The Oil Crash

Contingut sindicat
La llegada al cenit de producción mundial de petróleo ha puesto a la economía contra las cuerdas. En este blog se analizan las noticias relacionadas con este tema y qué medidas se pueden tomar para remediar la carestía que viene.
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Par de fuerzas

18 Maig, 2016 - 09:16



Queridos lectores,

A finales del año 2014 me invitaron a participar en un programa de TV3 donde nos preguntaron (a otro invitado, profesor de economía, y a mi) sobre los bajos precios del petróleo que llevaban experimentándose desde unos meses antes. El interés de la conductora del programa era saber por cuánto tiempo se iba a prolongar esta situación de precios bajos, y si en particular se iban a prolongar, como anunciaban entre otros Goldman Sachs, hasta 2020. Recuerdo haber dicho que la situación de precios bajos no podría durar demasiado tiempo pues la desinversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos de petróleo llevaría eventualmente a que la producción bajase y eso haría subir los precios, aunque también dije que probablemente el precio no volvería a subir hasta final de 2015 como pronto. Me quedé un poco preocupado con mi afirmación: temía, en aquel momento, que quizá estaba fiando demasiado largo la recuperación del precio del petróleo, y que mi previsión se iría al traste si durante 2015 se producía algún evento sonado en la escena geopolítica que hiciera que el precio del petróleo se disparase. Obviamente, predecir grandes eventos traumáticos a escala internacional es harto difícil (aparte de un ejercicio morboso y desagradable); yo prefiero centrarme en los datos contrastados, en explicar las tendencias, y en apuntar a los riesgos que se dibujan en el horizonte para intentar contrarrestarlos. Desgraciadamente, tengo un pequeño ejército de detractores que intentan darle la vuelta a cualquier presunta contradicción mía (sea real o no) para, a través de ella, atacar el fondo de lo que expongo. Es decir, que si no soy capaz de prever el curso concreto de los acontecimientos durante este año, entonces quiere decir que el problema principal que se discute en este blog (el peak oil, es decir, la llegada a la máxima producción de petróleo y su posterior declive) no es cierto (a pesar de lo abrumador de los datos oficiales que muestro aquí). Como uno de los argumentos caros a estos detractores es el del precio del petróleo (el otro es tildarme de catastrofista, aunque los catastrofistas sean ellos), haber aventurado públicamente que el precio no iba a subir en unos cuantos meses podía haber sido usado, una vez más, en mi contra.

Mi impresión a principios de 2015 es que la crisis económica global que los indicadores macroeconómicos anunciaban continuaría deprimiendo la demanda y manteniendo los precios bajos, hasta que la caída de producción forzase el rebote, cosa que contaba entonces que no se produciría hasta finales de 2015. A pesar de que, en líneas generales, se podría decir que ésa ha sido más o menos la situación, lo cierto es que a principios de 2015 esperaba que los síntomas de una nueva recesión serían más o menos evidentes después del verano, y que los precios eventualmente podrían empezar a rebotar a finales de 2015. Lo cierto y verdad es que en este momento, mayo de 2016, los indicadores macroeconómicos mundiales siguen siendo nefastos pero en lugares como España no se vislumbra, al menos en las noticias, ninguna recesión (lo que no quita que la situación económica de muchas familias no es precisamente boyante). Por otra parte, los factores que llevaron al hundimiento del precio del petróleo a finales de 2014 (y que explicábamos en el post "La espiral") no han desaparecido y en particular la demanda sigue siendo relativamente débil y continúa por debajo de la oferta, a pesar de que la oferta ya ha comenzando a caer (como hemos comentado en diversas ocasiones, 2015 ha sido probablemente el año del peak oil - máximo de producción de todos los hidrocarburos líquidos - aunque necesitaremos que pasen algunos años para confirmar o desmentir esta efemérides).

¿Qué está pasando, pues? ¿Como puede suceder que hayamos llegado, como parece, al peak oil, pero no se estén desencadenando los previsibles efectos económicos negativos?

En buena medida, lo que está pasando es que la actual situación económica no es una sorpresa. El pico de precios del petróleo de 2008, en el que realmente se produjo un desajuste entre la demanda y la oferta que llevo a precios récord y que contribuyó y mucho a la crisis mundial (esta crisis que nunca acabará) fue una sorpresa, pero la situación actual no lo es. Desde hace ya unos años se sabía que el negocio petrolero estaba quemando sus últimos cartuchos, llegando al extremo de descapitalizarse en un último intento por mantener la industria a flote unos años más y no pocos indicaban cómo tenía que acabar la cosa. El fracking fue una apuesta sin futuro pero era todo lo que quedaba. La burbuja de deuda creada alrededor del fracking se ha inflado de manera desmesurada, pero aún no ha llegado el momento de reventarla. Se estira tanto como se puede la situación actual, deseando que lleguen mejores momentos que permitan salvar los muebles, y así seguiremos hasta que se vea que ni con precios altos el fracking será rentable (eso si el continúo goteo de quiebras en el sector no acaba en un hundimiento del sector, desencadenando de paso una crisis financiera mundial).

Si se hubiera actuado con la fría lógica de mercado, haciendo las cosas de la manera habitual, el resultado hubiera sido la conocida espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda: ora la oferta no cubre la demanda, lo que causa que el precio del petróleo sea demasiado caro y acabe dañando a la economía global, causando recesión y por ende destruyendo demanda; ora el precio del petróleo cae demasiado (por la destrucción de demanda), a las endeudadas empresas petroleras les cuesta mantener la producción y acaban unas desinvirtiendo en nueva explotación y otras quebrando, y al final la producción baja hasta que es inferior a la demanda y comienza el ciclo de nuevo. -Obviamente, después de cada ciclo la oferta de petróleo es menor y la actividad económica es más menguada, hasta que finalmente algo reviente. Esta espiral es el esperpéntico resultado de aplicar la lógica del mundo en continuo crecimiento en un momento en que se está chocando con sus límites, y no sólo con el petróleo. La espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda era el nefasto resultado de no entender el momento que vivíamos y dejar que el descenso energético al cual nos lleva el peak oil se desarrollara libremente, sin intentar pilotarlo. 

Pero, aunque parezca mentira, se podía hacer algo aún peor. Siguiendo con la analogía de que el descenso energético es un avión con el motor averiado cuyos mandos podemos intentar controlar como sociedad, se podría decir que los movimientos para la transición energética equivaldrían a maniobrar para intentar que el avión planee y conseguir así hacer la caída menos abrupta, mientras que la espiral sería el equivalente a una caída descontrolada, sin nadie a los mandos. Pues bien, lo que estamos haciendo se puede comparar a tomar los mandos de la nave y optar por una caída en picado. Es decir: de una manera necia y deliberada optar por empeorar la cosa, porque la caída sea más dura y más dolorosa. Ése parece ser el curso que estamos siguiendo ahora mismo, como explicaré en el resto de este post.
 
Hay dos fuerzas diferentes y complementarias que están actuando en en el momento actual. Por una parte está el declive económico, exponente del cual son todos los síntomas de una recesión global de primera magnitud; por el otro, está el declive de los recursos, que nos indica que cada vez es más difícil explotar los recursos naturales no renovables, particularmente el petróleo, y eso aumenta la inestabilidad geopolítica de los países cuya economía depende fuertemente de estos recursos

Con respecto a la primera fuerza (el declive económico), los signos se multiplican por doquier. Merece la pena recordar que hace tan sólo cuatro meses el año 2016 empezó con los peores augurios económicos, con unas fuertes caídas de las bolsas mundiales de las cuales no nos hemos recuperado aún. En febrero las bolsas se estabilizaron y comenzaron un lento y trabajoso retorno a los valores precedentes, sin que en realidad no se haya modificado ningún aspecto fundamental del mercado. Si miramos los índices macroeconómicos que examinábamos entonces, nos encontramos, por ejemplo, que el Baltic Dry Index ha ascendido un poco desde los mínimos de enero, pero sólo para empezar a caer de nuevo. También vemos, como destacaba el post anterior, que el China Containerized Freight Index (índice chino de transporte de contenedores, que mide el precio de los fletes) está en mínimos de la serie histórica, y aunque con pequeñas subidas y bajadas mantiene la tendencia a la baja. La razón está en el estancamiento y leve caída de las exportaciones chinas, acompañada con una gran inversión previa en buques mayores:

Valor económico (en 100 M€) de las exportaciones chinas: https://www.flexport.com/blog/why-are-ocean-freight-rates-so-low/




Las largas colas para cargar y descargar se han hecho frecuentes en todos los puertos del mundo, y es que simplemente la demanda global de bienes no ha evolucionado como estaba previsto. No es que el comercio mundial haya colapsado pero sí que ha alcanzado un pico (peak commerce), un máximo que aún está por determinar si es provisional o definitivo. En este contexto, los precios de la mayoría de las materias primas (con la interesante excepción del litio) están realmente bajos, y mientras los economistas aventuran una u otra explicación (la más popular, el exceso de deuda, que tiene una parte de razón) pocos quieren mirar a la fuerte conexión de estas caídas con la del petróleo. Este año puede ser crítico para el sector petrolífero, con un tercio de las compañías en peligro real de quebrar, y eso está llevando a un frenazo en seco de las inversiones que no sólo conseguirá que la producción de petróleo descienda considerablemente en un par de años, sino que además retira inversiones de los países más dependientes de sus exportaciones de materias primas y los acerca a su bancarrota petrolífera. La realidad es que las clases medias de Occidente están viendo retroceder su renta disponible y aumentar el paro, y eso no sólo deteriora el comercio mundial (con menos demanda de gadgets fabricados en China y otros países emergentes, llevándoles a la recesión) sino que en casa arroja a los restos del naufragio de la clase media a los brazos de líderes populistas sin escrúpulos (con consecuencias futuras difíciles de prever pero probablemente poco agradables). Mientras tanto, las principales potencias industriales intentan mantener a flote su capacidad productiva (y de paso una cierta garantía de empleo y de paz social) por medio de soterradas guerras de divisas.

Las malas perspectivas económicas para Occidente, y la recesión global que va avanzando (y que tarde o temprano acabará afectando a España) se ven compensadas por los bajos precios de las materias primas que alimentan sus economías. Sin embargo, tal beneficio para Occidente no viene a cambio de nada. El declive de los recursos no significa simplemente que la producción de estos recursos disminuya con el tiempo; significa que lo que queda es cada vez menos asequible económicamente, y lo que al final hace que disminuya la producción no es tanto la incapacidad física de producir más sino la imposibilidad económica de hacerlo de manera que sus potenciales consumidores se lo puedan permitir; al fin y al cabo, si un producto no tiene mercado no vale nada. Ambos efectos están teniendo un papel en estos tiempos: por un lado, hay una dificultad física en mantener la producción; por el otro, la producción es cada vez menos asequible y por tanto los clientes disminuyen. El resultado final es un descenso de la producción y una crisis económica y financiera galopante en los países productores.

Del lado de los recursos realmente disponibles, un reciente y exhaustivo estudio científico ha puesto en evidencia que las reservas mundiales de petróleo son probablemente menos de la mitad de las que se anunciaban hasta ahora. Algunos analistas económicos han comenzando a preparar el terreno, a su manera, avisando que las compañías pueden disminuir sus reservas debido a lo que se suele considerar ajustes temporales (debido a los actuales bajos precios del petróleo). Sin embargo, si los precios bajos son persistentes debido a la pérdida de capacidad de compra de la masa de trabajadores menos cualificados (según explica Gail Tverberg), los problemas económicos y financieros para estas compañías y, lo que es peor, para los países productores serán crónicos.

En el momento actual, el declive de los recursos está llevando a una situación desesperada a muchos países. Sin embargo, el foco mediático está sólo en uno: Siria. La crisis de los refugiados y la vergonzosa actitud europea delante de este problema está enmascarando que la conflicitividad bélica del mundo está escalando de manera alarmante, y no casualmente en países productores de petróleo o que son críticos para el paso de hidrocarburos.

Yendo a las guerras actualmente activas, es llamativo lo poco que se habla actualmente de Ucrania, a pesar de que la guerra sigue allí su curso letal. Sin embargo, hay otras dos guerras por el petróleo en curso en países del mundo árabe de las que no se habla en absoluto. Una de ellas es Yemen, donde la intervención directa de Arabia Saudita desde hace más de un año no acabó con la guerra civil sino que convirtió la guerra en un conflicto internacional y, por lo que se ve, inacabable. El caso de Yemen es especialmente sangrante, pues se da la circunstancia de que el conflicto de Yemen era previsible desde hacía tiempo viendo la evolución de su peak oil particular, pero nadie hizo nada para evitarlo; lo cual no es muy esperanzador para otros países, como la propia Arabia Saudita que, no olvidemos, dejará de exportar petróleo antes de que pasen 14 años. El otro país en guerra del que no se habla es Libia: desde el derrocamiento de Gadafi hace 5 años el país ha vivido una intensa guerra civil, que recientemente se ha recrudecido con la extensión de Estado Islámico a su territorio. El Reino Unido e incluso Estados Unidos se están preparando para enviar tropas sobre el terreno, en un movimiento que es difícil de justificar si no es dentro del marco de la creciente inestabilidad geopolítica mundial. Otra guerra activa en África pero de la que es muy difícil obtener información alguna es la de Malí (en este caso por el control del uranio de Níger, como ya comentamos). El ataque hace unos meses a una base de las Naciones Unidas y la presencia de tropas españolas en el conflicto debería hacer más asequible el acceso a información; sin embargo, poca cosa se sabe más allá de que el norte está bajo el control de los tuareg separatistas, de alguna manera aliados a Al Qaeda por lo que parece.

La nómina de países con problemas crecientes y agudizándose por los bajos precios del petróleo no se detiene ahí. Nigeria ya no es el mayor productor de petróleo de África, según dicen debido a los ataques de la milicia de Boko Haram, aunque en parte ese descenso es también por la llegada del país a su propio peak oil. El menosprecio de décadas a la población del delta del Níger, unido a la caída de ingresos y una élite política demasiado alejada de las clases populares está llevando al país a una situación potencialmente explosiva con consecuencias devastadoras para el mercado de petróleo. Otro caso digno de estudio es el de Argelia, un país que en 10 años podría dejar de ser exportador de petróleo (superó su peak oil hace casi 20 años) y que está sufriendo para capear el bajo precio del petróleo, y cuya estabilidad política podría ser más precaria de lo que muchos se piensan. Por completar esta lista ya bastante extensa no podía faltar una mención a Venezuela, país que ha tratado de compensar su peak oil de también hace casi dos décadas recurriendo a los petróleos extrapesados del Orinoco (los cuales necesitan combinar con petróleo ligero, precisamente importado de Argelia), de muy bajo rendimiento. El descenso de ingresos del petróleo, juntamente con el descenso natural de la producción de su petróleo de mayor calidad, están arrastrando a Venezuela a una fuerte contracción económica y a una degradación de servicios básicos. Las medidas de excepción decretadas por el presidente Maduro han llevado a una fuerte contestación de la oposición -que democráticamente conquistó la asamblea naciona en la última elección legislativa- que anuncia manifestaciones y una elevación de la tensión que puede acabar muy mal. En los medios occidentales hay un general consenso occidental sobre el probable estallido de la violencia en el país caribeño, y a veces parece que algunos aquí lo desean para poder entrar a saquear, dado que el país posee las mayores reservas de petróleo -sobre todo, no convencional- del continente.

No sólo las guerras y conflictos en los países menos privilegiados están rápidamente deteriorando el balance de la extracción de petróleo. Los recientes incendios forestales en la provincia de Alberta, justamente en la zona donde se explotan las arenas bituminosas de Athabasca, ha llevado a una caída de la producción (en principio provisional) de más de un millón de barriles diarios. Estos incendios se han producido debido a las altas temperaturas y sequedad de la zona, en valores nunca antes vistos (fruto probable del cambio climático combinado con un episodio de El Niño muy fuerte). Aunque los fuegos remitirán y la producción se reestablecerá, algunas cosas no podrán volver a funcionar como antes, sobre todo teniendo en cuenta la escasa rentabilidad de este tipo de explotaciones y menos en estos momentos de precios bajos. En cuanto a los EE.UU., continúa la caída de cabezas perforadoras activas y la producción de petróleo ya ha descendido un 8%.






En resumen, estamos viviendo la acción combinada de dos fuerzas que normalmente estarían en oposición de fase pero que actualmente están sincronizadas. Por un lado, la caída de la actividad económica debido a la menor capacidad de consumo de las clases medias debido a la pérdida salarial (lo que a veces se llama "devaluación interna"). Esta caída del consumo lleva a los precios de todo, y particularmente de las materias primas, a la baja; y los precios bajos de las materias primas deberían permitir relanzar la economía. Sin embargo, la pérdida de poder adquisitivo es tan fuerte y la aversión al riesgo financiero tan grande que lo que está pasando es que se está llevando a la bancarrota acelerada a compañías petrolíferas y países productores de petróleo. Por ese motivo, en vez de vivir una sucesión de destrucción de oferta - destrucción de demanda a un ritmo relativamente moderado lo que parece que vamos a vivir es una caída precipitada de la producción de petróleo, especialmente si estallan al tiempo los muchos conflictos geopolíticos larvados, que va a disparar los precios y va destruir la demanda a un ritmo más alocado de lo que lo hubiera hecho en otro caso. En esencia, el haber estirado la situación con los hidrocarburos de baja calidad, económicamente no asequibles para la masa, ha degradado la base económica de la clase media y va a conseguir que la espiral sea más rápida y violenta; en definitiva, que gire más rápido.




En Física se denomina "par de fuerzas" a dos fuerzas iguales en magnitud y dirección, pero de sentido opuesto, que se aplican en dos puntos diferentes igualmente alejados del centro de masas de un cuerpo. Si las fuerzas estuvieran aplicadas al mismo punto de contrarrestarían perfectamente y el cuerpo se quedaría en reposo. Sin embargo, si hay una distancia entre ambas fuerzas (denominada "brazo del par") el par de fuerzas no desplaza el cuerpo pero le hace girar. En el momento actual, las fuerzas que empujan por un lado de la economía y por el otro lado de los recursos (particularmente, del petróleo) son de signos opuestos pero no pueden cancelarse. De manera análoga a lo que sucede en Física, ese par de fuerzas tiende a hacer girar y cada vez más rápido nuestro sistema social y económico. Ojalá seamos capaces de comprender pronto qué es lo que pasa y ponerle freno, antes de que nos hagan entrar en barrena.

Salu2,
AMT
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El cubo mágico ante la desglobalización

11 Maig, 2016 - 08:46
Queridos lectores,
Demián Morassi nos ofrece un nuevo ensayo, en este caso analizando el impacto del transporte en contenedores, su conexión con la energía barata y su destino en la época de desglobalización que ya está comenzando. Estoy seguro de que será de su interés.
Salu2,AMT







El cubo mágico ante la desglobalizaciónPor Demián Morassi

Vamos a hablar de un 26 de abril que cambiará el devenir del capitalismo. No, no nos referimos al de hace 30 años, cuando la explosión del reactor de Chernóbil hizo saltar la alarma del capitalismo actual, cuyo pilar, el desarrollo industrial se daba de bruces con riesgos de proporciones inimaginables. Sumémosle otros 30 años a nuestro viaje al pasado.

El cubo mágico.El cubo mágico al que me referiré no es el cubo de Rubik, ese juego donde hay varios colores y el objetivo es encastrarlos perfectamente trasladando unos para acá y otros para allá para completar la tarea... sino a los cubos de colores que llevan productos manufacturados trasladando unos para acá y otros para allá, encastrando perfectamente los nodos del capitalismo industrial globalizado... me refiero, nada menos que al contenedor (no es exactamente cúbico pero bueno, casi).

60 años por el mar.Cumplió 60 años el transporte marítimo de contenedores. El 26 de abril de 1956 el Malcolm McLean Ideal-X, fue el primer hilo de esta red que hoy conecta todos los puertos del mundo.“Malcolm McLean, un magnate del transporte por carretera, utiliza un barco petrolero modificado para mover la primera carga en contenedores por vía marítima desde Nueva Jersey a Houston, hace 60 años, en 1956. Cuatro años más tarde, Sea-Land introdujo el primer servicio transatlántico y, en 1969 en el Reino Unido, Overseas Container Lines lanzó un servicio que hoy es sinónimo del comercio global de mercancías” [1]. La palabra container también la usamos por estas tierras y describe seis planchas de metal de las cuales cualquier cosa puede salir. Ese cubo mágico que con el correr del tiempo irá tomando poder para que al final todos los productos deseen encastrar perfectamente con su espacio interno, diseñando sus embalajes a la medida de los pies y pulgadas (finalmente estandarizadas), sin desperdiciar ni una gota de espacio.

Observando el gráfico proporcionado por Clarckson Resaech [2] vemos como fue el aumento en los últimos cuarenta años.1 TEU equivale a 38,5 metros cúbicos de volumen exterior. Los containers de 2 TEU son los más comunes.



Y los cambios fueron impactantes. Desde 1976 a 1996 el comercio llegaría a 41 millones de TEU (m TEU) para luego añadir otros 136m TEU más entre 1996 y 2016.La mercancías viajan seguras de un lado a otro permitiendo que las externalizaciones no impacten en la calidad, pudiendo ir armando un producto en distintos lados del mundo para luego llevarlos a los lugares de consumo, lo que lograría abaratar los costos. Las líneas de transporte se afianzarán y los portacontenedores se harían más grandes...Durante 1976-1996 el promedio de los barcos era de 1673 TEU.De 1996-2016 el promedio pasó a 4.363 TEU.Se separó a los propietarios de los arrendatarios para lograr mayor eficiencia mientras a su vez los productos de consumo se irían achicando y amoldando su embalaje para optimizar el viaje.Como ejemplo:Con alrededor de 400 televisores de pantalla plana en un container, a $400 / TEU, el coste de carga equivale a sólo 1 dólar de ese televisor que luego sería vendido a 300 dólares.Pero las proyecciones para 2016 son la punta del iceberg en este viaje.La desglobalización invita a replantear cuál será su futuro. 60 años es una edad en que hay que pensar en disminuir la actividad.La sobreoferta de barcos en relación a la pobre demanda arroja los precios de alquiler por el suelo. La incapacidad de hacer crecer la demanda viene, por un lado, por la falta de oportunidades para los trabajadores haciendo que mucho de esos productos que viajan por contenedor se empiecen a relegar por considerarse superfluos, y por otro por la industria desmoronada por el aumento de coste de la extracción de petróleo que, luego de tres años de alto valor en dólares, se ha desmoronado.Las grandes empresas ya no piensan en qué nuevo negocio se pueden montar sino principalmente en cómo desinvertir de la mejor manera posible para mantenerse en esa cresta de la ola a la que la globalización las llevó.

Los valores de alquiler de un contenedor están siendo extremadamente volátiles pero además, en el último año cayeron estrepitosamente. Clarckson Research da cuenta de cómo cayó en promedio de 1290 us$/TEU en enero de 2015 a 385 us$/TEU en marzo de 2016.



En China, el indicador que nació en 1998, el China Containerized Freight Index (CCFI) cuyo valor de inicio fue 1000 puntos (valor que venía siendo el promedio durante 2014), llegó a fines de abril de este año a su mínimo histórico: 632 puntos. Una linda manera de festejar su sexagésimo aniversario.



Lo interesante de esta sobre oferta de contenedores es cómo actualmente este "cubo mágico" se están reutilizando para solucionar otros problemas, especialmente para los problemas habitacionales o como oficinas móviles en  zonas de construcción. En donde yo vivo, varias escuelas han sido ampliadas provisoriamente con contenedores (bibliotecas, salas de taller, etc.). En la arquitectura moderna la estética del contenedor ya tienen su sello, incluso en las clases más acomodadas. Así que va a ser mejor que las empresas de transporte marítimo vayan agudizando su ingenio para adaptarse a las verdaderas necesidades del ser humano. En ese otro mundo posible que sigue vigente como eslogan de los movimientos antiglobalización (aunque algunos pensamos que no sólo es posible sino que indefectible) tendremos que aprender a jugar con el cubo mágico que irá dejando la época dorada de la globalización.


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El fracaso político

4 Maig, 2016 - 11:43


Queridos lectores,

El final de la XI legislatura española, no por más esperado menos abrupto, probablemente marcará un punto de inflexión en la política española. Las elecciones del pasado 20 de diciembre mostraron que el panorama político español ha cambiado de manera radical en los años que llevamos de esta crisis económica que no acabará nunca. De tener dos partidos hegemónicos, nomimalmente situados a la izquierda y a la derecha del espectro político (para cuya alternancia en el poder los partidos minoritarios servían oportunamente de bisagra cuando el electorado no les atribuía la mayoría absoluta) hemos pasado a un nuevo panorama, en el que al menos cuatro formaciones políticas de alcance nacional se disputan porciones considerables del electorado español. Esta división a cuatro hace imposible un discurso de la hegemonía, puesto que las cuatro facciones, de tamaño desigual pero todas ellas significativas, representan cuatro sensibilidades políticas diferentes que necesitan ser tenidas en cuenta si se quiere conseguir una mayoría suficiente sobre la cual asentar un Gobierno estable. Cada una de estas facciones tiene un contrato implícito diferente con su electorado, y eso ha imposibilitado, al menos durante esta legislatura, ciertas coaliciones ad hoc para formar Gobierno. Tras poco más de 100 días de escenificación de la impotencia y de reproches cruzados (reproches muchas veces matizados, pues todos son conscientes de que a quien se veja hoy podría tener que ser nuestro aliado de mañana), sin que nadie lo haya pedido explícitamente pero aceptado tácitamente por todos, se ha forzado la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones, en cumplimiento de los trámites previstos en la Constitución española.

Qué pasará en la nueva convocatoria, prevista para el 26 de junio (pocos días después del crucial referéndum en el que los británicos decidirán sobre su permanencia en la Unión Europea) es un ejercicio más de especulación que de cálculo. Los grandes medios de comunicación se han aprestado a adelantar que la situación cambiará poco, o que como mucho la previsible abstención favorecerá al partido conservador PP, que gobernó hasta diciembre y aún lo hace de manera interina (aunque con sus atribuciones capadas por mandado constitucional). Tampoco se puede descartar que, si el nuevo partido político de izquierdas Podemos llega a un acuerdo con la minoritaria formación Unidad Popular y se presenta coaligados en todas las circunscripciones, podrían cosechar un relativo éxito electoral en la mayoría de ellas, como ya lo hicieron en aquellas provincias donde se presentaron coaligados en las elecciones de diciembre. Tal aumento, en caso de producirse, no les permitiría en ningún caso alcanzar la mayoría absoluta, pero iría fundamentalmente en detrimento del PSOE, quien empeoraría aún más su peor marca histórica (justamente, la de diciembre pasado) y desencadenaría una serie de movimientos telúricos que acabarían probablemente con un pacto de gran coalición PP-PSOE para bloquear el paso a Podemos. 

Incluso sin un ascenso tan marcado de Podemos, el escenario de una gran coalición PP-PSOE continúa siendo el más probable, y eso acabaría suponiendo un grandísimo desgaste electoral, sobre todo para el PSOE. Tal pacto acabaría por minar la base electoral del PSOE, pues el Gobierno que emergerá de las próximas elecciones tendrá que hacer frente a unos años muy complicados: recortes de 10.000 millones de euros impuestos desde Bruselas por el exceso de déficit español en el año 2015, más recortes nuevos para 2016 a medida que las previsiones macroeconómicas vayan empeorando, y una situación económica mundial que anticipa una nueva recesión que acabará arrastrando a España y castigará electoralmente a los partidos en el Gobierno.

Al margen de la forma concreta de la degradación política de España, lo que revela la situación actual es un conflicto entre unos modos de hacer que han funcionado de manera relativamente eficaz (sobre todo para ciertos actores) durante las últimas décadas y unos nuevos modos, no necesariamente mejores que los anteriores pero que buscan adaptarse a una situación cambiante, donde las seguridades son pocas. El modo tradicional está anquilosado en sus costumbres, y por eso ha sido completamente incapaz de plantear pactos políticos acordes con los nuevos tiempos: el planteamiento tanto del PP como del PSOE ha sido de buscar acuerdos a la vieja usanza, como los que están acostumbrados a celebrar con los partidos minoritarios que tantas veces les han servido de bisagra. Obviamente, esto no podía funcionar esta vez. Por la parte del PP, porque el único acuerdo que realmente le servía era el gran pacto con el PSOE, al cual no podía tratar como si fuera una franquicia nacionalista, ofreciéndole pequeñas concesiones a cambio de su apoyo. Por la parte del PSOE, resulta curioso comprobar que se ha sentido más cómodo y le ha resultado más fácil pactar con un partido, Ciudadanos, que en materia de política económica está más a la derecha que el PP (aunque en cuestiones de libertades individuales esté más a la izquierda, lo cual confunde a no pocos) que con un partido de izquierdas, Podemos, cuyo programa electoral podía perfectamente haber suscrito el PSOE de 1982. Desde el PSOE no han entendido que Podemos no haya querido sacrificar su apoyo electoral en la búsqueda de un pacto "con sentido de Estado". Para Podemos determinadas cuestiones sensibles, inspiradas por un contacto más directo con su electorado, eran irrenunciables; lamentablemente, justo esas cuestiones eran inaceptables para el aparato del PSOE, y por esa razón el pacto era imposible.

La emergencia de las formaciones de nuevo cuño (extremadamente poliédricas en el caso de Podemos, donde en realidad la formación se presenta electoralmente como una amalgama de confluencias territoriales) es un síntoma más del hartazgo de la ciudadanía tras más de ocho años de crisis económica que han puesto en evidencia la endeblez institucional del Estado español, debilidad que tiene dos vertientes fundamentales:

  • Por una parte, los continuos recortes y la austeridad impuesta por las instituciones internacionales que, al igual que al resto de países europeos, supervisan de facto la política económica de España (Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) han minado los sistemas de protección social españoles de tal manera que una parte de su población se encuentra en condiciones muy precarias; unos españoles que vivían mucho mejor y más protegidas no hace tantos años y cuya caída alimenta su resentimiento contra el sistema: siempre es mucho más duro de aceptar el descenso que haber vivido siempre en la miseria. 
  • Por otro lado, la mayor inestabilidad económica y laboral de la población general ha hecho más insoportable que nunca los altos niveles de corrupción en las diversas instancias del Estado. Tal corrupción no es nueva; tiene tantos años como la democracia española y de hecho muchos más: la corrupción política es el resultado previsible de la mercantilización de las decisiones institucionales en un sistema donde los actores económicos más poderosos están acostumbrados a conseguir lo que quieren a golpe de talonario, y es probablemente consustancial a nuestro sistema económico (a aquellos que recurren a una objeción que es frecuente en España, según la cual tal nivel de corrupción es exclusivo o mayor en España que en otros sitios, les recomiendo que presten más atención a las noticias que se publican en la prensa internacional).

Las dos razones enunciadas arriba (precariedad y corrupción), delante de las cuales poca o nula respuesta ha habido por parte de los grandes partidos en 8 años de crisis, han llevado, de manera bastante lógica, a que los ciudadanos hayan buscado nuevas formaciones que realmente atiendan sus reivindicaciones y aplaquen su indignación. Es cuestión completamente diferente si estos partidos atacarán realmente estos problemas o no: en este momento, simplemente, la gente que ha decidido dar su voto a sus formaciones es eso lo que creen y por eso se lo dan. El punto clave es que ambas razones son fruto inevitable de la crisis de sostenibilidad de nuestro sistema económico. En el caso de la precariedad, resulta obvio: si el sistema económico entra en crisis mucha gente se va al paro, y además, dado que la estrategia para mantenerlo a flote consiste en inyectar (directa o indirectamente) capital público en las grandes empresas, se producen muchos recortes en servicios públicos. El caso de la corrupción es un poco menos evidente: como digo, corrupción y a gran escala ha habido desde hace mucho, pero sólo resulta molesta al ciudadano de a pie cuando empieza a sentirse perjudicado; y aunque la causa directa de su malestar sea la crisis económica y no tanto la corrupción, la precariedad hace más difícil de soportar esta última. El tema de la corrupción es siempre muy delicado de tratar y levanta fácilmente pasiones: hace unos años escribí un post analizando la cuestión de la corrupción, intentando explicar que, si bien la corrupción es inmoral y sin duda es un problema, no es EL problema. Ese post fue entonces muy mal recibido, y para que se entendiera mejor 
el trasfondo de la cuestión escribí un pequeño cuento (que tuvo mucho mejor recepción).

Como vemos, por tanto, la razón última de los problemas actuales es la crisis económica: sin crisis, el sistema se hubiera podido perpetuar sin demasiados sobresaltos durante décadas. Desde los diferentes partidos políticos se percibe claramente que la crisis es el problema nuclear; sin embargo, ningún partido está proponiendo realmente medidas que vayan a la raíz del problema, con lo que todos ellos están condenados al fracaso. En cierto modo es natural: en (casi) todos los partidos, el pensamiento económico corre a cargo de economistas convencionales, y todos ellos pertenecen a la Iglesia del Perpetuo Crecimiento. Para ellos, no es posible que exista algún límite físico al crecimiento económico, lo cual equivale a pensar que la economía no pertenece al mundo físico pues puede superar los límites de la Termodinámica y de la Geología. La cuestión de los límites es tan infactible en el pensamiento económico convencional que es un "no-tema", es decir, es que la cuestión no llega jamás a ser pensada; y si alguien la evoca es inmediatamente descartada como un error propio de un infante, con la misma sonrisa condescendiente y desdeñosa con la que responderíamos a un niño que nos exprese su preocupación por si se apaga el Sol. Por tanto, los partidos políticos ponen el énfasis en la política fiscal y además con una orientación completamente convencional. Pero la política fiscal sólo permite redistribuir los recursos, cosa sin duda importante y en algunos casos de justicia, pero no permite aumentar esos recursos, y mucho menos puede compensar su caída. Ciertamente, un mejor uso de los recursos disponible puede sacarles el máximo provecho posible y ralentizar algo la caída, pero sólo con eso no basta, y menos cuando la fase de estancamiento previo al peak oil podría estar tocando a su fin, paso previo a un declive productivo mucho más rápido debido a la mala gestión (completamente procíclica) de la producción de petróleo

Por desgracia, dentro de los nuevos partidos la tendencia es también a centrarse en las políticas fiscales y económicas convencionales. Esto pasa incluso en aquéllos en los que las voces del decrecimiento y de los límites al crecimiento se dejan oír, y la razón es que cuesta mucho hacer la pedagogía adecuada en la población para proponer ideas completamente nuevas tras décadas de adoctrinamiento en el BAU. En los círculos decrecentistas y peakoilers es bien conocida la anécdota de una conversación con un dirigente de cierto partido, persona inteligente y bien informada y muy consciente del problema del peak oil, en la que éste dijo que no se podía hablar de peak oil y de decrecimiento a la población general porque eso "no vende" electoralmente.


La cuestión del peak oil sólo es abordada en España con sentido y llamándola por su nombre por un puñado de partidos, todos ellos a la izquierda e incluso a la izquierda radical: es el caso de la CUP en Cataluña, de Bildu en Euskadi o de En Marea en Galicia. Y sin embargo lo acuciante del problema (la producción de petróleo en los EE.UU. está comenzando a caer a un ritmo apreciable, y los problemas en Oriente Medio hacen presagiar que, efectivamente, el año 2015 fue el del peak oil - aunque aún tendremos que esperar unos años para confirmarlo) hace que sea estrictamente no ya necesario sino urgente reaccionar delante de este problema, y el primer requisito para reaccionar es reconocer que existe este problema. Ha habido en el pasado pequeños destellos en las instituciones, destellos que quizá ahora son un poco más frecuentes (Marta Rovira, secretaria general de ERC, mencionando el peak oil en el debate de investidura del -fallido- candidato a president Mas, la intervención de Alexandra Fernández de En Marea en la Comisión de Fomento del Congreso de los Diputados citando, entre otros argumentos para oponerse a la construcción de una autovía, el peak oil; las próximas - si son aceptadas - comparecencias del miembros del OCO delante de la Ponencia sobre cambio climático en el Parlament de Catalunya), pero es demasiado poco demasiado lento. Contrasta esta falta de perspectiva de la clase política española sobre la transversalidad de la cuestión con, por ejemplo, la más pragmática actitud británica, cuyo parlamento creó hace poco una comisión parlamentaria sobre los límites al crecimiento.


La incapacidad de traer al centro de la discusión política española el problema de los límites del crecimiento como tema transversal, que todos los partidos deberían abordar de acuerdo con su visión social, hace que el discurso político en su conjunto sea simplemente inútil, una pérdida de tiempo y una fuente de frustración social. Sin un abordaje radical del problema, la política será siempre inútil. Si la clase política española sigue sin entender esto, si sigue apostando por el "esperar y ver", confiando en que los problemas económicos y sociales se arreglarán solos debido al cambio de ciclo económico que ya no es posible en un planeta en decrecimiento forzado, existe el riesgo de que acabe emergiendo un oportunista capaz de capitalizar el resentimiento de los desposeídos y se acabe haciendo política de otro modo y por otros medios.

Salu2,
AMT
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Distopía IX: El fin del dinero. Epílogo

30 Abril, 2016 - 10:25


[Este epílogo concluye el relato precedente: pueden leer aquí sus entregas: primera, segunda y tercera

Como cada atardecer, Rafael subió a lo alto de la colina. Había acabado sus tareas e incluso había hecho (de cualquier manera, a decir verdad) los deberes de la escuela. Como cada atardecer, se quedó mirando embobado la ciudad amurallada, sus altas torres que brillaban mágicas bañadas por la luz del Sol poniente.

Su padre se acercó lentamente y se detuvo unos pasos por detrás del niño; no quiso perturbar inmediatamente ese momento íntimo de su hijo, ese ritual mágico. Al final, para romper el silencio más que nada, preguntó:

- Rafa, hijo, ¿has acabado ya las tareas? ¿El huerto, los animales?

- Sí, padre.

De la siguiente pregunta no tenía clara cuál sería la respuesta:

- ¿Y los deberes de la escuela? Piensa que sólo vas un día a la semana, así que no es tanto, hacer los deberes de un día.

- Sí, padre, ya los hice.

Íñigo se conformó con la respuesta de su hijo. Era un niño muy bueno y muy responsable, y si decía que los había hecho es que los había hecho.

Se quedaron en silencio los dos, mirando a aquella ciudad que representaba todo el poder y la riqueza del mundo.

- ¿Sabes, hijo? No hace tanto yo trabajaba en esa ciudad. Tú, de hecho, naciste allí. Yo era programador y mantenía muchos de los sistemas informáticos vitales.

Rafa no decía nada; escuchaba a su padre, pero no volvía el rostro, mirando siempre a la ciudad prodigiosa.

- Eso de programar es una cosa muy complicada, algún día ya te lo explicaré. Bueno, mejor no. Total, aquí no tiene sentido. Quizá nunca tuvo sentido, después de todo, tampoco allá... - y después se puso pensativo - Nunca entendí por qué nos echaron: siempre trabajé bien, nunca hice algo mal, nunca protesté...

- Se están quedando sin energía - dijo por fin Rafa.

Íñigo abrió mucho los ojos. ¿Qué era lo que estaba diciendo aquel rapaz?

- Se están quedando sin energía - dijo volviendo por fin el rostro a su padre, como intuyendo su perplejidad.

Íñigo no pudo evitar sonreírse, entre incrédulo y divertido, y alborotándole ligeramente el pelo a su hijo le dijo:

- ¿Y tú como puedes saber eso, mocoso? - y le retorció suavemente la nariz.

- La energía es lo que mueve las cosas, y lo que permite cambiarlas; tú me explicaste eso - dijo Rafa, volviéndose de nuevo hacia la ciudad - Llevo años ya mirando la ciudad cada día, desde esta colina. Ahora entran y salen menos camiones, se encienden menos luces, se mueven menos coches... Incluso, la ciudad se va haciendo más pequeña - y volviéndose de nuevo a su padre, le dijo: - Cada vez tienen menos energía, ¿no es evidente?.

Íñigo no dijo nada, delante de una lógica tan aplastante. Sí, era evidente.

- Vamos, hijo - digo por fin - Ya se hace de noche. Tu madre nos espera para cenar.

Bajaron la colina, mientras en la ciudad se apagaban las últimas luces.


(Dedicado a Rafa Íñiguez, reinterpretando su famosa analogía)

Antonio Turiel.
Abril de 2016.
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Distopía IX: El fin del dinero (y III)

28 Abril, 2016 - 20:38

[Nota: Los personajes que aparecen en este relato son completamente ficticios, y no se refieren a ni están inspirados en personas reales actuales o pasadas]

[Enlace a la primera parte  y a la segunda parte de este relato] 

Era evidente que Rick Evergreen tenía necesidad de explicar su historia, la historia real de lo que había pasado durante los últimos años, más allá del discurso oficial en el que también él había creído hasta hacía poco. Los consejeros, que habían llegado a aquella sala pensando que podrían solucionar la crisis en curso pidiendo la cabeza del consejero delegado, entendían por fin que la situación debía ser mucho peor de lo esperado cuando resultaba que el mismísimo Manuel Fernández de Córdoba parecía estar colaborando estrechamente con Evergreen. Manuel era un consejero muy veterano, y si había sobrevivido a mil batallas y fusiones había sido gracias a su habilidad para mantenerse a flote. Si Manuel estaba involucrado quería decir que ése era el bando ganador, si es que había algún bando ganador. Ni siquiera Koplack parecía tener ganas de discutir, después de ver la reacción de su viejo amigo.

- Esta bien, Sr. Evergreen. Parece que Vd. y el Sr. Fernández de Córdoba tienen algo importante que contarnos - dijo Koplack Shund muy pausadamente - Ahora tienen toda nuestra atención: somos todo oídos.
 
Rick Evergreen miró un momento a Manuel, quien asintió con un leve cabeceo y guiñando ambos ojos.

- De acuerdo, señores - dijo Rick, y tomó aire para continuar - Lo que ahora les contaré es la historia real de la evolución económica de la Humanidad durante las últimas décadas. No tiene nada que ver con lo que les acabo de contar, porque toma una perspectiva completamente diferente: en vez de fijarnos en la evolución de United (indiscutiblemente espléndida hasta 2040) me fijaré en la evolución de todo el mundo.

- Todos los datos que Rick presentará han sido recopilados exhaustivamente por un equipo multidisciplinar durante más de un año de duro trabajo, y han sido corroborados por diversos métodos, hasta tres veces - la voz de Manuel sonó ronca y profunda - No lo duden ni un momento: ésta es la verdad.
 
Rick miró un momento a Manuel, asintió levemente y retomó su discurso:

- Como han visto en la primera parte de mi presentación, el poderío de los holdings fue ascendiendo en paralelo a su concentración, hasta culminar en la fusión de los dos últimos holdings, el de United y el del National, en 2039. Si Vd. miran la evolución económica del United, ésta siempre ha seguido una curva ascendente (hasta, justamente, el comiendo del Lustro Negro en 2040); sin embargo  - dijo Rick, señalando imperiosamente los otros gráficos - el resto de compañías evolucionaron de manera menos brillante. De hecho, si comparan su evolución con la fecha de su fusión o absorción podrán ver que todas las compañías llevaban entre 2 y 5 años de pérdidas en el momento de desaparecer.

- Es un juego sólo para ganadores; aquellos que no se adaptan deben desaparecer - dijo Koplack.

- Es un juego no de suma cero, sino de suma negativa, Koplack - dijo Manuel - Si se mira lo que han hecho todas las compañías a la vez, se ve que su evolución conjunta lleva siendo negativa desde 2022, quizá desde antes: es difícil de saber debido a que antes de esa fecha había muchas más compañías.

- De hecho, el balance del United fue creciente hasta 2039 básicamente porque compraba a bajo precio - apostilló Rick - En la práctica, cada proceso de compra, absorción o fusión permitía regularizar la situación de pérdidas acumuladas, evaporando una parte de la deuda e incrementando los activos de United, aunque disminuyeran los del mundo en su conjunto. A United le benefició la política de la compañía de no asumir nunca ninguna deuda: United siempre exigió la liquidación de la deuda como paso previo a comprar una compañía; la razón, como saben, es que la mayoría de las compañías no tenían grandes deudas con United y United no quería adquirir obligaciones con terceros. Pero las otras compañías no fueron tan cuidadosas. En la mayoría de los casos, la absorción de una compañía pequeña por parte de otra mayor se efectuaba a cambio de una condonación de la deuda que la primera tenía contraída principalmente con la segunda. Muy frecuentemente, la deuda pendiente era superior al valor real de los activos adquiridos, y el desfase hacía tanto daño en el balance contable de la segunda compañía que la desestabilizaba a su vez, y acababa siendo absorbida por una tercera aún mayor, y así sucesivamente. Estas cascadas de absorciones y fusiones, producidas por la regularización forzada de la deuda, es lo que llamamos los "Excitantes años 30", cuando en realidad lo deberíamos haber llamado los "Agonizantes años 30". 

- No veo cuál es el problema en ello - repuso Nicolas - United ha sido capaz de detener el proceso de quiebras en cascada en todas sus adquisiciones. De hecho, mirando los gráficos que presentas, se ve que United es el punto final de todas esas cascadas: nunca nadie fue capaz de desestabilizar United hasta el punto de hacerlo quebrar. El balance de United siempre fue sobradamente saneado.

- ¿Y nunca te has preguntado por qué, Nicolas? - dijo Manuel, la cabeza hundida en los hombros; y antes de que Nicolas pudiera decir lo previsible, añadió - Y no me salgas con la vieja y manida excusa, "United efectuó una mejor gestión". ¿En qué, concretamente, se distinguió la gestión de United de la de los otros holdings? ¿En qué, por ejemplo, de la del National, que al final tuvo que ser rescatado - sí, Nicolas, no me pongas esa cara de ofendido - por United en una operación generosamente disfrazada de fusión? Tú estuviste en el National: ¿qué crees que hizo el National peor que el United?

- Bueno, no sé... - empezó a hablar Nicolas, y a cada cosa que decía Manuel le espetaba un cada vez más sonoro "¡No!" - el National tomó demasiados préstamos con riesgo... invirtió en actividades que al final no resultaron tan productivas... gestionó peor la productividad de sus trabajadores... o no les supo dar incentivos... no consiguió penetrar con sus marcas tan bien en el mercado... - al final, ya harto, Nicolas se dio por vencido - Bueno, Manuel, ¡no lo sé!
 
- Eso es, Nicolas. No lo sabes. - dijo Manuel - No lo sabes y eso que tú estuviste en el National... ¿cuánto, 20 años? 18 años. Y no es una crítica, Nicolas: tú hiciste correctamente tu trabajo: lo ejecutaste según los parámetros que te habían indicado. Lo que sucede es que esos parámetros de actuación eran erróneos. Suponían que se podía crecer siempre cuando el mundo estaba ya decreciendo.

En condiciones normales al menos media docena de consejeros hubieran protestado por esa mención al tema tabú, el decrecimiento; pero el aplomo de Manuel y lo inquietante de la situación - de la calle llegaba esporádicamente el sonido de algunos disparos de las fuerzas de seguridad - hizo que nadie osara abrir la boca, ni siquiera Koplack, cuyo semblante parecía cada vez más sombrío a medida que iba comprendiendo la gravedad de la verdad que Manuel y Rick habían traído a esa sala.

- La verdadera razón del éxito de United es ésta: - dijo Rick, retomando su presentación; en la transparencia se veía una foto de una máquina enorme que formaba una especie de aro gigante - Señoras y señores, les presento el Núcleo.

Las miradas de los consejeros reflejaban su extrañeza; ¿pensaba el consejero delegado perderse en la discusión de detalles tecnológicos?

- Ya sé lo que están pensando: Vds. son macroeconomistas, no tecnólogos. - dijo Rick, anticipándose a los comentarios - Quizá, después de todo, ésa es una buen parte del problema: de todos los que nos encontramos aquí, sólo hay una persona con conocimientos de ingeniería, Manuel Fernández de Córdoba. 

- El Núcleo - dijo Manuel - es un sistema informático de altas prestaciones que es el corazón de nuestro sistema monetario. Dotado de múltiples sistemas de protección y de encriptación, fue creado para garantizar la estabilidad del sistema monetario electrónico: todas las transacciones del mundo son mediadas por esta instalación. Se podría decir que todo el dinero del mundo, todo él, está allí. O mejor dicho: estaba...
 
- Poco antes de los "Excitantes años 30" - la voz de Rick casi sonó cantarina - United se adjudicó el contrato de mantenimiento del Núcleo, lo cual incluía tanto la reposición del hardware como la mediación de las transacciones electrónicas, cuyo volumen era ya descomunal y requería muchos recursos; todo ello, a cambio de una minúscula comisión por cada gestión. En aquella época los otros holdings prácticamente se rieron de United por hacerse cargo de un negocio tan minorista - la sonrisa de Nicolas confirmó este extremo - Al haberse de emplear tan a fondo en la gestión del Núcleo, United redujo enormemente su actividad en otras áreas del negocio y dejó el campo expedito para el resto de holdings
  
- Nadie tuvo demasiado interés en adquirir United porque todo el mundo desdeñaba el negocio minorista del dinero y nadie quería cargar con él - continuó Manuel - Necios. Resultó que el único negocio rentable en un mundo en decrecimiento forzado por la escasez de recursos, desde el petróleo hasta el carbón, el gas y el uranio, y donde la degradación ambiental ha menoscabado durante décadas el rendimiento económico, el único negocio rentable a la larga era el cobro de comisiones por cada transacción.

- Así es - remachó Rick - Si uno mira la rentabilidad media durante los últimos 25 años de todo tipo de inversiones y actividades se ve que es negativa en todos los sectores excepto en el de la intermediación monetaria. Quizá por un golpe de genio o por un golpe de suerte, el caso es que United poseía el único negocio que podía tener una rentabilidad duradera mientras el mundo se iba haciendo más pequeño.

Hizo una pausa mientras bebía agua para mirar a los consejeros, los cuales iban con cierta resistencia aceptando que las cosas eran como les exponía Rick. Que si United había prosperado era porque se había dedicado a recoger los céntimos de cada pago millonario, siempre sin tener deuda de otros, siempre sin aceptar deuda como pago, siempre cobrando al contado, en el único negocio que, a la postre se vio, podía prosperar en un mundo en decrecimiento.

- En esa lucha diaria de los grandes holdings por mantener su rentabilidad - continuó Rick - se tomaron muchas decisiones que tenían sentido en las décadas previas a los años 20 pero que eran completamente contraproducentes en la nueva situación. Y cuando United se hizo con todos los activos que habían sido de los holdings y no tuvo a quién cobrarles sus comisiones, tuvo que seguir en esa misma lucha. Ese estancamiento económico de United es lo que llamamos el Lustro Negro: cinco años seguidos que rompen la tendencia creciente histórica de United. Ante este parón, todos los consejeros recibimos de nuestros accionistas el mandato de incrementar a toda costa la productividad, ¡y vaya si lo hicimos! Hubo despidos masivos de trabajadores por baja productividad, y se exprimieron al máximo los recursos de la Tierra, recurriendo a técnicas muy avanzadas pero también muy agresivas.

- Básicamente, lo quemamos todo; - dijo Manuel - quemamos las personas y también la propia Tierra. Los trabajadores despedidos dejaban de tener la posibilidad de cubrir sus necesidades básicas, que antes les proporcionaba la empresa, y se convirtieron en auténticos parias. Hubo muchos choques violentos con las fuerzas de seguridad que tuvieron que ser reprimidos en enfrentamientos a sangre y fuego, sin piedad: yo mismo ordené varios. Los supervivientes se morían de hambre y comidos por las enfermedades en las calles, hasta el siguiente estallido violento, alimentado por las nuevas masas de desposeídos. Al final, hace cosa de un par de años, al principio unos pocos y luego la mayoría, los despedidos comenzaron a huir a los Territorios Perdidos.

 - Como saben - dijo Rick con tono profesional, y pasando la transparencia correspondiente - los Territorios Perdidos son aquellas zonas del planeta donde la degradación ambiental debida a las actividades industriales hacen desaconsejable la permanencia de seres humanos, y que fueron abandonadas por los holdings cuando su rentabilidad se volvió negativa. La mayoría de los Territorios Perdidos son tan inhóspitos que han hecho el trabajo de acabar con los excluidos mejor que los cuerpos de seguridad, - Rick no pudo evitar mirar de reojo al capitán del retén que, impasible, se mantenía al lado de la pared - pero en algunos de ellos la Naturaleza ha sido capaz de regenerar el daño ambiental lo suficiente como para permitir la vida a pequeños campamentos de excluidos.

- Por concluir - dijo Manuel - todas esas medidas que tomamos expeditivamente para mejorar la productividad de United hicieron justamente lo contrario: hacer caer más rápidamente el balance de United: con menos consumidores y menos lugares de donde extraer recursos, la producción era cada vez más cara y menos gente se la podía permitir. De manera progresiva, los que aún trabajamos para United nos hemos ido confinando en áreas cada vez más pequeñas, en ciudades-fortaleza donde hemos vivido aislados de todo el caos y la destrucción que nos rodeaba. Caos que iniciamos hace décadas y que fue creado por los inútiles intentos de crecer en un mundo que ya no daba para más. Pero no somos conscientes de él porque hemos aceptado como cosa natural restringir nuestros movimientos e ir solamente de un lugar que consideramos seguro a otro similar, sin tener ya la curiosidad de mirar qué hay más allá de la valla. Pues es eso que les muestra Rick: miren, señores, en qué se ha convertido nuestro planeta; más bien, en qué lo hemos convertido.

Mientras Manuel iba hablando Rick iba pasando transparencias de imágenes de satélite. Cada transparencia mostraba las principales conurbaciones del planeta y cómo habían evolucionado en los últimos 60 años: creciendo exponencialmente hasta 2020, decreciendo después hasta convertirse en las fortalezas que comentaba Manuel. También mostraba imágenes de la evolución de bosques, praderas, montañas, lagos, ríos... Dios mío, Rick no se podía creer todo lo que estaba viendo y eso que era él mismo (guiado por la mano de Manuel) quien había preparado la presentación. ¿Cómo podía haber estado tan ciego¿ ¿Cómo podía ser que el consejero delegado de United hubiera sido tan ignorante y tan necio? Dios mío, si la cosa ya era completamente evidente 30 años antes. ¿Por qué no habían hecho nada ya entonces? ¿Por qué nadie había actuado ya desde aquel momento de principios del siglo XXI, delante de esas verdades evidentes?

El mar Aral
 El lago Chad
 
 Bosque amazónico

Groenlandia 
Cráter en el permafrost siberiano, julio de 2015

Explotación de arenas bituminosas en Alberta, Canadá El río Colorado, en los EE.UU., década de los 10.

Saltaba a la vista que los consejeros se sentían sobrecogidos con lo que estaban viendo; parecía que para muchos de ellos era su primer contacto con la realidad que habían creado o como mínimo contribuido a mantener. Rick creyó ver en algunos una cierta mirada de culpabilidad, un sentimiento de íntima vergüenza. Aquellos hombres y mujeres, que se creían que eran semidioses ,resultaban ser en realidad unos vándalos que lo habían destruido casi todo... En realidad ya todo, a tenor de lo pasado en las últimas horas.

El primero en reaccionar fue Koplack. Era evidente que para el viejo banquero nada de lo que estaba enseñando Rick era realmente una noticia. Además, al fin y al cabo, recordó Rick, provenía de una larga estirpe de banqueros que, por la fama que tenían, más valía calificar de usureros; y por eso mismo no le debía ver tan de mal al hecho de cargárselo todo.

- De acuerdo, hemos hecho cosas horribles. Pero ahora somos los amos de todo, de todo lo que todavía tiene algún valor en este planeta - dijo Koplack - Todo en este mundo es propiedad de United. ¿Por qué no disfrutamos simplemente de lo que tenemos? - y haciendo un esfuerzo para vencer la repugnancia que le causaban aquellas palabras añadió - Incluso si es cierto que ya no se puede crecer...
 
- Porque no somos amos de todo - dijo Manuel - No somos amos del Destino, y no podemos cambiar la naturaleza de las cosas. Como dijo Rick al principio, la suma de cada una de nuestras decisiones, racionales cada una de ellas, nos han llevado a nuestra autodestrucción. En nuestra necedad sin límites hemos destruido la base de nuestra riqueza. Se podría decir que le hemos prendido fuego al banco donde guardábamos nuestros ahorros. Por mor de seguir con esa estúpida busca de un crecimiento que ya no era posible hemos destruido, de manera perfecta y completa, el dinero.

Koplack le miraba perlejo, sobre todo por el crescendo de excitación con el que Manuel iba pronunciando sus palabras. Rick intervino:

- Permíteme, Manuel - dijo Rick - Lo que Manuel quiere transmitiros es que por culpa de nuestros errores colectivos hemos destruido lo que era la base de nuestra riqueza. Por culpa de errores concretos que han sido cometidos por todas y cada una de las personas que se sientan en esta mesa hemos permitido la destrucción del Núcleo.

- ¿El Núcleo está destruido? - preguntó, alterado, el consejero encargado de la dirección de finanzas - Entonces, no podré autorizar nuevos gastos...

- Ni pagar salarios, ni hacer reparaciones, ni comprar comida... ni tú ni nadie, muchacho - dijo Manuel.

- Pero, ¿por qué está destruido? - preguntó Nicolas.

- Porque tú, como consejero del área de suministros energéticos - le espetó Manuel a la cara - consideraste que no era primordial la reparación y mejora de la red eléctrica de la Región Norte-Occidental, dado que el número de trabajadores premium en aquella zona es mucho menor actualmente y sus necesidades podían ser cubiertas con la red actual, "aún cuando se produzcan a veces algunas pequeñas interrupciones temporales", me dijiste literalmente. Lamentablemente, y eso que te lo advertí, el Núcleo, al igual que otras instalaciones críticas que ahora no vienen al caso, está justamente en esa región; y tras el último apagón de 3 horas los sistemas de alimentación ininterrumpida no pudieron soportar más la carga y estallaron.  

- Eso es ridículo; - dijo el jovencísimo consejero de infraestructuras - un sistema de alimentación ininterrumpida puede soportar más de 3 horas y no debería, en ningún caso estallar.

- Quizá es así sobre el papel o en tu tabla Excel, pero en el mundo real los sistemas de alimentación ininterrumpida pueden estallar, y estallan, si no están bien mantenidos. Y éstos no lo estaban. Lo cual, por cierto, es culpa tuya - dijo Manuel, con evidente desdén - Tú ordenaste reducir la dotación de ingenieros del Núcleo porque la considerabas excesiva, y redujiste los suministros de hardware a la cuarta parte.

- ¡El análisis de costes mostraba que había un elevado grado de redundancia, del todo ineficiente! - se justificó el joven.

- ¡¡Por supuesto que era redundante!! ¡¡Te lo he explicado mil veces y nunca lo entendiste!! ¡¡No sabes nada de ingeniería ni de gestión de sistemas críticos, y aún así ignoras las peticiones de los que sí sabemos!! Contempla ahora las consecuencias...  - gritó Manuel, perdiendo por un momento los nervios - Pero, claro, tú no eres ingeniero. Estudiaste Macroeconómicas, que es prácticamente lo único que se estudia, los pocos que lo hacen, hoy en día. Y estás aquí porque tu padre se cansó de trabajar, cobró todos sus pluses y te metió aquí para bregarte y convertirte en un hombre, mientras él disfruta de unas vacaciones perpetuas en el Nuevo Caribe. Y lo único que has hecho aquí es seguir como un lelo las cuatro consignas que te dio tu viejo, que como mínimo sí que sabía lo que era un tornillo, por el amor de Dios. Qué narices os deben enseñar en la facultad.. 

- Manuel, los planes de formación de la Universidad de United están perfectamente homologados y cumplen sobradamente con los criterios de calidad reconocidos - dijo la consejera de capacitación.

- Para ti Sr. Fernández de Córdoba, preciosa - dijo Manuel con desprecio y poco disimulado machismo  - ¿Y tú que vas a saber, si estudiaste con esos mismos planes, si estás aquí porque también tu padre se cansó de trabajar? ¡Si la mitad de los que estáis aquí nos sabéis hacer la 'o' con un canuto! ¡Si no habéis tenido que trabajar en serio un sólo puñetero día de vuestras vidas, y os permitís el lujo de cuestionar el trabajo de tanta gente que se ha dejado literalmente la piel para sacar esto adelante!

El consejero de finanzas, que era un poco más viejo y un poco más sabio (o al menos prudente) que sus compañeros, carraspeó para llamar la atención de Manuel

- ¿Sería posible arreglar el Núcleo para recuperar las pérdidas? ¿O construir uno nuevo? - dijo.

- No tenemos ingenieros preparados - dijo lentamente Manuel, prácticamente deletreando cada palabra - El Núcleo se construyó hace décadas, y ahora ya no hay nadie con la preparación adecuada para repararlo o reprogramarlo, no digamos ya construir uno nuevo. Durante todos estos años no se ha planificado cuáles servicios eran críticos, y por tanto no ha habido incentivos para animar a la gente a formarse como ingeniero: es una carrera dura y sacrificada, y el trabajo de campo no lo es menos. La consejería de capacitación no tomó cartas en el asunto, a pesar de las decenas de informes que le envié sobre la cuestión - dijo casi gritando la última frase, mirando a la humillada consejera  - En el fondo, desde el punto de visto de la consejera formar más ingenieros para luego mantenerlos en nómina era un gasto más en la columna del Excel que iba en detrimento de la productividad global, y nunca había pasado nada que justificase tener ese ejército de ingenieros de reserva. Total, si a United ya le iban bien las cosas con el modelo actual. Nadie pensó que podría haber problemas con la sustitución programada de hardware; 
no digamos ya replicar un sistema como ése, con ese software tan complejo.

- Lo cierto es - dijo Rick - que con el Núcleo fallando ya no es posible hacer ninguna transacción económica más. La cuentas de todo el mundo, inclusive la de United,  se han esfumado: se han quedado todas a cero dólares - y antes de que el consejero de finanzas pudiera articular la siguiente frase, dijo - Y aunque ya hayamos reparado el sistema de alimentación, se han perdido los backups - también deficientemente mantenidos - y no tenemos a nadie con los conocimientos adecuados para hackear el sistema, rompiendo el encriptamiento, y reestableciendo el saldo de United. Créanme: llevamos meses trabajando sobre este escenario, buscando cómo remediarlo cuando se produjera lo inevitable, porque la situación actual se veía venir. Hemos intentado convencerles a todos Vds. de que era necesario invertir más en los servicios críticos: el Núcleo era uno de ellos, pero podía haber fallado otro, qué más da. Pero, no,  todos Vds. ignoraron nuestros requerimientos, los de Manuel y los míos, porque lo único que importaba eran los balances trimestrales, y sólo han pensando en recortar gastos. Pues bien, ya está: finalmente hemos llegado a donde nos dirigíamos. Se acabó. Básicamente, nos hemos quedado a cero: no valemos nada. Por eso los trabajadores no pueden adquirir ningún bien con sus bonos de United: porque no valen nada. Y por eso han comenzando las revueltas en la calle.


- Perdone, pero, ¿ha dicho que los bonos de United ya no valen nada? 

Todo el mundo se giró al oír aquella voz, que no pertenecía a ninguno de los consejeros.

Rick miró al capitán del cuerpo de seguridad y dijo:

- Efectivamente. No valen nada. No podemos pagarles, ni a Vds. ni a nadie. Peor aún: no se puede comprar en los supermercados ni en ninguna parte. Ya no hay dinero. Es el fin del dinero.
  
El capitán miró a sus hombres y ellos a él, y sin decir nada todos ellos abandonaron la sala.

.
.
.



- ¿Y ahora qué? - dijo Koplack.

- Ahora... - dijo Rick, y tras un segundo de titubeo, añadió -   Ahora nada.


Antonio Turiel
Abril de 2016
 
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Distopía IX: El fin del dinero (II)

25 Abril, 2016 - 20:16



[Nota: Los personajes que aparecen en este relato son completamente ficticios, y no se refieren a ni están inspirados en personas reales actuales o pasadas]

[Enlace a la primera parte de este relato]

Rick Evergreen miraba a los consejeros a los ojos, de uno en uno, con esa expresión de perplejidad que da cierta superioridad intelectual y que parece estar diciendo "¿De verdad que no lo pilláis?". En vistas de que efectivamente, no, no lo pillaban, decidió seguir con su lección.

- Durante los primeros años, la implantación del sistema de dinero electrónico fue progresiva; incluso se podría decir que lenta. Pero gracias a la conveniente propaganda, aderezada con noticias fabricadas a conveniencia, todo ello difundido masivamente en los medios de comunicación, no hubo una oposición significativa. Una buena inyección de dinero en el proyecto, algún que otro gobierno, ejem, reemplazado, y hacia la segunda mitad de los años 20 el dinero electrónico había reemplazado al dinero físico en todo el mundo. Este cambio trajo muchos cambios sociales y al mismo tiempo favoreció una concentración de capital como nunca antes en la Historia de la Humanidad se había observado.

Koplack resopló con impaciencia: 

- No hemos venido a que nos den una clase de Historia, y menos teniendo como tenemos las calles en llamas ahora mismo.  

- Aquí se equivoca, Sr. Shund. - dijo Rick, sorprendiéndose a sí mismo por el tono sosegado que estaba usando, como si le estuviera hablando a un niño que pregunta inocentemente una cuestión que le sobrepasa (ya que en el fondo era eso) - Pues de nuestra falta de comprensión de la Historia y del significado profundo de nuestras acciones se deriva que ahora el orden establecido se esté subvirtiendo. Pero, le ruego, permítame que profundice en la cuestión que está en la raíz de nuestros males actuales.

Koplack también estaba sorprendido por la meliflua amabilidad que repentinamente había adoptado Evergreen. Su instinto le avisaba de que algo iba mal, de que de alguna manera Rick Evergreen se había hecho con el control de la situación, pero no acertaba a ver el qué. Calló, los músculos de la mandíbula tensos, esperando a ver por dónde iban a ir las elucubraciones de su oponente. Para su desgracia, sus pensamientos resultaron demasiado evidentes para Evergreen, que no pudo evitar reprimir una media sonrisa sarcástica. Y continuó con su clase magistral:

- Ya saben y han leído miles de veces sobre los cambios sociales que fueron favorecidos con el cambio al dinero electrónico. Debido a la creciente concentración de la actividad en grandes conglomerados industriales (favorecida por el peak oil, como luego les mostraré) las clases asalariadas acabaron trabajando para uno u otro holding, los cuales siempre estaban presididos por un banco; y pasaron de recibir obligatoriamente su nómina en ese banco a centralizar en ese banco obligatoriamente todas sus transacciones, y de ahí al establecimiento de "tarifas planas salariales" según productividad. Ya saben: el holding se aseguraba de cubrir todas las necesidades básicas del trabajador, quien vive en un edificio de la empresa, recibe ropa, alimento, asistencia médica y educación para sus hijos que le proporciona la empresa, etc. El nivel de estos servicios garantizados dependían y dependen aún hoy en día, lógicamente, de la productividad del trabajador o asociación de trabajadores (matrimonio o de otro tipo): como muestran las tablas (comparadas en tres momentos, 2025, 2035 y hoy) los trabajadores más productivos pueden aspirar a servicios de más calidad y a servicios premium, en tanto que los trabajadores menos productivos se tienen que conformar con el paquete básico. lógicamente, la productividad exigible por trabajador ha crecido con el tiempo, de acuerdo con la evolución de la economía. La implantación de la "tarifa plana salarial" fue un gran avance empresarial: con ella se evita que los ciudadanos particulares tengan la tentación de capitalizar improductivamente sus excedentes salariales y gracias a ello se ha conseguido que el sistema financiero alcance su máxima eficiencia; de acuerdo con nuestras estimaciones, la productividad financiera es ahora un 317% de lo que sería sin la introducción obligatoria del dinero electrónico.

Rick se esperaba alguna interrupción en ese punto, pero se dio cuenta de que muchos de los consejeros estaban leyendo detalles concretos sobre la implantación del sistema que estaban contenidos en las transparencias de su presentación. Resultaba obvio que muchos consejeros desconocían, por juventud o por desinterés, la mayoría de los detalles del funcionamiento del sistema económico-social vigente. También era evidente que comenzaban a entender que para comprender por qué se estaba hundiendo el entramado social que hasta hacía 24 horas había funcionado tan perfectamente tenían que echarle como mínimo un vistazo a los datos en los que se fundamentaba éste, y que les iba presentando el propio Evergreen. Viendo la importancia que cobraba su propia posición, como guía en medio del caos, Rick no pudo evitar henchirse de vanidad, y tras carraspear levemente continuó:

- Con la implantación del dinero electrónico fue pronto evidente que era necesario sustituir el sistema político, por demás tremendamente corrupto (siempre aceptaba los sobornos que le dábamos) - todos los consejeros rieron de buena gana - Así que lanzamos el programa Prometeo, en el cual los holdings, cada vez mayores, fueron asumiendo la gestión colegiada de los servicios del Estado hasta la total y efectiva desaparición del mismo. Los estudios que se realizaron en aquella época, pagados por supuesto por nosotros y los otros holdings, demostraron que la eficiencia en la gestión se había mejora en más de un 84%, en tanto que el nivel de corrupción se había reducido a menos del 1%.

- Perdóname por mi ignorancia, Rick - la voz de Nicolas sonó suave y especialmente educada - pero, ¿cómo se miden la eficiencia en la gestión, o el nivel de corrupción? Quiero decir: cuando dices que la eficiencia en la gestión mejora un 84%, ¿qué es lo que aumenta?

- Es normal no tener todas las definiciones en la cabeza, Nicolas, no tienes de qué disculparte - dijo Rick con tono distendido - Los índices que mencionas, así como el resto de variables macroeconómicas, fueron ideados por una comisión académica escogida por los gobiernos de la OCDE de acuerdo con el FMI y el BM, y vienen recogidos en el Anexo III de la documentación que os he entregado al comienzo. Estos índices, obviamente referidos exclusivamente a la actividad de nuestro holding, son revisados de acuerdo con el Protocolo de Malmö de 2020 y se actualizan cada año.

- Hasta el año 2040 - apuntó bruscamente Manuel 

- Hasta el comienzo del Lustro Negro, sí - dijo Rick con cierto desagrado.

La mención al Lustro Negro provocó que la espalda de más de un consejero fuera recorrida por un rápido escalofrío. Entre otras cosas, porque les recordaba que quizá hacía ya algún tiempo que las cosas no iban cómo debían, quizá porque les hacía darse cuenta de que el desastre ya se anticipaba, quizá porque les sacaba de su menguante zona de confort y les ponía en frente de su responsabilidad, tan colectiva como colectivamente desdeñada. Desdeñada hasta ese día.

- En fin, como iba diciendo, en 2032 el último de los gobiernos (el de Albania, un pequeño predio europeo) desapareció del mundo. A partir de ese momento la gestión de todas las necesidades de los ciudadanos corrió a cargo de los holdings, que cada vez eran menos debidos a las fusiones y absorciones de esa década; ya saben, los "Excitantes años 30" - algunos de los consejeros de mayor edad, e incluso el propio Koplack Shund, no pudieron evitar esbozar por un momento una mirada nostálgica y soñadora evocando la que había sido la última época dorada del mercado financiero - Uno de los efectos positivos de la vorágine de los "Excitantes años 30" es que permitieron simplificar considerablemente el excesivamente complejo y diversificado tejido empresarial, concentrando la actividad en un menor número de empresas que, gracias a las economías de escala, consiguieron mejorar su productividad hasta valores nunca vistos - pueden comprobarlo en la documentación aneja, desglosada por sectores; en resumen, verán que las mejoras en productividad van desde un 700 hasta 1300% - los consejeros pasaban hojas, verificando las cifras con gesto aprobatorio - En virtud de los acuerdos de gestión suscritos con los antiguos Estados por los holdings, es decir, nuestra empresa y sus pares, éstos poseían una efectiva capacidad normativa que sustituía a la defectuosa y voluble actividad legislativa de los antiguos parlamentos nacionales. De este modo, se aprobaron una serie de normas que, en la práctica, dejaban bajo el control de los holdings cualquier nueva actividad empresarial que pudiera surgir; de esta manera se garantizaba que la alta productividad industrial, que tanto había costado conseguir, no se veía deteriorada por aventuras individuales sin fundamento ni futuro. 


- Éste ya no es el siglo de las aventuras, sino el de la seguridad - dijo Nicolas.

- Efectivamente, Sr. Hollande, ése fue el slogan con el que publicitamos la adopción de las denominadas "Recomendaciones al mercado para la garantía de la productividad" - dijo Rick, no pudiendo evitar cambiar ligeramente el tono al pronunciar "recomendaciones": todo el mundo sabía que las tales "recomendaciones" eran de obligado cumplimiento, y que desafiarlas te abocaba a un infierno de pleitos y sanciones delante de los (también cínicamente denominados) Tribunales del Libre Mercado.


- A partir de aquí - prosiguió Rick Evergreen - el proceso se aceleró. Los "Excitantes años 30" fueron una vorágine de compras, absorciones y fusiones entre los holdings, un proceso que fue en crescendo hasta alcanzar su clímax en el 2039, el año en que el United y su único competidor en ese momento, el National, llegaron a un acuerdo de fusión. Desde entonces - Rick le dedicó una significativa mirada a varios consejeros, Nicolas entre ellos - nos sentamos juntos en la misma mesa.
 
Dado lo teatral de la pausa que hizo en ese punto Rick, hubo un gregario y decidamente estúpido aplauso por parte de los consejeros. No tenía nada de extraordinario, en realidad: cuando se presentaban los balances de los años 30 y se concluía con el episodio de la hegemonía de United era prácticamente una costumbre el aplaudir rabiosamente; era un gesto tan habitual que los consejeros respondieron al estímulo de la manera previsible, a pesar del abismo entre el contexto del momento y todos los anteriores. Todos batían ruidosamente las palmas, como si saludasen el final de una representación emocionante con un final feliz, cuando en realidad sólo se les estaban presentando los primeros compases de su propia tragedia. Sólo dos consejeros habían omitido su apoyo al espontáneo aplauso: el propio Rick, que miraba la escena con perplejidad, como si estuviera en medio de un espeso sueño o una tenue pesadilla, y Manuel, que miraba a todos pero especialmente a Rick con el gesto serio.

La cabeza de Manuel le daba vueltas, probablemente por la falta de sueño. Hacía unas horas Manuel y Rick habían estado discutiendo el contenido de la presentación, una presentación que aquellos idiotas aplaudían sin saber que era en realidad el epitafio de United, de la economía de mercado y de la civilización. Aunque todo había comenzado hace tiempo: Manuel, con su veteranía y su olfato para el mercado, llevaba años detectando que alguna cosa no funcionaba bien, y había encargado a sus mejores hombres y mujeres el análisis en profundidad de la situación del holding. Les había llevado muchos años escarbar en los datos y sacarle algún sentido a la situación, y cuando al final habían llegado a la conclusión habían elaborado un informe que había hecho llegar hacía meses a Rick. La misma noche que Manuel envió a Rick el informe, el consejero delegado de United  le llamó por una línea segura. La conversación había sido bastante breve; Rick era un tipo inteligente y había comprendido no sólo el contenido del informe sino también la verdad terrible que revelaba tras ojearlo brevemente. Quedaron en verse al día siguiente, aunque eso suposo para Rick 18 horas de viaje. Desde entonces, Rick y Manuel habían trabajado codo con codo, contrarreloj, para evitar la situación que se había desencadenado el día anterior. La triste conclusión y la única lección a extraer era que no se puede corregir un error de muchos años en unos meses.

Koplack Shund fue el primero en dejar de aplaudir (había sido arrastrado también por la ovina mayoría) al percibir en la mirada y en el semblante de los dos hombres que había algo más, que sabían algo grave que obviamente callaban, más allá del triunfalista discurso oficial. Quizá fue su áspera voz, o quizá su pregunta, lo que hizo que todos los aplausos pararan de golpe.

- ¿Qué más hay, Sr. Evergreen? ¿Qué nos están ocultando Vd. y el Sr. Fernández de Córdoba? - dijo Koplack.

Koplack Shund no se refería prácticamente nunca a Manuel por su rimbombante apellido de lejanas connotaciones bélicas: se conocían desde los primeros años de la universidad y tenían una amistad sincera, a pesar de la diferencia de caracteres y de opiniones. Koplack sólo se refería a Manuel por el apellido cuando estaba enfadado con él por algún motivo, y las broncas entre Koplack y Manuel, aunque infrecuentes, eran épicas; aún se contaban muchas anécdotas sobre los desperfectos en el mobiliario de una sala de reuniones que databan de la última disputa. Todos los consejeros lo sabían y por ese motivo se instaló un silencio gélido en la sala. Los consejeros contenían la respiración, los músculos tensos:

- Koplack, por favor, por favor, te lo ruego - la voz de Manuel tenía un tono de súplica que ningún consejero, ni siquiera Koplack, había oído nunca - Las cosas no son lo que parecen. Deja que Rick se explique: hay una información fundamental que desconocéis. Llevo trabajando meses mano a mano con él y te aseguro que la cosa es mucho peor de lo que te puedes imaginar.

¿Manuel y Rick llevaban meses trabajando clandestinamente en un asunto de vital interés para la compañía? La perplejidad primero, y el horror después, se dibujaron en el rostro de Koplack Shund y su voz sonó más gritona que nunca, hasta rozar el ridículo.

- ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué es lo que no nos estáis contando? - dijo Koplack.

- Pasa - dijo pausadamente Rick Evergreen, antes de que Manuel pudiera comenzar a hablar - que toda la historia que os he contado, que es la que siempre se ha contado en esta casa, es una enorme mentira. Pasa que llevamos décadas confundidos, pensando que disfrutábamos de una prosperidad económica sin límites cuando en realidad nuestro sistema económico se estaba muriendo. Pasa que nunca entendimos, y mucho menos aceptamos, lo que era el peak oil, qué eran los límites al crecimiento, y lo que significaban para nosotros. Y hoy es el día en el que todas nuestras faltas vuelven para pasarnos factura.


     


Antonio Turiel
Abril de 2016

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Distopía IX: El fin del dinero (I)

20 Abril, 2016 - 11:32


[Nota: Los personajes que aparecen en este relato son completamente ficticios, y no se refieren a ni están inspirados en personas reales actuales o pasadas]


- Quizá, después de todo, el sistema capitalista quería realmente suicidarse.

Rick Evergreen lo dijo así, con su habitual tono de autoconfianza, propio de un hombre fuerte, hecho a sí mismo. No en vano era el Consejero Delegado del United International Trade Bank. Bueno, o lo había sido hasta hacía unas horas. En realidad, en medio de la total confusión reinante, eso también estaba poco claro.

Los doce consejeros, sentados a lo largo de la gran mesa con forma de U en torno de Rick, le dedicaron una unánime mirada reprobatoria. La gravedad de los hechos que habían llevado al Sr. Evergreen a comparecer delante del Consejo de Administración no dejaba lugar ni a digresiones filosóficas ni a veleidades sarcásticas. La severidad de los rostros le hizo pensar a Rick en un tribunal de la Santa Inquisición española, y aparentemente él era el pecador que tenía que expiar y expurgar sus culpas delante de ellos. Reforzaba la analogía con la Inquisición que se dibujaba en su mente la docena larga de hombres armados - más de uno por consejero, pensó - que se disponían a lo largo de las paredes de la habitación. Sin duda, aquellos alguaciles armados y de aspecto imponente se harían cargo de sus despojos en cuanto acabase el auto de fe del siglo XXI en cuya ejecución se encontraba.
 
Pero Rick no era un hombre que se lamentase de los reveses de la fortuna, como tampoco lo era que se jactase de sus lances de suerte. Se dispuso, por tanto, a acabar con profesionalidad y pulcritud la tarea que tenía encomendada.


- Ya sé que mi afirmación les puede parecer fuera de tono - continuó el Sr. Evergreen - pero teniendo en cuenta cómo se han desarrollado los hechos, en una sucesión lógica a cada paso pero completamente absurda si se evalúa como un todo, no puede uno dejar de tener la sensación de que todo lo sucedido es una especie de autosabotaje. De que el sistema estaba, de algún modo, programado para autodestruirse.

- Por favor, Sr. Evergreen, déjese de filosofadas ridículas y vaya ya a la cuestión que se la ha pedido que aborde.

Rick se giró en la dirección de aquella voz áspera e irritante que le interpelaba. Era Koplack, el consejero más antiguo (y anciano) de aquel consejo, que representaba a una familia de banqueros. De todos los que ocupaban aquella mesa era probablemente el menos digno de sentarse en el consejo de la empresa más importante del mundo (en realidad, de la única empresa del mundo). Koplack estaba allí por ser él quien era, por ser de la familia de la cual era, la última superviviente de una lucha fatricida acabada ya hace muchos años, y no había tenido nunca que esforzarse para ocupar ese lugar. Al contrario que Rick y que el resto de los consejeros, que eran las mentes más brillantes de su generación, los hombres de negocios más perspicaces, los financieros más audaces. Rick no podía soportar a Koplack, nunca había podido soportarlo, y en aquel momento, en lo que sin duda sería su instante postrero, Rick decidió que, como mínimo, se iba a dar el gusto de decirle a aquel payaso niño de papá varias verdades que quizá jamás volvería a oír.

- Koplack, ¡por favor! - interrumpió una voz calmada, cargada de años y de la autoridad que da la experiencia - Por favor, Rick, disculpa a Koplack: todos estamos nerviosos hoy. Te ruego que prosigas.

Rick miró a Manuel. Manuel era el segundo consejero de mayor edad, pero por su criterio, su serenidad y firmeza de carácter era el hombre respetado por todos, incluso por el desagradable Koplack.  Manuel, como Rick, era un hombre que no le debía nada a nadie, y tenía el mérito enorme de haberse mantenido todos esos años en la cúpula del poder, del único poder real que hay - que había, ¡ay! - sobre la faz de la Tierra. Rick siempre había querido ser como Manuel; de hecho, fue pensando en ser algún día como Manuel que Rick aceptó ser nombrado consejero delegado, en vez de quedarse como director financiero.  
 
Manuel había sin duda adivinado las intenciones de Rick, y por eso le detuvo antes de que el acosado consejero delegado dijera una serie de palabras que, una vez dichas, impedirían volver atrás. Rick no podía replicar a Manuel y calló por tanto los venablos que quería lanzarle a Koplack. La reacción de Manuel también tranquilizó en parte a Rick, teniendo en cuenta el papel que Koplack y Manuel desempeñaban en aquel consejo, y que él había visto en acción durante tantos años. Se podría decir que si Koplack era la carga negativa del consejo, Manuel era la positiva; se balanceaban y, de alguna manera, se necesitaban el uno al otro: Koplack necesitaba que alguien cortara sus excesos y sólo se lo permitía a Manuel, y Manuel necesitaba que alguien echara las broncas por él sin minar su imagen de persona dialogante y reflexiva. Vamos, el viejo binomio poli bueno - poli malo. El caso es que si Manuel había decidido cortar ahí es porque el Consejo no quería que Rick cortase todos los puentes y quemase todas las naves. El Consejo aún esperaba algo de Rick, aún tenía cierta esperanza en Rick, y eso hacía que el propio Rick albergase aún alguna esperanza.

- Gracias, Manuel - dijo Rick; y adoptando una prosodia más profesional, prosiguió - Señores, la situación actual, aunque sencilla y lógica dados los pasos que hemos dado hasta llegar hasta aquí (todos ellos impecables desde un punto de vista financiero) es bastante compleja desde un punto de vista global; y para entender cómo hemos llegado hasta aquí y, lo que sin duda les importa más, dónde estamos, necesitaría darles una explicación bastante larga y detallada.

- Tómese su tiempo y explíquenoslo como si fuéramos niños de 5 años, Sr. Evergreen - dijo con su suave acento francés Nicolas Hollande, el consejero de la división euroasiática - Al fin y al cabo, tenemos todo el tiempo del mundo. Según parece, Vd. nos lo ha procurado.

- Yo sólo he procurado lo que el mandato de este Consejo me había ordenado, y de hecho lo he ejecutado plena y correctamente - dijo con tono ligeramente irritado Rick Evergreen. A pesar de reconocer el mérito y valía de Nicolas, no soportaba demasiado a la gente que provenía del viejo estamento político (lo cual equivalía a decir que no soportaba a la mitad del consejo). Con todo, Nicolas era algo más soportable que los demás, con esas buenas maneras hipócritas tan características de la vieja diplomacia francesa. 


- Y todos te reconocemos el mérito, Rick - terció Manuel - Y ahora te agradeceríamos todos que nos expliques con detalle la situación, y ruego a los presentes - Manuel miraba a todo el Consejo - que reduzcamos las interrupciones al mínimo mientras el Sr. Evergreen nos ofrece su presentación.

- Gracias de nuevo, Manuel - quizá era el tono de Rick un punto más cálido de lo debido en esta ocasión, pero en seguida volvió a recuperar su empaque habitual - Como iba diciendo, hace falta remontarse unas décadas para comprender cómo la estrategia empresarial decidida hace mucho tiempo tenía que llevar por lógica a este desenlace.

Las luces de la habitación - encendidas gracias al grupo electrógeno de emergencia del sótano - disminuyeron ligeramente su intensidad y Rick comenzó a pasar sus transparencias en el gran monitor de la pared opuesta a la mesa del Consejo.

- Como saben - dijo Rick - hace 27 años el mundo atravesaba una crisis económica y financiera de primera magnitud.  En los años anteriores al 2016 había habido varios avisos de que las cosas iban mal: el rally alcista de las materias de principios del siglo XXI, el estallido de la burbuja de las punto com, la crisis de las hipotecas basura, la crisis de la deuda soberana, la emergencia de nuevos movimientos políticos no controlados por el estamento económico... En 2014 el precio de las materias primas empezó a hundirse y hubo muchos que se alegraron, pensado que la bajada de precios era el signo del final de un ciclo de sobreinversión y que las materias primas se mantendrían a bajo precio durante al menos una década, relanzando otros diez años de bonanza económica en Occidente (que es como denominaban entonces, aclaro para los consejeros más jóvenes, a los países con economías más desarrolladas, ya que entonces había diferencias muy pronunciadas entre un país y otro). El caso es que Occidente era muy dependendiente de las materias primas y poder comprarlas a bajo precio permitiría a su economía volver a crecer, como así había pasado en otros momentos semejantes de las décadas anteriores. Eso era lo que entonces se pensaba.

Rick Evergreen pasó otra transparencia.

- El caso es - prosiguió Rick - que por aquel entonces las economías occidentales dependían en buena medida de los servicios financieros, y uno de sus principales clientes eran las compañías y los países productores de materias primas, particularmente de petróleo. Con la llegada del peak oil en 2015...

- Perdone, pero eso del peak oil no es más que una teoría - interrumpió ásperamente Koplack.

Antes de que Rick pudiera contestar a tan estúpida intervención, Manuel terció:

- Sr. Shund, le recuerdo que desde 2022 este banco ha emitido informes anuales sobre el peak oil. Al margen de cómo lo quiera Vd. definir (si como una falta de capacidad productiva de petróleo, o como una insuficiencia de demanda competitiva para un petróleo al precio adecuado) lo cierto es que la oferta económica de petróleo está disminuyendo desde hace casi 28 años, cosa que ninguno de los presentes discute y me consta que Vd. tampoco. Cuando el Sr. Evergreen habla de "peak oil" es a eso a lo que se refiere; y todos en la sala lo sabemos. - y volviéndose al Consejo, por no cargar todas las tintas sobre Koplack Shund, dijo - Señores, se lo ruego, mantengamos las interrupciones al mínimo.

- Gracias por tercera vez, Manuel - dijo con una leve inclinación de cabeza Rick Evergreen, y prosiguió - Como decía, después de la llegada del peak oil en 2015 - Koplack gruñó, pero no dijo nada - el mundo había entrado en una fase económica completamente diferente, caracterizada por una inestabilización creciente de la oferta y demanda de petróleo, que algunos denominan "La Espiral".

El Consejo en pleno aguantó la respiración, como si las doce gargantas estuvieran a punto de decir algo, pero los doce hombre y mujeres prefirieron callar, por así decirlo, al unísono. No haber cambiado el término "peak oil" por "oferta económica de petróleo", como le había sugerido Manuel Fernández de Córdoba, había sido una pequeña puya a Koplack, un jalón más en una larga disputa entre los dos hombres a propósito de una cuestión más semántica que de fondo, el cual ambos compartían. Pero atreverse a mencionar "La Espiral" era llevar la osadía varios grados por encima. Hablar de "La Espiral" era casi una invitación a hablar de "Los límites al Crecimiento" y eso sí que no se podía consentir, y mucho menos en la sede del Banco (se podría decir "el mayor banco del mundo" pero tal expresión era un tanto inútil e insuficiente, pues el United International Trade Bank era ya el único banco del mundo). Manuel estuvo a punto de decir algo, abrió la boca pero la cerró en seguida y con un gesto de la mano, un poco imperioso, le pidió seguir. Rick comprendió que estaba forzando demasiado la máquina. Pero sólo estaba comenzando, en realidad. Si esos consejeros no querían oír la verdad, no podrían comprender cómo habían destruído el mundo.

- Como iba diciendo - prosiguió lentamente Rick Evergreen, sopesando sus palabras - la industria financiera occidental tenía una gran dependencia en el dinero fácil que le proporcionaba los créditos a los grandes compañías petrolíferas. Todo el mundo daba por hecho que la demanda de petróleo se mantendría fuerte porque, ¿quién puede prescindir del petróleo? Así que estos créditos, además de tener un volumen interesante para el gran capital, eran muy seguros. Por ese motivo, cuando el precio de las materias primas se desplomó el sector financiero empezó a sufrir también.

Al oír este análisis más cercano a los parámetros convencionales, los consejeros, que se habían mantenido un poco en suspenso después de la última boutade de Evergreen, volvieron a apoyar sus espaldas sobre los respaldos de sus cómodas butacas. Sólo Manuel y Koplack se mantuvieron alerta: Koplack Shund, estúpida y arrogantemente erguido en su asiento, todos sus músculos en tensión, los ojos a punto de salírsele de las órbitas; Manuel Fernández de Córdoba, los codos apoyados sobre la mesa y el mentón sobre las manos cruzadas, con una mirada entre evaluadora y desconfiada. A Rick le pareció una amenaza más certera el lenguaje corporal de su ídolo que el del niño de papá. 
  
- El caso es - prosiguió Rick - que la cosa acabó de una manera lógicamente inevitable: con un gran crack financiero que dejó pequeño al de 2008, y con una gran afectación de la economía general.

- Gracias por la lección de Historia que nos ha ofrecido, Sr. Evergreen - dijo venenosamente Koplack Shund.

Rick decidió ignorar por completo a Koplack y seguir con su relato: 

- A los analistas de la época les costó un tiempo comprender que más que un exceso de oferta lo que había era un déficit de demanda; y sin demanda no hay consumo de materias primas ni productos elaborados, y sin ellos todo el entramado financiero se desmoronaba. Lo cierto era que, y cito del informe anual de 2018 del United, "los años anteriores a la gran crisis de 2016-2017 han supuesto un continuo drenaje de renta de las clases medias, que no podían continuar manteniendo su nivel de consumo basándose en un crédito cada vez más caro y más escaso. La estrategia de fomento del consumo por medio del crédito que se había iniciado en los años 80 del siglo XX, en paralelo con la disminución de la retribución media de las clases asalariadas, ha llegado a su final. Es necesario, por tanto, buscar nuevas estrategias."

Rick Evergreen había sido muy prudente al hacer constar que se trataba de un extracto de un informe del propio Banco: sin el entrecomillado, el párrafo que había leído Rick podría haber parecido muy subversivo: tanto había cambiado la sensibilidad en menos de 30 años. Manuel se relajó un poco y, como si fuera la señal convenida, Koplack también.
 
Rick bebió un poco de agua embotellada. La botellita no era de la marca habitual, sino de una más barata, como las que toman los cargos intermedios del Banco, de las de a 20 dólares. A Rick le pareció un poco indigno, pero dadas las dificultades logísticas de las últimas horas decidió transigir. Por lo demás, el agua barata no tenía un gusto especialmente malo; de hecho, no tenía ningún gusto, como tampoco lo tenía su agua de lujo habitual. Respiró un poco más hondo y continuó:

- Fue así como se decidió que se tenía que tomar las medidas que fueran necesarias para garantizar, a toda costa, las adecuadas ganancias en el sector financiero. Había un grave problema, sin embargo: las sucesivas crisis habían acendrado la desconfianza de la menguante clase media, que tendía a patrimonializar todo su ahorro disponible sin permitir que fuera invertido en nada y escapándose de manera creciente del circuito financiero. Durante años esto no había sido un problema, pero con las crecientes tensiones financieras y las dificultades de acceder a nuevas oportunidades de negocio, tales comportamientos improductivos necesitaban ser corregidos. Fue así como se llegó a la conclusión de que era necesario dar un paso histórico y llegar a una meta largamente soñada: el fin del dinero.

Todos los consejeros le miraron con curiosidad, esperando a ver por dónde iba a salir ahora. 

- Por supuesto me refiero a la desaparición del dinero físico, del cual los consejeros más jóvenes seguramente conservan un tenue recuerdo. En aquel tiempo el dinero era físico; consistía en títulos monetarios anónimos en forma de billetes y monedas. Era preciso hacer desaparecer el dinero físico de la circulación y convertirlo en dinero electrónico. De esa manera, todas las transacciones monetarias y hasta su mera tenencia tendría que estar mediada por un banco. La substitución del dinero físico por dinero electrónico fue relativamente rápida pero un tanto costosa: hubo que invertir grandes cantidades de dinero para que algunos Gobiernos menos favorables cambiaran su posición, y en algunos casos, en los que nos encontramos con personas poco razonables, - Rick no podía evitar evocar ciertos encargos que recibió sus primeros años en el United - favorecer cambios de Gobierno para contar con personas más, digamos, fiables.

- Ciertamente costó un poco la implantación de esta medida, - dijo uno de los consejeros de mayor edad, que también tenía recuerdos de aquella época, pero con la distancia que le daba no haberse encontrado en la desagradable primera línea de fuego donde Rick luchaba en aquellos días - pero hay que reconocer que fue todo un éxito.

- Sí, y como consecuencia lógica de aquel éxito de entonces nos encontramos en la irremisible derrota de ahora - dijo Rick.

Doce pares de ojos miraban a Rick con atención. Era evidente que nadie en aquella habitación comprendía la situación, excepto Rick. Y quizá también los hombres armados. 


Antonio Turiel
Abril de 2016


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Sobre la desmaterialización de la economía

14 Abril, 2016 - 00:56

Queridos lectores,

El mercado de la energía anda revuelto desde hace algunos años, y más ahora que los precios del petróleo son relativamente bajos (ya veremos por cuánto tiempo); el momento es paradójico, pues el bajo precio del petróleo no se está viendo acompañado por un despegue de las economías occidentales, a las cuales en principio les favorece que el petróleo cueste poco. Es en este contexto de disfuncionalidad del mercado del petróleo y de la extraña reacción que muestran las economías occidentales en el que vuelve, por enésima vez, una quimera que gusta mucho a los economistas pero que tiene poco sustento en el mundo real: la desmaterialización de la economía.

La idea de desmaterializar la economía no es nueva en absoluto: su aparición data de los años 70 del siglo pasado, como una reacción algo más racional que la mayoritariamente observada al informe del Club de Roma sobre los límites del crecimiento.  Esencialmente, los proponentes de esta idea postulan que, gracias al avance de la ciencia y la tecnología, debe ser posible (si se orientan adecuadamente los esfuerzos, eso sí) producir cada vez mayor output económico (medio en términos del Producto Interior Bruto, PIB) con un menor consumo de materiales y energía. En última instancia, los problemas con la disponibilidad de recursos naturales acabarían no siendo tan graves pues, en el límite, seríamos capaces de satisfacer todas nuestras necesidades y tener una economía floreciente con un consumo despreciable de recursos. Una de las personas que más ha trabajado en esta línea es el físico y economista Robert Ayres, del cual les dejo un enlace a su blog personal.

Como ven, la idea de la desmaterialización es que se pueden usar cada vez menos materiales y energía para hacer las cosas, lo que en la práctica hace que su suministro sea virtualmente infinito (comparado con lo que necesitamos consumir). Se puede simplificar el problema estudiándolo sólo desde el punto de vista de los materiales (pues si el suministro de materiales es virtualmente infinito es posible hacer sistemas de captación de energía virtualmente inmensos y tener tanta energía como se desee) o desde el punto de vista de la energía (pues con un suministro virtualmente infinito de energía cualquier material puede ser sintetizado). Así que, sin pérdida de generalidad, me centraré en la cuestión de la desmaterialización energética de la economía.

La idea de que podemos hacer más con menos consumo energético está presente, a través del manido y repetido concepto de "eficiencia energética", en muchas propuestas que formulan los diferentes partidos (vean aquí un ejemplo con los partidos españoles). Todo el mundo parece tener claro que derrochamos la energía y que tenemos que intentar ser más eficientes. El interés de este ahorro energético es, al decir de todos los partidos, principalmente económico; al decir de algunos menos, por una cuestión de responsabilidad medioambiental (para reducir emisiones de CO2, entre otras cosas) y, al decir de muy pocos partidos y siempre con muy poca publicidad, por el problema de la escasez energética. Se supone que con medidas de ahorro y eficiencia energética vamos a resolver muchos de los problemas actualmente planteados.


Creer que el ahorro y la eficiencia energéticos traerán por sí solos una mejora de la situación es desconocer completamente el contexto de la Paradoja de Jevons, a pesar de que ésta lleva formulada 150 años. Ahorrar energía en un sistema económico orientado a la producción es completamente inútil de cara a intentar disminuir el consumo total de energía: la energía que tú no utilices otro la utilizará para incrementar su output económico y por tanto las ganancias (como provocativamente decía Javier Pérez en el post que enlazo más arriba, "la chica que no besaste no se metió a monja"). Aunque por supuesto la Paradoja de Jevons no es una ley natural inexorable, para superarla se necesita de una profunda reforma del sistema económico y productivo que estamos bastante lejos de contemplar, y que por supuesto nuestros líderes políticos ni se plantean cuando hablan de eficiencia energética. Así que todas las medidas que apuntan hacia ahorro y eficiencia que se están planteando desde los programas de los partidos políticos se quedan bastante vacías de contenido si no se contemplan al mismo tiempo otras reformas que van mucho más allá de crear más y más reglamentación (por ejemplo, lo que propone el documento catalán para la transición energética), sino que implica cambios mucho más radicales (como los que proponía en el post "Una propuesta de futuro").

En todo caso, no deja de ser curioso ver cómo hay cierto consenso en el análisis económico de la situación actual al diagnosticar que el despilfarro energético es un problema (lo cual lleva implícitamente a aceptar que el sistema económico está orientado al despilfarro), entre otras cosas porque el despilfarro es algo visible a todo el mundo; como manera de redimir nuestras penas, insisten en que la clave está en mejorar la eficiencia y como si con eso hubiera bastante. Me resulta un tanto chocante que no se den cuenta (o no mencionen) de que, más allá de que la Paradoja de Jevons limita lo que se puede hacer con ahorro y eficiencia, hay un sentido económico en el despilfarro. Se despilfarra, en suma, porque eso es bueno para la economía. Por la misma razón, de manera general no despilfarrar lleva a una contracción económica.

Con todo, la discusión sobre la eficiencia energética no aborda el meollo de la cuestión, lo que realmente se discute cuando se habla de desmaterialización. El concepto realmente clave no es la eficiencia energética, sino la intensidad energética. Tal y como explica la Wikipedia, la intensidad energética nos da la relación entre PIB y consumo energético de un país. El significado directo es muy simple: un país con alta intensidad energética necesita consumir más energía por euro de PIB producido que un país con menos intensidad energética. Desde un punto de vista más conceptual, la intensidad energética nos informa sobre el metabolismo de las economías: nos indica cómo de eficientes son convirtiendo energía en (ejem) riqueza. Se supone que las economías más avanzadas del mundo tienen menores intensidades energéticas, dado que su progreso tecnológico las lleva a ser más eficientes.

Desde un punto de vista matemático, la intensidad energética nos da una medida de la sensibilidad del PIB al consumo energético (o viceversa) y por tanto es una magnitud cuyo cálculo es un poco delicado, ya que hay multitud de factores que pueden hacer cambiar este valor con carácter transitorio (ciertas inercias económicas, por ejemplo). Por otro lado, no todos los tipos de energía consumida son equivalentes y no todos los países están adaptados a los mismos tipos, lo cual puede proyectar una imagen un tanto confusa de la verdadera eficiencia de cada país. Por otro lado, si ya estimar la Tasa de Retorno Energético de una determinada fuente de energía tiene sus intríngulis contables, entre otros ser capaz de controlar todos los flujos de entrada y salida, imaginen cómo debe ser de complicado aislar todos esos factores cuando se refieren a un país. Precisamente, para aislar mejor todos los efectos transitorios, los cambios que llevan años a materializarse, etc es conveniente intentar estimar la intensidad energética de un país es una situación de cierta estabilidad, tras varios años operando bajo una situación lo más parecida posible. Sin embargo, los economistas suelen tomar los datos brutos de cada año, estimar la intensidad energética de cada año particular y sacar de ello conclusiones, incluso en momentos como el actual donde es evidente que se están produciendo cambios bastante radicales año a año y la situación está lejos de haberse estabilizado. No deja de ser curioso que no pocos economistas, embarcados en la suicida cruzada negacionista del cambio climático, exijan que les presentes décadas y más décadas de datos de temperatura superficial terrestre para hacer una buena caracterización de la tendencia global al calentamiento y no sean capaces de ver que las variaciones en la intensidad energética están siendo en determinados momentos mucho más fuertes y eso no les impide considerarlas descriptores fiables de la realidad a escalas de un año.
 
Como comentamos, la evolución de la intensidad energética de los países más industrializados (y como estandarte, los EE.UU.) es lo que lleva a algunos a afirmar que se está produciendo una desmaterialización de la economía; vean la siguiente gráfica, en la que se muestra la evolución de la intensidad energética (normalizada por el valor en 1950) de los EE.UU.:

Gráfica de la Energy Information Administration, Departamento de Energía de los EE.UU. Los datos históricos llegan hasta el 2013, a partir de ahí son proyecciones hacia el futuro: https://www.eia.gov/todayinenergy/detail.cfm?id=10191
Visto de esta manera, se comprueba que, efectivamente, los EE.UU. han hecho una impresionante mejora en su intensidad energética durante las últimas décadas, y especialmente a partir de las crisis de 1973. Las proyecciones de los mejores especialistas del BAU nos dicen que tal mejora va a continuar y que, por tanto, estamos delante de un proceso histórico, el de la desmaterialización (al menos energética) de los EE.UU.

Lo cierto es que tal afirmación no resiste el más mínimo análisis. Si uno toma los datos del último anuario estadístico de BP, el BP 2015, nos encontramos que la evolución del consumo total de energía de los EE.UU. ha sido netamente creciente en todo ese período, con un cierto bache final fruto de la crisis económica que se desencadenó en 2008 y aún estamos padeciendo (y que, como sabemos, no acabará nunca):

Gráfico extraído de la web Flujos de Energía, http://mazamascience.com/OilExport/index_es.html 
Vemos, por tanto, que aunque en los EE.UU. el consumo de energía por unidad de PIB producido haya disminuido, la realidad es que su consumo total de energía ha crecido a buen ritmo durante todas estas décadas, con algunos sobresaltos como las crisis del 73 y la de principios de los 80, el estancamiento del 91, la ligera caída de 2001 y la actual crisis. Por tanto, resulta difícil justificar que la economía de los EE.UU. se esté "desmaterializando" si consume más energía que nunca. Pero los economistas no son gente que se arredre porque la realidad les contradiga, y así asistimos al nacimiento del concepto de "desmaterialización débil", o relativa: aunque el consumo total de energía haya seguido subiendo en los EE.UU. durante los últimos 30 años, la energía por unidad de PIB ha bajado y a buen ritmo. Siendo como son conscientes, los economistas, de que su argumento de desmaterialización no se sostiene en términos absolutos (consumo total de energía), suelen pasar directamente a los términos relativos (intensidad energética) para intentar convencernos con su discurso, mil veces repetido, de que el ingenio humano todo lo puede y que vamos a solucionar la crisis energética de esta manera.

Pero es que las estadísticas de intensidad energética son muy cuestionables. De entrada, por la presencia de factores transitorios como comentábamos más arriba. Por otro lado, el momento en que en los EE.UU. comienza el proceso más fuerte de reducción de su intensidad energética coincide, y no casualmente, con el momento en que las empresas del sector secundario comienzan a deslocalizarse a otros países con manos de obra y demás costes estructurales más baratos. De ese modo, todos los sectores de mayor valor añadido (y típicamente menos demandantes de energía y recursos, y por tanto también menos contaminantes) se quedan en EE.UU., mientras que las industrias de menos valor añadido (típicamente más pesadas y más consumidoras de energía) se van a Taiwan, China o la India. Con una hiperespecialización en los servicios, sobre todo los de intermediación financiera, se consigue incrementar el PIB al tiempo que el consumo de energía no sube tanto (no baja, sino que sigue subiendo porque los productos de China se siguen consumiendo en los EE.UU., y porque el consumo de la población sigue aumentando y en el caso de los EE.UU. de una manera bastante desenfrenada). De ese modo se consigue mejorar la intensidad energética de los EE.UU., pero a costa de disminuir la del mundo (como ahora las mercancías han de viajar largas distancias, se consume mucha más energía en todo la cadena desde la producción hasta la venta). Como que además esta táctica de desembarazarse de la industria más pesada no la pueden hacer todos los países porque al final en algún lado se han de producir los bienes consumidos por Occidente, lo ejemplar de la "desmaterialización débil" de EE.UU. resulta bastante cuestionable. Pero es que además ni siquiera EE.UU. es un ejemplo a seguir en materia de intensidad energética: un simple vistazo a la Wikipedia nos muestra que los países que tienen mejores intensidades energéticas (menores valores de consumo energético por unidad de PIB) no son precisamente los que se suelen reseñar como ejemplos de éxito económico: Congo, Perú, Uruguay, Marruecos... Hong Kong sale en el tercer lugar, pero justamente porque esa pequeña ex-colonia británica no tiene apenas actividad productiva y sí mucha actividad de servicios, lo cual favorece tener una baja relación entre energía consumida y PIB. EE.UU. tiene un intensidad energética (221,7 toneladas equivalentes a petróleo por millón de dólares, en 2003) por encima de la media mundial (212,9). Y si se quiere pensar que los países poco favorecidos que salen al principio de la lista son anomalías estadísticas merece la pena resaltar que los primeros países europeos que aparecen (todos por debajo de la media mundial y muy por debajo de la intensidad energética norteamericana) son, por ese orden, Irlanda (con 107,6 toe/M$), Suiza (122,3),  Malta (130,7), Dinamarca (133,2), Grecia (137,8), Portugal (138,2),  Austria (139,1), Reino Unido (141,2) y España (142,5). Si se fijan, aparecen países donde el sector financiero es fuerte (Suiza, Malta, Austria, Reino Unido) y países industriales que son de los menos eficientes en Europa (Irlanda, Grecia, Portugal y España), con la sola particularidad de Dinamarca. Así que en realidad el concepto de intensidad energética tampoco parece estar ofreciéndonos un diagnóstico muy útil sobre la eficiencia de las economías o su grado de desempeño; más bien, en el caso de las economías desarrolladas favorece a aquellos países donde el peso del sector servicios es muy grande. Esto explica también por qué los economistas prefieren mostrar la curva de evolución de la intensidad energética de los EE.UU. sin mostrar cuál es su posición real en el mundo porque su discurso se les tambalearía.
  
Incluso dejando de lado que resulte cuestionable que se esté produciendo una efectiva desmaterialización energética de la economía, hay razones fundadas para pensar que, en realidad, cualquier proceso de "desmaterialización", es decir, de mejora de la eficiencia económica a la hora de usar la energía, tiene un recorrido limitado. La razón es que la energía es la capacidad de hacer trabajo, y por tanto hay una correlación bastante estrecha entre consumo de energía y PIB: incluso aunque el coste económico de la energía suponga generalmente menos del 10% del PIB, su impacto en el crecimiento del PIB es de más del 60%, como muestra Gaël Giraud en sus trabajos. Por otro lado, James Hamilton argumentó que el coste de la energía no puede superar el 10% del PIB so pena de desencadenar una recesión económica, al menos en los EE.UU., al transmitirse sus costes por toda la cadena productiva. Pero, por otro lado, dada su importancia para el PIB, hay un coste mínimo para la energía, aún por determinar pero que no es ni mucho menos el 0%, como argumentaba Tom Murphy en un post traducido en este blog que vivamente les recomiendo leer: "Encuentro del economista exponencial con el físico finito". Como argumentaba el Dr. Murphy, en última instancia hay un ratio máximo de tamaño de la economía dividido por el consumo de energía y no puede aumentarse más; o dicho con otras palabras, si mejoramos la eficiencia para consumir menos energía entonces o los agentes económicos destinan la energía sobrante a otras actividades productivas (Paradoja de Jevons) o bien el valor de la economía cae, pues al final refleja el valor de la energía que consume.


Dejando de lado estas abstracciones, como sabemos, hemos entrado en una época donde la volatilidad del precio del petróleo será una norma. Los actuales precios bajos del petróleo vendrán sucedidos, pasando demasiado rápido a través de los valores intermedios, por precios muy elevados, y en ese momento se evidenciará que los desequilibrios en el mercado del petróleo son inherentes a él mismo y al momento que estamos viviendo. En ese momento probablemente los economistas insistirán en la selección de argumentos que favorecen su punto de vista desdeñando los que lo contradicen (cherry picking), y en ese sentido intentarán continuar hacer creer que la economía se está desmaterializando, como una manera de tranquilizar las conciencias en medio de un proceso de general depauperización. Esa misma estrategia siguió la AIE en su último informe, en el cual nos pretendía hacer tragar las ruedas de molino de que los EE.UU. y Europa van a conseguir aumentar su PIB en los próximos 25 años a pesar de que ambas regiones van a sufrir un descenso energético, más acusado en el caso de Europa. Es decir, según la AIE va a pasar algo extraordinario (una desmaterialización fuerte de la economía) que no se ha observado jamás y que, por las razones explicadas arriba, es físicamente imposible.



En realidad si uno baja de los análisis de hoja Excel y se va a pie de calle se da cuenta en seguida de que la "desmaterialización débil" (es decir, la mejora de la intensidad energética) de los EE.UU. es, en realidad, una cosa indeseable, por un detalle que los economistas suelen olvidar mencionar. Los años en los que EE.UU. mejoró su intensidad energética, que son los años en los que deslocalizó sus industrias pesadas, coinciden con los años en los que se ha producido, en los EE.UU., un más que considerable empobrecimiento de las clases medias. En las últimas décadas ha sido muy acusado, especialmente en zonas como el Rust Belt, que otrora fueron altamente industrializadas y ahora están en un penoso declive. Según diversas estadísticas, más del 10% de los estadounidenses son pobres (Feeding America cifra esta proporción en 1 de cada 7 - cuando yo empecé este blog hace 6 años decían que era 1 de cada 8). A falta de un estudio más detallado que analice causas y consecuencias, no es aventurado apuntar que la tan cacareada "desmaterialización débil" de la economía americana se ha conseguido sumiendo en el desempleo crónico y en la miseria a una parte apreciable de la población del país (el cual, por cierto, tiene una de las peores proporciones de población activa de Occidente: es la manera de hacer ver que el paro se mantiene por debajo del 9%, ya que hay gente que ya ni busca empleo y por tanto no se consideran población activa). Quizá esa creciente Gran Exclusión americana es la que está favoreciendo el ascenso de líderes populistas como Donald Trump (les recomiendo encarecidamente el análisis que a ese respecto hace John Michael Greer).


En resumen: No hay, a día de hoy, indicios que razonablemente sustenten la hipótesis de desamaterialización de la economía en ningún país del mundo y mucho menos en los EE.UU. Sí que los hay, abundantes y en la mayoría de Occidente, de destrucción de la clase media. Quizá, después de todo, la desmaterialización de la economía significa eso: la desmaterialización de la clase media. Pero eso no parece tan deseable, formulado de esta manera.

Salu2,
AMT
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Por qué la finitud de los recursos lleva a cambios abruptos en el comportamiento económico

5 Abril, 2016 - 21:25


Queridos lectores,

En más de una ocasión hemos comentado en este blog que la llegada a los límites de crecimiento económico desencadena un comportamiento de todo el sistema económico que se caracteriza por su fuerte no linealidad. Esta expresión (no linealidad) es muy habitual entre los físicos, particularmente entre los físicos estadísticos, pero no lo es tanto entre el común de los ciudadanos, e incluso algunos de los que la usan no siempre entienden exactamente qué se quiere decir con ella. Pero para entender qué es lo que ha pasado hasta ahora y qué es lo que está pasando ahora mismo y, más importante, por qué esta pasando lo que está pasando y por qué se desvía tanto de nuestras expectativas, creo que es importante aclarar qué es lo que se entiende por comportamiento lineal, casi lineal y fuertemente no lineal, y por qué todos ellos son cosas en realidad naturales y previsibles, al menos fuera de las hojas Excel de algunos economistas que tienen una visión demasiado simplista de lo que es la realidad.

Un comportamiento perfectamente lineal es el que se describe con una línea recta. 





En una recta, cuando decimos que la cantidad A crece (o decrece) linealmente con respecto a las variaciones de la cantidad B lo que decimos es que a iguales incrementos de B se producen iguales incrementos de A, da igual en qué punto de la recta estemos. Más aún, que si el incremento de B se multiplica por 2 (o por cualquier otro número) el incremento de A asociado también se multiplicará por 2 (o por el número que se haya multiplicado el incremento de B). 

En el mundo real hay muchísimas cosas que tienen un comportamiento lineal o muy cercano al comportamiento lineal. Por ejemplo, si yo sé que para ir de casa al colegio caminando de la manera habitual tardo 10 minutos, rápidamente infiero que para ir a casa al colegio y volver caminando del mismo modo tardaré 20 minutos, pues en suma hago dos veces el trayecto (del mismo modo, si hiciera ese trayecto un número N de veces tardaría N veces 10 minutos). Otro ejemplo doméstico común: si para hacer la paella en casa tengo comprobado que con 6 cacitos de arroz comemos los 4 que vivimos en mi casa, si mañana recibiremos 8 invitados (y así junto a los de casa seremos 12 a comer, es decir, 3 veces los que somos habitualmente) ya sé que tendré que emplear 18 cacitos de arroz (es decir, 3 veces más arroz). El lector podrá proponer infinidad de ejemplos similares, fruto de contingencias cotidianas en las que uno tiene necesidad de estimar cuánto tiempo le va a llevar a hacer una cosa, cuánta cantidad necesita de algo, cuánto obtendrá de algo, etc. Este tipo de situaciones es tan común que ha dado pie a definir una regla sencilla para efectuar sin equivocarse estos cálculos, la regla de tres. Es tan común la aplicación de esta regla (es decir, asumir que las relaciones entre las variables son lineales) que a menudo, cuando se pretende argumentar que de una cosa se sigue inexorablemente otra por analogía a la relación que tienen otras dos cosas se dice "por la misma regla de tres que de A se sigue B, de C se ha de seguir D".

Por supuesto no todas las relaciones entre dos cantidades cualquiera son lineales, pero la inercia de la regla de tres es tan fuerte que muchas veces se aplica de manera acrítica, sin pararse a pensar si tiene sentido. Un ejemplo que yo suelo poner para hacer ver que la nolinealidad es mucho más importante de lo que creemos en situaciones de lo más común es el siguiente: imaginemos que vamos en un coche a 40 km/h y apretamos el freno, observando que el coche se detiene por completo tras recorrer 10 metros. Ahora imaginemos que vamos a 80 km/h y apretamos el freno exactamente de la misma manera, ejerciendo por tanto exactamente la misma fuerza de frenado. ¿Cuántos metros cree que recorrerá ahora el coche antes de detenerse por completo? La lógica de la omnipresente regla de tres lleva a casi todo el mundo a decir que el coche recorrerá 20 metros (si vamos el doble de rápido el coche necesitará el doble de distancia para frenar). La respuesta correcta sería 40 metros, debido a que la energía cinética va como el cuadrado de la velocidad. Afortunadamente en el mundo real a esas velocidades el aire desplazado por el avance del coche estará ya en régimen turbulento y la fuerza de frenado de ese aire ayudará a nuestro apurado conductor a frenar en una distancia más sensata aunque sin duda superior a 20 metros (de todos modos, si es Vd. demasiado aficionado a aplicar la regla de tres en todas las situaciones le recomiendo no conducir en la Luna). En cualquier caso, el ejemplo ilustra cómo fiarnos demasiado de la regla de tres nos puede llevar al desastre.

Por suerte o por desgracia, en muchos casos la tendencia a linearizar excesivamente una realidad no siempre tan lineal no funciona tan mal incluso en aquellos casos en los que la relación entre las dos variables no sea lineal, siempre que esta relación no lineal sea lo suficientemente suave (en términos más matemáticos, que sea diferenciable) y que no queramos extenderla demasiado lejos. Ello es debido al Teorema de Valor Medio, que establece que cualquier función suave puede ser aproximada alrededor de cualquier punto por una recta sin cometer un error demasiado grande siempre que no nos vayamos demasiado lejos del punto inicial.



Este es el caso, por ejemplo, del crecimiento porcentual que tan caro es para los economistas cuando hablan del PIB. Para valores pequeños del incremento anual del PIB, el error cometido por asumir que la curva de evolución del PIB se comporta como una línea recta no es demasiado grande en los primeros años. Por ejemplo, la curva que hay encima de este párrafo representa la comparación entre un crecimiento anual porcentual del 3% (línea roja) respecto a una aproximación lineal (línea verde) durante 10 años. Como ven, incluso después de 10 años el error cometido por la aproximación lineal es inferior al 4%. Por tanto, aplicar nuestra lógica intuitiva de la regla de tres al caso del crecimiento exponencial no es una cosa descabellada durante ciertos períodos de tiempo (por ejemplo, diez años). 

Sin embargo, esta lógica de la linearización de aquello que no es lineal nos puede traer disgustos inesperados por culpa de nuestra impericia matemática. Cuando algo es no lineal, esa falta de linealidad se tiene que acabar manifestando tarde o temprano y si no tenemos cuidado puede hacerlo de forma desastrosa. Tomando de nuevo la curva de crecimiento del 3% de la última gráfica, si en vez de quedarnos con los 10 primeros años la miramos a 100 años vista el resultado es ciertamente impactante.




La desviación entre ambas curvas ya no puede ser considerada pequeña, como ven. Si con la curva verde queríamos aproximar el crecimiento del PIB, ese crecimiento muchísimo más rápido de la curva roja sería seguramente visto como una ventaja (por supuesto dejando de lado toda externalidad), pero si lo que queríamos anticipar era la evolución de la deuda externa de nuestro país creo que es evidente que la cosa no tiene ya tanta gracia.  

La enorme divergencia que se observa en el caso anterior, como siempre, tiene que ver con la falta de comprensión que tiene el ser humano de las implicaciones de la función exponencial, como dice la famosa frase de Albert Barlett. Nuestra tendencia a linearizar lo que no es lineal puede acabar muy mal cuando se trata de estimar el comportamiento del interés compuesto, ya que se marra y por mucho la estimación de lo que va a pasar y eso puede costar caro; pero con todo ése no es el peor de los efectos no lineales. Como ahora mostraré, la situación puede ser incluso más dramática cuando los recursos disponibles son finitos.

El siguiente ejemplo es un arquetipo de "falsa estrategia ganadora" que se suele explicar en teoría de juegos. Imagínese que un día le llega un conocido y le dice que tiene una estrategia para apostar en el casino y ganar siempre. Su truco, nos cuenta nuestro aprendiz de truhán, es tan bueno que no depende del juego, funcionará con cualquiera. La idea es la siguiente:  

Imaginemos que en un determinado juego de azar la probabilidad de ganar es p. Ese valor p está entre 0 (que quiere decir que es imposible ganar) y 1 (que quiere decir que la victoria es segura); seguramente, para el beneficio del casino, p estará más cerca de 0 que de 1. Para simplificar esta discusión, consideraremos que si ganamos el casino nos da el doble de lo que gastamos en la apuesta, con lo que la ganancia neta es una cantidad igual a la apostada (recuperamos la apuesta y ganamos un tanto igual). Si perdemos, no recuperamos nada de dinero. Lo que nos propone nuestro amigo es que adoptemos el siguiente procedimiento:

1.- Fijamos la cantidad a apostar en un valor inicial C (depende de lo osados que seamos, puede ser un euro, mil o un millón).
 
2.- Hacemos nuestra apuesta.
 
3.- Si ganamos (probabilidad p) nos embolsamos la ganancia y volvemos al punto 1.
 
4.- Si perdemos (probabilidad 1-p), doblamos la cantidad a apostar y volvemos al punto 2.

Con este método, nos dice, cada vez que completemos la cadena (cada vez que volvamos al punto 1), habremos ganado una cantidad de dinero exactamente igual a C. Eso es lo que este individuo nos dice, pero nosotros sabemos suficiente de matemáticas para comprobarlo, así que hagámoslo.

Comienzo por la apuesta inicial de C. Si gano la apuesta (una proporción p de las veces) habré ganado C. Si pierdo (una proporción 1-p de las veces) habré perdido C. Supongamos que he perdido, así que estoy en ese 1-p de las veces; en ese caso voy y apuesto 2C. Si gano (p(1-p) de las veces) gano 2C, pero tengo que descontar C que había perdido en la primera apuesta, así que de manera neta gano C, con lo que se confirma lo que nos decía nuestro amigo. Si pierdo ( (1-p)^2 de las veces) ya llevo perdidos C+2C=3C. Imaginemos que estoy en ese (1-p)^2 de veces en los que he perdido por segunda vez. Ahora voy y apuesto 4C. Si gano (p(1-p)^2 de las veces) gano 4C, y descontando los 3C que llevaba perdidos de las dos apuestas anteriores gano de manera neta C, confirmando nuevamente lo que dice nuestro colega. Si pierdo ((1-p)^3 de las veces) acumulo otros 4C de pérdidas, que con los 3C que ya llevaba se convierte en 7C. Y así sucesivamente. Resulta fácil comprobar que, si voy por la apuesta n-ésima ya habré gastado (2^(n-1)-1) C, estaré apostando 2^(n-1) C y si gano (cosa que pasará el p(1-p)^(n-1) de las veces) ganaré 2^(n-1) C, con lo que descontando las pérdidas me quedará un rendimiento de C, en tanto que si pierdo (cosa que pasará el (1-p)^n de las veces) mis pérdidas serán ya del (2^n-1) C. En la apuesta n-ésima, por tanto, con una probabilidad (1-p)^n habré perdido (2^n-1) C, pero en cambio con una probabilidad 1-(1-p)^n habré ganado C. Dado que p es un número positivo más pequeño que 1, 1-p también es más pequeño que 1 y por tanto (1-p)^n es cada vez más pequeño, cayendo a un ritmo exponencial con el número de veces que hemos ensayado esta estrategia. Por ejemplo, para p=0,1 (es decir, un juego en el que sólo tenemos un 10% de probabilidades de ganar) nos encontramos que después de 10 jugadas siguiendo esta estrategia de apuestas tenemos un 65% de probabilidades de haber ganado una cantidad de dinero igual a C, y sólo un 35% de haber perdido, eso sí, mucho dinero. Con 20 jugadas las probabilidades de haber triunfado son ya del 88% y con 40 jugadas habremos ganado el 98,6% de las veces. Eventualmente, si apostamos el tiempo necesario (si el número de intentos tiende a infinito, que dicen los matemáticos) conseguiremos ganar una cantidad C con el 100% de probabilidades.
 
Así pues que nuestro amigo tenía razón: apostando como él dice, si reiteramos tantas veces como sea necesario tenemos asegurado que ganaremos una cantidad de dinero igual a la que apostamos. Sin embargo, hay algo que no cuadra aquí: los casinos del mundo no están quebrando, que nosotros sepamos, y sí que sabemos de gente que se ha arruinado por jugar y jugar en los casinos. Debe haber, por tanto, una falacia lógica en este razonamiento. Y efectivamente la hay: todo el razonamiento expuesto más arriba sólo tiene sentido si la cantidad de recursos (en este caso, el capital disponible) es infinita. En el momento que, como pasa en el mundo real, uno dispone de una cantidad finita de dinero para apostar la estrategia expuesta más arriba es una receta para el desastre asegurado. Fíjense que, si en 10 apuestas no hemos conseguido estar en ese 65% de veces en los que habremos ganado C llevaremos unas pérdidas acumuladas de 1023 C (sí, 1023 veces la apuesta inicial). Si tras 20 apuestas estamos aún en ese 12% de veces en las que no habremos triunfado nuestras pérdidas serán de más de un millón de veces la apuesta inicial C. Tras 40 apuestas, si tenemos la desgracia de estar en ese 1,4% de veces en los que aún no hemos ganado nuestras pérdidas serán astronómicas: un billón de billones (10^24) de veces C. Incluso si la apuesta inicial fuera de un euro, estamos hablando de una cantidad que es decenas de miles de veces más grande que el PIB actual de todos los países de la Tierra juntos: ésa es la magia de la función exponencial (porque, sí, esta estrategia de apuesta es exponencial). Se puede demostrar (aunque ahorraré los pesados detalles al lector) que si p es menor que 0,5 esta estrategia de apuesta lleva a la bancarrota asegurada si uno no dispone de una cantidad infinita de dinero; y debido al crecimiento exponencial de la deuda, el tiempo para llegar a esa bancarrota no es excesivamente prolongado, sino que va como el logaritmo del capital disponible. Para los que tiene algún recuerdo de la estadística elemental baste decir que si uno calcula la esperanza matemática (la media teórica, en definitiva) de las ganancias esperadas tras haber apostado n veces, con las cifras que daba más arriba, ésta es simplemente [1-(1-p)^n] C - (1-p)^n (2^n-1) C = C [1-(1-p)^n 2^n]= C {1- [2(1-p)]^n}. Así que la clave reside en si el factor 2(1-p) es más grande que 1 (en cuyo caso las pérdidas crecen y crecen) o en si es más pequeño que 1 (en cuyo caso las ganancias acaban compensando las pérdidas). También lo podemos formular directamente en términos de la probabilidad p de ganar: la clave es por tanto si 2p es más grande que 1 (en cuyo caso acabaremos ganando) o más pequeño que 1 (en cuyo caso las pérdidas crecerán exponencialmente con el tiempo).  Por tanto, si el juego es tal que tenemos menos del 50% de probabilidades de ganar, entonces nos vamos a arruinar seguro y además muy rápido; si la probabilidad de ganar es mayor del 50% entonces nos vamos a forrar, aunque más lentamente; y si es exactamente del 50% no vamos a ganar ni perder. Como pueden imaginar, no hay ningún juego del casino donde la probabilidad de ganar sea superior al 50%.

La aparición del factor 2p no es casual: en cualquier juego de azar la ganancia ha de compensar las pérdidas para que el juego resulte rentable al jugador: como en este juego que hemos discutido se dobla la apuesta realizada, es por eso que aparece el 2. Si en este juego te dieran una cantidad N de veces tu apuesta inicial, el factor crítico sería que Np sea más grande que 1. Da igual la estrategia de apuesta que se adopte, uno no puede cambiar si el juego es rentable o no; lo que modifica la manera de apostar es a qué ritmo se gana o se pierde dinero en él. Y la estrategia exponencial es especialmente amplificadora. Lo interesante de este caso es que la estrategia exponencial, ese "doblar la apuesta", es una estrategia ganadora si los recursos son infinitos, pero desde el momento en que uno dispone de recursos finitos no sólo el juego es perdedor independientemente de la estrategia de apuesta, sino que justamente la más exitosa en caso de disponer de recursos infinitos (la exponencial) se vuelve la más desastrosa.

El ejemplo que acabo de discutir no está  tan alejado de la realidad como podría parecer. Seguramente el lector es consciente de que la estrategia de "doblar la apuesta" es el mismo principio que opera en los casos de ludopatía o afición al juego: el ludópata acaba dilapidando su patrimonio y malgastando el dinero que le prestan amigos y familiares en renovar sus apuestas, ya que "la mala racha va a pasar y ahora viene mi momento de ganar", lo que en esencia es "doblar la apuesta" a la espera de que por mera estadística las cartas vendrán bien dadas la siguiente vez. Es un poco menos evidente que se trata del mismo principio que ha operado y opera en la creación de burbujas financieras, en las cuales el exceso de apalancamiento (capital que se pide prestado a otros para amplificar la ganancia de un negocio) acaba amplificando no las ganancias sino las pérdidas. En las burbujas financieras, la denominada "exuberancia irracional" de los mercados significa que se apuesta de manera exponencial sobre el crecimiento de un mercado que, a juicio de los que así apuestan, sólo puede crecer y crecer por siempre jamás. Obviamente, tal cosa no es así y tarde o temprano se agota el número de inversores dispuestos a invertir, y como que de todas maneras no hay ningún negocio tan bueno como para poder resistir un ritmo exponencial de inversión de manera indefinida, llega un momento (aunque no sea evidente ni para las firmas de inversión que trabajan de esa manera y sólo puede evidenciarse siguiendo los flujos de capital entre los diversos actores) en el que por fuerza se está pagando a los inversores más antiguos con el capital que están invirtiendo los inversores nuevos. Si esto le recuerda a una estafa piramidal, también conocida como esquema de Ponzi, es porque es lo mismo, aunque (al menos en ocasiones) sobrevenga de manera inadvertida para los que juegan a este juego. Y dado que en el fondo es un esquema de apuesta exponencial, de "doblar la apuesta", como en el ejemplo que discutíamos antes la finitud de los recursos lleva a un colapso abrupto, a una no linealidad fuerte, como la que se muestra en la siguiente figura:

Transición de fase de orden 0

Este tipo de transición de fase, de cambio brusco, de no linealidad en suma, es el único que suelen evocar la mayoría de los economistas las pocas veces que se avienen a discutir sobre la finitud de los recursos. En las pocas ocasiones que se entra en esa discusión, lo que consideran estos economistas es que puede llegar a producirse un "exceso de inversión en capacidad productiva" y que como consecuencia algunas compañías no recuperen su inversión y puedan llegar a quebrar. Proyectando la misma idea a la escasez de recursos naturales en general y al peak oil en particular, estos economistas piensan en la escasez de recursos en términos de "todo o nada", en términos de "crecimiento o carencia absoluta" y creen que es posible agotar completamente los recursos en un plazo de tiempo determinado. Como consecuencia de esta creencia, el modelo mental de lo que esperan de la evolución económica si los recursos son finitos es el de la gráfica de arriba, un diente de sierra afilado: antes de la caída, se crece siempre a buen ritmo y después de ella todo ha colapsado. Este tipo de colapso abrupto, en el que nada indica que se vaya a terminar el suministro de la materia prima imprescindible hasta que ésta se agota por completo, es completamente excepcional (alguna rara vez puede ser observado en el caso concreto de alguna compañía que invierte de manera absurda y quiebra) y por supuesto no describe en absoluto lo que pasa en la economía a gran escala; sin embargo, ésa es la idea que tienen muchos economistas en la cabeza cuando se les habla de recursos finitos. Dado que obviamente no es eso lo que se observa ni en la producción de materias primas ni mucho menos en la evolución de la economía, este grupo de economistas curiosamente nos reprochan a los que hablamos del problema del agotamiento de los recursos que utilicemos un modelo nada realista, cuando en realidad no lo utilizamos nosotros sino que nace de sus propios prejuicios e ignorancia sobre la cuestión.

Algunos economistas un poco más ilustrados se dan cuenta de que la Naturaleza no da saltos y que cuando se trata de proceso colectivos es muy excepcional encontrarse situaciones de transición tan salvaje como en el caso anterior. Aunque estos otros economistas siguen teniendo en la cabeza la idea de que el agotamiento de los recursos se produce debido a la extracción total de los mismos en un tiempo bien delimitado, creen que las fuerzas del mercado podrían detectar la llegada a ese momento de agotamiento y de algún modo compensarlo parcialmente, reservando algo de la materia prima en situación comprometida para poder usarlo en los momentos posteriores a la transición. De ese modo, la forzada transición se vendría suavizada y el cambio no sería tan binario (del "todo" del crecimiento al "nada" del colapso) sino que el cambio sería más suave, de manera análoga a lo que describe la siguiente curva:


Transición de fase de orden superior


Aunque un poco más sensato que el caso anterior, este tipo de modelo mental tampoco es demasiado realista, pues esencialmente sólo modifica el comportamiento en un entorno más o menos extenso del momento de la transición, y excluyendo esa zona en definitiva estamos en la misma situación que en el caso del "diente de sierra": una fase inicial en la que el crecimiento sube vigoroso, y una fase terminal en la que no hay nada, el recurso se ha agotado por completo y todo ha colapsado. Como obviamente no se observa nada parecido, la conclusión es espuriamente la misma del caso anterior: no hay ningún problema de finitud de recursos.


Como ya saben los lectores asiduos de este blog, en la realidad la finitud de los recursos no se manifiesta por un agotamiento total de los mismos en un espacio concreto de tiempo, sino por una tendencia a la caída de la producción que puede alargarse durante décadas. En esta fase de agotamiento, por razones meramente físicas y geológicas la producción irá decayendo, a un ritmo que acaba siendo bastante significativo cuando se contempla en la escala de décadas, pero que no lo es tanto si miramos los datos a meses o semanas vista. Desde un punto de vista matemático la materia prima no llega nunca a agotarse, aunque las cantidades que se acaban produciendo de ella al pasar el tiempo llegan a ser tan pequeñas que no son significativas; en la práctica la materia prima deja de ser relevante para la sociedad que la utiliza al cabo de unas cuantas décadas y su producción podría llegar a interrumpirse simplemente por la falta de interés social en ella. El modelo de curva de producción para esta materia (que acaba traduciéndose de una u otra manera en la evolución económica), cuando se observa en la escala de décadas, es algo semejante a la curva que sigue a estas líneas:


Transición de fase de orden elevado


La estructura de la curva no tiene por qué ser simétrica, pudiendo suceder que la fase inicial de crecimiento sea más rápida o más lenta que la posterior de decrecimiento; sin embargo, tanto la fase de expansión como la de contracción son exponenciales: al principio los porcentajes de variación anuales son bastante constantes y positivos, y al final son también bastante constantes pero negativos. Ese tipo de curva, a la Hubbert, es una idealización de la situación real: los factores sobre el terreno (económicos, políticos, sociales) hacen que la evolución real, tanto de la producción de la materia prima como de la economía, sea algo más complicado y por tanto la evolución real podrá tener fases de valores mayores o menores que los que indica la curva ideal. Sin embargo, en el largo plazo las leyes naturales acaban dominando los deseos de los hombres e inexorablemente la curva real se encontrará por debajo de la ideal, aunque muy cerca de ella si somos lo suficientemente prudentes.

Al margen de que una curva de producción tipo Hubbert es más compleja que el resto de modelos discutidos en este post, hay algo que tiene en común con el ejemplo de las apuestas, y es que una estrategia de inversión exponencial lleva rápidamente al desastre garantizado en cuanto la ganancia no compensa la inversión, es decir, en cuando comienza el declive del recurso. Una situación que, por lo que parece, es la que está pasando ya con el petróleo y que puede llevarnos a precipitarnos mucho más rápido en el abismo de la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda. Es por ello crucial hacer un análisis correcto de la situación para evitar agravarla innecesariamente, simplemente porque estamos siguiendo la misma estrategia de inversión de siempre sin comprender que ahora mismo puede ser muy dañina.

La gestión de una situación tan compleja como la actual, en la que el petróleo parece haber llegado a su máximo productivo histórico y está comenzando un declive que se va a ver acelerado debido a los errores de inversión (excesiva de 2011 a 2014 con el espejismo del fracking, demasiado escasa de 2015 hasta el momento actual por culpa de la caída de precios asociada a la contracción de la demanda), requiere un análisis serio para comenzar. Para hacer tal análisis se puede necesitar tiempo, se debe necesitar compilar los datos y estudiarlos con cuidado, qué duda cabe, sin aceptar ninguna posición de antemano pero sin descartar tampoco ninguna hipótesis de antemano, aunque ésta contradiga un paradigma económico, el actual, que se acepta a veces como si fuera un dogma religioso incuestionable.

Pero un análisis serio no puede basarse en una negación infantil de los hechos y los datos que nos muestran que hay un problema serio y agravándose en el mercado del petróleo. Un análisis serio tiene que superar las habituales actitudes condescendientes y paternalistas de los economistas de cabecera hacia quienes explicamos serenamente el problema de los recursos y tratamos de proponer soluciones, aunque éstas se separen de lo aceptado por la ortodoxia económica. Si como muestran los datos la producción de hidrocarburos líquidos en los EE.UU. ha caído ya un 10% en el último año, si las autoridades rusas dan por descontado el declive de su propia producción en los próximos años, y si comienzan a acumularse los indicios de que Araba Saudita ha llegado a su propio peak oil, no puede ser que se siga tachando de catastrofistas a quienes simplemente enunciamos estos datos, y que para descalificarnos sumariamente y no correr el riesgo de pensar en cosas incómodas se nos etiquete atribuyéndonos actitudes madmaxistas que, como tantas veces he explicado, no tenemos

Aquí, señores y señoras, se trata de datos, se trata de ciencia y se trata de buscar soluciones técnicas a un desafío de primer orden de magnitud. Como también he escrito numerosas veces, el futuro de la Humanidad puede incluso ser brillante, si nos decidimos a tomar las riendas de la situación y actuar en consecuencia. Pero hay que hacerlo. 

Salu2,
AMT

P. Data: Gracias a Rafa, cuyas amenas conversaciones en el tren han inspirado este post.


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Planificar la transición versus caída libre

30 Març, 2016 - 11:11

Queridos lectores,

Hace un par de semanas recibí un interesante enlace, en el que de modo resumido se transcribe el trabajo desarrollado por Daniel Cohan de la Rice University. En él se explica que desde finales de 2014 se está produciendo una rápida disminución de la contaminación atmosférica en forma de dióxido de azufre (SO2), provocada por el descenso del consumo del carbón en China, y también por la fuerte disminución del tráfico marítimo de los últimos meses. Es posible localizar cuáles son los principales focos de emisión de SO2 en el mundo porque ciertos sensores especializados a bordo del satélite Aura de la NASA nos permiten medir dónde su concentración es mayor en cada momento, y desde hace muchos años se tiene bien localizado que los principales focos de emisión se sitúan en China (debido al alto contenido de azufre de una parte del carbón que allí se quema), más recientemente en la India (debido a su aumento de consumo de carbón) y sobre las principales rutas marítimas del globo (debido a la baja calidad del combustible usado por los grandes cargueros, el cual, por cierto, origina no pocos problemas de corrosión en los motores de estos barcos en plazos de pocos años). Lo interesante del trabajo de Daniel Cohan es que, según parece, el SO2 es un gas que produce un cierto efecto de apantallamiento de la radiación solar. Gracias al SO2, el exceso de calor atrapado en la atmósfera debido a los gases de efecto invernadero no llega totalmente a la superficie y se queda en capas más altas de la atmósfera (un efecto que en inglés se conoce con el nombre de "dimming"). Por ese motivo, en las zonas donde se ha estado emitiendo más SO2 en las últimas décadas no han estado experimentando todo el incremento de temperatura que corresponde al incremento de gases de efecto invernadero, lo cual principalmente ha beneficiado a los países más desarrollados y de forma más general a todo el Hemisferio Norte. Sin embargo, como es natural la circulación atmosférica dispersa rápidamente el SO2, y sin una emisión continúa de éste y otros gases de efecto pantalla el exceso de radiación retenida tiende a ir elevando la temperatura superficial del Hemisferio Norte de una manera abrupta. Ésta sería la razón, concluye Daniel Cohan, por la que llevamos más de un año de temperaturas récord en el Hemisferio Norte y en general en todo el planeta, que ha llevado a que este año haya sido prácticamente "un año sin invierno" en muchos lugares.

Al margen de que aún hay que determinar con exactitud el peso de la disminución del dimming en el incremento de temperaturas observado durante hace más de un año (da peso a esta hipótesis que el presente episodio de incremento de temperaturas empezó unos meses antes del actual fenómeno El Niño de este año, de una especial intensidad) y aceptando en beneficio de la discusión que sigue que el dimming es, en efecto, importante, esta cuestión ilustra de manera elocuente el riesgo de no actuar de una manera reflexiva pero también decidida delante de los graves problemas de sostenibilidad a los que se enfrenta nuestra civilización. Un exceso de contaminación atmosférica es obviamente nocivo para la salud (recordemos que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud una de cada ocho muertes en el planeta son atribuibles a la contaminación del aire); en el caso concreto del SO2, se trata de un gas particularmente dañino porque, aparte de causar problemas respiratorios, al combinarse con el agua origina ácido sulfúrico y por ese motivo las emisiones de SO2 dan lugar a la denominada "lluvia ácida". Sin embargo, este exceso de contaminación estaba apantallando la radiación solar y por ello las temperaturas eran más moderadas; simplemente una reducción de las emisiones de SO2 nos lleva a un punto de calentamiento que es más allá de dónde creíamos estar (y que podría ser la causa por la cual nos encontramos ahora probablemente atravesando uno de los temidos "puntos de inflexión" - tipping points - climáticos). ¿Se debería haber seguido contaminando irreflexivamente para beneficiarse del efecto apantallamiento mientras manteníamos un BAU que no va a ninguna parte? ¿O más bien deberíamos haber aprovechado la afortunada coyuntura para preparanos racional y escalonadamente a un estado menos contaminante y al tiempo menos desestabilizador del sistema climático? No sorprendentemente, y siguiendo con la línea de actuación que caracteriza a nuestra sociedad, no se ha anticipado nada y se ha actuado de manera oscilante, de manera que al final recibimos el perjucio por partida doble, primero como un exceso de contaminación sin un objetivo de viabilidad a largo plazo y después con una aceleración abrupta del calentamiento de la superficie terrestre.

La temeridad de actuar como si no pasase nada, confiando en que todo se arreglará por si sólo gracias a la capacidad autorreguladora del mercado, es también lo que está también llevando a una destrucción acelerada del sector petrolero y con ella minando la viabilidad económica de nuestra civilización. A la previsible (y prevista desde hace años) espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda de petróleo se está añadiendo la total improvisación de nuestro sistema financiero, que está llevando a una caída más precipitada de la producción de petróleo de lo que habría sido de otro modo. Mientras la Agencia Internacional de la Energía comienza a reconocer a regañadientes que la producción de petróleo en los EE.UU. está cayendo debido a la desinversión y que así seguirá por lo menos otros 24 meses, lo previsible en este escenario de colapso de la inversión en nueva producción (reducción que ahora se reconoce que fue del 24% el año pasado y que se espera que sea del 17% éste, aumentando las cifras que se daban hace sólo un mes) es que las caídas de producción de petróleo a escala global serán más grandes de lo que se quiere reconocer, sobre todo a partir del año que viene. El mayor riesgo de este colapso inversor es que la oferta caiga de manera demasiado rápida y se produzca un nuevo pico de precios, dañando rápidamente la economía mundial, agravando la recesión que ya está en marcha y destruyendo aún más demanda, lo que llevaría a una nueva bajada de precio del petróleo y una aceleración de la espiral mencionada más arriba.
 

Los problemas mencionados dependen de muchas variables que tienen escalas temporales más largas que el ciclo de negocios o incluso que el ciclo político, y por tanto requieren una cierta capacidad de análisis y de anticipación. El problema es que tan pronto como se comienza a hablar de "planificación", los acólitos del neoliberalismo comienzan a bramar indignados delante de tamaña herejía. Desde el punto de vista del pensamiento económico imperante hoy en día, se ha de dejar que el mercado regule por sí sólo las necesidades materiales de las personas y otros agentes económicos, sin comprender que no hay ningún motivo para pensar (más bien al contrario) que el mercado sea capaz de regular siempre estos intercambios, sobre todo cuando las "externalidades negativas" tienen escalas tanto espaciales como temporales muy dilatadas (y eso sin contar con que el mercado que defienden en realidad no es libre). Defender que el libre mercado es un buen sistema porque es capaz de autorregularse es una necedad, teniendo en cuenta que es bien conocido en la dinámica de ecosistemas que el colapso es un mecanismo de autorregulación perfectamente natural. En suma, que la autorregulación no es una virtud per se, sino una característica natural no siempre positiva. Por ejemplo, la caída de la producción industrial en Japón y en general su estancamiento económico trae, de manera natural, un incremento de la pequeña delincuencia (a escalas de epidemia) entre los mayores de 60 años, que buscan ir a la cárcel para tener techo, comida y asistencia médica garantizada y que de otro modo no se podrían procurar. Yo no veo entendimiento posible con alguien que considere eso una virtud autorreguladora del libre mercado...



Cuando se habla de planificar el proceso que por fuerza tendremos que seguir durante los próximos años, el de la transición a un mundo con muchos límites y problemas, no se trata de dar carta blanca al intervencionismo (el cual no es intrínsecamente maléfico como defienden los neoliberales pero tampoco necesariamente benéfico, ya que podría comportar excesos). Se trata de estudiar la cuestión seriamente, sin intentar adulterarla con cuestiones espurias ni propaganda interesada, y buscar realmente una vía de salida, que debería ser lo más consensuada posible, pero sin que este consenso le reste efectividad (no valen los acuerdos vacíos de contenido, de lo cual la COOP 21 en París ha sido un buen ejemplo). Hay que conseguir que los actores económicos relevantes abandonen su habitual actitud irracional, no fundamentada: no pueden negarse, simplemente, a considerar la evidencia, construyendo excusas ad hoc para considerar que los problemas descritos simplemente no pasan, pagando para ello campañas de relaciones públicas y ejércitos de trolls que viven de intoxicar las redes sociales. No pueden por más tiempo rehuir el problema, para evitar enfrentarse a lo que más temen: la aceptación de que lo que llaman libre mercado simplemente no funciona cuando estamos hablando del futuro de la Humanidad y de la Civilización.


¿Nos sentamos a hablarlo?
Salu2,
AMT
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Consecuencias del cenit del petróleo

22 Març, 2016 - 10:27
Queridos lectores,

JotaEle nos ofrece un análisis muy exhaustivo que extiende el de sus ensayos anteriores, sobre las consecuencias de la llegada al cenit productivo del petróleo. Estoy seguro de que les interesará.

Salu2,
AMT

Consecuencias del cénit del petróleoAunque el mundo todavía no ha llegado al cénit de todos los tipos de petróleo (sí del petróleo convencional), algunas consecuencias de la proximidad del pico ya las hemos sufrido desde hace algo más de una década. Aunque parte de estas  consecuencias han sido atribuidas a la coyuntura económica internacional, muchos picoileros creemos que el petróleo influye mucho en la economía mundial. Las dos gráficas siguientes nos dan la pista de cuándo y cómo empezó todo.Gráfica 1   Evolución de la producción y el precio del petróleo       Datos de BP en miles de barriles diarios (Mbd)La gráfica 1 refleja la producción mundial de petróleo junto al precio del petróleo superpuesto. La gráfica está señalizada desde el 2004 hasta el 2008 mostrando cómo la producción de petróleo empezó a decrecer en el 2004 entrando casi en una meseta. Coincidiendo con este aplanamiento de la producción el precio del petróleo tiene una subida muy fuerte. Ya tenemos una primera consecuencia, si la oferta de petróleo se estanca y la demanda sigue aumentando, el precio se dispara.Gráfica 2   Evolución de los porcentajes energéticos de consumo de energía primaria      Datos de AIE en ktep La gráfica 2 muestra los porcentajes energéticos de consumo mundiales de las distintas energías junto al precio del petróleo superpuesto en otra escala (gráfica izquierda). A pesar del incremento de consumo de energía primaria en el mundo (gráfica derecha), se observa perfectamente la reducción de consumo del petróleo a favor del gas y del carbón. Las renovables hacen lo que buenamente pueden, aunque están creciendo, su crecimiento queda minimizado por el crecimiento de la demanda mundial de energía. La gráfica muestra a la perfección como ante los altos precios del petróleo el mundo disminuye fuertemente el consumo de petróleo. A continuación la tabla con el porcentaje energético de cada tecnología energética del primer y último año del periodo disponible.%CarbónPetróleoGas NaturalNuclearRenovables199025,237,218,95,912,7201328,731,521,34,813,7
Las gráficas siguientes 3 y 4 representan los porcentajes de consumo de energía primaria del grupo de países OCDE y no OCDE, acompañadas las gráficas con las tablas de porcentajes del primer y último año del periodo. Ambas gráficas tienen superpuesto en otra escala la gráfica del consumo de energía primaria de cada grupo.
%CarbónPetróleoGas NaturalNuclearRenovables199023,841,518,610,06,1201319,438,725,99,69,5
Gráfica 3                         Consumo energía primaria países OCDE                                             Datos de AIE en ktepA destacar en la gráfica 3 la disminución del carbón y del petróleo a favor del gas y en menor medida las renovables; pero sobre todo destacar la disminución del consumo de energía primaria como causa del alto precio de la energía.
%CarbónPetróleoGas NaturalNuclearRenovables199028,334,820,31,820,9201336,528,219,41,717,3
Gráfica 4                   Consumo energía primaria países no OCDE                                                Datos de AIE en ktepEn la gráfica 4 podemos destacar la fuerte disminución del petróleo compensada con un fuerte aumento del uso del carbón ante el alto precio del petróleo. La evolución de la energía primaria crece, debido especialmente al crecimiento de China y los demás países emergentes. Aunque las renovables tienen un fuerte aumento en ambos grupos de países, vemos como en el caso de los países no OCDE este aumento queda eliminado por el crecimiento total del consumo de energía, notándose más el aumento de renovables en los países OCDE que están en declive energético. Esto es una mala noticia, mientras el mundo incrementa el consumo energético, el bajo crecimiento renovable debido a diversos factores intrínsecos que tienen las renovables, hace imposible la sustitución de los combustibles fósiles por renovables, relegando a estas para un futuro tarde o temprano de decrecimiento.La gráfica 3 nos revela otra consecuencia más del cénit del petróleo, esta consecuencia es la reducción del consumo energético en los países que más energía consumen. En el 2008 junto al pico del precio del petróleo, hubo picos en el precio del gas y del carbón, si bien más suaves que el pico del precio del petróleo. Esta conjunción de picos de precios en la energía produjo una fuerte moderación del consumo energético en estos países. En la siguiente gráfica (gráfica 5) vemos como los países de la OCDE tienen un consumo de energía per cápita mucho mayor que el resto de países, esto hace que queden más perjudicados ante los altos precios de la energía, en el caso de la gráfica es el precio del petróleo, reduciendo finalmente su consumo.Gráfica 5   Evolución de las toneladas equivalentes de petróleo (TOE) per cápita de los países OCDE y No-OCDE                                                                                                                                                                    Datos de AIELa gráfica muestra perfectamente como el techo y el posterior declive del consumo per cápita de la OCDE coincide con el aumento del precio del petróleo. En Automóvil y energía veíamos que en los países emergentes existe una relación directa entre el tamaño de la clase media y el uso del automóvil. En este punto es donde se cierra el círculo de la subida del precio de la energía, las nuevas clases medias que surgen en los países emergentes demandan más energía en general y más petróleo en particular especialmente para el automóvil; esta nueva demanda produce falta de oferta en los ya muy explotados yacimientos petrolíferos, que a su vez hace subir el precio del petróleo, produciendo a su vez la disminución del consumo en las antiguas clases medias que tienen consumos más altos y por tanto mantienen un gasto mayor. Esto que está ocurriendo hoy con el petróleo ocurrirá mañana con el gas y el carbón a medida que vayan llegando al cénit. Por supuesto una vez pasados los diversos cénit y comience el declive el proceso se acelerará.
¿Nos encontramos prácticamente en el cénit del petróleo?Es imposible saberlo, pero probablemente no, en la gráfica uno se ve como a partir del 2010, el petróleo continúa con un crecimiento parecido al de antes del 2004. Este nuevo incremento es gracias al crecimiento del light tight oil, un petróleo no convencional extraído con la técnica del fracking. Este nuevo petróleo extraído en EEUU inunda de nuevo el mercado de petróleo haciendo que desaparezcan los problemas de oferta, como consecuencia de esto tenemos la actual coyuntura de bajos precios del petróleo en la que nos encontramos en la actualidad. En el post Porqué ha bajado el precio del petróleo se explica la aparición de este nuevo petróleo y el posible alcance al que puede llegar.A su vez, hay también expertos, informes y noticias que nos dicen que algunos países como por ejemplo Arabia Saudita tienen todavía muchas reservas de petróleo.Gráfica 6              Producción de petróleo de EEUU y Arabia Saudita                                                  Datos de BP en MbdLa gráfica 6 compara la producción de petróleo de EEUU y Arabia Saudita, entre ellas encontramos muchas diferencias. En la producción de EEUU se notan tres campanas, la primera con el cénit de la producción continental, la segunda con el cénit de la producción de Alaska y la tercera al final con el crecimiento del light tight oil. En cambio en Arabia Saudita se notan dos comienzos de campanas. Una primera truncada por las dos crisis del petróleo, y una segunda truncada en el 1990 por una meseta ascendente. Si comparamos esta producción con la de EEUU, este último en solo 6 años aumenta su producción el doble que Arabia Saudita en 23 años, claramente Arabia Saudita desde el 1990 está racionando su extracción de petróleo. Como sus datos de producción son secretos y los pocos datos que dan tienen claros indicios de ser falseados, es imposible estimar de cuántas reservas disponen todavía, aunque por su eficacia en los aumentos de producción hay que pensar que todavía les quedan reservas.En realidad la mayoría de la OPEP lleva haciendo eso, racionando la producción, la siguiente gráfica refleja como la Grafica 7         Producción mundial de petróleo entre OPEP y el resto del mundo                              Datos de BP en Mbdproducción de la OPEP mantiene el crecimiento mundial de la producción y a su vez compensa las irregularidades en la producción del resto del mundo; la OPEP compensó el retroceso de la producción del resto del mundo en el 1987, compensó también el lento crecimiento mundial a partir del 1993 y compensó el estancamiento de la producción a partir del  2004, interrumpido este estancamiento al final por el auge del light tight oil.Pero el que Arabia Saudita y otros países de la OPEP tengan más reservas disponibles no cambia la realidad de la gráfica 1, no sirven de nada estas reservas si no se usan para compensar la falta de oferta que se dio entre el 2004 y el 2008. Para todos los efectos es como si no existieran. Ante problemas futuros de oferta no hay garantías de que Arabia Saudita u otros países compensen dicha escasez de oferta con sus reservas. Y están en todo su derecho, lo más probable es que los altos precios que hemos soportado en la última década sean los más rentables para el crecimiento de las economías de estos países, los más rentables para el crecimiento de los nuevos petróleos no convencionales y posiblemente también los más rentables para la estimulación de los ya muy explotados yacimientos de la OPEP. De hecho actualmente se pueden ver multitud de noticias informando de cómo una gran cantidad de compañías energéticas están en riesgo de quiebra debido a los bajos precios del petróleo. Precisamente uno de los últimos post de este blog trataba sobre la necesidad de regulación de la producción y del precio del petróleo con el fin de mantener las empresas energéticas a flote. Diversas noticias actuales que tratan sobre conversaciones que se están manteniendo en algunos países productores, apuntan a futuros cambios de la regulación de la producción para volver otra vez a precios más altos y sostenibles para la industria petrolífera.Viendo los problemas financieros que está causando en el mundo el petróleo barato, se podría considerar esto como otra  consecuencia del cénit: se ha acabado ya la era del petróleo barato, tal como predijeron Colin J. Campbell y Jean H. Laherrere allá por el año 1998.
Influencia del precio del petróleo en los sectores de la energía finalA continuación vamos a ver como afectó el precio del petróleo a los sectores más importantes de la energía final. La tabla siguiente muestra el porcentaje energético correspondiente de cada sector en la energía final del año 2013.Porcentajes de consumo en sectores de la energía final%Industria29Transporte28Residencial23Uso no energético9Comercial y servicios públicos8Agricultura y pesca2No especificado1Tabla 1
Sector industria:
%CarbónProductos petrolíferosGas naturalRenovablesElectricidadCalor199026,21819,86,6218,4201331,411,119,47,226,44,6
Gráfica 8                   Consumo de energía mundial en el sector industrial                                 Datos de AIE en ktepLo primero que podemos destacar en la gráfica 8 es que en todo el periodo de tiempo, la industria ya usa poco petróleo, tanto la electricidad, el gas y el carbón están por encima. Aún así se puede observar como el mundo reduce fuertemente su consumo de petróleo en la industria compensando esta disminución con carbón y con electricidad. La energía total crece por el tirón de los países emergentes.

%CarbónProductos petrolíferosGas naturalRenovablesElectricidadCalor199019,320,427,24,426,81,8201312,11231,39,532,22,9
Gráfica 9                   Consumo de energía del sector industrial en países OCDE           Datos de AIE en ktepComo vemos en la gráfica 9, los países OCDE reducen su consumo de petróleo y carbón en la industria compensando con electricidad y gas natural, y en menor medida con renovables. A su vez vemos que el consumo total de energía está estabilizado.
%CarbónProductos petrolíferosGas naturalRenovablesElectricidadCalor19903215,813,58,316,114201339,210,614,36,223,85,3
Gráfica 10                   Consumo de energía del sector industrial en los países no OCDE                   Datos de AIE en ktepEn el caso de los países no OCDE vemos como es el carbón y la electricidad los que compensan la disminución del petróleo; estas energías también compensan el fuerte aumento del consumo energético que sucede en los países emergentes.Según hemos visto en los datos del sector industrial, no parece muy problemática la sustitución del petróleo por otras energías, la industria parece prescindir de él sin mucho problema cuando sube el precio.
Sector transporte:
%CarbónProductos petrolíferosGas naturalRenovablesElectricidadCalor19900,893,93,60,41,3020130,192,63,82,510
Gráfica 11                   Consumo de energía del sector transporte en el mundo                         Datos de AIE en ktepLa gráfica 11 y sus correspondientes cifras no dejan lugar a dudas, el transporte tal y como lo conocemos ahora vive casi exclusivamente de los derivados del petróleo. A pesar del fuerte aumento del precio del petróleo, no ha sido capaz de reducir su dependencia. Resulta patético el intento de crecimiento de los biocombustibles con el objetivo de hacer el transporte más limpio y sostenible. Y desde luego sostenible no ha sido, según el Banco Mundial ese minúsculo crecimiento fue el mayor responsable de la crisis alimentaria mundial del 2007-2008.En la misma gráfica y a distinta escala están los consumos totales en transporte del mundo, países OCDE y no OCDE. Vemos el fuerte crecimiento del transporte en los países no OCDE fruto de la aparición de las nuevas clases medias, en comparación con el estancamiento del consumo de los países OCDE debido al alto precio de los combustibles.Dentro de este sector, el subsector del automóvil es el mayor responsable del consumo de este sector y a su vez también el mayor perjudicado. En Automóvil y energía veíamos como el automóvil se lleva un 48% de la energía del transporte y un 29,1% de la energía de los productos petrolíferos. También veíamos la dificultad de migrar semejante cantidad de energía a la electricidad y a los otros combustibles sin que queden afectados otros sectores de la energía final, altamente especializados en estas otras energías. Una vez que se llegue a la fase de declive del petróleo parece muy difícil que el sector del automóvil pueda sobrevivir.
Sector residencial:

CarbónProductos petrolíferosGas naturalRenovablesElectricidadCalor199010,212,817,941,914,13,120133,59,620,040,621,35,0
Gráfica 12                   Consumo de energía mundial del sector residencial                         Datos de AIE en ktepLa gráfica 12 muestra el consumo energético mundial del sector residencial, en el cual disminuyen el carbón y el petróleo a favor de la electricidad y en menor medida del gas natural.


CarbónProductos petrolíferosGas naturalRenovablesElectricidadCalor19907,920,133,27,228,33,320131,812,037,410,335,33,2
Gráfica 13                   Consumo de energía del sector residencial en países OCDE                        Datos de AIE en ktepLa gráfica 13 muestra el consumo energético residencial de los países OCDE. El consumo de carbón y derivados del petróleo baja mucho en favor de la electricidad, el gas natural y en menor medida de las renovables. El consumo total deja de crecer y se estabiliza debido al pico conjunto de precios del petróleo, del gas y del carbón.En el post Pérdidas crecientes en el sistema energético mundial veíamos como debido a las grandes pérdidas que tiene la generación eléctrica, la  mayor parte de la electricidad se usa para equipamiento e iluminación dejando los combustibles para calefacción y agua caliente sanitaria. Los países OCDE en este sector, tienen prácticamente el 50% de gasto de energía en uso térmico, usando el gas como combustible mayoritario. O se aumenta mucho la eficiencia y la austeridad en este sector o en el cénit del gas muchos países sufrirán problemas con la calefacción.

CarbónProductos petrolíferosGas naturalRenovablesElectricidadCalor199011,68,18,164,25,13,020134,48,411,156,014,25,9
Gráfica 14                   Consumo de energía del sector residencial en países no OCDE                     Datos de AIE en ktepLa gráfica 14 muestra el consumo energético residencial de los países no OCDE. En este caso vemos una fuerte bajada de las renovables y el carbón a favor de la electricidad y el gas natural en menor medida.Del gran consumo en renovables, el 97% corresponde a biocombustibles y residuos, y en gran medida corresponde al consumo de subsistencia, y en muchos casos no sostenible, de materiales vegetales utilizados directamente como combustible de los países menos desarrollados. De ahí la gran diferencia de magnitud entre las renovables de la OCDE y la no OCDE. Aunque también aumentan las renovables en este grupo de países, de nuevo vemos que el gran crecimiento de la energía total hace que el porcentaje en renovables disminuya.A destacar el bajo crecimiento en uso térmico de este grupo de países en parte debido seguramente a que gran parte de la población de estos países vive en zonas más templadas.
Uso no energético:

CarbónProductos petrolíferosGas naturalPetróleo19905,274,519,21,120137,972,018,91,2
Gráfica 15                   Consumo de combustible en usos no energéticos                     Datos de AIE en ktepSegún se ve en la gráfica 15, este es otro sector que no puede prescindir de los derivados del petróleo aunque su demanda es mucho menor que el transporte; según veíamos en la tabla 1, los usos no energéticos suponían el 9% de la energía final. De nuevo el crecimiento energético viene por los países emergentes dentro del grupo de países no OCDE. También en este caso los países OCDE han detenido su crecimiento.Por tener alguna referencia comparativa de este sector, en España este sector se divide en 3 subsectores: transporte con un 37%, usos diversos con un 33% e industria con un 30%.
Sector comercial y servicios públicos:

CarbónProductos petrolíferosGas naturalRenovablesElectricidadCalor199010,721,725,82,137,72,020134,811,825,53,649,94,4
Gráfica 16            Consumo de energía del sector comercial y servicios públicos en el mundo       Datos de AIE en ktepEn este sector claramente se está creciendo y sustituyendo la energía del petróleo y del carbón por electricidad. De nuevo el crecimiento energético viene por los países emergentes dentro del grupo de países no OCDE. También en este caso los países OCDE han detenido su crecimiento.
Sector agricultura y pesca:

CarbónProductos petrolíferosGas naturalRenovablesElectricidadCalor19908,664,64,33,517,81,320137,657,53,95,223,02,7
Gráfica 17                   Consumo de energía del sector agricultura y pesca en el mundo                Datos de AIE en ktepEn este sector vemos que también los productos petrolíferos están disminuyendo a favor de la electricidad y en menor medida de las renovables. Aunque su dependencia de los productos petrolíferos todavía es muy grande no debería ser un sector problemático ya que supone solo el 2% de la energía final (tabla 1). Si lo comparamos con el sector transportes este sector gasta 53 veces menos productos petrolíferos que el otro.
El precio de la energía marca la demandaHasta ahora hemos visto como el consumo de petróleo y sus derivados reacciona a la baja si el pecio del petróleo es alto; en la siguiente gráfica vamos a ver como el consumo de gasolina reacciona al alza cuando el precio baja.Gráfica 18          Consumo y precio de la gasolina en EEUU          Datos de Energy Information Administration (EIA)La gráfica representa el consumo de gasolina en EEUU confrontado con el precio de la gasolina; como era de esperar, cuando el precio sube baja el consumo y viceversa cuando el precio baja sube el consumo. En España ha pasado igual con el consumo de gasoil y su precio, aunque en menor medida debido a que la oscilación del precio ha sido menor al tener más impuestos el combustible en este país. En una sociedad de consumo el precio marca la demanda, si la energía es barata la sociedad la derrocha y si la energía es cara la sociedad se comporta de forma más eficiente. En el caso del automóvil cuando el precio de los combustibles es alto, se raciona el uso del automóvil y se alarga la vida del vehículo (Ver Automóvil y energía).Actualmente hay una opinión creciente en foros picoileros de que el precio del petróleo ha bajado por destrucción de demanda, lo cual no es correcto. Si bien es posible que se esté destruyendo parte de la demanda en los países desarrollados, gran parte de ella está sustituida por otras energías como hemos visto en este post y otra parte de la demanda está racionada; esto último es un comportamiento lógico dentro de las sociedades de consumo (Ver Sociedad de Consumo y energía-punto 4); permaneciendo la demanda latente hasta que bajan los precios de la energía como se puede ver en la gráfica 18. Si a esta permanente demanda le añadimos además la nueva demanda que se está formando en los países emergentes, tenemos lo que es evidente, que el consumo mundial de petróleo sigue creciendo; al menos hasta lo que estamos viendo en los datos más actuales.  La bajada actual del precio del petróleo vino con el aumento de la oferta de un petróleo no convencional, el light tight oil (se explica en el post Porqué ha bajado el precio del petróleo).No digo que no se puedan dar periodos de destrucción de oferta y demanda, a mi juicio se han dado ya tres; en el 1973, 1979 y en el 2008; los dos primeros fueron de origen político y el tercero ya de origen físico. Estos tres periodos se pueden ver en la gráfica 1 del post anteriormente relacionado. Una vez se llegue al cénit del petróleo, es de esperar que estos periodos de destrucción de oferta y demanda con grandes fluctuaciones en el precio, explicados por Antonio en el post La espiral, se den cada vez con más frecuencia.
Posibles consecuencias futuras una vez alcanzado el cénit del petróleoSegún los datos que hemos visto, salvo el transporte y el consumo no energético, el mundo está reduciendo  y estancando la dependencia del petróleo de forma satisfactoria. Una nueva gráfica nos confirma los datos anteriores.Gráfica 19               Crecimiento del consumo de productos petrolíferos en el mundo               Datos de AIE en ktepLa gráfica refleja el crecimiento de consumo de productos petrolíferos del mundo. Se ve claramente que el consumo está prácticamente estancado, solo está disparado en el transporte, y en menor medida en usos no energéticos. Ante la evidencia de los datos que hemos visto a lo largo de este post y excluyendo la muy probable debacle del transporte, el cénit del petróleo no debería de resultar demasiado traumático; simplemente con la eliminación del automóvil y una fuerte corrección del transporte por carretera y aviación sería suficiente por un tiempo, ya que estos tres sectores juntos suponen el 83% de la energía del transporte. Este tiempo daría un respiro para que los sectores se vayan acoplando al gas, al carbón y a la electricidad (más gas y carbón).Sin embargo no es tarea fácil, el automóvil es el principal icono de las clases medias y de las sociedades de consumo. Tiene un fuerte arrastre en el empleo indirecto en los países desarrollados y a su vez también es uno de los mayores contribuyentes a las arcas públicas. Solo quitar el consumo del automóvil haría desaparecer aproximadamente un tercio de la demanda mundial de petróleo, semejante ausencia de demanda hundiría los precios; y por lo que estamos viendo actualmente, esos bajos precios hundirían la industria del petróleo, parte de la industria energética y el progreso de muchos países productores. Pero como decíamos anteriormente una vez que empiece el declive del petróleo, parece difícil que el sector del automóvil pueda sobrevivir. Confiar que sucesivos ajustes a la baja de la oferta y la demanda con fuertes oscilaciones de los precios, no van a ocasionar los mismos resultados que decíamos anteriormente parece demasiado optimista. Seguramente se necesitarán medidas especiales. Y si hay que tomar medidas especiales, mejor que se tomen cuanto antes. A fin de cuentas la desaparición del automóvil también traerá consecuencias positivas ya que el automóvil nunca ha sido capaz de cumplir con requisitos medioambientales; tampoco ha sido capaz de acabar con la siniestralidad y finalmente; tampoco ha sido capaz de cumplir con criterios de eficiencia; los pequeños logros tecnológicos en eficiencia quedan minimizados porque gran parte del uso que se da al automóvil no es eficiente (Ver Automóvil y energía).  Prescindir cuanto antes del automóvil bien podría ser el primer intento de la humanidad de irse adaptando a los recursos limitados del planeta de forma voluntaria, antes que lleguen los cénit que sí serán dramáticos si no se toman medidas anteriormente: el cénit del gas y del carbón.
Gráfica 20             Consumo mundial de energía por sectores y energías Datos de AIE en ktepLa gráfica 20  tomada del post Automóvil y energía representa toda la energía consumida en el mundo (primaria y final) del año 2011. En la gráfica vienen las distintas fuentes de energía y el uso que se les da a esas energías. Como puede verse tanto el carbón y el gas natural están fuertemente especializados en generación eléctrica, en consumo industrial, en consumo residencial y en consumo en el sector servicios públicos Y como hemos visto a lo largo de este post, estos combustibles también están cogiendo el relevo de lo que va dejando el petróleo; asumiendo también la nueva demanda de los países emergentes en casi todos los sectores. La escasez de cualquiera de estos dos combustibles producirá un inevitable fuerte aumento del precio del combustible y de la electricidad, afectando a su vez económicamente a todos los sectores. Y no digamos ya si nos tenemos que enfrentar a interrupciones de suministro, no es lo mismo tener las gasolineras desabastecidas que tener interrupciones en el suministro de la luz, la calefacción o el agua caliente.Algunas fuentes señalan el cénit del gas para la próxima década, y algunas otras fuentes (las menos) incluyen también para esa década el cénit del carbón. Si gracias al cénit del petróleo el mundo toma conciencia de la inevitabilidad del agotamiento de los recursos, podremos mentalizarnos y prepararnos para los otros dos cénit que sí serán problemáticos. Lo peor que podemos hacer es precisamente lo que se está haciendo ahora, estirar la agonía del cénit del petróleo con petróleos de alto riesgo medioambiental y más que dudosa rentabilidad como las arenas asfálticas, el light tight oil y quizás en un futuro los petróleos pesados de Venezuela; estirando el momento del declive hasta el punto que quizás en un futuro coincidan el cénit del petróleo con el cénit del siguiente combustible fósil. Entonces será mucho más difícil enfrentarse al problema. El cenit del petróleo quizás sea la última oportunidad antes del caos, debería de estimular la puesta en práctica de nuevas ideas de organización, donde la economía, el individuo, la sociedad y la biosfera se relacionen de forma armónica, asumiendo los límites reales de cada uno de los sistemas. Y no como ahora, que nos comportamos como sí dichos límites no existieran.Saludos
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Mi vida como peakoiler

16 Març, 2016 - 16:44


Un día más, otra vez el tren de las siete menos cuarto de la mañana. El grupo habitual, las conversaciones ligeras (y no tan ligeras) de rigor, y en un momento concreto, cuando la mayoría del grupo ya se preparaba para apearse en Gerona, el nuevo miembro del improvisado grupo saca a colación la expresión peak oil. Resulta que sólo él y yo continuábamos viaje hasta Barcelona y comenzamos una animada conversación, que duró hasta que llegamos a nuestro común destino.

Yo no quería empezar a avasallar a mi contertulio con muchos datos y tenía principalmente interés en saber qué es lo que él sabía, sobre todo en relación con el contexto del cual el provenía. Y cuando trajo a colación la expresión Tasa de Retorno Energético y fue desgranando una serie de temas me di cuenta de que estaba bien informado (lo cual es poco habitual aún hoy en día, desgraciadamente). Al preguntarle acerca de sus fuentes de información me sorprendió que no había oído hablar de esta página ni de mi, y tengo que decir que me sorprendió gratamente. Y es que en demasiadas ocasiones tengo la impresión de estar predicando al coro, de que cuando encuentro así, de esta manera espontánea y no pretendida, a alguien que está interesado en estos temas resulta ser alguien que, por decirlo de alguna manera, está en mi círculo de influencia, es decir, es un lector más o menos habitual de The Oil Crash y/o me conoce de alguna manera. Que alguien que demuestra tener formación y preocupación por la cuestión del declive de la producción de combustibles fósiles, además en conexión con su propia actividad como era en este caso, haya recibido esta formación en otros foros me hace albergar la esperanza de que el problema se está haciendo más transversal, de que hay cada vez más gente trabajando independientemente sobre esta temática y que eso favorece que se llegue a más gente, puesto que nuestros círculos de influencia no son necesariamente los mismos. Sería bastante triste que toda la gente que en España conoce la problemática que con tanta frecuencia aquí se discute proviniera solamente de Crisis Energética y de otras dos o tres páginas, como ésta, más o menos conocidas en castellano. Y es que si se aspira a que esta temática sea verdaderamente transversal para la sociedad es muy importante que la manera de tratarla sea transversal, y así que es fundamental que haya páginas que aborden el peak oil desde diversas perspectivas, inclusive la del mundo de los negocios. Es precisamente en ese mundo de los negocios, hasta ahora bastante refractario a las "malas noticias" del declive del suministro de materias primas, donde se van comenzando a escuchar algunas voces que aún predican en el desierto: primero fue Juan Carlos Barba en El Confidencial y más recientemente Knownuthing en Rankia (el cual escribe unos excelentes artículos sobre el declive productivo del petróleo, extraordinariamente contextualizados en clave macroeconómica, lo cual alterna con otros artículos profusamente documentados en clave negacionista sobre el cambio climático - como digo, transversalidad). Ya sólo cabe desear que esta transversalidad se traduzca en el ámbito político español y no sólo desde los partidos más a la izquierda, algo que quizá también se está tímidamente comenzando apuntar - recordemos que la Secretaria General de Esquerra Republicana de Catalunya, Marta Rovira, en el debate de investidura del actual president de la Generalitat de Catalunya, mencionó explícitamente el peak oil.

Volviendo a mi conversación en el tren, una buena parte de ella giró en torno al fracking. Mi interlocutor sabía que el fracking no era en absoluto la maravilla que se había vendido durante los últimos años, pero desconocía los últimos datos: la caída de producción de hidrocarburos líquidos ("todos los líquidos del petróleo") en los EE.UU. durante los últimos meses, que los bancos canadienses, estadounidenses y europeos tienen créditos de dudoso cobro en petroleras por valor de 80.000, 123.000 y 200.000 millones de dólares, respectivamente (y eso sin contar con los productos financieros derivados), que este mismo mes de marzo vencen créditos a empresas de fracking por valor de hasta 9.000 millones de dólares que aún no se sabe cómo van a afrontar y eso les lleva a una liquidación apresurada de activos con tal de conseguir efectivo, que las compañías británicas que operan en el Mar del Norte han pedido una sustancial reducción de impuestos para poder hacer frente a sus pérdidas, que la consultora Deloitte avanza que este mismo 2016 podría quebrar un tercio de todas las compañías petrolíferas, ... Y cómo, a pesar de la evidencia que se acumula día a día, los medios españoles hacen oídos sordos a la realidad de que el fracking fue, simplemente, una lamentable burbuja más: aún hace dos días un diario generalista español sacaba un publirreportaje disfrazado de noticia, en el cual se aseguraba que cuando el petróleo vuelva a los 50$ por barril el fracking va a volver a ser rentable. No es de extrañar: viendo la bola de deuda y productos derivados que está a punto de explotar, en medios financieros se está apostando a que una próxima subida de precio del petróleo pueda venir al rescate. Sin embargo, como explica el geólogo Art Bertman, aún hay demasiado petróleo en los stocks de la industria y la demanda aún sigue débil, así que los recientes movimientos al alza del precio del petróleo responden más a sentimiento y no a razones fundadas. Para cuando la caída de la oferta de petróleo, propiciada por una avalancha de quiebras en el sector, debiera llevar el precio nuevamente a valores altos, la crisis económica que se desatará por todas las derivadas financieras de la alucinada apuesta por el fracking llevará a una mayor reducción de la demanda que impedirá que el precio vuelva a subir, y causará aún más estragos en el sector petrolero. En suma, que al intentar aplazar un nuevo giro de la espiral de destrucción de oferta- destrucción de demanda lo que hemos conseguido es una falsa estabilidad durante cuatro años, en el que las empresas productoras se ha descapitalizado por tal de mantener esta apuesta absurda, y por tanto ahora la caída será más abrupta de lo que debería haber sido. Mi interlocutor y yo estuvimos de acuerdo en que el panorama para los próximos años se presentaba negro, aunque se sorprendió cuando yo le hablaba de plazos concretos (por ejemplo, que en 10 años la producción de crudo convencional será la mitad de lo que es ahora). Y es que el peak oil era eso, precisamente.

Al final de la conversación hubo tiempo, también, para hablar del cambio climático. Comenzando por este invierno que ha sido tan extraño y tan dañino para el hielo marino en el Ártico el cual, rompiendo todas las tendencias conocidas, dejó prácticamente de crecer (con un pequeño repunte hace unas semanas) hace cosa de mes y medio, y ahora ya está a punto de comenzar la estación de deshielo. 





El hielo marino ártico debe ser tan fino este año que lo más probable es que si alguna tormenta de mediana intensidad llega al Ártico durante los próximos seis meses la mayoría de este hielo podría resultar destruido y dado que el agua absorbe más radiación que el hielo y por tanto se calienta más, puede favorecerse un cambio más permanente en la dinámica del hielo ártico, incluso cuando el próximo otoño vuelva a comenzar la estación de crecimiento del hielo marino ártico. Y a pesar de que estos extremos se han visto favorecidos por El Niño, lo cierto es que una vez desaparecida la banquisa ártica en verano (cosa que acabará pasando en alguna fecha no demasiado lejana), seguramente las cosas no volverán más a ser como antes.  Estuve después comentando alguno de los efectos esperables, más allá de la subida del nivel del mar que espontáneamente evocó mi interlocutor (y a la cual el deshielo ártico sólo afecta indirectamente, por efecto estérico), en particular por los previsibles cambios en la circulación atmosférica del hemisferio norte. ¿Vendrá un año sin verano después de un año con poco invierno? Nadie lo sabe, pero ésa es una de tantas otras loterías a la que estamos jugando. En este contexto, recientemente se ha puesto de manifiesto que quizá la Tierra ya ha superado uno de sus puntos de inflexión (tipping point) y que quizá el permafrost siberiano o los clatratos marinos están liberando metano, haciendo que por primera vez el propio planeta esté contribuyendo no a frenar el efecto invernadero, sino a acelerarlo. Justamente mi interlocutor me comentaba que recientemente se quedó sorprendido, al preparar un proyecto con la universidad (según me comentó, hace tiempo que no tiene demasiada vinculación con el mundo académico) que a nivel de la Comisión Europea se habla ya más de "adaptación" y no de "mitigación", que era en lo que se incidía hace años. Como yo le comenté, justamente por nuestro trabajo en mi instituto no pocas personas tienen un contacto más o menos estrecho con los círculos de la Comisión, y gracias a eso somos muy conscientes que a nivel de la Comisión Europea se tiene muy claro tanto el problema de los recursos no renovables (el peak oil es, en palabras oídas, "common wisdom" en esos ambientes) como que el cambio climático es real, que es antropogénico y que se está acelerando. En suma, que mal que le pese a quienes hacen bandera de lo contrario, la realidad es que las altas instancias europeas son conocedoras y reconocedoras de la situación actual; sin embargo, no son capaces de proporcionar una salida políticamente aceptable al problema, y es por ello que no estamos consiguiendo avances, y es por eso que se pierde tanto tiempo en falsas soluciones tecnomágicas que, pasando los años, siguen sin solucionar nada.

El tren llegó finalmente a Barcelona, nos despedimos y yo me fui a trabajar. Mi trabajo, últimamente, se ha convertido en una actividad muy intensa, incluso estresante en algunos momentos. Por una parte, recientemente hemos logrado un logro extraordinario: hemos conseguido comenzar a generar mapas de salinidad superficial del mar en el Mar Mediterráneo usando datos de la misión satelital SMOS de la Agencia Espacial Europea, en la que hace años que estamos involucrados. Los mapas tienen una resolución espacial de 25 kilómetros y temporal diaria, y la calidad que tienen es aceptable para muchos estudios oceanográficos y climáticos. Lo que estamos produciendo desde Barcelona es un gran hito, pues por diseño la misión SMOS no estaba preparada para esto: sus objetivos eran mapas de 100 kilómetros mensuales, y nosotros estamos consiguiendo incrementar unas 50 veces su resolución espacio-temporal, y encima recuperar datos con sentido en una región, el Mediterráneo, donde se pensaba que era imposible debido a múltiples problemas de contaminación de la señal. Gracias al trabajo paciente y constante de todo mi equipo durante todos estos años (y aquí he de agradecer especialmente el esfuerzo de Estrella, Justino y Verónica) lo que todo el mundo consideraba imposible es ahora realidad.

http://cp34-bec.cmima.csic.es

Ser capaz de generar esos mapas nos permitirá estudiar muchos procesos oceanográficos y entender algunas de las cosas que están pasando: la salinidad es una variable clave para estudiar el ciclo del agua a escala global y era la principal variable aún ignorada que se requería para completar las ecuaciones dinámicas del océano por su papel en la determinación de la densidad del agua del mar. Y el Barcelona Expert Center que yo tengo el inmerecido privilegio de presidir es el único centro en todo el mundo que es actualmente capaz de producir estos datos, y que además los está mejorando rápidamente con el paso de las semanas.

Este momento dulce a nivel del trabajo de investigación se ha visto acompañado por una prolongación de la tendencia al declive que he ido describiendo en este blog a través de los posts de la serie "Mi colapso y yo". En la recientemente resuelta convocatoria de proyectos del Plan Nacional, el proyecto que presentamos, que tenía un presupuesto ya suponía una reducción de más del 20% con respecto al concedido en el proyecto anterior (cantidad concedida en el proyecto anterior que ya era un 67% inferior a la solicitada) ha sufrido un recorte de nada menos que del 66%. Mirándolo en perspectiva, en cuestión de unos 5 años la subvención se ha reducido más de un 90%. No se puede culpar al Plan Nacional de este recorte: los gestores hacen lo que pueden con unos fondos cada vez más magros, y hay compromisos importantes que se tienen que cumplir. De hecho, comparado con otros nuestro grupo no es, ni de lejos, de los más perjudicados, y en realidad la evaluación tanto del trabajo ya hecho como de la propuesta presentada ha sido muy elogiosa. Simplemente, no hay dinero, no es culpa de nadie.

Simplemente, no hay dinero. Al menos, no en España. Es por eso que en los últimos meses estoy involucrándome en diversas iniciativas, y es por eso que en las últimas semanas viajo mucho, asistiendo a reuniones donde podría pescar "algo de pasta". Es por eso que cada vez tengo menos tiempo para escribir aquí, y es por eso que estoy, últimamente, bastante cansado físicamente.  Sé que al final voy a conseguir remontar la situación y asegurar la financiación de mi grupo, de mi gente, por unos años más. ¿Cuántos? No lo sé. Dos, tres, cuatro... No lo sé. Vivo en la permanente esquizofrenia de intentar durante el día mantener un grupo de investigación de alta tecnología, haciendo un trabajo que me gusta, y al tiempo, durante la noche, escribir profusamente sobre el final de la civilización industrial y la imposibilidad de mantener, incluso a medio plazo, las cosas que construyo durante el día. Y sin embargo, no voy a dejar de intentar seguir adelante, al menos tanto tiempo como pueda. No quiero tener que reprocharme no haberlo intentando hasta el último minuto. Si no es por mi, por lo menos por mis compañeros.


Pausa para comer y pausa para conversar con un ingeniero muy joven, peakoiler, quien hace días que quería hablar conmigo. Mi vorágine laboral hace que llegue media hora tarde a nuestra cita. El joven me explica cuál es su situación y me pregunta qué camino creo yo que es el más sensato para seguir en el futuro. Sabe que no puedo decirle nada seguro, que el futuro es incierto, pero como mínimo quiere conocer mi opinión. Hablamos durante un par de horas, muy animadamente. En el caso del joven ingeniero, lo interesante no es que él conociera mi blog y mi trabajo de divulgación, sino quién le habló de ello. Según parece, primero fue un profesor que les comentó sobre el tema (en un contexto muy curioso: un día estuvieron estudiando turbinas que funcionan con carbón en vez de de con diésel, una muestra de retroingeniería no muy usual hoy día) y les dio la referencia de The Oil Crash, y así empezó a leer algunos artículos sobre el tema. Algún tiempo más tarde otra profesora les dio una clase práctica específicamente sobre peak oil, y muchos de los materiales habían salido, de entre otros lugares, de aquí. Lo cual quiere decir que en el ambiente académico, y en particular en el que se está ocupando de la formación de los nuevos ingenieros, existe una preocupación creciente por los temas discutidos en The Oil Crash, y una voluntad de ir haciendo cambios en los currículos que se enseñan para que se vayan adaptando a una nueva y más complicada realidad. Para mi, este cambio es extraordinariamente positivo, porque siempre digo que el futuro es de los ingenieros, puesto que para que las cosas funcionen será necesario hacer un gran esfuerzo de reingeniería del mundo, adaptando los diseños no para que sean lo más eficientes desde el punto de vista económico, sino desde el punto de vista de los recursos empleados en su elaboración (en realidad, es también un criterio económico, sólo que ahora mismo no se percibe como tal). El joven ingeniero me explicaba, además de otras cuestiones técnicas, que sus preocupaciones hacen que sea visto como el bicho raro en su círculo de amistades, y ya en la calle consumimos los últimos minutos de nuestra conversación hablando sobre este sentimiento de incomprensión y exclusión. Yo le insistí bastante en que es importante darse cuenta de que el Oil Crash es un proceso relativamente rápido visto en términos históricos, pero que en términos humanos es relativamente lento, y aunque sus hijos sin duda conocerán un mundo muy diferente al nuestro él podrá ver transcurrir toda su vida haciendo siempre aproximadamente lo mismo, ciertamente en medio de un continuo descenso energético pero que no tiene por qué ser necesariamente dramático. Que sea un proceso tranquilo y soportable o que tenga cierto dramatismo, incluso que se produzca inestabilidad social, depende de las decisiones que tomemos, y que justamente mi mayor miedo es que se produzcan rupturas bruscas (guerras, revueltas, hambrunas...) que desestabilicen la sociedad, quizá incluso hasta destruirla. Pero si somos inteligentes nada de eso pasará y lo que sobrevendrá será humanamente sobrellevable. En eso estamos, y con esa reflexión nos despedimos.

Así que ya ven: la vida de un peakoiler es esto: una combinación de su BAU con la de una obligación, autoinfligida y generalmente mal valorada, de hacer difusión de un problema que a pesar de ser ninguneado es fundamental para nuestro futuro. Y así seguiremos mientras el cuerpo aguante.

Nota final: Como ya saben hay quien prefiere transcribir la expresión peakoiler al español como picolero. Traslación no exenta de sus riesgos...



Antonio Turiel
Marzo de 2016
Categories: General

Expansión monetaria y crisis de recursos

8 Març, 2016 - 12:13


Queridos lectores,

Mi último post publicado la semana pasada en The Oil Crash generó una corta aunque interesante discusión en la lista de distribución del Oil Crash Observatory. Javier Pérez hizo la siguiente observación:


Esto dice [Antonio] en su artículo:


“Cuando se implementen estos rescates los Estados estarán básicamente efectuando un proceso de redistribución, en el cual se va a usar el dinero recaudado de todos los ciudadanos para mantener a flote determinadas empresas. Esto tiene varios inconvenientes evidentes. Uno de ellos es que obviamente el proceso no va a tener muy buena prensa, y eso puede incrementar más que sensiblemente el malestar social, con riesgo de estallido en algunos países, mientras que en otros el cambio de mayorías políticas pueden dejar estos rescates en papel mojado,”


Y creo que no. Para nada.
Puede suceder en algunos Estados, pero en otros, se  rescatará  a las empresas con dinero recién impreso, o sea, con dinero que sale de la nada.


Y de sobra sé que eso debería generar inflación, pero hace AÑOS que EE UU y Europa, a través de sus rondas de Quantitative Easing, imprimen dinero, y seguimos en deflación…


O sea que de momento, y por razones temiblemente sospechosas, sigue siendo posible imprimir dinero a espuertas y rescatar con eso…

Lo que digo, debería en buena ley ser una tontería, pero me temo que a día de hoy no lo es. ¿Qué está pasando?

Esta cuestión, la del efecto real de las diversas rondas de alivio cuantitativo (en inglés Quantitative easing) que han efectuado los EE.UU. y en menor medida Europa, ha estado muy presente en la discusión económica de los últimos años. Y en particular, en línea con lo que comenta Javier, no son pocos los que creen que a fuerza de imprimir dinero (en términos más técnicos se podría decir que lo que se hace es expandir la masa monetaria) se puede solucionar cualquier problema, ya que de golpe el Estado, al tener más dinero, puede rescatar empresas, comprar créditos dudosos y lo que se le ponga por delante.

La mayoría de la gente sabe (y eso justo es lo que menciona Javier) que la impresión desaforada de dinero genera inflación (conocida como inflación fiduciaria). Sin embargo, lo que se está observando desde que comenzó la primera ronda de alivio cuantitativo es, por el contrario, una relativa contención de precios en los EE.UU. y en Europa, y últimamente una cierta deflación. La pregunta natural es por qué se observa este comportamiento tan antiintuitivo. Las razones, en realidad bien conocidas desde hace algunos años, son muchas veces camufladas en el discurso que se propaga por los medios de comunicación de masas, y por ese motivo he creído que merecía la pena sacar la discusión de la lista de distribución del OCO y compartir aquí algunas reflexiones al respecto.

     La impresión de dinero no genera inflación fiduciaria si la velocidad del dinero es muy baja. Y esencialmente es eso lo que está pasando: el dinero circula a muy baja velocidad y eso está sirviendo a los intereses de las grandes compañías financieras, sin que haya un beneficio real para la ciudadanía de los EE.UU. y Europea, y mucho menos para las de otros países. De todas maneras, de manera efectiva lo que están consiguiendo EE.UU. y en menor medida Europa con sus medidas de expansión monetaria es dos cosas bien negativas: por un lado exportan inflación a sus proveedores (lo cual discutía en el post "Importando energía, exportando miseria") y por el otro favorecen eso que se ha dado en llamar "devaluación interna", o sea, reducción de los salarios de la clase trabajadora.  
Por qué se producen esos dos efectos, en vez de la inflación fiduciaria, es algo que a estas alturas es bien conocido, aunque de ello no se hable en los telediarios. Si el mercado del dinero funcionase de manera no intervenida (en suma, si fuese un "libre mercado", como tanto les gusta llenarse la boca a sus adalides), el dinero recién impreso por el Banco central de turno se propagaría por toda la economía, favoreciendo una subida general de precios (todo el mundo tendría mucho dinero para comprar pero los bienes seguirían siendo escasos, así que la competición por esos bienes haría subir su precio) ergo inflación fiduciaria. Sin embargo, la inflación es peor para el capital que para las clases trabajadoras: las clases trabajadoras, como se ha comprobado miles de veces a lo largo de la historia, dejan de trabajar si su salario no les permite comprar los bienes realmente básicos y por tanto sus salarios, aunque sea un poco a remolque, van subiendo con la inflación; sin embargo, con la inflación el capital simplemente se devalúa en términos reales. Con lo cual, la impresión de dinero y su libre circulación, al generar inflación fiduciaria, es un mecanismo de redistribución de rentas que va desde los ahorradores (capital) hacia el Estado y las clases trabajadoras.  

Obviamente, ese proceso de devaluación del capital y transferencia de rentas hacia la clase trabajadora no podía ser aceptado de grado por parte de las grandes élites económicas, porque iba en su perjuicio. Pero es que en realidad nunca hubo la intención de redistribuir el dinero por toda la economía, sino que sólo unos pocos agentes económicos privilegiados lo pudieran usar para resolver sus problemas. Así que lo que se ha hecho es evitar que el dinero circule por toda la economía; hay muchos estudios que miden la velocidad del dinero (a través de unos estadísticos de estimación de la masa monetaria que se llaman M1, M2 y M3) y  se comprueba que ésta es actualmente muy baja en EE.UU. y en Europa. A modo de ejemplo, vean las gráficas que siguen a estas líneas, que corresponde a la evolución del multiplicador M1 y la velocidad del dinero M2 en los EE.UU. en los últimos años. Como ven, la crisis de 2008-2009 y el inicio de las sucesivas rondas de alivio cuantitativo han agravado una tendencia de décadas a una circulación relativa del dinero cada vez más reducida (en el caso de M2, de un 25% desde el principio de la crisis).







Lo que está sucediendo es que a la barra de liquidez que pone el Banco central de turno (con tipos de interés muy bajos o con inyecciones directas de capital a fondo perdido) sólo pueden recibirla los grandes bancos (¿por qué la Reserva Federal de los EE.UU. no hace esas inyecciones directamente, no al Estado y sus administraciones - lo tiene prohibido en sus estatutos, igual que el BCE - sino a los particulares, por ejemplo a la gente con hipotecas?). Estos grandes bancos cogen esas grandes cantidades de dinero, la mayor parte del cual tienen que acabar devolviendo a su banco central (aunque sea con un interés "de amigo" no dejan de ser préstamos) y tienen que invertirlo en algo que tenga una rentabilidad asegurada, de manera que puedan ir saneando sus balances. El resto de la historia es bien conocido: los grandes bancos compran títulos del tesoro, generando artificialmente una subida de tipos para asegurar que su retorno sea mayor que el interés de su Banco Central, y así van inyectando su deuda en el Estado. El Estado, con un endeudamiento cada vez mayor, debe dedicar cada vez más recursos al servicio de la deuda, con lo que le queda menos dinero para otras actividades, principalmente para los servicios sociales puesto que las inversiones públicas (obra pública, defensa) deben mantenerse porque eso le interesa a los grandes bancos, que prestan dinero en esos sectores. De aquí los recortes sociales, cada vez mayores, que hemos sufrido estos años en Occidente, con la excusa de que son "insostenibles" y que "habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades". 

Una vez que se entiende qué es lo que pasa con ese dinero "creado de la nada", como dice Javier, se puede entender bastante bien por qué se producen los dos efectos negativos que comentaba al principio. Por un lado, la denominada "devaluación interna" proviene del hecho que, bajo la coacción de denunciar "el alto endeudamiento público" -como si fuese un vicio del Estado que les es ajeno- estos grandes poderes económicos consiguen introducir una serie de medidas políticas conducentes, básicamente, a la reducción de salarios de la clase trabajadora, que sirve a su fin de mejorar la competitividad de las empresas a las que prestan dinero. En suma, utilizan el endeudamiento público que han creado ellas mismas como excusa para conseguir que reduzcan salarios y que las empresas a las que prestan dinero sean más rentables.  

El otro efecto de la expansión cuantitativa es la exportación de inflación, el cual expliqué en detalle en el post comentado más arriba: si yo presto dinero a empresas para que compren materiales fuera, esas empresas tienen una capacidad de compra que no se corresponde con su productividad real y en el fondo lo que les estoy permitiendo es comprar más materiales que lo que le permitiría su capacidad real, generando una presión inflacionista en el conjunto de la economía mundial, sobre todo sobre las materias primas y bienes de equipo. Esto también está muy descrito, y parte de la actual caída del precio del petróleo y del resto de materias primas corresponde directamente con el final de la tercera ronda de alivio cuantitativo, el QE3 (la otra parte de la caída de precios de las materias primas se debe fundamentalmente el frenazo chino, que en parte corresponde indirectamente con el final del QE3 también: con menos capacidad de compra, las empresas americanas y europeas han contenido su demanda de productos chinos).  

Sin embargo, la cuestión que aludía en mi post es que estos mecanismos, que como vemos ya hace tiempo que están en marcha, no son suficientes esta vez para parar la sangría de empresas petroleras que, por su tamaño (tanto en puestos de trabajo como en volumen de créditos) se pueden considerar críticas (too big to fail).  Fíjense que, de acuerdo con las estimaciones del sector, sólo los bancos estadounidenses tienen en sus libros 123.000 millones de dólares en préstamos al sector de la energía (fundamentalmente a empresas petroleras y gasísticas, y de éstas un buen trozo está originado por el fracking y las arenas bituminosas) - y eso por no hablar de los bancos europeos (con el Deutsche Bank al frente). Lo peor no son estos créditos, sino todos los productos derivados financieros que se han hecho de ellos, en una repetición de lo que llevó a la catástrofe financiera de 2008. Por tanto, resulta crítico que al menos una parte de estas empresas no quiebren.  Para estas empresas se tendrán que tomar medidas más directas, esencialmente los rescates que comentaba en el post. En términos prácticos acaba siendo lo mismo: transferencia de dinero público a manos privadas a cambio de nada. La cuestión es que es socialmente más visible (como, por ejemplo, lo ha sido en el caso de España con las cajas rescatadas, y como lo será si al final el Estado español se ve obligado a rescatar Repsol) y por tanto menos aceptable. De ahí lo que proponía en el post: regular el precio del petróleo para evitar estos vaivenes que son socialmente desestabilizantes. Sobre todo porque no hacerlo podría agravar nuestro descenso energético, que ya será suficientemente malo de por sí.

Salu2,
AMT
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Precio regulado del petróleo: ventajas e inconvenientes

2 Març, 2016 - 10:53


Queridos lectores,

Uno de los problemas asociados a la alta volatilidad de los precios del petróleo, como discutíamos en el post anterior, es el cortoplacismo con el que se gestiona la inversión en nueva producción, lo cual resulta extraordinariamente peligroso en un momento en el que las fuentes de hidrocarburos líquidos restantes son mucho más caras de explotar (tanto económica como energéticamente) que las que se han explotado históricamente. Precisamente en un momento en el que se tendría que garantizar una inversión más estable en la producción de petróleo, simplemente para compensar la caída natural de los campos más maduros, es cuando se están haciendo los recortes más drásticos, pues los nuevos proyectos son comparativamente más caros y menos rentables. La razón, por supuesto, es que los bajos precios del petróleo actuales hacen que tal inversión sea todavía más ruinosa de lo que lo ha sido estos últimos años. La interpretación economicista clásica (los precios están bajos porque hay exceso de oferta ergo se ha de reducir la oferta) ignora que lo que en realidad ha caído es la demanda porque los precios llevaban bastante altos desde 2011; también, que la caída de la oferta será tan abrupta que pasará por debajo de la demanda y disparará los precios, lo que acabará causando una nueva destrucción de demanda que volverá a hundir los precios y así sucesivamente. Es cuestión de tiempo (esencialmente, de que se sufran varios vaivenes dentro de la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda en el que ya estamos inmersos) que los líderes políticos y económicos se den cuenta de que no controlar este proceso lo único que hace es agudizar el fenómeno del peak oil, llevando a un descenso más rápido de la energía disponible que el que se debería seguir por razones meramente técnicas y geológicas. Y por ello mismo, en algún momento se decidirán a tomar medidas para contener la caída precipitada.

Si recapitulamos como hemos llegado hasta aquí, nos daremos cuenta de que la apuesta por el fracking ha permitido mantener la oferta de petróleo e incluso hacerla crecer durante los años 2011-2015, pero lo ha hecho a costa de hacer crecer también y de una manera salvaje el endeudamiento de las compañías (ver "La ilógica financiera"), y al mismo tiempo mantener un precio del petróleo demasiado elevado que ha terminado por generar la ola recesiva global que está comenzando en estos momentos. Por ello, esta inversión procíclica ha agravado enormemente los efectos del descenso energético; y si se mantiene este modelo de inversión se continuará profundizándolo. Dado que la energía es el verdadero motor de la economía, es preciso cambiar la estrategia de inversión en la exploración y desarrollo de petróleo, puesto que de otra manera el descenso energético será tan rápido que podría poner en peligro hasta la estabilidad social de nuestra civilización, y por supuesto haría inviable cualquier plan de transición más allá de los combustibles fósiles, sea éste del tipo que sea.

Uno de los mayores peligros asociados a la volatilidad en el precio del petróleo es que los inversores renuncien invertir en proyectos de exploración por temor al riesgo no ya de no tener beneficios sino de que no se recupere la inversión. En la inversión en exploración y desarrollo de petróleo los tiempos de retorno de la inversión (varios años) son lo suficientemente prolongados como para que una inversión a destiempo pueda ser ruinosa, simplemente si se tiene la mala suerte de que los precios se mantengan altos cuando se esté poniendo en marcha el proyecto y que bajen después abruptamente justo en el momento en que empiece la producción. En un momento de alta volatilidad como el actual, al final los inversores percibirán el sector como demasiado arriesgado y dejarán de invertir, agudizando así los problemas arriba mencionados. Así pues, desde la perspectiva de los principales agentes económicos y políticos se acabará concluyendo que es perentorio garantizar un marco de inversión estable para la explotación de petróleo y para ello, como digo, tarde o temprano se tomarán medidas bastante expeditivas.

La medida más inmediata, cuya llegada se anticipa ya, es el rescate de las compañías más grandes si llegan a tener problemas serios. En una reedición de los rescates bancarios de finales de 2008, es bastante probable que un cierto número de compañías petroleras y gasísticas se beneficien de una inyección de dinero público, ya sea porque el Estado entre en el capital de estas empresas, ya sea porque se les conceda créditos blandos avalados por el Estado, ya sea porque el Estado les compre aquellos activos menos rentables (o que no lo son en absoluto). Cuando se implementen estos rescates los Estados estarán básicamente efectuando un proceso de redistribución, en el cual se va a usar el dinero recaudado de todos los ciudadanos para mantener a flote determinadas empresas. Esto tiene varios inconvenientes evidentes. Uno de ellos es que obviamente el proceso no va a tener muy buena prensa, y eso puede incrementar más que sensiblemente el malestar social, con riesgo de estallido en algunos países, mientras que en otros el cambio de mayorías políticas pueden dejar estos rescates en papel mojado, incrementando aún más la incertidumbre y los efectos de la espiral de destrucción de oferta y demanda, es decir, agravando el declive económico. Otro inconveniente de estos rescates es que no es evidente que se vayan a rescatar aquellas empresas más eficientes, sino aquéllas que sean percibidas como "de mayor importancia sistémica" (too big to fail). Eso transmite un mensaje bastante negativo al mercado, dejando claro que se garantiza la inversión en los grandes pero no en los mejores, lo cual tampoco incentiva que se mantengan los mejores activos y en el medio y largo plazo puede provocar caídas de producción más fuertes que las que sobrevendrían de otra manera.

Dado que, como comentamos, parece algo inevitable que haya una cierta transferencia adicional de renta desde los consumidores de petróleo hacia los productores, aunque sólo sea para hacer viable el negocio de producir hidrocarburos líquidos, creo que resultaría mucho más eficaz y mejor percibido que se adopte un sistema internacional de precios regulados.

La idea es simple: en vez de dejar que el precio del petróleo sea fijado (en principio libremente) por el mercado, un organismo internacional acreditado y reconocido por todo el mundo fijaría cuál es el precio adecuado. Tal precio sería revisado, de acuerdo con criterios técnicos, con regularidad (típicamente, unas pocas veces al año).

La principal ventaja de contar con un precio del petróleo regulado (discriminando según los diversos tipos de hidrocarburos líquidos) es que garantiza un entorno seguro y predictible para productores e inversores. De ese modo se evita que la situación de volatilidad creciente destruya muy rápidamente el mercado del petróleo y con él la economía mundial. Además, al asegurar un precio a un nivel adecuado se garantiza que se va a explotar aquello que es económicamente razonable explotar, evitando inflar burbujas como el fracking, cuya falta de rentabilidad sólo se hace evidente cuando se han tirado en ella miles de millones de dólares. Con un precio regulado, la producción de petróleo seguiría una trayectoria predictible, sin variaciones bruscas, y en suma eficiente (desde el punto de vista de la explotación de recursos: un tema diferente es el del impacto ambiental).

La regulación obligatoria del precio del petróleo tiene, posiblemente entre otros, dos inconvenientes evidentes, que ahora discutiré en cierta extensión. 

  • Por un lado, sin un mecanismo de supervisión adecuado o una aceptación total por la partes, y como se ha visto tantas veces en países que imponen políticas de precios regulados a ciertos productos, el precio regulado tiene cierta propensión al fraude: aquellos consumidores de mayor poder adquisitivo y los sectores industriales de mayor valor añadido (es decir, que ganan más por unidad de energía consumida) podrían pagar más por el petróleo en el mercado negro, detrayendo así cierta cantidad del mercado regulado. Este problema, sin embargo, tendrá un peso cada vez menor en una situación de descenso energético: cada vez habrá menos gente con un poder adquisitivo suficiente para impactar significativamente en el mercado regulado; y por el mismo motivo los diversos sectores industriales se irán redimiensionando a la demanda decreciente hasta que su tamaño relativo responda realmente a su utilidad relativa, de modo que su valor añadido sea virtualmente el mismo (en suma, acabarán consumiendo la misma cantidad de energía por dólar de beneficio). 
  • Por otro lado, regular el precio implica que, seguramente, éste se va a mantener de manera permanente en un precio relativamente caro (ha de ser lo suficientemente alto como para que los productores se ganen la vida, aunque no tanto como para forzar una caída más rápida de la actividad económica que la marca el propio descenso energético). La carestía de petróleo se acaba trasladando a la carestía de todo, y eso genera malestar social, aunque la evolución más suave en un entorno de precio regulado que con los ciclos de volatilidad actuales hace que este malestar sea más progresivo y haya más posibilidades de adaptarse a él. Por otra parte, en las primeras fases de determinación del precio adecuado se puede encontrar que se necesite racionar (la demanda supera a la oferta) o cerrar explotaciones (la oferta supera a la demanda). Hasta que la experiencia dicte cómo se ha de fijar, esta dificultad de encontrar el precio regulado adecuado (con un mecanismo que es diferente del del libre mercado, ver más abajo) se puede soslayar inicialmente con mecanismos de subasta.
 
Al margen de los inconvenientes señalados hay otras cuestiones que pueden dificultar o incluso impedir la implantación de un precio regulado para el petróleo. En particular, establecer un mecanismo de precio regulado tiene una cierta dificultad de implementación, que requiere para empezar un gran acuerdo internacional y el establecimiento de una autoridad que todo el mundo respete; en añadidura, es necesaria cierta tarea de supervisión, que tiene un coste asociado. Justamente por el grado de intervención que implica y por los costes de supervisión, intentar establecer un mecanismo de precio regulado en el mercado del petróleo será denunciado como una atrocidad por los que se dicen adalides del libre mercado, particularmente por los practicantes del credo neoliberal. Requerirá un gran esfuerzo de pedagogía hacerles comprender que el mercado de petróleo, una vez llegados al peak oil, no puede ser eficiente y que por tanto no se puede esperar que se autoregule de manera adecuada; incluso peor, dado el carácter imprescindible de la energía y las dificultades que va a tener acceder a ella en una situación de inevitable descenso energético, no regular este acceso es mucho peor que regularlo (ver discusión sobre volatilidad e inversión más arriba). Teniendo en cuenta que los expertos económicos convencionales incluso ahora están negando la importancia del peak oil (y se seguirá negando incluso después de algunos ciclos de volatilidad adicionales), desmontar la tesis de que el libre mercado es el que debe fijar el precio del petróleo llevará bastante tiempo, y es posible que no llegue nunca a producirse hasta que, por la vía de los rescates, la producción, refinado y distribución esté nacionalizada por la vía de facto y se considere el suministro de derivados del petróleo un servicio público sufragado por el Estado.

Con una política de precio regulado del petróleo o estrategia semejante podríamos conseguir que la explotación de lo que nos queda de petróleo sea lo más eficiente posible. Lo cual, básicamente, significa seguir la curva de Hubbert, es decir, un descenso energético relativamente rápido durante las próximas décadas. El problema es que de no hacerlo así los ciclos de volatilidad y la espiral de destrucción oferta-demanda que conlleva conseguirán que la explotación sea mucho más ineficiente; el gráfico que sigue muestra cómo podría ser la producción esperable durante las próximas décadas (el 0 representaría el momento presente, el peak oil) de acuerdo con Hubbert (línea roja) y cómo podría evolucionar en un cierto escenario de volatilidad (línea verde).





Seguir la curva de Hubbert sin duda es una mala trayectoria. El problema es que la alternativa es peor. Un sistema de precios regulados sólo puede ayudar a pilotar una realidad que, se quiera como se quiera, no va a ser fácil. Y si se va a hacer este esfuerzo, lo conveniente sería que sirviera para pone en pie algo que nos vaya a ser útil después.


Salu2,
AMT
Categories: General

Pasándose de frenada

24 Febrer, 2016 - 16:06


Queridos lectores,

Hace dos años explicábamos desde esta página (ver "El colapso de la producción") que se observaba una pésima tendencia en la política de inversiones de las empresas petroleras privadas más grandes del mundo. Debido a la baja rentabilidad, tanto energética como económica, de las fuentes de hidrocarburos líquidos no convencionales (a los que abusivamente se conoce como "petróleos no convencionales"), estas compañías estaban emprendiendo un agresivo camino de disminución de la inversión en exploración y desarrollo de nuevas explotaciones de hidrocarburos líquidos. A principios de 2014 se preveía, de acuerdo con algunos analistas, un descenso de la inversión de esas 9 compañías de más del 25%.



Unos meses más tarde, en julio de 2014 el Departamento de Energía de los EE.UU. sacaba un informe que comentamos en el post "La ilógica financiera". De acuerdo con ese informe, las 127 compañías más grandes del sector del petróleo y del gas estaban endeudándose a un ritmo de más de 100.000 millones de euros desde 2011, es decir, en aquel momento ya llevaban 3 años perdiendo dinero a ese ritmo.


No es una coincidencia que la emergencia de esas pérdidas mil millonarias coincide en el tiempo con el despegue de la producción del Light Tight Oil en los EE.UU., es decir, del petróleo que se extrae mediante la técnica del fracking.




Lo interesante del caso es que también ese período 2011-2014 también corresponde con el de precios del petróleo, en términos reales, históricamente altos, sólo superados por el pico de precios de julio de 2008 que supuso el tiro de salida de esta crisis económica que no acabará nunca.



Combinando la información de esas gráficas se intuye que la irrupción del petróleo de fracking principalmente y de otras fuentes de hidrocarburos, igualmente caros de producir, ha supuesto un incremento del endeudamiento de las empresas productoras, que no han querido trasladar todo el coste de producción a los consumidores, sabiendo después de la experiencia de 2008 que la economía mundial no puede soportar precios muy por encima de los 100$ por barril sin colapsar. El problema es que la economía mundial no puede soportar 150$/barril durante un corto período de tiempo, pero tampoco soporta precios de 100$/barril durante tres años, y así desde finales de 2014 la demanda de petróleo se mantiene débil, sobre todo en China y Europa, llevando a una caída generalizada de precios de todas las materias primas y particularmente del petróleo.

Todas estas cuestiones, y las graves implicaciones que tienen para el futuro (destrucción de oferta de petróleo ahora, destrucción de la economía productiva después, en ciclos cada vez más rápidos) las hemos analizado con cierta frecuencia desde este blog. Ya en 2010 mostraba un simple modelo conceptual que nos permitía aventurar que el precio del petróleo sufriría vaivenes bruscos a lo largo de los años.




Estos vaivenes extremos, sin encontrar nunca un precio intermedio conveniente para todos, iría en función de quién estuviera colapsando en ese momento, si los productores de petróleo (precios muy bajos)  o si los consumidores (precios muy altos). En octubre de 2014, con el colapso de precios ya en marcha, expliqué con más detalle el proceso en el post "La espiral", mostrando entre otras cosas que la OPEP no le había declarado ninguna guerra a nadie porque en realidad había reducido ligeramente su producción en aquel momento. Recientemente, sintetizaba todas estas conclusiones de nuevo, en el post "El rumor del peak oil", en el cual también explicaba que la fuerte desinversión actual implicará una caída muy brusca de la producción de petróleo en un horizonte de uno o dos años con consecuencias funestas para nuestra economía. Ahora más que nunca cobra sentido la advertencia que en 2013 hizo la AIE sobre cómo evolucionaría la producción de petróleo si no había una inversión suficiente: se preveía una caída casi a la mitad hasta 2020, y a menos de la cuarta parte en 2035: 


 
Cabe decir, además, que si uno mira la producción total de petróleo (convencional más no convencional) parece que podría efectivamente haber llegado a su máximo en 2015, que era la fecha que yo daba como más probable en mis charlas al menos desde 2011.

Hago esta recapitulación de hechos simplemente para evidenciar que lo que está pasando y lo que va a pasar era algo perfectamente previsible y de hecho predicho desde hace algunos años, no sólo desde The Oil Crash sino por multitud de analistas, todos ellos venidos del campo de las ciencias naturales como la Geología, la Física, la Biología o las Matemáticas, o de ramas técnicas como la Ingeniería. Sin embargo, a pesar de la contundencia de los argumentos y de los hechos, nos encontramos con que el discurso predominante es el discurso económico, que busca explicaciones basadas en el mero dinero, sin comprender que el dinero es la representación del valor y no el valor en sí mismo. Pero el mayor problema con el discurso económico no es lo ramplón y parcial de sus explicaciones, sino su cortoplacismo. En el entorno en que nos encontramos, la única preocupación actual de los grandes inversores es buscar cómo salir de la burbuja del fracking, la cual en realidad había empezado a mostrar grietas hace dos años, pero nadie quiso abandonar la fiesta demasiado pronto. Se siguió adelante, confiando en que la inversión permitiría continuar la explotación del fracking hasta que ésta fuera rentable, sin entender que para que lo fuera los precios debían ser mucho mayores y eso era insoportable para la economía. En suma, que la burbuja del fracking estaba, inevitablemente, condenada a explotar.

En este preciso momento la burbuja está explotando con toda su intensidad, con una media de tres quiebras de empresas por semana, y con más de un fondo buitre dando vueltas en torno a compañías de mayor tamaño como Chesapeake Energy Corporation, la más grande de las que apostó por el fracking y el segundo productor de gas natural de los EE.UU. Las compañías, todas, están reduciendo sus actividades de exploración y desarrollo al máximo, despidiendo gente prácticamente cada día (10.000 despidos en Pemex, otros tantos en Shell, 3.500 millones de dólares de desinversión en Statoil, y muchos más ejemplos si tienen ganas de buscarlos). Para mí es especialmente representativo el caso de la española Repsol, pues conozco directa e indirectamente gente con vinculación a esta empresa. Cuando hace un par de años yo comentaba sobre la inviabilidad del fracking y las malas perspectivas para el negocio y para la economía en general, mi punto de vista era desdeñado por mi oyente, en medio de la euforia que proporcionó a la compañía el cobro por la expropiación de la argentina YPF (de la cual en realidad no podían sacar mucho más). ¿En qué invirtieron el dinero? En comprar Talisman, una firma especializada en las también poco rentables arenas asfálticas de Canadá. Tan sólo un par de años después, Repsol se ve encarando un futuro incierto y de muchos recortes, y por lo que he oído los despidos ya han comenzado. Ya nadie se ríe de mis previsiones.

La conclusión es que el cortoplacismo de estas empresas, dirigidas por consejeros delegados que sólo son capaces de mirar a los resultados del trimestre en curso, o como mucho el del siguiente, es lo que las está llevando a tomar medidas demasiado radicales y energéticamente suicidas para nuestra sociedad. De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, el conjunto del sector petrolífero (no ya las empresas privadas que comentaba al principio, sino todas ellas), después de dos años de práctico estancamiento en la inversión total en exploración y desarrollo, recortó su inversión un 20% en 2015. Pero lo peor es que la AIE prevé un recorte adicional del 16% este año 2016. Y por primera vez la AIE está claramente hablando de que se está poniendo en riesgo la seguridad del suministro de petróleo de los próximos años, pues los fuertes recortes no permitirán reponer el declive natural de los pozos actualmente en producción.

Sin embargo, nadie va a actuar decididamente para evitar ese riesgo. Al contrario: se va a profundizar en él, simplemente porque los grandes bancos han invertido demasiado dinero en apuestas arriesgadas, en fracking y otros activos de muy baja calidad. La exposición directa a créditos dudosos en el sector de la energía suma varias decenas de miles de millones de dólares, y eso sin contar con los productos financieros derivados. En este caso, el banco que parece estar en el punto de mira es Deutsche Bank, pero si éste cae arrastrará a otros muchos, en un efecto dominó que no tendría nada que envidiar a la caída de Lehman Brothers en 2008.

Y a pesar de la acumulación de signos, de que ya estamos comenzando el descenso energético, de que estamos entrando en una recesión global, de que la incapacidad de gestionar algo tan crítico como la estabilidad de la inversión en producción de hidrocarburos líquidos lleva a oscilaciones tremendamente destructivas, de que en algún momento de este año o el siguiente el precio se disparará y agravará la nueva ola recesiva, de que con nuestra necedad sólo estamos agravando el problema... a pesar de eso, los análisis que vemos en los medios continúan con la misma absurda cantinela que induce a pensar que nada pasa, y no faltan algunas voces aquí y allá que dicen que lo del peak oil ha quedado desmentido, justo en el preciso momento que lo hemos superado.

La Historia quizá nos juzgará con dureza por nuestra falta de juicio, por nuestra falta de previsión. Actualmente, en pleno estado de pánico que disimulan tan bien como pueden, los conductores de este tren han presionado con demasiada ansiedad y demasiada fuerza el freno y el vehículo que nos lleva  a todos está derrapando. Ahora vendrá una nueva oleada recesiva, más recortes y malestar social, al cabo de poco precios del petróleo por las nubes y un agravamiento de la crisis, después precios por los suelos y más contracción. Estamos entrando en una fase de aceleración de la destrucción económica, absolutamente autoinfligida. Si no quisimos parar la fiesta cuando era evidente que el fracking no iba a ninguna parte, ahora no deberíamos, de manera infantil, pararlo todo de golpe. Pero es lo que estamos haciendo. Los frenos están clavados y el coche ya está derrapando. Sólo podemos rezar para que no choquemos contra un muro.


Salu2,
AMT 

P. Data: Mientras tanto, en el Océano Ártico, la capa de hielo ha detenido su crecimiento anual, a falta de menos de un mes para que acabe la estación y comience el deshielo. Nunca antes había pasado una cosa igual, al menos no desde que se tienen registros, y encima la cobertura de hielo está en mínimos históricos. Pero pocos están mirando en esa dirección.

 
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Arranca el proyecto MEDEAS

18 Febrer, 2016 - 17:13
 


Queridos lectores,

Durante la jornada de hoy y la de mañana el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC acoge la reunión inicial del proyecto MEDEAS.

MEDEAS (acrónimo de "Modelizando la transición energética renovable en Europea" en inglés) es un proyecto europeo financiado en el marco del esquema Horizonte 2020 de financiación de la investigación europea. Este proyecto es coordinado desde mi institución, y más concretamente por mi colega Jordi Solé.



Por la parte del Instituto de Ciencias del Mar en este proyecto también participan Antonio García-Olivares, Joaquim Ballabrera, Emilio García y un servidor.

Otras dos instituciones españolas participan también en este proyecto: CIRCE (Alicia Valero, entre otros) y la Universidad de Valladolid (Luis Javier Miguel lleva la batuta, pero también participan viejos conocidos como Margarita Mediavilla y Carlos de Castro).

El resto de socios son el Consorcio Interuniversitario Italiano de Ciencia y Tecnología de los Materiales (Ugo Bardi), el Centro para las fuentes de energías renovables y el ahorro energético, la Universidad de Masaryk, la Universidad Anglia Ruskin, Sdruzhenie Chernomorski Izsledovatelski Energien Tsentar,  el Instituto Internacional para el Análisis Aplicado de Sistemas, Amigos de la Tierra - Chequia, la Agencia Austríaca de Energía y Blue4You




El objetivo de MEDEAS, como su propio título indica, es crear herramientas adecuadas para ayudar al diseño de políticas que favorezcan la transición del sistema energético europeo hacia uno nuevo basado en la energía renovable. Para ello, el principal objetivo de MEDEAS es producir un modelo socieconómico, el modelo MEDEAS, que puede ser ajustado para estudiar diferentes escenarios y caminos hacia la transición. El modelo MEDEAS será programado en código abierto (Python) para facilitar su uso por diferentes agentes sociales y económicos, y se basará en el modelo WoLiM desarrollado por el Grupo de Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid. El modelo MEDEAS será un modelo de dinámica de sistemas que introducirá nuevas variables más allá de las habitualmente consideradas, de modo que pueda proporcionar un diagnóstico más detallado de qué es lo que implica implementar un camino u otro, sobre todo en determinados aspectos socioeconómicos (como la evolución del paro y la desigualdad, por ejemplo) no siempre descritos en los modelos.

MEDEAS implica un gran esfuerzo de coordinación entre la compilación de datos que servirán para definir y verificar la sensibilidad del modelo, el diseño del modelo en sí (comparado también con algunos modelos ya existentes) y la valoración de los diferentes escenarios. MEDEAS es una ambiciosa propuesta de crear un nuevo modelo que vaya más allá de los modelos actuales, en particular siendo suficientemente flexible para aceptar escenarios de muy diferente tipos, y que permitirá realizar un análisis detallado tanto a escala paneuropea como a nivel de algunos países.

Dada mi implicación en el proyecto y su interés para las cuestiones que aquí se discuten, en el curso de los próximos 4 años de su duración iré informando desde esta página de los avances relevantes de MEDEAS.


MEDEAS llega a tiempo para intentar proporcionar algunas respuestas en un mundo en el que las preguntas acerca de su devenir se multiplican. Permanezcan en sintonía: esperamos noticias de MEDEAS.

Salu2,
AMT
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Balance energético integral: un método eficaz para la gestión de riesgos económicos y financieros en un mundo en declive energético

15 Febrer, 2016 - 23:27




Queridos lectores,

Este post tiene una estructura diferente a la de los que escribo habitualmente; en vez de seguir el clásico discurso de tipo casi epistolar, voy a plantearlo como si se tratara de un informe para inversores. Lo hago con la esperanza de que se lo lea un tipo de persona que normalmente no leería un post de The Oil Crash, y también porque creo que en breve puede ser de cierta utilidad. 

Salu2,
AMT

Planteamiento del problema


Aunque aún no se reconoce completamente como tal, hemos entrado en una era de gran inestabilidad en el precio de la energía. Tal inestabilidad es reflejo de dos características clave del suministro energético global actual: la inelasticidad de la demanda energética y el declive energético.

  • La inelasticidad de la demanda energética radica en el concepto mismo de energía: energía es la capacidad de hacer trabajo útil (propiamente se debería hablar de exergía). Gracias al enorme consumo de energético actual de la Humanidad (540 Exajulios de energía primaria durante todo el año 2014, equivalente a 17 Tw de potencia media) se ha podido alcanzar un PIB mundial que en 2014 llegó a los 80 T$ (billones de dólares). A pesar de las mejoras en eficiencia, aún hoy en día más del 60% del incremento del PIB se debe al incremento del consumo de energía, el 40% o menos restante siendo el resultado de la aportación del trabajo y el capital, y también de la eficiencia energética. Por tanto, son las fuentes energéticas exógenas a nuestros propios músculos el motor fundamental de la economía, y por ello el crecimiento económico necesita del crecimiento energético, como el análisis de los datos históricos muestra consistentemente. Es por esa estrecha conexión entre energía y economía que los Gobiernos son tan reacios a aceptar compromisos excesivamente vinculantes respecto a la reducción de emisiones de CO2, ya que temen por las consecuencias económicas de la reducción del consumo energético que tal reducción de emisiones implicaría si las fuentes de energía que deberían surgir como alternativa no alcanzan a sustituir de modo completo a los combustibles fósiles. Por ese motivo, la demanda de energía es fuertemente inelástica: la energía no es un bien más, sino el motor de la actividad económica, y su consumo sólo puede disminuir significativamente mediante procesos de destrucción de demanda fruto de recesiones económicas agudas.
  • El declive energético inminente es hoy en día un hecho difícil de negar. Desde que en 2005 la producción de petróleo crudo convencional llegó a su máximo y comenzó a disminuir, se ha intentado suplir la progresivamente mayor carencia de esta materia prima energética con la introducción de diversos hidrocarburos líquidos, "no convencionales": biocombustibles, petróleo sintético derivado de las arenas bituminosas y otros petróleos extrapesados, Light Tight Oil obtenido mediante fracking... Todas estas fuentes de hidrocarburos tienen muchas limitaciones, y en particular dos: su mal rendimiento energético y económico, y que de manera práctica su producción está muy limitada. Únase a ello los indicios de que tanto carbón como uranio han probablemente llegado o están llegando a sus ximos de producción y que el gas natural podría llegar en unos pocos años a su cenit, y se verá que con una alta probabilidad estamos a pocos años vista de la llegada al cenit de la energía no renovable, la cual representa aún hoy en día el 91% de la energía primaria consumida en el mundo (BP Annual Review 2015). En cuanto al 9% restante, que proviene de energías renovables, dejando al margen que probablemente las fuentes renovables tienen limitaciones importantes, resulta difícil imaginar que puedan reemplazar al ritmo adecuado el vacío que rápidamente van a dejar detrás las fuentes no renovables, máxime cuando la apuesta que se hace por ellas a escala mundial es, por decir lo menos, discreta. Por tanto, durante como mínimo los próximos 10-20 años vamos a vivir un período de fuerte declive energético, el cual puede agravarse o aliviarse considerablemente dependiendo de las decisiones que tomemos.


Esta combinación de inelasticidad en la demanda y de declive energético garantiza una gran volatilidad en los precios de la energía durante los próximos años, y así será hasta que no se concierten las medidas adecuadas para evitarlo. La razón de esta volatilidad radica en la imposibilidad de encontrar un punto de equilibrio para el precio suficientemente satisfactorio para productores y consumidores: en la situación actual, la demanda de energía es cautiva hasta que es destruida por causas económicas. Veamos esta cuestión en más detalle. 

La experiencia de 2008 mostró que el mercado no puede asumir precios del barril de petróleo de mucho más de 100$, y así las compañías petrolíferas han mantenido el nivel de precios en ese rango, subvencionando de facto la creciente producción de petróleos de bajo rendimiento desde 2011 mientras acumulaban pérdidas operativas de decenas de miles de millones al año. Tal esfuerzo de las compañías productoras ha deteriorado terriblemente su estado financiero y las ha hecho muy vulnerables a la actual situación de precios bajos. 

Por su parte, la caída abrupta del precio del petróleo desde 2014 ha sido consecuencia no tanto del aumento de la producción de hidrocarburos líquidos (muy moderado y en la línea de los últimos diez años) como, y mucho más, de la falta de demanda (como evidencia durante el último año el fuerte descenso de precios de otras materias primas y el colapso generalizado del comercio mundial que evidencian el Baltic Dry Index y otros indicadores).

En el momento actual, el Bailtic Dry Index está en los mínimos de la serie histórica (que data de los años 80 del siglo pasado).


Esta caída de demanda nos indica que incluso precios de 100$ por barril son dañinos para la economía mundial si se mantienen por demasiado tiempo, pero al mismo tiempo son insuficientes para garantizar la solvencia económica de las compañías productoras e incluso la viabilidad de la mayoría de los países productores. La combinación de ambos factores garantiza una caída de la inversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos y explotaciones: las grandes compañías llevan desinvirtiendo en exploración y desarrollo desde 2013; y si hablamos de todo el sector según la Agencia Internacional de la Energía la caída de la inversión en exploración y desarrollo fue de un 20% el año pasado. La fuerte caída en inversión petrolífera garantiza que la producción de hidrocarburos líquidos ha iniciado una senda de descenso irrecuperable puesto que en el actual momento es cuando más se tendría que invertir para compensar la creciente falta de petróleo crudo convencional. 

En este escenario, la volatilidad de precios del petróleo está garantizada, siguiendo un perverso mecanismo de retroalimentación que yo denomino la espiral de destrucción de demanda - destrucción de oferta:

  • Al principio del ciclo, el precio del petróleo es excesivamente elevado. La actividad económica se resiente, porque no se pueden trasladar de manera eficiente los incrementos generales de coste al consumidor final, ya que el consumo tampoco crece. Al final, agotada su solvencia financiera y económica muchas empresas consumidoras netas de energía van quebrando, siendo las mayores consumidoras por unidad monetaria producida las más vulnerables.
  • La quiebra de empresas hace retroceder la demanda de petróleo de manera directa (por su cese de actividad) e indirecta (por la pérdida de renta disponible para proveedores y trabajadores). Cuando suficientes empresas han quebrado la demanda baja tanto que el precio del petróleo se acaba desplomando, de manera más abrupta cuanto más alto haya llegado a estar el precio del petróleo en el momento anterior.
  • En un escenario de precios bajos son las empresas productoras de petróleo las que ven peligrar su viabilidad económica y financiera. Comienzan por ajustar costes, continúan por cancelar proyectos de exploración y desarrollo y finalmente pueden acabar quebrando. Dado lo delicado de algunas explotaciones la quiebra de las empresas puede conllevar una interrupción de la producción de hidrocarburos líquidos que es mucho más difícil de reemprender en un momento posterior. Es en parte por esta dificultad logística que las empresas no reducen su producción de petróleo de manera inmediata en un escenario de precios bajos, lo cual tiende justamente a prolongar esos precios insuficientes. La otra razón principal por la que las empresas no reducen inmediatamente su producción a pesar de los bajos precios es porque en muchas explotaciones los costes iniciales son mucho mayores que los costes de explotación, y suele pasar que mantener la explotación es más rentable que detenerla incluso con precios bajos, a pesar de que tal estrategia impide recuperar la inversión inicial. Esta estrategia de "huida hacia adelante" es típica de empresas muy endeudadas, que necesitan generar cash flow a toda costa. 
  • Cuando suficientes empresas petroleras han quebrado, y en todo caso cuando se empiezan a notar los efectos de su desinversión en nuevos proyectos de explotación, la producción de petróleo disminuye hasta que eventualmente la oferta vuelve a igualar a la demanda y a partir de ese punto los precios vuelven a subir hasta un nivel económicamente adecuado para los productores pero excesivamente alto para los consumidores, reiniciando el ciclo.

Es conveniente hacer notar que esta espiral de destrucción de demanda - destrucción de oferta puede acelerar el declive energético si la desinversión en producción es demasiado fuerte (téngase en cuenta que según la Agencia se espera una caída del 16% en la inversión exploración y desarrollo este año, después del 20% del año 2015 que comentábamos antes). Además, la volatilidad creciente acabará por ahuyentar a los inversores por aversión al riesgo, lo cual será un factor agravante del declive energético y acelerador de la espiral. De manera completamente heurística se estima que cada ciclo de esta espiral puede durar unos 3 años aproximadamente, con una tendencia al acortamiento de los ciclos a medida que el declive energético se agudice. 
 
Nos estamos moviendo, por tanto, hacia un escenario con un potencial muy desestabilizador tanto financiera como económicamente, y con eventuales graves repercusiones incluso a nivel de la estabilidad social. En este contexto sería necesario contar con una herramienta que incremente la seguridad de los inversores y que ayude a los empresarios de cualquier sector a identificar y corregir las vulnerabilidades de su negocio en un entorno de precios de la energía inciertos. Lo cual nos lleva a la introducción del concepto clave: el Balance Energético Integral (BEI).


BEI: concepto

La teoría económica actual peca de ser excesivamente monetario-céntrica. De acuerdo con el paradigma actual, se tiende a pensar que la solución de prácticamente cualquier problema depende de que se realice una inversión adecuada y suficiente. Por otro lado, hay una excesiva tendencia a creer que en un plazo suficiente las señales de precios son capaces de regular todos los desajustes del mercado y que eventualmente se tiene que alcanzar el equilibrio entre oferta y demanda en un punto de precio adecuado.

Tales hipótesis son falsas cuando se habla de la energía. Por un lado, el dinero es, entre otras cosas, un vehículo para la representación del valor, ayudando así a los intercambios, pero no es el valor en sí mismo. Por el contrario, la energía representa una capacidad real de transformar creando un valor. Cuando un agente económico acepta dinero a cambio de un servicio es porque cree que ese dinero que recibe le podrá servir en el futuro para conseguir un bien o servicio adecuadamente indexado por su valor monetario. En esa hipótesis está implícita la idea de que en el momento en que quiera usar ese dinero habrá la energía necesaria para la producción del bien o servicio que requerirá; sin embargo, debido al declive energético esa energía podría no estar disponible o no ser asequible (su valor monetario puede exceder las expectativas de "razonabilidad" de quien la pretende usar para generar a su vez más valor). Por tanto, en un entorno de declive energético el modus operandi habitual, el Business as Usual, puede crear graves y crecientes disfunciones, originadas por un exceso de confianza en la estabilidad de la capacidad de mediación comercial del dinero.

Por otro lado, debido a las características del declive energético, no se puede garantizar que haya un punto de equilibrio entre la oferta energética y su demanda. Desde una visión económica clásica la demanda acaba creando nueva oferta, es decir, se acaban encontrando sustitutos adecuados para la restringida oferta: es la hipótesis de infinita sustitutibilidad de los factores de producción. Tal hipótesis no está refrendada por ninguna ley física conocida, y en realidad nuestro conocimiento de la Geología, la Química y la Física (particularmente, la Termodinámica) contradicen tal "intuición". Lo cierto es que tras décadas de investigación no se han encontrado sustitutos energéticos de los combustibles fósiles lo suficientemente capaces (dentro del paradigma económico actual: variando éste podría haber alternativas), y estando ya a las puertas o habiendo comenzado ya el declive energético parece demasiado tarde para esperar que el mercado se autorregule creando lo que necesitamos (teniendo además en cuenta que una autorregulación no es siempre lo más deseable: en dinámica de poblaciones un colapso es un mecanismo muy natural de autorregulación). Si la energía es un prerrequisito económico pero la oferta de energía asequible (es decir, a un precio tolerable) es forzosamente decreciente no va a ser posible encontrar un punto de equilibrio para el precio y éste va variar de una manera descontrolada, y de una manera cada vez más abrupta y salvaje a medida que el declive energético se agudice.

La clave de todos estos problemas viene de monetarizar en todo caso los flujos energéticos. Aún cuando el valor económico es fundamental para fijar los intercambios de productos elaborados, intervienen demasiados factores, algunos de ellos, como hemos comentado, de carácter transitorio y muy volátil, en la formación de los precios, y fijarse sólo en los flujos meramente monetarios no deja identificar los problemas y agudiza los riesgos.

La mejor manera de controlar los problemas es fijarse en la variable que define la situación actual: la energía. En vez de mirar exclusivamente los flujos monetarios, resulta conveniente complementar esta información con la de los flujos energéticos. A tal fin se introduce el Balance Energético Integral (BEI, en lo que sigue).

El BEI es una medida de la robustez de un negocio orientado a la producción de energía, aunque puede ser extendido a cualquier otro tipo de actividad productiva.

De manera muy simple, el Balance Energético Neto es la ratio entre las unidades de energía primaria requeridas para producir una unidad de energía,

BEI = Energía primaria de nuestro producto / Energía primaria empleada en su producción.

El BEI, por tanto, nos da una idea de la capacidad de nuestro negocio de producción de energía de aumentar el input energético que recibe. La introducción del BEI nos permite analizar los negocios de producción energética desde el punto de vista de su resiliencia energética, es decir, su capacidad de resistir los cambios abruptos asociados a la volatilidad de precios de la energía. Se considerará que un producto energético es energéticamente resiliente si su BEI es suficientemente elevado, para lo cual se fijará un Umbral de Resiliencia Energética, o URE. Un negocio tal que su BEI sea mayor que el URE se considerará robusto en frente de la volatilidad de precios.

Fijar el URE no es una tarea trivial, y llevará una cierta curva de aprendizaje atinar cuál es el valor adecuado, que además puede depender ligeramente del tipo de actividad productiva. De manera obvia, el URE ha de ser como mínimo igual a 1, es decir, la actividad ha de producir más energía de la que consume. Se podría pensar que una actividad productiva de energía con un BEI superior a 1 tiene garantizada su estabilidad en un entorno de precios de la energía volátiles, puesto que aunque el coste de los inputs suba el valor de los outputs subirá de la misma manera. Sin embargo, ésta es una visión un poco simplista, pues es conocido que no todas las fuentes de energía se valoran a igual precio, siendo las más versátiles y especializadas más valoradas que las más simples; así, pues, un MBTU de petróleo vale típicamente tres veces más que un MBTU de gas natural, al tiempo que un Kw·h de electricidad vale, según el lugar del mundo, entre dos y tres veces que el volumen de petróleo capaz de generar esa cantidad de energía. Estas disparidades se compensan parcialmente al trabajar con energías primarias en vez de con energías finales, pero en todo caso habrá siempre discrepancias asociadas a las diferencias de demanda y de valor de mercado con un factor multiplicativo 2 o 3. Por ese motivo, es sensato considerar que como mínimo el URE debería ser 3.

Si bien un URE de 3 puede ser suficiente en un entorno de precios altos, puede ser insuficiente en un entorno de precios bajos. En un entorno de precios bajos, los costes económicos pueden llegar a tener más influencia en la viabilidad del negocio que el rendimiento energético de la actividad. Este hecho no puede ser minusvalorado pues nuestro escenario de referencia es el de la volatilidad de precios, con lo que el precio será muy alto en algunos períodos, pero también muy bajo en otros períodos. Algunos estudios de carácter sistémico-antropológico (ver Charles Hall y colaboradores) estiman que una sociedad compleja puede mantenerse de manera estable si el rendimiento energético agregado de todas sus fuentes de energía es de 10 o más; incluso aceptando ciertas restricciones, en condiciones especialmente buenas, bastaría con que su rendimiento energético sea de 5 o más. Nuestro concepto de BEI no corresponde exactamente con el concepto de rendimiento energético a escala de sociedad (también conocido como Tasa de Retorno Energético -TRE- o Energy Return on Energy Investment en inglés), pues por definición la TRE es una medida estática en tanto que el BEI es un concepto dinámico que se calcula en cada momento (ver siguiente sección sobre cómo se calcula el BEI), y además la TRE es un valor agregado en tanto que el BEI es el valor marginal de un cierto negocio particular (ni siquiera de un sector) y por tanto el estado micro pueden ser muy diferente del estado macro (entre otras cosas porque el agregado social incorpora actividades consumidoras de energía que pueden ser terriblemente ineficientes y que no tienen nada que ver con la viabilidad factual de cada negocio particular). En todo caso, los estudios sobre la TRE nos dan una idea aproximada de cuál puede ser el valor conveniente para el URE, de modo que sea válido tanto en un escenario de precios altos como de precios bajos de la energía. A falta de realizar estudios más específicos, consideraremos un URE=5 como referencia provisional.


BEI: cálculo

Con los métodos y sistemas de contabilidad de hoy en día el cálculo del BEI no es más complejo que el cálculo de la huella de CO2 de un producto; de hecho, es más directo y simple. El cálculo del BEI se efectúa en cadena, y por tanto es importante que todos los proveedores consignen el consumo de energía primaria que ha conllevado su producto. De ese modo, si yo quiero saber cuál es el BEI de un litro de petróleo extraído mediante fracking en una explotación de Dakota del Norte, simplemente tengo que sumar los valores de energía primaria de los tubos de acero, brocas, agua, disolventes, etc que se han empleado en la construcción y operación del pozo, sumarle los costes energéticos del transporte de esos materiales (que deberían estar más o menos homologados ya a estas alturas) y añadirle mis propios costes energéticos (incluyendo el consumo de las bombas que inyectan el agua). Algunos costes energéticos pueden ser variables y difíciles de estimar, por ejemplo, el consumo de energía de los vehículos que trasladan a los trabajadores al trabajo y de vuelta a casa, y para ellos se puede usar valores estimativos o aproximativos. En todo caso no se tienen que convertir valores monetarios en energía (por ejemplo, convertir salarios en equivalente energético); para calcular el BEI sólo se tienen en cuenta los costes realmente energéticos: ésta es otra diferencia con la TRE, debida al hecho de que la TRE es un valor sistémico. Esta diferencia es crucial, pues evita mucha de la controversia actual sobre el significado de la TRE y sobre la viabilidad real de algunos sistemas de generación renovable. 

Otra cuestión importante sobre el BEI es que muchas explotaciones tienen altos costes iniciales que se recuperan progresivamente con el paso de los años, y así si uno quiere conocer el balance energético final se tendría que estimar cuánta será la producción total de la energía de una explotación en relación a sus costes energéticos, cosa que tiene cierto componente especulativo (por ejemplo, cuántos barriles producirá un determinado pozo o cuáles serán los costes energéticos de mantenimiento dentro de 10 años de una planta fotovoltaica). Esta cuestión, que es un hándicap importante en el cálculo de la TRE, es de menor importancia en el cálculo del BEI pues el BEI es un concepto dinámico. Así, para un momento determinado el BEI se calcula sobre la base de cuánta energía se ha producido y cuánta se ha consumido hasta ese preciso momento. Obviamente, en muchos casos los valores de BEI iniciales serán bajísimos (un gran consumo inicial de energía con escasa producción en ese momento), pero al cabo de unos años tenderán al valor típico de la explotación. Si la contabilidad se lleva de manera rigurosa, se podrá ver si la evolución del BEI sigue la curva prevista (en función de la producción que se anticipaba) o no (quizá porque la producción es inferior, o porque los costes energéticos de mantenimiento fueron superiores a lo previsto). En todo caso, la evolución del BEI proporciona información crucial sobre la viabilidad del proyecto o sobre su nivel de riesgo. Imaginemos un proyecto para el que, de acuerdo con la evolución prevista, el BEI tarda en superar el URE más años que los que restan desde ese momento hasta el final de su vida útil. Ese proyecto se podría considerar de alto riesgo, puesto que si se tiene la mala suerte de que los años hasta alcanzar con el URE coinciden con años de altos precios de la energía y los posteriores a ese punto coinciden con años de bajos precios de la energía el proyecto podría ser ruinoso, pues pagará más mientras necesita consumir energía de manera neta y recibe menos cuando ya es capaz de producir energía de manera neta. Un proyecto con un nivel de riesgo aceptable debería tener un tiempo previsto de llegada al URE (que es una especie de payback time energético) relativamente breve y en todo caso bastante inferior a la vida útil del proyecto.

Otra ventaja del carácter no estático del BEI es que permite incorporar de manera inmediata el efecto positivo de las mejoras tecnológicas que ya estén en el mercado. Así, las mejoras en los procesos productivos que abaraten el coste energético de partes clave de nuestro proceso, ya sea a nivel de las materias primas consumidas o bien en nuestro propio proceso de producción, implicarán una reducción inmediata del consumo de la energía y harán que el BEI aumente más rápidamente. Del mismo modo, si se empeoran las condiciones de producción por cualquier motivo eso también se reflejará en una ralentización del BEI o incluso en caso extremo en su descenso.


Ventajas del BEI para emprendedores

El cálculo del BEI permite al emprendedor tener un indicador más sobre la viabilidad a medio plazo de su negocio. El cálculo del BEI, una vez implementada la práctica contable energética en todos los suministradores, no implica un coste real para el empresario, ya que su cálculo es sencillo e inmediato y se puede incorporar sin más dificultades en las hojas de cálculo que se usan para la contabilidad general. Antes incluso antes de emprender el negocio, el empresario podría hacer una simulación y estimar el BEI, teniendo por tanto una información adicional sobre la vulnerabilidad de su empresa a los cambios en los precios de la energía.

Del mismo modo, la contabilidad detallada de los flujos de energía le permitiría al emprendedor localizar qué partes de su proceso son las que comportan mayor gasto energético y poner el acento en las mejoras de aquellas partes concretas. Para los costes energéticos externos podría buscar proveedores con menos consumo energético implicado por unidad de input y por tanto más resilientes a la volatilidad energética; para los costes energéticos internos la contabilidad de los costes energéticos de la empresa le indicará dónde ha de poner el énfasis en la optimización de procesos.

En el enfoque más básico, el cálculo del BEI se orienta en estudiar la viabilidad de los negocios de producción de energía. Sin embargo, cuando el sistema de contabilidad energética se extendiera a todo el sistema productivo sería posible extender el concepto de BEI para obtener un BEI extendido válido para el análisis de la resiliencia energética de la producción no estrictamente energética. Para ello se podría usar una aproximación exergética, que permite expresar el valor energético equivalente (en función de su utilidad energética) de la producción, de manera que se pueda establecer un URE que resulte útil para discriminar la viabilidad y resiliencia del negocio propuesto.





Ventajas del BEI para inversores


La generalización del cálculo del BEI permitiría tener una valoración más adecuada del riesgo. Un negocio en el que el BEI se mantiene por encima del URE por más tiempo será más robusto y menos propenso a ser desbaratado por las fluctuaciones en el precio de la energía. Con el uso del BEI se evitarían las pérdidas millonarias que se han registrado durante la última década en apuestas fallidas como los biocombustibles, las arenas bituminosas del Canadá o el LTO de fracking, y que el "efecto manada" cause un ciclo de sobreinversión inicial para acabar en uno de subinversión (el cual, en la época del petróleo difícil de conseguir, acelerará -si no lo remediamos- la caída natural de la producción de hidrocarburos líquidos). La valoración individualizada del BEI para cada proyecto dentro de un sector permitiría, además, separar el grano de la paja y tener una idea más clara de si esta explotación es resiliente en tanto que aquella otra sólo es viable en un escenario continuado de precios altos. De ese modo, se mejora la discriminación de la inversión y se permite que se pueda invertir en lo mejor de un cierto sector sin necesidad de incurrir en los riesgos habituales cuando se considera todo el sector globalmente.

Este tipo de aproximación resultaría especialmente útil y pertinente en la valoración de proyectos de energía renovable. Además de las consideraciones habituales sobre el mercado (por ejemplo, demanda proyectada) la introducción del BEI permitirá discriminar entre proyectos que, por su muy diversa naturaleza, tienen BEIs muy diferentes. Gracias a eso, sería más fácil detectar cuáles son las tecnologías más apropiadas y focalizar el esfuerzo sobre ellas, evitando etiquetar todo un sector (p.ej., energía fotovoltaica) o incluso todos los nuevos sistemas de generación renovable como genéricamente "no rentables". El inversor disminuye su riesgo y garantiza que el retorno está en consonancia con sus expectativas, evitando los típicos comportamientos gregarios del capital que favorecen el inflado y subsiguiente estallido de burbujas.


Ventajas del BEI para los gestores públicos

Al favorecer la auditoría energética que lleva al cálculo del BEI, los gestores públicos favorecen que se dirija la inversión hacia las tecnologías de generación energética que son intrínsecamente más estables; con la generalización de este sistema, conseguirían que el sistema energético se estabilice por si mismo, evitando la actual situación de volatilidad de precios y sin necesidad de una intervención directa de la administración.

Sin embargo, si la administración desea acelerar la implantación de determinados sistemas (por ejemplo, para la lucha eficaz contra el cambio climático, favoreciendo la descarbonización de la sociedad), puede mejorar la efectividad de las subvenciones mediante un análisis del BEI de los proyectos. Cualquier subvención puede ser considerada como un término de energía que se substrae de la energía consumida (básicamente, contabilizando el ahorro energético que aporta la contribución del Estado) y en ese sentido el Estado puede valorar cómo contribuye más a la resiliencia de los proyectos, decidiendo sobre cuáles de los inputs energéticos actúa, evitando los típicos problemas de picaresca y fraude que suelen acompañar a la subvenciones monetarias convencionales. También, en el fomento de determinadas sistemas energéticos, puede analizar cuáles son los factores que implican más consumo energético, igual que discutimos en el caso del emprendedor, y fomentar la investigación e innovación sobre ellos para mejorar la resiliencia y por tanto la viabilidad e interés financiero de esos sistemas.




Conclusiones

La introducción del BEI es una estrategia sencilla y adecuada para adaptar nuestros sistemas productivos y de negocios al entorno de energía decreciente y volatilidad de precios que caracterizará los próximos años. El uso del BEI puede contribuir de una manera eficaz a paliar y mitigar sus efectos y eventualmente contrarrestarlos.

Implementar la BEI es una estrategia que requiere tiempo y aprendizaje. Algunos aspectos del cálculo requieren mayor análisis y discusión. Por ejemplo, en la definición de BEI presentada en este ensayo se define el BEI como un balance de energías primarias, aunque habrá quien preferiría definirlo como un balance de energías finales. Mi elección de la energía primaria se debe a que de esta manera se tiene en cuenta automáticamente cualquier mejora en la transformación de la energía primaria (por ejemplo, si se está usando electricidad derivada de combustibles fósiles, el paso de térmica convencional a ciclo combinado simplemente conlleva un menor consumo de energía primaria, reflejando fielmente la mejora) y se evita cargar al productor con el coste de transformación de su producto, que depende del usuario. Sin embargo, se tiene que buscar un criterio sensato y homogéneo para comparar los diversos tipos de energía para evitar introducir artefactos que desvirtúen el valor del BEI (por ejemplo,  algunos autores suelen aplicar un factor corrector de aproximadamente 3 a la energía eléctrica renovable para "primarizarla", pensando en sus equivalentes térmicos, lo cual no resultaría adecuado en este contexto). Homogeneizar factores para poder estimar una URE válida para cualquier contexto es una cuestión que requerirá tiempo y aprendizaje, que sólo será posible cuando se implante la contabilidad energética a una escala suficientemente masiva. Dado el beneficio potencial de disponer de los BEI de los diferentes productos, energéticos en primera instancia y eventualmente no energéticos, hace que esa inversión merezca la pena, máxime cuando nos puede ser de una gran ayuda para pilotar unos años muy inciertos.


Antonio Turiel
15 de febrero de 2016 
Categories: General

La izquierda en la encrucijada ¿crecimiento o nuevo paradigma?

10 Febrer, 2016 - 12:09
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Queridos lectores,
Desde la asociación "Autonomía y bienvivir" (de la cual ya he publicado algunos escritos aquí con anterioridad) me hacen llegar el siguiente ensayo, muy pertinente en el actual momento político, y particularmente en el español: ¿cuál debe ser el papel de la izquierda en la encrucijada histórica que nos encontramos?
Salu2,AMT

La izquierda en la encrucijada ¿crecimiento o nuevo paradigma?

En un libro publicado hace tres años, El fin de la expansión, Ricardo Almenar nos recordaba cómo en la primera mitad del siglo XX la apuesta por el crecimiento económico se convertía, junto al avance científico y técnico, en la gran esperanza para renovar la fe en el progreso, esa idea de fondo que llevaba ya varios siglos animando la cosmovisión europea, un progreso convertido en doctrina, según Lewis Mumford, y cuyo sentido se tambaleaba tras el desastre de la Gran Guerra, amplificado poco después por las cámaras de gas y la bomba de hidrógeno. Entre otras cosas el crecimiento económico nos traería paz social... sin necesidad de encarar el problema de la repartición.
Almenar pone esta nueva esperanza en palabras de dos economistas por lo demás muy distintos: Keynes y Schumpeter. El primero decía en una conferencia en Madrid en 1930 que, a largo plazo, "la humanidad está resolviendo su problema económico. Predeciría que el nivel de vida de las naciones progresivas, dentro de un siglo, será entre cuatro y ocho veces más alto que el de hoy día". Por su parte Schumpeter afirmaba en otra conferencia de 1936 que "si el capitalismo repitiese sus resultados pasados durante otro medio siglo a partir de 1928, acabaría con todo lo que con arreglo a los patrones actuales podría llamarse pobreza, aun en los estratos inferiores de población, exceptuando únicamente los casos patológicos", y entonces serían fácilmente alcanzables "todos los deseos que han sido expuestos hasta ahora por todos los reformadores sociales".
Pasado el tiempo que ambos economistas tomaron en consideración, y habiéndose cumplido sus previsiones en cuanto al aumento de la capacidad productiva, resulta bastante evidente, sin embargo, que el problema económico dista mucho de estar resuelto. Las sucesivas crisis, el escandaloso aumento de la desigualdad y la persistencia de la pobreza también en los países más industrializados dejan pocas dudas sobre la naturaleza política de ese problema económico.¿Cuántas décadas de crecimiento más harán falta para constatarlo? Y si la pobreza, la exclusión social y la desigualdad no serán resueltas por el crecimiento económico, mucho menos aun lo será el problema de la sostenibilidad, sacrificada precisamente en el altar de ese crecimiento en el que tanto se confía, y que en realidad está resultando antieconómico (en palabras de Herman Daly.).
A pesar de esto, el hueco teórico dejado por el neoliberalismo en su apuesta por un crecimiento basado en el predominio de la libertad de mercado parece estar resultando demasiado tentador para una izquierda que ve la oportunidad de mostrarse superior en la búsqueda de ese crecimiento mediante políticas keynesianas, con lo que lograría así un cambio en las preferencias políticas de la sociedad. Pero a tenor de lo dicho, hay que preguntarse si ese cambio de preferencias no sería un mero cambio de gestores y de estilo de gestión, y no un verdadero cambio social hacia un mundo mejor.
Quizá inadvertidamente gran parte de la izquierda se ha dejado seducir por una ética del trabajo y de la producción que en realidad esconde una ideología política. Más allá del reparto de las plusvalías, lo que está en juego es una idea de futuro y el papel reservado para el ser humano en el mismo.
Por una parte el crecimiento económico desborda la capacidad de carga del planeta. Y si no cuestionamos este, los aumentos en la eficiencia sólo redundan en una mayor capacidad para explotar el capital natural, cosa que va mucho más allá de las emisiones de CO2 propias de la energía fósil. En un mundo competitivo, esta capacidad siempre será utilizada en aras de un mayor crecimiento con el que mejorar la posición de cada nación (o de cada multinacional) en su competición con las demás.
Por otra parte, la modernidad no se limita a una apuesta por el avance del conocimiento científico y de la innovación tecnológica unidos al crecimiento del poder económico de la humanidad sino que además adjudica a las personas el papel de meros instrumentos de ese progreso material. Incluso desde la izquierda se vela por que los incentivos no permitan que alguien quizá eluda ese mandato incuestionable. (Sirvan como ejemplo las recientes declaraciones de Alberto Garzón, preocupado por los incentivos perdidos entre quienes reciben ayudas económicas sin trabajar, o el conocido posicionamiento de Vincenç Navarro en contra de la instauración de una Renta Básica Universal).
¿Y cuál debería ser entonces el papel del ser humano en un futuro más razonable? Para no perder de vista el bosque de la historia en la batalla enmarañada entre las ramas, es necesario poner en el horizonte una visión social hacia la que encaminarnos desde ahora más allá de la lucha de clases, aun cuando estemos lejos de haber superado esta. El sistema productivo debe estar al servicio de los fines humanos, no a la inversa. Pero para ello necesitamos dotarnos de una autonomía suficiente que nos permita deliberar sobre esos fines. (El propio Marx en la primera parte de El Capitalmostraba una preocupación por el objetivo de lograr una mayor libertad para todos, como nos explica, por ejemplo, Yanis Varoufakis en sus confesiones de un marxista errático... ). Sin duda tendremos que librarnos del chantaje económico de la pobreza. Se trata de un chantaje que podemos considerar represivo, políticamente impuesto a la sociedad, porque hace mucho tiempo que hemos rebasado la capacidad productiva necesaria para que nadie pase penuria sin necesidad de añadir nuevo crecimiento económico. Pero por esto mismo, supeditar la inclusión a la necesidad del crecimiento económico, como también propone gran parte de la izquierda, es lo contrario de elegir libremente los fines de la humanidad.
En cuanto a la sostenibilidad, salta a la vista que tarde o temprano tendremos que admitir la imposibilidad de mantener un crecimiento económico ilimitado en un planeta finito y lleno de límites necesarios para preservar el holoceno, el estado de la naturaleza en el que hemos surgido. Tarde o temprano habrá que recuperar la antigua aspiración de llegar a una economía en estado estacionario. Esto no significa que a partir de ese momento la economía será estática y carente de innovación sino sólo no creciente en su volumen y sostenible en sus formas).
Para defender este punto de vista e intentar rebatir las críticas que desde la izquierda se hace a quienes cuestionamos el crecimiento económico, vamos a desarrollar un poco más las claves esbozadas en esta introducción.

¿Dónde nos ha llevado la ideología crecentista?
Disponemos de gran variedad de estudios científicos que avalan y certifican los firmes pasos hacia un colapso ecológico provocados por la necesidad del capitalismo industrial de crecimiento económico perpetuo en un planeta finito.
Un buen indicador es el declive de la megafauna, es decir la desaparición de grandes mamíferos terrestres y marinos, lo cual afecta profundamente a los ciclos de nutrientes esenciales, especialmente al reciclaje del fósforo, uno de los minerales limitantes más importantes.
Otro proceso significativo es la homogenización de la flora y fauna global. El proceso globalizador acrecenta los problemas debidos a la expansión de especies invasoras, que en su avance provocan importantes pérdidas de biodiversidad, y con ello de resiliencia de los ecosistemas. La simplificación de las cadenas tróficas vía eliminación de nichos puede facilitar y acelerar sucesos de extinción en cascadaque se lleven por delante a ecosistemas básicos para entre muchas otras cosas, la alimentación de poblaciones humanas, y una larga lista de “servicios ecosistémicos"que bajo el paradigma actual no solo no se valoran, sino que se desprecian.
Una de los más flagrantes desastres que estamos viviendo con especial intensidad en estos últimos meses son los grandes incendios sucedidos en diferentes regiones a lo largo del globo, siendo la más grave la situación en el sudeste asiático, especialmente en Indonesia, debido al gran reservorio de biodiversidad y pulmón verde que son las selvas de Sumatra. Además, estos grandes incendios están suponiendo grandes emisiones de gases de efecto invernadero y polución. Las grandes sequías, junto con las prácticas de quema provocada de terrenos para el cultivo de palma han llevado fuera de control a esta situación dramática.
El caso de los océanos y mares no es menos alarmante. Los cambios en el pH y salinidad de las aguas oceánicas está suponiendo una aceleración en el blanqueamiento de coralesy en la pérdida de estos ricos ecosistemas, que son la base de la alimentación de innumerables poblaciones humanas costeras. Cada vez observamos más “zonas muertas” anóxicas en los océanos, y se incrementa la cantidad de plástico en suspensión en los océanos, afectando dramáticamente a las poblaciones de zoo y fitoplancton, base de alimentación de gran parte de la vida marina, y los último grandes productores de oxígeno atmosférico vital para la respiración.
Como estos ejemplos, muchos otros vienen de la mano de la disrupción climática y de la destrucción de ecosistemas provocadas por la necesidad imperiosa por parte del sistema económico de crecimiento a toda costa, aun cuando éste se torna “anti-económico” y suicida. Conforme nos adentramos en el antropoceno, y vamos profundizando en la Sexta Extinción Masiva, se va haciendo más complejo revertir o aminorar el ritmo de degradación y recuperar la resiliencia que necesitamos en nuestros ecosistemas para garantizar la vida humana sobre el planeta, por lo que es extremadamente urgente plantear estrategias de choque para paliar y reducir los impactos de los grandes cambios.
En nuestra “bio-región” especialmente preocupante es la sequía y escasez de agua, y la erosión de los suelos, en acelerado declive de su fertilidad y presencia de materia orgánica, debido al extensivo uso de la agricultura convencional.
Es también de capital importancia los impactos debidos a los cambios de los usos del suelo, en concreto los resultantes en la urbanización y del avance de la agricultura industrial basada en el monocultivo intensivo. El primero provoca fragmentación del territorio, y supone agujero negro de recursos naturales y la producción en masa de basura que termina en vertederos en el mejor de los casos, sino en los océanos o montes adyacentes, o la “externalidad” es exportada a países receptores de los restos del metabolismo y la voracidad del consumismo patológico del urbanita medio occidental en especial, y en general del modo de vida en la grandes urbes a lo largo del globo. Respecto a los impactos de la agrícultura, cada vez se transforma más terreno de selva para la producción de cultivos para alimentación ganadera, y otros monocultivos demandados por la economía globalizada para la producción de biocombustibles o alimentación humana. Los ejemplos en la amazoniao en la jungla de Indonesiapara la producción de palma aceitera son paradigmáticos.
Otro aspecto a tener muy en cuenta es descenso de la disponibilidad de energía neta. El pico de producción de petróleo convencional (2005) y presumiblemente no convencional entre 2015-2016 tendrá efectos cada vez más evidentes sobre la cantidad de energía disponible para alimentar el funcionamiento del metabolismo de la compleja civilización globalizada, cuyo soporte está íntimamente ligado al suministro creciente y constante de energía baratay de calidad para el transporte necesario para mantener el flujo comercial global. Otros fósiles como el carbón o el gas también se aproximan a su pico de producción, que además se verá adelantada debido a la necesidad de líquidos para las tareas extractivas y de trasporte de ambas. Esto no solo afecta y afectará a la porción fósil del mix energético, sino que también tendrá efectos sobre las llamadas renovables, debido a que estas fuentes de energía sí son de origen renovable, pero la tecnología para su captación y distribución depende directa o indirectamente de la disponiblilidad de combustibles líquidos. Es necesario considerar también los efectos en la minería de este descenso de la disponibilidad energética, que se sumarán a los rendimientos decrecientes a los que se ve sometido el sector por motivos obvios, que si se suman al desplome actual de las commodities y la consiguiente destrucción de la oferta por quiebra de corporaciones que no pueden mantener su producción a precios tan bajos, y caen por imposibilidad de repagar sus deudas, como el reciente caso de Arch Coal, una de las mayores mineras de los EEUU.
Información adicional:
Libro "En la Espiral de la Energía" Fernández Duran y González Reyes, Ecologistas en Acción. Disponible gratuito.
Biosphere collapse: the biggest economic bubble ever.
How humans are driving the sixth mass extinction
New Science Suggests More Land-Based Ecosystems Lost than Biosphere Can Bear

La “ciencia” del crecimiento
El crecimiento económico es la receta universal para resolver prácticamente todos nuestros problemas. Es lógico, pues crecimiento tiene que ver no solo con tener más de todo sino mejor, es el progreso tecnológico. Para los economistas es su bálsamo de Fierabras, pues el crecimiento nos hace más ricos y siendo más ricos podemos afrontar mejor cualquier dificultad. Parece una lógica irrebatible y para muchos así es.
Hace años Herman Daly afrontó lo que denomino las falacias del crecimiento. En el texto señalaba con acierto las connotaciones positivas del verbo crecer pero que a su vez implicaban un momento donde se alcanzaba la madurez, en otras palabras, se dejaba de crecer. La analogía con los seres vivos no puede ser completa, pero sí es cierto que, un sistema económico, como un ser vivo, es una estructura disipativa que intercambia energía y residuos con aquello que lo rodea.
Hemos de señalar que para construir el concepto de lo económico, tal como se concibe actualmente, se ha de reducir a aquellos objetos que son escasos, apropiables y reproducibles, tal como lo definió uno de los padres fundadores de la escuela neoclásica, Leon Walras. Sin una idea clara de lo económico no podemos entender porque desde este punto de vista se ignora la naturaleza, entrando en conflicto con ella. Aquello que es evidente desde otras perspectivas como la ecológica, es secundario y molesto para la denominada ciencia económica. La ironía es que ambas palabras derivan de la misma raíz griega oikos.
El problema se presentó desde el mismo nacimiento de la economía como disciplina independiente. James Maitland, Conde de Lauderdale, planteó en su obra “Inquiry into the Nature and Origin of Public Wealth and into the Means and Causes of its Increase” (1804) la que se conoce como paradoja de Lauderdale. La citada paradoja señala que existe una correlación inversa entre la riqueza pública (wealth) y la riqueza privada (riches). Explicaba que la riqueza pública consiste en todo lo que el hombre desea y es útil o satisfactorio para él, tales cosas tiene valor de uso y, en consecuencia constituyen riqueza. Sin embargo, las riquezas privadas necesitan además de ser deseadas y útiles, existir en cantidad limitada, en otras palabras ser escasas para que tengan valor de cambio. Los bienes libres o gratuitos no son del ámbito de la economía por muy útiles que sean, aunque nuestra vida y nuestra civilización dependan de ellos. La paradoja nos plantea que para crear la riqueza privada hemos de generar escasez lo que supone reducir el valor de uso de bienes que antes eran públicos y abundantes y que, en consecuencia, no poseían valor de (inter)cambio. Como nos limitamos a contabilizar el valor de cambio ignorando las pérdidas del valor de uso, nos creemos que somos más ricos cuando nos empobrecemos. Este proceso de empobrecimiento que permanece oculto a las (pseudo)magnitudes económicas, es la medida de la depreciación del capital natural.
La ideología dominante construye su noción de lo económico alrededor de la escasez subjetiva y el valor de cambio. La delimitación del concepto de riqueza está vinculada a la producción (cosas que se pueden reproducir) y el mercado (intercambio de cosas subjetivamente escasas), que es el instrumento para generar valores de cambio
El empeño en convertir a la economía en la física newtoniana de las ciencias sociales para dotarla de una universalidad de la que parecía gozar la segunda, se produce irónicamente cuando esa pretendida universalidad de los juicios sintéticos apriorísticos se derrumbaba a ojos vista, ante las nuevas teorías de la física. Sin embargo, poco importó pues la teoría se asentaba en firmes bases normativas (ideológicas) aunque su pretensión ampliamente conseguida, era aparecer como una verdad universal inmutable que describe el comportamiento humano en la esfera de lo económico.
En esa esfera de lo económico es donde el comportamiento se rige por la maximización de la utilidad que no consiste en una abstracta satisfacción de los deseos, sino en la satisfacción que es función exclusiva del consumo de bienes y servicios. Pero no de todos los bienes y servicios sino exclusivamente de los que tienen valor de cambio, que son, por lo tanto, escasos. Como señala José Manuel Naredo (2014) respecto al reduccionismo económico:
“...no son los principios absolutamente generales, que describen de forma vaga ciertos rasgos hedonistas del comportamiento humano, los que servirían de base a las formulaciones neoclásicas, sino otros mucho más restringidos que responden a un marco social e institucional bien concreto”
Ciertas enunciaciones generales del comportamiento humano que hace la economía neoclásica como la búsqueda del placer con el mínimo esfuerzo pueden parecer plausibles, e incluso razonables, el problema, como señala Naredo, es que las verdaderas proposiciones de partida son mucho más restringidas de forma que se puedan expresar en términos homogéneos, unidades monetarias, y formalizar en modelos matemáticos. Por otra parte, tales enunciados son meras tautologías, en el sentido lógico, al no excluir ninguna posibilidad son completamente irrelevantes.
Walras delimitó el concepto de lo económico sobre la base de unos axiomas que han permanecido hasta nuestros días:
1º Las cosas útiles limitadas en cantidad son apropiables, la apropiación no recae más que sobre la riqueza social (Walras denomina de esta forma lo que Maitland había denominado para su paradoja riqueza privada), y sólo es considerado riqueza social lo que es apropiable. Lo útil y escaso coincide exclusivamente con la propiedad privada burguesa. Mediante este instrumento de apropiación, de exclusión del resto que no son propietarios, podemos generar escasez al privar a otros del disfrute de un bien o servicio.
2º Las cosas útiles y limitadas son valorables e intercambiables, por lo tanto, toda la riqueza social cumple con esas propiedades y nada valorable e intercambiable queda fuera de la definición de riqueza social.
3º Las cosas útiles y limitadas son industrialmente producibles o se pueden multiplicar. (especial atención para nuestros propósitos a este axioma que permite arrinconar las causas materiales y centrarse exclusivamente en las eficientes, que denominaremos capital y trabajo). Este axioma recoge, en cierto modo, la idea de los clásicos de la necesidad de esfuerzo para la creación de valor. En definitiva, solo el esfuerzo penoso realizado por una contraprestación que resulte medible permite la creación de valor. Nada que ver con el esfuerzo placentero o aquel que no recibe contraprestación.
Lo anterior es un juego de espejos para pasar de definiciones tautológicas que no significan nada a proposiciones que permiten reducir lo económico a lo que pretendidamente es medible. Pero no es más que un razonamiento circular, lo útil y escaso tiene valor de cambio, luego si tiene valor de cambio es útil y escaso. Si el aire no contaminado en Pekin es escaso y muy útil para evitar enfermedades, por lo tanto, evitar padecimientos, pero carece de valor de cambio por ser difícil de establecer derechos de propiedad, no entra en el ámbito de lo económico.
La finalidad de todo este “montaje” es considerar al valor de cambio como un hecho objetivo, natural y medible.
“El valor de cambio toma así, una vez establecido, el carácter de hecho natural en su manifestación, natural en su manera de ser. Si el trigo y la plata tienen valor (de cambio) es porque son útiles y limitados en cantidad, dos circunstancias naturales. Y si el trigo y la plata tienen valor uno con relación al otro, es que son respectivamente más o menos útiles y más o menos limitados en cantidad, también son circunstancias naturales...”
En consecuencia, y de forma también natural y objetiva, lo que carece de valor de cambio no cumple con los axiomas enunciados, no es útil ni escaso y queda fuera de la economía. El mercado (perfecto) sirve para asignar de forma óptima los bienes útiles y escasos consiguiendo un equilibrio en los intercambios de dichos bienes.
Por otra parte, el intercambio y la contrapartida que surge del mismo es la materia económica, sin contrapartida no existe. Por eso, apropiarse de los recursos naturales no es una acción incluida en el ámbito de la economía, la naturaleza no recibe contrapartida. Por eso pueden ser explotados con total impunidad o dañados los sistemas que nos proporcionan servicios que sostienen la vida sin que ello quede reflejado en las magnitudes económicas.
La definición de economía que formuló Robbins busca ser un compendio de lo expuesto, pero fracasa pues al querer ser general entran en la misma campos que la economía deja voluntariamente fuera de su campo de acción:
“Ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre objetivos y medios escasos susceptibles de usos alternativos”
Sin embargo, la escasez de la definición se limita a los bienes o servicios con valor de cambio. En realidad, evita afrontar la escasez en términos generales pues eso provocaría su colapso. ¿Por qué? Simplemente la economía se dedica a un tipo muy concreto de escasez (subjetiva) pero, al mismo tiempo, necesita de la abundancia (objetiva) de recursos y sumideros para que la supuesta maquina de movimiento perpetuo funcione. Efectivamente, las máquinas de movimiento perpetuo no existen, pero si ignoras los recursos que lo alimentan y los residuos que resultan de la producción consigues la cuadratura del círculo.
El segundo principio de la termodinámica y sus consecuencias, tienen un indudable interés económico. Cournot señaló el peligro de basar un sistema social en el consumo de recursos agotables o que se explotan por encima de su capacidad de regenerarse. Clausius, que fue quién utilizó por primera vez el término entropía, señaló la importancia de distinguir entre recursos renovables y no renovables. Mucho antes que Hicks (con su concepto de renta de Hicks) pergeñó el concepto de sostenibilidad:
“..en general, en las relaciones económicas, vale el principio de que cada cosa puede usarse solo lo que en el mismo tiempo pueda ser de nuevo producido. Por tanto, se debería usar como material combustible solo la cantidad que es producida de nuevo a través del crecimiento de los árboles. Pero en verdad nos comportamos de manera muy distinta. Hemos hallado que hay bajo la tierra reservas de carbón de tiempos antiguos que se han formado de plantas en superficie y depositado durante un período tan largo que los tiempos históricos en comparación parecen minúsculos. Las gastamos ahora y nos comportamos exactamente como herederos felices que consumen un rico patrimonio.”

¿Pero que diferencia, si existe, hay entre la escasez de la ecología o la termodinámica y la de la economía?. La diferencia es la que hay entre el concepto objetivo de escasez y el subjetivo que utiliza la economía. Esa diferencia explica el rechazo frontal de la economía a la existencia de escaseces objetivas, mucho más cuando estas se ponen en el contexto de un sistema complejo como ocurrió con el estudio del Club de Roma sobre los límites del crecimiento. Daly acostumbra a citar Barnett y Morserespecto a que la economía (neoclásica) considera escaseces particulares, pero jamás una escasez general.
La escasez económica es un concepto subjetivo, es la relación entre necesidad o deseo y disponibilidad, un concepto relativo que llamamos utilidad marginal. El concepto subjetivo de utilidad se consigue objetivar a través de su valor de cambio tal como describe Naredo:
Considerando que los valores de cambio son proporcionales a la escasez (es decir, la utilidad marginal), Walras erige a aquellos en indicadores eficientes de esta, aprovechando la diferencia de que mientras ‹‹la escasez es personal o subjetiva; el valor de cambio es real u objetivo››. Una vez reducida está noción subjetiva de escasez al ámbito de los valores de cambio, la ciencia económica utilizará, como es sabido, el sistema de precios como reflejo de aquella, dejando fuera del análisis de la escasez los recursos que no son directamente ‹‹valorables e intercambiables›› aún cuando puedan influir sensiblemente sobre la utilidad.
Señalar que si no existiera la entropía no habría escasez. Siempre podríamos volver a usar una y otra vez la misma energía tantas veces como la necesitáramos (movimiento perpetuo de segunda especie) y, en consecuencia, la economía carecería de sentido pues en abundancia absoluta no puede existir ningún tipo de escasez, ni siquiera la subjetiva. Georgescu-Roegen que denominaba a la economía neoclásica la cinemática sin tiempo nos indica que la teoría del equilibrio general se fundamenta en lo que niega la termodinámica, es decir, en la completa reversibilidad:
El fundamento de la teoría del equilibrio es que, si algún acontecimiento altera las propensiones de la oferta y la demanda, el mundo económico siempre regresa a su condición previa tan pronto como el evento desaparece. La inflación, una sequía catastrófica, o el desplome de la bolsa de valores no dejan en absoluto huellas en la economía. La regla general, tal como en la mecánica, es la completa reversibilidad.
Como se ha discutido en el blog de Autonomía y Bienvivir, el equilibrio general es matemáticamente inestable y presupone una economía estacionaria, para una dimensión determinada, lo que es una extraordinaria ironía cuando, como indicábamos en el inicio de este apartado, el crecimiento es el remedio universal que ofrecen los economistas para cualquier problema.
La economía neoclásica, por su propia construcción y por más que haya hecho intentos, es incapaz de ofrecer una gestión de los recursos sostenible pues los principios de los que parte son completamente antitéticos a esa finalidad. De partida, eliminó el factor tierra para evitar que introdujera un factor de limitación en la producción, ya que cualquier limitación desembocaba en una economía del estado estacionario, considerada un fracaso para los clásicos, excepto para unos pocos como John Stuart Mill. La tierra ricardiana despojada de cualquier otra propiedad que la meramente espacial fue una estratagema para evitar la inevitable conclusión. Los neoclásicos establecieron el principio de la sustituibilidad de factores de producción como la solución al problema. De hecho, Walras asimiló la tierra al capital, aunque un capital especial que no se consume con su uso, al no ser producible tal como exigía en su axiomática. Pero el truco de la tierra ricardiana no funciona con los los recursos no renovables que son agotables, en especial, los combustibles fósiles, la piedra angular del sistema. La salida fue en su momento y continua siendo hasta nuestros días la misma, sustituibilidad infinita de factores cuyo corolario es el progreso tecnológico que la habilita.
La perfecta sustituibilidad no es más que la maquina de movimiento perpetuo de segunda especie que ignora la segunda ley de la termodinámica. Introduciendo la entropía el sistema colapsa bajo el peso de la escasez, pero no la subjetiva sino la objetiva. El que la ciencia que se vanagloria de tratar y gestionar los recursos escasos requiera ser una maquina de movimiento perpetuo que supone la abundancia de recursos y sumideros puede resultar paradójico, pero es incontrovertible. Como bien apuntó Nicholas Georgescu-Roegen respecto a los recursos:
"dado que todas las clases de recursos juntos representan una cantidad finita, ningún cambio taxonómico puede hacerla ir más allá de su finitud"
La última falacia sobre la que se sostiene el edificio es la que el mismo Georgescu-Roegen denominaba la creencia caprichosa en que cualquiera que sea el problema siempre inventaremos algo, y podemos añadir que siempre será a tiempo.
Uno de los problemas esenciales a los que se enfrenta la economía dominante, y son muchos, es la imposibilidad que un marco intemporal (reversibilidad) sirva para afrontar las necesidades de las generaciones futuras. Es esencial entender lo siguiente (Naredo, 2014):
...el valor de cambio de un mercancía, al ser una noción relativa a otra y otras mercancías (equilibrio general walrasiano) contra las que se puede intercambiar en un momento determinado, no puede servir de unidad de medida invariable a la cual referir las comparaciones intertemporales
Ahora pensemos en las pretendidas soluciones que quieren gestionar los problemas medioambientales, recursos y sumideros, introduciendo el mercado, que hemos delimitado por necesidad dejando fuera la naturaleza, dotando de valor de cambio a lo que por construcción del sistema no lo tiene. Es como si en la geometría euclidiana pretendemos construir triángulos cuyos ángulos suman menos de 180ª sin cambiar los axiomas, una tontería. Son los mismos que previamente han construido triángulos siguiendo los axiomas de la geometría de Euclides y, a continuación, con una transportador de ángulos han medido sus triángulos quedándose atónitos y complacidos de que sumaran 180º ¡voto a dios que me espanta esta grandeza! Sin que la naturaleza reciba la contrapartida (monetaria) por sus recursos y sin capacidad de hacer un análisis auténticamente dinámico no puede gestionar aquello que antes hemos excluido para intentar dar consistencia a su definición del ámbito de lo económico. En otras palabras, cualquier pretensión de la economía de intentar resolver mediante los valores de cambio (mercado) está condenada al fracaso pues debe ignorar las escaseces que estudia la ecología o la termodinámica que son la esencia del problema.
Debemos buscar el apoyo entre las diferentes disciplinas para tener instrumentos realmente útiles con los que afrontar los enormes desafíos que nos traerán los próximos 20 años, un suspiro en la historia. Como bien dice Naredo (2014):
No hay una "buena asignación de recursos" o un "óptimo económico" a descubrir y formalizar, sino muchos, según cuales sean los presupuestos éticos, institucionales y, en general, ideológicos de que se parta, presupuestos que....ha tratado de ocultar la ciencia económica establecida, invistiendo a algunos de ellos de una inusitada generalidad
El criterio de maximización o el de la eficiencia económica que parecen regir nuestro comportamiento carecen de sentido si queremos gestionar nuestros recursos y sumideros o más ampliamente los sistema ecológicos de los que formamos parte, de forma que no comprometamos el futuro de futuras generaciones que no pueden intervenir en esos procesos. Según la economía dominante el sistema nos lleva al nirvana del mercado que es el coto privado donde unos pocos obtienen pingües beneficios a costa de la inmensa mayoría de la población y, es además el camino seguro a la destrucción del planeta que nos sostiene. Sabemos que la respuesta será la de siempre, el ilimitado ingenio humano inventará algo que solucione todos nuestros problemas (aunque para ello deban violar las leyes de la naturaleza), por lo tanto, solo cabe hacernos más ricos (private riches) aunque en el proceso destruyamos lo que nos mantiene con vida (public wealth). La paradoja de Lauderdale continua siendo indescifrable para aquellos que toman o asesoran sobre decisiones que comprometen nuestro futuro.
Gran parte de la izquierda comparte la axiomática que hemos descrito en este apartado. Tienen una preocupación justificada por el problema de la distribución, sin embargo, pretenden solucionar el problema con la misma receta de crecimiento de lo económico, en la definición reduccionista de los neoclásicos. Esta pretensión, que podía tener alguna viabilidad en lo que se denomina economía cowboy (sin límites físicos o escaseces objetivas), no es posible en la economía del astronauta a la que nos enfrentamos. Algunos añoran la llamada "Golden Era"del capitalismo, esas dos décadas y media entre la Segunda Guerra Mundial y la muerte del sistema nacido en Bretton Woods.
Lo que no perciben es que el camino que se tomó tras la muerte de Bretton Woods, a pesar de todos los problemas de inestabilidad que genera la financiarización de la economía, fue el camino lógico para su supervivencia, la expansión hacia los últimos bienes comunes, la huida de cualquier posible regulación de las denominadas externalidadesen los países centrales. La globalización es la sublimación del reduccionismo económico. Cualquier intento serio de incluir la escasez objetiva provoca una reacción en sentido opuesto que impulsa la depredación de lo objetivamente escaso. El siglo XXI, con sus crisis, ha visto como el descontrol medioambiental se hace cada vez más necesario. Más allá de reuniones inútiles mantenidas para propagar la idea de que estamos haciendo algo, la realidad es que la presión sobre los sistemas ecológicos que sostienen la vida y que no tienen valor económico es cada vez más insoportable. El mensaje de la izquierda debe ser radicalmente diferente, debe sostenerse en un paradigma económico completamente diferente al que ha dado lugar a nuestra angustiosa situación.

Las consecuencias sociales del crecimiento
Un lugar común de los críticos del decrecimiento es justificar la necesidad de continuar por la senda del incremento del producto interior bruto como forma de solucionar los enormes problemas sociales a los que asistimos compungidos cada vez que la máquina de producir, a causa de la crisis de turno, comienza a girar más despacio.
Así por ejemplo, en un artículo de febrero de 2014, Vincent Navarro señala:
En un momento de enormes crisis, con crecimiento casi cero, que está creando un gran drama humano, las voces a favor del decrecimiento parecen anunciar que ello es bueno, pues así salvamos el planeta. No se dan cuenta de que están haciendo el juego al mundo del capital responsable de las crisis económica y ecológica. 
El razonamiento no es muy elegante, la producción tendría que tener sentido en sí misma, no debería ser justificada en función de un objetivo que quizás puede ser alcanzado por otros medios. Quién primero comprendió esto fue precisamente un admirador de Keynes, John Kenneth Galbraith, que en su libro The Affluent Society, de 1958, ya avisaba sobre las funestas consecuencias que podría tener aceptar el objetivo de maximizar el PIB en una sociedad que había dejado ya lejos las carencias que hicieron, en otro tiempo, tan perentorio el objetivo de aumentar el producto.
Galbraith nos guía a través de la historia del pensamiento económico, y haya el origen del predominio de la producción sobre cualquier otra consideración, en las ideas de Malthus (1766- 1834) y Ricardo (1772-1823) que dieron forma a la ciencia lúgubre. Unas ideas que podemos comprender son fruto de su tiempo, y de las circunstancias sociales de la época. Unas ideas de puro sentido común, en unas circunstancias muy diferentes de las actuales.
Como observó Tawney, muy pocas veces nos damos cuenta de la calidad del aire que respiramos. Pero en Los Ángeles, en donde apenas puede sostener su cargamento, consideramos al aire con toda seriedad. De modo semejante, quienes residen en un desierto recientemente irrigado ven en el agua que fluye por los canales la evidencia de su antinatural triunfo sobre la naturaleza. Y el vecino de Chicago en Sarasota contempla en su tostado abdomen la prueba de su inteligencia al evadirse de su oscura y helada región. Pero allí donde la lluvia y el sol son abundantes se los tiene por algo seguro, aunque no por ello disminuya el aprecio en que se les tiene. En el mundo de Ricardo los bienes eran escasos. Se los relacionaba estrechamente también, si no con la supervivencia, al menos con las más elementales comodidades del hombre. Le alimentaban, le proporcionaban vestido para salir de casa y le mantenían abrigado cuando se encontraba dentro de ella. No es sorprendente, pues, que la producción, gracias a la cual se obtenían esos bienes,fuese el centro de los pensamientos humanos.
Pero hoy no estamos acuciados por la necesidad, y el sentido común nos indica que el mandato de incrementar la producción no debería ser tan acuciante. A pesar de ello, la posición suprema de la producción se mantiene inalterada una vez saciada el hambre, la necesidad de cobijo y de bienestar. Para justificar este hecho, la ciencia económica recurre a una teoría de las necesidades del consumidor muy singular, que clarifica cuestiones transcendentales sobre nuestra sociedad, por qué estamos en esta situación y lo que ello implica.
Lo primero que debe hacer esta teoría de las necesidades del consumidor es negar que haya una jerarquía entre ellas. Tan necesaria puede ser una barra de pan para el hambriento, como el último modelo de iPhone para un satisfecho miembro de la clase media. Incluso aunque ambas personas sean la misma, lo único necesario es que sean momentos distintos de su vida, para ello se debe asumir que no se puede decir nada sobre las comparaciones de utilidad intertemporales.
Esta postura hace caso omiso del evidente hecho de que algunas cosas se adquieren antes que otras y de que, con toda probabilidad, las más importantes tienen primacía. Lo cual, como ya se observó, implica una urgencia decreciente de necesidades. Sin embargo, esta conclusión es rechazada por la teoría un poco más sofisticada. Su repudio se basa en la negación de que pueda decirse nada verdaderamente útil acerca de los estados comparativos de la mentalidad y de la satisfacción del consumidor en distintos períodos de tiempo. Pocos estudiantes de economía, aun en el curso elemental, se ven libres de una advertencia acerca del error de efectuar comparaciones intertemporales de la utilidad partiendo de situaciones dadas de consumo. Ayer, el hombre con una renta real mínima, pero que iba aumentando, cosechaba las satisfacciones que se derivaban de una dieta adecuada y de un techo que ya no dejaba filtrar las goteras. Hoy, después de un aumento considerable de renta, su consumo incluye televisión por cable y excéntricos mocasines. Pero decir que la satisfacción que deriva de estas últimas comodidades y diversiones es menor que la que proporcionan las calorías adicionales y la eliminación de las goteras sería completamente inadecuado. Las cosas han cambiado, se dice; se trata de un hombre distinto; no existe verdadero patrón para efectuar comparaciones. Se llega a admitir que un individuo, en un momento determinado, pueda derivar unas satisfacciones menores de los incrementos marginales de unas existencias dadas de bienes y, por lo tanto, no pueda inducírsele a pagar mucho por ellos. Pero esto no nos dice nada acerca de las satisfacciones que proporcionan tales bienes adicionales y, más especialmente, las que puedan proporcionar unos bienes distintos cuando se los adquiere más tarde. La conclusión es evidente. No se puede asegurar nunca que disminuya la satisfacción que se derive de esos incrementos posteriores en el tiempo de las existencias de bienes del individuo. Por lo tanto, es imposible afirmar que la producción que los proporciona tenga una utilidad decreciente. 
Por esta razón los economistas no son muy amigos de la psicología, dado que psicólogos como Abraham Maslow, basándose en sus experiencias clínicas, han establecido una jerarquía de necesidades. Dicha jerarquía invalida por completo la teoría neoclásica de las necesidades del consumidor.


Una vez analizado lo inadecuado de la teoría económica convencional, podemos preguntarnos de dónde surge entonces la fiebre consumista si no es del deseo de satisfacer necesidades realmente urgentes y perentorias. Galbraith señala dos fuentes, por un lado la carrera por la emulación, el afán de tener algo igual o superior a lo que tiene el vecino, y por otro lado la publicidad y la técnica de ventas. Sin duda la publicidad funciona, dado que en caso contrario no se dedicarían tantos recursos a ella. Esto nos pone en una situación muy incómoda, sólo podemos concluir que es la propia producción la que crea las necesidades que ella misma satisface.
Este extremo es tan importante que debemos analizarlo con más detalle. Las necesidades del consumidor pueden tener causas grotescas, frívolas o incluso inmorales y, sin embargo, se puede realizar una maravillosa defensa de la sociedad que procura satisfacerlas. Pero no se puede mantener esta defensa si es el mismo proceso de satisfacción de necesidades el que viene a crearlas. Ya que en este caso el individuo que insiste en la importancia de la producción para satisfacer esas necesidades se encuentra precisamente en la misma posición del espectador que aplaude los esfuerzos de la ardilla para adelantarse a la rueda que está accionando con sus propias energías. 
No conozco ningún intelectual que haya propuesto a una ardilla dando vueltas a una rueda, en una carrera sin fin, como modelo de buena sociedad, pero es ahí a dónde nos conduce la posición suprema de la producción en la escala de valores social. Sin embargo, no debemos dejar de reconocer que la producción, a pesar de ser en esencia superflua, actúa como paliativo de muchos otros problemas.
El incremento de la producción equivalía a aliviar la desocupación, la inseguridad agrícola, la amenaza de quiebra para el pequeño comerciante, el riesgo de los inversores, las preocupaciones financieras de los estados, de los municipios, incluso el desventurado hacinamiento que se produce cuando la gente no puede poseer o alquilar sus propias casas y debe habitar con otras personas. 
La solución a estos problemas, como analizará Galbraith al final del libro, es luchar contra ellos de forma directa, y no de una forma indirecta, a través del incremento de la producción. Esto es de suma importancia, porque la posición suprema de la producción en nuestra escala de valores está trufada de consecuencias funestas, como los escasos recursos, que no se pueden detraer de la producción, dedicados a la formación de las personas, o al mismo conocimiento científico, o el fomento sin límite del endeudamiento para espolear el consumo. Galbraith explica que en las sociedades desarrolladas pudimos prescindir de los bienes que producían los niños o los ancianos porque ya no eran vitales para nuestro bienestar, una vez cubiertas las necesidades del escalafón más bajo de la jerarquía que describe Maslow. De la misma forma podríamos haber seguido reduciendo la jornada de trabajo, cambiando tiempo de vida por la producción de unos bienes que ya no son urgentes. Dejar de centrarnos en la producción abre una abanico inmenso de posibilidades al ser humano, podemos elegir cuales serán las nuevas prioridades.
Pero el mayor acierto del economista norteamericano fue percibir que hay un nexo común que une todos los males a las que nos condena el crecentismo, y es la minusvaloración de los bienes públicos, sin mercado, frente al predominio absoluto de los bienes privados.
La familia que hace una excursión en su coche color malva y cereza, con aire acondicionado, conducción asistida y servofreno, pasa a través de ciudades deficientemente pavimentadas, afeadas por los desperdicios, los edificios desconchados y los anuncios junto a postes de conducciones eléctricas que deberían ser subterráneas desde hace ya tiempo. Contemplan un paisaje rural que es casi invisible por obra y gracia del arte comercial. Meriendan con unos alimentos exquisitamente empaquetados que sacan de una nevera portátil, a orillas de un arroyo contaminado, y pasan la noche en un parque que es una amenaza para la salud pública y la moral. Y antes de adormecerse, acostados en un colchón neumático, cobijados en una tienda de nailon y rodeados por el hedor de la basura semicorrupta, pueden reflexionar vagamente sobre la curiosa desigualdad de las mercedes que se les han otorgado. Realmente, ¿es esto el genio americano? 
Aunque Galbraith apenas cita muy de pasada el deterioro medioambiental, son evidentes las conclusiones que se derivan de su teoría del desequilibro social entre bienes públicos y privados que es consustancial al crecentismo. Con el tiempo, los bienes púbicos terminarían destruidos, como así está ocurriendo con algunos de tanta transcendencia como un clima benigno o el resto de servicios medioambientales que nos proporciona la biodiversidad del planeta. Ante esta situación, los neoliberales reaccionarán creando mercados ficticios para los bienes públicos, como los derechos de emisión de dióxido de carbono, o el pago de los derechos públicos educativos en un cheque para gastar en escuelas privadas. De esta forma, los crecentistas de izquierdas, ignorando los escritos del que otrora fue un keynesiano ejemplar, luego convertido en heterodoxo, con su énfasis en el dominio absoluto de la producción sobre todo lo demás, son el cómplice necesario en la destrucción de los bienes públicos que allana el camino al proceso de privatización neoliberal.
Pero sin duda ellos no estarán dispuestos a reconocerlo, a pesar de las evidencias presentadas hasta el momento. Siempre puede argüirse que el socialismo sí es capaz de incrementar los bienes privados preservando los públicos, o que puede evitar el proceso de generación de necesidades superfluas mediante su socialización. Este es el camino emprendido, realizando un doble salto mortal con tirabuzón, por Vincent Navarro, cuando afirma, en el artículo anteriormente reseñado.
 Uno de los puntos que subrayé en aquel libro era que el socialismo tenía que cambiar no solo la distribución de los recursos, sino la forma y tipo de producción. Y para que ello ocurriera era fundamental cambiar las relaciones de poder en el mundo de la producción (con la democratización de la producción, que es distinto a su estatalización) y cambiar el motor del sistema, de manera que el afán de lucro se sustituyera por el afán de servicio a las necesidades humanas, definidas democráticamente. 
¡Claro! Las necesidades se determinarán democráticamente ¿Y qué decidirá el pueblo? ¿Un mercedes y un chalet con piscina para todos? Al distribuir un bien de lujo entre el conjunto de la población pierde por completo su valor, ya que deja de tener utilidad en la carrera por el estatus, y nos obliga a perpetuar esta carrera insostenible sin saciedad material posible.
Seguramente el pueblo sería más inteligente que todo eso, creemos firmemente en las virtudes de la democracia, pero si como plantea Navarro definimos democráticamente las necesidades humanas, no tiene sentido concluir que el resultado debe implicar un mayor crecimiento económico. Bien podría ocurrir que una deliberación pública informada concluyera que hay una forma más realista y alejada del economicismo imperante de satisfacer las necesidades humanas. En tal caso la apuesta por el crecimiento se convierte en un apriorismo antidemocrático; incurre en la contradicción de decirnos cuál debe ser el resultado de tal deliberación. El problema es que detrás de esa retórica democrática se esconde una teoría de las necesidades humanas tan deficiente como la enarbolada por la economía ortodoxa neoliberal.
Una teoría de las necesidades humanas debería estar basada en fundamentos psicológicos y antropológicos, prestando mayor atención hacia aspectos cualitativos, no lineales, del comportamiento individual y de la sociedad. Una teoría que cumple estos requisitos es la del psicólogo Abraham Maslow sintetizada en la figura superior, otra de ellas es la del economista Manfred Máx-Neef. La relevancia del planteamiento de Max-Neef es que establece una taxonomía de necesidades universales, válidas transculturalmente, siempre y cuando sepamos distinguir entre necesidades, satisfactores y bienes económicos. Quién mejor lo explica es el propio economista chileno en su libro Desarrollo a escala humana:
Se ha creído, tradicionalmente, que las necesidades humanas tienden a ser infinitas, que están constantemente cambiando, que varían de una cultura a otra, y que son diferentes en cada periodo histórico. Nos parece que tales suposiciones son incorrectas, puesto que son producto de un error conceptual.
El típico error que se comete en la literatura y análisis acerca de las necesidades humanas es que se explicita la diferencia fundamental entre lo que son propiamente necesidadesy lo que son satisfactoresde esas necesidades. Es indispensable hacer una distinción entre ambos conceptos, por motivos tanto epistemológicos como metodológicos.
La persona es un ser de necesidades múltiples e interdependientes. Por ello las necesidades humanas deben entenderse como un sistema en las que se interrelacionan e interactúan. Simultaneidades, complementariedades y compensaciones son características de la dinámica del proceso de satisfacción de necesidades.
Las necesidades humanas pueden desagregarse conforme a múltiples criterios, y las ciencias humanas ofrecen en este sentido una vasta y variada literatura. En este documento se combinan dos criterios posibles de desagregación: según categorías existenciales y según categorías axiológicas. Esta combinación permite operar con una clasificación que incluye, por una parte, las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Estar, y, por la otra, las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. Ambas categorías de necesidades pueden combinarse con la ayuda de una matriz.


De la clasificación propuesta se desprende que, por ejemplo, alimentación y abrigo no deben considerarse como necesidades, sino como satisfactores de la necesidad fundamental de subsistencia. Del mismo modo, la educación (ya sea formal o informal), el estudio, la investigación, la estimulación precoz y la meditación son satisfactores de la necesidad de entendimiento. Los sistemas curativos, la prevención y los esquemas de salud, en general, son satisfactores de la necesidad de protección.Habiendo diferenciado los conceptos de necesidad y de satisfactor, es posible formular dos postulados adicionales. Primero: Las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables. Segundo: Las necesidades humanas fundamentales (como las contenidas en el sistema propuesto) son las mismas en todas las culturas y en todos los periodos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y de las culturas, es la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades.
Una economía centrada en las necesidades humanas es aquella que tiene por objeto la producción de personas autónomas, capaces de encontrar los satisfactores más adecuados a sus necesidades, independientemente de la producción de bienes. Necesitamos sentirnos atractivos y sentir afecto, no maquillaje, sea esto decidido por el mercado o “democráticamente”. La democracia entra en escena para asegurar que nadie es excluido de la satisfacción de las necesidades que pueden ser cubiertas con bienes (alimentación, techo, abrigo, etc), y para intentar dar a cada individuo las herramientas necesarias para encontrar los satisfactores adecuados al resto de sus necesidades, satisfactores que deberían ser prioritariamente inmateriales (como podemos ver muchos en la tabla anterior: autoestima, amistades, conciencia crítica, maestros, etc) porque la energía gastada de forma más eficiente es la que no se gasta de forma innecesaria, y el proceso productivo que genera menos residuos y consumo de materias primas es el del bien que no se produce de forma innecesaria.

Tendiendo puentes
¿Podemos encontrar puntos de confluencia con la izquierda crecentista? Una economía centrada en las necesidades humanas debería erradicar la pobreza, y reducir significativamente la desigualdad, ya que ambos problemas, el primero en un grado mayor que el segundo, son incompatibles con una satisfacción plena de dichas necesidades.
Al mismo tiempo, John Kenneth Galbraith, nos ha dado la clave del problema de nuestro tiempo, y como resolverlo, problema fuertemente enraizado en los errores del crecentismo: la supremacia de los bienes privados, con mercado, sobre los bienes públicos, y el consiguiente deterioro y desaparición de los segundos.
Un plan para recuperar, en la medida de lo posible, esos bienes públicos, mediante el trabajo humano, y que garantice una renta a personas que tienen problemas para satisfacer sus necesidades básicas, las que dependen de bienes materiales, sería una idea en la que podríamos confluir.
Así por ejemplo, es bien sabido que aumentar un 0,4% el contenido de carbono en los sueloslograría que el balance neto de carbono emitido a la atmósfera se redujese a cero. El problema es que los suelos nos prestan servicios medioambientales, como la captura de carbono, que no tienen valor de mercado. Aumentar el carbono en el suelo no nos hace más ricos, en el sentido en el que habitualmente lo entendemos, ya que no nos hace disponer de más bienes para consumo privado. Nuestro sentido de la riqueza es profundamente erróneo. Por el contrario, el trabajo necesario para realizar esa labor, tendría que ser retribuido, en parte, mediante la posibilidad de adquirir bienes básicos de consumo como alimento, techo, abrigo. La situación nos obliga a redistribuir de forma más generosa algunos bienes de consumo privado, y una forma de legitimar esta redistribución es el trabajo en la recuperación de los bienes públicos.
¿Aumentaría ello la demanda y por tanto el tamaño de la economía? No tiene porqué ser así, en la actualidad ya producimos suficiente cantidad de estos bienes para todos, bastaría con evitar su derroche o su acaparamiento. En cualquier caso, el decrecimiento no implica, como algunas veces se expone de forma caricaturesca, un descenso proporcional de todos los sectores y de la producción de todos los bienes económicos. Por ejemplo, estamos dispuestos a reconocer que el sector de energías renovables tiene que crecer, aunque discutimos hasta qué escala es posible ese crecimiento.
Igual que hemos hablado del carbono en los suelos, podríamos hablar de educación, cuidados, etc. Sin embargo, no tenemos la misma urgencia en la recuperación de todos los bienes públicos. La situación de degradación medioambiental requiere medidas urgentes, y para que se puedan llevar a cabo es necesario librarse del corsé de los errores de las tesis del crecentismo.
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