The Oil Crash

Contingut sindicat
La llegada al cenit de producción mundial de petróleo ha puesto a la economía contra las cuerdas. En este blog se analizan las noticias relacionadas con este tema y qué medidas se pueden tomar para remediar la carestía que viene.
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La ilógica financiera

26 Setembre, 2014 - 06:25


Queridos lectores,

A medida que se multiplican los signos de que el mundo avanza hacia una nueva recesión global, se van produciendo día sí y día también noticias que pasan con cierta sordina en los medios de comunicación, pero que cuando se observan con un poco de atención demuestran que nos estamos precipitando lentamente en un abismo del cual ya no podremos salir. Fijémonos en una de ellas, sacada de Reuters: "La petrolera Total prevé vender más activos y reducir la meta de producción de petróleo". Total es una de las cinco grandes compañías petroleras multinacionales que quedan en el mundo (el resto o son compañías nacionales o son pequeñas compañías privadas), y como le está pasando a las otras cuatro su producción de petróleo lleva ya unos años en caída:



La anterior gráfica está extraída de un artículo publicado el pasado mes de Marzo en el blog de Mattieu Auzanneau, y que tiene un título bastante significativo: "Nueva caída en 2013 de la producción de crudo de las majors, a partir de ahora obligadas a desinvertir". Poco antes Gail Tverberg publicaba un impactante post (cuya traducción puede encontrarse en este mismo blog) sobre una presentación de Steve Kopits que mostraba los planes de desinversión de las grandes compañías.



Por las mismas fechas, yo sacaba una conclusión semejante a la de Matthieu Auzanneau: que estábamos delante de un momento histórico, en el que se anticipa que las grandes compañías petrolíferas comenzarán a abandonar las explotaciones menos rentables (como la explotación de gas y de petróleo extraídos mediante fracking, los petróleos de aguas profundas, las arenas bituminosas del Canadá, los biocombustibles), dada la presión que tienen estas compañías para volver a las antiguas rentabilidades. Debido a lo precipitado de su salida, se podría producir, en un plazo bastante breve de tiempo (posiblemente, no más de un par de años) una caída muy fuerte (quizá un 10%, quizá más) de la producción de petróleo, contando aquí todos los líquidos que así llamamos, lo cual generaría graves problemas y tensiones a escala global, acelerando de manera no lineal nuestro declive. La única cosa que podría frenar esta tendencia es que los Estados interviniesen e invirtiesen dineros públicos para mantener la producción, desviándolos de otros fines más transversales y agravando la inestabilidad social. Pero dado que el principal perjudicado serían los EE.UU. (puesto que es el país donde se está explotando el fracking de manera masiva y ese tipo de explotaciones es el más ruinoso) no está claro cómo se acabaría articulando ese rescate.

En este preocupante contexto, el Departamento de Energía de los EE.UU., a través de su Agencia de Información de la Energía (EIA por sus siglas en inglés) sacó el julio pasado una breve nota sobra la evolución financiera de las 127 compañías productores de petróleo y gas más grandes del mundo (gracias a The Tyee por sacar la noticia). Y las gráficas añaden aún más preocupación a las noticias reseñadas arriba:


Gráfico de "Today in Energy" de la EIA, http://www.eia.gov/todayinenergy/detail.cfm?id=17311
La línea azul representa los gastos de estas 127 compañías durante los 12 meses previos al momento que se considera, en tanto que la línea verde representa los ingresos por sus operaciones ordinarias (vender petróleo y gas, básicamente); la diferencia de las dos curvas es, simplificando, los resultados de explotación (no exactamente, como ahora veremos). Como se ve, en el primer trimestre del año 2014 los resultados de explotación durante el año que va de Abril de 2013 a Marzo de 2014 dejaron un saldo negativo de 110.000 millones de dólares. Lo grave es que entre 2012 y 2013 pasó algo muy similar. ¿Cómo han podido sobrevivir estas compañías con semejantes números rojos? Eso nos lo aclara la EIA con otro gráfico:



Esta gráfica nos desglosa, en porcentaje, el origen de los ingresos de las compañías. Podemos ver así cuánto se ha ingresado por operaciones (barra verde), cuánto se ha incrementado la deuda de manera neta (barra gris oscuro) y cuánto se ha ganado en la venta de activos (venta de yacimientos, refinerías, etc). 

Tomando la primera de las gráficas se puede calcular aproximadamente cuáles han sido las necesidades de financiación adicional (más allá de las operaciones) de cada año (para extraer los datos a partir de las gráficas uso la misma metodología que en el post "El ocaso del petróleo"); los resultados se muestran en la siguiente gráfica (el eje vertical representa miles de millones de dólares).

Diferencia entre ingresos de operaciones y gastos en términos anualizados, en millardos de dólares
Como se ve, la necesidad de financiación adicional sube rápidamente desde inicios de 2011 y llega a máximos a principios de 2012; y se ha mantenido bastante elevada desde entonces, a pesar de que en términos constantes el precio medio del petróleo ha estado en máximos históricos.

Lo grave no es sólo que haya este desfase en operaciones tan grande, sino lo grande que se está haciendo la deuda acumulada: la gráfica siguiente muestra cuál ha sido la evolución de la necesidad de financiación acumulada durante los últimos años.

Necesidad de financiación adicional acumulada desde 2010, en millardos de dólares.
Como pueden ver, el desfase acumulado llega hasta los 413.000 millones de dólares, en términos anualizados, a principios de 2014, y con una tendencia fuertemente creciente de más de 100.000 millones de dólares al año. No todo esa curva roja es deuda, puesto que como hemos mostrado una parte de este desfase contable se ha compensado vendiendo activos, pero haciendo tal cosa las compañías disminuyen su capacidad productiva y por tanto complican poder continuar el servicio de las deudas con sus intereses. De esta gráfica se deduce que, en todo caso, la deuda de las grandes compañías del sector del petróleo y el gas puede ser fácilmente de más de 300.000 millones de dólares, y creciendo cerca de 100.000 millones cada año.

Queda claro, por tanto, que las compañías no sólo están fuertemente endeudadas, sino que además están incrementando de manera brutal su endeudamiento al tiempo que deterioran su capacidad productiva de cara al futuro. Es en este contexto que la noticia sobre Total con la que abro el post de hoy cobra todo su sentido: la compañía está vendiendo activos mientras rebaja sus objetivos de producción, lo cual es síntoma de que está fuertemente endeudada como el resto de las compañías del sector. Tal actitud es completamente absurda desde un punto de vista empresarial, de no ser que la compañía esté entrando en un serio problema de viabilidad futuro. Y no es la única: recientemente Ben van Buerden, el consejero delegado de Shell, reconoció a The Wall Street Journal que los ingresos eran demasiado bajos, y también son conocidos los planes de desinversión de Shell. Y un síntoma todavía más preocupante del hundimiento del sector es que la familia Rockefeller ha decidido deshacerse de todas sus participaciones en empresas petroleras.

¿Cómo han podido las compañías del sector del petróleo y el gas meterse en un agujero financiero de semejantes dimensiones? ¿No podían simplemente haberse limitado a producir aquel petróleo o gas que era rentable a los precios que el mercado quería pagar, y no perder dinero produciendo hidrocarburos por debajo de coste? La respuesta es no, no podían. Y no podían porque estas compañías tenían que demostrar que eran rentables, porque hay muchos fondos de inversión y fondos de pensiones en este mundo, y que mueven miles de millones de dólares, que han construido su cartera basándose en las empresas del sector de los hidrocarburos. Por el tamaño de sus inversiones y su capacidad de hundir o alzar el precio de las acciones de cualquier compañía, esos fondos son capaces de influir en la toma de decisiones de las empresas de las que tienen participaciones. No sólo eso: estos fondos exigen que las compañías den unos dividendos anuales de al menos cierto valor, porque la rentabilidad de sus carteras depende de sus dividendos. Por eso apuestan por valores tradicionalmente considerados seguros, como son las petroleras. Si se fijan Vds. en las explicaciones de los gráficos de más arriba, verán que parte de los costes que las compañías tienen que financiar con la venta de activos y con endeudamiento es el pago de esos dividendos. Lo han leído bien: estas empresas están recurriendo a créditos para poder pagar dividendos. Una lógica financiera que contradice a cualquier lógica empresarial. Es esta lógica suicida de demostrar que las compañías eran muy rentables y que siempre serían capaces de producir más y más petróleo lo que ha llevado a explotar recursos sin rendimiento económico, como las arenas bituminosas, como el fracking, como los biocombustibles... Una huida hacia adelante que tiene ya  los días contados.

En el fondo, las empresas del sector de los hidrocarburos se han estado descapitalizando para garantizar un magnífico retorno a sus inversores. La burbuja ya tienen varios cientos de miles de millones de dólares y seguramente puede inflarse algunos cientos de miles de millones más antes de reventar. Pueden si quieren apostar cuándo llegará este estallido: yo creo que será aproximadamente al mismo tiempo que la próxima oleada recesiva, porque en su actual debilidad financiera estas empresas no podrían resistir una nueva fase de precios bajos para el petróleo como suele suceder en las recesiones. Y como no faltan demasiados meses para la próxima oleada recesiva, no sería de descartar que en los próximos meses leamos alguna noticia impactante del sector, como la quiebra de alguna empresa medianamente grande o algunas grandes fusiones o absorciones. Incluso, un plan de algún Estado para participar significativamente en una de estas empresas. En todo caso, el síntoma más claro de que esta burbuja ha llegado a su fin será el hundimiento del fracking en los EE.UU. y la brusca bajada de la producción mundial de petróleo en al menos un 5%. La escasez de petróleo se dejará sentir por todo el planeta, con consecuencias imprevisibles y altamente no lineales.

¿Qué nos ha llevado hasta aquí? La lógica financiera, diseñada para un mundo en continua expansión. Un mundo que ya no existe y que por tanto la convierte, más bien, en la ilógica financiera. Una actitud irracional que nos lleva a destruir aquello que necesitamos para hacer una transición que no puede esperar más.


Salu2,
AMT
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Última llamada - el blog

25 Setembre, 2014 - 10:37


Reseña por María Eugenia Rodríguez Palop
En julio de 2014, se hizo público el Manifiesto “Última Llamada” al que, en sólo dos meses, se adhirieron siete mil académicos, intelectuales, científicos, políticos y activistas de base. En el Manifiesto se denuncia la grave crisis ecológico-social que estamos viviendo y se plantean propuestas de cambio con las que compatibilizar el bienestar y los límites ecológicos del crecimiento. "Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible", se afirma, y lo cierto es que, de hecho, nuestras posibilidades de articular trayectorias de sustentabilidad son cada vez menores. 
Con el blog (@Ultima_Llamada_) que ahora ve la luz en eldiario.es, se abre un espacio al pensamiento ecológico crítico y se pretende articular un programa ecosocial para la Gran Transformación que nos hace falta. Queremos convencer a la gente y, en particular, a los partidos de izquierda y a los nuevos proyectos alternativos que han surgido en nuestro país, de que las inercias del productivismo y el consumismo que nos arrastran, están conduciendo al 99% del planeta a un colapso social, económico y ambiental, y de que "la crisis de régimen y la crisis económica que padecemos, sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica". 
El blog se expresa en un tono ágil y divulgativo, y está abierto a las contribuciones de tod@as aquell@s que tienen sensibilidad ecológica y, sobre todo, ganas de pilotar el cambio de dirección que esta crisis de civilización nos exige.
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¡Es la política, estúpido!

23 Setembre, 2014 - 19:54


Queridos lectores,

Hace unos días un lector, Alexis Sancho Reinoso, me hizo llegar su réplica al reciente post de Javier Pérez, "Lo que los peakoileros no quieren entender". El texto me parece valioso y merecedor de ser compartido, y por eso hoy se lo traigo.

Salu2,
AMT


«¡Es la política, estúpido!» Úna réplica al texto “Lo que los peakoileros no quieren entender”, de J. Pérez.Tanto me desconcertó el contenido, pero especialmente el tono del texto “Lo que los peakoileros no consiguen entender”, de J. Pérez, que decidí ensayar una réplica. La empecé el mismo día en que el texto fue publicado, pero no la he terminado hasta 9 días después. Mientrastanto, ya ha sido publicada otra réplica al texto, “Programa para una «Gran Transformación»”, con la que creo que este texto puede resultar compatible y complementario. Compatible porque comparte objetivos y enfoques y soluciones propuestas; complementario porque, al contrario que aquella, esta no pretende profundizar en los puntos que expone, sino que es un breve alegato de que el problema que expone Javier Pérez debe ser muy tenido en cuenta, pero no las “soluciones” –por llamarlo de alguna manera- que propone.Volviendo a la idea inicial, la entrada de J. Pérez me desconcierta porque, pese a no conocer al autor ni haber leído nada escrito por él hasta este texto, por las alusiones, referencias y el tono utilizados deduzco que se trata de alguien que sabe muy bien de lo que habla y que, por lo tanto, no escribe por escribir. Precisamente por eso me pregunto hasta qué punto es sincero el autor cuando se pregunta a sí mismo cosas como las siguientes:“¿Observo mala fe en los peakoileros? Pues en unos sí y en otros no, pero en casi todos observo la misma carencia: que su pasión por la lógica y los datos, su precisión en las mediciones y en la construcción de modelos, su meticulosidad en la argumentación y concatenación de sucesos, desaparecen repentinamente en ocasiones hasta silenciar completamente datos, hechos y argumentos que resultan incómodos para sus convicciones (o necesidades) políticas.”“intentaré explicar por qué creo que la mayor parte de la gente consciente del problema no abarca mentalmente su verdadero alcance, o prefiere dejar este asunto para más adelante, cuando ya se le haya sacado el debido rendimiento en otros ámbitos menos amables o menos confesables.”Si yo me diera por aludido en estos pasajes estaría pidiendo explicaciones al autor sobre estas acusaciones encubiertas. ¿Qué está insinuando? ¿Que los expertos en la materia están vendidos a una determinada ideología a la que, en el fondo, no le importa el futuro del planeta ni de la humanidad, sino que solamente busca contentar a un determinado segmento de la población con argumentos autocomplacientes?Yo, como mero interesado en la materia y para nada entendido, no he detectado en ninguna opinión que he leído o escuchado a los “peakoileros” atisbo alguno de las actitudes que denuncia el autor. Es evidente que la magnitud del problema socioambiental actual es inabarcable, que nos tiene superados, que tristemente hay que reconocer que algunas de las afirmaciones del autor no parecen distar demasiado de la realidad (¿cómo, después de escuchar sus contundentes argumentos, puede uno obviar la contundencia de la Ley de Jevons? ¿Cómo puede uno llevarle la contraria al impepinable argumento de que nadie puede parar de la noche a la mañana, ni siquiera a largo plazo, la dinámica global, basada en el consumo, en la que estamos inmersos?).Sin embargo, y como dicen en mi pueblo, “no confundamos la velocidad con el tocino”: ¿De verdad piensa el autor que lo mejor que se puede hacer es no hacer nada? Si es así, creo que es una excepción dentro de los que él denomina “peakoileros”. Yo pienso que la mayoría de ellos piensa diferente y aborda el tema (que, efectivamente, es peliagudo y no se deja reducir a unos términos de “buenos y malos”, de “los que tienen razón y los que no” etc.) de otra manera. Por ejemplo:

  • Tratan de poner en evidencia que el modo de vida occidental no es un producto de la evolución natural humana, sino el resultado de la lucha de diferentes intereses contrapuestos que han ido estableciendo determinadas pautas culturales, las cuales, a su vez, con el paso de las generaciones, se encuentran tan arraigadas que nadie pregunta por su origen, significado y utilidad. El otro día un amigo me contó el experimento de los monos y los plátanos y me pareció una metáfora muy acertada para explicar muchos de los mecanismos de funcionamiento de nuestra vida en sociedad. Compruébelo el lector mismo leyendo este interesante artículo desmitificador de la llamada “transición española”.
  • En otras palabras: tratan de llamar la atención sobre la necesidad de recurrir al nivel ontológico (del griego ?????, hace relación a “lo que hay”); es decir, de no dar por sentado nada de lo que constituye nuestra existencia, aunque parezca la cosa más lógica y “natural” del mundo. Todo el mundo sabe que la sociedad occidental está profundamente marcada por un conjunto limitado de teorías que han pasado a ser ideologías establecidas; es decir, que han pasado de ser principios aceptados por la comunidad científica a ser dogmas asumidos por todos aquellos agentes que intervienen directamente en las decisiones que nos afectan a todos. En este artículo de F. Geels aborda este asunto, sin duda central aunque normalmente ignorado. En él se desmitifican teorías como la elección racional (el famoso “homo oeconomicus”), la teoría evolutiva, el imperativismo o el estructuralismo.
  • Tratan de trasladar la discusión a términos éticos, algo que Javier Pérez parece menospreciar: “seguimos escribiendo manifiestos y soflamas a favor del ahorro, en contra del capitalismo y en contra del consumo, porque es lo que nos ordena nuestra ética”. Para mucha gente (entre los que me incluyo), valores como la bondad, la sensatez, la solidaridad y el cooperativismo simplemente no pueden ser equiparados a otros (anti)valores como la codicia, el egoísmo o la maldad. Una determinada convicción individual es, pues, fundamental y ello no debería ser infravalorado.
  • Tratan de superar la tan denunciada por el autor autocomplacencia sacando “el tema” en las conversaciones con familia y amigos (¡se acabaron los tabúes en los asuntos que realmente importan!) y sensibilizando al personal en círculos más amplios. Es decir, a partir de sus propias convicciones personales, intentan cotejar qué principios de actuación diferentes existen para contrastarlos y poner de manifiesto las carencias de unos y de otros.
  • Esto último es, para mí, lo más trascendente del asunto (y de aquí el título de mi texto): algunos de ellos se encargan de poner sobre la mesa la problemática y fomentar la discusión en el ámbito de lo público. Algo muy diferente a difundir un discurso formateado y cerrado y tratar de ganar adeptos en base a él. Estamos hablando, pues, de implicación política (entendida esta como el arte de servir a lo público: es decir, abordar problemas colectivos desde una perspectiva que supere el mero individualismo).  
Estoy convencido de que el autor sabe perfectamente que existen discursos sensatos que no quieren ser catastrofistas ni demonizar con argumentos simplistas determinadas cosas, sino que desean llamar la atención de los problemas que encaramos (queramos o no) y que tienen una naturaleza temporal más dilatada que los que suelen ocupar la agenda político-mediática (desempleo, evolución de determinadas variables macroeconómicas, acontecimientos bélicos, por poner ejemplos). Es esa preocupación por el largo plazo los que les diferencia. A menudo pienso que la obsesión por el corto plazo (algo comprensible en la vida privada, pero inadmisible en la política) junto con la ignorancia premeditada del medio y el largo plazo es la base de los populismos. Por supuesto que existen intereses políticos partidistas en todas partes, y los seguirá habiendo porque las relaciones humanas tienden a ello. Según mi parecer, no se trata de evitarlo, se trata de ponerle coto y de empoderar a quien debemos de empoderar. Mientras las organizaciones encargadas de representar al soberano (en este caso, los partidos políticos) sigan teniendo todo el poder de decisión (aunque sea como brazo ejecutor de quienes diseñan las políticas que se deben aplicar, y que normalmente no vemos en los escenarios), poco habrá que hacer. De ahí que sea crucial debatir serenamente sobre la democracia que queremos (como se está haciendo desde muchísimos foros; he aquí un ejemplo) como medio en el que hay que insertar el debate socioecológico. Solo de este modo se podrá dejar atrás la dimensión estrictamente autocomplaciente del asunto, que tan concienzudamente denuncia Javier Pérez. O dicho en otras palabras y adoptando (y adaptando) la popular expresión “It’s the economy, stupid!” (utilizada, por cierto, como eslógan político): “¡es la política, estúpido!”.

Alexis Sancho Reinoso
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El efecto boomerang

19 Setembre, 2014 - 09:13


Queridos lectores,

Durante las últimas semanas he participado en varias discusiones con defensores de la transición renovable, que en algunos casos me reprochaban mi postura al analizar los límites de explotación de los sistemas de generación renovable o al exponer simplemente hechos que contrastan con un cierto discurso triunfalista. Lo que me ha parecido más curioso de estas conversaciones es la reacción de mis contertulios cuando uno los confronta con datos y hechos que contradicen su visión de las cosas. Pondré varios ejemplos: 

  • Hace un par de días discutía en la Agencia Espacial Europea con un ingeniero (una persona brillante) sobre el potencial de la fotovoltaica; él me ponía el ejemplo de Alemania y yo le decía que justamente en Alemania lo que se está observando es un cada vez mayor recurso al carbón (y encima más lignito nacional, que produce más emisiones de CO2), como explicábamos hace unas semanas. Delante de esto, me preguntó directamente: "¿Es que dudas de que exista un Cambio Global Antropogénico?". Me quedé perplejo y decidí zanjar la conversación ahí, dejándole claro antes que justamente por trabajar donde trabajo no es ese tipo de cosas las que uno cuestiona.
  • Hace unos días Florent Marcellesi hizo mención a mi nombre para que me involucrase en una conversación en Facebook en la que estaba participando una persona que confío en que domine mejor el alemán que el castellano (lo cual no es obstáculo para que tenga un blog en cierto diario de tirada nacional en España). El individuo se había previamente despachado a gusto sobre los ponentes del próximo congreso en Barbastro. Según él, el hecho que el congreso se titulara "Más allá del pico del petróleo: el futuro de la energía" significaba que los ponentes eran partidarios del fracking y otros hidrocarburos basura, y lo fundamentaba en que estos ponentes - yo incluido - se caracterizaban por sus "repetidos ataques" a la energía renovable. Yo tuve con él una corta conversación para besugos, que acabé abandonando cuando comprendí que tenía serias dificultades para comprender la estructura semántica del castellano.
  • Durante las últimas semanas he participado en dos discusiones, también en Facebook, con dos personas vinculadas a Podemos (la formación política emergente en España y la única esperanza para mucha gente de acabar con el inmovilismo bipartidista actual). Según me han referido algunos de mis contactos, estas dos personas son brillantes y están haciendo valiosísimas aportaciones en el intenso debate actual dentro de Podemos. Ambas presentaban un programa de regeneración del sistema energético español, haciendo una fuerte apuesta por la producción fotovoltaica, el autoconsumo doméstico, la supresión del lobby eléctrico, la implantación de fábricas de placas fotovoltaicas en nuestro país y la I+D en el sector, todo lo cual, según ellas, debería reducir nuestra dependencia energética exterior (y por tanto nuestro déficit comercial) y crear, literalmente, millones de puestos de trabajo. Al empezar a discutir sobre las limitaciones de las renovables y la imposibilidad financiera de sufragar tal transformación, en un país donde la oferta eléctrica es excesiva y la demanda eléctrica va a la baja arrastrada por el declive energético del petróleo, su reacción fue enrocarse en sus ideas y denunciar que con "ideas decrecentistas como las vuestras" no se conquista el electorado. Una de ellas llegó al extremo de exigirnos alternativas a los demás. A esta persona yo le dibujé un breve relato de terror sobre lo que podría llegar a suceder si Podemos alcanzase el poder y tirase con esas ideas adelante. Supongo que a estas alturas debe pensar que soy un desequilibrado o que estoy al servicio de oscuros intereses.
En el curso de todas esas discusiones hubo un cierto toma y daca de datos aportados por unos y otros, aunque no todos fueron correctos o pertinentes. Por ejemplo, uno de los contertulios apuntaba a las grandes exportaciones de electricidad de Alemania a Austria como una demostración del éxito de la Energiewende en la implantación de la energía renovable en el país teutón, cuando en realidad ya vimos que el 46% de la electricidad alemana se genera quemando carbón y cada vez se usa más carbón:



En otra ocasión había uno que alegaba que la electricidad suponía en España en torno al 50% de toda la energía final consumida, cuando en realidad se mueve en torno al 20%. Más adelante, se producía la típica ceremonia de confusión entre electricidad renovable y energía renovable (la biomasa no siempre se contabiliza en los cálculos de energía final, porque no es fácil estimar su impacto real) y entre electricidad renovable y eólica/fotovoltaica (la hidroeléctrica es aproximadamente, dependiendo del año, la mitad de la energía renovable que se produce en España). La conclusión era clara: el futuro pasa inexorablemente por continuar el actual despliegue de aerogeneradores y placas fotovoltaicas, también algo de concentración solar, como garantía de prosperidad; y si nos negábamos a verlo era porque somos unos necios o porque nuestra "ideología decrecentista" es muy "happy flowers" (sic) pero la realidad es otra.

En el fondo todas estas discusiones son una reedición de lo que ya comenté en el post "La buena dirección"; de hecho, abrumado por la cantidad de datos negativos que los presentes en una de esas conversaciones llegaron a aportar, uno llegó a decir que más valía una mala solución que no tener una solución en absoluto (ahí fue cuando yo inserté mi relato breve de terror).

Pero hay un grave transfondo a todo este discutir y devenir frenético. La rápida caída de la energía neta que llega a nuestra sociedad (y que se acelerará en los próximos meses) está provocando grandes cambios sociales, aupando grupos ideológicos alternativos que en una época de mayor bonanza hubieran quedado arrinconados. Lo grave no es que nuestro sistema económico y social no sólo no esté diseñado para soportar el declive energético en sí; es que no está preparado para la irrupción en el poder de grupos a los que se ha ninguneado durante décadas. Los medios de comunicación han funcionado y funcionan como vehículos de propaganda que airean una falsa perspectiva del debate y de las alternativas. Durante décadas se ha hecho creer a la población que la discusión energética era entre energías fósiles y renovables, con el uranio de árbitro, del mismo modo que hay una oposición entre bienestar económico y respeto medioambiental. Todos estos son falsos debates: la realidad es más compleja. Así, ni las energías fósiles ni el uranio ni las energías renovables podrán ir más allá, a la vuelta de pocas décadas, de proporcionar una fracción de toda la energía que consumimos ahora. Tampoco es cierto que bienestar y medioambiente estén en oposición: los efectos ambientales comienzan a ser cada vez más notorios y más gravosos para el bienestar humano (vean por ejemplo qué ha pasado en Francia este año con la cosecha de trigo, consecuencias que anticipábamos en el post "Un año sin verano", y si tienen ganas de ir más allá simplemente lean los titulares de esta breve crónica). Se han creado falsas dicotomías para distraer a la gente de que la verdadera discusión no era entre un tipo de energía u otro, un tipo de preocupación u otra, sino que el debate era multidimensional y que en realidad lo que se tiene que discutir es si seguimos con este sistema económico o nos dotamos de otro (en la línea de lo que se discutió en el último post). La propaganda ha sido tan fuerte, tan intenso el empeño en disimular el debate, que domina la percepción de los grupos hasta ahora extraparlamentarios y que pronto tendrán responsabilidades de poder. El poder económico empieza a sentir verdadero terror por lo que está por venir, no sólo porque se aúpen grupos que escapan a su control, sino porque éstos, de buena fe, intentarán implementar medidas que están condenadas al fracaso porque parten de premisas falsas.

Es un efecto boomerang: décadas de desinformación llevan, en un momento de crisis, donde las medidas deberían ser más certeras que nunca, donde se ha agotado ya el margen para error, a tomar las medidas más mortalmente equivocadas. Y ya sabemos qué hará el boomerang cuando vuelva.

Salu2,
AMT
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Programa para una "Gran Transformación"

15 Setembre, 2014 - 19:18
Queridos lectores,

Un grupo de ocho personas ha recogido el guante y ha redactado el siguiente texto. Es enorme, no por su (considerable) longitud, sino por su extraordinario contenido. Espero que Vds. lo disfruten tanto como lo he hecho yo.

Salu2,
AMT 







Última llamada: una respuesta. Programa para una "Gran Transformación" Una llamada se realiza buscando una respuesta, y en el caso del manifiesto llamado Última llamada, promovido por un grupo de científicos, académicos, intelectuales y algún aspirante a servidor público las respuestas no se han hecho esperar. Personalidades de primera fila del mundo de la política nacional, dentro de la corriente socialdemócrata, hasta ahora caracterizada por sostener sin fisuras que uno de los objetivos de la sociedad y del gobierno debe ser el desarrollo de las fuerzas productivas, el llamado crecimiento económico, se encuentran entre los primeros firmantes del manifiesto.
Hay que valorar muy positivamente este hecho, puesto que el primer paso para solventar un problema es reconocer que este existe. De pensar que el crecimiento económico es la solución a nuestros problemas a pensar que el crecimiento económico es nuestro problema hay un gran trecho, el que existe entre dos paradigmas opuestos, con distintas visiones preanalíticas.
No obstante, a la sincera alegría por este hecho, hay que contraponer una buena dosis de sana prudencia. La prudencia de aquel que conoce la fuerza del sedimento de las decisiones pasadas, de la costumbre y los hábitos adquiridos, y la inercia del pensamiento humano. Es también necesaria la prudencia por lo sencillo que resulta la adhesión a un manifiesto que no plantea políticas concretas, dado que no es este su objetivo. Por el contrario, este se encuentra en fomentar el debate sobre esas políticas, y con ese criterio se tendrá que juzgar a los firmantes, por su implicación y sus propuestas que detallen las medidas concretas a implementar. Es así como debe entenderse esta, nuestra respuesta a la última llamada, un intento humilde, realizado con una buena dosis de sano escepticismo, pero a la vez firme, de abrir ese debate sobre políticas concretas.
Entendiendo el paradigma vigente
El manifiesto incide, de forma escueta, en el gran reto que tenemos por delante, cambios radicales, una “Gran Transformación”, que se verá obstaculizada por la inercia y los intereses de los que son los ganadores bajo la organización social actual.
Entender estas dificultades es vital, y para ello nos puede ser de gran ayuda el autor que aparece implícitamente citado en el manifiesto. Según Karl Polanyi, en su libro La Gran Transformación
"Todos los tipos de sociedades están sometidos a factores económicos. Pero únicamente la civilización del siglo XIX fue económica en un sentido diferente y específico, ya que optó por fundarse sobre un móvil, el de la ganancia, cuya validez es muy raramente conocida en la historia de las sociedades humanas: de hecho nunca con anterioridad este rasgo había sido elevado al rango de justificación de la acción y del comportamiento en la vida cotidiana. El sistema de mercado autorregulador deriva exclusivamente de este principio. [...]Como las máquinas complejas son caras, solamente resultan rentables si producen grandes cantidades de mercancías. No se las puede hacer funcionar sin pérdidas, más que si se asegura la venta de los bienes producidos, para lo cual se requiere que la producción no se interrumpa por falta de materias primas, necesarias para la alimentación de las máquinas. Para el comerciante, esto significa que todos los factores implicados en la producción tienen que estar en venta, es decir, disponibles en cantidades suficientes para quien esté dispuesto a pagarlos. Si esta condición no se cumple, la producción realizada con máquinas especializadas se convierte en un riesgo demasiado grande, tanto para el comerciante, que arriesga su dinero, como para la comunidad en su conjunto, que depende ahora de una producción ininterrumpida para sus rentas, sus empleos y su aprovisionamiento. […] En relación a la economía anterior, la transformación que condujo a este sistema es tan total que se parece más a la metamorfosis del gusano de seda en mariposa que a una modificación que podría expresarse en términos de crecimiento y de evolución continua. Comparemos, por ejemplo, las actividades de venta del comerciante-productor con sus actividades de compra. Sus ventas se refieren únicamente a productos manufacturados: el tejido social no se verá pues afectado directamente, tanto si encuentra como si no encuentra compradores. Pero lo que “compra” son materias primas y trabajo, es decir, parte de la naturaleza y del hombre. De hecho, la producción mecánica en una sociedad comercial supone nada menos que la transformación de la sustancia natural y humana de la sociedad en mercancías. La conclusión, aunque resulte singular, es inevitable, pues el fin buscado solamente se puede alcanzar a través de esta vía. Es evidente que la dislocación provocada por un dispositivo semejante amenaza con desgarrar las relaciones humanas y con aniquilar el hábitat natural del hombre."
Esta dislocación social se habría aceptado por la promesa de una abundancia material sin precedentes, promesa que se cumplió en una parte del mundo. La sociedad se desgarró y se volvió a recomponer innumerables veces: hubo guerras, catástrofes, revoluciones y medidas paliativas como salarios mínimos, prohibición del trabajo infantil y educación gratuita, entre otras, pero la aniquilación del hábitat natural del hombre fue progresando, de forma lenta pero constante.
La orientación de la acción humana hacia la ganancia, y la subordinación del hombre y la naturaleza a la ley de la máquina, nos habría conducido a la organización social en la que estamos atrapados, en la que una parte, importante pero subordinada, “la economía”, se habría convertido en el todo relevante y la biosfera y la sociedad en meros apéndices. Esa visión habría encontrado eco en paradigmas “científicos” como el de la economía neoclásica.
 
Aunque por supuesto, es tan sólo una representación falsa de la realidad. La cuestión es si seremos capaces de retirar el velo a tiempo para ser conscientes del orden correcto.


El nuevo paradigma, la nueva forma de organización e integración social, que nosotros hemos llamado el bienvivir, aunque posee muchas aristas que debemos ir definiendo, podría ser representado por esta segunda imagen, donde la economía, el individuo, la sociedad y la biosfera se relacionan de forma armónica, asumiendo los límites reales de cada uno de los subsistemas, en lugar de comportarnos “como sí” dichos límites no existieran.
El certero y premonitorio análisis de Polanyi nos permite extraer algunas generalidades que deberíamos tener en cuenta:
- La mercantilización del medio natural se funda en el móvil de la ganancia, pero no es tan fácil fundar la conservación sobre este móvil. En el pasado, según Polanyi, fueron las relaciones y derechos sociales (prestigio, obligación, civismo, entre otros) las que creaban la motivación para la acción. Aunque parezca utópico, habrá que evolucionar hacia algo parecido. Si miramos bien veremos muchos comportamientos a nuestro alrededor cuya motivación no puede reducirse a la simple crematística. Un ejemplo: este blog.
- La mercantilización del ser humano se funda en la ruptura de la distinción entre el principio de uso y el de beneficio. Polanyi insistiría en un libro posterior, El sustento del hombre, en la antigua prohibición del regateo sobre el precio de los productos básicos. En La Gran Transformación cita a Aristóteles para señalar como este distinguía entre la producción para uso propio, para distribuir entre el grupo cerrado – el oikos o casa griega- y los excedentes destinados al mercado. El ser humano sólo puede quedar a merced de las leyes del mercado en cuanto se ha eliminado su capacidad de producción para uso propio (En este punto nos gustaría insistir que no sostenemos que el hombre, en la actualidad, se encuentre completamente a merced del mercado –aunque habría que preguntarle a las 700.000 familias españolas sin ingresos-. Este es el ideal de la filosofía liberal, pero ha sido matizado por innumerables leyes, que precisamente por su carácter político están continuamente sometidas a revisión y son fuente de conflicto y lucha de intereses).
- En un texto posterior Aristóteles descubre la economía, Polanyi critica el concepto de necesidades ilimitadas. Para Aristóteles, una vez cubiertas ciertas necesidades, la escasez procede del lado de la demanda. Esto nos sugiere que la satisfacción de las necesidades tiene mucho que ver con el contexto institucional, y con valores como el ideal de vida buena de una sociedad. Esto abre una fecunda vía de exploración, que ha sido en parte recorrida por autores como Manfred Max-Neef, que han establecido una categoría universal de necesidades humanas, si bien los satisfactores dependerían de factores culturales e institucionales. Este conocimiento nos permite desmaterializar la satisfacción de gran parte de las necesidades humanas, a través de un Desarrollo a escala humana.
¿Cómo articular estos principios generales en un programa de cambio hacia ese nuevo paradigma, ese bienvivir? Para nosotros el concepto clave es la autonomía, término que tomamos de Cornelius Castoriadis ¿Partiendo del reconocimiento de la mutua interdependencia del ser humano con sus semejantes y con el resto de seres vivos, tiene sentido reclamar en las presentes circunstancias este concepto? Dependemos unos de otros, así que la autonomía sólo puede ser ese espacio instituido socialmente, entre todos, en el que se le da a cada individuo libertad de acción. Debe incluir, necesariamente, la participación en la elaboración de la ley por la que deberá regirse, y el derecho a participar en los costes y beneficios de la producción, por encima de cualquier racionalismo económico que pretenda limitar su participación a causa de las exigencias de un mercado de trabajo.
La autonomía proporciona el marco para la innovación social, donde vayan germinando las nuevas prácticas sociales, que privilegien el acceso y el uso frente al acaparamiento, la satisfacción de las necesidades por medios inmateriales (cuando ello sea posible) y el cuidado y mejora de los bienes comunes, además de proporcionar incentivos para fundar la acción en móviles distintos al beneficio. Dado que esto tendería también a favorecer la producción para el consumo propio y de carácter local, se vería también reforzada la resiliencia.
Si bien Polanyi no sugiere medidas concretas, un proyecto político que tomase en consideración las implicaciones de su obra debería concluir que necesitamos una ruptura radical en los mercados de tierra (recursos naturales), trabajo y dinero, las tres mercancías que Polanyi definió como “ficticias”, dado que no habían sido creadas para su venta. La sociedad no es más que un subsistema de la biosfera, adaptarnos a esta última requiere por tanto mejorar nuestro conocimiento de ella y gestionar los recursos según lo aprendido, y una buena dosis de prudencia para lidiar con la incertidumbre. Los mercados de trabajo y dinero son, por el contrario, creaciones humanas, deben por tanto ser democratizados. El proceso en su conjunto debe entenderse como una ampliación de derechos de los individuos, y sería favorecido con las siguientes medidas:
SOLUCIONES:
Comprender y redefinir las necesidades de individuo y sociedad
Durante los últimos 200 años se ha producido un crecimiento acelerado de la población que ha sido acompañado de un crecimiento aún mayor de la producción que algunos denominan crecimiento económico, aunque no sea necesariamente así. Podemos considerar legítimamente que este es el estado “normal” de las cosas y que, por lo tanto, debe y puede continuar de manera indefinida. Lo cual, no sería más que una simplificación de nuestra historia o, peor aún, una falsificación de la misma.
No obstante, la idea de progreso está firmemente fijada en nuestras mentes y asociada a la economía, aunque sea un concepto de origen religioso. Es una de esas palabras que parecen ir siempre adherida a otra, como un hermano siamés, en nuestro caso a la tecnología, progreso tecnológico, que es la piedra sobre la que se levanta la iglesia del crecimiento ilimitado.
La economía parece permearlo todo, de forma que todo parece tener que pasar por el cedazo del imperialismo económico. Es normal considerar casi cualquier cosa desde este punto de vista, utilizando los instrumentos de la economía para su análisis. Así en el famoso libro Freakonomics, Steven Levitt y Stephen Dubner la proclaman como “la exploración del lado oculto de todas las cosas”. Mires por donde mires hay un aspecto económico relevante. Tal situación no es en absoluto sorprendente, a diferencia de otras ciencias que se definen por su campo de estudio, el paradigma neoclásico define la economía por su método de estudio, por ejemplo la clásica definición de Robbins: “La economía es la ciencia que analiza el comportamiento humano como la relación entre unos fines dados y medios escasos que tienen usos alternativos”. Pero cuando uno tiene un martillo acaba viendo clavos por todas partes.
Así las cosas, el crecimiento de la producción se ve como algo necesario e imprescindible y, en consecuencia, ni se cuestiona. Tal vez, sea el único punto en común de las más variadas y distantes posiciones ideológicas, enfrentadas en todo menos en su fe en el crecimiento sobre la base del progreso tecnológico.
Sin embargo, el crecimiento de la producción indefinido no es posible en un entorno ecológico que no crece y que se encuentra en un estado cuasi estacionario. A diferencia del imperialismo económico que proclama que todo ha de ser visto desde el punto de vista económico, la realidad nos dicta que nuestro planeta es un sistema termodinámico cerrado, sin apenas intercambio de materia con su entorno y con un flujo de energía de baja entropía que proviene del Sol que es estable, a escala de tiempo humana, y disperso. Lo que no es más que afirmar que la economía está lejos de ser el todo relevante y que no es más que un subsistema ecológico y no puede crecer más allá de sus límites. En realidad no puede alcanzar esos límites pues los servicios prestados por el capital natural son imprescindibles para el mantenimiento de la vida humana.
Nuestra realidad es que el crecimiento de la producción se realiza en grave detrimento del capital natural, lo que se ha venido en definir como crecimiento antieconómico. Cuando el crecimiento de la producción provoca más costes que beneficios, a nivel microeconómico existe una regla de parar, el beneficio marginal desaparece por añadir una unidad más a la producción y cada unidad adicional nos sitúa en peor posición. Por desgracia, a nivel macroeconómico no existe nada comparable, contabilizamos nuestro crecimiento en una única partida de actividad económica suponiendo que por regla general sus beneficios son abrumadoramente superiores a los costes en que incurrimos, por lo que ni siquiera merece hacer cuentas separadas. En otras palabras a nivel macroeconómico no existe un concepto tan “económico” como la escala óptima, no hay regla de cuando parar.
Se preguntará el lector cómo es posible tal paradoja, Herman Daly (1999) nos lo explica con meridiana claridad:
"¿Por qué está sencilla extensión de la lógica básica de la microeconomía es tratada como inconcebible en el dominio de la macroeconomía? Principalmente, porque la microeconomía trata de la parte y, la expansión de la parte está limitada por el coste de oportunidad que infringe al resto del todo el crecimiento de esa parte bajo estudio. La macroeconomía trata del todo y, el crecimiento del todo no infringe costes de oportunidad, porque no existe “el resto del todo” que sufra el coste. Los economistas ecológicos han señalado que la macroeconomía no es la parte relevante del todo, es en sí misma un subsistema, una parte del ecosistema, la naturaleza es más grande que la economía." 
Son en realidad los problemas económicos los que tienen que ser vistos también con los ojos y los instrumentos de la física, química, antropología, historia, biología, etc para darles un contexto adecuado y la real dimensión que tienen, en lugar del efecto túnel que nos provoca el paradigma neoclásico.
Este efecto túnel es patente en la medición del bienestar a través de una variable de flujo como es el PIB o el PNB. Debemos tener muy presente que el bienestar es proporcional a la riqueza, que es una variable de stock. Si queremos aumentar la riqueza debemos aumentar el flujo de producción, pero ese aumento lleva asociado unos costes que soporta el capital natural pero que el PIB simplemente no contabiliza o los contabiliza como una actividad económica “positiva”. Por ese motivo Kenneth Boulding denominaba al PNB como Coste Nacional Bruto. Como explica Daly más allá de cierto punto los beneficios de aumentar el stock, es decir, transformar capital natural en capital hecho por el hombre, no compensan los costes que provoca el flujo.
El paradigma neoclásico nunca se enfrenta a ese problema, simplemente considera que el capital producido por el hombre es sustitutivo del capital natural. Como llegó a afirmar Robert Solow (1974):
"si es muy fácil sustituir los recursos naturales por otros factores, entonces en principio no hay problema"
Tal vez, en principio, cuando los recursos son abundantes, estamos en un mundo vacío, podemos ignorar los costes y continuar transformando, que no produciendo, recursos naturales en productos y servicios para nosotros además de generar residuos. Pero los recursos no son inagotables y algunos de ellos no son meros stocks a la espera de ser transformados, sino que son sistemas complejos e interconectados que proporcionan servicios necesarios para el mantenimiento de la vida. Además vivimos en el mismo lugar donde se vierten los residuos, algo que algunos parecen olvidar.
Podemos afirmar que Solow defiende una economía del Cowboy similar a un ecosistema joven, que definimos con palabras de Daly (1999):
"Los ecosistemas jóvenes (y las economías cowboy) tienden a maximizar la eficiencia productiva, esto es, el ratio entre el flujo anual de biomasa producida y el preexistente stock de biomasa que la produjo"
Por el contrario, las economías astronautas, que habitan un mundo lleno, son como un ecosistema maduro y estable:
"Los ecosistemas maduros (y las economías astronauta) tienden a maximizar el ratio inverso entre el stock de biomasa existente y el flujo anual de biomasa que mantiene el stock. Este último ratio aumenta cuando la eficiencia del mantenimiento se incrementa"
Como no disponemos de recursos materiales y energéticos ilimitados y tampoco de sumideros de residuos que no nos afecten negativamente, nuestra única política posible es mantener el stock de capital natural y el transformado por el hombre, el realmente útil para nosotros, y minimizar el flujo de producción. Esto es diametralmente opuesto a todo lo que hacemos o se nos propone que debemos hacer para alcanzar mayores cotas de bienestar ..."antieconómico" para la inmensa mayoría.
El capital natural es visto por el actual paradigma económico como una fuente de materias para transformar, aunque lo llamen producción. Sin embargo, proporciona servicios que son vitales pero que desgraciadamente no tienen mercado y por ello no son valorados, desaparecen de la ecuación, lo que no se cuantifica en dinero no existe. Por ejemplo, un bosque no es sólo fuente de madera para la industria, también tiene importantes funciones como bien público, sin querer ser extensivo citemos algunas: a nivel local evita la erosión de suelo y las inundaciones; a nivel regional sirve de cobijo y cría a especies animales y; a nivel global es un sumidero de C02. Aunque todas esas funciones son valiosas el mercado no las valora. El principal problema es que esos servicios no permiten el ejercicio claro de derechos de propiedad y el flujo de madera sí. Todos los incentivos económicos se dirigen a la explotación del recurso (stock) en su aspecto de flujo y se olvida completamente su componente de fondo como prestador de servicios. Aunque sean vitales y crecientemente escasos, nada en nuestro sistema económico está preparado para lidiar con el problema. Añadir un problema adicional que también debe soportar el bosque citado en nuestro ejemplo. Los niveles de decisión que afectan al bosque, su explotación maderera y los diferentes servicios que presta son completamente diferentes y tienen intereses contrapuestos difíciles de conciliar, especialmente si añadimos la existencia de un nivel de decisión intergeneracional.
El problema es, como decía Bar Materson, que todos recibimos la misma cantidad de hielo (bienestar); pero los ricos en verano (económico) y los pobres en invierno (antieconómico). Incluso algunos de los que reciben hielo en invierno se ponen del lado de los que lo reciben en verano con la esperanza de que ellos algún día lo reciban también en esa estación. Como John Ruskin anticipó, “Lo que parece ser riqueza podría ser, en verdad, sólo el dorado indicio de la ruina absoluta...”
El primer paso para revertir esta situación es que el gobierno abandone como objetivo de su política económica el crecimiento de la producción, y adopte el objetivo de mantener y mejorar tanto el capital natural como el creado por el hombre. Podemos ver un ejemplo concreto con el caso de la vivienda. Los españoles tenemos la necesidad de un techo, y en España había en 2013 más de 26 millones de viviendas. Si pensamos en términos de satisfacer esta necesidad, y no en el de dar trabajo a la gente, una política adecuada sería intentar aumentar el ratio de ocupación, dado que en España hay 3,4 millones de viviendas vacías. Esto nos ahorraría un coste considerable, en preciosos recursos, energía y materiales, y en trabajo (que se reflejaría convenientemente en un descenso del PIB), dado que podríamos ahorrarnos construir las 35.000 viviendas que iniciamos ese mismo año. Por otro lado, el objetivo de mejora del capital existente se reflejaría en mejorar El stock de viviendas construidas para reducir su consumo energético y sus costes de mantenimiento. El mismo principio podría aplicarse al capital natural, como por ejemplo nuestras costas y las pesquerías.
Aplicando esa política seriamos más ricos, y no menos, como estúpidamente se afirma, dado que no tendríamos más viviendas vacías, pero sí mejores viviendas y recursos de más calidad para el futuro, y también para el presente, ya que no destruimos, por seguir con el ejemplo anterior, los servicios que presta un bosque con la construcción de más viviendas. Quizás nuestro crecimiento es ya antieconómico, no así el de los países menos desarrollados, que necesitarían más capital transformado por el hombre, para mejorar las condiciones de vida de una parte de su población. Necesidades que les será más complicado cubrir, dado el creciente deterioro del capital natural.
Gestionar prudentemente los recursos
La gestión de los recursos naturales es un aspecto fundamental si consideramos que lo que conocemos por proceso de producción se trata en realidad de un proceso de transformación de los recursos naturales (baja entropía) en bienes y servicios destinados a los seres humanos, en función de su dotación de riqueza y renta, generando a su vez residuos (alta entropía).
En el apartado anterior abogamos por una política de minimización de flujo y maximización del capital como la vía para mantener un equilibrio entre nuestras necesidades y la capacidad de nuestro entorno de mantener no sólo la vida, sino una sociedad con un bienestar razonable para las generaciones actuales y para las generaciones futuras. En este apartado profundizaremos cómo enfrentarnos a esa gestión y cuáles son las diferencias con el enfoque dominante, que desde nuestro punto de vista es fundamentalmente erróneo.
Lo primero que hay que señalar es que la gestión de recursos involucra no pocos aspectos de carácter normativo, decisiones políticas si lo prefieren, sobre la base de elecciones éticas. Es importante, en nuestra opinión, resaltar este aspecto ya que la economía neoclásica se atribuye una cualidad de ciencia dura libre de valoraciones ideológicas que es no sólo falsa, sino engañosa, ya que reviste sus consejos de un aura de objetividad de la que carece.
No obstante, debemos señalar que los límites físicos no son debatibles salvo que falsemos las teorías científicas que los sustentan. Las teorías ciertamente están a la espera de ser falsadas (Popper), lo que no implica que dejen de ser necesariamente teorías efectivas, por eso seguimos utilizando la mecánica newtoniana. Requiere no sólo falseamiento, sino que resulten invalidadas para aquello para lo que las aplicamos. Por ejemplo, la mecánica newtoniana es inválida para calcular nuestra posición mediante un sistema de satélites como el GPS.
Los recursos naturales se pueden clasificar en renovables y no renovables, sin embargo, no agota las posibles clasificaciones. Por ejemplo, la clasificación en recursos abióticos (no biológicos) y bióticos (biológicos) es de gran utilidad para su estudio. Los recursos abióticos pueden ser no renovables y no reciclables, esencialmente los combustibles fósiles, o se trata de recursos prácticamente indestructibles. Los recursos bióticos se caracterizan por tener una doble vertiente, proporcionan por un lado un flujo de recursos para su transformación (p.e. madera) y servicios esenciales para la vida (absorción de C02, evitan la erosión de los suelos, permiten el desarrollo y mantenimiento de la diversidad biológica, etc.).
Los minerales y los combustible fósiles son esencialmente diferentes porque los primeros son reciclables y diferentes generaciones pueden hacer uso de ellos, son rivales para la misma generación pero no rivales entre generaciones, y los combustibles fósiles una vez utilizados como fuente de energía no se pueden reciclar, son rivales siempre, si yo los uso no los puedes usar tú, ni tampoco nadie en el futuro, a diferencia de los minerales. Precisar que la rivalidad es una característica exclusivamente física. Evidentemente el reciclaje requiere energía, si no disponemos de ella, el reciclaje se desvanece.
El agua, tal vez el recurso natural más importante, es el más difícil de clasificar. Los acuíferos son similares a los minerales, mientras que las aguas superficiales casi se pueden considerar recursos bióticos, pues tienen la doble vertiente de flujo y de fondo que les caracteriza. Sin embargo, no puede ser destruida, como sí ocurre con los recursos bióticos. Sí que puede ser contaminada lo que le resta valor especialmente como fondo que proporciona servicios.
Los combustibles fósiles como fuentes de energía primaria tienen para la sociedad industrial una importancia extraordinaria, aproximadamente el 85% de la energía que consumimos proviene de esta fuente. La cuestión esencial en torno a ellos es la capacidad que tenemos para recuperarlos en sus yacimientos geológicos, de forma que nos sean útiles para transformar otros recursos naturales en bienes y servicios. En el límite un recurso energético no es recuperable cuando cuesta más obtenerlo, en términos energéticos, de lo que aporta. La tecnología puede proporcionar métodos para reducir el coste energético, sin embargo, esos métodos, como cualquier otra cosa, están sometidos a límites irreductibles; por ejemplo, al menos cuesta 9,8 julios de energía elevar 1 kg un metro de altura sin importar cuál es la tecnología que usemos.
La tecnología puede compensar hasta cierto punto los costes, pero como, por regla general, agotamos primero los mejores recursos, de más baja entropía, el resultado a largo plazo es un descenso de la energía neta que nos proporcionan los combustibles fósiles. Ese declive está comprobado y es irreversible.
Además, la utilización de combustibles fósiles genera residuos, y ese impacto reduce el total de energía que disponemos, de una forma u otra, cuando se supera la capacidad de absorción de los recursos bióticos. Compensar el impacto requeriría energía, aunque no es común hacerlo. Si no lo compensamos, afecta a los ecosistemas que captan y transforman energía solar en bienes y servicios imprescindibles para la vida, reduciendo esa capacidad de transformación, lo que nos obliga a utilizar más energía para compensar la pérdida, sin ganar nada. Desde el punto de vista económico esta situación genera mayor actividad, aunque sea un mero paliativo de los males que hemos desencadenado y, por lo tanto, aumenta el crecimiento del PIB. Confundimos costes con beneficios sumándolos todos en la misma partida o considerando los beneficios, sin contabilizar previamente los costes.
Los recursos bióticos son más difíciles de analizar porque partimos de una ignorancia muy elevada sobre los mismos, ya que forman parte de sistemas ecológicos increíblemente complejos y dinámicos. Los niveles de incertidumbre, no confundir con probabilidades esterilizadas de un casino, o de pura ignorancia, hacen que cualquier gestión de los mismos deba estar presidida por un prudencia extrema, casi paranoica, ya que los servicios que proporcionan sustentan la vida en nuestro planeta. Cuando te enfrentas a problemas con un elevado grado de incertidumbre, con propiedades no lineales, y las intervenciones naíf pueden provocar pérdidas catastróficas, que permanecen ocultas durante un tiempo más o menos prolongado, y sólo proporcionan unos beneficios limitados aunque visibles a corto plazo, la prudencia debería ser la regla de oro. La forma de tratar la incertidumbre es en último término una elección puramente normativa, una elección que realizamos en atención a nuestro desconocimiento esencial que no accidental del sistema ecológico.
La estructura ecológica está formada por los individuos y comunidades de seres biológicos, así como los recursos abióticos. Estos elementos forma un sistema complejo y complejizante donde el todo es más que la suma de las partes y, donde es habitual un comportamiento no lineal, por lo que no podemos predecir en absoluto los efectos globales sobre la base de nuestro conocimiento parcial de ciertas partes o subconjuntos. De esas interacciones surgen, como fenómenos emergentes, funciones ecológicas como el ciclo del agua.
Podemos clasificar los recursos bióticos en: recursos renovables; servicios ecológicos; y capacidad de absorción de residuos. Lo esencial es que aunque se puedan estudiar por separado forman un sistema complejo, por lo que lo que puede parecer una afección insignificante de la estructura (los recursos tratados como flujo para su transformación) puede tener efectos mucho más importantes en los servicios o en la capacidad de absorción de los residuos. Los recursos renovables tienen lo que se denomina capacidad de carga, más allá de ella empiezan a degradarse afectando al sistema en su conjunto. Sin embargo, debemos abandonar la idea de poder cuantificar de forma estática esa capacidad de carga, que está influida e influye en los otros aspectos de sistema. La idea naíf de que vamos a dar un precio a las posibles “externalidades” para igualar el coste social y privado es totalmente absurda por dos motivos: primero, requiere un planificador omnisciente; y segundo, la idea de la existencia de un planificador cohabitando junto al mercado, entendido como mano invisible que opera de forma automática para alcanzar el equilibrio óptimo, en el sentido de Pareto, son totalmente incompatibles. No es más que la reedición de los epiciclos del sistema Ptolemaico. Primero, ignoras los recursos y su transformación, que siempre genera residuos y, a continuación, los calificas como externos a tu modelo. Si tu modelo pretende representar un animal sin boca ni ano tienes un serio problema de comprensión de la realidad.
El paradigma neoclásico afronta la gestión de los recursos desde el punto de vista del mercado como asignador eficiente. Sin embargo, es bien conocida la existencia de los fallos de mercado, por ejemplo, un monopolio natural debido a las altas barreras de entrada es un caso arquetípico de supresión de la competencia. Pero existen más fallos de mercado que afectan de forma crucial a la gestión de los recursos naturales. Se considera que existe un fallo de mercado cuando no existen instituciones que establezcan, definan e impongan derechos de propiedad o por sus características no haya la competencia que requiere el mercado. El mercado necesita derechos de propiedad bien definidos y que los bienes sean rivales, que el consumo o uso por parte de alguien excluya su consumo o uso por parte del resto, es lo que se define como rivalidad. Ninguno de los recursos naturales cumple con ambas condiciones, y además existe el factor temporal, que empeora la situación al considerar a las generaciones futuras. El ejemplo típico de la falta de definición de los derechos de propiedad es la “tragedia de los comunes” aunque los “commons” eran una propiedad colectiva perfectamente regulada, totalmente alejada de cualquier “tragedia”. En realidad, se refiere a los recursos con libre acceso, por ejemplo la pesca, donde no existen instituciones que puedan imponer unos derechos de propiedad definidos. La tragedia significa que las decisiones individuales basadas en el propio provecho no producen el bien común, sino todo lo contrario.
Es importante destacar lo que ocurre cuando existe un conflicto entre los mercados y los bienes públicos, aquellos en los que no puede haber exclusión y no son rivales. Siguiendo un ejemplo de Daly y Farley (2004) consideremos la situación en la que aparceros brasileños son expulsados de las tierras donde trabajan en productos para el mercado local por el terrateniente, que piensa dedicar sus tierras a la explotación de un producto como la soja destinado al mercado internacional y que es altamente mecanizable. La mejor opción disponible es convertirse en colonos en la Amazonía, donde talarán un trozo de tierra, vendiendo la madera y, posteriormente, se dedicarán a su explotación agrícola. Ambas actividades son de mercado y pueden ser cuantificadas por su valor monetario y descontadas a su valor actual. Sin embargo, los servicios producidos por la selva amazónica a nivel, local, regional y global, son bienes públicos sin mercado, no tiene valoración. Existen intentos de cuantificación, sin embargo, son vanos pues el valor asignado depende de nuestros conocimientos limitados y, lo que es peor, son una función no-lineal que depende de cuantos sean los desplazados para calcular su impacto. Desconocemos el punto a partir del cual las consecuencias pasan a ser catastróficas, sólo podemos saberlo en retrospectiva. Desde el punto de vista del colono su comportamiento vendiendo la madera y cultivando la tierra es completamente consistente con un comportamiento económico estándar. Desde el punto de vista global, las pérdidas, aunque no cuantificadas, superan con mucho el beneficio individual, pero no hay mecanismos que permitan la compensación. El choque de los bienes públicos con el mercado nos conduce a una situación de empobrecimiento por destrucción del capital natural. Desde el punto de vista económico se reflejará en un aumento del PIB.
El problema es muy grave, pues no se asignan y proveen eficientemente los bienes a los que no son aplicables las condiciones de mercado como es el caso de los servicios que proporciona el capital natural. La despreocupación hacia estos bienes y servicios proviene de la hipótesis de sustituibilidad entre el capital hecho por el hombre y el capital natural. Cuando un recurso escasea, aumenta su precio, estimulando la innovación y su sustitución. Las pruebas de ese mecanismo son numerosas en los últimos 200 años, de lo cual se deduce que funciona. Hay dos problemas básicos que nos debemos plantear. Primero, lo que Nicholas Nassim Taleb denomina confundir la ausencia de evidencia con la evidencia de ausencia: basta un cisne negro para desmentir la proposición “todos los cisnes son blancos”, innumerables confirmaciones anteriores no sirven cuando descubrimos un cisne negro. Segundo, si los bienes que escasean o comienzan a escasear no cumplen con las condiciones de mercado no tienen precio, por lo tanto, no hay ningún signo de aviso. Como dichos bienes y servicios han sido tan abundantes durante gran parte de los últimos 200 años se deduce que lo van a seguir siendo para siempre, la hipótesis del mundo vacío. La economía neoclásica trata con escaseces particulares, pero subyace la hipótesis de la abundancia general gracias al progreso tecnológico.
El paradigma neoclásico reduce los fallos de mercado a un problema de externalidades, en el que los costes o beneficios privados no coinciden con los sociales. En realidad la denominación de externalidad es totalmente inadecuada ya que son inevitables e internas al proceso de producción (transformación). La solución universal es asignar derechos de propiedad para igualar esos costes, siendo innecesaria la intervención del Estado más allá de garantizar e imponer el respeto a los derechos de propiedad. Ya hemos comentado que no siempre es posible asignar esos derechos o imponerlos, pero a efectos dialécticos vamos a conceder que es factible. De acuerdo con el teorema de Coase desde el punto de vista social es similar conceder un derecho, por ejemplo, al aire limpio que un derecho a contaminar ese mismo aire, ambas soluciones conducirán a una solución idéntica, siempre que no haya costes de transacción y sepamos valorar cuales son los daños infringidos a la propiedad (externalidades negativas).El teorema supone que ambas partes tienen la capacidad de pagar, lo que frecuentemente no suele ocurrir, además suele ser imposible determinar los daños y los costes de transacción porqué involucran a una gran cantidad de agentes. Podemos afirmar que las hipótesis del teorema son completamente irreales y, además, subyace que considera plausible conceder el derecho a contaminar Puede parecer que políticamente la regla de quien contamina paga representa una elección normativa, pero es sólo una apariencia. Por ejemplo, los países ricos se arrogan el derecho de contaminar los países pobres que utilizan como vertederos de sus residuos.
Sin embargo, el problema más grave para la gestión de los recursos es que para que cualquier mercado funcione todos los interesados deben poder participar. En el caso de los recursos las generaciones futuras tienen indudable interés, pero no tienen capacidad de participar. Si postulamos que las generaciones futuras tienen derecho al mantenimiento de los ecosistemas que proporcionan los servicios imprescindibles para el mantenimiento de la vida, significa que debemos invertir en recursos renovables a medida que agotamos los recursos no renovables y, evitar o compensar el deterioro que estos producen en el suministro de los servicios naturales que su explotación supone. Lo anterior evoca a la renta de Hicks, que es sostenible por definición, en palabras de Daly (2008):
"...la máxima cantidad que una comunidad puede consumir en un año, y ser todavía capaz de producir y consumir la misma cantidad el año siguiente. En otras palabras, la renta es la máxima cantidad que se puede producir manteniendo la capacidad productiva (capital) intacta. Cualquier consumo de capital, hecho por el hombre o natural, debe ser sustraído en el cálculo de la renta. Asimismo, debe abandonarse la asimetría de añadir al PIB la producción de los anti-males sin, en primer lugar, haber sustraído la generación de los males que han hecho los anti-males necesarios. Señalar que el concepto de Hicks de renta es sostenible por definición. La contabilidad nacional, en una economía sostenible, debería intentar aproximarse a la renta hicksiana y abandonar el PIB."
Una vez más, retomamos el concepto de la economía astronauta, que maximiza el stock de capital minimizando el flujo, justo lo contrario de lo que hacemos. En el caso de los recursos el citado comportamiento es equivalente a administrar una empresa con criterios de liquidación. El principio rector absoluto en un entorno de incertidumbre es la prudencia, pues acciones que pueden ser beneficiosas de forma limitada, pero inmediata, pueden esconder perdidas catastróficas que permanecen ocultas a corto plazo y sólo se manifiestan a largo plazo.
Las asunciones básicas del paradigma neoclásico son: maximización del interés propio; y el criterio de Pareto como un sistema “objetivo” de asignación. Con esas premisas los intereses de generaciones futuras se tratan con el instrumento del descuento de flujos para obtener el valor neto actual y realizar las comparaciones pertinentes con las alternativas. La citada operación tiene un sesgo contrario a cualquier criterio de sostenibilidad, cuanto más alto el tipo de descuento peor, en el sentido de la renta de Hicks antes citada. El descuento valora sistemáticamente los beneficios y costes futuros menos que los presentes. 1.000 € ahora tienen un valor mayor que 1.000 € en el futuro, cuando más lejano sea el futuro menor será su valor presente. La razón es que hay un coste de oportunidad, puedo invertir 1.000 € ahora con una cierta rentabilidad. Este criterio del descuento es el que subyace en la regla de Hotelling, no confundir con la ley de mismo autor, que concluye que en competencia perfecta el precio de los recursos no renovables debe aumentar acompasadamente con el tipo de interés de mercado en cada momento.
Sin embargo, los precios de los combustibles fósiles no muestran el citado comportamiento. En el caso del petróleo, la serie histórica muestra, en el largo plazo, una gran estabilidad a precios constantes. En primer lugar, los mercados de los combustibles fósiles están lejos de ser un mercado en competencia perfecta. En segundo lugar, los precios no reflejan la escasez de los recursos en su estado natural, sino la escasez o abundancia de lo que hemos extraído que depende de nuestra capacidad de extracción. Como se suele afirmar respecto al crudo, lo relevante no es el tamaño del barril sino del grifo. Si tenemos un precio relativamente bajo del recurso se incrementará su ritmo de extracción, pues la lógica económica nos indica que la mejor opción es venderlo e invertir el beneficio obtenido en las alternativas con mayor rendimiento. Además el precio bajo rompe el estímulo de la sustitución, mediante el uso de tecnologías alternativas y, por el contrario fomenta las actividades complementarias, lo que abunda en el agotamiento del recurso.
Las soluciones al problema de la gestión de los recursos son un reto complicado. La economía ecológica propone un criterio de sostenibilidad que se traduce en el mantenimiento del stock de capital natural lo más intacto posible entre las diferentes generaciones, como lo era antes de la primera revolución industrial. Es cierto que la explotación de los recursos no renovables implica necesariamente el agotamiento, pero aquí la tecnología nos permite tener sustitutos renovables en los que invertir para legar la misma capacidad que la que heredamos en el contexto de un desarrollo económico sin crecimiento del flujo. Sin embargo, el mercado no nos proporciona, como hemos visto, las señales para esa sustitución.
Para ello se propone cambiar el objetivo de la fiscalidad de aquello que más queremos, añadir valor, a lo que más detestamos, el agotamiento de los recursos. Herman Daly (2008) propone para una Economía en Estado Estacionario que se corresponde con un planeta termodinámicamente cerrado lo siguiente:
"1. Sistema de fijación de límites máximos e intercambio de derechos mediante subasta para la explotación de los recursos básicos. Límites biofísicos máximos a escala de acuerdo con la fuente o el sumidero que los limite, el que sea el más restrictivo. La subasta captura las rentas de la escasez para una redistribución equitativa. El comercio permite la asignación eficiente para los mejores usos.2. Reforma fiscal ecológica—cambiar la base imponible desde el valor añadido (capital y trabajo) sobre “aquello a lo que se añade valor”, es decir, el flujo entrópico de recursos extraídos de la naturaleza (agotamiento), a través de la economía y, de vuelta a la naturaleza (contaminación). Internalizar los costes de las externalidades así como aumentar los ingresos más equitativamente. Apreciar lo escaso en la contribución de la naturaleza que previamente no tenía precio."
Desde la visión del crecimiento indefinido tales propuestas son absurdas ya que limitan el flujo de recursos sin el cual la economía no puede crecer en términos de PIB, único objetivo efectivo de la política económica actual. Para nuestra perspectiva son un paso adelante encaminado a minimizar el flujo de transformación (producción) y conservar el capital natural y el hecho por el hombre, permitiendo el desarrollo económico en contraposición al crecimiento. La principal función de los instrumentos propuestos es permitir que la provisión de bienes públicos sea la adecuada. En resumen, se trata de que el subsistema económico encuentre su dimensión óptima en relación al sistema ecológico, en función de los recursos disponibles, los límites físicos ineludibles y la tecnología de cada momento.
Democratizar el dinero
Las sucesivas crisis financieras del periodo de la globalización han reavivado, durante los últimos quince años, las críticas a nuestro sistema monetario. A través de una prolífica serie de libros y documentales algunos ciudadanos hemos ido conociendo sus características, la más llamativa de las cuales es la creación, por la banca comercial, del dinero como crédito, por el procedimiento de realizar una anotación en la cuenta del cliente, creando un depósito, en el mismo momento en que se concede el crédito.
Este dinero-deuda o dinero-crédito no explica, sin embargo, todo el proceso de creación monetaria. Como enfatizan los teóricos de una reciente teoría post-keynesiana, llamada Teoría Monetaria Moderna, los estados modernos tendrían el monopolio de creación de activos financieros netos, es decir, monedas, billetes y reservas de la banca comercial en el banco central. A partir de este punto los teóricos monetarios comienzan a divergir:Las teorías recogidas en los libros de texto señalan que la banca comercial "multiplica" una serie de veces los activos financieros netos creados por el banco central. A través de este proceso de "multiplicación", el banco central controlaría la creación monetaria, y restringiendo o aumentando la cantidad de reservas, o fijando su precio, el tipo de intervención, que a su vez influiría en otros tipos de interés, conseguiría controlar el todo a través de la parte, incluso aun cuando la parte, los activos financieros netos creados por el banco central, es tan minúscula como para oscilar entre el 3 y el 9%.
Por el contrario, precursores de la economía ecológica como Frederick Soddy y los economistas post-keynesianos consideran que el dinero es endógeno, es decir, viene determinado por la demanda de préstamos de ciudadanos y empresas, y por la habilidad del sistema financiero para conceder nuevos préstamos, que depende de los préstamos fallidos anteriores.
Recientemente esta postura ha cobrado mayor relevancia de cara a la opinión pública merced a un documento del Banco de Inglaterra, en el que entre otras cosas se afirmaba: "En situaciones normales (tradúzcase por: cuando no hay una crisis), el banco central no fija la cantidad de dinero en circulación, ni el dinero del banco central es multiplicado en más préstamos y depósitos". El multiplicador monetario es un mito, la mejor analogía para los bancos centrales no es la del controlador aéreo, sino la del equipo de bomberos que intenta mitigar los daños y rescatar a los supervivientes de la catástrofe.
En realidad, el banco central no fija, ni por aproximación, la cantidad de dinero en circulación, intenta influir en esa cantidad de dinero a través de la base monetaria, esencialmente las reservas que los bancos comerciales poseen en el banco central con las cuales saldan las operaciones entre ellos. Sin embargo, de acuerdo con la teoría del dinero endógeno la causalidad es la contraria a la que relata la fábula del multiplicador, la base monetaria se mueve de acuerdo con los requerimientos del dinero que crean los bancos comerciales cuando realizan prestamos, primero prestan y luego buscan las reservas (base monetaria). Eso implica que el banco central no controla, crea las reservas necesarias mediante préstamos, si el banco comercial no puede obtenerlas por otros medios (normalmente el mercado interbancario donde las entidades se prestan entre ellas). El motivo por el que el banco central acude, casi siempre, en auxilio de los bancos, no es sólo para evitar problemas de liquidez en el conjunto del sistema cuando alguna entidad tiene problemas, sino porque su objetivo fundamental es el mantenimiento de un determinado tipo de interés. Si el banco en cuestión no encuentra el dinero en el interbancario a un tipo determinado y necesita el dinero, se produciría una escalada de tipos que se transmitiría al resto del sistema. Por eso el banco central le prestará las reservas al tipo de intervención fijado. En resumen, la base monetaria se crea a demanda de la cantidad de dinero en circulación que crean los bancos comerciales, justo lo contrario de lo que explican los libros de texto de economía.
En períodos de crisis, los bancos centrales intentan que el sistema funcione tal como cuentan los libros, crean base monetaria para expandir la cantidad de dinero en circulación. Los métodos son variados, el más importante es el "Quantitative Easing", que consiste en la compra en el mercado de activos financieros para aumentar los depósitos de los vendedores, por ejemplo, la adquisición de bonos a un fondo de pensiones. La venta de los bonos aumenta su depósito en un banco comercial. Eso implica que aumenta la reserva de ese banco en el banco central. Visto desde el punto de vista del banco central la compra de los activos financieros supone un aumento de sus activos (cuando el banco central extiende un cheque no necesita tener el dinero, lo crea ex novo, fiat) y la contrapartida en su pasivo es el incremento de la reserva del banco comercial donde el banco central ha depositado el dinero que ha pagado al fondo de pensiones. Esto quiere decir que tienen las reservas y no necesitan buscarlas, pueden pasar a prestar. El problema es que la expansión del crédito no sólo depende de la disponibilidad de reservas, en realidad la disponibilidad de reservas es irrelevante, el problema es que no tiene a quien prestar para compensar la destrucción de dinero que supone el desapalancamiento del sector no financiero, empresas y familias, o los impagos que se producen. Finalmente lo que sucede es que lo dejan en depósito en el banco central, por eso se articulan medidas para desincentivar ese comportamiento, como los intereses negativos que constituyen una sanción, o lo que es mucho peor, ante la falta de proyectos rentables se crean nuevas burbujas financieras, que dan una cierta imagen de recuperación.
Pero las principales escuelas defensoras de la teoría del dinero endógeno no llegan a las mismas conclusiones, para los post-keynesianos los problemas monetarios son políticos, se deben a una mala operación del sistema, y la solución sería realizar jubileos o quitas de deuda e inyectar generosas cantidades de reservas o activos financieros netos en el sistema, a través de la monetización de cuantiosos déficits públicos.
Para la economía ecológica el problema es estructural, es el sistema en sí mismo el que es defectuoso, dado que el dinero es creado de forma artificialmente escasa, al no crearse el interés de los préstamos, que debe producirse en el futuro, con nuevos préstamos, o con la inyección de activos financieros netos a través de déficits del estado monetizados por el banco central. Ambas soluciones apuntan o bien al desarrollo de las fuerzas productivas o crecimiento, o bien a la inflación de activos o la inflación genérica, dado que se han confundido dos variables que siguen reglas esencialmente distintas: la riqueza real proporciona los servicios necesarios para el mantenimiento de la vida y el disfrute de la misma y sigue las leyes reales que rigen nuestro universo, y su vara medir, el dinero, una abstracción, no ha sido definido según esas leyes. En palabras de Frederick Soddy:
"Las deudas están sujetas a las leyes de las matemáticas, más que a las de la física. A diferencia de la riqueza, que está sujeta a las leyes de la termodinámica, las deudas no se pudren con la vejez y no se consumen en el proceso de vivir. Por el contrario, crecen en un tanto por ciento por año, por las conocidas leyes matemáticas de interés simple y compuesto [...] Esta confusión que subyace entre la riqueza y la deuda es la que ha hecho una tragedia de la era científica."
No se trata de un mero problema de regulación del sistema financiero, ni se puede resolver haciendo propósito de enmienda, tal y como es habitual escuchar: “hemos visto lo que ha pasado y hemos aprendido de los errores, ahora lo vamos hacer bien”. El problema es de carácter estructural. La creación de dinero mediante deuda no supone que nadie renuncie a consumo presente por el consumo futuro, el banco al prestar aumenta la capacidad de compra total de la economía, no es un mero intermediario. Además como su ganancia depende de los intereses que cobra por ese dinero (derecho de señoreaje) provoca que sus incentivos se dirijan a aumentar el crédito, en épocas de expansión, mucho más allá de lo necesario para las actividades que añaden valor. La consecuencia es la generación continua y creciente de burbujas financieras que hemos experimentado los últimos 30 años.
Se puede mejorar el desempeño de un coche averiado mediante la búsqueda de la excelencia en la conducción, pero quizás es hora de pensar en un cambio de coche, tal y como planteó el propio Soddy en 1924
La emisión y retirada de dinero deben ser potestad de la nación, realizarse en función del interés general, y debe cesar por completo de proporcionar beneficios a las corporaciones privadas. El dinero no debe devengar intereses a causa de su existencia, tan solo cuando es realmente prestado por su legítimo dueño, que lo da al prestatario.Una parte muy importante de la deuda nacional debe ser cancelada y la misma suma de dinero Nacional emitido para reemplazar el crédito creado por los Bancos.Los bancos deben ser obligados a mantener reservas de 'Moneda Nacional' dólar por dólar por cada dólar depositado en ellos, a excepción de los depósitos que están genuinamente 'invertidos', y no están disponibles para ser utilizados como dinero.
No se elimina el interés, sino sólo la creación monetaria con interés, mediante una separación estricta entre dinero y crédito. El dinero privado generalmente es creado con fines de lucro, por ello se emite con interés, pero en el seno de una comunidad política se puede crear dinero sin interés, para el interés general, que se inyectaría a la sociedad a través del gasto público. Los bancos deberían mantener una reserva de caja del 100%, y actuar realmente de intermediarios, prestando sólo el dinero realmente ahorrado, que dejaría de estar disponible para el ahorrador, hasta la cancelación del préstamo.
El sistema de Soddy fue posteriormente refinado por los economistas Henry Simons e Irving Fisher, y más tarde defendido por académicos de prestigio como Maurice Allais. En el presente Richard Werner, Kaoru Yamaguchi, Michael Kumhof o Jaromir Benes continúan su defensa académica, y se ha creado una asociación con 30.000 seguidores en Reino Unido con el objetivo de difundir entre el público la reforma, y el parlamento de Islandia se plantea su implementación. Es una reforma ampliamente conocida y estudiada, realizable con tan sólo publicar una norma en el B.O.E. Dado que la creación monetaria es una fuente de lucro considerable, la reforma tendría un efecto redistributivo muy importante, que Kumhof y Benes denominaron "dramática reducción de la deuda pública neta", y "dramática reducción de la deuda privada".
Entre los aspectos que han oscurecido la reforma se encuentra la mayor difusión de un sucedáneo posterior de la misma, desarrollada por economistas liberales, copiando aspectos esenciales de las reformas de Soddy y Fisher, pero cambiando completamente el sentido. En la versión liberal se mantiene el coeficiente de caja del 100%, pero la creación monetaria se encomienda a un factor exógeno, que puede ser el suministro de oro, u otro mecanismo que cumpla la misma función. Como de esta forma el suministro de dinero depende de algo completamente aleatorio, sin relación con la economía real, se abre una vía para ciclos de inflación, deflación y crisis de deudas de carácter todavía más devastador que los actuales. En otras versiones, y ante el temor a los brutales efectos de la anterior propuesta, se continúa manteniendo el dinero-crédito bancario, y por tanto el fallo estructural, introduciendo un factor exógeno que limite la cantidad de créditos que pueden crear los bancos (por ejemplo, mantener una relación fija con una reserva oro) o bien se le asigna la misma función de freno y control a un factor endógeno (la competencia en un mercado en el que se elimina la intervención de un banco central). Esta visión parte de una concepción filosófica del mundo incoherente, que olvida que el dinero es como una commodity, algo que necesitamos todos (como el agua o el aire), el puente por el que debe pasar cualquier transacción. Al igual que cualquier commodity, la mayor fuente de lucro no se encuentra en su uso prudente y eficiente, por el bien de todos, sino en la renta que se podría obtener de su control y acaparamiento. Hay, por tanto, que revertir la privatización de la creación monetaria y proceder a su democratización.
Monedas para las necesidades de la comunidad
Volviendo a citar a Polanyi, en su libro El sustento del hombre definía el dinero como un sistema semántico, equivalente a los pesos y medidas o al lenguaje. Si es así ¿Qué información nos da? El dinero nos permite cuantificar de forma precisa la importancia de un objeto o un servicio en una situación determinada, en la que emplearemos el dinero por alguno de sus usos, que según la teoría económica convencional son el de patrón de valor, medio de cambio y depósito de riqueza. Polanyi añade un uso más, el de pago, pero lo más interesante es que basándose en la evidencia etnográfica e histórica, sostiene que los diferentes usos del dinero habrían evolucionado de forma separada. En lugar de emplear un dinero “para todo uso”, se habría empleado dineros distintos para cada uno de los usos. Por ejemplo:
"En la antigua Babilonia el dinero era corriente, pero tenía un uso especial: el grano era el fungible más utilizado como medio de pago, para los salarios, las rentas y los impuestos; la plata era empleada universalmente como patrón de valor tanto en el trueque como en las finanzas de productos básicos muchos de los cuales, como equivalentes fijos, se usaban para el intercambio sin dar preferencia a la plata."
Estos hechos arrojan una nueva luz sobre las teorías del localismo monetario. Incluso en un sistema monetario en el que hayamos eliminado la emisión de dinero con interés, y corregido los principales fallos estructurales del sistema actual, puede ser de gran utilidad separar las funciones del dinero, de forma que su función de depósito de riqueza no obstaculice su función como medio de cambio.
Incluso en una economía más local, será deseable mantener un cierto volumen de comercio exterior, para adquirir bienes necesarios que sea difícil producir localmente, incluidas las materias primas. Para ello será preciso una moneda acumulable, con un valor estable, definida según los criterios que hemos detallado en el apartado anterior. Sin embargo, a nivel local sería posible instituir todo un variopinto ecosistema monetario, de forma que el medio de cambio local no dependa de las vicisitudes de la moneda nacional, incluso aunque esta esté definida ahora sobre bases sólidas. Con este fin Silvio Gesell, en su obra El orden económico natural, introdujo el concepto de “oxidación” de la moneda, o depreciación programada en el tiempo, que incentiva el uso de la moneda y resta sentido al acaparamiento, de forma que la función de depósito de riqueza no interfiera con la de medio de cambio.
Este tipo de nuevos "ecosistemas monetarios" se podrían incentivar con unas sencillas políticas públicas que pueden ir desde una ayuda en su promoción y gestión hasta la propia participación de la administración pública incorporando las nuevas monedas en su presupuesto, ya sea a través de su emisión para financiar una renta básica, el pago a funcionarios o subvenciones, de modo que provean de financiación pública gratis, como también mediante la aceptación de éstas en pago de impuestos o adquisición de servicios y productos públicos como pueden ser proyectos culturales, instalaciones deportivas, actividades de ocio, etc… Cabe la posibilidad de dar crédito barato o gratis a proyectos que de otra manera no lo obtendrían, promoviendo y recompensando otros valores y modos de vida que no tienen cabida en el economicismo actual.
La incorporación de las monedas regionales en los presupuestos de la administración pública daría una mayor seguridad a las monedas en su inicio y solucionaría la totalidad de conflictos por problemas de asignación de recursos desde el gobierno central a las distintas regiones del país, pues las monedas locales permiten emancipar gran parte del presupuesto del gobierno central, otorgando una mayor autonomía en la política a nivel regional y favoreciendo así una administración pública mucho más cercana.
Una economía inclusiva y un marco para la innovación social
Uno de los temores ante el fin de la economía del crecimiento es que se produzca una Gran Exclusión. Uno de los costes de la producción es el trabajo, por fuerza debe reducirse si la producción disminuye, o incluso si permanece estacionaria, pero el empleo es para una gran mayoría de población la única forma de percibir un ingreso que permita una mínima autonomía personal.
Por otro lado, la dependencia económica del mercado (o de un estado que compense nuestra alienación mercantil) hace imprescindible algún instrumento que nos proporcione autonomía económica personal, (sin la cual a menudo se ven anuladas las demás libertades cívicas), y que nos permita además reducir y transformar los procesos productivos por otros realmente sostenibles sin que esa “reconversión” tenga como resultado una Gran Exclusión. ¿Cómo podríamos recuperar autonomía económica frente a esta necesidad de crecimiento alienante y devastador o ante su inexorable declive?
En ausencia de los ancestrales bienes comunes para la autogestión, serán necesarias nuevas formas de empoderar económicamente a las personas. Todo el mundo debería disponer de alguna alternativa frente al abandono y la indiferencia propias de un mercado excesivo en su producción, pero insuficiente para emplear a todos e insatisfactorio en la forma de hacerlo. Con este fin se manejan dos alternativas, una Renta Básica de Ciudadanía y una Garantía Pública de Empleo, para aquellos que son desechados por el mercado. En la práctica, ambas opciones podrían convivir junto con otros acuerdos complementarios.
Todo sistema económico debe repartir los costes y los beneficios de la producción. Es evidente que una redistribución a través de una Renta Básica es poco eficiente por el lado del reparto de costes, mientras que resulta muy favorable en otros aspectos esenciales, en particular al desligar el problema de la subsistencia del móvil de la ganancia y del mercado de trabajo. La ineficiencia en la distribución del empleo no deberían pagarla los ciudadanos perjudicados por ella.
Para mejorar el desempeño de la Renta Básica por el lado de los costes, y siempre que nos encontremos en un marco previo de sostenibilidad, y no se use simplemente para redistribuir, se podrían aplicar diversas modificaciones sobre su diseño original, con resultados notables:
Frugalidad: La Renta Básica ha de ser tan reducida como sea posible, aunque suficiente para cubrir las necesidades básicas. Una forma de hacerla todavía más frugal, es abonar una parte en forma de cuotas de energía/alimentos intercambiables. De esta forma, se da un incentivo para reducir el consumo propio, pudiendo traspasar los excedentes por un módico precio, que se obtendría en forma monetaria para su uso discrecional. Hay que señalar que una vez aplicada la reforma fiscal, habría un gran incentivo para usar ese gasto discrecional de una forma compatible con la salud del planeta.
Libertad para intercambios autónomos y liberación de tiempo para progreso personal y social: La Renta Básica, al ser universal, al contrario que una renta para pobres, no fomentaría la economía sumergida, dado que la percibe tanto quien trabaja como quien no. Además, cuando se propone desde un marco de sostenibilidad, debemos tener en cuenta que al menos 2/3 de los impuestos deberían recaudarse con impuestos al consumo del capital natural y a la propiedad, en particular de la tierra. Esto permite suponer que los impuestos al trabajo pueden desaparecer, (si no se consiguiese este objetivo, se podría buscar el mismo resultado con el uso de monedas complementarias, como hemos explicado anteriormente), salvo quizás para salarios elevados, por lo que la distinción entre economía formal e informal desaparece, al menos desde el punto de vista del trabajador. Esto podría suponer un gran incentivo para complementar la Renta Básica con trabajos a jornada parcial, o con intercambios autónomos entre los ciudadanos. Supondría también un fuerte impulso a actividades de poca o nula rentabilidad monetaria, como la mejora de bienes comunes y la economía solidaria.
También permitiría liberar tiempo, dedicando una parte al mercado, pero sin la angustia existencial de perderlo todo por reducir tu participación. Incluso las personas que decidiesen trabajar a jornada completa podrían plantearse tomar un año sabático de vez en cuando, y las empresas se adaptarían al nuevo marco ofreciendo contratos de mayor flexibilidad horaria.
La liberación de tiempo permite evolucionar hacia una sociedad en la que nuestros verdaderos valores sean protagonistas, en lugar de dejar que el mercado decida todo por nosotros, poniendo en valor el tiempo de nuestra vida que no está relacionado con la mera producción y consumo. Tiempo para la autonomía personal y social, porque esa autonomía requiere reflexión, aprendizaje y deliberación. Se abre por lo tanto la posibilidad de una mejora interior del ser humano, frente al progreso tan sólo material de los últimos siglos.
Permite cambiar la mentalidad que nos lleva a que cualquier incremento de productividad se convierta necesariamente en una mayor demanda de nuevos bienes y servicios, permaneciendo siempre completamente ocupados en su producción con independencia de su verdadera necesidad.
Es conocido el ejemplo del indígena que al recibir como regalo un machete de fabricación industrial no utiliza esa nueva herramienta para obtener una mayor recolección, acaparando alimentos y materiales, sino para disfrutar de más tiempo para sí mismo y para su vida en comunidad. En nuestro caso una equivocada idea de progreso centrada en el crecimiento material no sólo impide nuestra maduración como personas y como sociedad sino que exige una acumulación devastadora. Aun apostando por una ampliación de posibilidades de la humanidad, distinta de la conformidad con su vida y su mundo propia del indígena, esta pasaría por una mejora de nosotros mismos y de nuestro conocimiento, no por una permanente infantilización de la vida adulta (abandonada en una actividad laboral heterónoma y en una forma de disfrutar basada en el consumo de sensaciones).
En nuestro modelo económico la única manera de compensar los puestos de trabajo perdidos por la mejora tecnológica y por los ciclos económicos es el crecimiento. Todo se hace depender de la emergencia de nuevo crecimiento económico. La dependencia del crecimiento infinito lleva a que una y otra vez las mejoras en la eficiencia energética no alivien la presión sobre el medio ambiente sino que incluso la incrementen. Sin embargo, como muestra el ejemplo de esas otras culturas, la "paradoja de Jevons" no es un determinismo humano sino que tiene un origen cultural. El modelo económico es un subsistema de la cultura. En la medida en que la nuestra sea realmente una "sociedad abierta", dotarnos de una nueva cultura será la premisa necesaria para poder librarnos de la sumisión economicista de la vida.
Keynes auguraba que en nuestros días podríamos vivir trabajando unas quince horas a la semana. Ese es el único keynesianismo que debemos recuperar, el que el propio Keynes proyectó para nuestro tiempo. Y lo que falló no fue su predicción sobre los incrementos de productividad que se darían, sino su predicción política. No elegimos bien. Probablemente la necesidad de mano de obra aumentará en algunos sectores económicos básicos como consecuencia de la crisis energética a pesar del declive económico medio, pero en cualquier coyuntura podremos elegir el enfoque que daremos a las mejoras de productividad, y podremos elegir si nos hacemos depender de un crecimiento infinito o si elegimos otro modelo. No hay un determinismo sino una responsabilidad. En consecuencia debemos tomar una decisión sobre este punto crucial para optar por una economía que no dependa del crecimiento.
Valorar el tiempo de nuestra vida al margen de las relaciones económicas es un primer paso imprescindible para poder reivindicar el valor de la vida misma sobre lo que determine la rentabilidad en el mercado, pero además conduce a una mejor satisfacción de todas nuestras necesidades, y es lo que realmente puede ampliar nuestras posibilidades, como individuos y como sociedad.
Cuidado y mejora de bienes comunes: Son necesarios cambios radicales a nivel local, en el diseño de las ciudades, en la movilidad, y en la producción local de alimentos. Se podría emplear a aquellos que lleven un determinado periodo de tiempo percibiendo sólo esta Renta Básica en estas labores de apoyo a la comunidad, en huertos urbanos u otras labores necesarias como los cuidados, mejora del entorno natural o pequeñas infraestructuras. Este trabajo comunitario podría autogestionarse desde asambleas de barrio, introduciendo de forma paulatina los principios de la democracia deliberativa que más tarde describiremos.
Esto permite definir una política sobre los bienes comunes que consistiría en la preservación a largo plazo del invaluable patrimonio natural del que en última instancia depende todo lo demás. Por otra, con ella se trataría de preservar también la sostenibilidad y la resiliencia social, recuperando el vínculo entre nuestro desempeño económico y la naturaleza de la que formamos parte, así como las relaciones económicas cercanas, entendidas como una forma de convivencia y no sólo como un intercambio.
El desarrollo de este tipo de economías permitiría además vincular de nuevo el coste de producir (en tiempo de trabajo) con la obtención de recursos económicos. En este terreno debe citarse la obra de Elinor Ostrom y su vasto estudio empírico sobre el gobierno de los bienes comunes. Álvaro Ramís Olivos nos reseña su pensamiento en este artículo de la revista Ecología Política:
"La tesis fundamental de su obra se puede sintetizar en que no existe nadie mejor para gestionar sosteniblemente un «recurso de uso común» que los propios implicados (1995: 40). Pero para ello existen condiciones de posibilidad: disponer de los medios e incentivos para hacerlo, la existencia de mecanismos de comunicación necesarios para su implicación, y un criterio de justicia basado en el reparto equitativo de los costos y beneficios.

La novedad radica en evidenciar que existe una forma colectiva de uso y explotación sustentable de los campos de pastoreo (y los bienes comunales en general) que no está sujeto a la lógica de la tragedia de los comunes. (En referencia a Garrett Hardin).

Ostrom muestra que las formas de explotación ejidal o comunal pueden proporcionar mecanismos de autogobierno que garantizan equidad en el acceso, un control radicalmente democrático, a la vez que proporcionan protección, y vitalidad al recurso compartido. Por lo tanto, ante la posibilidad de la sobreexplotación la opción de Ostrom es «incrementar las capacidades de los participantes para cambiar las reglas coercitivas del juego a fin de alcanzar resultados distintos a las despiadadas tragedias» (Ostrom, 2011: 44).

La ausencia de propiedad individual no implica libre acceso ni falta de regulación ya que los bienes comunes pueden ser administrados de forma efectiva cuando no son considerados terra nullius y se cuenta con un campo de interesados que interactúan para mantener la rentabilidad sostenible a largo plazo de esos bienes.


La clave está en los principios de diseño que se pueden entender como “variables contextuales que tienden mejorar los niveles de cooperación, mientras su ausencia la desalienta.”


En definitiva las aportaciones de Ostrom y su escuela superan los análisis convencionales que se mueven bajo categorías binarias que transitan entre lo propio y lo ajeno, lo estatal y lo privado, lo de todos y lo de nadie."
Como concluye David Bollier, “la tragedia de los comunes realmente debería llamarse la tragedia del mercado. El Mercado/Estado es en gran medida incapaz de establecer límites a sí mismo o declarar que ciertos elementos de la naturaleza, la cultura o la comunidad deben permanecer inalienables para poder garantizar la supervivencia de la especie.”
Por último, y para aquellas infraestructuras o bienes comunes que exceden los ámbitos comunitarios, se podría crear una Garantía Pública de Empleo, donde preferentemente se podría emplear a las personas que llevan mucho tiempo cobrando la Renta Básica y que procedan de comunidades más pobres, con menos recursos para complementar su renta de forma autónoma. Como ventaja añadida, este sector también podría canalizar la aspiración laboral de sus integrantes hacia actividades que reduzcan el impacto ambiental de la producción, como el reciclaje, las reparaciones y la oferta de bienes que minimicen su obsolescencia, (y por tanto el flujo de materiales y energía), una oferta que podría tener cierta demanda pero que el mercado tiende a anular porque actuaría contra la renovación de la rentabilidad en los negocios.
En resumen, en un mundo completamente acaparado, una Renta Básica vendría a suplir el ancestral acceso a los bienes comunes necesarios para subsistir, pero, y a pesar de su carácter asistencial, implementada de forma realista serviría para ir creando formas de vida autónoma que no dependan de los excedentes del mercado, mediante la liberación del trabajo libremente intercambiado y la construcción y mejora de bienes comunes autogestionados. Por tanto, esta renta no debería ser concebida como una prestación más hecha posible por los excedentes del mercado sino como una forma de compartir universalmente una parte de la producción (suficiente para la subsistencia digna de todos), porque entendemos que esta nueva forma de organización social es positiva para el conjunto de ciudadanos. Garantizar la inclusión económica nos permitiría desvincularnos de la necesidad de crecer porque las personas ya no seríamos meros factores de la producción, dependientes de que esta se mantenga o aumente, sino sujetos de derechos económicos. Estamos por tanto proponiendo una ampliación de derechos laborales o productivos, que deberían recogerse en las respectivas cartas constitucionales de cada unidad política.
Otras formas de producir: Iniciativas en desarrollo
En la medida en que utilicemos el mercado, este debe verse condicionado por los verdaderos valores humanos que el frío criterio de la rentabilidad no puede tener en cuenta. La esclavitud y el crimen pueden ser rentables, y aun suponiendo que puedan prohibirse y eliminarse completamente, (cosa que aún no ha ocurrido), estos ejemplos muestran como el criterio de la rentabilidad es ajeno al de virtud o simplemente a la idea de un futuro mejor. Así se explica que nuestro modelo productivo pueda destruir incluso las bases naturales que lo sostienen. Por ello es necesario que el mercado se vea condicionado por criterios éticos elegidos entre todos mediante la deliberación política. El antiguo mercado legal de esclavos no terminó gracias al propio mercado libre, como es obvio, sino mediante una decisión política, y nadie duda que fuera un buen paso para la humanidad a pesar del deterioro que pudo suponer para algunos beneficios.
Una de las propuestas que intentan introducir verdaderos valores en el funcionamiento del mercado es la llamada Economía del Bien Común. Entre otras cosas, este modelo establece una gradación de incentivos legales para las empresas de modo que los precios acaben alineándose con los valores establecidos democráticamente en su Matriz del Bien Común.
Volviendo sobre el trabajo de Elinor Ostrom, su estudio sobre El gobierno de los bienes comunes no sólo atañe a la gestión de lo que se considera patrimonio común sino a una forma de gestionar recursos compartidos por parte de un número limitado de usuarios, (propietarios o usufructuarios de los mismos), diferente a la gestión empresarial (cuyo único sentido es la rentabilidad en el mercado). En este caso los usuarios pueden producir para sí mismos en primer lugar y decidir hasta qué punto producir excedentes para el mercado, para libres intercambios o para una comunidad más amplia.
El problema, claro está, reside en la obtención de los medios necesarios para esa autogestión. Y en este terreno quizá es donde más posibilidades podría ofrecer la definición de una política para la autogestión en base a bienes comunes. Desde la aprobación de una ley de balance neto que nos permita ser prosumidores de energía aprovechando ese bien común que es el sol (tanto en hogares como en colectivos más amplios) hasta la concesión de tierras y medios de producción para la autoorganización a partir de proyectos colectivos que cumplan ciertos requisitos de seriedad y compromiso.
Otra forma de llevar esto a la práctica consiste en elegir aquellas empresas que desde su constitución y en sus estatutos incluyen criterios éticos o políticos por encima de la rentabilidad. El ejemplo emergente (y pujante) es el de algunas cooperativas de consumo energético sin ánimo de lucro que incluso logran basar gran parte de su trabajo en el voluntariado. También las cooperativas de producción y consumo agroecológico son un buen exponente de esto y quizá el que con más urgencia necesitamos.
Estas formas de producción, englobadas en lo que se ha dado en llamar “mercado social”, amplían el número de variables sobre las que podemos influir como consumidores, (a menudo limitados a una oferta manipulada y a mercados amañados precisamente por parte de los adalides de la privatización). Se trata de opciones ya disponibles (que van más allá de una mera RSC publicitaria) y que por ello permiten hacer algo útil en favor de un cambio social desde el momento presente. Dada la urgencia del cambio que necesitamos, creemos que es necesario aprovechar de un modo inclusivo las diferentes alternativas que se nos presentan y además explorar otras posibles soluciones que quizá aún no nos hemos planteado, pero que seguramente surgirán si se establecen los incentivos adecuados, mediante la serie de reformas que hemos introducido en los anteriores apartados.
Una democracia a escala humana
Polanyi termina su obra maestra con un alegato en favor de la libertad: La libertad en una sociedad compleja, último capítulo de La Gran Transformación. Para la ideología dominante de nuestra era, así como la del siglo XIX, que no reconoce la existencia de la sociedad, y tampoco del poder y la coacción, la libertad se convierte en un sinónimo de la libre empresa, que debe funcionar sin trabas, sin ningún tipo de dirigismo estatal. Por el contrario, para quien reconoce la existencia de la sociedad y del poder de las instituciones, como ese mercado autorregulador que convirtió al hombre y la naturaleza en mercancías, la libertad debe ser instituida, entre todos, para todos, mediante la ampliación efectiva de los derechos del hombre. Es evidente como entronca esto con el concepto de autonomía, que debería incluir, junto a las libertades negativas (de expresión, asociación, jurídicas) el derecho efectivo a participar en los costes y beneficios de la producción, por encima de cualquier racionalismo económico.
Posteriormente, Cornelius Castoriadis continuaría sacando las conclusiones de estos hechos. Si la institución ejerce tanto poder, la libertad debe incluir, al menos como ideal, el concepto de la autoinstitución, el darse la propia ley, lo que sólo puede suceder en una democracia deliberativa."El objetivo de la política no es la felicidad, sino la libertad. La libertad efectiva (no me refiero aquí a la libertad “filosófica”) es lo que llamo autonomía. La autonomía de la colectividad, que no puede realizarse más que a través de la autoinstitución y el autogobierno explícitos, es inconcebible sin la autonomía efectiva de los individuos que la componen. La sociedad concreta, que vive y funciona, no es otra cosa que los individuos concretos “reales.”"


La deliberación no es una panacea, pero es la mejor forma que conocemos de instituir una democracia que no sea simplemente una agregación de intereses individuales mediante el voto, sino una búsqueda conjunta y reflexiva del interés general, y puede ser también un límite y un elemento de control del principio de la representación, que no será fácil eliminar completamente en una sociedad compleja.
La deliberación podría concebirse como una forma de ir mejorando, de forma pragmática, las prácticas democráticas actuales, a través de nuevas instituciones, como el presupuesto participativo de Portoalegre o los sondeos deliberativos de algunos estados europeos. En una sociedad más local y con menos tiempo dedicado al mercado, el principio de la deliberación puede florecer, de forma que vayan surgiendo nuevas instituciones, completando y mejorando estos primeros experimentos, que están comenzando a canalizar la por largo tiempo reprimida pasión del hombre por el autogobierno y la autoinstitución.
Cabe añadir que en el contexto social de nuestros días, masificado, complejo e interdependiente a una escala nunca anteriormente vista, Internet puede resultar imprescindible para el cambio cultural que necesitamos. Como enseña el sociólogo Manuel Castells, la autonomía personal y social se ven favorecidas por la “autonomía comunicativa” y por el procomún inmaterial constituido por el conocimiento compartido. La red se revela como una herramienta clave para facilitar ambas cosas así como para hacer posible una participación política flexible, adaptada a las diferentes situaciones personales, y adaptada a los diferentes ámbitos de decisión, desde lo local a lo global.
Si la deliberación es el principio que permite superar la mera agregación de preferencias individuales hacia un objetivo compartido de bien común, la participación permite superar la mediación entre el sujeto y sus preferencias políticas, realizada por el representante. El sujeto se convierte por tanto en protagonista, participando en la preparación de la agenda de opciones, en lugar de limitarse a elegir dentro de una agenda cerrada, lo que en un contexto de crisis como el actual, donde es necesario la transición hacia un nuevo paradigma, puede estimular el florecimiento de soluciones creativas que emanen desde abajo hacia arriba y resulten, por lo tanto, más congruentes con las aspiraciones reales de las personas.
Artículo consensuado por la asociación Autonomía Y Bienvivir, y redactado por los siguientes miembros, ordenados alfabéticamente
Manuel Campos Ruiz, estudiante de 3er curso de Ciencias Económicas.Alfredo Carreras Rodríguez, Licenciado en Sociología.María Ángeles García Sánchez, Doctora en Ciencias de la Información.Manuel Gutiérrez Rodríguez, Arquitecto Técnico.Javier Ibarra González, estudios de Ciencias Empresariales.Jordi Llanos Mayor, Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales.Jesús Nácher Fernández, Ingeniero Superior de Minas.Oliver Toro Orozco, Licenciado en Derecho.
Categories: General

Lo que los peakoileros no consiguen entender

10 Setembre, 2014 - 11:15
Queridos lectores,

El siempre provocador Javier Pérez nos sorprende hoy con un ensayo sobre la prédica de los peakoilers y las motivaciones políticas de algunos que se dedican a los esfuerzos de divulgación. No estoy de acuerdo con muchas de las afirmaciones que se hacen en este artículo, pero sé que lo que se comenta en él ha estado en la mente de muchos lectores ocasionales y es la base de muchas críticas. Es por ello, porque es importante la autocrítica, que veo interesante publicarlo.

Salu2,
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Lo que los peakoileros no consiguen entender

Llevo un tiempo leyendo documentación sobre el agotamiento de los recursos naturales y de vez en cuando escribo algún artículo sobre el tema, aunque más con intenciones divulgativas (un campo en el que me defiendo) que con pretensiones científicas.En este periodo he tenido la ocasión de conocer a mucha gente que unas veces me ha transmitido datos, en otras ocasiones puntos de vista y siempre nuevas inquietudes. Pero salvo algunas excepciones, que no mencionaré por miedo a la omisión que me descalabre, no he sido capaz de encontrar a casi nadie que entienda el alcance humano y social del problema que plantea el agotamiento de los recursos. Y no es que me las dé yo de entendido (que para nada lo soy), sino que observo un enroque casi permanente en una u otra faceta del problema, sin verdaderos deseos de ampliar el punto de vista a lo global.Hace poco apareció el manifiesto Última Llamada, y desde que lo leí no he dejado de reflexionar sobre su contenido (muy interesante), su tono (deplorable) y el fin último que lo inspiró (más político que medioambiental). Documentos de este tipo me hacen pensar que la reducción de recursos energéticos y los problemas económicos y medioambientales subsiguientes son un arma más en el arsenal partidista, y que el trasfondo real no interesa a nadie como no sea para mejorar su uso como arma arrojadiza. Mi impresión, es que incluso los mejores, los que plantean el problema con verdadera seriedad, acaban estrellándose con la frase, casi mantra, de que hay que cambiar de sistema económico porque el capitalismo muerde, tiene rabo, cuernos, pezuñas y se aparece entre vaharadas de azufre cuando alguien besa la parte de atrás de una moneda.Al final, y para ser consecuente con la actitud y la línea que mis muchos o pocos lectores han podido contrastar en mis escritos, he decidido sincerarme y poner por escrito mi convencimiento de que la mayor parte de la gente concienciada con el peak oil no consigue o no quiere ver más que una parte del asunto. Mis disculpas a todos por decir esto, pero creo que era necesario. La enunciación del problema y el modo en que se plantea denotan una serie de sesgos que me parecen muy desagradables, como si lo que se pretendiera fuese cualquier cosa menos solucionarlo. ¿Observo mala fe en los peakoileros? Pues en unos sí y en otros no, pero en casi todos observo la misma carencia: que su pasión por la lógica y los datos, su precisión en las mediciones y en la construcción de modelos, su meticulosidad en la argumentación y concatenación de sucesos, desaparecen repentinamente en ocasiones hasta  silenciar completamente datos, hechos y argumentos que resultan incómodos para sus convicciones (o necesidades) políticas.No voy a entrar al tema de los datos, porque en ese sentido casi todos saben más que yo. Y además, en eso estamos todos de acuerdo, aunque con algunos matices. Por si acaso, enuncio brevemente: vivimos en un planeta finito, por lo que todos los modelos económicos basados en el crecimiento infinito son necesariamente erróneos. La energía es la base de la sociedad, la economía, el desarrollo, el bienestar y en general de absolutamente todo. La economía debería estudiarse, de algún modo, como una rama de la termodinámica, y no como una rama de la hechicería, que es lo que algunos parecen estar haciendo actualmente, sobre todo en el caso de la economía financiera. El crecimiento de los últimos siglos se debe al empleo masivo de combustibles fósiles. Por la ley de rendimientos marginales decrecientes, cada vez son más caros y difíciles de extraer, y su sustitución detrae cada vez una parte mayor de capital y otros recursos, lo que llevará a una contracción económica, declive, o colapso, según la gravedad de la caída. El plazo y la profundidad de esa caída lo desconocemos, pero lo más probable es que sea antes financiera que de recursos, pues nuestra economía financiera anticipa la escasez material, anticipándose a ella.En esto es en lo que estamos de acuerdo. Pero ahora, por partes, intentaré explicar por qué creo que la mayor parte de la gente consciente del problema no abarca mentalmente su verdadero alcance, o prefiere dejar este asunto para más adelante, cuando ya se le haya sacado el debido rendimiento en otros ámbitos menos amables o menos confesables.-Ley de JevonsDespués de enunciar todos los problemas que enumeré anteriormente, resulta que a muchos les da la ventolera de añadir que hay que buscar una nueva sociedad, donde se acabe con el derroche, se renuncie al consumismo y se cuiden los recursos. Me parece todo muy bonito y muy edificante, pero con franqueza, parecen obispos predicando contra el sexo.Ya lo dije en otro artículo, y creo que hay que repetirlo:     “La realidad es que el ahorro de cualquier bien o recurso supone su abaratamiento para aquel que decida consumirlo. La realidad es que la gasolina que nosotros ahorramos es la que pueden quemar los norteamericanos en sus coches de dos toneladas, y lo cierto es que si nosotros no la ahorrásemos ellos tendrían que pagarla a mucho más de los 50 céntimos de euro a los que la pagan ahora.  La realidad es que la gasolina que nosotros no quemamos no va a una hucha, ni se entierra en el subsuelo para que nadie la queme y no produzca CO2. Va al mercado, aumentando la disponibilidad para el que la quiere quemar y opera sobre ese mercado disminuyendo su precio.    El carbón que nosotros no quemamos no desaparece en el espacio sideral para no contaminar: es el que queman los chinos, más barato precisamente porque nosotros no lo demandamos, y el que les ayuda a barrer del mapa nuestras tiendas y nuestras industrias, incapaces de competir con sus precios. La leña que no quemamos los que vivimos en los pueblos es la que abarata los pellets para las calderas urbanas y las calefacciones de biomasa.    El agua que no uses para regar tu huerta, la usarán para regar otra. O un campo de golf. Las truchas que no pescamos río arriba, son las que pescan río abajo. La chica a la que no besaste no se metió a monja: se casó con otro”    Todos sabemos que es así, y más aún en un mundo global. Todos sabemos que el ahorro de un recurso no disminuye su consumo mientras haya alguien que lo demande. Todos sabemos que reducir o eliminar la demanda a nivel puntual es indiferente a nivel global. Todos sabemos que consumir menos aquí, donde existe legislación medioambiental sobre residuos, por ejemplo, hará que se consuma más donde esa legislación no existe y que, en suma, el daño será mucho mayor. Todos sabemos que poner molinos de viento en Alemania abarata el carbón, con lo que consumen más en China, sin filtros ni cosa que se les parezca.  Lo sabemos de sobra, porque no ignoramos los datos ni los modelos económicos, pero este hecho concreto, al redactar nuestro discurso, resulta que lo pasamos por alto. Lo sabemos pero nos es igual: Nos la sopla, ¿verdad? Seguimos escribiendo manifiestos y soflamas a favor del ahorro, en contra del capitalismo y en contra del consumo, porque es lo que nos ordena nuestra ética. Sabemos que es inútil, pero tiramos para adelante, impasible el ademán. Sabemos que no funciona, pero nos hace sentir mejor. Sabemos que favorecerá a quienes quieran seguir haciendo girar la rueda sin preocuparse de nada, pero es lo que nos pide el cuerpo.Porque somos así, porque tenemos alma de predicadores y vocación de mártires. Porque la realidad que tanto nos gusta perseguir con los datos nos importa luego tres pimientos cuando hay que aplicarla a algo que nuestra nariz rechaza.  Y nuestra nariz manda mucho, sobre todo cuando podemos olfatear según qué cosas.Ensuciar es malo. Derrochar es malo. Desperdiciar los recursos de las generaciones venideras es malo. Vale, sí, ¿y qué? ¿Y qué hacemos con los vecinos, las regiones, los continentes enteros que se pasan por el arco de triunfo esas consideraciones?, ¿les declaramos la guerra?, ¿o les seguimos repitiendo las mismas obviedades hasta que nos hagan caso por aburrimiento? ¿A quién le vamos con ese catecismo? ¿A otro tan incauto como nosotros?Al final es lo que hacemos: quedarnos a gusto con nuestra conciencia y autocomplacernos en nuestra solidaridad imaginaria. Porque lo real es que el ahorro no sirve, no funciona, no tiene ningún efecto distinto de abaratar el precio a los que pasan olímpicamente del ahorro. ¿Por qué creéis que la información sobre el peak-oil, siendo terriblemente antisistema, no ha sido perseguida más que con medidas menores? Porque abarata el consumo de los que quieren seguir consumiendo. “¡Venga, que ahorren esos idiotas, que así dejarán más para el resto!”Por eso, con muchos peakoileros, me queda la misma duda que con muchos obispos: si se estarán creyendo realmente lo que dicen o habrán construido toda esa historia para un fin distinto del que nos cuentan. ¿No nos hablarán de petróleo cuando en realidad nos quieren llevar a determinado redil político? Pues habrá de todo, pero cada día me fío menos. Y cada día nos perjudican más.-El decrecimiento o la reducción voluntaria.Después de repetir, una vez más, que el ahorro de un recurso no disminuye su consumo total, tengo que preguntarme de dónde ha sacado esta gente que las sociedades pueden menguar voluntariamente. Tuve la fortuna de leer un magnífico artículo sobre las sociedades que vivían de otro modo y con menos, pero ni en ese estudio se menciona a ninguna que caminase hacia atrás en su consumo, y menos voluntariamente, por consenso. He leído mucho sobre el colapso de otras sociedades en el pasado, pero no veo precedentes de reducción voluntaria del consumo de ningún recurso. Lo que veo, como mucho, es que un tipo de cada pueblo se iba a una cartuja o se subía a una columna y allí vivía con menos, pero todo lo demás que yo conozco ha pasado siempre por imposición, necesidad imperiosa y distintas variaciones y permutaciones del “trágala”.Cuando una sociedad colapsa, lo hace porque carece de un recurso, y lo hace precisamente porque ni lo ahorró, ni lo pudo ahorrar, ni consiguió evitar su agotamiento.  Y esto es así, insisto, porque lo que unos ahorraban quedaba disponible para otros. Es algo tan conocido como la Tragedia de los Comunes.Quien todavía piense que es posible sensibilizar a la población de la necesidad de vivir peor y con menos, mientras otros disponen de todo, que vaya a una comunidad de vecinos y que trate de convencerlos de que hay que bajar la calefacción un par de grados, pero pagando lo mismo. No me estoy refiriendo a comer menos, o a pasar penalidades: sólo dos grados en la calefacción, por el bien del planeta. ¿Algún valiente se apunta? No, claro, en la comunidad de vecinos no, pero sí en los foros, y en los blogs. En los foros y en los blogs pedimos la restricción del capitalismo, el fin del derroche y la universalización de los ponys, pensando que reeducaremos al mundo, pero en la comunidad de vecinos ni se nos ocurre, porque todos sabemos que Cervantes 67 será justa y exactamente el último punto del planeta en ser educado. Y lo sabemos porque conocemos a sus habitantes. ¿A que hay algo de eso?Seamos sinceros: pensamos en cambiar el mundo, pero ya no le sacamos el tema ni a nuestros amigos. Y a la familia, menos aún. Decimos que son cerriles, cornucopianos, que viven en la ilusión de no sé qué, pero nosotros seguimos convencidos de que el ahorro de algo reduce su consumo y de que la gente se puede convencer, por las buenas, de vivir con menos mientras sus vecinos lo pasan a lo grande. ¿No somos tan cerriles como ellos? ¿No padecemos también nuestra propia cornucopia, de conciencias en lugar de recursos? Ellos creen que el petróleo es infinito y nosotros creemos que la buena voluntad es inagotable. Ellos piensan que la técnica todo lo puede y que ya se inventará algo, y nosotros creemos que la reeducación de la gente todo lo puede, y que ya surgirá una nueva conciencia. ¿De dónde sacamos ese convencimiento?  ¿De dónde demonios sacamos que se va a agotar antes la avaricia que el petróleo? ¿De qué tablas y modelos deducimos que la solidaridad es más universal que el consumismo? ¿Qué clase de majaderos somos? -La ley de LemDice la ley de Lem que nadie lee nada. Los pocos que leen, no entienden nada. De los pocos que entienden algo, la mayoría lo olvida todo a la media hora.Y en eso estamos, creo.Decreceremos, sin duda, pero cuando no haya más remedio. Consumiremos menos, pero cuando haya menos y sea más difícil de conseguir. Cultivaremos la tierra con el burro o con la azada, pero no antes de que se haya averiado el último tractor o se haya agotado la última gota de combustible. Y si esa última gota es sangre de virgen sildava, ¡que se preparen en Sildavia!Sabemos que no sirve de nada ahorrar. Sabemos que nuestra pretensión de concienciar a la sociedad es como la suya de que esperar a que la ciencia encuentre la panacea. Lo sabemos, pero no lo entendemos o lo olvidamos de inmediato para seguir escribiendo manifiestos, digresiones apocalípticas, homeopatías energéticas, ética vestida de ciencia, sermones revestidos de informes, y sacramentos solidarios ungidos de avisos técnicos. En nuestros escritos aparece todo, menos lo que importa: que es indiferente consumir más o menos a nivel local, porque eso no afecta al consumo global.Pretendemos llegar a la gente para obligarla a creer algo que no quiere creer. ¿Por qué nos extrañamos de que no lo entiendan, no lo acepten o luego no lo recuerden? No podemos concienciarlos a todos, y si no los concienciamos a todos lo único que hacemos es subvencionar el Hummer del tío de Oklahoma, ese tipo al que todas nuestras preocupaciones le traen al fresco porque ni tiene hijos ni cree en el mañana.A los que no creen en el mañana no tenemos nada que decirles, pero seguimos infravalorando el poder del himno: “I want it all, I want it now”. ¿Qué vamos a contarles a los que hacen una cola de once horas para comprar el último modelo de un teléfono móvil? ¿De qué vamos, coño?    Toda esa gente no va a consumir menos, porque no le da la gana. ¿Está claro así? Toda esa gente no va a renunciar a sus comodidades porque no le sale de las narices. Toda esa gente, y son miles de millones, exprimirá hasta la última piedra en busca del bienestar que ha visto en otros lados y lo hará justa y exactamente hasta dos segundos antes del desastre. Hasta dos segundos después, para ser más exactos.    Nuestros documentos y nuestras explicaciones se dirigen a los que quieren entender, pero como los concienciados no pueden hacer nada realmente, salvo abaratar el precio de los productos a los que renuncian, los no concienciados nos aplauden, siguen consumiendo (a menor precio) y se ríen de nosotros a mandíbula batiente. ¿Hasta cuándo? Hasta el día en que  todo se vaya al demonio, por supuesto, pero ese día será para todos, los concienciados y los derrochadores.
Conclusión:    La conclusión es clara: cada vez que Europa, por ejemplo, aprueba una ley medioambiental restrictiva, China y la India declaran un día de fiesta nacional. Lo primero, porque los recursos que ellos consumen les saldrán más baratos, y lo segundo porque producir allí será más competitivo que hacerlo aquí, y los que se irán al paro serán nuestros hijos y no los suyos.Cada vez que una, cien o mil personas se conciencian del problema ambiental o de la finitud de  los recursos naturales, mejora el karma de la Tierra, nacen dos unicornios, y los druidas entonan cánticos de alabanza, pero no disminuye el consumo de energía, ni el de tierras raras, ni la emisión de CO2. No mejora nada a nivel global, ni se ahorra nada, ni se ensucia menos.La destrucción del capitalismo en Occidente no nos convertiría en monjes tibetanos. Y aun si lo lograra, dejaría espacio y oportunidad a los tibetanos para dejar de ser monjes. Los que proponen un nuevo sistema nunca dicen si ese sistema será para su pueblo, para su país, o lo impondrán a la fuerza a todos los demás mediante una cruzada verde, solidaria y de tartas de arándanos. Y si el nuevo sistema no es global, y simultáneo, no será un nuevo sistema: será una chorrada, una ocurrencia bienintencionada que los capitalistas alentarán con subvenciones, media hora en un programa de la tele y tres palmadas en la espalda.El desastre llegará en forma de colapso, o de lo que sea, y lo hará cuando tenga que llegar, pero nada nos librará de él. El nuevo sistema económico que se implora por ahí es la versión 2.0 de la Comunión der los Santos, un refrito laico de “todos somos hermanos y nos encontraremos en el reino de los cielos”, que al fin y al cabo es una idea de demostrada eficacia a la hora de atraer a las masas.  La utilidad de lo que escribimos está, a mi entender, en mostrar el camino para después del colapso, cuando ya existan suficientes incentivos que lleven a plantearse qué se puede hacer para que la cosa mejore, o no empeore más aún. Pero pasaremos por la estación del desastre antes de vislumbrar siquiera ese día. Será en diez años, en cien o en quinientos, pero pasaremos sin remedio.La razón por la que yo, personalmente, pienso seguir interesándome por el clima, los recursos finitos y el ritmo de extracción del petróleo es la misma por la que me intereso por el big bang, los agujeros negros y la nebulosa de Andrómeda: pura curiosidad o inquietud intelectual. Ni le veo utilidad práctica ni me creo capaz de cambiar nada.A nivel particular, anticipar la evolución de los acontecimientos puede ser de alguna utilidad, aunque en un caso como el presente signifique solamente la opción de cambiar de camarote en el Titanic.  A nivel global es tan útil como saber que en 2020 va a explotar el sol.Por eso, seguiré leyendo y escribiendo sobre el peak oil, sobre la riqueza de las vetas de metales, sobre la ley de rendimientos marginales decrecientes y sobre la incapacidad de los economistas para aceptar los límites del crecimiento y la finitud del mundo.    Por eso, seguiré pensando de los que me ofrezcan soluciones políticas, manifiestos anticapitalistas, soflamas contra el consumo y alternativas de un mundo con caramelos de fresa que son unos oportunistas arrimando el ascua a su sardina, con unos fines totalmente distintos de los que confiesan.     Nos iremos al carajo, sí, pero por mi parte no será con ellos. No en sus manos.
Javier Pérez
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Algunos apuntes sobre los Vehículos híbridos.

4 Setembre, 2014 - 20:59
Algunos apuntes sobre los Vehículos híbridos.Por Beamspot  Como se ha visto, casi todo lo aplicable a vehículos eléctricos es, al menos en parte, aplicable a los vehículos denominados híbridos. En el fondo, esto es debido a que un vehículo híbrido es en realidad un vehículo que mezcla dos tipos de propulsión. Más concretamente, en el ámbito que nos atañe y como ‘concepto popular’ (lejos del concepto real del diccionario), es la mezcla de propulsión eléctrica y motores térmicos.Dado que la metodología de control de ambos es muy dispar, y encima, se trata de conseguir objetivos muy diferentes, tenemos varias maneras de realizar la mezcla. Para empezar, están los sistemas Start&Stop, que en sí mismos, no tienen casi nada de híbridos, pero además de incluir esta tecnología en los híbridos, también es la base o punto de partida de los híbridos más sencillos, los llamados ‘mild hybrid’. Siguen a éstos, con un gran parecido, los híbridos paralelos, los mixtos (paralelo y serie), y los híbridos serie, también llamados ‘rango extendido’ o ‘range extended’. Este orden además va clasificado de menor a mayor potencia del motor eléctrico en la mezcla.Los primeros, llamados Stop&Start o Start&Stop [1], son coches con propulsión meramente térmica. La diferencia entre estos y los térmicos ‘normales’ es que el motor se para cuando llegan a un semáforo, volviendo a arrancar enseguida. Así pues, no se les puede considerar híbridos, pues no hay propulsión eléctrica.Sin embargo, no son iguales a los de siempre. La diferencia es que el alternador ahora está sustituido por un motoalternador, es decir, que tanto genera electricidad como que arranca al motor térmico cuando hace falta, si éste está ya caliente y en condiciones (en frío arranca con el motor de arranque clásico), hace ambas funciones.  Es por tanto, tan parecido como pueda parecer al motor de un eléctrico, hasta el punto que también suele ser trifásico, en bastantes casos de hasta 10KW (más que cualquier alternador), suele llevar un inverter, y es un buen banco de pruebas para otras cosas.El gran punto débil de este sistema suele ser que no sólo no ahorra combustible de manera acusada, si no que la batería de plomo suele tener la vida más corta, además de estar sobredimensionada. Más inconvenientes reales existen, aunque pasan desapercibidos. Uno de ellos es que la tensión de KL30, la de la batería, cae tanto cada vez que arranca que resetearía muchos de los elementos internos del vehículo. Eso obliga a encarecer y complicar toda la electrónica de a bordo para que puedan trabajar en condiciones de baja tensión, y/o da pie a nuevos elementos extra, buenos bancos de pruebas para experimentos varios, que además de pasar desapercibidos, sirven para coger experiencia y datos que de otra manera sería demasiado difícil, caro, complejo, peligroso en cuanto a percepción por parte del cliente, malo para las ventas, etc.Un ejemplo, es el i-Eloop de Mazda [2] (con el permiso de Apple de momento). Se trata de un sistema en el que se aprovecha la energía cinética en la frenada para recargar la batería principal a partir de un supercondensador que se encarga de absorber dicha energía de manera rápida, para luego entregarla de manera dosificada a todo el sistema eléctrico. De esta manera, se minimiza la cantidad de combustible usado para alimentar todo el sistema eléctrico.Otros sistemas similares se utilizan no tanto para recargar la batería del vehículo como para arrancar el motor térmico en las salidas de los semáforos sin abusar de la batería del vehículo y estabilizar la tensión de KL30 sin los típicos bajones que pueden llegar a resetear toda la (cada vez mayor) circuitería del coche y/o encarecerla para que pueda operar en condiciones más difíciles.Dado que todos estos extras no son o no forman parte de la transmisión ni de ningún elemento de seguridad, ni siquiera es necesario que funcionen siempre (hay muchos propietarios de coches con este sistema que lo deshabilitan por razones varias, especialmente, porque ‘da mala imagen, de mal conductor que lo cala’). Lo cual reduce su costo a la vez que desempeña un factor importante en la curva de aprendizaje de los fabricantes y ayuda a recoger datos sobre fiabilidad y funcionalidad de los supercondensadores en esta su primera aplicación comercial de gran volumen en el sector del automóvil.Los siguientes tipos de híbrido son aquellos que se llaman ‘mild hybrid’[3] o algo así como híbrido ‘flojainas’. En realidad son los primeros híbridos como tal que salieron al mercado, anteriores al mítico Prius. Son híbridos paralelos, donde el motor eléctrico no sólo arranca el motor térmico si no que empuja también al coche en los primeros metros, hasta velocidades muy bajas. Este tipo de motores suele ir asociado a coches pequeños, con esquemas de transmisión poco convencionales, como variadores o cambios automáticos. El ejemplo habitual es el Honda Insight [4], económico (alrededor de 20000€ todo, sin ayudas), con un motor eléctrico de sólo 10KW (13HP), y una batería de 100V. En este caso, el motor térmico está siempre funcionando cuando hay movimiento aunque se esté arrancando.El siguiente paso en la evolución, es poner un motor eléctrico un poco más poderoso, y permitir que el motor térmico esté parado para velocidades muy bajas, movimientos en sitios como párquines, atascos, semáforos y conducción en zonas urbanas residenciales/peatonales. De esta manera el vehículo usa más la energía eléctrica y gasta menos gasolina, pero impone un mayor motor eléctrico, mayor batería, cambio automático, y da más a cambio. Siendo esto una ‘simple’ evolución lógica del primer tipo de híbridos, el paso estaba cantado. El resultado es lo que se llama un híbrido paralelo [5] (los dos motores pueden funcionar a la vez, empujando al coche, o sólo uno), y el máximo exponente es el Toyota Prius [6], quizás el modelo de coche más usado como taxi en las grandes urbes de España. Aunque en realidad, el Prius no es exactamente un híbrido paralelo, técnicamente hablando, pero de facto, se puede considerar así.Los motores del InsightEl siguiente paso evolutivo, pasa por simplificar aún más la transmisión, compleja para el Prius, y de paso, simplificar la fabricación del vehículo. Ahí nace el concepto de hibrido paralelo ‘through the road’ (a través de la carretera), que se puede ejemplificar con el Peugeot 3008 Hybrid4 o el Volvo V60[7].El concepto es sencillo: cojamos un coche de serie con cambio automático, y, ya diseñado desde el principio con esto en mente, le cambiamos el puente trasero (con el motor térmico habitualmente en el puente delantero) al coche de serie no híbrido por uno que incluya el motor eléctrico. Cambiamos la rueda de repuesto en el maletero por un pack de baterías con la electrónica, y añadimos en el salpicadero algunos ‘gadgets’ para hacer bonito y de paso permitir algo más de control por parte del usuario: tracción a las cuatro ruedas, control automático, eléctrico puro, térmico puro, etc.La transmisión es la más sencilla: no existe a nivel mecánico, pues lo único en común que tienen ambos puentes es la carretera (de ahí de ‘a través de la carretera’). Y la construcción también: permite tener una línea de producción que puede fabricar coches híbridos y no híbridos a la vez, con poco gasto. Este concepto permite varios modelos diferentes con motorizaciones diferentes compartir la hibridación (o no). La flexibilidad en la fabricación y funcionamiento es evidente, con lo que cada vez hay más fabricantes que están optando por este tipo de sistema. Incluso los hay que en lugar de poner el motor eléctrico dentro del puente, lo ponen en las dos ruedas traseras, con el inverter doble en la antigua ubicación del motor eléctrico, y más espacio para baterías.Puente trasero del 3004 Hybrid4
El siguiente tipo de híbrido sin embargo, ya representa una ruptura con la evolución vista hacia ahora. De hecho, es el paso inverso: la evolución de los eléctricos hacia los térmicos. Mucha gente cree que los eléctricos tienen problemas de autonomía, así que los fabricantes lo que proponen, es poner un sistema de generación de electricidad a partir de gasolina, para aumentar el rango o autonomía. A este concepto, el de poner una alternadora dentro del coche que ya vislumbró en 1900 Ferdinand Porsche, ahora le dan el feo nombre de ‘range extender’[8].La transmisión del Ampera
El ejemplo por antonomasia es el Opel Ampera [9]. Una vez más, aunque en teoría se trataría de un híbrido serie (motor térmico que genera electricidad que a la vez es usada para la locomoción), los ingenieros de Opel lo han complicado de tal manera que en determinadas circunstancias (puntuales, muy ocasionales si es que se dan, en puertos de montaña muy abruptos y baterías muy vacías) pueda funcionar como térmico puro o híbrido paralelo.Ojo porque es en realidad el mismo esquema que se aplica a buques y grandes camiones de minería como el ya comentado en la primera entrada de esta serie.El Honda FCX a base de celda de combustible de hidrógeno en realidad es un auténtico híbrido serie. Otros fabricantes están trabajando en este tipo de soluciones, pero dado que no es un paso sencillo de dar al no ser una evolución directa y sencilla, este tipo de vehículos va para más largo, y probablemente serán adelantados por vehículos eléctricos puros en el mercado. El complejo porqué será objeto del análisis del próximo episodio. De momento, sin embargo, se va a analizar las ventajas y opciones de este tipo de vehículos respecto de los otros híbridos e incluso eléctricos puros, aunque básicamente desde un punto de vista más teórico que práctico, al haber pocos de éstos en el mercado, pero muchos en fase de concepto.La celda de combustible del FCX
La idea base es tener un vehículo eléctrico ‘puro’, con la tracción meramente eléctrica, una batería de una cierta capacidad, y un sistema capaz de generar electricidad de la forma más eficiente posible, a partir de algún elemento químico. Vale tanto el hidrógeno y las celdas de combustible como una alternadora, la clásica ‘burra’. Obviamente, el método de la alternadora, por ser más conocido, es el más habitual. Ahora sí, hay que maximizar la eficiencia, es decir, obtener el máximo de electricidad del combustible almacenado en el depósito.Los motores térmicos adolecen en realidad de problemas de elasticidad de funcionamiento. El rendimiento de los mismos varía mucho según el régimen o revoluciones en que trabaja. Éste rendimiento variable, especialmente malo a bajas revoluciones, es la razón por la cual hace falta un cambio de marchas, y merece ser estudiado con mayor detalle en una entrada propia donde el esfuerzo se haga en la dirección de rendimientos, en general, y donde se comparen todos para todos los casos. Para el punto en cuestión, es suficiente mencionar que el concepto de híbrido serie se basa en hacer funcionar el generador de electricidad en su punto óptimo, de mayor rendimiento y eficacia.Por tanto, el alternador se dimensiona o diseña para que esté trabajando siempre a las mismas revoluciones, sin cambio de marcha, en el punto de mayor rendimiento, para maximizar la cantidad de energía eléctrica obtenida,  o lo que es lo mismo, reducir el consumo de combustible al máximo, y con esto reducir emisiones y costos. Esto se consigue fácilmente si la tracción es puramente eléctrica, y la electricidad generada se dedica tanto a la tracción como a recargar las baterías con el excedente de energía eléctrica producida, que debe ser mayor que la consumida, obviamente.Quasiturbina
Pero los motores térmicos habituales son pesados, grandes, voluminosos, con ciertas complicaciones. No en vano el Opel Ampera, el más conocido de esta variante, pesa mucho.No es de extrañar pues, que algunas de las propuestas conceptuales se aparten del clásico motor de Otto o Diesel. El rango de motores con que se está trabajando es mucho más variado, desde la turbina a gasoil de Pinifarina[10] a generadores de Quasiturbinas[11] o Shockwave[12], pasando por las ineludibles celdas de combustible. Estas soluciones ocupan menos espacio, tienen menor peso, tienen menos requerimientos de refrigeración, con lo que los radiadores son más pequeños, y por ende hay mejoras aerodinámicas, y tienen rendimientos igualmente buenos, si no superiores, a un régimen de giro diferente, fijo, aunque tengan menos elasticidad, es decir, un rango de funcionamiento muy estrecho.Queda un ‘tipo de híbrido’ que en realidad no es tal, se trata más bien de una zona gris entre híbrido paralelo e híbrido serie, en el cual el sistema de transmisión es muy complicado, y se puede trabajar en ambos modos según sea la situación. Éste es en realidad el caso tanto del Prius como del Ampera. La realidad es que se trata más de modelos con algo se sobreingeinería para cubrir las espaldas de los fabricantes y los casos puntuales que se pueden dar aunque sean raros.Motores y transmisión del Prius
Hay aún otro ‘tipo’ de híbrido, que en este caso no es para nada un sistema nuevo o diferente. Pero se diferencia mucho a la hora de hablar de  él en el mercado, así como en ciertos ambientes. Se trata del híbrido enchufable [13]. El concepto es sencillo: la batería eléctrica se puede cargar en casa desde cualquier enchufe, y con ello, se pueden hacer varios Km a partir de electricidad del enchufe doméstico, lo cual supone que baja el precio por Km al consumidor. Lógico, de cajón.Entonces… ¿De dónde narices sacan la electricidad los híbridos no enchufables? La respuesta es relativamente sencilla, y está explicada hace ya algo de tiempo. Dado que las baterías de un Prius no aceptan más de 3KW de recarga, la energía eléctrica sale precisamente en parte de la frenada, aunque la mayoría de la energía cinética es disipada por los frenos. De hecho, la electricidad se genera nada más levantar el pie del acelerador, no de la frenada. También se aprovechan momentos en que el motor tiene que funcionar sí o sí, como es al arrancar, con el motor frío, que hay que calentarlo, y precisamente el hacerlo aprovechando para cargar la batería mejora el resultado así como el rendimiento.Es decir, los no enchufables obtienen la energía a base de reciclar la parte sobrante de la que se genera a partir de la gasolina o el diesel.  Los enchufables también pueden obtenerla de esta misma manera, como de hecho hacen, incluso con mayor eficiencia, puesto que al tener una batería más grande, permiten reciclar más (de hecho, sólo algo) energía de la frenada. Así pues, sólo hay dos diferencias entre los enchufables y los no enchufables: el tamaño de la batería, y el cargador a partir del enchufe. Lo cual implica un mayor precio. Unos 6000€ de diferencia entre los Prius enchufables y no enchufables.Sin embargo, hay que tener en cuenta algo muy significativo, precisamente translucido y medido a partir de un estudio de Toyota para estimar el ‘punto óptimo’ o la capacidad óptima de las baterías (en cuanto a Km de autonomía en sólo eléctrico). Se trata de la media de Km por viaje, según el número de viajes. El estudio determina que más de la mitad de viajes son de menos de 25Km. Y alrededor del 80% menor de 160Km (100 millas), aunque depende bastante del país, especialmente en las fracciones pequeñas, por ejemplo, los viajes por encima de 300Km no representan la misma pequeña fracción en Malta que en Estados Unidos.Este dato resulta crucial.Para entender la importancia de estos datos, pero, es necesario un cambio de mentalidad. Comúnmente, la gente tiende a ver el vaso medio lleno los optimistas, y medio vacío los pesimistas. Luego estamos los ingenieros, que vemos el vaso sobredimensionado.Aplicado a las baterías, vemos que unos las ven como escasas, cortas de autonomía (la mayoría: efectos de la publicidad), otros las ven como caras (pocos, básicamente los directivos de empresas de automoción, y los propietarios que tienen que reemplazarlas), y luego los ingenieros tenemos que optimizar, dimensionar las mismas.Por eso es importante saber hasta qué punto es más rentable una cosa o la otra. Es decir, si para hacer una vez en la vida 1000 Km del tirón, compramos un coche que cuesta 10 veces más, puede ser más rentable comprarse un coche con 300 Km de autonomía con sólo una décima parte del precio, y gastar otro poco en realizar ese viaje en avión, tren, barco, coche de alquiler… Este punto de vista es poco común, pero es el lugar de trabajo de los ingenieros. Y por ahí es por donde van los tiros.Si la mitad de los viajes en coche son de menos de 25Km en total, esto quiere decir varias cosas. La primera no pienso discutirla hoy, no sea cosa que se me acuse de (des)calificar a la audiencia. La segunda es que es un límite interesante para determinar el tamaño de la batería por lo bajo.Una batería que pueda mover el coche 25Km será más barata, sí o sí, que una que lo haga 50Km. Además, será más ligera, con lo que el coche pesará menos, y por tanto, más eficiente. También será más pequeña, con lo que habrá más espacio en el maletero. Lo cual puede implicar que con un coche que pueda funcionar como eléctrico puro con esta autonomía, y luego como híbrido a partir de esta distancia, igual tengo más ahorro total, contando el precio del coche, que si dimensiono el mismo coche para que tenga la autonomía de 50Km. Esta es precisamente la filosofía del Prius enchufable, la última versión que ha salido del mismo, más cara que el Prius no enchufable. 32000€ frente a 25000€, precios del 2011, donde unos 1000€ se ‘deben’ al cargador. La batería del no enchufable, de NiMH es bastante barata, unos 2000€, puesto que es mucho más sencilla, y pequeña (1.8KWh) frente a la batería de litio del enchufable, de 4.4KWh, mucho más sofisticada, se estima que estaría en unos caros 6000€. El resto es prácticamente igual (motores, inverter, transmisión).Hay que mencionar dos cosas importantes más: la mayoría de estos desplazamientos son urbanos, muchos en tráfico congestionado (ir y volver al trabajo, llevar los niños al cole, en hora punta, en ciudades relativamente grandes), donde precisamente luce el coche híbrido y eléctrico. La segunda cosa es que se hace necesario fomentar unos hábitos de conducción propicios para aprovechar al máximo las ventajas de los eléctricos e híbridos. Frenadas y acelerones suaves, velocidades bajas. Justo más o menos lo que pasa en los atascos o aglomeraciones de hora punta, o como dicen los anglosajones, ‘conducir como la abuela’[15].Otra manera de dimensionar las baterías, es comprobar hasta qué punto es más barato una alternadora que una batería más grande. Es decir, que tamaño de batería es óptimo para que el precio de meter un motor que genere la electricidad sea lo suficientemente interesante como para compensar a una batería más grande. Este punto es más controvertido, pues ya empieza a ser importante otro factor de peso. Literalmente, de peso. De ahí que se desarrollen alternativas para generar electricidad más ligeras, a ser posible, más pequeñas. Si encima son baratas, mejor que mejor, aunque no todo es el precio del producto acabado, hace falta valorar la inversión en líneas de producción, punto muy candente e importante, subvalorado, motivo de la siguiente entrada, pero que podemos citar así: hacer una generador con una turbina a gasoil seguramente será más barato, pequeño y eficiente que una alternadora con motor diesel clásico, pero la inversión y los posibles problemas desconocidos de una tecnología nueva es algo que generalmente asusta (y mucho) a los fabricantes de la automoción.Por supuesto, todo esto aplica a los híbridos serie, no a los paralelo. Estamos hablando de otra gama de vehículos, otro tipo, otra aproximación. El siguiente paso, el que queda, antes de los vehículos eléctricos puros. Evidentemente, todos estos vehículos son enchufables. Este terreno ya no es exclusivo del primero y más comentado de los Range Extenders, el Opel Ampera. BMW, por ejemplo, con el i3 también está en este segmento, y se esperan más (el i8, sin ir más lejos), a medida que la cosa vaya avanzando, pero es algo que va a tardar y será más lento en su implantación. Ya que se ha comentado el BMW i3, éste se ofrece como eléctrico puro o como híbrido serie con el ‘extra’ del alternador por unos 3000€ más (sobre unos 36000€ del eléctrico puro) [16].El porqué es precisamente un asunto de fabricación, como ya se ha comentado, con su propio intríngulis interno del sector de la automoción. Es el momento de pasar a la siguiente entrada.[1] – http://en.wikipedia.org/wiki/Start-stop_system [2] – http://www.mazda.com/technology/env/i-eloop/ [3] – http://en.wikipedia.org/wiki/Mild_hybrid [4] – http://en.wikipedia.org/wiki/Honda_Insight [5] – http://en.wikipedia.org/wiki/Parallel_hybrid#Parallel_hybrid [6] – http://en.wikipedia.org/wiki/Toyota_Prius [7] – http://www.volvocars.com/es/all-cars/volvo-v60/pages/hybrid.aspx [8] – http://en.wikipedia.org/wiki/Range_extender [9] –http://en.wikipedia.org/wiki/Chevrolet_Volt [10] – http://www.motorpasionfuturo.com/concept-car-y-prototipos/la-ultima-creacion-de-pininfarina-es-un-cupe-diesel-enchufable [11] – http://quasiturbine.promci.qc.ca/ [12] – http://en.wikipedia.org/wiki/Wave_disk_engine [13] – http://en.wikipedia.org/wiki/Plug-in_hybrid[14] – http://www.eleconomista.es/ecomotor/motor-ecologico/noticias/3472443/10/11/Estudiada-alternativa-a-los-coches-electricos.htmlhttp://www.hibridosyelectricos.com/articulo/mercado/toyota-presenta-los-resultados-del-proyecto-del-prius-hbrido-elctrico-enchufable/20111018094522002677.html [15] – http://blogs.elpais.com/coche-electrico/2013/04/prueba-del-toyota-prius-enchufable.html [16] – http://www.diariomotor.com/2013/07/22/bmw-i3-en-espana-desde-35-500-euros/
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Apuntes del coche eléctrico. Otros componentes.

1 Setembre, 2014 - 15:33
Apuntes del coche eléctrico. Otros componentes.
Por Beamspot

Quizás los tópicos más habituales de los vehículos eléctricos son el motor eléctrico propiamente dicho, así como las baterías, auténtico punto caliente cuando se habla de vehículos eléctricos, aunque hay muchos medios de transporte eléctricos que no utilizan baterías.Sin embargo, hay muchos elementos más a tener en cuenta cuando uno habla de vehículos eléctricos. Algunos ya se han mencionado, otros son intuitivamente evidentes, otros sin embargo apenas se conocen o sólo se deja entrever su utilidad en esta serie de escritos.Precisamente los elementos auxiliares y la electrónica interna del automóvil forman parte de la vida diaria del autor de estos soporíferos escritos, y no son escasos. Echarles una ojeada al menos da una idea de la complejidad del tema, así como algunos apuntes previos para la entrada posterior, que es precisamente uno de los puntos importantes y largamente olvidados en el asunto de estos textos, el de los fabricantes de automóviles.El primer (o primeros, a veces son dos) componente que hay que mencionar, reiteradamente pues ya se ha explicado su uso, es el sistema de supervisión de la batería. Se suele componer de dos partes: la de control de carga y  balanceo de tensiones [1], medidas de temperatura y control individual de las células, y la parte de control y supervisión general con medida de corriente (que entra y sale), todo bajo un mismo sistema de gestión de la batería, con capacidad para cortar ambos polos de la misma del mundo exterior.Se trata de un elemento electrónico no excesivamente complejo, con más o menos intríngulis (especialmente la medida de corriente), pero los algoritmos y las matemáticas que hay detrás, son las que determinan gran parte de las limitaciones del coche. Además, como ya se ha dicho, tiene un consumo que puede acabar por agotar las baterías al cabo de muchos meses, y parte de su funcionalidad, el balanceo de las celdas, provoca parte de las pérdidas de rendimiento del sistema de almacenamiento.En la lista de puntos importantes de cara a la seguridad, lo primero que se pone bajo la lupa. El Know-How del mismo es considerado uno de los secretos más importantes en la industria del sector, una de las claves estratégicas. No sólo se  trata de carga y control de energía que entra y sale, también se controlan las temperaturas y otros parámetros de seguridad.El segundo elemento en cuanto a importancia y evidencia, es el control de motor, el inverter [2]. Su función es la de generar tensiones alternas trifásicas a partir de la continua de la batería en la mayoría del tiempo, sin embargo, a la hora de frenar, su función es la inversa. Se trata de un elemento que requiere muchas matemáticas para su funcionamiento, con electrónica redundante, sistemas de seguridad, supervisión constante, y refrigeración líquida debido a la potencia que maneja con rendimientos, aunque elevados, por debajo del 98%. La termodinámica alcanza todas las áreas de la física, y éste es uno de los elementos que introduce pérdidas. No se trata de una parte barata, precisamente.También en este caso, las matemáticas son un factor importante. No hay tanta guerra de copyrights, pues muchas se basan en la transformada de Park y su inversa, así como en la transformada de Clarke  [3]. Matemáticas puras y duras, ejecutadas varios miles de veces por segundo, lo cual implica millones de cálculos con sus decimales (en coma flotante) por segundo, y por partida doble: dado que es un elemento de seguridad, se calculan los valores en dos procesadores, y luego un sistema de supervisión comprueba que los dos den lo mismo para dar los datos (y por ende, el sistema) por bueno. Es lo que se llama redundancia. Para eso hace falta cierto tipo de microcontroladores específicos de seguridad [4]. El tercer elemento, es el cargador. De hecho, los cargadores, en plural. Aunque la mayor parte de esta circuitería es interna, es decir, va dentro del coche, también hay casos en los que una parte va fuera. Tampoco es un elemento sencillo, también es una parte refrigerada por líquido, y si son diferentes circuitos es debido a que no hay un estándar de carga, si no varios.Dado que es otro elemento caro y sujeto a reglamentación por seguridad eléctrica, hay varios modos diferentes de carga.Por una parte, está el enchufe ‘de casa’, lo cual es posiblemente la parte más pequeña del cargador, totalmente integrada dentro del coche, puesto que la limitación en este caso, es la del contrato del propietario, la responsable de una parte de cuota fija de las facturas de la electricidad. Lo habitual en un contrato en España está entre 3 y 5KW para el uso doméstico, y por tanto no tiene sentido poner un cargador de más capacidad para tales funciones. Esto genera una carga lenta o muy lenta, de varias horas, y por tanto, con pocas pérdidas. El nivel de seguridad es el habitual doméstico. Se le llama ‘Nivel 1’.Sin embargo, si se pretende cargar el vehículo en unas instalaciones comerciales o industriales con potencias disponibles más elevadas, hace falta algo capaz de gestionar este tipo de cargas, sobre todo, si luego se va a facturar por ellas. Es entonces que salen unidades externas de carga. En realidad, tampoco son cargadores. Son gestores de potencia, para limitar la potencia entregada al vehículo en función de la potencia disponible. Por supuesto, están los que no tienen tarificación, para uso particular, y los que sí tienen, para uso comercial. Y nunca se incluye su precio en el vehículo.Hay dos variantes aplicables a este tipo, la de Nivel 2, de hasta 16 A, y la de Nivel 3, hasta 32 A [5]. Muchas veces se agrupan bajo la denominación Nivel 2. Todas de alterna, y todas con el control en la unidad externa. La funcionalidad es simplemente la de monitorizar en todo momento la potencia disponible para adecuar el suministro a las capacidades de la instalación, y así evitar posibles sobrecargas. También pueden utilizarse para parkings públicos o compartidos para evitar que personas no autorizadas utilicen la toma para otros vehículos.Estas unidades externas pueden ser de potencias relativamente modestas, del orden de los 5 a 19 KW, para cargas moderadas (del orden de dos a seis horas), que suelen trabajar con alterna, trifásica la mayoría de las veces, y la función real de la carga la hace un circuito interno del vehículo, y que para este orden de potencia, ya necesita refrigeración líquida, incurriendo en ciertas pérdidas mayores que en la carga lenta. A veces, este tipo de carga, también conlleva la activación del circuito de refrigeración de la batería, con lo que las pérdidas suben debido al uso del refrigerador.Pero también hay unidades externas de potencias elevadas para recargas rápidas [6]. En estos casos, estos circuitos suministran potencias de más de 20KW, alcanzando los 62.5KW, en tensiones continuas de hasta 500V o más, con niveles de seguridad elevados, comunicación entre la unidad externa y la interna del vehículo, y otras capacidades, como el uso inverso: alimentar la red eléctrica a partir de la batería.Este tipo de cargadores de Nivel 4 (aunque en la literatura se catalogan a veces como Nivel 3) son los encargados de las recargas rápida, y en realidad, el cargador está en la parte de fuera, con su propio sistema de refrigeración. En estos casos, además, también se activa el sistema de refrigeración de las baterías, pues para cargas rápidas es absolutamente necesario, aunque el vehículo se recargue a temperaturas bajo cero. Los rendimientos caen en picado en estas circunstancias, motivo por el cual hace falta refrigeración. Además, el estrés eléctrico de las baterías es elevado, acortando la vida útil de las mismas en caso de abuso de la recarga rápida, debido al calor generado, entre otros motivos de envejecimiento.Para cada uno de los casos, hay diferentes estándares de conector. El último se ha tomado de la más avanzada infraestructura japonesa, y se llama CHAdeMO [7], aunque hay otras variantes, y no todos los fabricantes, como Tesla, se adhieren a este estándar de facto. De hecho, Tesla utiliza su propio estándar de hasta 120KW, ya que sus vehículos tienen autonomías más elevadas que el resto. Lo que está claro, es que hace falta un control de la carga por parte del vehículo en estas circunstancias, pues es la unidad de control y supervisión de la batería la que determina en todo momento la carga que ésta es capaz de aceptar. Y eso implica un estándar de comunicación para que este cargador externo se adapte a las necesidades del coche y su batería en cada momento. Esta comunicación pasa invariablemente por añadir pines a un conector con grandes terminales de corriente, y algunos pequeños destinados a la comunicación. Así pues, con los estándares y protocolos de comunicación hemos topado.Otro de los puntos poco vistos y habitualmente obviados muy intencionadamente de las discusiones sobre vehículos eléctricos, es toda la cacharrería auxiliar. Los coches modernos están rellenos de equipamiento como pavos el día de acción de gracias. Electrónica muy sofisticada para hacerlos más llamativos y añadir argumentos de venta, empezando por el obligatorio salpicadero, pasando por el infotainment, navegadores, Head Up Displays, ABS, elevalunas eléctrico, lunetas térmicas, climatización multizona, asientos eyectables, lanzadores de misiles y el supernecesario rayo láser. Y luces, muchas luces.Todo este equipamiento va alimentado eléctricamente, por supuesto. Incluso dos elementos que en los coches térmicos no lo están, como son la dirección asistida (que las hay eléctricas en coches térmicos, nada nuevo), y el servofreno.Casi todos estos añadidos van alimentados a los habituales 12 V de la batería. Algunos se controlan directamente, otros con el contacto, otros no. La climatización, en un vehículo eléctrico, no funciona a partir de los 12V de la batería, si no directamente de la batería principal. Al fin y al cabo, mantener ésta en óptimas condiciones térmicas es un asunto de importancia máxima, de seguridad, y pasa por encima del conductor y su voluntad.Así pues, hay un elemento necesario en estos vehículos, para pasar energía eléctrica de la batería principal de alta tensión (High Voltage o HV) al circuito de baja tensión, comúnmente conocido en el sector como KL30 (Klemme en alemán, Clamp en inglés). El número es el identificativo de cierta borna, estandarizado a nivel internacional. KL30 es la borna positiva de la batería de los coches normales, los 12V (que en realidad están entre 13 y 15). KL31 es la borna negativa, habitualmente el chasis o la carrocería metálica. KL15 es el contacto.Dado que por ley, las líneas de HV no pueden estar en contacto eléctrico con ninguna de las KL mencionadas, hace falta un aislamiento galvánico entre estas. Eso implica volumen, peso, y ‘bajo’ rendimiento (80 – 95%) en un aparato conocido como conversor DC/DC. Su función es pasar la tensión continua de la batería principal a la tensión continua de la red secundaria [8].Y aquí se vuelve a liar la cosa. Volvemos otra vez a las pérdidas por resistencia eléctrica, como se comentó en las primeras entradas de esta serie.En la red secundaria hay algunos elementos de potencia que consumen mucha corriente: luces (55W cada bombilla de los faros delanteros), lunetas térmicas (150W la trasera, menos los retrovisores, entre 100 y 300 el parabrisas que lo llevan), asientos calefactables, motores varios (ventiladores del sistema de climatización, retrovisores ajustables, puertas que se abren y cierran), limpiaparabrisas, elevalunas eléctricos, mechero, ventiladores del radiador, aunque en eléctricos puros son pequeños, bombas de circulación del líquido refrigerante, servofreno, dirección asistida, asientos ajustables eléctricamente, etc.Los requerimientos de potencia en la línea de KL30 suelen estar en el orden de 1,5 a 3,5 KW de potencia (hasta 300 A a 14V), más o menos del mismo orden que los sistemas de aire acondicionado, que pueden llegar a 4,5 KW en vehículos grandes.Estas condiciones implican pérdidas grandes, pues volvemos a  trabajar con corrientes similares a las requeridas para el motor principal, del orden de los 300 A. Pero en estos casos, las pérdidas son mucho más representativas, pues puede ser un % muy elevado debido a la baja tensión.Así pues, hace ya varias décadas, los grandes fabricantes empezaron a trabajar en alternativas, y se encaminó bastante una solución a tensiones más elevadas, del orden de 42 a 48V [9]. Ese camino se cerró debido a los inconvenientes de la migración y a que la irrupción en Japón de los híbridos cambió el panorama. Máxime con la aparición de la chapuza esta que llaman Start&Stop.Dado los apaños y problemas de este último invento, muchos, múltiples, variados, y sobre todo, costosos, se ha retomado el asunto de las tensiones elevadas para KL30.Como de costumbre, los que llevan la batuta son una vez más, los teutones. Y éstos están trabajando con tensiones de 48V para reducir las pérdidas y los problemas en diferentes apartados de elevado consumo, especialmente para los sistemas Start&Stop, que también se utilizan en los híbridos.A esta línea se apuntaría todo aquello que requiere un consumo elevado: motores y suplementos térmicos. La electrónica de a bordo quedaría generalmente excluida, aunque no se descarta. Esto nos deja el panorama nuevamente dibujado con más conversores DC/DC, para dar soporte a dos líneas de alimentación (48V y la clásica KL30).Pero no se vayan todavía, que aún hay más. Si, si, no nos basta con una batería de 48V para arrancar el diesel del híbrido o para encender las luces o para la luneta térmica, no. Hay que añadir la seguridad de a bordo. Es obvio que si un vehículo eléctrico se queda sin batería por múltiples razones, pongamos por ejemplo, porque ésta ya no tiene carga debido a que no la hemos recargado, o a que ha envejecido, el vehículo no nos debe dejar tirados en medio de la carretera, sin frenos, sin dirección.Así puestos, la dirección asistida, así como los servofrenos, deben tener su propio circuito de seguridad. Y eso pasa por trabajar a tensiones bajas, puesto que los contactores de la batería HV pueden fallar, es más, se deben asegurar que en caso de avería, se corta el suministro de HV. Pero no se puede cortar la alimentación al servofreno, ni a la dirección asistida, que deben contar con un sistema alternativo de alimentación de seguridad, que bien puede ser la batería de 48V.Pero es que el servofreno [10], además, es complicado si queremos aprovechar una frenada para regenerar la carga en las baterías. Debe ser capaz de aplicar frenada regenerativa en la cantidad que la batería HV acepte, y si es necesario frenar más fuerte, entonces debe añadir la cantidad necesaria de freno ‘normal’ (de tambor o de disco, vamos). Incluso en una misma frenada, con la batería vacía derivará la máxima energía a recargar la batería probablemente sin necesidad de activar el freno normal, pero con la batería llena, la debe hacer toda con el freno normal, aunque el conductor no note la diferencia.Y frenar con los discos o frenos de tambor, requiere bastante energía. Para hacer una prueba, basta con frenar un coche térmico con el motor parado. Especialmente si es un diesel grande. Y entonces, hay que arrancar el motor. Se nota exageradamente cómo el pedal del freno se hunde, como el vehículo se frena más (se nota especialmente en una cuesta abajo) con menos presión. Eso se debe a que el servofreno sólo actúa con el motor encendido. Pero si no hay motor encendido (un eléctrico o un híbrido, ojo), entonces este servo lo debe aplicar el sistema de frenado, con su consumo correspondiente.¿Sencillo? Pues compliquémoslo. Pongamos dos o tres o cuatro motores, cada uno con su inverter. Esto tiene ciertas ventajas: se pueden poner los motores dentro de las mismas ruedas, con lo que el espacio ocupado es mínimo. Al ser estos motores de menor potencia, el rendimiento generalmente tiende a subir ligeramente. Y lo mejor de todo: tenemos control absoluto sobre cada rueda. Es decir, tenemos la capacidad de controlar totalmente lo que tracciona y/o frena cada rueda. Esta es exactamente la base de los controles de estabilidad [11], aunque los actuales están limitados sólo a controlar las potencias de frenado, e indirectamente, la capacidad de tracción en las ruedas motrices frenándolas, si bien generalmente el control de estabilidad actúa sobre todo en frenadas.Ahora, el control puede ser mucho más amplio y aplicarse también con mejores efectos en pavimentos muy deslizantes para la tracción, por ejemplo, sobre nieve, hielo, grava. En los países nórdicos, justo donde las baterías duran más, esto puede llegar a ser de la máxima importancia.Sin embargo, ahora ya no sólo tenemos un inverter que responde a los pedales de acelerador y freno, si no que hace falta alguien que reparta las órdenes de aceleración/frenado a cada rueda independientemente, a partir no sólo de los pedales, sino también de los sensores de rotación de las ruedas (los que usa el ABS, y que en un vehículo eléctrico viene con el motor pues es básico para que el inverter funcione con el máximo de rendimiento) y de los amortiguadores para el ESP. Es decir, hace falta otra unidad de control especializada en ABS/ESP que haga las veces de diferencial (o diferenciales) electrónicos.Este aparato en concreto además de ir por duplicado como pasa con los inverters (y los ABS), tiene que trabajar con algo más complejo que las transformadas geométricas de Park: trabaja con los filtros de Kalman [12], Wiener-Kolmogorov [13], sistemas de control H2 o H-infinito [14]. Más  mates, más complejidad, todo en tiempo real.Volviendo a la realidad más habitual, dejando de lado las complicaciones matemáticas, hay algunos puntos todavía por atar en los vehículos eléctricos puros: el subsistema de seguridad o de respaldo, basado en una batería extra, de baja tensión, con todo lo necesario para mantener el funcionamiento de seguridad del vehículo en caso de emergencia, tal y cómo se ha comentado antes, son la electrónica de supervisión necesaria (control de la batería, conversor DC-DC, dirección y freno asistido, algún sistema de indicación), y sobre todo, el método o sistema de detección de problemas.Éste es un añadido a todos los sistemas que integran el vehículo y que forman parte de la cadena de HV del mismo, y consta de partes físicas o Hardware, y partes lógicas o Software (HW, SW respectivamente). Hemos visto algunas de las partes SW: el sistema redundante con procesadores dobles y supervisión de los resultados, por ejemplo, el sistema de monitorización de las baterías, los contactores internos del pack de baterías, el ABS/ESP.Pero hay una parte HW muy importante, también repartida por todas partes hasta extremos curiosos, pero no por ello innecesarios. Uno de los clásicos es el llamado Interlock [15]. Un cablecito que está integrado en todos los cables grandes de HV del vehículo, que pasa por el pack de baterías, el inverter, el motor, el aire acondicionado y que sirve para detectar si alguno de estos cables se corta o alguno de los elementos se desconecta, como por ejemplo, cuando se cambia de batería.Una ruptura de la continuidad eléctrica en el cable implica que se debe cortar el suministro de HV en toda la circuitería, no sea cosa que alguno de los cables de HV proporcionase energía fuera de los parámetros establecidos, es decir, que hubiese un cruce, cortocircuito, y alguien o algo resultase dañado,  por ejemplo por electrocución, o que se iniciase un incendio. Este es uno de los sistemas de detección de accidente y supervisa uno de los parámetros bajo los cuales se debe cortar este suministro eléctrico. Hay más, como por ejemplo el sistema del Airbag.Hemos hablado de coches eléctricos, pero no de otra variante muy relacionada: los híbridos. En el fondo, es mezclar los dos tipos de motores, el ‘convencional’ de combustión interna, más uno (o varios) eléctrico, con un sistema de acumulación de energía eléctrica, y algo para gestionar dichos motores.Por la extensión de todo lo relacionado con los híbridos, vamos a dejar estos para más tarde. Sin embargo, el punto final en esta entrada debe incluir a éstos en las implicaciones que conlleva todo lo relacionado con cualquier vehículo eléctrico o híbrido: aún más electrónica para controlar qué motor y cómo funciona el vehículo en cada momento, también algunos extras como el control manual de tracción para seleccionar el modo de funcionamiento, por ejemplo, de un 3008 Hybrid4. Es decir, más complejidad aún.Hasta aquí una aburrida colección de extras y ‘gadgets’ asociados con el vehículo eléctrico y el híbrido. Una completa y pesada imagen de lo que implica semejante cambio de paradigma que refleja los recovecos y las complejidades a las que se enfrenta este nuevo tipo de motorización. Pero aparte de aburrir, hay que ver ciertas vertientes poco conocidas, muy relacionadas, y que significan un cambio de tercio en este texto bastante importante.Veamos. Supongamos que el motor eléctrico tenga una capacidad para ser fabricado correctamente y bien a la primera (en el mundillo, First Pass Yeld, FPY para los amigos, que significa ‘pasa a la primera’) del 99%. La posibilidad de que no pase, a nivel matemático, se expresa en tanto por uno, o 0.99 [16].Si suponemos que el inverter asociado tiene una FPY del 98%, el resultado combinado de unir ambos en un vehículo, es del 0.99 * 0.98 = 0.9701 o 97.02% de FPY.En breve: cuanto más chismes metamos, es decir, a más complejidad, más piezas malas y problemas vamos a tener.En la industria electrónica, lo habitual de un aparato electrónico está alrededor del 99%, aceptando un mínimo del 98%, y siendo malo cualquier cosa por debajo del 97%. Crítico o pésimo si no llega al 95%, que muchas veces genera gabinetes de crisis. Con esto en mente, los fabricantes prueban todo lo que fabrican, miran de reparar lo que pueden, y si consiguen sacar un 99% o más de piezas que fabrican sin problemas, entonces fenomenal. Así calculan para la producción y para tener beneficios, márgenes de 97% mínimo, cargando el 3% más al coste de producto bueno vendido el importe de lo que no da bueno a la primera, de las reparaciones o retrabajos, y del rechazo o scrap.Dado que las baterías, así como otros elementos, especialmente en sus primeras etapas en que suelen ser más complicados, tienen posibilidades de fallo peores del 98%, el precio sube correspondientemente. Por tanto, que sólo salga, pongamos, el 80% de lo que se produce, el resultado es la quiebra, la bancarrota. Todo lo que baje del 97% final es un problema para el fabricante de primera magnitud.En resumen de todo este largo texto: los vehículos eléctricos tienen que ser más caros porque son más complejos, tienen más piezas que pueden fallar, más mínimos de Liebig, más problemas de fabricación, más inversión, más complejidad, que redundan en una menor vida útil, menor rendimiento, menor fiabilidad, menor autonomía (fruto de minimizar baterías y reducir rendimiento), y en general, más problemas, y éstos más fatales. Aunque tengan menos mantenimiento, éste suele pasar por cambiar piezas caras (como las baterías), sin posibilidad real de reparación.Ahora supongamos que hacemos un pack de baterías con cien celdas (360V, algo habitual) con un FPY del 99% unitario. Las baterías no son el elemento más fiable, y obtener un 99% de celdas en el mercado que sean buenas al final del primer mes de funcionamiento, es algo bueno. Si calculamos el resultado para el pack completo es de 0.99100 = 0.366 o 36.6%. ¿Lo subimos a 200 celdas?[1] - http://en.wikipedia.org/wiki/Battery_balancing [2] - http://en.wikipedia.org/wiki/Variable-frequency_drive [3] - http://en.wikipedia.org/wiki/Vector_control_%28motor%29 [4] - http://www.infineon.com/cms/en/product/microcontroller/32-bit-tricore-tm-microcontroller/aurix-tm-family/channel.html?channel=db3a30433727a44301372b2eefbb48d9  [5] - http://cleantechnica.com/2013/05/09/bosch-introduces-sub-450-level-2-car-charger/ [6] - http://en.wikipedia.org/wiki/Charging_station [7] - http://en.wikipedia.org/wiki/CHAdeMO  [8] - http://en.wikipedia.org/wiki/Forward_converter  [9] - http://en.wikipedia.org/wiki/42V  [10] - http://es.wikipedia.org/wiki/Servofreno [11] - http://en.wikipedia.org/wiki/Electronic_stability_control  [12] - http://en.wikipedia.org/wiki/Kalman_filter  [13] - http://en.wikipedia.org/wiki/Wiener_filter[14] - http://en.wikipedia.org/wiki/H_infinity[15] - http://en.wikipedia.org/wiki/Interlock[16] - http://en.wikipedia.org/wiki/FPY
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Renovables y capitalismo

28 Agost, 2014 - 12:28


Queridos lectores,

Dada la complejidad y extensión del post de hoy, he creído oportuno estructurarlo en cuatro partes para facilitar su lectura, a saber: Introducción, energía y capitalismo, el papel de las renovables, y conclusión.

Comencemos por el principio.

Introducción
La crisis energética ha comenzado ya; no es una cosa que vaya a pasar en un futuro incierto, sino que es algo que se está desarrollando ya. El petróleo crudo convencional ya está escaseando, como reconoce hasta la Agencia Internacional de la Energía. Los malos sucedáneos de petróleo (lo que incluye la burbuja del fracking, los petróleos extrapesados, los biocombustibles, etc) con los que estamos disimulando la caída del crudo están a punto de empezar a retroceder también, debido a que las grandes compañías petroleras están ya desinvirtiendo en tan ruinosos proyectos. Muchos países que dependían de sus exportaciones de petróleo para mantener presupuestos desequilibrados están colapsando, creando una generalizada inestabilidad geopolítica que conduce a revueltas y a guerras, síntomas de un estado global cada vez más caótico. Se multiplican los síntomas que apuntan a una recesión global, mientras un año más el mundo está consumiendo más líquidos del petróleo de los que produce, tirando de los almacenes en un desesperado intento de hacer creer que todo sigue igual cuando en realidad el mundo cambió hace ya casi un década.


La separación entre consumo (línea negra) y producción (curva sombreada en gris) pasado de los excedentes de los años 70 y principios de los 80 a un déficit que cada año es mayor, siendo especialmente significativo en la última década.

No es sólo el petróleo: el cenit del uranio no está tan lejano y algunos estudios apuntan a que el uranio podría ser el segundo combustible no renovable en llegar a su máximo productivo y empezar a declinar, tan pronto como 2015, es decir, el año que viene. Las perspectivas para el gas natural no son mucho mejores: su cenit se sigue esperando hacia 2020, incluso contando con el shale gas. Y en cuando el carbón, aunque su declive sea más lento, también se espera que su producción llegue a su máximo entre 2020 y 2030. Como explico en las charlas, de acuerdo con el Energy Watch Group se espera que el pico conjunto de estas cuatro materias primas energética no renovables, que representan el 92% de toda la energía primaria consumida en el mundo, se produzca hacia 2018. 

Dada la gravedad de lo que estamos discutiendo, que al final no sea el 2018 sino el 2020 o aún el 2025 es completamente irrelevante, aunque me temo que hasta que no se constate el pico productivo seguiremos perdiendo tiempo en intentar acertar la fecha exacta del comienzo del declive. En realidad no hay un gran motivo para el optimismo, puesto que la explotación del resto de materias primas requiere de grandes cantidades de petróleo, con lo que nuestro futuro estará fuertemente condicionado por la disponibilidad del hidrocarburo que impulsa la mayoría de nuestra maquinaria. Encima, el grado (concentración de mineral) de la mayoría de las vetas de los metales que explotamos está decayendo rapidísimamente. Tomemos, por ejemplo, el oro. SRSrocco report nos ofrece esta gráfica sobre el grado promedio de las minas de oro que explotan las cinco mayores compañías del sector:



Lo grave no es que hoy en día se esté extrayendo sólo 1,20 gramos de oro por cada tonelada procesada, o que la concentración haya caído un 29% en ocho años; lo verdaderamente grave, como nos muestran en esta otra gráfica, es que lógicamente el consumo de combustible para extraer este oro se ha disparado:




No sólo está pasando con el oro; pasa con el cobre y con tantos otros minerales estratégicos. No sólo es la cuestión financiera: es que las vetas son cada vez de menor riqueza, de menor grado. Y por tanto su explotación también requiere cada vez más energía.

Es por tanto lógico el creciente interés por el problema energético, porque es un problema actual, que se está agravando bastante deprisa y que está llevando a peligrosas derivas. Encima, es la causa no reconocida por la que esta crisis no acabará nunca. Necesitamos conseguir más energía y la necesitamos ya, si nuestro sistema económico y financiero tiene que sobrevivir.


Energía y capitalismo
Como ya hemos explicado muchas veces, el capitalismo es un sistema económico que, entre otras características, tiene la de necesitar el crecimiento indefinido, so pena de entrar en una espiral de destrucción económica. La mayoría de las crisis hasta ahora han sido crisis de demanda: la demanda de los consumidores no podía subir tan rápido como la oferta del sistema productivo, la cual había aumentado excesivamente (sobrecapacidad) porque se había invertido demasiado, pensando en unas expectativas de crecimiento del consumo no realistas. Sería el caso, por ejemplo, de la burbuja inmobiliaria cuyos efectos en España aún estamos padeciendo. Sin embargo, estamos ya adentrándonos en un nuevo tipo de crisis, que por lo poco frecuente que es no somos capaces de reconocer, entre otras cosas porque nos obligaría a revisar todas las políticas económicas: es la crisis de oferta. El problema no se origina porque el consumo no puede seguir a la oferta, sino porque la oferta no puede incrementarse por problemas concretos. Yendo a nuestro caso particular, la crisis de oferta se produce por tener una cantidad insuficiente - para crecer - de determinados tipos de energía difícilmente sustituibles por algún otro tipo disponible y más abundante; más concretamente, esta fuente difícil de sustituir y que no crece como nuestro sistema económico es el petróleo. Las crisis de oferta normalmente cursan bajo la forma de sucesivas oleadas recesivas seguidas de periodos de estanflación - y éste es probablemente el curso que estamos siguiendo ahora mismo, como se confirmaría si finalmente se cumplen los peores presagios de que hacia finales de este año o principios del año que viene se va a producir una nueva oleada recesiva a escala global.

Contrariamente a lo que piensa la mayoría de los economistas mainstream, la energía no es una mercancía más, sino la precursora de la actividad económica, y siempre lo ha sido. Es fácil de entender por qué: energía es la capacidad de hacer trabajo útil (propiamente, tendríamos que hablar de exergía aquí). Con ese trabajo útil que nos proporciona el consumo de energía de fuentes diversas podemos producir bienes y servicios, que son el sustento de la actividad económica. En las sociedades neolíticas, la energía la proporcionaban los alimentos y las máquinas encargadas de transformarla en trabajo útil eran los músculos, primero humanos y luego animales. A medida que la civilización fue progresando, se fueron incorporando nuevas fuentes de energía, cada vez más exosomáticas (=de fuera del cuerpo) y cada vez más potentes, hasta el punto de que en la actualidad el peso económico de la energía endosomática (=de dentro del cuerpo) es prácticamente despreciable en el conjunto de la producción mundial de bienes y servicios, tan grandioso como es ahora.

La llegada del capitalismo introduce un incentivo sin precedentes a la producción. No es que el capitalismo sea per se productivista, pero la necesidad de retribuir al capital por el simple hecho de ser (el interés asociado a cualquier préstamo) lleva a su crecimiento exponencial. Por supuesto no todos los préstamos llegan a buen puerto y en algunos casos se pierden intereses y a veces hasta parte o todo el principal (capital prestado), pero a pesar de ello el conjunto del capital se va expandiendo y a un ritmo que aunque menor que el del interés sigue siendo exponencial.

El gran desafío del capital desde las postrimerías del siglo XX y los albores del siglo XXI es encontrar suficientes oportunidades de inversión para continuar expandiéndose, como necesita dentro de nuestro sistema económico. En un mundo donde los recursos naturales están comprometidos (como hemos explicado en la introducción), donde las externalidades (costos de la actividad industrial que no se contabilizan, que se endosan a otro) ambientales son cada vez más graves, y donde la población ya no puede crecer mucho más, se busca y se rebusca incluso en la basura negocios cada vez más dudosos donde invertir. Es en parte por eso que se ha hinchado la burbuja del fracking, cuyo estallido probablemente coincidirá con (y quién sabe si la causará) la próxima oleada recesiva en ciernes; y es por esta desesperante falta de crear nuevas oportunidades de inversión que se reedita la enésima burbuja inmobiliaria global, con los previsibles y reiterados funestos resultados. 

El mundo está ya lleno y no puede expandirse más, no tiene base material para crecer en un nuevo ciclo expansivo. Si tuviéramos un suministro muy barato y prácticamente ilimitado de materiales aún podríamos crecer, poniendo a punto sistemas de captación de energía renovable que ahora mismo no son rentables por su baja TRE. Y si tuviéramos un suministro muy barato y prácticamente ilimitado de energía podríamos extraer materiales en menas de baja concentración o incluso sintetizar fibra de carbono y otros compuestos a partir del aire. Así que en un mundo donde las oportunidades de inversión escasean, disponer de abundantes materiales o abundante energía permitirían recomenzar la expansión que el capital necesita.

El papel de las renovables
Cuando se discute el papel de las fuentes de energía renovables en el futuro que nos espera, teniendo en cuenta la necesidad de ir abandonando las energías fósiles y el uranio que ya están en fase de retroceso o a punto de comenzarla, se suele uno encontrar un determinado tipo de argumentos, que justifican la pobre expansión de las renovables debido a un cierto acoso del lobby del petróleo o de las eléctricas tradicionales, las cuales según ellos tienen miedo a la expansión de la energía renovable porque pondrían en peligro su negocio tradicional.

El argumento de la persecución por parte de un poderoso y peligroso lobby criminal es atractiva porque bebe sus raíces de la narrativa mitológica heroica. Sin embargo, resulta bastante inverosímil, teniendo en cuenta el modus operandi habitual de las grandes compañías. Históricamente, nunca se ha descartado una fuente de energía por la irrupción de otra nueva fuente (ni tan siquiera se ha descartado la fuerza humana, usada aún como fuerza más o menos esclavizada en tantas sweat factories en el Lejano Oriente). Al carbón con el que comienza la Primera Revolución Industrial se le han ido añadiendo el petróleo, la hidroelectricidad, el gas natural y el uranio, y salvo en el caso de éste último (probablemente por culpa del accidente de Fukushima en 2011) las curvas de consumo han tenido siempre una tendencia creciente con pequeñas oscilaciones en torno a ella.
Datos elaborados con los BP Statistical Review, compilados en Flujos de Energía

La velocidad del ascenso en consumo de materias primas energéticas no siempre ha sido la misma, sino que tienen casuísticas particulares; por ejemplo el carbón se estancó claramente en la década de los 90 del siglo XX, para después re-arrancar con fuerza con el ascenso de la China primero y con la escasez de petróleo después. En todo caso, lo que se observa es una apilación de fuentes, no una sustitución. La energía es el motor de la economía y por eso mismo desde el comienzo del capitalismo siempre se ha consumido más y más.

Y justamente en este momento en que el petróleo comienza a escasear, justo en este momento que el consumo de energía per capita disminuye incluso en los EE.UU. (como ilustra la siguiente gráfica de Gail Tverberg),



justo en este momento ¿tendría algún sentido boicotear la implantación de nuevas fuentes de energía?

En realidad las grandes compañías del sector lo que siempre han hecho es irse diversificando; de hecho, la mayoría de las grandes compañías del petróleo tienen intereses en el sector nuclear y en el renovable. Un inversor inteligente nunca pone todos los huevos en las misma cesta, y dado que la energía tiene tanto valor económico es mucho más sensato integrar las nuevas fuentes que aparezcan (igual que se hizo con las anteriores) en vez de intentar arrinconarlas. Con más energía se pueden crear más productos y seguir la fiesta del crecimiento eterno. ¿Por qué, pues, arrinconar las fuentes renovables? Algunos dicen que porque el acceso a las mismas es más democrático y las grandes compañías pierden su hegemonía, pero eso no tiene demasiado sentido. Montar una gran instalación renovable requiere de demasiado capital inicial y eso supone una barrera de entrada para iniciativas demasiado populares; además, siempre se puede conseguir que el legislador regule de modo tal que las grandes compañías se apropien del pastel. Y si bien eso es algo parecido a lo que pasa en España, en el resto del mundo a la energía eólica y fotovoltaica no les va demasiado bien. Fíjense como la energía hidráulica, también renovable, fue integrada sin problemas desde el principio; y si creen que las otras renovables son más "democráticas", deberían pensar que la eólica requiere unas instalaciones también grandiosas y no al alcance de cualquiera. Queda la cuestión de la fotovoltaica, cuyos problemas no son privativos de España, como muestra el siguiente gráfico.

Fuente: EPIA. GLOBAL MARKET OUTLOOK FOR PHOTOVOLTAICS 2014-2018, página 21. Gráfica cortesía de Pedro Prieto.

Aparte de los ataques a la generación renovable en España, se está produciendo un fenómeno de desinversión a nivel de toda Europa, especialmente notable en Italia y Alemania. La fotovoltaica es especialmente difícil de rentabilizar, debido a su baja TRE, incluso en instalaciones domésticas, y después del entusiasmo de hace unos años se está abandonando, incluso en países donde no está perseguida legalmente. El caso de Alemania es particularmente curioso, porque se insiste mucho en ciertos foros en el gran éxito que está suponiendo la Energiewende en ese país, cuando la prometida transición no parece estar teniendo efectivamente lugar. Dejando de lado las críticas (a veces interesadas) al encarecimiento de la electricidad en Alemania, lo cierto es que Alemania se está apoyando cada vez más en el carbón, no en las renovables, para generar electricidad, como ilustra el siguiente gráfico: el 46% de toda la electricidad generada en Alemania proviene de quemar carbón. De hecho, en cifras absolutas la fuente de energía cuyo consumo está creciendo más en Alemania es el carbón (una trampa habitual es presentar las cifras relativas del crecimiento renovable, que son altísimas porque parten de cifras absolutas muy bajas; el carbón, con crecimientos percentuales más modestos, es sin embargo la energía cuyo consumo crece más en el país teutón).

Gráfico tomado del blog "The Automatic Earth", http://www.theautomaticearth.com/debt-rattle-aug-21-2014-oil-solar-dollars-and-fairy-tales/Y no se está quemando carbón de la mejor calidad: el que más se quema es lignito local, que es barato pero mucho más contaminante y productor de CO2 que otras variedades, simplemente porque los carbones nacionales de mayor calidad ya no están disponibles (el pico del carbón, nuevamente). Alemania no está sustituyendo la nuclear por renovables, sino por carbón del más sucio. ¿Por qué? Porque económicamente es más rentable, porque las energías renovables que se intentan implantar masivamente hoy en día (es decir, la fotovoltaica y la eólica) tienen muchísimas limitaciones que hemos discutido hasta la náusea en este blog (he creado un nuevo post con los enlaces a los artículos pertinentes) y esas limitaciones se manifiestan económicamente en forma de baja rentabilidad.


Y aquí está la clave de los problemas de la implantación renovable. No es un problema de persecución de las renovables por las petroleras o eléctricas malvadas. Pensar eso es una actitud infantil, una excusa del tipo que pone el mal alumno: "la profe me tiene manía". El capitalismo no tiene por qué descartar una fuente que le serviría a sus planes expansivos; lo que sucede es que estas fuentes son de bajo rendimiento y no le interesan, porque su rentabilidad anualizada sería muy baja o incluso negativa. 

Desgraciadamente, la mitología de la persecución renovable (alentada por los movimientos legislativos efectivamente represivos en España, de los que luego hablaré) sirve para crear peligrosas ficciones. Por ejemplo, hace poco he visto una "noticia" en medios españoles (como ya expliqué, no voy a poner ningún enlace explícito a diarios españoles) según la cual en Alemania se acababa de batir el récord de generación fotovoltaica, que equivalía a 20 centrales nucleares. Si uno va a la fuente real de la información, de la cual lo publicado en España es una mala traducción, se entera uno de que en el mediodía del 26 de Mayo de 2012 se produjo tal potencia, durante un período muy corto y poco recurrente (pues en Alemania la insolación es sensiblemente inferior a la que hay aquí, por latitud y nubosidad). Como comentaba Pedro Prieto, la noticia lo único que refleja es que la potencia fotovoltaica instalada en Alemania es muy elevada, pero de ahí a decir que equivale a 20 centrales nucleares media un abismo: las centrales nucleares tienen un factor de carga del 85% (es decir, la energía que generan al cabo del año equivale al 85% de su máxima capacidad) mientras que las fotovoltaicas se encuentran, en el mejor de los casos, en el 20%. Que en un momento concreto, el mediodía de un soleado sábado de finales de primavera, la mayoría de las placas solares del país funcionen a pleno rendimiento no quiere decir que lo hagan tan bien al mediodía del día siguiente, y mucho menos obviamente de noche. En realidad, se tendría que multiplicar por cuatro el número de tales placas solares y contar con buenas baterías (el gasto de las cuales disminuye la TRE, por cierto) para que realmente las placas alemanas pudieran equivaler a esas 20 centrales nucleares. En realidad, y como hemos visto, Alemania se está refugiando en el carbón mientras pretende estar haciendo una transición renovable. Lo triste del caso es que la noticia de Reuters es esencialmente una edición de un comunicado de prensa de la propia industria fotoltaica. Y lo esperpéntico de la noticia es que se publicita en medios españoles como logro reciente lo que en realidad salió publicado por primera vez hace dos años.
 
Se equivocan también quienes piden más investigación en renovables, pensando que de esa manera en tiempo razonable se va a mejorar su eficiencia y se conseguirá por fin vivir el sueño de mantener una sociedad capitalista, industrial y creciente impulsada con "fuentes limpias". Se equivocan porque no es que se haya investigado poco: llevamos unos 50 años de investigación sobre los sistemas actuales, y los principios básicos sobre los que se basan se conocen desde bastante antes. Y se sigue invirtiendo grandes cantidades en su desarrollo; si no se está progresando más es porque las renovables tienen límites como hemos explicado arriba, pero no queremos aceptarlo porque nos negamos a aceptar que en realidad lo que tenemos que cambiar es nuestro sistema económico, no las Leyes de la Termodinámica (cuando el primero en realidad sí se puede modificar y las segundas no). Y como nos negamos a aceptar cosa tan obvia, nos ensoñamos con el último anuncio del prototipo más reciente de dispositivo solar que promete rendimientos altísimos a costes muy bajos, perdiendo de perspectiva que la industria hace regularmente tales anuncios desde hace décadas y que los prototipos finalmente nunca dan el paso a la fase comercial por ciertos costes implícitos que en las noticias originales no se mencionaban, lo cual sirve para alimentar aún más teorías de la conspiración y otras paranoias para huir de la realidad.

Está, al final, el mayor problema de todos: nos falta energía para mantener nuestro sistema económico en buena salud, pero no todas las fuentes de energía son iguales, no son intercambiables. Y se habla mucho de electricidad, cuando en el caso de los países industrializados representa solamente un 20% del consumo de energía final (21% en el caso de España) y un 10% en el contexto del mundo. Necesitamos energía, sí, pero no electricidad.

El caso concreto de España, como muchas veces he comentado, ilustra muy bien los problemas de la presente concepción de los sistemas de generación de energía renovable. Con 108 Gw de potencia eléctrica instalada para un consumo equivalente a una potencia media de 32 Gw, en España no estamos necesitando mejorar la eficiencia en la producción de la electricidad, sino encontrar nuevas formas de aprovechar la electricidad. Pero no las estamos encontrando. El consumo eléctrico en España baja lenta pero inexorablemente (salpimentado con algún repunte puntual, como el ocasionado por la presente y efímera recuperación), porque la actividad industrial baja y la electricidad no está pudiendo sustituir al petróleo (recordemos que la caída de consumo de petróleo en España está cerca del 25%). No hay ni habrá coche eléctrico, ni mucho menos maquinaria pesada eléctrica. No hay substitución: la electricidad sirve para unas cosas y el petróleo para otras.

En este contexto, ¿qué está pasando? Pues que el Gobierno español se está plegando a las demandas de las grandes empresas del sector eléctrico, preocupadas por la caída de consumo y por tanto de ingresos, y está regulando de tal manera que está acabando con las pequeñas empresas e iniciativas particulares de generación de electricidad. No es sorprendente: esencialmente las grandes empresas están protegiendo su negocio porque no es un área en expansión, porque no se puede expandir, ya que no es la electricidad la forma de energía que manda sino el petróleo (21% vs 54% de la energía final en España). Este fenómeno, que parece idiosincráticamente español, se irá produciendo en el resto de países occidentales, porque en el fondo es un proceso de contracción del sector eléctrico. Sin embargo, todos los debates que insisten una y otra vez en la generación de electricidad como si se hablase de energía (incluso, que hablan de independencia energética poniendo el acento en la generación renovable) sirven para alimentar en la ciudadanía un resentimiento mal orientado, puesto que a pesar de lo reprobable de la actuación del lobby eléctrico el problema es más grave y más profundo.

Conclusiones
El problema de la generación renovable no tiene que ver con el miedo a la democratización del acceso a la energía, el temor de las grandes compañías a perder ingresos, o los intereses del lobby petrolero para que no haya fuentes alternativas. Aunque todos esos factores tengan o hayan tenido un cierto peso, el problema fundamental de los actuales sistemas de generación renovable, entendidos aquí como fotovoltaico y eólico, reside en sus limitaciones y su bajo rendimiento económico, que hacen imposible que el sistema capitalista los pueda integrar (como hizo en el pasado con la hidráulica) para seguir creciendo. Aquí reside la dificultad esencial, sin la cual ya se hubieran hecho las artimañas adecuadas para garantizar un mantenimiento del status quo que las integrara.

Es legítimo pensar que tenemos que invertir en estos sistemas de generación, a pesar de su escasa rentabilidad, como una apuesta para un futuro nada lejano en el cual el petróleo y el resto de fuentes de energía no renovable estarán en retroceso. Sin embargo, dentro de nuestro marco jurídico no podemos obligar a nadie a invertir en un negocio sin rendimiento, y debido a la contracción económica que genera la caída en disponibilidad de energía los estados tampoco tienen capacidad de asumir esta inversión. Los particulares podrían intentar formar cooperativas para impulsar estos proyectos, pero chocarían con dos dificultades esenciales: por un lado, su propia pérdida de renta disponible fruto del avance de la crisis; y por el otro la presión de las empresas del sector eléctrico que no querrían ver disminuir su negocio aún más deprisa y cuyos balances de resultados trimestrales no entienden de apuestas estratégicas con proyección a décadas vista. Por tanto, veo muy difícil llevar a término este tipo de proyectos sin una modificación esencial y fundamental de las reglas que rigen nuestro sistema económico y social, que tendría que ser fruto de una concienciación sin precedentes sobre la gravedad del problema planteado.

Pensando en el largo plazo, es incluso discutible que los sistemas de generación que estamos discutiendo aquí sean los más adecuados, puesto que están pensados para la producción de electricidad a gran escala para ser distribuida en una gran red eléctrica, cuyos altos costes la harán difícil de mantener en el futuro post-petróleo. Posiblemente la apuesta por sistemas más modestos, no centrados en la producción de electricidad, sería más adaptado a nuestras necesidades y posibilidades futuras, y al tiempo daría una vía para esquivar las dificultades señaladas en el párrafo precedente.

Salu2,
AMT
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Post de resumen: Los límites de las renovables

28 Agost, 2014 - 10:45


Debido a la necesidad recurrente de referirse a los diversos artículos que contiene el blog sobre las limitaciones que afectan a los sistemas de generación de energía renovable que más se están discutiendo hoy en día, es decir, el fotovoltaico y el eólico, he agrupado en este post de resumen los enlaces a los artículos donde se detallan estos extremos. Cabe insistir en que estamos hablando de producción de electricidad en escala industrial, necesaria para mantener nuestra sociedad en su formato actual.

Límites a la energía renovable:

Iré actualizando este post a medida que se publiquen nuevos artículos que deban ser enlazados.
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Distopía V: El pico del chocolate

20 Agost, 2014 - 13:18

¿Qué era aquel pitido infernal? Ah, ya.

Matt miró el despertador con odio. Eran las 6 de la mañana. Desde que había asumido el cargo de Consejero Delegado de una gran compañía multinacional de la alimentación ("la" compañía, le gustaba decir, con un toque de suficiencia y énfasis en el "la"), los problemas se multiplicaban a cada día que pasaba. Sequías, guerras, revueltas, la red de distribución global de la compañía insostenible en la época del petróleo caro, y así un largo etcétera. Un día cogía un avión y a la tarde estaba negociando con los campesinos de algún país tropical americano; dormía en el avión y se despertaba vete a saber dónde para poner en marcha la enésima treta para frenar la expansión de los chinos.

Se tocó el mentón, mesurando la barba. Odiaba afeitarse lejos de su fantástico cuarto de baño, aunque fuera el de una gran suite en un hotel de cinco estrellas. De hecho, era lo que más odiaba de encontrarse siempre lejos de casa: su lavabo era su placer privado. Había gastado más de 100.000 dólares en reformarlo, sólo para crear en él su pequeño santuario, el lugar donde limpiarse la suciedad del mundo, el lugar donde descargase de la opresión de su cargo, el lugar donde podía liberarse... Sacudió estas ideas de su cabeza: tenía que afeitarse y prepararse para la siguiente reunión. Mientras se ponía el jabón se miró en el espejo. A sus casi cuarenta años aún se consideraba joven, pero su rostro se veía un poco prematuramente avejentado. Muchos días sin dormir lo suficiente, muchos quebraderos de cabeza... Demasiado tarde entendía la sonrisa idiota de su predecesor en el cargo el día que le cedió la batuta de la compañía. Vaya regalo envenenado: ¿para eso se había entrenado durante años tras su esmerada educación universitaria? Claro que en aquellos días no había ninguna compañía de mediano tamaño que no tuviera serios problemas, pensó: las grandes multinacionales del petróleo, en un período de frenéticas fusiones que harían que al final sólo quedase una; las aerolíneas, quebrando en cascada (sólo sobrevivían las de bandera árabe, curiosamente); las navieras, por los suelos; las automovilísticas, cerrando fábricas casi cada día... Realmente la generación de Matt Lemond lo tenía complicado para hacerse una carrera en el mundo de los negocios. Dichosa crisis, ¿no acabaría nunca? Y encima el consumo se desplomaba en medio mundo. Los consumidores no tenían confianza en el futuro; bien, por ser justos, es cierto que algunos no tenían ni empleo (pero seguro que no tantos como decían las estadísticas del paro, pensaba Matt, poco fiables porque no registraban todo el empleo sumergido). ¿Cuándo hacía desde que comenzó la crisis, 10, quizá 15 años? Demasiado para la confianza del consumidor medio. Casi todas las compañías registraban pérdidas de facturación año tras año, y su compañía no era una excepción. Aunque la situación era diferente en el caso del chocolate.

El chocolate. Históricamente había sido el producto estrella de la compañía. Lo habían vendido en todos los formatos posibles: tabletas, bombones, soluble, a la taza, productos cosméticos, esencia para cigarrillos... Habían hecho de todo con el cacao y sus derivados. Pero en los últimos años tenían un problema absurdo: ¡la producción de cacao del mundo se reducía, año tras año! Llevaban más de 10 años en retroceso, y cada vez era más palpable la escasez. Los agricultores tradicionales (la mayoría del cacao provenía de pequeñas explotaciones familiares) abandonaban el cultivo porque, según ellos, el cacao dejaba un escaso margen debido a los altos costes, cada vez mayores. ¿Y qué querían esos muertos de hambre? El precio de la tonelada de cacao se había duplicado en los últimos años; ¿qué más querían? En algunos países productores tradicionales los agricultores se quejaban de la escasez de agua, de las temperaturas demasiado elevadas y de la aparición de nuevas plagas. Pamplinas. Sabían que tenían poder y se habían organizado, querían ganar dinero sin trabajar. Malditos holgazanes. Desgraciadamente, los diversos intentos de la compañía por cultivar el cacao industrialmente habían fracasado: se requería demasiada mano de obra, no era fácil de mecanizar y a pesar de los acuerdos ventajosos con los gobiernos (el dinero siempre era una buena llave) no era fácil acceder a la mejor tierra. Por otro lado, el departamento de I+D de la compañía no conseguía aumentar el rendimiento de la planta de cacao, lo cual Matt consideraba también increíble, teniendo en cuenta su elevado presupuesto - había allí demasiado cerebrito que no había encontrado acomodo en una universidad, útiles para poco o nada.

Por culpa de la crisis del cacao la compañía había pasado el bochorno de no tener suficiente chocolate como para cubrir la demanda en algunos momentos. Hacía tres años la escasez había sido tan grave que incluso hubo un gran escándalo en varios países occidentales: los medios de comunicación, ansiosos de noticias que distrajeran a los televidentes saturados de tantos reportajes sobre la guerra, habían cubierto con excesiva atención los problemas de suministro y la compañía estuvo durante meses en el punto de mira. El escándalo fue mayúsculo: los medios acusaban a la compañía de especular con el chocolate, de arruinar a los pobres campesinos, de crear escasez artificialmente para inflar los precios... Costó meses parar la sangría, y la caída en desgracia de la compañía, con repetidos boicots de consumidores, le había costado el cargo a su predecesor. A Matt le habían dado una misión específica cuando le eligieron: tenía que acabar con la crisis del chocolate al precio que fuera.

Y vaya si lo había hecho: había pagado el cacao a precio de oro, más de lo que se declaraba públicamente, y se había hecho con los suministros de otras compañías con malas artes, en algunos casos adquiriéndolas, en otras arrinconándolas. Había sido todo una guerra dulce que se había podido librar con grandes cantidades de dinero (incluyendo la parte destinada a los medios de comunicación) y los beneficios de la compañía e incluso su situación financiera se habían resentido, pero la imagen de la marca había quedado restaurada y con eso los accionistas quedaron satisfechos, por el momento. Después de eso, dos años de calma: la producción de cacao no remontaba, pero la caída del consumo de chocolate en los países occidentales había disimulado los problemas, y los beneficios crecían a buen ritmo. Hasta ese año.

Los informes de prospectiva que le habían hecho llegar a Matt eran claros: después de forzar la máquina los últimos años, tirando del cacao en los almacenes y exprimiendo los cultivos al máximo, se preveía una fuerte caída de la cosecha ese año. La situación era muy complicada, pues el nivel de cacao disponible a un año vista sería inferior al que provocó la caída de su predecesor. Y aunque se sentía tentado de dejarse llevar por la ola, tirar la toalla no estaba en su cultura empresarial. Iba a luchar hasta el final.

Pero tenía que rendirse a la realidad: el cacao que necesitaba no iba a estar disponible, por más dinero que estuviera dispuesto a poner sobre la mesa. Necesitaba una estrategia diferente y la necesitaba ya... Mientras saboreaba el zumo de naranja de su desayuno las ideas empezaron a tomar forma en su cabeza, y para cuando acabó el café sabía exactamente qué debía hacer. Llamó a su secretaria para que le reservara el primer vuelo de vuelta a casa; había mucho que hacer y necesitaba estar en el centro de operaciones de la compañía.

Durante las siguientes semanas la actividad de Matt y su equipo fue frenética. Cuando volvía al hogar, ya de noche, Matt agradecía sentir el frío en la cara, lejos por fin del calor sofocante y abotargante del trópico que había tenido que padecer durante los meses previos; y así muchos días volvía caminando a su casa, que estaba a una distancia razonable a pie desde la sede de la compañía. Le gustaba caminar porque así aprovechaba el paseo para reflexionar sobre los eventos del día. La operación de comunicación estaba ya cerrada y comenzaría en unos pocos días. Dado que no podía incrementar la producción de chocolate, el esfuerzo de la compañía se tendría que poner en convencer a los consumidores de consumir menos. Cuando lo planteó a la junta de accionistas muchos de sus miembros emitieron gritos de protesta, pero Matt era un buen profesional y presentó sus escenarios con detalle y concisión. Todo el mundo tuvo al final que convenir que el escenario de reducción del consumo era, con diferencia, el mejor, puesto que incluso permitía elevar ligeramente los beneficios de la compañía. La junta dio luz verde al plan de marketing asociado y una semana más tarde todo estaba en marcha.

Financiados por la compañía a través de sociedades pantalla, estudios científicos convenientemente aireados por los grandes medios de comunicación explicaban las desventajas de comer "demasiado" chocolate. El delicado punto de equilibro se encontraba en definir correctamente ese "demasiado",  puesto que obviamente Matt no quería destruir el negocio del chocolate sino reducirlo para adaptarlo a la oferta disponible. Para tan crucial tarea contrataron los mejores expertos en prospectiva de mercado y sociología del consumidor, y dieron unas pautas bien precisas, que fueron reproducidas con exactitud en todos los "estudios científicos". También era clave la definición de los efectos perjudiciales; debían ser lo suficientemente importantes como para movilizar a un cierto sector de los consumidores a reducir sustancialmente su consumo de chocolate, pero al mismo tiempo lo suficientemente benignos como para no provocar la alarma, amén de juicios por envenenamiento masivo. Se decidió que el efecto perjudicial que supuestamente causaría el chocolate sería el envejecimiento prematuro de la piel, puesto que el objetivo principal de la campaña eran las mujeres de mediana edad, las cuales los expertos en márketing identificaron como principales compradoras de chocolate, ya como consumidoras finales o para sus hijos.

La campaña fue un éxito; el consumo de chocolate cayó un 10%, lo cual igualó la caída de producción de chocolate y no se produjeron los temidos problemas de suministro. La compañía publicó varios comunicados diciendo que ponía en cuestión esos informes científicos, y que encargaría sus propios estudios; después, reconoció ciertos efectos negativos pero dijo que se exageraba su importancia. Los tiempos fueron cuidadosamente medidos y modulados por las cifras de consumo de los diversos sondeos, manteniendo el interés mediático justo para crear el efecto requerido. Al final se creó un cierto poso de duda en los consumidores y el consumo se estabilizó en el nivel deseado. Matt fue felicitado privadamente por la junta de accionistas y su prima anual y su autoestima subieron meteóricamente... hasta que llegaron los informes de la siguiente cosecha.

Matt no se lo podía creer: ¡otro descenso del 10%! Estuvo un mes viajando por todos los países proveedores de cacao, presionando, amenazando, incluso contratando matones locales... Todo inútil. Efectivamente faltaba agua, efectivamente el terreno en muchos lugares estaba esquilmado, efectivamente nuevas plagas de hongos e insectos mermaban las cosechas, efectivamente los campesinos huían de las tierras ahora asoladas por la guerra y las epidemias. No sólo caía la producción de cacao ese año, sino que era previsible que seguiría cayendo durante los próximos años. Un auténtico desastre.

A la vuelta de su desesperada gira mundial Matt informó a la junta. El mercado del chocolate estaba acabado y la compañía tenía que diseñar un plan para irlo abandonando discretamente. La junta encargó varios informes complementarios, no queriendo creer los informes de su consejero delegado, con lo que se perdió un mes precioso para cuando Matt recibió su "OK" para proceder con la segunda parte de su plan para abandonar el cacao. 

La actividad fue, por tanto, frenética. En tiempo récord se difundieron informes alertando del riesgo de consumir cacao proveniente de algunos países por un presunto abuso de pesticidas o por las toxinas que segregaban ciertos parásitos de la planta del cacao. La compañía los desmentía, pero cada vez menos enérgicamente. Algunos medios informaron que el problema era la caída de la producción de cacao, pero desde la compañía se aseguraba que la cuestión tenía que ver con las toxinas y que los campesinos abandonaban cultivos que eran arriesgados. Al final, después de una intensísima campaña de desinformación que duró años, la compañía anunció que reducía la producción de chocolate al que se pudiera producir de acuerdo con unos estándares de calidad sanitaria (teóricamente elaborados por laboratorios independientes) que ninguna otra compañía era capaz de reproducir. De ese modo la compañía se hizo con todo el mercado del chocolate, aunque su tamaño se había reducido a un 10% del tamaño que tuvo en su cenit. 

En poco más de 10 años el chocolate había pasado de ser un producto de consumo masivo a ser consumido sólo la gente adinerada como Matt podía permitirse. En cierto modo, ése era el orden natural de las cosas. A fin de cuentas, Occidente ya no era lo que había sido: la gente común hacía largas colas para conseguir el pan, así que la última de sus preocupaciones era el chocolate. También lo era para Matt, que dejó esta cuestión para la división de productos de lujo y se concentró en el sector emergente de su compañía: el trigo.

Antonio Turiel
Figueres, Agosto de 2014.


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Caos

13 Agost, 2014 - 01:19


Queridos lectores,

Tengo cierta afición a leer los posts que semanalmente publica John Michael Greer en su blog "El informe del Archidruida". Cada post es una pequeña joya literaria llena de una enorme capacidad de profundización en aspectos de lo más diverso, y van siempre salpimentados con una cierta dosis de ironía (necesaria cuando se trata de temas tan graves como es el relatar y hacer comprensible el fin de la sociedad industrial, que es a la que se dedica nuestro Archidruida, entre a otras cosas, en su blog). Uno de sus últimos posts contiene una pequeña perla que me gustaría relatar. A mi me ha gustado especialmente porque toca de lleno en los temas de investigación en los que he trabajado a lo largo de mi vida.

Describe John Michael Greer un experimento que uno puede repetir fácilmente en la bañera de su casa. Primero, se rellena la bañera con agua. Después, se sumerge la mano lo justo y se empieza a mover ésta lentamente adelante y detrás. Se observará un movimiento lento y bastante organizado del agua, prácticamente sin ondas. Progresivamente, se ha de acelerar el movimiento de la mano, hasta que se empieza a observar un cambio importante en el movimiento del agua: la formación de trenes de ondas que se propagan velozmente más allá de la mano y rebotan en todas las paredes de la bañera, interfiriendo constructivamente en algunos sitios (y provocando una mayor elevación del nivel del agua en ese punto) y destructivamente en otros (causando una momentánea calma en esas posiciones). Pero aquí no se acaba la historia: se ha de seguir acelerando el movimiento de la mano, y el movimiento del agua, oscilatorio y complejo pero aún con cierto orden, cambiará una segunda vez: se romperán los frentes de onda y se generarán remolinos en la estela de la mano que ya avanza veloz a un lado y otro, remolinos que se irán combinando para generar estructuras caóticas de mayor tamaño hasta que toda la bañera se mueva de manera anárquica y desestructurada, con súbitas subidas y bajadas del nivel y haciendo caprichosas formas que van cambiando rápidamente sin que se pueda predecir cómo se verá afectado un punto en algún instante de tiempo.

Lo que el Archidruida describe es la transición del movimiento de un fluido desde un movimiento laminar (ordenado) a uno turbulento, a medida que la potencia con la que se fuerza el sistema va creciendo. Por supuesto esto cautivó en seguida mi atención, puesto que mi carrera académica y más de la mitad de mi producción científica versa sobre el análisis de la turbulencia, particularmente en fluidos oceánicos. Sin embargo, John Michael Greer va más allá y dice que en los sistemas dinámicos compuestos de muchas partes se suele observar el mismo comportamiento: que a medida que se aumenta el forzamiento, el sistema deja de comportarse de manera ordenada y comienza a oscilar, y que esa oscilación anuncia que el sistema está llegando a su límite: si se continúa el forzamiento el sistema vuelve a cambiar y entra en una fase caótica.

Realmente no puedo menos que quitarme el sombrero que no tengo delante de la erudición del archidruida, puesto que lo que él explica es justo lo que sucede habitualmente cuando se produce lo que los físicos llamamos "transiciones de fase"; y efectivamente la causa de los fenómenos observados son los llamados comportamientos emergentes que resultan cuando un sistema tiene multitud de componentes. La rama de la física que se ocupa de estudiar tales sistemas es la Física Estadística, que es justo el campo de donde yo vengo. Así que su post realmente sintonizó con mis conocimientos y mis intereses. Pero más allá de esa sintonía, John Michael Greer evoca ciertas ideas interesantes, sobre el devenir de los sistemas complejos sometidos a esas transiciones, que me gustaría desarrollar en este post y con la perspectiva de varias de las crisis que tenemos ahora mismo sobre el tapete.

En Física, un sistema es un conjunto de partes elementales, la estructura de las cuales se considera irrelevante para el problema estudiado. Estas partes del sistema están sometidas a unas interacciones concretas y bien definidas entre ellas, generalmente muy simples. Por ejemplo, el planeta Tierra es un sistema (o forma parte de uno, si consideramos el Sistema Solar), y las interacciones entre sus partes elementales (a los efectos de esta discusión, los átomos) no pueden ser más simples: son las cuatro interacciones fundamentales de la Naturaleza (nuclear fuerte, nuclear débil, electromagnética y gravitatoria), aunque para describir la mayoría de los procesos que tienen lugar en la Tierra basta con dos de ellas, la electromagnética y la gravitatoria. En ambos casos se trata de fuerzas centrales (cada partícula es el centro de la propia interacción que ella causa en los demás) que decaen como el cuadrado de la distancia a la partícula (por lo tanto, la fuerza que nuestra partícula ejerce sobre una partícula que está el doble de lejos que otra dada es cuatro veces menor). La interacción electromagnética puede ser tanto atractiva como respulsiva, en tanto que la gravitatoria sólo es atractiva. Y a pesar de la terrible sencillez con la que describimos estas interacciones (las pocas frases precedentes), la Tierra es un sistema complejísimo con comportamientos tremendamente elaborados que describimos con ecuaciones abstrusas. ¿Cómo es posible que un sistema formado por tantos elementos básicos, los átomos, que interactúan de manera tan sencilla, pueda dar lugar a tan diversos comportamientos y tan complejas estructuras, desde la cataratas del Niágara hasta los nervios de una hoja de árbol?

Sucede que cuando un sistema está formado por una grandísima cantidad de elementos comienza a mostrar "comportamientos emergentes". La suma de muchas individualidades sencillas se acaba manifestando como una colectividad compleja. No sólo este colectivo interactúa de muchas maneras elaboradas y diversas, sino que además su modo de funcionamiento puede alterarse por completo. Se denomina "estado del sistema" o simplemente "estado" a una situación del mismo que se caracteriza por ciertas variables que definen el comportamiento colectivo: la temperatura - que es en realidad una medida de la energía cinética media de las partículas, la presión, el volumen, la dureza, la densidad, la viscosidad, etc... Cuando un sistema está en un determinado estado las variables que caracterizan el mismo permanecen constantes o se mueven dentro de un determinado rango de valores; por ejemplo, el volumen de un sólido varía muy poco, en función de la temperatura, en tanto que un líquido tiene una viscosidad relativamente baja - para un sólido ésta es infinito, por definición. En ese caso decimos que el sistema está en una cierta fase. Pero bajo ciertas condiciones, si forzamos externamente el sistema (por ejemplo, cogemos un sólido y aumentamos su temperatura) podemos acabar induciendo lo que se denomina un "cambio de fase", es decir, un cambio radical de las variables que definen el estado (en el ejemplo del sólido antedicho, la viscosidad pasaría de ser infinita a tener un valor relativamente bajo). Una vez ha cambiado de fase, el sistema pasa a comportarse de manera completamente diferente a como lo había hecho (por ejemplo, un sólido permanece estable sobre una mesa, en tanto que un líquido se desparrama en todas direcciones, y un gas se difunde por el aire y se mezcla con el resto de gases).


Lo realmente interesante es lo que pasa cuando nos acercamos a ese punto crítico (pues así se llama) en el que un sistema cambia de fase, antes de que pase de comportarse de una manera a comportarse de otra (antes de que el agua hierva, antes de que la adición de un nuevo grano de arena provoque una avalancha, antes de que la depresión tropical se convierta en huracán...). Cerca del punto crítico alguno de los parámetros del sistema se dispara o se vuelve inestable. Pequeñas perturbaciones en el sistema inducen variaciones grandes o oscilatorias en los parámetros afectados. El sistema fluctúa y se vuelve caótico. Exactamente tal y como comenta John Michael Greer, la aparición de tales fluctuaciones anuncia la llegada al punto crítico, y a medida que nos acercamos al punto en que nuestro sistema dejará de ser como es y cambiará radicalmente la amplitud de estas fluctuaciones se va haciendo ominosamente más grande.

Al igual que muchos sistemas naturales estructurados, como por ejemplo los ecosistemas, nuestra sociedad es también un sistema complejo, integrado por multitud de pequeñas partes con multitud de interacciones, y también en ella se observan comportamientos emergentes del sistema como todo que van más allá de los comportamientos de la suma de sus partes. Es por tanto un terreno propicio para la aplicación de los principios de la Física Estadística, y de hecho hace muchos años que diversas subramas de la misma estudian partes del sistema social humano (por ejemplo, la econofísica o la teoría de redes).

Nuestra sociedad está en crisis desde hace ya unos años. A pesar de los cantos de sirena del gobierno español no se está produciendo una recuperación en este país y si se miran los indicadores mundiales se concluye que tampoco se da en el mundo. Al contrario, la amplitud de la crisis parece estar creciendo: empleo más precario, ahorros disminuyendo, crisis financiera que no acaba, crisis institucional llegando a extremos insoportables... ¿Estamos entrando en una situación de oscilaciones cada vez mayores que anticipan una transición de fase, un cambio abrupto de nuestro mundo y nuestra sociedad? Miremos nuestro entorno con un poco de detalle.

Los ecosistemas del planeta están gravemente amenazados. En los círculos académicos se habla de la Sexta Extinción, en este caso no desencadenada por ningún metorito o por la irrupción de las algas sino por la acción del hombre. Ya hemos comentado sobre los múltiples indicadores de estos cambios radicales. Si no se produce un cambio de rumbo, las especies animales y vegetales que dominarán este planeta durante los próximos milenios serán otras muy diferentes a las actuales. Que los ecosistemas están gravemente alterados lo evidencia las continuas oleadas de anomalías: un año las aguas se llenan de medusas como jamás se había visto, otro se producen proliferaciones de algas antes esporádicas, se encuentran insectos mucho más al norte de su hábitat natural, etc, etc. En suma, fluctuaciones que nos anuncian un próximo cambio de fase, del establecimiento de nuevos ecosistemas.

Otro ejemplo de sistema que está sufriendo grandes oscilaciones (y que es al que aludía John Michael Greer en su post) es el sistema climático de la Tierra. Los que vivimos en el tercio norte de España estamos experimentando un verano extraño, con cambios bruscos de temperatura y precipitación, exactamente como se describía en el post "Un año sin verano", pero las anomalías cubren todo el planeta: la sequía en el Oeste de los EE.UU. está alcanzando magnitudes de catástrofe nacional, los fuegos asolan periódicamente la estepa rusa, las temperaturas registradas en muchos puntos del Círculo Polar Ártico rompen máximos y el planeta tomado en su conjunto registra los meses más calurosos desde que hay registros. No sólo es el verano; teniendo en cuenta cómo han sido los últimos otoños (más cálidos y secos de lo habitual donde yo vivo) e inviernos (la palabra "ciclogénesis explosiva" seguramente trae muchos malos recuerdos a los habitantes de la fachada atlántica del continente europeo) no es desacabellado pensar que quizá los cambios observados son esas oscilaciones cuya creciente amplitud anticipan un relativamente próximo cambio de fase del clima; cuál será el nuevo clima, nadie lo sabe, aunque el impacto del nuevo régimen de vientos y lluvias tendrá implicaciones determinantes sobre la vida de personas en un momento que tendrán que depender más de los frutos de la tierra para subsistir, al decrecer la disponibilidad de energía en general.

¿Qué decir del petróleo y los otros recursos no renovables? ¿Se puede considerar que se estén produciendo fluctuaciones crecientes en su disponibilidad, presagio del cambio secular? Una simple ojeada a las noticias de los últimos meses nos muestra que, tras años -no demasiados- de relativa calma (con muchos conflictos todavía pero de poca presencia mediática) se está produciendo una cierta explosión de guerras y los conflictos en países que llevaban décadas tranquilos. ¿El denominador común de estos conflictos? No se puede decir rotundamente que haya sólo uno, pero en el sustrato de  todas estas guerras y revueltas (Egipto, Siria, Irak, Ucrania, Nigeria, Libia, Sudán) hay una fuerte componente de control de recursos de gas y/o de petróleo. En otros países productores la cada vez más indisimulable caída de la producción de petróleo (y, por tanto, la disminución de los ingresos de su exportación o el aumento de los gastos de su importación), están tensando la cuerda y provocando cada vez más conflictos internos que día sí y día no saltan a la prensa. Es el caso de Argentina y su reciente default parcial,



de Brasil y sus movimientos de protesta contra los recortes,




de Venezuela y su desabastecimiento de productos básicos,

y el de México y las recientes y discutidas leyes de reforma energética,
y de tantos otros países a los cuales el maná del petróleo ha dejado de fluir como solía. 

Si la mayoría de los países productores de petróleo tienen serios problemas, ¿qué está pasando en los países que no producían petróleo y tenían que importarlo? Pues que sufren. Sufren todos. Sufren porque falta petróleo para alimentarlas. Las exportaciones de petróleo crudo del mundo están estancadas, anticipando el declive:

Fuente: http://peakoilbarrel.com
Incluso los EE.UU. sufren por la falta de petróleo, para sorpresa de muchos desinformados. Aunque el consumo total de petróleo (crudo más condensado) en los EE.UU. ha aumentado en los últimos años, el consumo de petróleo per cápita cae desde 2005, el año en que llegamos al peak oil del petróleo crudo convencional, como explica en un reciente y muy recomendable artículo Gail Tverberg:




Y como explica Gail Tverberg, no sólo cae el consumo per cápita de petróleo en los EE.UU.: también cae el consumo per cápita de energía (total, no sólo petróleo), cosa que en la historia de los EE.UU. no había pasado nunca; y es que la burbuja del fracking es sólo eso: una burbuja.

La realidad es que la producción de todos los líquidos del petróleo (el petróleo crudo más todos los sucedáneos, sirvan o no, que se añaden a la contabilidad para disimular que la producción de crudo ya está cayendo) es desde hace unos años insuficiente para cubrir la demanda (fíjense en la gráfica el pequeño salto que hay entre la línea negra que representa el consumo y la curva sombreada verde que representa la producción). Según se reconoce en el anuario de BP de donde están tomados estos datos, se está echando mano de las reservas de la industria para cubrir la demanda con una oferta que ya es insuficiente.



¿Se pueden empeorar estas malas noticias? Pues sí: si excluimos a los EE.UU., la producción de todos los líquidos asimilados a petróleo del mundo está ya cayendo.

Fuente: http://peakoilbarrel.com/anticipating-peak-world-oil-production/
Y teniendo en cuenta que se prevé la próxima llegada del cenit del petróleo de fracking de los EE.UU., resulta evidente que en un año o dos el declive de la producción de todos los líquidos (no sólo del petróleo crudo) ya no se podrá disimular.

Fuente: http://peakoilbarrel.com/imminent-peak-us-oil-productionEstamos pues en una situación en la que la disponibilidad de petróleo disminuye ya para todos, pero los más poderosos sufren menos porque pueden afanarse una porción mayor de la tarta y algunos países, como China, aún están consiguiendo aumentar su consumo, lógicamente a costa de otros. Hasta hace unos años estos "otros" países nos pillaban muy lejos. Pero ahora que la tarta está empezando a menguar con cierta rapidez, de repente asistimos al espectáculo de ver países occidentales, obviamente los menos poderosos, que se ven forzados a bajar su consumo precipitadamente y consecuentemente  a sumirse en crisis económicas cada vez más profundas. Países donde el consumo de petróleo ha caído más de un 20% durante los últimos años porque sus economías no pueden absorber los altos costes de esta materia prima, porque además sus economías están entre las más dependiente del petróleo. Es el caso de Grecia,



de Italia,



de Portugal,



y, por supuesto, de España.



Ya lo sabemos: soplan vientos de cambio, y si ponen cada día el noticiero se habrán dado cuenta de que cada vez son más huracanados. Esta inestabilidad, esta creciente conflictividad, estas guerras más o menos declaradas, esta escalada dialéctica entre algunas de las grandes potencias... son para el ámbito de los recursos, de nuevo, grandes fluctuaciones en nuestro estado actual, y que por tanto anticipan un brusco cambio de estado, que en este caso sólo puede ser catastrófico (imagínense que supondría por ejemplo, una guerra comercial o más convencional con Rusia, o el colapso de Arabia Saudita).

Al hilo de los problemas geopolíticos que irán aflorando por la creciente escasez del combustible que alimenta la economía mundial, pero con factores que le son propios, vivimos los últimos meses antes del próximo crash bursátil. Las economías de todo el mundo sufrirán un gran retroceso, semejante al que se vivió en 2008, en algún momento entre el final de este año y el comienzo del que viene. Varios factores de los últimos meses (las crecientes revueltas, los malos indicadores económicos de las economías europeas, la tensión al alza con Rusia, el ralentizamiento de la economía china...) son las fluctuaciones que preceden un gran cambio de fase, el que más dará que hablar llegado a ese momento, el que nadie relacionará con todo lo demás, el que eclipsará todo lo demás hasta que nada más sea visible.

Durante los próximos doce meses se producirán muchos eventos que pondrán en compromiso la estabilidad de muchos países. Más allá de los referendos de independencia en Escocia y en Cataluña, el hundimiento de las expectativas políticas electorales de los grandes partidos presagia el hundimiento de los Estados nación en Europa, un proceso que puede acelerarse si finalmente invaden Irak una vez más o van a la guerra más o menos declarada con Rusia. Nuevas oscilaciones crecientes que presagian un cambio abrupto hacia un nuevo escenario radicalmente diferente.

Si en el experimento de la bañera dejas de mover la mano (dejas de someter el líquido al forzamiento) el agua volverá a calmarse y conseguirá llegar de nuevo a un estado equilibrio. En algunos casos el nuevo equilibrio será semejante al anterior. Pero, en general, este equilibrio no tiene por qué ser igual que el anterior, y puede llegar a ser muy diferente. A ese fenómeno se le conoce como histéresis. Un caso típico de histéresis dentro de los sistemas que hoy comentamos es el de las cadenas tróficas: si alteramos brutalmente un ecosistema (por ejemplo, cazando o pescando masivamente ciertas especies) cuando lo dejemos en paz no volverá a ser como antes: nuevas especies habrán ocupado los nichos ecológicos de las que antes había, impidiendo que éstas vuelvan, y quizá impidiendo también la consolidación de una cadena trófica viable y estable.

Nuestro sistema climático oscila, también los ecosistemas y los precios de los recursos avanzan en agitación, y hasta los países están cada vez más revueltos. Estas oscilaciones nos anticipan que estamos llegando a los límites. Es preferible no forzarlos más, no sólo por el caos que resultará (con sus inevitables dosis de destrucción), sino porque cuando al final todo se calme, eliminada la perturbación que históricamente habrá durado un suspiro, las cosas ya no volverán a ser como antes. Y es poco probable que sean mejores.

Salu2,
AMT
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Y cayó el velo

6 Agost, 2014 - 20:06


Queridos lectores,

Hoy comienza una nueva etapa, la cuarta ya, de este blog. Lo que ha pasado era algo completamente lógico y previsible dentro del imparable descenso de nuestra sociedad, inmersa en esta crisis que no acabará nunca: la desestructuración social resultante de esta crisis sin fin lleva a los gobernantes a adoptar medidas drástica y expeditivas, que en este caso implican un control de la información no muy distante ya de la censura. A partir de ahora, nunca más insertaré enlaces a medios de comunicación españoles. Peor aún, tampoco enlazaré nunca más ninguna página web que difunda información y que esté radicada en territorio español. La razón de tan drástica medida es la inseguridad jurídica que provoca la reciente aprobación, el pasado 22 de Julio, de la Ley de la Propiedad Intelectual (LPI) en una caótica sesión en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados de España, y en particular de la presencia en su articulado del denominado canon AEDE, también conocido por el poco apropiado nombre de tasa Google. La LPI en su conjunto está llena de aberraciones, pero el problema más grave para ésta, como para otras páginas web que intentan proporcionar información, es el riesgo que implica el canon AEDE, que les supone verse sometidas a onerosas e inasumibles cargas económicas.

Dado que no les puedo poner enlaces a webs españolas, tendrán que buscar por internet la información relevante, pero no les costará demasiado encontrarla. El fundamento (diría "de derecho", pero no me parece que lo sea) de esta nueva tasa o canon es que los servicios de agregación de noticias en internet (no daré tampoco nombres por si tal cosa es susceptible de generarme cargas) están perjudicando a los grandes medios de comunicación digitales porque... en fin, he leído varias veces el par de argumentos que se dan y no les puedo decir cómo exactamente se supone que les perjudican; para mi es imposible de entender, ya que justamente estos servicios redirigen usuarios hacia esas páginas y aumentan su tráfico. Por tales ignotos e infundados motivos esta nueva ley regula que cualquier página que enlace a un diario español deberá de pagar un canon, el cobro del cual correrá a cargo de dos sociedades gestoras de derechos de propiedad intelectual: AEDE  y CEDRO. La primera de estas sociedades está formada mayoritariamente por los grandes medios de comunicación con presencia en internet, principalmente diarios,  mientras que la segunda está especializada en el cobro del canon digital (una anomalía jurídica española, otra más, según la cual yo tengo que pagar un tasa por cada CD, DVD o pendrive que compre por si éste pudiera contener en algún momento material con derechos de autor). El incumplimiento del pago de este canon puede comportar el pago de cuantiosísimas multas, inasumibles para un particular como lo soy yo.

Según parece, el redactado de la LPI, y particularmente del apartado referido a este canon, no ganará ningún premio en materia de calidad jurídica. La manera de aprobarlo, sustrayendo el debate al Congreso de los Diputados y únicamente con los votos del partido actualmente en el poder, muestra que había mucha prisa y posiblemente una cierta mala conciencia. Creo que la ley aún no ha entrado en vigor porque normalmente pasan un par de semanas desde que se aprueba hasta que se publica el texto en el Boletín Oficial del Estado, y ninguna ley es efectiva hasta que eso sucede. En todo caso, la ley estará vigente en breve y conviene irse adaptando a su marco, lo cual no es fácil.

Y es que resulta complicadísimo saber cómo se aplicará esta ley en la práctica. Se comenta que se le aplicará a los principales agregadores de contenidos pero no se perseguirá o se será más permisivo con las redes sociales (yo personalmente uso mis perfiles en las redes más conocidas para hacerme eco de noticias que considero de interés). Como explicaré en los ejemplos de los siguientes párrafos, gestionar los eventuales derechos que se puedan generar es de una complejidad inmanejable, lo cual es un indicio de lo grotesco de la pretensión de cobrarlos. También hace sospechar que en fondo la aplicación de la norma será arbitraria, puesto que en la práctica su ejecución depende de la decisión de dos sociedades privadas de perseguir o no perseguir a un determinado infractor, o fijar cánones mínimos para los medios de internet que no interesa atacar y otros más contundentes para aquellos medios que se pretende silenciar. La inabarcable complejidad que tendría en la práctica intentar gestionar el derecho que ahora se reconoce me lleva a interpretar que lo que se busca no es tanto remunerar poco justificadamente a unos determinados medios sino más bien utilizar la ley como un instrumento de censura.

Veamos algunos ejemplos de la imposibilidad material de gestionar este extrañamente sobrevenido derecho de propiedad intelectual.

Imaginemos que para ilustrar algún punto de un artículo a mi me interesa enlazar una cierta noticia aparecida en el diario X. No deseo crear un enlace porque esto generaría un derecho a cobrarme un canon que, repetido muchas veces, me sería imposible de pagar. Puedo seguir la estrategia de copiar entre paréntesis la URL de la página deseada, pero obviamente tal cosa cualquier juez lo interpretará como una manera indirecta de enlazar. Podría copiar sólo el trozo de la URL que es característico de esa página y dejar que el lector añada la obvia parte inicial, pero de nuevo el juez me fallaría en contra. Puedo hacer otra cosa: no pongo la URL sino que digo que la noticia apareció en el diario X y que se titula "Por qué las berenjenas son moradas"; el lector podría copiar esa información en la barra del buscador y llegaría en seguida a la noticia. Aquí el juez lo tendría más complicado, puesto que el enlazamiento lo crea, a su voluntad, el lector, y seguramente jueces diferentes tendrían criterios diferentes a la hora de juzgar este asunto; al final el Tribunal Supremo tendría que dictaminar cómo se aplica la jurisprudencia. Pero la cosa se puede complicar más: qué pasa si voy y digo que la noticia apareció en el diario X y iba sobre tales temas; ¿es eso un enlace implícito? Obviamente he leído la noticia y estoy refiriendo a mis lectores hacia ella, pero de nuevo llegar a la noticia referida depende de la voluntad y determinación del lector, sobre todo ahora que se lo he puesto más complicado. Y rizando el rizo: qué pasa si digo que ha aparecido una noticia sobre tales temas, sin dar ninguna referencia concreta que la haga plenamente identificable, y digo que ha aparecido en un diario español, pero no digo en cuál. ¿Sigue siendo una referencia indirecta? ¿Y si ni siquiera digo que apareció en un diario español? Peor aún: ¿qué pasa si comento sobre una noticia, sin pensar en ningún diario español, y me vienen a buscar las cosquillas porque en el diario X o en el Y (que yo nunca leo) resulta que han publicado algo que se puede considerar una referencia indirecta? Como ven, la casuística es extraordinariamente enrevesada, y cada juez tendrá un baremo diferente pero al final todos tendrán un punto en el cual dirán: "no, eso ya no", porque de otro modo no habría ningún tipo de libertad de expresión: habríamos privatizado la libertad para expresarse, dejándola exclusivamente en manos de ciertas empresas de comunicación. Pero esa incapacidad de poner una raya clara que separe lo que es enlazar de lo que no crea una gran inseguridad jurídica.

Sigamos.

Como vemos, hay dos sociedades gestoras de derechos de propiedad intelectual que tienen derecho a reclamar el canon cuando se enlace a sus asociados. En realidad es peor: con el redactado de la norma tiene derecho a reclamar el canon cuando se enlace a cualquier diario o medio de comunicación, pertenezcan o no a las sociedades gestoras. Es decir: AEDE y CEDRO pueden reclamar cobrar por un derecho que la norma reconoce pero del que ellas no son titulares, sino un tercero que no está con ellas. No está previsto que después abonen a este medio por el derecho que han cobrado en su nombre, pero por lo pronto a mi me bloquea la posibilidad de enlazar no los diarios asociados sino cualquier medio de comunicación de España.

Sigamos.

¿Qué pasa si enlazo una determinada página web que de forma abierta o en algún recoveco suyo enlaza a medios de comunicación españoles? ¿Estoy usando un subterfugio para eludir el pago del canon o bien es esta página la sola responsable e imputable para el cobro del canon? ¿Qué pasa si enlazo a otros blogs y en sus páginas antes o después de que yo les enlace incluyen los enlaces prohibidos? ¿Y qué pasa si me enlazan a mi? ¿Se me puede considerar un medio de información, a pesar de que no genero ningún tipo de ingreso? ¿Pueden AEDE y CEDRO reclamar un pago porque alguien enlace The Oil Crash?

Sigamos.

¿Y qué pasa si la página web a la que enlazo y que contiene los enlaces prohibidos está radicada fuera de España? No estamos aquí hablando sólo de agregadores y otros negocios de internet que funcionan sobre la materia prima que son los enlaces; esto incluye páginas de asociaciones, como por ejemplo Colectivo Burbuja (en una tertulia de Economía Directa del otro día Juan Carlos Barba planteaba la posibilidad de que la asociación abandone España y se vaya a un estado de derecho). Pero en todo caso la medida influye e influirá en las decisiones que tomen las empresas sobre dónde radicarse: entre escoger un lugar como España, donde uno no sabe si se va a meter en problemas legales, o irse a otro país, donde uno puede centrarse en desarrollar su modelo de negocio, la elección parece clara. De hecho, uno de los efectos más evidentes a corto plazo será la huida masiva de empresas de internet actualmente radicadas en España (las que puedan huir; otras simplemente tendrán que cerrar). Visto lo cual se puede argüir con fundamento que dado el momento económico de este país la aprobación de este canon no ha sido la medida más oportuna que a uno se le pudiera ocurrir.

Sigamos.

¿Cuál es el alcance retroactivo de la ley? Por el principio de irretroactividad, en principio debería ser nulo, pero la cosa no es tan simple. ¿Qué pasa con los enlaces a diarios españoles que se pueden encontrar en los posts antiguos archivados en este blog? Los posts fueron escritos antes de la aplicación de la ley, pero los enlaces siguen activos, con lo que están de facto infringiendo ahora esta ley. ¿Debo entrar en los casi quinientos posts y desactivar uno a uno todos los enlaces prohibidos? Y qué pasa cuando el post es un comentario de una noticia aparecida en un diario; ¿debo borrar todo el post? ¿Y qué pasa cuando el post deja de tener sentido al faltarle los enlaces? Y otra cuestión: ¿qué pasa con las decenas de miles de blogs abandonados por internet?

Sigamos.

Como digo, dado el carácter inasible de este nuevo derecho su aplicación práctica dependerá de lo que decidan AEDE y CEDRO. ¿Decidirán estas empresas acosar a particulares como yo? ¿En qué se basará su cálculo del canon que me correspondería pagarles? Yo les sugeriría que lo hicieran sobre la base de mi facturación, aunque lógicamente no les interesaría porque al ser éste un blog divulgativo y sin publicidad la facturación es de cero euros. ¿Tiene sentido jurídico, al margen del redactado actual de la ley, que se genere un derecho de cobro si no hay un beneficio, siquiera una facturación? ¿Y cuál es la base jurídica para tal reclamación, si no hay ganancia realizada? ¿Se está compensando una pérdida infligida? ¿Se puede demostrar la existencia de tal pérfida, por ejemplo, como resultado de una difamación o cualquier daño a la imagen del diario enlazado, o bien por sustraer ilegítimamente lectores de ese medio? Y si hay causa punible, ¿por qué no se persigue directamente de manera penal?

La precipitada aprobación de la norma y las dificultades prácticas que comporta en cualquiera que se haya parado a pensar cinco segundos sobre el tema ha llevado a los promotores de la misma ha anunciar que habrá un cierto margen de tiempo, un compás de espera antes de su aplicación plena. Durante ese período indefinido de tiempo se intentarán limar las profundas asperezas de un texto tan defectuoso, en previsión de los pleitos nacionales e internacionales que se pueden desencadenar. No perdamos de vista que el reconocimiento del etéreo derecho que recoge el canon AEDE entra en directo y obvio conflicto con la libertad de expresión, y en particular con el derecho de cita. Aunque se pretenda maniobrar con razonamientos jurídicos elaborados, resulta un tanto incomprensible que se pretenda cobrar a una persona que intenta ejercer un derecho; en tal caso, es obvio que el derecho de cita deja de ser tal, ya no es pleno. 

Todos los problemas arriba planteados emergen por una razón muy simple: enlazar una noticia es algo muy etéreo, muy intangible, no mesurable, no controlable. Tratar de acotarlo es equivalente a tratar de imponer por ley que las moléculas de CO2 que exhalo con mi respiración no lleguen nunca a ser respiradas por mi vecino. Es a lo que en castellano de solera se le llama "poner puertas al campo". Se está reconociendo un derecho que emerge de un agravio completamente inventado, puesto que enlazar es algo inocuo, no perjudicial: como mucho podría reportar un beneficio al sitio enlazado al hacerlo más visible. ¿Cómo se puede argumentar que es dañina la mayor visibilidad de sitios web que declaradamente lo que pretenden es aumentar su número de lectores? 

Obviamente seguiré leyendo artículos en diversos medios de comunicación españoles y extranjeros; y la lectura de esos artículos influirá inevitablemente en los temas tratados y en la redacción de mis textos. También periodistas de esos medios me han leído, leen y leerán a mi y yo también influyo en ellos. A eso se le llama actividad intelectual, al margen de pretendidos derechos de propiedad.

Lo que está pasando no sería posible sin no ya la  complicidad sino la cooperación necesaria e instigación de los grandes medios de comunicación españoles, y principalmente la prensa escrita. Preocupados por el descenso del número de lectores de sus ediciones impresas, y viendo difícil competir en internet, están a mi modo de ver buscando una manera de restringir la competencia, y por tanto su punto de mira no está en los agregadores sino en las páginas web de información alternativa y los blogs pequeños y modestos como éste que dispersan la masa de lectores. Desafortunadamente, tienen suficiente capacidad de influencia en el Gobierno como para sacar una medida tan destructiva como la que comentamos. Y nos han declarado la guerra.

Nos han declarado la guerra, no hay vuelta atrás. El canon AEDE, no tengo la menor duda, acabará siendo derogado, pero por el momento será el martillo con el que nos machaquen. No me queda más remedio que mudar el estado de este blog hacia la autodefensa, tratando de limitar el daño. La lista de medidas a tomar consta como mínimo de lo siguiente:
  • Como la inseguridad jurídica es total y es imposible en la práctica saber qué genera canon y qué no (y yo no tengo dinero para malgastarlo pleiteando, aunque me den la razón al final) no volveré a enlazar ninguna página web que esté radicada en España. Siempre que pueda enlazaré páginas latinoamericanas, pero tendré que recurrir más a las páginas anglo y francoparlantes, lo cual será una lástima para los lectores que no conozcan esos idiomas. 
  • Lógicamente no volverá a haber revistas de prensa, es decir, críticas razonadas de artículos aparecidos en otras páginas. Para los artículos aparecido en páginas que están radicadas en España por las razones antedichas, y para el resto se tendrá que ver: es difícil que sean del interés de la mayoría de los lectores del blog, aunque ocasionalmente podría hacerlo. Por tanto, por favor no me vuelvan a pedir que lo haga.
  • Por el momento no modificaré el contenido de los posts antiguos, en la esperanza de que se imponga el sentido común, aunque a la primera señal de peligro los desactivaré.
Con estas medias quizá consiga evitar el fin prematuro del blog, aunque todos sabemos que tarde o temprano tendrá que producirse. Confío, sin embargo, en que en un plazo no muy largo de tiempo la norma sea derogada. Sin embargo, dada la patente hostilidad de los medios promotores de este canon no volveré en ningún caso a enlazar ningún medio perteneciente a AEDE o CEDRO.

No sólo es una nueva etapa para el blog, sino también para mi mismo: he decidido dejar de seguir el diario que me acompañaba desde hace 30 años, desde que siendo un adolescente comencé a leerlo. Hace años ya que dejé de comprar su edición impresa, asqueado por la exacerbación de la tendenciosidad de sus posturas. Sin embargo, siendo un diario de referencia en mi país, seguí manteniendo dos pestañas de mi navegador, las dos primeras, abiertas por la primera plana y la sección de economía de su edición digital, para como mínimo enterarme de qué se estaba hablando en el mainstream. Hoy, después de mantenerlas ahí durante 15 años, he cerrado esas dos pestañas para no volverlas a abrir nunca más.

Salu2,
AMT

P.Data: Otra noticia que si desconocen encontrarán de su interés es la publicación en el BOE de una nueva norma según la cual las bibliotecas y otros centros tendrán que pagar una tasa si prestan libros a sus usuarios. ¿Cómo podrán financiarse los centros públicos? ¿Cómo puede justificarse este atentado contra el interés común en aras de un interés particular (nuevamente, la protección de la propiedad intelectual llevada al extremo) y hasta cierto punto espurio (dado que el precio del libro ya descontaba el hecho de que las bibliotecas son de los mayores compradores)? Son preguntas que les dejo a Vd. responder.
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Mi colapso y yo: descendiendo, poco a poco

31 Juliol, 2014 - 23:02


Queridos lectores,

Vivimos un año de tregua en el CSIC. Después de la crítica situación del año pasado, que nos situó a un paso de la quiebra, el Gobierno nos "rescató" (del problema presupuestario que el propio Gobierno había originado) en el último momento y con esos 70 millones extra pudimos mantener la actividad y compensar parte de nuestras deudas. Parte, que no todas, porque de ser un organismo muy puntual en el pago hemos pasado a tener una cierta (aunque no muy grande) demora en el pago a proveedores; eso supone una cierta deuda corriente que puede ser mantenida indefinidamente en ese estado en tanto en cuanto los ingresos (y los gastos asociados, pues no somos una entidad con ánimo de lucro) se mantengan.

Justamente mantener los ingresos es uno de los nubarrones que se están formando en nuestro horizonte.

Difícil con una cantidad de personal decreciente: partiendo de algo más de 14.000 trabajadores en 2008, el CSIC cuenta ahora con unos 11.000. Se cubren sólo el 10% de las plazas de investigadores que se jubilan, pero las de personal de administración o de los servicios técnicos no se cubren en absoluto. Al descender los ingresos por proyectos los becarios se van, algunos sin haber acabado la tesis, otros acabándola rápidamente y con la misma celeridad marchándose al extranjero. Los posts-docs (una persona pertenece a esa categoría indefinida desde que termina el doctorado hasta que consigue un contrato o plaza que permita llamarle de otra manera) huyen también en masa (en mi instituto a veces se reúnen en corrillos para comentar a dónde se van unos y otros). Y últimamente son los propios investigadores de plantilla los que se van; compañeros míos, asqueados por la indolencia y la mediocridad de nuestro sistema, son un día tentados por una buena oferta en el extranjero y tras dudarlo un poco (o no) aceptan dejar atrás esta miseria e irse, por ejemplo, de jefe de departamento en una prestigiosa universidad americana. Los que se van son, obviamente, los más brillantes y que no tienen ataduras sentimentales (¿de qué otro tipo podrían ser?) con España. Sin ser yo mismo nada del otro jueves, el año pasado recibí una propuesta formal para irme a Francia que decliné cortésmente aunque no cerré la puerta del todo, pues nunca se sabe si aquí las cosas se complicarán tanto como para que realmente no me interese irme.

Pero, ¿qué está pasando? Si nos rescataron y si el Estado ha aumentado su dotación al CSIC este año, ¿por qué se produce este declive de actividad? Para entenderlo, hay que entender cómo funciona la financiación de la ciencia en España.

La actividad científica en el sector público en España se financia de diversas maneras, siguiendo un esquema perfectamente asimilable al de otros países occidentales. Podemos decir que la financiación consta de cuatro vías principales, ordenadas por su importancia económica.

La primera de estas vías consiste en los sueldos del personal fijo en las instituciones de investigación y en las universidades, y algunos gastos de infraestructura elementales. Eso permite tener una actividad investigadora muy básica, pero lógicamente no paga nuevo equipamiento ni reactivos ni personal en formación o especializado ni campañas de campo.

La segunda vía de ingresos es a través de las convocatorias públicas de proyectos de investigación: las diferentes administraciones, desde las autonómicas hasta las europeas, sacan periódicamente convocatorias; los investigadores elaboran sus ideas sobre qué merece ser investigado y por qué creen que se debe investigar; preparan un dossier, típicamente de varias decenas de páginas de extensión, que envían a la agencia financiadora; la agencia financiadora los hace evaluar por expertos externos y finalmente unos pocos proyectos resultan escogidos y son financiados, a veces por medio de subvenciones a fondo perdido, a veces pagando un porcentaje de los gastos presupuestados y a veces - las menos - como créditos reembolsables. Con este dinero se puede comprar todo el material que hace falta para investigar, contratar personal en formación o especializado que no hay en el centro, se mantienen laboratorios, etc. Siguiendo la práctica contable común en todo Occidente y reconocida por las administraciones financiadoras, una parte del dinero recibido (generalmente el 20%) se usa para cubrir los costes indirectos (los servicios de administración, la luz y el agua, el teléfono, el mantenimiento de la infraestructura). Estos costes indirectos son fundamentales para mantener los centros de investigación en marcha, ya que sin ellos los servicios indispensables para el mantenimiento de la actividad dejarían de funcionar y todo se pararía (e.g., si no pagamos la luz o si no reparamos equipos e incluso edificios).

La tercera vía de financiación es a través de contratos con empresas. Algunas veces las empresas tienen necesidad de realizar ciertos estudios previos al inicio de alguna actividad pero no tienen capacidad técnica para hacerlo y recurren a los científicos. Al ser centros públicos no existe beneficio empresarial y nuestros precios son relativamente bajos, pero obviamente no podemos ofrecer servicios que ya los ofrezcan otras empresas porque sería competencia desleal. Al ser un trabajo por encargo, aquí el científico no decide qué estudiar, pero eso no sustrae interés al trabajo realizado. También aquí se cobran costes indirectos.

Y la cuarta vía consiste en los convenios con la Administración, que funcionan de manera similar a los contratos con empresas aunque se paga bastante menos porque a fin de cuentas los científicos de las instituciones públicas forman parte de la Administración.

Cabe mencionar una quinta vía, la de la explotación de los resultados de la investigación (patentes, transferencia del conocimiento) pero las estructuras administrativas españolas son muy rígidas y sacar provecho de esta vía requiere un esfuerzo ímprobo que no siempre se consigue llevar a buen puerto (afortunadamente la cosa va evolucionando lenta aunque positivamente); todavía hoy, el peso de esta vía de financiación es pequeño y en no pocas ocasiones los beneficios de la explotación de los resultados de la investigación, que el sistema de ciencia española genera en mucha mayor medida de lo que muchos creen, los acaba capitalizando una empresa ajena al sistema científico y en ocasiones sin haber contribuido en absolutamente nada al desarrollo explotado.

Como digo, estas vías de captación de recursos son completamente análogas en España y fuera de España. Contrariamente a la percepción de gente ajena a este mundo, la menguante ciencia española no "vive enganchada de la subvención pública", porque los proyectos de las convocatorias competitivas de la Administración requieren un gran esfuerzo, primero para obtenerlos y después para gestionarlos, ya que se han de cumplir escrupulosamente unos objetivos marcados - y si no se cumplen hay penalizaciones muy importantes. Además, cada vez el peso económico de los trabajos por encargo es mayor y cada vez lo será más. Ciertamente hay investigadores y profesores universitarios maleados que son pequeños tiranuelos de sus reinos de taifas donde reina el amiguismo, pero justamente por su mala praxis estas personas son muy poco competitivas ya que no se rodean de los mejores profesionales ni son ellos mismos buenos profesionales, y por tanto sus posibilidades de captar financiación pública y privada es muy escasa por comparación con la que consiguen los investigadores abnegados que trabajan con verdadera pasión y dedicación en su campo.

En realidad, lo que es anómalo de España con respecto a otros países occidentales es que fuera del sector público hay muy poca investigación. En la mayoría de los casos, las empresas que usan tecnología la importan de fuera, y cuando necesitan una investigación ad hoc recurren al sector público. Las empresas en España promueven poco y financian escasamente la actividad científica, con algunas notables excepciones.

En fin, todo lo antedicho es el típico proemio gigantesco que hago en los posts de la serie "Mi colapso y yo" para que un lector casual que no sepa de dónde viene esto pueda ubicarse en el complicado panorama de lo que significa hacer ciencia hoy en España (el lector interesado podrá encontrar los posts anteriores de la serie aquí: 1, 2, 3 y 4 - y de propina uno que no tiene que ver con el CSIC pero sí con mi colapso). Pero vayamos al asunto.

Siendo como es nuestra principal vía de financiación externa, necesitamos captar más dinero en proyectos para empezar a enjugar nuestra deuda, con los dineros que puedan sobrar de los costes indirectos.



A malas, necesitamos captar como mínimo tanto dinero como veníamos captando para poder mantener todas las complejas infraestructuras que tenemos con los costes indirectos. Al crecer durante estos años, hemos creado un Leviatán que nos es muy útil en nuestro trabajo pero es muy costoso de mantener, y no querríamos empezar a desmontarlo, sobre todo porque cuesta mucho más construir que destruir.

¿Y qué está pasando?

Pasa que los ingresos por proyectos decaen. Me consta que se han concedido menos proyectos este año, o al menos la cantidad total de dinero concedida ha sido inferior. Sé que en mi instituto la cosecha de este año ha sido bastante mala, como un 40% de lo que se solía conseguir, y eso que mi centro es un centro de alto nivel con buenas ratios de éxito. No sé que habrá pasado en el contexto de todo el CSIC pero me temo que la cosa no ha ido bien. Los presupuestos de este año para el CSIC ya anticipaban una considerable reducción de los ingresos por proyectos y me temo que las peores previsiones se han cumplido. Tendremos que esperar hasta el balance del final de año para saber si algunos ingresos extra que anhelamos se han materializado al fin o no y ver hasta qué punto compensan el bajón tremendo de nuestra principal fuente de financiación externa.


¿Por qué están bajando los ingresos por proyectos? Pues porque la dotación efectiva del Plan Nacional español es cada vez inferior (no lo es nominalmente porque se contabilizan tanto subvenciones como créditos, pero la mayoría de los créditos no se ejecutan y por tanto nadie los usa: es un dinero que el Estado dice destinar a la I+D pero lo hace con un instrumento sin demanda y por tanto al final se lo ahorra, pero se pretende hacer creer que se puso ese dinero sobre la mesa simplemente porque se presupuestó). Un rápido vistazo a la lista de proyectos concedidos nos muestra que las asignaciones típicas son aparentemente inferiores a las de otros años. En algunos tipos de proyecto, como los Explora, el dinero destinado por el Ministerio representa sólo el 4% del dinero solicitado en las propuestas presentadas por los investigadores, lo cual anticipa un porcentaje de éxito aproximadamente igual, lo cual la convierte en la convocatoria más difícil del ámbito europeo.


Fuera de España tenemos los proyectos del Horizonte 2020 (de infausta evocación en este blog), el sucesor del 7º Programa Marco de la Comisión Europea para financiar la investigación en el espacio europeo. Sin embargo, los problemas presupuestarios nacionales no son exclusivos de España y eso ha empujado a muchos investigadores europeos a refugiarse en estas convocatorias, llevando a situaciones no vistas anteriormente en las que las probabilidades de éxito de una propuesta en algunas convocatorias llegan a ser sólo del 5%. Pero tenemos que intentarlo.

Algunas convocatorias de proyectos europeos, como las del Programa Life, no dan la financiación por adelantado sino que reembolsan los gastos una vez ejecutados. Esto supone un problema para unos centros con cada vez menos remanentes de tesorería con los que absorber esos gastos hasta que lleguen los ingresos. Pero, por otro lado, no concurrir a esas convocatorias, aparte de no cumplir con nuestra misión de investigar, implica dejar de percibir esos imprescindibles costes indirectos que necesitamos para mantener en marcha la maquinaria...

En fin, caen los ingresos de proyectos y nuestra tercera vía de financiación, los contratos con empresa, están también en retroceso. La situación ha pasado de ser complicada a nivel de todo el CSIC a empezar a ser complicada a nivel de cada centro. Es un proceso lento pero difícil de revertir, cuyas consecuencias no se dejarán sentir con intensidad hasta dentro de un año o dos.

 Y eso que de momento estamos tranquilos porque mantenemos la primera vía de financiación, la de los sueldos e infraestructura básica. ¿Se mantendrá esta vía mucho tiempo o empezará a retroceder en un futuro previsiblemente no muy lejano? De momento se mantiene la ficción de que empieza una recuperación económica duradera en España. Hacia finales de este año o principios del que viene será evidente que lo que viene es una recesión global del estilo de la de 2008, aún no sabemos si más o menos intensa. Será entonces cuando probablemente me tocará escribir el siguiente capítulo de esta serie.


Salu2,
AMT

P. Data: Por lo pronto las próximas semanas tengo dos importantes obligaciones que me alejarán relativamente del blog. La más relacionada con el tema de este post es dedicarme a escribir algunas propuestas para intentar conseguir financiación con la que mantener mi equipo, en primera instancia, y ayudar a mi centro gracias a los costes indirectos, en segundo término. La segunda pero no menos importante, dedicarle al menos unos días a mi familia y visitar a mis seres queridos, a los que hace tan sólo tres meses pensé que no volvería a ver. La publicación en The Oil Crash continuará en Agosto, pero saldrán menos artículos. La situación se normalizará hacia Septiembre, confiando que pueda conciliarla los numerosísimos compromisos que tengo en este final de año.



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Sacando patatas

29 Juliol, 2014 - 09:26


Queridos lectores,

El otro día estuve en el huerto recogiendo patatas. Este año hemos tenido el huerto bastante desatendido porque, a pesar de que yo no lo frecuento, mi prolongada baja médica ha impedido a los demás ir; así, el primer día que yo fui había cañota casi tan alta como yo. El caso es que con considerable retraso recogimos las patatas, y aún el otro día recogimos las del último trozo que nos faltaba por cosechar. La verdad es que el experimento involuntariamente casi permacultural no salió mal del todo y la verdad es que recogimos muchas patatas y con muy buena pinta; tenemos más que de sobras para pasar todo el invierno las tres familias que las comemos (tiemblo de pensar qué haremos cuando los melones y las sandías estén maduros).

Hay varias maneras de recoger las patatas. La que usamos nosotros es la de largar la azada perpendicular a la hilera, clavarla hondo y barrer hacia tí mismo. Es un poco pesado, un método de fuerza bruta, pero así sale como el 80% de las patatas que recogemos. Para recoger más patatas removemos la tierra con las manos o incluso vamos escarbándola con los pies, y así sale el 20% restante. No puedes usar azadas u otros aperos cortantes porque cortarías las patatas y las echarías a perder (mi primera largada de azada no fue lo suficientemente larga, a pesar de que la tiré como un metro más allá de la hilera, y al recoger corté por la mitad y limpiamente una patata bien hermosa).

La tarea de recoger patatas es bastante dura, así que uno debe hacer una apropiada economía de fuerzas y medios. Después de la primera extracción, la más masiva, uno hace una o como mucho dos repasadas de la tierra; lo que no haya salido entonces se queda en la tierra. Dependiendo de cuánto hayan profundizado y se hayan extendido las raíces de la mata de patata esas patatas nunca recuperadas puede ser muy pocas o bastantes más, quizá el 5% o hasta el 10% de todas las patatas que había.

Sin duda hay gente de campo con más experiencia, tino y maña que nosotros que conseguirán sacar más patatas, pero siempre te queda la duda de cuántas se han quedado ahí abajo y la seguridad de que se habrán quedado algunas. Es concebible usar algún método de cultivo industrial para aumentar el rendimiento, pero éstos implican un gran consumo de energía, medios y dineros y si hiciéramos las cuentas detalladas de la TRE de las patatas veríamos que no salen a cuenta. Y mucho menos en mi pequeño huerto.

A fin de cuentas, sólo son patatas. Por lo que vale una patata, tanto da que se queden unas pocas ahí abajo. A fin de cuentas, sólo las queremos para comer, pero ya tenemos bastante comida y no tenemos por qué molestarnos por un pequeño porcentaje que costaría gran esfuerzo recuperar.

El ejemplo de las patatas ilustra a la perfección una idea bien conocida en economía, la ley de los retornos decrecientes. Es decir, a medida que se avanza en la explotación económica de un sistema, conseguir el mismo incremento de producción conlleva un coste (económico, energético, de tiempo) cada vez mayor, y de hecho este coste se dispara muy rápidamente. La razón es simple de entender: la primera fracción del recurso explotado es la que es más fácil de acceder; son las patatas más someras o, en un símil que se usa a menudo, es la fruta más grande y que cuelga de las ramas más bajas. A medida que esta fracción se agota, uno tiene que profundizar más e ir más al detalle. Ha de ir a buscar lo que ya no es tan grande ni está tan accesible, ha de incrementar su esfuerzo y rebuscar la tierra en busca de esas patatas más pequeñas y más enterradas, o, en el símil del frutal, ha de buscar la fruta que cuelga de ramas más altas y escondidas y la que tiene menor calibre. Hay que hacer un esfuerzo mucho mayor para obtener una cantidad comparable a la que se extrajo en primer término. Y a medida que el recurso se explota más y más el rendimiento es cada vez menor. Introducir técnicas masivas de explotación y más tecnología ayuda sin duda a mejorar los rendimientos, pero también es bien conocido que una vez que la explotación llega a su madurez los retornos decrecientes son inevitables al margen de cuánta energía o tecnología uno aplique en la explotación.

Resulta curioso que, siendo como es la ley de los retornos decrecientes un principio básico y bien conocido en economía, haya tanto economista que insiste en que este problema no sucede con el petróleo, al margen de la evidencia empírica y de los principios secularmente conocidos que he expuesto arriba con el ejemplo de las patatas y que son completamente de sentido común. Por tomar un ejemplo reciente, los autores de Politikon aluden a las reservas y a la tecnología como vías de escape a los retornes decrecientes de la producción de petróleo, y a pesar de la contundente réplica que les envié desde esta página aún han vuelto sobre los mismos argumentos. Bueno, en realidad peores argumentos, porque para mayor abundamiento caen en la trampa de asimilar "todos los líquidos" con "petróleo", consecuencia de la grave confusión que originó la Agencia Internacional de la Energía al introducir esa nomenclatura (como explica Kurt Cobb) y que lleva a pensar a los desinformados que se trata de sustancias fungibles (intercambiables) cuando no lo son. En el caso del petróleo, los economistas "especialistas" en el sector insisten en las reservas de petróleo, cuando la clave es la producción. El rendimiento del petróleo está asociado a su producción, no a sus reservas, del mismo modo que mi cosecha de patatas está asociada a cuántas extraigo al final, no a cuántas había en el campo. Y justamente la ley de los retornos decrecientes nos dice que siempre quedará una fracción que no merecerá la pena extraer. En este momento las reservas que nos quedan de petróleo son, en su mayor parte, petróleo que será poco rentable o incluso antieconómico porque su rendimiento es muy pequeño. No es que técnicamente sea imposible extraerlo; igual que yo podría sacar todas las patatas de mi campo si cribase con cuidado toda la tierra, se podría técnicamente extraer ese petróleo restante (que es mucho: un 65% del petróleo en un yacimiento convencional - recurso - no se recupera nunca) si es preciso minando toda la roca almacén, arrancándolo gota a gota. Obviamente, con un gasto economómico y energético astronómico, que convierten tal empresa en absurda. Y esa limitación energética y económica es de tipo fundamental: la tecnología puede producir aumentos marginales del rendimiento, algún relativamente pequeño porcentaje, pero no conseguirá cambiar sustancialmente la situación. Pero los "analistas" insisten en las reservas porque son conscientes de una gran diferencia entre el petróleo y las patatas: las patatas volverán a salir el año que viene (si las planto, claro) en tanto que el petróleo tiene sólo un viaje de ida. Así pues, centran su discusión en el aspecto que más ansiedad les causa (que el petróleo es un recurso no renovable, a diferencia de mis renovables patatas), sin tener en cuenta que al margen de su agotabilidad el petróleo está también sometido a la ley de los retornos decrecientes, y todos los indicios a nuestra disposición muestran que ya estamos en una fase de retornos demasiado bajos para mantener nuestra sociedad en marcha.


Para los granjeros de hace dos o tres siglos, esas patatas extra que se quedaban en la tierra podrían ser la diferencia entre la vida y la muerte en los años de malas cosechas. Para nuestra sociedad ávida de petróleo que dilapida crematísticamente para mantener una sociedad de consumo simplemente inviable ese petróleo marginal y residual que ahora nos afanamos en producir es, también, la diferencia entre su vida y su muerte. Insistamos una vez más: no es el fin del mundo, y no es la diferencia entre la vida y muerte de las personas, sino sólo la de una manera estúpida de entender el mundo. Si sabemos elegir en este momento podremos evitar las consecuencias más adversas.


Salu2,
AMT
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Jaque al troll

24 Juliol, 2014 - 00:15

(Este artículo fue originalmente publicado el 24 de Julio de 2014; la presente revisión data  del 27 de Julio de 2014. El autor agradece a los revisores anónimos que han detectado errores en la versión inicial y que le han permitido corregirlos).

Queridos lectores,

Hay un hilo reciente en del foro asociado a este blog que ha recibido una cantidad inusual de comentarios. Varias semanas después de iniciado, aún generaba una actividad significativa. El hilo en cuestión versaba sobre mi post "Aporía", y el principal comentarista es una persona que usa el pseudónimo Nylo. Durante unos cuantos comentarios yo intenté responder a algunas de las cuestiones que planteaba, a pesar de que su entrada en el foro fue muy agresiva, cuestionando todo lo que en aquel post se decía e incluso cosas que no se decían y con un tono un tanto impertinente. Cuando comencé a discutir con él me di cuenta que utilizaba argumentos poco comunes, con fuentes de datos muy especializadas y afirmaciones muy rotundas para alguien que, como él afirmaba, conocía el tema superficialmente. Al cabo de unos comentarios pude comprobar sin lugar a ningún tipo de dudas que estaba actuando de mala fe. Nylo no era una persona que buscase aclarar cuestiones o mantener un debate intelectual; era un auténtico troll con oscuros e indeseables fines.

Este tipo de troll, o reventador de debates, son personas que actúan por fanatismo o, por increíble que parezca, a sueldo: temas como el cambio climático, por su importancia económica, son del desagrado de grandes lobbies y éstos tienen personas a sueldo para intentar neutralizar su divulgación (si leen Usted no se lo cree podrán documentarse a fondo sobre la cuestión).

El objetivo de los trolls nunca es intentar convencer a la persona con la que discuten o tratar de contrastar o despejar dudas propias, sino intentar influir en el lector incauto que pueda leer estos comentarios, al cual se  le intenta hacer creer que hay controversia (cuando no la hay; sólo hay una persona o un par de ellas repitiendo todo el santo rato las mismas cosas, con el fin de crear la apariencia de duda). Su objetivo es crear FUD (fear, uncertainty, doubt : miedo, incertidumbre, duda) al precio que sea. Aún hay pocos trolls profesionales especialistas en Peak Oil (aunque en España ya hay algunos haciendo sus pinitos): lo malo es que gentuza como yo da argumentos tan contundentes que a veces los convencen y abandonan su mala vida, de no mediar cifras con varios ceros en sus cuentas corrientes.


Este tipo de trolls tienen un modus operandi característico por lo que resulta fácil reconocerles:

  • Anonimato: A pesar de lo tajante y el tono de autoridad que emplean, como si su palabra fuera irrebatible, no se identifican jamás, siempre firman anónimamente, no dan nunca la cara. Son conscientes de que con el tipo de argumentación capciosa que emplean su alias podría quemarse cuando se revelasen demasiados trucos y juego sucio, y por ello deben tener siempre otras identidades intactas a las que mudar.
  • Profesionalidad: El troll experimentado no sólo conoce unos argumentos bien elaborados y los sabe exponer con claridad, concisión y contundencia; además, es un maestro en el arte de comentar en las diversas plataformas web: inserta enlaces, resaltados, texto enmarcado y gráficos sin ningún tipo de problemas. Entrecomilla citas textuales de la gente que les responde, resaltando cualquier contradicción real o aparente en sus palabras, tergiversando hábilmente frases completamente fuera de contexto, intentando hacer ver que su contrincante se contradice aunque no sea tal cosa. En ocasiones hasta le afean sus errores de expresión, de gramática o de ortografía.
  • Persistencia: Nunca dejan los debates, los continúan mucho más allá de lo que es propio de una persona normal o de lo que marca la educación. Les va mucho en ello y nunca dejan de intentar crear la duda. Hace tiempo se reflejaba que no tenían una actitud normal porque comentaban continuamente, fuera la hora que fuera, demostrando que en realidad era un verdadero trabajo para ellos. 
  • Son cerriles: Por más argumentos que se les den, si no se detallan en el texto del comentario seguirán diciendo: “Pero no demuestras que no tengo razón”, etc. No sirve de nada poner enlaces a textos detallados: no los van a leer; tienes que escribir tus argumentos explícitamente en el cuerpo de tu mensaje (paradójicamente, ellos sí que usan el recurso de enlazar fuentes prolijas de "información"). Si haces un sencillo cambio de unidades, se quejan de que no lo has detallado, cuando ellos usan argumentos más complicados; si al copiar un número te descuidas de una cifra estás frito, da igual que expliques una y mil veces que fue una errata.
  • Ponen deberes a los demás: Plantean dilemas aparentes, incógnitas que resultan fáciles de despejar (mucho más fáciles de buscar en internet que algunas de las referencias recónditas que dan) pero ellos no se molestan en intentar encontrar la solución, porque no está en su ánimo debatir sino sembrar la duda. De hecho, un rasgo delator con los más torpes es que cuando muestras con detalle la razón por la que su dilema es falso pasan demasiado rápidamente al siguiente punto de su argumentario, dejando claro que ya sabían la solución; ¿y entonces por qué planteaban el problema? Obviamente, porque su manera de discutir no es honesta, porque no buscan la verdad, sino empantanar al interlocutor en función de su nivel de conocimientos allí donde les interesa.
  • Alegar ignorancia cuando conviene: en ocasiones se les da un argumento contundente que muestra que lo que están diciendo son auténticas barbaridades, y si se les reprocha suelen alegar que ellos sólo son aficionados al tema, que no se puede pedir que conozcan todos los detalles (aunque acto seguido vuelvan a argumentar tajantemente tal o cual cosa, muchas veces otra memez). Tal comportamiento es bastante ridículo porque la vehemencia con la que se toman el asunto y la profusión de referencias especializadas escogidas se compadece mal con la pretensión de que en realidad no son expertos del tema. En realidad, obviamente, de lo que son expertos es en crear dudas. Muchas veces copian sus argumentos de páginas anglosajonas, con lo que en realidad no resulta difícil contrarrestar sus argumentos usando páginas antitroll especializadas (como Skeptical Science en lo que toca al Cambio Climático). La recurrencia de ciertas ideas en los argumentarios troll también da pistas de su carácter de troll de un comentarista.
  • Sesgo de selección: También conocido como cherry picking (escoger las cerezas), consiste en tomar referencias muy concretas y de hecho poco conocidas para refrendar sus argumentos a pesar de la presencia abrumadora y mayoritaria en la red de otras fuentes que apuntan a justo a lo contrario; como veremos en el ejemplo de Nylo de más abajo, a veces su fuente escogida no dice lo que pretenden, pero tergiversan su contenido. Resulta curioso que sean capaces de encontrar la pequeña aguja (aparentemente) discrepante y no vean el inmenso pajar de argumentos que la contradicen en la que está inmersa.
  • Hacer continuamente valoraciones personales completamente gratuitas, dar a entender sesgos intencionales, bordear discretamente el insulto, etc. Tal modo de obrar acaba provocando el lógico enfado del incauto que ose contrariar sus argumentos, y cuando al final éste les dice dos o tres palabras fuera de tono al troll de turno, el troll reacciona dolido con afirmaciones del tipo: “Vaya, ya veo cómo se valora aquí la libertad de expresión” o “Ya salieron las típicas reacciones agresivas de la secta calentológica” o cosa semejante. A esta actitud, completamente alejada del verdadero debate científico, se le llama “Guante de hierro con mandíbula de cristal”, y también se usa frecuentemente en el debate político. 
  • Decir siempre la última palabra. Da igual que el debate esté muerto desde hace semanas, siempre tiene que pasar que el último comentario sea del troll o de uno de tus compañeros. Tiene que dar la impresión de que nadie pudo rebatir sus últimos argumentos, aunque éstos sean una repetición de los iniciales (de nuevo, algo completamente alejado del verdadero debate científico). Esta táctica es especialmente útil con gente que ya tiene calados a los trolls y pasa de ellos, o con gente como yo, que estamos muy ocupados y no podemos estar todo el día respondiendo a todas las ocurrencias del troll (a mi no me pagan por esto, con lo que la situación es asimétrica). Es muy oportuno abusar de esta circunstancia aderezándola con algún comentario adicional del tipo: “vaya, parece que nunca sabremos cuál es la respuesta a las preguntas que hice, que me parecen completamente razonables, ya que Antonio nunca se dignó a contestarlas”. Esto es una forma de provocar que enlaza muy bien con el punto anterior.

Hasta aquí la teoría. Ahora veremos un ejemplo práctico con uno de los muchos argumentos que dio Nylo. Intentar desmontarlos todos uno por uno sería larguísimo y pesadísmo, porque además cada argumento claramente rebatido daría lugar a un par de tonterías más, como una hidra inmortal. He tomado uno de los argumentos más repetidos en la discusión con Nylo para ilustrar algunos de sus rasgos troll; explico por qué lo que dice no se sostiene y como un lector con dudas legítimas debería proceder para intentar buscar la verdad.

Copio un fragmento de unos de los últimos comentarios de Nylo


Jul 08, 2014; 6:42pm
Re: Post: Aporía (AMT)
Ocho días han pasado y empiezo a perder la esperanza. Sospecho que no se va a animar Antonio Turiel a dar una explicación más detallada sobre el Jet Stream, aunque veo que en el blog ha publicado una nueva entrada que vuelve a decir lo mismo, que el Jet Stream está loco por lo caliente que está el polo Norte... a pesar de que el polo Norte está desde hace 2 meses más frío de lo normal (ver imagen abajo), y que según los datos de los satélites publicados por Remote Sensing Systems (ftp://ftp.ssmi.com/msu/monthly_time_series/rss_monthly_msu_amsu_channel_tlt_anomalies_land_and_ocean_v03_3.txt), la anomalía de temperatura para toda la región por encima del paralelo 60 (el polo y un poquito más), que es de 0.460, es la más baja desde Marzo del año pasado, hace ya 16 meses. 






Comienza su intervención quejándose amargamente de que no contesto, dando a entender que no tengo más argumentos e insisto en las mismas falsas ideas de antes con un nuevo post - poco después otro comentarista le afeó que justamente había respondido detalladamente mi último mensaje, en el que al principio yo decía que no tenía mucho tiempo y al final que me iba de viaje unos días y que no podría responder (a lo cual él alegó que ya no se acordaba).

Vuelve a insertar la misma gráfica de los modelos; lo primero que me llama la atención es que la curva no supera en mucho los 0ºC (273,15 Kelvin). En otro comentario Nylo va aún más lejos al afirmar que en los últimos 15 años no se está registrando un aumento significativo de la temperatura en el Ártico, lo cual me choca porque recuerdo un seminario al que fui el año pasado en el que se mostraba anomalías de hasta 20ºC en algunos lugares del Ártico. Todo lo que dice Nylo es muy chocante, y contradice la información que he oído en numerosos seminarios, conferencias, etc. ¿Será que no hay nada en la red que confirme si el Ártico está más caliente que nunca desde que hay registros? ¿Será que es más fácil encontrar esas extrañas evidencias a las que se refiere Nylo que las contrarias?

En realidad en cuando uno busca un poco se encuentra no una, sino mil evidencias avaladas por grandes instituciones de investigación que apuntan conclusiones contrarias a las que nos sugiere Nylo, lo cual hace la situación más confusa. Y no hace falta esforzarse mucho; simplemente yendo a la página de la NSIDC uno puede descargarse un mapa del programa de observación del cambio ártico de la NASA y ver las anomalías actuales y pasadas de la temperatura en el Ártico:


Son de la misma zona que nos indica Nylo, se ven anomalías de temperatura enormes en algunas zonas (por encima de los 10ºC) y la media de toda la zona por encima de 60ºN (ilustrada en la gráfica pequeña) muestra una clara tendencia al alza. Pero claro, estos mapas sólo llegan hasta 2012: quizá Nylo sólo cometió un exceso verbal y en realidad en 2014 la cosa está cambiando. El caso es que yo no encuentro tal cosa por internet, ni en la NOAA ni en ninguna institución académica americana ni europea.

Después de investigar durante un tiempo me encontré que la gráfica que ha insertado Nylo corresponde a la comparativa entre la temperatura 1279 actual (calculada con el modelo numérico del DMI) con salida de uno  de los modelos (técnicamente, el reanálisis ERA40) que corren en el Centro Europeo para la Previsión Meteorológica a Medio Plazo (ECMWF, que es el centro de referencia a nivel mundial). Nylo lo había comentado anteriormente en el hilo, pero éste es muy largo y yo estaba de viaje, así  que inicialmente yo no había visto. Al margen de las muchas incertidumbres del modelo (que no permiten saber si realmente la temperatura está un poco por debajo de la media, como parece, o realmente un poco por encima) la clave es que esta temperatura se calcula como la media de las temperatura en la zona al norte de 80ºN, una región muy pequeña centrada alrededor del polo Norte y que si miramos el mapa que doy es justamente donde ha habido los menores cambios. Nylo no lo dice abiertamente, pero como habla tan pronto de lo que se suele considerar el Ártico (la zona al norte de 65ºN) como de esta pequeña subregión, acaba siendo confuso a qué se refiere. Por tanto, examiné los otros datos a los que se refería: la anomalía de temperatura mensual medida por satélite en el Ártico, que está producida por Remote Sensing Systems (REMSS), un servicio de datos de teledetección oceánica que casualmente yo uso mucho.  Y, efectivamente y como señala Nylo, en la serie que él enlaza no se ve que el Ártico se esté calentando. 

Gráfico elaborado por el autor a partir de los datos AMSU de REMSS

Los valores de temperatura que dan allí son extrañamente bajos, pero eso se debe a que lo que muestran es la anomalía (es decir, se ha restado la temperatura típica de cada mes del año: si se le añadiese lo que se vería sobre todo es la gran oscilación entre el invierno y el verano, gráfica  que por cierto Nylo, en una fase posterior de su trolleo, introdujo para emborronar aún más la discusión). A ojo se ve una fase ascendente desde aproximadamente 1985 hasta 2012, y desde entonces una relativa estabilización (no enfriamento). Las oscilaciones son muy marcadas, lo cual revela que o bien hay mucha variabilidad o bien hay mucho ruido en esa media. Hay una palabra clave en estos datos: SSM/I. Los sensores SSM/I, embarcados en varios satélites, son sensores de microondas y la atmósfera es prácticamente transparente para las microondas. Por tanto, es complemente imposible que esas series se refieran a la temperatura del aire a nivel de la superficie. Al principio pensé que los datos se referían a la temperatura no del aire cerca de superficie, sino de la superficie misma (debido al hecho que yo uso datos de sensores de microondas como AMSR-E, TMI, SMOS y Aquarius para ver características de la superficie marina). Sin embargo, y como refiere Nylo en sus mensajes posteriores, en realidad el producto que estamos mirando es el de temperatura media de la Troposfera Inferior en todo el Ártico. De nuevo: no estamos mirando la temperatura del aire superficial, sino la media de una gruesa capa de aire de varios kilómetros de espesor y altura variable (la troposfera baja a medida que nos acercamos al polo). Se da la circunstancia añadida de que, como los sensores de microondas son muy poco sensibles a la atmósfera, la estimación tiene un grado de incertidumbre muy elevado, como explica la página que detalla las características de los productos y da una referencia concreta para su discusión: Mears et al., 2009b. Un rápido vistazo a la incertidumbre estimada nos muestra que básicamente es la responsable de las oscilaciones observadas y por tanto para evaluar tendencias hace falta series un poco largas (con la tendencia observada y la incertidumbre de los datos, de al menos 10 años). Es por tanto imposible asegurar si se está produciendo un estancamiento de la temperatura de la troposfera en el Ártico en 2014 o en los últimos años, como categóricamente asegura Nylo.

Se puede alegar que quizá Nylo no conocía estos detalles, pero, párense a pensar. Imagínense que uno no sabe nada y busca información sobre la evolución de la temperatura en el Ártico. Naturalmente, le salen cientos de páginas enseñando que en los últimos años el Ártico está cada vez más caliente: posiblemente 2014 no sea el año más cálido de la serie, pero está dentro de los 5 más cálidos; y si se mira la cosa a escala de todo el planeta resulta que la propia NOAA nos dice que Mayo y Junio han sido los más calientes desde que hay registros (no tanto así en el Norte de España). Sin embargo, Nylo va a dar con una serie recóndita de un ámbito muy especializado, una serie que no es de la temperatura del aire superficial (que es de la que hablamos cuando nos referimos a la temperatura; ¿o a qué se refieren los mapas de tiempo de su noticiario favorito?) sino de la temperatura de toda la troposfera, estimada con un método muy impreciso que sólo vale para ver tendencias en un plazo de décadas. Saca la serie de contexto y pretende que una institución seria y respetable nos dice que no hay tal calentamiento. Tal manera de obrar es obviamente intencional y no casual, y es lo que motivó mi enfado con él, porque ahí vi claro que obraba con notoria mala fe.

Pensé en contestar en comentario todas estas cosas que he escrito arriba, pero me imaginé que simplemente diría: "Bueno, bueno, yo que sabía" y pasaría a la cuestión insidiosa que ya tenía preparada en su argumentario del siguiente nivel, a ver hasta dónde llegaban mis conocimientos y mi paciencia. Pero en ese momento ya estaba claro que era un troll según los parámetros que he descrito arriba, y continuar esa disputa no serviría para convencerle porque él no busca discutir y aprender, sino sembrar la confusión y la duda, y la apariencia de controversia le convenía y mucho. Vamos, que enzarzarme en una disputa con él sólo sirve para sus fines. Piensen además todo el espacio que me ha llevado refutar sólo una de sus cuestiones (no puedo emplear menos espacio porque, no lo olviden, no valen enlaces, hay que escribirlo todo explícitamente en el texto del comentario porque, como ya les he dicho, el objetivo que él pretende es el lector incauto y no aceptará argumentos no explicitados) y encima he tenido que revisar mis argumentos, puesto que inicialmente cometí varios errores por no tener toda la información. Intentar responderlo todo me llevaría el espacio de una enciclopedia, y encima tendría que tener cuidado de no cometer el más mínimo error porque se agarraría a él como una garrapata. No había nada que hacer y por eso abandoné la discusión... y escogí una estrategia diferente.

La primera parte de la estrategia era escribir este post explicando los oscuros manejos de Nylo, pero eso obviamente no es mucho mejor que contestarle en el foro; allí mismo o en cualquier otro sitio en internet él expondría sus motivos y seguramente insistiría en la validez de su gráfica de modelos de temperatura en la zona al norte de 80ºN (debe ser importante para él porque la repitió en tres ocasiones; no debe tener mucho más para ilustrar su falso punto) y en la serie de REMSS, que es de datos de satélite y por tanto son más fidedignos en cierto modo. Así que hice algo más, y que es lo que recomiendo hacer cada vez que el lector se encuentre en una situación semejante: acudir a la fuente y pedir explicaciones; lo que sigue es una traducción de mi e-mail:




Subject: Declaración formal sobre uno de sus productos
Date: Tue, 08 Jul 2014 21:04:35 +0200
From: Antonio Turiel
To: support@remss.com

Estimados Sres,

He observado recientemente que algunos sitios negacionistas aquí en España usan uno de sus productos (ftp://ftp.ssmi.com/msu/monthly_time_series/rss_monthly_msu_amsu_channel_tlt_anomalies_land_and_ocean_v03_3.txt) para argumentar que no ha habido calentamiento en el Ártico durante los últimos 15 años.

Les estaría muy agradecido si me pudieran referir a una declaración formal sobre el alcance y aplicación de su producto. Les estaría aún más agradecido si me pudieran referir a una declaración formal sobre el error de razonamiento que he mencionado más arriba.

Gracias por su amable atención. Saludos cordiales desde España,
Antonio Turiel


Y he aquí la traducción de la respuesta:


Subject: Re: Fwd: Declaración formal sobre uno de sus productos
Date: Tue, 15 Jul 2014 14:04:47
From: Carl Mears
To: Antonio Turiel ,support@remss.com


Estimado Dr. Turiel,

Gracias por su email.

No conozco los sitios que menciona. ¿Me podría enviar un enlace? Puedo leer en español, aunque no muy bien (viví un año en Argentina).

No es cierto que nuestros datos polares no muestren calentamiento en los últimos 15 años. Para la troposfera inferior, la tendencia lineal de los últimos 15 años (60N a 82,5N) es 0,302 K/década, sólo un poco por debajo de la tendencia del período entero de 35 años del conjunto MSU/AMSU derivado por satélite (0,325 K/década). Esto a pesar de la relativa falta de calentamiento en los trópicos en ese período. Así pues, el Ártico ha continuado calentándose incluso si el calentamiento se ha ralentizado en los trópicos. Esto no es sorprendente teniendo en cuenta la retroalimentación albedo positivo del hielo y del albedo de la nieve que está probablemente ocurriendo.



Adjunto dos gráficas. Puede usarlas como guste. Los datos son idénticos a los que están disponibles en nuestra web. Los ajustes son simples ajustes lineales por mínimos cuadrados.

(ftp://ftp.remss.com/msu/graphics/tlt/time_series/rss_ts_channel_tlt_northern%20polar_land_and_sea_v03_3.txt)

Sinceramente,
Carl




Después de esto, poco más queda por decir: está claro que los creadores de los datos (el propio Carl Mears en persona) desautorizan la falsa interpretación de Nylo y, lo que es más grave, en su propia web dan datos que demuestran la falsedad de su argumento, pero Nylo, por algún motivo, no los vio. Lo cual de hecho es imposible, porque en la discusión de este post, cuando Nylo me señaló mi error sobre creer que los datos eran de temperatura de superficie, justo me enlazó la página web con la descripción de los datos al final de la cual aparecen exactamente las mismas gráficas que me envió Carl Mears. O sea que por fuerza las tuvo que ver, pero como no interesaban a su argumento, como tampoco toda la extensa discusión que da Mears sobre la incertidumbre de sus estimaciones, simplemente miró a otro lado.

Y si quieren poner un poco de humor a tan desagradable asunto, siempre pueden revisitar un clásico: "De trolls y otros bestias"

Salu2,
AMT



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Sobre los recursos supuestamente sustituibles de la economía global

21 Juliol, 2014 - 17:01


Queridos lectores,

Al hilo de la crítica de Politikon al manifiesto "Última llamada", mi compañero, amigo y fuente de inspiración, Antonio García-Olivares, escribió una crítica que publicó en primera instancia como comentario en aquel artículo. Dada la profundidad del contenido del comentario, creo que merece la pena darle un espacio más prolijo y presentarlo como es debido. Les dejo con mi tocayo.

Salu2,
AMT 

Sobre los recursos supuestamente sustituibles de la economía globalAntonio García-Olivares
Para complementar el excelente post de Antonio Turiel, que comparto, me gustaría responder un poco más concretamente a algunas de las afirmaciones que plantea Juan de Ortega en su post “"Ultimátum a la Tierra (II): Recursos para la economía global", en la web Politikon, y que me parecen insostenibles.Juan de Ortega afirma en ese manifiesto que “la industrialización se puede describir en buena parte como el proceso en el que la economía humana, tradicionalmente limitada por la escasez de un conjunto heterogéneo de recursos naturales (tierra cultivable, agua, recursos minerales), es capaz de afrontar cualquier otra clase de escasez mediante el uso de capital alimentado por fuentes de energía alta densidad. Por tanto, nuestra versátil economía industrial solo sufre una forma de escasez de recursos realmente esencial: la de la energía que alimenta el capital. Con recursos energéticos abundantes, los demás cuellos de botella físicos al desarrollo son en general abordables”.
Si Capital + energía es capaz de producir cualquier cosa que sea necesaria para sustituir a cualquier recurso que se vuelva escaso, entonces la física y la química, con sus principios de conservación, sus leyes termodinámicas y sus cuidadosos estudios sobre los procesos que son posibles en la naturaleza, todas estas ciencias sobran, en lo sucesivo debemos dejar de estudiar ciencias, y todo el mundo debería ponerse a estudiar economía y a utilizar “leyes” económicas y no leyes físicas para describir el mundo. Algo de esto ya hay, y es lo que pretende imponer el neoliberalismo pero, mientras quede sensatez sobre el planeta, la gente seguirá dando más crédito a la física y a la química que a la economía, afortunadamente para todos.Hay cosas fundamentales en este planeta que no pueden ser sustituidos por capital y energía. Un ejemplo lo constituyen los ecosistemas que nos proporcionan “servicios” fundamentales tales como el reciclado del agua potable y de las principales moléculas químicas de la biosfera; otro la diversidad biológica que nos ofrece un banco de genes (hoy en declive acelerado) del que la industria farmacéutica ha obtenido los principales antibióticos y una enorme cantidad de medicamentos especializados; otro la fotosíntesis, que convierte cada año sesenta mil millones de toneladas de materia inorgánica en tejidos vivos, y bombea una cantidad parecida de oxígeno a la atmósfera.  El incremento anual en la productividad de la producción de cereales ha caído desde 1970 del 3.5% al 1.5%. Los productores de grano más eficientes se están acercando a un techo invisible de unos 70-80 mil  Hg/Ha para el trigo y 70 mil Hg/Ha para el arroz. Incrementos ulteriores en la productividad por hectárea tenderán muy probablemente a cero debido a los límites biológicos (Food Outlook 2012, (Global Information and Early Warning System). Food and Agriculture Organization of the United Nations. http://www.fao.org/docrep/016/al993e/al993e00.pdf, visitado el 2013/06/13). ¿Cómo va el capital + la energía (renovable y no-renovable) aumentar la fotosíntesis por unidad de superficie en este planeta? ¿Nos lo va a explicar la teoría económica o acudimos mejor a los biólogos y ecólogos? Me parece más sensato ir a los segundos, que son especialistas en el tema. Y nos dirán, casi unánimemente, que lo de la fotosíntesis artificial no se contempla ni en la ciencia ficción, y que lo urgente es llegar a un sistema económico que esté en equilibrio con las tasas de crecimiento y reproducción de los ecosistemas y cultivos, y que sea sostenible, porque el actual sistema no lo es.
En cuanto a la disponibilidad de los minerales, Juan de Ortega afirma lo siguiente: “La observación de los dos gráficos revela la característica más interesante de la minería metálica: la cantidad de recursos disponibles con calidades peores crece muy rápidamente, de forma casi exponencial (…) El agotamiento físico del cobre (entendido en términos relativos, es decir, el del cobre de mejor calidad) es una realidad perfectamente documentada, pero las ganancias de productividad en ese sector han compensado el efecto del agotamiento físico, y actualmente explotamos recursos tan marginales que su abundancia es muy elevada. En este siglo de masiva extracción, el precio real del mineral ha mostrado un comportamiento estacionario”
Lo que nos dicen los geólogos e ingenieros de minas es algo mucho más preciso y preocupante que esa simplista receta genérica de economistas de hace cien años: la mayoría de los filones metálicos se formaron en condiciones muy especiales, de ascenso de magma, enfriamiento, pérdida de agua y retención en fisuras rocosas de los sulfuros que cristalizaban mientras ascendían con el magma. Por ello, la concentración de la mayoría de los metales no obedece a una ley de potencia uniforme, con cantidades crecientes disponibles para concentraciones (“leyes minerales”) ligeramente menores. El día que se extraiga el mineral que está concentrado en esas fisuras geológicas, lo que nos quedará estará casi en su totalidad a la concentración de la corteza terrestre. Véase Ayres et al. 2002, que analizan las reservas de cobre, plomo y zinc: “Copper, lead and zinc (…) are currently being mined from mineral ores at grades far higher than the average in the earth’s crust. These high grade ore bodies exist because of natural geochemical concentration processes (…) Copper (and lead and zinc) are characterized by double-peaked (or, conceivably, multiple peaked) quantity-grade distribution functions. A relatively small fraction of the total crustal copper is in relatively high grade mineral ores (mainly sulfides) while most of it is dispersed more or less uniformly at extremely low concentrations (a few parts per million) in so-called atomic substitution sites in ordinary rock. In effect the two peaks are separated by a `mineralogical barrier’ (…) During this phase (where we are now, still) ore grades being mined are gradually declining (…) However, at some point in time, the peak of the quantity-grade distribution will be reached, the decline in ore grade will accelerate, and the stockpile of known reserves will also begin to fall. The second phase of extraction history begins (…) It is thought that this point may occur in the case of copper when the lowest ore grade being mined falls to around 0.1% or so. In the second phase of copper mining the energy requirements, and materials handling costs of mining and concentration will begin to increase sharply”En resumen, que en cuanto agotemos la extracción de los sulfuros metálicos procedentes de magma ascendente que se concentraron en fracturas rocosas entre 100 y 400 grados, lo que quede tendrá concentraciones que caerán bruscamente a las concentraciones habituales en la corteza (100 ppm el Zn; 66 ppm el Cu; 47-51 ppm el Nickel, 7 ppm el plomo; 0.01 ppm la plata; 0.005 ppm el cobalto). Si un metal tiene una concentración de 1 ppm en la corteza terrestre, hay que remover y purificar un millón de toneladas de roca para obtener una tonelada de metal. El orden de magnitud de la extracción mundial de zinc o cobre es de 10-20 millones de toneladas al año. Habría que remover pues unas 300 000 millones de toneladas de roca al año para obtener el cobre que se obtiene actualmente (y luego gestionar el destino de esos desechos de forma socialmente aceptable).La energía necesaria para la extracción de los principales minerales metálicos ha sido estimada por Domínguez Vega (2014, tesis doctoral: “Exergy cost assessment in global mining”, dirigida por Antonio Valero y Alicia Valero) en función de su concentración geológica. En el caso del cobre y el nickel, las dependencias parecen ser, respectivamente:ECu(GJ/t) = 23.81 c^(-0.35)         donde c es la concentración de cobre en el subsuelo (g/g)ENi(GJ/t) = 17 c^(-0.67)        donde c es la concentración de nickel en el subsuelo (g/g)
Lo cual nos indica que harían falta 0.44 TW de potencia sólo para suministrar la demanda actual de cobre y 0.79 TW para suministrar la demanda de nickel. Hay unos 25 metales importantes para la industria. No voy a repetir el cálculo para cada uno, pero suministrarlos todos desde sus concentraciones en la corteza podría requerir del orden de los 10-20 TW. Si contabilizáramos el coste no sólo de extraer el mineral, sino también el de gestionar (de forma socialmente aceptable) la enorme masa de escorias generadas, el coste podría subir probablemente al doble de esta cantidad. Esto es, para mantener el nivel actual de extracción de metales haría falta entre toda la energía que se está produciendo actualmente y el doble de esta energía. Es una burda primera aproximación que se podría refinar más, pero que nos da una idea de la enormidad del problema al que estaríamos enfrentándonos. Porque si toda esa energía fuese utilizada exclusivamente en extraer metales, ¿qué energía quedaría para producir la propia energía, y para la agricultura, la industria y los servicios? ¿Cuánta energía total (E) tendríamos que producir entonces? Hagamos una estimación: Si el mínimo de energía limpia (Esocial) que debemos tener en una sociedad fuera 10 veces mayor que la usada en extracción de minerales (Eextr) y en obtener la propia energía Eener (ninguna sociedad humana ha contado con una fracción menor que 10:1 de energía neta para usos sociales, ni siquiera los cazadores-recolectores), y suponemos que el futuro mix energético conseguirá una tasa de retorno energético (TRE) de 20 (con renovables y quién sabe si algún día de finales del siglo, con fusión también), tenemos que:
E = Eextr + Eener + EsocialEextr = 20 a 40 TWEsocial = 10 (Eextr + Eener)E / Eener = 20 Cuya solución es: E = 489 a 978 TW (1 TW = 10^12 W o 1 billón de Watios).Ahora bien, en un trabajo que publicamos hace unos años (resumido en el post http://crashoil.blogspot.com.es/2012/01/un-mix-renovable-escala-global-con.html ) demostrábamos que un futuro mix totalmente renovable o mixto renovable-fusión (y no es nada fácil concebir otro diferente plausible de aquí a un siglo) el despliegue de 11.5 TW de potencia exclusivamente eléctrica y la consiguiente electrificación de la economía obligaría a usar un 35% de la actual reserva base de cobre. La reserva base incluye cobre que hoy no se sabe cómo extraer, pero que se podría llegar a extraer si se inventasen nuevas tecnologías que lo hicieran factible.Suponiendo que se pudiera llegar a producir 489 TW mediante un futuro mix de renovables + fusión, lo cual no deja de ser un alarde de optimismo bastante notable (hoy se producen unos 16 TW), ¿cuánto cobre metálico necesitaría tal despliegue eléctrico? No he repetido los cálculos con esta nueva cantidad de potencia, pero estoy casi seguro de que sería bastante superior a la reserva base (que ni siquiera se sabe si se podrá llegar a extraer).Hay quien dirá que el cobre puede ser sustituido por aluminio y acero, y así lo proclama el post de Juan de Ortega. Sin embargo, la viabilidad de la sustitución de cobre por aluminio está demostrada sólo para conductores de alta tensión y alta frecuencia. No lo está para lo que se usaría principalmente en una futura economía eléctrica: para los bobinados de alta potencia de los generadores y de los motores eléctricos (sí lo está para los bobinados de baja potencia), ni para los conductores de alta tensión y corriente continua, necesarios para muy largas distancias y cables submarinos, ni para dar maleabilidad a las grandes estructuras. Así que esto de que el aluminio sustituirá al cobre y todo lo demás se quedará igual es un acto de fe y nada más. Un acto de fe aún más infundado es pensar que el grafeno y los superconductores orgánicos de alta temperatura servirán algún día para conducir corrientes eléctricas de alta potencia (MW a GW, en lugar de milésimas de W como ahora) y para ser usados en los bobinados de generadores y motores de alta potencia.En cuanto a sacar metales del mar, el estudio de Bardi (2010, Sustainability 2, 980-992) demuestra que es inviable para todos los minerales salvo, parcialmente, para el Litio. Por poner un ejemplo, la demanda actual de cobre agotaría las existencias de cobre en agua de mar en 50 años, pues el mar no es un repositorio infinito, sino que por el contrario, es un repositorio de metales mucho más limitado que la corteza terrestre. Además, tal extracción marina requeriría una energía cuatro órdenes de magnitud mayor que la electricidad consumida actualmente.Todo esto es suficientemente preocupante y serio y está basado en cálculos concretos. Es asombroso que haya economistas que se atrevan a “refutar” tales estimaciones, basadas en estudios técnicos, con una sandez acientífica como la de que “el capital”, unido a “la energía”, ambos abstractos y universales, serán siempre capaces de resolver “cualquier clase de escasez”. O con la sandez análoga de que “la subida de los precios bastará para resolver la escasez de minerales, pues si el precio es suficientemente alto, éstos podrán extraerse del agua de mar”.Sin embargo las dicen, se quedan tan tranquilos, y nadie de su campo las suele rebatir, pues la mayoría de las afirmaciones económicas no necesitan tener ninguna seriedad científica al parecer, basta con que tranquilicen a los inversores, apoyen el consumo habitual, y no pongan en duda las instituciones económicas fundamentales. Quizás porque la economía es un campo del saber muy cercano al de las decisiones políticas, también es el único campo del conocimiento donde pasa que algunos que predican falsedades contrarias a la ciencia (como los negacionistas climáticos) reciben una calurosísima acogida y son incluso mejor financiados que los que investigan honradamente en ese grave problema social y también económico que es el cambio climático. Esto no pasa en otros campos de la ciencia, y lleva a pensar que una parte no despreciable de la producción de saber económico no es producción de saber, sino de simple propaganda política e ideología útil. ¿Útil para quién? Esto daría para otra discusión, y no es el tema que nos trae. Sobre el petróleo y su sustitución
Siento repetirme, pero es que los cornucopianos y tecnooptimistas también se repiten una y otra vez, de una forma cansina, y es agotador tener que responder una y otra vez a sus comentarios buscando nuevos argumentos, cuando los de ellos son siempre los mismos. Así que voy a parafrasear de nuevo un post mío de hace tiempo, por si algún tecnooptimista se acerca a este blog y no lo ha leído todavía (tomado de  http://crashoil.blogspot.com.es/2014/03/realmente-es-inmimente-el-peak-oil.html ):Hay buenas razones para pensar que el cénit de la producción de petróleo (“peak oil”) está cerca. Una de las razones es la inelasticidad que se observa desde 2006 en la relación entre producción y precio (Murray y King 2012). Otra razón es el crecimiento prácticamente nulo en la producción de petróleo desde ese año (IEA 2010). Una tercera razón es que las reservas finalmente recuperables (URR) de petróleo existentes han sido estimadas en, aproximadamente, el doble de las ya extraídas (Laherrère 2007a). Pese a tales evidencias, algunos objetan que las predicciones de un próximo cénit de petróleo y combustibles fósiles son erróneas porque los valores publicados de recursos disponibles dependen no sólo de las tecnologías de explotación disponibles sino también del capital invertido en exploración geológica, el cual se va invirtiendo a medida que las empresas lo necesitan, de modo que la cantidad de reservas conocidas (o el horizonte de explotación) permanece más o menos estable a lo largo de las décadas. Sin embargo, el horizonte de explotación debería permanecer estable a lo largo de las décadas sólo si la tasa de nuevos descubrimientos es mayor que la tasa de consumo. Pero actualmente ese no es el caso, tal como puede observarse en la figura siguiente, adaptada de Exxon Mobil Corp.:A la vista de esta figura, es difícil de creer que las reservas sigan creciendo, al menos en opinión de Exxon Mobil. Por otra parte, aunque es cierto que las reservas pueden crecer con el tiempo en ciertos periodos, el parámetro llamado “reservas finalmente extraíbles” (URR) presenta una estabilidad mucho mayor, pues representa la asíntota o tendencia a largo plazo de la función “reservas más petróleo ya consumido”. Aunque esta función tiende a crecer con los años, su tasa de crecimiento disminuye a medida que la tasa de nuevos descubrimientos decrece, de modo que presenta una tendencia a saturarse en un valor asintótico, que es la URR. Las mejores estimaciones disponibles de la URR del petróleo, gas y carbón se basan en los estudios de Jean Laherrère, un ingeniero que trabajó durante 37 años para Total, donde fue jefe de tecnologías de exploración, y que tras jubilarse se convirtió en uno de los miembros más activos de ASPO (la asociación para el estudio del pico del petróleo). En (Laherrère, 2007) este autor demuestra que las estimaciones “políticas” (OPEC) y financieramente orientadas (US Security Exchange Commisssion) de las reservas “probadas” (1P) son completamente inconsistentes con las estimaciones calculadas técnicamente de reservas “probadas + probables” (2P). La figura siguiente, actualizada por Laherrère a partir de ese estudio, muestra que las reservas técnicas tienen una tendencia declinante desde 1980 y que las estimaciones de la OPEC y de la SEC presentan una tendencia independiente y poco creíble.La línea roja de la figura, que representa las reservas “probadas” oficiales son un sinsentido según Laherrère, ya que han sido obtenidas agregando reservas probadas individuales de campos petrolíferos o de naciones, y es sabido que la suma de N variables de, digamos, una probabilidad del 90% no es una variable con el 90% de probabilidad. Esto no ocurre con las reservas técnicas 2P “probadas + (50%) probables” (línea verde), que están más cerca del valor esperado y que pueden ser agregadas con más seguridad. La curva roja asciende casi verticalmente en 1986-1988 debido a la lucha que se produjo entre los miembros de la OPEC por los derechos de cuota, que indujo a muchos de ellos a inflar arbitrariamente sus reservas declaradas. Más tarde (en 2007) Sadad al-Husseini, antiguo vice-presidente ejecutivo de exploración y producción de la petrolera Saudi Aramco, en una conferencia en Londres reconoció que las reservas habían sido infladas en 300 Gb (giga barriles) debido a razones políticas. Además, tras el 2000 la curva sube verticalmente de nuevo debido a la reclasificación de los petróleos “extra-heavy”, que no eran considerados petróleos anteriormente sino “bitumen”. Todo esto hace que los datos oficiales mostrados en la línea roja carezcan del rigor necesario para ser usados científicamente, dado que han sido preparados para crear confianza en las reservas declaradas por los países, y para convencer a los inversores de que la producción no se interrumpirá en los próximos años, y no para ser usados por ingenieros o científicos.Otra figura relevante del estudio citado es la siguiente, donde es aparente la falta de correlación entre tasa de descubrimientos y precio:La tasa de descubrimiento debe por tanto depender principalmente de otros factores diferentes al precio tales como, por ejemplo, la geología.Por otra parte, si el horizonte de explotación fuera el mismo hoy que hace 60 años, estas declaraciones de Christophe de Margerie, director ejecutivo de Total, no tendrían sentido: “Nosotros no lo sabemos todo, pero sobre reservas de petróleo y producción sabemos mucho. Y es nuestro deber decir claramente (…) que la industria es poco probable que pueda producir más de 100 millones de barriles por día, muy por debajo de los 120 millones o similar que la IEA estima que el mundo podría producir en 2030, y que hará falta para el crecimiento galopante de Asia”, y añade que 90 millones de barriles al día es “optimista” (actualmente la producción de todos los líquidos está en una meseta de 86 ±2 Mb/d desde 2005, y la producción de crudo más condensado en una meseta de 74 ±2 Mb/d). Como dice De Margerie: “lo que ocurrirá muy pronto es que el suministro de petróleo no cubrirá la demanda. Eso no significará que no haya petróleo. Hay reservas de petróleo, pero hará falta invertir muchos miles de millones para conseguirlas”.
Sin embargo, De Margerie es escéptico sobre la posibilidad de que tales inversiones se produzcan. ¿Por qué? Primero, porque el petróleo se está volviendo cada vez más difícil de extraer: “el output de los campos existentes está declinando en 5 – 6 Mb/d cada año. Esto significa que las empresas de petróleo tienen que encontrar montones de nuevos campos sólo para mantener la producción en los niveles actuales. Más aún, la clase de campos que las compañías occidentales están comenzando a desarrollar, en agua muy profunda, o de petróleo casi sólido parecido al alquitrán, son de un desafío técnico mayor”. No hay suficientes trabajadores cualificados en el mundo ni equipos especializados, piensa De Margerie, para aumentar la producción tan rápidamente como la gente espera. “Todos nosotros pensamos lo mismo” (dice refiriéndose a otros CEO’s del petróleo) “es sólo un tema de si lo decimos”.Una consecuencia de este creciente coste de extracción es que la producción de petróleo se ha vuelto inelástica después de 2005 a pesar de los altibajos en su precio, que ha fluctuado entre 40 $/b y 138 $/b sin producir una variación visible en la producción (Murray y King 2012), lo cual lleva a estos autores a identificar un techo de unos 75 Mb/d para la producción de crudo (véase la figura siguiente, que también comentó Antonio Turiel en su anterior post).  En estas condiciones, resulta poco atractivo invertir en extracción petrolífera. ¿Y cuál es la razón última de esta inelasticidad de la producción? Una hipótesis plausible es considerar que la estimación de Laherrère de una URR de unos 3000 Gb de petróleo (poco más del doble de lo ya consumido) es esencialmente correcta y que este valor estimado no se incrementará mucho más en el futuro, debido a la insuficiencia de inversiones, el coste creciente de extraer el petróleo que queda (profundidades y presiones más altas, mayor densidad y viscosidad, petróleos de inferior calidad) y la retroalimentación mutua entre estas dos variables. Y esta es una aproximación muy verosímil que concuerda con los datos observados en los últimos años. En mi opinión, los modelos basados en un horizonte móvil de explotación en función del precio son útiles en situaciones con infinitos recursos que explotar, cuando la respuesta al precio es elástica, pero los modelos de tipo Hubbert, basados en la URR, son mejores para modelar el comportamiento a largo plazo cuando la respuesta al precio se vuelve inelástica.
En conclusión, la situación de los recursos minerales y energéticos es muy preocupante. Conviene estudiarla bajando a la arena de la producción industrial, la técnica y las ciencias duras, y no enarbolando recetas económicas abstractas que valieron (parcialmente) para otras épocas. El optimismo del post de Juan de Ortega me parece infundado, pues se basa en gran parte en esta clase de formulaciones, procedentes de economistas y científicos sociales que no conocen los detalles técnicos de los procesos concretos que están operando ni qué parámetros de estos procesos han cambiado en las últimas décadas. Vivimos en un mundo en el que los recursos han dejado de ser inagotables, y algunos prefieren ignorarlo refugiándose en la fe (en el Progreso y la Tecnología abstractos) en lugar de estudiar las tendencias que tienen los procesos tecnológicos y ecológicos reales. Y la situación que vivimos y vivirán nuestros descendientes no está para frivolidades de este tipo.
En un artículo ya publicado (García-Olivares y Ballabrera 2014 5), resumido en el post  http://crashoil.blogspot.com.es/2014/03/como-sera-la-economia-tras-el-cenit-de.html y en http://crashoil.blogspot.com.es/2014/03/mas-alla-del-capitalismo.html , discutimos qué repercusiones puede tener el declive de los combustibles fósiles, unido a las limitaciones minerales y a la erosión del “capital natural” sobre las tasas de crecimiento económico. Y nuestra conclusión fue que las tasas de crecimiento pueden verse forzadas a declinar durante este siglo debido a las múltiples crisis superpuestas, y que lo mejor que podríamos hacer es empezar ya a pensar seriamente en construir un sistema económico estacionario, en equilibrio con los recursos, y capaz de generar prosperidad incluso sin crecimiento. Tal debate es urgente, y resultaría mucho más productivo que continuar afirmando que los recursos y el crecimiento serán eternos, cuando las condiciones que hicieron posible este crecimiento exponencial continuado no están ya presentes.
Citas Laherrère, J. 2007. Uncertainty of data and forecasts for fossil fuels, University of Castilla-La Mancha,  http://energycrisis.com/laherrere/Castilla200704.pdf2 Walt, V., 2010. Christophe de Margerie: Big Oil’s Straight Talker. Time Magazine, January 22. Available at: http://www.time.com/time/specials/packages/article/0,28804,1954176_1954175_1954172,00.html3 http://www.economist.com/node/104965034 Murray, J., D. King, 2012. Oil’s tipping point has passed. Nature 481, 433-4355A. García-Olivares & J. Ballabrera, 2014. Energy and minerals peak and a future steady state economy. Technological Forecasting and Social Change . http://dx.doi.org/10.1016/j.techfore.2014.02.013

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Revista de Prensa: Artículo "Ultimátum a la Tierra (II): Recursos para la economía global" de Juan de Ortega en Politikon

17 Juliol, 2014 - 01:38


Queridos lectores,

Hace unos días la web Politikon publicó la segunda parte de su crítica al manifiesto "Última llamada", titulada "Ultimátum a la Tierra (II): Recursos para la economía global", firmada por Juan de Ortega. Como ven, es la segunda de tales críticas; pero la primera (firmada por Jorge San Miguel) es tan fácil de responder que no merece la pena dedicarle un post entero: baste decir que su argumento central es que "Última llamada" niega el progreso habido durante los dos últimos siglos, y que como ha habido un gran progreso material durante las últimas décadas sólo cabe esperar que siga por siempre. El razonamiento es tan infantil y poco substanciado que, como digo, no merece la pena extenderse mucho más con él. La segunda parte, de Juan de Ortega, tiene un poco más de contenido, ya que al menos se toma la molestia de examinar la sustancia de algunos de los problemas expuestos en "Última llamada", y tiene la honestidad de reconocer que el cambio climático puede ser un problema grave. Lo más llamativo del artículo de Juan de Ortega es que en muchos casos identifica correctamente el origen de muchos de los problemas que aquejan a nuestro mundo, pero le falta valentía o le sobran prejuicios para unir los puntos. Analicemos el texto con algo de detalle.

La primera cosa que llama la atención es la insistencia en que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Es innegable (y "Última llamada" no lo niega) que el mundo, sobre todo el Occidental, ha experimentado un enorme progreso durante los últimos dos siglos. Sin embargo, es también innegable que los últimos siete años, sobre todo en el mundo Occidental, se está experimentando un retroceso profundo: incluso en el país que se suele poner como ejemplo de progreso, los EE.UU., 1 de cada 7 adultos y 1 de cada 4 niños depende de la caridad para comer. El caso de España la situación no es mejor: según la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, citando datos de Eurostat, la proporción de personas por debajo del umbral de la pobreza o en riesgo de exclusión social es superior a 1 de cada 4. Jactarse de que todo ha ido fantásticamente bien sin contextualizar mínimamente el momento actual, que tanta angustia produce a tantas familias que ya están en una situación complicada y a las que temen estarlo, resulta un tanto inadecuado. Se puede decir que a pesar de la crisis aún estamos mejor que hace décadas, se puede argumentar que la crisis es un paréntesis que ya pasará (aunque en realidad esta crisis no acabará nunca), pero lo que no se puede decir es que todo va maravillosamente en contraste con la memoria reciente de la población.

Es también llamativo que se destaque qué bien ha ido todo cuando justamente "Última llamada" afirma que estamos en el cenit de la civilización industrial. Por definición, el cenit es el punto más alto, a partir del cual se va hacia abajo, y por supuesto que antes de comenzar la bajada es cuando más alto estás; incluso ahora, que la bajada ya ha comenzado, estamos comparativamente más altos que en la mayoría de la Historia de la Humanidad (todo lo cual, insisto, es bastante cierto en Occidente y bastante más discutible en el resto del mundo, por más que uno lo adorne con índices abstractos que casi nunca reflejan la heterogeneidad de los lugares examinados). Por supuesto que los autores de Politikon tienen todo el derecho a criticar en base a datos si realmente estamos en el cenit o, como parece, comenzando el declive, basándose en conocimiento técnico sobre los recursos actuales y sus posibles sustitutos, y en proyecciones fundadas, pero el argumento no podrá ser nunca referirse a lo que sucedió en el pasado, pues asumir que las tendencias del pasado continuarán por siempre equivale a negar que pueda haber tal cenit (si niegas la mayor, en contra de toda la evidencia geológica y termodinámica, ¿qué sentido tiene seguir discutiendo?).

Yendo más al detalle, a mi personalmente me choca la mención que hace a un informe del Banco de España (Macias y Matilla, “Net Energy Analysis in a Ramsey-Hotelling growth model”, 2012) que justamente yo cito a menudo para referirme a la conclusión principal de ese estudio, a saber: que el mercado no es capaz de anticipar la escasez futura de materias primas señalándolo en los precios, y que por tanto lo que gobierna la disponibilidad de recursos es más Hubbert que no Hotelling. La otra gran referencia del artículo de Politikon es el profesor Vaclav Smil, un experto ambientalista conocido, entre otras cosas, por descartar cualquier noción de escasez de recursos usando los argumentos falaces habituales (confusión entre diferentes hidrocarburos que conforman lo que se ha dado en llamar "todos los líquidos" con petróleo, minimizar las limitaciones de los sucedáneos de petróleo en cuanto a producción máxima, TRE o requerimientos materiales, fe en el progreso y el libre mercado, desconocimiento de la interacción entre la crisis energética y la crisis económica, etc). En suma, se trata de un experto que sintoniza con la manera de pensar de los autores de Politikon. Lo cual es por supuesto legítimo: cada cual puede proponer las fuentes que le parezcan más oportunas con tal de que no se escuden en argumentos de autoridad y se discutan los datos y razonamientos. Posiblemente los autores de Politikon argumentarán que yo también escojo mis referencias con un cierto sesgo preferencial, y posiblemente es cierto, aunque intento introducir diversidad de fuentes y me gusta apoyarme en las que son menos favorables a mis tesis (por ejemplo, la Agencia Internacional de la Energía, AIE, como veremos en un momento). Quiero destacar aquí un detalle del artículo de Politikon; hablando de Vaclav Smil dice literalmente:

"...recomiendo sin duda al lector interesado curiosear por su increíble página web; en particular este artículo sobre el famoso estudio “Los límites del crecimiento” es bastante clarificador sobre mucha ]de[ retórica de la sostenibilidad."
 
El artículo citado es bastante clarificador, pero lo es más sobre la retórica del prof. Vaclav Smil que no sobre la "retórica de la sostenibilidad" (parece ser que Juan de Ortega piensa que hay un único discurso de naturaleza doctrinal sobre la sostenibilidad; afortunadamente, no hay tal cosa: no estamos hablando de la religión neoliberal). Más de la mitad del artículo de Smil versa sobre los recuerdos y anécdotas del propio Smil respecto a la publicación del primer estudio de "Los límites del crecimiento" y sus críticas son genéricas, enfáticas, poco específicas. La única crítica metodológica que he encontrado en esas 8 páginas se refiere a la poca fe que tiene Smil en el uso de variables agregadas y de parámetros efectivos para la descripción de sistemas complejos. Por formación, el Sr. Smil obviamente no tiene demasiadas nociones de mecánica estadística, no sabe lo que son los comportamientos emergentes ni las clases de universalidad de las interacciones efectivas cuando un sistema tiene un gran número de grados de libertad (un gran número de individuos, por ejemplo), y tampoco entiende que lo que pretende "Los límites del crecimiento" no es predecir de manera cuantitativa el curso exacto de nuestra civilización sino las posibilidades cualitativamente disponibles. De una manera más llana: no se trata de saber si el colapso de la población sobrevendrá el 2 de Octubre de 2018 a las 14:03 sino si la curva de evolución del PIB, población, etc será siempre creciente, estancará o comenzará a declinar a partir de algún momento. Es la misma distinción que hay entre la predicción meteorológica (mañana hará calor) y la climática (en verano hará calor); o si quieren ser más cuantitativos, la predicción meteorológica dice "mañana la temperatura será de 31ºC en Barcelona" mientras que la climática dice: "durante los próximos 50 años en verano hará cada vez más calor en la región Mediterránea, llegando a ser ese aumento de unos 2ºC más de media". Todas las disquisiciones que hace Smil sobre la geoquímica del dióxido de azufre y otras sustancias son por eso baladíes, puesto lo que interesa es ver el efecto conjunto de todas las fuentes de contaminación, el comportamiento efectivo emergente que resulta de la combinación de muchos efectos diferentes. Ésta es una metodología estándar que se usa, y con gran éxito, desde hace décadas para, por ejemplo, estimar la energía liberada en un reactor nuclear, para el diseño de nuevos materiales con unas propiedades escogidas, para modelizar el comportamiento de medicamentos y así un largo etcétera, el cual, por cierto, incluye la mayoría de los modelos econométricos y macroeconómicos que se usan hoy en día. Parámetros efectivos se usan para describir la resistencia del aire en un fluido turbulento (la carga aerodinámica de un coche, por ejemplo) o para elaborar encuestas. El Sr. Smil es un ambientalista de la vieja escuela y no es capaz de comprender el potencial de estas herramientas, lo cual es del gusto del Sr. de Ortega (el cual me malicio que sin embargo simpatiza con los modelos macroeconómicos). Por terminar esta digresiva discusión sobre Vaclav Smil -que daría para una larga serie de posts-, resultaría divertida si no fuera tan triste esta frase de Smil (página 5): "Pero no hace falta que uno sea un experto en química, toxicología o demografía para saber que a pesar del gran aumento (a veces órdenes de magnitud) de los diversos niveles de contaminación de sustancias nocivas durante el curso del siglo XX, hemos visto disminuciones de la mortalidad universales y asombrosos". El profesor Smil está confundiendo descenso de la mortalidad en general (por la mejora de la alimentación, de los medicamentos, de la higiene, etc) con descenso de la mortalidad específicamente asociada a los contaminantes, la cual en realidad ha ido ascendiendo durante el siglo XX. Por ejemplo, la propia Organización Mundial de la Salud reconoce que la contaminación atmosférica es ya la responsable de 1 de cada 8 muertes en el planeta, y eso hablando sólo del aire; faltaría ver la contaminación del agua, de los suelos, de los alimentos, etc.

Volviendo al post de Juan de Ortega, se explica bastante bien la cuestión del progresivo agotamiento de las vetas de mayor calidad de mineral de cobre, pero tal cosa no atormenta al autor porque a medida que la tecnología permite acceder a vetas de menor grado la cantidad de mineral contenida en ellas es cada vez mayor (porque aunque los filones tengan menos hay muchísimos más). Toda la discusión que hace en este caso, y en el del litio, es de naturaleza completamente económica, sin tener en cuenta que en realidad la pieza clave y determinante es la energía: esas vetas más rarificadas requieren cantidades exponencialmente crecientes de energía para su explotación, y eso a pesar de las mejoras tecnológicas introducidas. Y es curioso que no tenga esto en cuenta explícitamente, sobre todo porque justo antes de presentar el ejemplo del cobre había escrito: 

"Por tanto, nuestra versátil economía industrial solo sufre una forma de escasez de recursos realmente esencial: la de la energía que alimenta el capital. Con recursos energéticos abundantes, los demás cuellos de botella físicos al desarrollo son en general abordables."
 
Puedo estar aproximadamente de acuerdo con que con energía ilimitada los problemas físicos al desarrollo son bastante menores (con ciertas salvedades), pero en todo caso eso es una tautología. Tenemos un problema de inviabilidad de la sociedad industrial, de falta de capacidad de hacerla continuar. Podríamos hacerla continuar si tuviéramos la tecnología de materiales actual y una cantidad ilimitada de energía, sí, pero también si tuviéramos materiales infinitos y energía limitada, o incluso con materiales y energía limitados pero con una capacidad de regeneración ecosistémica infinita (que entre otras cosas nos permitiría reciclarlo todo). Estas tres, y unas cuantas más, son maneras equivalentes de expresar nuestro problema; pero la mera formulación de la insostenibilidad de nuestra sociedad del modo "nuestro sistema sería viable si una de estas variables fuera infinita" no es lo mismo que resolver el problema, porque ninguna variable será jamás infinita (sobre por qué eso sólo es una abstracción matemática les recomiendo la discusión final del post "Qué es la energía").

Hay también en ese párrafo que he destacado una frase sorprendente por lo inspirada y real: la única escasez real es la "de la energía que alimenta el capital". Eso demuestra que Juan de Ortega está muy cerca de comprender la verdadera dimensión (una de ellas, en realidad: seguramente la que cree que es la más interesante) del problema, y es una lástima que no haya dado un paso más. Me ha recordado esa frase a la que se encuentra en el informe "La tormenta perfecta" de Tullett Prebon (recuerden, una firma de intermediación financiera de la City, no un grupo de ambientalistas desbocados). En la página 11 del informe se puede leer: "En última instancia, la economía es - y siempre ha sido - una ecuación sobre los excedentes de energía, gobernada por las leyes de la Termodinámica, y no por las del mercado". Creo que también le resultaría útil al autor revisar el trabajo del profesor Gaël Giraud, del cual republicamos aquí una entrevista.

Quisiera destacar también otro párrafo, justo anterior al precedente, que no comentaré pero que contiene una fuerte carga ideológica y, de nuevo, una gran proximidad con la verdad (ese "fuentes de energía de alta densidad"):

"La industrialización se puede describir en buena parte como el proceso en el que la economía humana, tradicionalmente limitada por la escasez de un conjunto heterogéneo de recursos naturales (tierra cultivable, agua, recursos minerales), es capaz de afrontar cualquier otra clase de escasez mediante el uso de capital alimentado por fuentes de energía alta densidad."

Hasta aquí se podría decir que el artículo derrapa, pero cuando llega al apartado "Combustibles fósiles y la transición petróleo-gas" la metáfora más adecuada sería decir que patina. La primera gráfica que presenta para argumentar que no hay ningún problema a la vista es la de evolución de las reservas de petróleo y gas, que es perfectamente creciente. Así pues, si cada vez "hay más petróleo", ¿por qué debería haber algún problema? Pues porque "reservas" no es lo mismo que "producción". Una cosa es cuánto petróleo tenemos más o menos localizado debajo de la tierra (los recursos), otra cosa es cuánto de este petróleo sería extraíble en condiciones económicas (las reservas) y la última cosa, y la más importante, es a qué velocidad va a salir este petróleo (el ritmo de producción). Nuestro problema no ha sido nunca cuánto petróleo hay (o cuanto creemos que hay debajo del subsuelo - ver el artículo de Marga Mediavilla); el problema es y ha sido siempre a qué velocidad lo podemos extraer, y lo que es crítico es en qué momento la producción alcanza su máximo (el denominado cenit de producción o peak oil) y empieza, inexorablemente por más que se pretenda lo contrario, a caer. Así lo dijo Marion King Hubbert en 1953 cuando hizo la estimación de que el momento del peak oil de los EE.UU. sería hacia 1970 (como así fue), así lo repitió en 1972 cuando estimó que el peak oil del mundo sería en 2000 (fue en 2005; hasta la Agencia Internacional de la Energía reconoce que fue aproximadamente entonces) y así lo repitieron Colin Campbell y Jean Laherrère en su seminal trabajo de 1998 cuando predijeron que sería antes de 2008 (y como dijimos fue en 2005). Es inútil. Aún esta semana los medios españoles se hacían eco del último BP Annual Review diciendo que según BP queda "petróleo" para 53 años. Esa frase es, sencillamente, falsa. Petróleo queda en realidad para siglos, porque extraer petróleo no es simplemente abrir un grifo y que vayan saliendo los 90 millones de barriles diarios (Mb/d) que consume el mundo hoy en día el mundo. Cuando dicen que queda petróleo para 53 años en realidad lo que se dice es que las reservas actuales, si se mantuviera el consumo actual, durarían 53 años. Se podría decir que este argumento es falaz porque el consumo no es constante, sino que tiene que ser creciente, porque para que la economía crezca el consumo de petróleo tiene que crecer (estoy seguro de que los amigos de Politikon querrían rebatir esto, pero esto alargaría demasiado la presente discusión y lo dejaremos para otro día; también pueden, no sé, leerse algunos artículos de este blog). Sin embargo, el problema ni siquiera es ése. El problema es que el petróleo que queda es el residual. El que está disperso. El que está más profundo. El que no se encuentra en formaciones comunicadas y canalizadas, sino que forma reservorios desconectados y que para acceder a él se ha de perforar más, calcular más, gastar más energía - que es lo que es importante al final, y no el dinero, mero comodín. Y por eso ese petróleo sale más lentamente, y cada vez más lentamente. No es que sea técnicamente imposible sacarlo más rápidamente; es que es imposible sacarlo más rápidamente y ganar energía en el proceso, y si no se gana energía nunca se va a ganar dinero. Es un fenómeno harto conocido, estudiado y comprendido.  No se puede resolver con más inversión, la receta típica del economista. En cuanto al recurso retórico habitual, la imparable mejora tecnológica que es el credo de esta sociedad, cabe decir que la industria del petróleo es una industria hipertecnificada, avanzadísima tecnológicamente, que se encuentra en la fase de rendimientos decrecientes desde hace años (a veces para intentar reforzar su imagen de industria avanzada se publicita que las técnicas del fracking son muy modernas cuando datan de hace muchas décadas). Y aunque no se puede descartar futuras mejoras, que mejoras sin duda vendrán, tampoco parece sensato ni adulto fiarlo todo a una esperanza antes que a una certeza.

Está, por supuesto, la cuestión de los otros líquidos del petróleo, esos 20 Mb/d que no son el crudo o condensado convencional. El triunfalismo de la industria pretende hacer creer dos cosas que son falsas. Una, que se puede aumentar su producción tanto como se quiera; y dos, que sustituyen perfectamente al petróleo. La discusión pormenorizada de los límites de cada fuente no convencional sería larguísima, pero afortunadamente casi todos los temas han sido tratados en este blog: las arenas asfálticas del Canadá, los biocombustibles, los líquidos del gas natural, el petróleo de aguas profundas y árticas, ... Cualquiera con un poco de perspectiva histórica sabrá que hace 15, 10, 5 años cada uno de esos malos sustitutos del petróleo fueron publicitados como "la gran alternativa al petróleo", "el futuro de los hidrocarburos" y otras zarandajas, sin que jamás hayan llegado ni de lejos a cubrir tales expectativas. Ahora le toca el turno a los hidrocarburos explotados con la técnica del fracking, en lo que parece que es el final de la huida delante de la realidad, puesto que aunque en Politikon parecen ignorarlo a pesar de la clamorosa evidencia disponible el fracking no es más que una burbuja financiera (al estilo de la inmobiliaria, la cual por cierto está rebrotando en todo el mundo) que ya está comenzando a explotar.

Traigo aquí la gráfica original del artículo de Juan de Ortega sobre reservas, producción y precio porque creo que merece la pena destacar algunas cosas más:


Un aspecto que se destaca poco pero que a mi entender es fundamental para comprender lo que pasa es que, igual que en el artículo de Politikon, se ocupa muchísimo espacio para hablar de la inevitable transición del petróleo al gas (fruto de la mentira mediática que rodea al shale gas explotado con fracking) cuando en realidad el mundo está haciendo la transición del petróleo al carbón, como muestra claramente la gráfica producción que ha enlazado el propio Juan de Ortega. El hecho de que el carbón haya empezado a crecer tan rápido poco antes de ese punto de transición que fue 2005 debería hacer pensar a más de uno si la retórica política no esconde realidades bastante más incómodas. Con todo, la más interesante de las gráficas es la del precio: dado que se termina en 2010 uno podría pensar que el precio del petróleo hizo la subida de la crisis de Julio de 2008 y después volvió a la normalidad. Nada más lejos de la realidad: los precios se están manteniendo altos, en términos históricos:


Imagen de Our Finite World: http://ourfiniteworld.com/2013/04/21/low-oil-prices-lead-to-economic-peak-oil/
¿Y por qué pasa eso? Pues porque desde el año 2005 la producción de petróleo crudo se ha vuelto muy inelástica:


Extraído de  Murray & King, Nature 481, 433–435; 2012
En suma: es muy difícil incrementar la producción de todos los líquidos del petróleo (ya saben, el crudo y condensado convencionales más los sucedáneos), y si no fuera por el light tight oil (LTO) que se explota por fracking en los EE.UU. ya estaría cayendo. El problema es que la mayoría de las empresas que se dedican al LTO, tal y como informa Bloomberg, están en una situación financiera delicada, por decir lo menos (en realidad la mayoría va a desaparecer). De hecho, si los autores de Politikon siguieran más de cerca la actualidad del mundo del petróleo sabrían que las majors están abandonando drásticamente los yacimientos de peor calidad (fracking, aguas profundas, etc) y se van a concentrar en menos explotación pero más rentable, mientras van encogiendo y encogiendo. Las consecuencias de tal decisión es que en pocos años, quizá en meses, el suministro de petróleo del mundo experimentará una súbita bajada de más del 5%. Y eso sin contar con los repetidos avisos de la AIE de que la cosa está yendo rápidamente a peor, y los continuos cantos de sirena de la prensa (ahora con la falacia de que los EE.UU. serán el primer productor mundial del petróleo), quimeras muy lejanas de lo que realmente ponen los informes de la AIE (pero, claro, es muy pesado leer 700 páginas y no digamos entenderlas).

La parte final del artículo consiste, aparte del reconocimiento de la gravedad del problema del cambio climático, en una serie de odas a la tecnología de la sustitución del petróleo por gas, carbón y uranio (que está sucediendo a escala muy pequeña; otro día hablaremos de los límites del gas natural, del uranio y los del carbón); llama por cierto la atención el uso de la palabra "ilimitado" referido a la disponibilidad de uranio cuando parece que está pasando ya todo lo contrario. Sobre todos estos temas, el repetido canto a la disponibilidad inmensa de las renovables y la electrificación de la sociedad (recordemos que energía no es electricidad: la energía eléctrica representa sólo el 21% de toda la energía final consumida en España, a pesar de lo mucho que se insiste en el debate energético en centrarlo todo en la electricidad) estoy cansado de repetirme: afronten "La verdad a la cara" y sigan todos los enlaces que se dan allí si quieren información más detallada.

De una web de la calidad de Politikon cabía esperar una presentación un tanto más equilibrada, sin ocultar los graves datos que menciono más arriba. Es una lástima que los autores de Politikon, que pretende ser una web que informe seriamente y sin alharacas de ciertas cuestiones técnicas, hayan optado por hacer críticas tan superficiales del manifiesto, justamente cuando se quejan de que en él no se aportan datos (es un manifiesto, no una enciclopedia; en este blog podrán encontrar centenares de páginas documentando esos datos que reclaman). Es probable que lo que más les haya molestado del manifiesto son algunas de sus formas, con las que yo tampoco estoy de acuerdo como ya he comentado; no obstante, hacen un flaco favor a sus lectores documentándose tan poco y conformándose con explicaciones ramplonas e infundadas.

Salu2,
AMT
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Liberalismo económico como religión

15 Juliol, 2014 - 00:43


Queridos lectores,

El último post de la semana pasada era un pequeño relato distópico, un cuento ejemplar de los que utilizo para ilustrar en forma más sencilla, como una parábola bíblica, algunos conceptos más teóricos y pesados. El año pasado estos cuentos ejemplares (la serie "Distopía") funcionaron bastante bien y de hecho uno de ellos creció hasta convertirse en una novela corta por entregas ("Un futuro sin más"). Sin embargo, el cuento de la semana pasada (y que abre la serie de este año) ha tenido una recepción bastante mediocre. Tras centenares de páginas escritas por mí en este blog he conseguido ir mejorando bastante mi estilo, pero las razones por las que un determinado post consigue mejor o peor aceptación siguen siendo bastante lejanas a mi entendimiento. Era quizá el post de la semana pasada excesivamente largo (me estuve planteando hacer varias entregas, pero tuve miedo de verme envuelto en la vorágine de redacción y depuración de estilo que fue "Un futuro sin más", que redacté entero en menos de dos semanas); posiblemente, el problema fuera que el tema tratado era de poco interés para el lector habitual del blog (otra visión de un futuro totalitario y mezquino), o quizá que en estas fechas muchos lectores habituales ya están de vacaciones y no es un momento particularmente proclive a meterse tal tipo de deprimente ficción entre pecho y espalda. 

Sin embargo, en ese post yo pretendía introducir la discusión de algunos aspectos que creo que son clave para entender qué está pasando y qué es lo que va a pasar. Quizá conviene en este momento recordar cuál es la función de este blog: no se trata de hacer un mero inventario de nuestra desgracia y lamentarse de lo que se considera inevitable; a mi juicio, nada es inevitable, y si yo dedico tiempo a discutir un determinado tema es porque creo que justamente la acción positiva sobre él puede llevarnos a evitar los escenarios más desagradables. Por eso los relatos que escribo aquí tiene ese corte de "novelas ejemplares": se trata de aprender (y enmendar) por la vía del ejemplo.

El caso es que considero bastante importante poner de manifiesto un problema que vengo observando (por supuesto que no soy ni el único ni el primero en verlo): la progresiva transformación del pensamiento económico dominante - al cual por simplificar llamaremos "liberalismo económico" o "neoliberalismo"- en una religión hegemónica y totalitaria. A veces se dice este tipo de cosas ("El único Dios verdadero es el dinero") de una manera genérica, sin entrar demasiado en el detalle. Justamente en este post (que sería la teoría sobre la que se basa el ejercicio práctico literario de la semana pasada) pretendo mostrar que en realidad el liberalismo económico como doctrina actualmente dominante tiene cada vez más características de religión opresiva e inquisitorial, irracional y antiempírica, represiva y destructora. Justamente es lo que se mostraba en el post de la semana pasada: los Rectores, que antaño eran los asesores económicos del Gobierno, se habían convertido en una casta con todas las características eclesiales (al final del relato, incluso, se autoimponen el celibato obligatorio).

A lo largo del post utilizaré ideas de diversos pensadores económicos cuyas obras conozco muy someramente; no voy a dar referencias porque me costaría mucho encontrarlas. Sin duda alguna, una persona con conocimiento de la historia de la economía y del pensamiento económico podría dar mejor forma a este post, el cual pretende sólo ser una introducción divulgativa al problema.

Para analizar el fenómeno de la progresiva conversión de la Economía Liberal imperante hoy en día en religión debemos prestar especial atención al lenguaje, porque dado que las religiones se mueven en el terreno del pensamiento abstracto el único vehículo que tienen para influir en el mundo es a través de las palabras.

- Lenguaje hegemónico: Hoy en día se presenta el discurso económico como algo indiscutible; es la única verdad posible. Al comienzo de la crisis se discutía aún algunas alternativas (Sarkozy tuvo la osadía de plantear la necesidad de "refundar el capitalismo"), pero ya no es posible. Aunque obviamente existen corrientes de pensamiento económico alternativas (como la economía ecológica o la economía del bien común) están confinadas a reductos académicos o marginalizados. Los representantes de estas alternativas (con alguna notable excepción) raramente aparecen en los medios de comunicación de masas, y cuando lo hacen es en programas de contenido social, como una muestra de diversidad cultural; sin embargo, cada vez que se analiza algún aspecto de la actualidad económica el experto es casi siempre hombre (interesante vinculación con la clásica visión macho-supremacista), impecablemente vestido de traje (el hábito de la moderna religión), de mediana edad (ni demasiado joven para parecer un aventurero ni demasiado mayor para parecer decrépito), aspecto solvente (retórica segura y contundente, gesto adusto, frases cliché mil veces repetidas) y estricto adherente al pensamiento económico imperante. Y aunque afortunadamente en los medios de comunicación alternativos de la red se pueden oír otras voces, tampoco allí hay debate porque los contertulios son de similares pareceres ya que rara vez un economista del mainstream se rebajaría a discutir con ellos (los programas de Radioactividad que yo mismo he grabado suelen ser un sucesivo darnos la razón unos a otros mientras vamos hablando). Es interesante destacar que justamente una de las pocas personas que ha tenido ocasión de confrontar visiones alternativas a las hegemónicas en medios de comunicación de cierto alcance ha sido Pablo Iglesias, del movimiento político español Podemos, y que gracias a que él ha visualizado una alternativa ha tenido un gran éxito en las urnas (y obviamente nunca más se va a cometer ese error de abrir la discusión en un medio).


- Lenguaje totalitario: En el lenguaje común se suele identificar "totalitarismo" con "fascismo" y "represión, y aunque van de la mano no son una y la misma cosa; el totalitarismo es más bien una visión filosófica. Una idea totalitaria es aquélla que abarca todas las esferas de las relaciones humanas, y que al final acaba regulando todos los aspectos del día a día, desde el comercio hasta el empleo del ocio, desde el castigo hasta las relaciones sexuales. De acuerdo con la doctrina del liberalismo económico, en la actualidad el regulador único de las relaciones humanas es el mercado: todos los productos de la actividad humana se han reducido a mercancías (commodification, dicen en inglés) y tienen por tanto un valor económico y pueden ser vendidos y comprados en el mercado. Si por ejemplo una compañía ha intoxicado a miles de personas el acento se pone en buscar una indemnización económica, en menor medida en reparar el daño y en ningún caso se prevé una imposición de cargas penales a la persona no física. Ya se ha teorizado sobre esas cargas penales; podría ser la pérdida de libertad (se destituye al consejo de administración y la compañía pasa a ser tutelada durante un tiempo por una gestora judicial) o incluso la muerte (la compañía es liquidada). La idea de la carga penal sobre todos los sujetos jurídicos, no sólo las personas físicas, no es tan disparatada: si las corporaciones han conseguido tener derechos, ¿por qué no habrían de tener obligaciones? ¿por qué no se les puede imponer un castigo si su comportamiento es claramente psicopático y antisocial? De acuerdo con la visión dominante, los errores de la corporación son culpa de su consejo de administración y es por ello que las responsabilidades se han de depurar a nivel personal. Pero en realidad el consejo está al servicio de la corporación y sus accionistas, e intenta cumplir con el mandato que se le ha dado, que es la maximización del beneficio. Así, se observa que los consejos de administración van cambiando (táctica de dilución de responsabilidades) mientras que las compañías actúan de manera cada vez más psicopática. Dentro de la corriente de pensamiento económico imperante, para evitar abrir estos necesarios pero desagradables debates, se pone énfasis en que todo es mercado y todo se regula a través de intercambios monetarios. La mercantilización de todas las esferas humanas se ha hecho progresivamente: primero fue la tierra; después, el trabajo; después, los bienes comunes y en el futuro es previsible que serán las propias personas (esclavitud). Esta lógica perversa de que todo es mercado, de que no hay nada fuera del mercado, lleva a que los pacientes de un hospital o los viajeros de un tren sean ahora "clientes" o, en el mejor de los casos, "usuarios", favoreciendo que la alienación, la privación de la categoría de "persona" o "personal", sea "lo normal", lo habitual, lo comúnmente aceptado, lo que cabe esperar y sin discusión posible. El hombre de la calle ha sido adiestrado para encontrar que, aunque desagradable, sea concebible (e incluso para algunos aceptable) que un hospital escatime a sus pacientes para "aumentar sus beneficios" o "mejorar su gestión". En general, las quejas por mala gestión de la administración pública se dirigen en primera instancia a denunciar la corrupción, el cobro de comisiones o la apropiación indebida o malversación de caudales públicos, pero casi nunca a solicitar un mejor servicio y una actitud más generosa y humana con los administrados, que son los que en realidad pagan estos servicios con sus impuestos. La gran victoria del totalitarismo liberal económico es que todo el mundo acepte que todo viene regulado por el mercado, que todo es monetizable y susceptible de ser convertido en mercancía; más aún, que en realidad todos formamos parte indistintamente de ese mercado, que nosotros somos el mercado (como reza un famoso libro de un economista español que lleva ya impresas muchas ediciones). La realidad es que no todo es mercado y ni tan siquiera el mercado puede regular todas las transacciones económicas (para saber más, lean la serie "Citizen K" del "Acorazado Aurora")

- Lenguaje doctrinal: todas las religiones hegemónicas se vehiculan a traves de un corpus escrito central y un montón de publicaciones complementarias "dentro del canon" que sirven para fijar la doctrina. No se pretende validar el conocimiento revelado con observaciones de la realidad, buscando sus puntos débiles y contradicciones, sino que se seleccionan aquellas verdades que mejor se ajustan a los dictados de la doctrina. Toda publicación que se aparte del canon fijado por los gurús reconocidos queda condenada a la ignorancia y su autor al ostracismo; llama la atención el lenguaje muy agresivo, con frecuentes descalificaciones y en ocasiones insultos, que se utiliza contra lo que se desvía de la recta vía, de la doctrina. Algunos de estos problemas aquejan también hoy en día a algunas ramas de la ciencia, aunque en ningún caso con la virulencia que se observa en la discusión pública de la economía.

- Lenguaje dogmático: La visión liberal de la economía se está convirtiendo en un dogma que no se puede discutir; hay una verdad revelada y no puede ser cuestionada, no hay otra verdad fuera de ella. Si España tiene un problema de deuda pública, la recomendación del FMI es que se tomen medidas que flexibilicen el mercado del trabajo (un eufemismo para pedir que se abaraten los despidos y que se reduzcan los salarios, es decir, para reducir la carga salarial en las cuentas de resultados de los empresarios). Pero no se acaba de entender por qué se pide tal cosa si, en vez de resolver, agrava el problema: la disminución de la renta disponible de los trabajadores deteriora el consumo y por tanto agrava la crisis económica, con lo que disminuye la recaudación de impuestos y agrava el problema de la deuda. En realidad, el FMI "recomienda" ("intimida" sería un verbo más apropiado) tales medidas parar reducir la carga salarial sobre el capital, sin ver que en un mundo sin expansión, en una crisis económica que no acabará nunca, eso sólo lleva al desastre. 

El dogma liberal económico, al ser incuestionable, no puede tampoco evolucionar; las recetas económicas derivadas en una sociedad fuertemente manufacturera son las mismas a aplicar a una economía basada en los servicios, y también las mismas en una situación en que los recursos se están volviendo cada vez más escasos. Pero al igual que las sociedades humanas evolucionan, las teorías económicas necesarias para describirlas con efectividad deben evolucionar. La teoría económica liberal está ya fijada y no evoluciona a pesar de lo cambiante de los escenarios; pero aún,  a pesar de que las fórmulas que propone -y que se están aplicando estrictamente en muchos países occidentales- no están mostrando ningún éxito, se atribuye el fracaso a la falta de empeño de los Gobiernos en implementarlas y se insiste en reiterar su validez, en contra de la experiencia. Justamente como se espera de un pensamiento de tipo dogmático. En el largo plazo, las nuevas corrientes económicas (economía ecológica, economía del bien común) quedarán relegadas a la irrelevancia y pueden acabar perseguidas como lo fue en su momento la herejía cátara.

- Lenguaje esotérico: Dada la profunda banalidad de algunas de las ideas de la teoría económica liberal, resulta imprescindible crear palabras y conceptos que disimulen las ideas y que las revistan de una grandiosidad y un misterio que no tendrían si se expresasen en términos más mundanos. Se habla de la "infinita sustitución de los factores de producción" para decir que, de acuerdo con esta doctrina dogmática, siempre que falte de algo se le encontrará de seguida un sustituto y a precio razonable; se habla de "coste agregado" para decir el coste total (sumando todos los costes implicados) de una operación; etc. Algunos indicadores sintéticos (es decir, puras abstracciones matemáticas o del lenguaje) son tomados como referencia incuestionable, como por ejemplo el PIB (y no se suele explicar por qué el crecimiento del PIB es el único factor que se tiene en cuenta al implementar las políticas económicas ni si la gente, el pueblo, está de acuerdo con que se le dé tanto peso). Dado este lenguaje especial y los conceptos implicados, se hace necesario pertenecer a la casta de iniciados, los economistas, para poder entrar en el debate económico, lo cual consituye una barrera de entrada para los no iniciados y un argumento estándar para descalificar, a veces con insultos, la validez de lo que uno dice sin entrar a contestar el fondo del argumento (yo me he encontrado esta situación algunas veces y generalmente los contraargumentos, cuando son requeridos, son extremadamente endebles, esencialmente del tipo "en el pasado la cosa fue bien" o algún recurso al dogma). Dado que el ciudadano de a pie no entiende lo que se le dice, se ve obligado a delegar completamente la toma de decisiones a los sumos sacerdotes, a "los que entienden". Hay un cierto paralelismo con el esoterismo que rodea a veces a la ciencia, aunque justamente hoy en día se valora mucho el trabajo de divulgación científica, el acercar la ciencia al hombre de la calle, y no tanto hacer divulgación económica (en particular en cuestiones tan polémicas como la creación del dinero).

- Lenguaje abstracto: Una de las características definitorias del lenguaje económico imperante es la independencia del empirismo. Se argumenta que los datos dan la razón a ciertos razonamientos y para ello se definen cantidades abstractas, índices de bienestar o algún valor de referencia, que en general se usa para argumentar que son consecuencia de la implementación de las políticas liberales. Dado que no se aíslan otros factores (como por ejemplo el progreso tecnológico o la introducción de ciertas prácticas, como por ejemplo de cultivo o industria) resulta complicado saber cuál es el efecto específico directamente atribuible a la doctrina y cuál se habría producido igualmente sin ella. Este problema, que no es exclusivo de la economía (la dificultad para aislar las causas que dan pie a un fenómeno para poder evaluar el impacto de determinadas variables en él), se resuelve aquí típicamente con afirmaciones del tipo "es evidente que...", que en esencia lo que demuestran es que se quiere obtener lo que se había supuesto de partida (lo lógico en una situación así es intentar falsar la dependencia supuesta). La introducción de índices y conceptos abstractos tiene la ventaja de que uno puede defender que las cosas están mejorando aunque no lo estén haciendo, en una actitud que tiene reminiscencias de la escolástica medieval.

- Negación de la realidad: Una derivada del pensamiento meramente abstracto y alejado de la realidad, incluso despectivo hacia ella, es la negación de la realidad cuando ésta no se ajusta a los dictados de la doctrina. Hace poco salió publicado un artículo de George Monbiot (aparecido en blog de The Guardian), de provocador título: "Por qué los liberales deben negar que hay cambio climático, brevemente". La cuestión es simple: si los liberales defienden que el derecho fundamental es el de la propiedad privada y que el mercado es el único mecanismo regulador, la existencia de externalidades que afectan negativamente a la propiedad de otros implica que los perjudicados tienen derecho a reclamar una compensación e incluso el cese de la actividad lesiva con su propiedad. Dado que esto implicaría la imposibilidad de muchas actividades industriales, que en el fondo son el sustento material al que sirve esta doctrina, los liberales deben negar que pueda haber ningún efecto ambiental dañino. Así, por tanto, no es de extrañar que el negacionismo sea norma entre los neoliberales, y que se inventen términos despectivos para los científicos que con mayor conocimiento que ellos investigan el cambio climático y otros problemas ambientales. No deja de ser cómica la porfía con la que esta gente, con nula formación científica, discuten conceptos complicados de climatología o meteorología, que "creen entender" o que creen que los malvados científicos están manipulando - ¿por qué? ¿para qué?; eso no importa, hacen daño a la doctrina y por tanto debe ser duramente atacados.

Los ejemplos de negación de la realidad son numerosos en las filas de los neoliberales. A modo de ejemplo: a medida que los problemas con el suministro de petróleo se están haciendo más evidentes se recurre a las viejas falacias (por ejemplo, insistir en cómo de grandes son las reservas sin querer mirar qué está pasando con la producción), y es que ya sabemos que los economistas no entienden el Oil Crash. Los esfuerzos por huir de la realidad energética están llevando a un creciente uso de un lenguaje falseado y particular que describe muy bien Kurt Cobb, donde la escasez se disfraza de abundancia y el estancamiento de crecimiento.

El problema es, al final, que se toma el medio por el fin; las políticas neoliberales se plantean para intentar una forma particular de recuperar el crecimiento, pero, ¿para qué queríamos el crecimiento, en primer lugar? Nadie se cuestiona que el crecimiento no puede ser el fin, sino una abstracción para lo que verdaderamente se desea: más empleo, más bienestar, más prosperidad general y particular... Se aplican medidas de austeridad sin querer ver los efectos no deseados que comportan, basándose en ideas abstractas, etéreas, sin sentido. Pero es que al final la tal recuperación nunca llega, no está llegando ni llegará nunca; se intenta vender los repuntes puntuales como demostración de una recuperación duradera que simplemente no está ahí. Y en el enésimo esfuerzo por negar la realidad se falsea si es necesario el PIB, con lo que al final no resulta posible comprobar si alguna política concreta es exitosa o no. Otro día comentaremos el caso de cómo se está manipulando las cifras de PIB en España; ahora quería destacar una gráfica muy curiosa sobre el consumo eléctrico de los EE.UU., publicada en la página web algo sensacionalista Zero Hedge:


Dado que el consumo de electricidad es muy inelástico, suele ser un buen indicador de la actividad económica. Que en los EE.UU. el consumo de electricidad esté estancado, salvo las variaciones con las estaciones del año, desde 2005 nos indica que el PIB de ese país no ha podido crecer tanto como se dice. Y es que, por tal de huir de la realidad del estancamiento económico, cualquier estrategia es buena.

- Fanatismo: Y es que los neoliberales también tiene sus fanáticos: desde el Tea Party americano y las derechas ultraliberales a ambos lados del Atlántico hasta los ahora llamados anarco capitalistas o an-caps, provenientes de esa desquiciada ideología que se disfraza de estrambótica escuela económica autodenominada la escuela austríaca (Chemazdamundi hizo un análisis certero y cruel de la misma que les recomiendo). Son los fanáticos del neoliberalismo los que por ejemplo amenazan a los que ellos denominan "calentógos" por pretender, con el pretexto de la ciencia del cambio climático, imponer lo que ellos consideran un estado socialista o algo peor. Estos fanáticos, cada vez más acosados por una realidad que les ha vuelto la espalda, radicalizan su postura y se reafirman en el dogma.


Como hemos visto, de acuerdo con los indicios que muestro más arriba la teoría económica neoliberal imperante hoy en día tiene cada vez más los rasgos de una religión totalitaria. No se trata solamente de denunciar este intento de imponer un totalitarismo dogmático que puede acabar imposibilitando cualquier tipo de mejora; se trata de comprender cómo actúa para ponerle freno con argumentos. Lo último que necesitamos, en una situación en la que la disminución de los recursos favorece la implantación de regímenes autoritarios, tener una ideología totalitaria disfrazada de ciencia que acabaría ayudando a nuestro sometimiento, como de hecho ya está haciendo.

Salu2,
AMT
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Distopía IV: Un día en el tribunal

10 Juliol, 2014 - 00:20

Despunta el día 
Como cada mañana, ya fuera lunes o domingo, el despertador comenzó a sonar a las siete menos cuarto. Juan Ramón abrió los ojos inmediatamente: un nuevo día comenzaba.

Con movimiento pausado se incorporó y se sentó en el borde de la cama, y se tomó un tiempo antes de apagar el despertador. Sabía que la estridente campana de su despertador de cuerda, a la vieja usanza, podía molestar a los vecinos, y en parte pretendía justamente eso: que supieran que él se estaba despertando. En sus declaraciones públicas se jactaba a menudo de levantarse "antes de las siete de la mañana", dejando así claro que él era un ejemplo de tesón y constancia, trabajador infatigable, enemigo incansable de la molicie y la corrupción. Y debía cuidar los detalles: cada vez tenía más relevancia pública; la sociedad, confundida y desorientada, recurría cada vez más a los Rectores en búsqueda de una solución para los problemas acuciantes del día a día, y ahora que por fin él era el Rector Maestro recaían sobre sus hombros las dos cargas más pesadas de todo el Estado: la del Consejo Rector y la del Tribunal de la Doctrina.

Hubiera querido poder decir que la carga recaía "sobre sus anchos hombros", pero no era cierto. Hombros capaces, sí, sin duda. Hombros firmes, sí, aún, a pesar de estar ya cercano a la setentena. Pero no anchos. Juan Ramón no era un hombre alto; tampoco era bajito, aunque era sensiblemente más corto de estatura que la media de su generación. Durante su juventud este hecho le había atormentado y probablemente había contribuido a forjar su carácter un poco agresivo y algo más que un poco soberbio, aunque su soberbia se veía bien respaldada por su labia profusa y su pluma rápida y acerada. Después de la carrera, Juan Ramón había destacado por sus impecables argumentos, y su trabajo posterior en el Instituto había contribuido considerablemente a construir la Doctrina que ahora era el marco rector de las relaciones de los hombres y de su misma vida. Pensar en aquellos años anteriores a la promulgación de la Doctrina le hacía sonreír. Ciertamente la mayoría de los Gobiernos de aquel entonces sentía que había una gran verdad en aquel corpus teórico y práctico que entonces se estaba forjando, pero en los momentos de debilidad, cuando comenzó la Gran Crisis, se sentían tentados de seguir otros caminos alejados, muy alejados, de la Doctrina, por populismo y, por qué no decirlo, por estupidez e incompetencia. Afortunadamente, cuando la Doctrina estuvo completa y los primeros Gobiernos empezaron a aplicarla con éxito quedó claro que era la única alternativa al caos y la anarquía. Él ya estaba en su cuarentena y era el Director del Instituto cuando una gran convención internacional declaró que la Doctrina era la única vía posible, y se armó una gran coalición para asegurar incluso con la fuerza de las armas su prevalencia en aquellos países occidentales que se habían desviado de los mandatos básicos. Fueron años duros y de mucha escasez, puesto que no siempre había suministros para mantener las tropas en el frente, y se pasó hambre; incluso el propio Juan Ramón había tenido hambre en alguna ocasión. Pero afortunadamente la Doctrina se acabó imponiendo y Occidente volvió a conocer en pocos años una prosperidad ya olvidada. Prosperidad, además, accesible a todo el mundo; a todo el mundo que por supuesto hiciera el necesario esfuerzo de abrazar la Doctrina y convertirla en su regla de vida, como así había hecho Juan Ramón tantos años atrás.

Siguiendo con su costumbre, corrió los minutos matinales de rigor en la cinta rodante. Aparte de mantenerle en forma, el ejercicio le permitía recargar un poco las baterías de níquel-cadmio. Le habían costado una pequeña fortuna, esas baterías, pero un Rector Maestro no podía permitirse nada menos. La verdad es que su calidad era insuperable. Las antiguas baterías de plomo-ácido no tenían ni de lejos su capacidad, y su secretario personal se tenía que pasar medio día corriendo para asegurar la luz nocturna en la mansión; ahora un par de horas de carrera bastaban para asegurarse llegar al día siguiente sin problemas, y aún sobraba carga. Un gran invento, las baterías de níquel-cadmio: para que luego los disidentes dijeran que no había progreso en la República Doctrinaria.

Los disidentes. Mientras ajustaba el racionador para ducharse con el agua semicaliente - otra gran invención de estos días, pensó - comenzó a pensar en la jornada de trabajo que le esperaba. En los últimos tiempos, los disidentes habían aumentado, y eso hacía que el trabajo del Tribunal de la Doctrina le quitase tiempo para el trabajo del Consejo Rector. Juan Ramón detestaba esa situación. El trabajo del Consejo Rector era muchísimo más estimulante: perfilar escenarios, diseñar políticas, emitir directivas de cumplimiento obligado en todas las Repúblicas Doctrinarias. Y sin embargo, los malditos disidentes le obligaban a convocar una y otra vez al Tribunal de la Doctrina para examinar cada caso en el que el puñetero idiota resulta ser un funcionario del Estado. Sin duda, el Consejo Rector debería emitir una directiva para eliminar esa prerrogativa y que los funcionarios fueran juzgados como el resto de los ciudadanos por los Tribunales Sumarios ordinarios; total, el resultado final era siempre el mismo, y este inútil y un tanto anticuado garantismo sólo le restaba eficiencia al Estado.

Los disidentes. Muchos, ahora, funcionarios del Estado. Gentuza con el estómago lleno, con sueldos que les permitían pagar dos raciones y media y a veces hasta tres de comida al día. Desagradecidos que nunca habían trabajado de verdad en su vida, y que se permitían criticar a la República Doctrinaria, como si ellos supieran hacerlo mejor. Cómo podía ser que no viesen que la alternativa a la Doctrina era el caos, pensó mientras se secaba. Pandilla de idiotas advenedizos: sólo pensaban en derrocar la República para ocupar ellos los cargos de privilegio, aunque así la sociedad se hundiera en el fango y la destrucción. Afortunadamente, Juan Ramón estaba allí y no se lo iba a permitir.

Encontró su ropa en el galán. Como cada lunes su secretario la había lavado; a Juan Ramón le encantaba ese olor a ropa limpia que desgraciadamente se perdía tan rápidamente a lo largo de la semana, a pesar de que Juan Ramón se esforzaba en no hacer esfuerzos ni exaltarse para no sudar. En parte este pequeño inconveniente con la ropa era positivo, pues le había enseñado a tener baja reactividad, incluso en momentos en los que la actitud ofensiva y desafiante de la persona juzgada, ya sabiéndose perdida, era evidente. De todos modos, no era nada cómodo llevar la camisa, la americana y la impecablemente anudada corbata durante todo el día, y menos en los cálidos días de otoño, invierno y primavera (en verano el Tribunal de la Doctrina suspendía sus sesiones, cosa que Juan Ramón sinceramente agradecía, y los disidentes presos se pudrían en sus jaulas; por suerte, muchos no sobrevivían a la época estival).

Su secretario le había preparado una sorpresa para el desayuno de aquella mañana: un vaso de leche - y nada menos que de vaca - y una manzana. Juan Ramón le felicitó personalmente, puesto que no era fácil encontrar esos manjares y menos con el presupuesto que estrictamente Juan Ramón le asignaba a tal menester; el secretario sonrió halagado. A pesar de su relativa juventud, el secretario era un digno acólito de la Doctrina, y sabía administrar con sabiduría y prudencia la hacienda, aprovechando de manera óptima sus talentos y negociando con tiento con los mercaderes. La verdad es que Juan Ramon no pudo haberlo escogido mejor; mientras saboreaba con deleite el corazón de la fruta pensó que había llegado al súmmum de su carrera: estaba en la cima del mundo.


El Tribunal
Acabado el desayuno y tras un vistazo rápido a la prensa - la recuperación del país iba viento en popa, a pesar de algunos desafortunados incidentes en Levante y en el Sur; la nueva moda proveniente de París arrasaba entre la juventud bien del país... - Juan Ramón se despidió de su secretario hasta la noche y se encaminó al tribunal. Cuando atravesó la inmensa puerta de vidrio y metal dorado media docena de Rectores estaban esperándole. Juan Ramón los consideraba zafios y mediocres, pero su servilidad inquebrantable convenía mucho a sus fines, como cuando hacía unos meses había conseguido por fin ser el Rector Maestro. Bien es cierto que al ser el cargo de Rector Maestro vitalicio ya no tenía necesidad de cultivar tan incómodas relaciones, pero el Tribunal era un campo minado y nunca sobraba tener algunos amigos en un lugar donde enemigos no te faltaban.

- Los casos de hoy son complicados - le dijo rápidamente uno de los Rectores, con aire preocupado - puesto que son gente de calidad las que hoy juzgaremos. Tenemos la hija de un Tribuno, el cuñado de un Procurador y... - Juan Ramón arqueó la ceja, al ver que la frase quedaba en suspenso un segundo más de lo esperado - ... y el hijo de un Rector.

El Rector Maestro (en el tribunal nadie osaría llamarle Juan Ramón) miró despectivamente al Rector y le espetó secamente:

- La Doctrina no entiende de condición; quien disiente es un disidente, venga de donde venga. Si no sabemos juzgar la disidencia como se merece, la Doctrina perderá su fuerza y el mundo se sumirá de nuevo en el caos - y añadió con un tono gélido y venenoso - ¿Es eso lo que quiere, señor Rector?

El Rector palideció y musitó "No, no, por supuesto que no". Si la disidencia estaba muy mal vista y penada severamente por la ley, la disidencia de los altas magistraturas del Estado se consideraba un pecado imperdonable, una veleidad inadmisible; y cualquier Rector se estremecería ante el temor de que le tomaran por un disidente, incluso de que se pusiera en duda por lo más mínimo su compromiso con la causa de la Doctrina.

El Rector Maestro avanzó rápidamente pero sin apresurarse por los amplios pasillos mientras un adjunto le proporcionaba las carpetas con la documentación de los tres casos que tenían que visar, juzgar y dictar sentencia ese mismo día. Hacía algunos años todavía se separaba el procesamiento de la vista y la vista de la sentencia, pero dado el volumen de casos que se hizo necesario juzgar, incluso en el Alto Tribunal de la Doctrina, fue preciso simplificar trámites y agilizar todo el proceso. También hacía años el Rector Maestro, en tanto que que Presidente del Tribunal, estudiaba y conocía los casos mucho antes de que llegaran a la vista, pero en la actualidad tampoco eso era practicable, y simplemente contaba con los pocos minutos en el pasillo de camino a la sala de vistas para familiarizarse con los casos. En todo caso, los adjuntos hacían muy buen trabajo preparando el material necesario, documentando debidamente los fundamentos de derecho y la necesaria jurisprudencia. Los adjuntos también preparaban la documentación de la defensa, ya que en aras de la rapidez y eficacia los juicios no tenían fiscal ni abogado defensor: el Tribunal conjuntamente asumía todos los papeles. Ni siquiera se reunían con los reos para preparar la defensa; se había dictaminado hace años que eso podía ayudar a los acusados a falsear la verdad de su caso buscando resquicios legales, y una resolución ejecutiva del Consejo Rector había prohibido todo contacto entre adjuntos y acusados.


Todo el mundo se puso en pie, incluyendo los Rectores ya presentes, al ver llegar a su Presidente, el Rector Maestro. Éste dedicó una mirada asertiva, condescendiente, a los otros Rectores, y una breve mirada de contenido desprecio al banquillo de los acusados donde se sentaban los tres funcionarios, los tres infelices, los próximos tres condenados.

Tras tomar todos asientos al mismo gesto del Rector Maestro, los miembros del Tribunal comenzaron a examinar la documentación de las personas a las que aquel mismo día tenían que procesar, tomar testimonio y condenar. El procedimiento no estaba exento de complejidades que había que seguir escrupulosamente, pero para no hacer demasiado farragoso este relato omitiré el larguísimo prólogo cargado de referencias jurisprudentes con el que el Rector encargado de hacer de Relator de cada caso hacía su presentación al Alto Tribunal, así como todas las preguntas y acotaciones técnicas que se sucedían a varios estadios de la toma de declaración, y me limitaré al interrogatorio central de cada acusado, que siguiendo la norma era dirigido por el propio Rector Maestro.

Tres personas para juzgar, una mujer y dos hombres. El Rector Maestro decidió ir de menos a más; tomó la carpeta más ligera y pronunció el nombre de la primera acusada, iniciando todo el procedimiento.
 
La Meteoróloga

- Diga en voz alta y clara su nombre - ordenó con voz inexpresiva el Rector Maestro.

- Me llamo Teresa - dijo con la voz ligeramente quebrada una mujer menuda y con los ojos nerviosos - Teresa Arroyo Lozano.

El Rector Maestro alzó brevemente la mirada; "será una broma", pensó. Pero no, aquél era realmente el nombre de aquella mujercilla, y a nadie pareció extrañar, así que prosiguió.

- Diga cuál es su profesión - dijo, con un tono neutro.

- Soy funcionaria, meteoróloga del Instituto Nacional de Meteorología y Productividad Medioambiental - respondió la Sra. Arroyo, de esa manera casi automática y rutinaria con la que se responde a una pregunta mil veces formulada.

- Enuncie Vd. la discrepancia con la Doctrina que le ha llevado a este Tribunal, tal y como le fue formulada en el pliego de cargos que le fue entregado en el momento de su detención.

La Sra. Arroyo adoptó una mirada defensiva y suplicante, y frotándose con fuerza las manos dijo:

- Yo, señor... Su Ilustrísima... si me lo permite, yo no tengo una discrepancia doctrinal realmente, es un malentendido, yo sólo presenté un informe y...

- Sra. Arroyo, es mi único y último aviso y tiene suerte de que esté de buen humor; la próxima vez le impondré un agravamiento de condena por desacato - la interrumpió el Rector Maestro con brusquedad - Aténgase a la pregunta y enuncie la discrepancia con la Doctrina.

Los ojos de la Sra. Arroyo brillaban de las lágrimas que se esforzaba en contener, y con un hilo de voz que parecía enredarse en sus cuerdas vocales enunció la discrepancia doctrinal que se le reprochaba:

- He afirmado que el Medio Ambiente del planeta, y en particular su clima, está cambiando y no para mejorar - dijo por fin.

Un murmullo de desaprobación recorrió la sala donde algunas de las personas más importantes de la sociedad republicana y sus consortes se habían congregado para asistir a esta suerte de linchamiento civilizado del disidente. Mientras, el Rector Maestro asentía ligeramente con la cabeza e iba tomando anotaciones en su cuaderno de sesiones.

- ¿Qué tiene que decir en su descargo? - dijo el Rector Maestro, dejando escapar con la última palabra un poco más de aire de la cuenta, como un suspiro hastiado que anticipaba la retahíla de excusas que serían pronunciadas tras esta pregunta, y que igualmente serían inútiles para cambiar el curso de los acontecimientos salvo en raras ocasiones.

- Señor... Su Ilustrísima - realmente la Sra. Arroyo era desmañada, olvidando siempre el tratamiento debido a un Rector - en realidad yo sólo hice lo que me mandaron, lo que me ordenó mi superior...

- Sí, el Sr. Mazo - le dijo el Rector Maestro - justamente mañana tenemos su vista.

- ... sí, lo sé - añadió nerviosa la Sra. Arrojo, mientras retorcía entre sus manos la tela de su falda - pero a él se lo pidió el Jefe de Departamento, y a éste el Director del Instituto...

- Pare ya, Sra. Arroyo - ordenó imperativo el Rector Acólito, el cual se sentaba a la derecha del Rector Maestro - a este paso va Vd. a culpar al Presidente de la República, al Rector Maestro y a la Congregación para la Preservación de la Doctrina - dijo sonriendo, y se oyeron fuertes risotadas en el público - Como sabe, cada uno somos plenamente responsables de nuestros actos, y nunca debemos interpretar que las intenciones de nuestros superiores son contrarias a la Doctrina.

- Lo sé, Sr. Rector, y pido perdón si mis palabras se han podido malinterpretar; el error es mío y sólo mío, por supuesto - dijo la meteórologa, bajando los ojos con humildad.

- ¿Quiere añadir algo más? - dijo el Rector Maestro, apretando los labios.

- Sí.... - dijo, dubitativa la meteoróloga, y pensando muy bien sus palabras comenzó su alegato - El encargo que recibí fue el de coordinar un estudio para analizar las mejoras en productividad agrícola gracias a la mejora del clima con el incremento del CO2 atmosférico, la mayor pluviometría y las temperaturas más templadas que hemos ido experimentando en las últimas décadas. Así que me puse al frente de un equipo de peritos agrónomos, historiadores y meteorólogos y compilamos información histórica, aunque no sólo desde el tiempo de la instauración de la República Doctrinaria, sino de unas seis décadas aproximadamente, es decir, desde finales del siglo XX.

Hubo un ligero rumor de incomodidad entre los miembros del Tribunal; la Sra. Arroyo comprendió que no debía dar tantos detalles e ir más al punto central de su alegato. 

- En resumen: nuestros resultados, contrastados con los datos históricos, muestran claramente un aumento de productividad durante los casi 20 años que han pasado desde la instauración de la República Doctrinaria, con un gran aumento en el segundo año de la República de casi el 10%, y un aumento medio durante todo ese período de un considerable 0,5% anual. Sin embargo - carraspeó, al sentir la mirada severa e implacable del Rector Maestro - al comparar con registros anteriores se constata que la productividad pre-Doctrinaria era muy superior. ¡No digo que tal cosa sea cierta! - se apresuró a añadir - simplemente que los datos históricos parecen mostrar esto, aunque - prosiguió, sin mucha convicción en sus palabras - los datos históricos son de una calidad dudosa, porque a pesar de ser reproducidos fielmente en muchas publicaciones, hablan de una cantidad de estaciones de medida (por ejemplo, varios miles de estaciones meteorológicas sólo en España) que es completamente inverosímil y que hace pensar que una parte de estos datos son inventados; también, los inventarios de grano cereal parecen inflados, con datos detalladísimos de la producción no ya por provincia, sino incluso por comarca, cosa inverosímil puesto que implicaría un despliegue de medios sólo para censarlo que es completamente imposible con los medios de hoy en día, que son muy superiores a los de la época pre-Doctrinaria.

La meteoróloga se tuvo que esforzar para parecer convincente, para contener la rabia que bullía en su interior. Sabía que estaba diciendo una sarta de mentiras, que los datos de antes de la proclamación de la República Doctrinaria eran mucho mejores. Su padre, antes de ser Tribuno, había sido meteorólogo, uno de los mejores en el antiguo Reino de España, y le había transmitido a su hija su amor por la profesión. Ella sabía que antes había no sólo miles de estaciones meteorológicas repartidas por un territorio encima de mayor extensión, sino que había grandes ordenadores para ejecutar modelos numéricos de previsión meteorológica e incluso satélites que sacaban instantáneas a escala sinóptica y las transmitían con minutos de diferencia. Y suponía que los censos agrarios también debían ser mejores entonces. Intentó apartar todos esos pensamientos que la airaban y acabó su alegato.

- Mi conclusión es que los datos del estudio anteriores a la República Doctrinaria son erróneos y que por tanto no se pueden sacar conclusiones para ese período; así está reflejado en el informe y así lo he afirmado en todo momento.

- Pero sin embargo su informe recoge no sólo esos datos que Vd. misma declara erróneos, sino que extrae tendencias a partir de ellos y da a entender que nuestra productividad es inferior a la de aquellos tiempos bárbaros - el que ahora hablaba era el Rector Acólito - Así que a pesar de que en su conclusión insiste en que los datos son erróneos la conclusión está ahí para quien quiera verla, para alentar a la disidencia en la Doctrina.

- Pero, su Ilustrísima - repuso ella - los datos están recogidos por un exceso de celo de los compiladores, que querían demostrar que el trabajo se había hecho. Piense que el encargo explícito fue el de examinar los últimos 60 años...

- Vd. tenía la responsabilidad de moderar el informe y separar convenientemente lo espurio de lo importante - de nuevo la voz del Rector Maestro se oyó, tajante - y no lo hizo. Está bien; ya hemos oído bastante. Este Tribunal ha tenido tiempo de deliberar sobre su caso - lo cual era falso; nunca ya lo tenían, pero era igual, porque el Tribunal secundaba sin fisuras la sentencia que el Rector Maestro redactaba a vuelapluma mientras hablaba  - y ya ha llegado a una sentencia, que ahora escuchará.

Teresa tragó sonoramente, temblando de arriba a abajo. Si su padre aún estuviera vivo quizá hubiera podido interceder delante del Rector Maestro, pero ahora... Cerró los ojos y pensó en su marido y en sus dos hijas.

- Doña Teresa Arroyo Lozano - la voz del Rector Maestro era grave e inexpresiva, un poco engolada, como le gustaba representar un tanto teatralmente  - este tribunal la ha encontrado culpable de la falta de diligencia en el trabajo que le ha encomendado la Administración estatal, pero no de los delitos de disidencia a la Doctrina y de apología de la sedición - Teresa suspiró aliviada; los amigos de su padre, seguramente, habían conseguido rebajar la pena - Por lo tanto, este Tribunal debe condenarla y la condena a la pérdida de por vida de su condición de funcionaria de la República, sin que pueda jamás recuperarla, y a la prohibición de trabajar en cualquier tarea que tenga que ver con la Meteorología.

- Pero, Señor, su Ilustrísima... - casi gritó Teresa - ¿y qué va a ser de mis hijas? Mi marido está en el... - evito decir "paro", que era palabra de mal tono y casi considerada disidente en la República Doctrinaria - ... no ha sido suficientemente diligente en encontrar trabajo - ésa era la expresión aceptable y doctrinariamente adecuada - y con mi sueldo actual de Jefa de Sección apenas podemos alimentar a nuestras dos hijas...

- Es el fruto inevitable de su negligencia, señora - el Rector Maestro casi reía internamente, en su crueldad - ¿quiere que se revise su sentencia?

Ella hizo que no con la cabeza. Una revisión de sentencia era un proceso carísimo, que sólo podría costearse si los amigos de su padre se la financiaban, y que casi siempre acababa en un agravamiento de la sentencia anterior - a no ser que el recurrente invirtiera todavía más dinero en los convenientes "favores a precio de mercado". Era imposible y Teresa arrojó la toalla.

- Eso pensaba - continuó el Rector Maestro - La sentencia tiene plena vigencia a partir de este mismo minuto. Su caso está sentenciado; ya puede marchar, señora.

Teresa se fue lentamente, arrastrando los pies, en un largo camino de vuelta a casa y de llegada a la miseria y la desesperación, mientras el Rector Maestro abría la siguiente carpeta y llamaba al siguiente reo.

El Geólogo

Arropándose de toda la solemnidad de la que era capaz, alzó la vista de sus papeles y por fin miró al acusado. Era un hombre joven, de poco más de veinte años. Sus ropas parecían harapos, llevaba el cabello revuelto y sucio, y no era muy alto. Juan Ramón se sonrió: los hombres de las nuevas generaciones ya no eran tan altos como los de la suya. Sin duda, la talla gigante de su tiempo había sido otra muestra más de la degeneración de aquellos años: ¿qué sentido tiene para un hombre medir más de un metro con setenta centímetros? La Biología, también, se sometía a los dictados de la Doctrina, demostrando el poder absoluto de la misma.

- Diga en voz alta y clara su nombre - ordenó con voz inexpresiva el Rector Maestro.

- Me llamo Joseph - dijo el hombre, con cierto acento francés - Joseph Martin.

- Joseph Martin Expósito - le corrigió el Rector Acólito, y Joseph asintió brevemente. Al ser extranjero sólo tenía un apellido, cosa inaceptable en la República, así que se obligaba a los extranjeros que por razón de los convenios de colaboración entre las diferentes Repúblicas Occidentales tenían derecho de trabajar aquí a adoptar un segundo apellido, que según la práctica habitual de los hijos de los que sólo se conocía la madre era "Expósito"; al menos los extranjeros usaban este comodín como segundo apellido. En todo caso, dado el gran desempleo - oficialmente no reconocido - los extranjeros eran vistos con malos ojos por la población y así era costumbre decir que todos los expósitos eran hijos de mala madre (por no decir algo peor).

- Diga cuál es su profesión - repitió mecánicamente el Rector Maestro, con un tono neutro.

- Soy funcionario, geólogo del Instituto Nacional de Geología y Recursos Naturales Ilimitados - respondió el Sr. Martin, con poco convencimiento y un poco intimidado

- Enuncie Vd. la discrepancia con la Doctrina que le ha llevado a este Tribunal, tal y como le fue formulada en el pliego de cargos que le fue entregado en el momento de su detención.

El Sr. Martin parecía no estar en ese momento y ese lugar, su mirada estaba un tanto perdida. Tras unos segundos en los que parecía que no había entendido la pregunta dijo de un tirón.

- Mi informe sobre la evaluación de algunos recursos minerales estratégicos propios y pignorados de la República muestra que las reservas son cada vez menores y que las tasas de declive son irreversibles.

Esta vez el murmullo de la sala fue mucho más ruidoso; chocaba no tanto lo grosero de la discrepancia con la Doctrina como la firmeza y seguridad con la que el cuñado del Procurador la había enunciado.

El Rector Maestro repasaba la carpeta y con un gesto discreto apartó su sobre; los otros miembros del Tribunal ya habían retirado los suyos. Los años de experiencia le permitían sopesar al tacto en cuánto valoraba el Procurador el favor que le pedía, y no era en poco. Sonrió satisfecho: seguramente al día siguiente también podría permitirse beber leche. Una nota en la carpeta le avisaba que era conveniente no dejar hablar al Sr. Martin porque su formación cartesiana le podía llevar a enunciar de manera demasiado directa algunas verdades simples que, desgraciadamente, supondrían su condena a muerte, y dado el precio que el Procurador - un hombre de Estado, fuera éste el que fuera- estaba dispuesto a pagar no era cuestión de complicar las cosas. La hermana del Sr. Martin debía quererle mucho.

- Señor Martin - dijo el Rector Maestro - he leído su informe y he comprobado que ha sido cuidadoso en no contradecir la Doctrina - El geólogo le miraba confundido; estaba claro que, al contrario, el informe mostraba el declive inevitable de la producción de las materias primas y que éstas no eran infinitas, a pesar de lo que la Doctrina de los hombres quisiera decir sobre ello. 

El Rector Maestro sonrió y prosiguió: - Sin embargo, lo que muestra su informe es que Vd. no ha sido lo suficientemente diligente en la búsqueda de los recursos que, como todos sabemos y la Doctrina nos enseña, son ilimitados; acceder a ellos es simplemente una cuestión de precio y de esfuerzo. Por tanto, lo único limitado hasta ahora es el esfuerzo que Vd. ha puesto en su empeño, cosa que sin duda Vd. corregirá en el futuro. - el geólogo asentía despacio, como moviéndose en medio de un sueño - Así pues, este Tribunal le absuelve de todos los cargos. Así mismo, emite una Recomendación Ejecutiva al Instituto Nacional de Geología y Recursos Naturales Ilimitados para su inmediato traslado a las Nuevas Áreas Geológicas, donde su conocimiento encontrará un mejor desempeño.

Al oír estas palabras Joseph reaccionó por fin, como si hasta ese momento se hubiera mantenido en un estado de equilibrio narcótico, sin saber si mantener la esperanza o hundirse en la desesperación, hasta conocer lo que aquel venal y corrupto Tribunal tuviera a bien decidir sobre su futuro. Pero ahora ya sabía qué le esperaba. No le echaban de la función pública al paro y la miseria, y en ese sentido se sentía afortunado. Sin embargo, podía despedirse de su casa y sus amigos (una Recomendación Ejecutiva era un eufemismo para "Orden de obligado complimiento). Las Nuevas Áreas Geológicas estaban situadas en lo que antaño había sido el Ártico, cuyas inmensas riquezas - en realidad no tantas, él lo sabía bien de muchos estudios que había leído- habían sido repartidas entre las Repúblicas Occidentales al acabar la Guerra. La vida en la región ártica era muy dura, con vientos huracanados semipermanentes y seis meses de oscuridad, que se tenían que capear con precarios medios en alta mar, sin tocar tierra firme durante meses, y eso por no hablar de los accidentes en las explotaciones. Como consuelo, la paga era el doble que una paga en tierra firme, la vida era menos cara en el buque porque los suministros estaban subvencionados y tampoco tenías mucho en qué gastarlo, y se tenía derecho a un mes de libranza al año. Quizá dentro de diez años podría pedir una reubicación en la República y con la pequeña fortuna que tendría atesorada podría aspirar a ser Procurador como su cuñado. Había salido bien librado y por fin dejó salir, en un sonoro suspiro, todo el aire que parecía que hacía días que tenía dentro, mientras un alguacil le conducía a la salida.

Quedaba el último de los reos, el más difícil, el más polémico. Juan Ramón, el Rector Maestro, comenzó a examinar la carpeta, más abultada por papeles y billetes que las anteriores.


El Historiador

El último funcionario del día. El último ganapanes, teorizador de la nada, ensuciador de mentes, pensó el Rector Maestro, sin reparar que, al trabajar para el Estado, en cierto modo él también era un funcionario. Pero no lo era: los Rectores tenían un estatus especial, con contratos de tipo laboral aunque en la práctica eran vitalicios. También eran diferentes de los funcionarios a los que despreciaban en cuanto al sueldo, que era como mínimo diez veces superior. Y sobre todo por su poder.

Abrió la carpeta y empezó a leer, mientras maquinalmente separaba el abultadísimo sobre, en esta ocasión sin gran disimulo - por otra parte imposible dado el tamaño del mismo. Su ceño se frunció severo al leer algunas frases y, de repente, notó en el antebrazo la presión de la mano del Rector Acólito. Le miró sorprendido: los Rectores no eran propensos a las familiaridades. Sus ojos se volvieron al apellido del funcionario que debían juzgar. Por supuesto, era el hijo de un Rector. Del Rector Acólito, de hecho. Los billetes que seguía manoseando inconscientemente con la mano izquierda venían directamente del bolsillo del pobre desgraciado que tenía a su derecha y que aspiraba a sustituirle algún día.

El hijo de su compañero estaba de pie, serio y desafiante, delante del estrado de los Rectores. Era un hombre alto y en buena forma física, lo cual suscitó de inmediato la antipatía en el Rector Maestro. Vestía con corrección, sobrio pero de alguna manera elegante aunque no llevaba traje; quizá por eso sudaba menos, con su camisa fina de algodón claro. Mientras le miraba allí, erguido, tan fresco y airoso, el Rector notó que el sudor comenzaba a resbalar por su sienes y sintió que su animadversión por el funcionario crecía hasta convertirse en una ira a penas reprimida. Decidió comenzar ya el procedimiento, sin leer más los documentos.


- Diga en voz alta y clara su nombre - dijo rompiendo súbitamente el tenso silencio, y hasta él mismo se sobresaltó por la brusquedad de su tono.

- Me llamo Daniel - dijo el hombre, con voz clara y fuerte, y perfecta dicción - Daniel Ruipérez Diosdado.

- Diga cuál es su profesión

- Soy funcionario, historiador en el Instituto Nacional de Historia de la Humanidad y del Progreso de la Doctrina - respondió el Sr. Ruipérez.

- Enuncie Vd. la discrepancia con la Doctrina que le ha llevado a este Tribunal, tal y como le fue formulada en el pliego de cargos que le fue entregado en el momento de su detención.

- Mi detención ha sido absolutamente ilegal y contraria a los principios fundacionales de esta República, basándose en unas resoluciones del Consejo Rector que no tienen fuerza jurídica, como consta en el dossier que tiene su Ilustrísima sobre la mesa.

El rumor del público fue en este caso un grito ahogado de sorpresa. El Rector Maestro sentía que la sangre le hervía y la sentía borbotear por la punta de sus orejas. Le había ofendido el tono afectado e intencional con la que el interfecto había pronunciado "su Ilustrísima"; le había enfurecido la insolencia con la que en su alegato inicial había atacado la legitimidad jurídica del Alto Tribunal para la preservación de la Doctrina; y finalmente le había sorprendido que la documentación de la carpeta y que casi ni había ojeado había sido preparada en su mayoría por el propio acusado, una anomalía procesal que sólo había podido ocurrir por obra de su padre y que él no pensaba perdonar. ¿Dónde se había visto que el acusado tuviera no ya acceso sino conocimiento de los argumentos que se esgrimirían en su defensa?

A pesar del considerable batiburrillo de ideas y emociones que sentía en su interior, el Rector Maestro era muy profesional y se repuso en seguida. Hacía años que no veía a nadie tan insolente y pensó que disfrutaría destrozándole dialécticamente, mientras le empujaba lentamente hacia el cadalso. En su cabeza Daniel Ruipérez, el hijo de su compañero, ya estaba condenado, y sólo quería disfrutar machacándolo. El Rector Acólito, que debía intuir qué pensamientos barruntaba, palidecía, sabiendo que su hijo estaba perdido.

- Sr. Ruipérez, ¿puede Vd., por favor, detallar los motivos que le llevan a hacer tan extemporánea afirmación? - dijo el Rector Maestro con un tono casi jovial

- Con mucho gusto, su Ilustrísima - el tono insolente con el que Daniel Ruipérez pronunciaba esas dos palabras seguía ahí - Hubo un tiempo nada lejano en que los Rectores no eran jueces, sino meramente asesores del Estado. Así había sido antes de la proclamación de la República y así siguió siendo inmediatamente después.

- Se refiere Vd., naturalmente, a los tiempos pre-doctrinarios - dijo uno de los rectores.

- Me refiero a los tiempos anteriores  a la proclamación de la República - contestó secamente Daniel; y prosiguió - El Consejo Rector se creó para ayudar en la organización social y económica del país, como un órgano consultivo y nunca ejecutivo, y mucho menos legislativo ni judicial.

Algunos Rectores más jóvenes fruncieron el ceño, posiblemente porque nunca habían oído hablar de Montesquieu, mientras que los de más edad cruzaron las manos o se acomodaron en sus mullidos asientos, puesto que por lo que se veía el discurso iba a continuar. Y así fue:

- Solamente por la desesperación de los Gobiernos sucesivos ante una crisis delante de la cual las recetas tradicionales no funcionaban se le dio más poder al Consejo Rector, lo cual fue paradójico puesto que el mismo Consejo nunca había sido capaz de proponer nada diferente de esas recetas tradicionales, aunque siempre fue muy hábil echándole la culpa de sus fallos a factores externos y a los demás agentes sociales. Al final, la transmisión de poder fue tan grande que los Gobiernos quedaron vacíos de funciones y el Consejo Rector capitalizaba todo el poder efectivo, excluyendo la tediosa gestión del día a día.

- Todo eso es lo que explica Vd. en su libro de reciente aparición, ¿verdad, profesor? - le cortó el Rector Maestro

- Libro cuya edición Vds. han ordenado ilegítimamente secuestrar, efectivamente - respondió Daniel Ruipérez, y siguió - Amparándose en una Doctrina pergeñada durante los años de la abundancia que precedieron en varias décadas a la crisis final de Occidente y la instauración de las Repúblicas Occidentales, han convertido sus hipótesis no contrastadas y muchas veces desmentidas por la realidad física en dogmas de fe; han convertido esa ridícula Doctrina en una nueva religión en el peor sentido de todos los posibles, ignorando los repetidos informes, como los que hemos oído hoy, que nos dicen que no vivimos en el mejor de los mundos posibles sino en uno que se está yendo al garete, y a los que denuncian la aberrante inhumanidad de la Doctrina los tachan de ...

- ¡Hereje! - le interrumpió una persona del público, y el Rector Maestro tuvo que llamar al orden. Aunque la encontraba correcta, no le gustaba la expresión "hereje" porque remetía a varios siglos atrás; él prefería "disidente". Tras varios minutos llamando al orden, el Rector Maestro tomó la palabra:

- Ya tenemos bastante, Sr. Ruipérez; ha agotado la enorme paciencia de este tribunal, y ya tenemos suficientes pruebas como para dictar sentencia - y se detuvo un momento - a no ser que el Rector Acólito quiera decir algo en este momento.

Todas las miradas se clavaron en el pobre y hundido despojo de hombre que estaba sentado a su derecha. Las lágrimas luchaban para no salir de sus ojos, mientras miraba desesperado a su único hijo, que seguía allá de pie, desafiante delante de un mundo que se había vuelto loco. El Rector Acólito no podía hacer nada; su hijo estaba condenado y de nada serviría que se condenase con él. Así que bajando la cabeza pronunció un "No" sólo audible para el Rector Maestro, el cual, satisfecho, se giró al historiador Daniel Ruipérez para notificarle su sentencia.

- Se le considera a Vd. culpable de todos los cargos de disidencia, sedición e incitación a la violencia y el caos. Se le considera a Vd. enemigo mortal de la República Doctrinaria y se le condena a muerte. La muerte será por colgamiento y desprendimiento, como corresponde a los traidores a la República: se le suspenderá en el aire, agarrado por una argolla rígida alrededor del cuello suficientemente amplia para no causar el estrangulamiento pero suficientemente estrecha para evitar que la pueda atravesar; y de las extremidades inferiores se le irán colgando pesos cada vez mayores hasta que se le arranque la cabeza de los hombros - en realidad no siempre pasaba exactamente eso sino una gran variedad de desagradables desmembramientos que en todo caso acababan siempre con la muerte atroz del condenado.

Cuatro alguaciles vinieron a buscar al reo, como procedía en los casos de condena a muerte. A pesar de su triste provenir, Daniel Ruipérez mantuvo en todo momento la entereza y caminó con gran dignidad hacia su celda y su muerte.


El Consejo Rector

Cuando se hubo vaciado la sala tras el juicio el Rector Maestro pidió a los Rectores que se quedaran aún un momento, pues creía necesario la celebración de un Consejo Rector extraordinario. Como de costumbre, se observaron todos los protocolos y procedimientos acostumbrados; el Secretario llamó a quórum y se anotaron las solicitudes de presentación de cuestiones, que en realidad fueron copadas por el Rector Maestro. Hacía mucho tiempo que el Consejo Rector estaba formado por comparsas que se limitaban a no contrariar a quien ocupaba en cada momento el puesto de Rector Maestro.

El Rector Maestro comenzó entonces a exponer las tres cuestiones que había solicitado.

- Queridos colegas, creo que los casos que hemos juzgado en el día de hoy nos tienen que hacer reflexionar sobre las circunstancias que nos han llevado hasta aquí y como podemos hacer para evitarlas en el futuro. Así pues, tengo tres mociones de Resolución Ejecutivo que querría discutir con Vds. para convencerles de la necesidad de su aprobación.

Hasta aquí lo esperado, aunque los Rectores más antiguos se esperaban cambios importantes en su vida como resultado de las palabras del Rector Maestro. Y así fue:

- Las irregularidades procesales del último caso demuestran que para preservar impoluta la imparcialidad y objetividad de este consejo es imprescindible pedir que los Rectores sean no sólo hombres rectos y honestos, sino que se les pueda influir desde su entorno cercano. Entiendo, por tanto, que a partir de ahora se tiene que exigir que los Rectores sean hombres solteros y sin descendencia. Que sean todos hombres evitará colusiones emocionales, no racionales, entre sus miembros, en tanto que al no tener descendentes no tendrán ningún interés particular en influir en los casos que se juzguen. Propongo que el celibato obligatorio sea aprobado como Resolución Ejecutiva y que sea requisito para los nuevos Rectores, mientras que a los vigentes se les dé un plazo de cinco años para alcanzar tal situación o en su caso abandonar el Rectorado por una Procuradoría o otra actividad semejante, importante pero de menor rango.

Los Rectores se quedaron en silencio. No se esperaban un mazazo tan fuerte a su estilo de vida y a sus expectativas, pero tenían que admitir que la escena del hijo del Rector Acólito no era muy edificante ni proyectaba una buena imagen del Tribunal. Cuando vieron que el propio Rector Acólito levantaba su mano apoyando la moción muchos rectores se vieron sin argumentos para votar en contra. En realidad, la disposición no afectaba al Rector Acólito, viudo como era y a punto de perder a su único hijo.

Si la primera moción causó una fuerte impresión en el Consejo Rector, no fue menor la que causó la segunda:

- Creo que la objetividad del Tribunal y del Consejo Rector mejoraría con un menor número de miembros. A fin de cuentas, más miembros significa más puntos por los que se puede ejercer presión para sesgar las decisiones del Tribunal, alejándolas del ideal de virtud y obediencia a la Doctrina. Escoger menos Rectores pero más justos y honrados, más incorruptibles y severos, mejorará la fortaleza y también la eficiencia de este Tribunal y del Consejo. Propongo por tanto que el número de miembros del Tribunal y Consejo se reduzca de los 11 actuales a 5, y que se endurezcan las pruebas de acceso, en las que se examinarán con mayor dureza la rectitud y pureza de los candidatos. La reducción de miembros será progresiva, simplemente no reemplazando las vacantes a medida que los actuales Rectores abandonen su cargo voluntariamente o por deceso - obviamente el Rector Maestro no consideraba la posibilidad de una rescisión de contrato.

Aquí los Rectores dudaron más, puesto que muchas eran las expectativas de quienes aspiraban a entrar en el Rectorado y más de un Rector debía su puesto a ciertas alianzas y favores que debían ser compensados con posterioridad; pero como en el fondo no cambiaba la vida de aquéllos que tenían que decidir sobre ello y en cualquier caso era la voluntad del Rector Maestro a la que era difícil oponerse, nadie se opuso y nuevamente se aprobó por unanimidad.

La última de las mociones fue recibida con mayor alegría por parte de los Rectores.

- En vista de que la clase funcionarial se está convirtiendo no sólo en el refugio de tanto vago y bueno para nada, sino también en un nido de peligrosos disidentes, propongo enviar una Resolución Ejecutiva instando al Gobierno a acometer una urgente reducción del número de efectivos de esta clase inútil, dejándolo reducido a aquellos pocos casos en los que, por lo esencial de la función, debe preservarse un estatus tan privilegiado.

Todas las manos de los Rectores se alzaron en un abrir y cerrar de ojos.



El final del día

Ya descargado de su túnica y de sus símbolos de poder, el Rector Maestro pudo dejar de ser tal y volver a ser Juan Ramón, el mismo Juan Ramón de cada día en su casa. El día había sido largo y duro, y tenían ganas de regresar a casa antes de que el calor de mediodía hiciera la vida en la calle imposible, así que se encaminó con largas zancadas hacia la salida. Pero aún así, antes de salir y siguiendo una costumbre de años, se detuvo unos segundos delante del pedestal y la vitrina que había a la entrada del Tribunal. El tomo de cuero repujado y con ribetes de oro yacía sobre un cojín de terciopelo, acentuando su majestuosidad. Era una bella copia del Sacro Volumen, del Documento Rector, del Principio y Fin de sus vidas. Era el símbolo del sentido de la vida de Juan Ramón, y también del inmenso poder que como Rector Maestro ostentaba. Una copia de la Doctrina; ni más ni menos que una de las primeras copias. Mecánicamente releyó el título que tan bien conocía:

"Teoría Económica Liberal:

Las bases fundamentales de la Doctrina que liberará al mundo"


Antonio Turiel
Figueres, Julio de 2014
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