The Oil Crash

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La llegada al cenit de producción mundial de petróleo ha puesto a la economía contra las cuerdas. En este blog se analizan las noticias relacionadas con este tema y qué medidas se pueden tomar para remediar la carestía que viene.
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World Energy Outlook 2014: ¿Peak everything?

21 Novembre, 2014 - 08:34


Queridos lectores,

Durante los últimos días, aparte de dedicar mi tiempo a múltiples obligaciones profesionales y de divulgación, he estado ocupado preparando el tema del post de hoy: mi análisis sobre el informe por excelencia del panorama energético mundial, el World Energy Outlook, que en su edición de 2014 fue presentado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) el pasado 12 de Noviembre. Un informe como de costumbre muy extenso (748 páginas), con muchísima información sobre lo que las mentes pensantes de esta agencia de la OCDE creen que va a ser el futuro del suministro energético del planeta. Dada lo largo de este post, en el que desmenuzo muchos aspectos de este informe, lo estructuraré en diversas partes para facilitar su lectura, a saber: Perspectiva histórica, estructura del WEO 2014, petróleo, carbón, nuclear, gas, lo que queda en el tintero y conclusiones.


Perspectiva histórica

Como hemos discutido en numerosas ocasiones, la AIE es siempre reacia a aceptar la cruda realidad de un mundo finito con recursos finitos; pero lentamente los problemas asociados al suministro del petróleo han ido trascendiendo a sus informes, delante de los cuales la AIE siempre ha intentado presentar la cara más favorable de los eventos que sus modelos de previsión de oferta y demanda les ofrecían. Así, en el año 2010 la AIE reconocía por ver primera que el petróleo crudo había llegado a su máximo productivo, que se tendría que mantener constante hasta 2035, pero se consolaba pensando en que otros hidrocarburos líquidos tomarían en buena medida el relevo. En 2012 aquellos que tuvieron la paciencia de bucear en el informe se encontraron con la sorpresa del reconocimiento del declive de la producción de petróleo crudo, aunque la prensa se quedó sólo con la falacia (mil veces repetida desde entonces) de que los EE.UU. iban a ser energéticamente autosuficientes en un futuro próximo, aunque simplemente examinando la gráfica original de aquel informe en la que se apoyaba tan osada afirmación ya se veía que tal autosuficiencia sólo podía conseguirse, aparte de haciendo muchas hipótesis muy optimistas, si además los EE.UU. renunciaban a más del 30% de su consumo actual.

Evolución prevista para las importaciones de petróleo de los EE.UU. según el WEO 2012; como se ve, en ningún momento los EE.UU. llegan a ser autosuficientes, habiendo de importar aún más de 3 Mb/d en 2035; encima, se asume que otros 3 Mb/d vendrán de una mayor "eficiencia del lado de la demanda", lo que acaba siendo un eufemismo para decir que se destruirá demanda como consecuencia de un importante retroceso económico. Más detalles en el post "World Energy Outlook 2012: Haciendo de la necesidad virtud"

Aquel año 2012 yo elaboré un análisis bastante detallado, cruzando datos de diversas fuentes con las previsiones de la AIE, para intentar ofrecer una perspectiva sobre la evolución de la energía neta del petróleo, el cual nos enseñó un panorama bastante preocupante.
 Evolución de la energía neta del petróleo en un escenario realista, derivado del escenario de Nuevas Políticas del WEO 2012. Más detalles en el post "El ocaso del petróleo"

El año pasado, el WEO 2013 nos mostraba una gráfica aún más inquietante. En esta ocasión ni siquiera tuve que trabajar sobre los datos; la gráfica 14.6 nos mostraba una rápida reducción de la producción de petróleo en los próximos años si no se mantenía una inversión suficiente.

Y como hemos explicado repetidas veces en este blog, a pesar de ese "aviso a navegantes" de la AIE la política de las grandes compañías ha sido más bien la de anunciar recortes en la inversión. La razón de tal estrategia de desinversión es que el negocio petrolero ya no es muy rentable, ya que las inversiones en producción no convencional son ruinosas. No sólo eso, sino que todas las tensiones acumuladas en el sistema incrementan el riesgo de un desenlace brusco en el que algunos países y productores podrían colapsar, especialmente si se prolonga la actual situación de precios de petróleo a la baja.

En este contexto, he analizado con cuidado los parámetros del WEO 2014, intentando averiguar cuáles de las tendencias arriba enunciadas recoge y cuáles se permite obviar o dulcificar, y en su caso con qué motivos. Y mis resultados son bastante sorprendentes, como verán.


Estructura del WEO 2014

El WEO 2014 está estructurado en tres partes:

- La parte A habla de las tendencias energéticas globales, de acuerdo con sus tres escenarios de referencia: Políticas Actuales, en el que se supone que no hay cambios sobre las tendencias actuales; Nuevas Políticas, en el que se asume que las políticas que se están anunciando entran en vigor; y Escenario 450, en el que el mundo se embarca en un ambicioso programa de lucha contra el cambio climático con el objetivo de mantener la concentración de gases de efecto invernadero por debajo de las 450 partes por millón equivalente a CO2. El escenario de base para la AIE, como siempre, es el de Nuevas Políticas, y así salvo cuando se diga explícitamente lo contrario todas las gráficas están referidas a él.

- La parte B está dedicada a hablar en detalle de la energía nuclear.

- La parte C versa sobre las perspectivas energéticas para África; yo no me ocuparé de esta parte en este post.

El inicio de la parte A está dedicado a explicar algunos detalles de los modelos económicos usados para hacer los escenarios. Llama la atención, por ejemplo, los cambios introducidos en el escenario 450, ya que se reconoce que es poco probable que haya una acción concertada antes de 2020. En la parte de hipótesis económicas, la AIE nos ofrece una gráfica puesta al día sobre la relación entre energía y PIB para diversas regiones de la Tierra:




De esta gráfica es interesante destacar que aunque la relación entre crecimiento del consumo de energía y crecimiento del PIB no es constante (no son líneas rectas) en general las pendientes son positivas, es decir, que siempre que el PIB crece el consume de energía crece y siempre que el PIB decrece el consumo de energía decrece; por tanto, la relación entre energía y PIB es casi siempre del mismo tipo, tanto en las épocas de crecimiento económico como en las épocas de recesión. Las escasa zonas con pendiente negativa (en las que típicamente el PIB crece a pesar de la disminución del consumo de energía) son raras y corresponden a períodos transitorios después de una gran recesión, en los que la economía no ha encontrado su punto de equilibro. De hecho, el período más prolongado con pendiente negativa parece corresponder a los últimos años después del 2008 y solamente en el caso de los EE.UU. Dado que en los EE.UU. durante este período se han producido dos efectos de distorsión de la relación económica (la importación de energía exportando inflación, por un lado; y el sobreendeudamiento de las empresas energéticas explotando hidrocarburos de baja calidad, por el otro), ambos transitorios y difícilmente repetibles, es difícil creer que se puede convertir este corto período en un paradigma, se dirán quizá Vds. Pues no es lo que se dice la AIE, que ha convertido tal anomalía en la pieza central de su escenario de Nuevas Políticas: por un lado, la AIE asume que el crecimiento medio anual del PIB en términos reales en la OCDE será del 1,9%, pero al mismo tiempo asume una situación de estancamiento energético para el mundo actualmente más industrializado: EE.UU. pasaría de un consumo total de energía primaria de 2135 millones de toneladas equivalentes a petróleo (Mtoe, por sus siglas en inglés) en 2012 a 2190 Mtoe en 2040, Europa pasaría de 1769 a 1697, Japón de 452 a 422, y Rusia de 749 a 819 (pero teniendo en cuenta que en 1990 consumía 880 Mtoe). Es decir: un crecimiento exiguo, del 0,3% anual para los EE.UU. y ligeramente negativo para Europa y Japón. El resto del mundo, eso sí, seguiría viendo crecer su consumo de energía, a ritmos de entre el 1 y el 2% anual, bastante considerables pero inferiores a las medias históricas de crecimiento del consumo energético; con ese crecimiento, el resto del mundo garantizaría un crecimiento del PIB real a un ritmo del 4,6% anual, ahí es nada.



¿Cómo se va a obrar semejante prodigio, que contradice la intuición y también los datos experimentales que nos ofrece la propia AIE sobre evolución del PIB respecto al consumo energético? La respuesta la tenemos en la página 53:"En el escenario de Nuevas Políticas la demanda de energía primaria mundial se incrementa un 37% entre 2012 y 2040. La demanda crecía más rápidamente en las décadas pasadas; esta ralentización en el crecimiento de la demanda se deberá a ganancias en eficiencia energética y cambios estructurales en la economía global en favor de actividades menos intensivas en energía" (énfasis mío).

Es decir: la AIE identifica que la energía no va a fluir con la misma intensidad que antes (aún no admite abiertamente que va a haber problemas con diversos combustibles, aunque sus gráficos muestran ciertos nubarrones en el horizonte, como luego explicaremos) pero nos indica que no debemos alarmarnos, porque el PIB seguirá creciendo a pesar de que el consumo energético no le vaya a la par (e incluso que se estanque en la OCDE), gracias a que nuestros procesos energéticos sean más eficientes (siguen sin oír hablar de la paradoja de Jevons) y porque además nos vamos a centrar en actividades con menor consumo de energía por dólar de PIB producido, es decir, en actividades de mayor valor añadido. Esta reflexión debería de alarmar a países como España, donde nunca se ha apostado por tales sectores y donde no se están dando las condiciones para hacer esta fortísima y rapidísima transición, sino que más bien se da lo contrario, con una expulsión masiva de jóvenes vía la emigración.

Un punto clave para el milagro que la AIE está pidiendo es la evolución del desarrollo tecnológico; en la página 46 detalla cuáles son los principales logros que espera: más renovables (aunque reconoce una caída en la inversión en éstas), más nuclear (donde parece apostar más fuerte en este informe), sistemas de captura y secuestro de carbono (CCS; es interesante destacar que, de acuerdo con las regulaciones de la EPA americana, las nuevas centrales térmicas de carbón tendrán que estar equipadas con CCS en 10 años - ya veremos en qué queda eso), más biocombustibles (se reconoce que hubo una fuerte caída en 2012 - coincidiendo con el fin de los subsidios en EE.UU. - pero que ha habido una gran recuperación en 2013), más vehículos híbridos y eléctricos, y la consabida eficiencia energética (Lord Jevons, ese gran ignorado). Todo ideas viejas, todas ellas ya probadas en algunos casos durante décadas, y todas ellas han demostrado tener límites prácticos que niegan cualquier posibilidad de que tengan ya un impacto significativo a gran escala. Por ejemplo, a pesar de estas expresiones de buena voluntad, podemos leer más adelante dentro del informe (caja 2.2, página 61) que la fotovoltaica proporcionará en 2040 el 4% de la electricidad mundial, mientras que la eólica dará el 8% de esa electricidad; resulta que el incremento de electrificación durante ese período será, de acuerdo con este escenario, moderado, con lo que la contribución de las renovables a la energía primaria del mundo pasaría del 12% en 2012 al 19% en 2040 (y no olviden que la mayoría de la renovable es la biomasa - principalmente, la leña que usan los campesinos del mundo - y la hidráulica). En ningún momento de discute con qué cobre se va a producir este incremento de electrificación, sobre todo teniendo en cuenta que el pico de producción del cobre parece estar en un horizonte cercano; tampoco hay alusiones a los posibles problemas de abastecimiento de tierras raras, que son necesarias para las tecnologías más eficientes. Como ven, nada realmente excitante se identifica en el horizonte energético, no es en absoluto evidente que se pueda conseguir incrementar nuestro suministro de energía por nuevas fuentes y mejor eficiencia; y sin embargo, hé ahí la apuesta de la AIE para el futuro.
 
Petróleo

Para la AIE está claro que el consumo de energía seguirá creciendo durante los próximos años, con tal de atender la demanda creciente de una población que ellos ven siempre en aumento; recordemos que, a igualdad de otros factores, el crecimiento de la población es el factor que más contribuye a la subida del PIB, y con el pensamiento económico clásico - la doctrina religiosa imperante - el PIB tiene siempre que subir ergo la vía más fácil es mediante el aumento de la población. En el caso particular del petróleo, se prevé una subida durante los próximos 26 años de unos 14 Mb/d, hasta llegar al nivel de los 104 Mb/d; qué lejos queda aquel WEO del 2007 en el que se esperaba alcanzar una producción de 120 Mb/d en 2025 (según el WEO 2014, hacia 2025 la producción de todos los hidrocarburos líquidos - lo cual no es exactamente petróleo - será aproximadamente de unos 96 Mb/d).

El panorama puede parecernos un tanto menos prometedor de lo que era antaño, y la AIE se esfuerza en proyectar un mensaje positivo, aunque no puede evitar lanzar advertencias de que el camino hacia el futuro puede tener graves complicaciones. Así, en la página 74 podemos leer: "Los recursos restantes económicamente explotables de los combustibles fósiles y uranio a escala global son más que suficientes para cubrir el crecimiento proyectado en la demanda hasta 2040 en el escenario de Nuevas Políticas (...). Pero si estos recursos serán finalmente desarrollados es bastante menos claro, dadas las incertidumbres resultantes de la confluencia de factores geopolíticos, económicos y políticos, y el impacto del cambio tecnológico."

Para alimentar más la confusión, la AIE muestra en la página 75 la típica gráfica de años restantes de cada combustible: es la típica falacia Q/P, de la que ya hemos hablado algunas veces, que suele servir para ilustrar algunos artículos de opinión que aparecen en la prensa; para que no tengan que molestarse en buscar la gráfica en cuestión, ya se lo copio yo aquí. Por supuesto, no hay ni una sola mención a la TRE en todo el informe.


En la página 76 se reconoce, de palabra, que la producción de petróleo crudo convencional va a caer ligeramente: de los 70 Mb/d en 2005 (este dato no se menciona en este WEO, pero sí que se ha dado en ediciones anteriores) se mantendría en los 68 Mb/d hasta 2030, y después caería hasta los 66 Mb/d en 2040. Y es que este WEO es muy textual y menos gráfico y menos basado en datos que los anteriores, en lo que se refiere al petróleo. No hay ninguna gráfica como la del 2012 con la que hice el análisis del post "El Ocaso del Petróleo", pero hay algo mejor: una tabla en la página 117 con los valores numéricos de producción por tipo y año (según la cual, por cierto, la producción de petróleo crudo en 2013 fue de 68,6 Mb/d: saquen sus conclusiones); el análisis de esta tabla será la materia del próximo post. En general la AIE saca en este WEO su información sobre el petróleo con cuentagotas, y las pocas cosas que muestra las presenta de una manera inusual, intentando disimular los hechos: fíjense si no en esta gráfica que ocupa la página 79:

En realidad son gráficas de las producciones estimadas de los países reseñados, pero a todos ellos se les ha restado su nivel de producción en 2013. Si nos fijamos bien, estás gráficas nos están diciendo que la producción de petróleo (no se dice "convencional", así que tenemos que entender que se refieren a todos los hidrocarburos líquidos) va a disminuir en Rusia y en el Mar del Norte (muy ligeramente, si se compara con otras estimaciones), va a aumentar muy poquito y sólo a partir de 2025 en Arabia Saudita, tocará su techo productivo en los EE.UU. hacia el 2017 ó 2018 (¿dónde quedaron esos sueños de independencia energética?) y realmente dependerá principalmente de Canadá y en mayor medida de Brasil e Irak para no empezar un declive irreversible. Teniendo en cuenta que en Brasil las perspectivas en la práctica no están siendo tan buenas, y que en vista de lo visto es posible que en 2040 no exista un estado llamado Irak, todo parece un ejercicio de voluntarismo más que otra cosa.

Una de las secciones más interesantes del WEO 2014 es la que habla de las inversiones en la producción de energía. Extraigo algunas frases que creo que son bastante significativas:

Página 85: "La decisión de comprometer capital en el sector energético está siendo cada vez más modelada por medidas políticas e incentivos de los gobiernos, más que por las señales de un mercado competitivo [referencia al informe sobre inversión que sacó la AIE hace unos meses]. En el sector del petróleo, se espera que la dependencia en países con un acceso más restrictivo a sus recursos crezca, a medida que la producción de petróleo de Norteamérica [NOTA: es decir, Canadá, EE.UU. y México] se vuelva plana de 2030 en adelante. Las turbulencias geopolíticas como las que hay en Irak, Libia y otras partes de Oriente Medio y el Norte de África, son la base de los riesgos negativos sobre la producción de petróleo a largo plazo, lo que indica que hay un riesgo significativo de que la inversión no llegue a tiempo, durante la década actual, para evitar un déficit de suministro a partir de 2020." Como ven, los posibles problemas "sobre el terreno", como le gusta decir a la AIE, serían la causa de que no se produzca la inversión a tiempo, si al final es eso lo que pasa. Y como ven, nadie va a entrar a analizar si estos problemas son el resultado de una inestabilidad intrínseca fruto de los crecientes costes de explotación y la caída del beneficio que corresponde a la explotación de fuentes con TREs muy bajas.

Como sabemos, el incremento de producción de petróleo de los EE.UU. no está conduciendo a un aumento de consumo de la preciada materia prima en ese país. En realidad, el escenario que maneja la AIE, que ya es bastante inquietante para la OCDE, es mucho más preocupante en términos de petróleo: dado que la producción de todo lo que la AIE llama petróleo sólo aumentaría en 14 millones de barriles diarios (Mb/d) de aquí a 2040 sobre los 90 Mb/d de producción actuales, su escenario prevé una drástica redistribución del consumo.



Como se ve en el gráfico, el consumo de la OCDE caería en 10 millones de barriles, es decir, alrededor del 23% de su consumo actual, para que sobre todo China y India puedan aumentar el suyo. Por tanto, el escenario de referencia para la AIE, que contempla un estancamiento del consumo energético para la OCDE, es en realidad uno de fuerte descenso de consumo de petróleo en esa zona, que tendrá que ser compensado con gas, nuclear y renovables. Si uno analiza críticamente las tendencias de los últimos años una transición tan ordenada de esta magnitud parece, cuanto menos, muy improbable. No es por eso de extrañar que en la página 104 se dedique todo un cuadro a discutir las ventajas de compartir coche en los desplazamientos e incluso se menciona que posiblemente hemos pasado en la OCDE el peak car (no se puede decir peak oil, por lo que se ve, pero su sombra es alargada).

Al analizar las reservas técnicamente recuperables del petróleo, el WEO 2014 deja claro que considera que son más que suficientes para cubrir la demanda prevista en cualquiera de los tres escenarios. Dicho así no está claro si están teniendo en cuenta los ritmos reales de producción, puesto que la cuestión no es sólo si las reservas serán suficiente (que sin duda lo son), sino si la cantidad que se podrá extraer a ritmos realistas podrá cubrir la demanda (lo cual es bastante más dudoso, como sabemos). Como se comenta en la página 111, los recursos mundiales de hidrocarburos líquidos no renovables (que incluyen petróleo crudo convencional, líquidos del gas natural, extrapesados, kerógeno y tight oil) serían de unos 6 billones (españoles) de barriles de crudo, de los cuales 1,7 billones se consideran reservas probadas (expresado en términos del cociente Q/P que da lugar después a tantas confusiones, unos 50 años a niveles de consumo actuales si se pudiera extraer este petróleo al ritmo que nos diera la gana, que ya sabemos que no es el caso). Hay varias cuestiones curiosas aquí. Un billón de esos recursos corresponde al kerógeno, el cual no está claro que se pueda explotar económicamente (ver la discusión en el post sobre la rentabilidad del fracking); hay otros casi dos billones que corresponden a los petróleos extrapesados, algunos de los cuales son de muy baja o nula rentabilidad, y 344.000 millones son de tight oil. No sabemos a cuántos de estos tres recursos se les ha asignado la categoría de "reservas probabas"; dado que para el conjunto de recursos de petróleo se verifica una relación 3,5 a 1 entre recursos y reservas, parece razonable que exista una relación semejante para estos tres recursos concretos y sus reservas probadas, y por tanto hay una cantidad seguramente no muy lejana a los 900.000 millones de barriles de reservas que se están considerando probabas pero que será bastante difícil desarrollar completamente.


Otra cuestión curiosa es que la AIE dice que, a pesar de que las reservas probadas son suficientes para cubrir la demanda esperada, es muy importante que se encuentren nuevas, debido a que la mayoría de las actuales reservas son controladas por la OPEP y, por lo que se ve, no son demasiado de fiar (controlan demasiado el precio, dice la AIE). Aquí se introduce toda una discusión sobre si la clasificación actual de reservas probadas y probables es adecuada teniendo en cuenta el modelo de explotación de los recursos no convencionales, aunque a mi me parece un tanto espuria y solamente una justificación para decir que se van a seguir encontrando recursos a buen ritmo durante los próximos años, gracias a estas nuevas prácticas contables.

 
Metidos en al discusión de las nuevas reservas, el WEO 2014 aprovecha para decir que lo que se espera que se encuentre en los próximos años dos tercios tendrán que ser en explotaciones en el mar (off shore). Nada es casual: la AIE tiene a México en su punto de mira, y a pesar de no presentarnos ninguna gráfica sobre la evolución de la producción global de petróleo por tipos, sí que nos la ofrece en el caso de México.



Como ven, asumen una fortísima caída de la producción de petróleo a partir de los campos actualmente en explotación en el país norteamericano (en la notación de la AIE), que se verá compensada por un increíblemente grande aumento de la producción a partir de yacimientos por descubrir, principalmente off-shore. Todo ello esperan que pase, como dicen explícitamente, en alas de la famosa reforma energética de México, que ha de permitir que el capital privado revierta la pésima tendencia productiva actual (cosa que no pocos ponen en cuestión). Aquí la AIE se alinea con esos intereses económicos, y con esa gráfica que enlazo arriba da argumentos a favor de la apertura energética (que mucho me temo desatará mares de tinta en México, al estilo del falaz meme de la independencia energética de los EE.UU.). Cabe decir que un incremento tan rápido y brutal de la producción de petrólo a partir de campos aún no conocidos en una zona en la que aunque poca ya hay explotación y exploración resulta difícil de creer.

Los comentarios que hace sobre Irak e Irán van en la misma línea: un optimismo difícil de suscribir. Les dejo sin más comentarios la curva de producción que estiman para Irán; hasta 2013 son datos, a partir de entonces su previsión.



No me resisto a acabar el análisis de este apartado sin traducir literalmente un párrafo sobre "Perspectivas de producción" (página 114), en el que la AIE hace su pronóstico a corto y medio plazo, pues creo que los próximos años someterán a una severa prueba estas aseveraciones.

"La producción de petróleo hasta 2040 en el escenario de Nuevas Políticas se puede dividir de manera útil en dos períodos, con la transición entre ambos ocurriendo en la década de los 20 de este siglo (Figura 3.10). El primer período se caracteriza por una producción boyante en los países no-OPEP: el tight oil (y en menor medida el petróleo de aguas profundas) de los EE.UU., las arenas bituminosas del Canadá, los campos de aguas profundas de Brasil y la creciente producción de líquidos del gas natural de fuentes diversas hacen que la producción no OPEP alcance los 56 Mb/d a comienzos de la década de los 20. Pero luego la producción no OPEP se estabilizará y comenzará a retroceder, debido a la caída de la producción convencional en Rusia, China y, más tarde, Kazajstán, y eventualmente una saturación en los EE.UU."


Carbón

Aquí nos encontramos una de las sorpresas (relativas) de este WEO: la AIE proyeccta un prácticamente estancamiento del consumo del carbón a partir del 2020 (crecimientos entre el 0,2% y el 0,3% anual), dando lugar a una meseta productiva que recuerda a la que en 2010 asumían que se había producido para el petróleo crudo convencional. La gráfica puede encontrarse en la presentación a la prensa.




Dado que en 2012 se comprobó que no se había producido tal meseta, sino que el petróleo crudo convencional en realidad ya estaba decayendo, es legítimo preguntarse si algo así va a pasar con el carbón. En principio esto no es demasiado probable, pues este límite extractivo tiene pinta de ser más originado por una dificultad intrínseca de consumir más carbón por su principal usuario, China, debido a los problemas logísticos y ambientales que causa, pero no tanto a la imposibilidad de aumentar la producción. Es decir, que es posible que en este caso lo que prevé el WEO 2014 es un pico de la demanda y no de producción, que en el fondo viene a poner en cuestión una vez más la perfecta sustitubilidad de las diversas fuentes de energía. De ese modo, sería posible mantener una producción de carbón aproximadamente constante durante varias décadas, como los datos de las reservas de carbón parecen avalar.

En añadidura, no se debe descartar que el mensaje que está enviando la AIE tenga cierto contenido político: en la próxima cumbre de París se tiene que decidir cómo se van a recortar las emisiones de CO2, y el carbón es el combustible más contaminante y que produce más CO2 por caloría producida (aunque según parece las explotaciones de fracking no le van demasiado a la zaga). Es bastante significativa la gráfica de emisiones esperadas según el tipo de combustible:


Como se ve, se espera que las emisiones asociadas al petróleo y al carbón permanezcan prácticamente constantes a partir de 2020 (de hecho el petróleo aún subiría ligeramente, mientras que el carbón mantendría el nivel desde aproximadamente 2017), mientras que las emisiones de CO2 asociadas al gas subirían a buen ritmo. Obviamente ésta es una visión de cómo debería ser el mix energético en los próximos años, y una que favorece los intereses de los EE.UU. gracias al shale gas (lamentablemente en la AIE, a pesar de las numerosas noticias aparecidas en prensa aún no se han enterado de que el shale gas es ruinoso).

Y aún así estas proyecciones respecto a carbón contradicen tendencias actuales, como la de Alemania (que está consumiendo más carbón, principalmente su lignito nacional); no obstante lo cual, el WEO 2014 afirma que el consumo de carbón en Europa caerá, principalmente de la mano de la subida de la producción energética renovable (que en Europa dicen que se doblará), aunque el total de energía primaria consumida será inferior (pero el PIB crecerá, fruto imagino de la asumida mayor eficiencia en el aprovechamiento de la energía eléctrica en los usos finales, lo cual es cierto si hablamos de motores y bastante menos cierto si hablamos de otros usos). Para mayor contradicción, en otra sección del WEO se afirma que la producción de petróleo (más bien, hidrocarburos líquidos) se volverá más compleja y diversificada gracias a la incorporación masiva de plantas de conversión de gas a líquidos y de carbón a líquidos por el proceso de Fisher-Tropsch, a pesar de la evidencia de su pequeñez relativa actual (el WEO habla de unas decenas de miles de barriles diarios de producción).

La hipótesis de un pico de demanda de carbón parece, por tanto, bastante razonable. Sin embargo, en la página 190 nos encontramos con esta reveladora gráfica, en la que la producción de carbón se desglosa por tipo de mina:




La franja azul corresponde a las minas existentes, que según parece van a sufrir una bajada productiva que se va a acelerar a partir de 2025. La franja marrón corresponde a proyectos de expansión, basados en minas ya existentes; algo aportan, pero no revierten la tendencia ni modifican sensiblemente los plazos. La clave está, por tanto, en la franja verde, que corresponde a minas en las que aún ni se ha abierto el primer agujero (y en las que por tanto el volumen de reservas y la producción alcanzable tienen una componente especulativa). ¿Está la AIE preparando el terreno para discutir sobre el pico del carbón en los próximos años?


El resto de esta sección es bastante insustancial. Destaco que, siguiendo la moda del momento, una subsección dedicada a discutir los sistemas de captura y almacenamiento de carbono (Carbon Capture and Storage, CCS). Los sistemas CCS se basan en la inyección de los gases de combustión de las centrales térmicas de carbón en algún reservorio subterráneo o, ya rizando el rizo, su uso en la recuperación secundaria o terciaria del petróleo (en la que se favorece el flujo de petróleo inyectando gas a presión).  Dado que el objetivo es capturar el CO2 para seguir quemando carbón, se plantean una serie de dificultades prácticas. Cualquier estudiante de primero de Física sabe que la resistencia un gas a ser inyectado en un reservorio crece exponencialmente con la cantidad de gas ya acumulado en su interior, así que estos sistemas consumen una gran cantidad de energía y eventualmente se saturan en cierto valor, en el que ya no es posible inyectar más gas; los reservorios geológicos a disposición de una de estas plantas tienen seguramente límites de capacidad inferiores a la producción potencial de CO2 de la térmica, y entonces, ¿qué se hace con el CO2 sobrante? Está también la cuestión de la estanqueidad del reservorio: si se crean grietas, el CO2 se escapará a la atmósfera y el esfuerzo habrá sido en vano (y eso sin contar con que las altas presiones podrían, en determinas situaciones, inducir sismicidad: los lectores españoles recordarán sin duda el fiasco del almacén Castor, en frente de las costas de Castellón). Por último, está la cuestión de que la inyección de gas en el subsuelo consume una gran cantidad de energía (en los prototipos más avanzados de CCS, un 25% de la producción de la planta), justo en un momento en el que seguramente no nos interesa perder más energía. Todas estas cosas son conocidas ya desde hace años, y aún así se sigue insistiendo e insistiendo en esta idea, que está derrotada de antemano por la realidad.


Gas

De acuerdo con este WEO, el gas superará al petróleo como principal fuente de energía de los EE.UU. antes de 2030, en parte debido a la caída de la demanda de este último (supongo que porque asumen que los coches eléctricos propulsados con renovables toman el relevo en el transporte o porque asumen que los líquidos asociados a gas se usarán más en automoción). Esta afirmación de la AIE servirá para alimentar unos pocos años más la idea de que la revolución del shale gas es la panacea, hasta que esta burbuja financiera termine de explotar. Significativamente, el epígrafe de esta sección es: "¿Líquidos del gas natural al rescate?". Para los desinformados decirles que la mayoría del contenido de los líquidos del gas natural, y de manera similar en los gases licuados del petróleo o GLP, es una mezcla variable de butano y propano. O sea que todos los progresos en automoción basados en estos combustibles consisten básicamente en recuperar, en versión moderna, aquellos taxis propulsados con bombonas de butano que menudearon en España en los años 70 y 80, cosa interesante ahora que la gente usa menos butano en los hogares, pero que tiene un recorrido limitado porque el precio de esta alternativa se disparará en cuanto el mercado crezca.

En cuanto al gas natural en sí mismo, de acuerdo con las proyecciones de la AIE su uso principal sería para la generación de electricidad. A pesar de las dificultades de crear nuevos mercados para el gas natural, sobre todo si el petróleo y el carbón no van a propulsar más crecimiento económico, la AIE apuesta a que el gas crecerá a buen ritmo, de algún modo cogiendo el relevo de los otros dos combustibles.


El lugar del mundo donde más crecería la demanda de gas natura sería China, a un impresionante ritmo del 5,2% anual; se ve que ésa es la manera en la que China podrá hacer la nivelación de su consumo de carbón. Dadas las tendencias actuales esta suposición parece bastante osada, teniendo en cuenta además que el comercio y distribución de gas precisa de costosas infraestructuras que requieren décadas para su amortización; los próximos años pondrán a prueba las hipótesis de la AIE. La segunda región con mayor incremento del consumo de gas natural es Oriente Medio (2% de crecimiento anual).

Como ya hizo con el petróleo, la AIE no ve ningún problema futuro en la producción de gas, a pesar de que a estas alturas estamos ya a pocos años de su pico productivo, el cual puede verse precipitado por las turbulencias con el petróleo. Así que, con el ánimo de poder ir comparando las diversas revisiones que irán haciendo en la próxima década sobre la producción del gas natural, incluyo aquí la gráfica correspondiente a este WEO. Por cierto que como aún no ven llegar el pico de producción del gas convencional, aquí sí que nos desglosan la producción por tipos: todo un detalle que será útil en futuras referencias.



Merece mención también el hecho de que dedican una subsección a discutir los problemas de seguridad de suministro de gas, particularmente a luz del reciente y creciente conflicto entre Rusia y la Unión Europea a raíz de Ucrania. Dan una gráfica muy interesante sobre cuáles han sido las importaciones gas natural por Europa (no la Unión Europea), que puede ser útil también de cara a trazar la ruta de nuestro futuro.




Nuclear

El WEO 2014 dedica una parte enorme a la discusión específica de esta fuente de energía, a pesar de su carácter minoritario (un 4% de la energía primaria generada del mundo) y de sus escasas proyecciones de futuro. ¿Por qué? Porque básicamente la AIE suscribe el discurso de que las reservas de uranio son enormes y de que la evolución tecnológica permitirá ampliar enormemente los recursos que pasarán a ser económicamente disponibles - y estamos muy necesitados de una tecnología que en breve plazo empiece a aportar en medio de tantas carencias. Pero la evolución de la energía nuclear en las últimas décadas no ha sido muy brillante, habiendo pasado de aportar el 18% de la electricidad mundial en 1998 al 11% actualmente (ver gráfica más abajo). Pero para la AIE la cuestión clave es las bajas emisiones de CO2 de esta fuente: de hecho, en el escenario 450 la energía nuclear crece a un ritmo tremendo.



El WEO 2014 asume que se van a instalar 332 Gw de potencia extra de aquí a 2040 (lo cual es una barbaridad: actualmente hay 392 Gw), principalmente en potencias emergentes y los EE.UU., al tiempo que apuesta porque se extienda la vida de las licencias de explotación en Occidente. Llama la atención la poco delicada hipótesis de que Japón irá progresivamente recuperando su potencia nuclear, eso sí a partir de 2020 para no herir susceptibilidades cercanas, y sólo hasta tres cuartas partes de lo que tenían antes del accidente de Fukushima.

Hay luego una extensísima discusión sobre costes, desglosando los diversos factores que contribuyen a los mismos y sensibilidad que tienen a diversos factores (incluyendo el precio de los combustibles fósiles). Me ha parecido interesante ver que el precio del combustible es ya alrededor del 10% de los costes de la central (cuando yo empecé en esto los promotores de esta tecnología se jactaban de que el combustible representaban  tan sólo el 1% de los costes), y después otra discusión no menos extensa sobre la percepción pública de esta energía. Y aquí se presentan tres sub-escenarios desglosados del de referencia, uno de ellos (Low nuclear) en el que en 2040 habría un poco menos de potencia nuclear instalada que actualmente (366 Gw). En cuanto a los recursos, se dice que hay suficiente uranio para proveer cualquiera de los tres sub-escenarios. También hay un cierto cinismo implícito, por ejemplo en la gráfica que nos informa cuál debería ser el ritmo de cierre de las actuales centrales nucleares y cuál es el que ellos prevén en el escenario de referencia, dando por sentado que habrá muchas extensiones de las licencias de operación más allá de la vida útil nominal de las centrales, y que de hecho se extenderán por muchas décadas.


Pero lo que resulta ya chocante hasta el extremo es el abierto reconocimiento de que con las minas de uranio existentes y con el uranio almacenado de décadas anteriores (reservas secundarias, en la jerga del sector), asumiendo además que todas las minas actualmente proyectadas se van a ejecutar a tiempo, va a faltar uranio a partir de 2020 y hacia 2040 no se podrá cubrir todo la demanda sino algo menos del 60% (faltarían unas 45.000 toneladas de uranio natural equivalente sobre unas 105.000 que se demandarían).



Esto es, ni más ni menos, que el pico del uranio; estoy seguro de que a Pedro Prieto le deleitará ver emerger las fauces del uraniator en ese "supply gap" ("falta de suministro") que tanto nos recuerda al que ya vimos una década atrás en las previsiones para el petróleo. Lo único que se le ocurre a la AIE para intentar conjurar tan pésimas perspectivas, es el siguiente párrafo que acompaña a la gráfica que les acabo de enseñar:

"La explotación de recursos de uranio aún por descubrir podría aportar suministros de uranio más allá en el futuro, siempre que se haga exploración y desarrollo a escalas significativas. Más aún, los recursos de uranio no convencionales (agua del mar y fosfatos), así como ciclos de combustible alternativos como los que se basan en torio, prometen proporcionar combustible nuclear a largo plazo si se da el necesario desarrollo tecnológico. Un amplio rango de tecnologías nucleares está actualmente en desarrollo (por ejemplo, los reactores de 4ª Generación), lo que juntamente con el reprocesamiento podrían también contribuir a alejar un plazo aún mayor cualquier escasez de combustible".

Lo que me parece preocupante de este párrafo es que todos esos argumentos se llevan usando desde hace décadas sin que ninguno de los avances deseados se haya producido por razones técnicas que son bien conocidas (para mi el summum de la ridiculez es la referencia al uranio del agua del mar). Es triste llegar a la página 430 de este informe para ver que después de tanto hablar se han quedado sin palabras.


Lo que queda en el tintero

Es muchísimo: hay varias secciones interesantes, como las dedicadas a las renovables, a la eficiencia y a la electrificación; y toda la parte dedicada a África. Según el WEO las renovables ocuparán una gran porción de la producción energética futura, y se fía bastante sobre todo de la fotovoltaica dada la bajada de coste de los paneles, aunque reconoce que los recientes cambios legislativos en diversos países las están entorpeciendo, y recuerda que las subvenciones totales a los combustibles fósiles son 6 veces mayores que a las renovables (aunque se olvida de comentar que los combustibles fósiles están produciendo más de 10 veces más energía que las renovables). En el apartado de la eficiencia no hay ni la más mínima mención a Lord Jevons. En cuanto a la electricidad, hay una interesante discusión sobre la seguridad en el suministro eléctrico, que puede verse comprometida, dice la AIE, por la mayor inclusión de energía renovable y la pérdida de interés de los inversores en plantas convencionales que sin embargo deberían estar ahí para dar respaldo. El cuadro de esta discusión lleva por significativo título: "Manteniendo las luces encendidas" (página 209).


Conclusiones
 
El lenguaje tranquilizador que siempre emplea la AIE sobre las perspectivas de futuro en cuanto al suministro de energía resulta rotundamente desmentido cuando uno entra en los detalles de los datos por ella misma suministrados. En el informe de este año podemos encontrar referencias nada veladas a los problemas de producción de petróleo si no hay suficiente inversión, a un pico de carbón que podría interpretarse como un pico de demanda (fundamentalmente debido a China) pero que en realidad podría llegar a ser un pico productivo real, y al reconocimiento ya sin ambages de que sin un cambio radical la producción de uranio comenzará a decaer en la próxima década. La única materia prima no renovable para la que las gráficas no muestran problemas es el gas natural, y hasta ésta es bastante discutible. Dadas las crecientes dudas sobre la buena marcha de la economía mundial (que se irán confirmando o desmintiendo en los próximos meses) no se puede descartar que se produzca una peligrosa retroalimentación negativa entre la producción de estas materias y los ciclos de inversión y desinversión en su producción. La producción de petróleo, carbón y uranio (y en realidad también la de gas natural) acumula tales tensiones que, dejada a su libre devenir, llevaría aparejada la llegada de los picos de producción de todas ellas, y por simpatía la de muchas otras materias no energéticas. Es el temido Peak Everything, cuyo efecto social es la Gran Escasez.
 
Echando la vista atrás, mirando al qué hacemos como sociedad con este creciente cuerpo de evidencia sobre los límites del crecimiento, lo único que yo veo es que continuamos mirando cómo de bien seguimos las líneas de evolución y degradación más o menos previstas por los modelos; en suma, cómo nos acercamos al desastre final. Si había un momento para reaccionar, seguramente es ahora.

Salu2,
AMT
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Cuando hay que tomar partido: una visión personal y factual

11 Novembre, 2014 - 00:43
Imagen cortesía de Sílvia Joly

Queridos lectores,

Diversas personas me han preguntado si fui o no a votar durante la jornada de ayer, en la que tras una complicadísima pirueta legal el pueblo catalán fue más o menos (todo es bastante confuso, en realidad) a votar sobre su futuro político. Normalmente no me pronuncio sobre asuntos políticos partidistas, puesto que mis opiniones políticas, si es que las tengo, no creo que sean de mayor interés que las de otro ciudadano cualquiera, y The Oil Crash no me parece un foro idóneo para airearlas, ya que no se trata de cuestiones factuales sino completamente opinables y subjectivas. En este caso, sin embargo, si querría desgranar aquí las razones por las que ayer, efectivamente, fui a votar en esa consulta que de mayor querría ser referéndum; y no porque mis personales opiniones sean de mayor interés, sino por intentar diseccionar los dilemas morales e intelectuales que desgrarran interiormente a un peakoiler (en este caso, al que tengo más a mano: yo mismo) delante del proceso de colapso institucional que se vive y vivirá en Occidente. ¿Qué debe hacer una persona que comprende que nuestro único curso posible es el del descenso energético delante de procesos como el que se vivió aquí ayer? ¿Debe ignorarlos, al ser meras distracciones y fuegos de artificio que desvían la atención de los asuntos críticos? ¿Debe participar activamente en ellos, por ser una oportunidad de generar los cambios necesarios para una sociedad en transición? ¿Debe mantener una cierta distancia y aportar solamente en aquellos aspectos clave para esta transición? ¿O bien debe de actuar según sus apetencias personales, puesto que la esfera de estas decisiones nada tiene que ver con la del declive energético? Justamente son éstas las cuestiones que querría abordar hoy, desde una perspectiva subjetiva y por tanto bastante discutible y propensa al error, pero no por ello menos interesante de discutir. Y es que, querido lector, en el curso de los años que vendrán Vd. seguramente se verá sometido a procesos de alguna manera análogos a éste, en los que podrá participar de una u otra forma en la decisión de cambios institucionales que afectarán de manera determinante a su futuro. Espero que mis tribulaciones y cavilaciones, a pesar de mis limitaciones, le sean a Vd. útiles de alguna manera.

Para los lectores de fuera de España, resumiré de una manera muy, muy simple, burda incluso, el vodevil que se ha vivido aquí durante los últimos meses y que nos ha llevado a la consulta del 9N.

Desde hace algún tiempo hay una creciente agitación en amplios sectores de la sociedad catalana en favor de la constitución de Cataluña como una nación independendiente, y que ha experimentado un increíble auge - a la par de las penalidades económicas - durante los últimos pocos años (en 2012 hubo una gran manifestación, en 2013 se hizo una larga cadena humana y en 2014 se repitió otra gran manifestación). El Govern de la Generalitat de Cataluña (órgano de gobierno de las competencias transferidas por el Estado español a esta, actualmente, región de España), presidido por el president Artur Mas, encontró en el independentismo político una vía de escape para el descontento popular contra la eternización de la austeridad y los recortes, fruto de esta crisis que no acabará nunca. Arropándose en la bandera catalana como un escudo contra las críticas a su gestión, según muchos analistas (y mi propia experiencia de campo me lo confirma) en la actualidad el Govern está desbordado por un movimiento que tiene una amplia base popular y que va más allá y más deprisa de lo que en realidad podría parecer que el Govern desearía ir.

El caso es que, tras las últimas elecciones anticipadas (en las que el voto al partido del Govern no fue tan favorable), Artur Mas se vio necesitado de pactar con formaciones abiertamente independentistas y entonces se llegó al acuerdo de que en 2014 (más tarde se fijó la fecha al 9 de Noviembre) se celebraría una consulta sobre la independencia de Cataluña. Las muy repetidas palabras "referéndum" y "consulta", en el contexto de este guirigay, son muy relevantes: En España sólo el Gobierno de España puede convocar referéndums y su resultado es vinculante para la acción del Gobierno, por ser un mandato popular; por tanto, lo que formalmente proponía el Govern de Cataluña era realizar una consulta: una especie de encuesta masiva por votación de los interesados, cuyos resultados no serían en todo caso vinculantes. A tal efecto, el Parlament de Catalunya aprobó el pasado Septiembre una "ley de consultas no referendatarias y otras formas de participación popular", que debía dar marco legal para la convocatoria de la consulta del 9N. El problema es que desde hace muchos meses se sabe la fecha y las preguntas de esta consulta, así que resultaba complicado justificar que no se trataba de una ley ad hoc para un caso singular; y dado el fuerte contenido político en temas sensibles de la soberanía nacional de las preguntas de esta consulta (a las que ahora me referiré) y su carácter prácticamente refrendatario, el Gobierno de España ha reaccionado con mucha contundencia y rigidez: desde el momento en que se aprobó finalmente tanto la ley como el decreto para convocar la consulta del 9N el Gobierno envió un recurso de inconstitucionalidad al Tribunal Constitucional, el cual cautelarmente suspendió ambas.

A partir de aquí comienza una historia muy complicada y a veces esperpéntica. Primero, el Govern anuncia que se hará el 9N "de otra manera" y convoca el "nuevo 9N" (en catalán la expresión es bastante cacofónica porque "nuevo" y "nueve" se dicen igual), que no se acaba de saber muy bien qué es porque ninguna ley le daba amparo. Como reacción, el Gobierno de España anuncia que obligará al cumplimiento de la resolución del Tribunal Constitucional, y envía un nuevo recurso a este tribunal para que anule las actuaciones del Govern, aparte de amenazar con graves consecuencias si funcionarios de la Generalitat participan en esta "farsa". La tensión dialéctica fue aumentando con los días y al final el Govern dejó en manos de los voluntarios y las asociaciones civiles que han promovido esta consulta su organización. Se temía incidentes graves ayer, pero al final la cosa quedó en nada a pesar de dos o tres altercados aislados; la organización fue ejemplar, la participación modélica, y realmente no pasó nada. El Govern anunció oficialmente datos de participación y de recuento, en un movimiento que puede tener consecuencias legales - ya veremos qué pasa durante los próximos días.

Desde el punto de vista meramente descriptivo, lo que pasó ayer fue bastante impresionante. Una consulta organizada por voluntarios, que no tenían censos, que había sido condenada públicamente e incluso con poco veladas amenazas de consecuencias legales para quien se involucrase, ha traído finalmente a las urnas a 2.250.000 personas, aunque el Gobierno, que tilda todo el evento de farsa, asegura no dar credibilidad a esas cifras. Incluso dando por buenos esos números (que a mi me parecen completamente verosímiles, a tenor de lo que vi ayer), ayer votó poco más del 36% de todo el censo de electores (había algo más de 6 millones de personas llamadas ayer a las urnas), de los cuales un poco más del 80% (lo cual representaría aproximadamente el 29% de todo el censo de electores) se pronunció claramente a favor de la independencia de Cataluña. Las cifras ponen en evidencia un avance gigantesco del independentismo en Cataluña, porque si bien los votantes independentistas eran los más motivados para acudir a la consulta, es probable que por diversas razones no todos los independentistas votaran (en particular, se echó en falta a la gente más joven), y más aún que no todos los que no votaron serán contrarios a la independencia. También es cierto que parte de los votos a favor de la independencia son votos de castigo y censura al Gobierno de España por su autoritarismo, y esos votos se retraerían en caso de un referéndum real con consecuencias reales. Por una infinidad de motivos todas las cautelas con las que deben ser tomadas estas cifras son pocas, pero dada su magnitud llega a ser verosímil la hipótesis de que en estos momentos el independentismo catalán se encuentra en algún punto alrededor del 50% (quizá más arriba, quizá más abajo) de los votos que se emitirían en caso de haber un referéndum real. Por tanto, si realmente se le consultase a los catalanes sobre su futuro en un proceso con consecuencias reales la opción independentista podría llegar a ser la mayoritaria. En realidad nadie sabe dónde estamos exactamente y eso explica los movimientos un poco erráticos que a veces, por ciertos cálculos partidistas, están ejecutando los partidos políticos.

Respecto a las preguntas que se planteaban en esta consulta, eran dos. La primera pregunta era si el consultado querría que Cataluña fuera un Estado o no. La segunda pregunta decía que, en caso de haber contestado afirmativamente a la primera, si se deseaba que Cataluña fuera independiente o no. Las opciones posibles eran, por tanto, votar en blanco, Sí-Sí, Sí-No, Sí y dejar la segunda en blanco y No, cada una de ellas con su posible interpretación política. Votar en blanco significaba estar de acuerdo con que se se consultase al pueblo pero no tener opinión sobre las preguntas, no querer expresarla o no estar de acuerdo con las opciones presentadas. Votar Sí-Sí (que ha sido la opción que se ha llevado el 80% de los votos) quería decir querer que Cataluña sea un Estado independientes. La opción Sí-No equivalía a desear una reforma del Estado español para que pase a tener una estructura federal, de la cual Cataluña participaría como Estado federado. Sí-blanco quiere decir que se está a favor de una estructura estatal para Cataluña, sin expresar preferencia si debería ser un Estado independiente o federado. Por último, No significaba que que no se quería que Cataluña fuese un Estado, independiente o no. Obviamente, había una opción adicional, en realidad la mayoritariamente escogida por los ciudadanos de Cataluña, que era la de no ir a votar, negando toda legitimidad a hacer esta consulta o bien no acudiendo por miedo a las consecuencias o por encontrar que esta consulta era una farsa o inútil.

Después de dudar durante un tiempo, hace ya unas semanas tomé la decisión sobre qué opción iba a escoger. No era una opción fácil y posiblemente, errónea o no, mis argumentos para escogerla no son del todo ciertos o adecuados. A algunos de mis lectores (de hecho, posiblemente para la mayoría de los españoles) les puede sorprender e incluso molestar mis elecciones, por encontrarlas inapropiadas e indignas de ser aireadas aquí. Sin embargos, son decisiones reales tomadas en una situación real, en un contexto complejo que, estoy convencido, se irá reproduciendo de otras maneras en otros territorios. Mi esperanza es que la discusión de mi opción, vista desde la perspectiva de los problemas que se discuten en este blog, pueda serle útil a otros (quizá, por qué no, como ejemplo de qué no hacer).

La primera decisión que tomé fue la de ir a votar.

Fui a votar porque entiendo que no se puede criminalizar un proceso participativo. No estoy de acuerdo con que se puedan poner límites a priori a la discusión de cuestiones que no atentan contra los derechos fundamentales e inalienables de las personas (como son la vida, la integridad física, la propia imagen) y la soberanía nacional no es a mi entender uno de esos derechos. A partir de las discusiones a las que hemos asistido estos días, de acuerdo con el Gobierno español la pregunta no se podía plantear porque contradice la Constitución española, mientras que el Govern de la Generalitat dice que el pueblo de Cataluña tiene derecho a ser consultado. A mi modo de ver, esta discusión es una de primeros principios: según el Gobierno español el único sujeto reconocido de derecho es el pueblo español, depositario de la soberanía popular, en tanto que el Govern dice que el pueblo catalán es también un sujeto de derecho que tiene que ser reconocido. Como estamos hablando de entes abstractos no definibles (¿qué es el pueblo español? ¿qué es el pueblo catalán?) es imposible establecer una discusión racional sobre esos términos porque son primeros principios: son hechos que se toman tal cual, sin posible definición por términos anteriores. La discusión sobre la legalidad de la consulta es en tal sentido y a mi modo de ver completamente inane: obviamente cualquier intento de considerar que el pueblo catalán es sujeto de derecho puede ser ilegal con respecto a las leyes españolas, pero éstas no son principios inmutables y necesarios, sino derivados de la premisa de que es el pueblo español el único sujeto de derecho en el territorio que hoy llamamos España. Por tanto, la cuestión no es tanto de legalidad (obviamente la consulta, según como se formulaba, puede ser ilegal en España) sino de legitimidad: ¿es legítimo que el pueblo catalán intente existir como tal, como una cosa diferente y voluntad de ser al margen del pueblo español? De aquí toda la lucha de cifras: lo que el Govern ha intentado defender, amparándose en las multitudinarias manifestaciones de los años previos, es que en el territorio que hoy conocemos como Cataluña una amplia mayoría de la población se reconoce a sí misma como pueblo con derechos equiparables a los del pueblo español. Invocar la legalidad española en este contexto tiene el mismo sentido que invocar el código de circulación delante de un camión que avanza sin frenos hacia nosotros a toda velocidad: simplemente, no se aplica apropiadamente en este contexto. Dado que en la historia los sujetos de derecho internacional generalmente se configuran por la fuerza (física u otra), las opciones razonables del Gobierno español para responder a este problema era o bien utilizar la fuerza (coacción o ejercicio de la violencia en su caso) o bien abrir un proceso político y negociar; lo que ha sucedido es lo esperable cuando no se ha decidido tomar ninguna de las dos posturas lógicas.

Pero yendo al por qué de mi decisión, dado que para mi el mayor riesgo que tiene el mundo en descenso energético es caer en totalitarismos, me parece importante intentar mantener las estructuras lo más democráticas posibles, y frente a la imposición y el inmovilismo, la incapacidad de negociar (en la que Gobierno y Govern comparten culpa, aunque la cuota de la misma en el primero se ve sensiblemente superior), lo mejor que entiendo que puede hacer el ciudadano es votar, porque la votación es el alimento de la democracia (aunque no es lo único que se necesita para tener una democracia sana: en demasía se descuidan otros nutrientes esenciales como la transparencia, el control de las instituciones y la rendición de cuentas públicas). Al decidir ir a votar me posiciono en contra de una opinión mayoritaria en mi país de origen (yo soy español) y eso me estigmatiza delante de los ojos de algunos.

Con respecto a la primera pregunta, decidí votar que No.

Yo no deseo que Cataluña sea un Estado. Hemos analizado en este blog la gran colusión que hay entre Estado y capitalismo; los Estados tienden a gestionar de manera poco apropiada la soberanía popular que se les confía, influidos por los grandes poderes económicos que acaban convirtiendo dinero en poder a través de la injerencia en los asuntos políticos. Este proceso de usurpación del poder político en los Estados por parte de los poderes económicos, como se está viendo, se intensifica en las épocas de crisis, y más en esta crisis terminal del capitalismo global. La razón es simple: el capital reclama tener la tasa de regeneración histórica en un contexto de recursos menguantes, y si la economía no puede seguir expandiéndose porque falla la base material (porque la producción de petróleo y otras fuentes de energía empieza a disminuir, porque los metales que usa la industria son más escasos y caros -energética y económicamente- de producir) el capital sólo puede seguir expandiéndose a costa del endeudamiento del Estado y la reducción de los salarios. Yo no deseo que cuando mis hijos sean mayores vivan bajo los dictados de un Estado que entonces será, forzosamente, más corrupto y decadente de lo que es ahora y que les impondrá muchas y graves servidumbres, y por eso a esta pregunta mi respuesta sólo puede ser no. Como ven, mis razones difieren mucho de las comunes.

Con respecto a la segunda pregunta, decidí votar que Sí. 

Esta decisión era mucho más difícil que la primera. Yo no deseo la independencia de Cataluña y me causa tristeza que pueda terminar de esta manera abrupta una convivencia de siglos, que fracase de esta manera un proyecto común de convivencia, que todo se acabe con un portazo de despecho en medio de una ensalada de gritos y con los vecinos (Europa) mirando con caras extrañadas mientras que la del Cuarto (Reich) murmure entre dientes: "ya lo decía yo...". Sin embargo, si Cataluña decidiese no ser un Estado, entonces estaría muy bien que fuera independiente, porque al menos eso le daría una opción a mis hijos de no vivir subyugados (ya sé que no es una garantía, pero al menos es un buen comienzo). Votar "No" a secas significaría que prefiero lo que hay, y en el actual estado de decadencia de la política española, con la corrupción que hay y la que vendrá, es aceptar que no me gustaría cambiar las cosas. Y no es así. España necesita regenerarse y Cataluña necesita regenerarse. España está optando por Podemos como vía hacia la regeneración y Cataluña por la independencia. Aún no sabemos a dónde nos llevarán estas dos vías.

Hay una razón adicional para votar "Sí" a la independencia de Cataluña. El diseño de esta consulta, por razones políticas decididas en los partidos que suscribieron el pacto sobre el derecho de decidir, es completamente favorable al BAU: Hay una clara asimetría en las dos cosas que se están votando (Estado e independencia), de modo que sólo puedes entrar a discutir la segunda si has aceptado la primera. El mensaje de fondo es que no se puede renunciar al Estado; del mismo modo que para mucha gente el fin del capitalismo es el fin del mundo, para los promotores de esta consulta el autogobierno sólo se puede ejercer a partir de un Estado, es decir, una estructura centralista en la que los centros de decisión están tan alejados del pueblo que es muy fácil que un poder ajeno y no democrático los controle. Tanto es así que la opción que yo he escogido se considera no válida y mi voto por tanto ha sido nulo. Así pues votar "No-Sí", la única opción no contemplada y la que realmente para mi tenía más sentido, no es votar por la independencia de Cataluña sino que es un voto de protesta, una protesta por un diseño de la consulta hecho a la medida de sus promotores, que pretender mantener un régimen de privilegios propios de una época ya pasada y que no volverá. Estoy diciendo que no estoy conforme con lo que tenemos pero que lo que me ofrecen tiene también bastante mala pinta; estoy diciendo que tenemos que salirnos de los esquemas clásicos e comenzar a pensar de otro modo. Si la opción "No-Sí" hubiera sido la mayoritaria, la perplejidad de toda la clase política a ambos lados del río Ebro habría sido mayúscula y quizá, sólo quizá, se hubiera podido a comenzar a construir el futuro que todos necesitamos, ya fuera con España o sin ella, pero en todo caso el necesario.


¿Hice bien? Seguramente no, pues vivimos en un tiempo en el que resulta imposible hacerlo bien. Se trata solamente de intentar hacer lo correcto.

Salu2,
AMT
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Diario de trinchera: Brussels, Problems as usual

7 Novembre, 2014 - 23:47



Erráticos mis bautomáticos pasos por la T2, pendientes de hollar la nombrada capital de Europa...

Otra vez en el aeropuerto de Barcelona, a punto de tomar un vuelo de bajo coste para ir a Bruselas, de nuevo para asistir a una reunión organizada por la Oficina COST, en este caso la reunión de arranque de una nueva acción (las acciones COST son redes paneuropeas de colaboración científica, que duran típicamente cuatro años). Al menos esta vez yo sólo soy uno más, sólo un miembre del comité de gestión entre los otros 14 ó 15: los últimos 4 años he aprendido mucho sobre qué es gestionar una acción COST, pero la verdad es que en esta vez me apetece quedarme en la sombra, disfrutar de la discusión científica el poco o mucho tiempo que aún me quede para hacerlo, aprender y hacer cosas nuevas... hacer de científico y no de gestor, para variar.

Como he llegado con tiempo, me aparto un poco de las zonas más bulliciosas y me siento con un cortado descafeinado en una de las terrazas interiores de esta terminal aeroportuaria que, como todas, parece un centro comercial. Refuerza esa impresión que ahora, de hecho, hasta te obligan a pasar por una tienda para llegar a las puertas de embarque. Estos pensamientos me recuerdan un artículo que leí hace poco, en el que explicaban que una buena parte de los ingresos de los aeropuertos viene, precisamente, de estas tiendas... y de sus altos precios, pienso al pagar el cortado (suerte que llevaba la comida de casa y que tuve tiempo de comerla tranquilamente en el tren  - es buena cosa para el BAU aeroportuario que la comida no pueda pasar el punto de control).

Mientras mato el tiempo miro mis correos e intento publicar mi último post, pero ya he agotado la cuota del mes y la estrechez de mi banda ancha me hace imposible esta tarea (consistente básicamente en apretar un botón). Tendré que publicarlo desde el hotel por la noche, qué le vamos a hacer. Pero más que matar el tiempo lo masacro, y para cuando me voy a mi puerta la fila de espera tiene ya varias decenas de metros. Suspiro: no quiero que me obliguen a facturar (gratuitamente, eso sí) el equipaje, como hacen siempre con los últimos de la fila. Dos puestos detrás de mi un chico protesta a grandes voces: no quiere que le facturen su maleta pues no quiere tener que esperarla en la cinta de equipajes de Bruselas, y hace un rápido relato de sus desventuras con esta compañía en concreto (oyéndole hablar así, con una gran carga de epítetos poco cariñosos, me pregunto cómo es que aún usa sus servicios). Pero no hay gran cosa que hacer y al final el personal de la compañía aérea se la facturan; acto seguido, se acercan a mi. Yo disimulo: con una única muda y mi portátil en su interior mi mochila de viaje no abulta gran cosa, y colgada de mi hombro, como si tal cosa, pasa bastante desapercibida. Estoy de suerte: pasan de largo, no porque no hayan reparado en mi mochila sino porque sólo obligan a facturar maletas con ruedas (luego entiendo por qué: mi mochila cabe sin problemas debajo del asiento). Suerte, porque quiero llegar pronto al hotel, cenar y trabajar en la presentación para el instituto de física de la semana que viene.

El viaje en avión transcurre sin incidencias e incluso lo aprovecho muy bien para seguir trabajando, siempre trabajando, sin parar... Llego al aeropuerto de Zavantem sin saber muy bien qué transportes públicos tengo que coger para ir a mi hotel. Es curioso, pienso: hace unos años me preparaba muy bien los viajes, miraba con cuidado cómo debía ir de un sitio a otro y me imprimía planos y croquis necesarios, reservas de hotel, etc. Ahora, aún cuando me agendo una hora en los días previos al viaje para hacer los últimos preparativos, me limito a imprimir las tarjetas de embarque, mirar más o menos si es fácil llegar al hotel, y andando; más de una vez, ni siquiera me he molestado en mirar cómo se tiene que llegar al lugar da la reunión desde el hotel. Supongo que hace unos años viajar ejercía sobre mi la fascinación de la aventura y me lo preparaba un poco como quien idea una expedición a un lugar desconocido; elegir vuelo y hotel podía llevarme un par de días, y preparar la documentación de viaje era un rito casi sagrado que realizaba con una semana de antelación. Ahora estoy mucho más descreído de todo: busco un hotel de precio razonable y no lejos del lugar de la reunión de entre los recomendados por la organización y dedico algo más de tiempo a ver cómo haré el encaje de bolillos entre mi vida familiar y los horarios de los vuelos mientras intento que el precio se mantenga razonable, y ya está bien, que la semana que viene tengo otro viaje, y dentro de tres aún otro, y suerte que los de Toulouse y de San Francisco los he podido cancelar; y en cuanto la documentación de viaje, pues lo arriba dicho: tarjetas de embarque, vistazo rápido a la dirección del hotel, y a otra cosa, que el trabajo se amontona.

Cuando es mi turno en la taquilla del tren de cercanías, y como siempre me pasa cuando estoy en Bélgica, no sé si hablar en inglés o en francés. Opto por lo primero, por miedo a producir resquemores (la cuestión lingüística en este país es muy delicada). Como siempre (hasta que algún día esto me falle) la persona que me atiende es muy amable, acostumbrada como estará a orientar a extranjeros despistados, y me da indicaciones precisas sobre como llegar a la Avenida Louise, donde están mi hotel y la oficina COST; incluso me da una fotocopia del mapa del metro, que tendré que tomar después. Subo al tren: en media hora estaré en la Estación del Sur, y de allí en metro en un cuarto de hora podría llegar a la Avenida Louise y caminar hasta el hotel. Una hora en total: razonable; me anoto los tiempos pensando en que mañana iré justo para llegar al avión. Y pensando en éstas y otras cosas de repente me doy cuenta de que el tren se ha quedado parado en la Estación Central, sin abrir las puertas. Al cabo de un rato una voz por el altavoz dice, primero en flamenco y luego en francés, que ha habido un incendio en la Estación Central y que está siendo desalojada, por lo que continuamos trayecto a la Estación del Sur sin abrir las puertas. ¿Incidente o sabotaje? (ma? tarde, viendo la televisión  en el hotel, vería que la cosa no estaba clara).

La Estación del Sur es más grande de lo previsto y no tengo ni idea de hacia dónde cae el metro, y encima la señalética es muy poco apropiada para los forasteros. Afortunadamente esta estación tiene una estructura que me recuerda a la de las de París, donde viví unos años, y por intuición encuentro la entrada del metro al primer intento. En el andén, mientras espero mi convoy, veo que anuncian por los paneles que mañana será un día movidito: huelga en el metro y en el tranvía, aunque el tren debería funcionar normalmente. Debería.


En unas llamativas pantallas verticales que hay en el metro pasan anuncios de todo tipo, incluido el de una nueva película futurista de exploración espacial, con un lema supuestamente excitante: "El fin de la Tierra no significa el fin de la Humanidad". La frase me deja pensando: queda claro que cada vez más gente asume que este planeta se va al garete, cuando la cosa ya permea al mundo del cine. Esta resignación a la destrucción me recuerda otra frase que digo a menudo: "A mucha gente le cuesta menos imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo, e incluso creen que el primero implica el segundo". Y lo que me dice esa película es "Venga, hala, vayamos a destrozar otros planetas sólo para preservar este sistema económico sin sentido".


Me devuelve al mundo real unos gritos repentinos. Desde el otro andén, un hombre de raza negra, ropa algo raída y expresión de furia desesperada, grita en algo que parece francés, renegando de todo y de todos; un hombre blanco a mi lado le grita: "¡Cierra esa bocaza!", aunque el otro parece no oírle. Después de unos segundos bastante tensos el hombre desesperado se va, escaleras arriba, sin dejar de gritar un segundo.

Hace frío hoy en Bruselas, incluso con mi abrigo.

Salgo a la calle a la altura del número 2 de la Avenida Louise, a 200 números de mi hotel. Aprovecho el paseo para ir mirando los comercios: todo parece normal, quizá hay algunos establecimientos más de compra y venta de relojes (en realidad, casas de empeño de toda la vida, que en España ahora se conocen por sus carteles de "Compro oro"). En el hotel me atiende un joven empleado al cual me dirijo en inglés, pero al oírle decir una palabra en francés cambio a ese idioma y la conversación es mucho más distendida. Aprovechando la circunstancia, le pregunto de qué va la manifestación de mañana. Me explica que el nuevo gobierno belga está aplicando muchas medidas de austeridad, y que en particular el tema principal de la manifestación de mañana son los cambios que quieren hacer en el sistema de pensiones. Coincide la manifestación (manifestación nacional, dicen aquí para recalcar que vendrá gente de todo el país) con la huelga de metro y tranvía, con lo que el caos está garantizado. Me aclara que sólo en el mes de Noviembre está previsto tres demostraciones de fuerza como ésta. Bienvenido a Bruselas, me digo.

Dejo las cosas y me voy a cenar algo rápidamente. Los restaurantes de Bruselas siguen siendo bastante caros, como los recordaba. Una mujer ya mayor, de la mesa a mi lado, aprovecha que su acompañante ha salido fuera a fumar para entablar conversación conmigo (en francés). Me cuenta que su marido está ingresado desde hace semanas, y por su expresión veo que está angustiada; creo que saldrá de esta, me dice. Tiene suerte de su primo (el que fuma afuera) que le ha sacado de casa para distraerla. Conoce de España Barcelona y Lanzarote, y la mención de esta última le trae recuerdos agradables, de otros otoños pasados ya. Le pregunto si sabe de qué va esta manifestación de mañana, y me dice que el problema son las pensiones, pero en seguida vuelve con sus recuerdos. Al marcharse me dice: "Adiós, amigo", así, en español.

Sigue haciendo frío en Bruselas.

Vuelvo al hotel, publico ya el dichoso post, respondo e-mails, trabajo un poco y por fin me voy a dormir.

Al día siguiente todo transcurre según lo previsto. Típica reunión de COST, algunas viejas caras conocidas, otras nuevas. Las horas pasan lentas según vamos desgranando las normas, la estructura del presupuesto, las tareas... Vivimos en nuestra burbuja mientras afuera suenan distantes sirenas y un sordo rumor de multitud. Yo, que no quería compromisos, acabo aceptando dos cargos dentro de la Acción: soy un pringado. No se oye gran cosa en la planta 15 de esta torre, aunque la Avenida Louise parece tranquila. 


Yo ya cuento con ir caminando desde la reunión hasta la Estación del Sur, una media hora, y allá coger el tren hasta el aeropuerto, una media hora más. No debería haber problemas.

A las 14:30 entra el oficial administrativo y nos comunica que ha habido incidentes graves y que no ya no circulan más trenes (más tarde supe que habían quemado unos coches). Decido no arriesgarme (mi avión sale a las 17:40) y dejo la reunión un poco antes de lo previsto y pillo un taxi. Intento entablar conversación con el taxista pero el inglés le cuesta; le pregunto si sabe hablar francés y resulta que es francófono. Toda la conversación hasta el aeropuerto es bastante amena. El taxista me explica que las protestas del día se deben a que el nuevo Gobierno ha elevado la edad de jubilación, y me dice indignado: "¡Están locos! ¡Quieren que trabajemos hasta los 65! ¡E incluso han llegado a decir que podrían subirlo hasta los 67 años!". Yo sonrío y le explico que en España ya estamos ahí, aunque también le cuento que no creo que yo llegue jamás a cobrar una jubilación. De ahí la conversación deriva hacia la crisis económica que no se acaba, los recortes que ahora están llegando al norte de Europa (el taxista tenía clarísimo que lo que está pasando es una lucha entre ricos y pobres) y, cómo no, yo introduzco el peak oil. El taxista se queda pensando unos segundos cuando acabo de contarle brevemente qué está pasando y me dice: "Cuando no haya petróleo esto será una guerra, o peor que una guerra". Llego al aeropuerto con tiempo suficiente.

Voy recorriendo los largos pasillos interiores, tapizados de anuncios de lencería, coches, colonias... Otro centro comercial más. Pero varios anuncios capturan mi (segada) atención: "Dando de comer al mundo" (un proyecto de cooperación con el Tercer Mundo), "Los trenes de alta velocidad de Siemens dan una respuesta para un crecimiento duradero", "Statoil: gasolina noruega que impulsa nuestra economía", "Aseguramos el crecimiento en un mundo en cambio" (BNP)... Se diría que hay una preocupación fundada por la crisis y por la energía. Pero estoy seguro que nadie más que yo ve esta conexión, y probablemente simplemente estoy exagerando.

Después, nada que destacar: avión, tren a Sants y luego otro tren (restaurante de mi frugal cena) de Sants a mi casa, donde aunque tarde aún llegaré a tiempo de leerle un cuento a mi hija. Una cara conocida al bajar del tren: "Qué, el domingo a votar, ¿eh?", en referencia a la consulta catalana sobre la independencia del 9 de Noviembre. Vuelvo a estar en casa, con las obsesiones de casa, los problemas de casa, el proceso de desintegración y colapso de casa... Durante unas horas he estado (someramente) inmerso en otra realidad, en otra "nueva normalidad" que poco a poco se está convirtiendo en la norma por toda Europa, una "normalidad" llena de recortes, de protestas y de problemas... Hemos pasado del "Business as usual" (negocios como siempre) al "Problems as usual" (problemas como siempre).

No pasa nada, sigan con sus asuntos; son los problemas como siempre.
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El paso del tiempo

5 Novembre, 2014 - 23:32



Queridos lectores,

Hace pocos días tuvo lugar una efemérides importante para mi: hace ahora 5 años que di mi primera charla divulgativa sobre el Oil Crash. Fue delante del Departamento de Oceanografía Física del Instituto de Ciencias del Mar, mi departamento en mi instituto.

Aquel seminario fue la culminación de un proceso de varios meses en los que, por fin, me había puesto a estudiar a fondo del problema de los recursos naturales. Recuerdo esos meses de verano en que iba estudiando para preparar el seminario y no me podía creer lo que iba descubriendo. Dato a dato, cada vez quedaba más claro que había una gravísima crisis energética que se estaba comenzando a desarrollar, y que no había soluciones sencillas para hacerle frente; que no se iba a producir una sustitución rápida y eficaz de las viejas energías fósiles por ninguna solución de las que entonces se presumía que iba a coger el relevo, ya fuera renovable o nuclear. Cuando más leía más inverosímil me parecía todo, pero ahí estaban los datos. Hacía años que conocía (y me preocupaba) el problema del peak oil, años en los que de tanto en tanto curioseaba en las páginas de Crisis Energética y en otras webs en inglés (Energy Bulletin, The Oil Drum), pero siempre había mantenido cierta distancia, asumiendo que el problema del petróleo sería resuelto por "los que están al mando". Fue en esos meses que descubrí que nadie está al mando o, quizá peor, que si no se intentaba aplicar una solución es porque ésta no existía.

Concluida mi primera investigación, habiendo llegado a conclusiones que me parecían inexorables, pasé muchos días con una sensación de irrealidad (sensación que sólo empezó a desvanecerse, y muy paulatinamente, cuando empecé a poner en orden mis ideas y plasmarlas por escrito en este blog), de futilidad de todo lo que hasta entonces había ocupado mi tiempo, de miedo por mis seres queridos, de final de la civilización... Buscaba desesperadamente alguna noticia que refutase todos los datos que había leído, y unos días antes de mi charla en el departamento - que impartí con la ayuda de mi compañero Jordi Solé - fui a una conferencia que casual y oportunamente dió Pedro Prieto en el Consorci del Far de Barcelona. Tenía todavía la fatua esperanza de que Pedro, al que conocía de haber leído algunos artículos suyos en Crisis Energética y del que sabía que era un gran estudioso del tema energético, desmontaría mis temores dando buena cuenta de grandes planes de sustitución que se me habían pasado por alto. Obviamente, lo que pasó fue justo lo contrario: Pedro confirmó uno por uno todos mis temores, subrayó mis mismas conclusiones... Unos días más tarde tomé la decisión de dedicarme al menos en el tiempo libre a hacer divulgación de este tema tan crítico.

¿Qué es lo que ha cambiado en cinco años?

Si pudiéramos mirar las cosas con la suficiente perspectiva, veríamos que ha habido muchísimos cambios y muy radicales, pero nos cuesta aceptarlo, porque nuestra mente tiende a aferrarse a lo que tiene y no a lo que puede perder. A nivel local, en 2009 el paro en España comenzaba a ascender con fuerza, pero a principios de aquel año estaba aún en el 14%, casi 10 puntos por debajo de donde está ahora (y podríamos estar peor si la emigración no estuviese "aliviando" este problema, aunque sea a costa de dejar a España más debilitada de cara al futuro). Ha habido un empobrecimiento generalizado, una clara disminución de la renta media: sueldos congelados de trabajadores públicos y reducciones de sueldo masivas vía recontratación más precaria en el sector privado, y dos tercios de los españoles sufren carencias en aspectos esenciales (según el informe FOESSA de Cáritas). En estos años se ha hablado varias veces de un posible rescate y de los problemas de la deuda pública. Las mal llamadas "políticas de austeridad" se han convertido en norma, generando mucho desencanto, movimientos de protesta generalizados (del cual el 15M fue su mayor exponente) y una ira creciente contra la clase política y las instituciones, cada vez más percibidas como intrínsecamente corruptas, cada vez más denostadas porque la mayoría cree que son las causantes de nuestra desgracia. En España el sentimiento de rabia crece, sin que la prometida recuperación (que probablemente se hundirá en los próximos meses) consiga calmar los ánimos, y eso está desencadenando procesos inimaginables hace 5 años. Por ejemplo, hace 5 años era impensable que Cataluña se separase de España, y ahora en esta comunidad prácticamente no hay otro tema de discusión en la calle, en los días previos a la consulta que no es una consulta pero es una consulta del 9 de Noviembre. Cataluña ha optado por regenerarse por la vía de cortar por lo sano, cortar con la pobre y denostada España, y dejar que el resto se pudra. Y ese resto ha optado por su propia vida regenerativa, con un desplazamiento masivo de electores hacia una nueva fuerza política, Podemos, de orientación progresista y martillo dialéctico (en ocasiones con tono populista) de "la casta política". La irrupción de Podemos provoca cada vez más inquietud y congoja en los partidos tradicionales, y es que según algunas encuestas recientes Podemos se ha convertido ya en la primera fuerza política de España por intención de voto.

Pero si abrimos el zoom y nos fijamos en Europa, nos daremos cuenta de que España no está experimentando un fenómeno aislado. En la vecina Francia se aventura que un movimiento populista, en este caso escorado a la derecha, podría conseguir la próxima presidencia de la República; Italia y Grecia, intervenidas en lo económico y habiendo sufrido, ambas, cambios no muy diferentes a un golpe de Estado; Alemania, que ha aguantado mejor el tipo pero ve negros nubarrones en su futuro... Si uno mira el factor petróleo, cómo la demanda está cayendo en medio de una crisis que no puede jamás acabar, se entiende que la escasez de energía y en particular de petróleo probablemente tiene mucho que ver con lo que está pasando. Alemania ha podido recurrir al carbón para disminuir su propia caída energética, utilizando en demasía a su propio lignito, en un camino sin mucho recorrido e incierto final; y los demás han tenido que afrontar la caída, que en algunos casos (Italia, España, Portugal) ha sido simplemente brutal.
Imagen extraída de "Energy briefing: Global Crude oil demand & supply ", de Yardeni Research: http://www.yardeni.com/pub/globdemsup.pdf
Ampliando más el zoom y yendo ahora a las puertas de Europa, podemos ver en este momento varias guerras civiles: Ucrania, Libia, Siria, Egipto, ahora Irak... Y si miramos por fin el panorama global, hay numerosas fuentes de preocupación, en Latinoamérica, en Asia, en África... Sólo un puñado de países, que incluyen a los EE.UU. y China, han conseguido capear, con no pocas dificultades, a lo peor de estos años, aunque ahora mismo tampoco se divisan en lontananza días de vino y rosas para este selecto grupo (viendo por ejemplo el deterioro de las perspectivas económicas para los dos países).


Dramático como ha sido el curso de los acontecimientos durante el último lustro, no ha sido tan malo como temíamos muchos de los que nos dedicábamos a la divulgación de la crisis energética. Hay que reconocer que ha surgido un freno imprevisto a la caída de la producción de petróleo, un recurso con el que no contábamos y que explica la relativa estabilidad del suministro de petróleo y de su precio (aunque haya sido elevado) durante los últimos 5 años: la irrupción del fracking en los EE.UU. Gracias a la introducción de esta técnica a escala masiva, primero en la búsqueda del gas de esquisto y luego para extraer el mucho más interesante y rentable petróleo ligero de roca compacta (Light Tight Oil), los EE.UU. han conseguido invertir la tendencia al declive de su producción de petróleo, que ya estaba en torno a los 5 millones de barriles diarios (Mb/d) y añadir en un tiempo récord 3 Mb/d de LTO y condensados, y aún el Departamento de Energía de los EE.UU. sueña que el año que viene los EE.UU. podrían alcanzar su máximo histórico de producción de petróleo crudo de 1970, que fue de 10 Mb/d.





Nota para los que se sientan confusos porque han leído que EE.UU. ya supera a Arabia Saudita en producción de petróleo: esas noticias se refieren a "todos los hidrocarburos líquidos" o, dicho a veces en abuso de notación, "todos los líquidos del petróleo", lo que incluye los biocombustibles (que no aportan energía neta) y los líquidos del gas natural (que sólo parcialmente pueden sustituir al petróleo).

Pero si una cosa no ha cambiado en los últimos 5 años son las estrategias de negación de que pueda existir un problema con la energía. Continuamos con los mismos disparates y tecnofantasías: seguimos hablando de la energía nuclear (convencional, de cuarta generación, de fusión...) o del inmenso futuro de las renovables, con repetidas noticias fuera de contexto y exageradas que hacen pensar al lector desinformado que una revolución energética está próxima y que todos los problemas se van a resolver pronto... y aquí estamos un lustro después, empantanados en problemas sociales y económicos crecientes y en vísperas de una nueva oleada recesiva que nadie quiere aceptar que ya está aquí. La opción nuclear ha perdido fuerza después del desastre de Fukushima y el progresivo abandono de la nuclear convencional en Europa; por otro lado, sin embargo, aún hoy oímos cantos de sirena que nos prometen llevarnos a un paraíso renovable. Es verdad que el Gobierno de España, éste y el anterior, han boicoteado esta alternativa, pero no es menos cierto que los nuevos sistemas de energía renovable tienen muchas limitaciones pocas veces reconocidas (empezando por el hecho de que no es electricidad lo que nos falta, sino ese 79% de energía final no eléctrica que es difícil de electrificar; y a pesar de eso cada vez que se habla de energía en los medios de comunicación se insiste en el sector eléctrico). La única revolución energética que realmente se ha hecho es la del fracking, y ha sido a un coste inhumano: con los EE.UU. exportando inflación a los países proveedores, explotando yacimientos de rentabilidad económica a pesar de ello más que dudosa, incurriendo en cada vez más problemas económicos... ¿Y todo para qué? Para llevar a las 127 compañías productoras de gas y petróleo más grandes del mundo al borde de una bancarrota que no se hará esperar mucho, sobre todo ahora que la débil demanda fruto de la recesión en ciernes arrastra los precios del crudo hacia abajo. Hemos ganado unos años simplemente para ponernos en una situación peor cuando todo reviente, porque los Estados se verán obligados a intervenir y rescatar un montón de empresas estratégicas por su vinculación con la energía. Pero ahí siguen las estrategias de negación (la última consiste en decir que es Arabia Saudita la que está aumentando su producción para hundir los precios del petróleo y así acabar con el fracking americano, cuando en realidad Arabia Saudita redujo su producción en Septiembre para contener la actual sangría de precios).

No sólo las estrategias de negación de la crisis energética no han cambiado en los últimos 5 años, a pesar de los problemas cada vez más graves que nos aquejan. También se sigue acusando a los que alertamos del problemas y de que no hay soluciones sencillas de ser unos catastrofistas; quizá con mayor virulencia y violencia verbal últimamente, eso sí. Y sin embargo, si en el año 2009 hubiéramos contado que hoy íbamos a estar como estamos en este momento nos habrían tomado por locos agoreros y nos habrían denigrado por catastrofistas irredimibles. Y, en realidad, aquí estamos, a pesar de tanto brindis al Sol, a pesar de tantos anuncios hechos en este lustro (como en todos los precedentes) de que Eldorado energético ya estaba a nuestro alcance. ¿Qué han aportado, qué están aportando los que apodan la mera descripción de nuestra realidad como "catastrofismo"? Se podría decir que nada, pero no es verdad. Toda esta gente que reacciona con agresividad cuando se les habla de la crisis energética, esa gente que me escribe airada y con aire jactancioso, con un "¡Ja!" en la boca, cada vez que leen una noticia en el diario de un nuevo avance que creen definitivo pero que nunca saldrá del laboratorio o de pruebas piloto; toda esa gente que cree con la fe del carbonero en las mismas tonterías y en las nuevas tecnofantasías que hemos visto en los últimos 40 años, y que dentro de 5 años serán sustituidas por otras al tiempo iguales y nuevas; todas esas personas que siguen engañadas y ciegas a una triste y desagradable realidad, soñando en un futuro "Lleno de energía" mientras que en el mundo real el consumo de energía de España sólo cae... todas esas personas en suma, sin pretenderlo obviamente, están haciendo un daño terrible y están poniendo en peligro nuestro futuro. Puesto que el tiempo de tomar decisiones, de manera adulta, valorando correctamente la situación, tanto si nos gusta como si no, es ahora. Los verdaderos catastrofistas no somos los que denunciamos un sistema destructivo que se está desintegrando y está haciendo sufrir a tanta gente, no. Los verdaderos catastrofistas son aquellos que niegan a mirar la realidad a la cara; los verdaderos catastrofistas son los que rechazan que pueda haber un cambio y prefieren seguir en esta desgracia y profundizar en ella; los verdaderos catastrofistas son aquellos a los que les cuesta menos imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo, y que de hecho creen que ambas cosas son equivalentes cuando en realidad no es así, cuando en realidad puede haber un futuro brillante para la Humanidad si decide dejar de ser adolescente (intentando el imposible de crecer sin límites en un planeta finito) y asume una serena madurez. Acusan a los que hablamos como adultos de ser catastrofistas cuando son ellos los que nos arrastran a una catástrofe perfectamente evitable, simplemente porque no quieren imaginar otra posibilidad, y encima se ensueñan con ella.
 
También hace ahora 5 años desde que la misión europea SMOS despegaba desde una base rusa; era el primer satélite capaz de medir la salinidad superficial del océano desde el espacio. Este lanzamiento supuso un gran cambio en mi vida, pues mi actividad profesional se ha ido alineando progresivamente con la gestión de nuestra actividad en la misión, y en la actualidad consume una buena parte de mi jornada laboral. Una nueva realidad, la de la gestión de un grupo de investigación, que me lleva a tener que viajar continuamente, cumpliendo compromisos y buscando dinero para mantener en marcha mi equipo, un grupo de gente muy capaz y competente (y, por encima de todo, buenas personas) que tiene la desgracia de padecer a un jefe esquizofrénico que durante el día mantiene una intensa actividad bautomática mientras por la noche y en las horas muertas de los aeropuertos escribe sobre el fin de la sociedad industrial en este blog.

En estos 5 años mi vida personal también ha cambiado mucho. Entonces tenía una hija, ahora también un hijo. Durante este lustro perdido pelo y vista pero no mucho peso, sólo un poco cuando estuve a punto de perder la vida hace tan sólo seis meses. También ese terrible evento ha cambiado mi vida. Ya no me quedo escribiendo de madrugada, ya no pico entre horas para mantenerme despierto e intento hacer una vida más sana, sólo una pizca, sólo una miaja. Con mayor frecuencia me da por pensar en qué será de mi familia cuando yo no esté; a veces atisbo que a la larga solo puedo meterme en problemas (como las amenazas de muerte de un loco que tuve que soportar hace algo más de un año, y como las cosas que sin duda están por venir en estos tiempos turbulentos que ya se adivinan) y que no merece la pena continuar para lo poco o nada que vamos a conseguir. Pero todavía, me digo, sigo estando vivo.

¿Qué pasará en los próximos 5 años? No lo sé. Difícil es de saber. Muchas de las estrategias de huida hacia adelante que se han emprendido en los últimos años parecen estar llegando a su fin, sin haber mejorado la situación global y en muchos casos habiéndola empeorado, habiendo creado más estrés en el sistema y haciendo más probable una caída precipitada y desordenada. Hace 5 años creía que estaremos peor de lo que en realidad  estamos. Hoy creo que dentro de 5 años estaremos en una situación francamente nefasta; ojalá me equivoque. En realidad, allá a donde lleguemos depende completamente de nosoros. Siempre ha dependido de nosotros.

Salu2,
AMT

P. Data: De momento me tengo que ir a Bruselas un par de días (aunque no podré escuchar a Ugo Bardi allí). Y dentro de una semana tenemos una cita anual importante: la salida del World Energy Outlook 2014, la que para mi marca el cambio del año "Oil Crash". Yo estaré esos días entre Valencia y Castellón y por eso mi análisis del informe de referencia en el mundo de la energía se demorará probablemente más de lo habitual; espero que sepan disculpármelo
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Docuficción: el recurso narrativo para el declive de los recursos

30 Octubre, 2014 - 21:00
Queridos lectores,

Demián Morassi nos ofrece un nuevo ensayo, en este caso sobre la narración dramatizada del Peak Oil en la gran y pequeña pantalla.

Salu2,
AMT 

Docuficción: el recurso narrativo para el declive de los recursos


El Peak Oil (cenit de producción de petróleo) parece estar cambiando nuestra forma de narrar el futuro. El futurismo clásico deja paso a un futurismo de transición, un modelo narrativo bisagra. Por futurismo clásico tomaré aquellas previsiones que se hacen siguiendo las tendencias lineales de la sociedad en algún sector (tecnología, política, genética, etc.) y prolonga esa tendencia hacia el futuro de manera exponencial. Por ejemplo, George Orwell en 1984, teniendo en cuenta el creciente control de los medios de comunicación por parte del poder en 1948, estiró ese cabo y describió un mundo futuro en el que ese control es casi total, gracias a tecnologías aún más desarrolladas y conocimientos de la psicología de masas aún mayores.
Después de ver algunas películas futuristas que toman en cuenta el Peok Oil me he encontrado con una forma de narrar que se despega del futurismo tradicional.
Las tres películas que considero más representativas son The Age of Stupid (F. Armstrong, 2009), Earth 2100 (R. Bednar, 2009) y Collapse (N. Dockstader, 2010) y utilizan el método denominado docuficción.
En estas docuficciones hay escenarios inventados y actores, hay entrevistados e imágenes documentales actuales. Escenarios futuristas creados por ordenador o decorados y personajes representados por actores en The Age of Stupid y en Collapse, mientras que en Earth 2100 la parte de ficción se narra mediante dibujos de estilo comic con la voz de su protagonista ficticia.En las tres hay entrevistas reales (a especialistas) que narran los problemas actuales (o los colapsos en sociedades del pasado) y dan la base para que podamos comprender las escenas de ficción. En las tres hay personajes del futuro que reflexionan sobre las cosas que fallaron en nuestra época e investigando los restos de la sociedad industrial cubiertas por la tierra o hundidas bajo el agua. En las tres hay imágenes documentales actuales de distintas partes del mundo: coches llenando autovías, aviones low cost o fumigadores y surtidores de gasolina, ruinas mayas, romanas o anasazis, montañas que pierden sus glaciares o ríos reales que se están quedando sin agua.
Pero ¿cuál es la diferencia narrativa fundamental?
Una película futurista de ficción (que busca ser masiva) debe partir de un común acuerdo con una gran cantidad de espectadores. En una película de naves espaciales de los 70 dan por supuesto que el espectador concibe un avance tecnológico aeroespacial que nos llevará a escenarios como los de Star Wars o Solaris, el espectador no necesita de ningún experto que le argumente que las tecnologías están permitiendo superar obstáculos a gran velocidad, lo saben y lo  experimentan en sus propias vidas. En los 80 sucedía lo mismo con la robótica, el espectador percibía avances espectaculares y por lo tanto podía aceptar un futuro de Terminators o Robocops. A finales de los 90 el desarrollo de la informática y la realidad virtual  nos proyectaba hacía una vida virtual dentro de Matrix y a principio de Siglo XXI ya advertíamos en Wall-E la posibilidad de un futuro en el que nuestro hábitat quedaría convertido en basura.
Hoy en día el espectador común no concibe el Peak Oil, no existe propaganda que pueda aprovechar la idea de un futuro sin combustibles, de hecho el Peak Oil destruye todos los cuentos futuristas que hemos mamado desde niños, aún estamos esperando ver un coche volador o la mochilita con propulsión para vuelos individuales. Y, para confundir, la propaganda de los coches híbridos o eléctricos parece tener más que ver con evitar las emisiones de gases de efecto invernadero que con la falta de petróleo a futuro.
Desde esa base es muy complicado armar una película de ficción post petróleo. El futuro aún parece percibirse en una línea ascendente de grandes inventos o micro descubrimientos (la genética o mutaciones por radiación ha generado innumerables obras), y se espera seguir trepando indefinidamente: "nuestro abuelos ni se imaginaban la clonación o internet y nosotros no podemos imaginar las maravillas tecnológicas del futuro que nos inventarán”. Incluso el cambio climático despierta  la fantasía de un avance tecnológico para salvar el planeta.
Como en el caso de la novela 1984, las distopías de control social también seguían esa línea ascendente: Un mundo felíz o Farenheit 451 se pueden comprender desde la base de los "avances" científicos en manos de unos pocos aprovechando el combo tecnología + psicología de masas. No hay nada que preexplicar, el lector viene palpando el avance de los medios audiovisuales y de las técnicas asociadas de márketing (o propaganda política), de la adicción al consumo o la aceptación del horror ajeno a cambio de seguridad laboral y bienestar familiar. Línea ascendente que deriva en mundos de pesadilla, pero línea ascendente al fin y al cabo.
El cenit del petróleo romperá esa carretera hacia el cielo, llenándola de curvas descendentes y peligrosos acantilados.
En cuanto a los documentales puros tenemos varios dedicados al tema del cenit del petróleo (quizás A Crude Awakening: The Oil Crash, del 2006, sea el más específico y Home, del 2009, el más distinguido) pero principalmente hacen el diagnóstico y luego, en mucha menor medida, prevén los posibles escenarios. El punto es que esos escenarios son tan diferentes a nuestra realidad o a nuestro pasado que es muy difícil intuirlos sólo a partir de algunas palabras de especialistas. Hay que movilizar la imaginación y hacer buenas descripciones de esos escenarios. No es fácil, y además, si queremos lograr cierta objetividad (lo que busca el documental expositivo clásico) es muy probable que nos equivoquemos. 
En el muy didáctico documental animado No hay mañana (del Post Carbon Institute) enlazado en este blog sólo se limita a este pronóstico:"Es posible que la sociedad retroceda a un estadío más sencillo en el cual se utilice una cantidad de energía muy inferior. Esto significaría una vida más dura para la mayoría. Más trabajo físico, más trabajo agrícola y producción local de bienes, alimentos y servicios."
Luego propone algunas cosillas para irnos preparando y termina con esta frase"Ninguno de estos pasos evitará el Colapso pero podrían mejorar las posibilidades en un futuro de baja energía, uno en el que tendremos que ser más autosuficientes tal y como nuestros ancestros lo fueron una vez."
El límite de un documental que trata de ser objetivo es que no podemos saber mucho más que eso, los demás son escenarios (¿neo feudalismos o redes de ecoaldeas?) entran ya en el terreno de la ficción, si hay colapso catabólico o decrecimiento sostenible, depende de nuestras reacciones como sociedad y las posibilidades son innumerables.
Ahí es donde entran estas películas citadas arriba. También ahí entra este blog con los textos distópicos de Antonio Turiel (I, II, III, IV y V) o el blog de John Michael Greer (el autor más traducido en el foro de este blog) entremezclando esa ficción con artículos documentados (con datos fríos) sobre la situación actual o histórica. Algo semejante nos ofrece Ugo Bardi en su blog Resource Crisis con una serie de artículos sobre Cli-Fi (ciencia ficción climática) a la que le ha dedicado una serie de entradas (1) (2) (3) mientras documenta la "crisis de los recursos". Y mientras corregíamos este texto aparecía el ejemplo más claro, la revista 15/15\15 ambientando sus textos en 2030.
Esta forma de narrar no sólo se da entre los especialistas, sino que el sólo hecho de navegar por el Foro Crashoil o por las respuestas a los blogs citados anteriormente se percibe que esta narrativa está presente en cada individuo que se empapa o chapotea por la idea del planeta finito: "¡Uh! después de leer esto me veo criando cabras en una pista de esquí abandonada en la montaña, defendiéndome de bandas de hambrientos o creando redes de producción comunitaria" ¿Cómo no nos va a afectar individualmente? Es un tema que nos atraviesa y que nos coloca en otra dimensión, no sólo es el declive energético, es un virtual cambio de hábitat, el fin de nuestro oficio para el que hemos estado especializándonos durante años, es un ajedrez en simultáneas con veinte rivales que atacan todos juntos y nos angustia saber si tendremos el tiempo de ir moviendo todas las fichas antes de que se termine la arena del reloj.
Pero el límite de las narraciones que buscan ser masivas es la perversidad con la que fuimos criados con respecto a la centralidad humana en el planeta y nuestro privilegio como especie superior. Y ahí es donde resulta muy difícil ser masivo y no terminar en un "final feliz humano". En todas estas películas hay debacle poblacional pero en las películas no nos identificamos con ninguno de los que ha muerto. Observamos desde afuera como arqueólogos del 2210 o del 2055 (en Collapse y The Age of Stupid) o desde el relato de la niña que nace en 2009 y llega al 2100 sorteando todos los obstáculos y viviendo en una granja autosustentable con su hija y su nieto en el 2100. Creo que si nos sacamos ese antropocentrismo podemos superar mejor todas las crisis-crash-colapsos y hasta crear escenarios más vibrantes.
Con el cenit de los recursos de uso humano va a disminuir la velocidad de depredación de las otras especies. Las previsiones del IPCC son negativas porque aunque frenemos en este siglo las emisiones de gases de efecto invernadero seguirá (varias décadas) aumentando la acidificación de los mares, la desertificación de algunas zonas, la devastación de otras por tifones cada vez más fuertes, etc. Sin embargo el hecho de haber sido nuestra generación la que ha sostenido la depredación ambiental puede hacernos pensar que los individuos (o personajes de ficción) del futuro puedan ser seres que vivan con otro sentido, sin la culpa que se nos achaca (y nos achacamos) a cada uno de nosotros hoy ("Sí, tú eres el culpable de la extinción de la foca monje del Caribe y de la desaparición de 500 hectáreas del Amazonas y de una parte del agujero de ozono ¿niégamelo?"). Esos individuos de nuestro futuro(ismo) van a estar con otra cabeza, otra psicología los va a rodear, otra espiritualidad. Ahí es donde más nos cuesta hacer ficción. ¿Y si a la naturaleza se la vuelve a colocarse por encima del ser humano? ¿Y si otorgan pena de muerte a quien ose talar un árbol milenario? ¿Si se conformaran con vivir plenamente cuarenta años sintiendo el resto de su vida como un regalo divino?En las tres docuficciones que he puesto como ejemplo los protagonistas de la ficción pertenecen al ámbito de la investigación, no son "gente de la tierra". Las tres películas son anglosajonas, no son de pequeñas islas ni de países con poblaciones que siguen tradiciones milenarias. Y sin embargo ese relato que irrumpe empieza a parecerse a los textos religiosos que mezclan elementos de la realidad con catástrofes futuras, lecciones a corto, mediano y largo plazo, la fuerza de la naturaleza contra la arrogancia humana... cuando comience el momento de actuar,  quizás las narraciones dejen de ser tan importantes como en el presente, la trama de la vida nos hará más protagonistas y ahí es cuando en el 2042… me tomarán como esclavo para la cosecha de algas, para salvar la corte del Dictador Supremo de la pandemia de anemia, luego seré enviado cientos de kilometros al norte para junto con otros esclavos, cuyas lenguas me serán confusas, buscar teléfonos móviles para recuperar sus minerales divinos en ciudades abandonadas, pero nos revelaremos y huiremos a la montaña donde las comunidades nos abrazarán e integrarán en sus permacavernas y viviremos una buena época de silencio en compañía y magia de la divertida entre humanos y no humanos.
Perdón, se me escapó… Un ejemplo interesante para pensar el futuro desde otra cabeza es el logrado en la película de ficción El planeta libre (La Belle Verté, Colene Serreau, 1996) ambientada en otro planeta que ya superó la era industrial, el uso del dinero, hubo boicot a los productos que dañaban su planeta, luego guerra civil y ahora viven en armonía con su ambiente, se los ve muy felices. Algunos de estos extraterrestres (con rostro humano) viajan a la Tierra para ver en qué estadío andamos y tratar de ayudarnos. Caen en París y notan lo atrasados y enfermos que estamos… como de pasada conocen una tribu en África que desde hace 2000 años viven en armonía con su territorio, no usan dinero y logran entenderse perfectamente con ellos. Digamos que el método es hacer futurismo optimista en el otro planeta y ficción realista en el nuestro (pero dando una pista que en nuestro presente hay divergencias de modos de concebir la vida).
Quizás, entre desesperación post industrial y el camino al buen vivir de los pueblos originarios andinos haya baches en nuestra capacidad de futurología. Pero recalco, más que construir escenarios visuales impactantes, lo difícil es construir la psicología y espiritualidad de esos personajes que vivirán en ese futuro después del crash de lo superfluo. Cómo seremos por dentro puede hacer que todo eso que evidentemente nos va a faltar quizás ni siquiera lo queramos o quizás sí, quién sabe.
 
Por Demián Morassi, con la colaboración y traducción (argentino-español ibérico) de Alberto Campos
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Solución a la Paradoja de Jevons: Energía para la transición

28 Octubre, 2014 - 00:25


Queridos lectores,

Una cosa que suelo explicar en las charlas de divulgación es que ahorro y eficiencia, por sí mismos, no sirven para solucionar la crisis energética "si no hay un cambio del sistema económico". Esta coletilla suele ser perfectamente ignorada por algunas personas concienciadas con el problema de la crisis energética y que ya han tomado una posición excesivamente derrotista, pues han acabado pensando que no hay futuro ni esperanza.
 
Camino a Gaia (como aquí le conoceremos, autor del blog del mismo nombre) ha escrito este artículo, explicando por qué la paradoja de Jevons no es necesariamente un problema en un mundo en transición (muy en la línea de otro ensayo muy reciente de mi compañero Jordi Solé). El artículo de Camino a Gaia que hoy les traigo es, sin duda, un texto muy interesante y pertinente, que estoy seguro que a más de uno le será de utilidad.

Salu2,
AMT




LA NATURALEZA DEL PROBLEMA: LÍMITES Y OBJETIVOS.
No hay viento favorable para el barco que no sabe dónde va.                                                                                           Séneca
Las paradojas son con frecuencia fruto de la relación entre objetivos y los medios para lograrlos. La realidad está plagada de irregularidades, de condicionantes y de límites, y si viajamos en un barco puede que el mejor camino para llegar a un puerto sea bordear un continente. Podríamos preguntarnos por la ciencia que estudia el establecimiento de los objetivos, pero no existe tal ciencia, la ciencia ya tiene su propio objetivo: buscar la verdad. Cierto que la cibernética y la Teoría General de Sistemas han aportado mucho al estudio de sistemas teleológicos, que en un principio era y aún sigue siendo parte de la metafísica, la ética y la religión. Pero somos las personas y las sociedades quienes, en definitiva, y de forma mas o menos condicionada hemos de responder a una pregunta tan sencilla como esta: ¿para qué?En la práctica, las disciplinas del conocimiento mas cercanas al establecimiento de objetivos en una sociedad son la economía, la política y la religión o la ética. La ciencia no tiene todas las respuestas, la religión tampoco, pero siempre podemos sucumbir a la tentación de cerrar el turno de preguntas. Al fin y al cabo, el objetivo del poder no es que todo el mundo tenga acceso a la verdad, sino el dominio.La energía tiene mucho que ver con el poder: nada podemos sin energía. Por eso la Física, la ecología y la biología tienen mucho que decir cuando la "ciencia" económica no informa correctamente a la sociedad de las consecuencias de mantener el crecimiento infinito como objetivo en sí mismo. Y quizá también en la política, cuando las élites dominantes, presas de la estulticia, de la histeria y de la miseria moral, invocan el sacrificio humano para inmolar en su hoguera el objetivo del bien común que debería caracterizarla, para dilapidar el poco tiempo y recursos de que aún disponemos en intentar mantener un poco mas el modelo económico que otorga sus privilegios. Porque no solo los objetivos bien intencionados están sometidos a paradojas, también lo están los objetivos malvados o egoístas. No somos seres sociales con emociones altruistas o solidarias porque creamos en unicornios de color rosa, sino por pura ventaja en la supervivencia. Con frecuencia partimos del prejuicio de que la maldad o el egoísmo son inteligentes y que la bondad o la solidaridad son estúpidas o ridículas. Preguntémonos por ejemplo por los costes de un poco de solidaridad en la gestión del actual brote de ébola en sus inicios, y en los que está teniendo y tendrá en un futuro para toda la humanidad.
SOLUCIÓN A LA PARADOJA DE JEVONSCalificar de solución lo que seguidamente se expondrá podría parecer exagerado, pero no lo es tanto en cuanto intenta resolver un problema en los términos en que se han expresado en este blog. La paradoja de Jevons es irrefutable en la medida en que lo son los hechos a los que hace referencia, sin embargo, los hechos son historia, lo que los convierte en leyes o tendencias mas o menos deterministas es que se repitan dadas circunstancias similares sin que podamos hacer nada por evitarlo. Pero como veremos, la paradoja de Jevons, también llamada efecto rebote, no es una ley física, sino que depende de los objetivos que demos al sistema, de que el sistema pueda crecer físicamente y de que tomemos o no, las medidas políticas y económicas para contrarrestarlo. Tampoco tiene por qué significar algo negativo, dicho de otro modo, podemos intentar evitarla o aprovecharla, puesto que afecta a todas las fuentes de energía. Así, si el pico del petróleo marca el fin del crecimiento físico de esta fuente de energía y hay otras fuentes renovables que aún pueden mejorar en eficiencia y que aún no han llegado a sus límites, las ganancias en eficiencia tanto en su uso, como en su obtención (TRE) serían un efecto clave en el proceso de sustitución de unas fuentes por otras. Y todo esto aún dentro del actual paradigma económico. También hemos de tener en cuenta que los límites afectan de forma diferente a las fuentes renovables y no renovables. Mientras que para los recursos finitos la llegada a los límites marca el comienzo de su declive y su tendencia a cero, los recursos renovables explotados de forma sostenible pueden mantenerse en su máximo de forma indefinida. Por tanto, las implicaciones de llegar al límite de un recurso no renovable son muy diferentes de llegar al límite de un recurso renovable usado de forma sostenible. La paradoja de Jevons tiene importancia para discernir las dificultades en la sustitución de unas fuentes de energía no renovables y finitas, por otras renovables y sostenibles, pero llegados a los límites del crecimiento de una fuente de energía el efecto rebote simplemente ya no puede darse, salvo mediante el apalancamiento en el crecimiento de otras fuentes. En realidad, una vez llegamos al límite de una fuente de energía carece de sentido preocuparse porque la eficiencia pueda provocar un crecimiento en su uso. Cuando los sistemas dinámicos llegan a sus límites, su comportamiento puede ser muy diferente al habitual. Llegados a este punto, se da la paradoja de que el efecto rebote puede dejar de ser un problema y formar parte de la solución. Lo que en este momento debe preocuparnos es la caída en la disponibilidad de energía neta para la sociedad y en el caso de los combustibles fósiles, el grado de sustitución que pueden aportar las energías renovables y la dependencia actual que tienen de dichos combustibles, el uso insostenible de las mismas y curiosamente la eficiencia en su obtención(TRE) y uso. Debe preocuparnos que funciones vitales para el ser humano como la producción y distribución de alimentos en nuestra agricultura industrial dependan totalmente de los combustibles fósiles como ya alerta un informe de la ONU. Debe preocuparnos que el sistema financiero en una economía en recesión solo puede mantenerse fagocitando al sistema productivo y generando exclusión social y un abismo de desigualdad económica.Nos acercamos a un cambio de fase, al punto donde un disparo en una calle , una niña tocando el tambor en un mercado, o quizá la mas elemental de las criaturas como puede ser un virus o la inmaterialidad de un meme, pueden marcar la dirección en que se mueven los acontecimientos, el efecto mariposa donde lo que hasta ese momento resultaba sumamente improbable puede cambiar su suerte. Sería bueno tener algo que decir a nuestros hijos cuando nos pregunten qué hacíamos cuando su presente estaba en nuestras manos.
EFICIENCIA, AHORRO Y CRECIMIENTO
Para un sistema funcional podemos dividir la energía consumida total en dos conceptos: la energía necesaria para su mantenimiento y la invertida en su posible crecimiento. Sin embargo la segunda ley de la Termodinámica impide obtener un 100% de aprovechamiento, por lo que siempre tendremos una cantidad mas o menos grande de energía perdida. Este modelo sería escalable y con las debidas precauciones podría servirnos para caracterizar a un ser vivo, a un país o a nuestro sistema capitalista globalizado.
La paradoja de Jevons dice formalmente que aumentar la eficiencia disminuye el consumo instantáneo pero incrementa el uso del modelo lo que provoca un incremento del consumo global. Dicho en otras palabras, en un sistema en crecimiento, los esfuerzos en la eficiencia terminan invertidos en crecimiento, con lo que a la larga obtenemos un mayor consumo y no un mayor ahorro. Por tanto, las propuestas de eficiencia que no cuestionan el crecimiento económico, terminan provocando un mayor consumo de recursos. Jevons descubrió este principio a partir de la observación empírica.El pico del petróleo marca el momento a partir del cual ya no podemos obtener el petróleo ni la energía que procede del mismo de forma creciente. El impacto que tiene sobre la economía es fácil de deducir teniendo en cuenta su importancia estratégica: si nuestro modelo necesita obtener energía de forma creciente, el pico de esa energía, marca inevitablemente el fin del crecimiento económico. Pero veamos el papel que representa la eficiencia en este proceso.

El destino de la energía ahorrada en eficiencia depende de los objetivos que se den al sistema. Si el objetivo es el crecimiento obtenemos la paradoja de Jevons. Si el objetivo es mantener un modelo estacionario entonces la eficiencia consigue reducir los costes de mantenimiento del sistema. Si necesitamos un cambio de modelo podemos invertir la ganancia de eficiencia en los costes de transición.
El sistema dispone de energía para crecer y elige crecer: El excedente de la energía liberada por la eficiencia se emplea en crecer. Pero un sistema mas grande necesita mayor energía de mantenimiento, con lo que la energía total consumida aumenta en el siguiente ciclo. Paradoja de Jevons.El sistema no dispone de energía para crecer pero puede mantenerse (pico de la energía neta):  El pico de la energía define el momento en que el sistema no puede obtener energía de forma creciente. Así, el sistema podría crecer limitadamente solo a costa de la eficiencia.El sistema ya no dispone de energía suficiente para crecer ni mantenerse: La ganancia en eficiencia solo puede convertirse en crecimiento si antes ha cubierto los costes de mantenimiento. Cuando esta condición no se cumple el sistema entra en fase de colapso y degradación. Momento en el que se encuentra actualmente España, Europa y el mundo, si prescindimos de manipulaciones estadísticas. La realidad es mucho mas compleja porque no tenemos una sola fuente de energía, sino varias y se encuentran interrelacionadas. Porque no estamos ante un sistema simple sino ante una gran cantidad de sistemas y susbsistemas abiertos. Pero las leyes de la termodinámica son inmunes a la complejidad de los sistemas. Entonces ocurre, que si en un sistema seguimos manteniendo el crecimiento económico como objetivo en sí mismo, este solo puede producirse a costa de acelerar el decrecimiento de otros, entrando en una espiral de canibalismo sistémico donde hoy somos comensales y mañana menú, hasta que no queden comensales o al menú le salgan los dientes, se revele y todo sea sangre y excrementos.Es hora pues de cambiar el chip a modo catástrofe que parece el mas relacionado con la solidaridad y dejarnos de eufemismos que ya no engañan a nadie. Tenemos un enemigo común, pero no es el ahorro y tampoco la eficiencia, y debemos hacerle frente antes de que se active el modo guerra o el modo derrota y como en un trastorno bipolar pasemos de un optimismo fundamentalista a un derrotismo entregado.Sobrevivir a un descenso brusco y brutal de la energía disponible para la sociedad ya no puede hacerse depurando procesos sino prescindiendo de ellos. La eficiencia por tanto, es un pilar básico tanto en la transición como en el establecimiento de un nuevo modelo. En cuanto al ahorro conviene recordar que no ahorramos para no consumir, sino para regular el consumo en el tiempo, ya sea para obtener potencia o para afrontar tiempos de escasez. La expresión "lo que no consumas tú, lo consumirá otro" no es necesariamente cierta ni negativa. Lo que sí podemos afirmar es que lo que nosotros consumimos ya no pueden consumirlo otros. Así, los recursos usados para restaurar un pueblo abandonado ya no podrán ser usados en construir o mantener autopistas. El combustible que usemos en la maquinaria para reforestar un erial y convertirlo en un bosque ya no podrá ser usado para talarlo. El dinero que gastemos en construir una escuela ya no podemos gastarlo en fabricar un tanque. La energía que usemos para la transición no podrá ser usada para mantener el BAU. El tiempo que dedicamos a trabajar por un mundo mejor ya no podrá ser pasto de la indolencia. Puede que esto resulte insuficiente para llegar a una meta pero siempre contará como paso hacia adelante. Los marcos de lo posible son entornos dinámicos que se van estrechando aceleradamente dejándonos cada vez menos opciones. Como a un vehículo al que se le agota el combustible cada vez podemos elegir menos lugares adónde ir. Al menos eso tiene la ventaja de que cada vez tenemos menos cosas sobre las que estar en desacuerdo... siempre que tengamos la información correcta.
CONCLUSIÓNLas cosas están mal, pero la paradoja de Jevons no es una ley Física. Es un problema de asignación de objetivos a corto plazo sin tomar en cuenta lo que pueda ocurrir en el largo plazo. Sin embargo, la asignación de objetivos no puede ni debe ser decidida por la ciencia. El objetivo de la ciencia es buscar la verdad e informar a la sociedad lo mas certeramente posible de las consecuencias de optar por un objetivo u otro. La cura no es tanto jarabe de experto como de sensatez y responsabilidad colectiva. Sin embargo, lo que nos dicen las paradojas es que las intenciones, buenas o malas, no garantizan que las cosas resulten según lo esperado. Eso no significa en absoluto, que las intenciones, el establecimiento de los objetivos, sean algo irrelevante. Es mucho mas fácil destruir que construir, porque para construir, para avanzar en sentido contrario al principio de entropía, hace falta energía, inteligencia y contención.Seguiremos afrontando paradojas. Habremos de cuidarnos de que las distopías se  conviertan en profecías autocumplidas. Salvar a las personas puede que exija olvidarse de permanecer en el Titanic y fletar los botes salvavidas, no consumir la semilla que necesitamos hoy para poder obtener la cosecha mañana. Y pueda que hoy esto nos parezca impensable, pero el tiempo es un recurso que no podemos acumular y tampoco detener. Lo que hace inevitable el desastre es que no hagamos nada por evitarlo. Lo que hacemos definirá mejor lo que somos que aquello que tenemos.Además de la energía abundante, el medio que nos ha permitido llegar hasta aquí ha sido nuestra facultad para entender, sin embargo, el objetivo ha sido crecer y dominar. Sería una pena que sacrificáramos nuestra inteligencia arrastrados por el mismo deseo de dominio.
Referencias:El efecto rebote de la eficiencia energética. Pedro Linares.El efecto rebote, o porqué ser más eficiente no necesariamente es siempre mejor. David Ruyet.Efecto rebote. Wikipedia. Inglés.Proyecto para el manejo del efecto rebote de la Comisión Europea.Informe de la UNCTAD: Despertemos antes de que sea demasiado tarde.
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La espiral

22 Octubre, 2014 - 11:08


Queridos lectores,

Durante las últimas semanas se ha producido un fuerte descenso en el precio del petróleo, el cual llevaba más de dos años moviéndose en una franja relativamente estrecha de precios bastante altos.



En el post de esta semana analizaré en detalle qué está pasando con el precio del petróleo. Se trata de un post bastante largo, así que lo he organizado por secciones: Introducción; Volatilidad y Recesión; Los eventos de 2008 y 2011; Fundamentales; Consecuencias; y Conclusión.

Introducción

Si nos fijamos en el precio del barril de petróleo de tipo Brent (el de referencia en Europa) vemos que desde principios de 2011 se cotizaba por encima de los 100 dólares, con un par de picos por encima de los 120 a principios de 2011 y 2012 , y un par de coqueteos con la línea de los 100 dólares, que actuó como precio de referencia o línea a no traspasar hacia abajo. Hasta ahora: el viernes pasado el barril de Brent cotizaba a 86$, y aún había estado unos dólares más abajo los días anteriores.

La fuerte volatilidad de los precios del petróleo es uno de los síntomas de problemas de suministro de esta fundamental materia prima. Lo hemos explicado multitud de veces en este blog: cuando la actividad económica es vigorosa, la demanda sube pero la producción no puede seguir el ritmo, con lo que el precio sube hasta que los altos precios dañan la actividad económica. Entonces, se cierran empresas y se deja a gente en el paro, la demanda baja, el precio cae bruscamente y eso permite que poco más tarde comience la recuperación económica, vuelve a subir la demanda y volvemos al punto de partida. Mientras la producción de petróleo suba lentamente o incluso se estanque es de esperar que se reproduzcan periódicamente estos ciclos de recuperación y caída; sin embargo, a medida que la producción de petróleo baje (cosa que aún no ha pasado si consideramos todos los hidrocarburos líquidos, lo cual ya es discutible per se) lo esperable es que la secuencia de subidas y bajadas se acelere, a veces con cambios de enorme brusquedad que empujan el precio hacia arriba o hacia abajo a medida que países enteros colapsan (hacia arriba si el que colapsa es un país productor o hacia abajo si el país colapsante es consumidor).

Como explicaré en este post, la actual bajada de precios es un síntoma ominoso de graves e inminentes problemas económicos y en la producción de petróleo, consecuencia de muchas tensiones acumuladas durante años de huida hacia adelante. Y por ello resultaría bastante cómico, si no fuera tan triste y tan sintomático de nuestra ceguera como sociedad, ver que delante de un momento tan preocupante y crítico como el actual han surgido voces diciendo que "eso del oil crash" no es cierto debido a esta bajada de precios; incluso hay quien dice que esto no lo habíamos visto venir y que todos los análisis que hacemos en este y otros foros son pura basura, porque para estas personas el único síntoma de los problemas de suministro son los altos precios del petróleo, y cada bajada de precios representa un aumento de suministro, por lo que en realidad el peak oil está cada vez más lejos (incluso he llegado a leer un tweet de un conocido gestor de activos relacionados con el petróleo en el que se afirmaba que la caída del precio del petróleo era signo de abundancia de suministro).


Volatilidad y recesión

Nada más lejos de la realidad, por supuesto. Fijarse exclusivamente en el precio del petróleo para describir el peak oil es un error, y aún más pensarse que los problemas de suministro de petróleo simplemente generan precios persistentemente más altos: en realidad, el peak oil lo que genera es una enorme volatilidad (subidas y bajadas del precio salvajes). Y hemos insistido en esa idea desde el principio, en realidad; justamente una de las cosas que me empujó a hacer divulgación del problema del pico del petróleo fue el hecho de ver que después de la clara señal de 2008 (el mismo año el barril valió 147$ en Julio y 36$ en Diciembre) no se produjo una reacción racional a los problemas que ya eran evidentes. Miente quien diga que no lo llevamos diciendo desde hace años, y en mi caso desde el principio: el quinto post que publiqué en este blog, el 3 de Febrero de 2010, se llamaba "Pronóstico de los precios del petróleo para los próximos diez años" e ilustraba el problema de la hipervolatilidad del precio con un croquis que hace años dibujó Dave Cohen:


Un año más tarde, me preguntaba si la repentina subida de precios, ya no lejos de los 130 dólares por barril, indicaba que estábamos en otro de esos picos de volatilidad y si ésta estaba ocasionando la oleada recesiva de 2011. Y ahora en 2014 estamos a punto de otra recesión mundial, según parece. Permítanme que les entresaque dos párrafos de mi post "Pronóstico de los precios del petróleo para los próximos diez años", publicado hace cuatro años y medio:

"Predecir el valor del pico es más o menos imposible, pero sí que podemos adelantar que la economía debilitada no podrá aguantar precios crecientes hasta valores tan altos como 150$, con lo que probablemente el próximo pico será bien menor. Mientras dure la situación de plateau oil, lo único que podemos aventurar es la cadencia de los picos, asumiendo que tras el pico el precio se estabiliza en un valor de unos 40$."

y también

"De aquí también se concluye que los tiempos de recurrencia de los shocks petrolíferos serán cada 3 años, siempre en Julio: 2008, 2011, 2014, 2017, 2020,... Es decir, en esta década nos esperan 4 shocks petrolíferos, siempre y cuando asumamos que estamos en el plateau oil."

El modelo que usé en aquel post era de una banalidad insultante, y la realidad ha sido por supuesto mucho más compleja (yo mismo ya afirmaba en el propio post que las cosas serían bastante más complicadas). Es, sin embargo, curioso ver que, efectivamente, los siguientes picos de precios no han sido tan altos como los casi 150$ de Julio de 2008 y que las fechas esperadas para la mayor volatilidad del precio del petróleo (2008, 2011, 2014...) no han ido tan desencaminadas y parecen marcar las fechas de las sucesivas "Grandes Recesiones", ahora que empieza a reconocerse que podríamos estar en puertas de la Tercera de ellas.

Pero ciertamente la dinámica del precio y la del suministro de petróleo está siendo bastante más complicada. Por la parte de los precios, justamente hace unos meses alguien me echaba en cara que no se cumpliera con la volatilidad que siempre he defendido como síntoma de los problemas de suministro de petróleo, delante de lo cual yo escribí un post en que se tocaba diversos temas y en cuanto a éste, enseñé la siguiente gráfica, superponiendo el croquis de Cohen sobre la evolución real del precio del barril de petróleo:



El bosquejo de Dave Cohen es eso, un bosquejo, pero a pesar de su simplicidad sí que se diría que está captando algo de lo que pasa, y máxime si ahora a finales de 2014 el precio se está desplomando. Antes de entrar a analizar en mayor profundidad qué explica estas desviaciones observadas respecto al modelo simple para el comportamiento del precio, déjenme decirles que esta visión de que los problemas del petróleo implican no simplemente precios altos sino volatilidad no es mía particular, sino compartida por prácticamente toda la comunidad peakoiler. En particular, les recomiendo un excelente artículo de Gail Tverberg para que puedan hacerse una idea más certera de qué está pasando. Así que aquellos que critican a los peakoilers por la bajada repentina del precio del barril de crudo, que se abrochen los cinturones porque ahora vienen curvas y muy peligrosas; y lean por ejemplo lo que se dice en ASPO sobre el fenómeno.


Los eventos de 2008 y 2011

Telecomunista, toda una eminencia en el tratamiento de los datos de las diversas agencias públicas, publicaba en burbuja.info la siguiente gráfica hace unas semanas.
 

Si se miran la gráfica con atención verán que ha habido dos acelerones en la producción de "todos los líquidos del petróleo" (petróleo crudo convencional + crudos no convencionales + diversos sucedáneos más o menos asimilables) justo después de dos mesetas en la producción. El primer acelerón se produce tras la crisis del 2008 y se sustenta con biocombustibles. Lamentablemente, los biocombustibles no aportan en realidad energía neta, con lo que de manera real la cosa no coge momento. Los Gobiernos americano y europeos, que obligaron a que parte de la mezcla de sus gasolinas y diéseles tuvieran parte de biocombustibles han perdido el interés en estos combustibles, al comprobar que no reducen la dependencia exterior, y han empezado a retirar los subsidios a su consumo, lo que ha llevado al estancamiento de su producción:

Imagen de http://www.energytrendsinsider.com/2014/08/28/global-biofuels-status-update/ethanol-production-1980-to-2013/

De manera práctica, lo que ha pasado es que el precio del petróleo no ha subido porque la falta de suficiente petróleo en el mercado se rellenó con biocombustibles, que además de causar revueltas del hambre no eran ni energética ni comercialmente rentables y que por tanto se subsidiaron con más deuda de los Estados. Es decir, para mantener la maquinaria mundial en marcha se ha explotado un recurso que no se debía haber producido y que básicamente convierte austeridad y penalidades de la población propia y de otros países en hidrocarburos líquidos.

Pero ya en 2011, siendo ya obvio el fiasco de los biocombustibles, y con una nueva recesión en marcha, hizo falta buscar algo más con lo que impulsar la producción de petróleo, y aquí es donde emerge con fuerza el fracking, como evidencia la franja de color lila del gráfico de Telecomunista más arriba. Sin el aporte de los condensados y el petróleo ligero de roca compacta (light tight oil) americano la producción total de hidrocarburos líquidos habría decaído unos 3 millones de barriles diarios. Lamentablemente, pasa aquí una cosa parecida a la de los biocombustibles: las compañías que explotan estos recursos se están arruinando (como evidencian los cada vez más numerosos artículos que alertan de ello en la prensa económica) y esa montaña de deuda inevitablemente explotará más pronto que tarde. Y tardará menos en reventar si el precio del barril cae demasiado durante un tiempo suficiente. Al final, dado lo crítico y estratégico del petróleo los Estados rescatarán estas compañías, endosando una vez más el coste a los ciudadanos, y de nuevo habiendo convertido sufrimiento social en hidrocarburos líquidos. No es ninguna bagatela precisamente.

Fundamentales

Los movimientos con los biocombustibles y con los hidrocarburos líquidos derivados del fracking explican por qué el precio se ha mantenido alto sin grandes altibajos (excepto el momento en que se renuncia a seguir impulsando los biocombustibles como gran solución en 2011, que se acopla perfectamente con el pequeño pico de precios de ese año y la consiguiente oleada recesiva). Pero, ¿qué está pasando ahora? El precio se ha mantenido estable por encima los 100$ los últimos 3 años, y de golpe ha comenzado a caer, incluso por debajo de esa barrera de los 100 dólares el barril. Si uno estudia los fundamentales del mercado, se encuentra tres posibles factores en la oferta y uno en la demanda.

Los tres factores en la oferta son:

En cuando a la demanda, hay un único factor que aparece en todos los análisis: la demanda mundial está débil. Desde hace meses se acumulan los indicios negativos en muchos países (caída de las exportaciones alemanas, escasa creación de empleo en los EE.UU., malestar en Francia y decepción con el presidente Hollande, Italia que no levanta cabeza a pesar de la elección como presidente del pretendidamente reformista Renzi...), pero son particularmente importantes los que llegan de China pues es hoy en día la factoría del mundo y su evolución está muy marcada por la evolución de la demanda, sobre todo en Occidente. Y de China no vienen buenos datos: el índice PMI está bastante bajo y muchos indicadores van a la baja (por ejemplo, la fuerte caída de la demanda de acero en ese país). En suma: se anticipa una recesión global, lo cual cuadra bien con la caída concomitante de las bolsas mundiales.

Una manera de tratar de entender qué es lo que está pasando es mirar los informes sobre coyuntura del mercado del petróleo que mensualmente publica la Agencia Internacional de  la Energía (AIE), los Oil Market Report. Siguiendo la misma metodología que usé hace dos años en el post "Cuando la demanda supera a la oferta", he calculado las gráficas trimestrales de oferta (en verde) y demanda (en rojo) de todos los hidrocarburos líquidos en el mundo. He separado dos períodos: hasta 2005 y a partir de 2005. Veamos el primero de esas gráficas. El eje vertical representa la producción media de todos los líquidos del petróleo durante ese trimestre, y está expresada en millones de barriles diarios (Mb/d).



Hasta 2002 se observa un claro patrón estacional, con más demanda de petróleo en invierno y otoño y menos en primera y verano; la oferta se intenta ajustar a la demanda de forma ligeramente anticíclica: se produce por debajo de la demanda en los meses de mayor demanda pero se compensa con una oferta superior a demanda en los meses de menor demanda. Por eso vemos múltiples cruces de las dos curvas, y los inventarios que guarda la industria en sus depósitos sirven para compensar los vaivenes (se compra demás en los momentos de menor consumo y se compra de menos en los de mayor). A partir de 2003 (si se fijan en el gráfico de Telecomunista, es más o menos cuando la producción de petróleo crudo deja de crecer significativamente) empieza una carrera entre oferta y demanda, que van más ajustadas, y queda menos espacio entre las dos curvas.

¿Qué pasa a partir de 2005? De todo. 



En 2005 y 2006 la curva de oferta está superando la mayoría del tiempo, y ampliamente, la de demanda. Eso debería querer decir que el mercado está más que bien abastecido, pero no olviden que una parte cada vez mayor de lo producido son líquidos del gas natural, que substituyen al petróleo sólo para ciertas funciones (por ejemplo, para la síntesis del propileno). Así que probablemente, en términos de lo que el mercado realmente demandaba (gasolina, diésel, keroseno) la oferta estaba siendo bastante ajustada y eso explicaría por qué durante esos años el precio subió meteóricamente; lamentablemente, la introducción de la notación "todos los líquidos del petróleo" por parte de la AIE hace que esos detalles no puedan ser percibidos en las gráficas.

Llega 2008 y el consumo, que generalmente oscilaba unos 2 Mb/d cada año, baja de casi 4 Mb/d. El precio se desploma durante ese año, y la oferta intenta seguir a la demanda, estando siempre por encima todo ese año. De nuevo, la inclusión en el mismo cesto de "todos los líquidos del petróleo" hace incomprensible la evolución del precio del petróleo, ya que según esta gráfica la oferta fue siempre superior a la demanda durante todo 2008, incluso en Julio cuando el precio llegó a casi 150$ por barril.

Hacia 2009 la demanda se empieza a recuperar, aunque no recupera sus oscilaciones anuales características hasta 2010. Y a finales de 2011 volvemos a ver la paradoja de tener una oferta que excede en mucho a la demanda y aún así el precio sube. Presumiblemente, porque es el momento en que empieza a verse que los biocombustibles no disminuyen la dependencia energética del mundo; por supuesto los economistas no entienden el por qué, que no es otro que su baja TRE, o sea, que no están produciendo energía neta aprovechable. Y en este momento emerge con fuerza el petróleo ligero de roca compacta y los condensado de algunas plataformas de shale gas de los EE.UU., todos ellos explotados por el fracking. El petróleo ligero de roca compacta sí que es petróleo, aunque al ser ligero no vale para destilar diésel, pero sí que proporciona un alivio a la demanda de combustibles fósiles líquidos del planeta y por tanto la situación comienza a normalizarse en 2012 y 2013... hasta ahora.

Los gráficos acaban en el segundo trimestre de 2014; las líneas delgadas que vienen después son las proyecciones que se deducen del último Oil Market Report (por cierto, corregido un error tonto en las tablas). Como ven, la AIE está haciendo un pronóstico basado en algo muy simple: simplemente apuesta a que volvemos a empezar un ciclo normal, en el que la oferta se va cruzando con la demanda a lo largo del año: ahora toca que la demanda empiece a subir y que la oferta lo haga más moderadamente durante el invierno, y lógicamente se espera que ya pasará lo contrario durante la primavera y el verano.

Pero, ¿qué está pasando en realidad? Como ven, no hay nada espectacular en la oferta prevista, y el último aumento de la producción no es nada completamente disparatado, sobre todo si se tiene en cuenta que Libia aún produce sólo la mitad del petróleo que llegó a producir diariamente, y que los problemas con el Estado Islámico hacen que cualquier proyección sobre las exportaciones iraquíes sea muy especulativa. Parece más bien que el problema principal se está originando con la demanda, que no está siguiendo el patrón previsto de repunte en esta época del año; al contrario, está bajando con fuerza. Estamos repitiendo el patrón de 2008 y 2011, donde la oferta superó a la demanda en momentos que debería suceder lo contrario. El problema es que incluir todo lo que asimilamos a petróleo en el mismo gráfico impide distinguir con claridad qué de todo ello es realmente lo que demanda el mercado. La AIE tendría que considerar seriamente separar el mercado del crudo del resto de mercados de hidrocarburos líquidos en sus análisis, puesto que no son absolutamente fungibles y equivalentes (como discutimos al hablar del pico del diésel).
 

Consecuencias

Es aún pronto para saber si la caída de la demanda continuará durante los próximos meses, consecuencia de un posible parón de la actividad global. Incluso aunque realmente estemos entrando en un proceso recesivo, los Gobiernos pueden tomar muchas medidas para atenuar el problema, y de hecho parece que el Gobierno norteamericano ha emprendido una nueva campaña de imprimir más dinero para intentar conjurar este peligro. La eficacia de tal medida se comprobará durante las próximas semanas.

Sin embargo, lo que sí que ha evidenciado la fuerte bajada del precio del petróleo es un gran nerviosismo en muchos de los países productores. Algunos analistas se han apresurado en declarar que, en realidad, esta caída de precios es el resultado de una sucia artimaña de Arabia Saudita, a quien el consenso de los autoproclamados expertos le atribuye la capacidad eterna de controlar el mercado; según ellos, Arabia Saudita  estaría inundando el mercado con petróleo para hacer bajar los precios. En lo que estos expertos no se ponen de acuerdo es con qué fin hace esto el reino saudí: algunos opinan que lo hacen para favorecer el hundimiento de la díscola Rusia, otros que pretende destruir el negocio del shale en los EE.UU., algunos más creen que Arabia Saudita está intentando estrangular económicamente al Estado Islámico en Irak...

Pero, como hemos visto, no es Arabia Saudita la que ha incrementado su producción, sino principalmente Libia, y los incrementos observados no se salen de las cantidades más o menos habituales para esta época del año. Más aún: como comentábamos hace algunos meses, todo apunta a que la producción de crudo ha empezado ya su declive. Y en cuanto a Arabia Saudita no parece posible que pueda aumentar sensiblemente su producción de petróleo; más bien ésta comenzará pronto a disminuir.

Así pues, se puede negar la mayor: no se están poniendo grandes cantidades de petróleo extra en el mercado con el fin de hundir los precios, y menos que nadie es Arabia Saudita la que está provocando esa imaginaria abundancia. Lo que sí que está pasando con toda probabilidad es que la Tercera Recesión ya está avanzando y la demanda cae, y con ella el precio.


Deutsche Bank publicaba recientemente un análisis sobre el precio mínimo al que necesitan vender cada país el barril de petróleo, so pena de entrar en graves déficits fiscales que podrían comprometer su estabilidad:


Como ven, los grandes productores (Rusia y Arabia Saudita) estarían en déficit ahora mismo, en tanto que otros países que arrastran problemas desde hace tiempo resulta que ya estaban en situación de déficit fiscal. No es nada nuevo: hace un año y medio lo explicábamos en este mismo blog. El problema es mucho más serio de lo que algunos "expertos" proclaman; no se trata, no, de garantizar un pisito y un trabajo a cada parejita o de atar perros con longanizas: se trata de mantener la paz social en países que sufren graves desequilibrios. Arabia Saudita tiene ciertamente suficiente dinero como para aguantar esta situación durante bastantes meses, pero la mayoría de los otros productores se verían en graves problemas en sólo cuestión de semanas. El sistema global está apuntalado precariamente y podría desmoronarse con una rapidez inusitada si no se reacciona en breve.

No sólo los países están en riesgo. Ya vimos que las 127 mayores compañías de gas y petróleo del mundo se han endeudado irracionalmente para mantener la ficción de un mundo en expansión (llegando al absurdo de solicitar crédito para arrojar dividendo, cosa que por cierto también ha hecho en España la eléctrica Endesa). Estas compañías se han empantanado en proyectos de petróleo y gas no convencionales que han demostrado tener nula o negativa rentabilidad; esto incluye los biocombustibles, las arenas bituminosas de Canadá y resto de petróleos extrapesados, las aguas ultraprofundas y, por supuesto, los hidrocarburos extraídos mediante fracking. Como ya explicamos, desde principios de este año las compañías más grandes han empezado a desinvertir fuertemente en los yacimientos menos rentables, centrándose en un volumen de negocio inferior pero de mayor rendimiento, y la presión para aumentar esa desinversión va en aumento. Si la actual bajada de precios se profundiza y es lo suficientemente duradera, se abandonarán más proyectos y eso hará que a la vuelta de un par de años ese petróleo que se tenía que haber empezado a poner en producción ahora simplemente no estará allí.

Los nervios de los productores están a flor de piel, mientras que sus consumidores habituales están exangües. Prácticamente no hay tiempo para reaccionar. Sin duda la OPEP restringirá ligeramente la producción para intentar contener la bajada del precio del crudo, pero esta estrategia tiene un corto recorrido: si se recorta mucho la exportación, el precio por barril que necesita cada país sube, con lo que deberían recortar aún más la exportación y el precio necesario para equilibrar las cuentas subiría aún más. Realmente no hay mucho margen por ahí. Tarde o temprano los países productores se darán cuenta de que lo que les interesa es que alguno de ellos se hunda para que los otros puedan sobrevivir. En ese juego de locos, en esa huida absurda hacia adelante, Irak es de los que tienen las peores cartas, juntamente con otros países como Siria o Yemen.

Conclusión

Aparentemente, estamos ya a las puertas de la Tercera Gran Recesión. Hace meses que se tiene indicios de la llegada de la misma, y la caída en poco tiempo de los índices bursátiles y de los precios de muchas materias primas son el resultado esperable de la caída de la demanda asociada al parón económico.

La bajada del precio del petróleo en particular es muy peligrosa, pues compromete la viabilidad financiera de muchas empresas, empeñadas de manera completamente irracional en la explotación de hidrocarburos no convencionales más allá de su rentabilidad real. También pone en peligro la estabilidad de muchos países que dependen de los ingresos de sus exportaciones petroleras para garantizar la paz social.

En el nivel de los 85$ por barril en el que los precios se han estabilizado ahora mismo, los riesgos son menores y sería soportable si este nivel de precios no dura demasiado tiempo. Sin embargo, si la caída de precios se profundiza se puede desencadenar todo un alud de consecuencias muy desagradables: la quiebra de petroleras o el abandono masivo de yacimientos y explotaciones menos rentables obligará a los Estados (particularmente, los EE.UU.) a intervenir, detrayendo recursos para otras cosas y probablemente agravando sus propios problemas económicos y sociales; por otro lado, en los países productores más débiles son esperables revueltas y guerras civiles. Todo ello redundaría en una abrupta caída de la producción de petróleo, la cual desencadenaría problemas de suministro y llevaría inmediatamente a precios del petróleo y otras materias primas extremadamente altos que hundirían las economías occidentales en una recesión aún más profunda, y ésta a un hundimiento aún mayor de la demanda, reiniciando todo el ciclo en una espiral tenebrosa: recesión - destrucción de la demanda y consecuente bajada del precio - caída de la producción por quiebras, revueltas y guerras, y consecuentemente precios altos - de nuevo recesión, etc. La inestabilidad acumulada en el sistema económico y productivo global es tal que una vez se inicie la espiral será difícil detenerla, y cuando por fin pare podríamos encontrarnos mucho más abajo que cuando la comenzamos.

Estamos de pie delante de un abismo que en nuestra irresponsabilidad colectiva, en nuestra irrefrenable huida hacia adelante, hemos contribuido a ahondar. Y ahora estamos extendiendo nuestra pierna, alegremente, hacia el vacío que tenemos delante.

Salu2,
AMT
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Reflexiones sobre Barbastro

17 Octubre, 2014 - 06:30
Queridos lectores

Rafa Íñiguez ha querido compartir sus reflexiones sobre el congreso de Barbastro con nosotros, reflexiones que veo muy atinadas. Les dejo con Rafa.

Salu2,
AMT

Reflexiones sobre Barbastro


Dice la leyenda que durante la caída de Constantinopla, mientras los turcos entraban en la ciudad, el emperador Constantino estaba discutiendo con varios teólogos sobre el sexo de los ángeles. También Samaniego nos relata en una de sus fábulas, que ante los continuos ataques de un feroz e implacable gato que los cazaba hábilmente, se reunieron los ratones para debatir cómo solucionar la continua amenaza que los diezmaba. Pero tras mucho hablar, protestar, inventar y debatir, la fácil solución que decidieron, nadie era capaz de realizarla: “Ponerle un cascabel al gato”.No quiero ser cruel, ni pretendo ninguna ofensa, pero la autocrítica me lleva a que estos pensamientos vengan a mi mente. Si hago una evaluación de lo andado por la humanidad sólo desde 2011 hasta hoy, de momento ninguna acción directa del hombre ha logrado resolver el problema de agotamiento en la dirección correcta, es decir decrecer voluntariamente. Me dice Antonio Turiel que es el capitalismo el que nos ha llevado a la situación actual, y que es clara una ‘anomalía’.  Está claro que sí, pero, ¿Que la ha producido?Durante el turno de preguntas a Margarita Mediavilla, ya con la mayoría de las ponencias técnicas realizadas, se produjo un cambio de contenido en las intervenciones y las respuestas de Margarita tomaron un aspecto más humano que técnico o científico, y para colofón final Antonio Valero finalmente asestó certeramente que en la raíz del problema hay una gran componente ‘ética’ o más bien de falta de ella. Evidentemente cada día tomamos decisiones que agravan la situación en que nos encontramos y con una información suficiente no actuamos acorde a lo esperado. En definitiva no utilizamos bien las cosas, bien sea porque hemos perdido el foco de atención o porque hemos perdido la motivación al no encontrar recompensas ni salidas. Esto ocurre a mi parecer porque hemos perdido unas referencias que constituían los valores humanos tradicionales. Esta palabra: “tradicional”,  que nos lleva a pensar en el pasado, no es lo que esperamos para una formula salvadora. Más bien suena a obsoleto y retrogrado, es más, la rechazamos. Pues bien aquí puede residir gran parte del problema, porque hacia donde nos dirigimos, las cosas funcionarán como antes funcionaban. No eran perfectas, pero son las que nos han traído aquí, hasta que esto se nos fue de las manos. El descenso en la energía disponible nos impondrá las reglas del juego del pasado, cuando no podíamos “hacer trampas” a la naturaleza y su leyes, que aunque vigentes, están aparcadas por el tsunami energético que nos otorgan las “maravillas tecnológicas”, que más bien la historia las catalogará de monstruosidades termodinámicas,  de agresiones medioambientales y del mayor despilfarro energético que se pudiera imaginar; porque hemos hecho todo lo que la imaginación del hombre tenía en “cartera”: desde volar a pisar la luna, o a ir a los abismos oceánicos y muchas otras proezas más…Durante la exposición de David de las conclusiones, esbocé un sencillo diagrama: 


En él se pueden observar los dos principales agentes de la crisis: el ser humano y su conciencia para actuar sobre una sencilla tabla de decisión: Elegir entre el Bien y el Mal, un concepto que es universal, y que lo poseen todas las culturas y todas las civilizaciones desde que el mundo es mundo y que…, hasta un animal entiende.Seguro que si ponemos en práctica no hacer a nada ni a nadie lo que no queremos para nosotros mismos, y lo divulgamos con el ejemplo, nuestro entorno y el mundo no hará más que mejorar.Y esto lo puede hacer cada uno de nosotros sin ningún tipo de ‘gadget’ tecnológico, no necesita una  pila de litio…, aunque si requiere de un pequeño aprendizaje y de otro tipo de “fuerza” que no se produce con las maquinas movidas por los combustibles fósiles: La Fuerza de la voluntad.Rafael Iñiguez.Octubre de 2014.
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Llega el 15/15\15

15 Octubre, 2014 - 10:08
Revista para una nueva civilización:
http://www.15-15-15.orgPueden encontrarla también en Facebook: https://www.facebook.com/Revista151515Queridos lectores, 

Hoy a las 15:15 ha arrancado una nueva revista electrónica que se denomina 15/15\15. Se trata de un proyecto puesto en marcha por Manuel Casal Lodeiro, un destacado miembro de la asociación gallega Véspera de Nada , que muchos conocerán por haber publicado la "Guía para o descenso enerxético", el primer libro que ha tratado en España, desde un punto de vista práctico y comunitario, la cuestión de cómo responder al Peak Oil y que ya está en proceso de traducción a diversas lenguas (portugués, catalán y castellano).




15/15\15 es un proyecto planeado desde hace tiempo, que surge de conversaciones y reflexiones compartidas con otros de los divulgadores y activistas de la cuestión del colapso y en el que también nos hemos implicado varias de las personas del Oil Crash Observatory, de AEREN y de Véspera de Nada. Como punto de arranque, Manuel ha coordinado la edición un número 0 ambientado en un posible 2030 bastante especial. Se trataba no de presentar el futuro más probable, ni tampoco el más deseable, sino un futuro preñado de esperanza realista. Los autores que han contribuido a este número cero han intentado imaginarse como será el futuro 15 años después de la creación de la revista, siempre que les fuera posible intentando ser lo más optimista posible pues éste es el objetivo de este número. Como verán, sus visiones son bastante diversas, tanto como incierto es nuestro futuro.

Al mismo tiempo que la revista, se ha lanzado una iniciativa de financiación colectiva (crowdfunding) que arranca hoy mismo en Verkami. Con algo más de 5.700 euros se podrá financiar tanto la publicación impresa de este futurible nº0 como la publicación permanente de una versión online de la revista, con contenidos actualizados cada mes, y una recopilación semestra impresa y remitida postalmente a los suscriptores. 

Un aspecto peculiar de esta revista, en coherencia con sus objetivos, es que se apoyará para sus sostenibilidad en una moneda complementaria propia con la que los colaboradores podrán pagar suscripciones y gastarla en entidades que colaboren con la revista y después la reciclen contratando anuncios en la misma.

La razón de la puesta en marcha, según su promotor, es básicamente que "existe mucho material tanto de reflexión teórica como de experiencias prácticas de vida pospetróleo, tanto aquí como en otros países, que necesita ser reunida, contada, traducida para que funcione como un elemento eficiente pro-Transición: en términos de dinámica de sistemas, un feedback optimizado y regulador que ayude al sistema a autotrasformarse o a que nazca otro sistema dentro de este, replicando conocimiento útil para dicha trasformación en el menor tiempo y con la mayor extensión posible."

Desde The Oil Crash, les deseamos el mayor éxito en esta iniciativa.
 Salu2, 
AMT
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Barbastro llamando a la Tierra

13 Octubre, 2014 - 22:28

Queridos lectores,

Los pasados 9 y 10 de Octubre tuvo lugar en Barbastro (una pequeña localidad situada cerca de los Pirineos, en el nordeste de España) el Segundo Congreso Internacional sobre el Pico del Petróleo. Acudieron como ponentes algunas destacadas personalidades internacionales en el mundo del pico del petróleo, comenzando por el Presidente de la Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y Gas (ASPO), Kjell Aleklett, y media docena de especialistas del más alto nivel. También hubo algunos ponentes de perfil menos técnico pero que se dedican a hacer divulgación sobre este tema, como un servidor. A petición de muchos lectores he elaborado este relato breve, completamente subjetivo, sobre el contenido de las ponencias que hemos podido escuchar estos dos días. Pueden acceder al vídeo de cada ponencia (o, en su defecto, a los PDF de las charlas) siguiendo el enlace que hay en el nombre de cada ponente, en las descripciones que siguen.

La primera de las ponencias, la conferencia inaugural, corrió a cargo de un servidor. Gran honor e imposible estar a la altura de quien lo hizo hace tres años, Mariano Marzo. Yo me limité a hacer un repaso de los eventos que yo consideraba más significativos en el mundo de la energía durante los años que han transcurrido desde la primera edición, y en discutir brevemente las tendencias del futuro más inmediato, bastante ominosas a mi entender, acabando con un llamamiento a actuar y recordando el manifiesto "Última Llamada". A pesar de su tono, al final resultó que la mía no iba a ser la más pesimista de las presentaciones...


Después habló Mikael Höök. Hizo una didáctica y rigurosa presentación sobre los diversos recursos, sus características y sus limitaciones. Destacó varios puntos interesantes, como por ejemplo la dificultad de designar el peak oil teniendo en cuenta las múltiples definiciones de hidrocarburos líquidos, o cómo el futuro del carbón vendrá determinado por lo que suceda en China, cuya producción parece estar llegando ya a su cenit. Especialmente ilustrativa fue su gráfica de cómo se apila la producción de los yacimientos empezando por los más grandes y siguiendo por los más pequeños y de producción más difícil.


A continuación intervino por video-conferencia Dave Hughes. Su presentación versó sobre los hidrocarburos no convencionales, principalmente los extraídos con la técnica del fracking, y discurrió por los derroteros previsibles para cualquiera que haya leído su libro "Perfora, chico, perfora"; dio, eso sí, datos actualizados sobre los ritmos de declive y escenarios de producción en los EE.UU., destacando el alarmante ritmo de declinación de la producción de shale gas en Haynesville. También resultó bastante impactante un mapa de una pequeña zona muy explotada que mostraba todas las perforaciones horizontales hasta hacer un tapiz extraordinariamente tupido.

Ya por la tarde intervino Kjell Aleklett. Esta ponencia me la perdí porque tuve que atender dos entrevistas realizadas por la UNED (el equipo de Barbastro y uno especialmente enviado desde Madrid). Según me contaron, Kjell hizo una presentación clásica y muy didáctica de los aspectos claves del peak oil y el fracking; a destacar cómo la creciente contribución de petróleo ligero de roca compacta (Light Tight Oil) explotado en los EE.UU., al ser inútil para producir diésel, está agravando el pico del diésel.

A continuación hubo una tabla redonda sobre fracking con dos geólogos españoles, Marcos Aurell y José Luis Simón, y un ingeniero, José Luis Rubio. Yo me la perdí también, prácticamente entera, por estar atendiendo a los chavales del documental. Sí que llegué a escuchar que, a pesar de que algunos de los allí sentados no se calificaban a sí mismos como "anti-fracking", todos tenían claro que en España este tipo de recurso no tenía grandes perspectivas y que difícilmente saldría rentable su explotación.

La última presentación del jueves corrió a cargo de Pedro Prieto. Con un verbo irrefrenable y cervantino cual suele, pesadilla de los pobres traductores, Pedro nos hizo reír de lo lindo con un tema tan serio y tan grave como nuestra imposibilidad de encontrar fuentes de energía alternativas a los combustibles fósiles. Le dedicó especial atención (e intención) a una discusión de los muchos problemas y limitaciones de la energía nuclear, pero no se quedó corto a la hora de desmontar cualquier mito renovable, incluida, ay, la solar de concentración. Impagable e imprescindible.

El viernes comenzó con una minuciosa y preciosa presentación de Alicia Valero sobre el uso cada vez más intenso de todos los elementos de la tabla periódica, el cenit productivo de las minas de donde estamos extrayendo estos materiales y nuestra invencible tendencia a dispersarlos o usarlos de tal modo que los hacemos imposibles o muy difíciles de reciclar. El tema es de una seriedad y gravedad difícil de despreciar, y Alicia presentó brillantemente su exhaustivo análisis. Además del problema con los metales de uso industrial, mención particular merece el problema del pico del fósforo y su impacto en la agricultura, de lo cual hemos hablado en este blog en varias ocasiones. Coronó su presentación con un vídeo preparado especialmente por su centro, el CIRCE, para concienciar sobre el problema; no pude evitar recordar cómo hace tres años desde el CIRCE (no Alicia, por cierto) se envió en Barbastro un mensaje mucho más positivo sobre las posibilidades de futuro. Quizá fue Alicia la primera ponente en pronunciar la palabra que, por repetida, marcaría la segunda jornada: "colapso".

A continuación Gorka Bueno presentó su análisis sobre el futuro del transporte en el País Vasco, detallado y minucioso, valorando cinco escenarios diferentes y siempre en vista de intentar conseguir cumplir los objetivos de reducción de emisiones de CO2 y de pasada de adaptarse a los problemas de agotamiento de combustibles fósiles, que no eran el foco de su trabajo pero del cual Gorka era obviamente bien consciente. La mala noticia es que ningún escenario conseguía llegar a los objetivos fijados para 2050, y la conclusión de Gorka, que ya habían esbozado Pedro y Alicia y aún se repetiría varias veces, es que hace falta más que tecnología para resolver este problema, y fundamentalmente de lo que estamos hablando es de un cambio social. Triste, y pesimista, la reflexión de Gorka de que hasta que no nos demos de bruces no reaccionaremos.


Y entonces llegó Gonzalo Escribano. Este profesor de economía de la UNED, también director del programa de energía y cambio climático del políticamente influyente Real Instituto Elcano, cogió su dietario y estuvo hablando bastante más de la hora que tenía asignada, hilando temas al vuelo sin un orden particular y sin mostrar gráficas o datos con los que fundamentar sus muy osadas afirmaciones delante de un grupo de especialistas que, a mi entender, conocían mucho mejor que él de lo que estaba hablando. Su intervención fue un breve paréntesis de BAU e irrealidad, más propio de una profesión de fe religiosa que de una presentación científica. Dejando de lado afirmaciones que él veía completamente naturales aunque en realidad destilaban cierta ideología, fue chocante oírle afirmando muchas cosas absolutamente infundadas. Por ejemplo, que Arabia Saudita tiene una capacidad ociosa de más de 3 millones de barriles diarios gracias a Ghawar (cuando cualquiera que se moleste en mirar los datos verá que con la entrada en línea de Manifa y la resucitación de Khurais y Shaybah a Arabia Saudita no le queda nada más para añadir, mientras en Ghawar sale más agua que petróleo y posiblemente está ya agotado en un 90%). Otro ejemplo: según Escribano en EE.UU. ya casi no consumen carbón gracias a la revolución del shale, a pesar de que las estadísticas del anuario estadístico de BP no parecen darle la razón (lo malo de hacer afirmaciones exageradas y no cuantificadas: obviamente el consumo ha bajado, pero no hasta desaparecer).


También me llamó la atención su apuesta porque España se convierta en un nodo exportador a Europa del gas argelino; sin duda no debe saber que aparte de haber superado su particular peak oil, Argelia está empezando ya la fase de declive tras su pico de producción de gas:



Al menos Escribano reconoció que la fiebre del fracking no durará mucho en los EE.UU., y que no cabe esperar gran cosa de este tipo de recursos en España. Para nada se le ocurrió que el negocio fuera una ruina, especialmente con precios del gas tan bajos (lo que el consideraba la resultante de la perfecta y maravillosa competencia en un mercado que cree libre). Al acabar su presentación le agradecí su exposición, pues nos había mostrado claramente cómo piensan los gestores políticos, y le pregunté por el peak oil, dado que el congreso iba de eso. Respondió que él no sabe de eso porque es economista y no geólogo (!!), siguió con el ridículo meme de "hace 30 años que queda petróleo para 30 años" (la vieja falacia P/Q) y remató con el aún más viejo y estúpido chascarrillo de que la Edad de Piedra no acabó por falta de piedras; básicamente, tomándonos por tan imbéciles como para no haber oído y refutado mil veces argumentos tan banales y conocidos. Me quedó claro que a este señor la próxima oleada recesiva y de fuerte volatilidad en el precio del petróleo le pillará por sorpresa, aunque dadas sus habilidades oratorias seguro que encontrará una excusa del día para salir al paso. Tras escurrir el bulto en varias preguntas más se largó sin esperar a la siguiente ponencia, de la cual hubiera podido aprender algo sobre aquello en lo que se cree experto. Se fue sin ser consciente del ridículo que había hecho.


Y es que la última ponencia de la mañana corrió a cargo de Gail Tverberg. Precisa, incisiva, demoledora, Gail detalló sus ya famosos 12 principios de la conexión entre energía y economía, no aptos para economistas bautomáticos. La gráfica más aterradora de esa presentación seguramente ya la conocen: la previsión de Gail sobre el rápido descenso de la disponibilidad de todas las formas de energía en los próximos años.


Lo malo es que el argumento de Gail sobre la forma de esa curva es bastante sólido: sin otra fuente de energía que tome el reemplazo será imposible mantener los niveles productivos máximos teóricos una vez que empiece el declive y éste será bastante abrupto. Algo que podremos comprobar durante los próximos años.


La siguiente ponencia, a primera hora de la tarde, fue impartida por Ugo Bardi. Grandísimo comunicador, Ugo sabe ganarse la audiencia en los primeros minutos con trucos de prestidigitador experimentado, para después embarcarle en un viaje a través de modelos simplificados pero cada vez más complejos. Después de mostrar convincentemente que la dinámica de sistemas permite entender la simple complejidad que subyace a nuestros dos mayores retos de sostenibilidad ahora mismo, es decir, el agotamiento de los recursos y el cambio climático, llegó a sus conclusiones... que fueron ninguna. No hay conclusión, no hay bala de plata, no hay una salida simple. Su charla concluyó de una manera abrupta, un tanto triste, sin apuntar a direcciones concretas, sino abriendo esta discusión para convertirla en una reflexión colectiva.



Tras tan anticlimática finalización, llegó Marga Mediavilla y en cierto modo remató la faena. Marga explicó detalles del modelo que han desarrollado en la Universidad de Valladolid para hacer el diagnóstico del futuro de la energía y sus usos en los próximos años. Para alimentar su modelo han tomado una aproximación muy conservadora, asumiendo que los parámetros toman los mejores valores posibles, no consideran la TRE de las fuentes de energía, etc. Aún así, se ve que hay una desviación considerable entre los escenarios de crecimiento y lo que pueden dar nuestras fuentes de energía, incluso con sustitución ideal por renovables, en un plazo de como mucho 20 años. Pero lo terrible viene cuando se examina el transporte: las desviaciones son ya insalvables, en cualquiera de los escenarios considerados, antes de 2020 (por eso mismo en esta edición los vallisoletanos han dedicado su excelente curso de cada año al tema del transporte). Margarita exponía sus resultados como disculpándose, como queriendo decir: "No es esto lo que querría traeros, pero es lo que hay". De ahí al final de su presentación fue desgranando una serie de características de nuestro sistema económico y cómo hemos caído en esta trampa. Ahí fue cuando yo llamé a la bicha por su nombre y, al darme turno para hacer una pregunta, dije que en realidad nuestro mayor problema para superar la situación actual es que lo que decimos contradice las tesis fundamentales del capitalismo. Y no pregunté nada.

Hubo finalmente una mesa redonda, con tres exposiciones cortas y un debate con los tres ponentes. El primero fue mi compañero y asiduo contribuyente de este blog, Antonio García-Olivares, que con su voz firme y su habitual solidez intelectual desgranó las razones objetivas por las que el capitalismo está en su fase terminal y cuáles pueden ser las alternativas a su finalización. Ponencia breve pero muy técnica, y muy recomendable para los que aún creen en el futuro del capitalismo.
A continuación habló Xoan Ramón Doldán, presidente de la asociación gallega Véspera de Nada y economista ecológico, que con tono de gallego apacible fue asestando puñetazo dialéctico tras puñetazo dialéctico a las bases conceptuales y prácticas de nuestro actual sistema económico, prácticamente no dejando títere sin cabeza; quizá el tono constante de voz y la rapidez expositiva no facilitaban la digestión adecuada de tanta información.
Por último, Juan del Río, como representante de Cardedeu en Transició, hizo una presentación muy ligera, más activista y menos técnica que todas las anteriores, para explicar que hay futuro y esperanza si creemos en ella. Las preguntas del público durante la mesa redonda merecieron mucho la pena, aunque (o quizá precisamente por) se trataran temas tan poco agraciados como el de la violencia durante la transición. 

El resumen de esta edición es que el pesimismo se ha vuelto absoluto. En la primera edición la mayoría de las ponencias respiraban un cierto tecnooptimismo, con varias ponencias que discutían fuentes alternativas para conseguir energía y/o escenarios más o menos adaptativos; en aquella ocasión yo formaba parte del reducido grupo de cenizos que veíamos una y otra dificultad prácticamente insalvable en el horizonte. Yo no he modificado mucho mi postura, quizá soy un poco más pesimista ahora que entonces, pero curiosamente ahora muchos de los que entonces me tomaban por alarmista me han dejado atrás en ese descenso a los infiernos. La palabra más repetida estos días ha sido "colapso", el cual la mayoría de los ponentes dan por seguro. Por repetir la broma que hicimos durante esos días, los que allí estábamos nos podíamos agrupar en tres grupos: pacos, mocos y cocos (según fuéramos parcialmente, moderadamente o completamente colapsistas - él único que se salía de esta clasificación fue Gonzalo Escribano, al que podríamos definir de coqueco: "¿Colapso? ¿Qué colapso?")


No querría acabar esta crónica sin hacer una mención, breve, a la componente humana del congreso, a esas gentes que estaban allí, oyendo como los ponentes iban progresivamente laminando sus esperanzas de futuro. Como en la pasada edición, muchas personas anónimas acudieron a Barbastro, haciendo un gran esfuerzo personal puesto que el congreso tenía lugar en días laborales. Algunos representaban a diversos colectivos concienciados con la problemática del agotamiento del petróleo y las consecuencias que está trayendo esta loca huida hacia adelante; los más activos, los de los colectivos antifracking. Particularmente me resultó destacable la especial madurez en estas lides de los chicos de Fracking Ez, que aunque no intervinieron en los turnos de preguntas hicieron contactos y tomaron buena nota de todo lo que allí se decía. Tres años y medio han pasado desde el último congreso de Barbastro y la sociedad española es más pobre, y muchos de los asistentes vinieron de manera precaria, algunos durmiendo en la furgoneta con la que habían acudido. La solidaridad y la coordinación entre los asistentes posibilitó que muchos de ellos, con más voluntad que medios, pudieran aprovechar estas jornadas, e incluso un pequeño grupo de entusiastas aprovechó para rodar un pequeño documental. Como en la pasada vez, la organización del congreso fue una ayuda continua y eficaz en los mil detalles que iban surgiendo cada día; gracias de nuevo a Carlos, Marta y Pili, y sobre todo a David, quien en su múltiple rol de coordinador, moderador y conductor del congreso puso una cara humana al enlace institucional.

Todo apunta a que el colapso será rápido, y más dada la ceguera de aquellos que asesoran a nuestros gobiernos creyéndose expertos sin serlo. Lo preocupante es que el colapso puede ser inminente, como ciertos expertos apuntaron. Barbastro ha enviado un mensaje, alto y claro, a la Tierra; una suerte de "Última Llamada" somontana. Ojalá esta vez haya alguien escuchando al otro lado.

Salu2,
AMT
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Crisis del Estado: una perspectiva desde la crisis energética

8 Octubre, 2014 - 07:27


Queridos lectores,

El tema que hoy abordaré pertenece a un tipo difuso de cuestiones de los que prefiero no hablar. No me gusta hablar de estos temas no por que sean tabú, sino porque no me considero suficientemente capacitado y con el conocimiento adecuado como para abordarlos apropiadamente, con lo que más que en otros casos lo que pudiera decir es fuertemente discutible y hasta erróneo, al menos en parte. En suma, que mi opinión sobre estos temas no es más cualificada que la de cualquier otro ciudadano y, por tanto, no me parece que sea correcto airearla desde este blog, dándole una relevancia que no tiene. Sin embargo, noto que progresivamente las discusiones en internet y otros medios se van enconando a medida que nos acercamos a la siguiente gran oleada recesiva global (de la cual la actual tendencia a la baja de los precios del petróleo es un claro síntoma, puesto que no ha aumentado la producción pero los precios bajan ergo es la demanda la que retrocede porque se está destruyendo fruto de la recesión que avanza - y no de la eficiencia, como a veces se dice para confundir aún más). Y últimamente detecto que hay cierta confusión sobre el posicionamiento político, en claves muy clásicas y partidistas, de algunas figuras de la discusión de la crisis energética en español, y particularmente las mías. Posicionamiento partidista que no es relevante en absoluto, como tantas veces he repetido, y que perjudicaría a la transmisión de un mensaje de carácter transversal y no partidista. 

Sin embargo, y a pesar de todas las prevenciones que acabo de expresar, creo que es interesante aclarar una cuestión clave para entender por qué el binomio capitalismo-comunismo está a mi modo de ver trasnochado, y por qué deberíamos explorar otras dimensiones de la discusión. Esencialmente, discutiré sobre el papel del Estado tal y como yo lo veo con mis limitados conocimientos, y por qué creo que lo que tenga que venir no podrá parecerse en nada a los dos sistemas nominalmente más opuestos aunque se basan, ambos, en un fuerte estatalismo.


El papel del Estado
Existen muchas discusiones historiográficas y antropológicas sobre el origen y función del Estado, de las cuales soy bastante poco conocedor. Sin embargo, hay una serie de características que se atribuyen con bastante consenso al Estado. Una de ellas es que el Estado es el depositario del derecho a la violencia legítima, es decir, es el único agente que tiene derecho a actuar violentamente en la defensa de un bien percibido como común si no existe ningún otro medio para garantizarlo. El Estado, que en sí no es más que una serie de instituciones creadas en algún momento para la gestión de un país, se convierte por virtud de este y otros derechos en un sujeto de derecho, es decir, en un ente con derechos y deberes y que es reconocido por otros sujetos de derecho como él. Por decirlo más simplemente, el Estado español es reconocido como el interlocutor válido para discutir cualquier cosa que tenga que ver con el territorio que administra, es decir, España.

Dado que el Estado tiene el monopolio de la violencia legítima, cualquier violencia ejercida en su territorio por alguien que no es el Estado pasa a ser ilegítima. Para que las cosas queden más claras, el Estado, usando su capacidad legislativa, promulga leyes que explicitan la no legitimidad de esas acciones por medio de disposiciones legales, que establecen condiciones penales para los contraventores. Es decir, el Estado establece con leyes qué castigo corresponde a quien ejerza determinado tipo de violencia que no esté amparada por el propio Estado.

Puesto que el Estado tiene derecho de violentar cualquier aspecto de nuestra convivencia (por ejemplo, disparando contra el atracador de un supermercado si éste pone en peligro la vida de otros, o bien desautorizando ciertas reuniones masivas y enviando antidisturbios a apalear a los manifestantes si no se van, o bien enviando a la cárcel a quien no paga sus impuestos), el Estado tiene un gran poder sobre todos nosotros y por eso es preciso que se definan muy claramente cuáles son los fines del Estado y que haya un gran consenso social de que esos fines son legítimos. Aquí viene uno de los aspectos más delicados del encaje estatal: dado que en los sistemas democráticos se reconoce que la soberanía reside en el pueblo, todo el poder en realidad emana del pueblo y el Estado, que es un sujeto aparte pero con el gran poder de la violencia como hemos comentado, debe su poder a ese pueblo que en realidad se lo ha entregado. Por lo tanto, el Estado debe interpretar correctamente el dictado del pueblo, y de ahí la gran importancia de que las instituciones del Estado sean transparentes y democráticas, como una vía para asegurar que se está cumpliendo la voluntad del pueblo.

Como todos sabemos, los Estados modernos son estructuras de una gran complejidad, y para su gestión se requiere de funcionarios especializados y con experiencia. Permítanme un inciso aquí: la palabra "funcionario", en España como en otros países, tiene muchas connotaciones negativas porque la mayoría de la gente suele asociarla con algún "funcionario de ventanilla" indolente que le ha tocado sufrir en el curso de algún trámite con la Administración; y los think tanks liberales, en su cruzada por adelgazar el Estado de todo lo que no es el monopolio de la violencia (curiosamente, o no tanto, como veremos) suelen aprovechar esta mala percepción para usar la palabra "funcionario" como un insulto. Sin embargo, cualquiera que haya tenido tratos con empresas de gran tamaño y complejidad se habrá encontrado con administrativos que realizan funciones en todo análogas a las de los funcionarios de ventanilla y de similar indolencia; se ve, pues, que lo que favorece tal actitud (que en realidad ni siquiera es mayoritaria pero que es más visible por ser una actividad de cara al público) es el tipo de trabajo administrativo tedioso y con nulos incentivos. Por demás, se suele ignorar que la mayoría de los funcionarios son maestros, profesores universitarios, médicos, enfermeras, policías, militares, bomberos, inspectores de hacienda, científicos, guardias forestales, letrados, fiscales, jueces y un largo etcétera de técnicos de lo más diverso cuyo trabajo no siempre es visible pero es fundamental. Fruto de esta complejidad del Estado que comentamos se requiere mantener estos cuerpos de funcionarios especializados, qué lógicamente no pueden ser sustituidos al ritmo de la alternancia democrática del país. Por eso es exigible que los funcionarios trabajen de manera fiel al servicio del Gobierno de turno en pro del bien del país, al margen de sus propias convicciones partidistas. A cambio, se les da un estatuto laboral especial, que de viejo y más en estos tiempos inciertos se percibe como un privilegio inadecuado.

¿Qué sucede cuando un poder lo suficientemente fuerte, típicamente económico, corrompe algunas estructuras clave del Estado? Que el Estado se desconecta de la fuente de su legitimidad, que es el consenso social, y actúa en beneficio de esos otros intereses, por supuesto de manera sibilina para evitar una revolución popular.  No creo que merezca la pena poner ejemplos porque estoy seguro que se les ocurrirán a Vds. solitos bastantes sin tener que esforzarse mucho. De hecho, el poder económico o de otro tipo no necesita para sus fines corromper demasiado todas las estructuras del Estado porque por construcción los Estados tienden a estar fuertemente jerarquizados y centralizados; si se gana el control de la cúspide (por ejemplo, el Gobierno) o de las estructuras inmediatamente inferiores (los altos funcionarios) todo el resto de la maquinaria del Estado trabajará de manera ciega e implacable en pro de ese poder corruptor, en aplicación de la máxima de que los funcionarios de rango inferior tienen la obligación de acatar y servir fielmente a lo que se les requiere por su condición de servidores públicos, al margen de sus preferencias ideológicas.

Por tanto, la estructura piramidal y no deliberativa del Estado le hace más vulnerable a la injerencia ilegítima de agentes no populares, lo cual da acceso a estos agentes a formas incuestionadas de violencia, no siempre física. Se tiende a pensar que cuando esto pasa es por un defecto concreto del Estado o incluso de la sociedad que lo padece. Por el contrario, desde mi insuficientemente documentado punto de vista pero basándome en la observación empírica de que no hay Estado no corrupto, sólo grados diversos de corrupción, yo creo que la corrupción es una característica inherente de los Estados. Más aún: que el papel del Estado se ha ido reforzando a lo largo de la historia en simbiosis con la injerencia cada vez mayor de los poderes económicos, de modo que al final el defecto de la corrupción estatal no es accidental sino estructural.

Capitalismo y comunismo

Los dos grandes sistemas socieconómicos que han dominado la discusión del siglo veinte son el capitalismo y el comunismo (usar estos nombres es una simplificación semántica, pero para no hacer esta discusión más farragosa ruego a los más quisquillosos que me lo acepten). Al margen de discusiones teóricas, la práctica de la implementación de ambos sistemas ha sido completamente dependiente de la existencia de un Estado, y en los casos en que éste no existía como tal se le acabó creando para beneficio del sistema económico. A mi modo de ver, el carácter estatalista del comunismo y el capitalismo no es una coincidencia, sino una necesidad de ambos sistemas para conseguir sus fines. En el caso del comunismo de corte soviético y similares, la necesidad de un Estado fuerte resulta evidente para todo el mundo: estamos hablando de una economía planificada, que impone restricciones a todo tipo de actividades y que supervisa hasta la extenuación detalles de la vida pública y privada de sus ciudadanos. En el caso del capitalismo, la percepción popular, alentada desde ciertos sectores de la sociedad, es que es un sistema de libertad y que cualquier injerencia del Estado es en realidad perjudicial; parecería, por tanto, que el capitalismo es de algún modo contrario a un Estado fuerte. Nada más lejos de la realidad. La economía capitalista moderna está más planificada que nunca y la percepción de libertad, de capacidad de elección, no es más que una hábilmente construida ficción. Muchas grandes empresas necesitan que el Estado las subvencione o las favorezca indirectamente coaccionando a sus ciudadanos a consumir sus productos o mediante exenciones de impuestos. Tiene toda la lógica del mundo: la inversión que estas empresas hacen en influir sobre los Estados aumenta sus beneficios, en tanto que el Estado se beneficia del control social que aseguran estas empresas, a través de sus trabajadores y su control sobre los medios de comunicación: he ahí la simbiosis Estado-capital en los Estados capitalistas. Los casos en los que el Estado favorece de manera descara a las grandes empresas no son aislados sino repetidos: la gran industria aeronáutica se sostiene gracias a los pedidos de aviones militares (si alguien me puede pasar el enlace que colgué hace semanas en facebook...), los grandes bancos son rescatados cuando hacen inversiones masivamente ruinosas, el sector del automóvil es apoyado con sucesivos planes estatales de subsidio a la compra de un automóvil nuevo, las petroleras reducen impuestos, las grandes eléctricas consiguen regulaciones favorables a sus intereses y en contra del bien común... Y eso por no hablar de los escándalos ambientales, a veces con graves consecuencias para la población, acallados incluso por la fuerza gracias el control de un Estado plegado a intereses de un capital que no conoce fronteras ("Recordad Bhopal"). No hay gran sector de la economía capitalista de hoy en día que no esté apuntalado por el Estado, y esto no es de ahora, por culpa de la crisis, sino que lleva mucho tiempo siendo así. De hecho, si uno se molesta en bucear en los libros de Historia verá que en la configuración de los modernos Estados capitalistas la cosa siempre ha sido así. Solamente es ahora que la desconexión de la voluntad del pueblo soberano es más evidente; por ejemplo en España con la Iniciativa Legislativa Popular que promovía la dación en pago de viviendas hipotecadas (con el respaldo de casi millón y medio de firmas) ha sido básicamente ninguneada en su tramitación parlamentaria. El menosprecio del Estado a la voluntad del pueblo tampoco es cosa nueva sino, también, de siempre; simplemente antes la gente se ganaba mejor la vida y prefería seguir con ella a empeñarla en la empresa de plantarle cara a los abusos del Estado, cosa casi siempre inútil.

Si se mira con atención las diferencias entre comunismo y capitalismo no son tan grandes. El comunismo soviético fue bastante menos eficaz desde el punto de vista productivo y generó muchas ineficiencias, en muchos casos fruto de la desafección de las clases populares con los objetivos del Estado (algo muy natural si tenemos en cuenta que el estado soviético rechazaba de plano la soberanía popular aunque formalmente dijera defenderla). Sin embargo, con la implementación de ciertas medidas clave el comunismo chino ha evolucionado en las últimas décadas hacia cotas de productividad superiores a las de Occidente, demostrando que un país comunista puede ser tan capitalista-estatalista como cualquier democracia occidental, y sin el sobrecoste (económico) de la democracia.



La crisis del Estado, ¿consecuencia de la crisis energética?

Se puede argüir que la crisis del Estado, y particularmente la de los estados capitalistas como éstos en los que vivimos, comenzó hace ya mucho tiempo. El síntoma más claro de esta crisis de legitimidad fue el rechazo a la injerencia en guerras en tierras extranjeras en defensa de espurios y a veces absurdos intereses, cuyo máximo exponente fue los movimientos de rechazo a la guerra de Vietnam en EE.UU. a finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado, o el rechazo a la 2ª Guerra del Golfo a principios de este siglo. 

También es legítimo argumentar que la proliferación de publicaciones independientes favorecida por la difusión de internet aumentan el foco y la inspección de las disfuncionalidades del Estado, y en cierto modo agravan la percepción de las mismas, lo cual tiene también una parte importante de razón.

Sin embargo, lo que está haciendo intolerable la situación de ninguneo de la voluntad popular que ya dura desde décadas son las crecientes dificultades económicas de las familias. Es debido al malestar popular, que ya no puede ni beneficiarse de un cierto bienestar material, el que lleva al cuestionamiento sistemático de diversos roles que ejerce el Estado.  Las menciones al Estado disfuncional saltan continuamente en las conversaciones cotidianas, con especial énfasis en los casos concretos y personalizados de corrupción, pero con un trasfondo de desconfianza generalizada al buen hacer e incluso a los fines de la Administración (un ejemplo de rabiosa actualidad en España es el primer caso de infección por ébola en Europa, producido en Madrid por lo que muchos consideran una gestión negligente e imprudente de la asistencia a dos repatriados). Estos días resulta frecuente que una falsa noticia aparecida en una publicación satírica sea tomada erróneamente por algunos como verdadera, simplemente porque la atrocidad descrita resulta ya creíble en medio de la degradación actual (en la que, por ejemplo, se ve normal y aceptable dejar a niños cuyas familias ya no tienen otro sustento sin el apoyo del comedor escolar durante los meses de verano).

Por tanto, creo fundado decir que el cuestionamiento del Estado y el clamor ascendente por su reforma, por su regeneración, viene en mucho del descontento causado por la crisis económica interminable que vivimos. Crisis que, en última instancia, no podrá acabar nunca por culpa del descenso energético, por culpa de la crisis energética. 

¿Podrá un Estado centralizado y complejo mantenerse en una situación de retornos decrecientes, de descenso de la actividad económica, de disminución de ingresos? Está claro que no si este descenso es severo. Y dado el curso previsible de los acontecimientos (sin necesidad de ir a escenarios más dramáticos) parece evidente que los Estados capitalistas llegarán en algún momento a su fin. Y el momento clave que marca su desaparición es el momento de perder su poder principal: el monopolio de la violencia. Cuando el Estado deje de pagar sus nóminas a la policía dejará de poder imponer su voluntad, y en ese momento dejará de existir en la práctica.



El futuro post-estatalista 

¿Qué futuro le espera a nuestros países tras el fin de sus respectivos Estados? Nadie lo sabe con certeza y este tema, sobre el que expertos han teorizado desde hace décadas, es todavía menos propicio para mis nada autorizadas divagaciones personales. Quizá algunos países conserven Estados más simplificados, quizá en otros se recuperen formas de organización anteriores, muchas de ellas democráticas; otros países, por desgracia, sucumbirán bajo un nuevo yugo feudal, y en cualquier caso la disgregación será la norma. Lo que sí que tengo claro es que el futuro dependerá de las decisiones que tomemos ahora. Nada está perdido si no queremos que lo esté. Quizá el primer paso para saber dónde se encuentra ese futuro que a todos nos interesa construir, tanto al obrero de la fábrica como a su patrón, es salirnos de los viejos esquemas de discusión y empezar a mirar a dimensiones del debate largamente ignoradas, como por ejemplo las que tratan de los límites ecológicos de este planeta que tenemos que compartir.


Salu2,
AMT
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La ficción de la elección

3 Octubre, 2014 - 09:27


Queridos lectores,

En el curso de una discusión reciente con una persona honestamente convencida por las tesis de ciertas corrientes económicas que simplificando excesivamente llamaríamos "liberalismo económico" una idea que surgió repetidamente fue el concepto de libertad, obviamente en su acepción económica. Y es que una de las ideas centrales del liberalismo económico es que se le ha de dar plena libertad de elección a los agentes económicos para que las relaciones entre ellos vengan mediadas por un mercado, libre por supuesto, como medio más eficiente para la regulación de tales relaciones. Planteada de esta manera, yo no tengo grandes objeciones a esta formulación. Que los agentes gocen de libertad para elegir, no ya en cuestiones económicas sino que en cualquier otro aspecto de su vida - a veces los neoliberales parecen olvidar que hay vida más allá del mercado -, parece completamente deseable, con la única salvedad de que sus acciones deben ser respetuosas con la ley y en particular no deben ser lesivas con los derechos de algún otro. Por otro lado, parece completamente lógico y razonable que en general las relaciones económicas las medie un mercado libre. 

En realidad aquí está parte de la trampa de la frase anterior: el mercado libre es una entelequia. Los neoliberales aceptan que no existe tal mercado libre en la práctica, pero según ellos lo ven eso es debido al exceso regulatorio y las extralimitaciones del Estado, y que lo que hay que hacer es desregular el mercado y minimizar el Estado. En realidad lo que sucede es que, independientemente del Estado, el mercado tiene ineficiencias intrínsecas (como se explicaba en detalle en la serie Ciudadano K del discontinuado Acorazado Aurora), cosa que se conoce y se puede explicar teóricamente desde hace siglos, aunque actualmente los neoliberales escriben ríos de tinta para justificar lo injustificable olvidando deliberadamente todo el trabajo anterior. Por otro lado, como ya explicamos en este blog, cuando los liberales reclaman un mercado libre en realidad por lo que abogan es por un mercado natural, puesto que sin ningún tipo de regulación el mercado tiende a ser la ley de jungla, en los que los más poderosos acaban por la vía de los hechos imponiendo sus reglas, como veremos después en algunos ejemplos. 

El pensamiento liberal se distingue por cuatro características peculiares:
  •  Muchas de sus afirmaciones son de carácter no empírico y no verificable; por ejemplo, cuando se postula las bondades de entes inexistentes y muy probablemente inalcanzables como el libre mercado, la perfecta competencia o la infinita sustitubilidad de los factores de producción.
  •  Se basa en conjunto de ideas abstractas, al margen del mundo físico y en abierta contradicción con él; por ejemplo, la idea de postular y aceptar como beneficiosa la idea del crecimiento infinito en un planeta limitado, o que el mercado se hará cargo de las externalidades, no importa como sean de dañinas, a pesar de la abundante evidencia en contrario.
  •  Siempre encuentra múltiples y complejas explicaciones a posteriori para justificar por qué las cosas no se producen según sus postulados. Ejemplos hay a punta pala: si el empleo sube es según unos gracias a las políticas del Gobierno y según otros debido a la favorable coyuntura internacional; si la balanza comercial es positiva es debido a la mejora del sector exterior, aunque en realidad lo que más cae es el consumo interior, etc. Casi nadie se molesta en examinar los datos que avalen las afirmaciones hechas, y en casi ningún caso nadie se cuestiona que es imposible que todos los países del mundo sean exportadores netos, o que se pueda crecer infinitamente en un planeta finito. Un caso particular del interés de este blog es la evolución del precio del petróleo; casi cada día aparece un sesudo artículo dando la excusa del momento para justificar lo que se denominan "enormes subidas" o "bajadas en picado" del precio, cuando lo cierto es que el precio se ha mantenido en torno a los 100$ desde hace casi tres años. Y aunque ahora ciertamente hay una cierta tendencia a la baja, síntoma de la próxima oleada recesiva, no se puede analizar su evolución día a día sino que se tiene que mirar en el largo plazo, y es que los movimientos significativos se ven en el plazo de meses (excepto cuando se produce un infarto del sistema, como en Julio de 2008 que el precio aumentó de 100$ a 150$ en un mes).
  • Utilizan un lenguaje oscurantista, con términos abstrusos para explicar cosas simples. Además, se abusa de las cantidades relativas (porcentajes) sin ponerlos en contexto y sin dar una idea de cómo ha ido cambiando la cosa con el tiempo. El objetivo es dejar fuera a los no iniciados, hurtar de la vista las discusiones para los profanos, es decir, para los que no comparten esta manera de hacer las cosas y pueden presentar objeciones muy fundadas. Ejemplos hay a porrillo; tomo uno de ellos al azar: "El resultado previsto para PGE en 2009 supone incumplir el objetivo de un superávit del 0,02 por ciento del PIB aprobado para la Administración Central por las Cortes Generales en junio de 2008", según reconoce el propio Gobierno en el proyecto legislativo de los PGE. Un objetivo que fue "fijado en base al contexto macroeconómico recogido en el informe sobre la posición cíclica de la economía española elaborado por el Ministerio de Economía y Hacienda en abril, de acuerdo con los datos disponibles en ese momento""


Todo lo anterior muestra que en realidad la teoría económica dominante es en realidad un pensamiento de tipo doctrinario o, como explicamos, una religión.

La otra trampa que se esconde en ese falso concepto de libertad es que la elección no es libre en realidad. Aunque la idea es sobradamente conocida, se suele abusar de ejemplos concretos para dar la impresión de que la gente realmente escoge libremente lo que escoge, cuando en realidad está fuertemente condicionada, con habilidosos trucos de ingeniería social y comercial, a "necesitar" determinados productos que son de su "utilidad". Precisamente éstos tres son los conceptos clave en la discusión sobre la presunta eficacia e idoneidad de los actuales mecanismos de distribución económica: necesidad, utilidad y elección.

En un sistema capitalista como el nuestro, el diseño del sistema se dirige a maximizar el retorno del capital, lo cual implica maximizar el beneficio de cualquier actividad económica. Esto se puede conseguir aumentando precios hasta un cierto punto, pero esta estrategia tiene un recorrido limitado puesto que precios excesivamente altos destruyen la demanda y a partir de un cierto punto también la ganancia. Alternativamente, se puede maximizar el beneficio disminuyendo costes. Aquí hay varias estrategias posibles, una de las cuales es la explotación de economías de escala y el encontrar usos diversos para un producto principal que sea económico de producir. Uno de esos productos cuyo proceso productivo se ha maximizado es el maíz. El sirope de maíz se utiliza en multitud de productos alimentarios para darles gusto, color, valor nutritivo, etc; se sorprendería Vd. de la cantidad de alimentos y otros productos que utilizan el maíz en su producción. Como comentaban en el documental Food Inc, "Todos los productos de un supermercado remiten a un campo de maíz en Iowa". ¿Realmente ha escogido Vd. que todos los productos que hay en el súper estén hechos, entre otras cosas, de maíz? ¿Está Vd. seguro de que es sano añadirle sirope de maíz a prácticamente cualquier alimento preparado que consuma Vd.? ¿O más bien esta proliferación en el uso del maíz tiene que ver con que ha sido muy barato de producir durante todos estos años?

Si Vd. ha seguido la evolución del sector de la alimentación en los últimos años sabrá que en estos momentos aproximadamente el 80% del comercio mundial está en manos de cinco empresas. Este fenómeno no es exclusivo del sector de la alimentación; cada vez menos empresas cada vez mayores controlan una fracción creciente del mercado mundial. Esa concentración de la actividad en manos de muy pocos agentes podría llevar a pensar que de manera natural, en aras de la optimización productiva y el aumento de beneficio, la cantidad de productos diferentes que se ofrecen debería disminuir; sin embargo, basta con ir a un supermercado o a cualquier otro comercio para ver una increíble diversidad de productos, pequeñas variantes de la misma idea. ¿Qué significa esta proliferación de productos? La respuesta es bien conocida: es una estrategia de márketing para incitar al consumo, es sólo un estímulo a las partes más primitivas de nuestro cerebro: en realidad muchos productos son el mismo con diferentes envases. Y esa es sólo una de las estrategias de manipulación de masas para llevarles a consumir más y más. ¿Es Vd. plenamente libre cuando decide consumir en un ambiente creado especialmente para incitarle al consumo?

No sólo el márketing actúa como fuerte condicionante de las decisiones de consumo, sino también los hábitos y las convenciones sociales que se van estableciendo, oportunamente moldeadas cuando se detecta en ellas un mercado potencial ¿Elige la gente tener coche? No siempre; según dónde uno viva y dónde y en qué trabaje tener un coche es imprescindible. Las redes de transporte público no siempre cubren las necesidades de movilidad creadas a la población. ¿Ha elegido Vd. vivir donde vive o se ha visto obligado a ir a determinado sitio en función de su renta disponible y de dónde tiene Vd. su lugar de trabajo? Es un caso típico: persona joven encuentra un trabajo en una gran ciudad y busca algún lugar cercano donde residir, pero lo más cercano que es asequible a su renta está a 20 kilómetros de su lugar de trabajo y si se traslada en transporte público necesita más de una hora para llegar, pero puede reducir el trayecto a 15 minutos si se compra un coche de segunda mano, que le resulta muy asequible (casi nadie tiene en cuenta los costes reales por kilómetro de un coche, incluyendo combustible, amortización del vehículo, seguros, párking, averías, revisiones, multas...). La estructura social favorece determinadas elecciones, que no son sólo socialmente aceptables sino completamente naturales dados los condicionantes.

Yendo a cosas más superfluas: ¿Elige la gente tener móvil? Si uno se pasa fuera de casa muchas horas, tener un móvil es una buena manera de estas siempre localizable por sus seres queridos; además, con los sistemas de chateo electrónico actuales uno puede mantener un contacto con los amigos que le sirve para sobrellevar una jornada cargada de muchos sinsabores y cada vez menos motivaciones. No es estrictamente necesario, pero, ¿qué persona joven elegiría no tener móvil y además del tipo smartphone? Parecería un extraterrestre en su comunidad social. ¿Es una elección verdaderamente libre la de comprar un móvil? Y así la lista de elecciones bastante discutibles se va alargando, en todos los casos condicionados por un ambiente social que le empuja en una dirección determinada: ¿Se elige libremente comprar un piso en vez de alquilar? ¿Elige uno en total libertad la ropa que se pone, o tiende a escoger aquello que es socialmente más aceptado para el estrato en el que uno está? ¿Son completamente libres todas las decisiones que se hacen al comprar alimentos, productos de limpieza, muebles, vacaciones, etc?  Los valedores del libre mercado dirán que a nadie se le pone una pistola en el pecho, y eso es verdad, y también es cierto que cualquier persona puede decidir "salirse de la convencionalidad" y tomar una decisión que choca con las habituales, pero justamente de lo que hablamos es de condicionamiento, no de determinación: desde el punto de visto económico no importa si unos pocos individuos eligen otro camino si la mayoría va por la senda trazada. Hay una cuestión clara desde el punto de vista estadístico: si millones de personas toman decisiones dentro de un arco pequeño de opciones teniendo literalmente millones de posibilidades a su disposición eso significa que realmente no hay tantos grados de libertad como los aparentes, sino muchísimos menos. Realmente, son muy pocos los individuos realmente libres, puesto que desde hace mucho tiempo se mercantiliza la diferencia, y el mercado se apropia de la estética hippie, altermundista, eco, hipster... Se crean diversidad de nichos en el mercado para que aquellos individuos más críticos crean que son diferentes porque están clasificados dentro de una categoría igualmente mercantilizada pero menos numerosa.

Los adalides de las bondades de lo que ellos llaman libre mercado aceptan a veces que efectivamente la influencia social condiciona fuertemente muchas decisiones, pero que en eso el libre mercado no tiene la culpa, sino que es la sociedad, como si fuera un sujeto, quien toma sus decisiones, y como si los agentes económicos no influyeran en moldearlas. Sin embargo, resulta difícil creer tal cosa cuando los medios de comunicación se dedican a difundir continuamente publicidad en cuñas publicitarias y propaganda de un determinado modo de vida en todo el resto de contenidos. ¿Se ha sentido Vd. alguna vez identificado con los modos de vida y consumo de tanta y tanta serie televisiva o película cinematográfica? ¿Ha aspirado a ser como los personajes que tanto le gustan? ¿Se ha fijado que a veces el personaje lleva un tren de vida impropio para lo que deberían ser sus ingresos? La presión social existe, pero ésta se configura también a través de los mass media. En añadido, los medios de comunicación de masas sirven para crear, a veces, cuando es necesario, la ilusión de libertad: en algunos momentos se pone el foco en una pequeña anomalía y se hace creer que tiene una importancia que, a la luz de las estadísticas, no la tiene, todo con el fin de mantener la ilusión de libertad. 

La falta de libertad de elección no es fruto únicamente de la presión social y de las estrategias de márketing, sino también de la falta de información. Un mercado no puede ser, nunca, realmente libre si todos los agentes que en él participan no tienen la misma información y la misma capacidad de negociación, y ése no es el caso en muchos servicios básicos prestados por grandes compañías. ¿Entiende Vd. el recibo de la luz? ¿Tiene Vd. capacidad para negociarlo? Cuando va al súper, ¿tiene Vd. conocimiento de lo dañinas que son algunas prácticas de producción de los productos que consume? ¿Tiene realmente capacidad de elegir algo mejor, por ejemplo, ecológico? Todo ello es el resultados de un mercado mucho más natural que libre. 

Todo lo arriba expuesto nos ilustra cuál ha sido nuestro margen real de libertad durante las últimas décadas, pero ahora que estamos llegando a los límites del planeta, ahora que estamos inmersos en una crisis que no acabará nunca, un murmullo que se oía desde hace mucho pero permanecía oculto en las capas profundas de la sociedad se hace cada vez más insistente: quizá hay demasiado consumismo, quizá hay que acabar con hábitos de derroche, quizá tendríamos que abandonar lo superfluo. En los últimos tiempos, a medida que la crisis impide al capital alcanzar por medio de la producción sus tasas históricas de regeneración, éste va depauperando las rentas del trabajo y las administraciones públicas para continuar expandiéndose al ritmo habitual (huida hacia adelante con corto recorrido y potencialmente muy explosiva, pero que de momento nos hace avanzar rápidamente hacia La Gran Exclusión). Y en el fondo para favorecer esta expansión interna del capital se insiste en que los ciudadanos tienen que aprender a diferenciar entre necesidades estrictas y consumos superfluos. En algunos casos, se llega a culpabilizar al ciudadano por sus hábitos de consumo, lo que a veces llega al extremo de confundirle sobre el peso económico real de sus elecciones. ¿Cree Vd. que porque disminuya su factura eléctrica un considerable 10% va a mejorar la situación general? Aunque todos los domicilios redujeran un 10% su consumo eléctrico, el residencial es sólo el 10% del consumo total, o sea que ese gran esfuerzo repercutiría un 1% del consumo eléctrico total. ¿Y eso qué más da, además, en un país como España donde hay un exceso de capacidad instalada, donde sobra electricidad y a pesar de ello el consumo baja, porque no es electricidad lo que la sociedad necesita para funcionar, sino ese 80% de energía final no eléctrica y difícilmente electrificable que depende, mayoritarimente, del petróleo? Y, ¿es superfluo el coche? ¿Puede Vd. atender sus obligaciones diarias sin él? ¿Y qué haría sin la nevera, si no puede comprar los alimentos día a día por falta de tiempo? ¿Puede lavar menos ropa, por ejemplo usando el mismo atuendo más de un día seguido; se lo aceptarían en su entorno social y laboral? El hombre, como todos los seres vivos, está adaptado a su hábitat, pero una parte del mismo ha sido creado y recreado por la mano del Hombre y necesita también estar adaptado a él, a su tecno-hábitat, que le resulta tan vital como el hábitat de base propiamente biológica.
En realidad se tiene que intentar mantener la ilusión de libertad para evitar que la gente se revuelva contra lo que hay. La economía está más planificada que nunca: no sólo se planifica la producción, sino que se decide qué nuevos productos tendrán que consumir los ciudadanos. Ésta es la realidad de nuestra economía. Por eso un país comunista como China ha podido hacer una transición tan eficiente hacia el sistema actual: porque, en los aspectos claves, no hay una diferencia profunda; y China tiene además la "ventaja competitiva" de no ser una democracia. Y por eso es tan preocupante que se tome continuamente a China como baremo, como referente con el que compararnos: porque la diferencia más importante entre ellos y nosotros es el grado de autoritarismo.


La única elección real que se puede hacer (y que por tanto se ha de ocultar) es si queremos seguir con el sistema actual o intentamos construir uno nuevo, más igualitario y sostenible, algo diferente a todo lo que ha existido hasta ahora. Ésa es la elección real.





Salu2,
AMT
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El adiós al automovilismo

1 Octubre, 2014 - 10:20


Queridos lectores,

En medio de una vorágine de compromisos (sabrán que el lunes pasado comparecí ante la Comisión de Energía del Parlamento Vasco y que la semana que viene iré a Barbastro vía Roma), Demián Morassi me ha ofrecido este texto breve con sus reflexiones sobre el fin de la era del automóvil, tema que ya se ha discutido varias veces en este blog, aunque él se centra en un aspecto muy concreto: el automovilismo. Sus reflexiones me parecen bastante acertadas, aunque no serán del gusto de todos. Les dejo con Demián.

Salu2,
AMT

El adiós al automovilismoPor Demián MorassiLas carreras de auto nacieron para promover la ingeniería automovilística, apoyado por los Estados que podrían demostrar en las competencias internacionales sus avances o los de las empresas nacionales. El público se sumó fervoroso a esta disciplina "deportiva", aunque las comillas están demás para los pilotos, que debían soportar en su cuerpo el estrés y la coordinación visomotora de ir durante una hora a velocidades superiores a lo que el común de la gente podía aspirar. En algunos países el fanatismo por la escudería, en otro por los pilotos, hizo de esta actividad un entretenimiento de masas que no tardaron en ser parte del interés de todas las empresas para participar como anunciantes y los autos se volvieron un collage de logotipos empresariales. Y se multiplicaron las variantes, de la Fórmula 1, a las carreras de turismos, al rally, a las aventuras postcoloniales del tipo Paris-Dakar, Camel Trophy o las carreras ilegales urbanas.Las carreras de autos también dieron enormidad de frutos en el entretenimiento infantil: hemos jugado a "Las mil millas", a los cochecitos de colección, a los videojuegos más adrenalínicos, hemos visto películas (a esta altura "Rápido y furioso" debe ir por la saga número 18), dibujitos animados como "La carrera de los autos locos". En cada país los grandes corredores están en el top ten de deportistas de la historia, desde Fangio en Argentina hasta Alonso en España, de Ayrton Senna en Brasil a Schumacher en Alemania.Pero debemos decirle adiós.Hoy en día debemos tratar que nuestros hijos no sueñen con la velocidad, se olviden del auto como fuente de entretenimiento y busquen otros símbolos, otros objetos de culto.Va quedando menos petróleo y hay que cuidarlo para lo que consideremos necesario para la transición, hay que promover actividades deportivas limpias, que no generen gases de efecto invernadero, hay que evitar que seamos meros observadores que pagan a una serie de grupos empresariales que no buscan promover la ingeniería de las naciones sino vender espacios publicitarios y ganar dinero con las televisaciones.La lucha por dejar el automovilismo va a ser dura como lo puede ser el fin de las corridas de toros. Algunas ciudades lo lograrán más rápido y otras no podrán contra el lobby o las mafias del sector.Los partidos políticos o las organizaciones ecologistas pueden tomarlo como elemento de campaña. El automovilismo sigue siendo ante todo un entretenimiento masculino, y ya no de una multitud fanática como en otras épocas, por lo tanto la mayoría aceptaría si se le dan las dos razones básicas: cuidar el recurso y bajar las emisiones. ¿Qué hacer con los que viven de este mundillo? No tengo la más p... idea. Perdón, vislumbro que las empresas anunciantes se dedicarán al ciclismo, las carreras de veleros, etc., los mecánicos van a tener mucho trabajo cuando cierren las automotrices y haya que ir volviendo a poner en condición una flota de usados cada vez mayor, los ingenieros se las ingeniarán y las pistas de carrera serán parques para pasear en bicicleta y hacer grandes huertas urbanas colectivas (deben tener buena tierra ya que el césped se ve impecable).Adiós a todas las revistas de automovilismo, a los programas de televisión, a las apuestas, a las mujeres objeto que le dan el trofeo a nuestro campeón, adiós al derroche de champagne, a las banderas de Ferrari (y a Ferrari también),  a los que se meten en la ruta del rally arriesgando su vida para que lo despeine su ídolo y a las muertes espectaculares en el Dakar. Adiós.
 
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La ilógica financiera

26 Setembre, 2014 - 06:25


Queridos lectores,

A medida que se multiplican los signos de que el mundo avanza hacia una nueva recesión global, se van produciendo día sí y día también noticias que pasan con cierta sordina en los medios de comunicación, pero que cuando se observan con un poco de atención demuestran que nos estamos precipitando lentamente en un abismo del cual ya no podremos salir. Fijémonos en una de ellas, sacada de Reuters: "La petrolera Total prevé vender más activos y reducir la meta de producción de petróleo". Total es una de las cinco grandes compañías petroleras multinacionales que quedan en el mundo (el resto o son compañías nacionales o son pequeñas compañías privadas), y como le está pasando a las otras cuatro su producción de petróleo lleva ya unos años en caída:



La anterior gráfica está extraída de un artículo publicado el pasado mes de Marzo en el blog de Mattieu Auzanneau, y que tiene un título bastante significativo: "Nueva caída en 2013 de la producción de crudo de las majors, a partir de ahora obligadas a desinvertir". Poco antes Gail Tverberg publicaba un impactante post (cuya traducción puede encontrarse en este mismo blog) sobre una presentación de Steve Kopits que mostraba los planes de desinversión de las grandes compañías.



Por las mismas fechas, yo sacaba una conclusión semejante a la de Matthieu Auzanneau: que estábamos delante de un momento histórico, en el que se anticipa que las grandes compañías petrolíferas comenzarán a abandonar las explotaciones menos rentables (como la explotación de gas y de petróleo extraídos mediante fracking, los petróleos de aguas profundas, las arenas bituminosas del Canadá, los biocombustibles), dada la presión que tienen estas compañías para volver a las antiguas rentabilidades. Debido a lo precipitado de su salida, se podría producir, en un plazo bastante breve de tiempo (posiblemente, no más de un par de años) una caída muy fuerte (quizá un 10%, quizá más) de la producción de petróleo, contando aquí todos los líquidos que así llamamos, lo cual generaría graves problemas y tensiones a escala global, acelerando de manera no lineal nuestro declive. La única cosa que podría frenar esta tendencia es que los Estados interviniesen e invirtiesen dineros públicos para mantener la producción, desviándolos de otros fines más transversales y agravando la inestabilidad social. Pero dado que el principal perjudicado serían los EE.UU. (puesto que es el país donde se está explotando el fracking de manera masiva y ese tipo de explotaciones es el más ruinoso) no está claro cómo se acabaría articulando ese rescate.

En este preocupante contexto, el Departamento de Energía de los EE.UU., a través de su Agencia de Información de la Energía (EIA por sus siglas en inglés) sacó el julio pasado una breve nota sobra la evolución financiera de las 127 compañías productores de petróleo y gas más grandes del mundo (gracias a The Tyee por sacar la noticia). Y las gráficas añaden aún más preocupación a las noticias reseñadas arriba:


Gráfico de "Today in Energy" de la EIA, http://www.eia.gov/todayinenergy/detail.cfm?id=17311
La línea azul representa los gastos de estas 127 compañías durante los 12 meses previos al momento que se considera, en tanto que la línea verde representa los ingresos por sus operaciones ordinarias (vender petróleo y gas, básicamente); la diferencia de las dos curvas es, simplificando, los resultados de explotación (no exactamente, como ahora veremos). Como se ve, en el primer trimestre del año 2014 los resultados de explotación durante el año que va de Abril de 2013 a Marzo de 2014 dejaron un saldo negativo de 110.000 millones de dólares. Lo grave es que entre 2012 y 2013 pasó algo muy similar. ¿Cómo han podido sobrevivir estas compañías con semejantes números rojos? Eso nos lo aclara la EIA con otro gráfico:



Esta gráfica nos desglosa, en porcentaje, el origen de los ingresos de las compañías. Podemos ver así cuánto se ha ingresado por operaciones (barra verde), cuánto se ha incrementado la deuda de manera neta (barra gris oscuro) y cuánto se ha ganado en la venta de activos (venta de yacimientos, refinerías, etc). 

Tomando la primera de las gráficas se puede calcular aproximadamente cuáles han sido las necesidades de financiación adicional (más allá de las operaciones) de cada año (para extraer los datos a partir de las gráficas uso la misma metodología que en el post "El ocaso del petróleo"); los resultados se muestran en la siguiente gráfica (el eje vertical representa miles de millones de dólares).

Diferencia entre ingresos de operaciones y gastos en términos anualizados, en millardos de dólares
Como se ve, la necesidad de financiación adicional sube rápidamente desde inicios de 2011 y llega a máximos a principios de 2012; y se ha mantenido bastante elevada desde entonces, a pesar de que en términos constantes el precio medio del petróleo ha estado en máximos históricos.

Lo grave no es sólo que haya este desfase en operaciones tan grande, sino lo grande que se está haciendo la deuda acumulada: la gráfica siguiente muestra cuál ha sido la evolución de la necesidad de financiación acumulada durante los últimos años.

Necesidad de financiación adicional acumulada desde 2010, en millardos de dólares.
Como pueden ver, el desfase acumulado llega hasta los 413.000 millones de dólares, en términos anualizados, a principios de 2014, y con una tendencia fuertemente creciente de más de 100.000 millones de dólares al año. No todo esa curva roja es deuda, puesto que como hemos mostrado una parte de este desfase contable se ha compensado vendiendo activos, pero haciendo tal cosa las compañías disminuyen su capacidad productiva y por tanto complican poder continuar el servicio de las deudas con sus intereses. De esta gráfica se deduce que, en todo caso, la deuda de las grandes compañías del sector del petróleo y el gas puede ser fácilmente de más de 300.000 millones de dólares, y creciendo cerca de 100.000 millones cada año.

Queda claro, por tanto, que las compañías no sólo están fuertemente endeudadas, sino que además están incrementando de manera brutal su endeudamiento al tiempo que deterioran su capacidad productiva de cara al futuro. Es en este contexto que la noticia sobre Total con la que abro el post de hoy cobra todo su sentido: la compañía está vendiendo activos mientras rebaja sus objetivos de producción, lo cual es síntoma de que está fuertemente endeudada como el resto de las compañías del sector. Tal actitud es completamente absurda desde un punto de vista empresarial, de no ser que la compañía esté entrando en un serio problema de viabilidad futuro. Y no es la única: recientemente Ben van Buerden, el consejero delegado de Shell, reconoció a The Wall Street Journal que los ingresos eran demasiado bajos, y también son conocidos los planes de desinversión de Shell. Y un síntoma todavía más preocupante del hundimiento del sector es que la familia Rockefeller ha decidido deshacerse de todas sus participaciones en empresas petroleras.

¿Cómo han podido las compañías del sector del petróleo y el gas meterse en un agujero financiero de semejantes dimensiones? ¿No podían simplemente haberse limitado a producir aquel petróleo o gas que era rentable a los precios que el mercado quería pagar, y no perder dinero produciendo hidrocarburos por debajo de coste? La respuesta es no, no podían. Y no podían porque estas compañías tenían que demostrar que eran rentables, porque hay muchos fondos de inversión y fondos de pensiones en este mundo, y que mueven miles de millones de dólares, que han construido su cartera basándose en las empresas del sector de los hidrocarburos. Por el tamaño de sus inversiones y su capacidad de hundir o alzar el precio de las acciones de cualquier compañía, esos fondos son capaces de influir en la toma de decisiones de las empresas de las que tienen participaciones. No sólo eso: estos fondos exigen que las compañías den unos dividendos anuales de al menos cierto valor, porque la rentabilidad de sus carteras depende de sus dividendos. Por eso apuestan por valores tradicionalmente considerados seguros, como son las petroleras. Si se fijan Vds. en las explicaciones de los gráficos de más arriba, verán que parte de los costes que las compañías tienen que financiar con la venta de activos y con endeudamiento es el pago de esos dividendos. Lo han leído bien: estas empresas están recurriendo a créditos para poder pagar dividendos. Una lógica financiera que contradice a cualquier lógica empresarial. Es esta lógica suicida de demostrar que las compañías eran muy rentables y que siempre serían capaces de producir más y más petróleo lo que ha llevado a explotar recursos sin rendimiento económico, como las arenas bituminosas, como el fracking, como los biocombustibles... Una huida hacia adelante que tiene ya  los días contados.

En el fondo, las empresas del sector de los hidrocarburos se han estado descapitalizando para garantizar un magnífico retorno a sus inversores. La burbuja ya tienen varios cientos de miles de millones de dólares y seguramente puede inflarse algunos cientos de miles de millones más antes de reventar. Pueden si quieren apostar cuándo llegará este estallido: yo creo que será aproximadamente al mismo tiempo que la próxima oleada recesiva, porque en su actual debilidad financiera estas empresas no podrían resistir una nueva fase de precios bajos para el petróleo como suele suceder en las recesiones. Y como no faltan demasiados meses para la próxima oleada recesiva, no sería de descartar que en los próximos meses leamos alguna noticia impactante del sector, como la quiebra de alguna empresa medianamente grande o algunas grandes fusiones o absorciones. Incluso, un plan de algún Estado para participar significativamente en una de estas empresas. En todo caso, el síntoma más claro de que esta burbuja ha llegado a su fin será el hundimiento del fracking en los EE.UU. y la brusca bajada de la producción mundial de petróleo en al menos un 5%. La escasez de petróleo se dejará sentir por todo el planeta, con consecuencias imprevisibles y altamente no lineales.

¿Qué nos ha llevado hasta aquí? La lógica financiera, diseñada para un mundo en continua expansión. Un mundo que ya no existe y que por tanto la convierte, más bien, en la ilógica financiera. Una actitud irracional que nos lleva a destruir aquello que necesitamos para hacer una transición que no puede esperar más.


Salu2,
AMT
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Última llamada - el blog

25 Setembre, 2014 - 10:37


Reseña por María Eugenia Rodríguez Palop
En julio de 2014, se hizo público el Manifiesto “Última Llamada” al que, en sólo dos meses, se adhirieron siete mil académicos, intelectuales, científicos, políticos y activistas de base. En el Manifiesto se denuncia la grave crisis ecológico-social que estamos viviendo y se plantean propuestas de cambio con las que compatibilizar el bienestar y los límites ecológicos del crecimiento. "Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible", se afirma, y lo cierto es que, de hecho, nuestras posibilidades de articular trayectorias de sustentabilidad son cada vez menores. 
Con el blog (@Ultima_Llamada_) que ahora ve la luz en eldiario.es, se abre un espacio al pensamiento ecológico crítico y se pretende articular un programa ecosocial para la Gran Transformación que nos hace falta. Queremos convencer a la gente y, en particular, a los partidos de izquierda y a los nuevos proyectos alternativos que han surgido en nuestro país, de que las inercias del productivismo y el consumismo que nos arrastran, están conduciendo al 99% del planeta a un colapso social, económico y ambiental, y de que "la crisis de régimen y la crisis económica que padecemos, sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica". 
El blog se expresa en un tono ágil y divulgativo, y está abierto a las contribuciones de tod@as aquell@s que tienen sensibilidad ecológica y, sobre todo, ganas de pilotar el cambio de dirección que esta crisis de civilización nos exige.
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¡Es la política, estúpido!

23 Setembre, 2014 - 19:54


Queridos lectores,

Hace unos días un lector, Alexis Sancho Reinoso, me hizo llegar su réplica al reciente post de Javier Pérez, "Lo que los peakoileros no quieren entender". El texto me parece valioso y merecedor de ser compartido, y por eso hoy se lo traigo.

Salu2,
AMT


«¡Es la política, estúpido!» Úna réplica al texto “Lo que los peakoileros no quieren entender”, de J. Pérez.Tanto me desconcertó el contenido, pero especialmente el tono del texto “Lo que los peakoileros no consiguen entender”, de J. Pérez, que decidí ensayar una réplica. La empecé el mismo día en que el texto fue publicado, pero no la he terminado hasta 9 días después. Mientrastanto, ya ha sido publicada otra réplica al texto, “Programa para una «Gran Transformación»”, con la que creo que este texto puede resultar compatible y complementario. Compatible porque comparte objetivos y enfoques y soluciones propuestas; complementario porque, al contrario que aquella, esta no pretende profundizar en los puntos que expone, sino que es un breve alegato de que el problema que expone Javier Pérez debe ser muy tenido en cuenta, pero no las “soluciones” –por llamarlo de alguna manera- que propone.Volviendo a la idea inicial, la entrada de J. Pérez me desconcierta porque, pese a no conocer al autor ni haber leído nada escrito por él hasta este texto, por las alusiones, referencias y el tono utilizados deduzco que se trata de alguien que sabe muy bien de lo que habla y que, por lo tanto, no escribe por escribir. Precisamente por eso me pregunto hasta qué punto es sincero el autor cuando se pregunta a sí mismo cosas como las siguientes:“¿Observo mala fe en los peakoileros? Pues en unos sí y en otros no, pero en casi todos observo la misma carencia: que su pasión por la lógica y los datos, su precisión en las mediciones y en la construcción de modelos, su meticulosidad en la argumentación y concatenación de sucesos, desaparecen repentinamente en ocasiones hasta silenciar completamente datos, hechos y argumentos que resultan incómodos para sus convicciones (o necesidades) políticas.”“intentaré explicar por qué creo que la mayor parte de la gente consciente del problema no abarca mentalmente su verdadero alcance, o prefiere dejar este asunto para más adelante, cuando ya se le haya sacado el debido rendimiento en otros ámbitos menos amables o menos confesables.”Si yo me diera por aludido en estos pasajes estaría pidiendo explicaciones al autor sobre estas acusaciones encubiertas. ¿Qué está insinuando? ¿Que los expertos en la materia están vendidos a una determinada ideología a la que, en el fondo, no le importa el futuro del planeta ni de la humanidad, sino que solamente busca contentar a un determinado segmento de la población con argumentos autocomplacientes?Yo, como mero interesado en la materia y para nada entendido, no he detectado en ninguna opinión que he leído o escuchado a los “peakoileros” atisbo alguno de las actitudes que denuncia el autor. Es evidente que la magnitud del problema socioambiental actual es inabarcable, que nos tiene superados, que tristemente hay que reconocer que algunas de las afirmaciones del autor no parecen distar demasiado de la realidad (¿cómo, después de escuchar sus contundentes argumentos, puede uno obviar la contundencia de la Ley de Jevons? ¿Cómo puede uno llevarle la contraria al impepinable argumento de que nadie puede parar de la noche a la mañana, ni siquiera a largo plazo, la dinámica global, basada en el consumo, en la que estamos inmersos?).Sin embargo, y como dicen en mi pueblo, “no confundamos la velocidad con el tocino”: ¿De verdad piensa el autor que lo mejor que se puede hacer es no hacer nada? Si es así, creo que es una excepción dentro de los que él denomina “peakoileros”. Yo pienso que la mayoría de ellos piensa diferente y aborda el tema (que, efectivamente, es peliagudo y no se deja reducir a unos términos de “buenos y malos”, de “los que tienen razón y los que no” etc.) de otra manera. Por ejemplo:

  • Tratan de poner en evidencia que el modo de vida occidental no es un producto de la evolución natural humana, sino el resultado de la lucha de diferentes intereses contrapuestos que han ido estableciendo determinadas pautas culturales, las cuales, a su vez, con el paso de las generaciones, se encuentran tan arraigadas que nadie pregunta por su origen, significado y utilidad. El otro día un amigo me contó el experimento de los monos y los plátanos y me pareció una metáfora muy acertada para explicar muchos de los mecanismos de funcionamiento de nuestra vida en sociedad. Compruébelo el lector mismo leyendo este interesante artículo desmitificador de la llamada “transición española”.
  • En otras palabras: tratan de llamar la atención sobre la necesidad de recurrir al nivel ontológico (del griego ?????, hace relación a “lo que hay”); es decir, de no dar por sentado nada de lo que constituye nuestra existencia, aunque parezca la cosa más lógica y “natural” del mundo. Todo el mundo sabe que la sociedad occidental está profundamente marcada por un conjunto limitado de teorías que han pasado a ser ideologías establecidas; es decir, que han pasado de ser principios aceptados por la comunidad científica a ser dogmas asumidos por todos aquellos agentes que intervienen directamente en las decisiones que nos afectan a todos. En este artículo de F. Geels aborda este asunto, sin duda central aunque normalmente ignorado. En él se desmitifican teorías como la elección racional (el famoso “homo oeconomicus”), la teoría evolutiva, el imperativismo o el estructuralismo.
  • Tratan de trasladar la discusión a términos éticos, algo que Javier Pérez parece menospreciar: “seguimos escribiendo manifiestos y soflamas a favor del ahorro, en contra del capitalismo y en contra del consumo, porque es lo que nos ordena nuestra ética”. Para mucha gente (entre los que me incluyo), valores como la bondad, la sensatez, la solidaridad y el cooperativismo simplemente no pueden ser equiparados a otros (anti)valores como la codicia, el egoísmo o la maldad. Una determinada convicción individual es, pues, fundamental y ello no debería ser infravalorado.
  • Tratan de superar la tan denunciada por el autor autocomplacencia sacando “el tema” en las conversaciones con familia y amigos (¡se acabaron los tabúes en los asuntos que realmente importan!) y sensibilizando al personal en círculos más amplios. Es decir, a partir de sus propias convicciones personales, intentan cotejar qué principios de actuación diferentes existen para contrastarlos y poner de manifiesto las carencias de unos y de otros.
  • Esto último es, para mí, lo más trascendente del asunto (y de aquí el título de mi texto): algunos de ellos se encargan de poner sobre la mesa la problemática y fomentar la discusión en el ámbito de lo público. Algo muy diferente a difundir un discurso formateado y cerrado y tratar de ganar adeptos en base a él. Estamos hablando, pues, de implicación política (entendida esta como el arte de servir a lo público: es decir, abordar problemas colectivos desde una perspectiva que supere el mero individualismo).  
Estoy convencido de que el autor sabe perfectamente que existen discursos sensatos que no quieren ser catastrofistas ni demonizar con argumentos simplistas determinadas cosas, sino que desean llamar la atención de los problemas que encaramos (queramos o no) y que tienen una naturaleza temporal más dilatada que los que suelen ocupar la agenda político-mediática (desempleo, evolución de determinadas variables macroeconómicas, acontecimientos bélicos, por poner ejemplos). Es esa preocupación por el largo plazo los que les diferencia. A menudo pienso que la obsesión por el corto plazo (algo comprensible en la vida privada, pero inadmisible en la política) junto con la ignorancia premeditada del medio y el largo plazo es la base de los populismos. Por supuesto que existen intereses políticos partidistas en todas partes, y los seguirá habiendo porque las relaciones humanas tienden a ello. Según mi parecer, no se trata de evitarlo, se trata de ponerle coto y de empoderar a quien debemos de empoderar. Mientras las organizaciones encargadas de representar al soberano (en este caso, los partidos políticos) sigan teniendo todo el poder de decisión (aunque sea como brazo ejecutor de quienes diseñan las políticas que se deben aplicar, y que normalmente no vemos en los escenarios), poco habrá que hacer. De ahí que sea crucial debatir serenamente sobre la democracia que queremos (como se está haciendo desde muchísimos foros; he aquí un ejemplo) como medio en el que hay que insertar el debate socioecológico. Solo de este modo se podrá dejar atrás la dimensión estrictamente autocomplaciente del asunto, que tan concienzudamente denuncia Javier Pérez. O dicho en otras palabras y adoptando (y adaptando) la popular expresión “It’s the economy, stupid!” (utilizada, por cierto, como eslógan político): “¡es la política, estúpido!”.

Alexis Sancho Reinoso
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El efecto boomerang

19 Setembre, 2014 - 09:13


Queridos lectores,

Durante las últimas semanas he participado en varias discusiones con defensores de la transición renovable, que en algunos casos me reprochaban mi postura al analizar los límites de explotación de los sistemas de generación renovable o al exponer simplemente hechos que contrastan con un cierto discurso triunfalista. Lo que me ha parecido más curioso de estas conversaciones es la reacción de mis contertulios cuando uno los confronta con datos y hechos que contradicen su visión de las cosas. Pondré varios ejemplos: 

  • Hace un par de días discutía en la Agencia Espacial Europea con un ingeniero (una persona brillante) sobre el potencial de la fotovoltaica; él me ponía el ejemplo de Alemania y yo le decía que justamente en Alemania lo que se está observando es un cada vez mayor recurso al carbón (y encima más lignito nacional, que produce más emisiones de CO2), como explicábamos hace unas semanas. Delante de esto, me preguntó directamente: "¿Es que dudas de que exista un Cambio Global Antropogénico?". Me quedé perplejo y decidí zanjar la conversación ahí, dejándole claro antes que justamente por trabajar donde trabajo no es ese tipo de cosas las que uno cuestiona.
  • Hace unos días Florent Marcellesi hizo mención a mi nombre para que me involucrase en una conversación en Facebook en la que estaba participando una persona que confío en que domine mejor el alemán que el castellano (lo cual no es obstáculo para que tenga un blog en cierto diario de tirada nacional en España). El individuo se había previamente despachado a gusto sobre los ponentes del próximo congreso en Barbastro. Según él, el hecho que el congreso se titulara "Más allá del pico del petróleo: el futuro de la energía" significaba que los ponentes eran partidarios del fracking y otros hidrocarburos basura, y lo fundamentaba en que estos ponentes - yo incluido - se caracterizaban por sus "repetidos ataques" a la energía renovable. Yo tuve con él una corta conversación para besugos, que acabé abandonando cuando comprendí que tenía serias dificultades para comprender la estructura semántica del castellano.
  • Durante las últimas semanas he participado en dos discusiones, también en Facebook, con dos personas vinculadas a Podemos (la formación política emergente en España y la única esperanza para mucha gente de acabar con el inmovilismo bipartidista actual). Según me han referido algunos de mis contactos, estas dos personas son brillantes y están haciendo valiosísimas aportaciones en el intenso debate actual dentro de Podemos. Ambas presentaban un programa de regeneración del sistema energético español, haciendo una fuerte apuesta por la producción fotovoltaica, el autoconsumo doméstico, la supresión del lobby eléctrico, la implantación de fábricas de placas fotovoltaicas en nuestro país y la I+D en el sector, todo lo cual, según ellas, debería reducir nuestra dependencia energética exterior (y por tanto nuestro déficit comercial) y crear, literalmente, millones de puestos de trabajo. Al empezar a discutir sobre las limitaciones de las renovables y la imposibilidad financiera de sufragar tal transformación, en un país donde la oferta eléctrica es excesiva y la demanda eléctrica va a la baja arrastrada por el declive energético del petróleo, su reacción fue enrocarse en sus ideas y denunciar que con "ideas decrecentistas como las vuestras" no se conquista el electorado. Una de ellas llegó al extremo de exigirnos alternativas a los demás. A esta persona yo le dibujé un breve relato de terror sobre lo que podría llegar a suceder si Podemos alcanzase el poder y tirase con esas ideas adelante. Supongo que a estas alturas debe pensar que soy un desequilibrado o que estoy al servicio de oscuros intereses.
En el curso de todas esas discusiones hubo un cierto toma y daca de datos aportados por unos y otros, aunque no todos fueron correctos o pertinentes. Por ejemplo, uno de los contertulios apuntaba a las grandes exportaciones de electricidad de Alemania a Austria como una demostración del éxito de la Energiewende en la implantación de la energía renovable en el país teutón, cuando en realidad ya vimos que el 46% de la electricidad alemana se genera quemando carbón y cada vez se usa más carbón:



En otra ocasión había uno que alegaba que la electricidad suponía en España en torno al 50% de toda la energía final consumida, cuando en realidad se mueve en torno al 20%. Más adelante, se producía la típica ceremonia de confusión entre electricidad renovable y energía renovable (la biomasa no siempre se contabiliza en los cálculos de energía final, porque no es fácil estimar su impacto real) y entre electricidad renovable y eólica/fotovoltaica (la hidroeléctrica es aproximadamente, dependiendo del año, la mitad de la energía renovable que se produce en España). La conclusión era clara: el futuro pasa inexorablemente por continuar el actual despliegue de aerogeneradores y placas fotovoltaicas, también algo de concentración solar, como garantía de prosperidad; y si nos negábamos a verlo era porque somos unos necios o porque nuestra "ideología decrecentista" es muy "happy flowers" (sic) pero la realidad es otra.

En el fondo todas estas discusiones son una reedición de lo que ya comenté en el post "La buena dirección"; de hecho, abrumado por la cantidad de datos negativos que los presentes en una de esas conversaciones llegaron a aportar, uno llegó a decir que más valía una mala solución que no tener una solución en absoluto (ahí fue cuando yo inserté mi relato breve de terror).

Pero hay un grave transfondo a todo este discutir y devenir frenético. La rápida caída de la energía neta que llega a nuestra sociedad (y que se acelerará en los próximos meses) está provocando grandes cambios sociales, aupando grupos ideológicos alternativos que en una época de mayor bonanza hubieran quedado arrinconados. Lo grave no es que nuestro sistema económico y social no sólo no esté diseñado para soportar el declive energético en sí; es que no está preparado para la irrupción en el poder de grupos a los que se ha ninguneado durante décadas. Los medios de comunicación han funcionado y funcionan como vehículos de propaganda que airean una falsa perspectiva del debate y de las alternativas. Durante décadas se ha hecho creer a la población que la discusión energética era entre energías fósiles y renovables, con el uranio de árbitro, del mismo modo que hay una oposición entre bienestar económico y respeto medioambiental. Todos estos son falsos debates: la realidad es más compleja. Así, ni las energías fósiles ni el uranio ni las energías renovables podrán ir más allá, a la vuelta de pocas décadas, de proporcionar una fracción de toda la energía que consumimos ahora. Tampoco es cierto que bienestar y medioambiente estén en oposición: los efectos ambientales comienzan a ser cada vez más notorios y más gravosos para el bienestar humano (vean por ejemplo qué ha pasado en Francia este año con la cosecha de trigo, consecuencias que anticipábamos en el post "Un año sin verano", y si tienen ganas de ir más allá simplemente lean los titulares de esta breve crónica). Se han creado falsas dicotomías para distraer a la gente de que la verdadera discusión no era entre un tipo de energía u otro, un tipo de preocupación u otra, sino que el debate era multidimensional y que en realidad lo que se tiene que discutir es si seguimos con este sistema económico o nos dotamos de otro (en la línea de lo que se discutió en el último post). La propaganda ha sido tan fuerte, tan intenso el empeño en disimular el debate, que domina la percepción de los grupos hasta ahora extraparlamentarios y que pronto tendrán responsabilidades de poder. El poder económico empieza a sentir verdadero terror por lo que está por venir, no sólo porque se aúpen grupos que escapan a su control, sino porque éstos, de buena fe, intentarán implementar medidas que están condenadas al fracaso porque parten de premisas falsas.

Es un efecto boomerang: décadas de desinformación llevan, en un momento de crisis, donde las medidas deberían ser más certeras que nunca, donde se ha agotado ya el margen para error, a tomar las medidas más mortalmente equivocadas. Y ya sabemos qué hará el boomerang cuando vuelva.

Salu2,
AMT
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Programa para una "Gran Transformación"

15 Setembre, 2014 - 19:18
Queridos lectores,

Un grupo de ocho personas ha recogido el guante y ha redactado el siguiente texto. Es enorme, no por su (considerable) longitud, sino por su extraordinario contenido. Espero que Vds. lo disfruten tanto como lo he hecho yo.

Salu2,
AMT 







Última llamada: una respuesta. Programa para una "Gran Transformación" Una llamada se realiza buscando una respuesta, y en el caso del manifiesto llamado Última llamada, promovido por un grupo de científicos, académicos, intelectuales y algún aspirante a servidor público las respuestas no se han hecho esperar. Personalidades de primera fila del mundo de la política nacional, dentro de la corriente socialdemócrata, hasta ahora caracterizada por sostener sin fisuras que uno de los objetivos de la sociedad y del gobierno debe ser el desarrollo de las fuerzas productivas, el llamado crecimiento económico, se encuentran entre los primeros firmantes del manifiesto.
Hay que valorar muy positivamente este hecho, puesto que el primer paso para solventar un problema es reconocer que este existe. De pensar que el crecimiento económico es la solución a nuestros problemas a pensar que el crecimiento económico es nuestro problema hay un gran trecho, el que existe entre dos paradigmas opuestos, con distintas visiones preanalíticas.
No obstante, a la sincera alegría por este hecho, hay que contraponer una buena dosis de sana prudencia. La prudencia de aquel que conoce la fuerza del sedimento de las decisiones pasadas, de la costumbre y los hábitos adquiridos, y la inercia del pensamiento humano. Es también necesaria la prudencia por lo sencillo que resulta la adhesión a un manifiesto que no plantea políticas concretas, dado que no es este su objetivo. Por el contrario, este se encuentra en fomentar el debate sobre esas políticas, y con ese criterio se tendrá que juzgar a los firmantes, por su implicación y sus propuestas que detallen las medidas concretas a implementar. Es así como debe entenderse esta, nuestra respuesta a la última llamada, un intento humilde, realizado con una buena dosis de sano escepticismo, pero a la vez firme, de abrir ese debate sobre políticas concretas.
Entendiendo el paradigma vigente
El manifiesto incide, de forma escueta, en el gran reto que tenemos por delante, cambios radicales, una “Gran Transformación”, que se verá obstaculizada por la inercia y los intereses de los que son los ganadores bajo la organización social actual.
Entender estas dificultades es vital, y para ello nos puede ser de gran ayuda el autor que aparece implícitamente citado en el manifiesto. Según Karl Polanyi, en su libro La Gran Transformación
"Todos los tipos de sociedades están sometidos a factores económicos. Pero únicamente la civilización del siglo XIX fue económica en un sentido diferente y específico, ya que optó por fundarse sobre un móvil, el de la ganancia, cuya validez es muy raramente conocida en la historia de las sociedades humanas: de hecho nunca con anterioridad este rasgo había sido elevado al rango de justificación de la acción y del comportamiento en la vida cotidiana. El sistema de mercado autorregulador deriva exclusivamente de este principio. [...]Como las máquinas complejas son caras, solamente resultan rentables si producen grandes cantidades de mercancías. No se las puede hacer funcionar sin pérdidas, más que si se asegura la venta de los bienes producidos, para lo cual se requiere que la producción no se interrumpa por falta de materias primas, necesarias para la alimentación de las máquinas. Para el comerciante, esto significa que todos los factores implicados en la producción tienen que estar en venta, es decir, disponibles en cantidades suficientes para quien esté dispuesto a pagarlos. Si esta condición no se cumple, la producción realizada con máquinas especializadas se convierte en un riesgo demasiado grande, tanto para el comerciante, que arriesga su dinero, como para la comunidad en su conjunto, que depende ahora de una producción ininterrumpida para sus rentas, sus empleos y su aprovisionamiento. […] En relación a la economía anterior, la transformación que condujo a este sistema es tan total que se parece más a la metamorfosis del gusano de seda en mariposa que a una modificación que podría expresarse en términos de crecimiento y de evolución continua. Comparemos, por ejemplo, las actividades de venta del comerciante-productor con sus actividades de compra. Sus ventas se refieren únicamente a productos manufacturados: el tejido social no se verá pues afectado directamente, tanto si encuentra como si no encuentra compradores. Pero lo que “compra” son materias primas y trabajo, es decir, parte de la naturaleza y del hombre. De hecho, la producción mecánica en una sociedad comercial supone nada menos que la transformación de la sustancia natural y humana de la sociedad en mercancías. La conclusión, aunque resulte singular, es inevitable, pues el fin buscado solamente se puede alcanzar a través de esta vía. Es evidente que la dislocación provocada por un dispositivo semejante amenaza con desgarrar las relaciones humanas y con aniquilar el hábitat natural del hombre."
Esta dislocación social se habría aceptado por la promesa de una abundancia material sin precedentes, promesa que se cumplió en una parte del mundo. La sociedad se desgarró y se volvió a recomponer innumerables veces: hubo guerras, catástrofes, revoluciones y medidas paliativas como salarios mínimos, prohibición del trabajo infantil y educación gratuita, entre otras, pero la aniquilación del hábitat natural del hombre fue progresando, de forma lenta pero constante.
La orientación de la acción humana hacia la ganancia, y la subordinación del hombre y la naturaleza a la ley de la máquina, nos habría conducido a la organización social en la que estamos atrapados, en la que una parte, importante pero subordinada, “la economía”, se habría convertido en el todo relevante y la biosfera y la sociedad en meros apéndices. Esa visión habría encontrado eco en paradigmas “científicos” como el de la economía neoclásica.
 
Aunque por supuesto, es tan sólo una representación falsa de la realidad. La cuestión es si seremos capaces de retirar el velo a tiempo para ser conscientes del orden correcto.


El nuevo paradigma, la nueva forma de organización e integración social, que nosotros hemos llamado el bienvivir, aunque posee muchas aristas que debemos ir definiendo, podría ser representado por esta segunda imagen, donde la economía, el individuo, la sociedad y la biosfera se relacionan de forma armónica, asumiendo los límites reales de cada uno de los subsistemas, en lugar de comportarnos “como sí” dichos límites no existieran.
El certero y premonitorio análisis de Polanyi nos permite extraer algunas generalidades que deberíamos tener en cuenta:
- La mercantilización del medio natural se funda en el móvil de la ganancia, pero no es tan fácil fundar la conservación sobre este móvil. En el pasado, según Polanyi, fueron las relaciones y derechos sociales (prestigio, obligación, civismo, entre otros) las que creaban la motivación para la acción. Aunque parezca utópico, habrá que evolucionar hacia algo parecido. Si miramos bien veremos muchos comportamientos a nuestro alrededor cuya motivación no puede reducirse a la simple crematística. Un ejemplo: este blog.
- La mercantilización del ser humano se funda en la ruptura de la distinción entre el principio de uso y el de beneficio. Polanyi insistiría en un libro posterior, El sustento del hombre, en la antigua prohibición del regateo sobre el precio de los productos básicos. En La Gran Transformación cita a Aristóteles para señalar como este distinguía entre la producción para uso propio, para distribuir entre el grupo cerrado – el oikos o casa griega- y los excedentes destinados al mercado. El ser humano sólo puede quedar a merced de las leyes del mercado en cuanto se ha eliminado su capacidad de producción para uso propio (En este punto nos gustaría insistir que no sostenemos que el hombre, en la actualidad, se encuentre completamente a merced del mercado –aunque habría que preguntarle a las 700.000 familias españolas sin ingresos-. Este es el ideal de la filosofía liberal, pero ha sido matizado por innumerables leyes, que precisamente por su carácter político están continuamente sometidas a revisión y son fuente de conflicto y lucha de intereses).
- En un texto posterior Aristóteles descubre la economía, Polanyi critica el concepto de necesidades ilimitadas. Para Aristóteles, una vez cubiertas ciertas necesidades, la escasez procede del lado de la demanda. Esto nos sugiere que la satisfacción de las necesidades tiene mucho que ver con el contexto institucional, y con valores como el ideal de vida buena de una sociedad. Esto abre una fecunda vía de exploración, que ha sido en parte recorrida por autores como Manfred Max-Neef, que han establecido una categoría universal de necesidades humanas, si bien los satisfactores dependerían de factores culturales e institucionales. Este conocimiento nos permite desmaterializar la satisfacción de gran parte de las necesidades humanas, a través de un Desarrollo a escala humana.
¿Cómo articular estos principios generales en un programa de cambio hacia ese nuevo paradigma, ese bienvivir? Para nosotros el concepto clave es la autonomía, término que tomamos de Cornelius Castoriadis ¿Partiendo del reconocimiento de la mutua interdependencia del ser humano con sus semejantes y con el resto de seres vivos, tiene sentido reclamar en las presentes circunstancias este concepto? Dependemos unos de otros, así que la autonomía sólo puede ser ese espacio instituido socialmente, entre todos, en el que se le da a cada individuo libertad de acción. Debe incluir, necesariamente, la participación en la elaboración de la ley por la que deberá regirse, y el derecho a participar en los costes y beneficios de la producción, por encima de cualquier racionalismo económico que pretenda limitar su participación a causa de las exigencias de un mercado de trabajo.
La autonomía proporciona el marco para la innovación social, donde vayan germinando las nuevas prácticas sociales, que privilegien el acceso y el uso frente al acaparamiento, la satisfacción de las necesidades por medios inmateriales (cuando ello sea posible) y el cuidado y mejora de los bienes comunes, además de proporcionar incentivos para fundar la acción en móviles distintos al beneficio. Dado que esto tendería también a favorecer la producción para el consumo propio y de carácter local, se vería también reforzada la resiliencia.
Si bien Polanyi no sugiere medidas concretas, un proyecto político que tomase en consideración las implicaciones de su obra debería concluir que necesitamos una ruptura radical en los mercados de tierra (recursos naturales), trabajo y dinero, las tres mercancías que Polanyi definió como “ficticias”, dado que no habían sido creadas para su venta. La sociedad no es más que un subsistema de la biosfera, adaptarnos a esta última requiere por tanto mejorar nuestro conocimiento de ella y gestionar los recursos según lo aprendido, y una buena dosis de prudencia para lidiar con la incertidumbre. Los mercados de trabajo y dinero son, por el contrario, creaciones humanas, deben por tanto ser democratizados. El proceso en su conjunto debe entenderse como una ampliación de derechos de los individuos, y sería favorecido con las siguientes medidas:
SOLUCIONES:
Comprender y redefinir las necesidades de individuo y sociedad
Durante los últimos 200 años se ha producido un crecimiento acelerado de la población que ha sido acompañado de un crecimiento aún mayor de la producción que algunos denominan crecimiento económico, aunque no sea necesariamente así. Podemos considerar legítimamente que este es el estado “normal” de las cosas y que, por lo tanto, debe y puede continuar de manera indefinida. Lo cual, no sería más que una simplificación de nuestra historia o, peor aún, una falsificación de la misma.
No obstante, la idea de progreso está firmemente fijada en nuestras mentes y asociada a la economía, aunque sea un concepto de origen religioso. Es una de esas palabras que parecen ir siempre adherida a otra, como un hermano siamés, en nuestro caso a la tecnología, progreso tecnológico, que es la piedra sobre la que se levanta la iglesia del crecimiento ilimitado.
La economía parece permearlo todo, de forma que todo parece tener que pasar por el cedazo del imperialismo económico. Es normal considerar casi cualquier cosa desde este punto de vista, utilizando los instrumentos de la economía para su análisis. Así en el famoso libro Freakonomics, Steven Levitt y Stephen Dubner la proclaman como “la exploración del lado oculto de todas las cosas”. Mires por donde mires hay un aspecto económico relevante. Tal situación no es en absoluto sorprendente, a diferencia de otras ciencias que se definen por su campo de estudio, el paradigma neoclásico define la economía por su método de estudio, por ejemplo la clásica definición de Robbins: “La economía es la ciencia que analiza el comportamiento humano como la relación entre unos fines dados y medios escasos que tienen usos alternativos”. Pero cuando uno tiene un martillo acaba viendo clavos por todas partes.
Así las cosas, el crecimiento de la producción se ve como algo necesario e imprescindible y, en consecuencia, ni se cuestiona. Tal vez, sea el único punto en común de las más variadas y distantes posiciones ideológicas, enfrentadas en todo menos en su fe en el crecimiento sobre la base del progreso tecnológico.
Sin embargo, el crecimiento de la producción indefinido no es posible en un entorno ecológico que no crece y que se encuentra en un estado cuasi estacionario. A diferencia del imperialismo económico que proclama que todo ha de ser visto desde el punto de vista económico, la realidad nos dicta que nuestro planeta es un sistema termodinámico cerrado, sin apenas intercambio de materia con su entorno y con un flujo de energía de baja entropía que proviene del Sol que es estable, a escala de tiempo humana, y disperso. Lo que no es más que afirmar que la economía está lejos de ser el todo relevante y que no es más que un subsistema ecológico y no puede crecer más allá de sus límites. En realidad no puede alcanzar esos límites pues los servicios prestados por el capital natural son imprescindibles para el mantenimiento de la vida humana.
Nuestra realidad es que el crecimiento de la producción se realiza en grave detrimento del capital natural, lo que se ha venido en definir como crecimiento antieconómico. Cuando el crecimiento de la producción provoca más costes que beneficios, a nivel microeconómico existe una regla de parar, el beneficio marginal desaparece por añadir una unidad más a la producción y cada unidad adicional nos sitúa en peor posición. Por desgracia, a nivel macroeconómico no existe nada comparable, contabilizamos nuestro crecimiento en una única partida de actividad económica suponiendo que por regla general sus beneficios son abrumadoramente superiores a los costes en que incurrimos, por lo que ni siquiera merece hacer cuentas separadas. En otras palabras a nivel macroeconómico no existe un concepto tan “económico” como la escala óptima, no hay regla de cuando parar.
Se preguntará el lector cómo es posible tal paradoja, Herman Daly (1999) nos lo explica con meridiana claridad:
"¿Por qué está sencilla extensión de la lógica básica de la microeconomía es tratada como inconcebible en el dominio de la macroeconomía? Principalmente, porque la microeconomía trata de la parte y, la expansión de la parte está limitada por el coste de oportunidad que infringe al resto del todo el crecimiento de esa parte bajo estudio. La macroeconomía trata del todo y, el crecimiento del todo no infringe costes de oportunidad, porque no existe “el resto del todo” que sufra el coste. Los economistas ecológicos han señalado que la macroeconomía no es la parte relevante del todo, es en sí misma un subsistema, una parte del ecosistema, la naturaleza es más grande que la economía." 
Son en realidad los problemas económicos los que tienen que ser vistos también con los ojos y los instrumentos de la física, química, antropología, historia, biología, etc para darles un contexto adecuado y la real dimensión que tienen, en lugar del efecto túnel que nos provoca el paradigma neoclásico.
Este efecto túnel es patente en la medición del bienestar a través de una variable de flujo como es el PIB o el PNB. Debemos tener muy presente que el bienestar es proporcional a la riqueza, que es una variable de stock. Si queremos aumentar la riqueza debemos aumentar el flujo de producción, pero ese aumento lleva asociado unos costes que soporta el capital natural pero que el PIB simplemente no contabiliza o los contabiliza como una actividad económica “positiva”. Por ese motivo Kenneth Boulding denominaba al PNB como Coste Nacional Bruto. Como explica Daly más allá de cierto punto los beneficios de aumentar el stock, es decir, transformar capital natural en capital hecho por el hombre, no compensan los costes que provoca el flujo.
El paradigma neoclásico nunca se enfrenta a ese problema, simplemente considera que el capital producido por el hombre es sustitutivo del capital natural. Como llegó a afirmar Robert Solow (1974):
"si es muy fácil sustituir los recursos naturales por otros factores, entonces en principio no hay problema"
Tal vez, en principio, cuando los recursos son abundantes, estamos en un mundo vacío, podemos ignorar los costes y continuar transformando, que no produciendo, recursos naturales en productos y servicios para nosotros además de generar residuos. Pero los recursos no son inagotables y algunos de ellos no son meros stocks a la espera de ser transformados, sino que son sistemas complejos e interconectados que proporcionan servicios necesarios para el mantenimiento de la vida. Además vivimos en el mismo lugar donde se vierten los residuos, algo que algunos parecen olvidar.
Podemos afirmar que Solow defiende una economía del Cowboy similar a un ecosistema joven, que definimos con palabras de Daly (1999):
"Los ecosistemas jóvenes (y las economías cowboy) tienden a maximizar la eficiencia productiva, esto es, el ratio entre el flujo anual de biomasa producida y el preexistente stock de biomasa que la produjo"
Por el contrario, las economías astronautas, que habitan un mundo lleno, son como un ecosistema maduro y estable:
"Los ecosistemas maduros (y las economías astronauta) tienden a maximizar el ratio inverso entre el stock de biomasa existente y el flujo anual de biomasa que mantiene el stock. Este último ratio aumenta cuando la eficiencia del mantenimiento se incrementa"
Como no disponemos de recursos materiales y energéticos ilimitados y tampoco de sumideros de residuos que no nos afecten negativamente, nuestra única política posible es mantener el stock de capital natural y el transformado por el hombre, el realmente útil para nosotros, y minimizar el flujo de producción. Esto es diametralmente opuesto a todo lo que hacemos o se nos propone que debemos hacer para alcanzar mayores cotas de bienestar ..."antieconómico" para la inmensa mayoría.
El capital natural es visto por el actual paradigma económico como una fuente de materias para transformar, aunque lo llamen producción. Sin embargo, proporciona servicios que son vitales pero que desgraciadamente no tienen mercado y por ello no son valorados, desaparecen de la ecuación, lo que no se cuantifica en dinero no existe. Por ejemplo, un bosque no es sólo fuente de madera para la industria, también tiene importantes funciones como bien público, sin querer ser extensivo citemos algunas: a nivel local evita la erosión de suelo y las inundaciones; a nivel regional sirve de cobijo y cría a especies animales y; a nivel global es un sumidero de C02. Aunque todas esas funciones son valiosas el mercado no las valora. El principal problema es que esos servicios no permiten el ejercicio claro de derechos de propiedad y el flujo de madera sí. Todos los incentivos económicos se dirigen a la explotación del recurso (stock) en su aspecto de flujo y se olvida completamente su componente de fondo como prestador de servicios. Aunque sean vitales y crecientemente escasos, nada en nuestro sistema económico está preparado para lidiar con el problema. Añadir un problema adicional que también debe soportar el bosque citado en nuestro ejemplo. Los niveles de decisión que afectan al bosque, su explotación maderera y los diferentes servicios que presta son completamente diferentes y tienen intereses contrapuestos difíciles de conciliar, especialmente si añadimos la existencia de un nivel de decisión intergeneracional.
El problema es, como decía Bar Materson, que todos recibimos la misma cantidad de hielo (bienestar); pero los ricos en verano (económico) y los pobres en invierno (antieconómico). Incluso algunos de los que reciben hielo en invierno se ponen del lado de los que lo reciben en verano con la esperanza de que ellos algún día lo reciban también en esa estación. Como John Ruskin anticipó, “Lo que parece ser riqueza podría ser, en verdad, sólo el dorado indicio de la ruina absoluta...”
El primer paso para revertir esta situación es que el gobierno abandone como objetivo de su política económica el crecimiento de la producción, y adopte el objetivo de mantener y mejorar tanto el capital natural como el creado por el hombre. Podemos ver un ejemplo concreto con el caso de la vivienda. Los españoles tenemos la necesidad de un techo, y en España había en 2013 más de 26 millones de viviendas. Si pensamos en términos de satisfacer esta necesidad, y no en el de dar trabajo a la gente, una política adecuada sería intentar aumentar el ratio de ocupación, dado que en España hay 3,4 millones de viviendas vacías. Esto nos ahorraría un coste considerable, en preciosos recursos, energía y materiales, y en trabajo (que se reflejaría convenientemente en un descenso del PIB), dado que podríamos ahorrarnos construir las 35.000 viviendas que iniciamos ese mismo año. Por otro lado, el objetivo de mejora del capital existente se reflejaría en mejorar El stock de viviendas construidas para reducir su consumo energético y sus costes de mantenimiento. El mismo principio podría aplicarse al capital natural, como por ejemplo nuestras costas y las pesquerías.
Aplicando esa política seriamos más ricos, y no menos, como estúpidamente se afirma, dado que no tendríamos más viviendas vacías, pero sí mejores viviendas y recursos de más calidad para el futuro, y también para el presente, ya que no destruimos, por seguir con el ejemplo anterior, los servicios que presta un bosque con la construcción de más viviendas. Quizás nuestro crecimiento es ya antieconómico, no así el de los países menos desarrollados, que necesitarían más capital transformado por el hombre, para mejorar las condiciones de vida de una parte de su población. Necesidades que les será más complicado cubrir, dado el creciente deterioro del capital natural.
Gestionar prudentemente los recursos
La gestión de los recursos naturales es un aspecto fundamental si consideramos que lo que conocemos por proceso de producción se trata en realidad de un proceso de transformación de los recursos naturales (baja entropía) en bienes y servicios destinados a los seres humanos, en función de su dotación de riqueza y renta, generando a su vez residuos (alta entropía).
En el apartado anterior abogamos por una política de minimización de flujo y maximización del capital como la vía para mantener un equilibrio entre nuestras necesidades y la capacidad de nuestro entorno de mantener no sólo la vida, sino una sociedad con un bienestar razonable para las generaciones actuales y para las generaciones futuras. En este apartado profundizaremos cómo enfrentarnos a esa gestión y cuáles son las diferencias con el enfoque dominante, que desde nuestro punto de vista es fundamentalmente erróneo.
Lo primero que hay que señalar es que la gestión de recursos involucra no pocos aspectos de carácter normativo, decisiones políticas si lo prefieren, sobre la base de elecciones éticas. Es importante, en nuestra opinión, resaltar este aspecto ya que la economía neoclásica se atribuye una cualidad de ciencia dura libre de valoraciones ideológicas que es no sólo falsa, sino engañosa, ya que reviste sus consejos de un aura de objetividad de la que carece.
No obstante, debemos señalar que los límites físicos no son debatibles salvo que falsemos las teorías científicas que los sustentan. Las teorías ciertamente están a la espera de ser falsadas (Popper), lo que no implica que dejen de ser necesariamente teorías efectivas, por eso seguimos utilizando la mecánica newtoniana. Requiere no sólo falseamiento, sino que resulten invalidadas para aquello para lo que las aplicamos. Por ejemplo, la mecánica newtoniana es inválida para calcular nuestra posición mediante un sistema de satélites como el GPS.
Los recursos naturales se pueden clasificar en renovables y no renovables, sin embargo, no agota las posibles clasificaciones. Por ejemplo, la clasificación en recursos abióticos (no biológicos) y bióticos (biológicos) es de gran utilidad para su estudio. Los recursos abióticos pueden ser no renovables y no reciclables, esencialmente los combustibles fósiles, o se trata de recursos prácticamente indestructibles. Los recursos bióticos se caracterizan por tener una doble vertiente, proporcionan por un lado un flujo de recursos para su transformación (p.e. madera) y servicios esenciales para la vida (absorción de C02, evitan la erosión de los suelos, permiten el desarrollo y mantenimiento de la diversidad biológica, etc.).
Los minerales y los combustible fósiles son esencialmente diferentes porque los primeros son reciclables y diferentes generaciones pueden hacer uso de ellos, son rivales para la misma generación pero no rivales entre generaciones, y los combustibles fósiles una vez utilizados como fuente de energía no se pueden reciclar, son rivales siempre, si yo los uso no los puedes usar tú, ni tampoco nadie en el futuro, a diferencia de los minerales. Precisar que la rivalidad es una característica exclusivamente física. Evidentemente el reciclaje requiere energía, si no disponemos de ella, el reciclaje se desvanece.
El agua, tal vez el recurso natural más importante, es el más difícil de clasificar. Los acuíferos son similares a los minerales, mientras que las aguas superficiales casi se pueden considerar recursos bióticos, pues tienen la doble vertiente de flujo y de fondo que les caracteriza. Sin embargo, no puede ser destruida, como sí ocurre con los recursos bióticos. Sí que puede ser contaminada lo que le resta valor especialmente como fondo que proporciona servicios.
Los combustibles fósiles como fuentes de energía primaria tienen para la sociedad industrial una importancia extraordinaria, aproximadamente el 85% de la energía que consumimos proviene de esta fuente. La cuestión esencial en torno a ellos es la capacidad que tenemos para recuperarlos en sus yacimientos geológicos, de forma que nos sean útiles para transformar otros recursos naturales en bienes y servicios. En el límite un recurso energético no es recuperable cuando cuesta más obtenerlo, en términos energéticos, de lo que aporta. La tecnología puede proporcionar métodos para reducir el coste energético, sin embargo, esos métodos, como cualquier otra cosa, están sometidos a límites irreductibles; por ejemplo, al menos cuesta 9,8 julios de energía elevar 1 kg un metro de altura sin importar cuál es la tecnología que usemos.
La tecnología puede compensar hasta cierto punto los costes, pero como, por regla general, agotamos primero los mejores recursos, de más baja entropía, el resultado a largo plazo es un descenso de la energía neta que nos proporcionan los combustibles fósiles. Ese declive está comprobado y es irreversible.
Además, la utilización de combustibles fósiles genera residuos, y ese impacto reduce el total de energía que disponemos, de una forma u otra, cuando se supera la capacidad de absorción de los recursos bióticos. Compensar el impacto requeriría energía, aunque no es común hacerlo. Si no lo compensamos, afecta a los ecosistemas que captan y transforman energía solar en bienes y servicios imprescindibles para la vida, reduciendo esa capacidad de transformación, lo que nos obliga a utilizar más energía para compensar la pérdida, sin ganar nada. Desde el punto de vista económico esta situación genera mayor actividad, aunque sea un mero paliativo de los males que hemos desencadenado y, por lo tanto, aumenta el crecimiento del PIB. Confundimos costes con beneficios sumándolos todos en la misma partida o considerando los beneficios, sin contabilizar previamente los costes.
Los recursos bióticos son más difíciles de analizar porque partimos de una ignorancia muy elevada sobre los mismos, ya que forman parte de sistemas ecológicos increíblemente complejos y dinámicos. Los niveles de incertidumbre, no confundir con probabilidades esterilizadas de un casino, o de pura ignorancia, hacen que cualquier gestión de los mismos deba estar presidida por un prudencia extrema, casi paranoica, ya que los servicios que proporcionan sustentan la vida en nuestro planeta. Cuando te enfrentas a problemas con un elevado grado de incertidumbre, con propiedades no lineales, y las intervenciones naíf pueden provocar pérdidas catastróficas, que permanecen ocultas durante un tiempo más o menos prolongado, y sólo proporcionan unos beneficios limitados aunque visibles a corto plazo, la prudencia debería ser la regla de oro. La forma de tratar la incertidumbre es en último término una elección puramente normativa, una elección que realizamos en atención a nuestro desconocimiento esencial que no accidental del sistema ecológico.
La estructura ecológica está formada por los individuos y comunidades de seres biológicos, así como los recursos abióticos. Estos elementos forma un sistema complejo y complejizante donde el todo es más que la suma de las partes y, donde es habitual un comportamiento no lineal, por lo que no podemos predecir en absoluto los efectos globales sobre la base de nuestro conocimiento parcial de ciertas partes o subconjuntos. De esas interacciones surgen, como fenómenos emergentes, funciones ecológicas como el ciclo del agua.
Podemos clasificar los recursos bióticos en: recursos renovables; servicios ecológicos; y capacidad de absorción de residuos. Lo esencial es que aunque se puedan estudiar por separado forman un sistema complejo, por lo que lo que puede parecer una afección insignificante de la estructura (los recursos tratados como flujo para su transformación) puede tener efectos mucho más importantes en los servicios o en la capacidad de absorción de los residuos. Los recursos renovables tienen lo que se denomina capacidad de carga, más allá de ella empiezan a degradarse afectando al sistema en su conjunto. Sin embargo, debemos abandonar la idea de poder cuantificar de forma estática esa capacidad de carga, que está influida e influye en los otros aspectos de sistema. La idea naíf de que vamos a dar un precio a las posibles “externalidades” para igualar el coste social y privado es totalmente absurda por dos motivos: primero, requiere un planificador omnisciente; y segundo, la idea de la existencia de un planificador cohabitando junto al mercado, entendido como mano invisible que opera de forma automática para alcanzar el equilibrio óptimo, en el sentido de Pareto, son totalmente incompatibles. No es más que la reedición de los epiciclos del sistema Ptolemaico. Primero, ignoras los recursos y su transformación, que siempre genera residuos y, a continuación, los calificas como externos a tu modelo. Si tu modelo pretende representar un animal sin boca ni ano tienes un serio problema de comprensión de la realidad.
El paradigma neoclásico afronta la gestión de los recursos desde el punto de vista del mercado como asignador eficiente. Sin embargo, es bien conocida la existencia de los fallos de mercado, por ejemplo, un monopolio natural debido a las altas barreras de entrada es un caso arquetípico de supresión de la competencia. Pero existen más fallos de mercado que afectan de forma crucial a la gestión de los recursos naturales. Se considera que existe un fallo de mercado cuando no existen instituciones que establezcan, definan e impongan derechos de propiedad o por sus características no haya la competencia que requiere el mercado. El mercado necesita derechos de propiedad bien definidos y que los bienes sean rivales, que el consumo o uso por parte de alguien excluya su consumo o uso por parte del resto, es lo que se define como rivalidad. Ninguno de los recursos naturales cumple con ambas condiciones, y además existe el factor temporal, que empeora la situación al considerar a las generaciones futuras. El ejemplo típico de la falta de definición de los derechos de propiedad es la “tragedia de los comunes” aunque los “commons” eran una propiedad colectiva perfectamente regulada, totalmente alejada de cualquier “tragedia”. En realidad, se refiere a los recursos con libre acceso, por ejemplo la pesca, donde no existen instituciones que puedan imponer unos derechos de propiedad definidos. La tragedia significa que las decisiones individuales basadas en el propio provecho no producen el bien común, sino todo lo contrario.
Es importante destacar lo que ocurre cuando existe un conflicto entre los mercados y los bienes públicos, aquellos en los que no puede haber exclusión y no son rivales. Siguiendo un ejemplo de Daly y Farley (2004) consideremos la situación en la que aparceros brasileños son expulsados de las tierras donde trabajan en productos para el mercado local por el terrateniente, que piensa dedicar sus tierras a la explotación de un producto como la soja destinado al mercado internacional y que es altamente mecanizable. La mejor opción disponible es convertirse en colonos en la Amazonía, donde talarán un trozo de tierra, vendiendo la madera y, posteriormente, se dedicarán a su explotación agrícola. Ambas actividades son de mercado y pueden ser cuantificadas por su valor monetario y descontadas a su valor actual. Sin embargo, los servicios producidos por la selva amazónica a nivel, local, regional y global, son bienes públicos sin mercado, no tiene valoración. Existen intentos de cuantificación, sin embargo, son vanos pues el valor asignado depende de nuestros conocimientos limitados y, lo que es peor, son una función no-lineal que depende de cuantos sean los desplazados para calcular su impacto. Desconocemos el punto a partir del cual las consecuencias pasan a ser catastróficas, sólo podemos saberlo en retrospectiva. Desde el punto de vista del colono su comportamiento vendiendo la madera y cultivando la tierra es completamente consistente con un comportamiento económico estándar. Desde el punto de vista global, las pérdidas, aunque no cuantificadas, superan con mucho el beneficio individual, pero no hay mecanismos que permitan la compensación. El choque de los bienes públicos con el mercado nos conduce a una situación de empobrecimiento por destrucción del capital natural. Desde el punto de vista económico se reflejará en un aumento del PIB.
El problema es muy grave, pues no se asignan y proveen eficientemente los bienes a los que no son aplicables las condiciones de mercado como es el caso de los servicios que proporciona el capital natural. La despreocupación hacia estos bienes y servicios proviene de la hipótesis de sustituibilidad entre el capital hecho por el hombre y el capital natural. Cuando un recurso escasea, aumenta su precio, estimulando la innovación y su sustitución. Las pruebas de ese mecanismo son numerosas en los últimos 200 años, de lo cual se deduce que funciona. Hay dos problemas básicos que nos debemos plantear. Primero, lo que Nicholas Nassim Taleb denomina confundir la ausencia de evidencia con la evidencia de ausencia: basta un cisne negro para desmentir la proposición “todos los cisnes son blancos”, innumerables confirmaciones anteriores no sirven cuando descubrimos un cisne negro. Segundo, si los bienes que escasean o comienzan a escasear no cumplen con las condiciones de mercado no tienen precio, por lo tanto, no hay ningún signo de aviso. Como dichos bienes y servicios han sido tan abundantes durante gran parte de los últimos 200 años se deduce que lo van a seguir siendo para siempre, la hipótesis del mundo vacío. La economía neoclásica trata con escaseces particulares, pero subyace la hipótesis de la abundancia general gracias al progreso tecnológico.
El paradigma neoclásico reduce los fallos de mercado a un problema de externalidades, en el que los costes o beneficios privados no coinciden con los sociales. En realidad la denominación de externalidad es totalmente inadecuada ya que son inevitables e internas al proceso de producción (transformación). La solución universal es asignar derechos de propiedad para igualar esos costes, siendo innecesaria la intervención del Estado más allá de garantizar e imponer el respeto a los derechos de propiedad. Ya hemos comentado que no siempre es posible asignar esos derechos o imponerlos, pero a efectos dialécticos vamos a conceder que es factible. De acuerdo con el teorema de Coase desde el punto de vista social es similar conceder un derecho, por ejemplo, al aire limpio que un derecho a contaminar ese mismo aire, ambas soluciones conducirán a una solución idéntica, siempre que no haya costes de transacción y sepamos valorar cuales son los daños infringidos a la propiedad (externalidades negativas).El teorema supone que ambas partes tienen la capacidad de pagar, lo que frecuentemente no suele ocurrir, además suele ser imposible determinar los daños y los costes de transacción porqué involucran a una gran cantidad de agentes. Podemos afirmar que las hipótesis del teorema son completamente irreales y, además, subyace que considera plausible conceder el derecho a contaminar Puede parecer que políticamente la regla de quien contamina paga representa una elección normativa, pero es sólo una apariencia. Por ejemplo, los países ricos se arrogan el derecho de contaminar los países pobres que utilizan como vertederos de sus residuos.
Sin embargo, el problema más grave para la gestión de los recursos es que para que cualquier mercado funcione todos los interesados deben poder participar. En el caso de los recursos las generaciones futuras tienen indudable interés, pero no tienen capacidad de participar. Si postulamos que las generaciones futuras tienen derecho al mantenimiento de los ecosistemas que proporcionan los servicios imprescindibles para el mantenimiento de la vida, significa que debemos invertir en recursos renovables a medida que agotamos los recursos no renovables y, evitar o compensar el deterioro que estos producen en el suministro de los servicios naturales que su explotación supone. Lo anterior evoca a la renta de Hicks, que es sostenible por definición, en palabras de Daly (2008):
"...la máxima cantidad que una comunidad puede consumir en un año, y ser todavía capaz de producir y consumir la misma cantidad el año siguiente. En otras palabras, la renta es la máxima cantidad que se puede producir manteniendo la capacidad productiva (capital) intacta. Cualquier consumo de capital, hecho por el hombre o natural, debe ser sustraído en el cálculo de la renta. Asimismo, debe abandonarse la asimetría de añadir al PIB la producción de los anti-males sin, en primer lugar, haber sustraído la generación de los males que han hecho los anti-males necesarios. Señalar que el concepto de Hicks de renta es sostenible por definición. La contabilidad nacional, en una economía sostenible, debería intentar aproximarse a la renta hicksiana y abandonar el PIB."
Una vez más, retomamos el concepto de la economía astronauta, que maximiza el stock de capital minimizando el flujo, justo lo contrario de lo que hacemos. En el caso de los recursos el citado comportamiento es equivalente a administrar una empresa con criterios de liquidación. El principio rector absoluto en un entorno de incertidumbre es la prudencia, pues acciones que pueden ser beneficiosas de forma limitada, pero inmediata, pueden esconder perdidas catastróficas que permanecen ocultas a corto plazo y sólo se manifiestan a largo plazo.
Las asunciones básicas del paradigma neoclásico son: maximización del interés propio; y el criterio de Pareto como un sistema “objetivo” de asignación. Con esas premisas los intereses de generaciones futuras se tratan con el instrumento del descuento de flujos para obtener el valor neto actual y realizar las comparaciones pertinentes con las alternativas. La citada operación tiene un sesgo contrario a cualquier criterio de sostenibilidad, cuanto más alto el tipo de descuento peor, en el sentido de la renta de Hicks antes citada. El descuento valora sistemáticamente los beneficios y costes futuros menos que los presentes. 1.000 € ahora tienen un valor mayor que 1.000 € en el futuro, cuando más lejano sea el futuro menor será su valor presente. La razón es que hay un coste de oportunidad, puedo invertir 1.000 € ahora con una cierta rentabilidad. Este criterio del descuento es el que subyace en la regla de Hotelling, no confundir con la ley de mismo autor, que concluye que en competencia perfecta el precio de los recursos no renovables debe aumentar acompasadamente con el tipo de interés de mercado en cada momento.
Sin embargo, los precios de los combustibles fósiles no muestran el citado comportamiento. En el caso del petróleo, la serie histórica muestra, en el largo plazo, una gran estabilidad a precios constantes. En primer lugar, los mercados de los combustibles fósiles están lejos de ser un mercado en competencia perfecta. En segundo lugar, los precios no reflejan la escasez de los recursos en su estado natural, sino la escasez o abundancia de lo que hemos extraído que depende de nuestra capacidad de extracción. Como se suele afirmar respecto al crudo, lo relevante no es el tamaño del barril sino del grifo. Si tenemos un precio relativamente bajo del recurso se incrementará su ritmo de extracción, pues la lógica económica nos indica que la mejor opción es venderlo e invertir el beneficio obtenido en las alternativas con mayor rendimiento. Además el precio bajo rompe el estímulo de la sustitución, mediante el uso de tecnologías alternativas y, por el contrario fomenta las actividades complementarias, lo que abunda en el agotamiento del recurso.
Las soluciones al problema de la gestión de los recursos son un reto complicado. La economía ecológica propone un criterio de sostenibilidad que se traduce en el mantenimiento del stock de capital natural lo más intacto posible entre las diferentes generaciones, como lo era antes de la primera revolución industrial. Es cierto que la explotación de los recursos no renovables implica necesariamente el agotamiento, pero aquí la tecnología nos permite tener sustitutos renovables en los que invertir para legar la misma capacidad que la que heredamos en el contexto de un desarrollo económico sin crecimiento del flujo. Sin embargo, el mercado no nos proporciona, como hemos visto, las señales para esa sustitución.
Para ello se propone cambiar el objetivo de la fiscalidad de aquello que más queremos, añadir valor, a lo que más detestamos, el agotamiento de los recursos. Herman Daly (2008) propone para una Economía en Estado Estacionario que se corresponde con un planeta termodinámicamente cerrado lo siguiente:
"1. Sistema de fijación de límites máximos e intercambio de derechos mediante subasta para la explotación de los recursos básicos. Límites biofísicos máximos a escala de acuerdo con la fuente o el sumidero que los limite, el que sea el más restrictivo. La subasta captura las rentas de la escasez para una redistribución equitativa. El comercio permite la asignación eficiente para los mejores usos.2. Reforma fiscal ecológica—cambiar la base imponible desde el valor añadido (capital y trabajo) sobre “aquello a lo que se añade valor”, es decir, el flujo entrópico de recursos extraídos de la naturaleza (agotamiento), a través de la economía y, de vuelta a la naturaleza (contaminación). Internalizar los costes de las externalidades así como aumentar los ingresos más equitativamente. Apreciar lo escaso en la contribución de la naturaleza que previamente no tenía precio."
Desde la visión del crecimiento indefinido tales propuestas son absurdas ya que limitan el flujo de recursos sin el cual la economía no puede crecer en términos de PIB, único objetivo efectivo de la política económica actual. Para nuestra perspectiva son un paso adelante encaminado a minimizar el flujo de transformación (producción) y conservar el capital natural y el hecho por el hombre, permitiendo el desarrollo económico en contraposición al crecimiento. La principal función de los instrumentos propuestos es permitir que la provisión de bienes públicos sea la adecuada. En resumen, se trata de que el subsistema económico encuentre su dimensión óptima en relación al sistema ecológico, en función de los recursos disponibles, los límites físicos ineludibles y la tecnología de cada momento.
Democratizar el dinero
Las sucesivas crisis financieras del periodo de la globalización han reavivado, durante los últimos quince años, las críticas a nuestro sistema monetario. A través de una prolífica serie de libros y documentales algunos ciudadanos hemos ido conociendo sus características, la más llamativa de las cuales es la creación, por la banca comercial, del dinero como crédito, por el procedimiento de realizar una anotación en la cuenta del cliente, creando un depósito, en el mismo momento en que se concede el crédito.
Este dinero-deuda o dinero-crédito no explica, sin embargo, todo el proceso de creación monetaria. Como enfatizan los teóricos de una reciente teoría post-keynesiana, llamada Teoría Monetaria Moderna, los estados modernos tendrían el monopolio de creación de activos financieros netos, es decir, monedas, billetes y reservas de la banca comercial en el banco central. A partir de este punto los teóricos monetarios comienzan a divergir:Las teorías recogidas en los libros de texto señalan que la banca comercial "multiplica" una serie de veces los activos financieros netos creados por el banco central. A través de este proceso de "multiplicación", el banco central controlaría la creación monetaria, y restringiendo o aumentando la cantidad de reservas, o fijando su precio, el tipo de intervención, que a su vez influiría en otros tipos de interés, conseguiría controlar el todo a través de la parte, incluso aun cuando la parte, los activos financieros netos creados por el banco central, es tan minúscula como para oscilar entre el 3 y el 9%.
Por el contrario, precursores de la economía ecológica como Frederick Soddy y los economistas post-keynesianos consideran que el dinero es endógeno, es decir, viene determinado por la demanda de préstamos de ciudadanos y empresas, y por la habilidad del sistema financiero para conceder nuevos préstamos, que depende de los préstamos fallidos anteriores.
Recientemente esta postura ha cobrado mayor relevancia de cara a la opinión pública merced a un documento del Banco de Inglaterra, en el que entre otras cosas se afirmaba: "En situaciones normales (tradúzcase por: cuando no hay una crisis), el banco central no fija la cantidad de dinero en circulación, ni el dinero del banco central es multiplicado en más préstamos y depósitos". El multiplicador monetario es un mito, la mejor analogía para los bancos centrales no es la del controlador aéreo, sino la del equipo de bomberos que intenta mitigar los daños y rescatar a los supervivientes de la catástrofe.
En realidad, el banco central no fija, ni por aproximación, la cantidad de dinero en circulación, intenta influir en esa cantidad de dinero a través de la base monetaria, esencialmente las reservas que los bancos comerciales poseen en el banco central con las cuales saldan las operaciones entre ellos. Sin embargo, de acuerdo con la teoría del dinero endógeno la causalidad es la contraria a la que relata la fábula del multiplicador, la base monetaria se mueve de acuerdo con los requerimientos del dinero que crean los bancos comerciales cuando realizan prestamos, primero prestan y luego buscan las reservas (base monetaria). Eso implica que el banco central no controla, crea las reservas necesarias mediante préstamos, si el banco comercial no puede obtenerlas por otros medios (normalmente el mercado interbancario donde las entidades se prestan entre ellas). El motivo por el que el banco central acude, casi siempre, en auxilio de los bancos, no es sólo para evitar problemas de liquidez en el conjunto del sistema cuando alguna entidad tiene problemas, sino porque su objetivo fundamental es el mantenimiento de un determinado tipo de interés. Si el banco en cuestión no encuentra el dinero en el interbancario a un tipo determinado y necesita el dinero, se produciría una escalada de tipos que se transmitiría al resto del sistema. Por eso el banco central le prestará las reservas al tipo de intervención fijado. En resumen, la base monetaria se crea a demanda de la cantidad de dinero en circulación que crean los bancos comerciales, justo lo contrario de lo que explican los libros de texto de economía.
En períodos de crisis, los bancos centrales intentan que el sistema funcione tal como cuentan los libros, crean base monetaria para expandir la cantidad de dinero en circulación. Los métodos son variados, el más importante es el "Quantitative Easing", que consiste en la compra en el mercado de activos financieros para aumentar los depósitos de los vendedores, por ejemplo, la adquisición de bonos a un fondo de pensiones. La venta de los bonos aumenta su depósito en un banco comercial. Eso implica que aumenta la reserva de ese banco en el banco central. Visto desde el punto de vista del banco central la compra de los activos financieros supone un aumento de sus activos (cuando el banco central extiende un cheque no necesita tener el dinero, lo crea ex novo, fiat) y la contrapartida en su pasivo es el incremento de la reserva del banco comercial donde el banco central ha depositado el dinero que ha pagado al fondo de pensiones. Esto quiere decir que tienen las reservas y no necesitan buscarlas, pueden pasar a prestar. El problema es que la expansión del crédito no sólo depende de la disponibilidad de reservas, en realidad la disponibilidad de reservas es irrelevante, el problema es que no tiene a quien prestar para compensar la destrucción de dinero que supone el desapalancamiento del sector no financiero, empresas y familias, o los impagos que se producen. Finalmente lo que sucede es que lo dejan en depósito en el banco central, por eso se articulan medidas para desincentivar ese comportamiento, como los intereses negativos que constituyen una sanción, o lo que es mucho peor, ante la falta de proyectos rentables se crean nuevas burbujas financieras, que dan una cierta imagen de recuperación.
Pero las principales escuelas defensoras de la teoría del dinero endógeno no llegan a las mismas conclusiones, para los post-keynesianos los problemas monetarios son políticos, se deben a una mala operación del sistema, y la solución sería realizar jubileos o quitas de deuda e inyectar generosas cantidades de reservas o activos financieros netos en el sistema, a través de la monetización de cuantiosos déficits públicos.
Para la economía ecológica el problema es estructural, es el sistema en sí mismo el que es defectuoso, dado que el dinero es creado de forma artificialmente escasa, al no crearse el interés de los préstamos, que debe producirse en el futuro, con nuevos préstamos, o con la inyección de activos financieros netos a través de déficits del estado monetizados por el banco central. Ambas soluciones apuntan o bien al desarrollo de las fuerzas productivas o crecimiento, o bien a la inflación de activos o la inflación genérica, dado que se han confundido dos variables que siguen reglas esencialmente distintas: la riqueza real proporciona los servicios necesarios para el mantenimiento de la vida y el disfrute de la misma y sigue las leyes reales que rigen nuestro universo, y su vara medir, el dinero, una abstracción, no ha sido definido según esas leyes. En palabras de Frederick Soddy:
"Las deudas están sujetas a las leyes de las matemáticas, más que a las de la física. A diferencia de la riqueza, que está sujeta a las leyes de la termodinámica, las deudas no se pudren con la vejez y no se consumen en el proceso de vivir. Por el contrario, crecen en un tanto por ciento por año, por las conocidas leyes matemáticas de interés simple y compuesto [...] Esta confusión que subyace entre la riqueza y la deuda es la que ha hecho una tragedia de la era científica."
No se trata de un mero problema de regulación del sistema financiero, ni se puede resolver haciendo propósito de enmienda, tal y como es habitual escuchar: “hemos visto lo que ha pasado y hemos aprendido de los errores, ahora lo vamos hacer bien”. El problema es de carácter estructural. La creación de dinero mediante deuda no supone que nadie renuncie a consumo presente por el consumo futuro, el banco al prestar aumenta la capacidad de compra total de la economía, no es un mero intermediario. Además como su ganancia depende de los intereses que cobra por ese dinero (derecho de señoreaje) provoca que sus incentivos se dirijan a aumentar el crédito, en épocas de expansión, mucho más allá de lo necesario para las actividades que añaden valor. La consecuencia es la generación continua y creciente de burbujas financieras que hemos experimentado los últimos 30 años.
Se puede mejorar el desempeño de un coche averiado mediante la búsqueda de la excelencia en la conducción, pero quizás es hora de pensar en un cambio de coche, tal y como planteó el propio Soddy en 1924
La emisión y retirada de dinero deben ser potestad de la nación, realizarse en función del interés general, y debe cesar por completo de proporcionar beneficios a las corporaciones privadas. El dinero no debe devengar intereses a causa de su existencia, tan solo cuando es realmente prestado por su legítimo dueño, que lo da al prestatario.Una parte muy importante de la deuda nacional debe ser cancelada y la misma suma de dinero Nacional emitido para reemplazar el crédito creado por los Bancos.Los bancos deben ser obligados a mantener reservas de 'Moneda Nacional' dólar por dólar por cada dólar depositado en ellos, a excepción de los depósitos que están genuinamente 'invertidos', y no están disponibles para ser utilizados como dinero.
No se elimina el interés, sino sólo la creación monetaria con interés, mediante una separación estricta entre dinero y crédito. El dinero privado generalmente es creado con fines de lucro, por ello se emite con interés, pero en el seno de una comunidad política se puede crear dinero sin interés, para el interés general, que se inyectaría a la sociedad a través del gasto público. Los bancos deberían mantener una reserva de caja del 100%, y actuar realmente de intermediarios, prestando sólo el dinero realmente ahorrado, que dejaría de estar disponible para el ahorrador, hasta la cancelación del préstamo.
El sistema de Soddy fue posteriormente refinado por los economistas Henry Simons e Irving Fisher, y más tarde defendido por académicos de prestigio como Maurice Allais. En el presente Richard Werner, Kaoru Yamaguchi, Michael Kumhof o Jaromir Benes continúan su defensa académica, y se ha creado una asociación con 30.000 seguidores en Reino Unido con el objetivo de difundir entre el público la reforma, y el parlamento de Islandia se plantea su implementación. Es una reforma ampliamente conocida y estudiada, realizable con tan sólo publicar una norma en el B.O.E. Dado que la creación monetaria es una fuente de lucro considerable, la reforma tendría un efecto redistributivo muy importante, que Kumhof y Benes denominaron "dramática reducción de la deuda pública neta", y "dramática reducción de la deuda privada".
Entre los aspectos que han oscurecido la reforma se encuentra la mayor difusión de un sucedáneo posterior de la misma, desarrollada por economistas liberales, copiando aspectos esenciales de las reformas de Soddy y Fisher, pero cambiando completamente el sentido. En la versión liberal se mantiene el coeficiente de caja del 100%, pero la creación monetaria se encomienda a un factor exógeno, que puede ser el suministro de oro, u otro mecanismo que cumpla la misma función. Como de esta forma el suministro de dinero depende de algo completamente aleatorio, sin relación con la economía real, se abre una vía para ciclos de inflación, deflación y crisis de deudas de carácter todavía más devastador que los actuales. En otras versiones, y ante el temor a los brutales efectos de la anterior propuesta, se continúa manteniendo el dinero-crédito bancario, y por tanto el fallo estructural, introduciendo un factor exógeno que limite la cantidad de créditos que pueden crear los bancos (por ejemplo, mantener una relación fija con una reserva oro) o bien se le asigna la misma función de freno y control a un factor endógeno (la competencia en un mercado en el que se elimina la intervención de un banco central). Esta visión parte de una concepción filosófica del mundo incoherente, que olvida que el dinero es como una commodity, algo que necesitamos todos (como el agua o el aire), el puente por el que debe pasar cualquier transacción. Al igual que cualquier commodity, la mayor fuente de lucro no se encuentra en su uso prudente y eficiente, por el bien de todos, sino en la renta que se podría obtener de su control y acaparamiento. Hay, por tanto, que revertir la privatización de la creación monetaria y proceder a su democratización.
Monedas para las necesidades de la comunidad
Volviendo a citar a Polanyi, en su libro El sustento del hombre definía el dinero como un sistema semántico, equivalente a los pesos y medidas o al lenguaje. Si es así ¿Qué información nos da? El dinero nos permite cuantificar de forma precisa la importancia de un objeto o un servicio en una situación determinada, en la que emplearemos el dinero por alguno de sus usos, que según la teoría económica convencional son el de patrón de valor, medio de cambio y depósito de riqueza. Polanyi añade un uso más, el de pago, pero lo más interesante es que basándose en la evidencia etnográfica e histórica, sostiene que los diferentes usos del dinero habrían evolucionado de forma separada. En lugar de emplear un dinero “para todo uso”, se habría empleado dineros distintos para cada uno de los usos. Por ejemplo:
"En la antigua Babilonia el dinero era corriente, pero tenía un uso especial: el grano era el fungible más utilizado como medio de pago, para los salarios, las rentas y los impuestos; la plata era empleada universalmente como patrón de valor tanto en el trueque como en las finanzas de productos básicos muchos de los cuales, como equivalentes fijos, se usaban para el intercambio sin dar preferencia a la plata."
Estos hechos arrojan una nueva luz sobre las teorías del localismo monetario. Incluso en un sistema monetario en el que hayamos eliminado la emisión de dinero con interés, y corregido los principales fallos estructurales del sistema actual, puede ser de gran utilidad separar las funciones del dinero, de forma que su función de depósito de riqueza no obstaculice su función como medio de cambio.
Incluso en una economía más local, será deseable mantener un cierto volumen de comercio exterior, para adquirir bienes necesarios que sea difícil producir localmente, incluidas las materias primas. Para ello será preciso una moneda acumulable, con un valor estable, definida según los criterios que hemos detallado en el apartado anterior. Sin embargo, a nivel local sería posible instituir todo un variopinto ecosistema monetario, de forma que el medio de cambio local no dependa de las vicisitudes de la moneda nacional, incluso aunque esta esté definida ahora sobre bases sólidas. Con este fin Silvio Gesell, en su obra El orden económico natural, introdujo el concepto de “oxidación” de la moneda, o depreciación programada en el tiempo, que incentiva el uso de la moneda y resta sentido al acaparamiento, de forma que la función de depósito de riqueza no interfiera con la de medio de cambio.
Este tipo de nuevos "ecosistemas monetarios" se podrían incentivar con unas sencillas políticas públicas que pueden ir desde una ayuda en su promoción y gestión hasta la propia participación de la administración pública incorporando las nuevas monedas en su presupuesto, ya sea a través de su emisión para financiar una renta básica, el pago a funcionarios o subvenciones, de modo que provean de financiación pública gratis, como también mediante la aceptación de éstas en pago de impuestos o adquisición de servicios y productos públicos como pueden ser proyectos culturales, instalaciones deportivas, actividades de ocio, etc… Cabe la posibilidad de dar crédito barato o gratis a proyectos que de otra manera no lo obtendrían, promoviendo y recompensando otros valores y modos de vida que no tienen cabida en el economicismo actual.
La incorporación de las monedas regionales en los presupuestos de la administración pública daría una mayor seguridad a las monedas en su inicio y solucionaría la totalidad de conflictos por problemas de asignación de recursos desde el gobierno central a las distintas regiones del país, pues las monedas locales permiten emancipar gran parte del presupuesto del gobierno central, otorgando una mayor autonomía en la política a nivel regional y favoreciendo así una administración pública mucho más cercana.
Una economía inclusiva y un marco para la innovación social
Uno de los temores ante el fin de la economía del crecimiento es que se produzca una Gran Exclusión. Uno de los costes de la producción es el trabajo, por fuerza debe reducirse si la producción disminuye, o incluso si permanece estacionaria, pero el empleo es para una gran mayoría de población la única forma de percibir un ingreso que permita una mínima autonomía personal.
Por otro lado, la dependencia económica del mercado (o de un estado que compense nuestra alienación mercantil) hace imprescindible algún instrumento que nos proporcione autonomía económica personal, (sin la cual a menudo se ven anuladas las demás libertades cívicas), y que nos permita además reducir y transformar los procesos productivos por otros realmente sostenibles sin que esa “reconversión” tenga como resultado una Gran Exclusión. ¿Cómo podríamos recuperar autonomía económica frente a esta necesidad de crecimiento alienante y devastador o ante su inexorable declive?
En ausencia de los ancestrales bienes comunes para la autogestión, serán necesarias nuevas formas de empoderar económicamente a las personas. Todo el mundo debería disponer de alguna alternativa frente al abandono y la indiferencia propias de un mercado excesivo en su producción, pero insuficiente para emplear a todos e insatisfactorio en la forma de hacerlo. Con este fin se manejan dos alternativas, una Renta Básica de Ciudadanía y una Garantía Pública de Empleo, para aquellos que son desechados por el mercado. En la práctica, ambas opciones podrían convivir junto con otros acuerdos complementarios.
Todo sistema económico debe repartir los costes y los beneficios de la producción. Es evidente que una redistribución a través de una Renta Básica es poco eficiente por el lado del reparto de costes, mientras que resulta muy favorable en otros aspectos esenciales, en particular al desligar el problema de la subsistencia del móvil de la ganancia y del mercado de trabajo. La ineficiencia en la distribución del empleo no deberían pagarla los ciudadanos perjudicados por ella.
Para mejorar el desempeño de la Renta Básica por el lado de los costes, y siempre que nos encontremos en un marco previo de sostenibilidad, y no se use simplemente para redistribuir, se podrían aplicar diversas modificaciones sobre su diseño original, con resultados notables:
Frugalidad: La Renta Básica ha de ser tan reducida como sea posible, aunque suficiente para cubrir las necesidades básicas. Una forma de hacerla todavía más frugal, es abonar una parte en forma de cuotas de energía/alimentos intercambiables. De esta forma, se da un incentivo para reducir el consumo propio, pudiendo traspasar los excedentes por un módico precio, que se obtendría en forma monetaria para su uso discrecional. Hay que señalar que una vez aplicada la reforma fiscal, habría un gran incentivo para usar ese gasto discrecional de una forma compatible con la salud del planeta.
Libertad para intercambios autónomos y liberación de tiempo para progreso personal y social: La Renta Básica, al ser universal, al contrario que una renta para pobres, no fomentaría la economía sumergida, dado que la percibe tanto quien trabaja como quien no. Además, cuando se propone desde un marco de sostenibilidad, debemos tener en cuenta que al menos 2/3 de los impuestos deberían recaudarse con impuestos al consumo del capital natural y a la propiedad, en particular de la tierra. Esto permite suponer que los impuestos al trabajo pueden desaparecer, (si no se consiguiese este objetivo, se podría buscar el mismo resultado con el uso de monedas complementarias, como hemos explicado anteriormente), salvo quizás para salarios elevados, por lo que la distinción entre economía formal e informal desaparece, al menos desde el punto de vista del trabajador. Esto podría suponer un gran incentivo para complementar la Renta Básica con trabajos a jornada parcial, o con intercambios autónomos entre los ciudadanos. Supondría también un fuerte impulso a actividades de poca o nula rentabilidad monetaria, como la mejora de bienes comunes y la economía solidaria.
También permitiría liberar tiempo, dedicando una parte al mercado, pero sin la angustia existencial de perderlo todo por reducir tu participación. Incluso las personas que decidiesen trabajar a jornada completa podrían plantearse tomar un año sabático de vez en cuando, y las empresas se adaptarían al nuevo marco ofreciendo contratos de mayor flexibilidad horaria.
La liberación de tiempo permite evolucionar hacia una sociedad en la que nuestros verdaderos valores sean protagonistas, en lugar de dejar que el mercado decida todo por nosotros, poniendo en valor el tiempo de nuestra vida que no está relacionado con la mera producción y consumo. Tiempo para la autonomía personal y social, porque esa autonomía requiere reflexión, aprendizaje y deliberación. Se abre por lo tanto la posibilidad de una mejora interior del ser humano, frente al progreso tan sólo material de los últimos siglos.
Permite cambiar la mentalidad que nos lleva a que cualquier incremento de productividad se convierta necesariamente en una mayor demanda de nuevos bienes y servicios, permaneciendo siempre completamente ocupados en su producción con independencia de su verdadera necesidad.
Es conocido el ejemplo del indígena que al recibir como regalo un machete de fabricación industrial no utiliza esa nueva herramienta para obtener una mayor recolección, acaparando alimentos y materiales, sino para disfrutar de más tiempo para sí mismo y para su vida en comunidad. En nuestro caso una equivocada idea de progreso centrada en el crecimiento material no sólo impide nuestra maduración como personas y como sociedad sino que exige una acumulación devastadora. Aun apostando por una ampliación de posibilidades de la humanidad, distinta de la conformidad con su vida y su mundo propia del indígena, esta pasaría por una mejora de nosotros mismos y de nuestro conocimiento, no por una permanente infantilización de la vida adulta (abandonada en una actividad laboral heterónoma y en una forma de disfrutar basada en el consumo de sensaciones).
En nuestro modelo económico la única manera de compensar los puestos de trabajo perdidos por la mejora tecnológica y por los ciclos económicos es el crecimiento. Todo se hace depender de la emergencia de nuevo crecimiento económico. La dependencia del crecimiento infinito lleva a que una y otra vez las mejoras en la eficiencia energética no alivien la presión sobre el medio ambiente sino que incluso la incrementen. Sin embargo, como muestra el ejemplo de esas otras culturas, la "paradoja de Jevons" no es un determinismo humano sino que tiene un origen cultural. El modelo económico es un subsistema de la cultura. En la medida en que la nuestra sea realmente una "sociedad abierta", dotarnos de una nueva cultura será la premisa necesaria para poder librarnos de la sumisión economicista de la vida.
Keynes auguraba que en nuestros días podríamos vivir trabajando unas quince horas a la semana. Ese es el único keynesianismo que debemos recuperar, el que el propio Keynes proyectó para nuestro tiempo. Y lo que falló no fue su predicción sobre los incrementos de productividad que se darían, sino su predicción política. No elegimos bien. Probablemente la necesidad de mano de obra aumentará en algunos sectores económicos básicos como consecuencia de la crisis energética a pesar del declive económico medio, pero en cualquier coyuntura podremos elegir el enfoque que daremos a las mejoras de productividad, y podremos elegir si nos hacemos depender de un crecimiento infinito o si elegimos otro modelo. No hay un determinismo sino una responsabilidad. En consecuencia debemos tomar una decisión sobre este punto crucial para optar por una economía que no dependa del crecimiento.
Valorar el tiempo de nuestra vida al margen de las relaciones económicas es un primer paso imprescindible para poder reivindicar el valor de la vida misma sobre lo que determine la rentabilidad en el mercado, pero además conduce a una mejor satisfacción de todas nuestras necesidades, y es lo que realmente puede ampliar nuestras posibilidades, como individuos y como sociedad.
Cuidado y mejora de bienes comunes: Son necesarios cambios radicales a nivel local, en el diseño de las ciudades, en la movilidad, y en la producción local de alimentos. Se podría emplear a aquellos que lleven un determinado periodo de tiempo percibiendo sólo esta Renta Básica en estas labores de apoyo a la comunidad, en huertos urbanos u otras labores necesarias como los cuidados, mejora del entorno natural o pequeñas infraestructuras. Este trabajo comunitario podría autogestionarse desde asambleas de barrio, introduciendo de forma paulatina los principios de la democracia deliberativa que más tarde describiremos.
Esto permite definir una política sobre los bienes comunes que consistiría en la preservación a largo plazo del invaluable patrimonio natural del que en última instancia depende todo lo demás. Por otra, con ella se trataría de preservar también la sostenibilidad y la resiliencia social, recuperando el vínculo entre nuestro desempeño económico y la naturaleza de la que formamos parte, así como las relaciones económicas cercanas, entendidas como una forma de convivencia y no sólo como un intercambio.
El desarrollo de este tipo de economías permitiría además vincular de nuevo el coste de producir (en tiempo de trabajo) con la obtención de recursos económicos. En este terreno debe citarse la obra de Elinor Ostrom y su vasto estudio empírico sobre el gobierno de los bienes comunes. Álvaro Ramís Olivos nos reseña su pensamiento en este artículo de la revista Ecología Política:
"La tesis fundamental de su obra se puede sintetizar en que no existe nadie mejor para gestionar sosteniblemente un «recurso de uso común» que los propios implicados (1995: 40). Pero para ello existen condiciones de posibilidad: disponer de los medios e incentivos para hacerlo, la existencia de mecanismos de comunicación necesarios para su implicación, y un criterio de justicia basado en el reparto equitativo de los costos y beneficios.

La novedad radica en evidenciar que existe una forma colectiva de uso y explotación sustentable de los campos de pastoreo (y los bienes comunales en general) que no está sujeto a la lógica de la tragedia de los comunes. (En referencia a Garrett Hardin).

Ostrom muestra que las formas de explotación ejidal o comunal pueden proporcionar mecanismos de autogobierno que garantizan equidad en el acceso, un control radicalmente democrático, a la vez que proporcionan protección, y vitalidad al recurso compartido. Por lo tanto, ante la posibilidad de la sobreexplotación la opción de Ostrom es «incrementar las capacidades de los participantes para cambiar las reglas coercitivas del juego a fin de alcanzar resultados distintos a las despiadadas tragedias» (Ostrom, 2011: 44).

La ausencia de propiedad individual no implica libre acceso ni falta de regulación ya que los bienes comunes pueden ser administrados de forma efectiva cuando no son considerados terra nullius y se cuenta con un campo de interesados que interactúan para mantener la rentabilidad sostenible a largo plazo de esos bienes.


La clave está en los principios de diseño que se pueden entender como “variables contextuales que tienden mejorar los niveles de cooperación, mientras su ausencia la desalienta.”


En definitiva las aportaciones de Ostrom y su escuela superan los análisis convencionales que se mueven bajo categorías binarias que transitan entre lo propio y lo ajeno, lo estatal y lo privado, lo de todos y lo de nadie."
Como concluye David Bollier, “la tragedia de los comunes realmente debería llamarse la tragedia del mercado. El Mercado/Estado es en gran medida incapaz de establecer límites a sí mismo o declarar que ciertos elementos de la naturaleza, la cultura o la comunidad deben permanecer inalienables para poder garantizar la supervivencia de la especie.”
Por último, y para aquellas infraestructuras o bienes comunes que exceden los ámbitos comunitarios, se podría crear una Garantía Pública de Empleo, donde preferentemente se podría emplear a las personas que llevan mucho tiempo cobrando la Renta Básica y que procedan de comunidades más pobres, con menos recursos para complementar su renta de forma autónoma. Como ventaja añadida, este sector también podría canalizar la aspiración laboral de sus integrantes hacia actividades que reduzcan el impacto ambiental de la producción, como el reciclaje, las reparaciones y la oferta de bienes que minimicen su obsolescencia, (y por tanto el flujo de materiales y energía), una oferta que podría tener cierta demanda pero que el mercado tiende a anular porque actuaría contra la renovación de la rentabilidad en los negocios.
En resumen, en un mundo completamente acaparado, una Renta Básica vendría a suplir el ancestral acceso a los bienes comunes necesarios para subsistir, pero, y a pesar de su carácter asistencial, implementada de forma realista serviría para ir creando formas de vida autónoma que no dependan de los excedentes del mercado, mediante la liberación del trabajo libremente intercambiado y la construcción y mejora de bienes comunes autogestionados. Por tanto, esta renta no debería ser concebida como una prestación más hecha posible por los excedentes del mercado sino como una forma de compartir universalmente una parte de la producción (suficiente para la subsistencia digna de todos), porque entendemos que esta nueva forma de organización social es positiva para el conjunto de ciudadanos. Garantizar la inclusión económica nos permitiría desvincularnos de la necesidad de crecer porque las personas ya no seríamos meros factores de la producción, dependientes de que esta se mantenga o aumente, sino sujetos de derechos económicos. Estamos por tanto proponiendo una ampliación de derechos laborales o productivos, que deberían recogerse en las respectivas cartas constitucionales de cada unidad política.
Otras formas de producir: Iniciativas en desarrollo
En la medida en que utilicemos el mercado, este debe verse condicionado por los verdaderos valores humanos que el frío criterio de la rentabilidad no puede tener en cuenta. La esclavitud y el crimen pueden ser rentables, y aun suponiendo que puedan prohibirse y eliminarse completamente, (cosa que aún no ha ocurrido), estos ejemplos muestran como el criterio de la rentabilidad es ajeno al de virtud o simplemente a la idea de un futuro mejor. Así se explica que nuestro modelo productivo pueda destruir incluso las bases naturales que lo sostienen. Por ello es necesario que el mercado se vea condicionado por criterios éticos elegidos entre todos mediante la deliberación política. El antiguo mercado legal de esclavos no terminó gracias al propio mercado libre, como es obvio, sino mediante una decisión política, y nadie duda que fuera un buen paso para la humanidad a pesar del deterioro que pudo suponer para algunos beneficios.
Una de las propuestas que intentan introducir verdaderos valores en el funcionamiento del mercado es la llamada Economía del Bien Común. Entre otras cosas, este modelo establece una gradación de incentivos legales para las empresas de modo que los precios acaben alineándose con los valores establecidos democráticamente en su Matriz del Bien Común.
Volviendo sobre el trabajo de Elinor Ostrom, su estudio sobre El gobierno de los bienes comunes no sólo atañe a la gestión de lo que se considera patrimonio común sino a una forma de gestionar recursos compartidos por parte de un número limitado de usuarios, (propietarios o usufructuarios de los mismos), diferente a la gestión empresarial (cuyo único sentido es la rentabilidad en el mercado). En este caso los usuarios pueden producir para sí mismos en primer lugar y decidir hasta qué punto producir excedentes para el mercado, para libres intercambios o para una comunidad más amplia.
El problema, claro está, reside en la obtención de los medios necesarios para esa autogestión. Y en este terreno quizá es donde más posibilidades podría ofrecer la definición de una política para la autogestión en base a bienes comunes. Desde la aprobación de una ley de balance neto que nos permita ser prosumidores de energía aprovechando ese bien común que es el sol (tanto en hogares como en colectivos más amplios) hasta la concesión de tierras y medios de producción para la autoorganización a partir de proyectos colectivos que cumplan ciertos requisitos de seriedad y compromiso.
Otra forma de llevar esto a la práctica consiste en elegir aquellas empresas que desde su constitución y en sus estatutos incluyen criterios éticos o políticos por encima de la rentabilidad. El ejemplo emergente (y pujante) es el de algunas cooperativas de consumo energético sin ánimo de lucro que incluso logran basar gran parte de su trabajo en el voluntariado. También las cooperativas de producción y consumo agroecológico son un buen exponente de esto y quizá el que con más urgencia necesitamos.
Estas formas de producción, englobadas en lo que se ha dado en llamar “mercado social”, amplían el número de variables sobre las que podemos influir como consumidores, (a menudo limitados a una oferta manipulada y a mercados amañados precisamente por parte de los adalides de la privatización). Se trata de opciones ya disponibles (que van más allá de una mera RSC publicitaria) y que por ello permiten hacer algo útil en favor de un cambio social desde el momento presente. Dada la urgencia del cambio que necesitamos, creemos que es necesario aprovechar de un modo inclusivo las diferentes alternativas que se nos presentan y además explorar otras posibles soluciones que quizá aún no nos hemos planteado, pero que seguramente surgirán si se establecen los incentivos adecuados, mediante la serie de reformas que hemos introducido en los anteriores apartados.
Una democracia a escala humana
Polanyi termina su obra maestra con un alegato en favor de la libertad: La libertad en una sociedad compleja, último capítulo de La Gran Transformación. Para la ideología dominante de nuestra era, así como la del siglo XIX, que no reconoce la existencia de la sociedad, y tampoco del poder y la coacción, la libertad se convierte en un sinónimo de la libre empresa, que debe funcionar sin trabas, sin ningún tipo de dirigismo estatal. Por el contrario, para quien reconoce la existencia de la sociedad y del poder de las instituciones, como ese mercado autorregulador que convirtió al hombre y la naturaleza en mercancías, la libertad debe ser instituida, entre todos, para todos, mediante la ampliación efectiva de los derechos del hombre. Es evidente como entronca esto con el concepto de autonomía, que debería incluir, junto a las libertades negativas (de expresión, asociación, jurídicas) el derecho efectivo a participar en los costes y beneficios de la producción, por encima de cualquier racionalismo económico.
Posteriormente, Cornelius Castoriadis continuaría sacando las conclusiones de estos hechos. Si la institución ejerce tanto poder, la libertad debe incluir, al menos como ideal, el concepto de la autoinstitución, el darse la propia ley, lo que sólo puede suceder en una democracia deliberativa."El objetivo de la política no es la felicidad, sino la libertad. La libertad efectiva (no me refiero aquí a la libertad “filosófica”) es lo que llamo autonomía. La autonomía de la colectividad, que no puede realizarse más que a través de la autoinstitución y el autogobierno explícitos, es inconcebible sin la autonomía efectiva de los individuos que la componen. La sociedad concreta, que vive y funciona, no es otra cosa que los individuos concretos “reales.”"


La deliberación no es una panacea, pero es la mejor forma que conocemos de instituir una democracia que no sea simplemente una agregación de intereses individuales mediante el voto, sino una búsqueda conjunta y reflexiva del interés general, y puede ser también un límite y un elemento de control del principio de la representación, que no será fácil eliminar completamente en una sociedad compleja.
La deliberación podría concebirse como una forma de ir mejorando, de forma pragmática, las prácticas democráticas actuales, a través de nuevas instituciones, como el presupuesto participativo de Portoalegre o los sondeos deliberativos de algunos estados europeos. En una sociedad más local y con menos tiempo dedicado al mercado, el principio de la deliberación puede florecer, de forma que vayan surgiendo nuevas instituciones, completando y mejorando estos primeros experimentos, que están comenzando a canalizar la por largo tiempo reprimida pasión del hombre por el autogobierno y la autoinstitución.
Cabe añadir que en el contexto social de nuestros días, masificado, complejo e interdependiente a una escala nunca anteriormente vista, Internet puede resultar imprescindible para el cambio cultural que necesitamos. Como enseña el sociólogo Manuel Castells, la autonomía personal y social se ven favorecidas por la “autonomía comunicativa” y por el procomún inmaterial constituido por el conocimiento compartido. La red se revela como una herramienta clave para facilitar ambas cosas así como para hacer posible una participación política flexible, adaptada a las diferentes situaciones personales, y adaptada a los diferentes ámbitos de decisión, desde lo local a lo global.
Si la deliberación es el principio que permite superar la mera agregación de preferencias individuales hacia un objetivo compartido de bien común, la participación permite superar la mediación entre el sujeto y sus preferencias políticas, realizada por el representante. El sujeto se convierte por tanto en protagonista, participando en la preparación de la agenda de opciones, en lugar de limitarse a elegir dentro de una agenda cerrada, lo que en un contexto de crisis como el actual, donde es necesario la transición hacia un nuevo paradigma, puede estimular el florecimiento de soluciones creativas que emanen desde abajo hacia arriba y resulten, por lo tanto, más congruentes con las aspiraciones reales de las personas.
Artículo consensuado por la asociación Autonomía Y Bienvivir, y redactado por los siguientes miembros, ordenados alfabéticamente
Manuel Campos Ruiz, estudiante de 3er curso de Ciencias Económicas.Alfredo Carreras Rodríguez, Licenciado en Sociología.María Ángeles García Sánchez, Doctora en Ciencias de la Información.Manuel Gutiérrez Rodríguez, Arquitecto Técnico.Javier Ibarra González, estudios de Ciencias Empresariales.Jordi Llanos Mayor, Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales.Jesús Nácher Fernández, Ingeniero Superior de Minas.Oliver Toro Orozco, Licenciado en Derecho.
Categories: General

Lo que los peakoileros no consiguen entender

10 Setembre, 2014 - 11:15
Queridos lectores,

El siempre provocador Javier Pérez nos sorprende hoy con un ensayo sobre la prédica de los peakoilers y las motivaciones políticas de algunos que se dedican a los esfuerzos de divulgación. No estoy de acuerdo con muchas de las afirmaciones que se hacen en este artículo, pero sé que lo que se comenta en él ha estado en la mente de muchos lectores ocasionales y es la base de muchas críticas. Es por ello, porque es importante la autocrítica, que veo interesante publicarlo.

Salu2,
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Lo que los peakoileros no consiguen entender

Llevo un tiempo leyendo documentación sobre el agotamiento de los recursos naturales y de vez en cuando escribo algún artículo sobre el tema, aunque más con intenciones divulgativas (un campo en el que me defiendo) que con pretensiones científicas.En este periodo he tenido la ocasión de conocer a mucha gente que unas veces me ha transmitido datos, en otras ocasiones puntos de vista y siempre nuevas inquietudes. Pero salvo algunas excepciones, que no mencionaré por miedo a la omisión que me descalabre, no he sido capaz de encontrar a casi nadie que entienda el alcance humano y social del problema que plantea el agotamiento de los recursos. Y no es que me las dé yo de entendido (que para nada lo soy), sino que observo un enroque casi permanente en una u otra faceta del problema, sin verdaderos deseos de ampliar el punto de vista a lo global.Hace poco apareció el manifiesto Última Llamada, y desde que lo leí no he dejado de reflexionar sobre su contenido (muy interesante), su tono (deplorable) y el fin último que lo inspiró (más político que medioambiental). Documentos de este tipo me hacen pensar que la reducción de recursos energéticos y los problemas económicos y medioambientales subsiguientes son un arma más en el arsenal partidista, y que el trasfondo real no interesa a nadie como no sea para mejorar su uso como arma arrojadiza. Mi impresión, es que incluso los mejores, los que plantean el problema con verdadera seriedad, acaban estrellándose con la frase, casi mantra, de que hay que cambiar de sistema económico porque el capitalismo muerde, tiene rabo, cuernos, pezuñas y se aparece entre vaharadas de azufre cuando alguien besa la parte de atrás de una moneda.Al final, y para ser consecuente con la actitud y la línea que mis muchos o pocos lectores han podido contrastar en mis escritos, he decidido sincerarme y poner por escrito mi convencimiento de que la mayor parte de la gente concienciada con el peak oil no consigue o no quiere ver más que una parte del asunto. Mis disculpas a todos por decir esto, pero creo que era necesario. La enunciación del problema y el modo en que se plantea denotan una serie de sesgos que me parecen muy desagradables, como si lo que se pretendiera fuese cualquier cosa menos solucionarlo. ¿Observo mala fe en los peakoileros? Pues en unos sí y en otros no, pero en casi todos observo la misma carencia: que su pasión por la lógica y los datos, su precisión en las mediciones y en la construcción de modelos, su meticulosidad en la argumentación y concatenación de sucesos, desaparecen repentinamente en ocasiones hasta  silenciar completamente datos, hechos y argumentos que resultan incómodos para sus convicciones (o necesidades) políticas.No voy a entrar al tema de los datos, porque en ese sentido casi todos saben más que yo. Y además, en eso estamos todos de acuerdo, aunque con algunos matices. Por si acaso, enuncio brevemente: vivimos en un planeta finito, por lo que todos los modelos económicos basados en el crecimiento infinito son necesariamente erróneos. La energía es la base de la sociedad, la economía, el desarrollo, el bienestar y en general de absolutamente todo. La economía debería estudiarse, de algún modo, como una rama de la termodinámica, y no como una rama de la hechicería, que es lo que algunos parecen estar haciendo actualmente, sobre todo en el caso de la economía financiera. El crecimiento de los últimos siglos se debe al empleo masivo de combustibles fósiles. Por la ley de rendimientos marginales decrecientes, cada vez son más caros y difíciles de extraer, y su sustitución detrae cada vez una parte mayor de capital y otros recursos, lo que llevará a una contracción económica, declive, o colapso, según la gravedad de la caída. El plazo y la profundidad de esa caída lo desconocemos, pero lo más probable es que sea antes financiera que de recursos, pues nuestra economía financiera anticipa la escasez material, anticipándose a ella.En esto es en lo que estamos de acuerdo. Pero ahora, por partes, intentaré explicar por qué creo que la mayor parte de la gente consciente del problema no abarca mentalmente su verdadero alcance, o prefiere dejar este asunto para más adelante, cuando ya se le haya sacado el debido rendimiento en otros ámbitos menos amables o menos confesables.-Ley de JevonsDespués de enunciar todos los problemas que enumeré anteriormente, resulta que a muchos les da la ventolera de añadir que hay que buscar una nueva sociedad, donde se acabe con el derroche, se renuncie al consumismo y se cuiden los recursos. Me parece todo muy bonito y muy edificante, pero con franqueza, parecen obispos predicando contra el sexo.Ya lo dije en otro artículo, y creo que hay que repetirlo:     “La realidad es que el ahorro de cualquier bien o recurso supone su abaratamiento para aquel que decida consumirlo. La realidad es que la gasolina que nosotros ahorramos es la que pueden quemar los norteamericanos en sus coches de dos toneladas, y lo cierto es que si nosotros no la ahorrásemos ellos tendrían que pagarla a mucho más de los 50 céntimos de euro a los que la pagan ahora.  La realidad es que la gasolina que nosotros no quemamos no va a una hucha, ni se entierra en el subsuelo para que nadie la queme y no produzca CO2. Va al mercado, aumentando la disponibilidad para el que la quiere quemar y opera sobre ese mercado disminuyendo su precio.    El carbón que nosotros no quemamos no desaparece en el espacio sideral para no contaminar: es el que queman los chinos, más barato precisamente porque nosotros no lo demandamos, y el que les ayuda a barrer del mapa nuestras tiendas y nuestras industrias, incapaces de competir con sus precios. La leña que no quemamos los que vivimos en los pueblos es la que abarata los pellets para las calderas urbanas y las calefacciones de biomasa.    El agua que no uses para regar tu huerta, la usarán para regar otra. O un campo de golf. Las truchas que no pescamos río arriba, son las que pescan río abajo. La chica a la que no besaste no se metió a monja: se casó con otro”    Todos sabemos que es así, y más aún en un mundo global. Todos sabemos que el ahorro de un recurso no disminuye su consumo mientras haya alguien que lo demande. Todos sabemos que reducir o eliminar la demanda a nivel puntual es indiferente a nivel global. Todos sabemos que consumir menos aquí, donde existe legislación medioambiental sobre residuos, por ejemplo, hará que se consuma más donde esa legislación no existe y que, en suma, el daño será mucho mayor. Todos sabemos que poner molinos de viento en Alemania abarata el carbón, con lo que consumen más en China, sin filtros ni cosa que se les parezca.  Lo sabemos de sobra, porque no ignoramos los datos ni los modelos económicos, pero este hecho concreto, al redactar nuestro discurso, resulta que lo pasamos por alto. Lo sabemos pero nos es igual: Nos la sopla, ¿verdad? Seguimos escribiendo manifiestos y soflamas a favor del ahorro, en contra del capitalismo y en contra del consumo, porque es lo que nos ordena nuestra ética. Sabemos que es inútil, pero tiramos para adelante, impasible el ademán. Sabemos que no funciona, pero nos hace sentir mejor. Sabemos que favorecerá a quienes quieran seguir haciendo girar la rueda sin preocuparse de nada, pero es lo que nos pide el cuerpo.Porque somos así, porque tenemos alma de predicadores y vocación de mártires. Porque la realidad que tanto nos gusta perseguir con los datos nos importa luego tres pimientos cuando hay que aplicarla a algo que nuestra nariz rechaza.  Y nuestra nariz manda mucho, sobre todo cuando podemos olfatear según qué cosas.Ensuciar es malo. Derrochar es malo. Desperdiciar los recursos de las generaciones venideras es malo. Vale, sí, ¿y qué? ¿Y qué hacemos con los vecinos, las regiones, los continentes enteros que se pasan por el arco de triunfo esas consideraciones?, ¿les declaramos la guerra?, ¿o les seguimos repitiendo las mismas obviedades hasta que nos hagan caso por aburrimiento? ¿A quién le vamos con ese catecismo? ¿A otro tan incauto como nosotros?Al final es lo que hacemos: quedarnos a gusto con nuestra conciencia y autocomplacernos en nuestra solidaridad imaginaria. Porque lo real es que el ahorro no sirve, no funciona, no tiene ningún efecto distinto de abaratar el precio a los que pasan olímpicamente del ahorro. ¿Por qué creéis que la información sobre el peak-oil, siendo terriblemente antisistema, no ha sido perseguida más que con medidas menores? Porque abarata el consumo de los que quieren seguir consumiendo. “¡Venga, que ahorren esos idiotas, que así dejarán más para el resto!”Por eso, con muchos peakoileros, me queda la misma duda que con muchos obispos: si se estarán creyendo realmente lo que dicen o habrán construido toda esa historia para un fin distinto del que nos cuentan. ¿No nos hablarán de petróleo cuando en realidad nos quieren llevar a determinado redil político? Pues habrá de todo, pero cada día me fío menos. Y cada día nos perjudican más.-El decrecimiento o la reducción voluntaria.Después de repetir, una vez más, que el ahorro de un recurso no disminuye su consumo total, tengo que preguntarme de dónde ha sacado esta gente que las sociedades pueden menguar voluntariamente. Tuve la fortuna de leer un magnífico artículo sobre las sociedades que vivían de otro modo y con menos, pero ni en ese estudio se menciona a ninguna que caminase hacia atrás en su consumo, y menos voluntariamente, por consenso. He leído mucho sobre el colapso de otras sociedades en el pasado, pero no veo precedentes de reducción voluntaria del consumo de ningún recurso. Lo que veo, como mucho, es que un tipo de cada pueblo se iba a una cartuja o se subía a una columna y allí vivía con menos, pero todo lo demás que yo conozco ha pasado siempre por imposición, necesidad imperiosa y distintas variaciones y permutaciones del “trágala”.Cuando una sociedad colapsa, lo hace porque carece de un recurso, y lo hace precisamente porque ni lo ahorró, ni lo pudo ahorrar, ni consiguió evitar su agotamiento.  Y esto es así, insisto, porque lo que unos ahorraban quedaba disponible para otros. Es algo tan conocido como la Tragedia de los Comunes.Quien todavía piense que es posible sensibilizar a la población de la necesidad de vivir peor y con menos, mientras otros disponen de todo, que vaya a una comunidad de vecinos y que trate de convencerlos de que hay que bajar la calefacción un par de grados, pero pagando lo mismo. No me estoy refiriendo a comer menos, o a pasar penalidades: sólo dos grados en la calefacción, por el bien del planeta. ¿Algún valiente se apunta? No, claro, en la comunidad de vecinos no, pero sí en los foros, y en los blogs. En los foros y en los blogs pedimos la restricción del capitalismo, el fin del derroche y la universalización de los ponys, pensando que reeducaremos al mundo, pero en la comunidad de vecinos ni se nos ocurre, porque todos sabemos que Cervantes 67 será justa y exactamente el último punto del planeta en ser educado. Y lo sabemos porque conocemos a sus habitantes. ¿A que hay algo de eso?Seamos sinceros: pensamos en cambiar el mundo, pero ya no le sacamos el tema ni a nuestros amigos. Y a la familia, menos aún. Decimos que son cerriles, cornucopianos, que viven en la ilusión de no sé qué, pero nosotros seguimos convencidos de que el ahorro de algo reduce su consumo y de que la gente se puede convencer, por las buenas, de vivir con menos mientras sus vecinos lo pasan a lo grande. ¿No somos tan cerriles como ellos? ¿No padecemos también nuestra propia cornucopia, de conciencias en lugar de recursos? Ellos creen que el petróleo es infinito y nosotros creemos que la buena voluntad es inagotable. Ellos piensan que la técnica todo lo puede y que ya se inventará algo, y nosotros creemos que la reeducación de la gente todo lo puede, y que ya surgirá una nueva conciencia. ¿De dónde sacamos ese convencimiento?  ¿De dónde demonios sacamos que se va a agotar antes la avaricia que el petróleo? ¿De qué tablas y modelos deducimos que la solidaridad es más universal que el consumismo? ¿Qué clase de majaderos somos? -La ley de LemDice la ley de Lem que nadie lee nada. Los pocos que leen, no entienden nada. De los pocos que entienden algo, la mayoría lo olvida todo a la media hora.Y en eso estamos, creo.Decreceremos, sin duda, pero cuando no haya más remedio. Consumiremos menos, pero cuando haya menos y sea más difícil de conseguir. Cultivaremos la tierra con el burro o con la azada, pero no antes de que se haya averiado el último tractor o se haya agotado la última gota de combustible. Y si esa última gota es sangre de virgen sildava, ¡que se preparen en Sildavia!Sabemos que no sirve de nada ahorrar. Sabemos que nuestra pretensión de concienciar a la sociedad es como la suya de que esperar a que la ciencia encuentre la panacea. Lo sabemos, pero no lo entendemos o lo olvidamos de inmediato para seguir escribiendo manifiestos, digresiones apocalípticas, homeopatías energéticas, ética vestida de ciencia, sermones revestidos de informes, y sacramentos solidarios ungidos de avisos técnicos. En nuestros escritos aparece todo, menos lo que importa: que es indiferente consumir más o menos a nivel local, porque eso no afecta al consumo global.Pretendemos llegar a la gente para obligarla a creer algo que no quiere creer. ¿Por qué nos extrañamos de que no lo entiendan, no lo acepten o luego no lo recuerden? No podemos concienciarlos a todos, y si no los concienciamos a todos lo único que hacemos es subvencionar el Hummer del tío de Oklahoma, ese tipo al que todas nuestras preocupaciones le traen al fresco porque ni tiene hijos ni cree en el mañana.A los que no creen en el mañana no tenemos nada que decirles, pero seguimos infravalorando el poder del himno: “I want it all, I want it now”. ¿Qué vamos a contarles a los que hacen una cola de once horas para comprar el último modelo de un teléfono móvil? ¿De qué vamos, coño?    Toda esa gente no va a consumir menos, porque no le da la gana. ¿Está claro así? Toda esa gente no va a renunciar a sus comodidades porque no le sale de las narices. Toda esa gente, y son miles de millones, exprimirá hasta la última piedra en busca del bienestar que ha visto en otros lados y lo hará justa y exactamente hasta dos segundos antes del desastre. Hasta dos segundos después, para ser más exactos.    Nuestros documentos y nuestras explicaciones se dirigen a los que quieren entender, pero como los concienciados no pueden hacer nada realmente, salvo abaratar el precio de los productos a los que renuncian, los no concienciados nos aplauden, siguen consumiendo (a menor precio) y se ríen de nosotros a mandíbula batiente. ¿Hasta cuándo? Hasta el día en que  todo se vaya al demonio, por supuesto, pero ese día será para todos, los concienciados y los derrochadores.
Conclusión:    La conclusión es clara: cada vez que Europa, por ejemplo, aprueba una ley medioambiental restrictiva, China y la India declaran un día de fiesta nacional. Lo primero, porque los recursos que ellos consumen les saldrán más baratos, y lo segundo porque producir allí será más competitivo que hacerlo aquí, y los que se irán al paro serán nuestros hijos y no los suyos.Cada vez que una, cien o mil personas se conciencian del problema ambiental o de la finitud de  los recursos naturales, mejora el karma de la Tierra, nacen dos unicornios, y los druidas entonan cánticos de alabanza, pero no disminuye el consumo de energía, ni el de tierras raras, ni la emisión de CO2. No mejora nada a nivel global, ni se ahorra nada, ni se ensucia menos.La destrucción del capitalismo en Occidente no nos convertiría en monjes tibetanos. Y aun si lo lograra, dejaría espacio y oportunidad a los tibetanos para dejar de ser monjes. Los que proponen un nuevo sistema nunca dicen si ese sistema será para su pueblo, para su país, o lo impondrán a la fuerza a todos los demás mediante una cruzada verde, solidaria y de tartas de arándanos. Y si el nuevo sistema no es global, y simultáneo, no será un nuevo sistema: será una chorrada, una ocurrencia bienintencionada que los capitalistas alentarán con subvenciones, media hora en un programa de la tele y tres palmadas en la espalda.El desastre llegará en forma de colapso, o de lo que sea, y lo hará cuando tenga que llegar, pero nada nos librará de él. El nuevo sistema económico que se implora por ahí es la versión 2.0 de la Comunión der los Santos, un refrito laico de “todos somos hermanos y nos encontraremos en el reino de los cielos”, que al fin y al cabo es una idea de demostrada eficacia a la hora de atraer a las masas.  La utilidad de lo que escribimos está, a mi entender, en mostrar el camino para después del colapso, cuando ya existan suficientes incentivos que lleven a plantearse qué se puede hacer para que la cosa mejore, o no empeore más aún. Pero pasaremos por la estación del desastre antes de vislumbrar siquiera ese día. Será en diez años, en cien o en quinientos, pero pasaremos sin remedio.La razón por la que yo, personalmente, pienso seguir interesándome por el clima, los recursos finitos y el ritmo de extracción del petróleo es la misma por la que me intereso por el big bang, los agujeros negros y la nebulosa de Andrómeda: pura curiosidad o inquietud intelectual. Ni le veo utilidad práctica ni me creo capaz de cambiar nada.A nivel particular, anticipar la evolución de los acontecimientos puede ser de alguna utilidad, aunque en un caso como el presente signifique solamente la opción de cambiar de camarote en el Titanic.  A nivel global es tan útil como saber que en 2020 va a explotar el sol.Por eso, seguiré leyendo y escribiendo sobre el peak oil, sobre la riqueza de las vetas de metales, sobre la ley de rendimientos marginales decrecientes y sobre la incapacidad de los economistas para aceptar los límites del crecimiento y la finitud del mundo.    Por eso, seguiré pensando de los que me ofrezcan soluciones políticas, manifiestos anticapitalistas, soflamas contra el consumo y alternativas de un mundo con caramelos de fresa que son unos oportunistas arrimando el ascua a su sardina, con unos fines totalmente distintos de los que confiesan.     Nos iremos al carajo, sí, pero por mi parte no será con ellos. No en sus manos.
Javier Pérez
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Algunos apuntes sobre los Vehículos híbridos.

4 Setembre, 2014 - 20:59
Algunos apuntes sobre los Vehículos híbridos.Por Beamspot  Como se ha visto, casi todo lo aplicable a vehículos eléctricos es, al menos en parte, aplicable a los vehículos denominados híbridos. En el fondo, esto es debido a que un vehículo híbrido es en realidad un vehículo que mezcla dos tipos de propulsión. Más concretamente, en el ámbito que nos atañe y como ‘concepto popular’ (lejos del concepto real del diccionario), es la mezcla de propulsión eléctrica y motores térmicos.Dado que la metodología de control de ambos es muy dispar, y encima, se trata de conseguir objetivos muy diferentes, tenemos varias maneras de realizar la mezcla. Para empezar, están los sistemas Start&Stop, que en sí mismos, no tienen casi nada de híbridos, pero además de incluir esta tecnología en los híbridos, también es la base o punto de partida de los híbridos más sencillos, los llamados ‘mild hybrid’. Siguen a éstos, con un gran parecido, los híbridos paralelos, los mixtos (paralelo y serie), y los híbridos serie, también llamados ‘rango extendido’ o ‘range extended’. Este orden además va clasificado de menor a mayor potencia del motor eléctrico en la mezcla.Los primeros, llamados Stop&Start o Start&Stop [1], son coches con propulsión meramente térmica. La diferencia entre estos y los térmicos ‘normales’ es que el motor se para cuando llegan a un semáforo, volviendo a arrancar enseguida. Así pues, no se les puede considerar híbridos, pues no hay propulsión eléctrica.Sin embargo, no son iguales a los de siempre. La diferencia es que el alternador ahora está sustituido por un motoalternador, es decir, que tanto genera electricidad como que arranca al motor térmico cuando hace falta, si éste está ya caliente y en condiciones (en frío arranca con el motor de arranque clásico), hace ambas funciones.  Es por tanto, tan parecido como pueda parecer al motor de un eléctrico, hasta el punto que también suele ser trifásico, en bastantes casos de hasta 10KW (más que cualquier alternador), suele llevar un inverter, y es un buen banco de pruebas para otras cosas.El gran punto débil de este sistema suele ser que no sólo no ahorra combustible de manera acusada, si no que la batería de plomo suele tener la vida más corta, además de estar sobredimensionada. Más inconvenientes reales existen, aunque pasan desapercibidos. Uno de ellos es que la tensión de KL30, la de la batería, cae tanto cada vez que arranca que resetearía muchos de los elementos internos del vehículo. Eso obliga a encarecer y complicar toda la electrónica de a bordo para que puedan trabajar en condiciones de baja tensión, y/o da pie a nuevos elementos extra, buenos bancos de pruebas para experimentos varios, que además de pasar desapercibidos, sirven para coger experiencia y datos que de otra manera sería demasiado difícil, caro, complejo, peligroso en cuanto a percepción por parte del cliente, malo para las ventas, etc.Un ejemplo, es el i-Eloop de Mazda [2] (con el permiso de Apple de momento). Se trata de un sistema en el que se aprovecha la energía cinética en la frenada para recargar la batería principal a partir de un supercondensador que se encarga de absorber dicha energía de manera rápida, para luego entregarla de manera dosificada a todo el sistema eléctrico. De esta manera, se minimiza la cantidad de combustible usado para alimentar todo el sistema eléctrico.Otros sistemas similares se utilizan no tanto para recargar la batería del vehículo como para arrancar el motor térmico en las salidas de los semáforos sin abusar de la batería del vehículo y estabilizar la tensión de KL30 sin los típicos bajones que pueden llegar a resetear toda la (cada vez mayor) circuitería del coche y/o encarecerla para que pueda operar en condiciones más difíciles.Dado que todos estos extras no son o no forman parte de la transmisión ni de ningún elemento de seguridad, ni siquiera es necesario que funcionen siempre (hay muchos propietarios de coches con este sistema que lo deshabilitan por razones varias, especialmente, porque ‘da mala imagen, de mal conductor que lo cala’). Lo cual reduce su costo a la vez que desempeña un factor importante en la curva de aprendizaje de los fabricantes y ayuda a recoger datos sobre fiabilidad y funcionalidad de los supercondensadores en esta su primera aplicación comercial de gran volumen en el sector del automóvil.Los siguientes tipos de híbrido son aquellos que se llaman ‘mild hybrid’[3] o algo así como híbrido ‘flojainas’. En realidad son los primeros híbridos como tal que salieron al mercado, anteriores al mítico Prius. Son híbridos paralelos, donde el motor eléctrico no sólo arranca el motor térmico si no que empuja también al coche en los primeros metros, hasta velocidades muy bajas. Este tipo de motores suele ir asociado a coches pequeños, con esquemas de transmisión poco convencionales, como variadores o cambios automáticos. El ejemplo habitual es el Honda Insight [4], económico (alrededor de 20000€ todo, sin ayudas), con un motor eléctrico de sólo 10KW (13HP), y una batería de 100V. En este caso, el motor térmico está siempre funcionando cuando hay movimiento aunque se esté arrancando.El siguiente paso en la evolución, es poner un motor eléctrico un poco más poderoso, y permitir que el motor térmico esté parado para velocidades muy bajas, movimientos en sitios como párquines, atascos, semáforos y conducción en zonas urbanas residenciales/peatonales. De esta manera el vehículo usa más la energía eléctrica y gasta menos gasolina, pero impone un mayor motor eléctrico, mayor batería, cambio automático, y da más a cambio. Siendo esto una ‘simple’ evolución lógica del primer tipo de híbridos, el paso estaba cantado. El resultado es lo que se llama un híbrido paralelo [5] (los dos motores pueden funcionar a la vez, empujando al coche, o sólo uno), y el máximo exponente es el Toyota Prius [6], quizás el modelo de coche más usado como taxi en las grandes urbes de España. Aunque en realidad, el Prius no es exactamente un híbrido paralelo, técnicamente hablando, pero de facto, se puede considerar así.Los motores del InsightEl siguiente paso evolutivo, pasa por simplificar aún más la transmisión, compleja para el Prius, y de paso, simplificar la fabricación del vehículo. Ahí nace el concepto de hibrido paralelo ‘through the road’ (a través de la carretera), que se puede ejemplificar con el Peugeot 3008 Hybrid4 o el Volvo V60[7].El concepto es sencillo: cojamos un coche de serie con cambio automático, y, ya diseñado desde el principio con esto en mente, le cambiamos el puente trasero (con el motor térmico habitualmente en el puente delantero) al coche de serie no híbrido por uno que incluya el motor eléctrico. Cambiamos la rueda de repuesto en el maletero por un pack de baterías con la electrónica, y añadimos en el salpicadero algunos ‘gadgets’ para hacer bonito y de paso permitir algo más de control por parte del usuario: tracción a las cuatro ruedas, control automático, eléctrico puro, térmico puro, etc.La transmisión es la más sencilla: no existe a nivel mecánico, pues lo único en común que tienen ambos puentes es la carretera (de ahí de ‘a través de la carretera’). Y la construcción también: permite tener una línea de producción que puede fabricar coches híbridos y no híbridos a la vez, con poco gasto. Este concepto permite varios modelos diferentes con motorizaciones diferentes compartir la hibridación (o no). La flexibilidad en la fabricación y funcionamiento es evidente, con lo que cada vez hay más fabricantes que están optando por este tipo de sistema. Incluso los hay que en lugar de poner el motor eléctrico dentro del puente, lo ponen en las dos ruedas traseras, con el inverter doble en la antigua ubicación del motor eléctrico, y más espacio para baterías.Puente trasero del 3004 Hybrid4
El siguiente tipo de híbrido sin embargo, ya representa una ruptura con la evolución vista hacia ahora. De hecho, es el paso inverso: la evolución de los eléctricos hacia los térmicos. Mucha gente cree que los eléctricos tienen problemas de autonomía, así que los fabricantes lo que proponen, es poner un sistema de generación de electricidad a partir de gasolina, para aumentar el rango o autonomía. A este concepto, el de poner una alternadora dentro del coche que ya vislumbró en 1900 Ferdinand Porsche, ahora le dan el feo nombre de ‘range extender’[8].La transmisión del Ampera
El ejemplo por antonomasia es el Opel Ampera [9]. Una vez más, aunque en teoría se trataría de un híbrido serie (motor térmico que genera electricidad que a la vez es usada para la locomoción), los ingenieros de Opel lo han complicado de tal manera que en determinadas circunstancias (puntuales, muy ocasionales si es que se dan, en puertos de montaña muy abruptos y baterías muy vacías) pueda funcionar como térmico puro o híbrido paralelo.Ojo porque es en realidad el mismo esquema que se aplica a buques y grandes camiones de minería como el ya comentado en la primera entrada de esta serie.El Honda FCX a base de celda de combustible de hidrógeno en realidad es un auténtico híbrido serie. Otros fabricantes están trabajando en este tipo de soluciones, pero dado que no es un paso sencillo de dar al no ser una evolución directa y sencilla, este tipo de vehículos va para más largo, y probablemente serán adelantados por vehículos eléctricos puros en el mercado. El complejo porqué será objeto del análisis del próximo episodio. De momento, sin embargo, se va a analizar las ventajas y opciones de este tipo de vehículos respecto de los otros híbridos e incluso eléctricos puros, aunque básicamente desde un punto de vista más teórico que práctico, al haber pocos de éstos en el mercado, pero muchos en fase de concepto.La celda de combustible del FCX
La idea base es tener un vehículo eléctrico ‘puro’, con la tracción meramente eléctrica, una batería de una cierta capacidad, y un sistema capaz de generar electricidad de la forma más eficiente posible, a partir de algún elemento químico. Vale tanto el hidrógeno y las celdas de combustible como una alternadora, la clásica ‘burra’. Obviamente, el método de la alternadora, por ser más conocido, es el más habitual. Ahora sí, hay que maximizar la eficiencia, es decir, obtener el máximo de electricidad del combustible almacenado en el depósito.Los motores térmicos adolecen en realidad de problemas de elasticidad de funcionamiento. El rendimiento de los mismos varía mucho según el régimen o revoluciones en que trabaja. Éste rendimiento variable, especialmente malo a bajas revoluciones, es la razón por la cual hace falta un cambio de marchas, y merece ser estudiado con mayor detalle en una entrada propia donde el esfuerzo se haga en la dirección de rendimientos, en general, y donde se comparen todos para todos los casos. Para el punto en cuestión, es suficiente mencionar que el concepto de híbrido serie se basa en hacer funcionar el generador de electricidad en su punto óptimo, de mayor rendimiento y eficacia.Por tanto, el alternador se dimensiona o diseña para que esté trabajando siempre a las mismas revoluciones, sin cambio de marcha, en el punto de mayor rendimiento, para maximizar la cantidad de energía eléctrica obtenida,  o lo que es lo mismo, reducir el consumo de combustible al máximo, y con esto reducir emisiones y costos. Esto se consigue fácilmente si la tracción es puramente eléctrica, y la electricidad generada se dedica tanto a la tracción como a recargar las baterías con el excedente de energía eléctrica producida, que debe ser mayor que la consumida, obviamente.Quasiturbina
Pero los motores térmicos habituales son pesados, grandes, voluminosos, con ciertas complicaciones. No en vano el Opel Ampera, el más conocido de esta variante, pesa mucho.No es de extrañar pues, que algunas de las propuestas conceptuales se aparten del clásico motor de Otto o Diesel. El rango de motores con que se está trabajando es mucho más variado, desde la turbina a gasoil de Pinifarina[10] a generadores de Quasiturbinas[11] o Shockwave[12], pasando por las ineludibles celdas de combustible. Estas soluciones ocupan menos espacio, tienen menor peso, tienen menos requerimientos de refrigeración, con lo que los radiadores son más pequeños, y por ende hay mejoras aerodinámicas, y tienen rendimientos igualmente buenos, si no superiores, a un régimen de giro diferente, fijo, aunque tengan menos elasticidad, es decir, un rango de funcionamiento muy estrecho.Queda un ‘tipo de híbrido’ que en realidad no es tal, se trata más bien de una zona gris entre híbrido paralelo e híbrido serie, en el cual el sistema de transmisión es muy complicado, y se puede trabajar en ambos modos según sea la situación. Éste es en realidad el caso tanto del Prius como del Ampera. La realidad es que se trata más de modelos con algo se sobreingeinería para cubrir las espaldas de los fabricantes y los casos puntuales que se pueden dar aunque sean raros.Motores y transmisión del Prius
Hay aún otro ‘tipo’ de híbrido, que en este caso no es para nada un sistema nuevo o diferente. Pero se diferencia mucho a la hora de hablar de  él en el mercado, así como en ciertos ambientes. Se trata del híbrido enchufable [13]. El concepto es sencillo: la batería eléctrica se puede cargar en casa desde cualquier enchufe, y con ello, se pueden hacer varios Km a partir de electricidad del enchufe doméstico, lo cual supone que baja el precio por Km al consumidor. Lógico, de cajón.Entonces… ¿De dónde narices sacan la electricidad los híbridos no enchufables? La respuesta es relativamente sencilla, y está explicada hace ya algo de tiempo. Dado que las baterías de un Prius no aceptan más de 3KW de recarga, la energía eléctrica sale precisamente en parte de la frenada, aunque la mayoría de la energía cinética es disipada por los frenos. De hecho, la electricidad se genera nada más levantar el pie del acelerador, no de la frenada. También se aprovechan momentos en que el motor tiene que funcionar sí o sí, como es al arrancar, con el motor frío, que hay que calentarlo, y precisamente el hacerlo aprovechando para cargar la batería mejora el resultado así como el rendimiento.Es decir, los no enchufables obtienen la energía a base de reciclar la parte sobrante de la que se genera a partir de la gasolina o el diesel.  Los enchufables también pueden obtenerla de esta misma manera, como de hecho hacen, incluso con mayor eficiencia, puesto que al tener una batería más grande, permiten reciclar más (de hecho, sólo algo) energía de la frenada. Así pues, sólo hay dos diferencias entre los enchufables y los no enchufables: el tamaño de la batería, y el cargador a partir del enchufe. Lo cual implica un mayor precio. Unos 6000€ de diferencia entre los Prius enchufables y no enchufables.Sin embargo, hay que tener en cuenta algo muy significativo, precisamente translucido y medido a partir de un estudio de Toyota para estimar el ‘punto óptimo’ o la capacidad óptima de las baterías (en cuanto a Km de autonomía en sólo eléctrico). Se trata de la media de Km por viaje, según el número de viajes. El estudio determina que más de la mitad de viajes son de menos de 25Km. Y alrededor del 80% menor de 160Km (100 millas), aunque depende bastante del país, especialmente en las fracciones pequeñas, por ejemplo, los viajes por encima de 300Km no representan la misma pequeña fracción en Malta que en Estados Unidos.Este dato resulta crucial.Para entender la importancia de estos datos, pero, es necesario un cambio de mentalidad. Comúnmente, la gente tiende a ver el vaso medio lleno los optimistas, y medio vacío los pesimistas. Luego estamos los ingenieros, que vemos el vaso sobredimensionado.Aplicado a las baterías, vemos que unos las ven como escasas, cortas de autonomía (la mayoría: efectos de la publicidad), otros las ven como caras (pocos, básicamente los directivos de empresas de automoción, y los propietarios que tienen que reemplazarlas), y luego los ingenieros tenemos que optimizar, dimensionar las mismas.Por eso es importante saber hasta qué punto es más rentable una cosa o la otra. Es decir, si para hacer una vez en la vida 1000 Km del tirón, compramos un coche que cuesta 10 veces más, puede ser más rentable comprarse un coche con 300 Km de autonomía con sólo una décima parte del precio, y gastar otro poco en realizar ese viaje en avión, tren, barco, coche de alquiler… Este punto de vista es poco común, pero es el lugar de trabajo de los ingenieros. Y por ahí es por donde van los tiros.Si la mitad de los viajes en coche son de menos de 25Km en total, esto quiere decir varias cosas. La primera no pienso discutirla hoy, no sea cosa que se me acuse de (des)calificar a la audiencia. La segunda es que es un límite interesante para determinar el tamaño de la batería por lo bajo.Una batería que pueda mover el coche 25Km será más barata, sí o sí, que una que lo haga 50Km. Además, será más ligera, con lo que el coche pesará menos, y por tanto, más eficiente. También será más pequeña, con lo que habrá más espacio en el maletero. Lo cual puede implicar que con un coche que pueda funcionar como eléctrico puro con esta autonomía, y luego como híbrido a partir de esta distancia, igual tengo más ahorro total, contando el precio del coche, que si dimensiono el mismo coche para que tenga la autonomía de 50Km. Esta es precisamente la filosofía del Prius enchufable, la última versión que ha salido del mismo, más cara que el Prius no enchufable. 32000€ frente a 25000€, precios del 2011, donde unos 1000€ se ‘deben’ al cargador. La batería del no enchufable, de NiMH es bastante barata, unos 2000€, puesto que es mucho más sencilla, y pequeña (1.8KWh) frente a la batería de litio del enchufable, de 4.4KWh, mucho más sofisticada, se estima que estaría en unos caros 6000€. El resto es prácticamente igual (motores, inverter, transmisión).Hay que mencionar dos cosas importantes más: la mayoría de estos desplazamientos son urbanos, muchos en tráfico congestionado (ir y volver al trabajo, llevar los niños al cole, en hora punta, en ciudades relativamente grandes), donde precisamente luce el coche híbrido y eléctrico. La segunda cosa es que se hace necesario fomentar unos hábitos de conducción propicios para aprovechar al máximo las ventajas de los eléctricos e híbridos. Frenadas y acelerones suaves, velocidades bajas. Justo más o menos lo que pasa en los atascos o aglomeraciones de hora punta, o como dicen los anglosajones, ‘conducir como la abuela’[15].Otra manera de dimensionar las baterías, es comprobar hasta qué punto es más barato una alternadora que una batería más grande. Es decir, que tamaño de batería es óptimo para que el precio de meter un motor que genere la electricidad sea lo suficientemente interesante como para compensar a una batería más grande. Este punto es más controvertido, pues ya empieza a ser importante otro factor de peso. Literalmente, de peso. De ahí que se desarrollen alternativas para generar electricidad más ligeras, a ser posible, más pequeñas. Si encima son baratas, mejor que mejor, aunque no todo es el precio del producto acabado, hace falta valorar la inversión en líneas de producción, punto muy candente e importante, subvalorado, motivo de la siguiente entrada, pero que podemos citar así: hacer una generador con una turbina a gasoil seguramente será más barato, pequeño y eficiente que una alternadora con motor diesel clásico, pero la inversión y los posibles problemas desconocidos de una tecnología nueva es algo que generalmente asusta (y mucho) a los fabricantes de la automoción.Por supuesto, todo esto aplica a los híbridos serie, no a los paralelo. Estamos hablando de otra gama de vehículos, otro tipo, otra aproximación. El siguiente paso, el que queda, antes de los vehículos eléctricos puros. Evidentemente, todos estos vehículos son enchufables. Este terreno ya no es exclusivo del primero y más comentado de los Range Extenders, el Opel Ampera. BMW, por ejemplo, con el i3 también está en este segmento, y se esperan más (el i8, sin ir más lejos), a medida que la cosa vaya avanzando, pero es algo que va a tardar y será más lento en su implantación. Ya que se ha comentado el BMW i3, éste se ofrece como eléctrico puro o como híbrido serie con el ‘extra’ del alternador por unos 3000€ más (sobre unos 36000€ del eléctrico puro) [16].El porqué es precisamente un asunto de fabricación, como ya se ha comentado, con su propio intríngulis interno del sector de la automoción. Es el momento de pasar a la siguiente entrada.[1] – http://en.wikipedia.org/wiki/Start-stop_system [2] – http://www.mazda.com/technology/env/i-eloop/ [3] – http://en.wikipedia.org/wiki/Mild_hybrid [4] – http://en.wikipedia.org/wiki/Honda_Insight [5] – http://en.wikipedia.org/wiki/Parallel_hybrid#Parallel_hybrid [6] – http://en.wikipedia.org/wiki/Toyota_Prius [7] – http://www.volvocars.com/es/all-cars/volvo-v60/pages/hybrid.aspx [8] – http://en.wikipedia.org/wiki/Range_extender [9] –http://en.wikipedia.org/wiki/Chevrolet_Volt [10] – http://www.motorpasionfuturo.com/concept-car-y-prototipos/la-ultima-creacion-de-pininfarina-es-un-cupe-diesel-enchufable [11] – http://quasiturbine.promci.qc.ca/ [12] – http://en.wikipedia.org/wiki/Wave_disk_engine [13] – http://en.wikipedia.org/wiki/Plug-in_hybrid[14] – http://www.eleconomista.es/ecomotor/motor-ecologico/noticias/3472443/10/11/Estudiada-alternativa-a-los-coches-electricos.htmlhttp://www.hibridosyelectricos.com/articulo/mercado/toyota-presenta-los-resultados-del-proyecto-del-prius-hbrido-elctrico-enchufable/20111018094522002677.html [15] – http://blogs.elpais.com/coche-electrico/2013/04/prueba-del-toyota-prius-enchufable.html [16] – http://www.diariomotor.com/2013/07/22/bmw-i3-en-espana-desde-35-500-euros/
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