, entrarán en una guerra interna y externa por el sostén de su estructura, intentando controlar a la población y los recursos básicos. El mantenimiento de estas políticas suicidas conllevará que el declive energético acabe en un colapso más brusco a partir de ese punto de inflexión que, como decimos, puede estar alrededor de 2030.Mientras, en los mundos campesinos e indígenas menos alterados, donde ya se está en parte en un metabolismo no fosilista, el colapso será mucho menos brusco y los impactos menos duros. Incluso habrá regiones que sientan aliviada la presión que sufren a nivel estatal y económico. Aunque la lucha por sus recursos naturales seguirá siendo fuerte.Más allá de este punto de inflexión, el carbón será caro y se exportará cada vez menos, aunque más que el gas, que estará claramente en declive. El comercio internacional de petróleo casi desaparecerá. En ese contexto, el capitalismo y sus posibles derivados ya solo podrán mantenerse precariamente en base a la violencia. Será a partir de entonces cuando se den los escenarios más duros, se hagan inhabitables las ciudades y se caiga internet. Se producirá el progresivo colapso de la civilización industrial global. Dicho colapso será un Largo Declive hacia sociedades posfosilistas que probablemente dure siglos, con pequeñas recuperaciones momentáneas y largos y profundos periodos de depresión y crisis que producirán irreversibilidades.Creemos que las sociedades ecomunitarias solo podrán desarrollarse, más allá de experiencias pequeñas y excepcionales o en espacios no modernizados, cuando se haya producido la quiebra de los poderes económicos y políticos, más allá de la década de 2030. Es decir, que antes de tener una oportunidad real de cambio ecomunitario habrá que pasar una etapa muy dura de destrucción social a muchos niveles. El quehacer de los movimientos sociales en esa fase será clave para sembrar los proyectos que podrán aflorar luego, posibilitar las condiciones sociales para que esto sea factible y hacer que el colapso sea lo menos profundo posible, sobre todo a nivel ecosistémico. Sin este trabajo es improbable que puedan surgir estas nuevas sociedades emancipadoras. Tampoco lo tendrán nada fácil después, aunque el contexto les dará más oportunidades. Habrá una gran diversidad de organizaciones sociales, que se podrá mover en múltiples variedades intermedias entre ecofascismos y ecomunitarismos.[...]Por supuesto, el año se debe entender como una referencia estimativa. Lo más relevante no es si este punto será en la década de 2030 o de 2040, sino los procesos que se desencadenarán y que los vivirá gran parte de la población actual.[...]
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