The Oil Crash

Contingut sindicat
La llegada al cenit de producción mundial de petróleo ha puesto a la economía contra las cuerdas. En este blog se analizan las noticias relacionadas con este tema y qué medidas se pueden tomar para remediar la carestía que viene.
Actualitzat: fa 1 dia 3 hores

El Ocaso del Petróleo: Edición de 2017

4 Desembre, 2017 - 23:18
Queridos lectores,

Como cada año desde 2012, tras salir cada edición del informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el World Energy Outlook (WEO), hago un análisis pormenorizado sobre qué significa la previsión de producción de petróleo del escenario central del WEO en términos de volumen de hidrocarburos líquidos, energía bruta y energía neta, tanto con hipótesis muy conservadoras como utilizando otras más drásticas pero probablemente más realistas. Un ejercicio que encuentro bastante revelador, aunque el objetivo del mismo ha ido variando ligeramente con el paso de los años.

Cuando lo hice por primera vez en el año 2012 fue porque me alarmaba la manipulación obvia que se hacía en ese informe de la producción de petróleo crudo convencional de los campos existentes, cambiando el ritmo de decaimiento anual que ya se estaba observando (en aquel entonces, un 5% anual) por uno considerablemente más suave (3,3% anual), y que a pesar de esa manipulación y otras perceptibles (por ejemplo, el ritmo de descubrimientos de nuevos yacimientos, exagerado muy notablemente) ya en el escenario de referencia se preveía una ligera caída de la producción de petróleo crudo. Mi propósito con aquel primer "El Ocaso del Petróleo" era mostrar que, si se le quitaban las manipulaciones más obvias, el propio escenario de la AIE nos mostraba el declive de la producción de petróleo crudo.

Con el paso del tiempo, siempre que he dispuesto de los datos he repetido el análisis para constatar que la mayoría de los problemas avanzados no hacían otra cosa que agravarse con el tiempo (por ejemplo, la caída de producción de los campos ya existentes se sitúa ya en el 6,2% anual, como se explicaba con mucho detalle en la edición de 2016 del WEO). De hecho, el único punto verdaderamente positivo y que ha retrasado un poco lo peor de lo esperado ha sido la fuerte irrupción del petróleo de fracking de los EE.UU., que durante unos pocos años ha podido compensar un declive que cada vez se hace más patente. Sin embargo, las tendencias de base, agravadas encima por la fuerte desinversión de las industrias del sector, hace anticipar una evolución aún peor de lo prevista. Y a pesar de ello la AIE nos deleita cada año con un escenario donde las cifras formalmente suman lo que tienen que sumar, aunque con explicaciones variopintas y bastante variables año tras año. De modo que con el tiempo "El Ocaso del Petróleo" me está sirviendo para comprobar que, a pesar de los diferentes maquillajes, la tendencia a medio y largo plazo es, consistentemente a pesar de las diferentes técnicas de camuflaje, hacia el declive.

Este año es peculiar por diversos motivos. Por un lado, la AIE vuelve a poner el foco, como ya hiciera en 2012, en previsiones muy optimistas sobre la evolución del fracking en los próximos años, a pesar de que ya es más abrumadora que nunca la demoledora evidencia de que es un negocio ruinoso en cualquier escenario de precios. La segunda peculiaridad del momento actual es que la AIE ha introducido un nuevo escenario que se llama Desarrollo Sostenible, que aunque no es su escenario central para aproximarse más al curso previsible de los acontecimientos en lo que al petróleo se refiere. Pero no anticipemos acontecimientos y examinemos los datos.

Escenario central.

En la Tabla 4.5 el WEO 2017 nos ofrece los datos con las previsiones para los próximos años para el escenario de Nuevas Políticas.



A diferencia de lo que pasaba en el WEO 2016, esta vez no tenemos el alto nivel de detalle sobre la producción de los diversos tipos de yacimiento ya existente, así que no podremos desglosar su evolución. Para mayor agravamiento, este año nos vuelven a desglosar la Recuperación Mejorada de Petróleo (Enhanced Oil Recovery, EOR), que encima resulta ser una cantidad bastante significativa a final del período (nada menos que 4,3 millones de barriles diarios, Mb/d). En 2015 seguí el criterio de que esta categoría debía ser acumulada a la producción de petróleo de yacimientos ya existentes porque es sobre todo en éstos donde se aplica. Sin embargo, al comparar la gráfica que me resultaba de hacer esa hipótesis con la del año pasado me di cuenta de que la única forma de hacer compatibles ambas gráficas es que en realidad el EOR se debe contar en la categoría de "Campos por desarrollar", lo cual es un hallazgo importante: la AIE separa los proyectos de expansión de los campos existentes de los proyectos por desarrollar cuando le interesa hacer alguna maquinación contable, como luego veremos.
 Hidrocarburos líquidos o "todos los líquidos del petróleo" según el escenario de Nuevas Políticas propuesto en el WEO 2016. El eje vertical está expresado en millones de barriles por día (Mb/d)

 Hidrocarburos líquidos según el escenario Nuevas Políticas del WEO 2017, agrupando la franja de "Recuperación Mejorada de Petróleo" con la de "Campos por desarrollar". Las franjas se han apilado en el mismo orden del WEO 2016.

Como ya se ve en las gráficas de arriba, los tipos de hidrocarburo líquido que podremos considerar, serán, por tanto, el petróleo crudo convencional de "Campos ya existentes" (franja verde en las gráficas), el crudo convencional de "Campos por desarrollar" (franja roja) y el crudo convencional de los "Campos aún por descubrir" (franja morada). En la categoría de no convencionales tenemos los "Líquidos del gas natural"
(azul grisáceo), el "Petróleo ligero de roca compacta" (LTO, franja naranja oscuro), los "Petróleos pesados" (franja naranja intermedio) y "Otros" (franja naranja claro). La rúbrica "Otros" en este caso excluye los biocombustibles, porque en otra de las trampas contables de la AIE en el WEO de este año se los contabiliza como energía renovable, y por tanto en "Otros" lo que queda son las conversiones gases-a-líquidos, carbón-a-líquidos y cosas semejantes, siendo por tanto muy minoritaria. Para finalizar, tenemos la aberración contable de las "Ganancias de proceso" (franja gris claro), que representa la expansión volumétrica de los productos del petróleo al ser tratados en una refinería, sin ganancia real de energía, como ya hemos explicado otros años. El orden de apilamiento en las gráficas sucesivas será el del enunciado que acabo de hacer, por consistencia entre los distintos tipos de hidrocarburo y también con la representación que usamos en anteriores ediciones de "El Ocaso del Petróleo" excepto en la de 2016.

Para dar perspectiva a la gráfica, añado los datos de los años ya pasados, extraídos de anteriores WEOs. Me veo obligado a incorporar el año 2020 del WEO 2016 porque de manera bastante extraña no está dado en la tabla de este año.

Antes de comenzar a discutir las gráficas de este año, resulta interesante destacar la comparación entre las previsiones que se realizaban en el WEO 2016 y en el WEO 2017. En la siguiente gráfica muestro los diferencias según el tipo de hidrocarburo líquido (siempre es dato del WEO 2017 menos dato de WEO 2016, así que un valor positivo indica un mayor valor en 2017 y uno negativo un mayor valor en 2016). He añadido una barra negra que representa las diferencias de los totales de hidrocarburos líquidos.


Diferencia por categorías de hidrocarburo líquido en los escenarios "Nuevas Políticas" del WEO2017 y del WEO 2016, en Mb/d (positivos si la cantidad es mayor en el WEO 2017 que en el WEO 2016 y negativa en caso contrario).
Como se ve en el gráfico, en el WEO 2017 los totales de cada año de 2025 a 2040 son superiores respecto a los valores del WEO 2016. La clave está, por supuesto, en el fuerte crecimiento del LTO, a todas luces completamente irrealista. Llama la atención que también una apreciable mayor producción de petróleo crudo que proviene de campos ya existentes en el WEO 2017 respecto al WEO 2016, fruto de que se considera que el declive de los campos existentes es tan sólo del 4,2% anual cuando la propia AIE dejaba claro en el WEO 2016 que ésta es del 6,2% anual y no se ha producido ningún cambio que justifique una atenuación de la caída (más bien al contrario). Esa subida es necesaria para compensar la más que considerable caída de los "Campos por desarrollar" en el WEO 2017 respecto al WEO 2016, y es que en el WEO 2017 han tenido que acomodar el hecho de que la falta de inversión va a afectar al desarrollo de los campos de petróleo crudo futuros (y eso que en el WEO 2017 aquí estoy acumulando toda la Recuperación mejorada de petróleo).

Veamos cómo quedan las gráficas de evolución según miramos a la energía que representan. La gráfica de referencia es la del volumen de producción, que es igual que la que mostré arriba pero con las franjas apiladas de manera más coherente, por grupos de petróleo.


Evolución de la producción de hidrocarburos líquidos en volumen según el escenario "Nuevas Políticas" del WEO 2017.

Cómo se ve en la gráfica, hay una ligera caída de la producción de petróleo crudo (las tres franjas inferiores), desde los 70 Mb/d en 2015 hasta los 64,1 Mb/d en 2040, ligeramente inferior a lo que se avanzaba en anteriores WEOs. De hecho, este es el WEO donde más retrocede la producción de crudo convencional, como se muestra en la siguiente gráfica comparativa, extraída del artículo "Does the IEA try to hide the conventional crude oil peak in its 2017 World Energy Outlook?", de Crudeoilpeak.info:



Procedamos a estimar, con los factores usuales, la energía bruta que proviene de estos hidrocarburos líquidos. Como siempre, consideraremos que los petróleos no convencionales, todos ellos, contienen sólo el 70% de la energía bruta en volumen del petróleo convencional, y que por supuesto las "Ganancias de proceso" no aumentan la energía del petróleo. El resultado es como sigue:


Energía bruta de los hidrocarburos líquidos en el escenario Nuevas Políticas del WEO 2017, expresada en millones de barriles de petróleo equivalente por día (Mboe/d).

Como siempre, se ve un cuadro algo menos boyante que el triunfalista de la AIE, con un crecimiento muy débil de la energía bruta en los próximos años.

Si estimamos ahora la energía neta con los factores usuales (TRE de 20 para campos existentes, 5 para Campos por desarrollar, 3 para Campos aún por descubrir, 5 para los Líquidos del gas natural, 2 para el LTO y el petróleo pesado y de 1 - es decir, sin energía neta- para los Otros), lo que nos queda es:


Energía neta de los hidrocarburos líquidos en el escenario Nuevas Políticas del WEO 2017, expresada en millones de barriles de petróleo equivalente por día (Mboe/d).
En consonancia con las anteriores ediciones de "El Ocaso del Petróleo" se observa que probablemente 2015 fue la cima de la energía neta (se recuerda que, dada la granulosidad de los datos, que van de 5 en 5 años, la precisión de esa fecha es lógicamente de +- 2,5 años).

Por último, una estimación más realista de la energía neta implicaría corregir la caída de la producción proveniente de los Campos existentes del 4,2% anual que le ha impuesto el WEO 2017 y ponerle el 6,2% anual real, tener en cuenta que la mitad de los Campos por desarrollar no se desarrollarán nunca por escaso rendimiento,  tomar un cuarto de los Campos aún por descubrir porque la AIE está exagerando el ritmo de descubrimiento (ya es actualmente un sexto de la media de las últimas décadas, pero dejo un cuarto por comparar con las ediciones de otros años), que de los Líquidos del gas natural se podría aprovechar un tercio como sustituto del petróleo para ciertas aplicaciones petroquímicas, y que el LTO y de los petróleos pesados se podría aprovechar como mucho la mitad. El resultado se expresa en la siguiente gráfica:


Estimación más realista de la energía neta de los hidrocarburos líquidos en el escenario Nuevas Políticas del WEO 2017, expresada en millones de barriles de petróleo equivalente por día (Mboe/d).
Gráfica que se compara bastante bien con la que obtuvimos el año pasado y que reproduzco aquí debajo.


Estimación más realista de la energía neta de los hidrocarburos líquidos en el escenario Nuevas Políticas del WEO 2016, expresada en millones de barriles de petróleo equivalente por día (Mboe/d).
La razón de la similitud global viene del hecho que la fracción que más peso tiene es el petróleo crudo convencional, que aún hoy en día representa casi el 80% del total, y una vez que se fija de manera realista su declive esta fracción arrastra al conjunto de las otras cuando se las expresa en energía neta, porque tienen muy poca.

Conclusiones:

Con cada nueva edición de su World Energy Outlook la AIE se ve obligada a hacer nuevos equilibrios contables para no aceptar la cruda realidad de que hay muchas piezas que ya no encajan en el cada vez más desequilibrado puzzle de la producción de hidrocarburos líquidos. Donde antes se apostaba por la inversión en nueva producción ahora se ha de fiar todo al fracking, toda vez que el proceso de desinversión global excepto en los EE.UU. impide apostar a otro caballo. Cuando se vea que el fracking es también, necesariamente, una apuesta perdedora a pesar del espejismo de los EE.UU., a la AIE no le van a quedar más posibles escapatorias y quizá entonces tendrá que aceptar que, se haga lo que se haga, la producción de hidrocarburos líquidos va a decrecer durante las próximas décadas, y posiblemente de manera bastante precipitada. Lo interesante de estos ejercicios de la serie "El Ocaso del Petróleo" es que se ve que, al margen de los maquillajes contables, la fracción dominante en cuanto a la energía neta es y ha sido siempre el petróleo crudo convencional, y es en él en realidad en el que nos deberíamos de fijar para anticipar por dónde van a ir los próximos años.

Salu2,
AMT 
GMTDetectar idiomaAfrikáansAlbanésAlemánÁrabeArmenioAzeríBengalíBielorrusoBirmanoBosnioBúlgaroCanarésCatalánCebuanoChecoChichewaChino (Simp)Chino (Trad)CincalésCoreanoCriollo haitianoCroataDanésEslovacoEslovenoEspañolEsperantoEstonioEuskeraFinlandésFrancésGalésGallegoGeorgianoGriegoGujaratiHausaHebreoHindiHmongHolandésHúngaroIgboIndonesioInglésIrlandésIslandésItalianoJaponésJavanésJemerKazajoLaoLatínLetónLituanoMacedonioMalayalamMalayoMalgacheMaltésMaoríMaratíMongolNepalíNoruegoPersaPolacoPortuguésPunjabíRumanoRusoSerbioSesotoSomalíSuajiliSuecoSundanésTagaloTailandésTamilTayikoTeluguTurcoUcranianoUrduUzbecoVietnamitaYidisYorubaZulúAfrikáansAlbanésAlemánÁrabeArmenioAzeríBengalíBielorrusoBirmanoBosnioBúlgaroCanarésCatalánCebuanoChecoChichewaChino (Simp)Chino (Trad)CincalésCoreanoCriollo haitianoCroataDanésEslovacoEslovenoEspañolEsperantoEstonioEuskeraFinlandésFrancésGalésGallegoGeorgianoGriegoGujaratiHausaHebreoHindiHmongHolandésHúngaroIgboIndonesioInglésIrlandésIslandésItalianoJaponésJavanésJemerKazajoLaoLatínLetónLituanoMacedonioMalayalamMalayoMalgacheMaltésMaoríMaratíMongolNepalíNoruegoPersaPolacoPortuguésPunjabíRumanoRusoSerbioSesotoSomalíSuajiliSuecoSundanésTagaloTailandésTamilTayikoTeluguTurcoUcranianoUrduUzbecoVietnamitaYidisYorubaZulúLa función de sonido está limitada a 200 caracteresOpciones : Historia : Feedback : DonateCerrar
Categories: General

World Energy Outlook 2017: Mirando más allá del pico

21 Novembre, 2017 - 20:38

Queridos lectores,

Como cada año por estas fechas, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha hecho público su informe anual sobre el estado de la energía en el mundo, el World Energy Outlook (WEO), y como cada año me dispongo a ofrecerles una visión rápida de los hechos más relevantes contenidos en este informe, reservándome para futuros posts un análisis en más profundidad de algunos de sus aspectos. Otros años conseguía sacar mi valoración en un par de días, pero lo hacía a costa de dormir muy poco y de centrarme en pocos aspectos. Sin embargo, dada la complejidad de la situación que se está comenzando a dibujar, esta vez me he tomado una semana para estudiarme bien el texto (que fue publicado el 14 de noviembre), intentando ver más claro entre las muchas sombras y distracciones que se proyectan en el WEO 2017. Y lo que se ve no es precisamente reconfortador.

Como en todos los WEOs anteriores, la AIE dibuja las tendencias para los próximos 25 años basándose en los resultados de sus modelos de economía-energía. A partir de estos modelos, la AIE desarrolla un conjunto de escenarios que pretenden cubrir los caminos más probables que seguirá nuestra sociedad. Lo que es curioso de comprobar es que con el paso de los años el número de escenario contemplados por la AIE se ha ido incrementando sin cese. Así, de tener un único escenario tendencial hace poco más de una década, a medida que sobrepasamos el punto crítico del año 2005 (cuando se produjo el máximo de extracción de petróleo crudo) pasamos a tener dos (Políticas actuales o BAU y Nuevas Políticas), a los que más tarde se les añadió un tercer escenario, el 450, y ya el año pasado nos añadieron dos nuevos casi-escenarios (llamados entonces "bien por debajo de los 2ºC de calentamiento" y "Hacia los 1,5ºC". Lo que esta proliferación de escenarios nos indica es, esencialmente, una mayor incertidumbre sobre el futuro, y que la tendencias en la evolución de la energía, la economía y la sociedad la AIE implícitamente reconoce que cada vez le resultan más difícil capturar.

En este nuevo WEO, la AIE simplifica la estructura de los escenarios y los reduce a tres: "Políticas actuales", "Nuevas Políticas" y un nuevo escenario, con un nombre bastante significativo: "Desarrollo sostenible". Resulta interesante ver cómo la necesidad de proponer un nuevo paradigma va permeando poco a poco en la no hace tanto hermética y siempre optimista AIE. También es interesante ver cómo se abandona el nombre del escenario 450 (en referencia al objetivo de partes por millón de concentración de gases de CO2 equivalente en la atmósfera terrestre que no se debía traspasar), simplemente porque la AIE ya es consciente que no se va a poder evitar sobrepasar ese nivel de concentración de gases de efecto invernadero. Haciendo de nuevo de la necesidad virtud, se abandona ese objetivo simplemente haciéndolo desaparecer de un plumazo, no mencionándolo explícitamente en su pleno significado. De hecho, toda referencia a las 450 ppm ha sido completamente obviada en este informe, y el puñado de veces que se cita al Escenario 450 del WEO 2016 por la necesidad de compararlo con el nuevo escenario de "Desarrollo sostenible", se menciona que el objetivo del mismo era "mantener el aumento global de temperaturas por debajo de los 2ºC", evitando así referirse al verdadero significado del guarismo ahora maldito de 450. Básicamente, la utilización de una etiqueta de marca blanca y más genérica, "Desarrollo sostenible", es la manera que tiene la AIE de decirnos que esta batalla ya se ha perdido.

La presentación ofrecida a la prensa ofrece un interesante contraste con respecto a otros años. Así, si en ediciones anteriores la cantidad de información contenida en esta presentación era bastante profusa, en la de este año hay bastante menos gráficos y bastante menos específicos de lo habitual, dominando los aspectos discursivos con respecto a los analíticos. El mensaje es simple: el mundo va a ir avanzando durante los próximos 25 años hacia las fuentes de energía más sostenibles y menos emisoras de CO2, aún cuando EE.UU. incrementará de una manera completamente inverosímil su producción de gas y de petróleo gracias al falso milagro ahora redivivo del fracking, y según nos dicen se convertirá en el principal productor de petróleo y gas del mundo hasta el punto de acabarse convirtiendo en exportador de ambas materias, mientras que los países de Oriente Medio pasan de exportadores a importadores. Una cuadratura del círculo con la que la AIE intenta reconciliar la dureza de los datos de los que dispone con el optimismo implantado en sus modelos, haciendo algo completamente imposible de creer. Pero no nos anticipemos y entremos en el análisis más detallado del WEO 2017.

Como siempre, lo primero es hacer una búsqueda del término "peak oil", y como pasa casi siempre obtenemos un total de 0 resultados en las 783 páginas de este informe. Sin embargo, si buscamos el término "peak", a solas, nos encontramos que aprece literalmente decenas de veces, y en muchos casos como "peak demand". Ya sabemos que el término "cenit de demanda", en muchos casos en los que se usa sin demostrar que hay una verdadera gran mejora tecnológica, es una falacia lógica con la que se pretende hacer políticamente aceptable un eventual cenit de producción.

Entrando en la estructura del informe en sí, tenemos tres grandes bloques: Tendencias generales en energía, un apartado específico para el gas natural, y otro dedicado a China. No es de extrañar que se vuelva a poner el énfasis en el gas natural, como hicieron también hace unos años, porque de todos los combustibles fósiles es el único que no presentaba aún síntomas de haber llegado a su máximo de producción, y es la tabla de salvación que necesita la AIE para que le cuadren sus cuentas, como veremos. De acuerdo con el resumen ejecutivo del WEO 2017, cuatro son los grandes principios que van a regir nuestro futuro: el despegue en instalación y los costes decrecientes de las tecnologías de "energías limpias", la electrificación de la energía, la mutación de China hacia una economía de servicios con un mix energético más limpio y la capacidad de resiliencia de la producción de gas de esquisto y petróleo ligero de roca compacta (ambos explotados mediante fracking) en los EE.UU. Sólo cuando uno entra en el detalle nos encontramos que un punto clave de todo este maravilloso panorama son las mejoras en eficiencia, sin las cuales, según nos reconoce la AIE, el incremento en el consumo de energía sería el doble del proyectado. Nos anuncian también que las instalaciones renovables alcanzarán la paridad en coste con las alternativas no renovables, y con ello que el futuro es la electrificación de la energía (recordemos que hoy en día la electricidad es el 18,7% de la energía final consumida en el mundo, llegando a ser algo más del 20% en los países industrializados, mientras aquí se proyecta una gran expansión de este porcentaje). Tras una discusión sobre múltiples aspectos del gas natural como combustible de transición y pivotal en este período, el resumen ejecutivo concluye con recomendaciones a la inversión guiadas por las políticas.

Analicemos con más detalle los bloques de los que consta el informe.

Tendencias globales de la energía

Comienza esta sección con la presentación de los escenarios y una larga discusión justificándose que el escenario de referencia (Nuevas políticas) no debe ser tomado como una predicción, a pesar de que todo el mundo lo tome por tal. Los escenarios de referencia son tres, como se anunciaba antes: Políticas actuales (refiriéndose a las que ya estaban aprobadas hasta a mediados de 2017), Nuevas políticas (contando con los anuncios hechos y aún no plasmados legislativamente) y Desarrollo Sostenible (definido como "aquél que incorpora los aspectos principales relacionados con la energía de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas", y que incluye la lucha contra el cambio climático pero que ignora, por ejemplo, los objetivos contra la pobreza y el hambre incluidos en esa misma Agenda). Este último escenario, a diferencia de los otros dos, no se produce corriendo los modelos hacia adelante y viendo qué sale, sino que se fijan unos objetivos en 2040 y se mira qué implica eso a nivel de 2017 para que la evolución del modelo nos lleve aquí (algo así como una versión primitiva y poco robusta de lo que pretende el proyecto MEDEAS).

Si podría parecer que el WEO 2017 volvía a un afinamiento de las predicciones, proponiendo sólo tres escenarios, la realidad es muy diferente. Según se explica en la introducción, aparte de los tres escenarios principales ya reseñados hay otros seis escenarios más que son mencionados a veces en el documento: Transición más rápida (apuntando a una reducción más rápida de las emisiones de CO2), Precio bajo del petróleo (el título lo dice todo), Energía para todos (en el que se conseguiría una eventual democratización global del acceso a la energía), 450 (que se usará para su comparación con el de Desarrollo sostenible), Aire limpio (más centrado en el recorte de la polución en general que no en el de las emisiones de CO2) y el Escenario puente (en el que se proponen medidas de choque para 5 sectores concretos, de modo que las emisiones de CO2 comiencen antes su declive). Así que, como ven, el WEO 2017 sigue la deriva hacia una mayor incertidumbre sobre el futuro a través de la multiplicidad de escenarios, con los que la AIE pretende cubrirse las espaldas contra cualquier acusación de no haber visto venir lo que se nos viene encima.

El WEO detalla muchos aspectos del modelo usado, el World Energy Model (WEM). No entraré en su análisis, pero sí querría destacar un aspecto: las previsiones de crecimiento del PIB global y por zonas son fijadas de antemano, es decir, el modelo en modo alguno trata de calcular cuál será el crecimiento del PIB sino que supone que éste es un número fijo y dado, concretamente el 3,4% anual a escala global o el 1,5% anual para la UE. Esta manera de modelizar, tan rígida y poco adaptada a la realidad pero que entra bien en la mentalidad de los economistas (según la cual la energía es una realidad independiente de la economía), explica muchas de las incongruencias en los resultados del WEM reflejadas en el WEO 2017, en contraste con modelos como MEDEAS, que estima el crecimiento del PIB en función de todas las variables, recogiendo el hecho de que energía y economía están acopladas. Por cierto que el mismo error de modelización se aplica a la población y su crecimiento, que vienen dadas también externamente al WEM. En cuanto a los precios de la energía, hay un par de gráficas interesantes (precio del petróleo y precio del gas en los diferentes escenarios) que querría dejar recogidas en este post para que puedan ser comparadas con la futura evolución de las mismas:





Lo que más llama la atención es la gran estabilidad del precio del gas natural en el escenario de Nuevas políticas, a pesar de que justamente en este WEO se anuncia que se usará más gas natural para hacer la transición de descarbonización.

Al entrar en la discusión más profunda de las tendencias dibujadas por el WEO, nos encontramos un aspecto crucial en la Tabla 2.1, en la que se nos muestra la evolución prevista de la demanda de energía primaria para diferentes regiones en el escenario de referencia.




Esta tabla no nos muestra nada nuevo con respecto, por ejemplo, al WEO 2016 o al WEO 2015, pero aún así es de destacar el declive energético de la OCDE. Así, una vez más vemos el virtual estancamiento energético previsto para los EE.UU. y el retroceso de más del 18% (empeorando el guarismo de previos informes) de la UE. Como siempre, la AIE pretende hacernos creer que el PIB de estas regiones va a crecer a pesar de un pertinaz período de estancamiento o incluso declive energético (contradiciendo décadas de estudio económico). Llama aún más la atención la premisa del estancamiento energético de los EE.UU. cuando, poco después, podemos observar el futuro brillante que la AIE espera para su sector del petróleo y gas apoyado en un apabullante crecimiento de la producción de fracking:



Contrasta estas previsiones de expansión con las mucho más comedidas (hasta un 30%) que se daban en previos informes, aparte del truquito contable de mezclar petróleo y gas para que la gráfica muestre una fuerte subida en vez del relativo estancamiento - a un nivel bastante alto, eso sí - que mostraría si sólo se presentara el petróleo. Lo gracioso se esta gráfica es que, una vez más, la AIE va modificando su discurso para que los números le cuadren, lo cual no es de extrañar si el PIB es una variable externa, impuesta a través de ciertas hipótesis. Así, si en el WEO 2016 era México el que debía salvar la situación para Norteamérica, en este informe se obvia el papel de México (una vez que ya se ha visto que allí las cosas no van a mejorar, y mucho menos con los ridículamente grandes crecimientos de producción que se preveían en 2016) y ahora el país que se usa como excusa es EE.UU. a través del fracking. La mascarada se ve más evidente cuando se mira la gráfica 2.4.



En ella, se compara la evolución que se espera para el petróleo ligero de roca compacta (light tight oil, LTO) de los EE.UU. desde el año 2010 con los incrementos de producción de Arabia Saudita de 1966 a 1981. La idea, por supuesto, es dar a entender que a los EE.UU. le espera una futuro semejante a lo que hizo Arabia Saudita en esa década y media dorada. Una simple inspección visual de las gráficas nos muestra, sin embargo, notables diferencias. Así, mientras en el caso de Arabia Saudita los primeros 7 años muestran una curva cóncava, con el típico aspecto de un crecimiento exponencial, los primeros 7 años del LTO nos muestran una curva convexa, con el típico efecto de saturación de crecimiento que la curva de Arabia Saudita muestra más tarde y especialmente alreededor de 1981. Resulta además chocante que, teniendo en cuenta que sólo los datos hasta 2016 (hasta el año 6 de esa gráfica) son reales y que el resto es previsión, a pesar de constatar que se produjo menos LTO en 2016 que en 2015 la AIE apueste por una nueva fase de crecimiento de su producción hasta el punto de doblar los niveles actuales de aquí a 2025 (el año 15 de esa gráfica). Y aunque la gráfica de Arabia Saudita muestra ciertas caídas en el período mostrado, éstas corresponden claramente con los efectos del embargo árabe del 1973-1974 y con el inicio de la guerra Irak-Irán en 1978, es decir, con grandes factores geostratégicos externos. Pensar que el claro cambio de tendencia del LTO en 2016 es comparable a estos efectos es, cuanto menos, osado y requeriría algún tipo de justificación.

Resulta también bastante ilustrativa la Figura 2.9, en la que se nos muestra la evolución prevista de la demanda según el tipo de combustible para cada uno de los tres escenarios principales, así como las emisiones de CO2 esperadas.



Queda clarísimo que en el escenario de referencia se espera un práctico estancamiento del consumo de carbón, y como ya pasó con el petróleo esto es el primer paso para que la AIE reconozca la llegada del peak coal. Se observa así mismo un estancamiento del consumo de todos los líquidos del petróleo, lo cual es por su lado un indicio del peak oil. Dado que estamos hablando de las dos principales fuentes de energía del mundo, responsables cada una de ellas de aproximadamente un tercio del consumo de energía mundial, se está hablando de un suceso de tremendas implicaciones. Sin embargo, siguiendo la tónica de este WEO, se insiste en que todo es algo dirigido por la demanda y que se trata de cenits de demanda, y no de producción (a pesar de que incluso en el escenario de Políticas Actuales los crecimientos posibles para estos dos combustibles son bastante moderados). Interesante también es hacer notar que el escenario de Desarrollo Sostenibles implica una caída clara del consumo de combustibles fósiles, y que aún con el aumento de las renovables se tendría que ir a un práctico estancamiento del consumo total mundial de energía en los niveles actuales. Esto es lo más parecido y políticamente aceptable que la AIE puede decir que para ser sostenibles se tiene que ir a una sociedad en decrecimiento. Cabe destacar que, incluso en ese escenario soñado, los combustibles fósiles aún representarían el 61% de la energía primaria (de acuerdo con la Tabla 2.2, no mostrada).

Hay después una larga sección discutiendo los memes caros a la AIE: la eficiencia energética, la importancia de las políticas energéticas, la retirada de subsidios a las energía fósiles, el papel de gas natural como combustible de transición a un 100% renovable, y por última una loa al coche eléctrico (a la cual no resulta difícil oponer una más dura y tozuda realidad).  

Viene después un largo y denso análisis sobre electrificación, seguido de otro acerca de la polución atmosférica que les voy a obviar, pero déjenme detenerme un momento en el análisis de una gráfica que muestran en la discusión del escenario Desarrollo sostenible, que permite entender mejor por qué se ha introducido este escenario ahora. En ella se nos muestra las emisiones de CO2 de acuerdo con este escenario, Desarrollo Sostenible, hasta 2040, y cuál debería ser el camino a seguir según si quisiéramos ir a un escenario de 2ºC o de 1,5ºC de aumento de temperatura en el año 2100.



Como se ve en la figura, el escenario Desarrollo Sostenible implica alcanzar un pico de emisiones de CO2 antes del año 2020 y a partir de aquí comenzar una curva descendente hasta 0 en el año 2100, si lo que se quiere garantizar es no superar los 2ºC de calentamiento global, o llegar a un gran volumen de emisiones negativas (es decir, puesta en marcha masiva de sistemas de captura y secuestro de carbono) si lo que se quisiera fuera no sobrepasar los 1,5 ºC. Dejando al margen el hecho de que los umbrales de emisión son un poco arbitrarios (el escenario 2ºC no significa realmente que no se sobrepase ese incremento de temperatura, sino que haya un 50% de probabilidades de no sobrepasarlo), el temprano pico de emisiones de CO2 en el escenario de Desarrollo sostenible (que tendría que ser más o menos de aquí en un año) implica la poca probabilidad de que se siga este escenario, amén de que la bajada inicial de emisiones tendría que ser realmente fuerte, y aún así para llegar a los 1,5ºC de calentamiento se iba a necesitar una gran capacidad de absorción de CO2. Así las cosas, es bastante probable que el escenario Desarrollo Sostenible sea a partir de ahora uno de los escenarios principales en los futuros WEOs, pero que cada año se vaya revisando hasta que eventualmente se le desconecte de los escenarios de 1,5º y de 2ºC; de este modo, sin nunca reconocerlo formalmente, fracasará el intento de evitar las peores consecuencias del cambio climático mientras la AIE salva la cara y elude cualquier responsabilidad por no haber avisado a tiempo. El tiempo dirá. 

Hay otra gráfica que es también muy interesante en la comparativa entre el escenario de referencia, Nuevas Políticas, y el de Desarrollo Sostenible.




De acuerdo con esta gráfica, que desglosa las componentes del tercer panel de la Figura 2.9 que enseñábamos más arriba, en el escenario Desarrollo Sostenible se produce un claro peak oil más o menos por las fechas actuales, un claro peak coal que ya se habría producido en 2015, y un cierto peak gas hacia 2025, aunque en este seguido por una meseta en vez de un declive (que recuerda a cómo se presento la llegada del peak oil del petróleo crudo). Esta gráfica puede servir para que, si al final se siguen las más que probables evoluciones en declive de los principales combustibles fósiles, se pueda justificar diciendo que en realidad estamos esforzándonos en seguir el escenario de Desarrollo sostenible de la AIE. Tal tipo de argumentación, que es probable que sobrevenga, tendrá el pequeño inconveniente que ese escenario prevé un crecimiento del despliegue renovable que compensaría el declive de carbón y petróleo; pero llegado el momento es fácil que se considere que se han cumplido parcialmente los objetivos y que la lucha contra el cambio climático implica hacer esos sacrificios, aunque la energía renovable de reemplazo no llegue a tiempo. De nuevo, se hace buena una expresión que se usaba en los foros de internet hace unos años: "El cambio climático es el peak oil envuelto para regalo".

Y es que la magnitud de la transformación que la AIE presenta como factible es de una enormidad sobrecogedora. Fíjense en la siguiente gráfica, en las que se comparan la cantidad de coches eléctricos y la potencia instalada solar fotovoltaica actual con las que debería haber en el año 2040 en tres escenarios (Nuevas Políticas, Desarrollo Sostenible y Transición Rápida):




Y ahora imagínense el ritmo anual de incremento que se necesitaría, en promedio, para conseguir tal transformación. No podemos calcularlo en el caso de los vehículos eléctricos porque en 2016 había tan pocos que la velocidad de incremento sería virtualmente infinita; pero en el caso de la fotovoltaica sería aproximadamente multiplicar por 7 el parque fotovoltaico actual en el caso del Nuevas Políticas y por 10 o incluso más en los otros dos casos. Eso implica un ritmo de crecimiento anual del 8,5% continuo cada año de aquí al 2040 en el caso del escenario de Nuevas Políticas, y del 10% anual o más en los otros dos casos. Porcentajes de variación anual muy abultados y muy difíciles de mantener, por no decir imposibles, en el largo plazo: obviamente, mientras las cantidades de energía generada por la foltovoltaica sean pequeñas se pueden conseguir grandes variaciones porcentuales mayores incluso que las reseñadas, como de hecho se han registrado en el pasado; el problema es mantenerlas de manera continuadamente durante 24 años, sobre todo cuando la cantidad de energía que ya estén generando no sea tan despreciable. Y todo eso para representar un porcentaje mayor pero aún minoritario de toda la electricidad consumida. Curiosamente, todo esto está bastante en la línea de un artículo científico que hemos publicado recientemente, y del cual discutiré en un post próximo.

Vayamos por fin al análisis específico de los diversos combustibles no renovables.

Petróleo:

Lo primero que nos encontramos es la tabla de producción de los diferentes tipos de hidrocarburos líquidos y de su demanda por regiones y por escenarios. La tabla es un extracto de los datos más detallados que se presentan en los anexos (estos últimos serán los que usaré para la edición de este año del post "El ocaso del petróleo").




Las tablas contienen mucha información interesante, y en particular es curioso comprobar cómo, según van pasando los WEOs, se pone más el acento en un tipo de producción o en otro, se asumen tasas de declive muy diferentes o se asume que quien salvará la situación será la gran escalada de producción de unas regiones o de otras, pero en todos los casos sin que se modifiquen los totales, lo cual lleva a pensar que éstos se fijan externamente. Pero de todo eso hablaremos cuando haga el post correspondiente.

Un detalle interesante que ilustra los cambios en el pensamiento de la AIE con respecto al año pasado es la siguiente gráfica, que nos muestra cuál es la variación relativa de producción esperada en tres grandes grupos de productores según si estamos en el escenario de referencia o en el de Precios bajos del petróleo:




En los dos escenarios (Nuevas políticas y Bajo precio del petróleo) la producción de Oriente Medio subiría, más en el caso de bajos precios; lo cual es sorprendente, pues es conocido el efecto de los bajos precios en esos países, como tan bien ejemplifican Egipto, Siria, Yemen o Libia, problema que podría extenderse en un futuro nada lejano a Argelia, Venezuela o Nigeria, y eso sin descartar los riesgos que supone a la propia Arabia Saudita. Con respecto a los EE.UU., en el escenario de referencia la producción de petróleo de los EE.UU. subiría hasta 2025 para bajar después (aceptando por tanto la limitada vida del fracking), pero sorprendentemente en el escenario de Bajo precio del petróleo la producción de los EE.UU. subiría en todo el período, y eso sería a costa de una fuerte caída de producción del petróleo en el resto del mundo. Tal supuesto está en completa contradicción con lo que sabemos de la economía del fracking y de lo que nos muestran analistas como Art Berman, habida cuenta también de la generalizada caída en inversión en upstream (caída de inversión de la que EE.UU. se ha desmarcado este último año aunque es dudoso que pueda seguir nadando contracorriente durante mucho tiempo).

El WEO hace una extensa discusión sobre precio de venta y coste de producción del petróleo para justificar las diferentes trayectorias que, según el escenario, podría seguir la producción de petróleo. En un determinado momento se afirma que los costes de producción han caído un 30% entre 2014 y 2016 debido a mejoras tecnológicas y caída de precios unitarios, aunque reconocen que ha sido más debido a lo segundo que a lo primero. Es un hecho conocido que las compañías de servicios han reducido sus precios unitarios, en muchos casos como un paso previo a su liquidación, dentro del marasmo en el que se han encontrado todo el sector del upstream en los últimos años. 




Todo esto, en el sector de la producción convencional: nada se aclara sobre qué está pasando en el no convencional y particularmente en el LTO de los EE.UU., donde el discurso dominante es que todo el incremento de producción se debe a la innovación (a pesar de la abrumadora evidencia que suele presentar Berman de que se debe más a la especulación financiera de Wall Street).

Hay dos datos que interesa mucho resaltar en el caso de los EE.UU.: por un lado, en la tabla 4.6 (que no muestro aquí) se ve que su producción de hidrocarburos líquidos crecerá de los 12,5 millones de barriles diarios (Mb/d) actuales hasta los 16,9 Mb/d en 2025, para después ir bajando progresivamente hasta llegar a los 14,9 Mb/d en 2040, fruto del final del efímero boom del LTO. Pero la tabla 4.2 (tampoco mostrada) nos dice que la demanda de hidrocarburos líquidos pasará en los EE.UU. de los 18,1 Mb/d a los 13,8 Mb/d con una caída constante durante todo el período. Es de esa manera que los EE.UU. comenzarían a exportar petróleo a finales de la década de los 20 y acabarían exportando 1,1 Mb/d en 2040. Fíjense que, a pesar de lo fantasioso de los aumentos de producción proyectados a fuerza de exagerar el potencial del fracking y a pesar de la evidencia de que es una ruina económica, la producción total de todo tipo de petróleo y asimilados nunca llegaría a superar los niveles de consumo en EE.UU. actuales, y sólo se puede sustentar la falacia de que van a ser exportadores con la idea de una brutal reducción del consumo (de 18,1 Mb/d hoy a 13,8 Mb/d en 2040) gracias a que ese menor consumo de petróleo se va a ver compensando con otras fuentes de energía, fundamentalmente gas y renovables. Este discurso no es nuevo en el WEO (se introdujo por primera vez en 2012), pero no deja de ser curioso que, a pesar de la evidencia de que el consumo de petróleo en los EE.UU. (país con un urbanismo muy disperso debido a que casi un tercio de su población vive en suburbios) tiende a crecer en todos los momentos de bonanza económica.

También es significativo que el capítulo sobre el petróleo acabe con una discusión sobre los riesgos para la seguridad energética que hay incluso en el decrecentista escenario Desarrollo sostenible, justamente porque aún se tendría que invertir mucho en upstream para evitar un declive productivo más precipitado de la cuenta que podría enviar todo al garete.

Carbón:

Para la evolución del consumo de carbón en su escenario de referencia, la AIE espera que continúen las ya constadas caídas de consumo en Europa, EE.UU. y más recientemente China, y que de aquí a 2040 el consumo de estos tres bloques se reduzca en un 61%, 11% y 13%, respectivamente. A pesar de ello, confían en que el consumo global de carbón seguirá una curva bastante plana en ese escenario debido al incremento de consumo en el resto del mundo, particularmente la India.




Resulta de particular importancia el comentario que hace posteriormente el WEO sobre los retrasos en la comercialización de la tecnología de Captura y Almacenamiento de Carbono (CCS, por sus siglas en inglés). Y es que se reconoce que esta tecnología es clave para la explotación del carbón, ya que sin él las emisiones asociadas al consumo de ese combustible, el más intensivo en emisiones de CO2, serían excesivas. Teniendo en cuenta que los escenarios del IPCC sobre calentamiento global contemplan, todos ellos, grandes cantidades de CCS para que la concentración de CO2 no suba tan rápido en la atmósfera, la constatación de los retrasos en CCS implican que las emisiones netas de CO2 serán superiores a cualquiera de las esperadas. Lo cual no es ninguna sorpresa: la captura del CO2 emitido en una planta de producción de electricidad que use un combustible fósil, es decir, una central térmica (es en esto en lo que se está pensando) implica un coste energético nada despreciable (según parece, siempre por encima del 25% de la energía total producida) en el que nadie quiere incurrir. Es por eso que el CCS no será nunca libremente aceptado, y sólo se adoptaría si se obliga estrictamente a ello y sólo si no hay alternativas más baratas a disposición (que sí que están disponibles a día de hoy y por eso el CCS es un fracaso comercial).

La tabla 5.2 nos muestra cuál es la evolución prevista para la demanda de carbón según el país.







Lo que más llama la atención es, naturalmente, la fuerte caída esperada para la demanda de carbón de la China, de casi un 13% en el período considerado. Es la caída de consumo de la China fundamentalmente la que lleva al relativo estancamiento de la demanda actual, y es el punto clave de la llegada del peak coal. A diferencia del peak oil, no son las razones meramente geológicas las que explican la llegada al máximo de extracción de carbón, sino la incapacidad física de darle toda la utilidad y a un precio razonable (contando con todos los problemas ambientales que crea) al carbón que se podría llegar a extraer. En todo caso, la producción de carbón estaba llegando a sus máximos posibles y estaba a un par de décadas de su cenit meramente geológico, así que no es esperable ningún cambio tecnológico que pueda revertir sustancialmente la situación actual. Pero a pesar de que el carbón no podrá sustituir al petróleo, a igualdad de otros factores su producción podría mantenerse relativamente estable durante bastantes décadas y no es el pico del carbón el que va a desencadenar otros problemas más graves.


Electricidad: 

Como siempre, es necesario recordar que la electricidad no es una fuente de energía, sino una forma de energía obtenida a través de sistemas específicos que la obtienen al transformar otro tipo de energía (ya sea quemando un combustible o aprovechando una fuente renovable). Pero dada la importancia y alto valor de la energía eléctrica, la AIE le suele dedicar secciones específicas en sus WEOs y este año no es una excepción.

En el escenario de referencia se asume que la demanda global de electricidad va a crecer un 60% de aquí a 2040, lo cual es relativamente modesto ya que la demanda de toda energía primaria se supone que tendría que crecer un 28% y que en la actualidad la electricidad representa, a escala global, un 18,7% de la energía final. Asumiendo el mismo ritmo de crecimiento para la energía final que para la primaria, un incremento del 60% de la demanda de electricidad significa que la electricidad se quedaría alrededor del 23,3% de la energía final mundial en 2040, lo cual es un auténtico jarro de agua fría a las expectativas del 100% renovable en un plazo de tiempo medio (en todo caso, los escenarios de la AIE no destacan por su fiabilidad tampoco en esto y es justo reconocer que suelen subestimar los ritmos luego observados). La AIE reconoce que en los últimos años hay un estancamiento del consumo de electricidad en los EE.UU. y un retroceso del 3% en la UE, y que incluso en China se observa que el consumo ya no crece tan deprisa como antes. En el WEO se atribuye este fenómeno al desacoplo de la economía del consumo de energía, observación un tanto sesgada pues toma preferencialmente aquellos países que han aumentado sus servicios, sobre todo financieros, y que han externalizado su consumo energético, típicamente llevándose o permitiendo que se vaya su sector manufacturero a China - cosa que en realidad incrementa el consumo total de energía, porque a la energía de elaborar las materias primas para producir los productos se le tiene que añadir las largas distancias del transporte desde China a los centros de consumo. De cara al futruo, espera para las economías avanzadas un crecimiento del consumo eléctrico de sólo 0,7% al año, 0,4% en el caso de la Unión Europea. Eso es sólo un 10% de aquí a 2040 en el caso de la Unión Europea, lo cual implica que es poco creíble que se puedan incorporar nuevos usos de la electricidad a escala significativa en esta región, y particularmente una implantación masiva del coche eléctrico.

Significativo es también que se asume que estos aumentos de demanda serán cubiertos a partes casi iguales por gas, eólica y fotovoltaica, mientras el carbón experimenta un cierto pero no excesivo retroceso. Es también curioso comprobar que el incremento previsto de la demanda de electricidad es muy similar en los tres escenarios principales.

Lo que es bastante preocupante es que para la AIE los principales factores que empujan al alza la demanda de electricidad sean la adopción de los vehículos eléctricos y los sistemas de calefacción. Respecto a lo primero, como mostró con profusión Beamspot desde estas páginas, es más que dudoso que se pueda conseguir nunca una implantación masiva del vehículo eléctrico, al menos no a la escala de los vehículos de combustión interna actuales; en cuanto a lo segundo, como comentaba el propio Beamspot en su post sobre electrificación, es un terrible error destinar una energía tan especializada, de baja entropía y alta exergía como la eléctrica para un uso tan banal como la calefacción, donde otras fuentes menos exergéticas y más entropizadas podrían hacer perfectamente el trabajo con mucho mejor rendimiento (e.g., con sistemas térmicos solares). Si uno mira la utilización de energía eléctrica por sectores, se puede constatar que la AIE está asumiendo una muy pequeña penetración del coche eléctrico (que caería en la categoría de Transporte por carretera, Road transport).



Y es que, según dice el propio WEO, se supone que en las economías avanzadas el coche eléctrico representará en 2040 el 14% de todo el stock de automóviles y que para alimentarlos la cantidad de energía necesaria pasará de menos del 0,1% actual al 2% en 2040. No se acaba de entender en qué categoría incluyen el tren convencional y el de alta velocidad (quizá en la de Sistemas motores industriales), cuyo consumo, en todo caso, no parecen creer que se vaya a incrementar en cantidad significativa de aquí a 2040.

El resto del capítulo discute una larga serie de cuestiones, desde costes de las nuevas plantas hasta emisiones de CO2, pasando por el precio del Mw·h de cada tecnología, que quizá son interesantes para el lector más especializado pero que tienen poca enjundia para el lector más general por su carácter excesivamente técnico.

Eficiencia:


Como en previos WEOs, la AIE dedica todo un capítulo a discutir el papel de las mejoras en eficiencia. En el escenario de referencia la AIE ha asumido que la intensidad energética (cantidad de energía consumida por cada dólar de PIB producido) decaerá a escala global un 2,3% anual hasta 2040; eso quiere decir que esperan que se reduzca en un 43%. Es por ello que dicen que, sin estas mejoras en eficiencia, el consumo de energía final crecería hasta más que duplicarse (teniendo en cuenta el aumento previsto del PIB). Nos anuncian, además, que se espera que la demanda de petróleo para coches llegue a su máximo para empezar después a declinar a mediados de la década de los 20 y no por un gran crecimiento del número de coches eléctricos, sino por las cacareadas mejoras en eficiencia. Y hay una afirmación intrigante: se habla del aprovechamiento directo de la energía renovable para calefacción y para el transporte. Así como lo primero es algo sencillo de imaginar (y explicitado en el WEO: están pensando en la solar térmica), resulta más extraño en el caso del transporte: ¿están pensando en la vela? Más adelante vemos que no, que en lo que están pensando es en biocombustibles, una categoría que generalmente se incluye en todos los líquidos del petróleo. Según la AIE, en 2040 se consumirán 4,2 Mb/d de biocombustibles para el transporte por carretera, marítimo y aviación. Si los 1,7 Mb/d actuales ya introducen una presión significativa sobre el mercado de alimentos, pueden imaginar qué supondría 4,2 Mb/d en 2040, con el añadido del cambio climático haciendo mella en la agricultura. Por supuesto la AIE cuenta con que se puedan desarrollar los biocombustibles que aprovechan las partes leñosas de las plantas (celulosa), cosa que aún está por demostrar que se pueda hacer con un rendimiento energético positivo (y hay quien dice que es termodinámicamente imposible). Lo que sí que descarta, explícitamente, es que los biocombustibles de algas se puedan explotar a una escala perceptible de aquí a 2040. Y todo eso sin contar con que la producción de biocombustibles es un gran error.

Sobre la verosimilitud de las expectativas de mejora de la intensidad energética que tiene la AIE la figura 7.2 habla por sí sola:



De entrada, marcar como período de referencia el 2000-2016 es un tanto sesgado, ya que ese período contiene la gran recesión económica de 2007-2009 que llevó a una considerable mejora de la intensidad energética pero por la vía mala (destruyendo sectores menos competitivos y aumentando el paro, como ya comentamos), y es que en realidad la mejora en intensidad energética global del subperíodo 2000-2006 (antes de la crisis) se sitúa por debajo del 1%. Por otro lado, para las mejoras en intensidad energética lo esperable es que más pronto que tarde caigamos en la ley de los retornos decrecientes (si no estamos ya allí, entre otras cosas porque el truco de financiarizar la economía está ya demasiado explotado y sólo puede hacerse en un puñado de países, por supuesto occidentales). Pero la AIE no sólo asume que el descenso de intensidad energética continuará durante 24 años, sino que será mayor que la marca de los últimos años incluso contando con el bienio recesivo 2008-2009. Y de nuevo se ve que el modelo de la AIE, el WEM, es un modelo dirigido por la demanda de la economía como si ésta fuera independiente de la realidad física que la sustenta: la AIE ya ha previsto cuánto crecerá el PIB, como dijimos al principio, y por tanto para que todo le cuadre la intensidad energética ha de disminuir más de un 2% anual. Fíjense que no es una conclusión de su modelo, sino la resultante de la imposición externa de un crecimiento económico sumada a la creciente evidencia de los límites en el aprovisionamiento de energía. En suma, que están poniendo el carro de la economía delante de los bueyes de la energía, que diría el bueno de Pedro Prieto. Y todo esto sin hablar de la Paradoja de Jevons...

El resto del capítulo discute principalmente acerca de la posibilidad de modular la producción renovable a partir de una respuesta adecuada del lado de la demanda y las emisiones de CO2 evitadas en los diversos escenarios.

Gas natural:

En esta ocasión, como en algunos informes anteriores, la AIE pone todo el foco en las grandes perspectivas para el gas natural. Esto es bastante lógico, teniendo en cuenta que se trata de la única fuente de energía no renovable que aún no muestra claramente signos de haber llegado a su máximo de producción, aunque no esté tan lejos. Dado que ya no le quedan muchas alternativas, con el petróleo y el carbón dando signos de ir a la baja, y la energía nuclear astutamente arrinconada en todo el informe, la AIE estima que el consumo de gas natural crecerá, en el escenario de referencia, nada menos que un 45% de aquí a 2040. Un vistazo a la tabla 8.3 nos muestra que las expectativas de la AIE se centran en que la producción de gas natural no convencional (fracking) llegue a ser aproximadamente un tercio del total (874 miles de millones de metros cúbicos -bcm- en 2040 frente a los 1.683 de gas convencional).




Un poco más adelante en el informe se nos explica que los EE.UU. producirán 800 bcm de gas no convencional en 2040, cifra que si se compara con la de 1.058 de producción total para ese país nos lleva a calcular que en 2040 su producción convencional habrá caído hasta los 258 bcm, una caída espectacular desde los 544 de 2000 (cuando toda la explotación era convencional). En suma, que la única manera que tiene los EE.UU. de escapar a su pico del gas es a través del fracking. Y será prácticamente el único país que usará esa tecnología, ya que sólo 74 bcm de gas no convencional serían producidos en otros países: la propia AIE destaca en el WEO que su escenario de 2011 no se ha cumplido porque la producción de gas no convencional no ha crecido como se esperaba fuera de los EE.UU.

Es decir, la AIE lo apuesta todo al gas natural (única manera para compensar el estancamiento y caída de petróleo y carbón), y para que éste pueda crecer todo depende del fracking. Sería interesante ver en qué se quedaría la gráfica de producción global de gas natural sin el de fracking, toda vez que la explotación de gas por fracking es todavía más ruinosa que la de petróleo. Pasa probablemente lo mismo que ha pasado con el petróleo: se estima que porque hay recursos, éstos van a ser explotados a un precio conveniente, sin entender el vínculo entre energía y economía. Utilizar fuentes de energía con bajo rendimiento energético implican necesariamente contracción económica, y por eso esas fuentes nunca podrán ser explotadas a escala masiva. Es una manera de negarse a ver la llegada del cenit de producción, argumentando que lo que sucede es que no hay suficiente demanda cuando lo que sucede es que la sociedad no se puede permitir esos recursos naturales porque su uso implica invertir en su explotación otros recursos económicos y al final compromete la propia viabilidad de la sociedad.


Una de las cuestiones fundamentales para poder comercializar esa hipotética bonanza de gas es la presencia de instalaciones adecuadas de transporte, ya sea gasoductos o, en el caso de los EE.UU., mediante puertos con instalaciones adecuadas de licuefacción (y que en los puertos de recepción las haya de regasificación). Instalaciones que tienen unos costes realmente elevados. Pero como se reconoce en el WEO, los actuales bajos precios del gas natural han hecho que las inversiones en nuevas instalaciones se hayan parado casi por completo. La AIE no explica cómo se va a dar que estas inversiones vuelvan a producirse en un escenario de precios más altos, y por supuesto descarta que el escenario más probable sea el de volatilidad de precios, la demoledora espiral que va destruyendo sucesivamente oferta y demanda, a pesar de que ése sería, justamente, el escenario más probable. Y confirma que seguramente para el gas natural tampoco hay ya un precio que sea al mismo tiempo adecuado para productores y consumidores: eso es lo que parece desprenderse de una gráfica que analiza la evolución de la demanda de gas en tres países industrializados (Alemania, Reino Unido y EE.UU.) en función del precio del mismo.



Lo que nos dice el pie de  la figura es que alrededor de los 6$/MBtu (millones de unidades térmicas británicas) se empieza a destruir demanda de gas natural. Sin embargo, está claro al ver la figura que alrededor de 4$/MBtu la demanda ya queda congelada y que hay una zona de transición entre los 4 y los 8 $/MBtu de demanda congelada antes de comenzar la destrucción de demanda propiamente dicha. Esa intervalo de "congelación de demanda" es indicativo de que los precios por encima de los 4$/MBtu ya hacen sufrir a la demanda, pero que ésta puede resistir por un tiempo, probablemente no ilimitado, del mismo modo que con el petróleo la demanda fue capaz de soportar precios medios de más de 110$/barril durante los tres años que fueron de 2011 a 2014, y que concluyeron con una caída de demanda y por ende del precio. Ya hace unos años comentamos que los productores necesitaban precios bastante por encima de los 4$/MBtu para poder recuperar sus inversiones (en 2013 comentábamos que debían de ser de al menos 7$/MBtu). Justamente la figura 8.5 del WEO 2017 que muestro arriba es un indicio de que estamos llegando al fin de la era del gas natural barato, o lo que es lo mismo, que nos acercamos al pico del gas, lo cual es consistente con las estimaciones que llevamos años manejando (pico del gas alrededor de 2020). A pesar de lo cual, la AIE afirma sin rebozo que la producción de gas natural será capaz de crecer un 45% durante los próximos 24 años.

El WEO dedica aún dos secciones más, unas 100 páginas, a discutir las ventajas del gas licuado y las inversiones en instalaciones de regasificación, además de la importancia del gas natural como combustible de transición. A la vista de todo lo que hemos discutido, no le veo mayor sentido a hablar de todo ello aquí.

El gran ausente: la energía nuclear.

La palabra "uranio" sólo se menciona en el capítulo de China, referente a sus suministros y proveedores. La palabra "nuclear" sí que se menciona, aunque en la mayoría de las instancias es de pasada, en algunos casos reconociendo que algunos países que habían apostado mucho por esta energía ahora no son tan entusiastas, y en el caso de China celebrando que haya completado nuevas plantas nucleares, y comentando la importancia que tendrá esa energía en su descarbonización y en la de la India. A pesar de eso, en el escenario de Nuevas Políticas se asume que la producción de energía nuclear se incrementará desde los 681 Mtoe (millones de toneladas equivalentes a petróleo) actuales (cifra muy parecida a los 676 Mtoe del año 2000) y llegará en 2040 a los 1.002 Mtoe. Curiosamente, la energía nuclear tiene algo más de importancia en el escenario de Desarrollo sostenible (1.393 Mtoe en 2040), lo cual puede llevar a un razonable cuestionamiento del nombre de ese escenario. Resume el escenario de luces y sombras de la energía nuclear las expectativas de potencia instalada de las cinco principales regiones para este tipo de energía, ahora y en 2040.





Por supuesto, no hay ninguna mención al pico del uranio ni a posibles problemas de suministro futuro; de hecho, no hay ni una palabra sobre la producción de uranio global. Y eso que este año podrían sacar pecho, ya que en 2016 la producción de uranio se incrementó considerablemente y salió de la fase de aparente declive en la que llevaba instalada desde 2014 - ya veremos si de manera duradera o no.


China:

El último tercio del WEO se dedica a China. Hay en él mucha información interesante, pero lo resumiré todo en una gráfica, que nos dice cómo cree la AIE que evolucionará en China el consumo de energía en los próximos años, basándose en las tendencias más recientes. Lo que se nos muestra la gráfica debajo de estas líneas son los ritmos de cambio anuales, para el período 2000-2013 y para el 2014-2016.



Esencialmente se muestra el pico del carbón en China, en su caso dirigido por la demanda sobre todo y algo menos por las limitaciones de producción. Pronto será manifiesto que la producción de petróleo de China ha llegado a su máximo, aún cuando la demanda se mantiene alta. Y, significativamente, se observa que la demanda de electricidad ya no crece tan deprisa. China es un buen termómetro global de por dónde van a ir las tendencias energéticas del mundo, y a medida que pasen los años iremos viéndolo.

Conclusiones:

Si algo evidencia este WEO es que el pico del petróleo y el pico del carbón están ya aquí; se anticipan ya declives significativos de la producción de ambas materias primas energéticas (aunque sólo se explicitan en el escenario instrumental Desarrollo sostenible), y no debemos olvidar que estos dos combustibles fósiles suministran conjuntamente casi dos tercios de la energía primaria consumida anualmente. La perspectiva de que el gas natural pueda tomar el relevo resulta un tanto inverosímil, pues justamente el comportamiento de los precios y la necesidad de recurrir cada vez más a recursos no convencionales, en un alto paralelismo con lo que pasó con el petróleo, es un claro síntoma de que también en esta materia prima estamos cerca de su punto álgido de producción. Si se confirman las peores tendencias (cosa que para saberla tendremos que esperar aún unos pocos años), nos podríamos encontrar que a partir de 2020 las fuentes que proporcionan el 86% de la energía primaria que se consume en el mundo estarían en declive. 

En este contexto, el grueso del WEO 2017 es material para la distracción y la discusión inane. No tiene sentido seguir perdiendo el tiempo analizando infinidad de detalles esencialmente menores, cuando no irrelevantes, justamente ahora que nuestras fuentes de energía están llegando al cenit y con ellas posiblemente nuestra civilización.


Salu2,
AMT


la explotación de gas por fracking es todavía más ruinosa que la de petróleoGMTDetectar idiomaAfrikáansAlbanésAlemánÁrabeArmenioAzeríBengalíBielorrusoBirmanoBosnioBúlgaroCanarésCatalánCebuanoChecoChichewaChino (Simp)Chino (Trad)CincalésCoreanoCriollo haitianoCroataDanésEslovacoEslovenoEspañolEsperantoEstonioEuskeraFinlandésFrancésGalésGallegoGeorgianoGriegoGujaratiHausaHebreoHindiHmongHolandésHúngaroIgboIndonesioInglésIrlandésIslandésItalianoJaponésJavanésJemerKazajoLaoLatínLetónLituanoMacedonioMalayalamMalayoMalgacheMaltésMaoríMaratíMongolNepalíNoruegoPersaPolacoPortuguésPunjabíRumanoRusoSerbioSesotoSomalíSuajiliSuecoSundanésTagaloTailandésTamilTayikoTeluguTurcoUcranianoUrduUzbecoVietnamitaYidisYorubaZulúAfrikáansAlbanésAlemánÁrabeArmenioAzeríBengalíBielorrusoBirmanoBosnioBúlgaroCanarésCatalánCebuanoChecoChichewaChino (Simp)Chino (Trad)CincalésCoreanoCriollo haitianoCroataDanésEslovacoEslovenoEspañolEsperantoEstonioEuskeraFinlandésFrancésGalésGallegoGeorgianoGriegoGujaratiHausaHebreoHindiHmongHolandésHúngaroIgboIndonesioInglésIrlandésIslandésItalianoJaponésJavanésJemerKazajoLaoLatínLetónLituanoMacedonioMalayalamMalayoMalgacheMaltésMaoríMaratíMongolNepalíNoruegoPersaPolacoPortuguésPunjabíRumanoRusoSerbioSesotoSomalíSuajiliSuecoSundanésTagaloTailandésTamilTayikoTeluguTurcoUcranianoUrduUzbecoVietnamitaYidisYorubaZulúla explotación de gas por fracking es todavía más ruinosa que la de petróleoLa función de sonido está limitada a 200 caracteresOpciones : Historia : Feedback : DonateCerrar
Categories: General

Las semillas del colapso

13 Novembre, 2017 - 12:13

Imagen cortesía de Samuel Teruel

Queridos lectores,

Para mi propia sorpresa, parece que al final éste será mi tercer post consecutivo que versa sobre la cuestión catalana. Realmente quería alejarme de este tema que ocupa un tiempo excesivo en los noticiarios y en las mentes de la gente de aquí, y que además no está demasiado relacionado con la energía - tema principal de este blog - pero me veo obligado a volver a ello porque me interesa mucho hacer una serie de consideraciones sobre lo que ha sucedido durante estas últimas semanas. Esta vez, sin embargo, pretendo poner en un contexto más general, y espero que un poco más útil, diversos aspectos de la crisis española del momento.

No volveré una vez más a recapitular sobre todo lo que ha pasado los últimos años y principalmente en los últimos meses: leyendo mis dos últimos posts (Modelo para recortar/Model per retallar y Saliendo de cuentas) y los enlaces que hay allí deberían ser capaces de hacerse una idea de cómo veo la situación actual (si hace poco que ha llegado a este blog le ruego que no se saque conclusiones precipitadas sobre lo que yo pienso y se lea la buena colección de posts míos que están enlazados, principalmente en el primero de los que pongo arriba). Únicamente glosaré de manera muy breve lo que resulta más relevante para mi discusión de todo lo que ha pasado durante el último mes. Dado que mi objetivo final es intentar ir de lo menos específicamente catalán a lo más generalmente occidental, ruego a mis lectores españoles que no se alteren si ven algunos hechos relevantes omitidos en provecho de la discusión que quiero introducir.

Durante el último mes, la situación político-social de Cataluña ha sufrido un vaivén intenso, un flujo de emociones tremendo, y no sólo en esta que aún lo es comunidad autónoma española, sino en toda España. El 10 de octubre el president Pugidemont proclamó la independencia y casi al mismo tiempo dejó esta declaración en suspenso para abrir un tiempo de negociación con el Estado español. Pasaron los días y quedó claro que la única respuesta que iba a haber por parte del Estado español era la intervención de la autonomía catalana, al tiempo que los fiscales iban estrechando el cerco judicial sobre el Govern de la Generalitat. Al final, tras dudar en una delirante mañana si convocar elecciones autonómicas o proclamar definitivamente la independencia de Cataluña, Carles Puigdemont optó por la segunda opción (o eso fue lo que pareció, como discutiré más abajo), para gran regocijo de las masas de independentistas que le jaleaban en las calles. Como respuesta, el Gobierno de España puso en práctica el decreto de intervención de la autonomía, con la intención inicial de mantener el control durante al menos seis meses. Dos días más tarde, Puigdemont se dio a la fuga y se refugió en Bruselas con cuatro de sus consellers, mientras que el Estado español se hacía con el control efectivo de la Generalitat sin ningún tipo de resistencia. El resto del Govern, que se quedó en Cataluña, fue citado a declarar en la Audiencia Nacional unos días más tarde y metido en prisión preventiva, acusados de graves delitos contra el Estado. Y en ésas estamos: el autodenominado Govern en el exilio intentando (con bastante éxito, todo hay que decirlo) atraer la atención internacional sobre el caso, mientras que en Cataluña y en España todo el mundo está pendiente de los nuevos comicios autonómicos convocados por el Estado para el 21 de diciembre, es decir, en el menor plazo legamente posible, de manera un tanto sorprendente por cuanto contradice las intenciones expresadas de un control de más larga duración de la Generalitat.

Como pasa muchas veces en los grandes conflictos, hay un texto, que trata de aquello de lo que se habla, y un subtexto, que trata de lo que realmente subyace al conflicto. En este caso, a mi modo de ver lo que tenemos es un texto de confrontación nacional que genera una reacción nacionalista exacerbada (como ya me temía hace algunas semanas), mientras que el subtexto tiene mucho más que ver con el intento de estratos cada vez mayores de la clase media de escapar de la inevitable y cada vez más inexorable Gran Exclusión.

Referente al texto del conflicto, vemos un posicionamiento dialéctico muy diferente por parte de las autoridades catalanas y de las españolas. De la parte catalana, la mayoría independentista en el Parlament de Catalunya ha forzado la legalidad para conseguir su objetivo, que no era tanto conseguir la independencia de Cataluña como hacer una representación de la misma. Si uno analiza cuidadosamente lo que ha pasado desde comienzos de septiembre, veremos que los actos verdaderamente punibles desde el punto de visto jurídico han sido las irregulares sesiones de los días 6 y 7 de septiembre, donde esa mayoría se saltó el reglamento de la cámara (al estilo de lo que luego hiciera el Senado español en la tramitación del decreto de aplicación del artículo 155) y el mantenimiento de la convocatoria del referéndum para el 1 de octubre, a pesar de estar la ley autonómica que lo amparaba suspendida por el Tribunal Constitucional. Estas irregularidades pueden y deben ser perseguidas judicialmente de acuerdo con el ordenamiento jurídico español, pero no pasan de ser meros delitos de desobediencia, que podrían acarrear inhabilitación para quienes los originaran, aparte de multas, pero nada más. La pintoresca declaración de independencia e inmediata suspensión del 10 de octubre fue en realidad un acto declarativo, toda vez que el president Puigdemont suspendía una independencia que en realidad no había sido declarada. Más políticamente extrema fue la sesión del día 27 de octubre, en la cual la mayoría independentista declaró finalmente de manera formal la independencia de Cataluña; sin embargo, si se examina la parte resolutiva se ve que lo único que acordó esta mayoría fue pedir a Puigdemont que buscase la manera de implementar la ley de transitoriedad jurídica, en tanto que el texto de la declaración de independencia quedaba en la parte declarativa, sin consecuencia jurídica alguna. Tanto es así que el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya no recoge la independencia de Cataluña como un hecho, y la bandera de España no fue arriada del edificio de la Generalitat. Por el mismo motivo, cuando entró en vigor el decreto estatal de intervención de la Generalitat, los mismos que habían sostenido una retórica prácticamente belicosa rindieron dócilmente la administración catalana al control del Estado, acatando de facto la legalidad española.

Delante de esta gran representación orquestada por los partidos independentistas, la reacción española ha sido, desgraciadamente, excesiva, pues a cada jugada de farol y de escasas consecuencias jurídicas (o incluso sin ellas) de los independentistas, el Estado español ha reaccionado con gran dureza y con acciones de gran calado, cargadas de consecuencias jurídicas que forzosamente se tendrán que acabar volviendo contra él. De entrada, la imagen exterior de España se está viendo muy afectada (cosa que era en parte lo que pretendían los independentistas con esta actuación); y, en el ámbito doméstico, la retórica inflamada del Estado ha dado paso a un resurgir del esencialismo nacional español que puede ser la causa de muchos problemas interiores (y no sólo en Cataluña) en el futuro.

Hay que comprender una cosa: ERC y el PdeCat, que formaban la coalición de gobierno Junts pel Sí (JxS) en el Parlament de Catalunya, son partidos afincados en el BAU (como quedó acreditado hace muy poco) y por tanto la posibilidad de una ruptura descontrolada con España, que hubiera precipitado Cataluña en el colapso, no estaba en modo alguno en su hoja de ruta. Si Cataluña tuviese que ser independiente, tendrían que negociarse un montón de cosas con España: control de fronteras, gestión de recursos hídricos, gestión de infraestructuras en general y particularmente la red eléctrica, la gestión de los residuos nucleares, el transporte del gas natural y de productos refinados, la judicatura, la competencias de policía aún no asumidas por los Mossos d'Esquadra... Una lista larguísima que necesitaría de muchos meses de negociación, y unos cuantos años de implementación. Por ese motivo, nunca ha sido la intención de la coalición JxS proclamar la República por su cuenta y riesgo. Al contrario, lo que se ha pretendido ha sido escenificar esta ruptura al máximo posible pero sin acabar de salirse de la legalidad española, intentando forzar una negociación con el Estado español. El problema es que su representación ha sido demasiado creíble y hasta ahora el Estado español se había tomado el desafío como algo real, en vez de como la gran mascarada que era. Sólo recientemente han comenzado a comprender que se trataba de una boutade, y de ahí la insistencia en los últimos procesos judiciales en que los procesados renieguen del independentismo y declaren que acatan la legalidad española.

Pues no sólo fue el Estado español quién se tragó la bola de que se estaba buscando proclamar la independencia por la vía exprés, sino también toda la base social que les había apoyado con sus votos. En su mayoría, esas masas que ocupaban y aún hoy ocupan las calles para dar su apoyo a los diversos hitos de este proceso creyeron de buena fe que realmente íbamos a ser independientes en un plazo ínfimo de tiempo. El duro choque entre la retórica revolucionaria y una realidad en la que, sin la mínima resistencia, todo sigue supeditado a la legalidad española ha causado altas dosis de incredulidad, decepción y fustración en las filas independentistas, tal y como yo anunciaba incluso antes del referéndum del 1 de octubre. Y de ahí la nueva estrategia de la Fiscalía española, que, siguiendo las directrices marcadas por el Estado, pretende hacer patente entre los suyos que, más allá de la retórica, en realidad sólo había un juego de humo y espejos destinado no sólo a confundir al estado español, sino también a la gente que apoya el independentismo. No es por eso extraño que los partidos favorables a la unión estén poniendo el acento en que los partidos independentistas han engañado a sus votantes. 

Porque es cierto que lo han hecho, les han engañado. Se puede alegar que hacía falta esta representación para conseguir un gran avance, que todo este proceso era el primer capítulo de un historia, la de la independencia catalana, que se tenía que escribir forzosamente de esta manera. Sin embargo, los dirigentes catalanes, que se esperaban que al final el Estado español se sentara a negociar al ver el clamor popular, se han encontrado con la sorpresa de que no hay ninguna posibilidad de negociación y que todo lo que se puede esperar es represión. Por eso se les ve tan indefensos, tan incapaces de reaccionar: nunca pensaron que el Estado español fuera capaz de ir tan lejos.


La represión a gran escala (aunque, seamos honestos, todavía de una intensidad controlada) es una de los fenómenos más interesantes de toda esta historia. El 1 de octubre se verificó la extensión de la represión a sectores de la población que no están acostumbrados a ella. Porque dentro de las grandes hipocresías sociales actuales, la gente "normal", la gente "de bien", acepta que la represión pueda ser aplicada, injusta e indiscriminadamente, a otros, a los marginales, a la gente que algo malo seguramente habrán hecho. Que, de repente, la represión se pueda extender a familias que van con sus niños y sus abuelos a votar, a gente que, a su entender, no estaban haciendo algo malo, es algo que ha dejado en estado de shock a la sociedad catalana, un shock que dejará heridas muy duraderas. Y que se pueda encarcelar a personas "normales" y "de bien", con altas dosis de arbitrariedad, saltándose los procedimientos y garantías procesales, es algo también muy inesperado. Ese tipo de tratos a los cuales la chusma está acostumbrada, pero que no debería sucedernos a nosotros.

Mientras en Cataluña gente común se sorprende de que se les trate como pre-excluídos sociales, en España también se ha producido una reacción que causará tanto o mayor mal en el futuro. Delante de la exhibición masiva de enseñas independentistas en las calles catalanas, muchas personas comunes, también ellos pre-excluídos sociales, se han arropado en banderas españolas, en un resurgimiento nacionalista español, también carente de mucho sentido común y atizado por algo que afortunadamente aún no es común en Cataluña: el odio. Ese odio basado en argumentos de trazo grueso, que motiva debates imbéciles y argumentos grotescos con los que se atiza a diestro y siniestro, y no sólo en Cataluña. Esa rabia mal encauzada que se manifiesta en todo y contra todo, tenga sentido o no, como la de esa funcionaria de la Junta de Andalucía que por algún motivo se cree con el derecho de acosarme de tanto en tanto con vitriólicos desvaríos en forma de correos electrónicos. Curiosamente (o no), a medida que arrecian los rasgos más excluyentes del nacionalismo español se intenta repetidamente desde los medios de comunicación españoles presentar al independentismo catalán como un movimiento de corte fascista y xenófobo, sin entender de dónde viene el independentismo de nuevo cuño. Pues si bien el independentismo clásico tiene una cierta componente nacionalista (aunque probablemente menor de la que se le atribuye), el nuevo independentismo, ése que explica que las ansias secesionistas catalanas hayan pasado en menos de una década de menos del 20% de la población a situarse alrededor del 50% actualmente, tiene mucho más que ver con el deseo de huir de un Estado, el español, que se percibe como inoperante, corrupto y vendido a los intereses del gran capital, descuidando su deber de servicio a la ciudadanía. Nada que sea particular del Estado español, en realidad: este problema se reproduce en mayor o menor medida en todo Occidente, y es en parte lo que explica la situación en Grecia, el Brexit o la elección de Donald Trump en los EE.UU., por no hablar del ascenso de la ultraderecha en toda Europa. Una gran parte de la población de Cataluña ha llegado a creer que la independencia podría ser la solución a sus problemas, en tanto que otra parte de más o menos el mismo tamaño no lo cree en absoluto. Lo mejor de caso es que los argumentos que se exponen a favor y en contra tienen poco que ver con la situación real. Dejando al margen lo sesgado de las contabilidades económicas que presentan los exponentes de uno y otro lado, es cierto que la independencia de Cataluña sería una oportunidad para construir un nuevo Estado mucho más justo y social, en el que se limitara la capacidad de cooptación del poder económico y que incluso se contemplara como política de Estado la necesidad de abandonar el crecimiento y apostar por la dimensión social. Pero no es menos cierto que teniendo en cuenta quién está a los mandos de la nave, en vez de dirigirnos a Ítaca más probablemente acabaríamos llegando a Nueva España, donde todos los vicios que creeríamos estar dejando atrás se reproducirían a una escala más local pero no necesariamente menos corrupta. Por el otro lado, los argumentos esencialistas españolistas se están utilizando para ocultar o como mínimo minimizar el proceso de deriva de la clase media hacia la Gran Exclusión vía devaluación interna; la gente se olvida de su tránsito a la miseria mientras se centra en denostar a los malvados catalanes. Mientras tanto, el Estado va derivando cada vez más claramente al autoritarismo (como se ve en el caso de la intervención de las cuentas del Ayuntamiento de Madrid). Como tantas otras veces, la sociedad se rompe en dos bandos antagónicos de similar tamaño sin que uno de los dos domine con total claridad, simplemente porque el verdadero problema se sitúa en una dirección completamente diferente de aquélla por la que se está moviendo (probablemente de manera interesada) la discusión pública. Eso explica en parte el fracaso relativo de la última jornada de huelga general del día 8 de noviembre, si no convocada al menos capitalizada por el independentismo. Quizá se esperaban un paro tan absoluto como el del 3 de octubre, pero si bien entonces la gente estaba aún en estado de shock por los hechos del 1 de octubre, el 8 de noviembre probablemente pesó mucho más la cuestión económica, y es que la realidad es que mucha gente no se puede permitir el enorme lujo de parar un día.

¿Y si el colapso era esto? ¿Y si ésta era la forma que tenía que tomar el colapso en el concreto caso de España? ¿Y si nuestro camino en el descenso energético tenía que ser hacerlo confundidos en debates entre esencialismo español y nuevas repúblicas ibéricas? Para mi estos días han sido muy curiosos: cada dos por tres me he encontrado con personas hablando del mismo tema, del único tema que ocupa recurrentemente las conversaciones. Y con mucha serenidad me he visto dando ánimos y consejos a unos y a otros,  a los independentistas y a los unionistas, todos ellos abatidos, los primeros porque Ítaca estaba más lejos de lo que creían, los segundos porque ven cómo derivan las cosas y que ya no son mayoría. Me he encontrado repetidas veces haciendo de consejero emocional y dándole bálsamo a unos y a otros. Al final, uno de ellos me preguntó por qué yo estaba tan tranquilo, y cómo era que nada de todo eso que altera a todo el mundo me afecta. Sonriendo, le dije que la razón es que yo ya he asumido que vamos a colapsar, al menos parcialmente, y delante de eso todo lo demás me parece accesorio.

En medio de toda la confusión actual, hay un fenómeno nuevo que está surgiendo en Cataluña: los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR). Se trata de pequeños grupúsculos de ciudadanos que se organizan autónomamente para favorecer la llegada de la República catalana, y son herederos de los Comités de Defensa del Referéndum, de mismo acrónimo, que tan bien funcionaron para la organización clandestina del referéndum, tan efectiva que fue capaz de escapar a la presión del Estado. Inicialmente impulsados por algunas CUPs, estos CDRs funcionan realmente como células independientes de gente con una inquietud común que intenta organizarse, de ciudadanos que intentan coger las riendas de la situación con sus manos en vez de esperar que los líderes les resuelvan los problemas. Básicamente, es un gran experimento de empoderamiento ciudadano, favorecido por la crisis independentista. Mientras los CDRs consigan mantenerse como agrupaciones de fines pacíficos podrán sobrevivir, aunque lógicamente el Estado los va a combatir ya que algunas de sus acciones son claramente ilegales (por ejemplo, cortar carreteras o vías del tren). Lo verdaderamente interesante de los CDRs es su capacidad de, por un lado, dar salida a la necesidad de la gente de hacer algo para superar la actual crisis, y por el otro crear estructura que puede resultar muy útil cuando venga la siguiente oleada recesiva y particularmente cuando nos vayamos hundiendo en el progresivo colapso y desestabilización del Estado. Que los CDRs se acaben convirtiendo en sanguinarias milicias o en grupos de resiliencia ciudadana dependerá de la inteligencia colectiva y de la evolución de los acontecimientos. De una manera u otra, son probablemente las semillas del colapso, a falta de decidir si serán las que acelerarán el mismo o las que podrán dar un fruto del cual construir una nueva sociedad cuando el colapso finalmente sobrevenga.

Salu2,
AMT 

Post Data: Mientras nos entretenemos con todas estas cosas, hay algunas otras cuestiones relevantes para los temas de este blog que están pasando: la consolidación de la caída de la producción de petróleo en China; el fracaso relativo de la Oferta Pública de Acciones de la compañía nacional saudí de petróleo, Aramco, y casi al unísono la batida contra la corrupción en Arabia Saudita, que ha descabezado Aramco y otras compañías; la progresiva subida del precio del petróleo; la generalizada bajada de la inversión en upstream que sin embargo se está viendo compensada por la brutal subida de la inversión sólo en los EE.UU. de Donald Trump... Mañana saldrá el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía de este año, el World Energy Outlook 2018 y, como siempre, intentaré ofrecerles un análisis del mismo a la mayor brevedad.
Categories: General

Debate sobre complejidad: réplica final

6 Novembre, 2017 - 23:09


Queridos lectores,

Después de un cierto paréntesis (motivado por razones laborales), les presento la contestación final de Carlos de Castro y Luis González Reyes a la réplica de Eduardo García. Con esta última entrada doble cierro el debate; a partir de la semana que viene espero retomar el ritmo normal de publicación.

Salu2,
AMT

 

El Titanic se hundió y fue inevitable tras el choque. (Respuesta de Carlos de Castro)

Tras esta segunda vuelta de Eduardo mi conclusión es que seguimos sin compartir los diagnósticos del problema, base de los argumentos que luego desarrollamos cada uno.
El debate de fondo no es sobre complejidad y lo que esta supone en la crisis del sistema. El debate en realidad es sobre el diagnóstico y sobre qué hacer con él: como comunicarlo, qué estrategias seguir etc.
Si Eduardo no sabe si hemos chocado ya o aún no, entonces quizás debería haberse puesto en las dos hipótesis y haber hecho argumentos diferentes desde las dos. Por sus palabras, creo entender que en realidad está en creer que estamos divisando el choque contra el iceberg; prueba es que duda bastante de que acabemos en 1000 millones de personas, dato que no he dado con seguridad, ya que dije que con permacultura quizás podamos mantener a 1000 millones quizás más. Mi diagnóstico no permite saber cuánto se va a reducir la población, pero sí me permite saber –dentro de un esquema científico biofísico con pruebas físicas y ecológicas y pistas sociológicas y por tanto con incertidumbre- que la reducción será ostensible: desde unos pocos miles de millones de personas hasta la extinción. Eduardo no se pone en ese esquema mental (como el 99% de los movimientos sociales y los experimentadores de estos temas) y por tanto no son válidos sus argumentos desde esa certidumbre.Lo que Eduardo nos aporta es desde la hipótesis de que estamos en un barco lleno de peligros que va muy probablemente a chocar y quizás hundirse o encallar; para él la anología también podría ser la del Endurance, en el que todos se salvan.
Pero haré el esfuerzo de ponerme también en una hipótesis en la que no creo: minimizar las consecuencias del choque (y no la del hundimiento). Además a una escala temporal y geográfica local que para mí no es tan relevante: ¿cómo comunico a mi vecino forofo del real Madrid el choque, como se lo comunico a la señora de un mercado en Mogadiscio? Esto se lo plantearon de hecho en el Titanic una vez que chocaron y aún no sabían si se hundiría o no. La tripulación decidió, para no bloquear/alarmar a los pasajeros, mantener en secreto durante minutos lo que ellos supieron pronto, que se iba a hundir, luego se lo dijeron a algunos pasajeros de primera, y luego al resto. Esto es lo que nos pide Eduardo porque su experiencia con los alumnos y redes sociales y la de su equipo de trabajo durante décadas indican ese bloqueo (y con él la experiencia de muchos psicólogos y sociólogos, conozco desde hace décadas estos trabajos, yo trabajé en ese esquema mental mi primera década y media en el tema, mi visión no es solo física, es holística: ecológica –a estas alturas creo saber más de biología y ecología que de física-, y también sociológica/psicológica/histórica  –a estas alturas experimento más en este terreno que en física-).
Las dudas surgen pues cuando “experimentamos” que bloquea comunicar crudamente el posible colapso, aunque sabemos que la mayoría ya está bloqueada de antemano. Pero esto es así porque los “experimentos” se han realizado desde un esquema que no parte del mismo diagnóstico y por tanto se han diseñado mal desde ese diagnóstico. De ahí que durante décadas los movimientos ecologistas, las ONGD’s de desarrollo y los movimientos pacifistas hayamos equivocado tanto el diagnóstico como cómo enfrentarse al problema (¿siempre hay solución? ¿sesgo optimista que conocen bien los psicólogos?). Así se buscan soluciones optimistas, esperanzadoras, alegres, ricas humanamente, pero que por el contrario, también pueden bloquear: es el peligro de la complacencia: ya nos salvarán las renovables o la permacultura, yo mientras a lo mío. Es el efecto Podemos tras el 15M, el “sí se puede” cuando “no se podía”, el bloqueo desesperanzador tras la falsa promesa y su fracaso. Tan peligroso es un bloqueo como el otro, tan inservible es uno como el otro cuando te vas aproximando al hundimiento. Mi primer libro (La revolución solidaria), escrito a finales del siglo pasado ya trabajó esto así. Pero desde entonces el diagnóstico es ciertamente más duro y las experiencias desde él son ciertamente distintas. Bajo la hipótesis de que el Titanic ya se está hundiendo, las estrategias del “sí se puede” no solo son inútiles, sino que nos hacen perder tiempo tratando de poner a reflote el Titanic o la de transformarlo en otro barco (¿aún más complejo?). Las de anunciar la cruda realidad creo en cambio que serán más útiles con el tiempo y al igual de inútiles para gente que quiere seguir bailando pase lo que pase.
Llevo dos décadas “experimentando” con alumnos y en movimientos sociales el tema de la comunicación del colapso y las estrategias de acción desde otro esquema mental, por ahora en absoluta minoría. Efectivamente, hay un problema de tendencia al bloqueo cuando las cosas las queremos explicar en una hora frente a las muchas horas de “diagnósticos” errados, normalmente tecno-optimistas, y las miles de horas del “todo va bien, aceleremos el Titanic” (¡cuando ya se está hundiendo! Parece un chiste).
Pero el problema va desapareciendo cuando el diagnóstico “se va viviendo”. La gente en el Titanic puede que se bloqueara y tuviera pánico unos instantes cuando vio por si misma que el Titanic había experimentado una inclinación del 10% -es decir, ocurrirá, ya está ocurriendo- a pesar de que la tripulación no quisiera comunicárselo para evitarlo –perdiendo, por cierto, un tiempo precioso-. Si alguien les comunicó que se iban a hundir, entonces, más tarde, cuando viva la inclinación del 10% puede que le sea más fácil entonces encajar coherentemente lo que pasa y perder la disonancia cognitiva, entonces actuará rápidamente. Si alguien le explicó que están tratando de mantener el Titanic a flote y que se una feliz a la tarea, porque se puede, entonces quizás quiera entender que esa inclinación del 10% es parte de ese proceso y siga en su bloqueo…
Además a mí (o Antonio Turiel, Pedro Prieto, Jordi Solé, Luis González y otros pocos en España) como científicos divulgadores de los límites biofísicos se nos puede pedir el diagnóstico biofísico, y si es lo único que se nos pide, lo daremos “crudamente”, como sinceramente pensamos que es la realidad, como científico yo no voy a prejuzgar que la gente que me escucha es inmadura o tonta o con facilidad a la histeria, no tenemos porqué ser tan pesimistas (y no lo somos, porque si lo fuéramos dejaríamos en paz a la gente y pasaríamos de acudir a las llamadas de distintos colectivos). Como somos más que científicos, las consecuencias nos preocupan, y buscamos formas de comunicar esa crudeza de forma más útil, sin mucho éxito por ahora pero con cada vez más asentimiento entre la gente más joven. Es por lo que algunos de nosotros hemos ido devorando lecturas más allá de lo físico, pasando a lo ecológico, a lo sociológico, a lo antropológico e incluso a la espiritualidad y su papel.  Algunos hemos absorbido la extensísima experiencia de precursores como Naess del siglo XX (quien decía que el tema es urgente y del día a día pero que las soluciones no se encontrarán hasta el siglo XXII o más allá).
Mi experiencia sociológica/psicológica/histórica/antropológica es que nuestra cultura es incapaz de evitar el choque (no lo ha sido) a pesar de visualizar con tiempo el mismo en experimentos de sociedades mucho más simples y fáciles desde el punto de vista de los límites biofísicos, y en los que la libertad de organización social es completamente abierta (véase el experimento Ecology: http://crashoil.blogspot.com.es/2012/09/juegos-de-la-naturaleza.html).
Mi experiencia es que nuestros jóvenes siempre pasan por un cierto colapso/decrecimiento porque funcionan desde esquemas culturales como el actual (¡endoculturizados ya con 18-25 años!), con decrecimiento de la población  por sobrepasamiento de límites biofísicos, incluso con pérdidas de saberes tecnológicos. En alguna ocasión han llegado sin pretenderlo a escenarios tipo Mad Max (del orden del 20% de las sociedades que generaron) e incluso a la extinción humana (del orden del 10%) y solo en una ocasión (del orden del 5%), con gente que mayoritariamente estaba ya instalada previamente en una cultura “frugal, ecologista y solidaria” antes de divisar el iceberg (de hecho no lo divisaron porque evitaron esas aguas) consiguieron una sociedad perdurable; no sin problemas y conflictos, pero menores y de otra índole, asociados más a falta de coordinación.  Ese grupo no iba montando en el Titanic, los otros, aproximadamente 20, sí.
Y todos esos casos los experimentaron simultáneamente con advertencias (en mis clases) de la posibilidad del colapso (en los primeros experimentos) o de la inevitabilidad del mismo (en los últimos experimentos); el experimento dura meses durante un cuatrimestre académico o dos. Mis anuncios de colapso en las clases teóricas nunca bloquean cuando el colapso lo van experimentando en el juego, al revés, sirven para encajar mejor y encontrar mejor y más rápido las soluciones (aunque algunos piensan que el mundo no va a encontrar soluciones como ellos porque es mucho más complejo). Mis alumnos no son más resilientes tras el juego, pero lo serán, espero, cuando no les quede más remedio porque tendrán menos disonancia cognitiva cuando sus circunstancias les obliguen a actuar.
Mi juego Ecology abre un paradigma experimental comunicativo que no he encontrado en ningún otro “experimento” porque parte de un esquema mental diferente (y un diagnóstico diferente); de hecho, ya sé que los alumnos van a colapsar en mayor o menor grado antes de empezar el juego, por la estadística de la historia de 20 juegos y porque casi siempre se repite desde nuestra cultura, no porque no existan soluciones al problema de límites biofísicos, sino por sus barreras culturales y cómo enfrentan esos límites. En cambio, si les comunicas que nuestro mundo con “tecnologías verdes” esperanzadoras puede evitar el colapso, entonces tardan más en resolver su colapso. No es hasta experimentar el colapso cuando encuentran soluciones tipo las propuestas “frugales” de Eduardo y las que proponemos todos, claro que sí, ir a los botes salvavidas coordinados, cooperando. Pero como no es hasta esa consciencia del hundimiento cuando empiezan las cosas a funcionar, unos minutos en el Titanic de sufrimiento y dolor y muerte hasta el bote salvavidas (aunque ya había gente hacinada pasándolo mal en tercera clase), unas generaciones humanas en el caso de nuestra Civilización. Fíjense en el optimismo y solidaridad necesarios: en el Titanic luchaban por su bienestar y vidas futuras. Afirmar que el Titanic es la Civilización es luchar, ahora y rápidamente, por el bienestar y las vidas, ni siquiera de mis hijos y nietos, si no por las vidas de los nietos de mis nietos sabiendo que mis hijos y nietos van a luchar por su vida y por el bienestar de sus bisnietos y nietos. Es por lo que algunos ya estamos instalados en propuestas filosófico-espirituales.
Lo interesante del experimento antropológico Ecology es que siempre, siempre, encuentran una solución (al menos teórica para los que llegan a la extinción en el juego) que pasa por transformar su comportamiento social. Aprenden que tras varias generaciones humanas, pueden conseguir sociedades/culturas sostenibles (además aprenden a coordinarse y a cooperar, las dos herramientas, por cierto, que usan los ecosistemas y la misma Gaia para haber permanecido y evolucionado durante 3500 millones de años). Como se puede entender, eso me hace optimista. Solo necesitamos que perdure una mínima moral solidaria/ecológica hacia las generaciones presentes y futuras, el resto lo harán ellas.
En todo caso, este debate no es tan importante, porque al 1% de ese 1% (los que con contundencia afirmamos que ya nos estamos hundiendo), somos aún irrelevantes; aunque, cada vez menos, porque muchas partes del Titanic se van acercando a esos 10º de inclinación y algunas ya están hundidas.
Todo se realimenta. Esperemos que dar el diagnóstico del hundimiento lo haga positivamente.
Carlos de Castro



Sobre cómo cambian las sociedades(Respuesta de Luis González Reyes) Creo que un elemento central que motiva al grupo de Eduardo a abrir este pequeño intercambio es la búsqueda de espacios de esperanza en el colapso de la civilización industrial que permitan articularse a la población desde perspectivas emancipadoras. Así lo entiendo cuando hace afirmaciones como estas:Mi postura es que no debemos esperar a que la cosa evolucione poco a poco hasta un feliz siglo XXII, sino que debemos construir desde ya lo utópico.Los datos de investigación nos indican que el cambio solo es posible posibilitando transiciones graduales y progresivas desde el pensamiento predominante hacia formas alternativas que incrementen la resiliencia de la población. Y que siendo importante aportar los argumentos termodinámicos y ecológicos que ayudan a comprender el decrecimiento y posible colapso civilizatorio, también es esencial insistir en la idea de que tenemos opciones organizativas (sociales) para minimizar las consecuencias del choque (en definitiva, la esperanza como componente emotivo esencial para que se produzca un cambio de mentalidades).que ante los límites biofísicos hay que cambiar de modelo social, y segundo, que es posible (y ya hay referentes) construir nuevos modelos organizativos más resilientes. Es decir, la ciudadanía debe conocer tanto los riesgos como las alternativas que ya están experimentándose. Comparto plenamente su análisis y creo que esta esperanza que motive a actuar en el aquí y el ahora es central. Pero en mi opinión la mayor o menor complejidad de nuestras sociedades en el futuro cumple un papel bastante secundario en las motivaciones de las personas a actuar. La esperanza se alimenta con proyecciones de sociedades más felices o más resilientes (seguras).En este debate, una pregunta determinante es ¿qué nos mueve a las personas? Entro en ella. En general, la búsqueda de la satisfacción de las necesidades entendidas no solo como carencia, sino también como potencialidad. Max-Neef defiende que los seres humanos tienen nueve necesidades básicas no jerarquizadas que no cambian a lo largo del tiempo ni en las distintas culturas: supervivencia, identidad, protección, afecto, entendimiento, creación, participación, ocio y libertad. Las necesidades se pueden analizar tanto en un plano individual como colectivo, es decir, que las tienen las personas y también las sociedades, entendiendo estas como un ente distinto a los individuos (son más que la suma de estos). Este segundo aspecto, el colectivo, es el clave, pues los cambios sociales no son por trabajos individuales, sino por trabajos sinérgicos de muchas personas. Por lo tanto, la cuestión sería ¿qué nos mueve para ponernos en acción colectiva?Las emociones y los sentimientos provendrían de la gestión de las necesidades: miedo (falta de seguridad), amor (cobertura de la necesidad de afecto) o curiosidad (falta de entendimiento). Aunque obviamente esto puede ser mucho más complejo y la conformación de las emociones proviene de la interacción dinámica de múltiples necesidades. De este modo, la felicidad, que podría definirse como el objetivo de muchas personas, sería un sentimiento fruto de un compendio de necesidades bien abordadas. Se relaciona con la necesidad de participación y de identidad (en concreto, con percibirse como alguien bondadoso/a); con el bienestar, que tiene que ver con la supervivencia, la protección, la participación, el afecto y el entendimiento; y con la capacidad de elección, relacionada con la libertad y el ocio. En este plano, la esperanza a la que alude Eduardo es fundamental.Muchas veces, las necesidades permanecen en un plano inconsciente y son las emociones las que parece que guían la acción de forma autónoma. Es más, la conexión entre necesidades y emociones no es obvia en muchas ocasiones ni para las personas ni para las sociedades. Así, la forma de gestionar las emociones puede ir incluso en contra de la satisfacción de la necesidad que las generó.Uno de los elementos que determina la forma de dar salida a los sentimientos y necesidades es el sistema de valores de las personas. Así, tanto el altruismo como el egoísmo serían satisfactores de necesidades favorecidos por determinados contextos sociales. Como lo que moviliza (o genera apatía) son las necesidades que generan emociones, las personas suelen cambiar sus actos antes que los valores. El cambio en las prácticas es el que activa el cambio en los valores, más que a la inversa. Es más, si el cambio hacia una sociedad ecomunitaria se da solo en el plano de los discursos, como apunta Eduardo, será impotente, pues la única práctica que seguirá teniendo sentido será la dominadora, que será la que seguirá conformando la sociedad. Por ello, la práctica concreta va a ser un aglutinante social más importante que la ideología, aunque el cambio de valores también sea imprescindible en la evolución social (no habrá cambio social sin cambio de “dioses”). Así, las experiencias concretas son básicas, no solo por ser semillas de otros formatos sociales, sino sobre todo por las transformaciones que producen en las personas y porque sin ellas el cambio social, simplemente, es imposible.La razón no sería el motor principal del cambio (serían las necesidades que producen emociones), ni el filtro que condiciona cómo actúen las personas (serían los valores), sino la herramienta clave que se usaría a partir del empuje. La información normalmente no es algo que mueva a actuar, pero sí es fundamental para una actuación que responda con eficiencia a las emociones y las necesidades de acuerdo con el marco de valores. Cuando no se cuenta con una buena información, las posibilidades de actuar con éxito son muy reducidas: se podrá dar salida a las emociones impidiendo cubrir las necesidades que las causaron, o se podrá no ponderar adecuadamente las distintas causas de los problemas y, con ello, las estrategias para solucionarlos.La función de la razón no es solo la eficiencia, sino también hacer casar actos con valores cuando no encajan. La razón consigue cerrar el hueco de esa “disonancia cognitiva” a través de artificios que incluyen negar la realidad que no se quiere ver porque no se ajusta a los esquemas personales (si no lo creo no lo veo), “matar al mensajero/a”, minimizar los efectos negativos, sobrevalorar lo positivo o una memoria selectiva. Pero, por supuesto, también cierra el hueco a través de trazar cambios que lleven a ajustar necesidades, emociones y valores, es decir, que la “disonancia cognitiva” puede ser un estímulo hacia la movilización.Esta separación entre emoción y razón es ficticia, ya que ambas no son desligables entre sí. No se piensa o se siente, sino que se siente pensando y se piensa sintiendo como dice Damasio. De hecho, la interrelación es complicada, pues muchas veces los pensamientos producen emociones que tienen que ver con necesidades. Así mismo, los valores tampoco son un ente separado de las emociones.En el entramado que mueve a las personas hay que considerar otro factor: el entorno, el contexto, que determina los límites de lo posible desde una perspectiva social y ambiental. Hay cambios sociales que se acoplan a los límites que marca el contexto, y otros que hacen lo contrario y los rompen o desplazan, ofreciendo nuevas potencialidades. En realidad, cualquier proceso de cambio social tiene ambos componentes. En general, cuanta mayor maleabilidad del contexto o de las sociedades, mayor potencialidad de cambio y de que este sea más progresivo. Las sociedades muy confinadas suelen evolucionar de manera explosiva una vez que consiguen modificar sus entornos.El contexto en el que se desenvuelvan las sociedades humanas cambiará a causa de factores externos (crisis ambiental) e internos (sistemas económicos y políticos, tipos y tamaños de las agrupaciones, formas de habitar). Los factores externos cada vez estarán menos al albur de lo que hagan los seres humanos y serán cada vez más restrictivos conforme progrese la crisis ambiental. Pero los internos seguirán estando sujetos a las decisiones humanas, que determinarán qué satisfactores se pongan en marcha, qué emociones predominen y qué sistemas de valores se impongan. No habrá cambio en estos elementos sin cambio en el contexto y viceversa. Las sociedades, además de querer hacer, tienen que poder hacer.De este modo, mi tesis del cambio social es que el entorno y los valores forman un marco de juego que los movimientos sociales y las élites son capaces de modificar a través de actos concretos que respondan a las necesidades y las emociones. Para escoger las acciones más adecuadas y hacerlas eficientes, el raciocinio es fundamental. Si se conjugan todos los factores, los actos tendrán sentido. Solo cuando surge este sentido se integra el sistema de valores con las emociones, los actos con el pensamiento, se pasa de hacer las cosas porque “se deben hacer” a realizarlas porque “se quiere”. Lo que tiene sentido es lo que pone más en marcha y lo hace de forma más continuada en el tiempo. Esta percepción compartida del sentido de los actos fue lo que permitió la cohesión como movimiento del proletariado, del feminismo, del pacifismo o del ecologismo.
Sobre la complejidadCreo que el debate central que tenemos que abordar es el anterior. En todo caso, hago algunos apuntes rápidos sobre el tema de la complejidad. En primer lugar, Eduardo suma un quinto criterio a los cuatro que yo proponía:Aceptando estos cuatro criterios yo añadiría, por su interés en un momento de decrecimiento/colapso, un quinto criterio “transversal”: el grado de resiliencia (y la eficiencia energética asociada) entendida aquí cómo la capacidad de un sistema social para autoperpetuarse y mantener un cierto equilibrio al enfrentar una fuerte perturbación (en nuestro caso el choque con los límites biofísicos).Pero yo creo que ese no es un criterio de complejidad. La capacidad de resistir ante distintos desafíos no es un indicador de sistemas complejos. Es más, personas como Holling sostienen que son contrapuestos y que los sistemas más complejos son menos resilientes. Por ejemplo, un sistema con muchos nodos generalistas (poco especializados) y por ello poco complejo tendría una mayor capacidad de adaptación a una variación ambiental que otro en el que los nodos estén muy especializados. Es cierto que esto se puede mirar con otros indicadores. Así, un sistema con una alta interconexión (más complejo por ello) tendría una alta resiliencia por una parte (por ejemplo, podría transportar alimentos a los nodos donde se produjese una carencia), pero también una mayor vulnerabilidad por otra (las desestabilizaciones en un nodo podrían correr por toda la red, sobre todo si es un nodo central). En realidad, Eduardo dice algo muy parecido a lo que acabo de exponer en lo referente a la resiliencia cuando afirma que:lo que mejor define una red no es el número de conexiones sino el tipo de interacciones que la organizan. Esta cuestión es clave desde la perspectiva de la resiliencia de ambos sistemas. Pensemos en una organización social piramidal (jerarquizada) y en una organización social en redes locales interconectadas y coordinadas. En la primera, la eliminación de un nodo puede significar la desorganización del conjunto (dada su verticalidad y las relacionen en cadena lineal). En la segunda, la eliminación de un nodo lo que lleva es a una reorganización de la red (por el predominio de la componente horizontal) que no supone poner en peligro su autoperpetucación.Así, yo no metería la resiliencia como un indicador de complejidad, sino como un elemento a perseguir socialmente más importante que la complejidad.También separaría la eficiencia de la complejidad, pues creo que es un indicador distinto y que necesita ser concretado. Creo que la eficiencia es un indicador confuso, pues puede ser alta para unos fines y baja para otros, dependerá para lo que esté diseñada la estructura. Ya argumenté que creo que el capitalismo es tremendamente eficiente en la utilización de material y energía para conseguir la reproducción ampliada del capital, lo que ha aumentado su complejidad y disminuido su resiliencia hasta el extremo. A la vez, un cerezo produce cientos de cerezas todos los años y, de todas ellas, solo una con suerte se convertirá en un nuevo cerezo. No podríamos decir que el cerezo sea muy eficiente en su uso de materia y energía desde esa perspectiva. Lo que sí podríamos decir es que está perfectamente adaptado al cierre de ciclos. Desde ahí, hace que todo el ecosistema sea más resiliente y también más eficiente en el uso de materia y energía. Pero esta eficiencia, a diferencia de la capitalista, consigue gastar poca materia y energía. De este modo, tenemos dos sistemas macro (capitalismo y ecosistema del cerezo) complejos y eficientes (de modo muy distinto), pero con resiliencias muy diferentes. Por eso yo no usaría la eficiencia como indicador de complejidad.Esto me lleva a un tercer elemento que señala Eduardo. Subraya que parte de los análisis que lanzamos Carlos, él y yo están articulados sobre planos distintos y tiene razón. Él lo hace más sobre uno micro y yo de uno macro. Por eso, son ciertos a la vez los ejemplos de la agricultura industrial y la permacultural, y la visión general de que nuestro sistema social es muy complejo y que lo que tenemos por delante es un camino de simplificación. Es decir, que comparto esto que afirma:creo que habría que relativizar ideas como el enunciado: las comunidades organizadas según los criterios de la permacultura son menos complejas que las comunidades sociales actuales piramidales y basadas en la dominación.Pero al tiempo sostengo que lo que tenemos por delante es una senda de simplificación social vista desde una perspectiva macro (como macro es nuestro sistema globalizado). Y lo hago porque considero que Eduardo en ocasiones fuerza el uso de los indicadores que propongo para que den el resultado que busca (que no es necesaria una simplificación de la organización social). Creo que el ejemplo más claro de este forzamiento es cuando sostiene:Analicemos el tercer factor: la especialización de los nodos (diversidad). Aquí, de nuevo, caben dos interpretaciones (que se corresponden con los dos modelos comunitarios antes mostrados). La primera es que la diversidad se corresponde con la especialización de cada nodo en un aspecto concreto de la actividad humana (en definitiva, un  mundo dividido entre expertos competentes que saben y deciden y novatos incompetentes que no saben ni deciden). La otra interpretación, es la de la polivalencia. Es decir, se trataría de potenciar al máximo la diversidad de capacidades que cada nodo pueda desarrollar. Evidentemente, en caso de colapso el primer modelo es mucho menos resiliente que el segundo. Y desde mi perspectiva, menos complejo.La polivalencia es el paradigma de la inespecialización, no puede ser un indicador de un sistema más complejo, porque es justo lo contrario. Otra cosa distinta es que sea un indicador de una sociedad más deseable o más resiliente.Pongo otro más. Eduardo afirma que:pensamiento simplificador que nos describe en sus trabajos Edgar Morin. Es decir, un pensamiento caracterizado por la atomización del conocimiento, la falta de coherencia interna en los sistemas de ideas, el reduccionismo, las visiones parciales y centradas en lo concreto y evidente, etc. En conclusión: hay pocos nodos porque no hay redes bien organizadas.Esto es cierto probablemente desde la perspectiva micro, pero si lo miramos desde una mirada macro, desde el conjunto social globalizado, ¿realmente nuestro sistema es simplificador con los tremendos avances científicos y la capacidad de entender la realidad que han permitido? Además, para verlo en trayectoria histórica, algo importante para vislumbrar el futuro, incluso desde una perspectiva micro (personal) ¿es nuestro pensamiento es más simplificador que en otros momentos de la historia? No lo tengo claro, pero me lanzaría a decir que, en término medio, no.Un matiz final, cuando Eduardo afirma que:Lo que he pretendido expresar en mi artículo, no sé si con acierto, siguiendo el camino trazado por Edgar Morin o por ecólogos como Margalef, que es quién afirma que el sistema se ordena de una determinada forma, de manera que, aunque la energía fluye (y pierde “calidad”), nos quedan estructuras que van a condicionar el uso posterior de ese flujo de energía (enunciado asumido por la ecología actual y que rechaza Luis a pesar de que Margalef en su frase no niega en ningún momento que un ecosistema es un sistema complejo en un estado de equilibrio “inestable” que necesita de un continuo flujo de energía para reorganizarse), es que hay que relativizar el papel de los recursos en el tema del decrecimiento, pues las relaciones biocenosis-biotopo (aquí incluyo materia y energía) no son relaciones de causalidad lineal sino que son interacciones (y eso es un consenso científico en la ecología actual), que la organización (más o menos compleja) es un factor clave en el uso de la energía disponible y que, dentro de las posibilidades energéticas de un mundo en decrecimiento, hay margen de maniobra para intentar (¿no es ese nuestro interés básico?) que sobreviva la mayor parte de la población, aspectos sobre los que entraré a continuación. Lo que yo subrayé es esa necesidad de flujo constante. Tras un flujo de energía queda una máquina o unas relaciones en un ecosistema. Pero para que eso se exprese hace falta la energía. Por supuesto que no es irrelevante qué estructura quede, entre otras cosas por si demanda más o menos energía para su funcionamiento y con ello permite sociedades en la que sobrevivan más personas (y seres vivos) y lo hagan con mayor democracia y justicia. Lo único que señalo es que, a más complejidad, más energía requerida para sostener el sistema. Desde esa mirada, igual lo más deseable para la resiliencia sean sociedades más simples, no más complejas.
Luis González Reyes  
Categories: General

Decrecimiento y complejidad: elementos para un posible consenso.

25 Octubre, 2017 - 22:42


Queridos lectores,

Eduardo García Díaz ha escrito su contrarréplica a las críticas de Carlos de Castro y de Luis González Reyes a su primer artículo sobre complejidad. Un debate relevante, puesto que da pistas sobre cuál puede ser la sociedad que sucederá al descenso energético cuando éste se afiance en los próximos años.

Les dejo con Eduardo.

Salu2,
AMT



Decrecimiento y complejidad: elementos para un posible consenso.
Eduardo García Díaz
En primer lugar, agradezco a Luis González y a Carlos de Castro sus interesantes aportaciones al debate, y a Antonio Turiel la oportunidad que nos da de continuarlo. También que hayan resaltado que hay elementos comunes en nuestros discursos que permiten consensuar posturas.
Antes de entrar en una “réplica a las réplicas” me gustaría contextualizar muy brevemente nuestros interés por esta temática (y digo nuestro porque soy un mero portavoz del trabajo de un colectivo más amplio). Creo que es posible, y necesario, para avanzar en la construcción de modelos teóricos que guíen nuestra práctica “decrecentista”, que personas que trabajamos en ámbitos diferentes negociemos el significado de determinadas ideas e intentemos construir consensos. Yo, en concreto (junto con compañeros y compañeras de la Red IRES), trabajo desde hace cuarenta años en el ámbito educativo (educación ambiental y didáctica de las ciencias). Y una de nuestras preocupaciones básicas ha sido siempre cómo complejizar el conocimiento cotidiano predominante en la población, complejización (entendida en los términos de Edgar Morin) que, según la evidencia empírica obtenida en nuestras investigaciones, aparece como un factor clave para superar los obstáculos y barreras mentales asociados a una socialización alienante en la ideología propia del neoliberalismo. Por tanto, desde la perspectiva de mi comunidad de práctica teórica y de activismo ecologista, éste era un tema esencial y de ahí nuestro interés por abrir un debate sobre la relativización de uno de los axiomas más populares dentro de la vanguardia del movimiento ecosocial: la descomplejización (deseada o/y inevitable).
Del Titanic y de los botes salvavidas
Creo que la metáfora del Titanic es muy adecuada para mostrar de manera muy gráfica el choque del sistema capitalista con los límites biofísicos (cambio climático y agotamiento de los recursos). Pero no me parece pertinente para el tema en discusión. En mi artículo, motivo de este debate, en ningún momento me he referido al sistema-Titanic en su conjunto (o por lo menos no era mi intención), sino que he tratado de comparar sistemas de similar escala: una comunidad de vecinos organizada en apartamentos unifamiliares frente a otra organizada como una comuna que comparte los usos domésticos y los cuidados, un agroescositema industrial frente a otro organizado según los principios de la permacultura, o los sistemas de ideas predominantes en la población frente a sistemas de ideas “alternativos” más complejos. Es decir, he considerado el Titanic como un sistema heterogéneo en cuanto a idearios, formas de organización social, intereses de clases sociales, etc. donde conviven “lógicas” diferentes. Si admitimos esa diversidad, la pregunta clave sería ¿qué subsistemas debemos luchar por “complejizar” y cuáles debemos dejar que se “descomplejicen”?
Creo, por tanto, que un primer punto que deberíamos consensuar es el de la escala, pues precisamente los movimientos de transición vienen trabajando desde hace años en el desarrollo de cambios en subsistemas concretos más que en revoluciones globales. Y también deberíamos consensuar el tema de los tiempos, aunque aquí entramos en un terreno aún más especulativo. Carlos indica que esta sería una cuestión clave, pues no es lo mismo diagnosticar que “ya hemos chocado” o que “aún no se ha producido el choque”. Mi postura personal es que es un tema sobre el que no tengo suficientes datos rigurosos y contrastados como para manifestarme en uno u otro sentido (y si alguien los tiene que los muestre) y que tampoco tengo datos para predecir que sistema “global” sustituirá al del Titanic, pero si ceo en algo: estemos más o menos cerca del choque, resulta imprescindible la creación de referentes (aunque sean parciales) que nos ayuden a minimizar las consecuencias del impacto.
Además del tema de la escala, hay otro argumento a considerar en el uso de la metáfora del Titanic: qué idearios existen en la población que lo habita. Un primer asunto clave es que en el Titanic la uniformidad era total sobre la no percepción de lo que se les venía encima. Los pasajeros no tuvieron ninguna oportunidad para prepararse ante el impacto, ni tenían referentes que les orientaran para sobrevivir a la catástrofe. Y cuando hablo de oportunidades para la supervivencia no estoy hablando del elemento tecnológico. En todo el artículo en discusión subyace una idea: la solución al problema del choque con nuestros límites biofísicos no es tecnológica, es social. Y, aunque minoritarios, tenemos cada vez más referentes sociales que incrementan la resiliencia de la población (por ejemplo, dedico un amplio apartado de mi artículo al tema de la eficiencia energética de distintos modelos organizativos sociales que ya se están experimentando dentro de nuestro Titanic).
Tampoco comparto que sea homogénea la respuesta insolidaria y egoísta (Carlos habla de un sesgo del sistema en ese sentido), pues habría que aclarar en qué medida es un sesgo creado por los intereses del 1% (o como queramos denominarlos) y en qué medida dicho sesgo ha calado en toda la sociedad. Aunque minoritaria, existe en una parte de nuestra población una visión diferente a la del ideario capitalista (solidaridad y altruismo frente a egoísmo e individualismo, etc.). No comparto en el análisis de las posibles reacciones de la población ante una situación de emergencia, que la respuesta sea siempre competitiva y del tipo “sálvese quién pueda”. No voy a entrar en la abundante literatura biológica sobre el papel clave de la complementariedad frente a la idea (interiorizada por el ideario capitalista) de que en la naturaleza predomina la competencia y la lucha de todos contra todos  y que ése es el motor básico de la vida. Tampoco en el abrumador consenso que existe en psicología sobre el carácter cultural de las tendencias egoístas o altruistas. Solo que los datos sociológicos constatan que la respuesta ante una emergencia depende de cómo esté organizado un determinado grupo social, y que al igual que se da el antagonismo también se da la complementariedad.
Aquí me gustaría poner dos ejemplos sobre la importancia de la variable información/organización (sin desdeñar, por supuesto, el papel clave de variables como materia y energía) ante una situación de colapso.  Naomi Klein citaba en su obra “Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima” un ejemplo muy bonito de cómo la variable “organización” es clave ante una situación catastrófica (de disminución radical de los recursos). Se refería a un estudio sobre el comportamiento de dos comunidades humanas diferentes de la costa este de Estados Unidos azotadas por una misma tormenta tropical. Los datos indicaban algo ya conocido en al ámbito de la psicología y la sociología: la comunidad con un tejido social más estructurado, con referentes previos de actuaciones organizativas solidarias, etc. superó mucho mejor el reto de la falta de agua, electricidad y alimentos, cooperando en la resolución de los problemas y redistribuyendo los recursos existentes. Mientras que en la otra comunidad, más desestructurada y con menor experiencia en actividades cooperativas, sí se dieron casos de insolidaridad, situaciones de violencia, o competencia por los recursos.
Otro ejemplo muy interesante aparece en el conocido documental “Mañana”: hay una secuencia de imágenes muy impactantes sobre cómo están utilizando todas las zonas baldías de la ciudad de Detroit (ejemplo actual de ciudad en colapso) como huertos urbanos gracias al desarrollo de redes ciudadanas de autoabastecimiento.
Creo que la pregunta central del documento en discusión es ¿el problema son los recursos o el uso de los mismos? En otros términos, en mi artículo nunca  he negado el decrecimiento, ni los límites biofísicos, lo que sostengo es que el reconocimiento de dichos límites biofísicos no debe suponer una traslación sin más del concepto de límites (tal como se entiende en física, por ejemplo) al ámbito social.
Si queremos consensuar argumentos sobre el tema de los límites, hay que aclarar bien de qué perspectiva partimos. Cuando en el artículo he pretendido relativizar la interacción materia-energía-información (organización) lo he hecho no desde una perspectiva estrictamente termodinámica, sino ecológica, asumiendo que en cada nivel de organización de la materia aparecen propiedades emergentes singulares, propias de cada nivel, de forma que sería reduccionista explicar lo que sucede en los eco-socio-sistemas solo en términos físicos ( y sobre este tema hay una amplia literatura en el campo de la epistemología de la ecología en particular y de la ciencia en general). Evidentemente, como señala Carlos, existen límites sociológicos, pero, desde mi perspectiva, esos límites son de naturaleza diferente a los biofísicos.
Tanto es así, que algo que desde una perspectiva física lo consideramos como un factor limitante (por ejemplo, menor disponibilidad de energía) no tiene porque serlo en la organización social. Pensemos en la siguiente hipótesis: el choque con los límites biofísicos podría suponer una liberación (extralimitación) por el colapso del sistema capitalista, que sí impone unos claros límites sociales al desarrollo de las personas y de las colectividades. Ruptura que podría ser revolucionaria, pues de hecho  todas las revoluciones sociales se han asociado en la historia de la humanidad a los momentos de crisis, momentos en los que se extreman las contradicciones y cambian las condiciones objetivas para que las poblaciones adopten otros modelos organizativos.  
Desde mi punto de vista el tema no es un debate termodinámico. En ningún momento he cuestionado que cualquier sistema esté sometido a la ley de la conservación de la energía. Ni voy a entrar en el debate de si habrá pérdida o no de complejidad en el sistema humano global (entre otras cosas porque sigo manteniendo que el concepto de complejidad es relativo y sobre todo, porque soy capaz de comparar subsistemas concretos ya existentes, pero no el actual Titanic con una sociedad futura que está por ocurrir).
Lo que he pretendido expresar en mi artículo, no sé si con acierto, siguiendo el camino trazado por Edgar Morin o por ecólogos como Margalef, que es quién afirma que el sistema se ordena de una determinada forma, de manera que, aunque la energía fluye (y pierde “calidad”), nos quedan estructuras que van a condicionar el uso posterior de ese flujo de energía (enunciado asumido por la ecología actual y que rechaza Luis a pesar de que Margalef en su frase no niega en ningún momento que un ecosistema es un sistema complejo en un estado de equilibrio “inestable” que necesita de un continuo flujo de energía para reorganizarse), es que hay que relativizar el papel de los recursos en el tema del decrecimiento, pues las relaciones biocenosis-biotopo (aquí incluyo materia y energía) no son relaciones de causalidad lineal sino que son interacciones (y eso es un consenso científico en la ecología actual), que la organización (más o menos compleja) es un factor clave en el uso de la energía disponible y que, dentro de las posibilidades energéticas de un mundo en decrecimiento, hay margen de maniobra para intentar (¿no es ese nuestro interés básico?) que sobreviva la mayor parte de la población, aspectos sobre los que entraré a continuación.
¿Cómo categorizamos la complejidad?
¿La pérdida de energía neta supone siempre disminución de complejidad y colapso? Si queremos llegar en este debate a posiciones de consenso, lo primero sería definir bien las categorías que empleamos a la hora  de decidir cómo debe ser una gradación desde lo simple hacia lo complejo. Es lo que plantea Luis como elemento central del debate, proponiendo cuatro indicadores o criterios (y admitiendo también que indicadores como el PIB o la jerarquía no serían indicadores de complejidad):
• Número de nodos del sistema. Cuantos más nodos tenga, más complejo es. En una sociedad estaríamos hablando, por ejemplo, de personas. • Interconexión entre los nodos. Si esos nodos no están interconectados en realidad no podríamos hablar de un sistema y, cuántas más interconexiones existan, mayor complejidad habrá. • Especialización de los nodos. En realidad este indicador lo que habla es de la diversidad de nodos. Cuanto más diversos sean, mayor será la complejidad del sistema. • Información que existe y fluye. Finalmente, cuanta más información fluya y esté presente en el sistema más complejo será.
Aceptando estos cuatro criterios yo añadiría, por su interés en un momento de decrecimiento/colapso, un quinto criterio “transversal”: el grado de resiliencia (y la eficiencia energética asociada) entendida aquí cómo la capacidad de un sistema social para autoperpetuarse y mantener un cierto equilibrio al enfrentar una fuerte perturbación ( en nuestro caso el choque con los límites biofísicos).
Si Carlos acepta los criterios propuestos por Luis vamos a realizar un ejercicio de comparación para intentar relativizar el concepto de descomplejización e intentar llegar a un cierto consenso. Pero como he enunciado más arriba, no voy a discutir sobre aumentos o descensos de complejidad en la totalidad del sistema social sino, al estilo de los movimientos de transición, me voy a centrar en susbsistemas concretos.
Comparando sistemas de ideas
Como trabajo en el ámbito educativo, permitidme que comience argumentando sobre la complejidad en el caso de los modelos mentales y de los sistemas de ideas.
• Número de nodos del sistema. La investigación educativa nos indica que el modelo predominante en la población (la mayor parte de los pasajeros del Titanic)  es el pensamiento simplificador que nos describe en sus trabajos Edgar Morin. Es decir, un pensamiento caracterizado por la atomización del conocimiento, la falta de coherencia interna en los sistemas de ideas, el reduccionismo, las visiones parciales y centradas en lo concreto y evidente, etc. En conclusión: hay pocos nodos porque no hay redes bien organizadas. Sólo una minoría adopta formas de pensamiento “complejas” (sistemas de ideas bien organizados en el sentido de mentes bien ordenadas), forma de pensamiento que sería un referente indispensable en una situación de colapso. • Interconexión entre los nodos. En el pensamiento simplificador las conexiones son pocas y muy simples. En el ideario colectivo predominante encontramos relaciones causales lineales sencillas (no hay interdependencias, recursividades y otras formas de causalidad compleja). No hay nociones estructurantes  que organicen campos del saber sino listas de contenidos disociados unos de otros, ni visiones sistémicas del mundo (se reconocen algunos de sus elementos constituyentes pero no las interacciones entre los mismos y el carácter organizador de tales interacciones ), ni una percepción coevolutiva del cambio (se trata de un mundo estático, y de una actitud conformista). • Especialización de los nodos. Si como indica Luis lo entendemos como diversidad de nodos, lo característico del pensamiento simplificador es la uniformidad, la incapacidad para adoptar distintas perspectivas, la falta de un pensamiento divergente (la falta de creatividad y espíritu crítico en definitiva). • Información que existe y fluye. Aquí habría que distinguir entre “cantidad” y “calidad” de la información. Evidentemente en nuestra sociedad-Titanic fluye mucha información, pero de muy baja “calidad”.  Pongo un ejemplo: todos los habitantes-pasajeros  interactúan mediante el WhatsApp ¿debemos considerar solo el número de conexiones o habrá que considerar qué contenido se comunica en esas conexiones? Si introducimos la variable contenido habría que analizar que informaciones ayudan a organizar mentes bien ordenadas capaces de enfrentar problemas complejos como el cambio climático o el agotamiento de los recursos. En otros términos ¿hablamos de información que organiza e incrementa nuestra resiliencia o de mero ruido? ¿de dedicar miles de horas en los sistemas de comunicación al cotilleo y al pensamiento superficial, y en el sistema educativo al desarrollo de la sumisión y a la acumulación de conocimientos irrelevantes y poco significativos, o de usar esos sistemas para tratar de resolver los problemas del mundo?
Lo que planteo es que, en el caso del ideario colectivo predominante,  no podemos hablar de descomplejización provocada por el choque con nuestros límites biofísicos, pues ya el pensamiento predominante en los pasajeros, antes del choque, ha sido convenientemente descomplejizado por los mecanismos de alienación  propios del capitalismo.
En consecuencia, y si consideramos el criterio de la resiliencia, mi argumento es que la mayoría de los pasajeros del Titanic carecen de la capacidad de investigar y resolver los problemas de supervivencia que deben enfrentar. De ahí que sea tan relevante  que los colectivos que constituyen la vanguardia ecologista hablen menos de volver al “pensamiento sencillo” y más de cómo desarrollar en la población la transición desde un pensamiento simplificador hacia otro complejo. Transición que debe entenderse como un cambio hacia:
  • Una perspectiva más sistémica del mundo, superadora de la visión aditiva de la realidad y de las formas de actuación y de pensamiento basadas en lo próximo y evidente, en la causalidad mecánica y lineal, en las dicotomías y los antagonismos, en la idea estática y rígida del orden y del cambio. Al respecto, habría que considerar todos los posibles elementos, relaciones y variables que están implicados en cada problemática, adoptando una perspectiva integradora que contemple a la vez lo global y lo local, que evite los planteamientos reduccionistas y que supere la dicotomía entre los aspectos naturales y los sociales.  

  • Una integración de los diferentes tipos de conocimientos (conceptual, procedimental y actitudinal) entre sí y con la acción, estableciendo conexiones entre la ciencia y el ámbito de las actitudes, los valores y las emociones.

  • - Una mayor capacidad para ir más allá de lo funcional y concreto, para abandonar lo evidente y para ser capaces de adoptar diferentes perspectivas, a la hora de interpretar la realidad y de intervenir en la misma, superando las visiones egocéntricas, sociocéntricas y antropocéntricas. La perspectiva compleja supone describir cualquier evento desde la triple perspectiva (simultáneas) del mesocosmos (lo perceptible, evidente y próximo a nuestra experiencia), el microcosmos (lo no perceptible por ser muy pequeño) y el macrocosmos (lo muy grande). Y otra perspectiva  del cambio y del tiempo, considerando el cambio del mundo como un cambio evolutivo (más bien una coevolución de los distintos sistemas complejos que lo habitan) e irreversible, que supere los enfoques fijistas, estáticos, fatalistas y cíclicos.

  • - Un mayor control y organización del propio conocimiento, de su producción y de su aplicación a la resolución de los problemas complejos y abiertos de nuestro mundo, superándose, por una parte, la dependencia de la cultura hegemónica y de sus valores característicos (con el desarrollo de actitudes de tolerancia, solidaridad, cooperación, etc.) y, por otra, la sumisión a los dictados del experto (técnicos, políticos). Supone, sobre todo, trabajar la transición desde la perspectiva del antagonismo (el motor de las cosas es el enfrentamiento, el egoísmo, la competencia, el dominio, etc.) hacia la de la complementariedad (solidaridad, altruismo, defensa de lo común, la unión hace la fuerza, la acción más eficaz se basa en la cooperación, todos dependemos de todos...).

Comparando comunidades locales
¿Es más compleja una comunidad humana local con una estructura organizativa jerárquica y piramidal que una comunidad con un tejido social más estructurado en redes democráticas basadas en la cooperación y la ayuda mutua?
En relación con el número de nodos puede haber empate: en ambos modelos tendríamos el mismo número de habitantes. Es más problemático el segundo criterio: la interconexión entre los nodos. ¿Es un problema de número de conexiones o de la cualidad de esas conexiones? Como analizamos en el apartado precedente la clave está en la naturaleza de las interacciones: en mi opinión, lo que mejor define una red no es el número de conexiones sino el tipo de interacciones que la organizan. Esta cuestión es clave desde la perspectiva de la resiliencia de ambos sistemas. Pensemos en una organización social piramidal (jerarquizada) y en una organización social en redes locales interconectadas y coordinadas. En la primera, la eliminación de un nodo puede significar la desorganización del conjunto (dada su verticalidad y las relacionen en cadena lineal). En la segunda, la eliminación de un nodo lo que lleva es a una reorganización de la red (por el predominio de la componente horizontal) que no supone poner en peligro su autoperpetucación.
Analicemos el tercer factor: la especialización de los nodos (diversidad). Aquí , de nuevo, caben dos interpretaciones (que se corresponden con los dos modelos comunitarios antes mostrados). La primera es que la diversidad se corresponde con la especialización de cada nodo en un aspecto concreto de la actividad humana (en definitiva, un  mundo dividido entre expertos competentes que saben y deciden y novatos incompetentes que no saben ni deciden).  La otra interpretación, es la de la polivalencia. Es decir, se trataría de potenciar al máximo la diversidad de capacidades que cada nodo pueda desarrollar. Evidentemente, en caso de colapso el primer modelo es mucho menos resiliente que el segundo. Y desde mi perspectiva, menos complejo.
Último criterio citado: cuánta más información fluye más complejo será el sistema. Pues depende de la perspectiva que utilicemos. Tal como he intentado mostrar antes, la calidad de la información es más importante que la cantidad, luego también ahí debemos optar ¿es más compleja una comunidad con muchísima información (lo que hay en la actualidad) pero de muy baja calidad (desde la perspectiva de una comprensión y actuación ajustada a los problemas del mundo), que otra que maneje menor cantidad de información pero mucho más significativa y relevante de cara a la resolución de dichos problemas?
Comparando agroecosistemas
¿Es menos complejo un grupo social organizado según los principios de la permacultura que otro grupo organizado según los principios de la agricultura industrial? Luis afirma que el capitalismo no es ineficiente (eficiencia energética) y que volviendo al caso de una empresa, en general son organizaciones diseñadas para aprovechar a tope el trabajo de las colectividades. Más adelante indica que las sociedades permaculturales que describe Eduardo son menos complejas (según los indicadores que uso) y, claramente, más deseables y resilientes. Pues bien, analicemos según sus propios criterios la complejidad y la eficiencia de una explotación agraria industrial (una empresa capitalista) y de un huerto en permacultura.
Número de nodos. En un bancal profundo en permacultura, que facilita el desarrollo de los sistema radicales de cada planta más en vertical que en horizontal, podemos poner plantones a muy corta distancia, con lo que el número de nodos por unidad de superficie es muy superior al del agroecosistema industrial. Y no digamos si por nodos nos referimos a los componentes del suelo: un compost de permacultura contiene innumerables oligoelementos de los que carece un abonado industrial. O de la propia naturaleza del suelo (en el industrial el suelo es un mero soporte inerte, en permacultura es un ecosistema rico en elementos vivos y no vivos).
Interconexión entre los nodos. En el industrial la complejidad de relaciones posibles se simplifica muchísimo. De hecho se pretenden eliminar las interacciones de todo tipo destruyendo el suelo, aportando solo los nutrientes más indispensables, potenciando el monocultivo, eliminando todo tipo de especies acompañantes que puedan beneficiar a nuestro cultivo, extinguiendo especies polinizadoras como ocurre con las abejas, creando ecosistemas uniformes y no ecosistemas en mosaico interconectados, y lo que es más grave: disociando el transporte de materiales (que se vuelve básicamente horizontal) de los ciclos naturales (por ejemplo,  ciclos de nutrientes en los que predomina el componente vertical). Todo lo contrario de los que ocurre en permacultura, donde se potencia al máximo la interacción de todo con todo  y el ajuste a los ciclos naturales (sin entrar en el tema de la riqueza de las relaciones interpersonales propias de uno y otro sistema, asunto que requeriría otro nuevo artículo).
Tercer criterio: la especialización de los nodos (diversidad). En permacultura, frente al monocultivo industrial, se potencia la biodiversidad, se emplean en un mismo bancal gran variedad de especies que se complementan y rotan cumpliendo con distintas funciones (aporte de nitrógeno, defensa ante plagas, atracción de insectos polinizadores, protección ante el viento para evitar la desecación, bosque de alimentos que mantiene la humedad y evita la insolación excesiva en verano, etc.). Además se busca la diversidad genética (como garantía de supervivencia) frente a la uniformidad genética del agroecosistema industrial, se crean suelos “vivos” (con acolchado protector) que coevolucionan con las plantas cultivadas, etc.
Cuarto criterio: cuánta más información fluye más complejo será el sistema. Parece claro que si entendemos aquí información como organización (es decir, un determinado flujo de energía ha dado forma y creado unas determinadas estructuras que a su vez condicionan el uso de esa energía), es mucho más compleja la organización de un huerto en permacultura/bosque de alimentos que la de una explotación agrícola industrial. Si vamos más allá de lo meramente tecnológico la comparación nos indica que las estructuras sociales basadas en la complementariedad (caso de la permacultura) son mucho más resilientes y complejas, que las estructuras sociales basadas en el antagonismo y la dominación, entre los humanos y entre éstos y el resto del mundo (caso de una explotación agrícola industrial).
En conclusión, creo que habría que relativizar ideas como el enunciado: las comunidades organizadas según los criterios de la permacultura son menos complejas que las comunidades sociales actuales piramidales y basadas en la dominación.
¿Por qué es importante este debate?
En mi ámbito de trabajo, pretendo educar a la población en relación con la temática del decrecimiento. Una de los mayores obstáculos que encontramos para superar el negacionismo y el conformismo, es el conflicto cognitivo y emotivo que se origina cuando una persona tiene que optar entre un razonamiento basado en los abundantes datos existentes sobre los límites biofísicos y el ideario colectivo en el que ha sido socializado (estilo de vida vivenciado, la idea de crecimiento ilimitado, la tecnolatría, etc).
Los datos de investigación nos indican que el cambio solo es posible posibilitando transiciones graduales y progresivas desde el pensamiento predominante hacia formas alternativas que incrementen la resiliencia de la población.  Y que siendo importante aportar los argumentos termodinámicos y ecológicos que ayudan a comprender el decrecimiento y posible colapso civilizatorio, también es esencial insistir en la idea de que tenemos opciones organizativas (sociales) para minimizar las consecuencias del choque (en definitiva, la esperanza como componente emotivo esencial para que se produzca un cambio de mentalidades).
Si se habla a la población de descomplejizar y de volver a formas de vida más sencillas hay que aclarar bien a qué nos referimos, si lo que pretendo es cambiar idearios colectivos.  Pongo un ejemplo. Si yo afirmo sin más el colapso conlleva reducir la población a mil millones de personas (tal como lo enuncia Carlos), posiblemente consiga asustar a mi público, pero tal emoción, por un proceso de disonancia cognitiva, no conseguirá que cambien su modelo mental sino más bien que se reafirmen en su posición negacionista. Creo más conveniente acompañar el argumento colapsista con argumentos “en positivo” que se basen en la idea de que en un contexto de decrecimiento/colapso se pueda mantener e incluso incrementar la complejidad de determinados subsistemas que sean vitales para asegurar la supervivencia de una mayoría de la población. Es decir, el enunciado citado no es más que una hipótesis, que se verificará o no dependiendo de cómo nos organicemos, pues, insisto, el problema no es la energía entrante (que dado que actualmente la despilfarramos en su mayor parte, podría dar de comer a la población actual), sino cómo el sistema utiliza esa energía.
Y a la hora  de educar y concienciar a la población es fundamental  transmitir la idea de que hay formas organizativas sociales de mucha mayor eficiencia energética que las actuales y  que pueden evitar una disminución tan radical de la población. No podemos llegar a la gente con un discurso sin salidas del tipo el colapso conlleva reducir la población a mil millones de personas. En relación con dicho enunciado pongo un ejemplo que empleo en mis charlas y debates sobre el tema: en el caso de los dos millones de habitantes de la provincia de Sevilla sólo con un 3% del territorio cultivado en permacultura podrían alimentarse todos sus habitantes (hay ejemplos de  huertos en régimen de permacultura/bosque de alimentos de  1000 metros cuadrados que dan de comer a cuatro personas). Este dato (junto a otros como la alta TRE de la permacultura, los nuevos modelos de organización puestos en práctica por los movimientos de transición, etc.) es fundamental para que la gente comprenda: primero, que ante los límites biofísicos hay que cambiar de modelo social, y segundo, que es posible (y ya hay referentes) construir nuevos modelos organizativos más resilientes. Es decir, la ciudadanía debe conocer tanto los riesgos como las alternativas que ya están experimentándose.
En definitiva, ¿el choque del Titanic abre o no una ventana al cambio? Parece que estamos de acuerdo en que no queremos la opción de un mundo tipo Mad Max. Entonces, si admitimos que no queremos la barbarie y que el choque es el fin del sistema capitalista (al respecto, otro debate es si en un mundo de baja energía podría mantenerse por mucho tiempo un ecofascismo que requiere mucha energía para sus sistemas de control de la población sean militares, policiales, jurídicos o educativos), ¿por qué no pensar en opciones revolucionarias en vez de dejar para el siglo XXII la posibilidad de otro estilo de vida y otros modelo de organización social más ajustado a la ecología del planeta?
Mi postura es que no debemos esperar a que la cosa evolucione poco a poco hasta un feliz siglo XXII, sino que debemos construir desde ya lo utópico, y pongo un ejemplo concreto. El choque con los límites biofísicos posiblemente se llevará por delante casi todo el sector servicios, tal como hoy lo conocemos, y dentro del mismo todo el sistema educativo institucionalizado. ¿Esto es un desastre u es una oportunidad? Desde mi punto de vista tanto el sistema educativo como otros mecanismos socializadores lo que han hecho hasta ahora es fomentar el pensamiento simplificador que convenía al modelo socioeconómico capitalista.  Es una hipótesis de trabajo; pero por una cuestión de mera supervivencia es posible que las comunidades poscolapso asuman progresivamente, por su mayor resiliencia,  formas de pensamiento más complejas. Y si esto fuera así ¿merece la pena o no crear ahora referentes que ayuden a incrementar la complejidad de los  sistemas de ideas o decidimos sin más que la involución en el conocimiento es algo inevitable? En otros términos ¿luchamos o no por posibilitar esa transición u optamos por dejar que el pensamiento simplificador  nos lleve a la barbarie? No sé si alguien negará que el incremento de la capacidad de resolver problemas, el tener una visión más global de los mismos, el comprender la causalidad compleja (las interdependencias y recursividades), etc. son componentes claves en un incremento de la resiliencia de la población ante el colapso.
En mi opinión, la transición desde las formas de pensar reduccionistas, parciales, egoístas, antagonistas, etc. hacia estas otras formas de pensar es un incremento clarísimo de complejidad, y creo que en esa batalla debemos estar todos y todas, y si no hay tiempo para llegar a la mayoría de la población intentemos al menos dejar un legado teórico y práctico que permita a las generaciones futuras enfrentar mejor un mundo con menos recursos que el actual.
Categories: General

Saliendo de cuentas

11 Octubre, 2017 - 12:56



Queridos lectores,

Hubiera preferido no volver a hablar del conflicto que se vive en Cataluña durante una larga temporada, pero el devenir y acumularse de los acontecimientos, y la importancia que tienen para mi vida futura, me mueve a hablar una vez más de uno de los temas que se están volviendo más recurrentes en este blog. Blog, que, no olvidemos, está dedicado al análisis de la crisis económica y social que genera la progresiva escasez de recursos naturales, y principalmente de energía. Pero como justamente una de las cuestiones principales asociadas a la crisis energética es el colapso de las sociedades industriales, y como parece que el problema catalán será la forma concreta que ese colapso tomará cuerpo en España, parece lógico volver una vez más a lo mismo.

Como digo, el tema de Cataluña ha sido abordado en repetidas ocasiones aquí, la última vez hace unas tres semanas en el post "Modelo para recortar/model per retallar" (en el cual podrán encontrar enlaces a los posts anteriores). A mi me da cierto reparo hablar de temas que se alejan del dominio de las ciencias naturales por varios motivos. En primer lugar, porque mi opinión no es más cualificada que las de la de cualquier otro en estos temas y en todo caso lo será mucho menos que la de verdaderos expertos en estas materias. En segundo lugar, porque por más que intente hacer un ejercicio de autocrítica e introspección, es inevitable la presencia de ciertos sesgos en mis opiniones, los cuales restarán sin duda objetividad a mis afirmaciones. Y en tercer lugar, porque al tocar tan de cerca estos temas a puntos sensibles para algunos lectores, éstos podrían enfadarse por ciertas afirmaciones que yo pueda hacer y ocasionar que todo lo que se cuenta en este blog caiga en descrédito a sus ojos, incluso los análisis más técnicos y objetivados. Sin embargo, como observo una degradación de los argumentos que se usan desde los dos bandos más claramente identificados, creo que hacer algunas reflexiones, aunque imperfectas y seguramente sesgadas, puede tener su utilidad, no perdiendo de vista las limitaciones que tienen (que a mi modo de ver son menores que algunas de las cosas que escucho).

Comencemos por una breve glosa de qué es lo que ha pasado desde mi último post (de hace tres semanas, recuerdo).

Después de que el Govern de la Generalitat estuviese jugando al gato y al ratón con las fuerzas de seguridad españolas (Policía Nacional y Guardia Civil), escondiendo urnas y papeletas para que no fueran requisadas, y tras múltiples amenazas, registros y allanamientos, el 1 de octubre la mayoría de los colegios electorales abrieron para que la gente pudiera votar en el referéndum de autodeterminación al cual el Govern de la Generalitat había llamado a los ciudadanos. Un referéndum sin las garantías adecuadas y con muchas irregularidades, un referéndum que el Gobierno de España ya había descalificado por su falta de legalidad. Y a pesar de eso cientos de miles de ciudadanos acudieron a votar, en lo que podría tomarse por un ejercicio de una protesta contra un estado de cosas. La mayoría de los ciudadanos que fueron a votar pensaban que la policía del estado, desplegada días antes específicamente con el fin de evitar este referéndum, no osaría atacar a los centenares de personas que se agolpaban en los colegios electorales y que al ver el gentío desistirían de causar daños mayores. Se equivocaron por completo: las imágenes del salvajismo policial, las cargas indiscriminadas, el apalizamiento de ciudadanos corrientes que sólo resistían pacíficamente el embate, dieron la vuelta al mundo y no proyectaron una imagen muy positiva de la gestión española de la crisis secesionista. Al final, sólo una pequeña fracción de urnas fueron intervenidas, la gente se reorganizó para fortalecer la defensa de los colegios, y por fortuna en un momento dado alguien ordenó detener la represión, pero el daño ya estaba hecho. De acuerdo con los datos de la Generalitat votó en aquel referéndum alrededor del 43% del censo electoral, con una mayoría abrumadora de síes. A los dos días, una jornada de huelga paralizó Cataluña y se vieron impresionantes manifestaciones en contra de la represión policial en toda Cataluña (ver la imagen que abre el post). Durante los días siguientes continuó la actividad judicial contra todo el entramado secesionista pero hubo dos importantes novedades. La primera, el acoso a los policías alojados en diversos hoteles para que los abandonaran; y el pasado domingo, una gran manifestación en favor de la unidad de España y en contra de la secesión recorrió el centro de Barcelona. El último jalón (hasta ahora) de esta singladura fue la declaración hecha ayer por el President de la Generalitat en el Parlament de Catalunya, anunciando la proclamación de la república de Catalunya y acto seguido suspendiendo la independencia durante unas semanas para dar tiempo al estado español a negociar con la Generalitat "de tú a tú". Mientras esto escribo se anticipa que el Gobierno de España pondrá en marcha el procedimiento para anular la proclamación suspendida, lo cual probablemente sería respondida por la Generalitat con la finalización de esa suspensión y proclamación efectiva de la república, lo que nos llevaría a un estado práctico de guerra (no necesariamente de alta intensidad).

Como pueden ver, un embrollo de dimensiones ciclópeas y consecuencias imprevisibles pero cada vez más probablemente funestas.

Como comenté más arriba, en la discusión de este conflicto asistimos a una confusión generalizada por la lasitud con la que se emplean los términos y por muchas ocultaciones interesadas. No nos engañemos, todos los actores implicados mienten en mayor o menor medida, y la gente repite argumentos mal fundados a los que se oponen otros iguales o peores, llevando a la incomprensión y al inconsistencia de todo lo que se dice, haciendo imposible un acuerdo porque todo el mundo ha renunciado a transitar por tierra firme y camina sobre arenas movedizas. Como antes dije, yo no soy experto en estos temas y por ello quizá alguna de las cosas que ahora diré no es correcta por mi falta de conocimiento; si es el caso por ello pido perdón. Únicamente espero aportar a centrar el debate en las ideas y abandonar ciertos esencialismos bastante poco útiles para progresar.

Una de las discusiones repetidas es sobre qué significa democracia. He visto repetidas veces estos días que democracia es votar, y que por definición votar es democrático. A partir de ese punto la gente se suele internar en un fangal inconmensurable sobre quién tiene derecho a votar qué y sobre cuáles son los límites de lo que se puede votar. Dado que éste es uno de los puntos básicos me gustaría empezar por aquí.

Por definición, democracia es un sistema político (es decir, de organización social) que defiende que el poder, todo el poder, emana del pueblo. Para conocer la opinión de este pueblo se debe votar, y la elección de los representantes del pueblo debe suceder en comicios transparentes, pero votar no es la democracia sino su síntoma. Democracia significa que sólo se reconoce el poder que emana del pueblo.

¿Y qué es el pueblo? El pueblo, las gentes, es un concepto del tipo primer principio, es decir, es una abstracción que no se puede definir a partir de otros conceptos anteriores. Es un punto de partida, una verdad que aceptamos convencionalmente porque no podemos definirla a partir de cosas más básicas. De manera genérica y un tanto vaga, para poder hacer algo útil pero como definición muy imprecisa, un pueblo es un conjunto de personas que habitan un determinado territorio, que se reconocen a sí mismas como comunidad, con un deseo de convivir juntas y regirse por unas reglas comunes que ellos mismos definen y se otorgan. No es por tanto casual la mención repetida en el preámbulo de la Constitución española al pueblo español: es del pueblo español que emana todo el poder, la soberanía.

Un pueblo soberano se define no tan sólo por sí mismo sino también por el reconocimiento de otros pueblos soberanos, otros pueblos que se reconocen a sí mismos y que reconocen al otro como un igual. No siempre es así: a veces el pueblo A somete o simplemente contiene al pueblo B, tal como lo entiende el pueblo B; por supuesto el pueblo A no reconoce la existencia del pueblo B, sino que dice que el pueblo A tiene todo el derecho al territorio y la población reclamados por el pueblo B como parte del pueblo A. El reconocimiento internacional es por tanto una herramienta muy importante para asegurar la soberanía de los pueblos.

En el conflicto catalán, desde el Estado español se invoca repetidamente como único marco de discusión la legalidad española, es decir, la que emana de la Constitución española, en la cual sólo se reconoce al pueblo español como único sujeto político de derecho. Sin embargo, los secesionistas justamente están poniendo en cuestión esa unidad del sujeto político, afirmando que hay otro sujeto, el pueblo catalán. Dado que cuestiona el fundamento mismo de la Constitución española, la reclamación independentista ha de contradecir forzosamente la legalidad española y por tanto queda necesariamente fuera completamente de ese marco. A pesar de que la Constitución española contempla mecanismos para su propia reforma y eventualmente una reforma constitucional podría aceptar el derecho de autodeterminación de Cataluña, tal cosa sería siempre una concesión del pueblo español (o sus representantes), concesión que bien podría hacer pero que más bien no hará porque no le reportaría ninguna ventaja. Así pues, es inane insistir en que la única vía a la independencia de Cataluña es la reforma constitucional española, porque tal aproximación se basa en la negación del pueblo catalán como sujeto de derecho y soberanía.

Como ya he repetido en otras ocasiones, el problema aquí no es de legalidad, sino de legitimidad. Eso no quiere decir que la legalidad no valga para nada, y que cualquier cosa es válida y se pueden hacer todas las aberraciones posibles. No se contradice el principio de legalidad, sino que se cuestiona cuál es la legalidad que se debe aplicar, si la que emana de un pueblo soberano o la de otro.  ¿Es el pueblo catalán un sujeto legítimo de derecho? De nuevo volvemos al concepto de pueblo, y partiendo de la resbaladiza y difusa definición que he dado arriba, el pueblo catalán debería, como mínimo, reconocerse a si mismo como tal, y como algo diferente del pueblo español. ¿Pasa tal cosa? ¿Los catalanes creen que son - o quieren ser - algo diferente al pueblo español? La única manera de resolver esa duda sería preguntándoles, es decir, haciendo un referéndum. De hecho, un verdadero demócrata español debería ser exactamente eso lo que debería querer, puesto que un pueblo es aquel que decide soberanamente convivir y fijar unas reglas, unas leyes, comunes para todos ellos. Si hay indicios razonables de que una parte consistente del pueblo español se siente un pueblo diferente y no quiere convivir con el resto, es completamente lógico asegurarse de si es así y en tal caso permitirle constituirse en pueblo soberano. Porque, ¿quién quiere convivir con alguien que no desea convivir contigo?

El Congreso de los Diputados español podría convocar un referéndum en Cataluña para preguntar a los ciudadanos de esa región si quieren constituirse como un país independiente, y si la respuesta fuera "sí" sería ése el momento de comenzar a estudiar los mecanismos legales y constitucionales para consagrar esa separación. No tendría sentido hacer una reforma antes, porque si la respuesta fuera "no" sería un trabajo innecesario. 

En cuanto a tener indicios razonables de que tal referéndum debería ser planteado, las elecciones autonómicas de 2015 enviaron un mensaje bastante claro: la victoria de una coalición de un partido de derechas y otro de izquierdas, con un único punto en su programa político - la secesión - y con más del 40% de los votos era un indicio más que razonable para pensar que era conveniente convocar tal referéndum, al estilo de lo que hizo el Reino Unido con Escocia en 2014. De hecho, ése era el mejor momento, visto desde un punto de vista de los defensores de la unidad, porque con una buena campaña de las ventajas de la unión con mucha probabilidad el "no" hubiera ganado con alrededor del 60% y el problema catalán se hubiera quedado aparcado durante décadas. Pero no estamos en 2015, por desgracia.

Desafortunadamente, el discurso que ha predominado en España (o al menos el que ha sido más ruidoso) es el de que la innegablemente gran masa de ciudadanos de Cataluña que se manifiestan en favor de la independencia están siendo manipulados, aludiendo repetidamente al perverso rol de los medios de comunicación y a la escuela. Tal pretensión es un tanto ridícula por una sencilla razón: quien la formula se arroga una superioridad moral sobre aquéllos a los que considera equivocados pero que en realidad simplemente defienden una opinión diferente. La televisión manipula, es verdad, pero, ¿no lo hace también la televisión que mira quien eso afirma? ¿Sólo él puede tener capacidad crítica para no dejarse manipular? Y en cuanto a la escuela, emerge en quienes eso afirman el esencialismo español del que hablaba en el post anterior. No sé si existe tal manipulación, desde luego yo no lo he visto en los libros de mis hijos y la mayor ya está en 6º de primaria - a expensas de comprobar si ésta es intensa en la secundaria y el bachillerato me inclino a pensar que no debe ser tanta (sin negar que algún docente pueda ser peculiar, como tantos docentes peculiares tuve que aguantar yo cuando era niño). La obsesión con la escuela catalana, me temo, tiene más que ver con la desafortunada frase del entonces ministro de educación Wert, quien proponía "castellanizar a los alumnos catalanes", cosa que tiene más que ver con relegar a la lengua catalana que a otra cosa. Y si algo sé de los años que hace que vivo aquí es que esta gente es orgullosa de su lengua y de su cultura, y si quieren hacer que el nacionalismo llegue a las nubes no hay mejor manera que atacar al idioma catalán.

Otro aspecto que merece la pena de ser discutida es la indiscriminada e injustificada represión del día 1 de octubre. La visión restrictiva de lo que es democracia (error común en ambos bandos, hay que decir) ha llevado, en el caso de ciertos sectores de la sociedad española, a tomar a las personas que fueron a votar el día 1 de octubre por delincuentes (ya que querían votar en un referéndum considerado ilegal). Ese razonamiento tiene una componente muy peligrosa: si damos por buenos los datos de la Generalitat y realmente fueron a votar 2,2 millones de personas, estaríamos diciendo que hay 2,2 de personas que actúan al margen o en contra de la ley. Pero si en última instancia la ley son unas normas de convivencia que el pueblo se da a sí mismo, y no una imposición de un gran señor, querría decir que hay una gran parte del pueblo, en un territorio concreto, que no está de acuerdo con esa ley, que no considera que se la haya concedido a sí misma sino que le viene impuesta de fuera. ¿Y no es eso un reconocimiento implícito de que una parte del pueblo español no se siente pueblo español?

Cayendo en el error de considerar delincuentes a esos cientos de miles de ciudadanos que querían votar el 1 de octubre se entiende en parte la represión desenfrenada. Con todo, el comportamiento de la Policía Nacional y la Guardia Civil falla en dos aspectos básicos: la proporcionalidad de la acción policial y la resolución del conflicto en la protección de bienes jurídicos. La proporcionalidad en el uso de la fuerza debe corresponder a la importancia de lo que se quiere proteger. A un ciudadano que se acaba de saltar un semáforo en rojo y que por tanto ha cometido una ilegalidad no se le dar una paliza sino que se le pone una multa. Si el referéndum ya se sabía que era ilegal y por muchos motivos una farsa sin garantías, ya me dirán por qué era tan importante evitar, usando tanta fuerza como se quisiera, impedir que la gente votase, con grave riesgo para la integridad de las personas. De hecho, la juez que ordenó impedir la votación no dio carta blanca para que se evitara a toda costa, sino que con buen criterio advirtió justamente que se hiciera sin recurso a la fuerza inmoderada. Y con respecto a la protección de bienes jurídicos en contradicción, se trataba de elegir entre respetar la integridad de las personas o cumplir la orden del juez de evitar una votación igualmente invalidada. Sólo alguien muy fanatizado dudaría sobre cuál era el bien superior, entre esos dos. 

Conviene recordar que la policía tiene como cometido proteger el orden público y velar por el bienestar de la ciudadanía. Por el contrario, una fuerza de represión tiene como cometido el castigo de los comportamientos no tolerados sin atender a otros principios. El espectáculo de las manifestaciones espontáneas delante de los cuarteles de donde partieron los efectivos que iban a Cataluña (ese indecente "¡A por ellos") y chistes abominables como el que reproduzco debajo de estas líneas dejan claro que la Policía Nacional y la Guardia Civil fueron enviadas a Cataluña como fuerzas de represión, lo cual sin duda ha causado gran malestar y pesar en ambos cuerpos.



La enorme torpeza del Gobierno de España, primero violentando sus propias leyes con los allanamientos y detenciones de septiembre, y después con el uso de la represión (y el poco afortunado discurso del Rey, que ni tuvo palabras para los heridos el 1 de octubre) ha probablemente incrementado el independentismo, empujando a él personas que rechazaban el procés por sus muchas deficiencias y su ventajismo, pero que más aún rechazan un Estado que se cree con el derecho de usar la violencia contra los que no piensan como él. Como pusieron de manifiesto las concentraciones del día 3, a estas alturas el independentismo está, probablemente, por encima del 50% de la población de Cataluña. No obstante lo cual, el apoyo al independentismo tiene una componente bastante efímera: uno de los lemas del procés es "tenim pressa", tenemos prisa; y es lógico que la tengan, pues ellos tienen un objetivo y saben que la ventana de oportunidad de la que disponen es estrecha. Sin todos estos años convulsos de crisis y desencuentros, el independentismo catalán aún estaría por debajo del 20% de la población que nunca fue capaz de sobrepasar; y solamente en alas del hastío y la desesperación de la clase media en retroceso ha conseguido llegar a los niveles actuales. Pero la élite que encabeza ahora mismo el proceso de secesión no representa tampoco a esa clase media candidata a la Gran Exclusión, y tarde o temprano el soporte actual podría desmoronarse, sobre todo si el movimiento se frena o incluso si no acelera. También conviene recordar que hay al menos un 30% de catalanes rotundamente unionistas, quizá incluso un 40%, y toda esa gente no puede ser simplemente ignorada o arrinconada (y ese 5 o 10% que no estamos en ninguno de esos dos lados por supuesto no contamos para nada). De ahí ese "tenim pressa". De ahí todo el despliegue de estrategia durante todos esos meses, de ahí el tactismo de la estrambótica declaración de ayer, de ahí todo sutil juego de ilegalidades y el ventajismo de arrogarse una legitimidad que no se tiene, usando para ello instituciones legalmente constituidas a partir de una legitimidad, la española, cuya jurisdicción en Cataluña justamente niegan. Si algo han demostrado el president Puigdemont y su equipo es que son personas inteligentes y muy buenos estrategas, y el Gobierno de España no podría cometer mayor error que seguir tomándoles por locos o por imbéciles.

El problema de fondo es que nuevamente nos encontramos en un debate unidimensional que no va al problema de fondo, como analizábamos en el post  "De hormigas y hombres". El fallido referéndum en Grecia, el Brexit, la victoria de Trump y tantos movimientos que están teniendo lugar en Europa responden al mismo patrón: creciente descontento, respuestas fallidas que responden a problemas diferentes del planteado. En estos días de sí y no, las posiciones de "quizá, pero" no son populares, son percibidas por los dos bandos como desafección, cuando no directamente traición. Una situación en la que me encuentro habitualmente.

Aquéllos que se enconan a uno y otro lado de una frontera, a la sombra de una u otra bandera, descubrirán con el tiempo que serán traicionados por los que creen que les defienden, los cuales llegado el momento se abrazarán y volverán a hacer negocios juntos (o al menos volverán a intentarlo). Pero los amigos que se enfrentan y dejan de hablarse, los vecinos que se dan la espalda, y los ciudadanos que, en suma, se quedan más solos, creyéndose que lo importante es aquello de lo que discuten en vez de aquello que les pasa, ésos no volverán a reconciliarse, al menos no por mucho tiempo. Cuando toda esta polvareda se disipe, veremos que lo que en realidad se estaba derruyendo era el pueblo, y que, como siempre, gana la banca.

Salu2,
AMT 

P. Data:
Algún lector podría preguntarse qué fue lo que yo hice a mi nivel personal el día 1 de octubre, puesto que no soy un ser etéreo al margen de esta sociedad en la que vivo, sino un ciudadano de la misma. Hice lo que creí que debía hacer, posiblemente equivocándome pero ejerciendo mi derecho a equivocarme siempre que respete a los demás. El día 1 de octubre fui a votar, puesto que considero que el problema que se ha planteado no se puede ignorar. No voté que sí, puesto que no deseo la independencia de Cataluña, sobre todo por razones sentimentales (y respeto a aquéllos que sí la desean). No voté que no, porque no estoy de acuerdo con el mantenimiento del status quo, porque creo que se deben cambiar muchas cosas. Así que voté en blanco. Y para ello esperé durante dos horas y media en la cola, con la angustia de no saber si se presentarían los de la fiesta de la porra. Y el día 3 fui a manifestarme en protesta contra la represión policial. ¿Hice mal? Seguro. Ya no se puede hacer bien.

Categories: General

Complejidad y energía

8 Octubre, 2017 - 21:26


Queridos lectores,

Como prometí, aquí tienen la réplica de Luis González Reyes al artículo de Eduardo García sobre complejidad. 

Salu2,
AMT

Complejidad y energía
Sin duda, el texto de Eduardo García Díaz que aparecía hace unos días en este blog es muy estimulante y aporta miradas que son muy necesarias. Entro a discutir alguna de ellas.Un primer elemento es cuando Eduardo comenta respecto a las propuestas que lanzamos distintas personas que:Descomplejizar significa aquí menor producción de bienes (descenso del PIB) y menor consumo, menos habitantes, menor grado de especialización profesional, desorganización de estructuras jerarquizadas, menor “conectividad” y menor transporte de materiales, menos ciencia y menos tecnología, etc.Frente a lo que él sugiere que:El concepto de complejidad es relativo, no es lo mismo utilizar parámetros como el PIB o el número de habitantes (cuantitativos) que parámetros como el formato de organización social, es decir, el tipo de interacciones presentes (no son lo mismo las relaciones antagónicas que las de complementariedad), o el predominio de estructuras jerárquicas o de redes horizontales, parámetros que son cualitativos. Del mismo modo, no es igual hablar de complejidad del conocimiento, con indicadores como la acumulación de datos o el número de graduados, que hablar de conocimiento en relación con el formato organizativo de los sistemas de ideas.Por lo tanto, un elemento central es definir a qué llamamos complejidad cada cual para poder discutir cabalmente. Partiendo de la base de que definir complejidad es difícil y que en absoluto es un consenso, yo uso cuatro indicadores:
  • Número de nodos del sistema. Cuantos más nodos tenga, más complejo es. En una sociedad estaríamos hablando, por ejemplo, de personas.
  • Interconexión entre los nodos. Si esos nodos no están interconectados, en realidad no podríamos hablar de un sistema y, cuántas más interconexiones existan, mayor complejidad habrá. Aquí se podría incluir la topología de esas conexiones, pero es muy complicado determinar cuál es más compleja. Eduardo aporta a este aspecto, probablemente con acierto, que una topología horizontal es más compleja que una vertical, pero en realidad hay infinidad de combinaciones y posibilidades que arrojarían resultados distintos. Una forma de compensar parcialmente esta carencia sería el cuarto indicador que propongo un poco más abajo.
  • Diversidad de los nodos. Cuanto más diversos sean, mayor será la complejidad del sistema. Una forma de ver esta diversidad es el grado y la variedad de especializaciones de los nodos.
  • Información que existe y fluye. Finalmente, cuanta más información fluya y esté presente en el sistema más complejo será. También cuantos más nodos accedan a partes de dicha información (lo que es un indicador indirecto de la topología).
Desde mi punto de vista, otros indicadores como el PIB o la jerarquía que Eduardo señala no serían indicadores de complejidad.Como afirma Eduardo, esta forma de aproximación a la complejidad es muy cuantitativa. No aborda si la información es relevante o no, o si las interconexiones son jerárquicas u horizontales. No hace una valoración de si una organización del sistema es más deseable que otra (idea clave sobre la que volveré al final). Esta mirada cuantitativa no implica que un sistema más complejo no sea cualitativamente distinto que uno que lo es menos, pues las emergencias que se producirán en ambos serán cualitativamente distintas.Creo que bajo esos cuatro indicadores sí es posible afirmar que lo que tenemos en la actualidad es una sociedad muy compleja y que lo que nos espera es un descenso en la complejidad: menos población, menos interconexión entre la población mundial, más población dedicándose a lo mismo (agricultura) y menos información contenida en la sociedad.Al respecto del último indicador, Eduardo afirma:Un ejemplo paradigmático de este enfoque aparece en el texto de Fernández y González (p. 187), donde entienden, por ejemplo, la complejidad social creciente como incremento de titulados universitarios. Desde la perspectiva que adopto, mayor complejidad sería conseguir mentes bien ordenadas en el sentido de Morin (2001); incremento de complejidad, éste último, que requiere de mucha menos energía que la producción de titulados repletos de información de “baja calidad”.Lo qué Ramón y yo queremos destacar (puede que con poca fortuna) es que una sociedad con un gran flujo y cantidad de información requiere de personas que se especialicen en comprender y recrear dicha información (eso lo podemos representar en los/as titulados/as universitarios/as). Sin esta posibilidad (que requiere fuentes energéticas densas y abundantes para que un porcentaje pequeño de la población tenga que dedicar el grueso de sus esfuerzos a obtener energía) no habría altos flujos y cantidades de información gestionada. Tampoco podría haber una digestión de esa información para que sea accesible a un número alto de nodos.Esto no está en contra de la crítica que hace Eduardo a la calidad de la formación universitaria, que comparto y que otra vez nos lleva a lo deseable de unos formatos sociales u otros (nuevamente esa idea clave sobre la que vuelvo al final).En resumen, una parte de la discrepancia es que entendemos cosas distintas por complejidad.Un segundo elemento a discutir es cuando afirma:Se aprecia una aproximación determinista al tema del colapso civilizatorio cuando se dice que la complejidad de una sociedad es consecuencia de la cantidad de energía disponible.Desde mi punto de vista, lo infranqueable son los límites (lo que determina), lo que se haga dentro de ellos está abierto y es fruto de las decisiones sociales. La energía disponible es una de las que marca esos límites y, tal y como he definido la complejidad, sí hay una relación directa entre energía disponible y complejidad factible. De este modo, cuando Eduardo afirma que:Determinados sistemas complejos (los eco-socio-sistemas) sometidos a un flujo de energía presentan una interesante cualidad: aunque la energía se degrada deja una “huella” en forma de información (organización, en los términos de Morin). Es decir, el sistema se ordena de una determinada forma, de manera que, aunque la energía fluye (y pierde “calidad”), nos quedan estructuras que van a condicionar el uso posterior de ese flujo de energía.Creo que no está en lo correcto, ya que estos sistemas complejos se sostienen gracias a un continuo aporte energético, tanto mayor cuando más grande es su complejidad. Prigogine lo explica bien con sus estructuras disipativas.Un tercer tema es cuando afirma que:No debemos considerar la ley del rendimientos decreciente como un axioma universal. Evidentemente, dicha ley nos sirve para entender, por ejemplo, la evolución de la burocracia administrativa, pero no sirve para explicar bien la evolución de un huerto en permacultura o los cambios en la organización de los sistemas de ideas.Estoy de acuerdo con él. De hecho, creo que es algo que encaja muy bien en sistemas basados en la dominación, pero no tanto en otros más igualitarios. En el apartado 9.1 de En la espiral de la energía intentamos marcar esta diferencia. Pero creo que sí es un elemento muy relevante en nuestro sistema actual (como también fue en el Imperio romano). Los casos actuales en los que no se aplicaría no son los principales articuladores sociales.Otro elemento de debate es el concepto de eficiencia. ¿Es nuestro sistema ineficiente? Bueno, depende de cómo se mire. Creo que es tremendamente eficiente en la reproducción del capital, para lo que necesita, entre otras cosas, un inmenso gasto energético. Pero las empresas no gastan más energía de la estrictamente necesaria (entendiendo por necesario también algunos gastos suntuarios que sirven para aumentar la productividad de sus empleadas/os). Han sufrido un proceso de optimización histórico bestial empujado por la competitividad. De esta manera, cuando Eduardo dice que:Podemos concluir que aún teniendo menos energía, sería aún posible mantener un cierto grado de complejidad en determinadas organizaciones sociales. La clave estaría en la eficiencia energética del sistema social (capacidad de conseguir unos determinados fines con el menor gasto energético).Yo creo que, para sus fines sociales, el capitalismo no es ineficiente. Otra cosa es que otros sistemas socioeconómicos, con otros fines, requieran menos energía que el capitalismo para conseguirlos, en lo que estoy totalmente de acuerdo con Eduardo.Ahora bien, la capacidad de organización en colectivo humana a la que apela Eduardo también tiene límites y no se puede mejorar indefinidamente. Es más, no pensemos solo en los ejemplos (bien escogidos) de Eduardo para ver las potencialidades de una mayor cooperación social, sino también en los aspectos en los que el capitalismo ha forzado al máximo esa "cooperación" social. Volviendo al caso de una empresa, en general son organizaciones diseñadas para aprovechar al máximo el trabajo de las colectividades y desde luego juegan un papel central en nuestro sistema socioeconómico haciendo que sea altamente productivo.Terminando, hay una interpretación incorrecta a lo que Ramón y yo afirmamos. Es algo secundario, pero aprovecho para apuntarlo. Eduardo afirma que: Al respecto, es contradictorio mantener al mismo tiempo (como por ejemplo hacen Fernández y González, 2014) que la historia es una sucesión cíclica pero que no vuelven a ocurrir los mismos hechos ni en el mismo orden, de forma que cada nueva etapa es única.Creo que no es contradictorio lo que decimos. Es más, es una definición parecida a la que él recoge de Morín de evolución helicoidal. Creo que en este aspecto estamos bastante de acuerdo. La historia nunca se repite igual, aunque tenga elementos que se parezcan a otros pretéritos.Finalmente, entro en lo que considero que es la idea más relevante del texto de Eduardo:Argumentos basados en la idea de que la variable clave no es el límite biofísico sino la respuesta social a dicho límite, de forma que adoptando determinadas modalidades de organización social (redes comunitarias coordinadas autónomas y autosuficientes, permacultura, complementariedad en vez de antagonismo …) más eficientes, podremos vivir mejor con menos (entender el decrecimiento como una oportunidad de mejora).La comparto plenamente y creo que es clave entender el cambio que estamos viviendo, el colapso del capitalismo global y de la civilización industrial, como un momento histórico muy abierto lleno de oportunidades (y, claro esta, riesgos que no se le escapan a nadie). Entre estas oportunidades, está no entender una reducción de la complejidad como algo negativo desde la perspectiva social y ambiental. Las sociedades permaculturales que describe Eduardo son menos complejas (según los indicadores que uso) y, claramente, más deseables y resilientes. Otros debates serían cómo poder aprovechar esas oportunidades y cómo hacer los tránsitos lo menos dolorosos posibles.
Luis González Reyes
Categories: General

Estamos en el Titanic, no en el Endurance

6 Octubre, 2017 - 10:58


Queridos lectores,

Carlos de Castro y Luis González Reyes han escrito sendos artículos en contestación al de Eduardo García Díaz de la semana pasada sobre el rol de la complejidad en el descenso. Les ofrezco en una primera entrega la réplica de Carlos de Castro, y en la segunda les ofreceré la de Luis González Reyes.


Salu2,
AMT


 Estamos en el Titanic, no en el Endurance Establezco una analogía que empleamos muchos aquí: La del Titanic. El barco es lo que llamaríamos nuestra Civilización Capitalista (productivista lo amplía más para incluir los casos de la URSS y Hitler al menos).

Una vez que chocó con el iceberg, el Titanic ya estaba perdido. A eso nos referimos los “deterministas del colapso”. Si no se está de acuerdo con esto, entonces no se está de acuerdo en el diagnóstico, definamos como definamos esas abstracciones que discutimos aquí. Si lo que se piensa es que nuestra civilización está divisando el iceberg, entonces el diagnóstico es diferente y el problema y sus soluciones son diferentes, si lo que se piensa es que hemos chocado pero se puede evitar tecnológicamente el hundimiento, el problema y sus soluciones son diferentes (y esto es básico dilucidarlo; en mi opinión, tratar de salvar el Titanic con energías renovables y agricultura ecológica solo, en realidad es utilizar los botes salvavidas como flotadores del Titanic). En estos últimos casos, podemos intentar salvar el Titanic y, por supuesto, a toda la gente que habita el Titanic. En el primer caso, no podemos (ni debemos), porque es una pérdida de recursos y de tiempo con el riesgo de que se ahoguen todos, intentar salvar el Titanic, pero sí podemos (y debemos) salvar al mayor número de personas posibles.

En el Titanic se pasó a los botes salvavidas, mucho menos complejos –los midamos como los midamos- que el mismo Titanic. Esto ha pasado siempre en cualquier hundimiento/colapso de civilización. Es más, dentro de cada bote salvavidas, la “sociedad” es menos compleja que en el mismo Titanic y la forma de vida más “simple”: todos a una a remar, salvar a otros, ir a otros barcos y poco más, no creo que nadie se pusiera a ligar, a hablar de fútbol o del independentismo escocés, daba igual que fueras tenista, cantante, monje o cocinero, las relaciones, ya en los botes, serían plenas de emociones, la proximidad de la muerte cambaría radicalmente a las personas y seguramente las haría más profundas, se iniciarían amistades impensables en la sociedad del Titanic, pero eso vendría justamente luego, quizás a partir de que subieran a los barcos de rescate (las nuevas civilizaciones). Pero, desde la consciencia de la inevitabilidad del hundimiento hasta los barcos de rescate, se estuvo en un estado de emergencia, caótico a veces. Lo relevante no fue ir alegres y cantando felices a los botes –algo que me parece a veces que pretenden los que me dicen que no se debe “alarmar” con “catastrofismos”, y que creo que en el fondo la diferencia radica en una diferencia en el diagnóstico-.

La “sociedad” del Titanic, no estaba preparada para salvarlo (aunque en teoría alguien hiciera dudosos cálculos técnicos sobre la flotabilidad del Titanic con botes salvavidas debajo), y ni siquiera fue eficaz a la hora de ir a los botes. Y con eso cuento y deberíamos contar, porque forma parte también de los “límites” (barreras sociológicas que saltar). La sociedad del Titanic no era una sociedad de permacultores, ni un congreso de monjes budistas, ni tampoco tan “sencilla” como la sociedad del Endurance (que sí fue capaz de ser mucho más eficaz a la hora de salvar a la gente). Ninguna sociedad puede salvar el Titanic, ni la que lo ha construido y habita en él, ni otra “externa”; así como tampoco una monja budista en el Titanic habría podido salvar a todos (además, no había botes para todos).

Durante la catástrofe humana que se nos viene lo más importante, lo único importante ahora, es qué hacer y cómo comportarnos para acceder a los botes, algo en lo que tiene más relevancia la moral y qué salvamos de ella en momentos críticos que cuestiones tecnológicas de a cuántos podemos apretar en cada bote sin hundirlo (aunque ambas se entrelazan: “todo se realimenta”). NUESTRA sociedad está sesgada –no hablo de un limitante biofísico, pero sí de un fuerte sesgo- hacia comportarse de la peor manera ante momentos críticos (recientemente les pasó a los alemanes en la época de Hitler y se vio en el Titanic): lo vemos por doquier en cada cuestión que vemos en estos primeros momentos tras el choque del Titanic: rescate a los bancos en vez de a las personas en la crisis del 2008, tensiones resueltas violentamente, sea con actos terroristas o con las respuestas estatales, fracking en medio del caos climático… seguro que todos podemos poner muchos ejemplos, todos ellos con un punto a destacar: ¿qué resiliencia ética y moral tiene ESTA sociedad? (y aquí soy particularmente optimista cuando la pregunta se cambia a ¿qué resiliencia ética y moral tiene el ser humano?).

En cuanto al meollo del artículo de Eduardo, creo que algunas ideas son pertinentes y pueden ayudarnos en el análisis del colapso, pero creo que confundimos algunas cosas cuando hablamos de determinismo termodinámico, metabolismo biológico o social etc.

Eduardo puede dar la impresión de que los "deterministas", termodinámicos o los que establecemos analogías con sistemas metabólicos complejos, pretendemos "determinar" las salidas del sistema de forma concreta y absoluta (y cuando nos atacan dialécticamente pareciera incluso que nos alegramos de la situación). En realidad lo que hacemos es poner límites, no pretendemos, creo, decir, que la ley de la conservación de la energía lo explica todo, sino que cualquier sistema: químico, biológico, sociológico o mental, debe cumplir esa ley. Supongo que aquí estamos todas de acuerdo. También estaremos de acuerdo en decir que el tiempo se agota en el sentido de que cada vez "determinan" más los límites biofísicos las posibles salidas (se van estrechando las elecciones).

Cuando yo afirmo con rotundidad que la pérdida de energía neta en el sistema humano se va a realimentar con otras pérdidas biofísicas y que éstas se van a realimentar con las barreras que imponen las inercias de la "complicación" social que hoy tenemos, y que esto hace inevitable el colapso y hace inevitable una pérdida de complejidad del sistema humano (la midamos como la midamos), mi afirmación es contundente y no veo nada de lo que argumenta Eduardo que la desmonte.

Por ir al grano con ejemplos: la permacultura es una forma social de no muy alto consumo exergético (pero sí de un alto consumo de recursos temporales y geográficos) que además requiere, pensamos, de una sociedad compleja, más compleja quizás que la que hoy tenemos si la medimos con los parámetros que Eduardo propone. Estoy de acuerdo con Eduardo.

Pero lo que afirmo también es que:

1º la permacultura no se puede extrapolar a 8000 millones de personas en este planeta y su “degradación” actual (y salvo una guerra atómica general o similar la “inercia” nos va a llevar temporalmente ahí y más), pero sí quizás a 1000 millones o quizás algunos más (recordemos: no hay botes salvavidas para todos porque se ha diseñado mal el Titanic), por tanto hay que visualizar como decrecer en población humana sin que eso nos lleve a una situación caótica, sea por vía de la permacultura o por cualquier otra, pero partiendo de ESTA sociedad.

Lo que seguramente pase es que la descomplicación del colapso capitalista conduzca a riesgos de tensión que hagan menos compleja ESTA sociedad en el paso a otra sociedad que queremos que sea más compleja con menos energía: por eso en parte necesitamos que sea más compleja que esta porque queremos que sea más eficaz que esta; les recuerdo que los sistemas competitivos son más simples e ineficaces que los coordinados/cooperativos, y a las pruebas de los metabolismos biológicos me remito, pero basta visualizar lo sencillo que es el correr 100 metros en pura competición frente al sistema competitivo/cooperativo del fútbol, mucho más complejo.

Si el capitalismo, con su sacrosanta competitividad, no ha colapsado hace siglos es porque los sapiens nos empeñamos en cooperar, aunque a base de siglos de "endoculturización" la gente se va transformando, y por eso, las barreras sociológicas han ido creciendo al tiempo que los límites biofísicos han ido descendiendo. En la época de los "realistas" -Goethe, Humboldt, Lamarck...- quizás hubieran estado mejor preparados si se hubieran encontrado con nuestros límites, pero hoy... deberíamos contar con la menos resiliente generación de la historia para enfrentar precisamente lo que se nos viene encima: ¿no somos un poco también "organismos" simples en busca del facebook para subir un selfie? Contemos con ello con com-pasión (y repito, esto no es catastrofismo, tengo un optimismo, de base científica y emocional, en la "naturaleza" humana, por pesimista que sea de ESTA cultura).

2º Como es muy difícil definir complejidad, tendemos a asociar al menos grandes saltos cualitativos con saltos cuantitativos (más es diferente que decimos precisamente los que no somos reduccionistas). Por tanto, sí es verdad que una sociedad de muy baja energía no puede ser más compleja que una sociedad de muy alta energía, aunque sea verdad que una sociedad compleja como la permacultura -que no olvida ciencia y tecnología "apropiadas"- no necesite tanta energía como otras más "complicadas" como la nuestra. Un camello puede usar menos energía que un caballo en el desierto, pero ambos usan mucha más energía que una medusa. Más es diferente, pero se requiere el más. El Amazonas es ecológicamente más complejo –en casi cualquier parámetro que tratemos de pensar para medirlo- que el ecosistema natural del Sahara (y, ojo, que Gaia necesita a los dos), y el Amazonas usa más recursos energéticos y materiales que el Sáhara (entendidos como ecosistemas de vivientes), de hecho, termodinámicamente hablando: un sistema complejo tiene más probabilidades de encontrar caminos de disipación energética (aumentar la entropía rápidamente) que uno más simple, pero si efectivamente lo hace, el sistema complejo “metaboliza” más energía que el más simple. Y al hacerlo, queda estabilizado y abierto a una mayor complejidad. Por supuesto, luego hay grados de eficacia en cada contexto (con igual complejidad que un bosquimal o un inuit yo en sus ecosistemas sería como organismo menos eficaz energéticamente que ellos, pero no hablamos de pasar de inuit a bosquimal, hablamos de pasar de caballo pura sangre a medusa, en el océano).

Pues bien, lo que no se acaba de comprender es que vamos relativamente rápido en términos históricos a una sociedad con un orden de magnitud menos de energía neta -entre otros problemas-, y ese salto cuantitativo es tan brusco, que hace inevitable, durante las próximas generaciones humanas, que la sociedad se descomplejice profundamente (aunque le podamos sacar partido a la menor complicación). Por lo tanto el debate sigue siendo cómo hacer el colapso/descomplicación/descomplejización de ESTA socieddad para que no nos lleve a los escenarios MAd-MAx que queremos evitar casi todos –sospecho que algunas élites no-. Que vamos a vivir –se están viviendo- escenarios dramáticos es un "determinismo" biofísico/social": sí,también hay límites temporales a lo que una sociedad puede cambiar desde su "estado" social, ese es, de hecho, lo que hace que Eduardo tenga razón, pero en el sentido contrario, cuando afirma que "la variable clave no es el límite biofísico sino la respuesta social a dicho límite". Nuestra respuesta social no se hace desde la permacultura porque a escala mundial, que es lo pertinente, no existe la sociedad permacultura, sino que existe la sociedad capitalista/modernista/tecnólatra, etc., mucho más limitada en lo que puede hacer con los límites biofísicos que lo que haría una sociedad “permacultura”.

No estamos en el estado final al que queremos llegar que lo tendría “solo” muy difícil para adaptarse con un simple "decrecimiento" y un cambio en el tipo de complejidad social para salvarlo, sino que estamos en un sistema muy complicado de "ineficiente" complejidad, que tiene que lidiar con su colapso. Por eso Naess y algunos que comparamos nuestra civilización con un sistema complejo y eficaz que ante un problema de límites biofísicos (Gaia) lo resuelve aumentando su eficacia y complejidad, sabemos que a ese sistema podemos aspirar a partir del siglo XXII, pero es imposible partiendo del sistema que tenemos en el siglo XXI.

Una vez más, estamos en el Titanic, no en el Endurance, la tarea no es decirle a la gente que podemos ir a tierra y vivir sin los peligros de morir ahogados para que la gente no se asuste, la tarea, ahora, es decir eso, junto con: ahora tenemos que ir a los botes salvavidas y va a ser durísimo porque sabemos que no hay botes salvavidas para todos y esto está lleno de gente de 1ª clase con "instinto" de privilegiados, hagámoslo lo mejor que podamos pensando especialmente en los de 3ª clase (un tema moral, claro).

Por tanto, la literatura que cita y critica Eduardo creo que sigue acertando con el mensaje, y los matices de Eduardo pueden sernos útiles para ir pensando también en el siglo XXII y venideros; de hecho es justamente lo que hago yo con mi "ambivalencia" de modelos "colapsistas" de corto plazo –este siglo- + las "éticas gaianas" para el corto y largo plazo.

Carlos de Castro
Categories: General

Menos puede ser más (complejidad).

29 Setembre, 2017 - 08:06


Queridos lectores,

Hace unas semanas participé en un acto en Sevilla, en un debate/mesa redonda en el marco del Congreso de Didáctica de las Ciencias que se celebró allá. Tuve el placer y el privilegio de conversar y debatir con Eduardo García Díaz, el cual me ofreció amablemente este largo ensayo sobre decrecimiento y complejidad que ya hace semanas que quería haber publicado en estas páginas. Estoy seguro de que este ensayo será muy interesante para mis lectores, particularmente para aquéllos que buscan visiones alternativas a las más pesimistas que a veces se prodigan por estos lares.

Salu2,

AMT


Menos puede ser más (complejidad). Una reflexión sobre la interacción entre decrecimiento y complejidad.

Eduardo García Díaz

Universidad de SevillaForo por Otra Escuela (Red IRES)Asociación Montequinto Ecológico-Ecologistas en Acciónjeduardo@us.es

En escritos, conferencias y debates sobre el tema del decrecimiento y/o el colapso, asociado a los límites biofísicos (agotamiento de los recursos, cambio climático), es frecuente encontrar la idea de que el decrecimiento supone una descomplejización (deseada y/o inevitable) del sistema social. Frente a esta perspectiva, proponemos utilizar la noción de complejidad sustentada en la obra de Edgar Morin, concepción que nos ayuda a entender que el decrecimiento no supone, inevitablemente, un decremento de la complejidad del sistema social.

El consenso sobre la descomplejización

En el pensamiento ecologista actual se asocia la crisis sistémica con el inicio de un proceso de decrecimiento, que podría llevar a un colapso civilizatorio (Fernández y González, 2014; Casal, 2016; Prats, Herrero y Torrego, 2016, Taibo, 2016). Simplificando mucho el tema, podríamos hablar de dos concepciones no excluyentes. Según la primera versión del decrecimiento, éste sería un objetivo social deseable para solucionar los graves problemas derivados de la crisis, poniendo el acento en que el decrecimiento es una opción social asociada a la concienciación de la ciudadanía en la necesidad de cambiar nuestra ética y nuestro estilo de vida. Según la segunda versión, el decrecimiento sería un hecho inevitable provocado por el choque de nuestra civilización con sus límites biofísicos, de forma que lo que cabe hacer es preparar a la población (incrementando su resiliencia) para que el colapso no sea caótico, sino ordenado y justo (Fernández y González, 2014; Casal, 2016; Prats, Herrero y Torrego, 2016; Taibo, 2016, Turiel, 2016).

A la idea de decrecimiento y/o colapso acompaña, con frecuencia, la idea de descomplejización social, bien entendida como un valor a desarrollar (concepción próxima a la obra de Latouche, 2007, 2009 y 2012), bien entendida también como algo necesario e inevitable (Fernández y González, 2014; Casal, 2016; Riechmann, 2016; Taibo, 2016). Descomplejizar significa aquí menor producción de bienes (descenso del PIB) y menor consumo, menos habitantes, menor grado de especialización profesional, desorganización de estructuras jerarquizadas, menor “conectividad” y menor transporte de materiales, menos ciencia y menos tecnología, etc. Como indica Taibo (2016), cinco verbos resumen el posible cambio asociado al choque con nuestros límites biofísicos: decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar y descomplejizar.

Estando de acuerdo en que vamos hacia un mundo de baja energía, con menos recursos en general, y con ecosistemas transformados por el cambio climático, en el que será difícil mantener la actual organización social y en el que se podría hablar de un colapso de la civilización industrial, no comparto, sin embargo, el argumento de que el decrecimiento determine siempre una descomplejización. A continuación aporto algunas ideas para abrir un debate sobre este tema.

PIB y gusanos de seda

Pensemos que el sistema capitalista es como una enorme oruga que come y crece sin parar. Pensemos que antes de morir, por agotamiento del alimento disponible, se transforma en una mariposa.

Evidentemente, tanto la oruga como la mariposa son dos sistemas complejos. Pero ¿cuál es más complejo? En mi opinión, la respuesta dependerá de qué variables utilicemos para definir un sistema como más o menos complejo. Si damos relevancia a variables cuantitativas del tipo del peso o el balance de calorías, la oruga será más compleja que la mariposa. Pero si nos fijamos en variable cualitativas como la capacidad de reproducirse, la mariposa sí la tiene pero la oruga no, y ésta sería por tanto menos compleja.

Es decir, el concepto de complejidad es relativo, no es lo mismo utilizar parámetros como el PIB o el número de habitantes (cuantitativos) que parámetros como el formato de organización social, es decir, el tipo de interacciones presentes (no son lo mismo las relaciones antagónicas que las de complementariedad), o el predominio de estructuras jerárquicas o de redes horizontales, parámetros que son cualitativos. Del mismo modo, no es igual hablar de complejidad del conocimiento, con indicadores como la acumulación de datos o el número de graduados, que hablar de conocimiento en relación con el formato organizativo de los sistemas de ideas.

¿Cuál es el problema? Pienso que convertir una determinada perspectiva de la complejidad de los sistemas en un axioma ignora la posible existencia de otras perspectivas, lo que lleva a un empobrecimiento del debate sobre las transiciones posibles en una situación de decrecimiento. Sobre todo, cuando en la literatura ecologista predominan ideas como las de Tainter (1996) que plantea una definición de complejidad que no compartimos (tema sobre el que volveré luego). En los argumentos que siguen, nos basaremos en el paradigma de la complejidad desarrollado por Edgar Morin (1986, 1987, 1988, 1992 y 1994), que describe el cambio de sistemas complejos abiertos en reorganización continua (en nuestro caso los eco-socio-sistemas) como un cambio en el que intervienen tres factores en interacción: materia, energía e información, interacción en la que ningún factor es predominante, de forma que el cambio se explicaría por una causalidad compleja (bucles, recursividad, auto-organizaciones, reorganizaciones) y no por relaciones causales lineales entre esos tres factores.

Podría pensarse que este es un debate académico. Pero creo que existe un riesgo para los movimientos de transición: si asumimos sin crítica determinados principios podríamos llegar a diagnósticos inadecuados y a promover prácticas desajustadas y poco adaptativas, asunto relevante si queremos incrementar la resiliencia de las poblaciones en un momento de crisis sistémica. Más aún, la insistencia del discurso ecologista en términos como colapso, declive, degradación, simplificación o regresión social, puede producir confusión y rechazo social si no se aclara bien el significado de dichos términos.

Axiomas discutibles

En una situación de decrecimiento es innegable que hay menos recursos energéticos y materiales. Pero esto no debe llevarnos a sobrevalorar las dimensiones materia y energía sobre la dimensión información (entendida aquí como organización). Ni tampoco a establecer relaciones de causalidad lineales.

Al respecto, se aprecia una aproximación determinista al tema del colapso civilizatorio cuando se dice que la complejidad de una sociedad es consecuencia de la cantidad de energía disponible (entre muchos otros, Fernández y González, 2014; Casal, 2016). En concreto, Casal mantiene, al hablar de los 12 axiomas que sostienen la idea de colapso civilizatorio (premisas que comparto en general) lo siguiente (axioma 4):

La complejidad de una sociedad (o de un modelo de civilización) depende de los flujos de energía de los que dispone: a más energía, es posible crear sociedades más complejas (p. 36) … Los niveles de complejidad del actual modelo de civilización, que denominamos industrial, no se pueden mantener  (pagina 37).

Y más adelante:

El decrecimiento es inevitable, hay que partir de esta premisa básica: a menos energía disponible, no hay crecimiento posible y las economías se contraen, cuando no colapsan hasta niveles más bajos de complejidad estructural (Tainter) (página 217).

Analicemos estas ideas. Parece clara la correlación entre energía y crecimiento: si tenemos menos energía tenemos menos crecimiento. Pero ¿no habría que matizar la premisa: menos crecimiento supone menos complejidad? ¿Por qué asociar la complejidad solo con el crecimiento (variable cuantitativa)? ¿El descenso de complejidad afectaría por igual a los distintos subsistemas (son subsistemas muy diferentes una burocracia estatal que una cooperativa local)? ¿Una organización de la producción de bienes según los criterios de la economía del bien común (Felber, 2015) es menos compleja que una economía orientada según los criterios convencionales como es el caso del  PIB? En último término ¿cualquier paso en un incremento de la complejidad es un paso hacia una decadencia futura? (axioma absolutamente generalizado en la literatura ecologista).

El argumento central de Tainter (1996) es que el cambio de complejidad en las sociedades se desarrolla según una curva tipo Campana de Gauss, de forma que, inevitablemente, a un aumento de complejidad sigue un decremento de la misma (ley de rendimientos decrecientes). El sistema se complejiza progresivamente (y gana en eficiencia) pero llega un momento en que su propia complejidad le lleva a la ineficiencia y la decadencia.

Como señalan Fernández y González (2014) hay abundantes datos que nos indican que la ley de rendimientos decrecientes se puede apreciar en la evolución de las sociedades dominadoras. Pero ¿es una ley universal aplicable a otros modelos sociales? Aquí hay un problema de atribución causal pues ¿la causa es la “complejidad” o hay otros factores intervinientes (entonces habría que hablar más de correlación que de causalidad)?

El problema es que Tainter ignora factores claves que explican la evolución de las instituciones sociales: éstas no son neutras, pueden estar al servicio del bien común de toda la sociedad (y servir para solucionar los problemas socio-ambientales) o responder a los intereses de grupos sociales concretos que ostentan en ese momento el poder; pueden regirse por criterios de antagonismo o por criterios de complementariedad y solidaridad. Y estos factores son determinantes a la hora de entender esa “inevitable” decadencia. En mi opinión, los mecanismos de control y autoperpetuación del sistema capitalista (o de la Roma Imperial o de otras sociedades basadas en el dominio y la explotación) no están fallando porque se ha llegado a un “techo” de complejidad institucional sino porque las contradicciones internas del sistema lo posibilitan. Cuando Tainter pone ejemplos de incremento de la complejidad burocrática y de los mecanismos de seguridad y control que llevan al colapso no nos dice algo esencial: que esa burocracia y esos mecanismos no están ahí para resolver el problema del ajuste de la actividad humana a la ecología planetaria sino que están ahí para autoperpetuar el dominio de las clases dirigentes.

Del mismo modo es discutible la afirmación de  Tainter (1996), en la que sostiene que las sociedades buscan las soluciones más prácticas y racionales a los problemas (por ejemplo, en el caso del imperio romano), soluciones que, sin embargo, no impiden la decadencia del sistema. Es decir, se plantea que las organizaciones sociales se crean para resolver problemas, pero que cuando se complejizan en exceso dejan de ser eficientes para dicha función. En este enunciado hay un asunto clave que habría que matizar, qué problemas eran los que se intentaban resolver: ¿los problemas relativos al bien común de toda la población o los problemas de autoperpetuación de la clase dominante? Tema importante, pues no es lo mismo emprender un camino de resolución de problemas bajo las condiciones de una sociedad basada en el antagonismo y la dominación que en otro modelo social basado en la complementariedad.

En último término, la aplicación de la ley de rendimientos decrecientes como axioma universal supone dudar de la posibilidad de organizaciones sociales con una mayor eficiencia energética capaces de mantener un cierto grado de complejidad en una situación de decrecimiento, tema de gran importancia al que dedicaremos un apartado de este texto.

También habría que matizar y relativizar otra idea: la jerarquización social y el aumento del trabajo especializado es un indicador de complejidad. Se considera que una estructura jerárquica y piramidal con multitud de “nichos profesionales” es una estructura muy compleja, más que un conjunto de redes horizontales interconectadas y autosuficientes. Es decir, la estratificación y la desigualdad social son “complejos”. Pero esta concepción choca con un concepto originado en la biología: la neotenia de los mamíferos (que mantienen durante mucho tiempo de su desarrollo las características de individuos inmaduros, lo que les da una gran plasticidad a la hora de adaptarse al medio). Este principio es esencial en los seres humanos: somos organismos generalistas y polivalentes, y esa es una característica básica de nuestra especie. Nuestra curiosidad innata por todo, nuestra tendencia a explorar e investigar, nuestra capacidad para utilizar recursos muy diversos, son rasgos de complejidad. Entonces ¿por qué decimos que la jerarquización y la hiperespecialización (y la sumisión y falta de autonomía consiguientes), y no la polivalencia de las personas, son indicadores de complejidad? ¿No estaremos asumiendo sin más los valores del sistema dominante al decidir qué es y qué no es complejo?

Igualmente hay que relativizar la idea de que con la conectividad también se cumple la ley del rendimiento decreciente. Se sostiene que, aunque inicialmente las redes son buenas (mayor eficiencia), llega un momento en el que las repercusiones de los fallos son susceptibles de propagarse fácilmente (si hay mucha dependencia entre los nudos de la red), de forma que cuanto más interrelacionadas están las redes, más tendencia tienen a transmitir los problemas. Por tanto: más complejidad significa más vulnerabilidad.

La clave está, de nuevo, en entender la complejidad como cantidad y no como calidad (por ejemplo, la autonomía de cada nudo de la red, el tipo de interacciones que se dan entre los mismos, los intereses que regulan el intercambio …). No es una ley universal que un incremento de la complejidad en la conectividad suponga inevitablemente un decremento posterior. El ejemplo más claro es el de los sistemas de ideas: como señala Morin (1992, 2001), una complejización progresiva de los sistemas de ideas tiene un efecto multiplicador y nunca resta. Hoy en día la ciberconectividad supone un despilfarro enorme de energía, pero ello no se debe a la “complejidad” del sistema sino a los contenidos que se potencian en función de un mayor control de los gustos y valores de la población. El grado de conectividad será más o menos resiliente no porque existan redes más o menos “complejas” sino en función del tipo de redes que organicemos (al respecto, todos los ejemplos que se ponen de perturbaciones que la red amplifica, se refieren a la lógica organizativa del sistema capitalista: una crisis financiera, un atentado terrorista, un ataque cibernético …).

Además, una sociedad en red no tiene que tener la lógica de un organismo pluricelular (que se toma como referente). En el organismo el intervalo de estabilidad es muy corto (su estado no puede alejarse mucho de un óptimo preestablecido). Más bien tendría la lógica organizativa ecosistémica, mucho más abierta, donde los procesos de reorganización son más relevantes que los de auto-organización (Morin, 1986, 1987). Como nos indica este autor, lo relevante es el factor cualitativo: lo que mejor define una red es el tipo de interacciones que la organizan.

En conclusión, no debemos considerar la ley del rendimientos decreciente como un axioma universal. Evidentemente, dicha ley nos sirve para entender, por ejemplo, la evolución de la burocracia administrativa, pero no sirve para explicar bien la evolución de un huerto en permacultura o los cambios en la organización de los sistemas de ideas. Aspectos que trataremos detenidamente luego.

En último término, estas cuestiones remiten a unos determinados modelos sobre las interacciones entre materia, energía y organización. El axioma central “menos energía es menos complejidad” ¿se sostiene desde el punto de vista de la termodinámica y de la ecología? ¿es discutible qué tipo de organizaciones sociales son viables dentro de los límites biofísicos, y cuáles de ellas pueden ser consideradas más o menos complejas que la sociedad industrial actual?

Nos dice la termodinámica que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma, y en esa transformación se degrada. De ahí podríamos pensar que si cada vez tenemos menos energía de calidad disponible (combustibles fósiles) inevitablemente eso debe llevar a una simplificación de la organización social. Pero si no queremos ser deterministas, tenemos que reconocer que así como la energía de calidad disponible condiciona la organización social tal organización también condiciona el uso de dicha energía. En otros términos, sería posible incluso un mayor grado de complejidad (no entendida como crecimiento) con menos energía si ésta se usa con mayor eficiencia. Desde esta perspectiva, la clave está tanto en la organización como en los recursos, pues los recursos no son el único motor evolutivo (si no queremos caer en una posición reduccionista).

Determinados sistemas complejos (los eco-socio-sistemas) sometidos a un flujo de energía presentan una interesante cualidad: aunque la energía se degrada deja una “huella” en forma de información (organización, en los términos de Morin). Es decir, el sistema se ordena de una determinada forma, de manera que, aunque la energía fluye (y pierde “calidad”), nos quedan estructuras que van a condicionar el uso posterior de ese flujo de energía. Como nos dice Margalef (1980):

La acumulación de información no es gratuita, pues significa cambios de energía y, por tanto, un aumento del valor de la función entropía. Pero la información conseguida, persistente en forma de estructura, puede orientar en uno u otro sentido el uso futuro de la energía, de manera tal que se puede juzgar más eficiente (p. 21).

Esta perspectiva se corresponde con un cambio esencial que se produce en la ecología del pasado siglo: la transición de una concepción de la biosfera como conjunto de relaciones causales lineales (mecanicismo), en las que los recursos determinan la organización de la vida, hacia una concepción interactiva, en la que también la organización viva influye sobre el biotopo (Levins y Lewontin, 1980; Margalef, 1980; McIntosh, 1985; Morin, 1987; Golley, 1993). Así, Margalef (1974) define en los años setenta (momento culminante de la revolución conceptual de la ecología) el ecosistema como un sistema de elementos vivos y no vivos implicados en un proceso dinámico e incesante de interacción, ajuste y regulación que supone la evolución a nivel de especies y la sucesión ecológica para la totalidad del sistema.

Dentro de esta óptica, Deléage (1993) nos dice que hay que evitar los “reduccionismos termodinámicos” al referirnos a sistemas como los ecosistemas o las sociedades humanas. No podemos explicar su complejidad solo como un balance de calorías (de hecho el concepto de metabolismo, tan utilizado en la literatura ecologista como metabolismo social, se origina y desarrolla en biología asociado al nivel de organismo y no al de la escala ecosociosistémica), pues se trata de sistemas abiertos en continua reorganización, sin un óptimo preestablecido (que es el caso de los organismos), que como entidades históricas han utilizado el flujo de energía para organizarse (acumulan información en forma de programas genéticos y culturales), organización que, a su vez, condiciona la circulación de materiales y el flujo de energía en nuestro planeta.

Desde esta perspectiva, no tiene sentido hablar de Campanas de Gauss, de cambios periódicos, y de ciclos sociales. No comparto, por tanto, la idea de colapsos civilizatorios asociados a ciclos históricos (tan presente en la literatura ecologista, basándose en los postulados de Tainter). Un modelo de cambio basado en ciclos y en espirales no explica adecuadamente la evolución de sistemas que están en continua reorganización (Morin, 1986 y 1987). Creo más apropiados los modelos que nos propone la ecología para entender la evolución de la biosfera. Así, Margalef (1974), cuando habla de la evolución de los ecosistemas, habla de cambio helicoidal (p. 738), con un componente “cíclico” y con otro, más determinante, irreversible, de carácter evolutivo (la “flecha del tiempo”). Al respecto, es contradictorio mantener al mismo tiempo (como por ejemplo hacen Fernández y González, 2014) que la historia es una sucesión cíclica pero que no vuelven a ocurrir los mismos hechos ni en el mismo orden, de forma que cada nueva etapa es única.

En un modelo de cambio cíclico tiene sentido hablar de crecimiento y decrecimiento de la complejidad social. Lo que ocurre es que en este caso solo se consideran determinadas variables (número de personas, cantidad de clases sociales, cantidad de roles sociales, cantidad de energía o de información utilizada, cantidad de organismos e instituciones, cantidad de conexiones, etc.,) y no otras, que sí explicarían un cambio helicoidal mucho más abierto e indeterminado (eficiencia energética, predominio de la complementariedad sobre el antagonismo, predominio de actividades cooperativas no competitivas, naturaleza de las interacciones que crean organización, etc.). Precisamente, el primer grupo de variables es el más utilizado por el pensamiento dominante al hablar de crecimiento y progreso, de ahí que sea importante que seamos críticos con su uso.

Este debate nos parece relevante de cara a la interpretación del colapso y de la transición (más bien revolución) hacia sistemas poscolapso. Si admitimos que:

  1. Con un determinado suministro de energía un sistema puede hacer cosas muy distintas según sea la información (organización) de ese sistema.


  1. Los procesos de cambio social no son cíclicos sino evolutivos (lo que supone que cualquier cambio debe ser interpretado en clave de transición a algo diferente y no de vuelta a situaciones precedentes).


Podemos concluir que aún teniendo menos energía, sería aún posible mantener un cierto grado de  complejidad en determinadas organizaciones sociales. La clave estaría en la eficiencia energética del sistema social (capacidad de conseguir unos determinados fines con el menor gasto energético).

De máquinas, familias y monocultivos: el debate de la eficiencia energética

En relación con el tema del decrecimiento/colapso hay un importante debate abierto sobre el papel de la eficiencia en la resolución de los actuales problemas socio-ambientales. Sobre todo ¿es un mito la importancia de la eficiencia? (como señalan, por ejemplo, Fernández y González, 2014). El dato más utilizado para indicar que el incremento de la eficiencia no es la solución al problema es la paradoja de que un incremento de la eficiencia relativa de una tecnología supone un decremento de la eficiencia absoluta del conjunto del sistema (paradoja de Jevons). Merece la pena analizar bien ese efecto “rebote” (mejoramos la eficiencia energética de las máquinas y ello lleva, sin embargo, a despilfarrar más energía y a la decadencia del sistema). Turiel (2011) comenta que:

… sin modificar otros factores resulta que se está dando un incentivo para consumir más de ese producto si su mayor consumo nos reporta una ventaja, ya que con la misma renta disponible podremos consumir más; peor aún, quien antes no podía acceder a este consumo por tener una renta insuficiente ahora podrá hacerlo … Se ha de entender, por tanto, que el repetido llamamiento a la mejora de la eficiencia es contraproducente si no está acompañado de otras medidas, porque en vez de dar un estímulo a consumir menos da un estímulo a consumir más.

La clave está es las frases sin modificar otros factores y si no está acompañado de otras medidas. Es decir, la “paradoja de Jevons” se da en una organización social basada en unos valores determinados (consumo despilfarrador en este caso), controlada en función de unos determinados intereses de clase (la obtención del máximo  beneficio), y no es, por tanto, un fenómeno universal y común a cualquier modelo social.

Por tanto, compartiendo la perspectiva de un mundo futuro de baja energía, creo matizable la idea del colapso inevitable por ineficiencia energética, pues en realidad en el sistema actual la mayor parte de la energía disponible se derrocha porque tiene un sentido económico hacerlo (Turiel, 2017). Al respecto, es muy relevante discutir el papel de la eficiencia energética en la transición poscapitalista.

La posición dominante en la literatura ecologista, asociada al paradigma “menos energía-menos complejidad”, es la creencia de que, aún siendo una variable importante, un incremento de la eficiencia no sería la clave de la transición (Fernández y González, 2014; Casal, 2016; Taibo, 2016).

Claro que, cuando se habla de incremento de la eficiencia, solo se menciona la tecnología, añadiendo siempre una crítica (que comparto) al optimismo tecnológico y a la tecnolatría. El problema es que este enfoque es reduccionista, al entender la eficiencia solo en el ámbito tecnológico y no relacionarla con la organización social en su conjunto. Si adoptamos esta segunda perspectiva (acorde con los planteamientos de Margalef o de Morin), tendríamos en la eficiencia un criterio básico para evaluar las alternativas posibles (según su grado de resiliencia). A continuación presento algunos ejemplos que ilustran esta tesis, y que suponen que determinados cambios en la organización social, en el sentido de incrementar su eficiencia energética, consiguen un mejor ajuste a un mundo de baja energía y significan, incluso, un aumento de la complejidad del sistema.

Comencemos por nuestra “unidad organizativa básica” ¿Es más compleja una organización social atomizada en familias o una organización social de redes de comunas autosuficientes coordinadas? ¿Cuál organización es más resiliente desde la perspectiva de la eficiencia energética? Pensemos un momento en el ahorro de energía que supone pasar de los usos domésticos actuales, centrados en la unidad familiar (multitud de electrodomésticos, horas dedicadas en cada casa al hogar y a los cuidados) a una organización comunal. Si hoy en día dedicamos un 20 % de la energía consumida por nuestra sociedad al uso doméstico ¿cuánta energía se ahorra cocinando para la comunidad en vez de para cada familia concreta? ¿o asumiendo los cuidados colectivamente? ¿o concentrando una actividad común en las zonas más frescas en verano y en las más calientes en invierno?.

Si, además, sustituimos el transporte horizontal despilfarrador por redes locales de producción-consumo, por redes informáticas de trabajo colaborativo y por medios de transporte más ecológicos (transporte colectivo, ir en bici, andar), tendríamos un gran ahorro energético (el transporte consume actualmente nada menos que el 40 % de la energía entrante). Del mismo modo, la creación de talleres locales orientados a producir aquellos bienes básicos que se consideren imprescindibles reducirían en gran medida ese 30 % de la energía actualmente utilizada en el sector secundario; y una reorganización radical del sector servicios supondría también un considerable ahorro de energía.

En relación con este último tema, hay que considerar el enorme gasto de energía que supone mantener y autoperpetuar el sistema capitalista mediante mecanismos de control de la población como son: las múltiples burocracias administrativas existentes, el complejo militar-industrial así como los distintos cuerpos de seguridad y jurídicos, todo el entramado financiero y comercial, los medios de comunicación y entretenimiento,  y el propio sistema educativo (pensemos en las horas de trabajo y en las calorías gastadas por incontables estudiantes a lo largo de una buena parte de su vida para ser preparados como ciudadanos obedientes y sumisos).

Es decir, una organización social basada en el antagonismo (competencia, explotación, egoísmo, individualismo) no solo es injusta sino que además es mucho menos resiliente en cuanto a eficiencia energética que una organización basada en la complementariedad (cooperación, simbiosis, altruismo, solidaridad …). Asunto que en el ámbito de la biología queda claro, tanto en el campo evolutivo (la complementariedad es el motor de los grandes saltos cualitativos como son el paso de la célula procariota a la eucariota o del organismo unicelular al pluricelular) como en el de la ecología (la complementariedad es la clave de la organización ecosistémica).

¿Y la alimentación y el sector primario? En parte de la literatura ecologista se suele describir la sociedad futura como una sociedad menos urbana y más centrada en la vida rural, con un modelo agrícola más simple, parecido al de la agricultura preindustrial. Estaríamos, por tanto, ante el típico caso de “descomplejización “ y de “retorno al pasado”. Pero ¿tenemos otras opciones?

Los datos actuales apuntan que tanto la agricultura industrial como la preindustrial presentan una menor eficiencia energética (mucho menos la industrial) que, por ejemplo, la permacultura (según la describe Holmgren, 2013). Al respecto, es relevante comparar el modelo de la agricultura industrial con el de la permacultura, a la hora de debatir sobre “complejidades”. Si atendemos a variables cuantitativas, como por ejemplo la cantidad de energía que requiere uno y otro modelo, la agricultura industrial presenta un mayor uso de energía, pues se basa en gran medida en el aporte de una gran cantidad de energía exosomática presente en los combustibles fósiles (energía para extraer y distribuir el agua, para la maquinaria agrícola, para la producción de abonos y plaguicidas, etc.).

Evidentemente un agroecosistema industrial es eficaz (cumple con el objetivo de producir muchos alimentos) pero no es eficiente (lo hace con un gran gasto energético). Es decir, utilizando otra variable cuantitativa como es la Tasa de Retorno Energético (la relación entre las unidades de energía obtenidas respecto a las unidades utilizadas para obtenerla) las tasas de la agricultura  industrial, próximas a 1, son muy inferiores a las de la permacultura (más de 20, de forma que con 1000 metros cuadrados de bancales profundos y “bosque de alimentos” damos de comer a cuatro personas). Es decir, la permacultura es mucho más eficiente en el uso de la energía y por tanto es un modelo mucho más resiliente (Rodríguez-Marín, Fernández-Arroyo y García, 2015). Pero la comparación de ambos modelo no acaba en el tema de la TRE.

Analicemos un sistema social que adoptara los principios de la permacultura (como modelo agrícola, como diseño del territorio y como modelo de organización social): alta eficiencia energética, ahorro de agua y de nutrientes, desarrollo de un suelo vivo y complejo, alta biodiversidad, potenciación de la complementariedad entre las especies implicadas en la producción agrícola, mayor desarrollo del transporte vertical de materiales que del horizontal, mejor ajuste a los ciclos biogeoquímicos y al flujo de la energía, diseño territorial en mosaico (red de ecosistemas complementarios interconectados), sustitución de la dieta carnívora por la vegetariana (al eliminar un paso en la “pirámide trófica humana” ahorramos muchísima energía y disminuimos además las emisiones de metano y el calentamiento global), organización social basada en la complementariedad (cooperación, altruismo, solidaridad …) y no en el antagonismo.

Una organización social con estas características, basadas esencialmente en una alta eficiencia energética, la complementariedad y el respeto por la biodiversidad, claramente es más resiliente que un modelo agrícola industrial, centrado en el monocultivo (disminución radical de la biodiversidad), el transporte horizontal de materiales y el despilfarro de recursos (desajuste en relación con los ciclos y flujos naturales), y la destrucción del ecosistema suelo (que se simplifica quedando reducido a un mero soporte). Después de la comparación ¿cuál de los dos sistemas pensamos que es más complejo? Asumiendo la idea de Homer-Dixon (2006) de asociar colapso civilizatorio con TRE, si la permacultura presenta una alta eficiencia energética ¿no sería una alternativa “compleja” básica para disminuir las consecuencias negativas del decrecimiento e incluso evitar el colapso?

Esta misma argumentación podemos trasladarla al ámbito de los idearios colectivos y de los sistemas de ideas.

¿Simplificación del conocimiento? ¿Qué ciencia? ¿Qué educación?

¿Es más complejo el sistema educativo predominante, jerarquizado, centralizado, centrado en la creación de burocracias crecientes y en la acumulación de información de baja calidad, el desarrollo de la dependencia, y el pensamiento único (monocultivo del pensamiento) que un sistema educativo basado en un conocimiento bien organizado (al modo de Morin, 2001), la autonomía, la creatividad, la diversidad, la polivalencia y el espíritu crítico? En definitiva ¿es más complejo un pensamiento simplificador, reduccionista, mecanicista o mítico, que ayuda a perpetuar el sistema capitalista,  que un pensamiento basado en la adopción de distintas perspectivas, la concepción sistémica del mundo, la causalidad entendida como interacción y la capacitación de la ciudadanía para resolver problemas?

Como hemos visto anteriormente, al hablar de la ley de rendimiento decreciente, hay que evitar un uso universal de dicha ley, en concreto, su aplicación sin más al ámbito del conocimiento. La idea de Tainter de una ciencia y tecnología cada vez más “complejas”, que terminan por detraer más recursos que los que generan, podría aplicarse a la burocracia científico-técnica actual (insistimos, dirigida a la autoperpetuación del sistema capitalista y no al bien común) pero no a la ciencia como forma de conocimiento. Como ya se indicó más arriba, una complejización progresiva de los sistemas de ideas tiene un efecto multiplicador y nunca resta (Morin, 1992 y 2001). Y aclararnos en este punto es importante: una sociedad que apueste por una complejización del conocimiento tendrá muchas más opciones de supervivencia que otra que vuelva a posiciones culturales anteriores más “simples” (neoarcaismo).

En el caso del conocimiento es muy discutible la asociación entre crecimiento (más aulas, más gente escolarizada, más aparato burocrático, más recursos) y complejidad. La psicología de la educación actual nos muestra que la cantidad no es la variable determinante, sino la manera como se organiza la información. La calidad nos da una mejor medida de la complejidad (Morin, 1988, 1992 y 2001). La mente de una persona puede adquirir muchos datos, pero si esos datos no se integran en un sistema de  ideas bien organizado, no sirven para resolver problemas, y por tanto tenemos menor resiliencia.

Sin embargo, con frecuencia encontramos en la literatura ecologista la asociación cantidad-complejidad aplicada al tema del conocimiento. Un ejemplo paradigmático de este enfoque aparece en el texto de Fernández y González (p. 187), donde entienden, por ejemplo, la complejidad social creciente como incremento de titulados universitarios. Desde la perspectiva que adopto, mayor complejidad sería conseguir mentes bien ordenadas en el sentido de Morin (2001); incremento de complejidad, éste último, que requiere de mucha menos energía que la producción de titulados repletos de información de “baja calidad”, pues solo hay que pensar en los miles de horas (y de calorías) dedicados por cada estudiante a lo largo de todo el sistema educativo para adquirir muy pocos aprendizajes significativos y relevantes. Un sistema de ideas con una alta organización interna sería más complejo (y más resiliente y más barato desde el punto de vista energético) que un sistema con muchos conocimientos, atomizado, compartimentado y vinculado a la sumisión de la población  (García, 2004a y 2004b).

Por tanto, la discusión sobre un sistema sostenible de resolución de problemas (Tainter, 1996) no debe centrarse solo en el tema económico (costes) sino también en el tema organizativo. Educar a toda la población (y no a un sector hiperespecializado) en una complejización del conocimiento y en el desarrollo de una actitud investigadora (creativa, crítica), supondría un salto cualitativo en la resolución de problemas para una sociedad no basada en la dominación.

Del mismo modo, encontramos en la literatura ecologista una cierta mitificación de los conocimientos propios de los saberes tradicionales y del sentido común. Se sobrevalora la simplicidad y se promueve la recuperación y/o utilización de otras formas de conocimiento, en muchos casos conocimientos míticos.

Desde la perspectiva de la resiliencia y de la eficiencia energética el debate de fondo es qué papel damos a las distintas formas de conocimiento en una sociedad “poscolapso”. Al respecto, aparece con frecuencia la idea de que la ciencia y la tecnología serían irrelevantes en una sociedad descomplejizada. Independientemente del tema de qué ciencia hablamos (no es lo mismo hablar de la ciencia mecanicista del siglo XIX que de la ciencia relativista, indeterminista y compleja que aparece en el siglo XX) la pregunta es ¿otras formas de conocimiento (conocimiento mítico, conocimiento cotidiano) nos aseguran una mejor adaptación en situación de decrecimiento?

En mi opinión, es esencial recuperar el pensamiento científico y el saber organizado como instrumento de resolución de nuestros problemas actuales, y recuperarlo para toda la población (aquí es fundamental una educación científica de calidad). Partir de cero y reinventar lo que ya se sabe es un enfoque que no ayuda a nuestra supervivencia en la medida que supone un despilfarro de horas de trabajo y de energía. Ya sabemos, por ejemplo, que ahorramos mucha más energía sacando un cubo de agua de un pozo con una manivela, un torno y una polea, que tirando sin más de una cuerda ¿por qué adquirir de nuevo ese conocimiento por ensayo-error? También sabemos qué plantas de cultivo son complementarias con otras plantas o qué especies son más resistentes a las plagas ¿debemos poner en peligro la seguridad alimentaria de la población probando una y otra vez hasta volver a descubrir lo ya descubierto?

Evidentemente, no nos vale cualquier ciencia ni cualquier tecnología. La apuesta es por una ciencia y una tecnología que respete, al menos, estos principios básicos: la búsqueda de una mayor eficiencia energética (ahorro de energía), asociada al uso de energías renovables, el ajuste a los ciclos materiales (predominio del transporte vertical-local sobre el horizontal y cierre de estos ciclos) y el acomodo a los ritmos del planeta (Mediavilla, 2016).

Además, todos y todas debemos aproximarnos a los problemas socio-ambientales de forma similar a como lo hace la ciencia, desarrollando un ideario colectivo más “complejo” basado en el aprendizaje significativo, la investigación de problemas, la creatividad, el espíritu crítico, el pensamiento complejo (al modo de Edgar Morin), el conocimiento científico y el trabajo cooperativo, pues de esta forma incrementaríamos nuestra resiliencia (y la complejidad del sistema). En concreto proponemos, en el marco de esta aproximación a la complejidad, una revalorización del papel de la ciencia y de la tecnología adaptadas a una sociedad en decrecimiento, pues dar preeminencia al conocimiento cotidiano y a las concepciones míticas supone disminuir la resiliencia de la población a la hora de enfrentar problemas como el cambio climático o el agotamiento de los recursos.

Educar en y para el decrecimiento

Con frecuencia encontramos en las publicaciones y en los foros de debate ecologistas una idea recurrente: hay que concienciar y educar a la población para que ésta reaccione ante el reto del choque con nuestros límites biofísicos. Al respecto, y considerando los argumentos aportados en este ensayo, sería indispensable contar con un programa de actuación que tenga en cuenta dos elementos básicos.

En primer lugar, es necesario un debate sobre la pertinencia, como referente adecuado para los movimientos de transición, del concepto de sostenibilidad, sobre todo por ser una noción omnipresente en todos los procesos educativos y de concienciación ciudadana.

¿Cuál es la potencialidad real del concepto como agente transformador del sistema? Es cierto que la noción de sostenibilidad ha tenido un claro éxito en el discurso (tanto en el institucional como en el de los movimientos sociales), pero también lo es que ha tenido poco éxito como instrumento de cambio social, de forma que desde su aparición, en los años 80, apenas ha cambiado el modelo del crecimiento ilimitado (el incremento del PIB sigue siendo el paradigma dominante), sigue el despilfarro creciente de los recursos (frente a la idea de ahorro propia de la sostenibilidad), continua el incremento de los residuos contaminantes (con el consiguiente cambio climático y la inacción institucional ante este hecho) y el aumento de la desigualdad (en este aspecto es donde estamos cada vez más lejos de las propuestas de la sostenibilidad relativas a satisfacer las necesidades de toda la población).

¿Por qué ha tenido tan poca operatividad práctica? Evidentemente es difícil cambiar el sistema, y somos conscientes de las dificultades existentes. Pero creemos también que la noción de sostenibilidad ha pecado de ambigüedad, pues dentro de la idea de desarrollo sostenible cabe casi todo, al no pronunciarse con claridad por un cambio de las reglas del juego (se propone una reforma, sin un cuestionamiento global de la organización política y socioeconómica dominante). Resulta más fácil, y políticamente “más correcto”, identificar el sentido del cambio con “ir hacia el desarrollo sostenible” o “mejorar el mundo dentro del capitalismo”, que decir, por ejemplo, que hay que acabar con el capitalismo sin más. Un primer punto débil del modelo estaría, pues, en su dimensión política.

Además, no debemos olvidar el contexto histórico en el que se origina el concepto: es una concesión del capitalismo “bondadoso” (el del estado del bienestar de los años sesenta y setenta) a los movimientos sociales justo antes del triunfo arrollador del neoliberalismo y del capitalismo de la acumulación por desposesión (desde los años ochenta y hasta el momento actual). Este giro hacia un capitalismo salvaje, propio del neoliberalismo y de la globalización económica, deja sin margen de maniobra al modelo del desarrollo sostenible: queda entonces claro que dentro de estas nuevas coordenadas resulta muy difícil reformar el sistema (al respecto, es patente la incapacidad de las alternativas socialdemócratas, a las que asocio en gran medida la idea de sostenibilidad, para contrarrestar las tesis neoliberales). Son coordenadas en las que no tiene sentido hablar de “sostener” nuestra actual forma de vida en un contexto de cambio climático y agotamiento de la energía fósil (el decrecimiento ya está aquí) y con unas clases dirigentes dedicadas a la acumulación de los recursos menguantes (incluso con una violencia creciente) y sin ningún interés redistributivo.

De hecho, el discurso de la sostenibilidad, al ignorar el decrecimiento y el muy probable colapso del sistema capitalista, puede servir para enmascarar la cruda realidad en la que estamos, ofreciendo una falsa esperanza a al población sobre la posibilidad de reforma del sistema. En este contexto, pensamos que habría que plantear no tanto una educación para el desarrollo sostenible como una educación en y para el decrecimiento, es decir, debemos pensar en educar a las personas para adaptarse a un mundo con menos recursos y que esa adaptación no sea caótica sino ordenada y justa. Adaptación que supone primar, sobre todo, la construcción de modelos de organización social que optimicen el uso de los recursos menguantes, en la perspectiva de considerar el decrecimiento no como una “vuelta al pasado” sino como una oportunidad para el cambio social hacia una sociedad mejor (Latouche, 2012). En este marco, la concienciación y la educación de la ciudadanía no podría limitarse a la organización de campañas de persuasión, sino que habría que educar a las personas en la acción, creando redes que imbriquen el sistema educativo con las luchas de los movimientos sociales y con las experiencias locales propias de los movimientos de transición.

En segundo lugar, hay otro factor clave en el cambio del ideario colectivo: la superación de las barreras mentales que los sistemas de control social han creado en la mayoría de la población.

Parece claro que cualquier intervención educativa debe ajustarse a las características de los aprendices. De ahí, que resulte imprescindible conocer bien qué barreras u obstáculos, presentes en el conocimiento cotidiano, pueden dificultar un cambio de mentalidad de la población en relación con su mejor adaptación a una situación de decrecimiento. Claramente tenemos a una población socializada en la ideología neoliberal, una población alienada, que desconoce los riesgos asociados al choque de nuestra civilización industrial con los límites biofísicos, que mitifica la innovación tecnológica (que nos salvará siempre), que rechaza aquellos argumentos que provocan desasosiego e incertidumbre, o que acepta resignadamente un destino que considera inevitable (fatalismo, conformismo). Conviene analizar estos obstáculos, y buscar aquellas estrategias más adecuadas para superarlos.

Dos obstáculos fundamentales para el cambio son el negacionismo y el conformismo. Al respecto, hay dos mecanismos psicológicos que influyen: por una parte, cuando comparamos y evaluamos dos tipos de argumentos tendemos a aceptar mejor aquellos que nos crean menos desasosiego (disonancia cognitiva), sobre todo si dichos argumentos tranquilizadores son más abundantes y repetitivos (propaganda) aunque sean menos racionales. Por otra, si comprobamos en nuestra experiencia cotidiana que hagamos lo que hagamos siempre perdemos y nunca llegamos a controlar nuestra situación (lo que en psicología llamamos indefensión aprendida) nos volvemos fatalistas y conformistas y desconfiamos de nuestra capacidad de controlar el mundo (no merece la pena hacer nada).

Para superar estas barreras, y tal como hemos analizado anteriormente, habría que evitar un discurso basado en las ideas de catástrofe o de regresión. Precisamente el miedo puede servir tanto para provocar una reacción (y comprender un riesgo que no se veía como inmediato) como para inclinar la balanza, en el caso de la disonancia cognitiva, hacia los argumentos más tranquilizadores (esto no es verdad pues los ecologistas son unos catastrofistas, las nuevas tecnologías solucionarán el problema, ya inventarán algo que evitará el colapso …). Creo que en este caso lo emotivo juega en nuestra contra, y que lo que debemos hacer es apelar a la razón, aportando datos rigurosos y serios que ayuden a inclinar la balanza hacia la aceptación del decrecimiento y, sobre todo, aportando argumentos que den seguridad y tranquilidad y que den confianza en nuestra capacidad para cambiar las cosas; argumentos basados en la idea de que la variable clave no es el límite biofísico sino la respuesta social a dicho límite, de forma que adoptando determinadas modalidades de organización social (redes comunitarias coordinadas autónomas y autosuficientes, permacultura, complementariedad en vez de antagonismo …) más eficientes, podremos vivir mejor con menos (entender el decrecimiento como una oportunidad de mejora).

Y en esta lucha por racionalizar y complejizar nuestra percepción de los problemas del mundo es clave la revalorización de la ciencia. Como hemos apuntado más arriba, no podemos permitirnos renunciar a un conocimiento organizado que la humanidad ha ido construyendo en el tiempo y que es un instrumento imprescindible para solucionar problemas. Evidentemente rechazamos la instrumentalización de la ciencia por parte del capitalismo y creemos que habría que complementar las aportaciones de la ciencia  con las de otras formas de conocimiento, pero dado que no estamos en un debate de salón, sino ante una cuestión de supervivencia, cualquier hipótesis, cualquier propuesta de acción, deberá ser sometida siempre a una evaluación crítica, a la negociación de las “verdades” argumentada con evidencias empíricas, sin asumir dogmáticamente determinados postulados que podrían suponer nuestra extinción.  

Referencias

Casal Lodeiro, M. (2016). La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Madrid: La Oveja Roja.Deléage, J. P.  (1993). Historia de la ecología. La ciencia del hombre y de la naturaleza. Barcelona: Icaria. Felber, C. (2015). La economía del bien común. Barcelona: Deusto.Fernández, R. y González, L. (2014). En la espiral de la energía. Madrid: Libros en Acción. Baladre. García, E. (2004a). Educación Ambiental, Constructivismo y Complejidad: una propuesta integradora. Sevilla: Díada.García, E. (2004b). Los contenidos de la educación ambiental: una reflexión desde la perspectiva de la complejidad. Investigación en la Escuela, 53, 31-52.Golley, F. B. (1993). A History of the Ecosystem Concept in Ecology: More than the Sum of the Parts. New Haven and London: Yale University Press.Holmgren, D. (2013). Permacultura: principios y senderos más allá de la sustentabilidad. Argentina: Kaicron.Homer-Dixon, T. (2006). The upside of down: catastrophe, creativity and thereneval of civilization. Toronto: Alfered A Knopf, Canada/ Random House of Canada Limited.Latouche, S. (2007). Sobrevivir al desarrollo. Barcelona: Icaria Editorial.Latouche, S. (2009). Pequeño tratado del decrecimiento sereno. Barcelona: Icaria Editorial.Latouche, S. (2012). La sociedad de la abundancia frugal. Barcelona: Icaria Editorial.Levins, R.  y Lewontin, R. (1980). Dialectics and reductionism in ecology. Synthèse, 43, 47-78.Margalef, R. (1974). Ecología. Barcelona: Omega.Margalef, R. (1980). La biosfera, entre la termodinámica y el juego. Barcelona: Omega.McIntosh, R.P. (1985). The background of ecology. Cambridge: Cambridge University Press.Mediavilla, M. (2016). La tecnología que nos va a salvar, la tecnología que nos puede transformar. En Prats, S., Herrero, Y. y Torrego, A. La Gran Encrucijada. Barcelona: Libros en Acción /Icaria.Morin, E. (1986). El Método I: La Naturaleza de la Naturaleza. Madrid: Cátedra.Morin, E. (1987). El Método II: La Vida De la Vida. Madrid: Cátedra.Morin, E. (1988). El Método III: El Conocimiento del Conocimiento. Madrid: Cátedra.Morin, E. (1992). El Método IV: las ideas. Su hábitat, su vida, sus costumbres, su organización. Madrid: Cátedra.Morin, E. (1994). Introducción al Pensamiento Complejo. Barcelona: Gedisa.Morin, E. (2001). La mente bien ordenada. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento. Barcelona: Seix Barral.Prats, S., Herrero, Y. y Torrego, A. (2016). La Gran Encrucijada. Barcelona: Libros en Acción /Icaria.Riechmann, J. (2016) ¿Derrotó el smartphone al movimiento ecologista? Para una crítica del mesianismo tecnológico. Madrid: Los Libros de la Catarata.Rodríguez-Marín, F.; Fernández-Arroyo, J. y García, E. (2015). El huerto escolar ecológico como herramienta para la educación en y para el decrecimiento. Investigación en la Escuela, 86, 35-48.Taibo, C. (2016). El colapso. Madrid: Los Libros de la Catarata.Tainter, J. A. (1996). Complexity, problem solving and sustainable societies. En  Getting down to earth: practical applications of ecological economics, Island Press (http://www.dieoff.com/page134.htm) (Traducción de Pedro Prieto). Turiel (2011). Por qué se despilfarra tanto. http://crashoil.blogspot.com.es/2011/09/por-que-se-despilfarra-tanto.htmlTuriel, A. (2016). El temor al colapso. http://crashoil.blogspot.com.es/2016/07/el-temor-al-colapso.htmlTuriel, A. (2017). De hormigas y hombres. http://crashoil.blogspot.com.es/2017/05/de-hormigas-y-hombres.html
Categories: General

Modelo para recortar/Model per retallar

21 Setembre, 2017 - 17:56
Plaça de l'Ajuntament de Figueres, 20 de septiembre de 2017, 19:56

Queridos lectores,

Quería dedicar ésta y las próximas semanas a discutir toda suerte de temas centrados en la energía y en la educación, con varias contribuciones ajenas destacadas, pero la vorágine de las últimas horas en Cataluña me ha hecho desviarme de mi plan inicial. Querría ser capaz de aislarme del tumulto que me rodea y centrarme en los temas específicos de los que versa este blog, pero la degeneración de la situación en el lugar donde vivo y trabajo hace muy difícil mantener la cabeza serena; incluso, ponerse a discutir los temas menos locales y más trascendentes de los que nos solemos ocupar en esta esquinita de internet podría ser interpretado como una cierta frivolidad o, peor aún, voluntad de ninguneo de la agitación social que llega a todos los ámbitos de la vida cotidiana; pero, ¿cómo ignorar el eco de las sirenas de los coches policiales que ayer retumbaron incluso a través de las paredes de mi laboratorio?

Haré un breve resumen (obviamente personalmente sesgado pues resulta imposible de evitar tal sesgo) acerca de qué pasa y, más importante, de cómo hemos llegado hasta aquí. Creo que tal resumen es importante no sólo para mis lectores de allende nuestras fronteras, sino que quizá puede llegar a ser útil también para aquéllos de mis compatriotas que pudiera ser el caso que hayan perdido perspectiva de las cosas que han ido pasando durante estos años.

Ayer se plasmó de manera dolorosa la diferente concepción de lo que es un proceso político para el Govern de Catalunya y para el Gobierno de España: durante largas horas la Guardia Civil registró numerosas dependencias de la Generalitat de Catalunya y detuvo a catorce personas, la mayoría de las cuales eran altos cargos de la administración catalana. Como reacción a lo que consideran un atropello, miles de ciudadanos de Cataluña se lanzaron a las calles a protestar (mi instituto se quedó medio vacío), de manera mayoritariamente pacífica, delante de los lugares donde se estaban produciendo los registros y las detenciones. La razón de esta medida de tanta fuerza fue la orden del juez que investiga la comisión de delitos asociados a la preparación del referéndum convocado para el domingo 1 de octubre por la Generalitat al amparo de una ley aprobada por el Parlament de Catalunya, ley recurrida por el Gobierno de España delante del Tribunal Constitucional y que ahora mismo está suspendida. Basándose en esa suspensión cautelar, el Gobierno de España considera delictiva la convocatoria del referéndum, y ha dado instrucciones a la Fiscalía General y a los cuerpos policiales españoles para que tomen las medidas adecuadas para evitar ese referéndum, al tiempo que se ha querellado contra todo el Govern y unas cuantas personas más. Durante las últimas semanas se ha producido un goteo de registros y requisa de material propagandístico y de papeletas, que hasta ahora fue tomado a risa por el sector independentista de la ciudadanía, hasta que se produjeron el asalto a las dependencias de la Generalitat y las detenciones de ayer. Para el Govern de la Generalitat, ayer se traspasaron muchas líneas rojas, que le han servido para demostrar qué pueden esperar de una negociación con el Estado español.

¿Cómo se ha pasado del vodevil de los últimos años al drama actual? Y, más importante aún, ¿se puede evitar que el drama acabe en tragedia? No puedo entrar a resumir todo lo que ha pasado hasta ahora: el lector interesado en profundizar más sobre esto puede leer mi primera entrada sobre el puzzle catalán, de hace 5 años, cuando la olla independentista comenzaba a  hervir; o la que escribí hace 4 años (con una segunda entrada analizando la viabilidad económica de un nuevo estado desde el punto de vista del capital internacional), o la última, que data de hace 3 años (cuando se produjo la consulta alegal del 9N), aunque el tema de Cataluña sale una y otra vez en este blog, dado el interés que tiene para mi por ser el lugar donde vivo y también por ser un problema de primer orden en España. Déjenme que escoja una serie de hechos de todos esos posts que he mencionado más arriba para situar someramente la discusión actual, sin entrar en más detalles aquí.

Por un lado, sabemos que Convergència Democràtica de Catalunya, el partido conservador que ha gobernado la Generalitat durante casi tres décadas  (no seguidas), ha ido derivando hacia posturas cada vez más independentistas con el curso de los años. Es cierto que en un principio esta deriva fue una excusa para hacerse perdonar por los recortes sociales que implacablemente aplicó aquí, con verdadero convencimiento, la propia Convergència. Maniobra que ciertamente dió sus frutos, pues con la cada vez mayor deriva soberanista el rechazo por los recortes al estado del bienestar y también a los tremendos escándalos de corrupción de este partido han pasado a un segundo plano. Pero no es menos cierto que el soporte electoral de Convergència (ahora redenominado Partit Demòcrata Europeu Català, PDeCat, cambio de nombre que justamente se produjo para escapar de algunos de los escándalos de corrupción más graves y que afectaban a su cúpula y a la estructura misma del partido) se ha ido degradando y que en unas eventuales elecciones autonómicas sufriría una caída histórica. En su huida hacia adelante, los líderes de Convergència aka PDeCat se enrollaron en la bandera catalana y abrieron una caja de los truenos que llevaba muchos años cerrada y que ahora no pueden volver a clausurar. El ascenso de Carles Puigdemont, independentista convencido, a la presidencia de la Generalitat, aupado con los votos de los otros dos partidos independentistas, ERC y CUP, ha llevado al escenario actual de confrontación abierta con el Estado español, reclamando para la Generalitat una legitimidad de Estado soberano que justamente es lo que se tendría que discutir vía referéndum. Sin embargo, la coalición gobernante en la Generalitat, formada por el PDCat y ERC, ha tenido demasiada prisa por sacar adelante su proyecto de independencia porque sabían que la ciudadanía independentista no admitiría de grado una nueva dilación de plazos tras siete años de agitación popular continua, y porque además las encuestas muestran que el retroceso electoral que sufriría el PDCat pondría en cuestión la actual  hegemonía independentista en el Parlament. Básicamente, así lo comprendieron, era ahora o nunca y se han decidido por un ahora atropellado, lleno de errores de bulto, manipulaciones groseras y falta de respeto a los procedimientos que han hecho las delicias de sus oponentes.

Por el otro lado, tenemos a un Gobierno español regido por el conservador Partido Popular (PP), con Mariano Rajoy al frente, urgido también por sus muchas necesidades. Pues durante los últimos años se han destapado numerosísimos casos de corrupción que afectan a prácticamente toda su cúpula y que comprometen incluso el sistema de financiación del propio partido (situación muy análoga a la de Convergència). Además, la lenta pero progresiva degradación de su base electoral, unida a la actual fragmentación del parlamento español con la irrupción de fuerzas políticas de nuevo cuño, llevaron a una repetición de elecciones primero y a muy feas maniobras para evitar una segunda repetición electoral, incluyendo un tumultoso proceso dentro del progresista y opositor PSOE, que primero defenestró a su líder Pedro Sánchez para facilitar la constitución de un gobierno del PP por medio de la abstención, pero que luego se vio obligado a restaurar a Sánchez en su cargo por el apoyo indiscutible de las bases. En este momento el PP gobierna sin mayoría en el Parlamento español y con el otro gran partido, el PSOE, en una posición tibiamente hostil (ciertamente tibia, pues le está dando un apoyo "crítico" en su manera de encarar el desafío soberanista en Cataluña). Delante del que posiblemente sea el mayor reto institucional de España desde la restauración de la democracia hace 40 años, la actitud del Gobierno del PP ha sido la de dejar que sean los tribunales los que se encarguen de parar el proceso independentista, ya que obviamente la independencia de Cataluña no es legal de acuerdo con las leyes españolas. El problema es que los procedimientos judiciales, en un sistema garantista como el español, son en general demasiado lentos, y en todo caso muy lentos para detener lo que el Gobierno no quiere consentir de ningún modo, que es que llegue a producirse la votación el 1 de octubre que pudiera en cierta manera legitimar a los independentistas. Por ese motivo, a través de la Fiscalía y de instrucciones a los cuerpos de seguridad, el PP ha pretendido acelerar algunos procesos, llegando a las detenciones preventivas de ayer, muy discutibles desde un punto de vista legal. Pero no tiene muchos otros recursos: en repetidas ocasiones se ha dicho que el Gobierno de España podría aplicar el artículo 155 de la Constitución española, que permite suspender total o parcialmente una autonomía española, pero aunque el PP controla el Senado y podría hacerlo, se arriesgaría a sufrir una moción de censura en el Congreso (gracias a mi padre por la corrección). Así las cosas, el Gobierno de España prepara el desembarco de 4000 policías nacionales en Cataluña en los próximos días, con el cometido probable de intentar evitar físicamente que se produzca la votación y eventualmente detener a todo el Govern el día 2 de octubre (no antes, para evitar espolear a que más gente vaya a las urnas).

Hay una cosa un tanto extraña, visto desde una perspectiva europea, en este conflicto institucional, y es la falta de diálogo entre los partidos independentistas catalanes y los partidos españoles. Después de las múltiples demostraciones de fuerza en la calle durante los últimos cinco años y de los resultados en las últimas elecciones autonómicas en septiembre de 2015, en las que los partidos independentistas se presentaron con un programa explícito a favor de la independencia, es evidente que en la actualidad el independentismo catalán tiene un soporte social muy amplio, sin duda por encima del 40% de la población. Sin entrar en la discusión de si el independentismo es mayoritario o no en Cataluña, en cualquier otro país con mayor tradición democrática un porcentaje tan abultado y constatado de apoyo a esa causa forzaría a que se abriera un diálogo entre las dos partes, diálogo que concluiría con la celebración de un referéndum organizado y amparado por el Estado español, como así ha sucedido en tantos otros lugares. Un referéndum libre y transparente, en que las dos opciones podrían ser defendidas con amplitud y claridad. A fin de cuentas, desde el punto de vista de un demócrata no tendría demasiado sentido forzar a los habitantes de un territorio a pertenecer a un país si mayoritariamente no lo desean, pues en la concepción moderna de lo que debe ser un país es una asociación libre por el mutuo interés, no algo inmutable sino, por el contrario, algo negociable y revisable. Además, como demuestra la experiencia de otros países, si se discuten las cosas con serenidad lo más probable es que en tal referéndum el no a la independencia hubiera ganado, porque en todo el mundo occidental la población tiende a ser conservadora en sus elecciones y preferir la estabilidad de un status quo funcional que les garantiza pan y seguridad a una aventura de incierto futuro.

Sin embargo, en España existe aún una minoritaria pero masiva percepción esencialista que impide cualquier aproximación moderna y racional al problema, un esencialismo labrado tras largas décadas de dictadura y adoctrinamiento, y que ha conseguido pervivir, casi inconscientemente, y que es sustentado ahora por muchos que no vivieron esa dictadura. Un esencialismo según la cual España es una idea superior y trascendente que está por encima de las ideas y de las vidas de sus individuos: es el viejo adagio franquista de "España es una unidad de destino en lo universal". Una concepción trascendente de España es comparable con un sentimiento religioso exaltado, que no admite ni enmiendas ni discusión. A un fanático religioso no se le puede plantear la celebración de un referéndum para decidir si Dios existe o no; "¡Qué tontería!" - te diría - "Es obvio que Dios existe". Del mismo modo, al esencialista español no se le puede plantear la celebración de un referéndum para decidir la independencia de Cataluña, "¡Qué tontería! Si Cataluña es España". Desde esa perspectiva esencialista española, si fuera cierto que existiera una amplia mayoría de catalanes que quisiera la independencia de Cataluña sólo podría ser porque han sido abducidos, engañados o se les ha lavado el cerebro, con una actitud paternalista que considera a los otros equivocados porque uno conoce la verdad máxima, la cualidad trascendente de España, que no puede ser cuestionada y es la verdad siempre. Llevada al extremo, hay quien en un arrebato considera que, en vez de sentarse y dialogar para entender los argumentos del otro, considera que lo que tendría más sentido es echar a los catalanes al mar o incluso destruir Barcelona con un misil, cualquier cosa antes que aceptar que Cataluña y sus gentes simplemente siguieran su rumbo como un país diferente, cualquier cosa antes de aceptar que la actual configuración de España no es una verdad indiscutible sino una construcción humana y por tanto provisional y revisable. En vez de querer construir un espacio común de encuentro donde todos los que quieran se sientan incluidos, el esencialismo español se considera legitimado para imponer su verdad por la fuerza si ello fuera preciso. Y el problema aquí es que el PP (y una parte del PSOE) se arropa en el esencialismo español, igual que Convergència lo hace con la bandera catalana y con igual motivo de hacerse perdonar sus muchos pecados. Y al igual que a Convergència, es una estrategia que al PP le ha funcionado bien, incluso se podría decir que mejor que a sus homólogos catalanes.

Por supuesto la posición ultranacionalista que representa el esencialismo español no es fácilmente homologable al nivel de las democracias europeas, y para salvar la cara se usa un discurso poco inteligible con unos esquemas bastante rígidos para justificar su negativa a negociar con los independentistas catalanes. Desde el Gobierno de España se habla repetidamente de respetar la ley, pero sin tener en cuenta que lo que está en discusión no es la legalidad sino la legitimidad; y si bien los partidos independentistas catalanes no están legitimados para saltarse todas las leyes españolas a la torera y a su conveniencia, tampoco están los partidos españoles legitimados a ignorar la amplia base social que en Cataluña reclama un cambio de status quo, en un debate que podía y debía ser tratado desde las instancias españolas en vez de ser ninguneado. La clásica argumentación de que si lo que pretenden los catalanes es cambiar la Constitución española lo que deben hacer es conseguir el apoyo de una mayoría de dos tercios de las cámaras españolas es completamente tramposo y torticero, pues la población de Cataluña no representa dos tercios de la de España y desde el punto de vista de España la independencia de Cataluña no es interesante, confrontando de nuevo la legitimidad que es del pueblo español con la legitimidad que quiere ser del pueblo catalán. Dar vueltas sobre la legalidad española es absurdo e inútil porque la cuestión de fondo es si se debe considerar al pueblo catalán sujeto legítimo de derecho del modo que lo es el español, y sólo desde la grandeza de miras y un verdadero convencimiento democrático podrían los legítimos representantes del pueblo español aceptar discutir la eventual legitimidad de los representantes del pueblo catalán. Un pueblo catalán que por supuesto es diverso y en el que una parte importante del mismo no querría tal independencia y que también debe ser oído y respetado, como oído y respetado debe ser quien sí lo desea. Y al final de una larga negociación, encontrar una fórmula adecuada para dirimir el conflicto. Pero nada de eso está sobre la mesa, uno y otro bando sólo usa argumentos repetidos y cíclicos que usan la legalidad preferida como si fuera la vara de todo medir, ignorando cualquier legitimidad que no sea la propia.

El desastre que inevitablemente sobrevendrá el 2 de octubre abrirá un nuevo capítulo de este conflicto de legitimidades no reconocidas disfrazado de conflicto de legalidades. La frustración de un 2 de octubre que no se parecerá a lo que hubieran deseado, no por la falta de apoyo a la independencia sino por la imposición forzada de la españolidad, dejará profundas marcas en el independentismo catalán. Un independentismo que, con el devenir de los años, podría acabar incubando un esencialismo catalán parejo al español, esencialismo que por más que se empeñen en denunciar es todavía inexistente a una escala digna de ser apreciado, pero que eventualmente puede acabar sobreviniendo. Un esencialismo catalán que puede, como un agujero negro, ir absorbiendo razones y sumiendo a sus víctimas en el mismo tipo de negro no-razonamiento que demuestran quienes son presas del esencialismo español, que sólo busca la aniquilación del disidente. Y es que por desgracia la radicalidad es un pozo del que resulta muy difícil salir.

Yo hace años que vivo aquí, y he aprendido a amar a esta gente y a esta cultura que generosamente me  acogió. Veo con inmensa preocupación la lenta pero inexorable deriva hacia la radicalidad de familiares y de gente a los que llamo amigos y a los que quiero, a ambos lados de la frontera. Estos días de mierda en los que ahora estamos sumidos nos llevan a razonamientos de mierda y a discusiones de mierda de donde, lógicamente, sólo podemos salir cubiertos de mierda. Me comentaba hoy mismo un compañero que ha tenido que salirse de 4 grupos de whatsapp porque ya no lo soportaba. Los que no somos de aquí pero vivimos aquí teniendo muchos vínculos allá recibimos muchos mensajes de gente a la que parecería que ya no conocemos, en las que al final nos reprochan nuestra falta de adhesión a una de las dos causas.

¿Qué espacio nos queda a los de la equidistancia imposible, a los que no queremos vernos envueltos en ningún esencialismo irracional, a los que creemos que hay otros muchos problemas de mucho calado que necesitan ser abordados? ¿Con qué ley seremos juzgados los que no queremos la independencia de Cataluña pero comprendemos a aquéllos que sí la desean? ¿Qué veredicto merecemos los que pensamos que el estado español es profundamente corrupto y decadente, y necesita reformas urgentes que no han querido ser abordadas en tantas décadas por culpa tanto de los dirigentes españoles como de los catalanes? ¿Qué pena se nos reserva a los que amamos a gente que se odia por su defensa encarnizada de entes abstractos?

Una vez más, nuestra dificultad para reconocer el colapso nos lleva a él de manera irremediable. Mientras los que dicen dirigirnos se abocan a una lucha terrible que las masas convencidas jalean, se acerca una nueva recesión económica, los problemas de disponibilidad de recursos están a la vuelta de la esquina, la degradación ambiental no puede esperar más a ser tratada y comienzan a sonar, aún poco audibles, los tambores para las próximas guerras por los recursos. Hablar de todo ello en este momento se considera una frivolidad, una distracción, cuando la verdadera distracción es esta lucha fratricida mientras se nos echa encima la oscura noche.


Salu2,
AMT
Categories: General

Sucedió en el Parlament

12 Setembre, 2017 - 08:04


Queridos lectores,

Durante la última semana, España ha vivido un choque institucional sin precedentes. Lo que muchos creían que nunca llegaría a ocurrir, al final ha ocurrido. No me entretendré con los detalles: los lectores que viven en España los conocen probablemente hasta el hastío, y para los que viven fuera baste decir que la mayoría parlamentaria independentista en el Parlament de Catalunya ha conseguido aprobar las leyes para convocar el referéndum el 1 de octubre y la eventual creación de una república catalana. Por supuesto que estas leyes se atribuyen a sí mismas un rango superior a las españolas, cosa que obviamente las instituciones españolas no pueden aceptar, con lo que el choque institucional y de legitimidades es intenso en este momento.

Al margen del devenir de este nuevo capítulo de la deriva soberanista catalana (el cual obviamente acabará sin la proclamación de la república catalana en este momento, pero también de manera obvia incrementará la presión independentista de cara al futuro), en medio de este maremágnum se ha producido un episodio insólito y de gran significado: en nombre de la Candidatura d'Unitat Popular, CUP (movimiento autodeclarado anticapitalista e independentista, que da apoyo a la mayoría gobernante en Cataluña), el diputado Sergi Saladié (que es profesor universitario cuando no está en el Parlament) presentó una interpelación sobre el decrecimiento al vicepresidente y responsable de economía de la Generalitat, Sr. Oriol Junqueras, a la sazón presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, ERC. Es la primera vez que una moción de cualquier tipo en ese sentido se discute en un parlamento nacional en España, y por ello mismo se trata de un evento importantísimo.

Contexto

La presentación de esta interpelación motivó una entrevista a Sergi Saladié que Manuel Casal publicó en 15/15\15 (de donde sin pudor he tomado prestada la "estelada decrecentista" que abre este post). La entrevista ya es bastante elocuente sobre las propias disensiones y divergencias dentro de la CUP, que deja claro que el sacar adelante esta interpelación viene más del empeño de Sergi y de algunas personas que le apoyan que de un sentimiento mayoritario en la CUP. Con todo, marca un gran e importante precedente. Como también lo marca la respuesta que Oriol Junqueras le da a la dicha interpelación.

Conviene recordar que ERC es un partido que conoce bien lo que es el peak oil y los límites del crecimiento: su anterior presidente, Joan Puigcercós, habló abiertamente del tema en alguna ocasión y notablemente en un programa de la televisión autonómica, y en esta legislatura la portavoz de ERC, Marta Rovira, hizo mención explícita al peak oil durante el fallido debate de investidura de Artur Mas. Así que resulta especialmente oportuno analizar la discusión que se establece entre Sergi Saladié y Oriol Junqueras a raíz de esta interpelación. Les hago un resumen de la misma antes de analizar los aspectos más destacados.

La interpelación y sus réplicas

Sergi Saladié pone la interpelación (ver vídeo) en el contexto del proceso constituyente de la nueva república, explica que por decrecimiento se entiende un proceso ordenado de reducción de actividad y consumo, y que de acuerdo con muchos indicadores ya estamos en un proceso de decrecimiento, pero no ordenado. Menciona que los recursos son limitados y que la capacidad de absorción de residuos también es limitada, mientras que el capitalismo alimenta el mito del crecimiento infinito. Explica que la huella ecológica de Cataluña es de 6,7 veces mayor que su territorio y que para ello se apropia de los recursos de otros países. Más tarde recuerda que la propia Agencia Internacional de la Energía reconoció el peak oil del crudo convencional en 2010, y que desde entonces se han propuesto muchas falsas soluciones a este problema, introduciendo nuevos hidrocarburos líquidos de baja calidad y alto coste, lo que ha llevado a la ruina a muchas empresas, y que ahora mismo las compañías petroleras están desinvirtiendo de manera salvaje. Y que además lo mismo pasa o pasará pronto con carbón, uranio y gas. Añade que algunos economistas llevan tiempo avisando que estos cenits nos llevan a una crisis económica indefinida (menciona a James Hamilton). Acaba pidiendo una reflexión para hacer frente a estas realidades.

Contesta Oriol Junqueras (ver vídeo). Comienza su intervención agradeciendo la oportunidad de hablar de estos temas en el Parlament (como si alguien se lo hubiera impedido hasta entonces, por otro lado). A continuación, discute sobre qué significa decrecimiento, si en general o si respecto al punto de vista económico, y dice que respecto al uso de recursos naturales seguramente está muy de acuerdo con Saladié (dejando implícito que por la parte económica no lo están) e incidiendo en que la solución es la mejora en la eficiencia y mejor uso de los recursos para disminuir su uso. Después habla de lo que significa decrecimiento económico y dice que sobre eso no están tan de acuerdo, ya que el crecimiento es importante para crear empleo y para sostener fiscalmente el estado del bienestar, y que por eso el crecimiento económico es un objetivo destacado. Después, se va a los buenos datos económicos actuales de Cataluña (como si eso demostrara algo respecto a lo que se discute). Con respecto a la huella ecológica, se pierde en una revisión histórica de qué población ha soportado Cataluña, sin duda malinterpretando el término al centrarse en la cantidad de tierras agrícolas necesitadas, y que eso también ha llevado a la catalana a ser una economía abierta. Según Junqueras, el desarrollo tecnológico ha posibilitado acceder a recursos que de otro modo se considerarían agotados, y por eso, el peak oil es un punto cuya ubicación temporal es un tanto difusa pues depende de la tecnología y del precio, y la rivalidad de diversas formas de producción lo hace más difuso todavía, todo ello sin negar que el problema de la sostenibilidad es muy serio. Después se va por una discusión sobre los incrementos de productividad de la economía catalana, mejor que la de los países del entorno, aunque eso no le quita importancia a la necesidad de disminuir el uso de recursos, aunque aquí de nuevo vuelve a confiar en la mejora tecnología. Finalmente, acaba con una breve discusión sobre la evolución del concepto de propiedad en el contexto del capitalismo y su evolución histórica, que promete desarrollar en su contrarréplica.

Replica Sergi Saladié (ver vídeo). Recuerda el estudio de los límites del crecimiento y cómo éste anticipa un colapso a mediados del siglo XXI si no se reacciona. Recuerda que el colapso conocido de las 26 civilizaciones anteriores a la nuestra, citando el libro de Jared Diamond. Según explica, en los cinco casos que Jared Diamond comenta en su libro "Colapso", el colapso se suele producir por una combinación de degradación ambiental y de escasez de recursos, y que, a diferencia de lo que ha pasado históricamente, en este caso estaríamos a punto de enfrentarnos a un colapso a escala global, por lo que sería importante incrementar la resiliencia del territorio. Justamente por eso, comenta, serían necesarios unos cambios radicales, en energía, urbanismo, alimentación y, mas importante aún, en valores sociales, y que este cambio es además urgente y sería comparable al establecimiento de una economía de guerra puesto que, de hecho, estamos en una guerra contra nuestra propia extinción. Justifica la oportunidad de introducir este debate ahora dado el momento ilusionante de la construcción de la nueva república, y por tanto qué mejor ocasión para plantear la cuestión del decrecimiento, puesto que es muy importante y no una excentricidad. Finaliza preguntando si el Govern contempla o ha contemplado medidas para favorecer la soberanía alimentaria y energética.

La réplica final le corresponde a Junqueras (ver vídeo). Contesta, dice, desde la perspectiva del Departamento de Economía y Hacienda, y afirma que cuanto más alta sea la productividad de los factores de producción más sostenible es esta producción, y que la clave es la tecnología. Recuerda que Cataluña tiene recursos donde tiene limitaciones (enfatiza el caso del agua pero sabe que hay otros) y que es necesario actuar. Acepta que ha habido colapsos de civilizaciones (él dice "sistemas económicos") muy completos, pero pone el acento en la cuestión ambiental, centrándose solamente en el cambio climático. Dice que su actuación se centra en favorecer la producción de productos de alto valor añadido, lo que, según Junqueras, da más resiliencia; y recuerda que en Cataluña se ha aprobado una ley del cambio climático. Pero recuerda también que el problema del cambio climático excede los límites de Cataluña. Concluye afirmando que se queda a la espera de las propuestas de la moción concreta que seguirá a esta interpelación, con medidas específicas en los ámbitos de energía, alimentación, agua, etc, que seguramente podrán ser incorporadas legislativamente.

Análisis del debate
 

La intervención de Sergi Saladié es muy centrada y da bastantes datos, a pesar del escaso tiempo disponible para discutir algo tan importante. La contextualización es completamente correcta, y quizá lo único que le habría faltado, por buscarle una pega, sería centrarlo más específicamente en las consecuencias negativas que comportarían para Cataluña la típica respuesta continuista y las falsas soluciones que propone Junqueras.

Me detendré mucho más a analizar las respuestas de Oriol Junqueras, por supuesto, por un doble motivo: primero, porque representa al Govern y particularmente en su cartera económica, pero segundo, porque Oriol Junqueras es una persona inteligente, bien formada y que milita en un partido de izquierdas que, además, es muy consciente de estos problemas como comentamos más arriba. Por tanto, resulta especialmente interesante comprender los argumentos que usa Junqueras para, básicamente, seguir sin hacer nada; en suma, quiero comprender cuáles son los asideros mentales que está usando para aliviar el peso de su conciencia y no caer en las consecuencias lógicas de lo que estamos hablando. Y quiero identificar esos asideros para poder destruirlos y hacerle más difícil evadirse de su responsabilidad la próxima vez.

El primer argumento de Junqueras es un error lógico de la máxima categoría. Afirmar que el crecimiento económico es necesario para la creación de empleo y la sostenibilidad fiscal del estado del bienestar es una tautología, en tanto que uno añada una necesaria coletilla "en el contexto de nuestras democracias liberales capitalistas". Sin entrar a la cuestión de si ésa es el mejor o único tipo de organización social, el argumento de Junqueras es completamente ocioso: lo que plantea Saladié es que será físicamente imposible continuar con el crecimiento, da igual si eso nos gusta o no, si nos conviene o no nos conviene. En ese contexto, decir que necesitamos el crecimiento si queremos tener empleo, estado del bienestar y, en suma, paz social, es reconocer que no hacer frente a la imposibilidad física de volver a crecer implica que deberíamos de cambiar nuestra organización social porque si no tendremos tasas de desempleo enormes, se hundiría el estado del bienestar y, en suma, caeríamos en el conflicto social abierto.

Junqueras, naturalmente, es perfectamente consciente de este non sequitur  (que para él sea necesario el crecimiento no implica que pueda asegurar que habrá crecimiento) y para eso recurre al argumento principal y recurrente de todo su razonamiento: el tecnooptimismo (mejor sería denominarlo "tecnofé") en diversas variantes. Antes de entrar en la discusión de los diversos argumentos tecnooptimistas que usa Junqueras, convendría hacer una consideración de carácter general. Delante de un problema de la gravedad del que se está discutiendo (gravedad aceptada y reconocida en este caso por el señor Junqueras), el peso central de su réplica es que no podemos descartar que el progreso tecnológico mejore la situación. Es decir, que la cosa está complicada pero con un poco de suerte la tecnología nos salvará. Convendrá el Sr. Junqueras que tal actitud es completamente irresponsable e inaceptable en la gestión pública, porque si efectivamente se produce el milagro pues todo va bien, pero como no se produzca se nos aboca al desastre. Por ello mismo, resulta mucho más prudente y aceptable desde el punto de vista de la responsabilidad de los gestores ser mucho más conservador, contar con aquello que de momento se tiene y adaptar las políticas y estrategias a eso; y si posteriormente se producen avances rupturistas será en aquel momento que se podrán relajar adecuadamente las políticas. En suma, es una variante del principio de precaución, tantas veces invocado y otras tantas ignorado cuando se habla del cambio climático. No es sorprendente, como en el caso del cambio climático, que se eluda aplicar el principio de precaución por no poner en riesgo el BAU, puesto que la único que realmente le importa a los responsables políticos es el crecimiento económico por el crecimiento económico, a pesar de que éste está tocado de muerte, si no definitivamente muerto.

La primera referencia a la tecnología que hace Junqueras tiene que ver con la mejora en eficiencia en los procesos productivos y es una loa más o menos clara a la desmaterialización de la economía. Parece creer Junqueras que uno puede reducir la base material y energética de la economía, al tiempo que crece el PIB. Tal suposición es una falacia desmentida tanto por la Historia como por los análisis econométricos: el 70% del crecimiento del PIB responde al uso de la energía, y los tan cacareados ejemplos de mejora de intensidad energética muestran justamente lo contrario de lo que se pretende demostrar, y es que la economía no se desmaterializa en absoluto (quizá a Junqueras le vendría bien leer las actas del encuentro del físico finito con el economista exponencial). En todo caso, al señor Junqueras le convendría revisar las bases teóricas y conceptuales en las que basa su discurso, porque se está tragando como un bendito enormes falacias completamente desmentidas por los datos reales.

En la misma línea, parece creer Junqueras, sin llegar a decir explícitamente a qué se refiere, que la tecnología da acceso a nuevos recursos antes desdeñados. El único ejemplo a gran escala de ese pretendido cambio en los últimos años corresponde a la explotación del petróleo de fracking en los EE.UU., un negocio que, como Saladié le explica en su primera intervención, está llevando a muchas empresas a la ruina y cuya viabilidad es imposible, no siendo una cuestión de precio. Se ve que Junqueras ha aceptado el discurso infantil y simplista de tantos expertos despistados y no comprende que la dinámica del precio en una situación de escasez como la actual es la de la alta volatilidad y de los ciclos de destrucción de oferta y demanda conocidos como "la espiral". Resulta tristemente patético que Junqueras vea la cuestión del peak oil como una cuestión de precios, y que éstos responde actualmente a una dinámica de rivalidad, aceptando la explicación repetida en la prensa salmón española de que todo está en una lucha de precios entre la OPEP y los EE.UU., con el fracking como punta de lanza. Resultaría muy conveniente que el señor Junqueras ampliara su abanico de lecturas e hiciera caso a lo que le explica Sergi Saladié en su primera intervención, quien le comenta que la enorme caída de la inversión del conjunto mundial de las empresas petroleras, por tal de evitar la bancarrota, está llevando a una caída escalofriante de la inversión en nuevos yacimientos que nos condena a sufrir un nuevo pico de precios del petróleo, probablemente antes del fin de 2018, como alertaba el banco HSBC en diciembre de 2016 o la propia Agencia Internacional de la Energía en marzo de este mismo año, aunque ya se indicaba en el informe anual de 2016 (referencias de más enjundia y más acreditadas que las que debe leer Junqueras o sus asesores).

Por otro lado, el Sr. Junqueras cree que si la economía catalana se centra en sectores de mayor valor añadido deviene, de manera natural, más resiliente, cuando es justamente todo lo contrario: los productos de mayor valor añadido son los de mayor complejidad tecnológica, mientras que los servicios de mayor valor añadido son los del sector cuaternario (servicios a servicios, destacando, por su alto valor añadido, los del sector financiero). Ambos sectores son tremendamente vulnerables a los problemas de escasez de recursos: el tecnológico, porque dependen de materiales escasos que necesitan una gran cantidad de energía para su producción; y el sector de servicios, porque su pujanza está condicionada por la disponibilidad de renta de las clases medias (el caso más evidente es el del turismo, principal sector económico de Cataluña) pero ésta está en compromiso por culpa de la imparable devaluación interna que causa la escasez de recursos y la caída de amplios estratos de la población en La Gran Exclusión. De hecho, esa focalización de la economía catalana lo que la vuelve es más frágil, que es lo contrario de ser más resiliente, pero como el Sr. Junqueras está deslumbrado por la buena evolución actual de la economía catalana es incapaz de ver el muro que tiene en frente. Las continuas loas a la mejora tecnológica y la mayor eficiencia en el uso de recursos ignora, recurrentemente, tanto la paradoja de Jevons como que la tecnología no es energía, e implica que el Sr. Junqueras tiene una paupérrima comprensión de cuál ha sido el impulsor real de las pasadas revoluciones industriales.

Por terminar, vale la pena comentar que el tema del cambio climático es también tratado con excesiva ligereza por parte del vicepresident del Govern de la Generalitat. Dada la urgencia del desafío y la gravedad del mismo, es poco aceptable la dilución de la propia responsabilidad del la que hace gala cuando comenta que es un problema que excede el ámbito de Cataluña (si todos los países dijeran lo mismo nadie haría nada). Por otro lado, el cambio climático es sólo uno más de los problemas ambientales a los que hacemos frente; existen muchos otros, generalmente de ámbito completamente local y muchos de ellos que suceden en Cataluña, sobre los que se tendría que actuar y que no se hace absolutamente nada. 


Conclusión:

Las respuestas del Sr. Junqueras a la interpelación del Sr. Saladié han sido realmente pobres y no están mínimamente a la altura de una persona de su formación y experiencia. Si el vicepresident realmente cree en los argumentos que ha dado, es su obligación informarse mejor, particularmente sobre lo que está pasando con la energía a escala mundial y ser capaz de leer otros textos que no las banalidades infundadas que publica la prensa local. Y si realmente se da cuenta de que las cosas no son de esa manera, tiene que entender que ya no queda tiempo para contemporizar con tal de caerle bien al poder económico; estamos ya en la era de las consecuencias y cada mes, cada semana e incluso cada día que perdemos nos aboca a un cambio de consecuencias desastrosas, y la responsabilidad sobre lo que pueda suceder recae especialmente sobre él, puesto que él comprendía y sabía de qué se estaba hablando. Si el año que viene entramos en una nueva oleada recesiva global y Cataluña la encara en peores condiciones de lo que podría será por su culpa principalmente.

Pero la discusión sobre el decrecimiento, crucial en el momento que nos encontramos, ha quedado completamente eclipsada en medio del torbellino informativo que ha supuesto la tensa y caótica aprobación de las leyes catalanas del referéndum y la desconexión. Pues tal y como comentábamos, los conflictos del día a día nos impiden ver y comprender el proceso que seguimos, hasta hacernos incapaces de reconocer el colapso.

Salu2,
AMT
Categories: General

Vidas low cost

29 Agost, 2017 - 07:56

Queridos lectores,

Hace ahora poco más de diez días la sociedad catalana y la española quedaron conmocionadas por el atentado cometido por un fanático, armado con una simple furgoneta, en plenas Ramblas de Barcelona. Un chico muy joven entró en la zona peatonal de la concurrida calle turística de la Ciudad Condal y atropelló a más de un centenar de personas, dejando malheridas a varias decenas y matando a 14 de ellas. Después, se dio a la fuga, robando un coche (previo asesinato de su conductor) y consiguió escapar del cerco que prácticamente de inmediato cayó sobre Barcelona. Pocas horas después, unos compañeros suyos intentaron sembrar el terror en el paseo marítimo de Cambrils pero fueron interceptados letalmente por la policía autonómica catalana, los Mossos d'Esquadra, aunque tuvieron la ocasión de matar a otra persona más. Cuatro días más tarde, los Mossos consiguieron dar con el conductor de la furgoneta en un pueblo al sur de Barcelona y lo abatieron. 

Durante esos cuatro días, las pesquisas policiales fueron frenéticas, y gracias a ellas la policía fue capaz de averiguar muy rápidamente que una célula radical, formada por una decena de jóvenes comandada por un imam fanatizado, eran los responsables de los atentados. Casi todos los participantes de esa célula están ahora muertos, y quedan un par de detenidos, a partir de los cuales se intentará reconstruir todos los pasos que dieron los implicados durante los meses y años precedentes al momento de los atentados. Sin embargo, hay un escaso interés en comprender las causas finales (más allá de asumir una maldad sin límites en estas personas) que les llevaron a cometer estas atrocidades, con un absoluto desprecio no sólo a las vidas ajenas sino incluso a las suyas propias.

Se puede caer en el simplismo de creer que todo es debido al perverso proceso de lavado de cerebro y fanatización al que les sometió el imam radical, pero eso implicaría ignorar un hecho fundamental: no todo el mundo es susceptible de abrazar una visión tan radical y con tal desprecio a la vida humana; los más de dos millones de musulmanes que viven en España, obviamente, ni comparten ni aceptan las atrocidades cometidas por estos energúmenos que dicen ampararse en una visión peculiar y muy sectaria del islam. Para que estos jóvenes fueran proclives a aceptar la visión maniquea y radical con la que el imam les hizo mirar el mundo que les rodea era preciso que ellos mismos fueran gente desarraigada, con poco futuro dentro de nuestra opulenta sociedad y a un paso de la marginación y la pobreza. El imam les dio la oportunidad de volver a ser protagonistas de su vida: en vez de tener que aceptar el relato de la Gran Exclusión a la que todos estamos abocados, tenían la quimérica posibilidad de ser los héroes, a los que al final su sociedad recordaría con orgullo.

Los implicados llevaban cinturones explosivos simulados para asegurarse de que, si se enfrentaban a la policía, ésta se viera obligada a matarlos inmediatamente ante el riesgo de que los activaran. Esto demuestra que le concedían un nulo valor a su propia vida, que la meta que pretendían alcanzar era más importante que su mera existencia física. Como en las épocas más oscuras de la Historia de la Humanidad, el valor de la vida humana se vuelve completamente despreciable en el altar de las ideas totalitarias y salvajes.

Una de las cosas que resultan más chocantes de estos sucesos es la rapidez con la que las investigaciones consiguieron descubrir quién estaba implicado y qué medios habían usado. La razón principal de esta celeridad es la gran cantidad de pruebas que se encontraron en una vivienda de la localidad de Alcanar, al sur de Barcelona, que había explotado justamente la noche anterior. Por lo que se ha sabido, fue precisamente esta explosión accidental lo que precipitó los atentados. Los terroristas estaban preparando una gran cantidad de explosivos que querían cargar en tres furgonetas para cometer tres atentados simultáneos aún más mortíferos, pero su escasa formación en la elaboración y manipulación de explosivos llevó a la deflagración, que mató a varios de los miembros de la célula. Los explosivos se habían elaborado con productos químicos relativamente comunes y sencillos de obtener, aunque muy inestables y poco aconsejables para ningún uso. Pero esta decena de radicales no tenían la formación mínima para trabajar con los explosivos. El atropello múltiple de las Ramblas fue una respuesta torpe y chapucera a la explosión de Alcanar, sabiendo que la policía encontraría rápidamente muchos indicios incriminatorios contra ellos, incluyendo documentación personal que les implicaba (no sólo documentos de identidad, sino también contratos de alquiler y comprobantes de compra de diversos objetos). 

Ésta es una de las características notables de los atentados de Barcelona y Cambrils: no sólo fueron baratos, sino que además fueron chapuceros. La guerra civil de baja intensidad que progresivamente se va extendiendo por todo el mundo tiene dos bandos completamente asimétricos: uno que cuenta con fuerzas de seguridad competentes, armadas y entrenadas, y otro que cuenta con individuos excluidos, fanatizados, ignorantes, mal pertrechados y chapuceros. En la guerra silenciosa que se libra en el mundo, estos marginales optaron por la única cosa que podían, por un atentado low cost, usando como armas herramientas de trabajo comunes, básicamente una furgoneta y cuchillos de cocina. Y la determinación de matar y ser matados.

Poco tiempo ha hecho falta para que nuestros fanáticos "de aquí" hayan comenzado a vociferar, clamando que ésta es una guerra entre la cultura occidental y la árabe, entre la religión cristiana y la musulmana, entre nuestra civilización y "la de ellos". Por supuesto, tales afirmaciones no resisten el más mínimo análisis crítico. Las repetidas muestras públicas de condena de la comunidad musulmana nacional e internacional muestran que la mayoría de los musulmanes se sienten horrorizados por la barbarie, demostrando que la de estos bárbaros no es una visión representativa del islam. Se ningunea el hecho, también, de que año tras año más del 90% de los atentados, y más del 95% de las víctimas, de atentados extremistas tienen lugar en países de mayoría musulmana y los que los sufren son, en una amplia mayoría, árabes y/o musulmanes, lo cual sería contradictorio con la visión de choque de culturas, de religiones o de civilizaciones. Pero los hechos le son igual al radicalismo fascistoide que se reivindica como "100% español". En su simplismo totalitario, el radicalismo identitario español considera que un español no puede ser de raza árabe o de religión musulmana, ignorando toda una fracción de nuestra sociedad que son españoles (y no son ninguna otra cosa) y pertenecen a esa raza y/o a esa religión, y a los cuales nuestra Constitución ampara como ampara a cualquier otro español de cualquier otra extracción. Aún cuando la mayoría entiende más o menos esta realidad, el radicalismo identitario español va cuajando entre las clases medias cada vez más depauperadas, cada vez más amedrentadas porque comienzan a entender que de esta crisis no saldremos nunca y que el único destino que se les prepara desde el BAU es La Gran Exclusión. Que en el plan general al que nos aboca nuestra inevitable declive energético, y por tanto material y económico, es al de que nuestras vidas no valgan más que la de los fanáticos de las Ramblas de Barcelona, que sean también vidas low cost como las de ellos, vidas que se pueden sacrificar y aplastar impunemente. Ese miedo a perder nuestro status, nuestra seguridad occidental, nos lleva directamente a la rabia. Una rabia que, como la Historia demuestra, es una pésima consejera y que hace que poco a poco vaya calando la explicación simplista, la que elude nuestra propia responsabilidad, la del radicalismo fascista emergente que podría acabar cogiendo fuerza, y que no es mejor que la de los fanáticos que se creen luchando en una Guerra Santa o Yihad pero que no son más que unos imbéciles de la peor y más canalla especie.

Los asesinos de las Ramblas y de Cambrils no podían estar más equivocados en el método escogido para luchar contra las injusticias del mundo, pero conocían bien y apuntaban certeramente a su objetivo. España, como Estado-nación, no es una institución inocente de la desgracia que sufren los países ricos en recursos naturales (y pobres en todo lo demás), recursos que Europa ambiciona en su loca huida hacia adelante. De acuerdo con el Ministerio de Defensa español, España mantiene actualmente 17 misiones militares en el extranjero que movilizan a más de 2.400 soldados, y en las que España generalmente participa como parte de algún contingente europeo. Muchas de estas misiones tiene como propósito velar por el mantenimiento de algún precario alto el fuego o la distribución de ayuda humanitaria, pero alguna de ellas tienen una justificación o un contexto algo menos respetable (por ejemplo, la cobertura en Malí que da actualmente España a Francia en su guerra por el control del uranio de Níger). Son estas misiones militares, y otras muchas desarrolladas en el pasado, las que consolidan en el delirante imaginario extremista la estampa de una España imperialista y belicosa (al que se añade, en algunos casos, el aún más rocambolesco y alucinado sueño de "recuperar Al-Andalus"). Es por eso que, una vez identificada España como enemigo a combatir, los terroristas han intentando atacar al corazón económico del país, el turismo, y por ello no es casual que hayan atacado la calle más turística de la ciudad española más conocida en el extranjero, Barcelona, que es a la sazón es el destino turístico internacional más importante de España. El sentido de la lucha que plantean los extremistas es aberrante y los métodos son chapuceros e inefectivos a sus pretendidos fines, pero el objetivo está claro y correctamente identificado. Eso hace temer que futuros ataques intenten incidir en el mismo tipo de blanco, que tiene la ventaja de ser más vulnerable que cualquier otro sector. Porque las víctimas de este atentado son gentes de esa clase media occidental que se resiste a desaparecer, que simplemente disfrutaban de un paseo en una zona pintoresca de una ciudad europea, un pequeño placer que aún les resultaba asequible. Vidas low cost que estaban al fácil alcance de unos locos con vidas también low cost.

Es cierto que hay una guerra, pero no es de religiones, de razas o de culturas. Aunque los medios se esfuercen en negarlo, hay una guerra global, sí, y es una guerra de pobres contra ricos. Y de momento ganan los ricos, porque lo que están consiguiendo es que los pobres luchen entre ellos porque les están haciendo creer que lo que importa, lo que explica el sufrimiento y el dolor de todos, es la diferente religión, raza o cultura. Pero no, no es eso. Miren hacia arriba. Miren cómo se codean y comparten mesa los monarcas cristianos con los musulmanes, los jerarcas arios con los árabes, los de la orilla norte del Mediterráneo con los del Creciente Fértil. Mírenlos y comprendan que la lucha es contra la miseria que nos van imponiendo a todos, a los pueblos del Sur antes y más que a nosotros, pero que a nosotros también se nos está imponiendo y más que se nos impondrá. Si quieren buscar un enemigo, dejen de mirar al hermano que tienen enfrente y miren hacia arriba, a esos con vidas premium que consideran que nuestras vidas no valen nada.

Salu2,
AMT
Categories: General

Google


 

A Internet |

A bombolla






 
No feu cas d aquest link